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            Realmente es muy poco lo que conocemos de este exclaustrado monasterio de Padres Carmelitas Calzados. Como es bien sabido, esta Orden tiene sus orígenes remotos en los primeros siglos de la cristiandad, sin embargo, no comenzaron su expansión en Europa como Orden mendicante hasta el siglo XIII1.

           Su fundación en Carmona se produjo en torno a 1540 en la vieja ermita de Santa Marina, sin embargo, a lo largo de esa década los religiosos decidieron trasladarse a la de San Roque que, aunque se situaba también en extramuros de la ciudad, estaba en un lugar bastante más cercano y accesible para los fieles2. De esta ermita de San Roque no sabemos más que en 1503, su ermitaño, Juan Caro, pidió ayuda al concejo para acabar las obras de construcción3. La ermita no era más que una pequeña capilla y "humilladero", situada en el camino real donde los caminantes "se encomendaban a Dios y aun había aparejo para acogerse algún peregrino día o noche desafortunado"4. En este modesto recinto se albergaba la cofradía de San Roque, pues, en el momento de la fundación del monasterio se reconoció su existencia y "que estaba y residía y se servía en esta casa antes de que se fundase el dicho monasterio"5.

           La fundación de los frailes Carmelitas Calzados en el solar de la vieja ermita de San Roque se produjo en algún momento de la década de los cuarenta, pues, en 1549, los regidores del concejo prestaron 50 ducados que montaron 18.750 maravedís a los cenobitas "para ayuda a hacer la capillita que se hace en el dicho monasterio"6. Sin embargo las tierras donadas por el cabildo debieron ser insuficientes para construir un monasterio con sus dependencias, claustros e iglesia por lo que los frailes desde un primer momento se afanaron y consiguieron finalmente comprar nuevos terrenos colindantes a unos vecinos que, entre 1554 y 1555, las habían recibido del cabildo7. Pese a todo no contentos con estas nuevas adquisiciones los frailes consiguieron entre 1562, 1563 y 1565 nuevas donaciones del concejo que definitivamente le dieron la posesión total de todo lo que fue el antiguo solar de la ermita de San Roque y sus tierras circundantes8.

           El intitulación oficial del monasterio era de "Nuestra Señora del Carmen Calzado de la ciudad de Carmona de antigua observancia". Sin embargo debemos reseñar el hecho de que extraoficialmente a lo largo de varios siglos se conoció esta casa religiosa como "monasterio de San Roque". No debemos olvidar que no sólo se ubicó en el lugar de la antigua ermita sino que los frailes se obligaron con la cofradía de San Roque a que la imagen titula de su corporación estuviera en el altar mayor “por siempre jamás”9. De hecho en tanto en el el Archivo de Protocolos de Carmona como en las partidas de defunción del archivo parroquial de la iglesia de San Pedro aparezca citado el monasterio en el siglo XVII y XVIII indistintamente como Monasterio de San Roque que es de la Orden de Nuestra Señora del Carmen o tan sólo como el convento de Nuestra Señora del Carmen de Carmona10.

           En varios años debieron edificar los cenobitas una precaria iglesia, pues, en el documento de concesión de capilla a la hermandad de la Soledad, fechado en 1569, se insinuaba que ya estaba levantada la iglesia11. No obstante al parecer el templo no fue consagrado definitivamente hasta el 24 de febrero de 1583, por fray Diego de León, sin que por el momento podamos dar explicación al largo tiempo transcurrido entre la construcción del templo y su consagración12.

           Este primer recinto conventual, incluida su iglesia, debió ser tan precario que en los primeros años de la centuria decimoséptima fue enteramente reconstruido. El nuevo templo fue financiado gracias a las limosnas del pueblo pero sobre todo a la donación testamentaria que hizo don Teodomiro Lasso de la Vega, Caballero del hábito de San Juan, quien en su testamento, redactado en la ciudad de Madrid donó nada menos que 3.000 ducados para que se labrase “la capilla mayor del convento de Nuestra Señora del Carmen de la villa de Carmona”, recibiendo a cambio el patronazgo de ella13.

           Así, el 21 de junio de 1607 el prior y frailes del monasterio del Carmen se comprometieron con el alarife carmonense Alonso Pérez Salazar para que por un precio total de 170 ducados labrase "las columnas, capiteles engastados en plomo, arcos, tejado y solado de todo el claustro"14. Ese mismo día se concertaron con el carpintero Juan Padilla para que labrase la madera correspondiente al claustro, es decir, "vigas, puertas y ventanas de pino de Flandes", valorándose su costo en 110 ducados15.

           Al año siguiente y concretamente el 2 de febrero de 1608 los frailes carmelitas se volvieron a concertar con el carpintero carmonense Juan Padilla para que labrase nada menos que el artesonado de la capilla y el coro conventual cubriendo un total de 5 varas de ancho por 30 de largo16.

           Así quedo más o menos constituido el monasterio compuesto por un claustro en torno a un atrio columnado y una iglesia conventual muy similar al tipo conventual que por aquel entonces tenían los monasterios de monjas dominicas de Madre de Dios y Santa Catalina así como las franciscanas clarisas y concepcionistas. Es decir la capilla era de una sola nave con cabecera posiblemente cuadrada y separada de la nave por un gran arco toral y una nave de 13 metros de largo por 6,5 de ancho cubierta por un artesonado simple, y a los pies de la iglesia el coro claustral. En uno de los muros laterales se abría una enorme capilla de 11 varas cuadradas, cubierta por bóveda y “una cúpula grande” donde se albergaba la poderosa cofradía de la Soledad y el Santo Entierro de Carmona.

          Igualmente en dicha iglesia tenía su sede la populosa hermandad de Nuestra Señora del Escapulario, que muy posiblemente no tenía capilla propia sino tan sólo un retablo en uno de los muros colaterales. Desconocemos la fecha de fundación de esta corporación pero debió ser seguramente de las mismas fechas que la de la Soledad. En el siglo XVIII prácticamente no hay testamento de vecinos de la collación de San Pedro que no hagan alguna referencia a esta corporación, enterrándose, incluso, muchos de ellos en su bóveda de entierro. Este fervor popular por la Virgen del Escapulario fue lo que hizo posible que adquiriese un importante patrimonio artístico. Concretamente en un inventario redactado el 14 de agosto de 1733 y que reproducimos en el apéndice I se citaban además de la imagen de la Virgen una talla de San Simón y un crucificado. Entre los enseres debemos destacar un impresionante palio con seis varales de plata y un guión compuesto de un varal con 10 cañones de argento, escudo y cruz del mismo metal.

           Al menos conocemos la existencia de otra hermandad en el Carmen es decir la de las Animas Benditas del Purgatorio que poseía un retablo en la capilla17.

           En el primer tercio del siglo XVIII el templo fue totalmente reconstruido por tercera vez en su historia y nuevamente para engrandecerlo tanto en dimensiones como en decorativismo18. Por las referencias documentales que poseemos e incluso por algún material gráfico de este siglo sabemos que el nuevo templo fue de tres naves, cubiertas con bóveda de cañón y con una modesta cúpula en el crucero.

           Muchos de los enseres de la iglesia también fueron renovados para hacerlos acorde al nuevo estilo del templo y a sus dimensiones. Concretamente en la década de los setenta los frailes se concertaron por dos veces con el prestigioso escultor sevillano Francisco de Acosta para que labrase el retablo principal y los de las cabeceras de las dos capillas colaterales. En la hornacina principal del retablo mayor ubicaron a la Virgen del Carmen, trasladando -contra lo dispuesto en la fundación- la imagen de San Roque a uno de los retablos de las naves colaterales. Además de los tres retablos principales y del que poseía en la cabecera de su capilla la hermandad de la Soledad, labrado en 1702 por Juan del Castillo19, en la iglesia existían otros retablos dedicados a las siguientes advocaciones: San José, San Elías, San Roque, Virgen del Escapulario, Santa Teresa y Cristo de las Animas del Purgatorio.

           La situación del monasterio en el siglo XVIII no era mala, pues, por ejemplo en una visita realizada en 1733 el vicario afirmó que había en él 26 religiosos que "pasan moderadamente"20.

          En el censo de 1786 figuraban nada menos que 38 cenobitas, contando los 33 profesos, 4 legos y un sólo criado, siendo sus rentas suficientes por el importante patrimonio urbano que poseía el convento21.

          En cualquier caso por el proceso desamortizador del siglo XIX el monasterio quedó abandonado llegando sus ruinas hasta este siglo en que se decretó la construcción en su solar de un moderno silo de trigo.

 

APENDICE I:

 

 

Cabildo de Nuestra Señora del Escapulario, sita en el Carmen, 14 de agosto de 1733:

 

          En la ciudad de Carmona en catorce días del mes de agosto de mil setecientos treinta y tres años estando en el convento de Nuestra Señora del Carmen Calzado extramuros de esta ciudad ante mi el escribano público y testigos yuso escriptos parecieron don Alonso Núñez Parrilla, vecino de esta ciudad y hermano mayor y prior de la Orden Tercera de Nuestra Señora del Escapulario, sita en dicho convento y número de hermanos de dicha Orden y dijo que por cuanto el dicho número y Tercera Orden tiene para el adorno de la Santa Imagen de Nuestra Señora y demás cosas pertenecientes a dicha hermandad diferentes alhajas y bienes de los cuales ha muchos años no se hace inventario y siendo muy conveniente el que se tenga presente en todo tiempo los bienes que de presente hay para que los hermanos mayores que fueren en adelante den cuenta de ellos cada uno en su tiempo dijo que quería hacer e hizo inventario de dichos bienes en la forma siguiente:

Primeramente, un vestido, jubón y saya de persiana encarnada y blanca que ha dicha Santa Imagen dio de limosna doña María de Monsalve, viuda de don Diego de la Milla, que está nuevo.

Otro vestido entero de raso liso color de ámbar con vueltas de encajes de Milán de mediado.

Otro vestido entero de tela color de ámbar guarnecido con encajes de Milán.

Otro vestido de media tela entero, color de ámbar guarnecido con encajes de Milán de mediado.

Otro vestido de tela azul guarnecido con galón y punta de oro nuevo y sin escapulario el cual dio a dicha Santa Imagen doña Nicolasa de Auñón, mujer de don Marcos Cansino Nieto.

Un palio pequeño con el cielo de tafetán encarnado y los lados de tela blanca guarnecido con encajes de Milán bueno que sirve al Santísimo.

Un hábito de tela color de ámbar guarnecido con encajes de Milán y capa de tela blanca a flores con puntillas de Milán.

Otro de tela color de ámbar que tiene puesto San Simón éstos.

Un escapulario bordado de oro que sirve a dicho Santo.

Cinco varas de toca y sobre toca de Nuestra Señora nueva que compró este año la dicha hermandad.

Otra toca y sobre toca de mediada.

Dos camisas de la Virgen de Bretaña de campeo.

Dos enaguas blancas con maraña y encajes de mediada.

Dos pares de puños de encajes de pitiflor buenos.

Una palia de raso blanco y encarnado guarnecida de puntilla blanca.

Dos pares de manteles del altar de Nuestra Señora y otros que están sirviendo en el altar.

Un velo de damasco encarnado forrado de holandilla.

Dos atriles con sus perfiles de oro y escudos de la hermandad.

Una sobremesa de terciopelo encarnado con flecos de oro.

Un escudo bordado en un paño de difunto de terciopelo negro el cual está guarnecido con flecos de oro y forrado en holandilla negra de mediado.

Un guión de tela encarnada guarnecido con puntas.

Otro vestido de raso liso bordado de realce entero y nuevo que se estrenó el día titular de este año y se ha costeado por el dicho número.

Otro vestido entero de raso encarnado con flecos de oro de mediados.

Un manto de tela blanca con escudos hechos en telar guarnecidos con encajes de Milán y forrado con tafetán amarillo de mediado.

Otro de raso liso blanco guarnecido con encajes de Milán y forrado en holandilla encarnada de mediado.

Un palio de tela encarnada guarnecida con encajes de Milán y forrado en holandilla de mediado.

Otro de tela blanca guarnecido con flecos de oro y forrado en holandilla encarnada y caídas de tafetán blanco bien tratado el cual dio la dicha doña Nicolasa de Auñón.

Un juego de faldones de raso con florecillas de oro encarnado y flecos de seda.

Otro de raso blanco con flores encarnadas amarillas y azules que juntó de limosna la hermana María Muñoz, mujer de Blas Peña.

Un frontal encarnado con cenefa de raso azul.

Otro de tela blanca que está en la sacristía.

Otro de pintura en lienzo.

Treinta y seis cañones de plata que pesan ciento y cuatro onzas y cinco de plata.

Un escapulario de plata que sirve a San Simón, esto y pesa cuatro onzas.

Un rosario de coral engastado en plata sobredorada, cruz y medalla de filigrana de lo mismo con cuatro dieses y seis onzas.

Otro rosario de cinco dieses con extremos de filigrana.

Otro rosario de coral engastado en plata de filigrana, cruz y medallas y extremos de lo mismo en cinco dieses.

Otro rosario de azabache engastado en plata con su cruz de cuentas y tres medallas de plata.

Un petillo de plata sobredorada cn piedras verdes.

Una sortija con ocho piedras blancas.

Otra sortija de ocho piedras verdes y otra blanca.

Otra de nueve piedras.

Otra de cuatro piedras blancas.

Diez cañones de plata de la vara del guión y dos remates de lo mismo que pesan cuarenta y cuatro onzas y media y tres adarmes.

Un escudo de plata de nueve onzas y cuatro adarmes que sirve al guión.

Una corona de plata que sirve a Nuestra Señora en su altar y pesa nueve onzas y media.

Un cetro de plata sobredorada con su perrilla y remate.

Un ramo de azucena de filigrana de plata.

Dos luceros y una luna de plata con un serafín en medio.

Una bandera y cinco cañones y cruz de plata que sirven a San simón y una diadema de plata de dicho santo.

Una guarnición de puntas de martillo de plata que sirve a Nuestra Señora y se compone de diez puntas de cada lado, las cinco iguales y las otras más pequeñas en disminución todas dobles y las dos últimas con cinco serafines dobles y en cada uno una azucena de filigrana y veinticinco tornillos con sus serafines por cabeza y en la junta de arriba tres puntas pequeñas y dos tornillos con sus serafines y portezuelas de plata.

Veinte y cuatro nudillos de metal sobredorados del palio de Nuestra Señora.

Una lámpara de plata de nueve onzas y cuatro adarmes.

Una lámpara de plata de nueve onzas y cuatro adarmes.

Una demanda de plata con la imagen de Nuestra Señora de oro y forrado en tafetán carmesí, cordones de seda blanca encarnada y borlas de lo mismo.

Otro guión de tela encarnado, viejo, forrado en tafetán carmesí y guarnecido de flecos de seda.

Un cajón con sus gabelas y con su cajón nuevo.

Un Señor Crucificado de madera, una vara de alto con sus potencias y corona de plata.

Un sitial de madera vestido de raso adamascado y velo de raso blanco con su pie dorado que sirve para el Santísimo.

Cuatro faroles de vidrio viejos.

Una mesa de pino de mediada.

Un frontalito de raso encarnado viejo.

Una ara, manteles, palia y corporales.

Un arca de dos varas en que se recoge la cera.

Un cajón con tres gabelas y una taquilla de madera de Ceiba y Flandes en que se recogen los vestidos.

Una Corona imperial con resplandor de rayos y luceros que pesa cuarenta y nueve onzas y media de plata incluyo en dicho peso una fuente de hierro que tiene dicha corona.

Una cruz de plata de guión que pesa treinta y ocho onzas.

Unos candeleros de plata que pesan veinte y cuatro onzas.

 

 

Fernando Villa Nogales

Esteban Mira Caballos

1    ALDEA VAQUERO, Quintín, Tomás MARIN GUTIERREZ y José VIVES GASTELL: Diccionario de Historia eclesiástica de España, Vol. II. Madrid, Instituto Enríquez Flores, 1972, p. 354.

2    La fundación inicial en Santa Marina aparece tanto en el Curioso Carmonense como en los libros de José Martín de Palma, pues, no en vano se trataba de la misma persona. CURIOSO CARMONENSE, ff. 129-130.

3    HERNANDE DIAZ, José, Antonio SANCHO CORBACHO y Francisco COLLANTES DE TERAN: Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla, T. II. Sevilla, 1943, p. 304. GONZALEZ JIMENEZ, Manuel: Catalogo de documentación medieval del Archivo Municipal de Carmona (1475-1504), T. II. Sevilla, Excma. Diputación Provincial, 1981, p. 332.

4    HERNANDEZ DIAZ: Ob. Cit., p. 304.

5    Archivo de Protocolos de Carmona (en adelante A.P.C.). Escribanía de Juan Rodríguez, 1567-1568, f. 367.

6    Carta fechada en Carmona, a 29 de agosto de 1549. A.P.C., Escribanía de Juan de Toledo 1548-1550.

7    José Martín de Palma se esforzó en recopilar todos los datos sobre estas compras por lo que a continuación mostramos su detallado relato: "Título de la casa o convento de Nuestra Señora del Carmen Calzado de la ciudad de Carmona de antigua observancia, siendo antes ermita del señor San Roque y antes fundaron en Santa Marina, en 19 de noviembre de 1554 el cabildo de esta muy noble y leal ciudad de Carmona hizo merced a Sebastián de Heredia de un solar de 14 varas en cuadro detrás de la ermita del señor San Roque como consta por su testamento del escribano Juan Francisco de Villalobos, escribano de Su Majestad y del cabildo de esta ciudad. En dicho cabildo hizo merced a Andrés Fernández de otro solar detrás de dicha ermita del señor San Roque de otras 14 varas en cuadro.

En tres de diciembre del dicho consta por testimonio del citado escribano Lazaro Martínez de Cozar, en nombre de don Pedro Velez de Guevara, prior de las ermitas de este Arzobispado, arrendó a Juan Sánchez el huerto y cercado junto a la ermita de San Roque por tres vidas, por escritura ante Francisco de Hoyos, escribano público, en 18 de junio de 1555. El dicho Juan Sánchez traspasó el dicho huerto al padre fray Pedro de Aguilar por escritura ante Gómez de Hoyos escribano público. Sebastián Heredia Gitano y Ana Fernández, su mujer, vendieron al convento unas casas en la corredera del Señor San Roque por escritura ante Gaspar de Marchena escribano público en 15 de abril de 1562". José Martín de Palma, L. 6, f. 37v. Archivo de Valverde Lasarte.

En el breve manuscrito conocido como el Curioso Carmonense, José Martín de Palma simplificó en exceso el contenido al decir que los frailes fundaron en 1554. El erróneo dato se explica porque al desconocer referencias más antiguas que aquí hemos presentado nosotros, citó brevemente la fecha más antigua que conocía.

8    El cabildo de esta ciudad hizo merced al convento de Nuestra Señora del Carmen de más tierra para sitio y fundación suya, consta por testimonio de Diego de la Cueva escribano de cabildo de dicha ciudad en 5 de marzo de 1562.

El dicho cabildo de Carmona hizo merced a dicho convento de tierra y sitio para la iglesia, consta por testimonio de Pedro de Hoyos escribano público y del cabildo en 19 de mayo de 1563.

Confirmó el cabildo la merced por testimonio del dicho don Pedro el 21 de mayo de 1564. El cabildo hizo merced al convento de tierra para el sitio como consta de Pedro de Hoyos escribano público y del cabildo en 14 de marzo de 1565. Libro Nº 6 de José Martín de Palma, f. 37v.

9    A.P.C., Escribanía de Juan Rodríguez 1567-1568, f. 367. Todavía en el momento de su exclaustración poseía el convento un retablo colateral donde se veneraba una imagen de San Roque, aunque desconocemos si se trataba de la antigua del siglo XVI o si había sido sustituida en fechas posteriores por otra más acorde a los gustos estéticos barrocos.

10    Por citar un ejemplo concreto en el libro del escribano Alonso Núñez de Parrilla de 1756 (ff. 88, 95, 515 y 923), aparecen varias escrituras referentes a esta casa religiosa y en todas se cita como el "monasterio del Señor San Roque de la Orden del Carmen". Y no hay dudas de que se refiere a este cenobio y no a otro mucho más modesto y de poca vigencia, fundado en 1672, de Carmelitas Calzadas, ya que se hace referencia a hermandades como la del Escapulario o la Soledad ubicadas, como es de sobra conocido, en el Carmen.

11    Véase MIRA CABALLOS, Esteban: "En torno a la antigua cofradía de la Soledad y el Santo Entierro de Carmona", Boletín del Consejo de Hermandades y cofradías de Carmona. Carmona, 1996, s/p.

12    GONZALEZ ISIDORO, José: "Memoria de los edificios", en Carmona, ciudad y monumentos. Carmona, 1993, p. 63.

13    Poder dado a fray Juan Sobrino, Provincial electo de la Orden de Nuestra Señora del Carmen de la Provincia de Andalucía para cobrar la cuantía, Carmona, 12 de marzo de 1607. A.P.C., Escribanía de Gregorio Muñoz de Alanís, 1607.

14    Concierto entre el monasterio del Carmen y Alonso Pérez Salazar, Carmona, 21 de junio de 1607. A.P.C., Escribanía de Alonso Sánchez de la Cruz 1607.

15    Concierto con Juan Padilla, Carmona, 21 de junio de 1607. A.P.C. Escribanía de Alonso Sánchez de la Cruz 1607.

16    Concierto con Juan Padilla, Carmona, 2 de febrero de 1608. A.P.C., Escribanía de Alonso Sánchez de la Cruz 1608.

17    Así se cita en un inventario de bienes que pasaron a la iglesia de San Pedro.

18    Concretamente sabemos que en 1726 el concejo acordó donar 1.000 reales para ayudar a construir la nueva iglesia. HERNANDEZ DIAZ: Ob. Cit., p. 194.

19    Como es bien sabido la hermandad de la Soledad poseía un retablo de Luis de la Haya labrado en 1619, sin embargo, en 1702 lo debió sustituir porque sabemos que abonó a Juan del Castillo nada menos que 11.000 reales por un nuevo retablo. La elevada suma no deja lugar a dudas, el retablo sustituido no eran los colaterales sino el principal de Luis de la Haya. GONZALEZ ISIDORO: Ob. Cit., p. 188.

20    Visita arzobispal a Carmona, 1733. A.G.A.S., Visitas 1375.

21    Véase mi trabajo: La población en Carmona en la segunda mitad del siglo XVIII. Carmona, Carmograf, 1994, pp. 96 y 119.

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          La historiografía cortesiana desconocía la fecha exacta en la que el conquistador metellinense se embarcó rumbo a España por segunda vez, para pasar en la Península sus últimos años de vida. Por poner un ejemplo, su principal biógrafo José Luis Martínez afirmó que se embarcó para España entre diciembre de 1539 y enero de 1540. Y yo mismo, en mi obra Hernán Cortés el fin de una Leyenda, afirmaba que, dado que estaba documentado por primera vez en Madrid en mayo de 1540, seguramente había retornado de Nueva España en los primeros meses de ese mismo año. Y en cuanto al itinerario que siguió, desde su llegada a algún puerto del sur hasta su presencia en Madrid en mayo de 1540, era totalmente desconocido. Personalmente me lo imaginaba arribando a Sevilla y haciendo la ruta pasando por su Medellín natal.

Pues bien, dado que la prolijidad de las fuentes primarias nunca deja de sorprendernos, en estos momentos estoy en condiciones de secuenciar detalladamente la ruta que siguió el metellinense y las fechas exactas. Repasando el extenso pleito por los pueblos de su señorío, en las provincias de los Matolcingos, Toluca, Motepeque y Tepemechalco, conservado en el Archivo de Simancas, y que duró la década comprendida entre 1532 y 1542, encontramos todas las respuestas. El interrogatorio que se le hace a Pedro de Ahumada, camarero del conquistador, que lo acompañó en aquel viaje es providencial. Recordaba todas y cada una de las fechas y lugares en la que estuvieron. Mientras otros testigos solo recordaban algunas, él las tenía todas memorizadas. Según Pedro de Ahumada, zarparon del puerto de Veracruz el 5 de enero de 1540. Dos meses y un día después llegaron a Sanlúcar de Barrameda, tras realizar una escala en La Habana. Según Gonzalo Fernández de Oviedo, el metellinense le remitió una carta desde la capital cubana, fechada el 5 de febrero de 1540. Llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 6 de abril de 1540, permaneciendo en Sevilla desde el 7 de abril hasta finales de ese mismo mes, por espacio de veintitrés días.

A primeros de mayo de ese año partieron con destino a Madrid. Y ¿tomaron la ruta de Extremadura como sospecha casi toda la historiografía? Pues no, tomaron dirección nordeste y marcharon del tirón hasta llegar al pueblo cordobés de Adamuz, exactamente el 4 de mayo. Tras reponer fuerzas en el pueblo por espacio de varios días, prosiguieron la ruta hasta Toledo a donde llegaron el día de Pentecostés -cincuenta días después del Domingo de Resurrección- de ese año de 1540. Según el investigador Antonio Redondo Pintado, el día de Pentecostés de 1540 fue el 16 de mayo. Dado que el día 17 de mayo llegaron a Madrid, apenas debieron permanecer unas horas en Toledo. En la ciudad del Manzanares se hospedó, por orden del Consejo de Indias, en casa de don Juan de Castilla.

Cortés era en aquel entonces un nuevo rico y, por tanto, una parte de la alta nobleza lo miraba con desdén. Además estuvo en todo momento agobiado por los largos pleitos que mantenía con Nuño de Guzmán, con el difunto licenciado Juan Ortiz de Matienzo, con el licenciado Delgadillo y también con Gutierre de Sotomayor, a quien reclamaba una deuda de cuatro mil castellanos. El 14 de junio de 1540 tomó una curiosa decisión: donó a doña Juana de Matienzo, esposa de Alonso de Samano e hija del oidor Matienzo, todos los beneficios que se derivasen de la reclamación que hacía hacia su difunto padre. Probablemente, trataba de congraciarse con los Samano, que tenían bastante poder en la corte, dado que Juan de Samano, hermano del esposo de doña Juana de Matienzo, era el influyente secretario real.

El 9 de marzo de 1541 seguía en Madrid porque fue presentado como testigo en una información de méritos presentada por Francisco Tello, en nombre de varias decenas de conquistadores de Nueva España. Poco después, en ese mismo año, decidió acompañar al Emperador en su fracasada campaña de Argel, junto a sus hijos Luis y Martín –el mestizo habido con doña Marina-. El César, harto ya de los desmanes de los turcos y en especial de Barbarroja, decidió ir a buscarlo a su propia base, concentrando para la ocasión un buen número de efectivos. La precipitación del ataque, lanzado inadecuadamente en noviembre, y los temporales hicieron de la campaña un fracaso. Hernán Cortés viajó en la galera capitaneada por Enrique Enríquez que, como tantas otras, naufragó. Milagrosamente consiguieron salvar sus vidas, aunque no las cinco esmeraldas y otras joyas que el de Medellín llevaba consigo. Reunido el Consejo de Guerra y, contra el criterio de Cortés, decidieron desistir de su intención de tomar la capital corsaria, dejándolo para otra ocasión más ventajosa. Fue su última gran acción, el último y fallido intento de recuperar el favor Real para destituir a aquellos que habían menoscabado su autoridad en el virreinato novohispano.

Finalmente marchó a la ciudad de Valladolid, donde está documentada su presencia entre marzo de 1542 y noviembre de 1545.



ESTEBAN MIRA CABALLOS



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Vivimos tiempos difíciles y muy preocupantes, donde las noticias saltan a diario y cada cual es peor. Desde 2008 vivimos una gravísima crisis económica del capitalismo y actualmente el brutal problema de los refugiados o, en estos días, el famoso y cacareado BREXIT.

Pero lo que yo quiero insistir ahora que el famoso BREXIT es solo un eslabón más en ese proceso de descomposición del sistema económico y político global que estamos viviendo en el siglo XXI. Ya escribió hace algunos años Jorge Riechmann que el siglo XX fue trágico pero que el XXI lo iba a ser multiplicadamente, de no producirse un cambio radical en el modo de producción, el consumismo y la relatividad ética. Otros muchos intelectuales, en esta misma línea, como José David Sacristán, Slavoj Zizek, Juan Pedro Viñuela o Tzvetan Todorov han advertido por activa y por pasiva que de no dar la situación un giro radical llegará una nueva Edad Media.

En el fondo lo que subyace es una profunda crisis ética, donde cada individuo lo que quiere es salvarse a sí mismo, y hacer oídos sordos a lo que pasa a su alrededor. Lo importante soy yo, después mi familia, luego mi Comunidad Autónoma y luego, si acaso, mi país. Lo que ocurra en Europa me coge demasiado lejos mientras que lo extraeuropeo ya ni siquiera existe. Y por supuesto, el poder lo delegamos en políticos –corruptos o no, eso es lo de menos- que tiren del carro como puedan mientras nos ajustamos a esa "servidumbre humana voluntaria" de la que hablara La Boètie.

Socialmente, la tendencia mundial es hacia una progresiva polarización. Es decir, hay una minoría que está concentrando la riqueza y que cada vez es más rica mientras que el grueso de la población se empobrece. Una realidad que, si ningún cambio radical lo impide, se irá acentuando progresivamente en las próximas décadas. Y mientras eso ocurre, las autoridades transmiten la idea de que solo hay dos modelos productivos: el capitalismo existente o el fracasado modelo soviético. Es decir, capitalismo o capitalismo. Y lo peor de todo, es que estos discursos terminan calando en una parte de la población que piensa erróneamente que no hay alternativa.

Ante esta situación, la respuesta de los países desarrollados, sometidos a la dictadura de los mercados, ha sido emprender una política de ajustes económicos, consistentes básicamente en la reducción de los salarios públicos y privados y en una disminución considerable del gasto social. Lo cual está provocando, a corto plazo, un aumento de la tasa de población que vive en el umbral de la pobreza y una reducción del poder adquisitivo de las clases medias. De hecho, los autores aportan un dato demoledor: 1.400 personas en España acaparan el 80,5% del PIB nacional. Es decir, el 0,0034% de la población acumula más de cuatro quintas partes de la riqueza. Y lo peor de todo, es que las recetas neoliberales sólo van a conseguir acentuar aún más esta brecha social. La competitividad no aumentará bajando los salarios. De hecho, en España son más bajos que en los países ricos de la Unión Europea y no por ello el país es más competitivo.

A nivel mundial, la situación es aún más catastrófica, hay 2.400 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza, y la cifra tiende a aumentar por el descenso acusado de la ayuda de los países desarrollados al llamado Tercer Mundo.

El BREXIT es un eslabón más en esta cadena de despropósitos que a largo plazo van a acabar con el mundo que conocemos. Éste nos preocupa más porque afecta al corazón de Europa, a nuestro mundo.

A mi juicio, fue un despropósito la propia convocatoria del Referéndum porque ha creado un grave problema donde no lo había. La salida de la segunda economía europea de la Unión va a tener consecuencias catastróficas tanto para Gran Bretaña como para el resto de Europa.

Políticamente ya hay otros partidos ultraderechistas que están reivindicando este mismo refrendo para Francia, Austria, etc. Habrá nuevos plebiscitos de resultado incierto que pueden terminar con este proyecto democrático que fue la Unión Europea. Al final, los nacionalismos, la gran enfermedad de la Edad Contemporánea, están acabando con el gran sueño de la unión europea. Ni que decir tiene que el BREXIT supone un camino reaccionario que implica más nacionalismo y menos cosmopolitismo así como el triunfo de la reacción frente al progreso. Los partidos ultraderechistas europeos se frotan las manos, esperando pescar en aguas revueltas, al igual que el presidente de la Federación Rusa, que espera ocupar los espacios que deje Europa.

Socialmente, supondrá un debilitamiento de los amplísimos derechos que otorgaba la ciudadanía europea. Los valores sociales europeos, los mismos que hasta hace poco todo el mundo admiraba, están a punto de naufragar, dando la razón a los regímenes totalitarios que siempre confiaron en su fracaso.

Y económicamente el perjuicio puede ser catastrófico tanto para Gran Bretaña, que puede decrecer más de un 5 por ciento anual en los próximos años, como para la Unión Europea en su conjunto. Para España el menoscabo puede ser la gota que colme el vaso. Somos el tercer inversor mundial en Gran Bretaña con una inversión global de 60.000 millones de euros. La recesión en Gran Bretaña afectará también a la de decenas de compañías españolas que operan en aquel país. Asimismo, hay 250.000 españoles trabajando en Gran Bretaña que en breve necesitarán pasaporte y visado. Y por último, no olvidemos que Gran Bretaña es el país que más turistas envía a España. Una recesión económica en aquel país como la que se espera puede provocar un descenso drástico del número de ingleses que visitan nuestro país, afectando a la primera industria de España. Y en medio de esta zozobra, lo único que se le ocurre decir al Ministro de Exteriores español, García-Margallo, es que a lo mejor estamos más cerca de colocar nuestra bandera en Gibraltar.

Y a todo esto, el domingo tenemos unas nuevas elecciones en nuestro país que vive una crisis política, social y económica mucho más delicada de lo que la gente cree. La situación financiera de España, con una deuda equivalente al cien por cien de nuestro P.I.B., es preocupante. Dependemos de los mercados internacionales para obtener liquidez y estos están extremadamente volátiles, especialmente después del BREXIT. Y a todo esto España sin gobierno y con muchas posibilidades de que sigamos en esta situación muchos meses más.

Desgraciadamente se están cumpliendo las peores predicciones de grandes sociólogos, filósofos y economistas. Se avecinan tiempos difíciles; suerte a todos y, sobre todo, animo a todos los ciudadanos de bien a votar con responsabilidad el próximo domingo 26 de junio.



ESTEBAN MIRA CABALLOS

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          José María Blanco White, escritor sevillano de principios del siglo XIX partidario de la supresión de la esclavitud, nos dejó testimonios sobrecogedores sobre las caravanas de esclavos del interior de África a la costa, y su embarque en navíos europeos. Reproduzco aquí lo ocurrido en torno a 1810 con la joven Nilí, y que le contó su amigo Mungo Parke, un trotamundos que por circunstancias ajenas a la esclavitud, viajó en dicha caravana (he recortado un poco la narración porque era demasiado extensa):



          “Cierto día, una de las esclavas se manifestó muy emperrada y no quiso beber lo que le daban. Cuando amaneció nos pusimos en camino y anduvimos toda la mañana por una maleza escabrosa, que me lastimó mucho los pies…La esclava que no había querido tomar nada por la mañana empezó a quedarse atrás y a quejarse mucho de dolores en las piernas… A eso de las once, estando descansando a orillas de un arroyuelo, algunos de nuestra gente descubrieron una colmena en el hueco de un árbol y habiéndose acercado a tomar miel nos acometió el mayor enjambre que he visto en mi vida. La pobre Nilí no tuvo fuerzas para huir y se fue arrastrando hacia el riachuelo, pensando defenderse en el agua; pero esto no le valió y las abejas la dejaron hecha un monstruo.

          Los esclavistas le sacaron los aguijones que pudieron, la lavaron con agua y la refregaron con yerbas, pero la infeliz se negó obstinadamente a seguir adelante, protestando que quería más bien la muerte que andar un paso más. No valiendo ruegos ni amenazas, se recurrió al látigo; sufrió algunos crujidos con paciencia y luego se esforzó en andar… A este tiempo quiso huirse de la caravana, pero estaba tan débil que dio consigo en tierra; se recurrió de nuevo al látigo pero sin efecto. Los esclavistas no querían perderla porque ya estaba casi concluida la jornada del día; y así hicieron una especie de andas de cañas de bambú a que la ataron con tiras de corteza…

          Despertaron a la pobre Nilí al amanecer pero tenía todos los miembros tan pasmados y dolorosos que ni tenerse en pie podía… Viendo que era imposible seguir con ella adelante, todos los de la caravana gritaron a una: cortarle el pescuezo; operación que no quise ver y seguí adelante. No habría andado una milla, cuando uno de los esclavos domésticos de Karfa vino a mí, trayendo el vestido de la pobre Nilí en la punta de su arco, y exclamó Nilí es perdida. Preguntele si los esclavistas le habían dado el vestido por el trabajo de degollarla; y me respondió que Karfa no había consentido en ello, sino la había dejado en medio del campo, donde seguramente moriría bien pronto y sería devorada por las fieras".

          El caso de Nilí, es solo un ejemplo de las miles de víctimas que la esclavitud dejó en el camino. Se estima que más del treinta por ciento de los esclavos moría antes de ser vendido en un mercado de esclavos europeo o americano.



ESTEBAN MIRA CABALLOS

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Contaba el Inca Garcilaso que, al igual que los cristianos, también los indios creían que sus dioses los asistían en el combate. Se trata de una constante en la historia de las guerras. La mayoría de las religiones politeístas tenían en su panteón a dioses guerreros, que ayudaban a sus adoradores en el combate. El fin de los dioses era ayudar a la comunidad y que mejor momento para hacerlo que en la guerra: los primitivos germanos tenían a Walhalla; los mexicas tenían a Huitzilopochtli; los asirios disponían de todo un panteón de dioses belicosos a imagen y semejanza de sus crueles soberanos que luchaban junto a ellos en la batalla; los antiguos egipcios a Horus, los griegos a Ares, los romanos a Marte, los musulmanes a Alá y los españoles a Santiago –nuestro particular dios de la guerra-.

Los mexicas llamaban en su auxilio a su dios de la guerra, Huitzilopochtli, quien se presentaba bajo la forma de un pequeño colibrí para indicarles la estrategia que debían seguir en la contienda. También, los incas entendían que su dios, el sol, estaba con ellos en el fragor de la batalla, prestándoles una valiosa ayuda. Moralmente se hundieron cuando ellos mismos se convencieron que sus dioses se habían esfumado, habían enmudecido, dejándolos en la más cruel de las soledades. Los propios conquistadores y evangelizadores usaban la derrota para convencerlos de cuán engañados habían estado por sus dioses que no les habían ayudado para nada en la batalla. Francisco Pizarro, como buen guerrero, no se conforma con reforzar la moral de sus hombres sino que mina la de los propios nativos. Francisco de Jerez, describió una conversación entre el trujillano y el Inca, justo después de ser apresado este último, en la que le dijo sus ídolos no eran dioses verdaderos, pues detrás de ellos estaba el diablo. Y como prueba un botón: que mirase cuán poca ayuda le había hecho su dios… cuando fue desbaratado y preso de tan pocos cristianos. El propio Atahualpa quedó espantado por estas palabras, pues probablemente acentuaron su soledad y su desazón por su cautiverio.

Fray Diego Durán escribió que los naturales seguían convocando a sus ídolos en los oráculos pero que no se manifestaban por lo que era público que los tenían ya por mudos y muertos. Mudos, muertos, huidos o evaporados, lo mismo daba; el caso es que ante la abrumadora superioridad de los españoles se convencieron de que habían sido abandonados a su suerte y que el Dios cristiano era superior. Desde muy pronto se sintieron abandonados por ellos, “sin cielo ni tierra, sin puntos de referencia en un universo desmoronado”. El extremeño fray Pedro de Feria O. P., en su catecismo en lengua castellana y zapoteca, publicado en México en 1567, no dudó en utilizar este argumento para convencer a los nativos de que abandonasen sus diabólicas creencias y adoptasen la nueva religión:

 

Si eran verdaderos vuestros dioses, decía a los indios, ¿qué se han hecho después que vinieron los cristianos?, ¿dónde se han ido?, ¿dónde están escondidos, ¿dónde se han huido?, ¿por qué no vuelven por su ley y religión? De donde se ve claramente que no eran verdaderos dioses, sino que todo era mentira y engaño grande del demonio”.

 

Y lo peor de todo, no sólo dejaron de ver a sus dioses sino que no tardaron en contemplar a Santiago en el bando contrario, guiando a las huestes cristianas. Les ocurrió lo mismo que a los galos que, viendo la capacidad militar de las tropas de Julio César, se convencieron de que peleaban asistidos por sus dioses. Según Antonio de Herrera, los indios del Perú afirmaron haber visto a un caballero con un caballo blanco y una espada en la mano que los atemorizaba y perseguía. También pensaron que el símbolo que siempre portaban los cristianos, la cruz, irradiaba un poder especial a sus portadores. No tardó en convertirse en un elemento disuasorio para los atemorizados amerindios.

Decía Octavio Paz, refiriéndose a los naturales de Nueva España, que ningún otro pueblo del planeta se sintió tan desamparado como los mexicas cuando interpretaron que sus avisos y profecías que anunciaban el fin de su mundo se estaban cumpliendo. Los hombres blancos no sólo les robaron su cuerpo sino también su alma. No menos traumática fue la caída del imperio inca. De hecho, contaba Antonio de Herrera, en relación a la toma de Cuzco por Francisco Pizarro, que los indios lloraban amargamente quejándose de sus dioses, que de tal manera los habían abandonado. Al año siguiente, muy lejos del escenario peruano, Alonso de Alvarado derrotó a los chiachapoyas, que viendo tal descalabro les entró grandísima desesperación y sentimiento, como decían, por verse desamparados de la ayuda de sus creadores.

Esta superioridad psicológica fue hábilmente utilizada por los españoles, que montaban toda una escenografía antes de entrar en combate. Hacían intencionadamente sus entradas con gran ruido, tocando trompetas, poniendo cascabeles a los caballos y disparando bombardas y arcabuces. Así conseguían aterrorizar a los indios antes de entrar en acción, facilitando su victoria. López de Gómara decía que en la entrada a Cajamarca de Francisco Pizarro, donde estaba concentrado lo mejor del ejército de Atahualpa, los indios no llegaron a entrar en combate por el siguiente motivo:

O porque Atahualpa no les dio la orden o porque se cortaron todos, de puro miedo y ruido que hicieron a un mismo tiempo con las trompetas, los arcabuces y artillería, y los caballos que llevaban pretales de cascabeles para espantarlos.

 

Los indios además sentían gran pavor por esos barbudos hombres blancos. Gil González Dávila, consciente de ello, les cortó el pelo a 25 jóvenes imberbes y les preparó unas barbas postizas antes de comenzar la contienda. Pensaba que si había más barbudos, infundirían mucho más terror a los ingenuos aborígenes y su derrota sería más fácil.

El desanimo total les llegó cuando se dieron cuenta que los españoles jamás se irían de sus tierras. Mientras creyeron que iban a robarles y a marcharse la esperanza se mantuvo. Pero pasadas las primeras décadas se dieron cuenta de que eso no ocurriría. Un viejo sacerdote, Alquimpech, le dijo a Francisco de Montejo que sufrían peor el poder de los españoles porque sabían que nunca se marcharían. Y la desesperación llegó a tal extremo que no pocos optaron por la solución extrema, es decir, por el suicidio. La sociedad indígena en general, aunque diversa, era fundamentalmente holista, frente a la hispana que era más individualista. Para este tipo de sociedades la comunidad tenía la primacía frente a la individualidad. El valor supremo era la supervivencia de la comunidad. Esto explicaría muchos comportamientos así como los suicidios sistemáticos que practicaron en ocasiones extremas.

 

PARA SABER MÁS:

MIRA CABALLOS, Esteban: Conquista y destrucción de las Indias. Sevilla, Muñoz Moya, 2009.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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