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I.-INTRODUCCIÓN

         Hasta el establecimiento del sistema de flotas en la navegación indiana, entre 1561 y 1564, se produjeron un sinnúmero de debates y propuestas que no han sido hasta la fecha suficientemente analizadas. El camino recorrido hasta la concreción de un sistema estable y eficiente de navegación no fue en absoluto fácil y estuvo precedido de numerosos ensayos y de no pocos fracasos.

         A mediados del siglo XVI, cuando se entreveía la necesidad de establecer un sistema naval eficaz que permitiese un comercio seguro entre España y las Indias, aparecieron varios proyectos, el más interesante, amplio y concienzudo de todos, sin duda alguna, el de Álvaro de Bazán "el Viejo".

         Así, pues, el objetivo de este presente trabajo es analizar con detalle los proyectos para la navegación indiana propuestos por Álvaro de Bazán "el Viejo" a mediados del siglo XVI. Unos planes que, hasta la fecha, no han sido estudiados, ni analizados en profundidad. A este respecto debemos decir que tan sólo don Ramón Carande (1990, I: 391-398) dedicó varias páginas a la cuestión, destacando por primera vez la magnitud del proyecto, al que calificó de revolucionario, y apuntando ya certeramente algunas de las causas de su fracaso. Sin embargo, los datos proporcionados por los distintos historiadores que se han referido a la cuestión son contradictorios, pues, mientras unos afirmaban que Álvaro de Bazán proyectó un sistema de veinte galeazas1, otros decían que eran sólo doce, y finalmente otros que eran en realidad nueve, es decir, tres galeones y seis galeazas (Carande 1990, I: 392). Y verdaderamente todos tenían parte de razón ya que no hubo -como se había pensado- un sólo proyecto, sino cuatro sucesivos y un asiento final que aceptaba en sus partes fundamentales la última de las propuestas.

         A nuestro juicio este desconocimiento se ha debido a la dispersión de la documentación entre distintos repositorios nacionales, a saber: primero, el Archivo General de Indias, que conserva, en la sección de Indiferente General, los Cedularios Reales, con abundante información sobre Bazán y su plan para la navegación indiana. Segundo, el Archivo General de Simancas que custodia un legajo, en la sección de Consejo y Juntas de Hacienda, con el grueso del proyecto y las correspondientes pesquisas e informaciones a las que éste dio lugar. Tercero, el Archivo Histórico Nacional que guarda algunos manuscritos, en la sección de Diversos, complementarios a los existentes en Simancas y alguno de ellos de sumo interés, como el informe del prestigioso marino Bernardino de Mendoza. Y cuarto y último, la Academia de la Historia que conserva, en la Colección Muñoz, algunos traslados de diversos instrumentos a que dio lugar el proyecto, algunos de ellos de gran interés, al haberse extraviado o perdido el original.

          Antes de comenzar con el análisis de sus propuestas creemos necesario ofrecer algunos datos biográficos sobre su autor, es decir, don Álvaro de Bazán "el Viejo". A este respecto debemos advertir que su biografía se ha visto bastante relegada y minimizada por la gran relevancia que alcanzó, años después, su hijo y en menor medida su nieto, ambos del mismo nombre que el patriarca de la estirpe. Efectivamente, en muchas ocasiones se destaca a Álvaro de Bazán "el Viejo", no por sus méritos personales, sino como mero progenitor de Álvaro de Bazán "el Mozo", primer Marqués de Santa Cruz, que tan eficazmente contribuyó, junto a don Juan de Austria, a la derrota de los turcos en la célebre Batalla de Lepanto.

         Sin embargo, en estas líneas queremos insistir en la gran capacidad del padre del primer Marqués de Santa Cruz, como ingeniero naval y como marino, avaladas por sus innumerables éxitos en campañas bélicas y por su contribución a la consolidación del sistema naval del Imperio. Y realmente, éste debe ser considerado, como afirmaba Carande (1990, I: 395), como "uno de los marinos más eminentes de su generación". De origen noble, era señor de las villas del Viso y de Santa Cruz. Desempeñó distintos puestos de enorme responsabilidad en el sistema naval español, antes, durante y después de la presentación de sus malogrados proyectos. Entre 1529 y 1535, en calidad de capitán general de la Armada Real de Granada, desarrolló una labor fundamental en el sur peninsular, sobre todo como elemento de disuasión de los corsarios berberiscos y turcos (Mira 2000b: 49-50). En estos años desplegó acciones tácticas notabilísimas como el desbloqueo, en 1533, del puerto de Corón, en el norte de África, asediado por galeras turcas (López de Gómara 2000: 143). Por estos años solicitó Bazán el cargo de contador de la Casa de la Contratación que, como es sabido, estaba vacante desde el fallecimiento de Juan López de Recalde2. Por fortuna no se accedió a su petición y de esta forma pudo proseguir su brillante carrera en la mar. En la defensa de las costas mediterráneas estuvo al menos hasta 1538 en que lo encontramos al frente de unas galeras fondeadas en Barcelona. Sin embargo, hacia 1540 debió cambiar las galeras por las naos y el mediterráneo por el atlántico ya que se incorporó, en calidad de capitán general, a la Armada Guardacostas de Andalucía, compuesta en esa ocasión por dos galeazas, dos galeones y cuatro chalupas (Caballero 1997: 34-37).

         Justo a mediados de siglo, en plena defensa de sus proyectos de navegación indiana, compartía con don Luis de Carvajal la capitanía general de otra de las armadas españolas de la época, es decir, la de Vizcaya3. Al parecer, en esos momentos la escuadra navegaba dividida en dos, una a cargo de este último, que se encargaba de proteger la ruta "de Finisterre a Inglaterra y a Flandes", y la otra, a cargo del propio Bazán, que tenía encomendada la ruta desde "Finisterre a Andalucía"4. Y en esa misma actividad seguía en 1555 pese a que sus galeones, San Pedro y San Pablo, estaban haciendo, por aquellos años, la ruta de las Indias5.

         Sin embargo, al año siguiente, es decir, en 1556, cambió de nuevo de destino, reincorporándose a la Armada Guardacostas de Andalucía en calidad de capitán general (Céspedes 1945: 660), muy a pesar de las críticas recibidas de don Luis Colón, quien consideraba dañados sus privilegios6. Al frente de esta escuadra estuvo hasta 1560, año en el que asumió el relevo su hijo, el futuro Marqués de Santa Cruz, quien en marzo de este último año custodió a la flota de Pedro Menéndez de Avilés, desde el cabo de San Vicente hasta Sanlúcar de Barrameda (Lorenzo 1986, II: 288).

 

II.-LAS CIRCUNSTANCIAS DE LA NAVEGACIÓN A MEDIADOS DE SIGLO

        

        El sistema naval que España estableció con las Indias tiene dos grandes etapas bien definidas, cuya inflexión podemos situar entre 1561 y 1564. Fue precisamente en estos años cuando definitivamente se reguló un régimen de flotas que, como es sabido, estuvo vigente durante gran parte de la época Colonial. Efectivamente, por real cédula del 16 de julio de 1561 se prohibió toda navegación al margen de las dos flotas que se aprestarían anualmente: una con destino a Nueva España, que partiría en enero, y otra a Tierra Firme, que zarparía en el mes de agosto (Veitia 1981, Lib. II, Cap. VI: 2; García-Baquero 1992: 90)7. Poco tiempo después, y concretamente el 18 de octubre de 1564, se terminó de perfilar el sistema, fijando la partida de la primera flota en abril, mientras que la segunda, mantendría su fecha de salida en el mes de agosto (Haring 1979: 258-259). El motivo por el que se restringía la navegación exclusivamente a las dos flotas anuales quedaba bien explícito en el citado manuscrito: la experiencia había demostrado los grandes daños que hacían los corsarios sobre los navíos que viajaban en registros sueltos8.

         Desde hacía varias décadas se había producido un continuo tira y afloja entre el sueño de todos los tratantes de Indias, que era el registro suelto9, y la realidad que el feroz y despiadado corsarismo impuso, poco después del Descubrimiento de América.

         En 1529 se intento implantar una liberalización comercial que, como es de sobra conocido, no fue más que un espejismo porque quedó prácticamente en letra muerta (Mira 1998: 71-72)10. En las décadas posteriores primó un precario y ambiguo sistema naval que, por un lado, consintió el registro suelto de los navíos en tiempos de paz, y por el otro, debió recurrir continuamente a la navegación en flota -o en conserva11-, especialmente en aquellos momentos en los que arreciaban los ataques corsarios. De hecho, a mediados del siglo XVI, afirmaba Álvaro de Bazán que "la costumbre de la Casa de la Contratación y de lo que se hace ahora es que no dejan ir menos de ocho navíos porque vayan a recaudo"12.

         Ya hemos dicho que, pese al viejo sueño del registro suelto, el sistema naval predominante desde el segundo tercio del siglo XVI fue el de la navegación en conserva. Lo normal es que la Casa de la Contratación esperase la acumulación de varios mercantes -al menos ocho- para navegar con más seguridad y en compañía de algún navío de guerra13. Además, para complementar la protección de la Carrera de Indias se establecieron dos armadas sufragadas a través de la avería14, a saber: una, la Guardacostas de Andalucía, cuyo objetivo era la vigilancia de la costa de Andalucía Occidental, así como la custodia de los buques, tanto en la ida hasta las islas Canarias como al regreso, desde las Azores a Sanlúcar (Mira 1998b: 48-49). Y dos, la Armada del Caribe, cuyo fin explícito era "la protección de las rutas seguidas por los navíos de la Carrera de Indias a su paso por dicha área" (Mira 2000: 561-562).

         La paz suscrita con Francia en 1544 hizo pensar que habría un pequeño respiro en el acoso de los corsarios galos. De hecho incluso se legisló en favor de la libre circulación de navíos, aunque eso sí, observando las ordenanzas vigentes y el registro obligatorio en el puerto de Sevilla (Caballero 1997: 39-40). Sin embargo, pronto se pudo comprobar que la realidad era bien distinta. Con paz o sin ella, los enemigos -más piratas que corsarios- no dejarían de atacar a los navíos españoles. Por ese motivo se decidió finalmente que la Armada Guardacostas de Andalucía no se desarmara y que se continuase con la recaudación de la avería. Al año siguiente los rumores sobre la reanudación virulenta de los ataques enemigos adquirió tal magnitud que las autoridades españolas decretaron que ningún velero español partiese de las islas Azores hasta que no arribase a ellas la Armada Guardacostas de Andalucía (Mira 1998b: 77).

         Además, ya por aquellos años, y cada vez con más frecuencia, se estaban uniendo a los piratas franceses otros de muy distintas nacionalidades, sobre todo escoceses, ingleses y holandeses. Precisamente, en 1550, se certificaron varios ataques en los puertos del Cantábrico llevados a cabo por corsarios ingleses "aunque dicen que entre ellos hay gente de cuatro naciones"15.

         La sensación de zozobra entre las autoridades, los marinos, los maestres y los comerciantes fue muy considerable, a juzgar por los numerosos testimonios de la época. El corsarismo no parecía ya un fenómeno coyuntural, pues, no solo no desaparecía sino que tendía a aumentar con el paso de los años, ampliándose la ofensiva incluso a los meses de invierno16. En ese ambiente de intensa actividad corsaria, de crisis del modelo naval vigente y cuando las críticas al sistema arreciaban17, aparecieron numerosos proyectos de navegación alternativos. Unos planes que pretendían, bien el establecimiento de medidas para reformar la Carrera de Indias18, o bien, la creación de un ordenamiento naval alternativo al existente.

         Como ya hemos dicho, los planes de Bazán no fueron los únicos, pues, otros marinos experimentados como Andrea Doria, Bernardino de Mendoza o Andrés de Archuleta plantearon sus propios proyectos para recuperar la seguridad en la Carrera de Indias. Algunos de ellos bastante ingeniosos, como el de Bernardino de Mendoza, quien, justificándose en la enorme extensión del océano, negó la eficacia de las armadas. Según él, ni los navíos de escolta, ni las armadas de averías serían suficientes para frenar a los corsarios. Por ello, lo más importante era realmente que cada buque cumpliese las ordenanzas y fuese suficientemente artillado "porque siendo tantos como son los dichos navíos dificultosamente se pueden guardar con tres o cuatro o cinco que se suelen armar para su guarda"19.

         Pues, bien, de todos esos proyectos presentados en el segundo tercio del siglo XVI, el más concienzudo, extenso, revolucionario y trascendental fue, sin duda, el de Álvaro de Bazán "el Viejo" que estudiaremos en las páginas siguientes.

 

III.-ALVARO DE BAZÁN Y SUS PROYECTOS DE NAVEGACIÓN

        

        Los planes de navegación de Álvaro de Bazán recibieron en su época críticas muy duras tanto a nivel institucional -del Consejo de Indias, de la Casa de la Contratación y, sobre todo, del Consulado Sevillano-, como a nivel particular, por parte de muchos de los comerciantes y navegantes más conocidos de la época -Andrea Doria, Lopez de Archuleta, Bernardino de Mendoza, etc-. Una lectura superficial de la documentación podría crear la errónea sensación de que estos proyectos carecían de toda consistencia. Nada más lejos de la realidad, puesto que fueron una concienzuda y seria apuesta por un modelo de navegación monopolística que posiblemente pudo haber sido tan eficaz al menos como el sistema de dos flotas anuales que, como es bien sabido, se impuso con posterioridad. Las ideas de Bazán estuvieron a un ápice de prosperar y, de haber sido así, hubiese cambiado el sistema naval y comercial de España con las Indias en la época Colonial.

 

1.-EL PRIMER PROYECTO

        

        Del primer proyecto de navegación propuesto por Bazán tan sólo disponemos de dos borradores, ambos incompletos y sin fecha20. No obstante, su data debe ser probablemente de la primera mitad de 1548, pues, en una real cédula dirigida a los oficiales de la Casa de la Contratación el 28 de octubre de 1548 se les pedía que tratasen con el consulado de Sevilla el proyecto de navegación presentado por Bazán21. También a principios de 1549 se envió una carta al Emperador diciéndole, que si Bazán insistía en su proyecto de navegación con galeazas, que se autorizase pero "sin que Su Majestad haya de poner dinero, ni otra cosa en ello..."22. Por otro lado, el 27 de febrero de 1549, el Consulado de Sevilla escribió al Rey, diciendo que ya tenían preparado el informe solicitado sobre las veinte galeazas de Bazán, y que lo remitirían en breve al Consejo de Indias23.

         Gracias a estos dos borradores, y a algunas otras referencias que aparecen en otras tantas informaciones posteriores, podemos reconstruir el proyecto en sus partes esenciales. Bazán se comprometería a botar veinte galeazas que, en grupos de cuatro, efectuarían un total de cinco travesías anuales. A cambio, el prestigioso marino pedía varias prebendas, a saber: primero, nada menos que el importante y elitista título de Almirante, y segundo, el privilegio de que, al menos durante veinte años, nadie pudiera construir galeazas en el Imperio. Muy posiblemente, el proyecto incluía el estanco del comercio indiano, aunque eso sí, debiendo aceptar, previo pago del correspondiente flete, las mercancías de los distintos comerciantes de Indias. Ese aspecto fue uno de los que con más intensidad se censuró, siendo eliminado en los proyectos sucesivos. Así, por ejemplo, en un memorial anónimo se decía en relación a este primer proyecto lo siguiente:


         "Ha se de advertir y notar bien que las veinte galeazas que don Álvaro quiere hacer, y aunque fuesen cincuenta, no bastarían a llevar lo que se carga en España para las Indias y traer los retornos de ellas porque ahora andan en este trato casi cien navíos harto buenos y siempre hay carestía de ellos y si las dichas galeazas pusiesen en estanco en el cargar de las mercaderías en breve se desharían de ellas sus dueños y de necesidad habría de cesar gran parte del trato pues son infinitos los que hacen cargazones para las Indias por dar aviamiento a sus navíos y ganar con ellos que si no los tuviesen tampoco entenderían n el dicho trato"24.

 

         Asimismo, en esta primera propuesta, Bazán exigía una suma algo elevada, concretamente unos 2.000 ducados anuales por cada galeaza; en total 40.000 ducados, a cambio de la cesión de la tercera parte de los beneficios que se obtuviesen en concepto de fletes25. De esta forma pretendía compartir con la Corona los beneficios del monopolio del comercio indiano.

         También demandaba dos tercios de todas las presas que se hicieren durante su andadura, lo cual tampoco era excesivo teniendo en cuenta que las armadas no eran Reales sino de propiedad particular. No olvidemos que en estos casos lo normal era que el Rey tan solo obtuviese el quinto de la presa26.

         En este proyecto Bazán defendió especialmente las virtudes de la galeaza, navío que, como ya hemos dicho, había sido inventado por él mismo. A su juicio era un buque mucho más veloz que ninguno de los utilizados en la navegación atlántica, por ser afragatado y por llevar ciertas mejoras en el velamen. El propio Bazán describía sus buques "de nueva invención" de la siguiente forma:


         "Que las dichas veinte galeazas que ha dicho que pondrá y traerá en la dicha navegación serán bastardas de galera y galeón y que no tendrán tanto de galera como tienen las venecianas porque son muy bajas de costado para ir a Indias, las cuales tendrán a doscientos toneles poco más o menos. Que estos navíos serán muy livianos de la vela por cierto secreto que tendrán en la hechura y en las velas, tanto, que ningún navío de los que han ido a Indias, españoles ni franceses, andarán tanto como ellos y que llevarán los remos para el efecto que lo traen las venecianas que es para salir del puerto y entrar en él y ponerse en batalla y para ayudarse a dar caza a otra armada y para alcanzarla más presto o desviarse de ella"27.

 

         Estaba previsto que estos navíos viajasen fuertemente pertrechados con artillería pesada -lombardas y culebrinas- y, por supuesto, con la munición suficiente y el reglamentario armamento de los soldados28.

         Las críticas vertidas por algunas instituciones indianas, como el Consulado Sevillano, fueron extremadamente severas. Según afirmaban, el monopolio destruiría el trato con América, produciéndose un gran perjuicio económico, tanto para los tratantes de Indias como para la Corona. Los miembros de esta institución sostenían que las galeazas no eran navíos adecuados para la navegación indiana, debido a su escaso calado. Asimismo, pensaban que no serían suficientes para mantener el tráfico mercantil, pues, según decían, en esos momentos comerciaban con las Indias un centenar y medio de navíos, todos ellos de más de 150 toneladas29.

 

2.-EL SEGUNDO Y TERCER PROYECTO

        

        A principios de 1549, Álvaro de Bazán, después de asumir la gran cantidad de críticas recibidas -muchas de ellas injustificadas-, decidió introducir una serie de modificaciones y presentar un nuevo diseño a la Corona. En relación a este segundo proyecto tampoco disponemos del documento original sino de tres instrumentos colaterales que comentan la cuestión, a saber: uno, un capítulo que sobre el mencionado proyecto envió el Rey al Consejo de Indias, para que emitiesen su parecer30. Dos, una resolución sin fechar, posiblemente en respuesta al documento anteriormente citado del Consejo de Indias31. Y tres, un parecer, también sin data, de los oficiales de la Casa de la Contratación32. Cotejándolos entre sí hemos obtenido las principales cláusulas de este segundo plan que introduce varias novedades importantes con respecto al primero: los navíos serían un total de 12 galeazas -8 menos que en el plan inicial-, destinándose la mitad a la ruta de la Nueva España y, la otra mitad, a la de Tierra Firme. Partirían de tres en tres, con una regularidad trimestral, teniendo su sede, obviamente, en la capital Hispalense.

         Las exigencias financieras de Bazán también experimentaron una drástica reducción, limitándose en esta ocasión a tan solo 9.200 ducados de ayuda de costa anuales.

         El informe de la sevillana Casa de la Contratación fue bastante ambiguo. Si bien señalaron algunos aspectos muy positivos del proyecto, como la mayor regularidad de los avisos y la mayor seguridad con la que viajarían los caudales de Indias. Sin embargo, también insistieron en varias cuestiones negativas que se derivarían de la firma del citado asiento: primero, la armada no limpiaría la costa andaluza de corsarios y, por tanto, habría que seguir fletando armadas de averías. Y segundo, el comercio se vería seriamente perjudicado y reducido, sobre todo por la intención de Álvaro de Bazán de no esperar a los comerciantes "ni en Castilla ni en Indias". Asimismo los oficiales de Sevilla volvieron a manifestar sus serias dudas sobre la capacidad naval de las galeazas33.

         En medio del debate que se generó y de las muchas críticas que su plan seguía despertando, Bazán consideró oportuno rehacer de nuevo su proyecto, aunque en esta ocasión manteniendo lo esencial. En un memorial, que podríamos fechar en septiembre de 1549, éste sustituyó sencillamente su proyecto de doce galeazas por el más convencional de doce galeones, pues "parecen más en servicio de Su Majestad"34. Por lo demás, vuelve a insistir en las mismas cuestiones, es decir, en las deficiencias del sistema naval vigente, con interminables esperas de los navíos, la ineficacia de las efímeras armadas guardacostas, los altos costes de los seguros, etcétera. En esta ocasión planeó que partiesen dos galeones cada dos meses para recoger regularmente el metal precioso y los caudales, tanto de propiedad Real como particular. En caso de guerra, partirían los galeones de tres en tres cada trimestre35.

 

3.-EL CUARTO PROYECTO

        

        Sin embargo, a Bazán le debió parecer demasiado simple el cambio como para que la actitud de las instituciones indianas se tornase favorable. Por ello, el 7 de octubre de 1549 tenía listo su cuarto y definitivo proyecto. Éste, estaba mucho más elaborado e incluía bastante novedades y, sobre todo, rectificaciones a ciertos aspectos que habían sido muy reprochados en los planes anteriores36. Concretamente se comprometía a aprestar seis galeones -tres de nueva invención y otros tres ordinarios- y tres galeazas en un plazo de cuatro meses desde la firma del contrato. Sin embargo, estos buques serían provisionales mientras terminaba de construir otras tres galeazas de nueva invención. Así, pues, al final la flota debía quedar compuesta por tres galeones de nueva invención y seis galeazas.

         Los llamados galeones de nueva invención, de forma similar a las galeazas, no eran otra cosa que el resultado del afragatamiento del navío, lo que en teoría le proporcionaba una mayor rapidez. Esta última virtud fue en la que más énfasis puso el marino a la hora de defender sus navíos. Así, en una extensa información realizada por el propio Bazán sobre sus galeones, testigos como Baltasar de Prado afirmaron que, aunque estos se topasen con una gruesa armada de corsarios, el preciado metal llegaría con seguridad a Sevilla "por su ligereza y por lo mucho que andan"37. Las cuestiones técnicas que le proporcionaban esa mayor velocidad también quedaron unánimemente explicadas por los declarantes:


        "...Las dichas nuevas invenciones son que el corte o gálibo del plan y de lo que va debajo del agua de los dichos dos galeones es y va de tal manera y medidas y tan diferentes de los que se usan que, por esto y por su talle y hechura, son muy ligeros y navegan mucho y antes que se echasen a la mar los maestros que los hacían y los marineros y personas que los veían decían que tenían por cierto que serían los más ligeros navíos que se hubiesen visto como esto se pareció después por la experiencia, cuando fueron desde Vizcaya a Sevilla, porque este testigo se halló presente al tiempo que salieron de Portugalete y vio que iban tan ligeros que, con solas las velas del trinquete, alcanzaron a ciertos navíos que iban adelante de ellos con todas las velas metidas... Y demás de esto tienen otra nueva invención que es que pueden acrecentar dos medias velas engarzonadas con la vela mayor, con un ingenio de manera que, tirando, se pueden quitar de puesto cada vez que las quisieren quitar. Y cuando las quisieren poner es para andar mucho más de lo que andan. Y para cuando quisieren la media de sobreviento y dejar la de sotaviento (sic) andará mucho más el navío a la bolina que otro ningún navío..."38.

 

         Otra de las cualidades que tenía la nueva embarcación era su gran capacidad defensiva, al llevar un buen numero de piezas de artillería pesada y varias plataformas desde donde llevar a cabo el abordaje de los buques enemigos39.

         Así, pues, irían tres armadas al año, formadas por un galeón y dos galeazas. Se incluía lógicamente una cláusula antimonopolio, pues, pese a que la cuestión del estanco ya había sido suprimida en los proyectos anteriores, las críticas a ese aspecto habían proseguido. Efectivamente su armada daría cobertura defensiva a los navíos mercantes que optasen por ir en la flota. Estaba previsto que al regreso se hiciese una escala en La Habana para esperar varios días a aquellos buques que quisiesen regresar en conserva. Las esperas en los puertos de Veracruz, Nombre de Dios y La Habana no se especificaban pero se decía que, en cualquier caso, deberían ser pocos días para evitar que a los navíos "se los comiera la bruma". Finalmente, se especificaba, como en los proyectos anteriores, que la artillería debía prestarla el Rey de sus arsenales de Sevilla o Málaga. Al regreso de cada viaje sería devuelta íntegramente, junto a aquella munición que no se hubiese utilizado.

 

IV.-EL ASIENTO DE 1550

        

        Después de perfilar y adaptar el proyecto a las peticiones de la Corona y de sus asesores, finalmente, el 14 de febrero de 1550, se firmó en Valladolid el ansiado asiento40. El refrendo de este contrato no fue ni muchísimo menos un hecho casual o circunstancial. La decisión había sido largamente meditada por la Corona que no dudo en contrastar las ideas con las más altas instituciones de gobierno, así como con un buen número de personas vinculadas al comercio y a la navegación indiana. Incluso, sabemos que, con el objeto de analizar el citado proyecto, Carlos V llegó a nombrar una comisión mixta en la que se dieron cita destacados miembros de la administración hispana, a saber: Gutierre Velázquez y Tello de Sandoval del Consejo de Indias, Francisco de Almaguer del Consejo de Hacienda, los licenciado Galarzo y Montalvo del Consejo Real, y finalmente, el secretario Juan Vázquez de Molina del Consejo de Estado41. En definitiva, queda claro que el proyecto de Bazán fue tratado y debatido como lo que era realmente, es decir, como un asunto de estado, de gran trascendencia política y, sobre todo, económica.

         Como ya hemos afirmado el asiento recoge básicamente los principales aspectos del último proyecto, aunque con algunas ideas extraídas de los bosquejos anteriores. Efectivamente los buques serían inicialmente seis galeones y tres galeazas, sin embargo, en un corto período de tiempo debía armar otras tantas galeazas, quedando definitivamente la escuadra compuesta de tres galeones y seis galeazas. Éstas se dividirían en tres armadas, formadas cada una de ellas por un galeón y dos galeazas, para hacer un total de tres travesías anuales. Junto al galeón y a las dos galeazas viajarían dos o tres zabras42 para facilitar el comercio y, según se afirma en el asiento, "repartir las mercadurías que llevaren en las islas, como los mercaderes quisieren"43. Ahora bien, era condición inexcusable que estas pequeñas embarcaciones no pudiesen transportar "oro ni plata ni perlas en el viaje ordinario"44. El objetivo de las flotas queda muy bien especificado en el punto primero del citado asiento:


          "...Con las cuales dichas galeazas y galeones ha de servir en traer todo el oro y plata y perlas que nos tuviéremo con las Indias y de los particulares que lo quisieren enviar o traer a estos reinos, según y de la manera que ahora lo traen los navíos que a ellas van, lo cual traerán a la Casa de la Contratación que está en la ciudad de Sevilla y lo entregarán a los oficiales de ella como sea costumbre hacer. Y para seguridad de ello los capitanes de los dichos galeones y galeazas y los maestres de ellos darán fianzas de la cantidad y manera que ahora se acostumbra hacer, pero, si algún mercader u otra persona quisiere traer su oro o plata en otros navíos, que lo pueda hacer sin que en esto haya estanco"45.

 

         En el segundo punto del asiento se establecía una novedad interesante, a saber: salvo el año inmediato a la rúbrica del asiento, Bazán no estaría obligado a escoltar a los demás buques españoles que hicieran la Carrera de Indias. La finalidad única del asiento era, pues, disponer de un grupo de navíos de alto tonelaje, bien pertrechados y con una tripulación experta que condujese los caudales de Indias con la seguridad necesaria. Una idea verdaderamente sorprendente porque se adelantó más de medio siglo a la decisión de las autoridades indianas de construir el poderoso galeón de la plata46. Este último, un buque de alto tonelaje e igualmente afragatado, como había pretendido Bazán con sus galeones de nueva invención. Los veleros de Bazán superarían en total las 2.000 toneladas e irían bien armados, con 1.700 quintales de artillería que la Corona prestaría, y tripulados por 900 personas altamente cualificadas47.

          Asimismo, se insistía mucho que, en lo relacionado con la cargazón, con los espacios para las piezas de artillería y en todo lo demás referente a la seguridad de los navíos, se debían observar fielmente las ordenanzas que al respecto estaban vigentes para la navegación de las Indias48. La ayuda de costa asignada quedó fijada finalmente en 3.200 ducados por cada viaje49, es decir, un total anual de 9.600 ducados; poco más de lo previsto en su segundo proyecto. Obviamente, con esa escasa renta ni tan siquiera cubriría una tercera parte del apresto de la flota y del pago a sus tripulantes, pues, verdaderamente los beneficios esperaba obtenerlos transportando mercancías en los buques y alquilando los fletes sobrantes50. Sus armadas atracaría en tres puertos, a saber: Veracruz, donde esperarían un máximo de treinta días, y Nombre de Dios y Santo Domingo, donde aguardarían tan sólo quince días respectivamente51.

         En cuanto a los privilegios que solicitaba el marino la Corona estuvo sumamente cauta y comedida. Bazán no logró su pretensión de ser Almirante de las Indias aunque sí recibió el título de "capitán general de la navegación de las Indias". No obstante, no era vitalicio sino que se limitaba a un período improrrogable de quince años52. Por otro lado, los poderes asignados al cargo fueron muy limitados, pues tan solo tenía autoridad sobre otras armadas o navíos de guerra con los que se encontrase en sus travesías, teniendo autoridad, eso sí, para capitanearlos en la búsqueda o persecución de corsarios53. También obtuvo el privilegio de la construcción exclusiva de galeazas por el mismo período de tiempo, es decir, por 15 años54. Y finalmente, se le prometieron en el mismo contrato tierras e indios para sus cuatro hijos, "habiendo respeto a los servicios que él me hubiere hecho en lo tocante a la navegación de las Indias"55.

         Éste era, pues, el asiento firmado, el cual se puede resumir en pocas palabras: Bazán se comprometía a enviar a las Indias tres armadas anuales, formadas cada una de ellas por un galeón, dos galeazas y alguna zabra en las que, a cambio de beneficiarse de las mercaderías que cargase, traería con seguridad los caudales de Indias. Los costes económicos para la Corona eran verdadera ínfimos, unos 9.600 ducados anuales.

 

V.-LA SUSPENSIÓN DEL ASIENTO

        

        Las presiones ejercidas por los distintos organismos relacionados con la navegación indiana, especialmente por el poderoso Consulado sevillano, fueron intensísimas, aunque los argumentos utilizados fueron, a nuestro juicio, reiterativos y poco fundamentados.Uno d e los reproches, repetidos hasta la saciedad, fue la duda que mostraban de que sus buques de nueva invención fuesen en verdad seguros y útiles para la navegación indiana. Así, por ejemplo, el parecer de Bernardino de Mendoza fue especialmente crítico, pues, no sólo puso en duda la valía de las galeazas para la navegación indiana sino que cuestionó la capacidad del mismísimo Álvaro de Bazán para diseñarlas. En este sentido, afirmaba que no las debió diseñar él sino "personas que tienen larga experiencia en hacerlas y lo han muchas veces experimentado"56. Incluso, iba más allá al escribir que los venecianos dejaron de usar navíos de cierta similitud, galeras y otros de menos porte, llamados galizabras, porque eran "inútiles" y de poco provecho57. Además, oponiéndose a la afirmación de Bazán y de otros marinos de la época, sostenía que las galeazas no podían navegar de bolina58 y que sus velas latinas no servían para la turbulenta ruta de las Indias59. No menos crítico fue Andrea Doria al decir, como su amigo Bernardino de Mendoza, que el éxito de las nuevas invenciones no se había probado pero que los venecianos las habían dejado de usar porque no eran de utilidad60.

         Por otro lado, en una información practicada entre marinos experimentados de la Carrera de Indias, señalaron el inconveniente que suponía el alto tonelaje de los navíos, sobre todo porque no podrían acceder al puerto de las Muelas de Sevilla61. Y en este caso sí que tenían razón, pues, precisamente Álvaro de Bazán solicitó, poco después de la firma de su asiento, autorización para cargar en el puerto de Horcadas -también en el Guadalquivir- y no en el de las Muelas, porque, según decía, sus navíos eran de gran tonelaje y temía por su seguridad62. Por lo demás, y como suele ocurrir en la Historia, el tiempo le dio la razón a Bazán, sus navíos de nueva invención se utilizaron durante décadas en la navegación de la Carrera de las Indias. También sabía lo que hacía cuando aumentó el tonelaje de sus buques de la plata; pocas décadas después, todos los navíos destinados a este cometido tendrían el arqueo propuesto por él.

         También censuraron, unos y otros, el exceso que suponía que, además de beneficiarse del comercio indiano y de las posibles presas que capturase, quisiese cobrar de ayuda de costa más de 9.000 ducados anuales. Algunos llegaron más lejos al proponer que se aceptase el asiento siempre y cuando se hiciese sin ninguna aportación económica por parte de la Corona. Pero, debemos insistir que también en este caso eran infundadas las acusaciones. Los costes para la Corona eran nimios comparados con los que había estado desembolsando hasta ese momento. Por citar algunos casos representativos diremos que la Armada del Reino de Granada, cuya capitanía general ostentó precisamente Álvaro de Bazán entre 1529 y 1535, tenía unos costes anuales para la Corona de unos 200.000 ducados (Mira 2000b: 43). El mismo Bazán, en una carta fechada el 5 de julio de 1550 y dirigida al Monarca, afirmaba que los costos de la Armada que había llevado Sancho de Biedma en ese año a las Indias le había supuesto a la Corona un desembolso de 50.000 ducados63. Igualmente, sostenía que las flotas de Blasco Núñez de Vela y la de Alonso de los Ríos, formada por dos naos y cuatro carabelas, habían importado 80.000 y 60.000 ducados respectivamente64. En relación a esta última afirmación, algunos testigos presentados en la información que se hizo sobre el asiento declararon que Bazán exageró los precios y que ambas armadas "no costaron tanto". Y aunque no les faltaba razón65, lo cierto es que los postulados de Bazán seguían siendo ciertos. La contribución de la Corona era mínima en comparación con lo que había desembolsado hasta esos momentos. Es más, en nuestra opinión, el aporte económico de la administración era tan escaso que no estamos seguros si el afamado marino hubiese sido capaz de rentabilizar su proyecto.

         Pero, en general, sus ideas eran viables, tanto desde el punto de vista técnico como económico. En relación al primer aspecto no debemos olvidar que habían sido diseñadas por el más experimentado marino de la España de su época. Existían sobrados argumentos para confiar en él, dados los importantes servicios navales que había prestado a la Corona y a España durante décadas, tanto en armadas mediterráneas como atlánticas. Probablemente, un marino tan eficiente como Bazán hubiese traído los tesoros indianos con bastante seguridad y sobre todo con una mayor regularidad.

         En cuanto a la viabilidad económica de su plan ha quedado suficientemente demostrado que desde luego para la Corona era un verdadero privilegio poder contar regularmente con sus caudales indianos a cambio de la módica cifra de 9.600 ducados anuales y de la obligación de prestar la artillería.

         Pero había un serio problema; la élite económica del comercio indiano se sentía muy perjudicada. Efectivamente los grandes armadores, los maestres de naos y los comerciantes -en su mayoría poseedores de navíos propios- vieron en el proyecto de Bazán una seria amenaza a sus intereses económicos. Una información tomada por la Corona en Sevilla en relación al asiento nos da las claves del problema. Todos los declarantes coinciden en decir que los pequeños mercaderes que tenían contratación con las Indias veían el asiento con buenos ojos, pero que, en cambio, los grandes maestres y tratantes "todos hablaban mal". Veamos la declaración de un tal Juan de Pineda, cuyo testimonio nos parece fundamental para entender la oposición de los grandes armadores y comerciantes sevillanos:


         "...Que ha oído, muchos días ha, este concierto que Su Majestad ha hecho con don Álvaro de Bazán y que no lo había visto hasta ahora y que este testigo lo ha platicado con mercaderes y otros ciudadanos que les toca en tener contratación en Indias y que se huelgan mucho por tenerlo por provechoso porque los que son señores de navíos les llevan precios excesivos por los navíos que van a las Indias y que, con esta armada que don Álvaro ha hecho y contratación, se ve claramente el provecho y que habrá baja en los fletamientos de los navíos y tendrán más seguridad los mercaderes..."66.

 

 

         No menos contundente fue el jurado y fiel ejecutor de la ciudad de Sevilla, Alonso Vázquez, respondiendo en la misma línea que su convecino Juan de Pineda. En este caso sus circunstancias personales lo delataban, pues había sido vecino de la Española y mantenía un pequeño comercio de azúcares y cueros entre la isla y la ciudad Hispalense. Según afirmaba, su negocio estaba muy resentido por los altos fletes que frecuentemente debía pagar a los señores de naos. Su testimonio es, como el de Juan de Pineda, tremendamente clarificador:


         "...Que todos los mercaderes tratantes en Indias tienen ordinariamente parte en los navíos que van a las Indias cargados y algunos de ellos son todos suyos y, por razón de gozar de los crecidos fletes que gozan, no tendrán está contratación y asiento que su Majestad tomó con el dicho don Álvaro por bueno, pero que los mercaderes que no alcanzan a tener navíos la tienen por muy buena y santa y justa y que este testigo lo ha oído así platicar entre unos mercaderes y los otros y lo tiene por útil y provechoso porque claro está que, habiendo muchos navíos o tales como se acrecientan, se abajará (sic) el flete, así de la ida como de la vuelta..."67

 

 

         La otra cara de la moneda la ofreció el piloto Andrés López de Archuleta que tenía intereses cercanos a los de la élite comerciante. Éste valoraba muy negativamente el asiento, pero sin esgrimir argumentos consistentes, como veremos a continuación: en primer lugar, decía que los navíos eran muy grandes y no podrían entrar en el puerto de las Muelas, cuestión sin importancia, que estaba ya prevista y que además se podía resolver sin demasiada dificultad. Y en segundo lugar, se contradecía claramente al sostener, por un lado, que Bazán no encontraría la marinería suficiente para sus navíos y, por el otro, que al bajar los fletes también se reducirían los salarios y nadie querría enrolarse en los demás buques68.

         Pero los grandes comerciantes indianos de la época tenían tanto poder que se atrevieron a desatender los designios Reales. Así, pese a que se demostró que los navíos de Bazán llegaron a tiempo para partir en lugar de la flota de Sancho de Biedma, los oficiales de Sevilla, contra la disposición Real, dieron permiso a la flota para partir sin tener en cuenta el asiento. En julio de 1550 los regentes remitieron un dramático memorial al Emperador Carlos V en el que le explicaban su zozobra69. Sus palabras no pueden ser más explícitas y son además sintomáticas del duro pulso que debieron librar con la élite. Concretamente afirmaban que la difícil situación creada se debía a las "relaciones apasionadas que habrán ido contra él -se refiere a Bazán- porque de continuo habemos sentido no tomar este negocio por los del Consejo de Indias con la voluntad que se requería"70. Asimismo reconocían que, tras haber nombrado una comisión dentro del Consejo de Indias, -los licenciados Gutierre Velázquez y Sandoval, el obispo de Lugo, Juan Vázquez, el licenciado Galarza y el contador Almoguer-, asesorados por otros miembros de la administración carolina, todos estuvieron de acuerdo en lo fundamental. Afirmaban explícitamente que nadie dio razones suficientes como para que no se cumpliese el asiento que es -decían- "en servicio de Su Majestad y contratación de las Indias"71. Explicaban también, que era falso lo que decían referente al alto coste del asiento para la Corona, cuando era bien sabido que muchas armadas guardacostas suponían un desembolso superior a los 50.000 ducados. Así, pues, le explicaban al Rey Carlos V que si algunos miembros de la comisión difirieron fue por falta de información y no por que tuviesen razones fundadas contra la firma del asiento72.

         La protesta de Bazán por el trato recibido en Sevilla no se hizo esperar, notificando al Rey el incumplimiento de lo dispuesto en su asiento por parte de los oficiales de la Casa de la Contratación, con el consiguiente daño económico73. La Corona acordó ratificarle todos sus privilegios, instando a las autoridades a respetar los acuerdos. Sin embargo, todo parece indicar que una vez perdido el primer año, el proyecto quedó en el olvido. Muchas debieron ser las presiones ejercidas por los grandes financieros y comerciantes de la carrera de Indias, a través de instituciones como el Consulado, la Casa de la Contratación o el Consejo de Indias. El gran marino se topó, en palabras de Ramón Carande, con "la tela de araña de intereses creados, dispuesta a dar caza a los entrometidos" (Carande 1990, I: 394). Evidentemente, los grande armadores, cónsules y cargadores, lograron evitar la aplicación de un asiento que mermaba considerablemente sus privilegios.

         Pese a la suspensión, los galeones, galeazas y naos de Bazán continuaron viajando a las Indias, aunque con desigual fortuna. Así, a principios de 1552, había en el puerto de Santo Domingo una nao de 360 toneladas, propiedad suya y capitaneada por su hijo Luis Bazán. Poco después, los oficiales de la isla decidieron confiscarla de manera forzosa para que se sumase a una armadilla que, al mando de Cristóbal Colón -hermano del Almirante Luis Colón-, se formó precipitadamente para rechazar a un grupo de naos francesas. Después de robar un barco en San Germán, los franceses se dieron a la fuga. Fueron perseguidos por la escuadra española hasta que una gran tormenta dio al traste con ella, hundiendo el navío capitaneado por Luis de Bazán y muriendo sus 120 tripulantes74.

         Por lo demás, Álvaro de Bazán se debió conformar con servir durante bastantes años como capitán general de la Armada Guardacostas de Andalucía, o Armada del Océano como se la empezaba a conocer por aquellas fechas. Algún historiador, como Olesa Muñido (1968: 591-592), ha afirmado que su proyecto de navegación estuvo referido al área costera y no a la travesía atlántica, hecho que, como hemos visto, no parece cierto. Está bien claro que su proyecto y su asiento se referían a la navegación indiana y que si finalmente quedó como capitán general de la armada guardacostas fue exclusivamente por la suspensión de la aplicación de su asiento. Mal asunto para la Corona sobre la que, después de verse obligada al incumplimiento de un acuerdo firmado por ella misma, podían recaer muchas dudas sobre su fiabilidad como institución. Una situación a la que se vio abocada por las presiones de quienes, con sus caudales, garantizaban la estabilidad económica del mismísimo Estado.

 

VI.-CONCLUSIONES

 

         Ante todo queremos decir que, aunque globalmente el proyecto de Bazán fracasó, su influencia en el sistema naval de la Carrera de Indias fue muy considerable. En este sentido queremos traer a colación las palabras de Haring (1979: 329), al decir que Álvaro de Bazán "el Viejo" fue el primero en utilizar grandes galeones en la navegación indiana. Efectivamente él fue quien planteó por primera vez la necesidad de usar grandes buques para la traída del metal precioso americano, medida que, como veremos en páginas posteriores, fue muy discutida en su momento. Sin embargo, el tiempo le dio la razón, pues, la tendencia progresiva desde entonces fue al aumento constante del tonelaje de los navíos de la Carrera.

         Igualmente, hay que destacar entre sus muchos méritos la invención de la galeaza, un buque a medio camino entre el galeón y la galera que si bien no llegó a desplazar a aquél como navío por excelencia de la Carrera de Indias, sí que jugó un papel muy destacado durante buena parte de la época Colonial. Sus galeazas y galeones "de nueva invención" tenían la ventaja de ser más rápidos que los navíos convencionales pero el inconveniente de resultar bastante más costoso su mantenimiento, debido fundamentalmente al mayor número de tripulantes que requería.

         Por otro lado, en este artículo se demuestra que en las décadas previas al establecimiento definitivo del sistema de dos flotas anuales se debatieron y analizaron distintos proyectos. Y concretamente, el presentado por Álvaro de Bazán supuso una seria apuesta por otro sistema de navegación alternativo que suponía el monopolio de la navegación indiana por sucesivos asentistas. De haber triunfado, finalmente, sus ideas hubiese modificado notablemente el modelo de navegación entre España y sus colonias americanas.

 

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ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

 

(*)Artículo publicado en Iberoamericana, la revista del Instituto Iberoamericano de Berlín, Nº 7, año 2002, pp. 39-57.

 

1    (Lorenzo 1986, II: 295). Como veremos a lo largo de este artículo la galeaza era un navío, inventado por Álvaro de Bazán, que estaba a medio camino entre el galeón y la galera. Disponía de remos para entrar y salir de los puertos y en teoría debía ir fuertemente artillada con más de 100 piezas gruesas y menudas.

 

2    Carta de Álvaro de Bazán solicitando el cargo de contador de la Casa de la Contratación, 9 de julio de 1532. (AGI, Indiferente General 737, N. 25).

 

3    Sobre esta interesante armada acaba de aparecer el magnífico trabajo monográfico de (SZÁSZDI LEÓN-BORJA, István (1999): "El origen de la Armada de Vizcaya y el Tratado de Alcáçovas", En Historia, Instituciones, Documentos, 26. Sevilla.

 

4    Real Cédula a Diego Hurtado de Mendoza, h. 1550. (AGS, Guerra y Marina 1321, N. 368).

 

5    El 21 de marzo de 1555 se proveyeron las armadas de don Luis de Carvajal y de Álvaro de Bazán, cada una de ellas con 1.200 hombres, la primera por cuatro meses y la segunda por dos. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 26-47).

 

6    El nombramiento se encuentra en (AGI, Contratación 2928). Las reclamaciones de don Luis Colón en (AGI, Justicia 1164, R. 2).

 

7    El documento original se encuentra en AGI, Indiferente General 1966, ff. 35v-37v.

 

8    Concretamente se afirmaba que "...Por cuanto habiendo nos visto por experiencia el riesgo que corrían las naos que iban y venían solas a las nuestras Indias, islas y Tierra Firme del mar océano ordenamos y mandamos por obviar los daños que los corsarios podían hacer que fuesen en cada año dos flotas a las dichas nuestras Indias". Real Cédula dada en Aranjuez, el 18 de octubre de 1564. (Encina 1945, T. IV: 127-130).

 

9    Por registro suelto entendemos la navegación de los navíos individualmente, sin la necesidad de esperar la formación de una flota. Evidentemente esta circunstancia no los eximía en absoluto del registro previo de las mercancías embarcadas ante los oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla.

 

10    No obstante, algunos utilizaron este resquicio legal para comerciar al margen de las flotas. Todavía en 1573 el Rey envió sendas reales cédulas a los oidores del reino de Galicia y de Asturias y de Vizcaya para que evitasen que los mercaderes de esas regiones, utilizando la habilitación de 1529, comerciaran con las Indias al margen de las flotas. (Encinas 1945, T IV: 235-237).

 

11    El término más utilizado en la época es el de navegación en conserva que servía para indicar la navegación agrupada de varios navíos. Dicho vocablo sigue usándose actualmente en el argot náutico.

 

12    Memorial de don Álvaro de Bazán, h. 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-17).

 

13    Como es bien sabido estos buques de guerra no se diferenciaban estructuralmente de los navíos comerciales. La única diferencia radicaba en su dotación material y humana, pues, iban especialmente artilladas y sin carga comercial. (Carande 1990, I: 352; Mira 1998B: 48).

 

14    la avería era una imposición bajomedieval, reactivada a partir del siglo XVI y cuyo objetivo era reducir el riesgo del transporte marítimo contra "peligros no cubiertos" por los seguros marítimos ordinarios. No debemos olvidar que la posibilidad de un ataque corsario no se contemplaba en los seguros ordinarios dado el alto riesgo que representaba, de ahí que la avería surgiese como un medio para paliar en alguna medida los efectos de estos eventuales asaltos. (DEL VAS MINGO 1992: 608). Un análisis de la figura jurídica de la avería y de su evolución histórica pueden verse en los recientes trabajos de Luque Talabán (1998: 113-145) y Del Vas Mingo (2000: 575-603).

 

15    Cartas del Marqués de Cortes y de Miguel de Lerma sobre los daños ocasionados por franceses e ingleses, 1550. (AGS, Guerra y Marina 1321, N. 5).

 

16    IBÍDEM.

 

17    Por ejemplo, por esas fechas decía Bernardino de Mendoza denunciaba la ineficacia de las armadas de averías porque "se han tomado muy pocos corsarios y gastado gran cantidad de dineros". Para dotarlas de mayor eficacia proponía una armada que estuviese siempre aprestada "detrás de ellos". Memorial de Bernardino de Mendoza, h. 1549. (AHN, Diversos, doc. de Indias 93).

 

18    Sirva de ejemplo el extenso memorial para la reformación de la Carrera de Indias que presentó Juan Melgarejo ante la Casa de la Contratación en 1568. (AGI, Indiferente General 2673).

 

19    Y para pertrechar bien los navíos preveía como solución la fundición de 3.000 quintales de artillería para que se distribuyese entre los navíos de Indias "de manera que vayan bien armadas y en orden como no teman aunque esté cualquiera de ellas sola a otra nave de corsarios". También pretendía que se examinasen bien las naves de Indias para comprobar que iba suficientemente artillada. Como complemento a esto propone

-lúcidamente por cierto- que se despachen tres flotas anuales, una en enero, otra en mayo, y finalmente, otra en septiembre y que "ningún navío vaya solo sino fuere por especial orden y mandamiento de Su Majestad". Parecer de don Bernardino de Mendoza sobre lo de la navegación de las Indias, s/f. (AHN, Diversos, doc. de Indias 93).

 

20    Memorial de Álvaro de Bazán, s/f. (AHN, Diversos, doc. de Indias 23/39). Y proyecto de 20 galeazas que quiere construir Bazán, s/f. (AGS, Consejos y Juntas de Hacienda 20-19).

 

21    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, 28 de octubre de 1548. (AGI, Indiferente General 1964, L. 11, fols. 106v-107).

 

22    Carta a Su Majestad, 3 de enero de 1549. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-24BIS). También la cita (CARANDE 1990, I: 395).

 

23    Carta del prior y cónsules a Su Majestad, Sevilla, 27 de febrero de 1549. (AGI, Indiferente General 1093, N. 87).

 

24    Memorial anónimo sobre los proyectos de Bazán, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-35).

 

25    Parecer de Andrea Doria, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-8).

 

26    En este sentido López de Gómara afirmó: "Que cuando el rey bastecía y pagaba la flota era suya toda la presa; y que dando los navíos, armas y viandas había las tres partes, y la otra era para los que iban a su costa, y que si no ponía más de las armas y navíos no tenía más de la media, y lo demás era para los que bastecían la flota. Y que por solo los navíos llevaba la cuarta parte. Y que cuando algunos armaban todo pagaban el quinto al rey...". (López de Gómara 2000: 57).

 

27    Proyecto de veinte galeazas que quiere construir Álvaro de Bazán, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-19).

 

28    A este respecto escribía en el proyecto: "Que cada galeaza de estas tendrá dos crujías con dos cañones o culebrinas con un ingenio que cuando el uno tirare con la retenida saque al otro fuera a tirar y dos medias culebrinas en la proa y otras dos medias culebrinas en la cuadra y dos medios cañones y dos sacres en la medianía y diez buzacos pedreros con sus pelotas y las ternas de pedernales y sesenta versos de hierro que son mejores que los de metal la cual toda será aderezada de cureñas y cargadores y atacadores y 14.000 pelotas de hierro colado para la artillería de metal y 24.000 pelotas de plomo con sus dados de hierro para los versos y 4.000 pelotas de piedra para los medios cañones y buzacos y 10.000 picas de arrojar y 1000 picas de mano y 4000 gorguces y 2000 dardos para las gatas y 90 arcabuces con sus aderezos de respecto y 800 coseletes de cuero porque los de hierro se pierden luego y que tendrán 20 oficiales y marineros cada una galeaza y diez lombarderos y 20 arcabuceros y diez proheles y aliheres que son por todos sesenta personas de pelea. Han de tener sus velas latinas enteras todas jarcias cables". IBÍDEM.

 

29    Parecer del Consulado sevillano sobre el proyecto de navegación de 20 galeazas presentado por Álvaro de Bazán, h. 1549. (AHN, Diversos, doc. de Indias 81).

 

30    Capítulo enviado por el Rey al Consejo de Indias, Bruselas, 30 de junio de 1549. (AHN, Diversos, doc. de Indias 88).

 

31    Resolución del Consejo de Indias de lo que toca a las galeazas, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-40).

 

32    Parecer de los oficiales de la Casa de la Contratación, s/f. (AHN, Diversos, doc. de Indias 23/40).

 

33    "Que el porte parece bien pero especialmente para la vuelta no conviene que sean rasas porque la fuerza del mar haría mucho daño y que tengan costados y que no fueren tan largos como las galeazas". Parecer de los oficiales de la Casa de la Contratación, h. 1549. (A.H.N., Diversos documentos de Indias leg. 23/40).

 

34    Memorial presentado por Álvaro de Bazán, h. 1549. (AHN, Diverso, doc. de Indias 23/42).

 

35    IBÍDEM.

 

36    Apuntes de don Álvaro de Bazán sobre su proyecto de navegación, Valladolid, 7 de octubre de 1549. (AHN, Diversos, doc. de Indias 23/48).

 

37    Información de Bazán, h. 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-45).

 

38    IBÍDEM.

 

39    "Otra nueva invención que es que entre los otros aposentos que tienen, tienen dos entresuelos de más de ciento y veinte pies de largo donde pueden llevar gran suma de cañones y culebrinas y tirarse por su portañolas levadizas y encima de éstas dos cubiertas tienen hechos sus filares y batallolas y puede ir mucha artillería demás... Item, sabe y ha visto que tienen los dichos dos galeones otra nueva invención que es que en la puerta del árbol del bajopiés lleva colgada una gata grande de cuatro cadenas, aforrada toda en cueros de vaca y claveteada con clavos de cabeza grande y muy fuerte, en la cual dicha gata han de ir hombres al tiempo que quieran embestir a otro navío... Y demás de esta gata hay otras dos gatas, una en la mesana, y otra, en la contramesana, que no la suele llevar ni lleva otro ningún navío de los usados. Y otrosí, los dichos dos galeones tienen otra nueva invención que es un callejón a manera de dormitorio de frailes con su puerta y fortificado al cabo de hacia la plaza del navío con sus saeteras y versos y dentro de este dormitorio está una cámara de armas y la cámara del capitán y tiene un escotillón por donde puede cerrar todo el navío que no puede entrar nadie debajo a todas las cuatro cubiertas y en esta cámara del capitán tiene una defensa hecha con troneras y tablones gruesos a prueba de arcabuz... Item, tienen que, yendo de armada, podrán bogar remos sobre la segunda cubierta. Otrosí, los dichos galeones son mejores navíos para estar surtos en una playa fuera de puerto que ningunos galeones ni naos de los que ahora se usan porque son muy largos y para su grandeza muy bajos y por pescar poca agua y ser muy cerrados por arriba ...". IBÍDEM.

 

40    Traslado del asiento con don Álvaro de Bazán, Valladolid, 14 de febrero de 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-2). Este asiento se encuentra publicado en (C.D.I.H.E. 1964, L: 265 y ss.) Se conservan asimismo dos borradores del mismo, uno en (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-47), y otro, más evolucionado en (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-1).

 

41    Expediente sobre el proyecto de Álvaro de Bazán, 2 de agosto de 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-16).

 

42    Como es bien sabido, la zabra era una navío de reducido tonelaje y escaso calado, bastante parecido al patache. Al igual que éste, solía acompañar a las armadas para agilizar el comercio o los avisos con los puertos por donde pasaba la escuadra.

 

43    Cláusula novena del Asiento de Álvaro de Bazán, Valladolid, 14 de febrero de 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-2).

 

44    IBÍDEM.

 

45    Cláusula primera.

 

46    Sobre el Galeón de la Plata puede verse el trabajo de (Serrano 1989).

 

47    Cláusulas segunda, tercera y cuarta.

 

48    Cláusula decimocuarta.

 

49    Cláusula cuarta.

 

50    Obviamente, la cláusula quinta del Asiento le autorizaba a ello.

 

51    cláusula séptima.

 

52    El título queda especificado en la cláusula decimoséptima. No obstante, Caballero Juárez, citando un documento de Martín Fernández de Navarrete, afirma que unos meses después, y concretamente el 1 de agosto de 1550 se le otorgó una Real Provisión específica en la que se le nombraba oficialmente capitán general de la navegación indiana. (Caballero 1997: 40).

 

53    Ni tan siquiera se le da autorización para ejecutar a los corsarios que redujese sino que debía llevarlos ante los oficiales de la Casa de la Contratación para que, una vez allí, se decidiese su destino. Cláusula octava.

 

54    Cláusula decimosexta.

 

55    Cláusula trigésimo primera.

 

56    Parecer de Bernardino de Mendoza, s/f. (AHN, Diversos, doc. de Indias 93).

 

57    IBÍDEM.

 

58    Se trata de un término que se sigue utilizando en la actualidad y que denotaba una navegación dando bordadas para aprovechar al máximo la fuerza del viento.

 

59    Según él este velamen necesitaba muchos marineros para "regirlas", por lo que habría que contar con extranjeros y eso no era conveniente a la navegación de Indias, y además, habiendo borrasca son dificultosas de amainar y es necesario mucha gente y diestra para hacerlo. IBÍDEM.

 

60    Concretamente escribió que "los venecianos las han tenido por fausto y ostentación y no por ganancia ni usan de ellas en sus armadas del mar por ser muy costosas y poco provechosas cuanto más que en el mar océano no se pueden servir de los remos como en el mar mediterráneo porque aquel mar hincha y se levanta mucho y es imposible bogar a tiempo ni concertarse los remeros y por esto tampoco pueden andar galeras en el dicho mar...". Parecer de Andrea Doria, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-8).

 

61    Declaración de Andrés López de Archuleta, piloto y maestre de naos. Información que se tomó sobre el asiento de Bazán, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-26).

 

62    Petición de Álvaro de Bazán a Su Majestad, h. 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-34).

 

63    Carta del Álvaro de Bazán al Rey, Valladolid 5 de julio de 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-10).

 

64    Relación de los capítulos del asiento que don Álvaro de Bazán ofrece para la navegación de las Indias y de las adiciones y apuntamientos que a cada uno de ellos se hace, s/f. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-28).

 

65    En una relación sobre los gastos que se hicieron en la armada de Martín Alonso de los Ríos de 1542 se especificaba claramente que estos ascendieron a 14.021.033 maravedís, es decir, es decir, unos 37.489 ducados. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 24-387).

 

66    Declaración de Juan de Pineda, vecino de Sevilla a la segunda pregunta de la información. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-26).

 

67    IBÍDEM.

 

68    Preguntado Andrés López de Archuleta que por qué les es perjudicial a los maestres y otras personas dijo que porque no se han de hallar marineros porque han de bajar los fletes y bajando los fletes no querrán los marineros navegar por lo poco que les cabrá de su parte que será muy poco el sueldo y vendrán a estar embarazados los unos y los otros y que para los tratantes mercaderes es provechoso porque bajan los fletes...". IBÍDEM.

 

69    Memorial de los regentes a Carlos V, Valladolid, julio de 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-6).

 

70    IBÍDEM.

 

71    IBÍDEM.

 

72    Concretamente concluían: "Los dos del consejo de Indias se conformaron en las más cosas del asiento con los otros que fueron nombrados para la resolución de él y en lo que difirieron no dieron razones suficientes para que se dejase de hacer y si las otras personas de quien se tomó parecer para tratar del dicho asiento fueron de contraria opinión debe V. M. considerar que los que dieron el dicho parecer fueron los del Consejo de Indias y los oficiales de la Casa de la Contratación que es todo una cosa y que no trataban sino de contradecir el negocio y si el prior y cónsules los siguieron en algunas cosas fue por estar mal informados de ellos de la negociación, porque después de entendida se sabe que les parece bien lo que se ha hecho". IBÍDEM.

 

73    Expediente sobre el asiento de Álvaro de Bazán, 2 de agosto de 1550. (AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 20-16).

 

74    Cartas de los oficiales de la Española a Su Majestad fechadas en Santo Domingo, el 15-VIII-1552, el 16-XII-1552 y el 16-V-1553. (AGI, Santo Domingo 71, fols. 39-42v).

 

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Ascensio de Morales y Tercero en una carta autógrafa, fechada en Badajoz, el 26 de abril de 1754, explicaba todos los pormenores de su comisión de archivos. Una orden del Consejo de Estado dada en 1743 le encomendó la tarea de investigar en los archivos para hacer una Historia Eclesiástica de España. Sin embargo, detrás de esa aparentemente altruista misión había motivos de más calado. Al parecer, los cardenales Acquaviva y Belluga, comisionados para negociar el Concordato de 1723 habían sostenido, frente al Papa, que la grandeza de los conventos y de las iglesias de España se debía al mecenazgo de los reyes. Felipe V quiso llevar a cabo una investigación para verificar eso y de paso “recuperar los legítimos derechos que con la Corona le habían dejado los señores reyes sus predecesores gloriosos en las iglesias que habían conquistado, fundado y dotado en sus dominios, y saber cuántas eran fundaciones reales”. Y para llevarlo a cabo se le otorgó el cargo de oidor honorario de Sevilla con la intención de que recibiese un sueldo de 75 reales diarios para llevar a cabo su misión. Empezó investigando en Castilla, León, Asturias y Galicia, para ver la regalía de patronatos de las iglesias catedrales de Palencia, Valladolid, León, Astorga, Santiago, Tuy, Lugo, Orense, Oviedo y Burgos. Con Fernando VI se le propuso Galicia, y, finalmente, por decreto del 23 de junio de 1750 se le encargo los obispados de Cuenca, Murcia, Cartagena, Orihuela, Plasencia y Badajoz (Rodríguez Moñino, 1930: 121-136).

Su obra más acabada fueron cuatro volúmenes con documentación sobre la diócesis de Badajoz. El cuarto de esos volúmenes, conservado por duplicado en el Archivo Histórico Nacional y en la Biblioteca Colombina fue publicado en Badajoz en 1910 bajo el título de Crisis Histórica de la Ciudad de Badajoz y reeditado en la misma ciudad en el año 2006. Sin embargo, este último volumen era resumen de los tres anteriores, conservados en la sección de Códices del Archivo Histórico Nacional y que nunca vieron la letra impresa. De estos tres volúmenes hemos extractado algunos datos correspondientes a la villa de Barcarrota.

Entre el volumen de documentación inédito figura este catálogo de varones ilustres de los pueblos del obispado de Badajoz. Se enumeran un total de 347 personajes ilustres de un total de treinta ciudades, villas o aldeas del obispado de Badajoz. Hay que añadir que sigue muy de cerca el manuscrito de Juan Solano de Figueroa, estableciendo pocas modificaciones. De todos ellos, el 40 por ciento son de la ciudad de Badajoz y el resto se lo reparten los 29 núcleos de la diócesis. Concretamente, la distribución geográfica de los personajes es la siguiente: 139 de Badajoz, 6 de Talavera la real, 3 de Santa Marta, 3 de La Albuera, 4 de Almendral, 3 de Salvaleón, 9 de Salvatierra, uno de la Morera, 26 de La Parra, 10 de Feria, 28 de Zafra, 3 de Bodonal, 2 de Villagarcía, 22 de Fregenal de la Sierra, uno de Higuera, 8 de Burguillos del Cerro, 21 de Jerez, 3 de Higuera de Vargas, 2 de La Roca, 21 de Alburquerque, 2 de Campomayor, uno de Olivenza, 4 de Serpa, 3 de Mora, 2 de Villanueva del Fresno, 5 de Oliva, 4 de Alconchel, 11 de Barcarrota, 2 de Valverde de Leganés y uno de Telena.

Del total de 347 personajes solo se mencionan dos mujeres, que destacaron obviamente por su piedad, una como esposa de uno de los personajes y la otra, una barcarroteña llamada Isabel López, que fue muy piadosa con los pobres y se enterró en el convento de Rocamador. Por su parte los varones pertenecen en su inmensa mayoría al clero –secular o regular- apareciendo también un grupo de militares y algunos funcionarios reales. Todo esto no tiene nada de extraño, pues hay que contemplar este listado en el contexto de la época, donde la mujer vivía a la sombra del hombre. Y en cuanto a la abundancia de religiosos no podemos olvidar que Ascensio de Morales trataba de confeccionar una historia eclesiástica del obispado pacense, de ahí que se fije especialmente en los religiosos.

Hay muchos datos equivocados, el más llamativo es el de Vasco Núñez de Balboa que aparece listado entre los badajocenses cuando en realidad era jerezano. Pero hemos querido presentar la lista tal cual la redacto este erudito del siglo XVIII. Pese al tiempo transcurrido creo que tiene su valor, y por ello me permito publicar el listado completo para disfrute de los curiosos de la historia local.

 

 

Catálogo de los varones ilustres, militares, políticos y eclesiásticos de Badajoz y lugares de su obispado: concluye con una apuntación de los prebendados de esta iglesia que han gozado otros puestos.

 

BADAJOZ

 

1.-Garcilaso de la Vega, natural de esta ciudad, fue embajador de Roma, comendador mayor de León y del Consejo de Estado.

 

2.-Lorenzo Suárez de Figueroa y Mendoza, embajador a Roma y Venecia.

 

3.-Gonzalo Ruiz de la Vega de la Orden de Santiago, embajador también a Venecia.

 

4.-Don Juan de Hortega y Zafra, oidor de Granada.

 

5.-Don Luis González, oidor de Valladolid.

 

6.-Fernando de Badajoz y Garci Méndez de Moscoso, secretarios de el señor rey don Enrique IV.

 

7.-Don Juan Rodríguez, médico de la princesa de Portugal.

 

8.-Don Paz, médico del duque de Saboya.

 

9.-Don Luis González, escribió un “Tratado de la Virtud”.

 

10.-Garci Sánchez de Badajoz, poeta célebre, murió loco y enamorado.

 

11.-Luis de Morales, apeles de su siglo, como Juan de Badajoz, otro virtuoso.

 

12.-Juan de Solís, Maestre de Campo, general en la conquista de La Florida.

 

13.-Luis de Moscoso y Alvarado, maestre de Campo.

 

14.-Lucas Vázquez de Ayllón, oidor en esta conquista.

 

15.-Vasco Núñez de Balboa, descubrió el Mar del Sur, y de él tuvo título de adelantado. Fue gran soldado y se le debió mucha parte en la conquista del Darién. Pero murió degollado a manos del gobernador su suegro.

 

16.-Francisco Moscoso, caballero del Orden de Santiago, corregidor de Logroño y Écija y veedor general del reino de Portugal.

 

17.-Gonzalo Ruiz de Figueroa, escribió “El Juicio de Paris y la Fábula de Piques y Cupido”.

 

18.-Gregorio Silvestre, mucho y bueno a lo divino y humano.

 

19.-El maestro fray Gerónimo de Sotomayor, orden de San Agustín, provincial de Andalucía y catedrático de vísperas de teología en la Universidad de Osuna.

 

20.-Pedro Suárez de Figueroa, fue valeroso caballero, sirvió al rey don Enrique IV en embajadas y otros negocios de mucha cuenta. De él desciende en conde de los Arcos.

 

21.-Bartolomé Sánchez de Badajoz, secretario del señor rey don Juan II.

 

22.-Gonzalo Fernández de Badajoz, escribano de cámara del mismo señor rey.

 

23.-Garci Fernández de Badajoz, secretario del señor rey don Enrique IV.

 

24.-Alfonso Godínez, caballero poderoso, muy cálido del señor rey don Sancho el Bravo, y canciller mayor del infante don Fernando que, aunque fue portugués de nación, se connaturalizó y arraigó en esta ciudad.

 

25.-Fernán Ibáñez de la Cámara, fue heredado en Cubillos y Malpartida, aldeas de esta ciudad.

 

26.-Pedro Rodríguez de Fonseca, pasó de Portugal a Castilla, fue guarda mayor de la persona del rey don Juan I, y su aposentador mayor y es tronco de los marqueses de la Lapilla.

 

27.-Don Juan de Fonseca y Figueroa, embajador de Parma.

 

28.-Garci Laso de la Vega, poeta insigne y celebrado en su tiempo. Escribió “El infierno de amor” y otras obras bien aplaudidas y descienden de él los condes de la Monclova.

 

29.-Gómez Suárez de Moscoso y Figueroa, comendador de Portezuelo, en la orden de Alcántara. Fundó y dotó magníficamente en esta iglesia catedral la capilla de Santa Ana.

 

30.-Hernán Gómez de Solís, señor de las villas de Salvatierra y Barcarrota, de quien se escribe que tuvo título de duque de Badajoz. Hízole esta merced el señor rey don Enrique, pero no llegó a lograr la posesión porque la ciudad y sus caballeros se lo estorbaron.

 

31.-Gómez Hernández de Solís, fue padre de pobres evangelios. Fundó los conventos de Santo Domingo y San Gabriel de esta ciudad y la capilla mayor del convento de San Agustín.

 

32.-Don Pedro de Alvarado Mesía y Contreras, caballero de la orden de Santiago, adelantado de la provincia de Guatemala, Jalisco y Honduras, capitán general del Mar del Sur; héroe incomparable de quien se escribe mucho en las conquistas de México y Perú.

 

33.-Su hermano Hernando de Alvarado, famoso capitán y conquistador.

 

34.-Su abuelo Juan de Alvarado, comendador de Hornachos en la orden de Santiago.

 

35.-Diego de Alvarado, comendador de Lobón, Puebla, Montijo, Cubillana, señor de Castellanos, dignidad en la Orden, alcaide de Montánchez, maestresala del rey don Enrique. Hizo el castillo de Lobón y, por bula especial, labró para hospital la iglesia que hoy sirve al convento de San Francisco de aquella villa.

 

36.-Juan de Alvarado, comendador de Lobón.

 

37.-García de Alvarado, comendador de el Montijo.

 

38.-Luis de Alvarado, nuevo Hércules, de quien se escriben casos extraños de sus agigantadas fuerzas, casó en Trujillo.

 

39.-Alonso de Alvarado, capitán general de las islas de Canarias, donde murió peleando con los ingleses.

 

40.-Don Nuño de Alvarado, capitán de caballos, comendador de Puerto Marín, en la religión de San Juan.

 

41.-Gómez de Alvarado, conquistó y pobló la ciudad y provincia de Huánuco.

 

42.-El mariscal Garci González de Herrera, señor de la villa del Arroyo del Puerco y aldea el Conde.

 

43.-Rodrigo Mexía, señor de la villa y castillo del Cortijo, de quien desciende el marqués de la Guardia.

 

44.-García Contreras, del hábito de San Juan, comendador de El Final.

 

45.-El Inca Garcilaso de la Vega, capitán en la rebelión de Granada, escribió la vida y hechos del adelantado Hernando de Soto, conquistador de la Florida, los Comentarios Reales de los Reyes y reinos del Perú. Tradujo del toscano al español los Diálogos de León Hebreo.

 

46.-Su padre Garcilaso de la Vega y Figueroa, capitán y conquistador de aquellos dilatados reinos, que casó en el Cuzco con la Palla (o infanta) doña Isabel Yupanqui, hermana de Huayna Cápac, último rey de aquellas provincias.

 

47.-Juan de Vargas y Alonso de Vargas, capitanes y conquistadores de aquel imperio.

 

48.-Francisco Moscoso, fue de parecer que no se diese muerte al inca Atahualpa.

 

49.-Ruy Fernández Briceño, conquistador del Perú, fue alcaide y guarda de la persona del Inca, cuando le prendió Pizarro.

 

50.-Juan Núñez Sedeño y Hernando de Badajoz, poblaron la ciudad de Antequera, asiento del obispado de Yucatán.

 

51.-Gonzalo de Badajoz, famoso capitán en la conquista del Darién.

 

52.-Bartolomé González de Mendoza, caballero de la Orden de Santiago, comendador de Monesterio, y trece de la orden. Gozó después su mayorazgo doña Leonor de Mendoza y Figueroa, casada con don Fernando de Godoy Ponce de León, caballero de la orden de Alcántara, capitán de caballos en este ejército, teniente de maestre de campo general y gobernador de Valencia.

 

53.-Francisco Calderón, comendador de Usagre, en la orden de Santiago.

 

54.-Juan Méndez de Moscoso, comendador de Alcuéscar, de la misma orden.

 

55.-Diego de Vargas Machuca, maestre de campo y gobernador de Gibraltar.

 

56.-Su hijo don Juan de Vargas Machuca, corregidor de Cáceres y Plasencia.

 

57.-Sus nietos don Diego de Vargas, caballero de la orden de Alcántara y…

 

58.-Don Alonso de Vargas, de la orden de Santiago, capitanes.

 

59.-Don Francisco Freire, maestre de campo en Flandes.

 

60.-Francisco de Badajoz, coronel.

 

61.-El capitán Vargas, que lo fue en Flandes.

 

62.-El licenciado Juan Rodríguez de Mora, regidor de esta ciudad, corregidor de Zamora, de la merindad de Trasmiera y de la de Saldaña, del consejo de Su Majestad, oidor en Panamá, en Santa Fe y en la ciudad de La Plata. Manda en su testamento doscientas misas por los indios del Perú. Y contiene una cláusula de notable ejemplo: y porque en el uso –dice- y administración de los dichos oficios podré haber tenido algunas negligencias cono hombre, por descargo de mi conciencia, mando a Su Majestad los doscientos ducados que tengo de renta de pensión en cada un año sobre la ciudad de Sevilla. Fundó un razonable mayorazgo en las casas del Castillo y dehesa de los Fresnos y otras pensiones que después gozó don Pedro de Carvajal y Tovar, caballero de la orden de Calatrava y capitán de caballos de este ejército.

 

63.-Don Francisco Mateo Fernández Bejarano, gran médico y filósofo, escribió “De pulsibus, de Facultatibs Naturalibus, de Coctione et putredine, de Purgatione, de Metheoris y Noticia intuitiva de todas las Artes y Ciencias”.

 

64.-El doctor Santiago, protomédico del señor rey don Felipe II y…

 

65.-Su hijo, el padre Diego de Santiago, de la Compañía de Jesús, que murió en Filipinas, ahogado en el mar, por confesar un católico.

 

66.-De tiempos modernos, en el siglo XVII, son el doctor don Íñigo de Arguello Carvajal, caballero de la orden de Calatrava, consultor del Santo Oficio de la Inquisición, del Consejo de Su Majestad, fiscal y oidor en la chancillería de México. Acrecentó las rentas reales de aquel imperio en más de 400.000 ducados al año.

 

67.-Don Fernando de Arguello Carvajal, corregidor de la provincia Sinaloa, en Nueva España, capitán general de la Nueva México (sic).

 

68.-Don José de Arguello Carvajal, caballero de la religión de San Juan; nietos ambos de don Íñigo Arguello Carvajal, caballero de la orden de Santiago.

 

69.-Don Alonso de Vargas, capitán de caballos en Cataluña.

 

70.-Don Bernardino Morante de Silva, caballero de la orden de Calatrava, capitán de infantería y corregidor de La Coruña y Betanzos.

 

71.-Don Francisco de Moscoso, capitán de infantería en Cataluña, murió sobre Tarragona.

 

72.-Don Alonso Martel y Vargas, caballero de la orden de Santiago, corregidor de La Coruña, Ronda y Trujillo.

 

73.-Don Gonzalo Martel, su hijo, y de la misma orden, capitán de caballos de este ejército.

 

74.-Don García Martel, de la misma orden, teniente de maese de campo general.

 

75.-Don Miguel Martel de Mendoza, de la misma orden, capitán de caballos.

 

76.-Licenciado Rodrigo Moscoso de Chávez, oidor en Guatemala.

 

77.-Don Miguel de Mendoza, capitán de infantería.

 

78.-Don Gómez de la Rocha, caballero de la orden de Santiago, capitán de caballos.

 

79.-Don Antonio Cabrera de Chávez (capitán de infantería).

 

80.-Don Diego Cabrera, (capitán de infantería).

 

81.-Don Juan de Morales y Cabrera, digo Guzmán, (capitán de infantería).

 

82-83.-Don Gómez de Hoces y Moscoso, hijo de Lope de Hoces, caballero de la orden de Santiago, (capitán de infantería).

 

84.-Don Pedro de León y Rocha, caballero de la orden de Alcántara, (capitán de infantería)

 

85.-Don Pedro de León (capitán de infantería).

 

86.-Don Bartolomé de Alvarado (capitán de infantería).

 

87.-Y don Juan de Tovar, caballero de la orden de Santiago, todos capitanes de infantería.

 

88.-También lo han sido don Andrés de Chávez.

 

89.-Don Bartolomé Suárez.

 

90.-Don Juan de Andrade.

 

91.-Don Gómez de Solís Portocarrero.

 

92.-Don Juan de Chávez y Salto.

 

93.-Don Juan de Alvarado, sargento mayor.

 

94.-Don Baltasar de Tovar, auditor general del consejo de Su Majestad y alcalde del crimen en Granada.

 

95.-Don Nuño de Chávez y Figueroa, maestre de campo, hijo de…

 

96.-Don Francisco de Chávez Sotomayor, caballero de la orden de Santiago y procurador en Cortes.

 

97.-Don Pedro de Mendoza y Guevara, maestre de campo, y…

 

98.-Su hijo don García de Mendoza, caballero de la orden de Santiago, y sirvió en este ejército.

 

99.-Pedro de Ardila Guerrero, comisario general y…

 

100.-don Pedro de Ardila, su hijo, capitán de caballos.

 

101.-Francisco Guerrero, capitán de caballos.

 

102.-Don Enrique Silnera, capitán de caballos.

 

103.-Don Juan de Solís Portocarrero, corregidor de Medina del Campo, alcaide de Tarifa y gentilhombre de boca de Su Majestad.

 

104.-Licenciado Pedro del Álamo, alcalde mayor de esta ciudad, auditor de la artillería.

 

105.-Licenciado Mateo de Álamo, gobernador de Montánchez y Hornachos.

 

106.-F. Cana-baca, sargento mayor y gobernador militar de Piedrabuena.

 

107.-Don Salvador de Monforte, caballero del orden de Santiago, gobernador general de la caballería del real ejército de Cataluña.

 

108.-Don Juan de Alva Maraver, del mismo hábito, veedor general de dicho ejército, murió con merced de consejero de Guerra o Hacienda.

 

109.-Su hijo, don Juan Antonio de Alva, capitán de caballos.

 

110.-Don Antonio de Portugal, caballero del orden de Santiago, subalterno de capitán general de Ceuta y otros muchos.

 

 

ECLESIÁSTICOS:

 

Por el estado de la Iglesia hay los siguientes:

 

1.-En primer lugar San Atón, canónigo de esta iglesia y obispo de la de Pistoia.

 

2.-Don Alonso Manrique de Solís, arzobispo de Burgos.

 

3.-Don fray Fernando de Vera y Becerra, de la orden de San Agustín, obispo de Bujía, canónigo cardenal de Santiago de Galicia, gobernador del obispado de Badajoz, arzobispo de Santo Domingo, obispo del Cuzco y electo arzobispo de Lima.

 

4.-Don fray Tomás de Paredes, de la misma orden, provincial de Andalucía, obispo titular de Claudio, tesorero dignidad en la santa iglesia de Granada y obispo electo de Mondoñedo.

 

5.-Don Bernardino de León y la Rocha, colegial en el maestrazgo de Cuenca, inquisidor en Córdoba, Llerena y Sevilla, donde presidió autos de fe, del consejo de la Inquisición y obispo de Tuy y Coria.

 

6.-Don Juan de Mendoza y Guevara, canónigo de Santiago.

 

7.-Francisco Suárez Campos, canónigo en la misma iglesia.

 

8.-Don Alonso Pérez de la Cueva, canónigo penitenciario de Coria.

 

9.-Don Manuel Rodríguez, canónigo de Palencia.

 

10.-Simón Rodríguez Carvallo, canónigo de Palermo.

 

11.-Don Gonzalo Cabezas Altamirano, arcediano de Écija y canónigo de Sevilla. Labró y dotó la capilla de la Purificación con dos capellanías perpetuas, dejando por patrono al cabildo.

 

12.-Don Francisco Cabezas, tesorero de la iglesia de Granada.

 

13.-Don Fernando Cabezas, arcediano de la misma iglesia y…

 

14.-Juan Cabezas, canónigo de Badajoz y Granada, a un tiempo, todos hermanos los cuatro antecedentes.

 

15.-Licenciado Alonso Pérez de Vita, canónigo penitenciario de esta iglesia y fundador del colegio de la Compañía de Jesús de esta ciudad.

 

16.-Don Pedro de Hoces, racionero de la santa iglesia de Salamanca y capellán de honor del señor rey don Felipe III a quien vino sirviendo en la jornada que Su Majestad hizo a Portugal.

 

17.-Don Francisco Rodríguez Lindo, maestrescuela en la catedral de Tucumán.

 

18.-Don Rodrigo Verjano, canónigo en la catedral de Orense.

 

19.-Don Francisco Romo Pardo, canónigo magistral de Baza.

 

20.-Don José de Valvellido, colegial del mayor de Cuenca y canónigo magistral de Córdoba.

 

21.-Licenciado Pedro Ramos, tesorero y canónigo de Tuy.

 

22.-Don Antonio Gutiérrez, provisor y vicario general del arzobispado de Valencia.

 

23.-Licenciado don Diego Camacho, colegial en el mayor de Cuenca, canónigo magistral de esta iglesia de Badajoz, y electo arzobispo de Manila.

 

24.-Maestro fray Diego Calaborrano, de la orden de Santo Domingo, Provincial de Andalucía.

 

25.-Maestro fray Miguel Ruiz, de la orden de la Santísima Trinidad, provincial de la Andalucía, y de la misma orden el…

 

26.-Maestro fray Juan de Campo, predicador del rey.

 

27.-Fray Diego de Chávez, provincial de los Descalzos de San Gabriel.

 

28.-Fray Juan de Aldana, de los observantes de san Francisco, lector jubilado y calificador del Santo Oficio de la Inquisición.

 

29.-Julián Becerra de Alvarado, ejemplar de sacerdotes, escribió un libro célebre de casos morales que por los años de 680 conservaba original en su archivo don Íñigo Antonio de Argüello Carvajal, patrono de los capítulos provinciales que hace la provincia de San Gabriel en el convento de la villa de Brozas.

 

 

TALAVERA

 

1.-Son naturales de la villa de Talavera, el deán don Rodrigo Grajera, tesorero dignidad en esta iglesia catedral de Badajoz.

 

2.-Francisco Doblado Atienza, racionero entero y continuo del cabildo.

 

3.-El padre Maestro fray Bartolomé López, de la orden de san Agustín, predicador de su Majestad.

 

4.-El padre maestro fray Pedro de la Cruz, de la misma orden.

 

5.-Don Bernardino de Medina, sargento Mayor.

 

6.-Y el padre fray Juan de Talavera, de los descalzos de San Francisco, definidor, custodio y provincial.

 

 

SANTA MARTA

 

De esta villa de Santa Marta fueron naturales:

 

1.-El padre fray Alonso Romero, del Orden de Predicadores, provincial de Andalucía.

 

2.-Bartolomé Hernández Bueno, racionero en la santa iglesia de Orense y después en la apostólica de Santiago. Hizo una muy loable distribución de ochocientos ducados de renta que tuvo en diferentes obras pías que fundó.

 

3.-Y el licenciado Pedro Martínez Marchena, comisario del Santo Oficio, gobernador del estado de Feria y el primer arcediano de la colegial de Zafra.

 

ALBUERA

 

1.-Don Alonso Hormigo, arcediano de Jerez, racionero en esta iglesia y notario del Santo Oficio.

 

2.-Fray Blas Bastida, descalzo de la provincia de San Gabriel, que con celo de la salvación de las almas pasó de edad crecida a las Indias, después de haber sido guardián y definidor. Murió en La Habana en opinión de santidad.

 

3.-Y fray Antonio de la Albuera, de quien hace su crónica muy clara memoria.

 

ALMENDRAL

 

1.-Fray Alonso de Almendral, de la provincia de San Gabriel, varón de mucha oración y penitencia, acreditado entre los suyos de muy perfecto.

 

2.-Fray Pedro de Almendral, llamado “el santo discreto”.

 

3.-Don Juan Sánchez Verjano, gobernador de Pontremulo, en el reino de Nápoles.

 

4.-Don Antonio de Céspedes y Figueroa, que sin militar hizo en la guerra que a mediado del siglo antecedente se tuvo en estos confines, muy particulares servicios que Su Majestad, dándose por bien servido, le remuneró con algunas mercedes para su casa y descendencia.

 

SALVALEÓN

 

Fueron naturales de esta villa:

 

1.-Fray Juan de Salvaleón, cuyas virtudes engrandecen las crónicas de su orden.

 

2.-Fray Domingo de Salvaleón y…

 

3.-Fray Diego de Salvaleón, provinciales de la provincia de San Gabriel.

 

 

SALVATIERRA

 

1.-Don Juan Méndez de Salvatierra, arzobispo de Granada.

 

2.-Don Lope de Tordoya y Figueroa, caballero de la orden de Santiago, comendador de Azuaga, capitán de caballos, maestre de campo en este ejército, gobernador de las ciudades de Mérida, Jerez y Llerena, gobernador de Badajoz en lo político y militar, con título de general de artillería y murió del consejo de Su Majestad, en el de Guerra.

 

3.-Gómez de Tordoya, maestre de campo y uno de los conquistadores del Perú. Hace de él memoria el Inca Garcilaso en su Comentarios.

 

4.-Francisco de Trigo, canónigo en la catedral de Tuy.

 

5.-Padre fray Juan de Vargas, de la orden de San Francisco, provincial en la de San Miguel.

 

6.-Francisco de Salvatierra, alférez en Amberes y capitán en Orán.

 

7.-Su hermano Alonso de Salvatierra, capitán en Flandes.

 

8.-Padre fray Bartolomé Rodríguez, de la orden de San Gerónimo, fue uno de los intérpretes de las Láminas del Monte Santo de Granada.

 

9.-Fray Fernando de Chávez y Tordoya, de la orden de San Agustín y provincial de Andalucía.

 

 

MORERA

 

1.-El licenciado don Juan González Cid, oidor de Guatemala.

 

 

PARRA

 

Fueron naturales de la villa de la Parra:

 

1.-Alonso González, Caballero Meneses (a quien llaman el Caballero Viejo), tuvo por su hijo al doctor…

 

2.-Don Juan González de la Parra Meneses, protomédico del católico rey don Fernando, y viudo de doña Inés de Quiñones, su mujer, fue obispo de Almería.

 

3.-Su hermano, el comendador don Bernardino de Meneses, fue regidor de Toledo y de la cámara del emperador Fernardino, hermano del señor Carlos V. Casó en Alemania y fue barón de Xercebech (sic).

 

4.-Blas Caballero de Meneses, otro hermano, fue canónigo de Toledo.

 

5.-Fernando de Meneses, colegial del mayor de Valladolid, sobrino del antecedente, y en quien resignó la expresada canonjía de Toledo.

 

6.-Don Rodrigo de Quiñones, hijo del obispo, fue capitán en tiempo del señor emperador.

 

7.-Don Juan de Meneses, obispo de Guadix.

 

8.-Don Juan Diosdado Meneses, monje cartujo en las Cuevas, prior del Paular, visitador de los conventos de su orden en España. Fue muy estimado del señor rey don Felipe II, a quien hablaba con entereza y libertad cristiana, como manifiesta este lance: hallábase Su Majestad en su celda al toque de vísperas y resolviéndose el prior a ir al coro, le dijo el rey: no os vais prior, a que no puedo, señor, dejar de ir al coro porque sirvo a otro rey más poderoso que vos.

 

9.-Don fray Domingo de la Parra, de la orden de predicadores, murió electo obispo del Cuzco.

 

10.-Don Martín de Salas, obispo titular y maestreescuela de la catedral de Santo Domingo, en las Indias Occidentales.

 

11.-Gonzalo Fernández de la Puente, caballero de la orden de Santiago, secretario del rey de Hungría y embajador a Portugal. De él descienden los Marteles de Badajoz, los marqueses de Fuentes y otros caballeros.

 

12.-Luis de Moscoso Alvarado, maestre de campo de la conquista de La Florida. Fue hijo del comendador Alonso Hernández Diosdado y doña Isabel de Moscoso, y nieto de Juan de la Parra Diosdado, comendador de Bienvenida, en la orden de Santiago, y secretario de los señores Reyes Católicos.

 

13.-Licenciado Estévez, oidor en la audiencia de Santo Domingo, en las Indias.

 

14.-Don Gonzalo Ruiz de la Parra, familiar del pontífice Alejandro VI, protonotario apostólico, arcipreste de La Parra. Unió el beneficio simple de Zafra al arciprestazgo, fue canónigo de esta iglesia y arcediano en ella con título de la Parra, cuya dignidad comenzó y acabó en él.

 

15.-Don Juan de Castro, arcediano de Jerez.

 

16.-Pedro González de la Parra, canónigo de esta iglesia.

 

17.-Don Francisco de Zevallos, arcediano titular y canónigo de la misma.

 

18.-Don Juan de Zevallos, su hermano, protonotario apostólico, maestreescuela en esta iglesia.

 

19.-Juan de Fromesta Zevallos, otro hermano, capitán y gobernador de Urbino.

 

20.-García de Vera Zevallos, otro hermano, sirvió al señor emperador en Flandes y volviendo a España con merced de hábito de Santiago murió en Madrid antes de recibirlo.

 

21.-Fray Lorenzo González, de la orden de San Francisco, comisario y custodio de la provincia de los Zacatecas.

 

22.-Fray Francisco de la Parra, de la orden de San Agustín, provincial de Castilla y varón de grandes talentos.

 

23.-Licenciado Juan Becerra, hijo del doctor Juan Becerra Moreno, protomédico del señor rey don Felipe II, colegial mayor de San Bartolomé, abad de Palermo, inquisidor de Sicilia y visitador de la inquisición de Barcelona.

 

24.-El doctor Juan Ortiz de Salvatierra, colegial de Santa María de Jesús de Sevilla, racionero en la iglesia de Málaga, comisario del Santo Oficio y visitador general del arzobispado de Granada. Escribió un libro de exorcismos y un Tratado de la campaña de Vililla.

 

25.-Licenciado Salvador Ortiz de Salvatierra: escribió sobre el derecho del arciprestazgo de su patria, y su eclesiástica jurisdicción, fue hermano del antecedente.

 

26.-Gómez Hernández de Solís y Figueroa, señor de Salvatierra, vivió y murió en La Parra, en sus casas, que para ello fabricó.

 

 

FERIA

 

1.-Don fray Pedro Ruiz, llamado de Feria, de la orden de Santo Domingo, provincial de México y obispo de Chiapas.

 

2.-Fray Pedro Guerrero, de la misma orden, presentado a la provincia de Andalucía y calificador de la Inquisición de Sevilla.

 

3.-Fray Francisco de Guzmán, de la orden de San Francisco, lector jubilado, provincial de la observancia de San Miguel, Comisario episcopal de la orden y de las Indias, confesor de la emperatriz María, hermana de Felipe II.

 

4.-Fray Bartolomé Guerrero, lector jubilado, calificador de Santo Oficio y Provincial en la de San Miguel.

 

5.-Otro fray Bartolomé Guerrero, de la misma patria, religión y empleos que el antecedente.

 

6.-Fray Miguel Diosdado, varón de gran talento y maduro juicio en el gobierno provincial, tres veces en dicha provincia.

 

7.-Bartolomñe Suárez, gran soldado y teniente de castellano en Milán.

 

8.-Maestro fray Pedro de San Nicolás, de la orden de San Agustín, gran predicador.

 

9.-Bartolomé Gómez Cordero, canónigo en esta iglesia.

 

10.-Don Pedro de Torrado y Guzmán, ingenio feliz del siglo antecedente, contador de administraciones y propios del consulado de Sevilla y comercio de Indias y secretario del gobierno del mismo tribunal. Dio a la estampa en octavas heroicas la Vida de Cristo y el Misterio de la Concepción Purísima de su Santísima Madre.

 

ZAFRA

 

Ilustraron con su nacimiento y honores a esta antiquísima de Zafra, los sujetos siguientes:

 

1.-El gran cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, con los demás señores de su casa.

 

2.-Fernando de Zafra, fue secretario de los señores Reyes Católicos, con cuyas majestades se halló en la conquista de Granada. Hicieronle merced de una casa real de los moros en que se labró después el convento de la Reina con título de Santa Isabel. Fue señor de la villa de Castril, que gozan sus descendientes. Había sido secretario del señor rey don Enrique IV y después lo fue de la señora reina doña Juana y del Consejo de Guerra. La señora Reina Católica le nombró y encargo, con otros dos personajes, el cuidado y gobierno de Granada, y fue el que con especial comisión dispuso el zacatín con sus tiendas y tratos como hoy los tiene.

 

3.-Pedro de Valencia, fue eminente en letras humanas, y crosnista del señor rey Felipe III.

 

4.-Su hijo don Melchor de Valencia, llegó a ser del Consejo Real de Castilla.

 

5.-El padre Juan Maldonado, de la Compañía de Jesús, escritor insigne y hombre de suma erudición y humildad.

 

6.-El licenciado Alonso Ramírez de Prado, gran jurista y el que a voto de muchos, escribió mejor que todos el derecho que tenía a Portugal el señor rey don Felipe el Prudente, quien satisfecho de este servicio, le dio luego plaza en Navarra, con la fiscalía del Consejo de Hacienda, desde el cual pasó al de Castilla.

 

7.-Su hijo don Lorenzo Ramírez de Prado, caballero de la orden de Santiago, varón de muchas prendas, noticias y estudios. Pasó por empleos grandes al supremo de justicia. Escribió, siendo del Consejo colateral de Nápoles “Theseram Legum” y otro tratado “De officio Consiliaris”. En Madrid los siguientes: “Comentos a Marcial”, “El Penthecontarche”, “Notas al conmonitorio de San Oriencio”, “De liberalibus Estudiis”, “Comentos a Luitprando, onispo de Cremona”, “Notas a Julián Pérez Barroso, arcipreste de Santa Justa de Toledo”, “Consejo y Consejeros de Príncipes”, “Dificultad de el traducir”, “Decisiones ventilatarum litium”, otro “In tres posteriores libros códicis”, otros cuatro libros ·De erudición profana y sagrada”, una carta muy discreta al doctor Cristóbal Medrano, catedrático de medicina en Salamanca, explicando una sentencia de Plinio, que dice: “Est aliquis morbus per sapientiam mori”. Fue embajador al rey cristianísimo Luis XIII, en cuyo encargo lucieron mucho su juicio, letras y capacidad grande, siendo por todo muy estimado de naturales y extranjeros.

 

8.-Don fray Marcos Ramírez de Prado, hermano del referido don Lorenzo, de la orden de San Francisco, fue obispo de Michoacán y murió electo arzobispo de México. Labró una capilla suntuosa en el noviciado de la Compañía de Jesús de Madrid, intitulada del Sacramento, y es la primera y más preeminente, al lado del evangelio.

 

9.-Otro hermano, don Alonso Ramírez de Prado, del Consejo de Hacienda, regente de Sevilla, del Consejo de Indias y su cámara.

 

10.-Doctor don Francisco Machado de Chávez, arcediano de Santiago de Chile, comisario del Santo Oficio y de la Santa Cruzada y provisor de su obispado.

 

11.-Don Juan Machado de Chávez, deán de la catedral de Trujillo, autor de “La Summa”, que corre en dos cuerpos, con afirmación común, y obispo electo de Popayán.

 

12.-Doctor don Pedro Machado de Chávez, oidor en la audiencia de Chile, todos tres fueron hijos del licenciado Hernando Machado, oidor en Chile, y doña Ana de Chávez, natural de Llerena.

 

13.-Licenciado Alonso Pérez de Andrade, chantre en la catedral de Tlaxcala, dejó un patronato para sus deudos.

 

14.-El maestro fray Pedro Ramírez, del orden de San Agustín, provincial de Andalucía.

 

15.-Los padres fray Diego Jaramillo y…

 

16.-Fray Andrés de Zafra, provinciales en la descalcez de San Gabriel.

 

17.-Fray Francisco de Zafra, de la orden observante de San Francisco, Provincial tres veces en la de Santiago.

 

18.-Don Gómez de Figueroa, obispo de Cádiz y electo de Segovia.

 

19.-Don García de Figueroa, de la orden de Santiago, comendador de Villafranca y gentilhombre de Cámara del señor rey don Felipe II.

 

20.-Fray Gabriel de Ribera, de la orden de San Francisco, provincial en la de San Miguel, compuso un libro de sermones.

 

21.-Fray Francisco Montiel, provincial dos veces en la misma provincia.

 

22.-Fray Juan Bautista Montalegre, lector jubilado, vicario provincial y provincial después en la misma provincia, calificador del Santo Oficio de la Inquisición y visitador de la provincia de los Algarbes.

 

23.-Don García de Silva, corregidor de Badajoz y embajador a Pérsico en el año de 1614 y, volviendo de su embajada, murió en Lisboa. Dotó una capellanía en el convento de San Francisco de dicha villa, su patria, y dejó muchas limosnas a sus hospitales.

 

24.-Álvaro de Sepúlveda, caballero de la orden de Santiago.

 

25.-Frey Gómez de Maraver, comendador en ella.

 

26.-Hernando de Guillade, capitán.

 

27.-Don Gonzalo Jaramillo de Andrade, caballero de la orden de Santiago.

 

28.-Don Alonso Ramírez Ponce, racionero en la santa iglesia de México y capellán del señor rey don Carlos II.

 

 

BODONAL

 

1.-Fray Benito del Bodonal, religioso perfectísimo, y gran imitador de su seráfico patriarca; ayunaba sus siete cuaresmas y los viernes y sábados del año a pan y agua. Vivió en la religión ochenta años, y los de su edad llegaron a 105.

 

2.-Fray Juan del Bodonal, lego, muy ejercitado en virtudes y excelente en la caridad con los pobres. Después de muchos años difunto, hallaron su cuerpo entero y reciente.

 

3.-Fray Juan de San Miguel, en la misma seráfica provincia de San Miguel que murió en el convento de Zafra, con crédito de santidad.

 

 

VILLAGARCÍA

 

Fueron naturales de esta villa:

 

1.-El eminentísimo cardenal Silíceo, Arzobispo de Toledo y su sobrino…

 

2.-Don Francisco Silíceo, abad de Santa Leocadia, dignidad y canónigo en la iglesia primada. El primero costeó y dotó con seis capellanías de renta competente en la parroquia de dicha villa, al lado de la epístola, donde habiendo dotado otra capellanía se mandó enterrar el segundo, su sobrino referido.

 

 

FREGENAL

 

Naturales de Fregenal han sido los siguientes:

 

1.-Alonso de Paz, cuyo testamento fue tan cristiano y bien dispuesto que el señor rey don Felipe II gustó de leerle. En él declara que tenía de renta seis cuentos cuatrocientos y treinta mil maravedís que hacen ciento ochenta y nueve mil ciento diecisiete reales castellanos y veintidós maravedís. Fundó con ellos el colegio de la compañía y el convento de la paz, con otras obras de piedad, a conveniencia de sus parientes y patricios.

 

2.-Su nieto don Alonso de Paz, caballero de la orden de Santiago, colegial de la real universidad de Granada, caballerizo de la reina y patrono de todas sus memorias.

 

3.-El padre fray Francisco de Fregenal, descalzo y…

 

4.-El siervo de Dios fray Francisco de Santiago, observante de San Francisco, bien celebrados en las crónicas.

 

5.-Don Francisco Rodríguez, deán de la catedral de Michoacán. Fundó cuatro capellanías que se sirven en su patria.

 

6.-Licenciado Juan Pérez Garrido, canónigo en la colegial de Jerez de la Frontera. Dejó para sus parientes una obra pía.

 

7.-Licenciado Juan Martínez de Villalobos, canónigo de Sevilla. Fundó otras obras pías.

 

8.-Fray Francisco Peña, lector jubilado en la orden de San Francisco y Provincial en la de San Miguel.

 

9.-Doctor don Diego de Olmedo y Liaño, colegial en Santa María de Jesús de Sevilla y canónigo doctoral en esta iglesia. Fundó dos capellanías para sus parientes.

 

10.-Doctor don Fernando de Paz Fajardo, colegial de la real universidad de Granada, provisor de este obispado y del de Coria, capellán de Su Majestad en la Real capilla de Granada, canónigo de la colegial de Antequera y prior en la catedral de Guadix.

 

11.-Don Francisco Fajardo, visitador del arzobispado de Sevilla y calificador del Santo Oficio de la Inquisición.

 

12.-Don Lucas Fajardo Melgarejo, corregidor de Ayamonte y alcalde de la justicia de Sevilla. Pasó al estado eclesiástico y fue visitador general de este obispado my gobernador del estado de Medina Sidonia.

 

13.-Don Alonso de Sotomayor, sargento mayor

 

14.-Don Francisco Carvajo de Prado, familiar del Santo Oficio y capitán de caballos.

 

15.-Juan Mateos Candilejo, capitán de infantería.

 

16.-Licenciado don García Bazán, comisario general y superintendente de las rentas reales de esta provincia, del Consejo de Su Majestad en la audiencia de Sevilla, corregidor de Badajoz y presidente de Granada, año de 1701.

 

17.-Su hermano don Juan Bazán, alcalde de corte, del Consejo Real de Hacienda y enviado extraordinario a la República de Génova.

 

18.-Don Alonso de Amaya, auditor de infantería y teniente de comisario general en este ejército.

 

19.-Don Alonso de Castilla Tinoco, corregidor de Tarifa.

 

20.-Padre Francisco de Figueroa, de la Compañía de Jesús, visitador de las provincias de México. Volviendo a España tuvo el puesto de asistente en Roma y, concluido con desempeño este preeminente encargo, enriqueció el colegio de su patria con insignes reliquias, y entre ellas las preciosísimas de una espina de la corona de nuestro redentor Jesucristo y un pedazo del Lignum Crucis.

 

21.-Padre fray Melchor de San Lorenzo, de la orden de San Gerónimo, había estudiado en Salamanca los sagrados cánones y, graduado en ellos, vistió la beca en el mayor de Cuenca y dejándolo todo por Dios, trató de retirarse a la religión.

 

22.-El eruditísimo Benedicto Arias Montano, conocido por sus escritos en toda Europa y en toda la iglesia. De la orden de Santiago y capellán de honor del señor rey don Felipe el Prudente. Estudió gramática, artes y teología en Sevilla, perfeccionose y tomó grado de doctor en Alcalá, y adquirió perfectamente las lenguaas hebrea, griega, siria y arábiga. Hallose con don frey Marín Pérez de Ayala, obispo de Segovia en el santo Concilio de Trento, cuyos padres hicieron estimación de su literatura, erudición y noticias. Sacole el rey del retiro que había elegido, junto a Aracena de Sevilla, no muy distante de su patria, para que asistiese en Flandes con otros varones que Su Majestad había escogido de suma erudición para hacer una Biblia Regia. Perfeccionada, Su Majestad le gratificó este trabajo con dos mil ducados de renta en pensiones y la encomienda de Nuestra Señora de Tudía que, dicen, incorporó y perpetuó en los conventuales de Santiago de Sevilla. Y siendo prior en su convento, murió en 1 de junio de 1611. Allí dejó su librería y en la Cartuja sus alhajas. Instituyó una cátedra en Nuestra Señora de los Ángeles, sierra de Aracena. No bebió vino ni comía más de una vez al día y era por la noche. Los días de fiesta, sin interrumpir sus estudios, se divertía en hacer versos, en que fue copioso y elegante, y aun tradujo en metro latino los salmos de David. Comentó los doce profetas, Isaías, los Actos de los Apóstoles, el Apocalipsis, los Jueces, Josué. Elucidó loss cuatro evangelios, escribió nueve libros de las antigüedades judaicas, historia del linaje humano, de la vida de Cristo, idiotísimos hebreos, con otras cosas de curiosidad, figuras de ambos testamentos, la Pasión de Cristo, cuatro libros de himnos y poesía sagrada, cuatro libros de retórica, índice correctorio de libros, aforismos sacados de Cornelio Tácito. Supo sobre las referidas lenguas toscana, francesa, alemana, flamenca, inglesa y otras. Escribió otras obras que alega el erudito don Nicolás Antonio en su Biblioteca Hispana.

 

HIGUERA

 

1.-Don Francisco de Ávila, caballero de la orden de Santiago y alguacil mayor de la Inquisición de Lima.

 

BURGUILLOS

 

Naturales:

 

1.-Alonso Hernández Fernández de Segura, canónigo de la Santa Iglesia de Salamanca y fundador del convento de monjas que hay en dicha villa y de otras obras pías.

 

2.-Don Cristóbal de Mesa, maestreescuela en esta iglesia catedral.

 

3.-Miguel de Mesa

 

4.-Hernando de Mesa y…

 

5.-Francisco de Mesa y Segura, todos canónigos en Badajoz.

 

6.-Francisco de Toro, canónigo de Coria.

 

7.-Pedro Tinoco, racionero de Toledo y…

 

8.-Fray Francisco, de los Descalzos de San Francisco, provincial en la de san Gabriel.

 

 

JEREZ

 

1.-Don Alonso de Vargas, capitán general en Aragón.

 

2.-Don Juan de Silva, gobernador y capitán general en Filipinas.

 

3.-Don Gabriel de Silva, de la orden de San Juan, gobernador de la isla de Ternate.

 

4.-El capitán Pedro Rosado.

 

5.-Licenciado Sotomayor, colegial de Cuenca.

 

6.-Doctor Valcárcel, alcalde de corte en Granada y Valladolid.

 

7.-Don Agustín de Silva, gobernador de Puerto Rico, caballero de la orden de Alcántara y familiar del Santo Oficio de la Inquisición, hermano de…

 

8.-Don Fernando de Silva y Figueroa, alcalde mayor perpetuo de Jerez.

 

9.-Don Juan de Silva y Figueroa, su hijo, caballero de la Orden de Santiago.

 

10.-Don Antonio de Laguna, de la orden de Alcántara, y comendador de Piedrabuena.

 

11.-Baltasar Bravo de Lagunas, caballero de la Orden de Santiago.

 

12.-Don García de Porres y Silva, colegial del maestrazgo de Cuenca, caballero de la orden de Santiago, catedrático de Vísperas de Cánones en la universidad de Salamanca y del Consejo Real de Castilla. Su hermano…

 

13.-Don Pedro de Porres, de la misma orden, corregidor de Logroño y Écija.

 

14.-Licenciado don Fernando de Alor, inquisidor apostólico en el tribunal de Llerena.

 

15.-Don Pedro Baltasar de Vargas y Mexía, caballero de la orden de Santiago y colegial del mayor de Cuenca.

 

16.-Don García de Porres, caballero de la orden de Santiago, y capitán de caballos de este ejército.

 

17.-Fray Alonso Pacheco de la orden de San Francisco, comisario en Indias y provincial en la provincia de Santiago.

 

18.-Fray Diego Enríquez, de la misma orden, provincial en la de San Gabriel.

 

19.-Fray Diego Blanco, provincial en la misma provincia.

 

20.-Fray Pedro Ardila, de los mismos descalzos, varón que pondera su crónica de muy virtuoso.

 

21.-Licenciado Francisco de Chávez, familiar del Santo Oficio de la Inquisición, provisor de este obispado, abad de la colegiata de Zafra.

 

 

HIGUERA DE VARGAS

 

1.-El padre Pedro Gómez, de la Compañía de Jesús, cumplido a satisfacción de sus superiores el encargo de fundar en las islas Terceras un colegio, pasó de ellas, conseguida la licencia, y encendido en ardiente celo de la mayor gloria de Dios y bien de las almas, al Japón, donde con copiosísimos frutos espirituales que cogió de ellas, y de la suya en dieciséis años que cultivó sus conciencias con su admirable dirección y publicación de la Divina palabra, siendo en los diez últimos años superior y vicario provincial de todos aquellos celosos y apostólicos obreros. Murió en el de 1600.

 

2.-Don Alonso de Alvarado y Tordoya, canónigo de esta Iglesia.

 

3.-Fray Andrés de la Higuera, murió con opinión de santidad, como lo refiere la crónica de su provincia descalza de San Gabriel libro 3º, cap. 31.

 

 

SERPA

 

1.-Don fray Francisco Cuaresma, de la orden de San Francisco, provincial de los Algarbes, obispo de Tanger y Ceuta y…

 

2.-Don fray Antonio de Serpa, de la misma orden, de la provincia descalza de la Piedad, obispo de Cochin en el oriente.

 

3.-San Proculo y…

 

4.-San Hilarion Mártires, como lo acuerda con otros graves anticuarios el Martirologio Romano, en 12 de julio.

 

MORA

 

Fueron naturales de esta villa:

 

1.-San Julián que en la persecución de Domiciano con Dativo, Vicencio, Esteban, Máximo y otros veinticinco compañeros padeció martirio en Aguas Quincianas de Galicia, a 27 de enero del año 95 primero del santo pontífice Anacleto.

 

2.-Don fray Baltasar Limpo, arzobispo de Braga, y…

 

3.-Fray Juan Méndez, de la orden de San Francisco, provincial en la de San Miguel.

 

 

VILLANEVA DEL FRESNO

 

1.-Don Pedro Portocarrero, hijo de don Pedro Portocarrero y doña Juana de Cárdenas, marqueses de Villanueva, obispo de Ciudad Rodrigo, y pasó al arzobispado de Granada, aunque murió sin haber entrado en su iglesia, año de 1526.

 

2.-Otro de los mismos nombres y casa, obispo de Cuenca, año de 1599.

 

 

OLIVA

 

1.-El doctor Francisco Matamoros, gran médico, catedrático de medicina en la universidad de Osuna, y de la cámara del señor rey don Felipe IV.

 

2.-Fernando Antonio de Boza, capitán y familiar del Santo Oficio.

 

3.-Martín Vázquez Montiel y…

 

4.-Francisco Montiel, capitanes en el descubrimiento de las Indias.

 

5.-Don Bartolomé García Cordero, canónigo del Sacromonte de Granada, magistral de Badajoz, confesor del Real convento de la Encarnación de Madrid y calificador del supremo Consejo de la Inquisición. Murió de edad de 47 años.

 

 

ALCONCHEL

 

1.-Fray Francisco de Alconchel, provincial de la Piedad, reino de Portugal, y uno de los primeros fundadores de la provincia.

 

2.-Fray Pedro de Alconchel, provincial en la de San Gabriel.

 

3.-Fray Francisco de Molina, en la misma provincia y…

 

4.-Fray Alonso de Alconchel, todos franciscanos descalzos, de cuyos grandes talentos y virtudes hacen memoria las crónicas de dichas provincias.

 

 

VILLANUEVA DE BARCARROTA

 

1.-El adelantado Hernando Méndez de Soto, conquistador del Perú, gobernador y capitán general de la Florida, caballero de la Orden de Santiago; hombre tan grande y de hechos tan heroicos que hay libros enteros de sus empresas.

 

2.-Fray Luis de Soto, de la Orden de Santo Domingo, conquistador espiritual de aquellos indios.

 

3.-Fray Gonzalo Venegas, de la orden de San Francisco, lector jubilado y custodio y definidor de la provincia de San Miguel y calificador del Santo Oficio de la Inquisición.

 

4.-Licenciado Gonzalo Mexía Lobo, fiscal de la inquisición de Cuenca e inquisidor de Canarias y México, donde murió en 17 de octubre de 1627. Declaró en su testamento ser hijo de Pedro Mexía Méndez y (de) doña Beatriz González Lozano, vecinos de Barcarrota, y manda que sus sucesores sean trasladados a la capilla que fundó.

 

5.-El capitán Jorge Mexía, su hermano, en dicha villa.

 

6.-Don Pedro Mexía, canónigo de esta iglesia de Badajoz.

 

7.-Francisco Pérez de San Juan, Caballero de la Orden de Santiago, capitán de caballos en este ejército.

 

8.-El siervo de Dios fray Diego Milano, cuyas virtudes realza mucho la crónica de su orden.

 

9.-Fray Diego de San Nicolás, provincial de los Descalzos de San Gabriel, hombre verdaderamente celoso de la perfección y pureza de su instituto.

 

10.-Fray Lorenzo de Villanueva, de la misma provincia, varón penitente y que impelido del celo de la salvación de las almas pasó a las Indias.

 

11.-Isabel López, murió en opinión de mucha santidad.

 

 

OLIVENZA

 

Ha tenido esta villa (hoy de Portugal, y obispado de Yelves) muchos hombres ilustres en paz y en guerra. Y sus iglesias están llenas de sepulcros, inscripciones y memorias de nobles en calidad y oficios. De ella fue alcalde mayor Pedro Rodríguez de Fonseca por los años de 1384 a quien la reina doña Leonor Téllez de Meneses casó con doña Inés Téllez Botello, su dama y parienta. Fue señor de Mora, Fresneda, Castel, Rodrigo, Odemira, Saufel, Montalegre y San Román. Dejolo todo por seguir el partido de Castilla, en las pretensiones del maestre de Avis. En Castilla mle hizo el señor rey Juan I su aposentador mayor y guarda mayor de su persona y le dio las tercias de Badajoz que hoy gozan sus descendientes con la investidura de la merindad del Algarbe y villa de Alterdochaon, si se ajustase aquel derecho, pero la batalla de Aljubarrota quitó el logro de la posesión de aquellos estados.

 

 

VALVERDE DE BADAJOZ

 

1.-Fray Juan de Valverde, corista en la provincia de San Gabriel, murió mozo de mucha orden y pureza y…

 

2.-El siervo de Dios fray Juan de Cabrera, de la misma provincia, de cuyas virtudes escriben muchos los autores de su religión.

 

 

TELENA

 

1.-El siervo de Dios fray Domingo de Telena, descalzo de la provincia de San Gabriel, de cuyas virtudes trata su crónica, fol. 17.

 

 

CAMPOMAYOR

 

Fueron naturales de esta villa que pasó de este reino y obispado al de Yelves en Portugal.

 

1.-Don Alonso Mexía, obispo de Leiria, Lamego y Coimbra y…

 

2.-El padre Amadeo y su hermana la viuda, doña Beatriz de Silva.

 

 

ALBURQUERQUE

 

1.-Don fray Bernardo de Alburquerque, obispo de Chiapas.

 

2.-Don fray Juan de Alburquerque, obispo de Goa.

 

3.-Fray Juan Bejarano, de la orden de San Gerónimo, predicar del señor rey don Felipe II.

 

4.-Don Francisco de Amaya, tesorero dignidad en esta iglesia.

 

5.-Fray Agustín de Alburquerque, de la orden de San Agustín, provincial de Filipinas.

 

6.-Fray Bartolomé de Alburquerque, descalzo de San Francisco y provincial.

 

7.-Fray Diego de Alburquerque, mínimo de San Francisco de Paula, provincial de Andalucía.

 

8.-Don Juan Alonso Bustamante, caballero de la orden de Santiago, gobernador y capitán general de la provincia de Arequipa.

 

9.-Licenciado Gómez Hidalgo, del Consejo de Su Majestad, fiscal en la audiencia de Guatemala.

 

10.-Pedro Gómez de Espinosa, fundó una obra pía para casar huérfanas.

 

11.-Don Diego Sarmiento, caballero de la orden de Santiago, señor del Valle de las Hachas, en Galicia. Dio felices partos de su ingenio en verso y en prosa.

 

12.-Bartolomé del Pilar, comendador en la orden de Jesucristo.

 

13.-Don Pedro de la Rocha, capitán de caballos corazas en este ejército.

 

14.-Don Francisco de la Rocha, caballero de la orden de Santiago, su hijo.

 

15.-Doctor don Juan de Bustamante, maestreescuela y canónigo en esta iglesia y notario del Santo Oficio de la Inquisición.

 

16.-Licenciado don Feliciano Gallego de Frías, gobernador de Brozas y Castro Torafe.

 

17.-Licenciado don Pedro de Meneses, oidor en Lima.

 

18.-Licenciado don José Tello de Meneses, oidor en Santo Domingo y Guadalajara, alcalde de corte en México y oidor de Chile.

 

19.-Don Martín de Rojas y Durán, capitán de infantería.

 

20.-Francisco Martínez, capitán de caballos en este ejército.

 

21.-Pedro de Alburquerque, racionero en la santa iglesia de Sevilla

 

 

ROCA

 

1.-El reverendísimo padre fray Diego de Cáceres, del orden de San Gerónimo, lector de teología en Salamanca y general de su religión. Varón muy docto y virtuoso. Escribió muchas y lucidas materias escolásticas y expositivas.

 

2.-Fray Alonso del Manzanete, de la provincia de San Gabriel, de cuyas selectas virtudes trata su crónica, fol. 526.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

(Introducción y transcripción)

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        Prácticamente hasta el siglo XVIII ni existía el Estado del bienestar ni las personas tenían rango de ciudadanos sino de súbditos. El Estado del bienestar es una concepción contemporánea, particularmente del siglo XX, por lo que hasta entonces toda la previsión social de los ciudadanos se basaba en un sistema privado de contraprestaciones.

La cobertura social de los españoles en el Antiguo Régimen se canalizaba de dos formas diferentes, según se tratase de personas que habían “cotizado” o de pobres “de solemnidad”. Por ello, Rumeu de Armas habla de dos conceptos diferentes, a saber: asistencia y beneficencia. La población común normalmente se pagaba su propia asistencia privada, a través de las hermandades y cofradías. Prácticamente todas las familias pertenecían a algún instituto, algunos de ellos gremiales, cubriendo de esta forma cualquier eventualidad social. Es decir, casi todos los vecinos estaban implicados en alguna cofradía, lo que les equivalía a tener una verdadera póliza de seguros para todos los miembros de la misma. Por tanto, casi todas las cofradías tenían un doble cometido, el devocional y el asistencial, proporcionando a sus hermanos, por un lado el consuelo espiritual de sus amados titulares, y por el otro, una asistencia en la enfermedad y un enterramiento digno.

        Todos los que participaban en las hermandades y cofradías eran mutualistas que habían cotizado durante toda su vida. Pero, ¿qué ocurría con aquellas personas que no tenían recursos para cotizar? Pues, bien, para ellos no había asistencia sino beneficencia. Y, ¿qué diferencia había? Como afirma Rumeu de Armas la asistencia era un derecho mientras que la beneficencia era una gracia o limosna. Los enfermos, los mutilados, los pobres de solemnidad, los inválidos, los mendigos y los menesterosos en general eran considerados un submundo marginado. Se les caracterizaba siempre de forma estereotípica como delincuentes, vagos, mentirosos, indignos e indeseables. Aunque en realidad no eran más que pobres que se vieron obligados a mendigar o a robar cuando la desesperación les obligaba a ello. Estos desheredados se mantenían a duras penas de la caridad de los pudientes. Una caridad que se suponía era una virtud cristiana que debían practicar los nobles, los burgueses ricos y, sobre todo, el estamento eclesiástico, al que se le presuponía una especial humanidad.

         Esta caridad cristiana se canalizaba, por un lado, de manera informal, a través de las limosnas que decenas de pedigüeños obtenían a las puertas de las iglesias o en los espacios más concurridos de cada localidad. Y por el otro, mediante la fundación de una obra pía en la que, casi siempre a través de un testamento, se dejaba un capital para invertirlos en rentas con las que invertirlas en alguna mejora social. Las obras pías eran de muy diversos tipos: de redención de cautivos, de dotación de doncellas huérfanas para el matrimonio o su profesión como monjas, de escolarización de pobres, de enterramiento de presos o de hospitalización de enfermos.

         Pero, en unos casos u otros, toda la beneficencia y la asistencia sanitaria en el Antiguo Régimen se canalizaba directa o indirectamente a través de las diversas instituciones religiosas. A veces también los concejos dotaban o contribuían con algún tipo de beneficencia pero lo hacían desde un sentimiento exclusivamente cristiano, no laicista.

Normalmente eran las cofradías de la Misericordia o de la Caridad las que se encargaban de la asistencia a los desheredados. El objetico de estas corporaciones era dar una asistencia a los presos y a los "pobres vergonzantes". Entre sus cometidos estaba dar una sepultura digna a los presos ajusticiados, como la mayoría de las cofradías de este tipo. El resto de las cofradías no practicaban la beneficencia sino exclusivamente la asistencia a sus hermanos mutualistas. No olvidemos que sólo los nobles y burgueses acaudalados tenían capital suficiente para pagarse sus propias sepulturas familiares dentro de los templos, mientras que los pobres se tenían que conformar con inhumarse en el camposanto anejo al templo parroquial. Por ello, las cofradías representaban una posibilidad excepcional, para muchas familias con recursos medios o bajos, de poderse inhumar dentro del templo. Para la mentalidad sacra de la época solamente esto suponía un gran consuelo espiritual en el último trance de la vida.

 

 

PARA SABER MÁS

 

ARIAS DE SAAVEDRA ALIAS, I. y LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, M. L. (2002): Represión de la religiosidad popular. Crítica y acción contra las cofradías en la España del siglo XVIII. Granada, Universidad,

 

LIS, C. y SOLY, H (1984): Pobreza y capitalismo en la Europa preindustrial (1350-1850). Madrid: Akal,

 

RUMEU DE ARMAS, A. (1944): Historia de la previsión social en España. Cofradías, gremios, hermandades, montepíos. Madrid: Editorial Revista de Derecho Privado.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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        Ahora que está tan de actualidad esto de los galeones hundidos en diversos rincones del antiguo imperio español, quiero dar a conocer el hundimiento de estos tres galeones. Aunque los buques no llevaban tesoros y quedaron muy dañados por la artillería enemiga, tienen el aliciente de que su localización debe ser relativamente fácil. Y ello, porque el capitán de la flotilla sobrevivió al suceso y pudo señalar con detalle la ubicación exacta del hundimiento y las circunstancias en que se produjo.

         El capitán Pedro Martínez de Arcilla, en el momento de enrolarse en la flota del Mar Océano, contaba con tan sólo 24 años. Era casi un adolescente, vecino de San Sebastián e hijo del licenciado Juan Pérez de Arcilla, mayordomo de la artillería y municiones de San Sebastián y Fuenterrabía. Pertenecía, pues a una familia vasca acomodada.

El 20 de marzo de 1565, Pedro Menéndez de Avilés firmó un asiento para colonizar La Florida. Realmente, su principal cometido era expulsar de allí a un grupo de franceses, encabezados por Jean Ribault, que se habían establecido allí de forma permanente. Desde 1567 estaba el avilense buscando apoyos para aprestar su armada en los puertos vascos. En Portugalete estaba fondeada la flota del adelantado de la Florida y gobernador de Cuba, compuesta por 14 galeones.

Juan Pérez de Arcilla fue el encargado de proveer la armada de pólvora, arcabuces y morriones. La primera pregunta que nos asalta: ¿por qué Pedro Menéndez de Avilés nombró por capitán a un joven de 24 años poco experimentado en las cosas de la mar?, Bueno, habría que hablar de varios factores: primero, podría ser poco experto pero en aquella época donde la esperanza de vida era tan baja, nadie pensaba que un hombre de 24 años fuese demasiado joven para nada. El mismísimo Pedro Menéndez de Avilés con 29 años fue por general de la flota que partió de Sanlúcar de Barrameda, en septiembre de 1548. Segundo, el muchacho cumplía con el requisito de nobleza, hecho que, como ya hemos afirmado, se consideraba un elemento casi determinante en la elección del candidato. Y tercero, el influyente licenciado Pérez de Arcilla, debió hacer el resto, presionando al insigne marino avilense. Fue muy generoso en el suministro de armas y pólvora para la escuadra y, asimismo, reclutó personalmente a una veintena de marinos experimentados que asalarió para ir en el barco capitaneado por su vástago.

         Jurado su cargo y pertrechada la armada, partió de Portugalete con destino a Sevilla para a continuación partir para La Florida. La armada hizo varias escalas, la primera en Gijón donde estuvo fondeada ocho días. Luego se detuvo tres días en el puerto portugués Cascais. Fue en esta plaza lusa donde comenzaron unos contratiempos que a la postre darían lugar a la pérdida de los tres galeones, incluido el de Pedro Martínez de Arcilla. Efectivamente, antes de partir, el capitán general recibió rumores de que había cerca cuatro barcos sospechosos de ser enemigos. Para no perder tiempo, decidió zarpar él hacia el sur con el grueso de la flota -11 galeones- y enviar a los tres galeones restantes a buscar e identificar a estos supuestos enemigos. Los navíos designaron fueron los comandados por los capitanes Martínez de Arcilla, Ojeda y Mendaro.

         Al final, resultó ser una falsa alarma, por lo que los tres galeones decidieron seguir los pasos de la flota de Menéndez de Avilés para reunirse con ellos y proseguir su viaje, hacia Sanlúcar de Barrameda y Sevilla primero y, luego, para el Caribe con, escala en las islas Canarias. Por el camino, se encontraron unos buques mercantes españoles que les informaron que más adelante iba la gran armada de Menéndez de Avilés. Lo que no esperaban fue, la impresionante armada turca con la que se toparon el domingo 5 de septiembre de 1568. Estaba formada por un total de 25 o 26 velas, de las cuales 14 eran galeras y galeotas de combate y unos 11 o 12 eran navíos auxiliares de menor porte. Ello ocurrió a la altura de un paraje costero denominado las Arenas Gordas. Una zona pantanosa y boscosa que mantiene actualmente este topónimo en la costa este onubense. Los testigos fueron unánimes al decir que el ataque se produjo en alta mar pero a la vista de la playa de las Arenas Gordas, ubicadas, a unas 4 o 5 leguas de Sanlúcar de Barrameda.

         Obviamente, los turcos, viéndose muy superiores, iniciaron inmediatamente el ataque. Eran aproximadamente las 21:00 horas, cuando una parte de la armada turca se fue hacia el galeón que iba delante en la formación, es decir, el del capitán Ojeda. Éste tan sólo fue capaz de resistir una hora y media, rindiéndose a las 22:30. Y la pregunta que se plantearon los propios jueces que juzgaron el caso: ¿por qué los capitanes Mendaro y Arcilla no acudieron en su ayuda?, ellos alegaron que no pudieron porque la mar estaba en calma, no soplaba viento y, aunque tenían remos en las bodegas, estos estaban inutilizados por falta de bancos y de alcayatas para fijarlos. Tampoco dispararon su artillería porque estaban a una distancia de media legua y no los alcanzaban. Y debía ser verdad, porque igual que no tuvieron viento para acudir en su ayuda tampoco lo tuvieron para huir. El galeón de Mendaro, pese a que Arcilla le pidió que se atase a él para defenderse mejor, éste hizo caso omiso se acercó a la playa y embarrancó.

         Hasta las 12 de la noche los turcos no dieron alcance al galeón Santa María, capitaneado por el donostiarra. En ese intervalo de tiempo el capitán Arcilla tuvo tiempo para arengar a sus hombres para que defendiesen sus vidas y el barco con honor. Dijeron los testigos que estuvo andando con su espada y rodela de un lado a otro del galeón para dar más ánimo a la gente y esforzarla. Algún testigo llegó a afirmar que, siendo las fuerzas tan superiores, nadie hubiese luchado de no ser por la arenga que les hizo su capitán. Varios testigos, declararon que el capitán Arcilla no se portó como el muchacho que era sino como un animoso y valiente capitán. Como era de esperar el Santa María fue alcanzado a las 12 de la noche, iniciando un recio combate que se prolongó hasta las 5 de la mañana. Es decir, estuvieron combatiendo contra fuerzas infinitamente superiores por un espacio de 5 horas.

         El gran problema para Martínez Arcilla llegó precisamente a esa hora, cuando muerta gran parte de su tripulación, incluidos los artilleros, decidió abandonar el barco con los que todavía se podían valer por sí mismos. Dejó en la cubierta a 36 compañeros muertos y a unos 52 o 53 heridos graves. La mayoría víctimas de arcabuzazos o de tiros de piedra que efectuaron las galeras turcas. Los heridos más graves fueron tristemente abandonados a su suerte, mientras el capitán Arcilla y otros 14 supervivientes abandonaban el barco a bordo de una chalupa. Entre esos supervivientes figuraban Domingo de Anizqueta, un clérigo presbítero de unos 28 años que iba en el galeón y que salió absolutamente indemne. Seguramente sus hábitos le permitieron estar escondido en lo más recóndito y seguro del galeón. También se citan a los marineros Miguel de Arizmendi y Pascual de Areyceta que no pudieron personarse en el proceso porque se habían enrolado en una flotilla que fue a pescar a Terranova, no esperándose su regreso hasta Navidad. Otros de los sobrevivientes fueron Domingo Arnal, Miguel de Goyaz y un paje que se llamaba Mateo.

         Esos fueron básicamente los hechos. El capitán Arcilla actuó con diligencia hasta las cinco de la mañana y lo pudo probar. Combatió y lo hizo durante muchas horas y con todas sus energías. El gran problema ocurrió a partir de las 5 de la mañana cuando Arcilla, ya perdido, decidió salvar su vida, poner tierra de por medio, y abandonar a su suerte a los heridos.

Como es bien sabido, en el Antiguo Régimen a diferencia de lo que ocurre hoy, la inocencia había que demostrarla. Por ese motivo, nada más conocidos los hechos, el capitán guipuzcoano fue apresado y llevado a la cárcel de la Corte. Para que preparasen su defensa, el 11 de agosto de 1568 otorgó poderes a su padre, Juan Pérez de Arcilla, a su hermano del mismo nombre y a Francisco de Guernica, todos ellos vecinos de San Sebastián.

         El fiscal pedía la pena máxima, es decir, la pena de muerte, acusándolo de perder un barco de Su Majestad que costaba unos 40.000 ducados por cobardía. Sin embargo, cinco horas de defensa bizarra del buque ponían en duda esa supuesta actitud medrosa que se le imputaba. La defensa lo pudo demostrar con solvencia porque los hechos no dejaban lugar a la duda.

         Además plantearon otras incógnitas. La más importante, consistió en cuestionar la actuación del general de la armada Pero Menéndez de Avilés. Realmente fue un error separar su gran armada y enviar a tres de sus galeones a verificar si los cuatro navío avistados eran o no enemigos. Había muchos rumores sobre presencia de turcos en las costas peninsulares. Era correr un riesgo innecesario. Incluso en caso de que los enemigos no hubiesen sido una armada de 37 velas sino sólo los cuatro navíos avistados, iban en inferioridad numérica. Máxime cuando el propio Menéndez de Avilés había promovido que todos sus barcos fuesen en conserva hasta la Florida. También cuesta creer que la gran armada de Avilés que viajaba unas pocas leguas delante de los tres galeones no avistara la enorme armada enemiga. Por otro, lado, mucho más cuestionable fue la actuación del capitán Mendaro que viajaba muy cerca de Arcilla. No sólo no aceptó unir sus fuerzas sino que enfiló su galeón rumbo a la costa, encallando el navío y dejándolo a merced de los enemigos. No sabemos qué pudo pasar con este capitán porque el juicio no aporta ni un solo dato al respecto. Pero está claro que su actuación fue muchísimo más irregular que la del capitán Arcilla.

         Quedó bien demostrado por la defensa que el capitán Martínez de Arcilla no acudió en defensa de Ojeda porque no pudo. Y prueba de ello era que su galeón apenas se movió de su sitio. Ni tuvo aparejo para acudir en ayuda de su compañero ni tampoco para emprender la huída. De hecho a las 22:30 tomaron el galeón del capitán Ojeda y tan sólo una hora y media después, es decir a las 12:00 estaban atacando de lleno el galeón Santa María del capitán Arcilla. Éste además estuvo apercibiendo a sus hombres para el combate, preparando la artillería y despejando la cubierta. Su resistencia fue brutal, pues resistieron la acometida de un buen número de galeras y galeazas nada menos que durante 5 horas. Toda una eternidad.

         Hasta ahí bien. El problema fue que a partir de las 5 de la mañana del lunes 6 de agosto, viendo Arcilla que todo estaba perdido decidió salvar su vida y huir, dejando abandonados a su suerte a los heridos más graves. Y digo que el problema comenzó ahí porque una de las grandes máximas de todas las armadas del mundo siempre ha sido que, en caso de siniestro, el capitán es el último que debe abandonar el barco y no el primero. Al joven Arcilla se le exigía que diese su vida y que muriese junto a sus hombres. No fue capaz de semejante renuncia; a sus 24 años no se sintió preparado para engrosar la extensa lista de valientes que a lo largo de la Historia sacrificaron su vida por la patria.

Demostró valentía pero no hasta el punto de entregar su vida. Llegados a este punto, cabría preguntarse: ¿fue reprochable su actitud? Absolutamente comprensible desde el punto de vista actual. Pero también los jueces del Consejo debieron sensibilizarse con la decisión del joven capitán de salvar su vida. De hecho, en la primera sentencia se le conmutó la pena de muerte por una condena severa en primera instancia, y tras su apelación, por una condena prácticamente simbólica. La primera sentencia, dada en Madrid el 2 de abril de 1569, le condenó a la privación perpetua del cargo de capitán, a servir gratuitamente durante seis años en las galeras reales y al pago del coste del galeón. Había salvado la vida pero la condena seguía siendo extremadamente dura, especialmente en lo concerniente a la privación perpetua de su rango.

Pero, como ya hemos afirmado, la defensa apeló. Su representante en la Corte, Sebastián de Santander solicitó un nuevo plazo para hacer una nueva probanza que le fue aceptada por una Real Cédula, expedida en Madrid el 12 de julio de 1569. El 14 de noviembre de ese mismo año conseguían por fin una sentencia mucho más favorable. La privación del cargo de capitán sería sólo por seis años y el servicio en galeras de tan sólo dos. Parecía una sentencia justa, teniendo en cuenta que no se pudo probar su cobardía ante el enemigo, sino tan sólo su humana decisión, in extremis, cuando todo estaba perdido, de no morir junto al resto de su tripulación.

         Tanto la familia como el propio encausado recibieron la nueva sentencia con enorme satisfacción. No sólo había salvado la vida, sino también su honor. Volvería a la mar, y lo haría conservando su rango de capitán. Y como lo importante era saldar cuanto ante su deuda con la Corona, no tardó en incorporase a la Armada Real de Galeras. El 12 de enero de 1570, tan sólo dos meses después de la sentencia, se personó en Gibraltar y se puso a las órdenes de Sancho Martínez de Leyva, capitán general de la Armada Real de Galeras.

         El proceso, conservado en el Archivo General de Indias, ofrece muchos datos sobre la ubicación exacta de los hechos, muy cerca de la línea de playa de Arenas Gordas, a unas seis leguas de Sanlúcar de Barrameda. Sería bueno, comenzar a elaborar un mapa cartográfico completo de los cientos de galeones españoles hundidos en las costas peninsulares, especialmente en el Golfo de Cádiz, el mayor yacimiento de pecios hundidos del mundo.

 

PARA SABER MÁS:

 

MIRA CABALLOS, Esteban: “Sin piedad con los cobardes: la condena del capitán de navío Pedro Martínez de Arcilla (1569)”, Revista de Historia Naval Nº 103. Madrid, 2008, pp. 77-90.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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