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        En una sociedad machista, donde la mujer se educaba para servir a un hombre las que no lo encontraban tenían muchas papeletas de acabar en un convento, como le ocurrió a Leonor de Ovando. Una vez recluidas en un cenobio, su vida social se tornaba extremadamente limitada y también las posibilidades de desarrollar alguna capacidad o algún don literario, artístico o científico. En este ambiente hostil a cualquier forma de libertad creativa se desenvolvió Leonor de Ovando y pese a ello, hay pruebas suficientes para pensar que tuvo una excepcional capacidad poética.

        Era una criolla, nacida en Santo Domingo en el seno de una familia acomodada de orígenes extremeños. Tuvo al menos tres hermanos, según se desprende de su correspondencia con Eugenio de Salazar. Profesó en el monasterio dominico de Regina Angelorum de su ciudad natal. Debió ser de las primeras profesas, porque la licencia Real la obtuvieron en 1557, trasladándose allí las primeras religiosas en 1560.

No había terminado de construirse su capilla cuando, en 1586 el corsario inglés Francis Drake lo destruyó. Sus religiosas, entre ellas doña Leonor de Ovando, que ya contaba con 46 años, se vieron obligadas a abandonar su clausura y huir al interior de la isla. Cuando el corsario se marchó, tuvieron que vivir casi de la caridad de los vecinos durante varios años. Todavía, en 1599, estaban los muros del templo alzados a mitad de altura.

De su producción poética conocemos muy poco: apenas cinco sonetos y algunos versos sueltos, suficientes para verificar su extraordinaria capacidad literaria. Están relacionados con el amor a lo divino, como no podía ser de otra forma. Una muestra de su producción es el siguiente poema: Y sé que por mí sola padeciera/ y a mí sola me hubiera redimido/ si sola en este mundo me criara.

Según Mayoralgo y Lodo, en la Academia de la Historia se conserva la correspondencia poética que intercambió con Eugenio de Salazar. Sor Leonor de Ovando es considerada como la más antigua poetisa del Nuevo Mundo.

 

PARA SABER MÁS:

 

GONZÁLEZ OCHOA, José María: Quién es quién en la América del Descubrimiento, Madrid, Acento, 2003.

 

MAYORALGO Y LODO, José Miguel de: La Casa de Ovando (estudio histórico-genealógico), Cáceres, real Academia de Extremadura, 1991.

 

UGARTE, María: Iglesias, capillas y ermitas coloniales, Santo Domingo, Colección Banreservas, 1995.

 

------ Estampas coloniales, Vol. I, Santo Domingo, Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro, 1998.

 

UTRERA, fray Cipriano de: “Sor Leonor de Ovando”, Boletín del Archivo General de la Nación, Nº 67-68, Santo Domingo, 1950-1951.

 

V.V.A.A., Personajes de la Historia de España, Madrid, Espasa Calpe, 1999.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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Miembro de una acomodada familia carmonense, estudió en el colegio sevillano “Maese Rodrigo” de Sevilla. En este centro destacó como estudiante, cobrando fama de “docto y excelente orador”. Fue nombrado como Obispo de la diócesis de Huamanga a finales de 1623. Se trataba de un obispado relativamente nuevo, pues había sido erigido por bula Papal en 1614, siendo su primer prelado fray Agustín de Carvajal.

        Llama la atención la concesión exacta de esta mitra, pues, en Huamanga se había concentrado un pequeño grupo de carmonenses a lo largo del siglo XVI. De hecho, desde 1570, otro carmonense, Alonso Barba estaba enviando cartas a su localidad natal para que alguno de sus hijos viajase a esa próspera tierra. Varios carmonenses más se animaron a emigrar a la zona, incluido un pariente del futuro obispo, Sancho Verdugo Barba, que emigró pocos años antes que él, con su mujer y sus cuatro hijos.

        Se trataba de una diócesis difícil ya que en su jurisdicción se encontraban las tristemente famosas minas de mercurio de Huancavelica. Gran parte de los indios de su diócesis estuvieron sometidos al régimen de la mita. Como es bien sabido, esta institución reorganizada por el virrey Francisco de Toledo a partir de 1574, obligaba a los indios a trabajar en las minas una semana sí y dos no, durante un año y a cambio de un salario simbólico. En el caso de Huamanga, estuvieron sujetos al trabajo en estas minas los indios de 40 millas a la redonda, previéndose en principio que hubiese en su laboreo 620 mitayos. Pero los aborígenes no sólo debían soportar duras jornadas de trabajo sino que estaban sometidos a los perjudiciales gases que este mineral desprendía y que los terminaban matando en menos de dos años.

Desde el primer momento, el Obispo Verdugo quiso buscar una solución, empezando por denunciar su explotación. Concretamente, escribió que las regiones en torno a las minas estaban casi despobladas por la mita, y los mineros les hacen malos tratamientos, que no hay que espantar huyan los indios. Tras tres visitas a su diócesis y después de haber intentado poner remedio a la situación de los mitayos, escribió al Rey, el 2 de febrero de 1626 ratificando la inocencia de los indios y el mal trato que le proporcionaban los mineros. A continuación reproducimos parcialmente su carta ya que en ella se ve el espíritu humano de este carmonense:

 

        “Verdaderamente no les falta fe y afición y amor a las cosas de Dios y culto divino, sino que los trabajos y desventuras y malos tratamientos los hacen casi desesperar y huirse… Han infamado a los indios, pues más bien hay que agradecer a Dios que no hayan perdido la escasa fe que en ellos ha habido...”

 

         Se trata sin duda de palabras muy valientes por parte del Obispo de Huamanga no olvidemos que en aquel tiempo dudar del sistema de la mita era poner en peligro los ingresos de la élite colonial española. La oposición al eclesiástico debió ser importante, pese a lo cual se ratificó en las mismas ideas toda su vida. Además se adelantó a su tiempo comenzando una oposición al trabajo indígena que fue continuada décadas después por personajes como el Virrey Conde de Lemos.

        También se preocupó de construir la catedral ya que su antecesor había erigido un edificio liviano, con materiales vernáculos. La obra se proyectó por el jesuita Martín de Aipitarte. Aunque en el proyecto original se preveían tres naves, la escasez de fondos, obligó a erigirla finalmente de una sola. El 26 de agosto de 1632 comenzaron las obras, colocándose la primera piedra el 4 de octubre del mismo año. La construcción se demoró más de lo esperado por lo que fueron los sucesores en la mitra de Huamanga los que la acabaron.

        Por otro lado, Verdugo erigió el seminario de la diócesis, estableciendo unos estatutos inspirados en los de Cuzco. Habría 12 becados que, curiosamente, vestirían el mismo uniforme que llevaban los alumnos del colegio Maese Rodrigo de Sevilla, del que él mismo había sido antiguo alumno. Igualmente, Verdugo convocó el primer sínodo de la diócesis, invitando a él tanto a eclesiásticos como a laicos.

        Como colofón a su trayectoria fue presentado como quinto arzobispo de México, cargo que no llegó a ocupar porque le sorprendió la muerte en la ciudad de México, el 6 de agosto de 1636. Sus restos mortales se trasladaron a la Catedral de Huamanga, a cuyo sepelio acudieron cientos de fieles de todos los rincones de su diócesis.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

EGAÑA, Antonio de: Historia de la iglesia en la América española, T. II, Madrid, B.A.C., 1966.

 

MÉNDEZ BEJARANO, Mario: Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, Sevilla, Libros Padilla, 1989.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Conquista y destrucción de las Indias. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 2009.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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PROGRAMA DE ACTOS

 

LUNES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2014.

 

Inauguración de los XLIII Coloquios Históricos de Extremadura.

20,45 horas: Recepción de autoridades y participantes en el Excmo. Ayuntamiento de Trujillo.

 

21,00 horas: Acto inaugural. Salón de Plenos

Bienvenida: Doña María Rosario Alvarado, presidenta de la A.C. COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA.

Intervención de autoridades.

Palabras de saludo e inauguración de Don Alberto Casero Ávila, Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo.

 

21,30 Lectura Inaugural:

 

Vida y obra de Luisa de Carvajal: poetisa, misionera, activista y martir”.

Por don Manuel Mañas Núñez

 

A continuación se ofrecerá un Vino de Honor ofrecido por la A.C. Coloquios Históricos de Extremadura.

 

EXPOSICIÓN DE PONENCIAS

Salón de Actos de la Fundación Xavier de Salas (La Coria).

 

 

MARTES 23.

Modera: Teodoro Martín Martín

Hora

PONENTES

 

17,00

José Luis BARRIO MOYA El militar extremeño don Juan Manuel Álvarez de Faria (1737-1802). Teniente General de los Reales Ejércitos y ministro de la Guerra de Carlos IV.

 

17,30

José Antonio RAMOS RUBIO

Arte efímero en el cementerio de Trujillo (neoclasicismo, romanticismo, historicismo y eclecticismo).

 

18,00

Antonio Manuel BARRAGÁN-LANCHARRO

La persistencia de la legislación social-laboral de la República en la zona franquista de retaguardia: El caso de la provincia de Badajoz.

 

18,30

Rafael Luis CARBALLO LÓPEZ

La escuela de la Iglesia Evangélica Española en Ibahernando durante las primeras décadas del siglo XX

 

19,00

Teodoro MARTÍN MARTÍN.

Luisa de Carvajal y Lovaina.

 

19,30

Alberto ESCALANTE VARONA

En una graciosa isleta”: paisajes espirituales en la obra poética de Luisa de Carvajal y Mendoza”.

20,00

 

Ana María PRIETO GARCÍA

Creación y función de las Juntas de Sanidad en la Extremadura rural en los siglos XVIII y XIX.

20,30

 

Francisco RIVERO

Las Carmelitas de Brozas cumplen 100 años

 

MIÉRCOLES 24.

Modera: Manuel Rubio Andrada

Hora

PONENTES

 

17,00

Raquel TOVAR PULIDO

Estructura de la familia en la ciudad de Trujillo a finales del Antiguo Régimen (1824-1825).

17,30

 

Pablo IGLESIAS AUNIÓN

Estructura y propiedad de la tierra en la primera mitad del siglo XIX. Los efectos de la Desamortización Liberal en la Comarca Emeritense.

18,00

 

José PASTOR VILLEGAS, José David PASTOR VALLE, Jesús Francisco PASTOR VALLE

Fosforitas de Logrosán y de Aldea Moret y proyectos de ferrocarril a Portugal por Trujillo y Cáceres

 

18,30

Domingo QUIJADA GONZÁLEZ

La proyección del Retablo de la Catedral Nueva de Plasencia sobre otros templos regionales: los ejemplos de Navalmoral y Montehermoso.

 

19,00

Carlos María NEILA MUÑOZ

La epidemia de gripe de 1918 y 1919 en las ciudades de Cáceres y de Plasencia (Extremadura).

 

19,30

Manuel Antonio GARCÍA RAMOS y José Luis CIFUENTES PEREA

El impuesto de sangre de Trujillo durante la Guerra de Cuba (1895-1898).

 

20,00

Jaime Martín GRADOS REGUERO

La Judería de Alcántara.

 

 

JUEVES 25.

Modera: Jesús Barbero Mateos

Hora

PONENTES

 

17,00

Ángela LÓPEZ VACAS

La labor social de las cofradías durante el Antiguo Régimen en Fuente del Maestre.

 

17,30

Teodoro Agustín LÓPEZ LÓPEZ.

Guía del Archivo de la Catedral de Badajoz.

 

18,00

Jesús BARBERO MATEOS.

Piedra, espacio y tiempo en los llanos de la Tiesa. Elementos arqueológicos en Torrecillas de la Tiesa. Apuntes para un catálogo comarcal.

 

18,30

MANUEL RUBIO ANDRADA

Las pinturas rupestres de la cueva del Lentiscar: una tauromaquía en la prehistoria reciente de Extremadura.

 

19,00

Juan REBOLLO BOTE

La comunidad mudéjar de Trujillo: Algunas características de su aljama y morería.

 

19,30

Martiria SÁNCHEZ LÓPEZ

La Villa de Jaraíz en el siglo XVIII: Tercer centenario de la entronización de los Borbones con Felipe V y la pérdida de Gibraltar (1714-2014)

 

20,00

Manuel Jesús RUIZ MORENO.

Aproximación histórica a la Reconquista de Trujillo, 1233.

 

VIERNES 26.

Modera: Esteban Mira Caballos

Hora

PONENTES

 

17,00

Beatriz MAESTRO MATEOS

San Martín de Trevejo, historia de una villa olvidada(1930-1939)

 

17,30

Carlos MARÍN HERNÁNDEZ

Por si llega a ser algo, con el tiempo”. Anhelos, frustraciones y honores en la historia fundacional del Museo de Cáceres (1898-1917).

18,00

María del Carmen MARTÍN RUBIO

Francisco Pizarro: el hombre desconocido

 

18,30

Esteban MIRA CABALLOS.

Hernando Pizarro y la perpetuación de su linaje. Un testamento desconocido de 1557.

 

19,00

Adrián Elías NEGRO CORTÉS

Nuevas aportaciones sobre dos inscripciones visigodas aparecidas en la zona de Trujillo

 

19,30

Vicente PASTOR GONZÁLEZ

Aproximación visual al abrigo de Florencio (Retamosa, Cáceres). Aplicación del plugin DStretch a sus manifestaciones pictóricas rupestres.

 

20,00

Juan Pedro RECIO CUESTA

Proscritos y olvidados. Los extremeños al servicio de don Carlos en la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

 

20,30

Valentín SORIA

La Orden de los Paulinos de san Pablo en Extremadura.

 

SABADO 27.

Modera: Álvaro Meléndez Teodoro

Hora

PONENTES

 

9,30

José Antonio SÁNCHEZ DE LA CALLE, Leticia SÁNCHEZ LEONATO e Irene SÁNCHEZ LEONATO.

La Guerra Civil en Plasencia: represión, economía y población”.

 

10,00

Jacinto J. MARABEL MATOS.

El coronel Storm de Grave y el sitio de Mérida 1809.

 

10,30

Enrique MELÉNDEZ GALÁN Las Escuelas de Enseñanza artística en Cáceres: notas para un recorrido en el tiempo.

 

11,00

Marciano MARTÍN MANUEL

La educación en Hervás (Cáceres) durante la Dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República.

 

11,30

CAFÉ

 

12,00

Javier RUBIO MUÑOZ

Los estudiantes y la muerte. El caso de los extremeños en la Universidad de Salamanca de finales del siglo XVI.

 

12,30 Álvaro MELÉNDEZ TEODORO La Raya extremeña en 1750. El Informe de Gaver (I).

 

13,00

Ángel PAULE RUBIO

El paisaje cultural. Los Lagares.

 

18,00 horas: ACTOS DE CLAUSURA

 

Entrega de premios:

 

Premio “Xavier de Salas, para jóvenes investigadores” en su XXVII Edición.

Premio Especial XLIII Coloquios Históricos de Extremadura.

Premio “Obra Pía de los Pizarro” en su XX Edición.

Premio “Centro de Profesores y Recursos de Trujillo”, en su IX Edición.

 

DOMINGO, 28 DE SEPTIEMBRE.

 

Viaje y visita guiada al Convento de la Encarnación, MADRID, donde se encuentran los restos de Doña Luisa de Carvajal y Mendoza. El convento forma parte del Patrimonio Nacional.

 

Comida de hermandad

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        Obviamente, el enorme poder concedido a las autoridades judiciales y, en especial, a las audiencias les crearon muchos enemigos entre las oligarquías locales. Sorprende la rapidez con que el viejo alegato medieval contra los juristas fue trasladado al Nuevo Mundo. Y todo ello debido, como decimos, a los intereses partidistas de unos pocos que querían ostentar el poder en América sin contrapesos ni cortapisas.

        Las protestas iban dirigidas especialmente contra los abogados o letrados titulados pero también contra los leguleyos, es decir, personas que trataban de leyes “no conociéndolas sino vulgar y escasamente. El primer documento que alude a este alegato partió del segundo Almirante, Diego Colón, quien a juzgar por una respuesta de Fernando el Católico, fechada en 1509, debió solicitar pocos meses antes que se impidiese su paso a la Española. Y con esa misma fecha ordenó a los oficiales de la Casa de la Contratación lo siguiente:

 

        “Asimismo, porque yo he sido informado que a causa de haber pasado a las dichas Indias algunos letrados abogados han sucedido en ellas muchos pleitos y diferencias yo vos mando que de aquí adelante no dejéis ni consintáis pasar a las dichas Indias ningún letrado abogado sin nuestra licencia y especial mandado, que si necesario es por esta presente carta lo vedamos y prohibimos”.

 

        Pero, ¿a qué se debía tanta virulencia del Almirante contra los letrados? Estaba muy claro, Diego Colón se sentía agraviado en sus prerrogativas. Y de hecho, no solo protestó contra los abogados sino también contra el nombramiento de los tres jueces de apelación en Santo Domingo. Según el hijo del Descubridor de América, considerando los privilegios otorgados por Isabel la Católica, lo más que podía existir en la Española era un consejo de jueces de carácter virreinal, presididos o controlados por él mismo. Y no le faltaba razón en sus quejas porque, según el padre Las Casas, el rey los nombró cuando supo de las desavenencias que había entre éste y los oficiales reales, especialmente con el tesorero Miguel de Pasamonte. Al final, como Fernando el Católico quería mantener a sus jueces pero en alguna medida desagraviar al hijo del Almirante, pidió a unos y a otro que se juntasen cuantas veces fuese necesario “para entender en las cosas útiles a nuestro servicio”.

        Pero los pleitos se seguían produciendo y Diego Colón continuó escribiendo al Rey quejándose de tal circunstancia. El Rey, concienciado por la problemática escribió al segundo Almirante, el 23 de febrero de 1512, expresándose en los siguientes términos:

 

        “Sobre las diferencias que comienza a haber sobre los pastos, vedlo y proveed de modo que se excusen pleitos, que es el mayor daño que puede haber en esas partes”.

 

        Hacia 1513 llegó una nueva misiva, en esta ocasión firmada por Vasco Núñez de Balboa, el famoso descubridor del Océano Pacífico, natural como es bien sabido de Jerez de los Caballeros. Y las críticas de Balboa no podían ser más elocuentes, como podemos observar en el texto que reproducimos a continuación:

 

        “Que ningún bachiller en leyes ni otro ninguno, si no fuera de medicina, pase a estas partes de la Tierra Firme so una gran pena que Vuestra Alteza para ello mande proveer, porque ningún bachiller acá pasa que no sea diablo; tienen vida de diablos e no solamente ellos son malos mas aún hacen y tienen forma por donde haya mil pleitos y maldades”.

 

Y estas palabras debieron dejar mella en el ánimo del viejo rey aragonés por lo que, en ese mismo año, pidió a los oficiales de la Casa de la Contratación que no consintiesen el embarque para las Indias de “ningún bachiller en leyes”. Y Fernando el Católico se debió convencer de tal forma del inconveniente de la proliferación de abogados en las Indias que, en 1513, volvió a insistir en la prohibición, en este caso referida a Tierra Firme. En relación a este episodio, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo escribió lo siguiente:

 

        “Para lo que adelante se siguió, digo que entre las ordenanzas y capítulos que el Rey Católico proveyó y mandó a Pedrarias, su gobernador, que tuviese especial cuidado, fueron estas cuatro cosas: la primera, que con mucha atención y vigilancia entendiese en la conversión y buen tratamiento de los indios; la segunda, que no pasasen letrados ni hubiese abogados ni procuradores en aquella tierra, porque se tenía experiencia de esta Isla y otras partes, que son perjudiciales a la tierra, y como maestros en litigios y contiendas, inventan más de las que suele haber sin ellos, sino que simpliciter (sic) y de plano, sin dar lugar a cavilaciones maliciosas, se determinasen los pleitos brevemente, haciendo justicia a las partes…”

 

        Las críticas que hace el Rey en estas instrucciones no tienen desperdicio, pues los juzga, más que como resolvedores de casos, como generadores de los mismos. Incluso, llega a señalarlos como responsables de la decadencia económica de las colonias españolas.

        Pocos meses después volvió a insistir en la restricción cuando decretó una suspensión de la emigración de letrados por cuatro años “y más cuanto fuese la voluntad de Su Alteza”. Con tal medida se pretendía evitar, nuevamente, “los pleitos y diferencias que por esta causa han sucedido y ha habido y ahora hay en la isla Española de que los vecinos y moradores de ella han recibido y reciben mucho daño”.

        Pero mucho más claro en este sentido se mostró, dos años después, el contador de la Española Gil González Dávila, cuando se personó en España. Efectivamente, en agosto de 1515 se encontraba en tierras castellanas con un gran número de documentos y con no pocas reivindicaciones hechas en su nombre y en el de los otros oficiales Reales. Y al glosar las causas de la decadencia económica de la colonia cita en tercer lugar la siguiente:

 

        “La tercera razón que ha ayudado a esta otra es los pleitos de entre los vecinos; que por venir los vecinos a los pueblos a entender en sus pleitos, hanse (sic) descuidado del buen tratamiento de sus indios y haciendas. Y como estas dos cosas sean la cosa del mundo que mas han menester la presencia de sus dueños, cesando por esta causa y por otras que venidos a los pueblos se ofrecían, su venida ha resultado daño a sus indios y haciendas”

 

        Algo habría de verdad, pues, es posible que dada la carencia de leyes en un mundo recién descubierto los pleitos se demorasen, en beneficio de los abogados y en claro perjuicio de los vecinos de la isla. Sin embargo, explica Moya Pons, que la actitud de los oficiales reales, partidarios de la expulsión de los letrados se fundamentaba sobre todo en razones personales. Y es que, en un mundo tan distante de la metrópolis, estos representaban una amenaza para las ilícitas actividades en las que se empleaban tanto algunos de estos funcionarios reales como las oligarquías locales.

        Nuevamente, en 1516 se reactivó el alegato en la isla de Cuba. Allí, los procuradores de la isla, incentivados por el propio teniente de gobernador Diego Velázquez, volvieron a pedir que se prohibiese su paso a las Indias, pues, “a causa de haber muchos abogados ha habido y hay en ella muchos pleitos y los vecinos viven muy adeudados”. De todas formas la petición no debió tener eco, pues, esta misma propuesta la reiteraron de nuevo en 1521, nuevamente sin encontrar la acogida esperada.

        Refiriéndose a Nueva España en 1528, escribió Antonio de Herrera, que muchos pobladores pidieron por escrito que no hubiese “letrados y procuradores” porque los tenían por los causantes de los largos litigios que allí se producían. No obstante, reconocía el cronista que por otro lado era positiva su presencia porque de otra forma, muchos vecinos dejarían perder sus causas por no saber pedir justicia.

        Finalmente, tenemos otro testimonio, fechado el 10 de marzo de 1529, cuando los licenciados Espinosa y Zuazo escribieron al Emperador en los siguientes términos:

 

        “Pronosticando esto en tiempos pasados muchos vecinos, se suplicó a Vuestra Majestad y a los Reyes Católicos no diesen lugar a que en estas partes hubiese pleitos, y queso acaeciese haberlos se determinasen y acabasen breve y sumariamente. Y Vuestra Majestad ha proveído y encargado a los gobernadores que no den lugar a que haya pleitos, sino que sin tela de juicio los despachen y determinen, y el Católico Rey cuando yo el licenciado Espinosa fui a Tierra Firme proveyó en ella y en otras de estas partes que no hubiese letrados ni procuradores por excusar pleitos, poniendo en ejemplo que de haberlos en esta isla Española había venido a mucha disminución la población de ella…”.

 

        Y hasta donde nosotros sabemos este es el último documento que abiertamente se pidió la prohibición del paso de letrados al Nuevo Mundo. Pese a lo novedoso de las misivas citadas lo cierto es que fueron absolutamente excepcionales y además casi no tuvieron plasmación práctica.

        El alegato contra jurista, de amplia tradición en la literatura medieval, se esgrimió en las Indias casi siempre con intereses partidistas. Diego Colón y sus aliados, fundamentalmente su teniente de gobernador en Cuba Diego Velázquez, lo esgrimieron para favorecer su poder frente a la Corona. Los funcionarios reales tampoco veían con buenos ojos las injerencias de los letrados porque en ocasiones conseguían que llegaran a la opinión pública aspectos que ellos preferían mantener en silencio. Para la oligarquía local, que solía hacer y disponer a su antojo, los abogados y la justicia en general representaban una incómoda presencia, pues a ellos recurrían los vecinos cuando sentían que sus derechos habían sido pisoteados.

        Ya hemos dicho que, en la práctica, no hemos encontrado casos concretos en los que se aplicara la prohibición a los abogados. Las quejas fueron muy puntuales y motivadas en su mayor parte por intereses partidistas. Por ello, la organización judicial indiana continuó a lo largo del quinientos y aquellos primeros jueces de apelación no solo no se marcharon sino que fueron el germen de la inmediata Audiencia de Santo Domingo. Asimismo, los abogados ejercieron su papel ininterrumpidamente a lo largo de décadas y prueba de ello son los numerosos casos que se instruyeron, defendieron y fallaron en las Indias a lo largo de toda la época colonial.

En el caso de la isla de Cuba, donde tan importante fue el alegato contra juristas, se habilitó, en 1524, a dos procuradores en ejercicio para que pudiesen permanecer en la isla con el objeto de finalizar los pleitos. Para dicho cargo se eligió a dos procuradores que en esos momentos había en la isla, Rodrigo Gutiérrez de Ayala y Francisco García. También en Cuba la realidad se impuso a las reivindicaciones un tanto turbias de sus autoridades. Y poco tiempo después, también en Cuba, se suprimieron todas las injustas restricciones contra los abogados.

 

PARA SABER MÁS

MIRA CABALLOS, Patrocinio: “El alegato contra juristas en los albores de la colonización española de América”, en Libro homenaje a Enrique Barrero González. Sevilla, Fundación Martín Robles, 2005, pp. 297-305.

 


ESTEBAN MIRA CABALLOS

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Leyendo el libro de Luis Amado, La Espiga de Fuego, ha habido un párrafo que me ha conmovido y que quiero recordar aquí. Cuando Juan Pablo II visitó Perú en 1985 varios representantes de movimientos indígenas le entregaron una carta que sobre coge por su sensatez:

 

"Nosotros indígenas de los Andes y de América, decidimos aprovechar la visita de Juan Pablo II para devolverle su Biblia, porque en cinco siglos ella no nos dio ni amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome de nuevo su Biblia y devuélvala a nuestros opresores, porque ellos necesitan sus preceptos morales más que nosotros…"

 

Hay que recordar que la caída de los Incas comenzó con la captura de Atahualpa en la ciudad de Cajamarca. El dominico fray Vicente de Valverde se acercó al Inca y le habló del Dios de los cristianos, entregándole la Biblia. Sin embargo, el Inca, que ni tan siquiera acertó a abrir el libro, lo arrojó, mientras se ponía en pie para advertir a los suyos que estuviesen apercibidos para el combate. Justo en ese instante, el padre Valverde se remangó el hábito al tiempo que corría hacia Pizarro, gritándole: ¿No veis que mientras estamos aquí gastando el tiempo en hablar con ese perro lleno de soberbia, se llenan los campos de indios?, ¡Salid a él, que yo os absuelvo!

Su actitud no pudo ser más absurda e infame, impropia de un dominico, cuya orden se había destacado desde 1511 en la lucha a favor de los indios desde aquel sermón del segundo domingo de adviento de Antón de Montesino, Ego vox clamantis in deserto. Y digo lo de absurda porque se dirigió al Inca como si éste tuviese una formación cristiana previa que evidentemente no tenía. Y aunque supuestamente Felipillo le traducía, es obvio que el Inca no estaba familiarizado con la escritura alfabética y no podía entender al fraile, ni menos aún el texto del libro. E infame, porque pretendía que la máxima autoridad religiosa del Perú, traicionase sobre la marcha a sus viejos dioses para convertirse al cristianismo. Una crítica que no es nueva, pues, ya en aquella época le fue recriminada, incluso por religiosos de su misma orden, como fray Antonio de Remesal.

        Está claro que la biblia está en el origen de la conquista, y en 1985 los representantes indígenas simbolizaron el final. Existe, sin duda un problema de aceptación de la conquista en el imaginario colectivo peruano. Realmente la Conquista todavía no ha sido asimilada como lo prueba la polémica permanente en torno a los sucesivos traslados que ha sufrido la estatua ecuestre de Pizarro en Lima que diseñara el estadounidense Charles Rumsey. El problema no es psicológico, ni tan siquiera cultural, sino social. Para una parte de la población peruana, la efigie de Pizarro representa sólo a una parte del Perú mestizo, el de los vencedores, pero no el de los vencidos. Estos últimos, tras la Conquista, fueron postergados, discriminados y pauperizados hasta límites insospechados. Y lo peor es que cinco siglos después siguen excluidos en un alto grado y hasta discriminados racialmente. Los descendientes de aquellos amerindios no necesitan biblias sino justicia, reconocimiento de unos derechos negados primeros por los europeos y luego por los criollos. Una tarea que no pertenece al pasado sino al presente y de la que son responsables por omisión las actuales autoridades políticas.

La historia de la conquista del Tahuantinsuyu fue violenta y trágica, pero forma parte de la historia inalienable de la nación peruana. Como escribió J. Mallorquí, el trujillano fue hijo de España pero padre del Perú, una nación que es fruto del crisol de dos mundos, el europeo y el indígena. Para que los descendientes de los vencidos puedan asumir sin traumas esta realidad se hace necesario que previamente se les repare moral y socialmente, integrándolos políticamente, devolviéndoles las tierras que les fueron arrebatadas a sus comunidades y respetando su pasado indígena.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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La vida a bordo era extremadamente dura, en condiciones normales. Si en cambio, surgían problemas: calmas en el mar, tempestades, ataques corsarios, carestías, etc. La situación se tornaba insufrible.

 

1.-VIDA COTIDIANA

         El espacio angosto en el que se desarrollaba la vida en el barco implicaba unas incomodidades y un sufrimiento muy grande, incluso en las travesías más tranquilas. Estima Pablo Emilio Pérez Mallaína que aproximadamente cada tripulante disponía de 1,5 metros cuadrados. No dormían exactamente a la intemperie porque ase cobijaban debajo de las toldas, unos voladizos que había entre el palo mayor y la popa y entre la proa y el palo trinquete. Allí debían ubicar su baúl, cofre o caja personal con los enseres más básicos y preparar su cadalecho donde pasar las noches. Era importante, entrar de los primeros en el buque porque no había ningún espacio reservado, ni asientos de primera clase. Era muy importante coger un buen sitio, quedando los peores para los últimos (Martínez, 1983: 94).

Vivían rodeados de animales, hasta el punto que muchos barcos parecían una verdadera cochiquera o un corral. Unos animales eran domésticos, como gallinas, ovejas, cabras y hasta cerdos. En el caso de que se transportasen caballos o mulas solían viajar en las bodegas. Pero también había animales mucho más incómodos, no domésticos y que viajaban como incómodos polizones: los barcos solían estar plagados de ratas y ratones por lo que de vez en cuando había que organizar partidas para matarlas y evitar que se convirtiesen en una verdadera plaga. Obviamente, las cucarachas, chinches y piojos campaban a sus anchas sin que existiese la más mínima posibilidad de erradicarlas.

         La alimentación a bordo era mala, y en condiciones extremas insuficiente. Se solían embarcar alimentos que durasen largo tiempo. Además de agua abundante, la dieta tenía como alimento clave el bizcocho, unas tortas duras de harina de trigo. Asimismo, formaban parte de la alimentación básica de los marinos el vino -cuya ración por tripulante y día ascendía a un litro-, y el vinagre y el aceite que se repartía a razón de medio litro por tripulante y día. Por lo demás, solían consumir carne al menos dos veces en semana y los cinco días restantes consumían habas, arroz y pescado. La carne se conservaba en salazón o directamente se sacrificaban animales según las necesidades. En cada barco había un fogón que se solía ubicar en la cubierta principal, casi siempre en la proa. Se encendía una sola vez al día, concretamente a partir de las 12 de la mañana para el almuerzo. Era la única posibilidad que tenían de comer al menos una comida caliente. Los primeros días de travesía las raciones diarias solían ser más generosas, pero a medida que pasaban las semanas, sobre todo si había algún retraso por falta de viento o por alguna avería, las raciones tanto de comida como de agua iban menguando tanto que hacían pasar un hambre atroz a los tripulantes. En este sentido escribió fray Tomás de la Torre lo siguiente:

        En la comida se padecía trabajo porque comúnmente era muy poca; creo que era buena parte de la causa poderse allí aderezar mal para muchos; un poco de tocino nos daban por las mañanas y al mediodía un poco de cecina cocida y un poco de queso, lo mismo a la noche; mucho menos era cada comida que un par de huevos; la sed que se padece es increíble; nosotros bebíamos harto más de la ración aunque tasado; y con ser gente versada a templanza nos secábamos ¿qué harían los demás, algunos seglares en dándoles la ración se la bebían y estaban secos hasta otro día (Cit. En Martínez, 1987: 99).

 

         Los olores en el barco eran nauseabundos por muy diversos motivos: primero, por el hacinamiento, y segundo, por la lógica falta de una higiene personal. Si además había mal gruesa los malos olores se multiplicaban exponencialmente por los vómitos de unos y de otros. Por ello, se organizaban limpiezas periódicas de los navíos, al menos una vez al mes, trabajo que en las galeras era supervisado por el comitre. Asimismo y coincidiendo con las labores de aseo de la nave, tras una limpieza en profundidad, se perfumara ésta, frotando su superficie con romero.

         Para hacer sus necesidades se habilitaban unas letrinas, en las que sin ningún pudor y prácticamente a la vista de todos los hombres orinaban y defecaban subiéndose al borde del buque y agarrándose con fuerza para no caer al océano. Fray Antonio de Guevara describió esta indecorosa situación con las siguientes palabras:

        Todo pasajero que quisiere purgar el vientre y hacer algo de su persona, le es forzoso de ir a las letrinas de proa o arrimarse a una ballestera, y lo que sin vergüenza no se puede decir, ni mucho menos hacer tan públicamente, le han de ver todos asentado en la necesaria como le vieron comer en la mesa (Cit. Martínez, 1987: 99).

         Más adelante, en las naos y en los galeones de la Carrera de Indias se habilitó una tabla agujereada en popa que facilitaba las defecaciones de la tripulación, sin riesgo de caer al mar.

Las pocas comodidades que había en el buque estaban reservadas para algún noble privilegiado o para el capitán del navío que tenía en el castillo de popa su camarote con su cama. Aunque nobles o no, con camarote o sin él, como decían las crónicas de la época todos resultaban mecidos por las olas, con dulzura si había calma y con violencia si había tormenta.

 

2.-DIVERSIONES Y ENTRETENIMIENTOS

        Para hacer frente a la monotonía y a la dureza de las travesías también se ingeniaban algunos entretenimientos. Era una buena forma de olvidar por un momento sus miedos y sobre todo la terrible sensación de desamparo que vivían en la inmensidad del océano (Martínez, 1987: 97). Algunos marineros llevaban chirimías o trompetas, flautas o guitarras que tocaban en las noches estrelladas, mientras unos cantaban romances y otros las oían melancólicos. Todos los buques debían llevar estas chirimías porque servían para transmitir órdenes y para tocar himnos de combate. Pero, también eran utilizadas lúdicamente en las travesías.

También eran frecuentes los juegos de azar, aunque oficialmente estaban prohibidos. Pero en una situación en la que pocas diversiones había, jugar a los dados o a las cartas podían ser un deshago importante. Los capitanes de las armadas no solo no impedían el juego sino que con frecuencia participaban en las partidas.

En algunos galeones detectamos peleas de gallo que tanto divertían a la tripulación y que les permitían, durante un rato, olvidarse en cierta medida de sus padecimientos a bordo. Todos los cronistas coinciden que el mayor entretenimiento de todos era el hablar, cotillear y contar historias

        Otros, optaban por entretenimientos más tranquilos y también más constructivos. Algunos llevaban aparejos para pescar. De esta forma además de matar el tiempo, les permitía ocasionalmente el consumo de pescado.

        Y también los había más cultos, que decidían echar mano de un buen libro, pasando las horas muertas leyendo. Era frecuente que los eclesiásticos y frailes, llevasen libros sacros con los que deleitarse durante el trayecto. En ocasiones, los pocos tripulantes alfabetos que había en ocasiones leían un libro en voz alta para un grupo de hombres

         De todas formas las mayores alegrías se producían cuando el buque arribaba a alguna de las escalas, en el viaje de ida a las Indias, las islas Canarias, y en el de retorno las Azores. Era una buena oportunidad para saltar a tierra, asearse adecuadamente, beber agua y alimentos frescos y divertirse antes de volver a su prisión flotante.

 

2.-LA SEXUALIDAD

         Como podrá comprenderse el sexo a bordo era una actividad prácticamente imposible, primero, porque estaba terminantemente prohibido mantener relaciones en el barco, y segundo, porque las mujeres que se embarcaban eran muy pocas e iban, sobre todos las hijas y casadas, bien protegidas y vigiladas por sus padres o sus maridos. Pero el deseo de los sufridos marineros era mucho, excesivo, y superaba en ocasiones el miedo al posible castigo. Conocemos casos de violaciones a bordo, una logradas y otras abortadas por la resistencia de la mujer.

        En otros casos, Pérez-Mallaína ha detectado la presencia de amantes, concubinas y hasta de prostitutas a bordo. Algunas mulatas pero también blancas que, según fray Antonio de Guevara, eran más amigas de la caridad que de la honestidad.

        Y cuando no había mujeres, muchos optaban por una relación homosexual. Obviamente, de ser descubiertos se jugaban una sentencia a muerte por sodomía. Por ello, muy pocos fueron los descubiertos. Como ha escrito Pérez-Mallaina, el hecho de que la mayoría fuesen hombres y que pasasen largas semanas en medio del océano favorecía la homosexualidad, convirtiéndose en uno de los secretos mejor guardados de algunos de los hombres del mar.

 

3.-ENFERMEDAD Y MUERTE A BORDO

        Las condiciones sanitarias a bordo eran tremendas. Los tripulantes vivían hacinados, rodeados de animales vivos para el consumo, de ratas, y de olores nauseabundos procedentes de las letrinas y de los vómitos de los pasajeros más enfermos o mareados.

        Con frecuencia los tripulantes padecían, además de hambre y sed, enfermedades como el escorbuto. Todos los enfermos eran trasladados en el alcázar y allí eran atendidos sanitariamente por el cirujano o el barbero y espiritualmente por un religioso.

En caso de fallecimiento, no quedaba más remedio que tirarlo por la borda. Para ello se hacía todo un ritual previo, cosiéndolo con un serón o tela basta y añadiéndole lastre para que se fuera al fondo. Este lastre podían ser piedras si las había o incluso botijas de barro. El clérigo que preceptivamente debía ir a bordo dirigía un acto fúnebre antes de lanzar el cuerpo al mar. Dependiendo de la calidad del finado el acto tenía más o menos solemnidad hasta el punto que, en casos muy especiales, se disparaban una o dos salvas de honor.

 

4.-LOS NAUFRAGIOS

 

Las inclemencias del tiempo, los ataques corsarios o, simplemente, el hecho de encallar en algún risco costero, suponía un riego considerable para la mayor parte de los tripulantes. Pero las tormentas eran aún más frecuentes y el resultado solía ser el naufragio. También, un accidente podía acabar con el buque en el fondo del océano; un fuego provocado por la pólvora. Se estima que en los siglos XVI y XVII se perdieron un total de 700 barcos, perdiendo la vida varias decenas de miles de personas (Pérez-Mallaína, 1997: 27).

El miedo se apoderaba de los tripulantes cada vez que veían aproximarse una tormenta o un barco, que casi siempre identificaban con algún corsario. Como ha escrito José Antonio Caballero el simple hecho de divisar una nave desconocida en el horizonte disparaba todas las alarmas, disparando la imaginación de muchos que auguraban el asalto del navío por algún afamado corsario.

En caso de que el hundimiento diese el tiempo suficiente, siempre había algunos botes o barcazas en las que se podían refugiar los tripulantes. Pero en los siglos XVI XVII eran escasos, insuficientes siempre para albergar a toda la tripulación. Y es que como afirma Fernando Serrano, el objetivo de estas pequeñas barcas era utilizarlas para ir a tierra o para pasar de un barco a otro no para salvar a la tripulación en caso de naufragio (1991: 34). Por ello, en caso de naufragio la mayor parte de la tripulación estaba condenada a perecer ahogada sino recibía la urgente ayuda de la costa o de otros navíos con los que viajase. De hecho, éste fue uno de los motivos por el que se implantó en la navegación indiana el sistema de flotas. Nadie podía comerciar con las Indias si no era dentro de la conserva de una de las dos flotas anuales.

En caso de que hubiese tiempo para desalojar el barco, la percepción sobre quién debía salvarse era muy distinta a la actual. Debían salvarse no los débiles –como las mujeres o los niños- sino las personas más útiles a la sociedad. Y los que más se ajustaban a ese perfil eran los varones de ascendencia nobiliar. Ellos serían los primeros en salvarse, relegando al ahogamiento a niños, mujeres y ancianos (Pérez Mallaína, 1997: 51).

Pero llegado el irremisible naufragio y sin posibilidad de ayuda lo mejor que le podía pasar al infortunado naufrago era morir ahogado pronto porque, si conseguía asirse a algún objeto flotante la agonía se podía demorar horas, incluso días.

 

5.-ASISTENCIA SOCIAL DE LOS HOMBRES DEL MAR

        Los hombres del mar tenían sus propios gremios que tenían como fin primordial, la defensa de sus intereses grupales y la asistencia a sus mutualistas en caso de enfermedad o muerte.

Las cofradías de mareantes y, por supuesto, las de pescadores, tenían una amplia tradición medieval tanto en los territorios de la Corona de Castilla como en los de Aragón. Sus inicios se remontan al siglo XII, cuando comenzaron a aparecer algunas corporaciones de mareantes sobre todo en distintos pueblos del País Vasco y de Cantabria (Rumeu de Armas, 1944: 137-139). La primera de ellas fue probablemente la de San Sebastián a las que le siguieron pronto las de Laredo, Castro Urdiales, Santander y Bermeo. Años después, existían cofradías de pescadores en decenas de puertos de todo el cantábrico, desde Galicia (Vigo o Tuy), Asturias (Llanes, Avilés o Gijón) y Cantabria (Laredo, Santander o San Pedro de la Barquera) hasta el País Vasco (Lequeitio, Fuenterrabía, San Sebastián, Bilbao o Bermeo). Eran institutos gremiales que agrupaban a las personas dedicadas al mar, en cada villa o ciudad costera. Su poder llego a ser tal que en la Baja Edad Media llegaron a declarar guerras y firmar alianzas y paces. El propio Eduardo III de Inglaterra se quejó al rey castellano Alfonso XI por las correrías que los marinos del Cantábrico llevaban a cabo en sus costas. Muchas de estas cofradías gremiales sobrevivieron en España hasta el siglo XIX en que fueron languideciendo, especialmente a partir de 1861 con la Ley de disolución de los Gremios.

        A diferencia de lo que ocurría con otros gremios, como el de carpinteros, que casi siempre tenían a San José de patrón, los marineros tenían advocaciones muy variadas. Dominaban quizás las dedicadas a San Pedro, pescador de profesión, seguidas de las de San Telmo y el Espíritu Santo. También encontramos algunas bajo la advocación de la Virgen, en el caso sevillano intitulada del Buen Aire y, en otros casos, del Buen Viaje. A continuación, presentamos un pequeño muestreo de las advocaciones de algunas de las cofradías de mareantes de la España Moderna:

 

CUADRO I

ADVOCACIONES DE LAS COFRADÍAS

DE MAREANTES

ASOCIACIÓN

ADVOCACIÓN

LOCALIDAD

Cofradía de mareantes

Santa Catalina

San Sebastián

Cofradía de mareantes

San Pedro

Bermeo

Cofradía de pescadores

San Martín

Laredo

Cofradía de mareantes

San Pedro

Fuenterrabía

Cofradía de pescadores

Espíritu Santo

Zarauz

Cofradía de mareantes

San Pedro

Plentzia

Cofradía de marineros y barqueros

San Pedro

Túy

Cofradía de mareantes

San Pedro

Lequitio

Cofradía de mareantes

Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés

Sevilla

Cofradía de mareantes

Santísimo Sacramento

Cádiz

Cofradía de pescadores y armadores del río Guadalquivir

San Telmo y Nuestra Señora de Guía

Sevilla

Cofradía de Mareantes

San Telmo

El Puerto de Santa María

Cofradía de pescadores

Nuestra Señora del Buen Viaje

Sanlúcar de Barrameda

Cofradía de mareantes

San Telmo

Las Palmas de Gran Canaria

 

        Sevilla, ciudad de larga tradición marinera, tenía, como no, numerosas cofradías de los distintos oficios relacionados con el mar.

 

CUADRO II

COFRADÍAS SEVILLANAS DE OFICIOS

RELACIONADOS CON EL MAR

 

OFICIO

INTITULACIÓN

UBICACIÓN

Gremio de pescadores y armadores del río Guadalquivir

Hermandad de San Telmo y Nuestra Señora de Guía

Hospital y capilla propia, situada en la calle de la Victoria de Triana

Gremio de calafates

Hermandad de los Santos Mártires

Hospital y capilla situada en la calle Sol de Triana

Gremio de barqueros

Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe

¿?

Contratación de marineros

Congregación de Nuestra Señora de las Cuevas

En unos aposentos del Castillo de Triana

Capitanes de barcos

Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora

¿?

Gremio de patronos de barcos

Hermandad de la Virgen del Rosario

¿?

Gremio de cargadores para las Indias y Flandes

Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella

Residencia situada en la Puerta del Arenal

Capitanes, marinos y gentes de las flotas hispanas

Hermandad de la Sagrada Pasión de Nuestro Redentor Jesucristo

Residencia en el monasterio de Santa María de la Merced

Los Cómitres del Rey la Reina

Hermandad de San Nicolás

Hospital y capilla en la collación de la Magdalena “cabe la puerta de Triana”

Señores de naos, pilotos, maestres y contramaestres que navegan en la Carrera de Indias

Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés

Hospital a orillas del Guadalquivir, en la actual calle Betis.

 

Como puede observarse en el cuadro en Sevilla había en el siglo XVI al menos una decena de cofradías gremiales de muy variados oficios relacionados directa o indirectamente con el mar. Una prueba más de la importancia que estas actividades en Sevilla que, al menos desde el siglo XV era uno de los puertos más activos e importantes de la Península. Pues, bien, de todas esas cofradías, las más influyente y poderosa económicamente fue sin duda la de los maestres, contramaestres y señores de naos, bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Aire de la que hablaremos en las páginas que vienen a continuación.


PARA SABER MÁS

 CABALLERO JUÁREZ, José Antonio: El régimen jurídico de las armadas de la Carrera de Indias, siglos XVI y XVII. México, UNAM, 1997.

 

HARING, Clarence H.: Comercio y navegación entre España y las Indias. México, Fondo de Cultura Económica, 1979.

 

MARTÍNEZ, José Luis: Pasajeros de Indias. Madrid, Alianza Universidad, 1983.

 

MENA GARCÍA, Mª del Carmen: Sevilla y las flotas de Indias. La Gran Armada de Castilla del Oro. Sevilla, Universidad, 1998.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Las Armadas Imperiales. La Guerra en el mar en tiempos de Carlos V y Felipe II. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

 

-------“Las cofradías de mareantes de Sevilla y Cádiz: disputas jurisdiccionales”, Revista de Historia Naval, N. 99. Madrid, 2007

 

------ La vida y la muerte a bordo de un navío del siglo XVI: algunos aportes”, Revista de Historia Naval, Nº 108. Madrid, 2010.

 

PÉREZ-MALLAINA BUENO, Pablo Emilio: El hombre frente al mar. Naufragios en la Carrera de Indias durante los siglos XVI y XVII. Sevilla, Universidad, 1997.

 

---------- Los hombres del océano. Sevilla, Diputación Provincial, 1992.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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Memoria

      Los andalusíes “moriscos”, mudéjares moriscos, granadinos,  antiguos, o simplemente los moriscos como se les denomina en los  documentos oficiales y la literatura de la época, siguen dando lugar  a un número creciente de trabajos de investigación, dedicados a  poner luz en este largo e importante período de tiempo, cuyos  avatares marcaron, sin duda, la historia de los países del Sur de  Europa y el Magreb.  Los estudios de microhistoria de las villas y localidades con  presencia de comunidades moriscas han proliferado en los últimos  años y constituyen un paso mas para comprender las similitudes y  diferencias entre grupos regionales, clases sociales e individuos, subsumidos muchas veces bajo el genérico “moriscos”.
                                        
      Pero donde las investigaciones se complican, es precisamente en el   momento de la expulsión de 1609/1614. Es ante ese momento crítico  en el que la Monarquía de Felipe III forzó al exilio y la deportación  a una masa tan significativa de población, cuando aparecen la   multiplicidad de situaciones, casuísticas e incógnitas, que exigen  cuestionar, críticamente a veces, los datos proporcionados por los  propios agentes de la expulsión y los cronistas interesados de la  época.
      El destino de los expulsos, o el de aquellos que eludieron la  expulsión, los itinerarios y las formas y lugares de sus asentamientos  en los nuevos países de acogida, la continuidad identitaria de sus  descendientes en una y otra orilla del Mediterráneo, todo ello sigue   abriendo nuevas puertas a los investigadores en una tarea que sin  duda dará nuevas perspectivas en los próximos años.
      Atendiendo a estas tareas investigadoras, Ojós y el Valle de Ricote, pero no sólo ellos, son un excelente marco geográfico y humano  donde llevar a cabo este II Congreso.
                                                           
Enrique Pérez Cañamares
Fundación Al-Idrisi  

 PROGRAMA CIENTÍFICO PRELIMINAR DEL CONGRESO

 Viernes 24 de Abril 2015
 9:00 h. Entrega de documentación y acreditaciones.

 10:00 h. Presentación e inauguración del Congreso.

 11:00 h. CONFERENCIA INAUGURAL: “El valle de Ricote en las fuentes tradicionales árabes”.  Dr. Ahmed TAHIRI. Universidad de Tetuán / Fundación al-Idrisi Hispano Marroquí – Sevilla, España.

 12:00 h. COCTEL DE BIENVENIDA.

 16:00 h. VISITA GUIADA AL MUSEO Y YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE SIYÂSA: “La vida  cotidiana en una ciudad andalusí del siglo XIII: Siyâsa (visita guiada a su museo y excavaciones).”  Dirigida por Joaquín SALMERÓN JUAN, Director del Servicio de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Cieza y Director del Museo de Siyâsa (Cieza, Murcia).

1.Zona excavada del despoblado de Siyâsa con las obras de cubrición de la casa no 6. Cieza (Murcia). SS. XII y XIII.

2. Jarra con decoración simbólica de aves afrontadas y mano de Fátima. Primera mitad del siglo XIII. Cerámica
esgrafiada sobre manganeso. 30,5 cm. altura x 21 cm. diámetro máximo. Museo de Siyāsa (Cieza, Murcia).
                                                          &
Sábado 25 de Abril 2015

PRIMERA SESIÓN (09:00 - 14:00). “Resistencias, excepciones, ocultamientos y complicidades
ante la expulsión de 1609 / 1614”. Coordina Enrique PÉREZ CAÑAMARES, Fundación al-Idrisi Hispano  Marroquí – Sevilla, España.

9:00 h. Ponencia: “La permanencia morisca en el reino de Granada durante los siglos XVII y XVIII.
Realidades documentales y fantasías genealógicas”.
Enrique SORIA MESA. Universidad de Córdoba.

9:35 h. Ponencia: “La resistencia individual: Alonso Herrador, licenciado y presbítero”.
Trevor J. DADSON. Queen Mary University of London, Inglaterra.

10:10 h. Ponencia: “Moriscos en el Valle de Ricote en tiempos de Felipe III y Felipe IV”
Santiago OTERO MONDÉJAR. Universidad de Córdoba.

10:45 h. 1a Comunicación.

11:05 h. 2a Comunicación.

11:30 h. Pausa / Café.

12:00 - 13:30 h. MESA REDONDA: “Resistencias, excepciones, ocultamientos y complicidades ante la expulsión de 1609 / 1614”. Participantes de la Primera Sesión. Modera Enrique PÉREZ CAÑAMARES.

SEGUNDA SESIÓN (16:00 – 20:00). “Itinerarios, destinos y asentamientos de los expulsos en el Magreb y en los países del sur de Europa”. Coordina Bernard VINCENT. Director de Estudios, Escuela  Superior de las Ciencias Sociales – París, Francia.

16:00 h. Ponencia: “Los moriscos en el Mediterráneo del siglo XVII: movilidad, recursos y estrategias de asentamiento tras su expulsión de la Península Ibérica”.  LOMAS CORTÉS, Manuel. Universidad de Valencia.

16:35 h. Ponencia: “La instalación de los moriscos en el Magreb: entre el relato oficial y el relato morisco” . Houssem ENDINE CHACHHIA. Universidad de La Manouba, Túnez.

17:10 h. Ponencia: “Hombres y nombres de la diáspora morisca” . Luís BERNABÉ PONS. Universidad de Alicante.

17:45 h. Ponencia: “La présence des Morisques dans les régences ottomanes de Tunis et d’Alger, d’après les données des archives locales”.  Ahmed SAADAOURI. Universidad de La Manouba, Túnez.

18:20 h. Pausa / Café.
                                                   &
18:40 h. 3a Comunicación.

19:00 h. 4a Comunicación.

19:20 – 20:30 h. MESA REDONDA: “Itinerarios, destinos y asentamientos de los expulsos en el Magreb y en los países del sur de Europa”. Participantes de la Segunda Sesión. Modera Bernard
VINCENT.

22:00 h. CONCIERTO DE MÚSICA ANDALUSÍ EN OJÓS (MURCIA).
Domingo 26 de Abril 2015

TERCERA SESIÓN (09:00 – 14:00). “Asimilación e identidad morisca antes y después de la expulsión”. Coordina Francisco CHACÓN JIMÉNEZ. Universidad de Murcia.

9:00 h. Ponencia: “ Hogar morisco: familia, transmisión patrimonial y cauce de asimilación” Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO. Universidad de Castilla-La Mancha.

9:35 h. Ponencia: “Muley Xeque: conversión, integración y decepción del príncipe de los moriscos” Esteban MIRA CABALLOS. Universidad de Sevilla.

10:10 h. Ponencia: “El impacto socioeconómico y político de los moriscos en la sociedad argelina” Mohamed AOUINI. Universidad de La Manouba, Túnez.

10:45 h. 5a Comunicación.

11:05 h. 6a Comunicación.

11:30 h. Pausa / Café.

12:00 h. MESA REDONDA: “Asimilación e identidad morisca antes y después de la expulsión”. Participantes de la Tercera Sesión. Modera Francisco CHACÓN JIMÉNEZ.

13:30 h. CLAUSURA DEL CONGRESO. DISTRIBUCIÓN DE LAS ACTAS (en formato digital) Y

DIPLOMAS DE ASISTENCIA.
                                            *****

PARA MÁS INFORMACIÓN: Tlf.: +34 626299109 ; congresomoriscosojos@gmail.com  &  fundacionalidrisi55@gmail.com
                                                     
NORMAS DEL CONGRESO:

1.IDIOMAS oficiales del Congreso: español y árabe.

2.FECHA del Congreso: 24, 25 y 26 de Abril de 2015.

3. LUGAR DE CELEBRACIÓN: Centro Cultural “Tomás López de Poveda”. Avda. del Río Segura s/n.   30611 Ojós (Murcia).

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Nada más arribar Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, en la isla de Guanahaní, encontró a este nativo del que por desgracia no ha trascendido su nombre indígena, pues, todas las fuentes lo citan con el que adoptó en Barcelona tras su bautizo, es decir, el de Diego Colón, en honor al padrinazgo del hijo del Primer Almirante.

         Debía ser muy joven cuando Colón se encontró con él y lo embarcó en la Santa María. Desde el primer momento sintonizó bien con el carácter del Almirante con quien entabló, como ya hemos afirmado, una gran amistad personal. Su gran capacidad de aprendizaje y el azar, pues sobrevivió a las mortíferas epidemias de los primeros años, le convirtieron en una pieza clave como guía por aguas antillanas y, posteriormente, como lengua o traductor.

De esta forma se iniciaba, por parte de España, toda una política de utilización de indígenas para conocer las rutas de las canoas en el Nuevo Mundo. Se trataba de una vieja práctica utilizada durante décadas por los portugueses a lo largo de su proceso de expansión en el cuatrocientos. Así, pues, parece evidente que el Primer Almirante lo aprendió de los portugueses y de éste otros descubridores españoles, como Alonso de Ojeda. La ayuda que prestó este guatiao en la arribada del Almirante a la isla de Cuba está bien fundamentada por Adam Szászdi, pues, los indios de Guanahaní, conocían perfectamente las aguas antillanas al practicar en canoa una navegación de cabotaje.

        Como es bien sabido, Cristóbal Colón al regreso de su primer viaje decidió traerse consigo a diez indios: Diego Colón, dos hijos del cacique Guacanagarí y otros siete indios de la Española que de su voluntad quisieron ir a ver a Castilla... Los objetivos de su embarque estaban muy claros para el propio Almirante:

Primero, debían servir de presentes para los reyes, pues, de hecho, constituyeron, junto a los papagayos verdes y colorados, una de las principales atracciones del cortejo. Y en este sentido, narraba el cronista Antonio de Herrera que a su paso salían gentes por los caminos a ver los indios. Segundo, tras su aprendizaje en Castilla, podrían ser utilizados como intérpretes en su siguiente expedición descubridora. Y tercero, pensó, con gran lucidez por cierto, que aculturando a los reyezuelos indígenas -en este caso caciques o hijos de ellos- y convirtiéndolos en fieles vasallos se favorecería el sometimiento de los demás aborígenes.

         Sabemos muy poco sobre la travesía y la estancia en Castilla del guatiao Diego Colón y de los otros indios que con él venían. Al parecer, de los diez indios embarcados, uno debió morir en la travesía enfermo de morbo. A decir de Joseph Peguero, otros tres los dejó el Almirante enfermos en Sevilla, muriendo días después, pues de hecho al regreso de Colón de Barcelona ya eran difuntos. El resto de ellos, concretamente seis, acompañaron a Colón a la ciudad Condal con la intención de reunirse con los Reyes Católicos. La llegada a Barcelona debió suceder en abril de 1493 pero la ceremonia de bautismo, probablemente oficiada por el Cardenal Pedro González de Mendoza, debió demorarse hasta finales de ese mismo mes o principios del siguiente. Y al parecer, todo ello motivado por el interés de los Reyes en que los indios se preparasen adecuadamente antes de recibir las aguas bautismales. No hay referencias documentales sobre dicho acontecimiento, aunque sí alusiones en fuentes secundarias. Fernández de Oviedo identificó a dos de los bautizados, con los nombres de don Fernando de Aragón y don Juan de Castilla, mientras que Las Casas señaló a un tercero, llamado efectivamente Diego Colón. No se han conservado estas primeras partidas de bautismo de los indios aunque sí una narración de Fernández de Oviedo que nos sirve para entender la solemne pero también pintoresca situación generada:

 

"Y ellos de su propia voluntad y (a)consejados, pidieron el bautismo; y los católicos reyes, por su clemencia, se lo mandaron dar; y juntamente con sus altezas, el serenísimo príncipe don Juan, su primogénito y heredero, fueron padrinos. y a un indio que era el más principal de ellos, llamaron don Fernando de Aragón, el cual era natural de esta isla española y pariente del rey o cacique Goacanagarí; y otro llamaron don Juan de castilla; y los demás se le dieron otros nombres, como ellos los pidieron o sus padrinos acordaron que se les diese conforme a la iglesia católica"

 

         Según Joseph Peguero, estos dos indios citados por Oviedo eran los dos hijos del cacique Guacanagarí que de alguna forma, como indios principales, tuvieron el privilegio de ser los primeros en recibir las aguas bautismales. Evidentemente esta presencia regia, apadrinando incluso a los nuevos cristianos, así como el boato que seguramente presidió la ceremonia debió ser algo muy excepcional. Ya en la época se intuyó la importancia del acontecimiento, pues, no en vano, se trataba de los primeros habitantes del Nuevo Mundo que pisaban tierras europeas. Esos bautizos debieron simbolizar algo así como el punto de partida de una nueva expansión de la cristiandad. Tras su bautizo, comenzaron las tareas de aprendizaje de Diego Colón que debieron ser eficaces, pues, el 26 de febrero de 1495 el Almirante escribía a Su Majestad lo siguiente:

 

         ...Y hablado que hubo con este indio que yo traigo, que es Diego Colón, uno de los que fueron a Castilla, el que ya sabe hablar muy bien nuestra lengua...

 

Probablemente movido por el interés, Cristóbal Colón decidió llevar en su Segundo Viaje descubridor a los cuatro indios supervivientes de los diez que trajo consigo a la vuelta de su Primer Viaje. Sin embargo, salvo Diego Colón, que sorprendentemente no desarrolló la enfermedad en la travesía, el estado de salud de los otros tres aborígenes era muy precario. Estaban infectados de viruelas, enfermedad que, como es bien sabido, transmitieron en la Española, desencadenando una de las primeras grandes epidemias que a la postre terminaron con la población indígena de la isla.

          Así, pues, Diego Colón fue el único que sobrevivió y gracias a su buen aprendizaje del idioma castellano sirvió de gran ayuda al Almirante en su Segundo Viaje. Y en este sentido, el cronista Fernández de Oviedo nos dejó constancia de la actividad de Diego Colón como intérprete:

         E como el Almirante volvía consigo algunos de los indios que había llevado a España, entre ellos uno que se llamaba Diego Colón, e había mejor que los otros aprendido, y que hablaba ya medianamente la lengua nuestra

 

La labor del guatiao de Guanahaní comenzó nada más llegar la segunda expedición colombina a aguas caribeñas. Al parecer, fueron sus indicaciones las que hicieron que el Almirante pusiera rumbo a la isla de Guadalupe. De ahí le orientó hasta Puerto Rico y, posteriormente, a su regreso de la costa meridional de Cuba, a Jamaica. Recién llegados a la Española el Almirante lo utilizó como intérprete ante el cacique Guacanagarí, para conocer las causas exactas de la muerte de los españoles. Una vez averiguado el episodio del fuerte Navidad, Colón decidió llevárselo consigo en su recorrido por las islas del entorno, sirviéndole nuevamente tanto de guía como de traductor. Precisamente, Pedro Mártir de Anglería describió la forma en la que, a través del indio Diego, el Almirante entró en contacto con los aborígenes de la isla de Cuba:

 

         "Mas el Almirante, que tenía consigo a cierto Diego Colón, educado entre los suyos, joven tomado en la primera navegación de la isla vecina de Cuba, llamada Guanahaní, sirviendo de intérprete Diego, cuyo idioma era casi semejante al de estos, habló al que se había acercado más: depuesto el miedo, se aproximó el indígena y persuadió a los demás que se acercaran sin temor y no tuvieran miedo"

 

         Tras regresar de su viaje descubridor, decidió quedarse en la Española y no volver a su isla natal. Pero, ¿por qué no volvió Diego Colón a su tierra de origen?. La respuesta es obvia, pues, como afirmó acertadamente Olaechea Labayen, la isla de Guanahaní, al ser clasificada entre las islas inútiles, no fue poblada por españoles y es probable que el citado indio no quisiera perder el contacto con los cristianos.

Además, el Almirante tenía pensado para el fiel guatiao un alto destino. Por ello, pactó con Guarionex los desposorios entre Diego Colón y la hermana de aquel, llamada Cora. Y el objetivo no era pequeño teniendo en cuenta que los cacicazgos lo heredaban los hijos de la hermana del cacique. Y los resultados no tardaron en llegar, pues, al morir Guarionex en el hundimiento de la flota de Francisco de Bobadilla, allá por julio de 1502, el cacicazgo debió recaer directa o indirectamente en Diego Colón.

           Pero, pese a la posesión del cacicazgo, Diego Colón residió -no sabemos si permanentemente o grandes temporadas- en Santo Domingo. Allí vivió, primero, en casa del Almirante, y posteriormente, en la del gobernador de la Española, frey Nicolás de Ovando en compañía de su esposa, con quien al parecer tuvo un hijo a quien bautizó igualmente con el nombre de Diego Colón.

           Por referencias documentales sabemos que, el 25 de junio de 1503, tres caciques –cuyos nombres ignoramos-, y un niño, hijo de uno de ellos, llamado Diego Colón, fueron enviados a tierras castellanas, en una flota que partió de Santo Domingo. No está totalmente verificado pero, teniendo en cuenta que el guatiao Diego Colon tenía un hijo del mismo nombre, es prácticamente seguro que era uno de los tres caciques embarcados rumbo a España.

         Sabemos muy poco de las actividades de estos tres caciques en tierras peninsulares. De los tres caciques dos murieron en breve, víctimas de diversas enfermedades que los tuvieron postrados en cama durante meses. Pero el tercero de los caciques sobrevivió y fue reembarcado a la Española. Y en este sentido, contamos con referencias documentales en las que se realizan varios descargos, en 1505, por los gastos que se hicieron en el último de los tres caciques que quedaba en Castilla que se "torno a enviar a la isla Española". Un descargo posterior concretaba mucho más al decir lo siguiente:

 

         "A Juan Bermúdez por el flete de pasajes de un cacique que en su navío se envió a la Española este dicho viaje" (1.500 maravedís).

 

Está claro, pues, que uno de los tres caciques regresó a Santo Domingo. En principio no sabemos quién pero, según todos los indicios, sospechamos que debió ser precisamente el guatiao de Guanahaní. Y tal hipótesis la sostenemos sobre la base de la existencia de un cacique Diego Colón en la Española al menos hasta 1514. Además, si sólo uno sobrevivió es muy probable que fuera éste que llevaba años en contacto con los españoles, que había estado ya en España y que seguramente estaba más inmunizado biológicamente. En cambio, su hijo del mismo nombre que, como hemos afirmado, también arribó a la Península, quedó desde su llegada a Sevilla en manos de un tutor. Concretamente fue encomendado al capellán Luis del Castillo, a quien se le asignó un salario anual de 8.000 maravedís "porque tenga a su cargo de dar de comer y enseñar a Diego el Indio, hijo del cacique que, demás de los tres, el gobernador envió a los oficiales para que le hiciesen enseñar las cosas de nuestra santa fe". Los gastos de vestuario, se consideraban extraordinarios por lo que se abonaban aparte al capellán, eso sí, después de presentar el correspondiente justificante. De hecho, a Luis del Castillo se le pagaron, en descargo aparte, 3.750 maravedís por "vestir" al citado indio. También el material escolar constituía un gasto extraordinario, pues, también encontramos desglosados distintas partidas en concepto de material escolar para el citado aborigen. Mientras vivió fue instruido tanto en gramática como, sobre todo, "en las cosas de la fe". Se le compró ropa a la usanza castellana, es decir, zapatos, bonetes, camisas, etcétera, así como material de estudio, como papel y unas escribanías, también encontramos un pago por “unas cartillas que se le compraron” para aprender a leer.

Muchas fueron las esperanzas que se debieron depositar en Diego Colon "el Mozo" para que a su vuelta a la Española colaborase en el proceso de aculturación de sus congéneres. Pero, por desgracia para el joven indio, las cosas no salieron según lo esperado. Durante su estancia en Castilla estuvo afectado por cierta enfermedad pues, en 1505, fue curado de "una postema que le salió... en la garganta". Recibió en todo momento un buen trato, pues, no en vano la Corona pensaba obtener grandes servicios a su vuelta a la Española, según se deduce de una respuesta de Su Majestad a los oficiales de la Casa de la Contratación:

 

Lo que decís del indio, hijo de cacique, que habéis hecho relación, tened cuidado de lo continuar y que sea muy bien tratado así en lo espiritual como en lo temporal de manera que cuando plugiere a Dios que se haya de tornar a la Española vaya de acá muy contento para que los indios tengan conocimiento como acá son tratados y de las cosas de la fe para que sea causa de más ligeramente los atraer a ella".

 

         Sin embargo, su vida debió verse finalmente truncada al enfermar gravemente y morir en agosto de 1506. Durante su enfermedad estuvo en casa de un tal García Sánchez de la Plaza, vecino de Sevilla, que cobró 1.156 maravedís porque "tuvo en cargo al dicho indio en su casa y lo mantuvo y sirvió desde quince de junio hasta nueve de agosto que murió" . En principio podría ser difícil creer que el cacique Diego Colón que encontramos en un proyecto de libertad del Comendador Mayor, Nicolás de Ovando, en 1508, y más tarde aún en el repartimiento de 1514, sea el mismo joven indio que encontrara Colón en Guanahaní en octubre de 1492. Y todo ello, porque la tasa de mortalidad del indio antillano en las primeras décadas de la colonización fue tan elevada que antes de mediar el siglo habían desaparecido prácticamente.

Pero físicamente es posible y Diego demostró su fortaleza al superar sin problemas dos viajes a Castilla, el contacto directo con los españoles y los problemas epidemiológicos. Ya hemos dicho que cuando Colón lo encontró debía ser un muchacho de corta edad, probablemente entre 12 y 15 años por lo que en 1514 debía tener entre 34 y 37 años. Una edad que, pese a la elevada tasa de mortalidad y a la escasísima esperanza de vida entre los indios resulta del todo factible. Por otro lado, no podemos perder de vista las palabras de Bartolomé de Las Casas quién dijo de él que lo conoció mucho y que “vivió en esta isla muchos años, conversando con nosotros”.

         Así, pues, sabemos que en 1508 el viejo gobernador frey Nicolás de Ovando lo utilizó en su experimento de libertad. Para ello seleccionó a los caciques más ladinos –o castellanizados- que encontró en la isla entre los que se encontraba, como no, Diego Colón. El Comendador Mayor buscaba indios castellanizados y obviamente nadie mejor que el guatiao de Colón. El fin explícito era el de averiguar si los indios tenían capacidad para vivir en libertad como "labradores de Castilla". Y como no podía ser de otra forma a Diego Colón, junto al cacique Alonso de Cáceres, se le dio asiento en el término de la ciudad de Santo Domingo. Ignoramos el tiempo exacto que estuvieron estos indios en libertad, aunque, según declaró Juan Mosquera en el interrogatorio de los Jerónimos, debieron ser seis años. El resultado, según afirmaron todos los encuestados, fue el fracaso total. Los indios libertados sólo se dedicaron a sus "cohobas", "areytos" y "otras holgazanerías", descuidando sus haciendas y granjerías. El problema que subyacía tras esta realidad la apuntó con cierta claridad el licenciado Serrano:

 

"Lo que de la condición de los dichos indios se alcanzó es que no son codiciosos de honra, ni de riquezas y como estas dos cosas principalmente mueven a los hombres a trabajar y adquirir...Cesará todo lo que para ella -se refiere a la vida- es necesario..."

 

Tras el fracaso del experimento ovandino, el cacique Diego Colón debió permanecer en Santo Domingo, donde vivió al menos hasta 1514 en que lo encontramos documentado en el Repartimiento General de Alburquerque. Concretamente aparecen dos caciques con el mismo nombre, uno en Santo Domingo con 29 indios, repartidos todos ellos a Francisco de Arbolancha, y otro, en Concepción de la Vega, solo con 15 indios, repartidos a Pero Lope de Mesa.

Pero ¿quiénes eran estos dos caciques del mismo nombre? Vayamos por partes: primero, debemos decir que ambos caciques eran la misma persona. En el texto del repartimiento está la clave al decir que los repartimientos de Concepción de la Vega se completaron con indios procedentes de caciques de Santo Domingo. Por ello, Juan Bautista Olaechea llegó a la conclusión que algunos de los indios del cacique Diego Colón debieron destinarse a completar la dotación de mano de obra indígena de los vecinos de la villa de Concepción. Y segundo, todos los indicios parecen apuntar a que el cacique de Santo Domingo debía ser el guatiao de Guanahaní. Olaechea Labayen niega está posibilidad, al decir que éste, al ser natural de Guanahaní, no podía ser cacique en Santo Domingo. Sin embargo, ya hemos comentado a lo largo de este trabajo que el citado guatiao se afincó definitivamente en Santo Domingo, desposándose con la hermana del gran cacique Guarionex. Nada tenía de particular que ahora figurase como cacique en la Española. Por otro lado, existe la problemática de que su cacicazgo estuviese en Santo Domingo, en tierras que fueron del cacique de Caicimu, Canoabo, y no en la provincia de Cayabo donde estaba radicado el cacicazgo de Guarionex. Sin embargo, tampoco este aspecto tiene nada de particular dado que, el río que pasa por la ciudad de Santo Domingo –el Ozama- era precisamente la frontera entre ambas demarcaciones territoriales. En definitiva, el guatiao Diego Colón, pese a ser natural de Guanahaní, fue cacique en la Española y perfectamente pudo adoptar un cacicazgo en torno a la ciudad de Santo Domingo, donde residía.

Lamentablemente, desde 1514 perdemos toda pista sobre él, pues, no lo encontramos entre los indios reducidos por los Jerónimos en 1519. En principio parece improbable que volviera a sobrevivir a la mortífera epidemia de viruelas que asoló Santo Domingo en 1519, matando a tres cuartas partes de la población indígena. Más bien, nos parece que debió fallecer en esa gran epidemia, cuando debía estar en torno a los 40 años de edad.

En definitiva, en estas líneas hemos intentado reconstruir la vida de un protagonista singular en la historia del Descubrimiento, como es la del guatiao Diego Colón. Un indio que conoció la América prehispánica y la Colonial, que vivió en la soledad de la selva tropical de Guanahaní, en la España de principios del Quinientos y en el Santo Domingo Colonial. Un personaje, pues, excepcional del que por desgracia, y pese a que conoció la lengua castellana, no han llegado testimonios personales escritos. ¿Qué ideas pasaron por la cabeza de este aborigen?, ni lo sabemos ahora ni probablemente lleguemos a saberlo nunca.

 

PARA SABER MÁS

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Indios y mestizos en la España del siglo XVI. Madrid, Iberoamericana, 2000.

 

-------- “Indios guatiaos en los orígenes de la colonización: el caso del indio Diego Colón” Iberoamericana, Instituto Ibero-Americano de Berlín, IV, N. 16, 2004, págs. 7-16

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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          Este tema es uno de los clásicos que a mí me apasionaban cuando estudiaba historia, mucho antes de interesarme por la historia social. Lo retomo ahora como mera curiosidad para disfrute de los interesados en la figura del almirante genovés.

          El Descubrimiento de América no fue un hecho aislado sino, como escribió Daniel J. Boorstin, un eslabón más en una larga cadena de avances y descubrimientos ocurridos a lo largo del siglo XV. En la Edad Media había habido una serie de viajes aislados como los que los hermanos Vivaldi emprendieron en 1291. Estos genoveses partieron de esta ciudad para ir a Ifni en Senegal. En 1312 el catalán Lanceloto Mallocello viajó a las islas Canarias. Marco Polo, aunque fuera por tierra, estaba viajando hasta la China del Gran Kan a fines del siglo XIII.

          Sin embargo, al margen de estos precedentes aislados fueron portugueses quienes a lo largo del siglo XV descubrieron toda la costa de Africa, culminando su hazaña cuando Vasco de Gama llegó a la India en 1494. Según Magalhaes Godinho, las causas de esta expansión de los portugueses por Africa son las siguientes: necesidad de oro, cereales, esclavos tintes, cuero, lacas, expansión de sus pesquerías, devenir de la industria azucarera.A finales del siglo XV, además de las mejoras técnicas, se superaron algunas fronteras psicológicas que posibilitaron que Cristóbal Colón se planteara la posibilidad de navegar hasta la India por occidente. En la Edad Media se pensaba que la zona tórrida era inhabitable. Pero Gil Eannes en 1434 demostró que esto no era cierto. Colón anotó en su volumen de la Imago Mundi, que se conserva en la Biblioteca Colombina de Sevilla: "Terra torrida non est inhabilis". Poco después anotaría el otro elemento clave "Terra est rotunda sférica", la tierra es rotundamente esférica. No debemos olvidar que el tema de la esfericidad de la tierra eraalgo sabido por los  astrónomos de la época pero que nunca fue compartida por el común del pueblo, es decir, nunca fue propiedad de multitudes.

Qué duda cabe, que Cristóbal Colón es una de las figuras más controvertidas de toda la Historia de la Humanidad. Realmente de pocos personajes en la historia se han dicho tantas cosas y se ha escrito tanto. La figura de Colón sigue aun hoy envuelta en una gran nebulosa que da pie a las más aguzadas imaginaciones especialmente entre la gente no especializada.

           En esta ocasión nos vamos a centrar en el análisis de la teoría del pre-descubrimiento.Se trata de una idea que se sostuvo desde los mismos contemporáneos de Colón hasta nuestros días: López de Gómara, Fernández de Oviedo, Solorzano Pereira, Bernardo Alderete, Izpizua, Antonio Ballesteros Beretta y sobre todo el Dr. Juan Manzano, que es sin duda el que le ha dado el impulso definitivo. Contamos con tres grupos de pruebas:

 

1.-Pruebas legales: dentro de este primer grupo de pruebas hay que hablar de las Capitulaciones de Santa Fe otorgadas el 17 de abril de 1492 que era el salvoconducto que recibió Colón para llevar a cabo su viaje de descubrimiento. En ellas se habla de "las cosas suplicadas y que Vuestra Alteza dan y otorgan a don Cristóbal Colón de lo que HA DESCUBIERTO en los mares océanos...". Es sorprendente que aparezca el “ha descubierto” cuando el Almirante aún no había ido América y por tanto no había podido descubrir nada. Se han alegado causas de escaso fundamento como un fallo del copista, lo cual es absurdo pues como ha escrito Juan Manzano "pocos documentos se habrán redactado en una Cancillería con el tacto, esmero y cuidado con el que, sin duda, fue redactado en la Corte de los Soberanos Católicos el que ahora es objeto de nuestra atención". Otra de las razones que se han aducido es la defendida por el profesor Juan Pérez de Tudela que afirma que como son copias de las cancillerías aragonesas  es cierto que el original se perdió  los escribanos transformaron el “va a descubrir” por el “ha descubierto”. Sin embargo, resulta extraño pensar que en unas copias que se suponen fidedignas un escribano real transforme  el verbo sobre todo si al final del documento se le estampa la fecha del día real de la Capitulación. Yo creo que hemos de tener más en cuenta un sabio dicho latino que decía que "las palabras deben ser interpretadas según su propia significación" de manera que si aparece “ha descubierto” hemos de pensar, a falta de pruebas más contundentes, que efectivamente había descubierto.

Existen otras pruebas legales en las que no vamos a entrar pues sería excesivamente amplio, tan sólo decir que en la confirmación de oficios, unos días después de la Capitulación, también se hablaba en los mismos términos. Igualmente en la confirmación de privilegios del 28 de mayo de 1493 se le reconoció su descubrimiento del continente cuando en teoría hasta 1498 no toco en Tierra Firme ni se sabía de su existencia.

 

2.-Pruebas historiográficas: son muchos los cronistas contemporáneos a Colón que nos dejaron relaciones sobre este navegante anónimo. Empezaremos con el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, autor de la famosa “Historia General y Natural de Indias” publicada en 1535. Oviedo dice lo siguiente y lo gloso textualmente: "Quieren decir algunos que una carabela que desde España pasaba por Inglaterra... acaesció que le sobrevinieron tales y tan forzosos tiempos y tan contrarios que hubo de necesidad de correr al Poniente tantos días, que reconoció una o más de las islas de estas partes e Indias... Este volvió muy enfermo a las islas Maderas donde murió en casa de Colón tras confesarle la situación de las nuevas tierras... unos dicen que este maestre o piloto era andaluz, otros le hacen portugués, otros vizcaínos...que estos pasase así o no, ninguno con verdad lo puede afirmar, pero aquesta novela así anda entre la vulgar gente de la manera que es dicho. Para mi yo lo tengo por falso". La tesis de Oviedo está muy clara: afirma que todo el mundo lo creía aunque él no.

Por su parte Francisco López de Gómara, cronista oficial de las Indias, publicó su Historia General de las Indias en 1552. Éste dice lo siguiente: "Y como tuvo noticia de aquellas nuevas tierras por relación del piloto muerto, informose de hombres leídos sobre lo que decían los antiguos acerca de otras tierras y mundos". La tesis de Gómara es que fue después de recibir la noticia de la existencia de tierras al oeste, de boca del moribundo piloto anónimo, cuando comenzó a leer autores clásicos para intentar justificar la existencia de esas tierras al Oeste.

También el famoso dominico Bartolomé de Las Casas se hizo eco en su “Historia de Indias” de la teoría del piloto anónimo. Aunque este autor es algo más ambiguo ya que mezcla la tradición indígena del hombre blanco con la tesis del protonauta. Sin embargo era igual que contundente que los anteriores. Decía así: "según tengo entendido...cuando (el Almirante) determinó buscar un príncipe cristiano que le ayudase e hiciese espalda, ya él tenía certidumbre que había de descubrir tierra y gentes en ellas, como si en ellas personalmente hubiera estado (de lo cual cierto yo dudo)".

Finalmente, Hernando Colón, hijo del primer Almirante y autor de una historia de su padre, viendo que no podía ocultar la cuestión del protonauta porque era sobradamente conocida por todos desvía inteligentemente la atención. Así, habla de otro protonauta llamado Díaz de Tavira que fue de Guinea a la isla Tercera y nunca más volvió. Por tanto ni regreso para contarlo ni fue a Indias.

 

3.-Prueba geográfica: existió la posibilidad física de que algún portugués haciendo la Volta da Mina perdiera el rumbo y llegara a las Antillas. En este sentido, narró Humboldt que en 1731, una barcaza cargada con vinos que hacía la ruta de Tenerife a la Gomera no pudiendo luchar contra los vientos contrarios se abandonó a la corriente y atravesó el Atlántico, aportando a la isla de la Trinidad. Algo parecido le pudo ocurrir al piloto anónimo.

           En mi opinión es factible la tesis de que, viviendo en las islas Azores, desposado con la `portuguesa Isabel de Perestrello, conociese al marino anónimo que había estado en lejanas tierras en occidente y que regresó moribundo. Éste le debió comunicar la noticia al marino genovés antes de morir. Una vez que lo supo, El almirante manipuló todos los datos a su alcance para hacer encajar a la fuerza la existencia de tierras donde le había dicho el piloto anónimo con lo que decían los sabios clásicos. Para ello, y sintetizando lo más posible, realizó dos operaciones:

Primero, redujo la tierra en una cuarta parte, al tomar la medida del grado terrestre de Pierre D`Aylli, que equivocadamente había tomado la milla árabe de 4.000 codos como si fuera la itálica que era de 3.000 codos. A esta idea de un Mundo muy reducido, tan sólo defendido por Aylli por equivocación se aferró toda su vida, por lo que en 1503 se podrá permitir decir "que el mundo no es tan grande como dice el vulgo".

Y segundo, no satisfecho con la reducción del mundo en una cuarta parte, concibió un Asia tremendamente alargada en el Océano al confiar en las cifras de Paolo del Pozzo Toscanelli, que siguiendo a Marino de Tiro había interpretado mal el “me”, unidad de medida chino, alargando excesivamente Asia a costa del océano. Fue de esta forma como Colón unió el mundo más pequeño posible al Asia más alargada. De manera que convirtió las 10.600 millas de distancia entre Europa y Asia en 2.400, con lo que ya estaba en condiciones de afirmar, como afirmó, que Asia y Europa "no multum dista". Todo estaba preparado en la mente de Colón, la empresa era ya perfectamente factible. Aunque ningún sabio del momento respaldo sus cálculos. El propio Colón reconocía "que todos a una mano lo tenían a burla, salvo los dos frailes que siempre fueron constantes". Se enfrentó a todos los sabios de su época, incluida una comisión de cosmógrafos, que mucho mejor informados que él, estaban seguros que ninguna expedición podía alcanzar Asia por occidente. Pero el Almirante, tenía un as guardado en la manga. Era sin duda, su gran secreto.

 

PARA SABER MÁS

 

 JOS, Emiliano: El plan y génesis del Descubrimiento colombino. Valladolid, Cuadernos colombinos, 1979 80.

 MANZANO MANZANO, Juan: Los Pinzones y el Descubrimiento de América. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1988.

------Colón y su secreto. El predescubrimiento. Madrid, CSIC, 1989.

-TAVIANI, Paolo: Cristóbal Colón. La génesis del gran descubrimiento. Novara, 1982.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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