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POLÍTICOS, CORRUPCIÓN Y ALIENACIÓN

Publicado: 03/04/2013 10:58 por Temas de Historia y actualidad en sin tema
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               Las situaciones tragicómicas que estamos viviendo en los últimos años parecen verdaderamente increíbles. Si me las hubieran contado hace un lustro no me las hubiera creído. Resulta que, por un lado, encontramos a algunos políticos –no pocos- que roban dinero, practican tráfico de influencias, se embolsan comisiones millonarias, se inventan ERES falsos, abren cuentas millonarias en Suiza, o heredan bienes de sus progenitores sin pagar el impuesto de sucesión. Y por el otro, a seis millones de parados que, en unos casos han perdido todo su nivel adquisitivo y, en otros, no tienen ni para alimentar a su hijos, personas que pierden sus hogares y miles de nuevos pobres que se tienen que acercar a comedores sociales para al menos tener una comida caliente al día. Hay asimismo miles de jóvenes, muchos de ellos bien preparados, que no encuentran salida laboral alguna; unos se quedarán en España, soportando situaciones de paro o trabajando por sueldos irrisorios, y otros, se marcharán al extranjero en busca del futuro que su tierra natal les negó. La juventud, que si que no tiene culpa de nada, va a pagar los platos rotos, de tanto político corrupto, de tanto banquero abusón y sinvergüenza y de empresarios tramposos que evaden sus impuestos.

Y ante toda esta situación, ¿qué hace el poder? Dicta una orden prohibiendo las manifestaciones a las puertas de las casas de los políticos, no vaya a ser que con tanto jaleo se les atragante el jamón de bellota o el caviar de esturión. Los indignados tan sólo pueden manifestarse en las puertas de las sedes de los partidos políticos, pero no frente a las casas privadas de los políticos, aunque sean corruptos.

Oiga, mire usted, me parece el colmo, que la gente haya sido atracada, apaleada, sacada a la fuerza de sus casas y encima se les prohíba ahora protestar. Es lo único que nos faltaba, que no podamos ir a gritarle al oído a corruptos con nombres y apellidos. Hombre, ¡venga ya! Los desahuciados, los desheredados, los nuevos pobres de solemnidad, tienen derecho a manifestarse pacíficamente cuantas veces quieran y donde quieran. Tienen derecho a no morir en silencio, tienen derecho a ser personas, tienen derecho a defender su dignidad, pese a su pobreza, y tienen derecho a denunciar a aquellos políticos que han causado directa o indirectamente su situación.

Lo único que falta ya es que el poder retome el discurso bíblico y nos digan que nos resignemos con nuestro triste destino, mientras ellos se forran. Eso de que los últimos serán los primeros ocurrirá, si ocurre, en el reino de los cielos pero no en este mundo terrenal en el que estamos aquí y ahora. Y aunque suena a frase trasnochada, de aquellos tiempos en los que el estado y la iglesia controlaban el poder, hay algo peor que todo eso, y es que les hagamos caso. Si eso ocurre habrán conseguido la mayor de las victorias, la alienación del pueblo. Entonces no habrá nada que hacer, todo estará perdido.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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RESUMEN

La explotación del bálsamo de Juan Granada de Consuegra no se hizo mediante la tradicional fórmula secreta sino por un privilegio real. Tras invertir más de 600 ducados en la investigación del nuevo elixir, recibió un privilegio para lucrarse de su venta por espacio de dos décadas. En su concepción científica y empresaria su organización resultó ser extraordinariamente moderna, aunque en otros aspectos seguía siendo muy tradicional. De hecho, seguía buscando esa pócima casi mágica que proporcionara la eterna salud, igual que se había hecho a lo largo de la Edad Media.

El presente artículo pretende ser un punto de partida para el conocimiento de la que es hasta la fecha uno de los más antiguos privilegios reales para la explotación de un medicamento en la historia de España.

PALABRAS CLAVES: Juan Granada de Consuegra, botica, bálsamo y privilegio.

 

 

1.-INTRODUCCIÓN

Desde la antigüedad era frecuente en la literatura la alusión a bálsamos mágicos que sanaban las enfermedades y cicatrizaban las heridas. Verdaderas panaceas con las que muchos soñaban cada vez que veían peligrar su vida por una de las epidemias que periódicamente se desataban o por alguna de las muchas enfermedades incurables que había. Se consumían bálsamos como el estoraque –Liquidámbar orientalis-, que tenía amplias propiedades curativas. En el siglo XV, hubo un florentino, Lorenzo da Bisticci, que hizo una gran fortuna comercializando un bálsamo al que se le atribuían propiedades casi milagrosas. Sin embargo, desde el Descubrimiento de América el interés y el conocimiento de la herborística experimentaron una verdadera revolución. Los europeos se interesaron por las virtudes médicas de la naturaleza del Nuevo Mundo, intentando extraer licores y elixires mágicos. De la noche a la mañana se rompieron las fronteras de la herborística latina, ampliando enormemente el repertorio de remedios naturales. La obra de Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias, fue pionera en ese sentido, y abrió el camino al excepcional catálogo de plantas medicinales que el médico sevillano Nicolás Monardes publicó en 15651.

La herborística indígena suscitó un gran interés, probándose todo tipo de plantas en las que se esperaba encontrar el remedio a las enfermedades que los flagelaban2. Conquistadores y colonos se desvivieron buscando vergeles botánicos. El cirujano de los bucaneros, Alexander Exquemelin, escribió que en la isla Española había una gran cantidad de plantas medicinales que, a su juicio, podían cambiar los almacenes galénicos y hornos paracélsicos3. Realmente, los indios conocían perfectamente las propiedades curativas de sus plantas autóctonas, especialmente sus curanderos, chamanes o behiques, como bien explicó el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo:

Estos, por la mayor parte, eran grandes herbolarios y tenían conocidas las propiedades de muchos árboles y plantas e hierbas; y como sanaban a muchos con tal arte, teníanlos en gran veneración y acatamiento como a Santos...4

 

Efectivamente, aunque los behiques revestían todas sus sesiones curativas con un amplio ritual mágico-ceremonial en el que supuestamente intentaban extraer al enfermo su mal5 lo cierto es que sus éxitos médicos estaban fundamentados en sus amplios conocimientos herborísticos, los cuales no eran privativos de los taínos de la Española, sino de la mayoría de las comunidades indígenas americanas6. Numerosos empresarios u oportunistas intentaron inventar medicinas para comercializarlas tanto en el Nuevo Mundo como en Castilla. A partir de la década de los veinte la Corona se preocupó bastante del envío de plantas medicinales a Castilla, no sólo con la esperanza de que fuera útil médicamente sino también por la posibilidad que existía de que resultase una empresa lucrativa.

La importación de estas plantas medicinales aumentó muy rápidamente hasta el punto que ya en torno a 1530 se consumían grandes cantidades de palo de Guayacán, en el hospital de las Bubas de Sevilla. Concretamente, en julio de 1531, el Rey concedió cierta cantidad de maravedís a Juan de Miranda, administrador de este hospital, para que adquiriese ramas de este arbusto en la Española, pues, había cerca de un centenar de enfermos que se estaban curando precisamente con el agua del palo del guayacán7. La Española terminó adquiriendo merecida fama de ser un auténtico vergel botánico8. Resulta muy llamativo que recetas médicas descubiertas por los españoles apenas unos años antes se estuviesen administrando a los enfermos de los hospitales sevillanos. Sin duda, esta circunstancia nos da idea de la rapidez con que las plantas medicinales indígenas fueron introducidas en el mercado europeo. Pero, sin duda, el elixir indígena que más ampliamente se comercializó y se difundió en España fue el bálsamo de Guaconax, extraído de la planta de este nombre, que a la sazón abundaba en la Española, especialmente en la región de Higüey9.

Hubo algunas costumbres más nocivas que también fueron desgraciadamente adoptadas por Occidente. Se trataba del tabaco, que era una planta ampliamente usada por los amerindios tanto en sus fiestas y areitos, como por los chamanes o behiques para adormecer a sus pacientes. Lo consumían de dos modos básicamente, a saber: uno, en forma de polvos que aspiraban por la nariz, y otro, haciendo sahumerios hasta emborracharse10. En un primer momento su uso estuvo mal visto por los europeos motivo por el cual tan sólo lo usó la población de color11. Los africanos adoptaron desde un primer momento esta nociva costumbre porque dicen que cuando dejan de trabajar e toman el tabaco, se les quita el cansancio12. Sin embargo, en 1518 fray Ramón Pané envió unas semillas de tabaco a Castilla para el jardín de Carlos V, aunque con un fin únicamente ornamental. Sin embargo, pasadas algunas décadas se comenzó a introducir su consumo entre los españoles aunque exclusivamente por las virtudes medicinales que erróneamente se le atribuían. Ya Girolamo Benzoni destacó las virtudes del tabaco, pues a su juicio, remediaba los dolores de cabeza y además era cicatrizante, purgante y expectorante13. Unos años después el médico sevillano Nicolás Monardes volvió a elogiar la planta:

De muy pocos años a esta parte se ha traído a España más para adornar jardines y huertos… que por pensar que tuviese las maravillosas virtudes medicinales que tiene. Ahora usamos de ella más por sus virtudes que por su hermosura, porque cierto son tales que ponen admiración14.

 

El propio Miguel de Cervantes, en su obra Viaje al Parnaso, destacó las excelencias del tabaco, atribuyéndole cualidades estimulantes de la actividad cerebral lo que a su juicio potenciaba la imaginación15.La popularización de su consumo no tardó en producirse. De hecho, hacia 1531 se decía de un vecino de La Habana, llamado Diego Núñez, que consumía tabaco como indio y tenía una haba con otros tabacos...16. El tabaco arraigó tanto en los hábitos de los hispanos de ambos lados del océano, que fue una de las pocas plantas medicinales indígenas que en breve tiempo llegó a cultivarse en la propia Península.

Más llamativo aun fue el caso ocurrido en la isla de Cubagua en torno a 1532. Los vecinos encontraron un acceso o manantial de un líquido viscoso –aceite petróleo le llamaron- al que atribuyeron cualidades medicinales. El 10 de diciembre de 1532 se autorizó a los vecinos de la isla a que gozasen libremente de dicha fuente de aceite petróleo tan útil para la salud de los vecinos. En el citado documento se describía así:

Somos informados que en esa isla de Cubagua se ha descubierto una fuente de un licor de aceite muy provechoso para las enfermedades de las gentes y me ha sido suplicado diese licencia a los vecinos y moradores de la dicha isla que todos gocen generalmente de ella…17

 

Unos años después, la Corona volvió a acordarse de la citada fuente, pidiendo a los oficiales de la isla que remitiesen a España una muestra para analizarla18. No volvemos a tener noticias de la citada fuente de ese aceite curativo por lo que probablemente debió ser alguna quimera más de los vecinos que, a la primera de cambio atribuían cualidades curativas a la primera sustancia extraña que encontraban.

 

2.-LAS FÓRMULAS SECRETAS

Pese a los avances en el conocimiento de las propiedades medicinales de las nuevas plantas americanas, no hubo una ruptura con el secretismo de las fórmulas mágicas de la Edad Media. Tradicionalmente, se mantenía en secreto la composición como medio de controlar el descubrimiento, lo cual se auspiciaba desde las propias estructuras gremiales19. De hecho se llegó a desarrollar todo un género literario basado en la publicación de elixires y fórmulas secretas. En la Europa de los siglos XVI y XVII proliferaron los bálsamos a los que se les atribuían cualidades extraordinarias. Verdaderas panaceas que solucionaban cualquier problema de salud.

Todavía en pleno siglo XVI conocemos casos de elixires que nunca se patentaron y cuya exclusividad radicaba en el secretismo de su fórmula. Fue el caso del ya citado llamado bálsamo de Guaconax, comercializado por Antonio de Villasante, al que se le atribuían propiedades curativas sobre las llagas, y como alivio del dolor; él lo fabricaba secretamente en Santo Domingo20. Desde esta isla caribeña remitía el licor a dos mercaderes genoveses residentes en Sevilla, los cuales se encargaban no sólo de la distribución sino también del marketing. Para ello, realizaban tres acciones: primero, envasaban el producto en vasijas de distintos tamaños, dependiendo de la cantidad solicitada. Segundo, adjuntaban un impreso, que fue redactado por el doctor Morales, médico avecindado en Sevilla, en el que se explicaba tanto sus cualidades como la forma de uso21. Y tercero, establecían obligaciones con cirujanos y mercaderes para que lo distribuyesen por los hospitales de Castilla. De hecho, los dos genoveses se concertaron con el maestre Juan de Peralta, cirujano, para que fuese por Andalucía y otras partes a curar, vender y distribuir el bálsamo22.

Pero la empresa de Villasante fracasó en breve por dos causas: una, que necesitaba un gran capital para poner en marcha semejante empresa. Por ello, tuvo que recurrir a los genoveses Benito de Basinana y Franco Leardo, quienes le dieron el capital a cambio nada menos que de una quinta parte a perpetuidad de sus ingresos netos23. El primero se dedicaba al comercio de jabón y el segundo a la compraventa de azúcar pero ninguno de los dos renunciaban a la posibilidad de ganar dinero en otros sectores, incluso invirtiendo en el comercio de licores medicinales24. Y otro, que se basaba en el secretismo de su fórmula no en la posesión de un privilegio real por lo que se tuvo que enfrentar a otros productos similares que usaban una composición parecida.

Con posterioridad se usaron otros muchos bálsamos, extraídos de distintas plantas y todos ellos, supuestamente, con excepcionales propiedades medicinales. Entre ellos el llamado bálsamo de Tolú –en México llamado huitzilin y en Sudamérica bálsamo del Perú-, que se extraía de un árbol centroamericano –el Myroxylon Pereirae- que se exportaba a la metrópoli a través del puerto de El Callao25. Al parecer, contenía ácido cinámico y cinameína y se usaba tanto en farmacopea como en perfumería. También al liquidámbar se le atribuían propiedades curativas y analgésicas, como destacara el médico sevillano Nicolás Monardes26.

En Italia, tuvo una gran difusión una panacea similar, el bálsamo de Fioravanti, preparado a base de trementina, incienso, mirra, resina, laurel y especias, macerado todo en alcohol27. Sin embargo, el bálsamo más popular de la historia fue probablemente el de Fierabrás, del que habla Don Quijote de la Mancha, originario de la época de Carlomagno que, tras beberlo, se cerraban todas las heridas, incluso las mortales28. El caballero de la Mancha llegó a confesar a su escudero que conocía la fórmula secreta; Sancho Panza, con ese ingenio inocente y popular que poseía, le respondió que ya no quería ínsula sino la receta del brebaje, porque valdría la onza más de dos reales, y podría pasar la vida honrada y descansadamente.

 

3.-EL PRIVILEGIO DEL BÁLSAMO

Como ya hemos dicho, hasta mediados del siglo XVI la explotación comercial de distintos productos medicinales se basaba en el mantenimiento del secreto de su composición o fabricación. Sin embargo, como veremos a continuación, Juan Granada de Consuegra llevó a cabo una verdadera revolución en la investigación y comercialización de su bálsamo a partir de 1570, pasando del secretismo al privilegio29. Él no jugaba con fórmulas secretas sino con la obtención de un privilegio para distribuir el producto en exclusiva. Previo contrato ante notario, cedía la fórmula a cada uno de los boticarios o barberos locales con los que contrataba su fabricación, distribución y venta. Ello tenía dos ventajas añadidas: evitaba la competencia de otros supuestos elixires, pues él tenía la exclusividad sobre ese producto. Y segundo, no necesitaba fabricarlo personalmente ni, por tanto, capital social con el que financiar su empresa. Bastaba con que cediese la explotación y la fórmula a los boticarios locales para que estos fabricasen el licor a cambio de una renta anual.

Pese a la importancia de Juan Granada de Consuegra en la historia de la farmacopea española, apenas conocemos datos biográficos sobre él. Tan sólo sabemos que era natural de la localidad aragonesa de Calatayud, porque así se afirma en la cédula de concesión del citado privilegio. Dado que tiene fecha de 1570 es muy probable que hubiese nacido en el segundo cuarto del siglo XVI.

A juzgar por su apellido, no sería de extrañar que él o alguno de sus ascendientes tuviesen un origen morisco. El apellido Granada aparece con mucha frecuencia entre los conversos, sobre todo entre los expulsados tras la rebelión de las Alpujarras30. En cuanto a su descendencia o a los posibles herederos de su privilegio, tampoco disponemos de información. Sin embargo, a juzgar por la ausencia de documentación es probable que su explotación no durase muchos años. Tampoco parece tener relación alguna con el famoso botánico Sinforoso Mutis Consuegra, sobrino de Celestino Mutis y continuador de su famosa expedición botánica americana, a principios del siglo XIX31.

En cuanto a su negocio del bálsamo apenas teníamos unas pocas referencias en obras de síntesis, sin que existiese hasta la fecha ningún trabajo monográfico. En obras generales de historia de la medicina aparece su nombre citado como inventor de un bálsamo, aprobado por los protomédicos de la corona sin aportar ningún dato más sobre el particular32. Y ello a pesar de la repercusión que su bálsamo tuvo en Castilla y Aragón, gracias al privilegio de explotación.

Según él mismo declaró, estuvo mucho tiempo experimentando su jarabe medicinal, invirtiendo más de 600 ducados en las pruebas y repruebas33. Al parecer, el preciado elixir curaba heridas, yagas y apostemas y había sido aprobado y contrastado por los protomédicos reales, los doctores Diego de Olivares y Bernardo Rodríguez34. Por real cédula otorgada en Córdoba, el 20 de abril de 1570, se le concedió el privilegio de explotación en exclusiva de su nuevo medicamento durante veinte años en todo el reino de Castilla35. Cinco días después los citados protomédicos y el notario real, Diego de Burgos, fijaron el precio de venta del producto en un real la onza36. Lo llamativo es que poco más de siete años después, Juan Granada consiguió que se le aprobase el monopolio en los territorios de la antigua corona de Aragón37. Nuevamente se volvió a reconocer y experimentar el licor, en esta ocasión por el doctor de la corte Francisco Fernández Rajo. Al parecer, las pruebas volvieron a confirmar las extraordinarias propiedades curativas alegadas. El monopolio en esta ocasión se le concedió por doce años, por tanto, mientras en Castilla en estanco finalizaría en 1590 en Aragón lo haría un año antes, es decir, en 1589. Hay algunos aspectos del privilegio que nos llaman la atención y que merecen ser comentados, a saber:

Primero, se trata de una de los privilegios reales farmacéuticos más antiguos conocidos en España. Como es bien sabido, estos privilegios tenían sus orígenes en la Italia del siglo XIII. Sin embargo, en España, donde la ciencia médica estaba más atrasada, fueron bastante más tardías. El 8 de junio de 1567 Isabel Pérez de Paramato, viuda de Aparicio de Zubía, obtuvo una pensión vitalicia de 60 ducados por confesar el secreto del llamado aceite Aparicio inventado por su difunto esposo38. Estaba claro que Zubía había seguido usando en pleno siglo XVI la tradicional fórmula secreta como medio de explotación, mientras que desde 1570 Juan Granada explotó su bálsamo como una verdadero privilegio durante veinte años.

Segundo, sorprende el carácter moderno de la misma, es decir, su fuerte inversión -600 ducados- en investigación así como el paso por un tribunal de protomédicos para que avalasen su aprobación. Todo muy similar a lo que puede ocurrir en la actualidad con una patente farmacéutica.

Y tercero, hay una diferencia importantísima con otros licores secretos encontrados con anterioridad. Tradicionalmente, la única táctica posible para preservar su posible explotación era que el conocedor de la formula la mantuviese en secreto para así poderse aprovechar de ella en exclusividad. Con frecuencia, estos sabios se llevaban a la tumba su secreto, de ahí que en el caso de la viuda de Zubía se le gratificase con una pensión por revelar la fórmula que a su vez le había transmitido su marido antes de morir. El caso de Juan Granada fue totalmente diferente, precisamente porque el privilegio garantizaba su explotación en régimen de monopolio durante veinte años. Por ello, firma contratos con boticarios y barberos para que, siguiendo sus instrucciones, elaboren el citado bálsamo y lo vendan.

 

4.-LOS CONTRATOS LOCALES

Juan Granada de Consuegra se dedicó a firmar contratos individuales con boticarios, barberos, físicos y médicos de numerosas villas y ciudades de España, para que con su licencia, elaborasen y vendiesen su medicina. Hasta la fecha, y pese a no haber realizado una búsqueda sistemática, hemos localizado cuatro escrituras de protocolos en otras tantas localidades españolas.

 

                                             Cuadro I

                                 Contratos firmado por Juan

                                    Granada de Consuegra39

 

FECHA

LOCALIDAD

ASENTISTA

OFICIO

21-V-1570

Carmona (Sevilla)

¿?

¿?

8-V-1572

Sevilla

Gaspar Rodríguez, vecino de Sevilla

Barbero

18-V-1573

Zafra (Badajoz)

Alonso de Luna, Vecino de Zafra

Boticario

IV-1575

Ávila

Diego de Valdenebro, natural y vecino de Pozal de Gallinas, jurisdicción de Medina del Campo

Barbero

22-X-1575

Leganés (Madrid)

Pedro de Pachones, vecino de Leganés

Boticario

 

          El citado privilegio debía tener una durabilidad de cuatro lustros a partir del 20 de abril de 1570, fecha de expedición de la real cédula y, por tanto, debía concluir exactamente el mismo día y mes de 1590. Sin embargo, el hecho de que el asentista aragonés firmase personalmente los contratos en localidades tan distintas de España, ubicadas en Andalucía, Extremadura y Madrid y en un arco cronológico de casi un lustro nos está indicando la magnitud que adquirió el negocio.

          La primera vez que lo documentamos es en la localidad sevillana de Carmona, donde aparece el traslado de la Real Cédula en la escribanía de Gómez de Hoyos, concretamente en el cuadernillo del mes de mayo de 1570. Sin embargo, falta la hoja donde figuraba el contrato con el farmacéutico al que autorizó a elaborar y vender su bálsamo. En los restantes contratos sí que aparecía reflejado el barbero o boticario que contrataba la explotación del bálsamo. En el caso del zafrense Alonso de Luna, sabemos que murió en 1582, traspasando su botica a su hijo Diego de Luna, aunque desconocemos si siguió explotando la concesión del bálsamo40. Hay varios aspectos en estos contratos que nos han llamado la atención y que pasamos a comentar:

Uno, de los tres casos en los que nos consta el oficio del asentista, dos era boticarios y uno barbero. Es decir, es más que probable que todos los seleccionados para la explotación del licor fuesen profesionales del gremio de la medicina o de la farmacopea, es decir boticarios o barberos.

Dos, el área que se concedía a los franquiciados era muy variable, pues a unos se les concedía tan sólo el término municipal de la propia villa o ciudad donde residían, mientras que a otros se les ampliaba la zona de explotación a una comarca o provincia. Así, por ejemplo, en el caso de Ávila se facultó a Diego de Valdenebro, vecino de Pozal de Gallinas, en la jurisdicción de Medina del Campo, a venderlo no solo en la ciudad de Ávila sino en el reino de Castilla. Sorprende la gran extensión territorial del contrato de Valdenebro que podía generar un conflicto de competencias con los contratistas de otras ciudades castellanas.

Y tres, como ya hemos afirmado, el aragonés no entregaba el jarabe sino la fórmula, por lo que cada uno debía fabricarlo en su botica. Esto no tiene nada de particular ya que, como es bien sabido, hasta hace muy poco, todas las farmacias disponían de un almirez en el que machacaban los compuestos químicos o herborísticos para elaborar las medicinas41.

 

5.-CONCLUSIÓN

          La empresa de Juan Granada posee unas características que la hacen singular dentro de la historia de la farmacia en España. Fue uno de los primeros medicamentos en los que la exclusividad de su explotación se fundamentó en un privilegio real y no en una fórmula secreta. Ello, en teoría, le permitiría recuperar la inversión realizada en los largos años de investigación. Se trata del mismo procedimiento que en la actualidad realizan las grandes empresas farmacéuticas y los laboratorios químicos. Por ello, con independencia de la base curativa real que aquel jarabe tuviese, lo realmente interesante es que el procedimiento que se siguió desde su investigación a su puesta en circulación fue extraordinariamente moderno. Los pasos fueron similares, salvando las distancias, a los que experimenta cualquier medicamento actual: investigación, verificación científica, concesión de la patente y de la licencia de explotación, fabricación, comercialización y venta.

          Quedan muchas cosas por saber sobre Juan Granada de Consuegra, su bálsamo y la explotación comercial del mismo. ¿En cuántas localidades se firmó un contrato de explotación?, ¿Cuántos años se mantuvo el negocio?, ¿resultó lucrativo?, ¿cuál era su composición? ¿tenía el medicamento todas o alguna de las propiedades curativas que se le atribuyeron? Son preguntas para las que actualmente no tenemos respuesta. Todos los indicios apuntan a que experimentó una gran expansión por toda la Península, tanto en el antiguo reino de Castilla como en el de Aragón. A largo plazo terminó fracasando como tantos otros bálsamos, sencillamente porque no resultó ser la panacea con la que todos soñaban. Es posible que tuviese cualidades beneficiosas para la salud pero de ahí a conseguir curaciones casi milagrosas en los enfermos, mediaba un abismo. La empresa de Consuegra fue extremadamente compleja y moderna en su concepción científica y empresarial, pero tradicional y atrasada en otros. Esa búsqueda de una pócima que proporcionara la eterna salud no dejaba de recordar a esos bálsamos casi mágicos que se usaban desde la Edad Media y de los que se hizo amplio eco la literatura.

No obstante, la investigación sigue abierta; habrá que esperar a que aparezcan otros contratos locales para comprobar el verdadero alcance de esta empresa y los años que mantuvo su vigencia. El presente artículo pretende ser un punto de partida para el conocimiento de la que es hasta la fecha uno de los privilegios más antiguos para explotar un medicamento de la historia de España.

 

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APÉNDICE I

 

Traslado del privilegio concedido por Felipe II a Juan Granada de Consuegra para comercializar su bálsamo, 25 de abril de 1570.

 

El Rey. Por cuanto por parte de vos don Juan Granada de Consuegra nos ha sido hecha relación que con vuestra industria habéis inventado y hacéis cierto bálsamo con que mediante dichos con mucha facilidad y menos peligro de las personas que fueren curadas de heridas y asimismo de llagas y postemas se sanan y quedan libres y hace otros muchos provechos suplicándonos que teniendo consideración al beneficio y bien general que del dicho bálsamo redundará en estos nuestros reinos, especialmente en la gente de guerra que anda en nuestro servicio por mar y tierra fuésemos servido de daros licencia para que por el tiempo que nuestra voluntad fuese vos y las personas que vuestro poder hubieren y no otra alguna pudiese hacer el dicho bálsamo y curar con él en estos nuestros reinos y señoríos de la corona de Castilla o como la nuestra merced fuese y porque por cierta relación que por nuestro mandado dieron los doctores Diego de Olivares y Bernardo Rodríguez, nuestros protomédicos, con quien trataste y comunicaste lo que toca al dicho bálsamo y la experiencia que de él hicieron y por los buenos efectos y prueba que hacía pareció que siéndonos servido os podíamos conceder la dicha licencia para ello nos acatando lo susodicho y por os hacer bien y merced, siendo el dicho bálsamo nuevamente inventado por vos y no habiéndose dado licencia de lo mismo a otra persona ni usado de él por otro por la presente os damos licencia y facultad para que vos o la persona o personas que vuestro poder hubieren y no otras algunas puedan hacer el dicho bálsamo y curar con él en estos dichos nuestros reinos y señoríos de la corona de Castilla y en las nuestras galeras y armadas por tiempo de de veinte años que se cuenten desde el día de la fecha de esta nuestra cédula en adelante so pena que cualquiera persona o personas que sin tener para ello vuestro poder lo hicieren o trajere de fuera pierdan el dicho bálsamo y los aparejos con que le hicieren y más incurran cada uno en pena de treinta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere la cual dicha pena se reparta de esta manera: la tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare y la otra tercia parte para la nuestra cámara con tanto que lo que por vos o por cualquiera de las dichas personas por vos para ello nombradas ni se pueda dar no se venda cada onza del dicho bálsamo más de al precio de lo que por los de nuestro Consejo fuere ordenado. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidentes y oidores de las nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra casa y corte y chancillerías y a otras justicias y jueces cualesquiera de estos nuestros dichos reinos y señoríos que guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir esta nuestra cédula y lo en ella contenido. Fecha en Córdoba a veinte de abril de mil y quinientos y setenta años, yo el rey, por mandado de su Majestad, Antonio de Eraso.

          Muy poderoso señor: los protomédicos de su Majestad y Diego de Burgos, boticario de vuestra Majestad, vimos y entendimos el bálsamo y composición e industria y simples que lleva y muy justa y moderadamente vale cada una onza del dicho bálsamo han tenido en esta petición un real y porque esto es así lo firmamos. Fecho en Córdoba en veinticinco de abril de mil y quinientos y setenta años. El doctor Bernardo, doctor Olivares, Diego de Burgos.

          S.C.R.M.: don Juan Granada de Consuegra dice que por la cédula de licencia que vuestra Majestad le hace merced de poder hacer el bálsamo o quien mi poder hubiere por la información de los protomédicos mande vuestra Majestad sea tasado por el Consejo, suplica a vuestra Majestad atento se me hace merced de que yo quede con mi secreto y me aproveche por ser la medicina tan buena y reaprobada que yo diga con mi juramento a quien me fuere remitido el costo de la onza y conforme esto sea tasado pues recibo la onza de mi secreto que nadie lo sepa que yo informaré como hombre de bien y cristiano y la verdad sin que nadie me saque el secreto que vuestra Majestad me hace merced porque he gastado más de seiscientos ducados en las pruebas y reprueba de ello y en ello me hará vuestra Majestad bien. Informen los protomédicos y el boticario de su Majestad.

(A.P.C. Gómez de Hoyos 1570, s/fol.)

 

 

APÉNDICE II

 

Concesión del monopolio de la producción, distribución y venta del bálsamo por doce años en los territorios de la Corona de Aragón, 30 de mayo de 1577.

 

Nos don Felipe por cuanto por parte de vos Juan Granada y de Consuegra nos fue hecha relación diciendo que con vuestra industria habéis inventado y hacéis cierto bálsamo con que mediante Dios con facilidad y sin peligro de las personas que se curan con él sanan de las heridas, llagas y apostemas que tienen y hace con sus personas otros muchos buenos efectos y que teniendo nos respeto al beneficio y bien general que del dicho bálsamo redundará en nuestros reinos y señoríos especialmente en la gente de guerra que andaba en nuestro servicio por mar y tierra os dimos licencia y prohibición para que ningún otro sino vos pudiese hacer el dicho bálsamo, ni usar ni curar con él en nuestros reinos de Castilla sino vos o quien vuestro poder tuviese por tiempo de veinte años como nos ha constado y consta por nuestra cédula original que sobre ello os mandamos despachar que fue fecha en Córdoba a veinte de abril (de) mil quinientos setenta. Y porque deseáis que el mismo beneficio se haga en nuestros reinos y señoríos de la corona de Aragón nos habéis hecho suplicar muy humildemente fuésemos servido mandaros dar semejante licencia y prohibición como la de Castilla para los dichos nuestros reinos y señoríos de la corona de Aragón por el tiempo que fuésemos servidos. Y nos, considerando que cuando os dimos la dicha licencia para Castilla mandamos ver y experimentar el dicho bálsamo que por relación de nuestros protomédicos nos constó ser conveniente y provechoso y que también ahora de nuevo habemos mandado reconocer y experimentar al doctor Francisco Fernández Rajo, médico nuestro criado y por su relación entendemos ser de mucha utilidad para los efectos arriba dichos, habemos tenido por bien condescender a vuestra petición en la manera infrascripta. Por ende con tenor de las partes de nuestra cierta ciencia y real autoridad damos licencia, permiso y facultad a vos el dicho Juan Granada y de Consuegra y a la persona o personas que vuestro poder tuvieren que podáis hacer el dicho bálsamo y curar con él en cualesquier ciudades, villas y lugares de los dichos nuestros reinos y señoríos de la Corona de Aragón, prohibiendo según que con las presentes prohibimos y vedamos que ninguna otra persona lo pueda hacer ni curar con él en los dichos nuestros reinos y señoríos sino vos o quien vuestro poder tuviere por tiempo de doce años que empiecen a correr desde el día de la data de las presentes en adelante so pena de doscientos florines de oro de Aragón, divididera en tres partes iguales: una a nuestros reales cofres, otra, al acusador, y la tercera, para vos el dicho Juan de Granada y de Consuegra, mandando con el mismo tenor de las presentes de la dicha nuestra cierta ciencia y real autoridad a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes, la cancillería regente, el oficio de general gobernador, alguaciles, porteros, vergueros y de otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos nuestros reinos y señoríos de la Corona de Aragón constituidos y constituideros (sic) y a sus lugartenientes y regentes (de) los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra real indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de los bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestro s reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición y todo lo en ella contenido os tengan, guarden y observen tener, guardar y cumplir y observar, hagan sin contradicción ni permitir ni dar lugar que sea hecho lo contrario en manera alguna si nuestra gracia les es en hora y demás de nuestra real indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de lo cual mandamos despachar las partes con nuestro sello real común en el dorso, selladas y datadas, en San Lorenzo el Real, a treinta de mayo año del nacimiento de nuestro Señor de mil quinientos setenta y siete. Yo el Rey.

(A.C.A. Cancillería, registros, N. 4307, fols. 91r-92r)

1 MONARDES, N. (1565), Libro que trata de las cosas que traen de las Yndias Occidentales que sirven en la Medicina, Sevilla, Imprenta de Sebastián Trujillo.

2. Incluso, se confeccionaron libros de herborística indígena como el de CRUZ, M. de la (1991), Libellus de Medicinalibis indorum herbis (manuscrito azteca de 1552), México, Fondo de Cultura Económica.

3 EXQUEMELIN, A. O. (2009), Piratas de América, Madrid, Dastin, 60-61.

4 FERNANDEZ DE OVIEDO, G. (1992), Historia general y natural de las Indias, T. I, Madrid, Atlas, 112. Por su parte José Peguero, un historiador del Siglo XVIII se hizo eco de estas informaciones de Fernández de Oviedo y de Herrera al afirmar lo siguiente: "Eran los sacerdotes; por la mayor parte muy herbolarios, y con el conocimiento que tenían de las virtudes de las hierbas medicinales, curaban las dolencias de los indios, y les hacían creer, que estas curas eran milagros que ellos hacían con facultad que les habían dado sus dioses". PEGUERO, J. (1975), Historia de la conquista de la isla Española de Santo Domingo, trasumptada el año de 1762, T. I, Santo Domingo, Museo de las Casas Reales, 112.

5 No vamos a insistir en los detalles del ritual ya que fue descrito a la perfección por el padre Las Casas, Fernández de Oviedo, Antonio de Herrera, fray Ramón Pané. Una buena descripción, basada en los escritos de Pané, puede verse en CASSA, R. (1990), Los taínos de La Española, Santo Domingo, Editorial Búho, 178-179.

6 Por ejemplo, Motolinía, refiriéndose a los indígenas de Nueva España dijo, que hay algunos de ellos de tanta experiencia, que muchas enfermedades viejas y graves, que han padecido los españoles largos días sin hallar remedio, estos indios los han sanado... MOTOLINIA, T. de (1990), Historia de los indios de la Nueva España, T. II, México, Editorial Porrúa, p. 102.

7Real Cédula a los oficiales de Sevilla, Ávila, 31 de julio de 1531. AGI, Indiferente General 1961, L. 2. Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla para que informasen de la cantidad de guayacán que había en las atarazanas de Sevilla, Ávila, 31 de julio de 1531. AGI, Indiferente General 1961, L. 2, fols. 88v-89r.

8 El cirujano de los bucaneros, Alexander Exquemelin, escribió en 1666 que en la isla Española había una gran cantidad de plantas medicinales -entre ellas cita la cañafístula- que, a su juicio, podían cambiar los almacenes galénicos y hornos paracélsicos. EXQUEMELIN (2009), 60-61.

9 FERNANDEZ DE OVIEDO (1992), T. II, 19.

10 Aunque existe mucha bibliografía al respecto puede verse la voz cohoba en TEJERA, E. (1951), Palabras indígenas de la isla de Santo Domingo, Ciudad Trujillo, Editora del Caribe, 144-146.

11 BENZONI, G. (1989), Historia del Nuevo Mundo, Madrid, Alianza Editorial, 148.

12CASSA, R. (2002), Los indios de las Antillas, Madrid, MAPFRE, 309.

13 BENZONI (1989), 148.

14 ÁLVAREZ PELÁEZ, R. (1993), Medicina y farmacia en la época colonial. En Huella de América en España, Valencia, 251.

15 LÓPEZ-MUÑOZ, F. y ÁLAMO C. (2007), El Dioscórides de Andrés Laguna en los textos de Cervantes: de la materia medicinal al universo literario, Anales Cervantinos, 39, Madrid, 207.

16Juicio de residencia tomado a Gonzalo de Guzmán, Teniente de Gobernador de la isla de Cuba, 1531. AGI, Justicia 52, Pieza 1ª, fol. 657v

17 Real cédula a los oficiales de la isla de Cubagua, Madrid, 10 de diciembre de 1532. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, fols. 33v-34r.

18 Real Cédula a los oficiales de la isla de Cubagua, Valladolid, 3 de septiembre de 1536. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, fol. 122r.

19 Véase el interesante trabajo de RODRÍGUEZ GUERRERO, J. (2007), Vendedores de panaceas alquímicas entre los siglos XVI y XVII, Azogue, 4, 90. Sobre la comercialización de libros secretos véase a EAMON, W. C. (1985), Books of Secrets in Medieval and Early Modern Science, Sudhoffs Archiv, 69, 24-69.

20 Es López de Gómara quien lo designa bálsamo bastardo para distinguirlo del de Judea. LÓPEZ DE GÓMARA, F. (1985), Historia General de las Indias, T. I, Madrid, Orbis, 70.

21 No era exactamente un prospecto ya que presumiblemente no aparecían las formas de empleo, pero en cualquier caso era presumiblemente el antecedente de ese conocido documento, usual a partir del siglo XIX.

22 Sobre el bálsamo de Antonio de Villasante y su comercialización, véase mi trabajo (1997): La medicina indígena en La Española y su comercialización (1492-1550), Asclepio, 49-2, 185-198.

23 Real Cédula a Antonio de Villasante, Monzón, 5 de junio de 1528. AGI, Indiferente General 421, L. 13, fols. 191v-192.

24 OTTE, E. (1996), Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media, Sevilla, Universidad, 1996, 70 y 156.

25 Cit. en Acción de España en Perú, 1509-1554. Madrid, Ministerio del Ejército, 1949, 456.

26 ÁLVAREZ PELÁEZ (1993), 218-220.

27 LÓPEZ-MUÑOZ (2007), 206.

28 Sobre este bálsamo de Fierabrás puede verse la monografía de PUERTO, J. (2005), La fuerza de Fierabrás. Medicina, ciencias y terapéutica en tiempos del Quijote. Madrid, Editorial Just in Time.

29 El privilegio real, inaugurado por este bálsamo de Juan Granada , implicaba un privilegio de explotación en exclusiva por un tiempo determinado; el garante de la utilidad era la Corona. La diferencia principal con las patentes, que se regulan a partir de un R.D. del 16 de septiembre de 1811, es que en este caso el responsable no era la Corona o el Estado sino el individuo. SAIZ GONZÁLEZ, J.P. (1996), Legislación histórica sobre revolución industrial: España (1759-1929). Madrid, Oficina Española de Patentes y Marcas, 7.

30 Por poner un ejemplo, el 6 de marzo de 1575 se bautizó en la parroquia de Santa María de Trujillo una niña llamada Brionda, hija de García de Granada y de María de la Torre, su mujer, ambos moriscos.

Libro de bautizos de la parroquia de Santa María de Trujillo. Centro Cultural Santa Ana, Microfilm 190, ítem 4.

31 Había nacido en 1778 y viajo en la expedición botánica de su tío, sucediéndole tras su fallecimiento. Véase, V.V.A.A. (2009), Ciencia y la expedición botánica en la Independencia, Santa Fe de Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, p. 36. Sobre la genealogía de la familia Mutis Consuegra, y en particular sobre la madre del botánico, María Ignacia Consuegra puede verse el artículo de HARKER, S. (1984), “Los Mutis”, en Estudio, 293, Bucaramanga, 13-25.

32 CIGNOLI, F. (1967), Los inventores de medicamentos y el privilegio Real, Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia, 18 (71), 97-100. GRANJEL, L. (1980), La medicina española renacentista, Salamanca, Universidad, 252. CLOUSE, M. L. (2011), Medicine, Government and Public Health in Philip II`s Spain, Farnham, Ashgate, 84.

33 Véase el apéndice I.

34 Ibídem. El protomedicato, fue una institución creada por los Reyes Católicos que, entre otras cosas, controlaba el acceso al ejercicio de profesiones sanitarias, otorgando la pertinente licencia una vez que el aspirante demostraba la suficiencia de sus conocimientos.

35 El citado documento lo hemos encontrado trasladado en los archivos de Sevilla, Carmona, Zafra y Leganés. Su transcripción puede verse en el apéndice I.

36 Ibídem.

37 Concesión del monopolio del bálsamo en Aragón, San Lorenzo el Real, 30 de mayo de 1577. Archivo de la Corona de Aragón (A.C.A.) Cancillería, registros N. 4.307, fols. 91r-92r. Transcrito íntegro en el apéndice II. Alude al citado documento COBO GÓMEZ, J. V., Juan Bautista Juanini (1632-1691). Saberes médicos y prácticas quirúrgicas en la primera generación del movimiento novator, Tesis doctoral leída en 2006 en la Universidad Autónoma de Barcelona, bajo la dirección de los doctores Alvar Martínez Vidal y José Pardo Tomás (publicada en la red), 276. A su vez cita a JORDI GONZÁLEZ, R. J. (1973), Privilegios especiales concedidos por el protomédico del Principado de Cataluña y Condados del Rosellón y la Cerdaña durante la primera mitad del siglo XVII, Medicina e Historia, 24, 3-4.

 

38 CUADRA BLANCO, F. de la (1999), La patente farmacéutica en España. Industria farmacéutica y propiedad industrial, Madrid, Universidad Complutense, 36.

39 Fuentes: para el caso de Sevilla A.P.S. escribanía de Gaspar Romano, oficio 2, Libro 1 de 1572, fols. 1058r-1058v. Cit. en CUADRA BLANCO (1999), 36. Para el caso de Carmona (Sevilla): Archivo de Protocolos de Carmona, escribanía de Gómez de Hoyos 1570-1575, s/ fol.; Zafra (Badajoz): Archivo Municipal de Zafra, escribanía de Rodrigo de paz Tinoco 1573, fols. 104r-105v; Ávila: Archivo Histórico Provincial de Ávila, Protocolo 330, información de Juan Carlos Bermejo, aparecida en http://bermejoyclio.blogspot.com (consulta del 5-II-2013). Y Leganés en el Archivo Histórico Provincial de Madrid, lib. 32.559, fols. 379r-380v, transcrito y publicado en DOMÍNGUEZ APARICIO, J. y DOMÍNGUEZ DE CASTRO, S. (s/a), Leganés en el Archivo Histórico de Protocolos. Colección documental (siglos XVI-XVIII), Madrid, Visión Net, 2007, 52.

40 El 20 de noviembre de 1582, Diego de Luna reconoció un censo de 803 a favor de la cofradía de la Caridad de Zafra que tenía situados sobre una huerta que heredó de su difunto padre en el camino de la Fuente, linde con huerta de Perales. Al parecer, el censo lo impusieron Gregorio Rodríguez Adalid y su esposa Elvira Sánchez, de quien compró la heredad Alonso de Luna y luego recayó en su hijo Diego de Luna. A.M.Z., Rodrigo de Paz Tinoco 1582, fols. 720r-721r. Diego de Luna poseía sus casas principales –no sabemos si también su botica- en la calle de Santa Ana. Carta de tributo otorgada por el licenciado Juan Adame, Zafra, 14 de mayo de 1585. A.M.Z. Rodrigo de Paz 1585, fols. 272r-273v.

41 Las boticas estaban reguladas por las ordenanzas municipales, donde se establecía todo lo relacionado con estos establecimientos: el horario de apertura, las guardias, el examen de los boticarios, etcétera. El titular o el mancebo examinado debían estar permanentemente en la botica, a las horas convenidas, con el objetivo de que pudiesen atender a los posibles clientes. La autoridad que poseía las competencias sanitarias sobre las boticas y los boticarios eran los corregidores. Por tanto, dependían de cada uno de los concejos que, no en vano, eran los que aprobaban sus ordenanzas gremiales. Véase mi estudio sobre el caso concreto de Carmona. MIRA CABALLOS, E. (2008), Boticarios carmonenses del quinientos, Estela, 87-89.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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Ya hemos comentado en otras ocasiones que el poder, sea del color que sea, y en todos los tiempos, desde el origen de la civilización a nuestros días, siempre ha intentado justificar sus actuaciones. Y para ello, no ha dudado en utilizar cualquier tipo de artimaña, usando todo su arsenal dialéctico en la consecución de ese objetivo.

Desde el poder se han justificado todo tipo de atropellos imperialistas, tanto territoriales como económicos, así como la hegemonía de los poderosos con el consentimiento o el beneplácito de las masas. Hace pocos años leí un texto de un profesor universitario de Historia que explicaba que en la conquista de América, los indios fueron los responsables de las matanzas por mantener, con sus rebeliones, un constante y latente estado de guerra. De esta forma, convertía a las víctimas en sus propios verdugos, justificando así la expansión imperial de los Habsburgo.

Con sorpresa y estupor he leído en la prensa la forma en que algunos políticos desacreditan a los indignados, tratando de neutralizar sus protestas. Se ha llegado a decir que estas personas que últimamente se manifiestan pacíficamente contra los desahucios, a las puertas de las casas de los políticos, se comportan como los Nazis. Aunque parezca increíble, ha comparado la actitud de estos indignados con las actuaciones de los miembros del partido Nazi. ¿Esta política nunca ha escuchado hablar de las SS, de los campos de concentración, de las cámaras de gas, del racismo genocida, del espacio vital? ¿Cómo es posible hacer esta comparación? ¿Por qué no ha pedido nadie la dimisión de la persona que ha pronunciado con total impunidad semejante barbaridad? ¿Alguien encuentra algún parecido entre esta pobre gente, que ha perdido lo más sagrado, su casa, con la estructura de poder de los miembros del partido Nazi? Obviamente no.

¿Y entonces? Pues no se trata más que de lo mismo de siempre, es decir, de un intento de justificar lo injustificable y de colocar a las víctimas en el disparadero. Y ya se sabe el dicho: una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Así que a ver si a base de repetirlo algo queda y se convierte en una verdad o al menos en una media verdad, para así desactivar a estos nuevos pobres de solemnidad y evitarse las molestias que causan. Desgraciadamente, esto es lo que ha pasado desde tiempo inmemorial con las personas que osan retar al poder; como diría Walter Benjamin, tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, un enemigo que no ha cesado de vencer.

ESTEBAN MIRA CABALLOS