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        Juan José Freire y Armijo nació en 1778 y murió en Carmona el 4 de febrero de 1851. Era hijo del capitán Francisco Freire, natural del pueblo de Santo Thomé, en Galicia, y de la carmonense doña Josefa de Armijo. Su hermano, el general Manuel Freire, destacó en la Guerra de la Independencia, sobre todo por su victoria sobre los franceses en la batalla de San Marcial.

        Juan José Freire, a diferencia de su hermano, decidió hacer carrera eclesiástica, desempeñando simultáneamente los cargos de presbítero y beneficiado de la iglesia de San Bartolomé de Carmona, así como los de examinador sinodal del arzobispado y vicario ecónomo. También fue administrador del hospital de San Pedro de Carmona, entre 1820 y 1826, así como hermano mayor -durante 21 años- de la cofradía de Jesús Nazareno de la misma localidad.

        Obviamente, Freire no destacó por su oficio de presbítero sino por su lucha en la Guerra de la Independencia y por sus ideas políticas. Efectivamente llevó una intensa actividad durante todo el período que duró el enfrentamiento con los franceses, participando en la Junta Revolucionaria de Carmona y en el reclutamiento del Batallón -después regimiento- de Cazadores de Carmona. También desarrolló una intensa actividad social a favor de los más desfavorecidos, cuidando a niños expósitos de la casa cuna, y gestionando eficaz y caritativamente el hospital de San Pedro.

        A partir de 1814, con la restauración de la Monarquía Absoluta, Freire desplegó todo un ideario liberal, verdaderamente inusual en un cura del siglo XIX. Él, que tanto luchó por la libertad, jamás aceptó el absolutismo restaurado por Fernando VII. Su ideario quedó de manifiesto en el discurso que pronunció en la iglesia Prioral de Santa María el 23 de julio de 1820 con motivo de la erección del nuevo Congreso Nacional, resultante tras el conocido pronunciamiento del Coronel Riego. No se conformó con defender las ideas liberales y republicanas, sino que además hizo una crítica feroz a la política llevada a cabo por la administración fernandina durante el Sexenio Absoluto. Elogió, haciéndose eco de las teorías de Montesquieu, la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Para él la prosperidad del Estado sólo se podía fundamentar sobre este triple reparto del poder. Clamó por la libertad del pueblo como un bien inalienable de todos los ciudadanos. Estaba convencido de que Dios ayudaría al pueblo español a conseguir esa libertad, al igual que guió hacia la misma al pueblo hebreo. Y finalmente, manifestó su simpatía por la República Romana frente a la tiranía de la fase imperial. Una defensa del régimen republicano que no debió sentar nada bien en amplios sectores sociales de la Carmona de 1820. Claro está que manifestar tan siquiera ligeras simpatías por el régimen republicano, aunque estuviesen referidos a la civilización romana, resultaban una auténtica afrenta para los ideales monárquicos de Fernando VII y de la mayor parte de los españoles de la época.

En definitiva, estamos ante un personaje excepcional en la difícil España decimonónica; un hombre que se enfrentó al conservadurismo y al absolutismo de la España fernandina.

 

BIBL.: J. J. FREIRE: Discurso pronunciado el día 23 de julio de 1820 en la iglesia Prioral de Santa María por D. Juan José Freire, presbítero, beneficiado propio de la parroquia de San Bartolomé, con motivo de la solemne acción de gracias que celebró el ilustre ayuntamiento constitucional de la ciudad de Carmona, por la instalación del Congreso Nacional, y juramento hecho por S.M. C. ante él. Sevilla, por D. Manuel de Aragón y compañía, 1820; E. MIRA CABALLOS, Esteban: "Juan José Freire: un personaje ilustre del siglo XIX hermano de Nuestro Padre", Boletín de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Nº 17. Carmona, 2000. E. MIRA CABALLOS: 1997: “Don Juan José Freyre: un presbítero liberal en la Carmona del siglo XIX", Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 2000; M. C GÓMEZ MARTÍN Y M. T. LÓPEZ DÍAZ: El hospital de San Pedro (1615-1875). La evolución de la sanidad en Carmona. Carmona, Excmo. Ayuntamiento, 1997.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

    

 

 

 

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No tenemos constancia documental de su nacimiento. Publio Hurtado, lo hace natural de Alcántara, basándose en dos argumentos poco consistentes: uno, en la existencia del apellido Villarroel en esta localidad cacereña. Y dos, en su supuesta marcha al Nuevo Mundo, en 1502, en la flota de frey Nicolás de Ovando, en la que viajaron numerosos extremeños. Sin embargo, y a falta de fuentes documentales, las referencias que poseemos de los cronistas no apuntan a un origen extremeño sino andaluz. Mientras Pedro Cieza de León lo cita solamente como un “español llamado Villarroel”, Nicolás de Martínez Arzáns y Vela, se mostró bastante más preciso al decir que "era este capitán de los nobles de Andalucía, natural de la ciudad de Carmona, y uno de los pacificadores de la provincia de Charcas".

El carmonense se asentó a su llegada a La Española en la villa de Salvaleón de Higüey, donde formó parte de la élite, recibiendo, en el repartimiento general de 1505, una modesta encomienda de indios. Sin embargo, como tantos otros españoles, al no ver cumplidas sus expectativas económicas decidió marchar de la isla a la primera oportunidad. Por ello, en 1511 no dudó en enrolarse en la expedición que llevó el adelantado Diego Velázquez a la vecina isla de Cuba.

En esta otra isla antillana tampoco parece que destacara, por lo que volvió a salir de la misma, dirigiéndose en esta ocasión al área andina. Según algunos cronistas participó activamente en la conquista de la zona de Charcas, actualmente perteneciente a Bolivia. Una vez sometido el territorio se asentó en el mismo, recibiendo, en compensación por sus servicios una encomienda de indios. Sin embargo, la fortuna le llegó de casualidad. Un indio suyo descubrió las célebres minas del Potosí, fundando posteriormente la villa del mismo nombre. Según la tradición, Villarroel tenía un indio, llamado Gualpa, que cuidadaza de sus ganados en el cerro que los nativos llamaban de Potosí. Un día se le hizo tarde y decidió quedarse y pernoctar en el cerro. Como hacía frío, recogió pastó e hizo una hoguera para calentarse. Al día siguiente, pudo ver con sorpresa, una mancha blanca, que resultó ser plata fundida. Al principio no dijo nada a nadie y se benefició él de su hallazgo. Pero, como no podía ser de otra forma, el carmonense notó el cambio. Interrogado por su señor, terminó confesando. Corría el mes de abril de 1544. El descubrimiento del Cerro Rico de Potosí, yacimiento argentífero desconocido por los Incas, se convirtió en el mayor hallazgo minero de todo el Nuevo Mundo. El carmonense se aprovechó de la situación, enriqueciéndose rápidamente. En 1547 Juan de Villarroel obtuvo la confirmación del Título de descubridor del Cerro y fundador de la Villa Imperial de Potosí, así como un escudo de armas para ella. Se convirtió en el primer gobernador de ella. En breve tiempo fue tanta gente a sacar plata que, como decía Cieza de León, “parecía aquel sitio una gran ciudad”.

Pudo haber vivido dignamente, como gobernador y con las rentas que le reportaba su explotación minera pero, como tantos otros conquistadores, su inquietud por ganar más honra y riquezas le superó. Teniendo ya más de 50 años participó en las guerras civiles del Perú que enfrentaron a las tropas leales del virrey Pedro de La Gasca contra el insurrecto Gonzalo Pizarro. Aunque luchó en el bando vencedor, el del virrey, resultó gravemente herido, a principios de 1548, concretamente en la batalla de Xaquixahuana. Afortunadamente se recuperó, pero sorprendentemente decidió alistarse en otra nueva aventura. Ni más ni menos que en la arriesgada expedición que, en 1549, llevó el desventurado Pedro de Valdivia a Chile. La resistencia de los araucanos fue mucho mayor de lo esperado. En 1553, estando en el fuerte de Tucapel, fundado por el propio Valdivia, fueron atacados por los indios, liderados por Lautaro. Los hermanos Juan y Andrés de Villarroel perdieron la vida, junto al resto del contingente español que lo defendía. El luctuoso suceso ocurrió el día de Navidad de 1553.

Desconocemos si dejó descendencia. El 14 de mayo de 1588 un tal Cristóbal de Villarroel declinó el cargo de alcalde del crimen en la audiencia de Lima. Nada tendría de particular que tuviese algún parentesco con el carmonense, extremo que, sin embargo, no hemos podido verificar.

 

BIBL.: E. MIRA CABALLOS: “Juan de Villarroel, conquistador”, en Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 1989; E. MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna: religiosidad y arte, población y emigración a América. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 1999; E. MIRA CABALLOS: Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial español, 1502-1509. Santo Domingo, Patronato de la Ciudad Colonial, 2000; P. HURTADO: Los extremeños en América. Sevilla, Gráficas Mirte, 1992; F. MORALES PADRÓN: Historia general de América. Madrid, Espasa Calpe, 1975; T. TRAYER OBJEDA: Valdivia y sus compañeros. Santiago de Chile, 1950; P. CIEZA DE LEÓN: Crónica del Perú. Madrid, Sarpe, 1985; V. NAVARRO DEL CASTILLO: La epopeya de la raza extremeña en Indias. Granada, Gráficas Solinieve, 1978; E. SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias, Madrid, Marcial Pons, 2003.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

 

Transcripción: Esteban Mira Caballos

 

Transcribimos a continuación un interesante documento de 1851 donde se describe detalladamente el cortejo procesional de la hermandad de Jesús nazareno de Carmona:

 

 

AÑO 1851. LA MUY ILUSTRE HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO Y MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLRES, situada en la iglesia parroquial de San Bartolomé, hace el presente año estación a la prioral de Santa María, saliendo en procesión de penitencia a las 7 de la mañana del Viernes Santo; en el orden siguiente:

Abrirá la marcha un piquete de la lucida Guardia Civil de Caballería.

Seguirá el estandarte con seis nazarenos a cargo de don José Román y Alcaide, secretario primero.

El Simpecado y esclavitud de Nuestra Señora de los Dolores compuesta de señoras.

La cruz y cuerpo de nazarenos a cargo de don Manuel Cumplido, secretario segundo.

Simpecado y cuerpo de nazarenos a cargo de los señores diputados, don José González y don José María Márquez.

La brillante música militar del Regimiento de León precederá a una compañía de soldados romanos compuesta de capitán, con tonelete y capa bordada de plata, coraza y casco con visera, adornado de ricas plumas; paje, porta y soldados con trajes azules y plata y Senatus de terciopelo carmesí y plata.

Una niña vestida al efecto representará la mujer Verónica, llevando en las manos el lienzo del Divino Rostro, acompaña a los expresados el señor diputado don José María Gómez.

Sigue el hermoso paso de Jesús Nazareno, acompañado de los señores don José Carrera y Barrera, consiliario primero, don Ignacio Rodríguez, consiliario segundo y don Juan Manuel Escamilla, mayordomo.

Un cuerpo de nazarenos con el señor diputado, don José Gabira y Sánchez.

Paso de San Juan Evangelista.

Señores convidados acompañados del señor don Manuel Benítez, diputado.

Cuerpo de nazarenos a cargo de don Francisco Carrera, diputado.

San Miguel y coro de ángeles con vestidos de color celeste.

San Rafael y coro de ángeles con vestidos de color blanco.

Angel de la Guarda y coro de ángeles con vestidos de color rosa.

Tres niñas propiamente vestidas, representan las Marías.

El orden y custodia de estos coros está a cargo de los señores diputados don Antonio Carrera Pro. y don Cristóbal Benítez.

Cruz parroquial y clero.

Paso de la Santísima Virgen de los Dolores acompañado de los señores don Eusebio Gascón, hermano mayor, don Antonio María de Mendoza, revisor, y don Antonio Sanjuán Lechuga, diputado.

Una comisión del Ilustre Ayuntamiento con su presidente asistirá a la procesión.

Cierra la retaguardia la Guardia Civil.

Estación: calle Santa Catalina; Sacramento; Plaza de la Constitución; calle Vendederas; lonja alta de Santa María; Puerta del Sol de ídem; Puerta de los Naranjos de ídem; calle de la Orden; calle Torno de Santa Clara; calle San Antón; plaza de San José; calle Puerta de Marchena; calle del palomar; Plazuela Real; calle del Salvador; plaza de la Constitución; calle oficiales; puerta de Sevilla; Calle de San Pedro; Paseo; calle de San Pedro; Calle de San Bartolomé; a su iglesia.

NOTAS: la cera se reparte a los nazarenos el Jueves Santo desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche y el Viernes de 5 a 6 y media de la mañana en casa del Hermano Mayor, calle de Santa Catalina Nº 10, advirtiendo que estando la procesión en la calle no se entregará cera a nadie. Los señores convidados tomarán la cera en la iglesia.

  

Transcripción: Esteban Mira Caballos

 

COPIA DEL INVENTARIO DE LOS BIENES DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN BARTOLOMÉ DE CARMONA1

 

 

OBJETOS DE PLATA

 

-Un copón labrado y sobredorado que contiene el viril; otro ídem en blanco; otro ídem en forma de taza; otro ídem sobredorado y labrado que titulan "el que vino de Indias"; una cajita pectoral para el santo viático; una bolsa cuadrada en blanco para Su Divina Majestad; tres cálices en blanco con patenas y cucharitas; uno ídem labrado y dorado "el que vino de Indias";

otro ídem labrado y dorado con patena y cucharita; un viril sobredorado, igual estilo del cáliz y copón "el que vino de Indias"; una ampolleta del santo óleo para los enfermos; una crismera en blanco para el bautismo; dos llaves de las que una tiene cadena; dos portapaces con la efigie del titular; una vinajeras sobredoradas con platillo; un incensario en blanco con su naveta y cucharilla; dos ciriales en blanco labrados; dos cetros para los caperos también en blanco; un serafín para ocultar; una lámpara grande que está en el Sagrario; otra ídem más pequeña que está ante el altar de Ánimas; otra ídem en el altar de la Virgen de los Dolores; otra ídem en el altar de la Divina Pastora; un hisopo en blanco; diadema y vara del patriarca San José; ídem del patriarca que está en el altar mayor; una corona de la Purísima Concepción; un guión con su cruz en blanco.

-Las seis varas de plata del palio; una bandeja con su jarro; una reliquia en teca de seis centímetros de larga.

 

ARCHIVO PARROQUIAL

 

-21 libros de Bautismos; 9 ídem de responsorios; 16 libros de defunciones; uno ídem de confirmaciones; membretes desde que se mandaron usar; en el libro 18 de bautismos hay confirmaciones; uno de visita algo antiguo; padrones hasta el año 1922; 20 libros antiguos de cuentas de fábrica, uno de las cuentas corrientes; expedientes matrimoniales hasta la fecha; un libro de obvenciones impreso; una libreta sin estrenar de padrones; 10 libros de memorias y fundaciones; el sello parroquial y una escribanía de metal incompleta; una mesa de caoba antigua; un estante grande de los libros sacramentales; otro estante más pequeño lleno de libros, donativo del señor cura propio don Juan José Fernández, presbítero; dos sillones y dos bancos en regular estado.

-Un cuadro de Inmaculada de lienzo al óleo con moldura de estilo churrigueresco; otro de lienzo con moldura cartabón que representa al Ecce Homo; otro pequeñito de lienzo de Nuestra Señora de los Dolores; tres pequeños de lienzo de la Pastora y Rafael y el Niño Jesús; tres cornicopias pequeñas en cristal, representando la Sagrada Familia, San Antonio y San Rafael.

 

SACRISTÍA

 

-17 libros de distintas obras (impresos); colección de boletín eclesiástico hasta la fecha; veinte misales de los que uno está en buen uso; ocho cuadernos de las misas de difuntos; tres epistolarios y dos semaneros de la mayor con canto blanco;

uno hispalense para los funerales; dos rituales romanos antiguos.

-Dos prontuarios para los sacramentos; dos cuadros para anunciar que se sacan ánimas; dos mesas con tapias de marmol del siglo XV o XVI de bastante mérito; una cajonera embutida en la pared y una cómoda enchapada; un Cristo crucificado y retablo dorado que perteneció al altar de Ánimas; una urna de madera con un crucifijo; diez cuadro(s) al óleo con molduras dorada(s); otro cuadro ídem de Nuestra Señora del Carmen sin moldura; dos espejos medianos con cañas doradas; tres bancos de los que uno tiene espaldar; un cuadro al óleo de la Inmaculada; un Cristo Crucificado sin dosel; un reloj de pared; un libro de rezo de los santos de Sevilla; tres perchas de madera.

 

ALTAR MAYOR

 

Retablo estilo barroco de muy buen gusto, en el centro tiene trono para Su Divina Majestad a los lados dos imágenes en talla que representan a San José y Santa Bárbara. Más arriba del trono camarín con la imagen del titular. Corona el altar un relieve que representa a la Inmaculada; en sus laterales dos relieves con episodios relativos al titular.

 

PRESBITERIO

 

-Tres sillones fraileros con asiento de hule; tres ídem de caoba con damasco, donativo de doña Gracia Torres.

-Treinta ya cinco cuadros al óleo distribuidos por la iglesia.

-Dieciséis bancos de los cuales dos son de caoba, distribuidos por la iglesia.

 

ALTARES

 

-SAGRARIO: altar de talla dorado; en su parte central se encuentra la imagen de Nuestra Señora de los Remedios (de candelero) con diadema y cetro de plata.

En sus laterales las imágenes de San Francisco Javier y San Juan Pecador. Hay además una imagen pequeñita del Sagrado Corazón.

La capilla del sagrario está toda revestida de azulejos del siglo XVI. El frontal es de azulejo imitando mosaico, colocado recientemente.

-ALTAR DE LA PURÍSIMA: de estilo barroco de muy buen gusto con una imagen muy buena de la Inmaculada.

-ALTAR DE SANTA LUCÍA: también barroco, dorado como el anterior, con columna salomónica, tiene una imagen de Santa Lucía con diadema, palma y platillo de plata y una muy antigua de talla.

-ALTAR DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LOS ARREPENTIDOS: dorado, muy sencillo, tiene la imagen de su titular la de la Magdalena Dolorosa y San Lorenzo.

-ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN: de madera de pino, muy sencillo, pintado imitando piedra.

-Capilla bautismal con pila de mármol rojo muy hermosa.

-ALTAR DE SAN CAYETANO: como el anterior con la imagen de su titular y la de San Esteban.

-ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA: tiene la imagen de su titular dentro de una urna del siglo XVIII. La imagen tiene corona, cetro, ráfaga, media luna, angelitos e incensarios todo de plata.

 

CAPILLA DE LA HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO

Tiene esta capilla tres altares barrocos dorados muy buenos. En el del centro se encuentra la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de mérito artístico, otra del Niño Jesús y, a los lados, las de San Francisco de Paula y la de San Antonio de Padua. En su sagrario se guardan un Lignum Crucis y una reliquia de San Bartolomé. En el de la epístola se venera la imagen de Nuestra Señora de los Dolores y en el del lado del evangelio una imagen bellísima de la Divina Pastora, la segunda en esta diócesis por razón de su antigüedad; a uno y a otro lado las imágenes de San Miguel y San Rafael. Se encuentran también en esta capilla las imágenes de San Pedro y San Juan Evangelista (de candeleros).

 

-ALTAR DEL PATRIARCA SAN JOSÉ: estilo barroco igual al de la Purísima con una imagen en talla del patriarca.

 

-ALTAR DE ÁNIMAS: es dorado, muy hermoso, en su centro tiene un relieve que representa en su parte superior a Nuestro Señor, la Santísima Virgen y San Lorenzo, y en su parte inferior, la Ánimas Benditas. En él se encuentran las imágenes de San Ramón Nonato, San Blas y el Santo Rey San Fernando y una imagen pequeña de Niño Jesús.

En dieciocho de julio de mil novecientos doce se recibió jarro y palangana de plata, donación de doña Eulalia Bugallal. En quince de septiembre de mil novecientos dieciséis doña Asunción Caballero donó un contrabajo. En mil novecientos veintidós adquirió el infrascrito cura regente un acetre e hisopo de metal blanco y un misal novísimo.

Carmona a diez de enero de mil novecientos veintitrés. Firma: Don Antonio López de Tejada.

En las excavaciones hechas recientemente en la parroquia para el embaldosado de mármol se encontraron dos pilas de bautismo, una de piedra tosca perteneciente a la época visigoda, a juicio de reputados arqueólogos, y otra resquebrajada de mármol, labrada de tiempos recientes. Ambas se conservan en el patio de la casa rectoral. Carmona, 19 de enero de 1923. Firma: Don L. de Tejada.

1    A.G.A.S, Administración General 692B. Por motivos de espacio excluimos de la relación los ornamentos y demás elementos textiles.

 

1.-INTRODUCCION

        En este trabajo vamos a indagar en un tema tan espinoso y controvertido como es la exclusión de los súbditos del Reino de Aragón de los beneficios del Nuevo Mundo, a través básicamente de las disposiciones legales emanadas de la Corona de Castilla y conservadas en los libros cedularios del Archivo General de Indias.

        Algunos de los puntos tratados en esta comunicación ya han sido expuestos por nosotros sucintamente en otros trabajos referidos a las prohibidos en la emigración a América en la centuria decimosexta1, sin embargo, nos ha parecido una buena oportunidad este congreso para sintetizar lo escrito por nosotros hasta ahora sobre esta cuestión, aportando nuevos puntos de vista y recogiendo asimismo algunos materiales documentales y bibliográficos que hemos localizado posteriormente2.

        Por otro lado, el interés de este trabajo es indudable, pues, pese a que la emigración de aragoneses a Indias ha tenido un enorme tratamiento tanto en el planteamiento teórico de la exclusión3 como en el estudio de los aragoneses que participaron en la empresa indiana4, es evidente que aún en la actualidad existen numerosos puntos que no han sido aclarados suficientemente. En esta pequeña comunicación intentaremos arrojar luz sobre estas cuestiones.

 

 

2.-LA EXCLUSION DE LOS ARAGONESES: ASPECTOS LEGALES

        En las líneas que vienen a continuación vamos a exponer las fechas exactas de la exclusión de los súbditos del rey Fernando el Católico así como los términos exactos de la inhabilitación.

        En honor a la objetividad debemos decir que no ha aparecido ningún documento Real en el que se prohibiese la entrada de aragoneses, muy a pesar de que Antonio de Herrera creyó en su existencia5. Sin embargo, pensamos que tal documento no se expidió expresamente, al darse por supuesta que las Indias eran propiedad exclusiva de la Corona de Castilla, de la misma manera que tampoco han aparecido en los primeros momentos de la colonización reales cédulas vedando la entrada de genoveses o de ingleses y, sin embargo, les estuvo igualmente prohibida. Además, la presencia de aragoneses desde los primeros años de la colonización, tanto en el Continente americano6, como involucrados en la empresa americana desde España -recuérdense nombres como el de Juan Cabrero, Juan de Coloma o Pedro de Margarit- no refuta, en absoluto, el planteamiento que nosotros sostenemos. Primero, porque el hecho de que oficialmente estuviesen excluidos no significa que de hecho no pasasen al igual que en los primeros tiempos encontramos multitud de genoveses o portugueses pese a que no les estaba permitido el paso. y Segundo, pensamos de acuerdo con Juan José Andreu, que en general no hubo una intención de impedir el paso de aquellos aragoneses que puntualmente mostrasen su interés por viajar a las Indias siempre y cuando aceptasen y se integrasen dentro de la normativa castellana7.

        Tampoco estamos totalmente de acuerdo con el cronista Fernández de Oviedo cuando afirmó que los privilegios de los súbditos de la Corona de Castilla acabaron cuando la Reina Isabel la Católica falleció en 15048. Sin embargo, en el propio testamento de la Reina se decía lo siguiente:

        Por cuanto las Islas y Tierra Firme del Mar Océano e islas de Canaria fueron descubiertas y conquistadas a costa de estos mis Reinos y con los naturales de ellos, y por esto es razón que el trato y provecho de ellas se haya y trate y negocie de estos mis Reinos de Castilla y de León y en ellos y a ellos venga todo lo que de ellas se trajere: por ende ordeno y mando que así se cumpla así en las que hasta aquí sean descubiertas como en las que se descubrirán de aquí adelante en otra parte alguna9.

 

        Estaba claro a tenor de lo dictado por la Reina en su testamento que los privilegios de los castellanos no se acababan con su muerte. Por desgracia, una de las escasas licencias con las que contamos se otorgó dos meses antes de morir la Reina Isabel de Castilla, es decir, en septiembre de 1504, por lo que no es demasiado útil, aunque confirma que al menos hasta 1504 sí que estuvo cerrado el tráfico a los aragoneses. En este documento regio se le otorgó permiso al aragonés Juan Sánchez para ir a la Española a comerciar, pese a no ser de estos reinos10. Para nosotros la prohibición al paso de aragoneses estuvo vigente hasta el 10 de noviembre de 1525, fecha en la que se expidió una Real Cédula en la que se reconoció que hasta ese justo momento la legislación sólo había permitido ir a las Indias a los castellanos, ordenando asimismo un aperturismo para que los vecinos de otros reinos pudiesen ir a las Indias como lo hacían los propios vasallos de Castilla. Dado el interés del texto lo reproducimos a continuación:

Y consultado fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula para vos en la dicha razón e nos tuvímoslo por bien, por lo cual damos licencia y facultad a todos los nuestros súbditos y naturales del Imperio, así genoveses como todos los otros para que puedan pasar a las dichas Indias y estar y contratar en ellas según y de la forma y manera y con las condiciones que lo hacen y pueden hacer los naturales de estos nuestros reinos de Castilla y León, con tanto que los que son súbditos, solamente por la razón del Imperio, y no de patrimonio, puedan ir a poblar y tratar siendo casados y llevando sus mujeres allá o casándose dentro de un año que allá llegare o dar seguridad de estar y permanecer en las dichas Indias diez años..."11.

 

        Al año siguiente fue ratificada esta apertura a los súbditos del Imperio por una Real Cédula dirigida a prelados, Condes, Marqueses, etcétera y que por su importancia la transcribimos parcialmente en las líneas siguientes:

Damos licencia y facultad a todos los nuestros súbditos y naturales de todos los nuestros reinos y señoríos y así mismo a todos los súbditos y naturales del Imperio, así genoveses como todos los otros para que puedan pasar a las dichas Indias y estar y contratar en ellas según y de la manera y con las condiciones que lo hacen y pueden hacer los naturales de estos nuestros Reinos y Señoríos de Castilla y León...12

 

        El término de "súbditos patrimoniales" al que se alude en la Real Cédula de 1525, parece referirse a los vasallos del reino de Aragón, que desde este mismo momento  y no antes  tuvieron permiso para emigrar a las Indias y establecerse allí como lo hacían los súbditos de Castilla y León. No obstante, la igualdad no fue total, pues, cuando se trataba de "mercadear" o de viajar como maestres debían continuar solicitando una licencia especial, como hizo el valenciano Francisco Picón, el cual recibió expresa autorización, en 1526, para ir con nuestros navíos a las nuestras Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano o a cualquier parte de ellas a contratar y rescatar y mercadear como lo hacen y pueden hacer los naturales de estos nuestros

Reinos de Castilla, sin vos poner en ello embargo ni impedimento alguno...13 Este texto indica claramente que, aún después de 1525, la libertad de los súbditos de Aragón no fue igual a la de los castellanos, perviviendo además varias décadas, dado que, en 1538, encontramos de nuevo otra licencia de estas características otorgada a un tal Miguel Raguso, natural de Cataluña, para ir libremente por maestre a las Indias a causa de estar por nos mandado que ningún extranjero de estos reinos pase por maestre a las dichas nuestras Indias...14

        Todavía, en 1536, se notaban ciertos recelos de los castellanos hacia los aragoneses, según se deduce de un hecho ocurrido en Tierra Firme, cuando los castellanos se levantaron contra la tiranía de un capitán aragonés. Este suceso lo describió el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo con gran agudeza, como se puede observar en las líneas siguientes:

Y que no querían ser mandados de un aragonés. Y a este propósito había otras palabras mal dichas y desacatadas; porque los soldados de cuan grande o pequeña calidad que sean, no han de dejar de obedecer al capitán que el Príncipe y su Rey y Señor natural les daba, porque sea aragonés, ni escocés, ni de otra cualquiera nación...15

 

        En definitiva, los aragoneses aunque presentes de hecho en las Indias  desde prácticamente su descubrimiento, legalmente nunca gozaron de los mismos privilegios que los castellanos y leoneses, como quiera  dice Fernández de Oviedo  que aquellos fueron los que las Indias descubrieron; y no aragoneses, ni catalanes, ni valencianos o vasallos del patrimonio real del Rey Católico...16.

        Con el paso de los años el paso de los súbditos del reino de Aragón se normalizó totalmente equiparándose en privilegios a los naturales de Castilla. Así, en 1568 en los capítulos que se expidieron para la reforma de la Carrera de Indias se afirmó que muchos extranjeros pasaban libremente a las Indias diciendo que son gallegos y otros diciendo que son catalanes...17 Por ello está claro que cuando en las Cortes de Monzón de 1595 se estableció definitivamente la total igualdad entre los castellanos y los aragoneses en el paso a las Indias18 ya era un hecho consumado desde hacía varias décadas.

 

3. LOS MOTIVOS DE LA INHABILITACION

A continuación vamos a intentar dar una explicación a los motivos que llevaron a los Reyes Católicos a incorporar los nuevos reinos descubiertos al otro lado del Atlántico exclusivamente a la Corona de Castilla. Realmente, la controversia en torno a si los aragoneses, en los primeros momentos del Descubrimiento, podían beneficiarse de las riquezas del Nuevo Mundo en igualdad de condiciones con los castellanos es muy antigua, remontándose a los primeros años del periodo colonial, y llegando la discusión historiográfica, incluso, a nuestros días.

        En el mismo siglo XVI Antonio de Herrera y Gonzalo Fernández de Oviedo sostuvieron que las nuevas tierras descubiertas tan sólo se incorporaron al Reino de Castilla, alegando que fueron ellos y no los aragoneses quienes las descubrieron, y haciendo llegar esta situación hasta la muerte de Isabel de Castilla, en 1504. En abierta contradicción con esta postura, Veitia Linaje y Antúnez y Acevedo sostuvieron la igualdad de ambas Coronas en relación al Nuevo Mundo desde el primer momento de la colonización19.

        En la actualidad, y como hemos afirmado en líneas anteriores, la historiografía tampoco ha llegado a un acuerdo definitivo, pues, mientras para Juan Manzano tan sólo se incorporó a Castilla, con el fin de eludir el ordenamiento normativo aragonés, sus fueros y su sistema pactista20, para Demetrio Ramos, la exclusión fue sólo aparente sin mostrar en ningún momento una intención real de apartarlos de la emigración a las Indias21.

        Para nosotros la exclusión se debió, de acuerdo con Manzano, a un intento de los monarcas de evitar el sistema pactista aragonés y en definitiva los privilegios que mermaban el poder de la realeza. No en vano algo parecido había ocurrido años antes con la conquista de Navarra que se incorporó a Castilla en vez de a Aragón con el expreso fin, según el padre Mariana, de que no se aprovechasen de las libertades de los naturales de este último reino, muy odiosas siempre a los reyes de todas las épocas...22 Evidentemente con la incorporación de los reinos indianos a Castilla se evitó la implantación en esos territorios de los fueros de Aragón, y de todas las limitaciones para la autoridad real que eso hubiera conllevado23.

        En general y como veremos en las páginas posteriores la exclusión se extendió a todos el reino de Aragón, incluyendo, pues, a Cataluña, Valencia y Mallorca. En realidad, no hubo causas específicas como se han pretendido buscar para excluir a estas otras regiones sino que simplemente como territorios vinculados a la Corona de Aragón quedaron también sometidos a la exclusión.

 

4.-RESQUICIOS EN EL MONOPOLIO CASTELLANO

        Pese a que, como hemos afirmado en líneas precedentes, fueron los castellanos los que gozaron del privilegio legal para aprovecharse de las riquezas que ofrecía el Nuevo Mundo, lo cierto es que desde el mismo Descubrimiento se produjo un goteo constante de extranjeros que llegaron a América. Estos extranjeros consiguieron llegar a las Indias, bien a través de las numerosas licencias reales que se concedieron -como las de Leonardo Rotulor de Bravante, Nicolás Grimaldo, Jácome de Brujas, Dirit de Bruselas, etcétera-, o bien, a través de infiltraciones ilegales, las cuales, como ya hemos mencionado en páginas anteriores, alcanzaron grandes proporciones.

        Así, pues, pese a la ya citada legislación prohibitiva hubo muchos resquicios y momentos concretos en los que los jurídica- mente excluidos pudieron pasar al otro lado del océano sin excesivas dificultades. Esto se justifica principalmente en el alto porcentaje de emigración ilícita que consiguió llegar a las Indias, sin registrarse en la Casa de la Contratación, que para unos autores, fue del 15 o el 20 por ciento del total24, mientras que para otros se cifró entre el tercio y el cuarto del contingente total de emigrados25. El mismo Padre las Casas se hizo eco en su Historia de las Indias, del abundante tráfico humano que sin licencia pasaba al Nuevo Mundo, solicitando, incluso, en un escrito al Monarca, fechado en 1542, que para remediar esta situación se pregonase a los pilotos y maestres que "ninguno fuese osado de llevar hombre secretamente, so grandes penas"26.

        Esta emigración ilegal en esta primera mitad del siglo XVI fue imposible de evitar, hecho que fue reconocido, en 1546, por la propia Corona al notificar a los oficiales de la Casa de la Contratación que vigilasen especialmente a aquellos que viajaban a las Canarias pues so color de decir que van a Canarias se pasan a las Indias27.

        Pero además de este tráfico ilegal había otras circunstancias que favorecían la migración de estos contingentes teóricamente excluidos ya que las necesidades periódicas de pobladores que padecían las colonias se traducían en un aperturismo mayor y en un menor control por parte de la Casa de la Contratación de Sevilla. Así, sabemos que, en 1511, se ordenó a los oficiales de Sevilla que no fuesen severos en el control y examen de los que iban al Nuevo Mundo, pues, a causa de los grandes requisitos que se les piden muchos dejan de pasar, existiendo gran necesidad de ellos en las colonias28. Posteriormente, y más concretamente entre 1528 y 1531, se volvió a dar una licencia casi general para la emigración a las Indias, sin duda, con la intención de acelerar el poblamiento de los nuevos territorios descubiertos.

        Igualmente, la sociedad indiana al ser mucho más relajada que la española provocó que América se convirtiera en una auténtica válvula de escape para muchos grupos marginados y perseguidos. En este sentido, contamos con correspondencia de la década de los treinta y de los cuarenta en la que se afirmaba que sería muy perjudicial tanto castigar el amancebamiento como obligar a los vecinos a permanecer en un lugar concreto, pues, parece que una de las principales cosas que la pueblan (se refiere a La Española) es la libertad...29.

        Por todos los motivos mencionados podemos decir que desde los primeros momentos encontramos a numerosos aragoneses vinculados a la empresa indiana. Incluso algunos de ellos de una gran influencia como Pedro de Margarit, que fue en el segundo viaje del primer Almirante, el ya mencionado fray Bernardo Boyl o el obispo fray Julián Garcés O.P. Estaba claro que, en primer lugar, América necesitaba pobladores y para ello se abrió frecuentemente la mano no sólo a aragoneses sino a genoveses, portugueses, florentinos, etc. Y en segundo lugar, porque como ya hemos afirmado a la Corona no le importaba el paso de aragoneses individuales a las Indias sino sobre todo que aceptasen la legislación castellana en esos nuevos territorios. En los registros de la Casa de la Contratación que están siendo publicados aún en la actualidad se encuentran asentados algunos de los aragoneses que cruzaron el atlántico. Su reducido número no debemos explicarlo tanto en las trabas legales que nunca fueron un impedimento serio sino más bien al escaso interés en esos primeros tiempos del aragonés por el Nuevo Mundo. Así, se explica además la nula oposición presentada en el Reino de Aragón a su teórica exclusión de los beneficios que el Nuevo Mundo podría reportar.

1    MIRA CABALLOS, Esteban: "Los prohibidos en la emigración a América (1492-1550)", Historia económica y social de América, Nº 12, Alcalá de Henares, 1995, (en prensa). Más sintéticamente publicado en "Los extranjeros en la emigración a América (1492-1550)", Espacio y Tiempo, Nº 9. Sevilla, 1995, pp. 61-71.

2    Aprovechamos estas líneas para agradecer al profesor José A. Armillas Vicente el habernos facilitado gentilmente la bibliografía más reciente sobre este tema de investigación.

3    MANZANO MANZANO, Juan: La incorporación de las Indias a la Corona de Castilla. Madrid, Estudios de Cultura Hispánica, 1948. RAMOS, Demetrio: "La aparente exclusión de los aragoneses de las Indias: una medida de alta política de D. Fernando el Católico", Estudios del Departamento de Historia Moderna. Zaragoza, 1976. ANDREU OCARIZ, Juan José: "Aragón en el Descubrimiento de América", en Los aragoneses en la empresa de Indias. Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1990.

4    MIR, Fray Miguel: Influencia de los aragoneses en el Descubrimiento de América. Palma de Mallorca, 1892. ARMILLAS VICENTE, J. A.: "Aragoneses en la empresa colombina", I Encuentro de Academias Militares. Zaragoza, 1993. Un repertorio bibliográfico sobre los aragoneses y las Indias puede verse en ARMILLAS VICENTE, José A.: "Estado actual de los estudios sobre Aragón y el nuevo Mundo", en Los aragoneses en la empresa de Indias. Zaragoza, 1990.

5    Citado en KONETZKE, Richard: "Legislación sobre la emigración de extranjeros en América durante la época colonial", Revista de Indias, Vol. III, Nº 11-12. Madrid, 1945, p. 275.

6    Ya en el segundo viaje de Colón iban dos aragoneses que iban a desempeñar una importante labor en la Española: fray Bernardo Boyl O. M. y Miguel Díaz de Aux. En cuanto a Boyl podemos decir que fue el primero que bautizó sistemáticamente indios en la española, jugando además una importante labor política en defensa de los intereses de la Corona frente a los colones. Por su parte Miguel Díaz de Aux, aragonés natural de Barbastro, fue en un primer momento "criado" de Bartolomé Colón, con quien volvió a España en 1501 para retorna a las Indias en 1505. Desde esa fecha estuvo involucrado en numerosos negocios en la Española hasta que, en 1511, pasó a la isla de San Juan como alguacil mayor, fundando en esta isla la entonces villa de San Germán.

7    ANDREU OCARIZ: Aragón en el Descubrimiento..., p. 71.

8    FERNANDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia general y natural de las Indias. Madrid, Atlas, 1992, T. I, Lib. III, Cap. VII, p. 69.

9    Citado en HARING, Clarence H.: Comercio y navegación entre España y las Indias. México, Fondo de Cultura Económica, 1979, p. 123.

10    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, 17 de noviembre de 1504. CARANDE, Ramón: Carlos V y los banqueros, T. I. Barcelona, Editorial Crítica, 1990, p. 455.

11    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Toledo, 10 de noviembre de 1525. AGI, Indiferente General 420, L. 10, ff. 189v-191.

12    Real Cédula a los prelados, Condes, Marqueses, etc., Granada, 17 de noviembre de 1526. AGI, Indiferente General 421, L. 11, ff. 336v 337v.

13    Licencia dada a Francisco Picón, Granada, 9 de noviembre de 1526. AGI, Indiferente General 421, L. XI, ff. 285v 286.

14    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Toledo, 22 XI 1538. AGI, Indiferente General 1962, L. VI, f. 195.

15    FERNANDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. II, L. XXIV, Cap. X, p. 420.

16    IBIDEM, T. I, Lib. III, Cap. VII, p. 69

17    Capítulos para la reforma de la Carrera de Indias, 13 de diciembre de 1568. AGI, Indiferente General 2673, f. 15.

18    Citado en ANDREU OCARIZ: Ob. Cit., P. 71.

19    Puede verse un buen resumen en HARING: Ob. Cit., pp. 131 y ss.

20    MANZANO: Ob. Cit.

21    RAMOS: Ob. Cit., p. 30.

22    Citado en ANDREU OCARIZ: Ob. Cit., p. 68-69.

23    IBIDEM, p. 70.

24    FRIEDE, Juan: "Algunas observaciones sobre la realidad de la emigración española a América en la 1ª mitad del siglo XVI", Revista de Indias, T. XII. Madrid, 1952., pp. 472 473.

25    SOLANO, Francisco de: "Emigración andaluza a las Indias durante el siglo XVI", América y la España del siglo XVI. Madrid, C.S.I.C., 1983, p. 43.

26    LAS CASAS, Bartolomé de: En defensa de los indios. Barcelona, Biblioteca de Cultura Andaluza, 1985, p. 117.

27    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación,

Guadalajara, 8 de septiembre de 1546. AGI, Indiferente General 1946, L. 10, ff. 85v 86. Real Cédula a los Jueces de Apelación de las islas Canarias, 8 de septiembre de 1546. AGI, Indiferente General 1964, L. 10, ff. 86v 87.

28    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Burgos, 9 IX 1511. AGI, Contratación 5089, f. 113. ENCINAS: Ob. Cit., T. I, pp. 396 397. ARRANZ MARQUEZ, Luis: "Emigración española a Indias. Poblamiento y despoblación antillana", América y la España del siglo XVI. Madrid, C.S.I.C., 1983, p. 74

29    Carta del cabildo de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 2 IX 1533. AGI, Santo Domingo 73, N. 12. Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 27 II 1543. AGI, Santo Domingo 49, R. 14, N. 91.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Ponencia publicada en las Actas del congreso Internacional de Americanistas españoles, dedicados a Aragón)

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           Nicolás de Ovando es uno de los personajes más relevantes de la historia colonial española en las Indias. Hombre de gran clarividencia que desarrolló su vida entre el servicio a la Orden de Alcántara y a la Corona. A lo largo de su vida desempeñó diversos cargos administrativos tanto al servicio de la Corona como de la Orden de Alcántara. Ocupó los puestos sucesivamente de Comendador de Lares y Comendador Mayor de la Orden de Alcántara, fue preceptor del príncipe don Juan hasta el fallecimiento de este último, y, finalmente, le cupo el honor de ser el primer gobernador de las Indias designado por los Reyes Católicos.

          En relación al lugar y fecha de nacimiento debemos advertir que, tras la publicación hace pocos años de un estudio sobre la Casa de Ovando, se han aportado pruebas bastante fundadas sobre sus orígenes que refutan, o al menos cuestionan, la hipótesis tradicional. Así, pese a que Eugenio Escobar afirmó a principios de siglo, de acuerdo con el discurso pronunciado en 1892 por Cándido Ruiz Martínez, que constaba su cuna brocense lo cierto es que jamás han existido tales pruebas fehacientes. En cambio, todos los indicios apuntan a su nacimiento en la capital cacereña. Por ejemplo el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que no olvidemos que conoció personalmente al Comendador Mayor, afirmó que "fue natural de la ciudad (sic) de Cáceres en Extremadura y de allí era solariego caballero hijosdalgo". Por tanto, podemos decir que Frey Nicolás de Ovando debió nacer en Cáceres en torno a 1460, siendo el segundo de los cinco hijos del capitán Diego de Cáceres.

           El primer cargo relevante que desempeñó fue el de preceptor del príncipe don Juan, ocupación que le sirvió para ganarse la confianza de la Reina Isabel de Castilla. En 1487, año en que falleció su padre, poseía ya un considerable reconocimiento en Extremadura como gestor eficaz de la Orden de Alcántara. Por ese motivo los Reyes se fijaron en él para que, junto a otros nueve "gentiles hombres, experimentados y virtuosos y de buena sangre", ejerciesen de educadores del Príncipe don Juan. Entre los elegidos figuraban personas de gran talla intelectual en la época como don Sancho de Castilla, don Pedro Núñez de Guzmán, Juan de Calatayud o Juan Velázquez de Cuéllar, señor de Villaraquerín y Contador Mayor de Castilla. A este cometido se dedicó de cuerpo y alma hasta poco antes de la desdichada muerte del Príncipe ocurrida, como es de sobra conocido, en Salamanca, el cuatro de octubre de 1497.

           En los años sucesivos residió en su encomienda de Lares, sin embargo, la Reina nunca olvidó los servicios prestados. Precisamente, fue bajo los auspicios de Isabel la Católica, que desde 1494 controlaba la Orden de Alcántara, cuando fue ascendido a Comendador Mayor de la Orden.

           Pero, sin duda, el momento más importante de su vida se produjo en 1501 con su nombramiento como gobernador de las Indias, a donde fue enviado por los Reyes Católicos para restablecer el orden y la autoridad real, tras el fracaso de la llamada "factoría colombina". La Reina Católica necesitaba una persona de su total confianza a quien otorgar estos excepcionales poderes en una coyuntura política realmente difícil. Nadie mejor que un vástago del Capitán Diego de Cáceres que tan fielmente le había servido en los momentos más difíciles de su reinado.

           En la situación de excepción que atravesaban las Indias en esos momentos los poderes dados a Ovando fueron igualmente excepcionales. Según Fernández de Oviedo estos amplios poderes se le otorgaron por dos causas: primero, por el desconocimiento que la Corona tenía de las Indias y que le impedía tomar decisiones desde Castilla. Y segundo, por la agitada situación política que se vivía en la colonia en los meses previos a su llegada. Por todo ello no nos extraña que el siempre agudo cronista Girolamo Benzoní afirmase que Ovando fue a las Indias "con la autoridad de virrey", es decir, con el cargo de gobernador pero con un poder similar al que unas décadas después tendrán en las Indias los propios virreyes.

          A nivel global el gobierno indiano de frey Nicolás de Ovando no pudo ser más satisfactorio pues supo consolidar un modelo de organización, centralizado en la isla Española, que sirvió de referente para toda la colonización española de Ultramar. No en vano fue durante su administración cuando se fundaron los primeros hospitales, se diseñó el primer urbanismo y se asentaron los fundamentos de un nuevo orden económico y social que, con muy pocas variantes, pasó luego a todo el continente americano. Además, como escribió Úrsula Lamb, a su llegada a la Española "la aventura colonial era un fracaso" y cuando retornó en 1509 "la empresa era un completo éxito". En los ocho años que estuvo al frente de la gobernación de las Indias no sólo pacificó y colonizó la Española sino que expandió las exploraciones a otras islas del entorno.

          Por tanto, el logro del Comendador Mayor fue doble: primero, porque despejó todas las dudas sobre la rentabilidad de los nuevos territorios incorporados a la Corona de Castilla. Y segundo, porque creó un sistema colonial en la Española que "mutatis mutandis" tuvo una vigencia de más de tres siglos en la América Colonial.

          En 1509, llegó a la Española el segundo Almirante, Diego Colón, para sustituirlo al frente de la administración de la Española. En general la despedida fue lamentada por una mayoría de españoles. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo citaba el hecho con las siguientes palabras: "Se dijo muy público que le había pesado al Rey por le haber removido del cargo, porque acá le echaron luego (de) menos y le lloraban muchos. Y si no se muriera desde a poco tiempo después que de acá fue, se creía que el Rey le tornara a enviar a esta tierra...".

          El Comendador Mayor partió de Santo Domingo el 17 de septiembre de 1509 en una flota que iba a las órdenes de Hernando Colón. Casi dos meses después, y concretamente en noviembre de ese mismo año, arribó al puerto de Lisboa. Desde la capital lusa escribió al Rey a la par que emprendía el viaje hacia la Corte. Atrás dejaba una colonización próspera y una isla Española en pleno apogeo minero y, a decir de Chez Checo, "centro de la civilización europea en América".

           Una vez acabada su reunión en la Corte se dirigió a la sede de la encomienda Mayor de su Orden. No obstante, sus relaciones con el Rey no finalizaron aquí entre otras cosas porque la máxima dirección de la Orden la ostentaba la Corona. Un tiempo después, concretamente el 26 de febrero de 1511, fue llamado por Fernando el Católico para que le acompañase en una expedición contra los bereberes del norte de Africa. La intención última era que la Orden Militar fundase un convento de la Orden en Bujía. La expedición no se llegó a realizar y el Rey aprovechó la estancia en Sevilla de varios miembros de la cúpula rectora de la Orden para celebrar Capítulo General. Éste se inició el 8 de mayo de 1511, y el día 29 del mismo mes y año moría durante tales actos el Comendador Mayor. Su cuerpo fue trasladó al Monasterio de San Benito de Alcántara donde inicialmente fue inhumado en una modesta sepultura. Unas décadas después se labraría en alabastro, por el escultor Pedro de Ibarra, el sepulcro en el que actualmente reposan sus restos.

 

BIBLIOGRAFÍA

ESCOBAR PRIETO, Eugenio: Hijos ilustres de la villa de Brozas. Cáceres, 1961. LAMB, úrsula: frey Nicolás de Ovando, gobernador de las Indias (1501-1509). Madrid, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1956, (reed. Santo Domingo, 1977). MAYORALGO Y LODO, José Miguel: La Casa de Ovando (Estudio Histórico-Genealógico). Cáceres, Real Academia de la Historia de Extremadura, 1991.MIRA CABALLOS, Esteban: Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial español. Santo Domingo, Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, 2000. RAMOS, Demetrio: "El gobierno del Comendador Ovando: el nuevo orden", en Historia General de España y América, T. VII. Madrid, Editorial Rialp, 1982.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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