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        El Imperio Hispánico configurado en época de los Austrias Mayores, se convirtió en el mayor dominio territorial de la Historia hasta esos momentos. Con razón, se llegó a afirmar que en los dominios de Felipe II el sol no nacía ni se ponía. Para defenderlo, en unos momentos en los que los medios de comunicación terrestres eran muy lentos, se estructuró un complejo entramado naval que permitió mantener unas comunicaciones más o menos fluidas.
Casi nadie discute ya que España fue, al menos hasta la paz de Westfalia de 1648, la primera potencia mundial.  Pese a ello, la historiografía y sobre todo la filmografía anglosajona se han empeñado en desvirtuar la realidad histórica. Comúnmente se nos presenta a los corsarios y a los almirantes ingleses –que con frecuencia eran los mismos- como personajes nobles, astutos y carismáticos, frente a los inoperantes comandantes españoles, a los que se representa con peluca y golilla. Además, igual que España ha sobre- valorado su victoria en Lepanto frente a los turcos, los ingleses han hecho lo propio con sus victorias ante la Invencible y en Trafalgar. Y en este sentido, se ha destacado la derrota de la Invencible como el inicio del dominio inglés de los mares. Pero, no olvidemos que ésta se produjo más por un cúmulo de despropósitos que por méritos de los ingleses. La repentina muerte del mejor marino de su época, don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, y peor aún, la fatal decisión de nombrar como su sustituto al Duque de Medina-Sidonia, cambió probablemente el sino de esta batalla. Pero, así como Lepanto no supuso el dominio español en el Mediterráneo, la derrota de la Invencible no significó el fin de la superioridad española en el Atlántico. Incluso, todavía a principios del siglo XIX, hasta el desastre de Trafalgar, nuestro poderío naval era muy respetado. Fue precisamente el prestigio de nuestras armadas y de nuestros marinos lo que incitó a los franceses a buscar a toda costa una alianza con España.
        Y nuevamente, en el caso de la derrota de Trafalgar debemos decir que se debió en gran parte a la decisión del alto mando francés que desatendió reiteradamente los consejos de los marinos españoles. Por su victoria, el Almirante Nelson, muerto en la contienda, es considerado en su país como un héroe nacional. Pero, pocos ingleses recuerdan que su héroe fue derrotado de forma humillante ocho años antes, exactamente el 25 de julio de 1797, cuando intentó asaltar la plaza de Santa Cruz de Tenerife.  Nada menos que 589 ingleses murieron en la contienda, frente a tan solo 23 españoles, resultando herida casi toda la oficialidad enemiga, incluido el propio Nelson que perdió un brazo. Al valiente Almirante inglés le salió caro su heroísmo frente a España, pues, mientras en Tenerife quedó malherido y mutilado, en Trafalgar perdió la vida.
    Aunque hace mucho tiempo que España no tiene por costumbre ensalzar a sus hombres de mar, nadie debe olvidar que los grandes marinos del siglo XVI o fueron españoles o estuvieron al servicio de España. Basta recordar nombres de talla universal como los de Álvaro de Bazán -padre e hijo, Señor y Marqués de Santa Cruz respectivamente-, Bernardino de Mendoza, Rodrigo de Portuondo, don Juan de Austria, -vencedor en Lepanto-, o los genoveses, los Almirantes Cristóbal Colón, Andrea Doria y su sobrino Juan Andrea Doria, estos últimos detentadores del principado de Melfi.

1.-EL CORSARIO: ENTRE TRAFICANTE Y BANDIDO

        Ante la imposibilidad de enfrentarse de manera directa al poderío naval español, franceses, holandeses e ingleses en el Atlántico, berberiscos y turcos en el Mediterráneo optaron por hacerlo a través del corsarismo. Como escribió Bernal Braudel, el corsarismo fue a lo largo de la historia la forma que tuvieron los pueblos más pobres de participar en el comercio de las naciones más ricas. Es por ello por lo que, después del Descubrimiento de América, los países que quedaron al margen del reparto colonial se lanzaron al pillaje en las rutas indianas. Si bien existió el corsarismo en el medievo fue en la Edad Moderna cuando se convirtió en una verdadera plaga. Ni que decir tiene que la mayor parte de los ataques navales sufridos por los puertos y por las flotas españolas no fueron llevados a cabo por escuadras nacionales sino por corsarios.
    Pero se tiene la errónea concepción de que los corsarios estaban permanentemente en pie de guerra, asaltando buques o tomando puertos. Y no es del todo cierto, éste utilizaba cualquier medio para enriquecerse, viviendo en el filo de la legalidad, en la ilegalidad o en la rebeldía, según le convenía. Unas veces, si las posibilidades de lucrarse eran óptimas, actuaba como un mero comerciante ilegal, vendiendo mercancías a bajo precio con el consentimiento de las autoridades españolas. Y otras, si las posibilidades de éxito eran grandes, pertrechaban sus buques y acudían al asalto de alguna flotilla mercante o de algún puerto mal defendido. Pero realmente no resulta fácil distinguir comercio ilícito –lo que Braudel llama piratería amigable- de bandidaje, pues eran actividades muy cercanas y hasta complementarias. Los hermanos Barbarroja, Hawkins, Dragut, Francis Drake y otros muchos afamados corsarios igual comerciaban pacíficamente que se convertían en crueles bandidos o que encabezaban el mando de sus respectivas armadas nacionales.
    Ante la nula presencia española en el Mar Caribe, a mediados del siglo XVI, los corsarios se hicieron con su control. Y utilizaron su dominio tanto para atacar buques españoles que hacían la ruta de las Indias como para comerciar ilegalmente con las principales islas, contando al parecer con la connivencia de la élite política y económica. Según recientes estudios de Genaro Rodríguez, este comercio era mucho más ventajoso para las élites locales ya que los corsarios pagaban más por las mercancías de la tierra y vendían su género a menor precio. Así, pues, también para la élite este tráfico suponía romper con el monopolio comercial impuesto por los grandes mercaderes sevillanos.
 El cuartel general lo ubicaron en la pequeña isla de la Tortuga, donde establecieron una colonia permanente. De esta forma un buen número de ellos pasaron a convertirse en bucaneros, algo así como un corsario en tierra. La citada isla pasó a ser un importante núcleo comercial, un área libre de impuestos; lo que en terminología actual llamaríamos un paraíso fiscal.
En cualquier caso, como ya hemos afirmado, el contrabando era una actividad que compaginaban con los ataques navales sobre aquellos puertos o flotas que sabían estaban más desprotegidos. Conocemos centenares de ataques navales, en todos los confines del Imperio, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico y en el Pacífico.



2.-ATAQUES EN EL MEDITERRÁNEO

        De entre las decenas de asaltos corsarios ocurridos en el denominado Mare Nostrum destacaremos especialmente el de 1540 contra Gibraltar, por una escuadra al mando del turco Alí Bajá. Lo que nos llama la atención de este episodio es la solidaridad que despertó desde muchos lugares de España, desde donde mandaron socorro para rechazar a los bandidos. Sobre dichos acontecimientos disponemos de una gráfica descripción que nos ofrece el cronista del Emperador Carlos V, Francisco López de Gómara, y que por su interés reproducimos a continuación:


        “Y no fue tanto el daño cuanto el temor, viendo los turcos dentro del lugar, ni cuanto fue el rebato que hubieron los pueblos comarcanos y toda el Andalucía y reino de Granada. Porque luego fue al socorro gente mucha de Jimena, Jerez, Ronda, Marbella y de otros pueblos; y don Preafán de Ribera, Marqués de Tarifa, no pudiendo ir por estar malo, envió sus hombres a pie y a caballo; Sevilla, Córdoba y el Duque de Sesa, don Gonzalo Hernández de Córdoba, el Conde de Feria, don Pedro Hernández de Córdoba y Figueroa, y otros señores y lugares que caminaban ya para Gibraltar lo dejaron sabiendo que los turcos eran embarcados. Don Luis Hurtado de Mendoza, Marqués de Mondéjar y virrey de Granada, iba como capitán general derecho a Gibraltar, con Gutiérrez López de Padilla, más como en el camino supo la ida de los corsarios se fue a Málaga, donde gastó algunos días proveyendo gente y armas y otras cosas…”


 
        Pero no tardaron en regresar, pues, en 1543, nada menos que cincuenta velas corsarias asolaron las costas valencianas y las islas Baleares; Palamós, Denia, Valencia, las islas de Ibiza y Formentera, fueron robadas, saqueadas e incendiadas durante semanas casi con total impunidad. Y el impacto de todo este clima de inseguridad fue tal que, en Valencia, donde habitaban más de sesenta mil vecinos moriscos, muchos habitantes “desampararon los pueblos y han pasado las mujeres y niños a los lugares de las fronteras dentro en Castilla”. Realmente, estos hechos no tenían nada de particular. López de Gómara insiste reiteradamente en su crónica de la “inteligencia” y comunicación que había entre moriscos y corsarios berberiscos. Y en este sentido, cita un ataque enemigo al río de Amposta en el que un morisco peninsular hizo de guía. Está bien claro que los moriscos fueron expulsados de España 1609 no solo por la intransigencia religiosa sino también el miedo, fundado o no, que tenía la población sobre el apoyo que estos podían prestar a los corsarios árabes, turcos y berberiscos.
        Es más, según Fernand Braudel, en la costa catalana, en torno al delta del Ebro, donde la población era escasa, llegaron a establecerse, en diversas etapas del quinientos, corsarios argelinos de forma más o menos permanente. Ello, nos puede dar una idea aproximada de la magnitud que adquirió el fenómeno corsario en el siglo XVI. Los ataques del Emperador a Túnez, hacia 1535 y a Argel, seis años después, no pudieron evitar una realidad y es que el peligro berberisco y turco en el Mediterráneo durante la primera mitad de la centuria no solo no disminuyó sino que se acrecentó. Lepanto, con ser una batalla gloriosamente ganada para España por don Juan de Austria y don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, no supuso más que una momentánea disminución del corso en el Mediterráneo. De hecho, tras tomar don Juan de Austria Túnez en 1573, al año siguiente en una ofensiva turca, se apoderaron de nuevo de la plaza y de La Goleta.


3.-ATAQUES EN EL ATLÁNTICO

        Pero si tradicional era el corsarismo en el Mediterráneo no menos lo era en el Atlántico. Desde el siglo XIII se habían venido produciendo ataques en el Mar del Norte, en el Canal de la Mancha y en el noroeste de la Península Ibérica. Ya en las Cortes de Toledo de 1436 se recomendó que la navegación a Flandes se hiciese en pequeñas flotas para evitar los daños que hacían los corsarios.
        Cristóbal Colón, cuando aún no se conocía la magnitud de sus descubrimientos, avistó corsarios rondando las islas Canarias en sus dos primeros viajes, mientras que en su tercera travesía, pocos días después de salir de Sanlúcar, debió modificar su ruta hasta las islas Madeiras para evitar un encuentro desigual con ellos. A continuación, se dirigió a la Gomera donde nuevamente volvió a toparse con enemigos galos a los que, por fin, logró reducir. Pero, fue en 1521 cuando se comenzó a tomar conciencia del problema, coincidiendo con el gran éxito de Juan Florín que robó a una flotilla española una buena parte de los tesoros de la cámara de Moctezuma que Cortés remitía a Carlos V. Tal desastre dio lugar, por un lado, a un profundo pesar entre los españoles y, por el otro, despertó las imaginaciones de muchos europeos ansiosos de fortuna. La noticia corrió por toda Europa, intensificando de esta forma el fenómeno corsario. Desde entonces el cabo de San Vicente se comenzó a conocer, entre la gente de mar, como "el cabo de las sorpresas" porque era precisamente en esa zona donde los franceses solían esperar a los navíos españoles.
        En las primeras décadas del siglo XVI estos corsarios permanecieron, por lo general, en torno al ya mencionado cabo de San Vicente, cruzando el océano en muy raras ocasiones. De hecho, los primeros ataques navales de cierta consideración librados en el Nuevo Mundo no se produjeron hasta finales de la década de los veinte, cuando un traidor español al servicio de Francia, Diego Ingenios, sitió la villa de Nueva Cádiz de Cubagua. Pero, no fue el único español que se alistó en las filas corsarias. Juan de Castellanos en sus “Elegías de Varones de Indias” nos relató las andanzas de un tal Diego Pérez, natural de Utrera, quien huyendo de la justicia se embarcó rumbo a las Indias. Allí, entró en contacto con el corsario francés Jacques de Sore, quien lo convenció para que saquease, junto a él, las costas caribeñas. Hacia 1555, con cinco naves, se hicieron a la mar, yendo el utrerano en calidad de práctico o guía. Recalaron primero en la isla Margarita, donde, haciéndose pasar por comerciantes españoles, esperaron a la noche para saquear la isla. Luego continuaron sus pillerías por el cabo de la Vela, Santa Marta y el río Hacha. Aquí, obtuvieron cuatro mil quinientos pesos de oro de recate, sin embargo, el utrerano cometió el error de escapar con parte del botín y adentrarse en el interior. El corsario francés, encolerizado por no haber obtenido todo lo deseado se llevó a una de las autoridades del lugar, Francisco Velázquez, y lo soltó en alta mar en un barco sin agua ni víveres. Cuentan los cronistas que la providencia se mostró más indulgente que el cruel corsario francés y lo devolvió con vida a la costa. Desde su llegada se empeñó en encontrar al malvado Diego Pérez, que finalmente fue capturado y colgado de un madero.
        Desde la década de los treinta la presencia de corsarios en aguas del Caribe se hizo frecuente. Y dadas las escasas defensas navales indianas estos saqueadores hicieron grandes daños. Y en este sentido, llama poderosamente la atención el hecho de que, en 1537, dos buques corsarios –una nao y una carabela- atacaran la villa de Nombre de Dios con total impunidad. La población huyó al interior, mientras que los corsarios se apoderaban de ochenta mil pesos de oro, pidiendo luego un rescate por dejar la localidad que, tras no ser atendido, provocó el incendio de la misma. Los corsarios tuvieron tiempo de liberar en la costa a varias decenas de españoles cautivos y de marcharse tranquilamente del lugar.  
        Uno de los asaltos más sorprendentes y devastadores sobre las colonias americanas fue el que encabezó sir Francis Drake sobre Santo Domingo en 1586. Éste partió del puerto inglés de Plymouth, el 15 de septiembre de 1585, recorriendo las costas occidentales peninsulares antes de poner rumbo al Mar Caribe. Efectivamente, en enero de 1586 varias decenas de velas enemigas asediaron Santo Domingo, mientras las autoridades y toda su población, huyeron al interior de la isla que “fue grandísima lástima ver las mujeres y niños, monjas y frailes y personas impedidas descarriadas por los dichos montes y los caminos”. El daño causado en la capital primada de América fue absolutamente devastador como se evidencia en un documento de la época, conservado en el Archivo de Indias y que extractamos a continuación:



        “Destruyeron imágenes, hicieron vituperios en los templos y no contentos de esto, abrían sepulturas de los muertos y en ellas echaban mil inmundicias y despojos de reses que mataban dentro de las iglesias, de que hicieron matadero, y se sirvieron para más infames ministerios. Saquearon todas las casas y poco se escapó de sus manos; quemaron todos los navíos que estaban en el puerto. Pidieron un millón de ducados; era imposible. Bajaron a cien mil ducados; tampoco. Comenzaron a quemar casas. Garci Fernández concertó el rescate en veinticinco mil ducados que se juntaron con gran dificultad entre todos los vecinos, arzobispo e iglesias, y con tanto, después de haber estado en la ciudad cinco semanas salieron de ella a los nueve de febrero, llevándose todo nuestro caudal, hasta las campanas de las iglesias, la artillería de la fortaleza y navíos y otras menudencias de todo género, y los cuartos, moneda que corre en esta ciudad, de ellos llevaron y mucha parte fundieron y desperdiciaron; llevaron asimismo forzados de la galera que se había desherrado para que nos ayudasen y después se levantaron contra nosotros y saquearon más que los ingleses; fuéronse con ellos voluntariamente muchos negros de particulares, que son el servicio de esta tierra”.


        El citado texto nos muestra claramente el odio y la crueldad con la que estos malhechores actuaban, pues, no conformes con robar, procuraban hacer el máximo daño posible. Santo Domingo, tardó años, quizás décadas, en recuperarse plenamente de este asalto corsario.
        Pero donde el corsarismo se cebó fue en las áreas marginales de las Indias que España no podía ni tenía voluntad de defender. Incluso, la fortificación de esos territorios tan escasamente poblados podía ser un inconveniente; si caía en manos enemigas, su reconquista podría ser muy costosa. Con este simple pero quizás práctico razonamiento se dejaron de proteger amplios territorios americanos, muchos de los cuales terminaron siendo controlados y poblados por franceses, ingleses y holandeses.
        Uno de los casos más dramático de abandono a su suerte por parte de las autoridades españolas es el de la ciudad de Trujillo en la costa de Honduras. Ante sus escasas defensas y su corta guarnición, fue saqueada tantas veces que verdaderamente sorprende que siga existiendo cinco siglos después. Desde finales del siglo XVI comenzaron una serie de asaltos que la mantuvieron durante décadas casi en la ruina. Los primeros ataques se produjeron en 1595 y en 1598, siendo protagonizados por corsarios galos. En esta última ocasión se consiguió rechazar a los bandidos, no tanto por la pequeña guarnición que la defendía como por “el valor de los vecinos”.
        Tras algunas décadas de tranquilidad, los ataques corsarios se reanudaron con más virulencia que nunca. En 1632 los atacantes fueron corsarios holandeses que intentaron tomar la ciudad y los barcos que había en el puerto pero que fueron rechazados. Pero volvieron al año siguiente, en esta ocasión con ocho naos gruesas. Ante tal superioridad, la ciudad fue abandonada a su suerte, siendo saqueada y quemada. 
        Pero los asaltos no acabaron ahí, en 1638, en 1639 y en 1640 fue sucesivamente asaltada, robada y quemada. Y es que la posibilidad de defensa de Trujillo era absolutamente ridícula, hasta el punto que en un alarde que se hizo por aquellas fechas se averiguó que solo había 39 hombres capaces de empuñar un arma.
        En 1641 volvieron a tomar la ciudad cuatro naos corsarias, que estuvieron allí 25 días, entrando “doce leguas la tierra adentro y cometiendo cuantos excesos de robos y torpezas pueden imaginarse”.
        Tras estos hechos, el presidente de la audiencia de Guatemala decidió reforzar la defensa de la costa hondureña y, en particular, de Trujillo, enviando a su fortaleza medio centenar de soldados con arcabuces y mosquetes. Todo fue en vano, porque el 16 de julio de 1643 se presentaron en su puerto 16 navíos ingleses con nada menos que 1.500 hombres. Cuatro días después la ciudad fue tomada, saqueando “lo poco que había en ella y en las estancias”. Pero, pese a estar la ciudad saqueada y arruinada, al año siguiente llegó el corsario mulato Dieguillo con dos barcos, engañó a los vecinos con banderas de paz, y volvieron a despojarla impunemente. Una incursión que repitió en años posteriores hasta que, por fin, en 1650 llegó una pequeña armada de tres bajeles, enviada por el gobernador de La Habana, e hizo huir al corsario. Pero, era demasiado tarde; la paciencia de los trujillanos se había agotado y la ciudad fue desamparada y abandonada. El propio presidente de la Audiencia en su informe decía: “ya por fin quedó la costa de Honduras limpia de piratas, en mi juicio porque no había qué robar en ella”. Años después se repobló la ciudad, siendo nuevamente asaltada por corsarios, en 1689.    La historia de Trujillo no deja de sorprendernos. ¿Cómo podía permitir la España Imperial que ingleses, franceses u holandeses campasen a sus anchas y acometiesen a sus súbditos? Era la otra cara de ese vasto imperio. Un imperio tan extenso que no había ejército ni armada capaz de defenderlo. Que fustigasen la pequeña ciudad de Trujillo en Honduras no dejaba de ser un hecho anecdótico, teniendo en cuenta que en la propia Península Ibérica se atrevían con Valencia, Denia, Gibraltar o Mallorca.


BIBLIOGRAFÍA


A.-Sobre las armadas españolas:

-FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón. Madrid, Museo Naval, 1972. (9 vols).

-HARING, Clarence H.: Comercio y navegación entre España y las Indias. México: Fondo de Cultura Económica, 1979.

-MIRA CABALLOS, Esteban: La Armada Guardacosta de Andalucía y la Defensa de la Carrera de Indias. 1521-1550. Sevilla. 1998.

--------Las Armadas Imperiales. La Guerra en el mar en tiempos de Carlos V y Felipe II. Madrid, La esfera de los libros, 2005.

-PÉREZ TURRADO, Gaspar: Armadas españolas de Indias. Madrid, Mapfre, 1992.

B.-Sobre el corsarismo:

-GOSSE, Philip: Los corsarios berberiscos. Los piratas del norte. Madrid, Austral, 1973.

------- Quién es quién en la piratería. Sevilla: Librería Renacimiento, 2003.

-HARING, C. H.: Los Bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII. Sevilla: Editorial Renacimiento, 2003.

-LUCENA SALMORAL, Manuel: Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. Madrid, Editorial Mapfre. 1992.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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Autor: Esteban Mira Caballos

 

1.-INTRODUCCIÓN

 

Siempre se ha sostenido que la expulsión de los moriscos no sólo se debió a una cuestión de xenofobia sino también a un problema de seguridad nacional. En 1569 declaró un morisco ante la inquisición de Granada que ellos pensaban que esta tierra se había de tornar a perder, y que la habían de ganar los moros de Berbería1. Un año después, algunos cristianos viejos de Hornachos escribieron una misiva a Felipe II en la que manifestaban su temor ante una posible rebelión de los hornachegos en colaboración con otros moriscos de Extremadura y Andalucía con los que mantenían contactos2.

Los ataques corsarios a las costa mediterráneas españolas aumentaron ese clima de inseguridad. De hecho, en Valencia, donde habitaban más de 60.000 vecinos moriscos, muchos desampararon los pueblos y han pasado las mujeres y niños a los lugares de las fronteras dentro en Castilla3. Realmente, estos hechos no tenían nada de particular; López de Gómara insistió reiteradamente en su crónica sobre la inteligencia y comunicación que había entre los moriscos españoles y los corsarios berberiscos. Y para apoyar dicha tesis, citó el caso de un ataque enemigo al río de Amposta en el que un morisco hizo de guía4.

Es más, según Fernand Braudel, en la costa catalana, en torno al delta del Ebro, donde la población era escasa, llegaron a establecerse, en diversas etapas del quinientos, corsarios argelinos de forma más o menos permanente. Ello, nos puede dar una idea aproximada de la magnitud que adquirió el corso en el siglo XVI. Los ataques del Emperador a Túnez en 1535 y a Argel seis años después no pudieron evitar una realidad y es que el peligro berberisco y turco en el Mediterráneo durante el siglo XVI no solo no disminuyó sino que se acrecentó. De hecho, la batalla de Lepanto, ganada para España por don Juan de Austria y don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, no supuso más que una momentánea disminución del corsarismo en el Mediterráneo. Tras la toma de Túnez por don Juan de Austria en 1573 se produjo una contraofensiva turca en la que se apoderaron de nuevo de dicha plaza y de La Goleta5.

Sin embargo, el problema morisco -percibido por la sociedad- era más ficticio que real. Se trataba de unos temores excesivamente exagerados, provocados por las rebeliones del pasado y por los continuos ataques berberiscos a las costas mediterráneas. La literatura posterior se encargó de poner el énfasis en el problema morisco para justificar de alguna forma una decisión tan drástica como perjudicial para los intereses económicos del Reino. Por ello, se les culpó de instigar los ataques corsarios de turcos y berberiscos lo que acentuó y justificó el rechazo creciente de la población hacia esta minoría.

Hoy sabemos que los moriscos no tenían potencial militar, ni armas suficientes ni tan siquiera apoyo externo. La ayuda de los berberiscos y turcos fue muy escasa, pues, los ataques corsarios a las costas mediterráneas no se debieron a un plan de reconquista, con la ayuda interna de los moriscos, sino a meros actos individuales de rapiña. Probablemente nunca pasó por la cabeza de los corsarios magrebíes la posibilidad real de recuperar la Península Ibérica , ni muchísimo menos de devolver el poder a los moriscos.

El caso de Hornachos que tratamos en este trabajo, era muy singular porque, como veremos en páginas posteriores, la mayor parte de su vecindario era morisco6. Su resistencia al cambio fue muy tenaz, tanto que la mayoría terminó, como los demás moriscos españoles, en el exilio.

 

2.-LOS MORISCOS HORNACHEGOS ANTES DE LA EXPULSIÓN

En 1502 se publicó un decreto por el que se obligó a todos los moriscos a elegir entre destierro o bautismo7. Como era de esperar, casi todos optaron por convertirse al cristianismo; comenzaba la era morisca, pues todos los mudéjares fueron oficialmente bautizados. Desde ese momento no sólo se dio por finalizada la convivencia pacífica entre cristianos viejos y conversos sino que se inició una fractura definitiva que acabaría trágicamente con la expulsión del más débil, es decir, de la minoría morisca8. Como es bien sabido, la conversión fue sólo aparente, pues, la mayoría siguió practicando la religión mahometana. El humanista zafrense Pedro de Valencia explicó estas conversiones ficticias muy significativamente:

Como saben que Mahoma no quiso mártires ni esperó que ninguno hubiese de querer morir por su mentira, niegan luego y dicen ser o querer ser cristianos, son por ello perder la fe con Mahoma ni la honra con los suyos, ni dejar de ser moros como antes9

 

En Hornachos, el decreto de 1502 debió provocar no solo una gran resistencia sino también diversos altercados. Nada menos que 35 hornachegos decidieron huir a Portugal, tras ser obligados a recibir el sacramento10. Pedro Muñiz, vecino de Mérida, fue comisionado para que los persiguiera y apresara. Y así lo hizo, cobrando por sus servicios 25.540 maravedís11. Al parecer el inquisidor del arzobispado Hispalense, Álvaro de Yebra, puso, algunas objeciones a la venta, por lo que los cautivos permanecieron durante 31 días en las atarazanas de la Casa de la Contratación de Sevilla12. Finalmente, la transacción se concretó en 684.352,5 maravedís que pasaron a las arcas de la Corona13. La relación de estos moriscos, con sus nombres y apellidos ha sido dada a conocer recientemente:

 

 

 

CUADRO I

RELACIÓN DE LA VENTA DE ESCLAVOS

HORNACHEGOS EN SEVILLA (1503)14.

 

NOMBRE DEL ESCLAVO

EDAD

OBSERVACIONES

PRECIO

(En Mrv.)

Alfonso de Santa Cruz, antes Mohamad, y su mujer María

Ambos 40 años

 

45.000

Diego Carixa, antes Abenhae Carixa y su mujer María, antes Haxa

40 él y 50 ella

Él era manco

40.000

Francisco Marçan, antes Abrahem, y su mujer María, antes Fátima y su madre María, antes también Fátima

33 él, 35 ella y 60 la madre

Él tenía una nube en el ojo.

60.000

Gabriel Fernández, antes Rebollín, y su mujer Gracia, antes Fátima

Él 45 y ella 35

 

40.000

Luis Delgado, antes Colodraz y su mujer María Serrana

50 él y 38 ella

 

40.000

María, mujer del Plasenciado, antes Xanbxe y su hija Isabel, antes Fátima

45 la madre y 25 la hija

 

44.000

María Chamorra, antes Fátima Chamorra

35

 

30.000

María, mujer de Diego de la Barrera, antes Fátima y su hija Gracia, antes Hazona

40 la madre y 18 la hija

 

60.000

La mujer de Bienquerencia, antes Haxa y sus tres hijas: Inés, antes Xançia, Marfía, antes Haxa y Leonor

La madre 50 años y las hijas 18, 14 y 22 años

Ella era viuda

105.000

María, antees Moçeda

16 años

 

30.000

Juan Lozano, antes Yayaya Lozano, y su mujer María, antes Haçon

45 él y 35 ella

 

50.000

María, mujer de Piedrahita, antes Xançia, Rodrigo Chauchau, antes Hamete y Beartriz, mujer de Contreras, antes Fátima

30, 25 y 50 años respectivamente

 

30.000

Fernando Delgado, y su hermano Francisco Panete, hijos ambos de Luis Delgado

25 y 16 años respectivamente

El primero era zapatero

30.000

Pero Alonso, antes Churreybid, y su mujer María, antes Fátima

Más de 65 él y 60 ella

 

12.000

Diego, hijo de Pero Alonso y su mujer, antes Hamete

20 años

 

18.000

Tristán Camacho, antes Hamete

25 años

 

18.000

Juan de Santa Cruz, antes Hoçayne

35 años

Enfermo y con una nube en el ojo

15.000

Bernardo Manrique, antes Abrahem

55 años

Era labrador

10.000

Fernando de Contreras. Antes Cerril Cordobado

--

Se le escapó en la venta de Alange, en el camino hacia Sevilla

--

TOTAL

 

 

684.352

 

Varios aspectos merecen ser destacados: en primer lugar, ¿por qué fueron perseguidos estos moriscos huidos? Como es bien sabido, a los mudéjares granadinos se les dio la opción de convertirse o exiliarse, una posibilidad que se mantuvo en vigor durante bastantes años. Sin embargo, en el decreto de 1502 se obligó a los mudéjares a optar por la conversión o por el exilio, no por ambas. Los moriscos de Hornachos, presionados por las circunstancias, se bautizaron y aprovecharon la primera ocasión que se les presentó para abandonar el territorio. Ya no eran mudéjares sino moriscos, cristianos nuevos y probablemente por ello fueron perseguidos y capturados.

Estos hechos confirman un aspecto que ya conocíamos para el caso de la costa levantina y murciana donde muchas familias se fugaron, bien individualmente, o bien, embarcándose masivamente en las armadas corsarias cuando atacaban los puertos hispanos15. Así, por ejemplo, entre 1505 y 1509 huyó toda la población morisca de los pueblos granadinos de Teresa, Istan, Almayate y Ojen16. Pero, es más, entre 1527 y 1563, nada menos que 90 localidades moriscas valencianas perdieron población, en algunos casos de manera masiva17.

Obviamente los moriscos extremeños lo tenían mucho más difícil pues vivían tierra adentro. La posibilidad más factible que les quedaba era la huida al vecino reino de Portugal, con la intención de embarcarse hacia las costas del África occidental. Sin embargo, al menos en teoría, Portugal no era una solución pues los lusos, incluso, se habían adelantado a los castellanos, decretando su expulsión en 149618. En cualquier caso, desconocemos si con posterioridad a 1503 algunas familias hornachegas lograron huir a través del territorio luso.

Para facilitar su integración con los cristianos viejos, entre 1502 y 1504 se enviaron a la villa 30 familias de cristianos viejos con el objetivo de catequizarlos19. Sin embargo, también en esta ocasión los resultados fueron infructuosos. Desde el primer momento se supo que la integración de moros y cristianos era una empresa difícil por no decir imposible. Los moriscos estaban fuertemente arraigados a su cultura y no estaban dispuestos a renunciar a ella. La situación se tornó mucho más violenta a lo largo del siglo, intensificándose gradualmente la presión sobre los moriscos y sus bienes.

En 1526, tras un decreto prohibiendo todo culto que no fuese el cristiano, los hornachegos volvieron a rebelarse, resistiendo durante semanas en la fortaleza de la localidad20. Tras ser sometidos, Carlos V encargó al arzobispo de Sevilla Alonso Manrique de Lara, que repoblara la villa con 32 familias de cristianos viejos21. Eso significa que más de medio centenar de familias cristianas se establecieron en Hornachos a lo largo del siglo XVI. Y esa debía ser la base de la minoría cristiana –en torno al 10% de la población- frente a las más de 1.000 familias moriscas que residían en la localidad.

La situación de estos hornachegos a lo largo del siglo XVI se fue tornando cada vez más complicada. Muy significativo es la existencia en la villa de un lugar llamado el Desbautizadero de los moros desde donde, para agradar a Alá, se despeñaban aquellos moriscos bautizados contra su voluntad22. Por tanto, suicidios, huidas, y procesamientos por el Tribunal de la Inquisición; éste era el dramático cerco que se fue cerniendo a lo largo del quinientos sobre esta desdichada minoría. De hecho, la inquisición de Llerena pasó de juzgar a tan solo 6 moriscos en el período comprendido entre 1540 y 1549 a nada menos que 121 entre 1590 y 159923. Entre 1600 y 1609 la cifra de moriscos juzgados por el Santo Tribunal ascendió nada menos que a 29224. Pero es más, el 35% de todos los procesados en Llerena procedían de Hornachos, concretamente 20125. Sin duda, se vigilaban especialmente aquellos núcleos con alta concentración de moriscos, como Hornachos, Almoharín o Cañamero, donde el peligro de rebelión era mayor26.

Es cierto que, pese a su aparente conversión –prácticamente todos recibieron las aguas del bautismo-, siguieron observando sus costumbres y rezándole a su verdadero dios, Alá. Además era ostensible que no comían carne de cerdo, que ayunaban durante el mes del ramadán y que le practicaban la circuncisión a todos los varones. Y es que la concentración de más de tres millares de moriscos en una misma localidad en la que, además, controlaban los cargos públicos les daba una mayor libertad para practicar sus viejas costumbres mahometanas. Todo ello suponía la excusa perfecta para actuar contra ellos, constituyendo una fuente excepcional de ingresos para la Inquisición y los inquisidores. Cuando finalmente los expulsaron se acabó, como dice el refrán, con la gallina de los huevos de oro.

Previendo posibles altercados la Orden de Santiago reparó en varias ocasiones la fortaleza de la villa cuya base era de origen musulmán. En 1537 hizo ciertos reparos el albañil Hernando Camar, sin embargo, la obra más concienzuda la llevó a cabo en 1544 el maestro llerenense Luis Zambrano27. También se afianzaron las infraestructuras religiosas, inexistentes todavía a finales del siglo XV. Precisamente, en 1494 se decía que no había más iglesia que una pequeña capilleja pequeña situada en la fortaleza28. A lo largo del siglo XVI se construyó la iglesia parroquial que consta de tres naves y tiene una bonita torre-fachada típicamente mudéjar. Asimismo, se erigió un convento de franciscanos, del que sólo quedan algunos restos, así como la ermita de Nuestra Señora de los Remedios29.

 

3.-EL EXILIO

 

Como es bien sabido, Felipe III decretó finalmente la expulsión de los moriscos el 9 de diciembre de 1609. Los varones adultos fueron en su mayoría expulsados muy a pesar de que había al menos una minoría que se consideraban conversos sinceros. En cambio, hubo un mayor número de excluidos entre otros grupos: a las mujeres, tanto si eran moriscas como cristianas desposadas con un morisco, se les consintió quedarse con sus hijos, contando con el consentimiento de su esposo y con la aprobación de los cristianos viejos de cada localidad. También fueron excluidos los niños menores, pues se intentaba proteger a aquellas personas que todavía se consideraban recuperables. De hecho, en el decreto del 22 de septiembre de 1609 se estableció lo siguiente:

No serán expelidos los menores de cuatro años y sus padres, si quisieren. Los menores de seis años, hijos de cristiano viejo, se pueden quedar y su madre con ellos, aunque sea morisca. Si el padre fuera morisco y la madre cristiana vieja, él será expelido y los hijos quedarán con la madre30

 

Una vez que acabó la expulsión de los moriscos valencianos, en diciembre de 1609, se procedió a expulsar, ya en 1610, a los residentes en Extremadura, Andalucía y Murcia. El bando de expulsión de los moriscos hornachegos, fechado el 16 de enero de 1610, fue llevado personalmente a la villa por el alcalde de la Corte Gregorio López Madera31. Existen muchos aspectos controvertidos sobre los que intentaremos arrojar algo de luz: ¿qué población tenía la villa?, ¿cuántos de ellos eran moriscos?, ¿cuántos se exiliaron? La primera pregunta tiene una fácil respuesta, puyes, aunque no disponemos de censos sobre la población de Hornachos en el siglo XVI, contamos con otras fuentes que hablan de una población en los años previos a la expulsión de entre 1.063 y 1150 vecinos32 Por ello existe casi unanimidad a la hora de fijar su población entre los 4.500 y los 5.000 habitantes.

En cuanto al número de moriscos, disponemos de abundantes datos; aunque Hornachos no se incluyó en el famoso censo de moriscos extremeños de 159433, disponemos de fuentes alternativas. En una carta de los inquisidores de Llerena dirigida al Consejo Real, fechada poco antes de la expulsión, afirmaban que casi todos sus habitantes eran moriscos y que tan sólo había unas ocho casas de cristianos viejos34. Mas testimonios encontramos en las fuentes secundarias; así, por ejemplo, el capitán Alonso de Contreras en su autobiografía de finales del siglo XVI dijo que toda la villa era morisca excepto el cura35. Poco después, en 1608, Ortiz de Thovar afirmó que de los 1.000 vecinos que había en la localidad casi todos eran moriscos, salvo unos cuantos cristianos viejos36. Ello explicaría de paso por qué controlaban totalmente el gobierno municipal, pues, tras la expulsión, quedaron vacantes nada menos que 19 regidurías y escribanías de cabildo así como dos procuradurías del número37.

Disponemos de otras pruebas más circunstanciales que confirman esta presencia casi simbólica de cristianos viejos. De hecho, en casi tres siglos de emigración a las Indias, donde más de 20.000 extremeños cruzaron el charco tan sólo una veintena fueron naturales de Hornachos, la mayoría frailes del convento franciscano. Excluyendo a estos últimos prácticamente emigraron dos familias: la de Diego López de Miranda y la de su hermano Pedro Gómez de Miranda38. Este bajo índice migratorio nos refuerza la idea del bajísimo número de cristianos viejos que residían en la localidad, pues los moriscos tenían prohibida la emigración al Nuevo Mundo39. En definitiva, es obvio que existía una alta concentración de moriscos, que podían suponer entre el 90 y el 95% de la población. Dicho en otras palabras de las 4.500 o 5.000 personas que habitaban la villa casi todas, excepto varias decenas de familias de cristianos viejos, eran moriscas40.

En los libros sacramentales no se especifica, salvo en muy rara ocasión, el carácter morisco del bautizado quizás porque prácticamente todos lo eran. En otras parroquias extremeñas sí he encontrado la alusión en la partida al carácter morisco del niño en cuestión. Lo raro es que tampoco encontramos especificado la condición de cristiano viejo de alguno de los bautizados. Ahora bien, el análisis de los nombres con el que se bautizaban los hornachegos nos ratifican en la idea de que su población era mayoritariamente morisca.

 

CUADRO II

TABLA DE FRECUENCIA DE LOS NOMBRES FEMENINOS

EN LOS LIBROS DE BAUTIZOS (1603-1609)41

 

NOMBRE

1603

1604

1605

1606

1607

1608

1609

TOTAL

María

23

44

29

21

32

30

34

213

Isabel

12

21

8

26

12

14

5

98

Leonor

7

5

9

2

6

5

7

41

Mayor

3

3

2

0

0

0

1

9

Juana

2

0

0

0

0

0

0

2

Catalina

0

0

0

0

1

0

0

1

Vitoria

0

0

0

0

0

0

1

1

Ana

0

0

0

0

0

0

1

1

TOTAL

47

73

48

49

51

49

49

366

 

Analizando 366 nombres de niñas bautizadas en los siete años anteriores a su expulsión, los datos son bastantes concluyentes y contundentes. En cuanto a los nombres femeninos domina ampliamente el de María que lo recibieron el 58,19% de las bautizadas. Le siguen en importancia Isabel con el 26.77% y Leonor con el 10,20%. Pero, es más, estos tres nombres -María, Isabel y Leonor- concentraban nada menos que el 96,17% de los casos. ¿Y qué tiene de particular todo esto?, pues, bien, resulta que según estudios de Bernard Vincent, en 1503, el 87,67 % de las moriscas que vivían en el Albaicín se llamaba María, Isabel o Leonor42. Obviamente esto no puede ser causalidad. Estaba claro que los párrocos impusieron con mucha frecuencia a los moriscos los nombres de María, obviamente en honor a la Madre de Dios, Isabel, en recuerdo de la Soberana Católica, y Leonor que, a juicio de Bernard Vincent, es un nombre muy vinculado a las familias de cristianos viejos que los solían apadrinar.

En cuanto a los nombres cristianos impuestos a los niños presentamos el cuadro Nº III:

 

 

 

 

 

CUADRO III

TABLA DE FRECUENCIA DE LOS NOMBRES MASCULINOS

EN LOS LIBROS DE BAUTIZOS (1603-1609)43

 

NOMBRE

1603

1604

1605

1606

1607

1608

1609

TOTAL

Diego

14

22

13

16

9

16

12

102

Francisco

3

7

7

4

8

8

16

53

Alonso

5

5

11

11

6

10

4

52

Gabriel

4

5

4

2

3

5

5

28

Hernando

5

11

8

4

7

6

0

27

Juan

6

1

0

4

3

2

4

20

Luis

4

3

4

2

3

3

1

20

Álvaro

6

9

3

0

0

0

0

18

Fernando

3

4

1

0

2

1

0

11

García

5

0

2

1

1

1

0

10

Gonzalo

2

1

2

1

0

0

1

7

Andrés

1

1

0

0

0

0

0

2

Martín

0

0

0

1

1

0

0

2

Manuel

0

1

0

0

0

0

0

1

Lope

0

1

0

0

1

0

0

2

Rodrigo

0

1

0

0

1

0

1

2

Marcos

0

1

0

0

0

1

0

2

Pedro

0

1

3

0

1

0

1

6

Miguel

0

1

0

0

1

1

1

4

Cristóbal

0

0

0

0

1

0

0

1

Felipe Antonio

0

0

0

1

0

0

0

1

Bartolomé

0

0

0

0

0

0

1

1

TOTAL

53

75

58

47

47

54

47

381

 

Antes de analizar los nombres de los niños bautizados aprovecharemos para decir que la sex ratio en estos años era de 104,09 niños por cada 100 niñas. Una relación de sexos que parece plenamente normal, y similar a la que se daba en aquellos tiempos en el resto de España y de Europa44.

En el caso de los nombres masculinos también se produce una gran concentración, pues el 79,26% fueron bautizados con la onomástica de Diego, Francisco, Alonso, Gabriel, Hernando Juan y Luis por este orden. Se trata igualmente de nombres muy usados en los pueblos moriscos de la Alpujarra granadina a principios del siglo XVI, especialmente los de Francisco y Alonso. Diego, que es el nombre más usado en Hornachos, también lo encontramos con bastante frecuencia en algunos pueblos de la serranía de Granada45. En cuanto a Francisco, no solo estaba vinculado a los moriscos pues era un nombre usual en la España de los siglos XVI y XVII por el gran auge e influencia de la orden franciscana. Lo que pretendemos demostrar es que efectivamente, quedan pocas dudas sobre el carácter morisco de la mayoría de la población de Hornachos, antes de 1610.

Solventada la primera cuestión, debemos abordar la segunda: ¿cuántos de estos moriscos hornachegos marcharon al exilio? La mayoría de los especialistas han sostenido que fueron unos 3.00046. Teniendo en cuenta que en Hornachos vivían aproximadamente en torno a 4.000 moriscos, y entre 300 y 500 cristianos, podríamos pensar que aproximadamente un 25 % de los moriscos permaneció en la villa. Sabíamos por algunas referencias que muchos moriscos entregaron a sus hijos y a sus mujeres antes de marchar. Las palabras del cronista Ortiz de Thovar resultan muy significativas:

Publicado el bando que ya tenían ellos sospechas, se quitaron muchos la vida a sí mismos, y otros vendían a sus propios hijos para aliviarse de la carga; otros dejaban a sus mujeres; y otros entregaban a sus hijos para ir de este modo más desembarazados47.

 

Sin embargo, hay una fuente adicional que puede aportarnos luz sobre el número de moriscos que permaneció en la villa, es decir, los libros sacramentales de la parroquia de la Purísima Concepción de Hornachos:

 

CUADRO III

BAUTIZOS EN HORNACHOS (1585-1613)48

 

AÑO

Nº DE BAUTIZADOS

1587

166

1588

126

1589

115

1590

88

1591

81

1592

121

1593

120

1594

102

1595

127

1596

123

1597

108

1598

126

159949

115

1603

109

1604

162

1605

111

1606

110

1607

99

1608

104

1609

96

1610

45

1611

60

1612

54

 

Nuestras conclusiones son muy elocuentes: entre 1590 y 1609 se bautizaron una media aproximada de 115,45 niños, mientras que entre 1611 y 1613 la media descendió a 53. Es decir, una caída en los bautizos del 54,1%. El dato nos parece sumamente revelador, pues si la mayoría de la población era morisca, como defiende prácticamente la totalidad de la historiografía, entonces habría que pensar que un porcentaje importante permaneció en la villa50.

Comparemos los bautizos de Hornachos con los que se celebraban en una villa pequeña como Feria. En esta última localidad se estimaba que por aquellos años tenía entre 1600 y 1800 habitantes y bautizaba un promedio de entre 60 y 65 niños anuales51. Dado que la media de bautizos, tras la expulsión, se mantuvo en unos 53, es factible deducir que la población de Hornachos se redujo a unas 1.400 o 1.500 personas. Teniendo en cuenta que tan sólo había entre 300 y 500 cristianos viejos, supondría la permanencia en la villa de entre 1.200 y 1.000 moriscos, es decir, entre un 25 y un 30% de la población morisca original.

Otros datos verifican esta misma idea; tras el exilio se inventariaron 1.000 casas abandonadas. Eso equivaldría más o menos a 1.000 vecinos o fuegos. Se ha estimado en general que la familia media morisca se situaba por debajo de cuatro52, sin embargo, es seguro que el número de emigrados debió ser inferior por varios motivos: primero, porque los niños menores de edad se quedaron en la localidad en manos de cristianos viejos o de moriscos de una conversión probada. Por ello, aunque la casa morisca quedase vacía, algunos miembros de esa unidad familiar pasaron a engrosar las familias de los cristianos viejos. Incluso, contaban los cronistas que algunos entregaron hasta sus mujeres para evitarles la dura experiencia del exilio. Por tanto, a nuestro juicio es obvio que, pese a las 1.000 casas abandonadas, los exiliados debieron estar en torno a 3.000. Pero crucemos estos datos con los de los matrimonios. A continuación presentamos un muestreo, utilizando algunos años anteriores y otros posteriores a la expulsión:

 

CUADRO IV

MATRIMONIOS ANUALES CELEBRADOS

EN HORNACHOS (1592-1627)53

 

AÑO

NÚMERO

1572

40

1573

31

1574

33

1575

38

1620

25

1625

13

1626

15

1627

17

 

Como puede observarse la media de matrimonios antes de la expulsión era de 35,5 mientras que después se situaba en 17,75. Ello equivaldría a un descenso aproximado de un

50,7%. En definitiva, los bautizos descendieron un 54,1% y los matrimonios un 50,7%. Ello volvería a ratificar la idea de que un buen número de moriscos, a mi juicio entre 1.000 y 1.200, permanecieron en Hornachos. La hipótesis no deja de ser novedosa, pues, siempre se pensó que los llamados moriscos de paz, aquellos conversos sinceros que se quedaron, fueron muy excepcionales. Se confirmaría la intuición que ya manifestó Bernard Vincent hace más de dos décadas cuando afirmó que posiblemente, después de 1610, permaneció en la Península una población morisca más numerosa de lo que generalmente se admite54. Antonio Domínguez Ortiz aportó algunos datos concretos de moriscos que permanecieron en la Península, en las villas del Campo de Calatrava, que tenían un privilegio de los Reyes Católicos y estaban cristianizados, como en los reinos de Valencia y Murcia55. Los datos aportados por nosotros para el caso de Hornachos vienen a confirmar esta permanencia de moriscos también en Extremadura. Tan claro tenemos la permanencia de moriscos en Hornachos que en la tardía fecha de 1735 encontramos el bautizo de uno de ellos, que por su interés lo reproducimos a continuación:

En la villa de Hornachos, en catorce días del mes de septiembre de mil setecientos y treinta y cinco años, yo don Juan Miguel de Tovar, teniente de cura de ella y comisario del Santo Oficio de la Inquisición, bauticé solemnemente, catequicé y pasé los sagrados óleos a Juan Antonio de la Cruz, hijo legítimo de José Francisco Luis de los Dolores, vecino de esta villa y mariscal de los arrabales de Orán, presidio de África, hijo de padres moros de nación de los llamados de paz, y de Thomasa María Lorenza, vecina de esta villa, cuyos padres se casaron en Badajoz y consta de ser casamiento por certificación que está sacada de la original y consta del libro de casados y velados de esta villa al folio trescientos y treinta y seis vuelto, fueron sus padrinos Juan Alonso Márquez, abuelo del bautizado, y doña Isabel de Mendoza, mora, soltera, hija de don José de Mendoza ya difunto y de doña Antonia Grillo, a quienes advertí la consignación espiritual y demás obligaciones. Fueron testigos don Fernando de Mendoza, presbítero, Alonso Durán Zapata, sacristán mayor y don José Grillo de Thena, todos vecinos de esta villa. Y firmé: D. Juan Miguel Marías Tovar56.

 

Como puede observarse la partida no tiene desperdicio, pues confirma la residencia en Hornachos al menos de una familia de orígenes moros, incluidos los padres, los abuelos y hasta una moza mora que hizo de testigo.

Pero volviendo al hijo de nuestra narración, la situación de los deportados debió ser trágica. Tenemos relatos que nos pintan escenas verdaderamente dramáticas sobre las condiciones del viaje. Al parecer sufrieron en los caminos el acoso de bandidos que les robaron lo que pudieron57. En 1611 se encontraban en Sevilla, un acontecimiento que fue destacado por el cronista hispalense Diego Ortiz de Zúñiga quien, por un lado, alabó el celo religioso de Felipe III al expulsarlos y, por el otro, denunció la penosa situación de los deportados hornachegos. De hecho, escribió que algunas personas piadosas lamentaron la situación, viendo embarcar criaturas que movían su lástima y compasión58. El pasaje se lo pagaron ellos mismos con el dinero líquido que habían obtenido malvendiendo algunas de sus propiedades antes de la partida. Concretamente gastaron unos 22.000 ducados en financiar su pasaje con destino a las costas del actual Marruecos59. Unos ayudaron en el pago a los otros, confirmando nuevamente la gran solidaridad existente entre los moriscos en general y entre los hornachegos en particular. La mayoría desembarcó en el puerto de Tetuán desde donde se dirigieron a Salé, antigua villa, integrada actualmente en el perímetro metropolitano de la ciudad de Rabat.

 

4.-LA VILLA DESPUES DE LA MARCHA DE LOS MORISCOS

 

Se ha creado un falso mito sobre las riquezas dejadas por los moriscos tras su exilio. Pero esta creencia no es nueva, pues, los propios contemporáneos se equivocaron al estimar las rentas y las propiedades de los moriscos muy por encima de su valor real. Los moriscos distaban muchos de ser pobres de solemnidad –utilizando un concepto de la época- pues la mayoría eran trabajadores eficientes que se repartían en los tres sectores económicos: el primario, el secundario y el terciario. Sin embargo, a lo largo del siglo XVI se habían empobrecido considerablemente, debido a la excesiva presión fiscal, a las multas y a la confiscación de sus propiedades. Todo esto está bien documentado en diversas regiones moriscas de España. En el caso de Granada, entre 1559 y 1568 se revisaron los títulos de propiedad de todas las fincas de los moriscos, cambiando de manos unas 100.000 hectáreas60. En Almería, tras la expulsión de los moriscos, después del alzamiento de 1568, se supo que la mayor parte de sus propiedades estaban fuertemente cargadas con censos perpetuos61.

El caso de Hornachos no fue una excepción. Los moriscos hornachegos se habían empobrecido considerablemente a lo largo del quinientos. Y las causas están bien claras: una presión fiscal excesiva, las condenas pecuniarias de los inquisidores de Llerena que convirtieron la problemática morisca en una excepcional fuente de ingresos, y finalmente, el hecho de que, temiendo su expulsión, muchos malvendieran sus propiedades. Precisamente, con motivo del decreto de febrero de 1502 muchos hornachegos vendieron sus fincas al mejor postor, pensando que sería expulsados. Finalmente, la mayoría aceptó el bautismo y se quedó, pero el quebranto económico estaba ya hecho62.

Felipe III había contraído una deuda de 180.000 ducados con la familia Fugger63, a los que les seguía debiendo algo más de 30 millones de maravedís. Por ello, se tasaron bienes de los moriscos de Hornachos para pagar esa deuda. Sin embargo, los tasadores reales valoraron al alza muchas de las propiedades de los moriscos lo que generó una reclamación por parte de estos prestamistas. Inicialmente las rentas y propiedades de los moriscos de Hornachos fueron estimadas en 180.000 ducados. Domínguez Ortiz y Bernard Vincent analizaron un inventario de los bienes dejados por los moriscos estimaron su valor en unos 122.300 ducados64. Pero también esa cantidad nos parece excesiva. Los Fugger se quejaron de que las propiedades que les entregaron estaban fuertemente censadas, tanto por particulares como a favor de los inquisidores de Llerena. De hecho, en una Real Cédula expedida el 17 de septiembre de 1611 se afirmó lo siguiente:

Que el tribunal de Santo Oficio de la Inquisición de la villa de Llerena tenía cantidad de censos sobre aquellas haciendas y no se habían presentado sus escrituras para saber lo que montaba y por parte de los Fúcares se agravió en mi Consejo de Hacienda…65.

 

Incluso, muchos de sus bienes inmuebles tenían contraídas deudas censales por un importe muy superior a su propio valor66. Por todo ello, fue necesario volver a tasar las propiedades, haciendo previamente concurso de acreedores de todas aquellas personas e instituciones que tenían censos a su favor. Para ello, se comisionó a Tomás de Carleval para que se encargase antes que nada de hacer pagar las deudas y censos que estaban cargados sobre las haciendas que dejaron los moriscos de Hornachos67. Su trabajo era complicado y duró varios años por lo que el 9 de enero de 1614 se le volvió a renovar su prorroga para continuar la venta de bienes para el pago de los acreedores. Una vez pagadas las deudas se debía entregar a los Fúcares el valor pactado con ellos. Pero nunca se completó el pago porque los bienes dejados por los moriscos no fueron suficientes.

Aunque muchos cristianos acudieron a poblar la villa, pues ofrecía grandes posibilidades de enriquecimiento por el hundimiento de los precios, lo cierto es que nunca se recuperó totalmente. En 1646 seguía teniendo tan solo 500 vecinos, es decir, poco más de 2.000 habitantes68. La situación no mejoró en la segunda mitad del siglo XVII pues los bautizos nunca alcanzaron las cifras anteriores al decreto de expulsión69.

 

5.-LA REPÚBLICA DE SALÉ

Desde Sevilla llegaron a Ceuta y de aquí a Tetuán. El sultán de esta ciudad, incómodo por la presencia de este contingente tan cohesionado, decidió establecerlos en la frontera sur de Marruecos70. Sin embargo, terminaron desertando, ubicándose por su propia cuenta en la pequeña villa de Salé la Nueva, en la orilla izquierda del río Bou Regreg, muy cerca de Rabat71. Se trataba de una pequeña aldea que fue revitalizada con la llegada de los hornachegos. Allí se unieron a otro contingente menor de andaluces y todos ellos formaron, desde 1627, la república independiente de Salé. Culminaba así la larga lucha de los hornachegos por su libertad.

Los hornachegos formaron allí un pequeño Estado corsario que vivió su esplendor en la primera mitad del siglo XVII. Una curiosa y efímera república, entre mora e hispana, tan diferente al reino de España como al de Marruecos. Para entenderlo basta con citar el nombre de su primer gobernador: Brahim Vargas72, una curiosa combinación de un nombre moro con un apellido netamente castellano. Actuaban en la zona del estrecho de Gibraltar por su propia cuenta o aliados con los turcos, causando graves daños a la navegación hispana en el Mediterráneo.

En 1631, a través del Duque de Medina Sidonia, propusieron a Felipe IV un pacto: ellos entregarían la ciudad a la Corona castellana a cambio de permitirles la vuelta a Hornachos en las mismas condiciones en las que vivían antes de la expulsión, recuperando, por supuesto a sus hijos73. Obviamente, el plan no salió adelante y, despechados, no tardaron en ofrecerle algo parecido al rey de Inglaterra. Sin embargo, este proyecto fallido nos aclara mucho sobre el sentimiento y la añoranza del exilio español en Salé.

Después esta república de Salé languideció hasta su integración en el reino marroquí en el tercer tercio de ese mismo siglo. Sin embargo, todavía en el siglo XXI muchos descendientes de aquellos moriscos llegados en el siglo XVII combinan sus nombres árabes con apellidos como Zapata, Vargas, Chamorro, Mendoza, Guevara, Álvarez y Cuevas entre otros74.

 

 

6.-VALORACIONES FINALES

 

Del estudio de los moriscos de Hornachos podemos extraer varias conclusiones: primero, los moriscos en general y los hornachegos en particular se mostraron inasimilables. Padecieron todo tipo de presiones: bautismos forzados, multas, confiscaciones y un cerco asfixiante contra sus costumbres pero, pese a ello, la inmensa mayoría jamás renunció a su cultura. En Hornachos, el hecho de que existiese un contingente total en torno a 4.000 moriscos provocó una especial cohesión entre todos ellos que favoreció el mantenimiento de sus tradiciones grupales. Una cohesión que mantuvieron después del exilio y que les sirvió para ayudarse y protegerse mutuamente. Una vez alcanzado su destino en Salé, permanecieron juntos, fundando la famosa república corsaria. Allí encontraron su particular tierra de promisión donde pudieron cumplir sus deseos de mantenerse fieles a sus raíces islámicas.

Segundo, una de las conclusiones más sorprendentes de este estudio es que no todos los hornachegos fueron obligados a marchar al exilio. El descenso de los bautismo en solo un 54,1% y el de los matrimonios en un 50,7% nos está indicando que una parte de la población permaneció en la villa. Es imposible establecer una cifra concreta porque probablemente, ante las posibilidades de comprar casas y tierras a bajo precio, algunas familias cristianas se apresuraron a avecindarse en la localidad. Pese a ello, a mi juicio, y dados los indicios de que disponemos, más de un millar de moriscos eludieron el exilio. Y no sólo fueron niños y mujeres porque siguieron celebrándose matrimonios y bautizos. Es probable que algunos varones adultos, los que participaban al menos públicamente en los cultos cristianos y los que mantenían buenas relaciones con los franciscanos y con los cristianos viejos del lugar, se quedasen en la localidad con el consentimiento de las autoridades. Quiero insistir que se trata solo de hipótesis a partir de los indicios que nos ofrecen los libros Sacramentales. Habrá que esperar a futuras investigaciones o a futuros hallazgos documentales para ratificar estas hipótesis iniciales. Obviamente, ignoramos también cómo fue la integración de estos moriscos que finalmente se quedaron en una sociedad tan intransigentemente cristiana.

Tercero, los bienes dejados fueron mucho menos cuantiosos de lo que la Corona estimó en su momento y de lo que incluso la historiografía contemporánea ha defendido. Sus rentas no eran tan cuantiosas, sobre todo porque habían sido fuertemente lastradas con censos, básicamente provocado por las multas que periódicamente les imponían los inquisidores de Llerena.

Y cuarto, su largo viaje en busca de la tierra prometida les costó caro, carísimo: la pérdida de todos sus bienes, el abandono forzado de sus vástagos más pequeños y un largo recorrido en el que padecieron todo tipo de calamidades. Nunca pensaron que su cultura y sus tradiciones eran una curiosa mezcla entre elementos predominantemente berberiscos e islámicos con otros de honda tradición hispánica. Ocho siglos en la Península Ibérica los había transformado irremediablemente. De hecho, encontraron serias dificultades para entenderse con los habitantes de Rabat, pues su idioma era una compleja mezcla entre el árabe y el castellano. No se podían identificar con la España de los cristianos viejos, pero probablemente tampoco con los berberiscos intransigentes del norte de África. Eran islámicos, sí, pero españoles no africanos. Por ello, mientras vivió uno solo de ellos nunca se olvidaron de su tierra de origen. Algunos, incluso soñaron con la remota posibilidad de poder retornar algún día a su querida y añorada villa de Hornachos. E incluso, los actuales descendientes todavía conservan cierta nostalgia, trasmitidas de padres a hijos, de su origen hispano.

Estos siglos de presencia moruna en Hornachos, unido a la permanencia de algunos de ellos en la localidad contribuyeron a perpetuar el bagaje cultural y artístico moro en esta peculiar villa pacense.

 

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1 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio y Bernard VINCENT: Historia de los moriscos. Madrid, Alianza Universidad, 1997, Pág. 29.

2 Cit. en GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Alberto: Hornachos, enclave morisco. Mérida, Asamblea de Extremadura, 2001, Pág. 76.

3Relación de los ataques y saqueos cometidos en 1543 por una armada turca en las costas mediterráneas españolas y en las islas Baleares. Colección de Documentos de Martín Fernández de Navarrete. Publicado Facsímil en Revista de Historia Naval, Nº 79. Madrid, 2002, págs. 100-104.

4 LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco: Guerras del mar del emperador Carlos V . (Estudio y edición de Miguel Ángel de Bunes y Nora Edith Jiménez). Madrid, Sociedad Estatal para la conmemoración de los centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, Pág. 102.

5BRAUDEL, Fernand: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en ka época de Felipe II, T. II. México, Fondo de Cultura de Económica, 1987, Pág. 273.

6 Algunos autores han sostenido que casi la totalidad de los habitantes de Hornachos eran moriscos. Véase, por ejemplo, a GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: Ob. Cit., Pág. 69-70. Sin embargo, a mi juicio, hay indicios más que suficientes para pensar que los moriscos aun siendo un contingente muy amplio, era aproximadamente la mitad de la población de la villa.

7 El documento en cuestión se encuentra transcrito en LADERO QUESADA, Miguel Ángel: “Los mudéjares de Castilla en la Baja Edad Media”, en Los Mudéjares de Castilla y otros estudios de historia medieval andaluza. Granada, Universidad, 1989, Págs. 127-130. Sobre la progresiva intolerancia de esos años puede verse el interesante trabajo de CORTÉS PEÑA, Antonio Luis: “Mudéjares y moriscos granadinos, una visión dialéctica tolerancia-intolerancia”, en Granada 1492-1992, del Reino de Granada al futuro del Mundo Mediterráneo. Granada, Universidad, 1995, Págs. 97-113.

8 Sobre el conflicto entre cristianos viejos y moriscos puede verse el interesante trabajo de CARDAILLAC, Louis: Moriscos y cristianos. Un enfrentamiento polémico (1492-1640). Madrid, 1979.

9 VALENCIA, Pedro de: Tratado acerca de los moriscos de España (Ed. de Rafael González Cañal). Badajoz, Unión de Bibliófilos Extremeños, 2005, Págs. 82-83. Desde la Baja Edad Media había habido debates sobre la validez de estos bautismos forzados. Sobre la cuestión puede verse el trabajo de GOÑI GAZTAMBIDE, José: “La polémica sobre el bautismo de los moriscos a principios del siglo XVI”, Anuario de Historia de la Iglesia, Nº 16. Pamplona, 2007, Págs. 209-216.

10 Bernard Vincent sospechaba la posibilidad de que algunos moriscos hubiesen optado por la exilio antes que asumir su conversión forzosa. VINCENT, Bernard: Minorías y marginados en la España del siglo XVI. Granada, Diputación Provincial, 1987, Págs. 218-219. Estos detenidos confirman su sospecha. Hubo intentos de exilio al menos en el caso de Hornachos.

11 LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Las Indias de Castilla en sus primeros años. Cuentas de la Casa de la Contratación (1503-1521). Madrid, Dykinson, 2008, Pág. 267.

12 Ibídem, Pág. 266.

13 Ibídem, Pág. 180.

14Elaboración propia a partir de los datos que figuran en los libros del tesorero de la Casa de la Contratación del doctor Sancho de Matienzo. AGI, Contratación 4674, libro manual, fols. 30v-35 r. Documento publicado por LADERO: Las Indias de Castilla…, Págs. 242-243.

15 Hay casos muy llamativos como en ocurrido el 24 de septiembre de 1566 cuando una armada berberisca atacó la villa almeriense de Tabernas. Nada menos que 99 moriscos decidieron marcharse voluntariamente con los corsarios. GIL SANJUÁN, Joaquín: “Represión inquisitorial de los moriscos almerienses durante la segunda mitad del siglo XVI”, Coloquio Almería entre culturas, T. II. Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 1990, Pág. 543.

16 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Historia de los moriscos…, Pág. 86.

17 Ibídem.

18MOLÉNAT, Juan-Pierre: “Hornachos fin XVe-début XVIe siècles”, en La España Medieval Vol. 31, 2008, Pág. 167. Sobre la situación de los moriscos en Portugal puede verse el trabajo de LÓPES DE BARROS, María Filomena: Tempos e espaços de mouros. A minoria musulmana no Reino portugués (sécalos XII a XV). Lisboa, Fundaçao Calouste Goulbenkian, 2007.

19 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: Ob. Cit., Pág. 73.

20 Ibídem.

21 Alonso Manrique ocupó la mitra hispalense los quince años comprendidos entre 1523 y 1538. Era hermano del célebre poeta Jorge Manrique. ROS, Carlos (Dir.): Historia de la Iglesia de Sevilla. Sevilla, Editorial castillejo, 1992, Pág. 831.

22 MUÑOZ DE RIVERA, Antonio: Monografía histórico-descriptiva de la villa de Hornachos. Badajoz, Imprenta de Uceda Hermanos, 1895, Pág. 34.

23 FERNÁNDEZ NIEVA, Julio: “Inquisición y minorías étnico religiosas en Extremadura”, Revista de Estudios Extremeños T. XLI Nº 2. Badajoz, 1985, Pág. 240.

24 TESTÓN NÚÑEZ, Isabel: “Minorías étnico-religiosas en la Extremadura del siglo XVII”, Norba T. III. Cáceres, 1982, Pág. 263.

25 Ibídem.

26 Ibídem, Pág. 264.

27 Véase el apéndice I.

28 RUIZ MATEOS, Aurora: Arquitectura civil de la Orden de Santiago en Extremadura. La Casa de la Encomienda. Madrid, 1985, Pág. 106.

29 Un breve recorrido por el arte de la localidad puede verse en PIZARRO GÓMEZ, Francisco Javier: Por tierras de Badajoz. León, Ediciones Lancia, 1992, Pág. 56.

30 Cit. en STALLAERT, Christiane: Ni una gota de sangre impura. La España inquisitorial y la Alemania nazi cara a cara. Barcelona, Galaxia-Gutenberg, 2006, Pág. 291.

31 MUÑOZ DE RIVERA: Ob. Cit., Pág. 40.

32 VINCENT: Ob. Cit., Pág. 221. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: Ob. Cit., Págs. 87-88. FERNÁNDEZ NIEVA, Julio: “Un censo de moriscos extremeños de la Inquisición de Llerena (año 1594)”, Revista de Estudios Extremeños T. XXIV, Nº 1. Badajoz, 1973, Págs. 160-162.

33 FERNÁNDEZ NIEVA: Un censo de moriscos extremeños, Págs. 149-176.

34 Ibídem, Págs.160-161.

35 CONTRERAS, Alonso de: Vida del capitán Alonso de Contreras. Madrid, B.A.H., 1920, Pág. 198 y ss.

36 Cit. en GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: Ob. Cit., Pág. 80.

37 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Historia de los moriscos…, Pág. 127.

38 El 13 de octubre de 1583 Pedro Gómez de Miranda realizó una información en la villa de Hornachos porque pretendía acudir a Lima donde estaba su hermano Diego López de Miranda. En 1584 marcharía a los reinos del Perú en compañía de su esposa, Francisca de Mesa, natural de Zafra, y de sus hijos Pedro, Juan y María. El argumento que esgrimió para justificar su marcha era que pasaba mucha necesidad en esta tierra por haberse llevado su hermano su hacienda. En una villa dominada por moriscos no debía ser nada fácil la vida de estos pocos cristianos viejos. Por cierto que en la información salieron a relucir casi todos los cristianos que había en el pueblo: Juan de Escobar, gobernador del partido, el mercader Diego Hernández y un tal Pero Gómez entre otros. Información y licencia de Pedro Gómez de Miranda, 1583-1584. AGI, Indiferente General 2093, N. 200.

39 Aunque a partir de la expulsión en 1610, la villa se fue repoblando de cristianos, la emigración extremeña en el siglo XVII se redujo considerablemente, haciéndose prácticamente simbólica en el siglo XVIII.

40 Con estos datos la historiografía contemporánea ha dado por cierto que su población era básicamente morisca. Así, por ejemplo, Bernard Vincent estimó que los cristianos avecindados en Hornachos en el momento de la expulsión no eran más de cien, incluyendo una veintena de monjes. VINCENT: Ob. Cit., Pág. 215.

41 Fuente: Libro Nº 1 de bautismo de la parroquia de la Purísima de Hornachos. Centro Cultural Santa Ana, película 452. No necesariamente el número total de bautizados en este cuadro tiene que coincidir con el cuadro III. Y ello porque algunas páginas estaban rotas o muy deterioradas y se veía que había habido un asiento de bautismo pero no se podían leer los datos.

42 VINCENT: Ob. Cit., Pág. 35.

43 Fuente: Libro Nº 1 de bautismo de la parroquia de la Purísima de Hornachos. Centro Cultural Santa Ana, película 452. No necesariamente el número total de bautizados en este cuadro tiene que coincidir con el cuadro III. Y ello porque algunas páginas estaban rotas o muy deterioradas y se veía que había habido un asiento de bautismo pero no se podían leer los datos.

44 Como es bien sabido, el número de niños nacidos siempre ha sido superior al de niñas. La sex ratio al nacer en España ha sido y es favorable a los niños, situándose actualmente entre 105 y 106 niños por cada 100. Dado que la mortalidad masculina es mayor, la sex ratio global se sitúa en 96 hombres por cada 100 mujeres.

45 VINCENT: Ob. Cit., Pág. 36.

46 Véase por ejemplo el trabajo de SÁNCHEZ PÉREZ, Andrés: “Los moriscos de Hornachos, corsarios de Salé”, Revista de Estudios Extremeños T. XX, Nº 1. Badajoz, 1964, Pág. 126.

47 Cit. en GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: Ob. Cit., Pág. 81.

48 Fuentes: Libros de bautismo de la parroquia de la Purificación de Hornachos Nº 1 (1587- junio de 1613). Centro Cultural Santa Ana de Almendralejo, Microfilm, película 452. El Libro de Bautismos Nº 2 se inicia en 1677.

49 De mayo de 1600 salta a enero de 1603, de ahí que no hayamos contabilizado el número de bautismos en 1600, 1601 y 1602.

50 Los nombres de los bautizados no son para nada indicativos porque casi nunca es posible deducir si el nuevo cristiano es de origen morisco. Como es bien sabido desde 1565 se prohibió explícitamente que los musulmanes usasen nombres o sobre nombres de origen islámico. Asimismo, los padrinos debían ser obligatoriamente cristianos. VINCENT: Ob. Cit., 1987, Pág. 31 y 39.

51 MUÑOZ GIL, José: La villa de Feria, T. I. Badajoz, Diputación Provincial, 2001, Págs. 263-274.

52 En este aspecto existen muchas contradicciones. En la misma Extremadura, la unidad familiar de los granadinos instalados en Cáceres se situaba en 3,5. Sin embargo, en Benquerencia en el distrito de Llerena, era de nada menos que 4,6 VINCENT: Ob. Cit., Pág. 8 y 50-53.

53 Libros de matrimonio de la parroquia de la Purísima Concepción de Hornachos. Centro Cultural Santa Ana, Película 453.

54 VINCENT: Ob. Cit., Pág. 230.

55 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: “Felipe IV y los moriscos”, Miscelánea de Estudios Árabes y hebraicos, Vol. VII, fasc. 2. 1959, págs. 55-65.

56 Centro Cultural Santa Ana, Película 453.

57 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Historia de los moriscos…, Pág. 183.

58 ORTIZ DE ZÚÑIGA, Diego: Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, T. IV. Sevilla, Guadalquivir, 1988 (1ª ed. de 1796), págs. 224-225.

59 SÁNCHEZ PÉREZ: Ob. Cit., Pág. 126.

60 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Historia de los moriscos…, Pág. 31.

61 La pérdida de mano de obra así como la imposibilidad de cobrar estos censos a favor de la Iglesia, de los bienes propios de los concejos y de particulares crearon una depresión económica que se prolongó hasta el siglo XVII.

ANDÚJAR CASTILLO, Francisco: “La expulsión de los moriscos. Algunos impactos económicos en la ciudad de Almería”, Coloquio Almería entre culturas, T. II. Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 1990, Págs. 669-678.

62 Recientemente Jean-Pierre Molénat ha publicado un documento inédito localizado en el Archivo General de Simancas en el que los Reyes ordenaban a las autoridades de la Orden de Santiago que, en un plazo de 180, facilitasen la recompra por el mismo precio de los bienes que vendieron los moriscos. Real Cédula al gobernador de la Orden de Santiago, Toledo, 7 de junio de 1502. Transcrito en MOLÉNAT: Ob. Cit., Págs. 170-171.

63 Esta familia de banqueros alemanes, conocida en España como los Fúcares, crearon una red financiera por toda Europa en el siglo XV. En el siglo XVI fueron prestamistas tanto de Carlos V como de Felipe II y Felipe III. Finalmente, a principios del siglo XVII su banca entró en quiebra, convirtiéndose e meros rentistas de las enormes posesiones que consiguieron retener. Sobre el particular puede verse la monografía de KELLENBENZ, Herman: Los Fugger en España y Portugal hasta 1560. Salamanca, Junta de Castilla y León, 2000.

64 En el citado inventario se incluían entre otros bienes, 1.000 casas, 15.000 fanegas de tierra, 800 huertas y 150 colmenas. Ibídem, Pág. 127.

65 Ibídem.

66 Véase el apéndice II.

67 Prorroga de la comisión dada a Tomás de Carleval, en Madrid, 14 de enero de 1612 y nuevamente en 6 de agosto de 1612 y el 9 de enero de 1614. Apéndice II.

68 Relación de la vecindad que tienen la ciudad de Llerena y villas y lugares de su partido, h. 1646. AGS, Diversos de Castilla 23, Nº 1 al 3.

69 En 1677 se bautizaron 82, en 1678 70, en 1679 68 y en 680 811. Centro Cultural Santa Ana, Película 452.

70 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Historia de los moriscos…, Pág. 234.

71 GUERRA CABALLERO, Antonio: “Moriscos de Hornachos y República de Rabat”, en http://www.elfaroceutamelilla.es (Consulta del 26-V-2009). Sobre la República corsaria de Salé puede verse la clásica monografía de COINDREAU, Roger: Les corsaires de Salé. Rabat, Institut des Hautes Études Marocaines, 1948.

72 Ibídem.

73 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Historia de los moriscos…, Págs. 236-237.

74 GUERRA CABALLERO: Ob. Cit. s/p.

75Ahora en vez de uno aparece dos.

 

1.-INTRODUCCIÓN

Hasta estos momentos las noticias que teníamos sobre esta expedición descubridora eran muy escasas. Baste decir que no existía ni un solo documento manuscrito en el que se mencionase a Martín de Pinedo o su viaje descubridor.

La mayor parte de los cronistas de la época parecen estar escasamente informados sobre esta campaña. Gonzalo Fernández de Oviedo omite totalmente a Martín Pinedo y su viaje, citando tan solo la que Francisco de Garay aprestó en 1523, capitaneada por él mismo1. Por su parte, fray Bartolomé de Las Casas, reconoce la jornada de 1519 pero atribuye equivocadamente la capitanía a Diego de Camargo. En realidad, sabemos que Camargo no viajó en la expedición de 1519 sino en la que el propio Pinedo realizó en 1520, como segundo de a bordo2.Tampoco Hernán Cortés, en sus “Cartas de Relación”, menciona el nombre de Pinedo, limitándose a narrar los hechos ocurridos tras la llegada de la expedición al puerto de Veracruz3. Muy probablemente, el conquistador de Medellín silenció intencionadamente una expedición enviada por su enemigo Francisco de Garay y de cuyos descubrimiento, como veremos en las páginas que vienen a continuación, tanto se aprovechó. En cuanto a Francisco López de Gómara sí reconoce la expedición de 1519 pero hace capitán de ella al propio Francisco de Garay en persona4.

El único cronista que parece estar mejor informado, aunque no mucho más, es Bernal Díaz del Castillo, pues, cuando en el camino de regreso la expedición se detuvo en Veracruz él estuvo presente junto a Hernán Cortés. Y cita que al frente de ella estaba el capitán Alonso Álvarez Pinedo5. Y hasta aquí llega todo lo que sabíamos hasta la fecha de este controvertido descubridor. Cronistas posteriores, que copiaron a Bernal Díaz, como Antonio de Herrera 6 o Antonio Solís7 lo citan con ese mismo nombre, al igual que infinidad de historiadores modernos y contemporáneos.

Nosotros a continuación analizaremos esta expedición a la luz de un documento en el que, aunque sea circunstancialmente, aparecen datos concretos sobre la misma. E insistimos, que es la primera vez que esta expedición descubridora y el nombre de su capitán aparecen de forma manuscrita y en unas fechas relativamente cercanas a los sucesos narrados.

 

2.-LA INFORMACIÓN DE LOS HEREDEROS DE JUAN SÁNCHEZ GALINDO

Los datos en cuestión los encontramos en una información presentada por los herederos de un tal Juan Sánchez Galindo que fue, como ballestero, en la primera expedición de Martín de Pinedo, es decir, en la de 15198. De Juan Sánchez sabemos que nació en Carmona, provincia de Sevilla, y que era hijo de Antón Sánchez de Rueda y de Catalina Domínguez Galindo. Según se especifica en la información, además de ballestero, era un habilidoso jinete, lo cual demostró en numerosos enfrentamientos con los aborígenes. Participó en la conquista de Nueva España, pues, a su regreso del viaje de Pinedo, se enroló en la expedición de Pedrarias Dávila, terminando al final en las huestes de Cortés. Al parecer, tomó parte activa en la captura y prisión de los hijos de Moctezuma y, posteriormente, en la conquista de las tierras del Mar del Sur, junto a Alvarado9. En recompensa por sus servicios recibió la mitad del pueblo de Nextlalpan que rentaba en total trescientos sesenta pesos de oro, ciento ochenta en metálico y otros tantos en fanegas de trigo. Se asentí en la ciudad de México, casándose con Elvira Rodríguez, con quien tuvo una hija llamada Juana Bautista Galindo que se desposó con el mercader, Cristóbal de Azevedo10.

La corta renta de su encomienda y la difícil situación económica de sus herederos fue lo que provocó que reclamaran alguna merced, atentos a que el carmonense fue, como declaraba el clérigo Gerónimo del Álamo, “uno de los primeros conquistadores de esta tierra, y este testigo así lo cree porque lo oyó decir a muchas personas de crédito que así lo vieron”11.

En ella se inserta un interrogatorio realizado en la ciudad de México en 1536, es decir, diecisiete años después de suceder los hechos. Además de la relativa cercanía en el tiempo el documento tiene a su favor el hecho de que los testigos presentados, siete en total, fueron personas que estuvieron presentes en todo el proceso conquistador. Incluso, dos de ellos, concretamente el escribano Guillén de Lalo12, que es citado por la historiografía como Guillén de Loa, probablemente por un error de transcripción, y Francisco del Castillo13, viajaron en rolados en la expedición de 1519. De hecho, ambos afirmaron saber la respuesta porque iban en la misma expedición capitaneada por “Martín Pinedo” -los dos lo citan así- y en compañía del mencionado Juan Sánchez Galindo.

Los otros cuatro declarantes no participaron en la expedición de 1519 pero llevaban en Nueva España muchos años y habían vivido de primera mano toda la vorágine descubridora. El primero de ellos se llamaba Cristóbal Hernández, de estado civil soltero, carpintero de profesión y originario de Portugal que al parecer, en la fecha de la información, estaba avecindado en México. El segundo era Alonso Soltero, converso natural de Gibraleón (Huelva) que luchó junto al conquistador de Medellín en la toma de Tenochtitlán y coincidió con Juan Sánchez Galindo en las batallas de Alvarado14. El tercero, Antonio de Carvajal, residió en la Española desde 1509, posteriormente emigró a la isla de Cuba 15 y, en 1536, decía ser regidor de la ciudad de México. El cuarto, Francisco de Zamora, tomó parte en la conquista del Imperio Azteca con Cortés y residía también en la capital de Nueva España. Y por último, Esteban Miguel, natural de Aracena (Huelva), quien participó asimismo en la conquista de México como “camarero” de Cortés16.

En definitiva, todos los testigos presentados eran personas que participaron en los acontecimientos históricos del Descubrimiento y de la Conquista y, en algunos casos, incluso, conocieron personalmente y sirvieron bajo las órdenes de Martín de Pinedo.

 

3.-EL ADELANTADO FRANCISCO DE GARAY Y SUS PLANES EXPANSIONISTAS

La expedición que capitaneó Martín de Pinedo fue una de otras muchas que preparó, patrocinó y pertrechó Francisco de Garay fruto de sus ambiciosos planes expansionistas. Por ello, antes de entrar a hablar de Pinedo y de su expedición conviene que nos detengamos en Francisco de Garay y en sus planes de descubrimiento

Como es sabido, Francisco de Garay, natural de la localidad de Garay, en Vizcaya, fue el segundo gobernador de la isla de Jamaica, tras Juan de Esquivel17. Fue una persona muy ambiciosa que desde muy pronto quiso aprovecharse de las ventajas de los descubrimientos. Mucho antes de la marcha de Cortés a la conquista de México ya planeaba armadas descubridoras por toda la costa del Pánuco y de la Florida.

En cualquier caso, huelga decir que la Florida había sido ya descubierta en 1512 por Juan Ponce de León, con tres naves que armó desde la misma isla de Puerto Rico. Sabemos que, en dicha expedición, descubrió y registró la primera porción de Tierra Firme de la Nueva España. Al parecer, descubrió lo que hoy es la Península de Florida el día de Pascua de Resurrección o Florida de 1512 en honor de lo cual la bautizó de esa forma. De todas formas no debió recorrer todas sus costas porque él siempre pensó y defendió que era una isla. No obstante, por su descubrimiento obtuvo del Rey poco después el título de Adelantado de las islas de Biminí y la Florida18

Pero, retomando a Francisco de Garay, es obvio que éste tuvo apetencias expansionistas desde mucho antes, al igual que Diego Velázquez. Probablemente, en los años anteriores a la gran expedición de Pinedo, objeto de este artículo, había patrocinado otras campañas quizás con objetivos descubridores más modestos. Ello ha provocado que hayan pasado totalmente desapercibidas para la historiografía. Y en este sentido, las palabras de Pedro Mártir de Anglería son muy aclaratorias al decir, en relación a la armada de 1519, que ya el año anterior había realizado “largas excursiones marítimas con tres carabelas por aquellas tierras (se refiere al Pánuco)…”19.

Los objetivos del Adelantado vizcaíno estaban muy claros: pretendía continuar los descubrimientos de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, obviamente pensando en encontrar riquezas más al norte, concretamente oro y esclavos. Como es bien sabido, el primero partió de Cuba el 8 de febrero de 1517 con tres barcos y un centenar de hombres y, aunque la mitad de los miembros de la expedición murieron y otros llegaron enfermos y heridos, los supervivientes, impresionados por las ciudades y templos de la ya por entonces decadente civilización maya, debieron contar grandes historias de lo que vivieron y vieron20. El segundo, un hidalgo natural de Cuéllar, como el mismísimo Diego Velázquez, partió con otros tres buques el 8 de abril de 1518, recorriendo las costas de la Península de Yucatán y llegando algo más al norte que Hernández21. Tras varios meses de travesía, regresó en ese mismo año a la isla de Cuba. Realizó algunos rescates, intercambiando ropas castellanas por objetos de oro indígenas. Contaba Juan de Herrera que, aunque no fue mucho el oro que trajo, unos veinte mil pesos de oro, fue lo suficiente como para despertar la codicia y el interés de los españoles por aquellas tierras “por las muchas señales que vieron de riqueza”22. No menos claro fue en este sentido el padre Las Casas, al decir que Garay envió la expedición porque “sonó el descubrimiento y riqueza de la tierra que Juan de Grijalva había corrido”23

Cegado, pues, por el afán de enriquecimiento, centró sus objetivos en recorrer, descubrir, y finalmente obtener en capitulación, los territorios al norte de Veracruz, conocidos entonces como el Pánuco. Obviamente, este ambicioso proyecto entró en contradicción con el de Hernán Cortés que, no conforme con la conquista de Tenochtitlán, albergaba la misma idea de expandir sus conquistas hacia la parte septentrional del Imperio Azteca. Como es de sobra conocido, de todo este enfrentamiento saldrá un único vencedor que no fue otro que el conquistador de Medellín.

Sea como fuere lo cierto es que, en 1523, Garay se embarcó personalmente en una gran flota, dirigida por el experimentado Juan de Grijalva y compuesta por más de una decena de barcos y unos setecientos hombres que aprestó de su propio erario24. Y arribó a la región del Pánuco con la intención de explorarla y poblarla. Hernán Cortés, que acababa de conocer una Real Cédula, fechada el 24 de abril de 1523, por la que se pedía a Garay que no se estableciera en ningún lugar ocupado por él, se apresuró a acudir a la zona25. Allí, Hernán Cortés alcanzó a regañadientes un pacto con él por el que le cedía el río Palmas para su poblamiento. Ambos dieron por bueno el acuerdo porque si algo sobraba en Nueva España en esos momentos eran tierras por colonizar. Sin embargo, Garay no tuvo fortuna, pues, los indios le destruyeron su asentamiento y él, aunque consiguió salvar su vida, murió en México poco tiempo después26

 

4.-MARTÍN DE PINEDO: UN DESCUBRIDOR CASI DESCONOCIDO

El desconocimiento de la figura, importante en la historia de los descubrimientos, de Martín de Pinedo es prácticamente absoluto. Y hasta tal punto es cierta esta afirmación que ni siquiera conocíamos su verdadero nombre. Bernal Díaz del Castillo lo citaba en varias ocasiones, una llamándolo “Alonso Álvarez de Pineda ó Pinedo27”, con la duda de género incluida, y unas páginas después como “fulano Álvarez Pinedo28. Obviamente, dichas dudas nos hacen pensar que Bernal Díaz no estaba bien informado ni del descubridor ni de su expedición. Pues, bien, Antonio de Herrera y prácticamente toda la historiografía posterior repiten este nombre, unos optando por la versión masculina –Pinedo- y otros por la femenina –Pineda-. También hay quien simplificó su nombre en Alonso de Pineda. Éste es el caso de Antonio de Solís, autor de una Historia de la Conquista de México escrita en el siglo XVII, que probablemente actuó de forma arbitraria porque no debió contar con ninguna información adicional29.

Sin embargo, en el documento que nosotros hemos analizado se cita reiteradamente al descubridor con el nombre de capitán Martín de Pinedo o simplemente como Martín Pinedo. Así lo escribe Juan Sánchez Galindo y así lo citan todos los testigos, incluido Guillén de Lalo que sabemos por distintas fuentes que viajo con Pinedo y que tuvo incluso amistad personal con él.

Nos encontramos, pues, ante dos nombres, uno citado por Bernal Díaz del Castillo y, siguiendo a éste, el resto de los cronistas, y otro por los compañeros de viaje del propio Pinedo. Pero, no olvidemos que Bernal Díaz del Castillo lo conoció seguramente de oídas en Veracruz y, si tuvo algún contacto con él, debió ser muy puntual. En cambio, sus compañeros en la expedición a la Florida, alguno ya hemos dicho que amigo personal de él, debían saber exactamente cómo se llamaba. Por ello, es obvio que su nombre, o el nombre con el que se le conocía usualmente fue Martín de Pinedo y no Alonso Álvarez de Pinedo o de Pineda.

En abril o mayo de 1519, enviado por Francisco de Garay capitaneó una expedición desde Cuba con el objetivo de recorrer las costas de la Florida y de circunnavegar el golfo de México. Viajó al frente de tres navíos y de unos trescientos hombres, que tardaron nueve meses en regresar de nuevo a Cuba. El recorrido de prácticamente todas las costas del Golfo de México le permitió confeccionar un detallado mapa de las costas del golfo de México, desde Yucatán hasta la Florida

 

Sin embargo, dado que en este año se presenta como un experimentado marino conocedor del área, todo parece indicar que llevaba años participando en otras jornadas, quizás incluso en la que el propio Ponce de León emprendió a la Florida en 1512.

 

Al parecer, en 1520, lideró otro viaje, en esta ocasión formado por tres navíos y ciento cincuenta hombres, con el objetivo de hacer una fundación estable en algún lugar al norte de Veracruz. Lamentablemente, las cosas no salieron según lo esperado, pues, chocaron con la belicosidad de los indios que abortaron nuevamente la idea de fundar una colonia estable en el Pánuco30. Se hicieron a la vela de forma precipitada, buscando la seguridad de Veracruz, con tan mala fortuna que la capitana se fue a pique, muriendo en tan luctuoso suceso Martín de Pinedo y varias decenas de españoles31. Extrañado Garay de la falta de noticias envió a Miguel Díaz de Aux con un navío para auxiliarlo si fuera necesario, pero ya era demasiado tarde.cretamente en 1520 en aguas cercanas al puerto de Veracruz. Sus restos reposan en el fondo del mar Caribe, frente a las costas que él mismo con tanta valentía exploró.

 

5.-LA EXPEDICIÓN A LA FLORIDA DE 1519

En cuanto al promotor de la expedición y a su lugar de partida siempre se pensó que fue patrocinada y financiada por Francisco de Garay desde la isla de Jamaica. Qué éste estuvo detrás de la expedición no hay ninguna duda, pues las pruebas son abrumadoras. De hecho, cuando la expedición llegó al puerto de Veracruz, tanto Hernán Cortés como Bernal Díaz del Castillo supieron de inmediato que eran navíos enviados por Garay. Concretamente Hernán Cortés escribió lo siguiente:

 

“Ocho o diez días después de haber dado con los navíos a la costa, y siendo ya salido de la Vera Cruz hasta la ciudad de Cempoal, que está a cuatro leguas de ella, para de allí seguir mi camino, me hicieron saber de la dicha villa cómo por la costa de ella andaban cuatro navíos y que el capitán que yo allí dejaba había salido de ellos con una barca y les había dicho que eran de Francisco de Garay, teniente y gobernador en la isla de Jamaica, y que venían a descubrir…”32

 

También contamos con otras pruebas documentales que corroboran este patrocinio. En el juicio de residencia de Alonso de Zuazo, a fines de 1519, el mercader Marcos Martínez afirmó que él mismo había negociado en la Española con los padres Jerónimos el permiso para hacer el dicho viaje33. Concretamente a la pregunta quinta del interrogatorio respondió:

“Que en tiempo del dicho licenciado (Zuazo) ha visto que se han descubierto las tierras de el Yucatán y Cozumel, y que ha visto que el dicho licenciado ha escrito muchas veces al dicho Francisco de Garay y que cree que ha sido sobre que armase y descubriese, porque después acá el dicho Francisco de Garay envió ciertos navíos desde Jamaica a descubrir según que el dicho Francisco de Garay lo ha escrito a éste que depone: y que este testigo negoció con el dicho licenciado y con los Padres Jerónimos que en estas partes residían para que diesen licencia al dicho Francisco de Garay para ello y se la envió después firmada de los dichos padres y que vio cartearse al dicho Francisco de Garay y al dicho licenciado (Zuazo) muy a menudo sobre las cosas que tocaban a la dicha Armada que quería hacer…”34.

 

En las mismas capitulaciones firmadas por el Adelantado vizcaíno se decía que, en 1519, aprestó una armada de cuatro navíos con licencia de los frailes Jerónimos de Santo Domingo, estuvieron en la mar ocho o nueve meses y llegaron hasta la Florida35. Por tanto, queda claro que el promotor del viaje de Martín de Pinedo fue Francisco de Garay.

Otra cuestión diferente y muy controvertida por cierto es el lugar desde el que partió la expedición. Según toda la historiografía el viaje se organizó y se aprestó en la isla de Jamaica, retornando a la misma isla a su regreso. Y en ello coinciden cronistas como Pedro Mártir de Anglería, Fernández de Oviedo o el padre Las Casas. También, como ya hemos apuntado, en la capitulación de Francisco de Garay de 1521, se referían a la expedición de 1519, enviada desde la isla de Jamaica36. Sin embargo, en el interrogatorio de Sánchez Galindo se reitera que la expedición partió de Cuba y, tras la travesía, retorno a la citada isla. Pero, es más, es que se aportan datos muy concretos que verifican estos hechos. La pregunta tercera del interrogatorio era muy clara en este sentido:

 

“Ítem, si saben que, después de haber descubierto esta tierra, volvieron a Cuba de donde salieron a donde hallaron en Guaniguanico a Narváez que venía por capitán con mucha armada en la cual yo el dicho Juan Galindo volví con el dicho Narváez”37

 

Esta cuestión fue respondida afirmativamente por todos los testigos presentados en la información sin excepción, incluidos, por supuesto, los que viajaron en ella. Y como se puede observar contenía un dato tan concreto como el nombre de la provincia oriental de Cuba. Pero es más, los mismos hechos verifican tal circunstancia porque muchos de los expedicionarios de la armada de Pinedo se enrolaron, acto seguido, en la de Pedrarias Dávila que, como es bien sabido, partió en marzo de 1520 en busca de Hernán Cortés.

En cualquier caso, ninguno de los cronistas parece estar bien informado de los acontecimientos lo que unido a que el armador fuese el teniente de gobernador de Jamaica debió inducir al error. Hernán Cortés sí que se mostró mucho más cauto en este sentido, pues, en sus Cartas de Relación afirma que la armada era de Francisco de Garay, teniente de gobernador de la isla de Jamaica, pero no concretó si la misma se aprestó en Jamaica o en Cuba38. Y en parecidos términos se expresó Bernal Díaz del Castillo, pues aunque afirma, como Cortés, que los enviaba el teniente de gobernador de Jamaica tampoco especifica si la expedición provenía o no de aquella isla39. Por otro lado, por los datos aportados en el interrogatorio no parece que fuera una simple escala a su paso desde Jamaica como hizo, en 1523, el mismísimo Francisco de Garay cuando aportó a Cuba y estuvo allí unos días recabando información sobre la situación de Hernán Cortés y sus conquistas en Nueva España.

Por tanto, desconocemos los motivos exactos por los que Garay preparó la armada en Cuba, pero dado que, contaba con licencia expresa de los Jerónimos de la Española, era sin duda factible y, como no, legal. Además, las relaciones entre Velázquez y Garay debieron ser fluidas y amistosas, pues ambos tenían el mismo rango de tenientes de gobernador por nombramiento expreso de Diego Colón. Y el hecho de que una parte de la tripulación de Pinedo se integrase sin problemas en la expedición de Pánfilo de Narváez, a la sazón enviado de Diego Velázquez, es una buena muestra de esa amistad.

Por otro lado, es posible que en 1519 en Jamaica no hubiera los medios, los barcos y el contingente humano necesario para preparar una expedición de esta envergadura. De hecho, en 1515, Pedro de Mazuelo, explicó al Rey, que las tareas de abastecimiento de Castilla del Oro se habría hecho más eficazmente si hubiera dispuesto de los medios necesarios y de un número suficiente de “naves emplomadas”40. No obstante, también es justo reconocer que, cuatro años después, concretamente en 1523, Francisco de Garay organizó en esta pequeña isla caribeña su gran armada descubridora que era casi tres veces mayor que la de Pinedo.

Sea como fuere, los datos documentales contrastados por nosotros en esta información nos obligan a pensar que la expedición partió de la isla de Cuba y regreso a la misma. En cambio, ninguno de los testigos concretó la localidad concreta. No obstante, tenemos pocas dudas de que la misma debió partir de la localidad de Santiago, en la costa sur oriental de la isla. Hemos de tener en cuenta que en esas fechas era la capital de la isla y la única localidad donde había potencial suficiente como para organizar y pertrechar una expedición de estas características. Por otro lado, dado la ruta que siguió la expedición en dirección directamente a la península de la Florida, nos parece muy probable su partida del puerto cubano de Santiago.

En cuanto a la fecha de la partida es otro aspecto que desconocemos aunque tenemos algunas referencias cronológicas que nos permiten acercarnos a ella. Los datos de que disponemos son los siguientes: primero, que el dos de junio de 1519 la expedición se encontraba en la desembocadura del Mississippi, pues, al ser el día del Espíritu Santo, Pinedo lo bautizó con este ultimo nombre. Segundo, que pocos días después de que Cortés se marchara de Veracruz, el 16 de agosto de 1519, estando en Cempoala arribó la armada a aquel puerto Novohispano. Y tercero, que al regreso a Cuba aún no había partido Pánfilo de Narváez, pues muchos tuvieron tiempo de enrolarse en esta nueva armada. Teniendo en cuenta que la expedición de Narváez, partió en marzo de 1520 la expedición debió llegar unos meses antes. Probablemente, la expedición partió de Así, pues, la expedición de Pinedo se hizo a la mar inmediatamente después de la de Cortés, pero, ¿qué sentido tenía esto?. Pues bien, probablemente Velázquez y Garay planearon ambas expediciones de forma más o menos coordinada: una armada iría directamente a la conquista de la tierra conocida, mientras que, la otra, exploraría nuevos territorios, comprendidos entre la Florida y Yucatán. El hecho de que Hernán Cortés traicionara a Diego Velázquez terminó modificando una situación que ambos adelantados creían tener controlada.

Tampoco hay acuerdo en lo referente al número de navíos que fueron aprestados. El padre Las Casas, que no parece estar muy bien informado, habló vagamente de uno o dos buques41 mientras que Bernal Díaz del Castillo escribió que fueron tres y un total de 270 hombres42. Por su parte, Hernán Cortés afirma que recibió la información de que eran cuatro los barcos43 cifra que también comparte López de Gómara44. La información que nosotros analizamos no aporta ninguna luz sobre esta cuestión. En el documento que establece la capitulación de Francisco de Garay de 1521 se afirma que fueron cuatro los navíos enviados por el adelantado en 1519.

Con respecto a la tripulación conocemos tan sólo un puñado de nombres de los cerca de trescientos que viajaron a bordo. Entre ellos, el escribano Guillén de Lalo, un carpintero santanderino llamado Andrés Núñez y el valenciano maestre Pedro, conocido como “el de la Arpa” seguramente porque tocaba este instrumento45. Por lo demás, Hug Thomas ofrece una lista con los nombres de otros probables tripulantes de la expedición de 1519 y pasamos a mencionarlos, aunque de algunos de ellos no tenemos suficientemente verificada su presencia: Hernando de Aguilar, Andrés Alonso, Antonio Anguiano, Alonso Bueno, Pedro Calvo, Gutierre de Casamori, un tal Castromorcho, Juan Dávila, Diego de Figueroa, Francisco Guisado, Juan de Ledesma, Pedro López Montealegre, Alfonso Lucas, Juan Márquez, y Bernardino y Diego de Santiago46.

Muchos más nombres conocemos de la expedición de 1520 que, como es bien sabido, tuvo mucha menos importancia desde el punto de vista de los descubrimientos y, además, terminó fracasando por la belicosidad de los indios. Incluso, la mala fortuna hizo que le costara la vida a muchos de sus tripulantes, entre ellos al propio Martín de Pinedo47

Martín de Pinedo estuvo nada menos que nueve meses en la mar, rescatando por las costas del golfo de México. Tiempo más que suficiente para hacer todo el recorrido; a modo de referencia diremos que, por ejemplo, Juan Ponce de León, tardó veinticuatro días, los comprendidos entre el tres de marzo de 1513 y el 27 del mismo mes, en llegar desde Puerto Rico a la Florida.

Los objetivos encomendados a Pinedo fueron dos: uno, recorrer las costas de la Florida para verificar si era o no una isla, como se había pensado. Y dos, continuar la exploración del Golfo de México, desde poco más allá de donde lo dejó Grijalva, es decir, desde las tierras del río Pánuco hasta la Florida. Tenemos algunos datos que nos permiten reconstruir aproximadamente la ruta seguida por Martín de Pinedo y que mostramos en un mapa anexo. La capitulación firmada por Francisco de Garay en Burgos hacia 1521 nos ofrece algunos datos de primera mano ya que nos resume en sus partes esenciales los principales hitos de la expedición de 1519:

 

“…Vos armasteis cuatro navíos muy bien (a)bastecidos, y con razonable gente y buenos pilotos los enviasteis desde la dicha isla para que fuesen a descubrir algún golfo o estrecho en la tierra firme… en lo cual anduvieron ocho o nueve meses y nunca lo hallaron; pero entre otra tierra baja estéril que descubrieron toparon la tierra Florida, que Juan Ponce descubrió y…fueles (sic) forzado volver costeando la tierra hacia el Poniente, por la cual costa fueron muy bien mirando la tierra, puertos y ríos y gente de ella y todo lo demás que se debía mirar, y tanto anduvieron hasta que toparon con Hernando Cortés y los españoles que con él estaban en la misma costa… y se tornaron con los dichos navíos hacia atrás y, entrando por un río que hallaron muy grande y muy caudaloso; a la entrada del cual dicen que hallaron un gran pueblo…”48.

 

Está bien claro en el texto extractado que, tras partir en abril o mayo de 1519 probablemente desde el puerto de Santiago, Pinedo dobló hacia el oeste por las costas de Baracoa, dirigiéndose directamente a la Florida. Curiosamente, se trata de la misma decisión que tomó Garay en 1523, quien después de dejar las costas cubanas de Guaniguanico se dirigió al norte y, desde la zona del Mississippi bojeó la costa al sur.

Posteriormente, siguió la línea costera hasta encontrarse con la desembocadura del Mississippi, río que él bautizó, como ya hemos dicho, con el nombre del Espíritu Santo. Desde allí continuó la línea costera hacia el sur hasta llegar al puerto de Veracruz. Por ello, dicen todos los cronistas que cuando arribó a este puerto fundado por Cortés la expedición “había corrido mucha costa en busca de la Florida, y tocado en un río y tierra cuyo rey se llamaba Pánuco”49. Al parecer, después de fondear unos días en el río Pánuco, decidieron bajar hasta Veracruz, probablemente con la intención de entrevistarse con Hernán Cortés. Y efectivamente, tres miembros de la expedición, el escribano Guillén de Lalo, junto a otros dos testigos se acercaron a la costa para comunicar a los emisarios del conquistador de Medellín que las tierras del Pánuco habían sido descubiertas por Pinedo y que había tomado posesión de ellas en nombre de Francisco de Garay50. Está bien claro en la información que, cuando la expedición de Pinedo arribó a Veracruz, no iba sino que venía de la Florida. Después del mal recibimiento en Veracruz decidieron retornar de nuevo al río Pánuco, lo cual explica que el encuentro en Veracruz fuese en agosto y la expedición no regresara a Cuba hasta prácticamente finales de 1519. Probablemente, poco después se trasladó Hernán Cortés hasta el río Pánuco para negociar.

51. Dicho mapa fue enviado por Garay a España para demostrar sus avances descubridores y, contrariamente a sus intereses, fue utilizado por Cortés para proseguir su expansión por el golfo de México.

 

6.-VALORACIONES FINALES

La empresa de Martín de Pinedo tenía un carácter meramente económico como todas las armadas de esta época, financiadas, como es de sobra conocido, con capital particular. Concretamente tenía un doble objetivo: primero, explorar los nuevos territorios y obtener noticias de sus riquezas. Y segundo, obtener los máximos beneficios posibles en el rescate con los indios, lo cual era un objetivo inherente a toda campaña financiada con capital privado. Para ello, debía no solo descubrir y registrar los golfos y calas sino también establecer contactos con la población indígena y, sobre todo, rescatar con ella. Y en este sentido, López de Gómara decía que en las tierras de Pánuco vieron algún oro, pues “habían rescatado hasta tres mil pesos de oro, y obtenido mucha comida a cambio de cosillas de rescate…”52. Pese a todo, la empresa no obtuvo los beneficios económicos esperados. El cronista Antonio de Herrera definía la situación de manera muy grafica:

 

“Supo, en llegando, que el alguacil mayor Juan de Escalante, que se había (a)delantado para saber qué gente era, enviaba a decir que era un navío que iba de hacia el norte, que había corrido la costa de Pánuco y que había rescatado bastimentos y hasta tres mil pesos y que la gente iba descontenta de la tierra, y que la enviaba Francisco de Garay desde Jamaica; y era el capitán Alonso Álvarez de Pineda…”53.

 

Así, pues, desde el punto de vista económico la expedición fracasó pero no podemos decir lo mismo de su aporte al proceso descubridor. Y es que, como en toda la expansión española en América, aunque el motor fue básicamente el ansia de riquezas, lo cierto es que eso trajo consigo avances muy rápidos en el proceso de descubrimiento y conquista de los nuevos territorios ultramarinos. Esta jornada fue muy importante por varios motivos: uno, porque sirvió para verificar de forma definitiva el carácter de península de la Florida, que había sido considerada una isla desde los tiempos en que llegó a sus costas Ponce de León. Dos, porque por primera vez se exploró la región comprendida entre la Península de Florida y el río Mississippi, franja costera que Pinedo bautizó con el nombre de Amichel. Y tres, porque, fruto de esos descubrimientos, Pinedo pudo confeccionar un mapa ya bastante detallado de los principales accidentes costeros del Golfo de México. Presumiblemente, el mapa del golfo de México que apareció como ilustración en las Cartas de Relación de Cortés, publicadas en Sevilla en 1522, y otros posteriores, se apoyaron en el mapa que en 1519 trazara Martín de Pinedo.

En definitiva, los datos presentados nos permiten acercarnos en alguna medida a una expedición descubridora casi olvidada por la historiografía. Sirvan estas pocas páginas para ubicar el nombre de Martín de Pinedo entre los grandes descubridores de las primeras décadas del quinientos.

1 FERNÁNDEZ DE OVIEDO, G.: Historia general y natural de las Indias, T. II. Madrid, Editorial Atlas, 1992, pp. 151 y 184-185.

2 LAS CASAS, f. B. de: Historia de las Indias, T. III. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 195, p. 233.

3 CORTÉS, H.: Cartas de Relación. Madrid, Historia 16, 1985, p. 84-85.

4 LÓPEZ DE GÓMARA, F.: Historia general de las Indias, T. II. Madrid, Ediciones Orbis, 1985, p. 72.

5 Citado en MADARIAGA, S.: Hernán Cortés. Madrid, Espasa Calpe, 1986, p. 191.

6 HERRERA, A.: Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y Tierra Firme del mar Océano, T. II. Madrid, Universidad Complutense, 1991, p. 18.

7 SOLÍS, A.: Historia de la Conquista de Méjico. Madrid, Imprenta y librería de Gaspar Roig, 1851, p. 45.

8 Información presentada por Cristóbal de Acevedo, vecino de México, sobre su suegro Juan Sánchez Galindo, 1579. AGI, Patronato 75, N. 3, R. 4.

9 Ibídem.

10 Ibídem.

11 Ibídem.

12 Sabemos que Guillén de Lalo era natural de Vizcaya, hijo de Guillén de Lalo y de Isabel de Alvarado. Al parecer viajaba en la expedición de Pinedo como escribano. Posteriormente estuvo en la conquista de Nueva España, participando en batallas junto a Cristóbal de Olid y Jaramillo. Se avecindó en México y se caso con una sobrina de Pedro de Alvarado, doña Isabel de Alvarado –curiosamente con el mismo nombre que su madre-. Tuvo cuatro hijos y murió hacia 1560. THOMAS, H.: Quién es Quién de los conquistadores. Madrid, Salvat Editores, 2001, p. 174.

13 De Francisco del Castillo sabemos que fue como marinero en una de las naves de Pinedo, concretamente en la que pilotaba Francisco Ramírez. En 1536 se declaraba vecino de México. Interrogatorio de Juan Sánchez Galindo, México, 10 de junio de 1536. AGI, Patronato 75, N. 3, R. 4.

14 THOMAS: Quién es quién de la conquista…, p. 263.

15 Ibídem, p. 302.

16 Ibídem, p. 117.

17 Véase por ejemplo, GONZÁLEZ OCHOA, J. M.: Quién es quién en la América del Descubrimiento. Madrid, Acento, 2003, p. 146. También THOMAS: Quién es quién de los conquistadores…, pp. 365-367. Sobre su gobierno en Jamaica MORALES PADRÓN, F.: Jamaica Española. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1952, pp. 66 y ss.

18 HERRERA: Ob. Cit., T. I, p. 637.

19 ANGLERÍA, P. M.: Décadas del Nuevo Mundo. Madrid, Editorial Polifemo, 1989, p. 294.

20 MORALES PADRÓN, F.: Historia del Descubrimiento y Conquista de América. Madrid, Editorial Gredos, 1990, p. 220.

21 IBÍDEM.

22 HERRERA: Ob. Cit., T. I, p. 724. La cifra exacta de oro que trajo la expedición de Grijalva la ofrecía DÍAZ DEL CASTILLO, B.: Historia verdadera de la conquista de Nueva España. Madrid, Editorial Sopena, 1970, p. 208.

23 LAS CASAS: Ob. Cit., T. III, p. 233.

24 ANGLERÍA: Ob. Cit., p. 443.

25 CODOIN, Serie 1ª, T. XXVI, p. 71.

26 FERNÁNDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. II, p. 151.

27 DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 209. Que Bernal Díaz dudara entre Pineda o Pinedo, e incluso, priorizara el primero se debía posiblemente a que éste era un apellido mucho más conocido, pues, muchos de sus miembros fueron regidores perpetuos en Burgos y Salamanca y Caballeros Veinticuatro y Escribanos Mayores del Cabildo de Sevilla. GONZÁLEZ-DORIA, F.: Diccionario heráldico y nobiliario de los reinos de España. Madrid, Editorial Bitácora, 1987, p. 701.

28DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 209. En la obra de Giménez Fernández se mencionaba con el nombre de Antón Álvarez Pineda, citando como referencia a Madariaga. Obviamente, debe tratarse de una simple errata porque este historiador toma el dato correctamente de Bernal Díaz del Castillo. GIMÉNEZ FERNÁNDEZ, M.: Bartolomé de Las Casas, T. II. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1984, p. 1012.

29 SOLÍS: Ob. Cit., p. 45.

30 ANGLERÍA: Ob. Cit., pp. 346-347.

31 Diego de Camargo se hizo entonces cargo de la expedición, llevándola hasta la ciudad de Veracruz, donde todavía tuvieron tiempo los supervivientes de unirse a Cortés en su conquista del imperio azteca. THOMAS, H.: La conquista de México. Barcelona, Planeta, pp. 496-497.

32 CORTÉS: Ob. Cit., pp. 84-85.

33La licencia de los padres Jerónimos está transcrita en FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, M.: Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles, desde fines del siglo XV, T. III. Madrid, Imprenta Real, 1825, p. 147.

34 Testimonio de Marcos Martínez a la pregunta 5ª. Juicio de residencia de Alonso de Zuazo, Santo Domingo, 1519. AGI, Justicia 43, Pieza 1ª, fol. 212.

35 RAMOS, Demetrio: Audacia, negocios y política en los viajes españoles de descubrimiento y rescate. Valladolid, Universidad de Valladolid, 1981, pp. 306-307.

36 Capitulación de Francisco de Garay, Burgos, h. 1521. El original se conserva en AGI, Patronato 26, R. 15. Publicada en CODOIN, serie 1ª, T. XXXIX, pp. 514-516, en FERNÁNDEZ DE NAVARRETE: Ob. Cit., T, II, pp. 98-102 y en RAMOS: Ob. Cit., pp. 548-554.

37 Interrogatorio presentado por Juan Sánchez Galindo, pregunta 3ª. México, 10 de junio de 1536. AGI, Patronato 75, N. 3, R. 4.

38 CORTÉS: Ob. Cit., p. 85.

39 DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 208.

40 MORALES PADRÓN: Jamaica española…, p. 71.

41 LAS CASAS: Ob. Cit., T. III, p. 233.

42 DÍAZ DEL CASTILLO: Ob. Cit., p. 209. Antonio de Solís reproduce los mismos datos. SOLÍS: Ob. Cit., p. 45.

43 CORTÉS: Ob. Cit., p. 84.

44 LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. II, p. 72.

45 Citados en MADARIAGA: Ob. Cit., p. 191.

46 THOMAS: Quién es quién de los conquistadores…, pp. 173-175.

47 Hug Thomas nos proporciona una lista de posibles miembros de esta expedición que pasamos a enumerar: Juan de Aguilar, Martín Alonso, Alonso Álvarez, Antonio Anguiano, Gonzalo y Hernando de Arcos, Andrés Becerra, Pedro de Berra, Pedro de Bocarez, Martín Bola, Alonso Bueno, Juan de Cabra, Diego Camargo, Andrés de Carteo, Hernando de Carvajal, Francisco del Castillo –que también participó en la de 1519-, Andrés Castro, Pedro Chico, Juan Delgado, Miguel Díaz de Aux, Pedro de Escalona, Antonio Gabarro, Francisco Gallego, Lepe Gallego, Alonso García Bravo, Pierre Gómez –francés-, Francisco Guisado, Francisco Gutiérrez, Francisco Hernández Morillos, Alonso Hernández Puebles, Gonzalo Hernández de Zahorí, Alonso Herrera del Lago, Alonso Hidalgo, Alonso Huelano, Juan de Iniesta, Alonso López, Pedro López, Alonso Madrid, Juan Mallorquín, Francisco Martín, Joan Martínez, Juan Martínez, García de Mérida, Pedro Moreno, Francisco Motrico, Juan Niño, Bartolomé Ocampo, Juan Ochoa, escribano, Alonso Orduña, Bartolomé Pérez, Juan de la Plaza, Juan de la Puebla, Francisco Ramírez, Francisco Rodríguez, Ginés Rodríguez, Jácome Rolando, Juan Ruiz Caro, Lope Sánchez Agraz, Núñez de Valencia, Serván Bejerano, Pedro de Velasco, Francisco Velázquez de Lara y Juan de Villagrán. Ibídem, pp. 175-181.

48 Capitulación de Francisco de Garay, Burgos, h. 1521. RAMOS: Ob. Cit., pp. 548-554.

49 LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. II, p. 73.

50 MADARIAGA: Ob. Cit., p. 191.

51 El mapa, conservado en el Archivo General de Indias, no se publicó hasta 1914 en que se incluyó como ilustración en la crónica de CERVANTES DE SALAZAR, F.: Crónica de Nueva España (ed. De Francisco del Paso y Troncoso), T. I. Madrid, Hauser y Menet, 1914, pp. 57-58.

52 LÓPEZ DE GÓMARA: Ob. Cit., T. II, p. 73.

53 HERRERA: Ob. Cit., T. II, p. 18.

 

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1.-INTRODUCCIÓN

A lo largo de la Edad Moderna se produjeron unas intensas relaciones humanas y económicas entre Carmona y América que apenas si han sido estudiadas hasta la fecha. Efectivamente, la implicación de Carmona en el proceso de Descubrimiento y Conquista de América resultó ser muy temprana, tanto en lo referente al aporte humano como al material. De hecho, ya en la segunda travesía colombina sabemos que viajaron al menos dos carmonenses, a saber: Cristóbal Sánchez y un tal Lope1, mientras que en el tercero figuraba el albañil Alfonso Rodríguez2.

No obstante, debemos decir que Carmona no fue nunca una localidad muy emigrante. Tradicionalmente se ha afirmado que existían dos factores que favorecían la emigración en cada localidad, a saber: uno, la forma de vida pastoril que implicaba un menor arraigo de la población a la tierra, y dos, la cercanía a Sevilla, puerto y puerta de Indias. Es cierto que el primero de ellos afectaba poco a Carmona que era una localidad eminentemente agrícola, pese a que la ganadería tenía entonces una mayor importancia de la que tiene en la actualidad3. Sin embargo, la cercanía a Sevilla, puerto y puerta de Indias, sí que pudo haber generado unas cotas migratorias mayores. Como ya hemos dicho no fue así y la lista de pasajeros oficialmente recogidos en los libros de la Casa de la Contratación se limitan a tan solo 2074. La cifra escasa si la comparamos con los 150.000 expedientes que se conservan en el Archivo General de Indias o de 300.000 o 400.000 que debieron cruzar el océano entre 1492 y 1824. A nuestro juicio, debió ser la riqueza de la vega de Carmona lo que impidió que la emigración se convirtiese en un fenómeno masivo. Aunque la propiedad estuviese en poder de las élites, en muchos casos foráneas, había un aprovechamiento subsidiario de las tierras del común y de las zonas montuosas5. Por ejemplo, cuando a partir de 1549 se escindió La Campana del término carmonense, las autoridades manifestaron los muchos perjuicios que se derivarían para la población carmonense, pues, estos se beneficiaban del pasto, de la montanera y de un extenso olivar que tenían "criado y costeado" en dicho término6.

Pero entrando ya en la materia de esta comunicación diremos que en lo concerniente a las relaciones económicas y concretamente a los capitales remitidos por estos emigrantes a su localidad natal lo desconocemos igualmente casi todo. En primer lugar, ignoramos el impacto que causó en nuestra localidad la demanda de cereal, aceite y vino por parte de las armadas de la Carrera de Indias7. Suponemos que esta situación, surgida a raíz del Descubrimiento de América, debió provocar roturaciones de tierras, expansión del olivar, concentraciones de la propiedad y una revolución de los precios. Todo parece indicar que estos fenómenos se extendieron a toda Castilla durante el siglo XVI, sin embargo, escasean los trabajos locales que verifiquen con exactitud sus consecuencias8. En el caso concreto de Carmona, huelga decir que seguimos sin disponer de un estudio concreto que analice la evolución de la propiedad de la tierra y de los cultivos en las décadas posteriores al Descubrimiento y prácticamente durante toda la Edad Moderna9.

Y en segundo lugar, no disponemos ni tan siquiera de una cifra aproximada de las inversiones indianas realizadas en nuestra localidad durante la época colonial. Ni sabemos la suma total de los capitales indianos arribados a Carmona ni, por supuesto, el monto global de todas las inversiones realizadas durante aquel período. Tampoco disponemos de una relación completa de la forma en que se invirtió el capital arribado del otro lado del océano. Probablemente, los dineros destinados a fundaciones se aseguraron mediante préstamos en régimen de censos al tres por ciento. Por tanto, quede bien claro que, en el estado actual de las investigaciones, es imposible establecer la cifra total de capitales indianos invertidos en Carmona ni, por supuesto, calcular su proporción en relación al monto global de todos los caudales invertidos. No obstante, parece claro que estas herencias y fundaciones procedentes de capitales indianos, si bien pudieron servir para mejorar la vida de algunas personas en concreto no modificaron en absoluto las precarias condiciones de vida de la mayor parte de los carmonenses.

En cualquier caso en este trabajo intentaremos arrojar alguna luz sobre una parte de ese flujo, es decir, el que Carmona recibió procedente del otro lado del océano. Estudiaremos, pues, los capitales indianos invertidos en nuestra localidad por los emigrantes carmonenses.

2.-LAS FUENTES

Nuevamente en este aspectoo debemos advertir la parcialidad de las fuentes consultadas ya que nos hemos basado casi exclusivamente en los expedientes de bienes de Difuntos, localizados en la sección de Contratación del Archivo General de Indias. Como es bien sabido, fue esta institución, rectora del comercio y de la navegación indiana, la que se encargó de gestionar el inventario, subasta y repatriación de los caudales legados por los españoles fallecidos al otro lado del océano. En los casos en los que había de por medio un testamento los trámites eran algo más rápidos; se pregonaba en la localidad en cuestión y, una vez localizado al heredero, se le expedía la correspondiente carta de pago por parte de los oficiales de la Casa de la Contratación. En cambio, si el finado no había formalizado su testamento, la situación era más complicada ya que se requería una extensa información del supuesto heredero en la que quedase perfectamente demostrado que era verdaderamente el legítimo heredero.

Ni que decir tiene que sería importante cotejar los datos presentados en este trabajo con los que ofrece la documentación local, a saber: primero, los documentos notariales del Archivo de Protocolos Histórico, pues frecuentemente se redactaban ante escribano público las fundaciones de capellanías, las donaciones, las cartas de poderes para el cobro de caudales, etcétera. Y segundo, la documentación eclesiástica -parroquial y diocesana-con el fin de verificar la fundación efectiva de las capellanías dispuestas en los testamentos, y sobre todo para comparar su monto con la totalidad de las fundadas.

Por todo lo dicho, queremos insistir que la presente comunicación no es más que una primera aproximación a la temática, sin ánimo desde luego de ser exhaustivos.

 

3.-VENTURA Y DESVENTURA DE LOS CARMONENSES EN INDIAS

Evidentemente la marcha de los carmonenses a América debió tener grandes consecuencias a ambos lados del océano. Por un lado, los nuevos territorios recibían un contingente de población joven y emprendedora, con ganas de prosperar y de conseguir la fortuna que se les negó en sus tierras de origen. Por el otro, para el territorio que los perdía significaba, a corto plazo, una válvula de escape para los excedentes poblacionales, pero a la larga suponía la perpetuación en el tiempo de las precarias condiciones de vida de su población.

Estos carmonenses que se decidieron a cruzar el océano y a instalarse a varios miles de kilómetros de su villa natal no olvidaron sus raíces. Muchos de ellos mostraron, antes de partir, su deseo de volver pronto a su tierra de origen cargados de riquezas, sin embargo, obviamente fueron muy pocos los que lo consiguieron. Entre ellos, Juana de Mesa Honesta la cual estuvo en América y logró su objetivo de volver a su tierra natal e inhumarse en la bóveda de entierro de la capilla de Nuestra Señora de las Angustias, sita en el monasterio de San Francisco de Carmona10.

Por lo demás, podemos decir que prácticamente todos los emigrantes indianos a la hora de redactar su última voluntad se acordaban de alguna forma de su lugar de origen, en unas ocasiones para reconocer alguna deuda, en otras para hacer alguna fundación, o sencillamente para dejar su fortuna a sus herederos. Asimismo, nos llama mucho la atención el gran peso que tenía el paisanaje. Efectivamente, carmonenses que residían en áreas cercanas unos de otros solían tener frecuentes contactos entre ellos, y se valoraba la naturaleza como un elemento vinculante. Así, por ejemplo, en la Ciudad de los Reyes -actual Lima- solían morar con frecuencia los mercaderes carmonenses Alonso Ruiz y Antón Gutiérrez Navarrete que mantenían una fuerte relación de amistad, basada exclusivamente en el paisanaje. Éste no solo figuró como testigo en el codicilo de Alonso Ruiz sino que, estando presto para retornar a Sevilla, aquel le pidió que velase por que le llegase a su hermana, María Caro, el caudal que le remitía. Al cabo del tiempo, y concretamente el 6 de junio de 1617, María Caro dio poder al mismo mercader, y a Cristóbal de San Miguel, para que cobrasen en su nombre el caudal remitido por su hermano11.

Otra cuestión que debemos destacar es la fuerte merma que experimentaba el capital desde la muerte del pariente en las distintas ciudades indianas hasta que era cobrado -varios años, a veces décadas, después- por sus herederos en la Península. Una vez fallecido, salvo que algún heredero quisiese marchar a América, los bienes del finado debían ser subastados, no alcanzando nunca su valor real. Una vez que el patrimonio se convertía en caudal líquido se debían abonar los costes del funeral así como las misas y limosnas a las instituciones locales que el finado hubiese dispuesto en su testamento. A partir de aquí había que pagar el transporte así como el obligatorio impuesto de la avería12. Pero no acababan aquí los gastos, pues, una vez que el capital llegaba a la Casa de la Contratación, se le aplicaban importantes tasas para pagar desde los arrieros que llevaban el dinero del buque a la Casa de la Contratación, a los tenedores de los bienes de difuntos y al abogado que defendió los bienes.

Cuando el heredero era menor de edad la fortuna sufría un menoscabo aún mayor ya que había que financiar al llamado curador de menores. Así ocurrió con María de Arce y Céspedes la cual, siendo menor, heredó de su padre la nada despreciable cifra de 13.799 pesos de oro de los que sólo llegó a cobrar, una vez alcanzada su mayoría de edad, y después de un largo pleito, 6.563 pesos de oro13.

En cualquier caso, estos capitales llegados a Carmona por sorpresa desde varios miles de kilómetros de distancia debieron crear gran desasosiego entre los vecinos. Realmente, no cuesta imaginar los corrillos inusitados y los murmullos, envidias y regocijos que se debían producir en Carmona cada vez que se anunciaba la llegada de caudales procedentes de las Indias. Precisamente, el 10 de mayo de 1637, se pregonó en Carmona la llegada del capital de Juan López Muñoz, fallecido en la ciudad de Panamá, en 1631:

 

"José de Pablos, pregonero de esta ciudad, en la plaza pública de ella, delante de gran copia de gente que le oía en altas y claras voces pregonó y declaró la dicha requisitoria de los señores presidente y jueces y oficiales de Su Majestad de la Casa de la Contratación de las Indias de la ciudad de Sevilla sobre los setenta y siete pesos que en caja de difuntos vinieron de la ciudad de Panamá por bienes de Juan Muñoz, difunto en la dicha ciudad, vecino de ésta. Y asimismo declaró y pregonó las cláusulas del testamento del susodicho insertas al pie de la dicha requisitoria, diciendo que cualquier persona que pudiese tener derecho a ellos pareciese que justificándolo los dichos señores se los mandarían entregar y no hubo persona que dijo tener derecho a ellos más que Juan Muñoz, vecino de esta ciudad..."14.

 

 

La suma no era gran cosa pero este dinero, llegado por sorpresa desde varios miles de kilómetros de distancia, debió ser la envidia de muchos convecinos de la localidad.

Pero había situaciones mucho más desagradables como la que le ocurrió al carmonense Alonso Robledo con su hijo, el capitán Francisco Robledo Espinosa. Aquél debía estar muy orgulloso de su vástago que ascendió, primero, a sargento de la Armada Real del Océano, y posteriormente, a capitán de la Armada de los galeones de Indias. El 29 de noviembre de 1624 protocolizó su testamento en Cádiz porque estaba presto para partir a una batalla naval y temía por su vida15. En él declaraba ser soltero y no tener herederos forzosos, dejando, pues, a su padre como heredero universal16. Sin embargo, en sendos juicios de residencia tomados a los oficiales de la armada de Tierra Firme de 1623 1624 se le impusieron al capitán Robledo sendas multas de 44.000 y 30.000 maravedís respectivamente. El notario del Rey, don Gerónimo de Vargas notificó al juez de Sevilla, Jerónimo Díez de Arbizu, que ejecutara la sentencia de un total de 74.000 maravedís contra los herederos del capitán Francisco Robledo Espinosa. Y efectivamente, el citado juez se personó en casa de Alonso de Robledo, sita en la calle Sevilla, en compañía del alguacil ejecutor de Carmona Pedro Sánchez. En Ausencia de Alonso Robledo se procedió al "inventario y secuestro" de los humildes bienes que se encontraron en su morada17.

 

 

4.-TIPOS DE INVERSIÓN DEL CAPITAL INDIANO

Como ya hemos dicho, los caudales que remitieron los emigrantes indianos fueron invertidos de muy distintas formas y tuvieron muy variados beneficiarios. En primer lugar, podía tratarse sencillamente de una herencia, es decir, el caudal que dejaban los indianos a sus herederos. Además, se utilizaban las fundaciones pías, que podían ser de dos tipos, a saber: la capellanía y la obra pía. La capellanía no era otra cosa que la dotación de un capital con cuya renta anual se pagaba una memoria de misas por su titular. La obra pía, en cambio, tenía por objeto la beneficencia, de muy diverso tipo, dotar a doncellas huérfanas para el matrimonio o para entrar en un cenobio como monja, redención de cautivos, escolarización de pobres, etcétera.

Y finalmente, encontramos las donaciones que se hacían normalmente a alguna imagen o a alguna cofradía por la que el finado sentía una especial devoción. Estas donaciones podían tener un carácter mobiliario, es decir, podía consistir en la donación de un objeto, o bien, inmobiliario, consistiendo, en este caso, en la dotación de una cierta cantidad para la edificación o restauración de algún templo o capilla.

De muchos de estos tipos de inversión tenemos buenos ejemplos en el caso concreto de Carmona, los cuales analizaremos con detalle en las páginas que vienen a continuación.

 

A.-LOS CAPITALES DE PARTICULARES

A continuación mostramos un cuadro con las cantidades legadas en los testamentos a distintos vecinos de la localidad. Conste que no se trata de la cantidad líquida percibida sino de la legada.

CUADRO I

CAPITALES INDIANOS HEREDADOS18

FECHA DEL LEGADO

FINADO

HEREDERO

SUMA

1563

Francisco de la Barrera

Pedro de la Barrera

487,24

1581

Andrés de la Romera

Juan de Vargas Toledano

454,60

1586

Lucas Ponce

Ana y Mari Ponce

12,7619

1589

Tomás de Morera

Pero Núñez

20,00

1589

Tomás de Morera

María de Morera

83,11

1589

Tomás de Morera

Ana de Trigueros

83,11

1590?

Tomas de Morera

Antonio de Sosa

166,22

1590?

Tomas de Morera

Felipa de la Cruz

166,22

1601

Pedro Romero Tamariz

Lucía Velázquez

83,11

1601

Pedro Romero Tamariz

Melchor de Castroverde

41,55

1601

Pedro Romero Tamariz

Mariana de Castroverde

41,55

1606

Elvira de Castellanos

María de Urbina

200,00

1606

Elvira de Castellanos

María de Castellanos

100,00

1606

Elvira de Castellanos

Isabel de Castellanos

100,00

1606

Elvira de Castellanos

Isabel de Castellanos20

25,00

1612

Antón de Valladares

Juana de Palma

60,45

1612

Antón de Valladares

María de Cadena

60,45

1612

Antón de Valladares

Gonzalo de Alanís

60,45

1613

Alonso Ruiz

María Caro

200,00

1613

Alonso Ruiz

Felipe Sánchez21

¿?

1619

Antonio de Ojeda

Juan de Ojeda

105,79

 

1621

Juan Rubio

Isabel Enríquez Rubia

1.000,00

1633

Juan López Muñoz

Juan Muñoz

110

1648

Francisco Navarro

María Navarro

1.696,30

1648

Francisco Navarro

Ana Navarro

1.696, 30

1648

Francisco Navarro

Juan Navarro

1.696,30

1650

Jerónimo de Tardoya

Tomasa de Tardoya

332,98

1726

Manuel de Arce

María de Arce y Céspedes

13.799,00

 

 

TOTAL

22.882,49

 

Ante todo debemos advertir que no todos los herederos, pese a ser naturales de Carmona, residían en el momento de percibir la herencia en nuestra localidad, y, por tanto, no siempre supusieron una inyección de dinero para la economía local.

Así, por ejemplo, Tomasa de Tardoya, que heredó de su padre, Jerónimo de Tardoya, en 1650, 332,98 pesos de oro, en el momento de recibir la herencia se había casado con un vecino de Morón de la Frontera y residía en dicha localidad. Caso curiosamente similar al de Isabel Enríquez Rubia que, en el momento de cobrar su sustanciosa legado, era viuda de un barbero de Morón, llamado Gregorio Martínez22. Sin embargo, también es cierto el caso inverso, pues, María de Arce no era natural de Carmona y se avecindó en nuestra localidad a raíz de su matrimonio con el carmonense Antonio Quintanilla y Andrada.

Por otro lado, ya hemos dicho que las cifras expuestas en el cuadro I responden a las cantidades legadas en principio por los finados, y por tanto, sufrieron rebajas en algunos casos de hasta el 52 por ciento, en concepto de pago de las gestiones de cobro y de los fletes de transporte23. Así, por ejemplo, Juan López Muñoz, dejó en su testamento, fechado en la ciudad de Panamá, el 28 de marzo de 1631, como heredero universal a sus padres, llegando a Sevilla 110 pesos de oro de los que sólo llegaron a cobrar 77 pesos, es decir, un 30 por ciento menos24. Caso parecido es el de Juan de Ojeda quien, como heredero de su tío Antonio de Ojeda, fallecido en Guatemala25, recibió en herencia 105,79 pesos -350 tostones y 3 reales- de los que tan sólo le entregaron los oficiales de la Casa de la Contratación 94,52 pesos, es decir, un 10,65 por ciento menos26. Además las demoras en el cobro podían ser en ocasiones interminables. Así, por ejemplo, Isabel Enríquez Rubio otorgó el 22 de marzo de 1628 carta de poder a favor de Gregorio Ramos para que cobrase los bienes de su padre en la Casa de la Contratación, pese a que el testamento de este último tenía fecha del 27 de febrero de 162127. Aunque el caso más extremo en este sentido fue el de Pedro de la Barrera a quien, en 1563, le llegó consignado una importante suma de 487,24 pesos, heredados de su hermano Antonio de la Barrera, muerto en Indias28. Sin embargo, tuvo la desgracia de que por aquellos momentos la Corona tenía una necesidad urgente de capital y la suma fue confiscada "para el servicio de Su Majestad". El 13 de noviembre de 1574 presentó un testimonio solicitando de una vez su abono "porque él es pobre y necesitado y tiene mujer e hijos y no tiene con qué se sustentar"29. Más de once años, pues, mediaron desde que el capital fue legado hasta que se hizo efectiva su cobranza a este lado del Atlántico.

La suma total de capital privado ascendió a 22.882,49 pesos de oro, es decir, más de diez millones de maravedís, cantidad elevada en cifras absolutas pero muy modesta teniendo en cuenta que se trata de todo el capital privado recibido en Carmona en los tres siglos que duró la colonización. La herencia media fue de 817 pesos aunque existen muchas diferencias entre unos legados y otros. Así, mientras que algunos recibieron sumas de apenas 12 o 20 pesos, otros cobraron herencias muy superiores a los 1.000 pesos de oro. Especialmente cuantiosa fue la fortuna acumulada por Manuel de Arce, que la disfrutó en Carmona su hija María. También notable fue el capital legado por Francisco Navarro, fallecido en Popayán, en 1648. El caudal total que dejó a su muerte ascendió a 11.841 pesos de los cuales, correspondieron 1.696 pesos y cuatro maravedís a cada uno de sus tres herederos carmonenses30.

Asimismo cuantioso fueron los bienes dejados a su muerte por Juan Rubio, un rico propietario de estancias, hatos ganaderos y fincas urbanas que vivió en la ciudad de Trujillo, virreinato del Perú. En su testamento, protocolizado en dicha ciudad, el 27 de febrero de 1621, designó a su hija legítima, Isabel Enríquez Rubia, fruto de su primer matrimonio con Juana Enríquez, por heredera universal, pese a reconocer que tenía dos hijos naturales, llamados Pedro y Luis Rubio31.

También sustancioso fue el capital amasado por Antón de Valladares, fallecido en la localidad de San Antonio de Suchitepeque, en 161332. En su testamento instituyó numerosas mandas pías, legando a sus herederos 1.000 tostones de a cuatro reales -poco más de 302 pesos de oro- de los que poco más de 181 pesos de oro fueron a parar a manos de varios parientes carmonenses33.

 

B.-LAS FUNDACIONES

Ya hemos comentado que las fundaciones podían ser de varios tipos, a saber: capellanías, obras pías y donaciones. Entrando en las capellanías hemos de decir que tan sólo hemos localizado tres fundaciones, a saber: una, en la iglesia de San Pedro, otra, en el monasterio de San Francisco, y finalmente, otra, en la iglesia de San Bartolomé.

En el templo de San Pedro, Elvira de Castellanos, una de las indianas de origen carmonense que mayor fortuna amasó en el Nuevo Mundo34, dispuso la construcción de una capilla, con su retablo, donde fundar su capellanía. La licencia eclesiástica se expidió el 21 de mayo de 1609, procediendo la parroquia a adjudicar la capilla un mes después, es decir, el 27 de junio de ese mismo año35.

Por otro lado, Luis de Valladares fallecido, al igual que su hermano Antón, en San Antonio de Suchitepeque, en la provincia guatemalteca de Zapotitlán, instituyó inicialmente su capellanía en la iglesia de San Pedro. Así en el testamento protocolizado el 17 de abril de 1611 se establecía lo siguiente:

 

"...Dispongo una capellanía de mil pesos de oro de principal en la iglesia parroquial del señor San Pedro en la dicha villa de Carmona y sea capellán de ella el pariente más cercano que tuviere por parte de mi padre o madre, faltando los de la parte del padre, sucedan los de mi madre y a falta de parientes el clérigo quien quisiere el patrón que fuere de la dicha capellanía y nombro y constituyo por tal patrón de la dicha capellanía a la dicha Isabel de Palma, mi madre, y después de sus días al dicho Antón de Valladares, mi hermano, y sucesivamente por su muerte a la dicha Juana de la Cruz, mi hermana, y si faltaren todos sin que haya muda del dicho patronazgo por falta de haberse (ilegible) lo sea el pariente más cercano que tuviere de parte de mi padre y a falta del sucesor de la parte de la dicha mi madre y el último que fuere puedan quitar y elegir patrón el que le pareciere, siendo persona de buena vida y fama sobre que les encargo... (ilegible)"36.

Sin embargo, Luis de Valladares cambió rápidamente de opinión, pues, en su codicilo, protocolizado tan solo unos meses después, y concretamente el 26 de enero de 1612, afirmaba lo siguiente:

 

"Yo dejo ordenado y mandado en el dicho mi testamento que se imponga una capellanía de un mil pesos de principal para que en la iglesia parroquial de San Pedro en la villa de Carmona se digan de misas por mi ánima y de mis padres, lo que rentaren los dichos un mil pesos, según que se contiene en la dicha cláusula, revocándola como la revoco, es mi voluntad que la dicha renta de mil pesos se imponga en la parte que fuere más cierta y segura en la dicha villa de Carmona y se instituya la dicha capellanía en el convento de señor san Francisco de la dicha villa de Carmona en la forma y manera que pueden y acostumbran los padres religiosos y prelados de ella porque así es mi voluntad y lo guarden y cumplan los patrones de ella que están nombrados en la dicha cláusula..."37

 

Nada tenía de particular este cambio de última hora, teniendo en cuenta la gran devoción que, tanto Luis como su hermano Antón de Valladares, sentían por la Orden Franciscana, en cuyos templos dispusieron la mayor parte de sus memorias.

Finalmente, Francisco Navarro, en su testamento otorgado en Popayán, el 23 de mayo de 1648, ordenó la erección de otra capellanía en el templo de San Bartolomé. Para su financiación destinó 139 pesos de oro y seis reales de principal, cantidad bastante modesta, al menos en relación a la notable fortuna que dejó a su muerte. En una de las cláusulas de la capellanía se preveía que se rezasen por su alma tres misas anuales, a saber: una, el día de San Francisco, otra, el día de los difuntos, y, finalmente, otra, el día de Nuestra Señora de la Concepción38. Por capellán designó a su nieto Francisco Navarro, "siendo ordenado -decía- y si no un hermano suyo u otro nieto39.

Además de la fundación de estas capellanías hubo otros carmonenses que dejaron misas en las iglesias de su localidad natal. Así, Tomás de Morera, estableció en su testamento, otorgado en La Habana, en 1589, que se le oficiasen diez misas rezadas en la iglesia mayor de Carmona y otras tantas en el monasterio de San Francisco de la misma localidad40. También Elvira de Castellanos, al margen de la capellanía fundada en San Pedro, dispuso que se celebrasen 1.000 misas por su alma en templos de Sevilla o Carmona, dejando la elección definitiva a sus albaceas. De ellas, sabemos que solamente 150 se oficiaron en Carmona, concretamente en la iglesia de San Bartolomé41.

En cuanto a las obras pías tenemos constancia de al menos dos: una, destinada a la redención de cautivos, para lo cual Ana de Escobar, difunta en San Juan de Ulúa, destinó 500 pesos de oro42. Y dos, la establecida por Francisco Navarro, en su testamento, fechado en 1648, por el que destinó cierta cantidad para dotar como monja a su nieta Francisca Navarro, "hija de María Navarro u otra nieta que quisiere ser monja"43.

Pasando a las donaciones debemos decir que nosotros hemos documentado un pequeño número de ellas pero, a juzgar por los indicios, sospechamos que debieron ser bastantes más. La mayor parte de ellas estuvieron destinadas a la Virgen de Gracia, advocación al parecer muy querida por estos emigrantes carmonenses.

La primera de estas donaciones data de 1586, fecha en la que Tomás de Morera, destinó en su testamento otorgado en La Habana

100 reales para hacerle una saya a la Virgen de Gracia que está en su "patria"44. El dato es ciertamente importante ya que nos confirma la devoción que los carmonenses sentían por la Virgen de Gracia ya en el siglo XVI45.

Posteriormente, en 1605, la rica indiana ya citada, Elvira de Castellanos, legó en Veracruz 25 pesos de oro de limosna a la Virgen de la Consolación y otros tantos a la Virgen de Gracia. Además, les dejó dos preciadas piezas textiles que tenía en su tienda, "un pedazo de damasco amarillo o blanco y otro colorado o verde" para la Virgen de la Consolación y "una pieza de raso blanco de china para una casulla y frontal" para la Virgen de Gracia46.

Poco más de un lustro después, y más concretamente en 1611, Antón de Valladares hizo otra donación a la Virgen de Gracia al dejar una manda en su testamento que decía así:

"Item, mando que se de la manera siguiente: una lámpara de plata que valga 200 tostones de a cuatro reales a Nuestra Señora de Gracia que está en la villa de Carmona en el convento de San Jerónimo y que mis albaceas lo paguen de mis bienes luego que llegaren a los dichos reinos de Castilla"47.

 

 

El cobro de los 200 tostones -unos 800 reales- por parte del monasterio de los Jerónimos se demoró varios años ya que los trámites fueron largos. Finalmente, en 1615, los cenobitas dieron poder a fray Diego de Oribe, sustituido en 1616 por fray Juan de los Santos que fue quien finalmente consiguió el cobro de los mencionados 800 reales en la Casa de la Contratación de Sevilla, ya en el año de 161748.

Pero conocemos otras donaciones que guardan una relación también con la emigración a las Indias. Precisamente, Gregorio Morera, familia tan íntimamente ligada a lo indiano, realizó en 1659 la donación de una cadena de filigrana china que aún hoy

posee la Virgen de Gracia. Una pieza que el donante pudo adquirir personalmente ya que, como comerciante, anduvo por los confines del Imperio español49.

Pero otras muchas donaciones debieron llegar directa o indirectamente a Carmona procedentes del mundo indiano, pese a que no lo hemos podido verificar documentalmente. Así, en 1680, Francisco Rivera y Aral donó un rostrillo de oro con 354 esmeraldas engarzadas que es una de las mejores piezas del tesoro de la Virgen de Gracia y que es de procedencia indiana50. También en la parroquia de San Bartolomé se custodia un conjunto de tres piezas de orfebrería -un cáliz, un copón y un ostensorio-, de procedencia Hispanoamericana. Presenta la marca de platería de la ciudad de Zacatecas en Nueva España, fueron labradas con posterioridad a 1770 y llegaron a Carmona antes de 1789, estando relacionadas con el estilo del escultor mexicano José María Rodallega51. Aunque no hemos conseguido documentar la escritura, es muy probablemente que estas piezas de orfebrería llegaran a nuestra localidad a través de alguna donación indiana.

 

5.-CONCLUSIONES

En esta comunicación nos hemos intentado aproximar

a una parte de ese flujo entre Carmona y América, es decir, el que aquella recibió procedente del otro lado del océano.

Podemos decir que esta comunicación no ha sido ni exhaustiva ni definitiva pues, como ya hemos afirmado, hemos trabajamos casi exclusivamente los expedientes de bienes de difuntos, conservados en el Archivo General de Indias. Para un conocimiento mucho más completo del tema será necesario llevar a cabo en el futuro un estudio sistemático de las fuentes locales, especialmente de los protocolos históricos de Carmona.

No obstante, esperamos que este trabajo sirva como punto de partida para futuras y mas completas investigaciones que nos permitan esclarecer en un futuro no muy lejano esta interesante parcela de la Historia de Carmona.

1    VARELA MARCOS, Jesús y otros: Segundo viaje de Colón. Valladolid, Seminarios Iberoamericanos de Descubrimientos, 1998, pág. 31.

2    MIRA CABALLOS, Esteban y Fernando de la VILLA NOGALES: Carmona en la Edad Moderna. Religiosidad y arte, población y emigración a América. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 2000, pág. 374.

3    Sobre la ganadería en Carmona existe un artículo monográfico aunque dedicado exclusivamente a la Baja Edad Media. En él se confirma el extraordinario desarrollo de la ganadería local, como apoyo a las labores agrícolas pero también como una forma de aprovechar los baldíos concejiles y las zonas montuosas. CARMONA RUIZ, Mª Antonia: "La ganadería en Carmona durante la Baja Edad Media", I Congreso de Historia de Carmona. Sevilla, 1998, pág. 283.

4    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 341.

5    Arellano dedica alabanzas sin igual a su fértil vega de la que afirma, citando a al padre Mariana, que era "el lugar más fértil, rico y abundante del Andalucía". También hace alusión a una bonita frase de Abrahán Ortelio en la que refería a Carmona como "abundantísima granja y almacén de toda el Andalucía". En otro pasaje afirma, muy significativamente, que Carmona era el "jardín donde se recreaba el Rey de España y la vista el Arzobispo de Sevilla". ARELLANO, fray Juan Salvador Baptista de: Antigüedades y excelencias de la villa de Carmona y compendio de Historias. Sevilla, Simón Faxardo, 1628, fols. 67r y 86r.

6    Véase mi trabajo: La Campana: noticias históricas. Sevilla, Muñoz Moya, 1998, pág. 22.

7    Lutgardo García Fuentes, en su estudio sobre esta temática, afirma que la mayor parte del aceite embarcado para las Indias procedía del Aljarafe y de la Campiña sevillana "especialmente de Écija y Carmona". GARCÍA FUENTES, Lutgardo: "El viñedo y el olivar sevillanos y las exportaciones agrarias a Indias en el siglo XVI", I Jornadas de Andalucía y América, T. I. La Rábida, 1981, pág. 34. Por su parte, el profesor Enrique Otte afirma que la Sevilla de los Descubrimientos se abastecía de cereal procedente de la Campiña y, concretamente, de Carmona, Écija, Utrera y Jerez. Hernando Colón, hijo del primer Almirante, llegó a decir de Carmona que era "la mejor villa de Andalucía". OTTE, Enrique: Sevilla y sus mercaderes a finales de la Edad Media. Sevilla, Universidad, 1996, pág. 40.

8    La concentración parcelaria del siglo XVI ha sido estudiada para el caso de Castilleja de la Cuesta. Véase HERRERA GARCÍA, Antonio: "Traspasos y concentraciones de unas fincas en Castilleja de la Cuesta (1563-1635)", Archivo Hispalense Nº 179. Sevilla, 1975. En cuanto a la expansión del viñedo y el olivar puede verse el trabajo ya citado de GARCÍA FUENTES: Ob. Cit., págs. 19-37.

9    Se trata de uno de tantos aspectos importantes de la historia moderna de Carmona que permanece sin investigar. Es necesario analizar, en el archivo de protocolos, las cartas de compraventa de tierras y examinar la evolución de los precios, en relación al cultivo que albergaban.

10    En su testamento dispuso exactamente 400 misas por su alma, que se debían oficiar 100 en el monasterio del Carmen y 300 en la capilla de Nuestra Señora de las Angustias de San Francisco. Testamento de Juana de Mesa Honesta, Carmona, 23 de septiembre de 1661. AGI, Contratación 442B, N. 5. Se trata de un traslado, pues, su original se protocolizó ante el escribano público de Carmona Francisco Fernández Flores, en la fecha citada.

11    Poder dado por María Caro a Cristóbal de San Miguel, vecino de Carmona, y a Antonio Gutiérrez Navarrete, vecino de Sevilla, Carmona, 6 de junio de 1617, ante Gregorio Alanís. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 7.

12    Se trataba de un impuesto esporádico o eventual, de antiguos orígenes castellanos, que gravaba con un porcentaje las mercancías que iban o venían de las Indias a los puertos andaluces. La finalidad de esta contribución no era otra que reducir el riesgo del transporte marítimo contra "peligros no cubiertos" por los seguros marítimos ordinarios. DEL VAS MINGO, Marta Milagros y Concepción NAVARRO AZCUE: "El riesgo en el transporte marítimo del siglo XVI", Actas del Congreso de Historia de los Descubrimientos, T. III, Madrid, 1992, pág. 608.

13    Pleito sobre la herencia de María de Arce y Céspedes, Sevilla, 1702-1726. AGI, Escribanía 1109C.

14    Testamento y expediente de los bienes de Juan Muñoz, 1637. AGI, Contratación 393, N. 14.

15    En el mismo testamento establecía el capitán Robledo los motivos que le habían llevado a otorgar dicha escritura; decía así: que estando "entretenido en la Armada Real del Mar Océano, estante al presente en esta ciudad de Cádiz, natural de la villa de Carmona, hijo legítimo de Alonso Robledo, mi padre, que es y vive en la dicha villa y de María de Espinosa, mi madre, difunta, digo que por cuanto yo estoy para embarcarme en la presente jornada que se está aprestando para la restauración de la bahía de Todos los Santos, en la provincia de Brasil, y por los peligros ordinarios que en semejantes viajes suele haber y tan contingentes los riesgos de la vida porque, si Dios nuestro Señor fuere servido falte la mía, tener dispuestas las cosas del descargo de mi conciencia...". Testamento y autos contra Alonso Robledo, 1631. AGI, Contratación 957, N. 2, R. 9.

16    Más exactamente dispuso que heredase su padre con la intención de que reuniese, cobrase y gozase de todo su capital, pero con la condición de que luego lo repartiese de la siguiente forma, a saber: dos tercias partes para Sebastiana y María de Robledo, hermanas legítimas de padre y madre. Y la otra tercia parte otras dos hermanas "de solo padre", llamadas Jacinta y Francisca. IBÍDEM.

17    Los bienes inventariados y confiscados en la casa de Alonso Robledo fueron los siguientes, a saber: Un arca de castaño y dentro lo siguiente: dos pedazos de lienzo casero de a dos varas y media cada uno; dos piezas de pañuelos con ocho servilletas; otro pedazo de lienzo casero de tres varas; unos calzones de Ruán con puntas de pita nuevos; un paño de restro (¿?) con puntas de pita y labrado nuevo; tres varas de lienzo casero; una delantera de cama labrada con hilo azul y aspado; una camisa de mujer nueva labrada de pita; dos almohadas de hilo azul labradas nuevas; dos tablas de manteles caseros nuevos; tres varas de lienzo casero; otra tabla de manteles caseros; cinco sábanas de crea y lienzo casero sin estrenar; otro paño de rostro nuevo, labrado con puntas de pita; un camisón de hombre nuevo labrado y con puntas de pita; otra camisa de mujer de crea labrada con seda negra nueva; dos paños de rostro, uno con puntas y otro llano; dos varas de crea en un pedazo; una caída de cama de grana raída; cuatro cojines de tres piezas, dos colorados y dos azules nuevos sin estrenar; una carpeta nueva; otra sábana de estopa nueva; dos sillas nuevas y otras dos viejas; dos camas de cordeles y en cada una dos colchones; cinco paños catorcenos enteros apuntados pardos; otro paño pardo catorceno comenzado con veinte y dos varas; tres costales nuevos y de perga; cien reales en dineros de vellón. Todos los cuales dichos bienes el dicho alguacil ejecutor depositó en poder de Bartolomé de Orellana y Juan de Fuentes, vecinos de esta ciudad....". IBÍDEM.

18    El cuadro procede en su parte esencial de mi trabajo: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 355, aunque ha sido completado con otros documentos, consultados con posterioridad. Las cifras están expresadas en pesos de oro.

19    De esta cantidad se debían celebrar diversas misas por su alma en el Monasterio de Santo Domingo de Sanlúcar de Barrameda. La cantidad restante se le entregaría a sus hermanas Ana y Mari Ponce.

20    Se trataba de dos personas diferentes, madre e hija respectivamente.

21    En el testamento del mercader carmonense Alonso Ruiz, dado en la Ciudad de los Reyes el 11 de marzo de 1613, dejaba 200 pesos de oro de mejora a su hermana María Cara. El resto de su fortuna se dividiría en tres tercios entre sus tres hermanos: María Cara, Leonor Cara y Felipe Sánchez. Sin embargo, tan sólo 19 días después, revocó el testamento a través de un codicilo otorgado en la misma ciudad y ante el mismo escribano. En él, mantenía los 200 pesos para su hermana María, pero nombraba en exclusiva como heredero universal a su hermano Felipe Sánchez por las buenas obras que había recibido de él y porque tenía dos hijas "mujeres a quien poner en estado". En el expediente no consta el inventario de sus bienes ni el cobro del caudal en la Casa de la Contratación por parte de Felipe Sánchez. Testamento y expediente de los bienes de Alonso Ruiz, 1617. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 7.

22    Expediente de bienes de difunto y testamento de Juan Rubio, 1628. AGI, Contratación 377, N. 5.

23    Es el caso de María de Arce que siendo menor heredó de su padre 13.799 pesos de los que tan solo llegó a cobrar, después de un azaroso pleito, 6.563 pesos, es decir, un 47,56 por ciento del capital legado. MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 353.

24    El 15 de mayo de 1637, más de seis años después de la muerte de su hijo, se otorgaba carta de pago a favor de Juan Muñoz. Testamento y expediente de bienes de difunto de Juan López Muñoz, 1637. AGI, Contratación 393, N. 14.

25    Antonio de Ojeda había marchado a América en torno al año de 1600. Dejó por heredero a su hermana Marina de Romero, madre de Juan de Ojeda. Este último, por fallecimiento de su madre, se convirtió en el heredero universal de su tío. Estaba casado con Beatriz de Ledesma y era natural y vecino de Carmona.

26    El testimonio de, Antonio Ruiz Navarrete, oficial de la Casa de la Contratación, fechado el 20 de febrero de 1619 decía así: "Item trescientos y cincuenta tostones y tres reales que quitas todas las costas hasta los poner en la dicha ciudad y puerto de la Veracruz restaron en la dicha casa por bienes de Antonio de Ojeda, difunto que falleció en esta ciudad el año de seiscientos y quince y por su testamento declaró ser natural de la villa de Carmona en los reinos de España y dejó por herederos del remanente de sus bienes a Juan de Ojeda, su sobrino casado con Beatriz de Ledesma, vecinos de la dicha villa, y si fuesen fallecidos, a sus hijos y herederos como constase por el testimonio de la cláusula de herederos que con cabeza y pies del dicho testamento se enviará y al pie de él irá la cuenta de do procede esta partida". Proceso por los bienes de Antonio de Ojeda, 1619. AGI, Contratación 338, N. 1, R. 19.

27    Expediente y testamento de Juan Rubio, 1628. AGI, Contratación 377, N. 5.

28    Expediente por los bienes de Antonio de la Barrera, 1574. AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 122, N. 16.

29    IBÍDEM.

30    Testamento de Francisco Navarro, Popayán, 7 de noviembre de 1650. AGI, Contratación 554, N. 2.

31    Expediente de bienes de difuntos y testamento de Juan Rubio, 1628. AGI, Contratación 377, N. 5.

32    En su testamento se declaraba natural "de la villa de Carmona en los reinos de Castilla, hijo legítimo de Luis Pérez de Valladares y de Isabel de Palma". Testamento de Antón de Valladares, San Antonio de Suchitepeque, 18 de octubre de 1612. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

33    El capital heredado de Antón de Valladares se repartió de la siguiente forma: Bartolomé Martínez de Canillo, vecino de San Antonio de Suchitepeque (Guatemala), 100 tostones; una criada suya, india, natural del mismo pueblo 100 tostones; María Núñez, Inés de Morales y María Mexía, vecinas de San Juan de Nagualapa (Guatemala), 50 tostones respectivamente; María Pinelo, vecina del pueblo de San Bartolomé (Guatemala), 50 tostones; Juana de Palma, María de Cadena y Gonzalo de Alanís, vecinos de Carmona, 200 tostones respectivamente. IBÍDEM.

34    En el inventario que se adjuntó al testamento aparecen todos los bienes de la finada que pasamos a resumir a continuación: en primer lugar, una casa de morada y una tienda en Veracruz, cuyo precio se estimó en unos 6.000 pesos de oro. Además, la ropa de la tienda así como los enseres personales se subastaron en 734 pesos y 2 tomines. En segundo lugar, tres esclavos, un hombre, llamado Antón de Angola, de unos 20 años, y dos mujeres, Felipa de Conolico, de 20 años, "con una cría a los pechos", e Isabel Biáfara, de siete años. Y en tercer lugar, declaró poseer unos 1.000 pesos de oro en efectivo más unos 1.800 o 1.900 pesos de oro más que le eran debidos por personas "de aquí y de islas cercanas". En total cerca de 10.000 pesos de oro, es decir, unos 4,5 millones de maravedís. AGI, Contratación 938B, N. 30.

35    La capilla, hoy desaparecida, se ubicaba según especificación de la época, entre la puerta principal y el altar de San Gregorio, "al modelo de dicho altar que está en el hueco de la dicha pared, haciendo en ella un arco de ladrillo...". Testamento de Elvira de Castellanos, Veracruz, 30 de abril de 1605. Las obras de arte fueron contratadas los días 11 y 12 de agosto. La capilla sería labrada por el albañil carmonense Alonso Pérez de Alarás, el retablo por el ensamblador, también de la localidad, Bernabé Rodríguez y, finalmente, la pintura del mismo por Juan Bautista de Amiens. Todos estos contratos se localizan en el Archivo de Protocolos de Carmona y están publicados en MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna..., págs. 140, 222-223 y 233-234.

36    Testamento de Luis de Valladares, San Antonio de Suchitepeque, 17 de abril de 1611. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

37    IBÍDEM.

38    Testamento de Francisco Navarro, Popayán, 23 de mayo de 1648. AGI, Contratación 554, N. 2.

39    IBIDEM.

40    Testamento de Tomás de Morera, La Habana, 25 de junio de 1589. AGI, Contratación 235, N. 1, R. 19.

41    Testamento de Elvira de Castellanos, Veracruz, 30 de abril de 1605. AGI, Contratación 938B, N. 30. Sobre las fundaciones y donaciones de Elvira de Castellanos véase MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 357-361.

42    La cuantía le fue entregada al monasterio de Nuestra Señora de las Mercedes de Sevilla. Testamento de Ana de Escobar, San Juan de Ulúa, 8 de agosto de 1581. AGI, Contratación 256A, N. 1, R. 5.

43    Testamento de Francisco Navarro, Popayán, 23 de mayo de 1648. AGI, Contratación 554, N. 2.

44    Testamento de Tomás de Morera, La Habana, 25 de junio de 1589. AGI, Contratación 235, N. 1, R. 19.

45    Como es bien sabido la mayor parte de las donaciones documentadas datan de los siglos XVII y XVIII, siendo además su tesoro y ajuar eminentemente barroco. Al margen del mundo indiano se conocían otras muchas donaciones a la Virgen de Gracia, la mayoría del siglo XVII. Por citar algunos ejemplos concretos: el 6 de junio de 1623 el regidor Juan Flores de Salazar se concertó con el bordador, de la collación de San Juan de Palma de Sevilla, para hacer un vestido a la Virgen de Gracia a su costa. Archivo de Protocolos de Carmona (A.P.C.), Escribanía de Alonso Sánchez de Escamilla, Carmona, 6 de junio de 1623. Y trece años después, es decir, en 1636, el carmonense Pedro Sánchez Escobedo donó a los Jerónimos una lámpara de plata para que estuviese encendida "de noche y de día delante del altar mayor e imagen de Nuestra Señora de Gracia de la dicha iglesia...". A.P.C. Escribanía de Gregorio Muñoz de Alanís, Carmona, 5 de marzo de 1636, ff. 337 y ss. Sin embargo, hemos de suponer la existencia de donaciones en períodos previos que probablemente no han llegado a nuestros días. De hecho, sabemos por un documento de 1685, que la camarera de la Virgen de Gracia tenía facultad para "vender, trocar y disponer" las alhajas. Véase mi obra: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 28.

46    Testamento de Elvira de Castellanos, Veracruz, 30 de abril de 1605. AGI, Contratación 938B, N. 30. Transcrito en Carmona en la Edad Moderna..., págs. 386-391.

47    Testamento de Antón de Valladares, Guatemala, 11 de agosto de 1616. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

48    Expediente de los bienes de difunto de Antón de Valladares, 1616-1617. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

49    Concretamente sabemos que el 27 de abril de 1628 se embarcó rumbo a Tierra Firme como mercader.

50    SANZ SERRANO, María Jesús: "El tesoro de la Virgen de Gracia de Carmona", La Virgen de Gracia de Carmona. Carmona, 1991, pág. 111.

51    Sobre dichas piezas puede verse el trabajo de MEJÍAS ÁLVAREZ, María Jesús: "Un conjunto de plata Hispanoamericana en la iglesia de San Bartolomé de Carmona", Laboratorio de Arte, Nº 2. Sevilla, 1989, págs. 123-132.-También aparece recogido en otra obra de la misma autora: Orfebrería religiosa en Carmona, siglos XV-XIX. Carmona, 2001, Cat. Nº 158, 178 y 216.

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                Esteban Mira Caballos

 

Sin duda, la historia de la iglesia y de la parroquia del Divino Salvador es de una gran complejidad. Como es bien sabido, fue fundada en un primitivo edificio gótico-mudéjar del siglo XIV o XV, situado en la plaza mayor. En el siglo XVIII el edificio fue abandonado y la parroquia se trasladó provisionalmente al templo conventual de Madre de Dios. Y finalmente, en 1778, se ubicó definitivamente, en la iglesia del colegio de San Teodomiro, dejado por los jesuitas tras su expulsión de los reinos de España.

 

1.-LA IGLESIA DE EL SALVADOR EN SU PRIMITIVO EMPLAZAMIENTO

Que nosotros sepamos no existen descripciones detalladas de este templo. Ya a finales del siglo XIX se lamentaba don Manuel Fernández López de la inexistencia de dibujos ni descripciones sobre el señero templo lo que impedía conocer su fisonomía1.

Se encontraba ubicada en la parte sur de la plaza mayor al parecer, en el solar de una antigua mezquita. Debía coger no solo el solar de la casa que actualmente se ubica allí sino parte de la actual plaza porque, en unos hoyos abiertos en ese lado para plantar naranjos, aparecieron baldosas de mármol y capiteles que al historiador Manuel Fernández López le parecieron pertenecientes al citado templo2.

Quizás, aunque se trata solo de una hipótesis, desde el mismo momento de su reconquista se debió construir allí una pequeña capilla que fue sustituida en los siglos XIV o XV por una iglesia parroquial más acorde a las necesidades. El estilo de la construcción debía ser gótico-mudéjar, muy similar a otros que sí hemos tenido la fortuna de conservar, como los templos de San Blas o San Felipe.

Como queda explicado en el siguiente epígrafe en mi opinión debía ser de pequeñas dimensiones. Concretamente de una sola nave, cubierta de armazón mudéjar la nave y de crucería gótica el presbiterio y con algunas capillas en los muros laterales.

En una visita de 1698 se especificaba que además del altar mayor había otros cinco: el del Cristo del Buen Fin, el de Santo Tomás, el del Cristo Resucitado, el de Nuestra Señora de los Remedios y, finalmente, el de Nuestra Señora de la Esperanza3.

Del retablo mayor sabemos, por una visita pastoral de 1707, que estaba sin dorar y que los vecinos estaban "juntando dinero" para contratar su dorado4. De los demás retablos, como mínimo dos de ellos estaban colocados en sendas capillas laterales. En la capilla de Santo Tomé tenían su enterramiento algunas de las familias más importantes de Carmona, como Otras familias relevantes de Carmona tenían en esta iglesia sus enterramientos como los Tamariz, los Monroy, los Bordás, los Romi, los Milla y los Hoyos. En 1507 hizo su testamento Juan Romy, regidor del cabildo de Carmona y se mandó enterrar en la iglesia de El Salvador. Asimismo fundó una capellanía a perpetuidad con una carga de seis misas rezadas semanales “saliendo en oración sobre mi sepultura”5. Dieciséis años después, Ana de la Milla, dispuso en su testamento que la enterrasen en “la iglesia de San Salvador en una tumba que está en la capilla de Santo Thomé, donde está enterrado mi señor padre…”6. En dicha capilla, donde su padre Cristóbal de la Milla tenía fundada ya una capellanía, ella instituía otra en este caso de veinte misas rezadas al mes, dotándola de varias propiedades rústicas7. Por su parte, Pedro de Hoyos declaró en 1620 lo siguiente:

 

"Que si estuviere hecha la iglesia o capilla del colegio de San Teodomiro de la Compañía de Jesús que tengo fundado, aunque sea iglesia o capilla de prestado, sea enterrado mi cuerpo en la dicha capilla, según está declarado en el asiento cuando se fundó el dicho colegio, y si no estuviere hecha sea mi cuerpo depositado en la capilla de Santo Tomé de la iglesia de El Salvador de esta villa, en una tumba donde están enterrados mis padres..."8

 

También la hermandad de la Esperanza tenía capilla propia, probablemente construida a principios del siglo XVII y engalanada por finas pinturas, en 1681, por el pintor francisco Antonio de la Peña9.

En cuanto a la Virgen de los Remedios citada sospechamos por exclusión de otras posibilidades que debe ser la advocación de la Virgen con el Niño que contratara Gerónimo Hernández con la fábrica de El Salvador el 2 de septiembre de 157510. Como es bien sabido, en 1940 se llevó el tabernáculo a Cantillana y la imagen a Ubrique, donde se le debió cambiar su intitulación porque allí se venera como la Virgen de la O. Se trata de una muestra más del expolio sufrido tanto por la fábrica de El Salvador como por el templo jesuítico y que tendremos ocasión de comentar con más detalles en líneas posteriores.

Por lo demás en el siglo XVIII se debieron construir algunos más. Así, por ejemplo, en la familia Navarro declaró que tenían su enterramiento en la antigua iglesia de El Salvador" en el altar del Santísimo Cristo de los Desamparados11.

También la familia Mesa Jinete tenía su bóveda de entierro "en la iglesia que se hundió que estaba en la plaza". Al parecer fue el regidor perpetuo de Carmona, Cristóbal Félix de Mesa Jinete, quien fundó en 1734 una memoria. Y a sus expensas mandó construir un altar dedicado a San Cristóbal12. La familia Mesa Jinete fue benefactora del templo parroquial, pues, Francisco de Mesa Jinete, canónigo de Jerez de la Frontera y visitador del arzobispado, donó a la dicha fábrica, cuatro candeleros, una cruz de altar, dos atriles y una campanilla de plata13.

En el siglo XVIII se labraron otros retablos para este templo. Así, hacia 1726 Tomás Guisado talló un tabernáculo, dedicado a san Judas para la fábrica de El Salvador14. Y no fue la única obra que hizo para esta iglesia, pues, unos años después debió labrar el retablo de San Francisco Javier15.

Asimismo la iglesia dispuso al menos de dos órganos, uno antiguo, probablemente del siglo XVI que Claudio Osorio, maestro de hacer órganos, vecino de Sevilla, reparó en 1644, cobrando por ello 400 reales16. Probablemente por el mal estado de este órgano, el 12 de diciembre de 1753 -poco antes del terremoto- concertó con José García, maestro organero vecino de Málaga, la construcción de uno nuevo por una cuantía total de 5.400 reales17.

En el templo varias hermandades y cofradías. La más antigua de ellas la de la Esperanza que aprobó sus primeros estatutos conocidos allá por el año de 1566, con refrendo del señor Cervadilla. Así, pues, se fundó desde sus orígenes en el templo parroquial de El Salvador y, debió trasladarse primero a la iglesia del convento de Madre de Dios y luego a la iglesia del antiguo colegio jesuita.

Sin embargo, no era la única hermandad establecida canónicamente en dicho templo. Al menos dos hermandades más estuvieron allí ubicadas también desde tiempo inmemorial, probablemente desde el mismo siglo XVI.

Algunas referencias documentales tenemos de la hermandad Sacramental que, el 18 de mayo de 1675 contrataron, en sociedad con la de San Blas y San Bartolomé, una custodia de borne con el escultor sevillano Martín Rodríguez de Góngora18. Y todo ello, porque debió gustar otra custodia que algo menos de tres años antes había contratado con el mismo artífice la Sacramental de San Pedro. Sea como fuere, lo cierto es que esta hermandad Sacramental de la iglesia de El Salvador debía tener unas finanzas muy precarias, tales que se vio obligada a contratar y a usar conjuntamente una custodia que, por otro lado, ni tan siquiera de argentífera.

Pese a que debía ser una cofradía modesta, fueron de los primeros que solicitaron la aprobación de sus estatutos por el Consejo de Castilla. Por cierto que con una actitud muy diferente a la Esperanza que pese a su antigüedad se olvidaron absolutamente de esta aprobación lo cual tuvo consecuencias bastante negativas. Resulta cuanto menos curioso que en el mismo templo de El Salvador una hermandad hubiese hecho sus gestiones de forma tan anticipada y los de la Esperanza, que debieron estar al tanto de tales gestiones, optasen por la indiferencia. Así, su hermano mayor Leopoldo Heráis y otros hermanos remitieron su solicitud de aprobación. El 30 de abril de 1777 el Consejo de Castilla pedía al concejo de Carmona que revisase minuciosamente sus capítulos y reglas y emitiese un informe al respecto con vistas a su aprobación definitiva19. En Julio de 1798, ya en el antiguo templo jesuítico, encontramos al prioste de esta sacramental, Cristóbal Baena, compareciendo con otros representantes de cofradías carmonenses20.

De la Hermandad de Ánimas tenemos tan solo algunas referencias que no sirven más que para confirmar su existencia. En 1798 figuraba Juan José Mejías como prioste de la hermandad de Ánimas de la iglesia de El Salvador21.

Así que fueron tres las hermandades que durante la Edad Moderna tuvieron su sede canónica en El Salvador: la Esperanza, la de Ánimas y la Sacramental.

En cuanto a la economía de la fábrica de El Salvador, la analizaremos a partir del siguiente cuadro en el que exponemos comparativamente las rentas anuales de las distintas fábricas carmonenses en 1698:

CUADRO I

RENTAS DE LAS FÁBRICAS DE LAS PARROQUIAS

CARMONENSES EN 1698 y EN 188022

 

PARROQUIAS

RENTAS DE LA FÁBRICA EN 1698

INGRESOS DE LA FÁBRICA EN 1880

Santa María

15.374

--

San Pedro

14.298

26.738

San Bartolomé

6.622

9.178

El Salvador

4.978

11.645

Santiago

4.770

10.890

San Blas

3.858

11.050

San Felipe

2.964

10.609

TOTAL

52.864

 

 

La economía de la fábrica de El Salvador puede considerarse media, inferior a San Pedro o Santa María y superior a San Blas y a San Felipe. Y ello porque, a pesar de estar ubicada en una situación privilegiada, es decir, la plaza mayor, y tener una feligresía bien situada socialmente, probablemente contaba con un corto número de feligreses. Y en esos parámetros medios se debió mantener hasta su desaparición como tan en 1911.

 

2.-LOS JESUITAS DE CARMONA: FUNDACIÓN, EXPULSIÓN Y EXPOLIO

Como es bien sabido el escribano público Pedro de Hoyos y Escamilla y su esposa fundaron en 1619 un patronato para doncellas pobres de Carmona y un "colegio de la Compañía de Jesús con escuelas de gramática"23. Las escrituras para fundar el colegio jesuítico se firmaron el 12 de marzo y el 16 de abril de 1619 ante el padre Juan Muñoz de Gálvez, rector del colegio de Marchena24. Para su dotación donó 46.000 ducados de principal con que se debían adquirir rentas para sustento de las obras y de la comunidad.

Originariamente se fundó en unas casas que poseía el escribano entre la calle de San Francisco y la calle de Enmedio y que ampliaron en 1620 con la adquisición -por trueque- de una casa hundida que poseía la hermandad de la Veracruz25. Allí sin capilla residían los tres primeros jesuitas. Su primer rector fue el padre Rodrigo de Figueroa a quien sucedió el padre José Muñoz de Gálvez.

Sin embargo, una vez fallecido Pedro de Hoyos, el 23 de julio de 1620 se les autorizó a fundar colegio e iglesia, decidiendo un nuevo traslado a un sitio más espacioso. Tras pasar algún tiempo en unas casas alquiladas de la calle "Santibáñez", compraron unas viviendas cerca de la iglesia mayor, donde construyeron su iglesia y colegio26. Todo parece indicar que en 1622 estaban ya residiendo en este solar cercano a la Plaza Mayor.

¿Cómo era el primitivo templo de los jesuitas de Carmona?, tenemos muy pocas noticias. Al parecer de planta rectangular y de modestas dimensiones aunque disponía de púlpito, confesionarios, coro, tribunas y sacristía27. El retablo mayor cobijaba un lienzo de San Teodomiro, siendo flanqueado por sendas imágenes de San Ignacio –fundador de la Orden- y San Francisco Javier28. Y en ese emplazamiento permanecieron casi un siglo hasta que a partir de 1701 comenzó la construcción del nuevo templo y colegio jesuítico que se acabó finalmente en 1720.

La traza del nuevo templo se encargó a Leonardo de Figueroa, pero no gustó a la Orden. Más gustó el diseño que presentó el arquitecto de la Casa de Medina Sidonia Pedro Romero. Era mucho más tradicional y se ajustaba más a los cánones de la Orden jesuítica29. Por fallecimiento de éste desde 1701 se encargó de ejecutarlas su hijo Félix Romero. Y finalmente, desde 1712, en que falleció Félix, su hermano Pedro Romero “El Mozo”, quien finalmente las llevaría a término.

El templo, como se puede observar todavía hoy, posee tres espaciosas naves, la mayor más alta con bóveda de cañón con lunetos y las laterales de menores dimensiones con bóvedas de arista. Presenta, asimismo, dos portadas, una en el imafronte y otra en el muro de la Epístola, y una torre inacabada.

El 4 de noviembre de 1720 se leyó la invitación del rector del colegio, el padre Antonio del Puerto, en el que invitaba oficialmente al cabildo a participar y a organizar la fiesta de su inauguración30. Obviamente la corporación aceptó designando a Pedro y Fernando de Rueda y Porres, caballeros de la Orden de Alcántara, para que la organizasen y destinasen los dineros necesarios de los bienes propios. Tras unos modificaciones iniciales las celebraciones, con el traslado del Santísimo Sacramento a la nueva iglesia, se pospusieron finalmente hasta la octava de la Concepción31.

De todas formas la iglesia estaba acabada solo en sus partes esenciales, pues faltaba la ornamentación escultórica y pictórica que sería incorporada a medio plazo, conforme fuera siendo posible. Los jesuitas concertaron el retablo mayor en 1722 con el escultor José Maestre. En los años sucesivos mandaron esculpir otros muchos como el de San Ignacio (1726), el de San Francisco Javier (1730) o el de San Juan Nepomuceno (1745).

Como es bien sabido, se decreto la expulsión de los jesuitas de los reinos de España por decreto de Carlos III del 27 de febrero de 1767. Nuevamente don Francisco Márquez, transcribía una apostilla de los libros de bautismos en los que se narraba la salida de los jesuitas carmonenses:

 

"En dos días del mes de abril de 1767 se pusieron los padres jesuitas en la capilla de su colegio presos, y el día tres se los llevaron a Jerez, donde estuvieron hasta el día tres de mayo que se embarcaron con todos los demás colegios, sin quedarse ninguno, sino los imposibilitados y fueron a Córcega hasta que al cabo de algunos días pasaron a la Romania"32.

 

Los bienes muebles que dejaron los jesuitas fueron cuantiosos, tanto en lo que concierne a escultura y pintura como a orfebrería. El 6 de abril de 1767 se redacto un primer inventario de los bienes muebles existentes en el templo jesuítico que fue repetido de forma más amplia el 4 de septiembre de 1770. El primero de esos documentos, custodiado en el Archivo del Arzobispado de Sevilla ha sido dado a conocer en tiempos recientes33, mientras que el segundo, localizado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, lo ofrecemos nosotros como primicia en el apéndice I. Gracias a esa documentación hemos podido conocer de primera mano cada uno de los retablos y demás enseres que poseía el templo jesuítico antes de su exclaustración. Entre los retablos figuraban los siguientes: el mayor, obra de José Maestre que aun se conserva en el citado templo, mientras que en las cabeceras de las naves laterales se ubicaban los de la Inmaculada Concepción y San José respectivamente. En el crucero había cuatro ángeles lampareros y en las naves se situaban otros siete retablos: el de San Ignacio –también obra de José Maestre-, San Francisco Javier –de Tomás Guisado-, Cristo de la Buena Muerte o de la Salud, San Juan Nepomuceno, San Francisco de Borja, San Joaquín y el de Nuestra Señora de los Dolores que presidía la sacristía34

Unos años después, concretamente el 19 de abril de 1773 se hacía inventario de los objetos de plata que no habían sido aún subastados y aparecían un buen número de piezas importantes35. La poca plata que quedaba en 1782 fue depositada en la iglesia de San José, siendo tasado su peso y su valor por los artífices Manuel Gómez y José Camacho. Una vez tasadas todas las piezas, el 17 de julio de 1782, se procedió a la subasta pública de ellas36.

Y no tardó mucho en llegar la Orden de desmantelar la iglesia jesuítica, pues, el 4 de septiembre de 1770 llegó la Orden del Consejo de Castilla. Éste se haría en dos fases, una primera en la que se repartirían los retablos e imágenes más importantes, y una segunda en la que se subastaría la plata y demás enseres.

La iglesia de Santa María fue la gran beneficiada tanto en la cantidad de los objetos concedidos como en la rapidez con la que se despacharon las órdenes y todo ello muy a pesar de que en la Orden se decía que los objetos y enseres "se proceda a darlos a las parroquias más pobres"37. Así, pues, la disposición llegó el 4 de septiembre de 1770 por la que se debían entregar al mayordomo de la fábrica los retablos de San Juan Nepomuceno -con su lámpara y su reliquia pero sin su frontal que, al parecer, pasó a la iglesia de San Felipe- y de San Francisco de Borja

-luego rebautizado como del Sagrado Corazón- así como otros enseres38. Asimismo, se entregaron dos canceles de madera "el uno tallado y el otro de tableros que se colocaron en las dos puertas colaterales"39. También, en primero de junio de 1772 se entregaron al cura de Santa María las alhajas del culto de San Francisco de Borja y San Juan Nepomuceno40. Y finalmente, a primeros de agosto de 1782 se llevó a cabo la subasta de la plata de los jesuitas, depositada en el convento de San José, en la que el mayordomo de Santa María adquirió una cruz de plata "con nueve cañones".

Poco después, el 29 de octubre de 1770, la fábrica de San Pedro recibió piezas más modestas, al menos en lo referente a tamaño, un lignum crucis y la reliquia de San Teodomiro que, como es bien sabido, todavía hoy conserva. Asimismo, a primeros de agosto de 1782 compró en subasta pública dos lámparas grandes de plata.

En lo que respecta a la parroquia de San Bartolomé recibieron el 15 de noviembre de 1771 un importante patrimonio, se trató de los dos retablos de la cabecera de las naves laterales, el de Nuestra Señora de la Concepción y el de San José "con su corona y ornamentos". Asimismo, obtuvo otros objetos menores como unos ciriales y la carta autógrafa de San Ignacio, con marco de plata.

La iglesia de San Felipe obtuvo, el 2 de junio de 1772 los retablos de San Joaquín y San Francisco Javier, mientras que el 25 de junio de 1772, se le concedía el frontal de altar de San Juan.

La iglesia de San Blas también obtuvo una gran tajada del expolio al conseguir, el 31 de julio de 1771 la entrega del retablo de San Ignacio con una imagen de San Francisco de Borja que ajustó como pudo a su capilla mayor. Posteriormente, el 21 de mayo de 1772 había recibido la iglesia de San Blas varios rosarios, inventariados entre los bienes del colegio. Y casi una década después, en la subasta de 1782 el mayordomo compró para la fábrica dos campanillas de plata.

Las monjas Recoletas Descalzas por su parte obtuvieron cuatro ángeles lampareros y el retablo y efigie del Cristo de la Buena Muerte que se ordenó entregar el 12 de enero de 1771 a las religiosas de Recoletas Trinitarias Carmona. La carta de entrega la firmó el comisionado de las temporalidades de Carmona el 2 de julio de 1771 y las monjas acusaron en septiembre de 177141.

Los frailes del convento de Santo Domingo adquirieron en la subasta de primero de agosto de 1782 los seis blandones grandes de platas y dos vinajeras.

Finalmente la Junta Municipal se quedó en la subasta de 1782 con dos ciriales así como con un hisopo con su caldero, mientras que los llaveros de temporalidades se quedaron con dos lámparas pequeñas y otros objetos menores con destino a la parroquia de El Salvador.

En cuanto a las rentas y propiedades quedaron en manos de un administrador para terminar pasando, a partir de 1813, a los Bienes Nacionales. Como es bien sabido, por Real Decreto del 3 de marzo de 1813, se establecieron como parte integrante de los Bienes Nacionales las fincas de los jesuitas expulsados42.

 

3.-EL TRASLADO DE LA PARROQUIA DE EL SALVADOR AL TEMPLO DE LOS JESUITAS

La primera pregunta que a uno se le viene a la cabeza cuando analiza el tema es: ¿por qué un edificio parroquial activo como era El Salvador se dejó arruinar? La pregunta no tiene respuesta al menos documentada de momento. Es necesario seguir buscando en los libros de visita del arzobispado para encontrar algunas respuestas.

Siempre se ha dicho que la iglesia debió quedar maltrecha tras el terremoto de 1755, entrando unos años después en ruinas. Pero, tenemos fundados indicios que nos obligan a matizar esta afirmación. En primer lugar, los testimonios de la época sobre el terremoto de 1755 no indican que éste afectara de manera especial a la iglesia de El Salvador. Más bien se centran en el de Santa María que sufrió daños tan importantes que se vieron obligados a trasladarse provisionalmente al templo de las Agustinas Descalzas. Y realmente los efectos sobre la iglesia de El Salvador no debieron ser de importancia, pues, de hecho en ningún momento se suspendió la actividad parroquial ni hubo necesidad de trasladarse a otra iglesia o capilla.

Y en segundo lugar, conocemos no pocos casos de edificios públicos, tanto civiles como eclesiásticos, que entraron en ruinas, especialmente tras los terremotos de 1504 y de 1755. Como ya hemos dicho, la propia iglesia de Santa María debió ser cerrada al culto durante un tiempo tras el terremoto de 1755.

Por plantear una hipótesis, es probable que fuese de pequeñas dimensiones, quizás de una sola nave y sin arcos formeros en los muros del evangelio y de la epístola. En estos casos la ampliación a tres naves solía ser mucho más costosa. Probablemente, habida cuenta que la iglesia de los jesuitas estaba abandonada desde 1767, desde un primer momento los presbíteros de El Salvador aspiraron a conseguir este sólido y amplio templo para sustituir a su pequeño y viejo edificio. Mi idea es que tanto los presbíteros como los visitadores del arzobispado permitieron la ruina total de la iglesia parroquial a sabiendas de que obtendrían la iglesia del colegio de San Teodomiro. Y es que realmente no hay precedentes de iglesias parroquiales intramuros que se arruinasen hasta su abandono entre otras cosas porque uno de los cometidos de los visitadores era detectar este tipo de problemas y proponer la actuación del arquitecto mayor de obras del arzobispado.

El traslado al convento de Madre de Dios se practicó en 1778, pues, el viejo templo de El Salvador amenazaba ruina. Obviamente el traslado fue completo, incluyendo a las hermandades que tenían su sede en el viejo templo parroquia. De hecho conocemos un cabildo de la hermandad Sacramental de El Salvador, el 8 de septiembre de 1779, que se celebró "en una grada contaduría del convento de Madre de Dios... por estar el templo en obras"43.

Tan solo cinco años después, es decir, en 1783 se verificó su traslado efectivo al antiguo templo jesuítico. En la misma Real Cédula que autorizaba su traslado, constaba el cambio de advocación del templo jesuítico que dejaría de llamarse de San Teodomiro para asumir el de la parroquia trasladada de San Salvador, en honor al Salvador del Mundo44. Por fortuna, disponemos de una narración del traslado que un presbítero insertó en el libro Nº 6 de bautismo (fol. 277r) de El Salvador y que el párroco de Santa María, don Francisco Márquez, publicó en un esclarecedor artículo:

 

"En el día diez de abril, año de mil setecientos y setenta y ocho, estando la iglesia parroquial del Salvador de esta ciudad de Carmona, en el sitio de la plaza principal de ella frente a la cárcel, algo deteriorada y que amenazaba ruina, se pasó dicho día el Santísimo Sacramento a la iglesia convento de religiosas de la Madre de Dios, religiosas dominicas, en donde estuvo dicha parroquia por espacio de cinco años y diez días que se cumplieron en el día veinte de abril de este año de mil setecientos ochenta y tres, en el cual día se trasladó el Santísimo Sacramento con toda solemnidad a esta iglesia que era de los regulares expulsados de la Compañía, la que habiéndose pretendido por el señor don Francisco Navarro Barrasa, cura de ella, y hechole el Rey nuestro señor la gracia de concederla para parroquia de nuestro señor El Salvador, por los muchos émulos y contrarios que hubo en aquel tiempo, se revocó la Real orden hasta que, habiendo venido de beneficiado propio el señor don Gonzalo de Herrera y Caballería, presbítero, y visto la contra que muchos hacían en que no sirviera ésta de parroquia, fue personalmente a Madrid y alcanzó nuevamente la gracia de que se pasara la parroquia a ésta, y fue su traslación el dicho día veinte de abril de este año de 1783, día primero de Pascua de Resurrección, a las cinco de la tarde. Hubo a la noche maitines solemnes con el Señor Sacramentado patente, y el día siguiente hubo fiesta con misa solemne, sermón y música, con el Santísimo patente, por parte de la fábrica de ella, que fue día veintitrés de dicho mes de abril. Y al día siguiente veinticuatro hizo la misma función de limosna la hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, y el día veinticinco de dicho mes ejecutó lo propio la hermandad de la Santísima Trinidad, y a la noche de este propio día hubo maitines con el Santísimo Sacramento patente por parte de su confraternidad, y al siguiente día veintiséis celebró la hermandad del Santísimo Sacramento su fiesta grande con los propios aparatos de misa, sermón y música. Siendo beneficiados propios el señor don Miguel Navarro, el señor don Juan Tamariz y el señor don Gonzalo de Herrera, presbíteros; cura el señor don Francisco Navarro Barrasa, teniente de cura y vice-beneficiado el señor don Pedro Navarro, su hermano, el señor don Miguel García, vice-beneficiado, sacristán mayor don J. Francisco de Aguilera, menor don J. Pérez de Rivera, mayordomo don Francisco Luis de Vargas, presbítero, y organista don Francisco Jiménez..."45.

Por tanto, el traslado de la parroquia al templo jesuítico se hizo el 20 de abril de 1783 en medio de un gran júbilo que duro esa noche y el día siguiente cuando se celebró fiesta solemne, "con sermón y música".

4.-LA PARROQUIA DE EL SALVADOR EN SU NUEVO TEMPLO

Debía estar decidido desde hacía tiempo que, de una forma o de otra, el templo jesuítico terminaría siendo la nueva iglesia parroquial de El Salvador. Por ello, se dejó hundir la maltrecha iglesia primitiva que, en 1778, estaba en ruinas. Por ello, dado que se estaban obrando las techumbres de la iglesia jesuítica que llevaba más de una década abandonada, la parroquia se tuvo que trasladar a la capilla del convento de Madre de Dios.

Así, el 20 de marzo de 1778 se autorizó la obra en el tejado y en la armadura de madera porque "hacían mucha agua"46. La situación de la techumbre era tal que cuando el arquitecto mayor del arzobispado Pedro de Silva visitó la iglesia "se encontraron la armadura de la nave principal en el suelo desbaratada". También, se hicieron obras de carpintería como la composición de las puertas de la iglesia, dos retablos colaterales y una reja de madera para el resguardo de la puerta de la sacristía. Uno de los retablos debe ser el que por esas fechas se debió contratar quizás con Miguel González Guisado, dedicado a la Coronación de María y que, desde 1938, se encuentra en la ermita del Valle de Manzanilla (Huelva)47

 

Los dos retablos deben ser los neoclásicos de San José y de la Virgen de los Dolores que aún se conservan en el templo. Las obras fueron supervisadas por Francisco del Valle maestro mayor de carpintería del arzobispado. Obras de distinto tipo se van a prolongar en el nuevo parroquial al menos hasta 180048.

Como ya dijimos, desde el 20 de abril de 1783 se efectuó oficialmente el traslado de la parroquia de El Salvador al templo jesuítico. En 1785 hubo de afrontar la fábrica el reparo de la linterna de la cúpula del crucero que se había visto afectada seriamente por un rayo49.

La pervivencia de la parroquia de El Salvador duró hasta 1911 en que fue agregada, junto a la de Santiago a la de Santa María. A raíz de esta decisión se consumo un nuevo expolió. Gran parte de las obras importantes, sobre todo la plata, que aún quedaban en el templo pasaron al tesoro de la prioral de Santa María. Aún así todavía en un inventario de 1923 la iglesia conservaba doce altares, tres de ellos dorados, un Niño Jesús en una urna y un buen número de enseres de plata50.

Sin embargo, el expolio de El Salvador continuó en los años sucesivos de forma que en los años treinta se decidió trasladar el tabernáculo y la Virgen de los Remedios, una de las obras más meritorias que aún quedaban en el templo. El tabernáculo pasó a Cantillana mientras que la Virgen pasó a Ubrique. Se trataba del último gran despojo de un templo como el jesuítico y de una parroquia como El Salvador que disfrutaron en tiempos pasados de un gran patrimonio.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

APÉNDICE I

 

Inventario de los bienes del colegio e iglesia de los jesuitas, Carmona 4 de septiembre de 1770.

 

RETABLOS E IMÁGENES: retablo de San Juan Nepomuceno; retablo de San Francisco de Borja; retablo de San Francisco Javier; retablo de San Juan con Nuestra Señora; retablo de San José; un Niño Jesús de plomo; una imagen de Nuestra Señora de Gracia de dos tercias con el Niño en las manos; Retablo e imagen de la Concepción de barro con peana; cuatro ángeles lampareros; altar de San Ignacio; altar con un Crucificado de la Buena Muerte

 

CUADROS Y GRABADOS: cuadro de la conversión de San Pablo de dos varas; otro de San José de dos varas; otro de un crucificado; dos cuadros, uno de San Estanislao de dos varas y otro del Nacimiento de una vara y media; un cuadro de San Luis Gonzaga de dos varas; un grabado de San Francisco de Borja; un grabado de Jesús Nazareno de dos varas.

 

PLATA: una custodia grande de plata sobredorada con cuatro angelillos de plata asidos a ella; otra mediana de plata sobredorada; un viril sobredorado de la custodia grande; tres copones de plata con sus capillas; dos tazas de plata sobredoradas; cuatro cálices de plata con patena; otro con patena de plata y cuchara; un vasito de plata; seis blandones grandes de plata; ocho candeleros medianos; unas vinajeras de plata; dos campanillas; un incensario y naveta de plata; un jarrón aguamanos; un plato grande de plata; un acetre con hisopo para agua bendita; una cruz con pie de plata; dos atriles de plata; una reliquia de San Ignacio con su pie de plata; otra de San Francisco Javier; una tabla del evangelio de San Juan, guarnecida de plata; un rosario de cuentas de resma engarzadas, con fíbula de plata; otro rosario; otro rosario con una medalla de San Francisco Javier sobredorada; una corona y potencias; lignun crucis y reliquia de San Teodomiro.

(AHN, Jesuitas 137, N. 21 y ss.)

 

 

 

APÉNDICE II

 

Inventario de la plata procedente del exclaustrado colegio de los jesuitas y depositados en el convento de carmelitas descalzos de San José. Carmona, 17 de julio de 1782.

 

Manuel Gómez y José Camacho, maestros artífices de platero, ante los regidores perpetuos y el cura de Santa María apreciaron y pesaron la siguiente plata:

Dos campanillas de plata de mano, peso veintidós onzas a dieciséis reales la onza. Total trescientos cincuenta y dos reales.

Un plato grande de plata de ochenta y seis onzas a dieciséis maravedís la onza. Total mil setecientos treinta y seis reales.

Un jarro de plata de veintiséis onzas y media a quince reales la onza. Total trescientos noventa y siete reales.

Una caldereta para agua bendita con su hisopo, cincuenta y cuatro onzas a quince reales. Toral ochocientos diez reales.

Dos candeleros pequeños con los pies de tres esquinas labrados de plata, treinta y ocho onzas a quince reales. Total quinientos setenta reales.

Otros dos candeleros lisos con los pies de tres esquinas con peso de cuarenta y cuatro onzas y doce adarmes a quince reales. Total seiscientos setenta y un reales y ocho maravedís

Un plato y dos vinajeras, cincuenta y seis onzas y cuatro adarmes a quince reales. Total ochocientos cuarenta y tres reales.

Un vaso de sagrario para agua, quince onzas y catorce adarmes a quince reales. Total doscientos treinta y ocho reales y cuatro maravedís.

Una cruz con su pie cuadrado de altar, veintiuna onzas a quince reales. Total trescientos diecinueve reales.

Dos candeleros medianos de treinta onzas y seis adarmes a quince reales. Total cuatrocientos cincuenta y cinco reales y veinte maravedís.

Otros dos candeleros con los pies combados, veinticuatro onzas a quince maravedís. Total trescientos sesenta reales.

Dos tablillas de los estudiantes para las clases, catorce onzas y catorce adarmes a quince reales. Total doscientos veintitrés reales y cuatro maravedís.

Siguió el aprecio el dieciocho de julio de 1782 en el convento de San José:

Un blandón de plata, noventa y tres onzas a quince reales. Total mil trescientos noventa y cinco reales.

Otro igual de noventa y tres onzas a quince reales. Total mil trescientos noventa y cinco reales.

Otro igual pero peso noventa y dos onzas a quince reales. Total mil trescientos ochenta reales.

Otro igual, noventa y tres onzas a quince reales. Total mil trescientos noventa y cinco reales.

Otro igual con peso de noventa y cinco onzas a quince reales. Total mil cuatrocientos veinticinco reales.

Otro igual con noventa y una onzas y media a quince reales. Total mil trescientos setenta y dos reales y diecisiete maravedís.

Un cirial de plata, ciento treinta y cinco onzas a quince reales. Total dos mil veinticinco reales.

Otro igual, ciento treinta y ocho onzas a quince reales. Total dos mil setenta reales.

Una cruz de altar con nueve cañones, doscientas ochenta y una onzas y media que valieron cuatro mil doscientos veintidós reales.

La guarnición de la tablilla del evangelio que es de plata, nueve onzas y media a quince reales. Total ciento treinta y tres reales.

Una lámpara grande de plata que servía a uno de los dos ángeles del altar mayor, noventa y cuatro onzas a quince reales. Total mil cuatrocientos diez reales.

Otra igual, noventa y cinco onzas a quince reales. Total mil cuatrocientos veinticinco reales.

Otra lámpara más pequeña, cuarenta y ocho onzas a quince reales. Total setecientos veinte reales.

Otra lámpara más pequeña, diecinueve onzas a quince reales. Total doscientos ochenta y cinco reales.

El veinte de julio de mil setecientos ochenta y dos siguió el inventario y aprecio:

Dos atriles que se desbarataron, ochenta y una onzas a quince reales. Total mil doscientos quince reales. El otro tuvo ochenta y dos onzas que valió mil doscientos treinta reales.

Una corona pequeña que no tiene imagen, se pesó en una onza a quince reales.

(AHN, Jesuitas 136B, fols. 51 y ss.)

1 FERNÁNDEZ LÓPEZ, Manuel: Historia de la Ciudad de Carmona. Sevilla, Imprenta de Gironés T. Orduña, 1886 (reimpresión de 1996), pág. 341.

2 IBÍDEM.

3SÁNCHEZ HERRERO, José: "La iglesia y la religiosidad en Carmona durante la Baja Edad Media", Actas del I Congreso de Historia de Carmona. Carmona, 1999, pág. 420.

4    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 403.

5  Para el mantenimiento de la citada capellanía dejó los siguientes bienes: una tienda en la plaza de la villa, linde con tienda de Hernando de Hoyos, escribano público “El Mozo”; cuatro aranzadas de olivar en el camino de las huertas; aranzada y media de olivar a la cañada de Ronqonela; una aranzada de olivar “al corro Cubete”; cuatro aranzadas de olivar “a las espaldas del cortijo el Rubio”; una aranzada de olivar “a las espaldas de huerta de la Fuente el Álamo”; dos aranzadas y media “a la pertenencia de la Sartaneja, cerca de las Montillas”; dos aranzadas a “Ronquen”; Un octavo de molino en el Molino de la Cantera y cinco cahices de pan que debían comprarse “en la Vega de esta villa y no en los cabos ni que linden con palmares las tierras”. Pleito por la sucesión en la capellanía fundada por Juan Romi, 1528. A. Ch. Granada leg. 915, pieza 9ª.

6  Archivo de la Chancillería de Granada, leg. 2194, Pieza 2ª. Testamento de Ana de la Milla, Carmona, 23 de noviembre de 1523.

7 Entre el capital principal que aportó a la capellanía figuraban las siguientes propiedades: sus tierras de las Albaidas; tierras en la Huerta Ruygil; tres aranzadas de olivar “que se llama Alfonsel, que es a la Fuente Don Marcos” en el término de esta villa; dos aranzadas de olivar “al Raso de los Suárez” también en Carmona y otros cuarenta pies de aceituno en el mismo sitio. Por capellán nombraba “al hijo de mi hermano si fuese clérigo sino el pariente más cercano que sea honesto”. El patrón de la capilla y capellanía sería su esposo, Fernando de Quintanilla, quien mientras viviera disfrutaría de sus bienes con la única obligación de disponer dieciséis misas rezadas al mes por su alma. Ibídem.

 

8    Archivo de Protocolos de Carmona, Escribanía de Alonso Sánchez de la Cruz 1620, fols. 597r y ss.

9    MIRA CABALLOS, Esteban Y Fernando VILLA NOGALES: Carmona en la Edad Moderna. Carmona, Muñoz Moya, 1999, págs. 221-222.

10    PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel: Gerónimo Hernández. Sevilla, Arte Hispalense, 1981, pág. 68.

11    Proceso sobre el pago de los derechos de entierros en la iglesia de El Salvador, 1791. AGAS, justicia 2706.

12    En 1783 se trasladaba a la iglesia nueva de El Salvador, retocando el lienzo José Baldés, y construyendo un nuevo retablo marco. El 31 de mayo de 1783, Juan Márquez, maestro tallista y ensamblador, declaró haber recibido 1.100 reales de don Bartolomé Mesa Ginete "por el retablo que he hecho para el señor san Cristóbal y lo he colocado y puesto en la iglesia de Nuestro Señor El Salvador en la capilla propia de su casa y familia...". Autos por el pago de derechos de enterramientos en la iglesia de El Salvador, 1791. AGAS, Justicia 2706.

13    IBÍDEM.

14    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 96.

15    IBÍDEM, pág. 98.

16    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 217.

17    IBÍDEM, págs. 184-185.

18    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 239. Por cierto que en un inventario de la iglesia de El Salvador, fechado el 15 de enero de 1923, se citaba textualmente "una custodia de madera dorada". Es probable que fuese la custodia antigua de la Sacramental, esculpida por Martín Rodríguez de Góngora. AGAS, Administración General 692B.

19    Cabildo del 12 de mayo de 1777. A.M.C., Actas Capitulares Lib. 200.

20    LERÍA: Ob. Cit., pág. 114.

21  Ibídem.

 

22    Elaboración propia a partir de datos de SÁNCHEZ HERRERO: Ob. Cit., pág. 422 y MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 414.

23    MARTÍN PRADAS, Antonio e Inmaculada CARRASCO GÓMEZ: "La iglesia del colegio de San Teodomiro de la Compañía de Jesús en la ciudad de Carmona: 1619-1754", Laboratorio de Arte, Nº 11. Sevilla, 1998, pág. 522.

24 GARCÍA GUTIÉRREZ, Fernando S. J.: “La Compañía de Jesús y Carmona (Sevilla)”, Estela, revista cultural e informativa de Carmona, 2005, p. 8.

25    Trueque entre Juan Muñoz de Gálvez, presbítero predicador del colegio de San Teodomiro con la cofradía de la Veracruz, Carmona, 3 de febrero de 1620. A.P.C., Escribanía de Alonso Sánchez de la Cruz 1620, fols. 410 y ss. Citado en MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 399.

26    MARTIN PRADAS: Ob. Cit., págs. 524-525.Se ha afirmado que la iglesia se fundó en el solar de una antigua ermita, dedicada a San Teodomiro, extremo que desde luego no hemos podido verificar documentalmente. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Salvador: “Noticias en torno a la supresión de la Compañía de Jesús en Carmona (1767) y la dispersión de su patrimonio artístico”, III Congreso de Historia de Carmona. Carmona, 2003, pág. 307.

27    MIRA CABALLOS: Ob. Cit.,pág. 525.

28 HERNÁNDEZ GONZÁLEZ: Ob. Cit. pág. 307.

29 MARTIN PRADAS: Ob. Cit., pág. 526-531.

30  Acuerdo del 4 de noviembre de 1720. A.M.C., actas capitulares Lib. 143.

 

31  Acuerdo del 20 de noviembre de 720. A.M.C., actas capitulares Lib. 143.

32    MÁRQUEZ SÁNCHEZ: Ob. Cit., s/p.

33 HERNÁNDEZ GONZÁLEZ: Ob. Cit., págs. 310-314.

34 Ibídem.

35    Concretamente se citaban: una custodia grande plata sobredorada con cuatro angelitos de plata asidos a ella; otra mediana de plata sobredorada; un viril sobredorado de la custodia grande; tres copones de plata sobredorados; cuatro cálices de plata con patena; otro con patena de plata y cuchara; un vasito de plata; seis blandones grandes de plata; cuatro candeleros medianos; otros cuatro candeleros; unas vinajeras de plata; dos campanillas; un incensario y naveta de plata; un jarrón aguamanos; un acetre con hisopo; una cruz con pie de plata. Una reliquia de San Ignacio con su pie de plata; otra de San Francisco Javier; Una tabla del evangelio de San Juan guarnecida de plata; tres rosarios engarzados en plata, y uno de ellos con una medalla de San Francisco Javier sobredorada. Inventario de los bienes de los jesuitas que no fueron subastados, 1773. AHN, Jesuitas 137, N. 21 y ss.

36    Inventario, tasación y subasta de los bienes depositados en el convento de San José, 1782. AHN, Jesuitas 136B, fols. 51 y ss.

37    AHN, Jesuitas 156, N. 34.

38    Relación de enseres que fueron repartidos y subastados de la iglesia de los jesuitas de Carmona, 1773-1782. AHN, Jesuitas 137, N. 21 y ss. Los canceles, uno era el de tableros que estaba en la puerta del imafronte y que ha sido sustituido hace poco por otro procedente de la capilla del hospital de la Sangre de Sevilla. Y aunque no consta en la relación de objetos recibidos por Santa María, esta parroquia custodia otros enseres procedentes del templo jesuítico como un relieve de la Inmaculada Concepción, una pintura de San Ignacio, obra de Juan del Castillo, y la espada de San Francisco de Borja. GONZÁLEZ ISIDORO, José: “Memoria de los edificios”, en Carmona ciudad y monumentos. Carmona, 1993, págs. 223-231. Es posible que algunos de estos bienes hubiesen pasado a Santa María, tras la supresión de parroquias de 1911.

39    Originariamente se colocó el tallado en la puerta que daba al patio de los Naranjos y el de tableros en la puerta que daba a la calle del Sol. Así figuran en los inventaros antiguos: En uno de principios del siglo XX se decía: "dos canceles grandes; uno tallado en la puerta del patio de los Naranjos, y otro de tableros en la puerta del Sol". Inventario de las Alhajas, joyas y ornamentos y demás enseres de la iglesia Prioral de Santa María, s/f. AGAS, Administración General 692B. Con posterioridad el cancel de tableros se traslado a la puerta de los pies, siendo sustituido en fechas recientes por un cancel procedente del hospital de las Cinco Yagas de Sevilla.

40    IBÍDEM.

41    Certificados de los repartos de enseres del colegio de los jesuitas de Carmona, 1771. AHN, Jesuitas 156, N. 34. Las monjas hicieron la siguiente anotación: "En veinticuatro de septiembre de mil setecientos setenta y uno se entregaron a este convento el retablo y efigie del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y los cuatro ángeles lampareros que estaban en la iglesia del colegio que fue de los regulares llamados de la Compañía de Jesús de esta ciudad que se expulsaron de este reino en virtud de orden que debió esta comunidad a la piedad del Rey y Supremo Consejo de Castilla...". Archivo de las Trinitarias de Carmona, libro de inventarios s/n.

42    MERCADER RIBA, Juan: "La desamortización en la España de José Bonaparte", Hispania, Revista Española de Historia, Nº 122. Madrid, 1972, págs. 587-616.

43    IBÍDEM, pág. 408.

44    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 413.

45    MÁRQUEZ SÁNCHEZ, Francisco: "La Real Iglesia del Divino Salvador", Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 1971, s/p.

46    Obras en la iglesia del antiguo colegio de San Teodomiro, 1777-1779. A.G.A.S. justicia leg. 845.

47 HERRERA GARCÍA, Francisco J.: “El retablo en Carmona durante la segunda mitad del siglo XVIII”, III Congreso de Historia de Carmona. Carmona, 2003, pág. 237.

48    HERNÁNDEZ DÍAZ: Ob. Cit., pág. 169.

49    La obra fue supervisada por Fernando Rosales maestro mayor de obras del arzobispado, 26 de octubre de 1785. A.G.A.S., Justicia leg. 845.

50    Copia del inventario de la iglesia del Salvador, filial de la Prioral, Carmona, 15 de enero de 1923 (decía ser copia de otro anterior elaborado el 31 de diciembre de 1909 por don Emilio Zabala: un cáliz de plata sobredorada con patena y cucharita de ídem para las primeras clases; un cáliz de plata sobredorada con patena y cucharita de ídem para las segundas clases; cuatro cálices de plata con patena y cucharita para el servicio diario; una cruz parroquial de plata sobredorada para las primeras clases; un par de vinajeras con bateita (sic) de plata dirada para las primeras clases; un par de vinajeras con campanilla de plata para las segundas clases; dos pares de vinajeras de plata viejas e inservibles; Un jarro y palangana de plata lisa; dos ciriales plateados; cuatro candeleros de plata iguales pequeños; dos candeleros de plata iguales más pequeños; dos palmatorias de plata; un portaviático con caja y cadena de plata; dos paces de plata; dos tacitas de plata; tres llaves de plata, dos con cadenas y una sin ella; un viril y ostensorio de plata sobredorada; un copón de plata sobredorada; un copón de plata para uso diario; un copón más pequeño que lo tiene don Juan Manuel Turmo; un incensario de plata y naveta con cuchara; una cruz de plata para el guión; dos lámparas de plata; Unas crismeras de plata lisa; una concha de plata y un salero de plata y cristal. AGAS, Administración General 692B.


                                                                                                                                                                                                              

            El Interrogatorio de los Jerónimos que ahora pretendemos analizar ha sido en varias ocasiones transcrito y muchas más veces citado, sin embargo, pensamos que, en cambio, no ha sido suficientemente analizado por los historiadores. Además, los dos investigadores que más líneas le han dedicado, como son Lewis Hanke y Giménez Fernández, lo han hecho siempre desde perspectivas muy parciales1. Hacia 1516 la dinámica colonizadora en las Antillas se encontraba en una profunda crisis, aunque, en realidad, ésta arrancaba de la última etapa del gobierno de frey Nicolás de Ovando, es decir, de fines de la primera década del siglo XVI.

Sin embargo para mediados del segundo decenio las cosas se habían tornado realmente insostenibles pues ya no se producía oro como antes, los colonos se quejaban insistentemente de no poseer indios de encomienda para mantener sus haciendas, y, finalmente, los indios sufrían una vertiginosa disminución.

En medio de estas circunstancias caóticas los memoriales que llegaban a la Península eran harto contradictorios. Por ese motivo, el Cardenal Jiménez de Cisneros, entonces Regente de España, decidió enviar a unos gobernadores Jerónimos, cuya misión primordial, según las instrucciones del 13 de septiembre de 1516, sería la de informarse de lo que ocurría

al otro lado del Océano2. Así, en una carta de Bernardino de Manzanedo a Su Majestad, fechada en 1517, reconocía que ellos fueron a las Indias "por la diversidad de informaciones que hacían los que de ellas venían... para que informasen de la verdad de lo que allí pasaba, e hiciesen lo que les pareciese que convenía al bien y pro de los dichos indios y tierra..."3.

Estaba claro que la principal misión de los Jerónimos no fue otra que la de enterarse con detalle de los problemas que aquejaban la isla para así poder informar a las autoridades peninsulares de las medidas que se debían adoptar para remediar tal situación.

Sin embargo, en las Instrucciones otorgadas a los Jerónimos no se les especificó -ni tan siquiera se les sugirió- el sistema de indagación que debían utilizar para conocer la realidad de la isla. No obstante a los pocos meses de llegar los tres frailes reformadores, una vez establecidos en Santo Domingo y tranquilizada la población, que había estado al borde de la insurrección, procedieron a poner en práctica el conocido interrogatorio, ahora objeto de nuestro estudio.

La utilización de preguntas como forma de indagación no era desde luego nueva ya que se había venido utilizando, desde hacía décadas, en los juicios de residencia, en los cuales había una primera parte que era la pesquisa secreta en la cual se le formulaban a unos testigos una serie de preguntas4. Sin embargo, la innovación radicó en utilizar este procedimiento, propio de estos juicios, separadamente, como forma de indagación en un problema concreto. Desde entonces, el gobierno colonial español utilizó frecuentemente este sistema como medio de indagación en aquellos asuntos que pareció aconsejable5.

Entrando en el contenido del Interrogatorio debemos decir que tradicionalmente se ha venido afirmando, sobre todo por parte de los lascasistas, que éste estuvo totalmente amañado por los Jerónimos y que las preguntas predisponían a una respuesta determinada6. En este sentido Giménez Fernández afirmó que "los Jerónimos claudicaron al encaminar las preguntas de su interrogatorio a demostrar la imposibilidad de aplicar cualquier otra solución que no fuera el mantenimiento de la abusiva y odiosas situación ya existente contra todo derecho natural y con vulneración del positivo"7.

No obstante, no estamos totalmente de acuerdo con esta visión superficial y parcial de la realidad. Pensamos que los Jerónimos llevaron a cabo el interrogatorio de forma limpia, con el único fin de averiguar toda la verdad. Lo que ocurre es que toda la labor de los Jerónimos, en su conjunto, fue descalificada en primera instancia por los dominicos, que rechazaron cualquier idea que no supusiese la liberación total del aborigen, y, en general, por la élite encomendera que no querían ver mermada su posición de privilegio. Como demostraremos a continuación los tres frailes jerónimos, que apenas habían oído hablar del Nuevo Mundo en el retiro de sus celdas, llevaron a cabo el Interrogatorio con toda la imparcialidad que en el momento se podía conseguir. Si bien es cierto que los testigos fueron seleccionados, no es menos cierto que la elección no se hizo al azar sino teniendo en cuenta que todos los grupos políticos e ideologías estuviesen representados entre los encuestados. Así, los franciscanos estuvieron encarnados en la figura de fray Pedro Mexía, los dominicos en fray Bernardo de Santo Domingo, y entre los doce restantes testigos hubo tanto partidarios del bando "oficial" como del "colombinista".

Igualmente, se intentó que todos los interrogados fuesen antiguos pobladores porque solo de esa forma se les supondría un conocimiento de la realidad isleña. En este sentido, podemos afirmar que el testigo menos veterano que participó en el Interrogatorio se llamaba Juan de Ampiés y llevaba en la isla unos cinco años y medio8, siendo la media de edad de los entrevistados nada menos que de catorce años. Es evidente, que con estas cifras podemos decir que el muestreo fue significativo.

Con respecto a las preguntas, no podemos entender de ninguna forma por qué algunos autores han hablado de amañamiento, cuando iban directamente al fondo de la problemática. Las dos primeras interpelaciones iban encaminadas a averiguar aspectos de interés relacionado con la vida de los encuestados, mientras que en las cinco restantes se planteaban tres cuestiones básicas, a saber: en primer lugar, si los indios eran capaces de vivir en libertad como agricultores castellanos, en segundo lugar, si se debían encomendar y a que personas, y en tercer, y último lugar, si sería más conveniente llevarlos cerca de los españoles o dejarlos en sus asientos.

En definitiva, estamos ante una fuente de información importantísima, de una gran fiabilidad y que encierra una gran riqueza etnográfica para entender la historia social de Hispanoamérica en las primeras décadas de la colonización.

 

I) CUATRO VISIONES GLOBALES DEL INDIO

 

Los encuestados los hemos podido distribuir, sin grandes dificultades, en cuatro grupos que representan ideologías e intereses bien distintos. No cabe duda de que cada cual defendía unas conveniencias individuales o de grupo que se catalizaban a través de lo que algunos sociólogos han llamado "la falsa conciencia", es decir, "un simple y puro falseamiento consciente de la realidad, por parte de unos funcionarios que saben muy bien donde están sus intereses y cuales son las medidas a adoptar para defenderlos"9. Así, pues, en el Interrogatorio aparecen multitud de justificaciones que pretenden legitimizar el orden social establecido, argumentando con gran énfasis la holgazanería, la mentira o la incapacidad de estos naturales. Ideas que constituyeron la auténtica piedra de toque sobre la que se sustentaron todas las formas de compulsión al trabajo de los indígenas10.

De manera que, por un lado, los encomenderos intentaban justificar el orden social existente para lucrarse de la mano de obra india, mientras que los religiosos pretendían, igualmente, ganar un amplio número de nuevos cristianos con los que engrandecer sus respectivas Ordenes.

En primer lugar, vamos a comentar las respuestas dadas por fray Pedro Mexía, representante de la Orden Franciscana. Los miembros de esta Orden regular fueron acusados, desde un primer momento, por los dominicos, de colaboracionismo estrecho con el poder civil ya que concebían la cristianización del aborigen dentro del sistema de los repartimientos y las encomiendas. Sin embargo, creemos que en defensa de los franciscanos debemos señalar su gran empeño, en estos primeros años, en la educación del indígena mientras los dominicos permanecían aferrados a discusiones teóricas con los representantes del poder civil que no condujeron, en principio, a ninguna parte. Precisamente, una de las críticas que Motolinía hizo a los dominicos en general y al Padre las Casas en particular fue que se dedicó a litigar pero "ni tuvo sosiego en esta Nueva España ni deprendió lengua de indios ni se humilló ni aplicó a les enseñar"11.

El franciscano Fray Pedro Mexía se mostró un tanto ecléctico en sus respuestas, a medio camino entre la postura dominica y la oficial. En primer lugar, afirmó que algunos tienen "razón para vivir por si", pues, "saben granjear y comprar y entender en sus conucos". Con respecto a la encomienda, muy en consonancia con las ideas defendidas hasta entonces por la Orden Franciscana, la justificó, aunque reconoció que de seguir encomendados "como al presente están no habrá de veinte mil, dos mil personas en veinte años"12. Por desgracia, fray Pedro Mexía no precisó que otro tipo de encomienda alternativa podía establecerse que no fuese tan perniciosa para el indio. Por lo demás, poco aportaron los comentarios del franciscano ya que en todo momento se mostró distante, muy vago en sus afirmaciones y deseoso de acabar. En segundo lugar, vamos a comentar las respuestas de fray Bernardo de Santo Domingo, portavoz de la Orden Dominica. Este se mostró fiel a la trayectoria de su Regla desde el famoso Sermón de Montesinos de 1511, manifestando su negativa a todos aquellos sistemas que implicasen una sujeción del aborigen al español13.

Así, pues, fray Bernardo de Santo Domingo volvió a confirmar la oposición rotunda de los miembros de la Orden de Santo Domingo contra la encomienda afirmando, como era de esperar, que los indios tenían capacidad para vivir en libertad, y reivindicando la creación de pueblos donde pudiesen vivir éstos en libertad. En relación a esta idea precisó que estos asentamientos deberían estar prácticamente aislados del español teniendo acceso a ellos tan sólo unos cuantos vecinos, "casados y virtuosos", y algunos religiosos. Lógicamente, estos sacerdotes que velarían por los aborígenes deberían ser de la Orden de Santo Domingo evidenciándose una intención velada de engrandecer su propia Regla. Estos españoles, seglares y laicos, se encargarían de enseñar a los aborígenes la lengua española, la religión y, muy concretamente, " a contar moneda", tributando, en contrapartida, los indígenas dos pesos de oro por cada pareja adulta14. Parece evidente que fray Bernardo de Santo Domingo, estaba ya defendiendo un sistema de pueblos en libertad que los dominicos poco después pondrían en práctica en una extensa franja de la costa de Paria.

En tercer lugar, vamos a agrupar a cuatro colonos que por sus declaraciones mostraron unos intereses comunes y una evidente vinculación al partido colombinista, a saber: Gómez de Ocampo, Jerónimo de Agüero, Pedro Romero y Marcos de Aguilar15. Todos ellos fueron unánimes al señalar la institución de la encomienda como el único sistema posible para cristianizar a los indios. Sin embargo, su rivalidad con el grupo de los oficiales que poseían un mayor número de encomiendas y de indios les llevó a solicitar una modificación en su trato y sobre todo en su reparto. Los colombinistas intentaron mostrar siempre la idea de que ellos trataban mejor a los aborígenes que el grupo de los oficiales de los que afirmaron que los explotaban intensivamente con vistas a conseguir el mayor rendimiento en el menor tiempo posible.

Igualmente, declararon la posibilidad que tenían algunos indios para vivir en libertad, excepto el testigo Jerónimo de Agüero, que pese a reconocer que había algunos indígenas con más entendimiento que otros, ninguno diferencia el valor de las cosas "y cerca de ésto yo no he visto en Castilla ni en otra parte labrador tan simple que no haga ventaja al que de éstas sabe más"16.

En cuarto y último lugar, vamos a agrupar a un amplio número de declarantes que tienen en común el pertenecer al llamado grupo "oficial" y que estaba representado por: Antón de Villasante, Mosquera, Alvarado, el Licenciado Serrano, Miguel de Pasamonte, Andrés de Montamarta Juan de Ampiés y Lucas Vázquez de Ayllón. Sin lugar a dudas, se trata del partido más fuerte de la Española, pues había sido utilizado por Fernando V para asentar el poder Real frente a los intereses colombinos.

Todos ellos afirmaron que los indios eran incapaces totalmente para vivir en libertad, y que debían permanecer encomendados sin cambio alguno. Por supuesto, defendieron un "status quo" de una situación que les era claramente favorable de ahí su unanimidad a la hora de apoyar el sistema de la encomienda.

En cambio, mostraron algunas divergencias cuando se les preguntó sobre traerlos cerca de los españoles o dejarlos en sus asientos, pues mientras para Villasante, Serrano, Ampiés, Pasamonte y Montamarta era algo beneficioso, -tanto para los españoles como para los indios-, para Mosquera y Vázquez de Ayllón era, contrariamente, muy perjudicial.

 

II) LA LIBERTAD DEL INDIO

 

Una de las cuestiones más interesantes que se planteó en el Interrogatorio fue la posibilidad de que los aborígenes pudiesen vivir en pueblos libres sin necesidad de tutela por parte de los españoles. Sin embargo, conviene matizar que lo que los españoles se plantearon desde el primer momento, y, muy especialmente, en este interrogatorio de 1517, no fue su aptitud para vivir en libertad sino, más bien, su capacidad para sustentarse y comportarse como lo hacían los labradores de Castilla. Así, pues, nadie se planteaba la posibilidad de que fuesen capaces de vivir en libertad, ya que era evidente que lo habían hecho durante siglos, en cambio, lo que sí se cuestionaba era si podían vivir libremente adaptados al nuevo sistema impuesto por la cultura y la política del vencedor.

Las respuestas en este sentido fueron unánimes ya que de los catorce encuestados diez coincidieron en afirmar rotundamente que no eran capaces de vivir en libertad. De los cuatro restantes, tres aseguraron que en general no eran capaces pero que alguno sí habría con más intelecto que los demás y que fuese capaz de valerse por si mismo. Y finalmente, el dominico fray Bernardo de Santo Domingo, muy en consonancia con las ideas de su comunidad, señaló la total capacidad de todos ellos.

Algunos de los encuestados hicieron referencia a un experimento realizado por el Comendador Mayor de Alcántara frey Nicolás de Ovando, en los últimos años de su gobierno17 y que consideramos que ha pasado casi inadvertido hasta la actualidad.

Conocidas son las acusaciones que se han vertido sobre el Comendador Mayor referentes a la excesiva crueldad con que trató a los Indios. De forma que se le achacan las matanzas despiadadas de Xaragua e Higüey y, en definitiva, de haber llevado a cabo un auténtico etnocidio de los tainos de La Española. Sin dejar de ser ciertas estas imputaciones debemos decir que no se han valorado otros detalles que muestran otra actitud de Ovando hacia estos aborígenes. En este sentido, debemos recordar el impulso que este gobernador dio a los matrimonios mixtos, entre españoles e indios, con la intención de conseguir una más pronta conversión del aborigen18, así como su enfrentamiento a los designios de la Corona al no consentir que ningún cortesano tuviese indios en encomienda19.

En este marco hemos de analizar esta experiencia con los indios que fue realmente pionera, pues, en los años sucesivos, se realizaron otros muchos planes de similares características no solo en La Española sino en otras islas antillanas e incluso en el continente. De forma que bajo su supervisión directa, comenzó el experimento, utilizando para tal fin a los indios "más ladinos y hábiles" que pudo encontrar en la isla20, a los que entregó indios de repartimientos para su servicio personal. Gracias a las declaraciones de los testigos en el Interrogatorio conocemos los nombres de estos indígenas que participaron en la experiencia ovandina, a saber: en la Vega, el cacique Masupa Otex, "que tuvo su asiento en lo mejor de la mina del Cibao"21, en Santiago, un tal cacique Doctor22, en el Bonao, el cacique don Francisco -educado por los franciscanos en el monasterio de Concepción de la Vega-, y, finalmente, en la propia capital de la isla, los indios Diego Colón y Alonso de Cáceres. Estos dos últimos eran los más castellanizados ya que habían vivido largos años junto a los españoles. El indio Alonso de Cáceres era un naboría de servicio de un criado de Ovando llamado del mismo modo23, mientras que del indio Diego Colón sabemos que fue traído por Cristóbal Colón en su primer viaje a Castilla, junto a otros diez aborígenes, siendo el único que consiguió sobrevivir y volver a las Indias unos años después24.

No sabemos el tiempo exacto que estuvieron estos indios en libertad aunque, según Mosquera, las encomiendas que le fueron asignadas a cada uno de estos privilegiados indios las tuvieron durante seis años y que Alburquerque se la quitó a Diego Colón, pues Alonso de Cáceres era ya, por entonces, difunto25. Si esta afirmación es cierta, Ovando debió llevar a cabo el experimento hacia 1508, poco antes de su vuelta a la Península.

La experiencia acabó en el fracaso a juzgar por las afirmaciones unánimes de todos los encuestados. Los indios puestos en libertad se dedicaron a hacer sus "cohobas", "areytos" y a otras "holgazanerías", descuidando sus haciendas y granjerías. El problema que subyacía tras esta realidad la apuntó con gran claridad el licenciado Serrano al afirmar lo siguiente:

 

Lo que de la condición de los dichos indios se alcanzó es que no son codiciosos de honra ni de riquezas y como estas dos cosas principalmente mueven a los hombres a trabajar y adquirir... Cesará todo lo que para ella (la vida) es necesario...26

 

Parece evidente que el experimento ovandino acabó en el fracaso porque hubo conceptos básicos, de la mentalidad castellana de la época, que ni los indios más "ladinos" consiguieron asimilar. Otro de los entrevistados matizó esta afirmación efectuada por el licenciado Serrano al afirmar que el gran problema de los indios era que no tenían visión de futuro ni concepto de la acumulación. Dado el interés del texto lo extractamos a continuación:

 

Son muy descuidados y no tienen pendencia para proveer las cosas y necesidades futuras

ni guardar de un tiempo para otro mayormente en las cosas de comer, que si mucha carne y pescado y cosas semejantes tienen, de día y de noche comen hasta que lo acaban sin acordarse que los días siguientes no tienen de que comer27.

 

Precisamente, este argumento fue muy utilizado en los años sucesivos para justificar la incapacidad del indio para vivir al margen de la encomienda, pues, según decían los españoles, el aborigen no poseía concepto de la acumulación, ni de la codicia, ni del valor de las cosas y "en Castilla no existe labrador por simple que sea que no distinga esto"28. La otra causa alegada para justificar la incapacidad del aborigen es que como aborrecen la conversación con los cristianos huirían a los montes y se perdería todo29.

Aunque la mayoría declaró, como ya hemos afirmado, la incapacidad del indios para vivir por si mismo, hubo algunos encuestados que, sin desmentir lo anterior, señalaron la existencia en los indígenas de algunos síntomas propios de personas totalmente racionales. A este respecto, Gonzalo de Ocampo, afirmó que los indios poseían alguna manera de razón ya que antes de que viniesen los españoles hacían sus "bohíos" o casas y vestían con ciertas prendas de algodón30. Por otro lado, fray Pedro Mexía, Romero y Marcos de Aguilar opinaron que algunos eran más agudos que otros y que con el discurso de los años y con tiempo aprenderían a vivir por si mismos sin necesidad de tutela. Tan sólo fray Bernardo de Santo Domingo afirmó, como era de esperar, que sí podrían ser libres ya que de esta forma habían vivido hasta la llegada de los españoles.

Nosotros creemos que la Conquista y la Colonización de América realmente desmembró todo el sistema político y socio económico del mundo indígena hasta el punto de que efectivamente, en 1517, los aborígenes no eran capaces de subsistir en libertad como lo demuestra el hecho del elevado número que murió de hambre o de enfermedad tanto junto a los españoles como alzados en los montes. Era evidente, que no se podía dar marcha atrás, es decir, que las cosas nunca volverían a ser como antes de la Conquista y que el indio no estaba preparado para adaptarse al sistema precapitalista impuesto por la cultura vencedora.

 

III) LA VISION DE LA ENCOMIENDA EN 1517

 

En relación a esta polémica institución el interrogatorio jeronimiano aporta multitud de informaciones dignas de comentario. La encomienda, que empezó siendo en la época de Cristóbal Colón un aprovechamiento colectivo, con raras concesiones individuales31, se convirtió en breve tiempo en un sistema de compulsión del aborigen al servicio personal.

Pese al carácter pernicioso que desde un primer momento supuso para la etnia indígena, todos los interrogados, excepto el dominico fray Bernardo de Santo Domingo, se mostraron de acuerdo en su idea de mantener el sistema de encomiendas. Es evidente, como ya hemos apuntado, que con esta afirmación no pretendían otra cosa que defender sus propios intereses, pues, el indígena todavía en esas fechas era la "principal riqueza" de aquella tierra32.

Las opiniones fueron, en cambio, muy dispares cuando se les interrogó si sería beneficioso traer a los indios de encomienda a pueblos cercanos a los asentamientos de los españoles. En relación a las ventajas, los encuestados señalaron que siendo concentrados junto a los españoles serían los indios mejor industriados en la Fe Católica, mejor visitados, y, así mismo, se evitarían mucho mejor las posibles huidas. Pero sobre todo se reconoció, por todos los entrevistados, que el aspecto más positivo que reportaría su traslado sería que dejarían de morir en el trayecto desde sus asientos hasta las haciendas de los españoles o las minas cada vez que debían cumplir con su demora porque "el camino es largo y pocos son los mantenimientos".

En cuanto a los inconvenientes del traslado se mencionó el hecho de que ellos mismos no se querrían "mudar de sus naturalezas" y que al obligarlos se suicidarían, como habían hecho otras veces "por cosas de menos importancia"33. Igualmente, los testigos advirtieron que peligraría la vida de estos aborígenes si al llegar a sus nuevos asentamientos no hubiese "mantenimientos", con lo cual, en caso de llevarse a efecto, habría que planificar con antelación el abastecimiento inicial. Y finalmente, declararon que si se llegaban a poner juntos a todos los indios habría desavenencias y discordias entre ellos, como declaró el testigo Lucas Vázquez de Ayllón. Dado el interés de la respuesta de este último la transcribimos parcialmente a continuación:

 

Que si muchos caciques se reducen a vivir juntos en una comarca o pueblo no se llevarían bien los unos con los otros y siempre entre ellos habría competencias y discordias como entre los que de ellos eran vecinos las solía haber sobre mujeres y sobre sus pesquerías y los indios de los unos caciques se pasarían a los otros y haber muchos principales juntos sería ocasión a que no cesasen sus envidias y hurtos y otras revueltas que hoy cesan por estar apartados los unos de los otros...34.

 

Realmente, Vázquez de Ayllón apuntó en estas líneas uno de los grandes errores que cometieron los españoles en el Siglo XVI, al intentar reducirlos sin tener en cuenta las jerarquías internas ni las distintas etnias, familias, linajes y comunidades35.

Las declaraciones de estos testigos fueron tenidas muy en cuenta por los padres Jerónimos cuando, poco después, comenzaron a levantar los pueblos indios en libertad. De manera que sabemos que los tres cenobitas se preocuparon tanto de enviar a los pueblos con suficiente antelación a varios caciques muy "ladinos" para que convenciesen a los demás de las ventajas del traslado, como de sembrar varios meses antes suficientes montones de yuca como para cubrir la alimentación de los indígenas por unos meses36. De esta forma quedaron subsanados dos de los más importantes inconvenientes que algunos testigos señalaron en el Interrogatorio.

Pero existe un segundo bloque de información sobre las encomiendas ya que se reconocen, muchas veces de manera tácita, la mayoría de los grandes abusos en que incurrieron los españoles y donde se percibe un total incumplimiento de la legislación vigente. La mayoría de los excesos cometidos por los encomenderos ya habían sido regulados y prohibidos en 1512 con lo cual, volvemos a incidir en el poco efecto que estas leyes tuvieron ya que se continuó sometiendo al aborigen a todo tipo de abusos y vejaciones.

Entre estos excesos que aparecen mencionados en el Interrogatorio debemos mencionar la mudanza constante de las encomiendas, en los sucesivos repartimientos generales que se hicieron en la isla desde la época colombina, pues, muchos pensando que los iban a perder "no les han tenido el amor ni aun los han bien tratado y así han padecido y padecen mucho..."37. De hecho en el juicio de residencia tomado a los Jueces de Apelación de La Española, en 1517, éstos fueron acusados de explotar en exceso a los aborígenes al ser sabedores "que se los cambiaban cada vez que éstos morían"38.

Pese a todo, es evidente que tras esta reivindicación se escondía la ansiada encomienda a perpetuidad que reivindicaron los colonos desde los mismos comienzos de la colonización. Con todo, y a sabiendas de que efectivamente era motivos de malos tratos, la Corona nunca consintió la perpetuidad, porque era a todas luces lesiva a sus intereses.

Por otro lado, prácticamente todos los testigos acusaron a los solteros y a los casados "sin casa de piedra" de malos tratamientos a los indígenas porque, según decían, no pensaban en otra cosa que en "exprimirlos" lo máximo posible para volver ricos a la Península. Así, por ejemplo Jerónimo de Agüero, en su respuesta a la séptima pregunta, se mostró muy elocuente:

Que a las personas que se dieren (los repartimientos) estén y permanezcan en la tierra y no fuera de ella y que éstos sean casados y si a solteros algunos se hubiere de dar sea con seguridad de se casar dentro de cierto tiempo porque todo el fin del buen tratamiento de los indios está en que las personas que (los) tuvieren no tengan pensamiento de ganarlo aquí e irse a vivir y a casar a Castilla...39.

 

También, los declarantes denunciaron a aquellos encomenderos que se ausentaban de sus encomiendas, dejando a sus indios bajo el cuidado de unos mayordomos que los trataban de forma despiadada. Sin embargo, en 1517, el problema estaba casi solucionado, pues, los Jerónimos habían quitado las encomiendas a todos aquellos que no residían en la isla.

Otro de los abusos que los testigos señalaron fue el enorme desequilibrio que había en el número de indios por encomienda lo cual resultaba perjudicial para el aborigen pues "siendo pocos no pueden ser relevados de los trabajos y siendo muchos no tan bien tratados ni mantenidos..."40. En este sentido, los declarantes señalaron la gran cantidad de encomiendas que se habían otorgado con un número de indios inferior a cuarenta y superior a los doscientos, lo cual suponía una clara violación de las Leyes de Burgos que, como es sabido, habían establecido los límites legales entre los 140 y los 40 efectivos por encomienda41.

Igualmente, mencionaron los trabajos excesivos a que eran compelidos los indígenas tanto en las haciendas como en las duras tareas de "escopetar", o cavar en las minas42. En los primeros años el trabajo fue mucho más duro para los aborígenes ya que entre otras cosas escaseaban los animales de tiro. De hecho, ya en 1511, reconoció el propio Rey Fernando V que muchos indios habían fallecido hasta entonces "porque las personas que los tenían les hacían llevar algunas cargas y cosas de mucho peso y los quebrantaban..."43. Como solución al problema que suponía el someter a los indios a excesivo trabajo se planteó que, en cada cuadrilla de diez indios hubiese dos negros de los más recios.

Y, para finalizar los testigos reconocieron la falta de moral de la mayoría de los encomenderos a la hora de emplear en las minas a los niños, las mujeres y los viejos no quedando nadie en los asentamientos indígenas que pudiese cultivar los "conucos" para que a la vuelta de la "demora" tuviesen los alimentos suficientes para sobrevivir. Era tal la carestía que sufrían en sus comunidades que, según declaró un testigo, peligraba más su vida en los meses de descanso que en las minas pues "cuando van de servir van gordos y bien tratados y cuando vuelven vienen muy flacos..."44. Efectivamente, también los dominicos informaron, en 1516, al señor de Chiebres que por culpa de las demoras no quedaban en los "conucos" más que niños, mujeres preñadas y viejos sin que permaneciese nadie que pudiese "levantar un terrón del suelo..."45.

En resumen, podemos decir que en este interrogatorio jeronimiano aparecen mencionados prácticamente todos los abusos cometidos por los españoles en la isla Española tras las Leyes de 1512. Así, pues, gracias al rigor con el que fue confeccionado resulta hoy un testimonio inestimable para el estudio de las relaciones sociales en los primeras décadas de la colonización. Igualmente, aparecen señaladas las opiniones que los españoles tenían de los indios, así como los intereses, no siempre coincidentes, de los distintos grupos políticos de la isla.

Por otro lado, muchas de las conclusiones obtenidas por los Jerónimos en este interrogatorio se tuvieron muy en cuenta tanto en lo concerniente al sistema de la encomienda como sobre todo a los pueblos tutelados que, a partir de 1518, pusieron en práctica los propios cenobitas, y que por diversas circunstancias adversas fracasaron.

1    HANKE, Lewis: La lucha por la justicia en la conquista de América. Buenos Aires, Editora Sudamericana, 1949 pp 130-138. GIMENEZ FERNANDEZ, Manuel: Bartolomé de las Casas, T. I, Sevilla, E.E.H.A., 1953, pp- 308-309.

2    Instrucciones otorgadas a los Jerónimos, Madrid, 13 de septiembre de 1516. AGI, Indiferente General 419, L. 6, ff. 31 y ss. CODOIN, Serie 2ª, T. XI, pp. 258-276. MORALES PADRON, Francisco: Teoría y leyes de la conquista. Madrid, Estudios de Cultura Hispánica, 1979, pp. 355-365.

3    Citado en ORTIZ GARCIA, Antonio: "Los Jerónimos en América". Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 144. Madrid, 1961, pp 379-481.

4    Los juicios de residencia contaban con cuatro partes fundamentalmente: preliminares, Pesquisa Secreta, Residencia pública y sentencia. Para más información véase: MARILUZ URQUIJO, José María: Ensayo sobre los juicios de Residencia Indianos. Sevilla, E.E.H.A., 1952.

5    HANKE, Lewis: Los primeros experimentos sociales en América. Madrid, 1946, pp 44-45.

6    GIMENEZ FERNANDEZ, Manuel: Bartolomé de las Casas, T. I. Sevilla, E.E.H.A., 1953, pp. 308-309.

7    IBIDEM, p. 310.

8    AGI, Indiferente General 1624, R. 3, N. 1, f. 20. El interrogatorio se encuentra reproducido muy parcialmente en CODOIN, Serie 1ª, T. I, pp. 201-229. Los memoriales de Lucas Vázquez de Ayllón y de fray Bernardo de Santo Domingo se encuentran en GIMENEZ: Ob. Cit., T. I, pp. 573-569. Y finalmente, publicado casi en su totalidad en RODRIGUEZ DEMORIZI, Emilio: Los dominicos y la encomienda de indios en la isla Española. Santo Domingo, Editora del Caribe S.A., 1971 pp 273-354. En adelante se citará como Interrogatorio.

9    CAPEL, Horacio: "Ideología y ciencia en los debates sobre la población americana durante el siglo XVI". Cuadernos críticos de Geografía Humana, Nº 79-80. Barcelona, 1989 (pp. 1-107), p. 90.

10    En realidad, esta desgana que mostraban los indios por el trabajo era cierta pero no se debía tanto a una holgazanería nata o a una supuesta incapacidad como a "una crisis de inconformidad y contradicción de sufrimiento y desgarro" por parte del indio que los españoles no quisieron entender. ORTIZ, Fernando: "La holgazanería de los indios". Revista Bimestre Cubana, vol. XXXV, Nº 1. La Habana, 1935, (pp. 42-54), p. 51. En realidad estas justificaciones se utilizan siempre por la etnia dominante para mantener bajo control al resto de la población, pues, no debemos olvidar que los negros fueron acusados igualmente de ladrones, holgazanes, etc.

11    MOTOLINIA, fray Toribio de: Historia de los indios de la Nueva España. México, Editorial Porrúa S.A., 1990, p. 210.

12    Parecer de fray Pedro Mexía. Interrogatorio, ff. 37-37v.

13    El propio padre Las Casas hizo hincapié en varias ocasiones en la necesidad que había de "ponerlos en libertad, sacándolos del poder de los españoles, porque ningún remedio podía ponérseles para que dejaran de perecer quedando en poder de ellos, y así fenecían y extirpaban los repartimientos que llamaban encomiendas, como pestilencia mortal que a aquellas gentes consumía...". LAS CASAS, Bartolomé de: Historia de Indias, T. III. México, Fondo de Cultura Económica, 1951, L. III, Cap. LXXXV, p. 113.

14    Parecer de fray Bernardo de Santo Domingo. Interrogatorio, ff. 50-52.

15    Datos biográficos de estos personajes pueden verse en GIMENEZ: Ob. Cit., T. I, pp. 307 y ss.

16    Parecer de Jerónimo de Agüero. Interrogatorio, ff. 11-14.

17    Estos eran los siguientes: Mosquera, Gonzalo de Ocampo, Lucas Vázquez de Ayllón y el licenciado Serrano.

18    NOUEL, Carlos: Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo, Primada de América, T. I. Santo Domingo, Editora de Santo Domingo, 1979, p. 24.

19    Carta de Alonso de Zuazo al señor de Chiebres, Santo Domingo, 25 de enero de 1518. RODRIGUEZ: Ob. Cit., pp. 151-152.

20    Interrogatorio, f. 5v.

21    Interrogatorio, f. 17v. A este mismo cacique el Licenciado Serrano lo llama "Antón", que posiblemente fuese el nombre que le dieron los españoles tras su bautizo.

22    Según Vázquez de Ayllón, le llamaban cacique Doctor porque era el que más sabía de todos. Interrogatorio, f. 29v.

23    En el pleito entre Diego Colón y Francisco de Solís se afirmó de este indio que pese a que vivía con Ovando se seguía "emborrachando con hierbas", o lo que es lo mismo seguía haciendo sus cohobas y areytos. MIRA CABALLOS, Esteban: "El pleito Diego Colón-Francisco de Solís: el primer proceso por malos tratos a los indios en La Española (150)), Anuario de Estudios Americanos, T. L, N. 2, Sevilla, 1993, (pp. 309-343), p. 340.

24    De Diego Colón dijo el padre Las Casas: era "a lo que yo creo, un Diego Colón, de los que el viaje primero había tomado en la isla de Guanahaní y lo había llevado a Castilla y vuelto, el cual después vivió en esta isla muchos años conversando con nosotros..."LAS CASAS: Ob. Cit., T. I, Lib. I, Cap. XCIV, p. 384. Véase también MIRA CABALLOS, Esteban: "Aborígenes americanos en Castilla". AHILA, Leipzig, sep. de 1993, (en prensa).

25    Interrogatorio, f. 5v.

26    Interrogatorio f 18.

27    Interrogatorio, f. 17v.

28    Declaración de Jerónimo de Aguero. Interrogatorio, f. 11v.

29    Parecer del licenciado Serrano. Interrogatorio, f. 17.

30    Interrogatorio, f. 7v.

31    PEREZ DE TUDELA, Juan: "La quiebra de la factoria colombina y el nuevo poblamiento de La Española". Revista de Indias , Nº 60, Madrid, 1955, (pp. 197-252), p. 208.

32    No en vano el padre Las Casas, en relación a este punto afirmó -refiriéndose a la situación del indio en 1505- lo siguiente: "Los indios de esta isla Española eran y son la riqueza de ella, porque ellos son los que cavan y labran el pan y otras vituallas a los cristianos, y sacan el oro de las minas, y hacen todos los otros oficios y obras de hombres y bestias de acarreo".LAS CASAS: Ob. Cit., T. III, Lib. III, Cap. CV.

33    Interrogatorio, f. 7.

34    Declaración de Lucas Vázquez de Ayllón, GIMENEZ: Ob. Cit., T. I, p. 573.

35    Interrogatorio, f. 29.

36    Colección de papeles interesantes sobre la población y gobierno de los indios, 1518?. AGI, Patronato 173, N. 2, R. 2.

37    Interrogatorio f 9v.

38    Juicio de residencia tomado a los Jueces de Apelación de la isla Española, 1516. Respuesta de Francisco de Monroy a la pregunta octava de la pesquisa secreta. AGI, Justicia 42, Pieza 1ª. Los dominicos también escribieron al señor de Chiebres, en 1516, en este mismo sentido: "De aqueste matar cada uno a sus indios vino a la isla una manera de buscar nuevos repartimientos en esta color diciendo el repartimiento que fulano hizo fue injusto por tal razón y tal no lo puedo hacer por tanto venga otro que más justamente entienda en el hacer repartimiento y no deje tantos agraviados y en la verdad muy Ilustre Señor no era ésta la causa sino que aquellos principales a los que les habían dado grandes repartimientos de indios como a los que residían en Castilla o a otros factores suyos que acá tenían puesto habían muerto la mayor parte de los indios que les eran dados y no tenían otro mejor color para tornarse a entregar en el cumplimiento de sus repartimientos sino viniendo repartimientos nuevo tornando todos los indios a un montón...". Carta de los dominicos de la isla Española al señor de Chiebres, Santo Domingo 4-VI-1516. MARTE: Santo Domingo en los manuscritos de Juan Bautista Muñoz. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1981 p 160-180.

39    Interrogatorio, ff. 13v-14.

40    Interrogatorio, f. 10v.

41    MURO OREJON, Antonio: "Ordenanzas reales sobre los indios: las Leyes de 1512-13". Anuario de Estudios Americanos, Nº XIII. Sevilla, 1956, pp. 64 y ss.

42    Interrogatorio, f. 14.

43    Real Cédula al gobernador Diego Colón, Sevilla 21-VII-1511. AGI, Indiferente General 418, L 3, ff 92v-93.

44    Interrogatorio, f. 10.

45    Carta de los dominicos de La Española al señor de Chiebres, Santo Domingo 4-VI-1516. MARTE: Ob Cit p 170.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

   

                                                                                                                                                                                                                           

 

1.-INTRODUCCIÓN

¡Que duda cabe de la importancia que han tenido los cabildos en el desarrollo de la vida diaria del mundo hispánico!. De ahí que la historiografía americanista haya hecho un gran hincapié en su estudio no sólo a nivel institucional sino sobre todo en el análisis de los grupos de poder que en ellos se formaron y que jugaron un papel decisivo en la organización y evolución de la sociedad del Nuevo Mundo1.

Concretamente el municipio indiano puede ser definido, en palabras de Muro Orejón, como "organismos colegiados o corporativos que gobiernan las poblaciones tanto de españoles como de indios y que se rigen por sus correspondientes ordenanzas dadas por ellos mismos aunque aprobadas por el Rey o por sus delegados, las autoridades superiores de gobierno"2. Este cabildo tuvo, en cuanto a su estructura, muchos elementos tomados del concejo sevillano al que constantemente se hace alusión en la documentación3. En lo referente a su actividad se mostró como un defensor no ya de los intereses del pueblo sino, al igual que los demás concejos españoles de la época, de los de la oligarquía a la que los propios regidores pertenecían4.

Pues bien, una de las fuentes fundamentales para el estudio de la vida municipal en las ciudades y villas de la época son sin duda las ordenanzas municipales5. Un corpus legal que no era otra cosa que "la concreción de las normas de derecho local para cada uno de los concejos"6, y que eran anualmente revisadas por los cabildos respectivos7. Estas ordenanzas, pues, eran comunmente elaboradas por los cabildos, solicitando posteriormente la aprobación del Rey o de alguna autoridad delegada. Ocasionalmente, en los orígenes de la Colonización, encontramos ordenanzas no sólo aprobadas sino también redactadas por los gobernadores o capitanes generales. No en vano, en unos momentos iniciales donde el contacto con la metrópolis era extremadamente lento y donde existía un enorme desconocimiento de la realidad americana, eran ellos los máximos representantes reales en sus respectivos territorios. Éste es el caso de las ordenanzas que ahora comentamos de Santa Marta, elaboradas, redactadas y refrendadas por García de Lerma.

Aunque sabemos por referencias documentales de la existencia de ordenanzas municipales desde el mismo momento de la fundación de las primeras localidades en el Nuevo Mundo lo cierto es que las más antiguas que se han conservado datan de la década de los veinte, figurando entre ellas las del cabildo de Santo Domingo. Asimismo conocemos otras ordenanzas municipales de distintos cabildos indianos, aunque cronológicamente posteriores como las de la ciudad de Veracruz (1539), Quito (1568) o La Habana (1574), todas ellas publicadas por Domínguez Compañy8.

En este estudio pretendemos dar a conocer las Ordenanzas de la villa de Santa Marta -actual Colombia-, fechadas el 20 de marzo de 1531, las cuales, hasta donde nosotros hemos podido averiguar, permanecían inéditas. Éstas las hemos localizado insertas en un expediente sobre el gobernador y capitán general de la Provincia de Santa Marta, García de Lerma, localizado en los repositorios del Archivo General de Simancas, y concretamente en la sección Diversos de Castilla 45, Número 16. En dicho expediente se insertaron, además de las ordenanzas, una parte de las actas capitulares correspondientes a 1531. Con este pequeña comunicación pretendemos hacer nuestra contribución al estudio de la evolución de la institución capitular y sobre todo indagar en la historia, todavía poco conocida, de la ciudad de Santa Marta en los primeros tiempos de la Colonización.

 

2.-GARCÍA DE LERMA Y LA GOBERNACIÓN DE SANTA MARTA

Como es de sobra conocido la costa de Tierra Firme fue recorrida y descubierta por el trianero Rodrigo de Bastidas a principios del siglo XVI, fundando él mismo la localidad de Santa Marta hacia 15259.

Los primeros años de esta gobernación fueron muy difíciles, produciéndose cruentos enfrentamientos tanto entre los mismos españoles como entre estos y los indios. Después de la muerte violenta de Rodrigo de Bastidas, sucedió una efímera administración del capitán Rodrigo Álvarez de Palomino, primero en solitario y poco después compartiendo el cargo con el enviado de la Audiencia de Santo Domingo, Pedro Badillo10. Estos gobiernos internios no solucionaron los graves problemas de la provincia, continuando, pues, las luchas intestinas que habían llevado pocos años antes a la muerte de Bastidas.

La Corona, finalmente, para solventar los problemas optó por designar un gobernador capaz y dotado además de unos amplios poderes. Por ello, el 20 de diciembre de 1527 se firmó la capitulación con el burgalés García de Lerma nombrándolo gobernador y capitán general de Santa Marta, concediéndole asimismo otros títulos como los de alguacil mayor de la provincia y alcaide de lafutura fortaleza de Santa Marta11. La situación era crítica como se reconocía poco después en una capitulación otorgada a los alemanes Enrique Einger y Jerónimo Sailer, el 27 de marzo de 1528, en la que se decía que "los indios naturales de ella son belicosos y flecheros, y una parte de ellos están rebelados juntamente con ciertos cristianos y otras gentes que fueron en la muerte del gobernador Bastidas"12. Por este motivo los poderes concentrados por el nuevo gobernador García de Lerma en una situación excepcional fueron igualmente excepcionales. Esto unido a la fuerte personalidad de este burgalés y a su ambición determinaron un dominio casi absoluto de Santa Marta y un control de todas las instituciones políticas.

La gran obsesión de Lerma, desde su llegada a Tierra Firme el 28 de febrero de 1529, fue la extensión de su poder a los vecinos territorios de Cartagena y del Golfo de Urabá, donde la situación hostil de los indios permitía campañas de pillaje y, por tanto, suculentos beneficios13. Efectivamente su objetivo fue pacificar desde Santa Marta las tierras de Cartagena y de Urabá. Para ello llegó a solicitar en 1532 que no se nombrase gobernador para estas regiones. Rechazada esta idea por la Corona y una vez nombrado como gobernador de Cartagena a Pedro de Heredia, dificultó todo lo que pudo la labor de éste, organizando además varias expediciones de saqueo en territorio de Cartagena14. De hecho, en 1534 las huestes de Lerma entraban continuamente en Cartagena, cruzando la frontera natural del Magdalena15. Esta situación se mantuvo así durante muchos años, originando serios enfrentamientos entre García de Lerma -gobernador de Santa Marta-, Pedro de Heredia -gobernador de Cartagena- y Antonio de la Gama -gobernador de Castilla del Oro-. Y todo ello muy a pesar de las continuas cédulas que la Corona remitió al burgalés prohibiéndole sus entradas en la demarcación Cartagenera16.

Lerma, por tanto, dispuso de tan amplios poderes que incluso en reiteradas ocasiones actuó al margen de los designios reales. Su control político fue absoluto, interviniendo desde el primer momento en el cabildo de la ciudad. Durante su mandato hizo y deshizo a su antojo las ordenanzas municipales, nombrando incluso regidores a la espera de la requerida confirmación real. Así, pues, las ordenanzas municipales que a continuación comentamos y transcribimos fueron obra personal del gobernador García de Lerma, máxima autoridad también dentro de la institución capitular, la cual presidía17.

 

3.-LAS ORDENANZAS DEL CABILDO DE SANTA MARTA

Desde poco después de su fundación en 1525 la ciudad debió contar con unas ordenanzas que regularon su vida municipal. De hecho en las propias ordenanzas de 1531 que ahora comentamos se menciona la existencia de un ordenamiento anterior que estaba en un libro de cabildo que "es quemado y no (a)parece"18. Sin embargo, éstas de 1531 son las primeras que de esta localidad se han conservado y una de las primeras de todo el continente americano. Como ya hemos afirmado no era inusual que las ordenanzas municipales fueran redactadas y aplicadas por los gobernadores. No obstante, en la Península lo más habitual era, contrariamente, que fuese el propio cabildo quien las elaborase para a continuación recibir la aprobación Real.

Este corpus legal de 1531 es bastante breve quizás porque lo único que se pretendió fue dotar a Santa Marta de unas mínimas directrices jurídicas que respondieran a la realidad ciudadana. Por ello, tan sólo consta de 14 capítulos, dedicados todos ellos a regular la organización del cabildo municipal samario. Una concisión y brevedad propia de la temprana fecha a la que nos referimos y que nada tiene que ver con las extensas ordenanzas que se expidieron décadas después por los distintos cabildos indianos. Este corto número de capítulos se debe entre otras cosas a la omisión de todo lo referente a las cuestiones económicas. Una excepción que solo se entiende tratándose de una fecha tan temprana ya que usualmente las Ordenanzas municipales solían hacer referencia tanto al ordenamiento jurídico y político del cabildo como a las cuestiones puramente económicas.

Desde el punto de vista estructural se dividen en los siguientes capítulos:

I.-Que los regidores no entren en el cabildo con armas.

II.-Distribución de los regidores dentro del cabildo, por orden de antigüedad.

III.-El orden en que han de votar los regidores.

IV.-Que no se puedan reunir en cabildo sin la presencia de un escribano.

V.-Que haya un arca donde este la documentación del cabildo.

VI.-Que no se puedan hacer cabildos particulares fuera de la casa designada para celebrarlos.

VII.-Que no se pueda celebrar cabildo sin la presencia del teniente de gobernador o del alcalde mayor, o en su defecto de la justicia ordinaria.

VIII.-Que el teniente de gobernador o el alcalde mayor se siente en la cabecera, seguido del alguacil mayor.

IX.-Que el procurador de la ciudad sea elegido por todos los vecinos, reunidos a "campana tañida".

X.-Que el procurador a atender a los vecinos cuando tengan una causa que comunicar al Rey, al Consejo de Indias o a la Audiencia de Santo Domingo.

XI.-Que mensualmente se elija un regidor por diputado para que "vea los pesos y medidas".

XII.-Que anualmente los regidores y la justicia elijan en cabildo a un mayordomo que cobre las rentas de la ciudad y las multas.

XIII.-Que el mayordomo controle las edificaciones y los solares.

XIV.-Que se reúnan en cabildo todos los lunes, miércoles y viernes.

 

Aunque breves, este corpus legal nos aporta interesantes noticias sobre la estructura municipal de Santa Marta en sus primeras décadas de existencia. El cargo de regidor es al que más atención se le dedica, refiriéndose a él los capítulos I, II, III, y XI. No es de extrañar esta circunstancia, teniendo en cuenta que su papel era de primer orden dentro de la institución capitular. Estos se debían sentar en la sala de sesiones por orden de antigüedad, ejerciendo su voto con la misma sucesión. La ordenanza I incidía en un viejo asunto largamente repetido en las Ordenanzas de los concejos castellanos, es decir, que los regidores accediesen al cabildo sin armas. El capítulo XI especificaba que mensualmente debía nombrarse un regidor diputado que controlase la alimentación, el comercio y la legalidad en los pesos y medidas. Entre las facultades de este edil estaría poner multas "con que no exceda(n) ni pase de lo que el señor presidente y oidores que residen en la ciudad de Santo Domingo enviaron a mandar sobre esto"19. Obviamente este regidor diputado hacía las veces de fiel de pesos y medidas, anexionando el cabildo samario este oficio. Nada se decía en las ordenanzas ni de la forma de elección de los regidores ni de su número. No obstante, en relación al primer aspecto parece claro que la omisión está delatando la forma habitual de elección de estos ediles, es decir, la designación Real a perpetuidad. En 1531 los regidores de Santa Marta recibieron por regidor a Lope de Ydiáquez que se personó en el cabildo con una Provisión Real de nombramiento20. Una vez que se recibía en el cabildo la Real Provisión de nombramiento, los miembros de la institución se reunían, y en sesión solemne, aceptaban al nuevo regidor y se le tomaba juramento. Los formulismos que encontramos son tan elocuentes como comunes:

 

"...y estando así juntos en su cabildo y regimiento según dicho es pareció presente Lope de Ydiáquez y presentó una provisión real de Su Majestad por la cual manda en efecto que le reciban por regidor de la dicha ciudad y la dicha provisión así presentada. Luego el dicho señor teniente y regidores la tomaron con sus manos y la besaron y la pusieron sobre sus cabezas y dijeron que lo obedecían y obedecieron en todo y por todo según en ella se contiene y en cuanto al cumplimiento de ella dijeron que recibían y recibieron al dicho Lope de Ydiáquez por regidor de esta dicha ciudad y al uso y ejercicio del oficiosegún que Su Majestad en la dicha su provisión manda y luego recibieron juramento en forma del dicho Lope de Ydiáquez so cargo del cual prometió de lo usar bien y fielmente y asímismo hizo las otras solemnidades como de derecho en tal caso se requieren."21

 

Evidentemente los regidores no fueron en ningún momento elegidos por el pueblo de ahí que nunca defendiesen más intereses que los suyos propios y los de la élite local a la que ellos mismos pertenecían22. Los requisitos mínimos exigidos para ser designado regidor eran, a saber: ser vecino de la localidad en cuestión, tener más de 25 años, saber leer y escribir, y finalmente, poseer una fortuna suficiente como para garantizar que no se dedicaría a oficios serviles.

En cuanto a su número sabemos que en los municipios indianos varió enormemente fundamentalmente dependiendo de la población de cada villa o lugar. En la Recopilación de Leyes de Indias de 1680 se establecían 12 regidores para las ciudades principales y 6 para el resto de las localidades23. El cabildo de Santa Marta, dispuso al menos hasta 1530 de seis regidores al igual que otros municipios de su entorno24. Concretamente en un documento de primero de enero de 1531 firmaban seis regidores, a saber: Antonio Téllez de Guzmán -que además era tesorero real-, Luis de Mayorga, Diego de Cáceres, Antonio Ponce, Juan de Villalobos y Gómez de Carvajal25. Ya hemos dicho que poco después se incorporó a la institución el regidor Ydiáquez, sumando un total de siete las regidurías del cabildo. Pero, es más, desde principios de 1531 el astuto gobernador estaba queriendo ampliar el número de regidores, con la intención de restar poder a los ya existentes. Como era de esperar, los ediles mostraron su oposición, alegando que ciudades mucho mayores que Santa Marta, tan solo tenían entre dos y cuatro regidores para su gobierno. Sin embargo, el gobernador, justificándo su decisión en un supuesto descontento de los vecinos hacia los regidores, nombró provisionalmente a cuatro nuevos regidores: Lorenzo de Aldana, Juan Muñoz, Diego Trebiño y Álvaro de Torres, "hasta tanto que Su Majestad provea de número de regidores que viere que conviene a su real servicio"26.

Junto a los regidores formaba parte activa del cabildo de Santa Marta la justicia o el corregimiento. Las cuestiones relacionadas con la justicia son tratadas de forma muy somera en los capítulos VII y VIII. En el primero de esos apartados se alude a que en las reuniones de los capitulares estuviese siempre presente el teniente de gobernador o el alcalde mayor. En caso de ausencia de estos se requeriría la presencia de la justicia ordinaria. El hecho de que los alcaldes ordinarios no entrasen en el cabildo cuando estaba presente el alcalde mayor tiene amplios paralelismos en otras demarcaciones tanto peninsulares como americanas. Así, por ejemplo, de una forma muy similar, en una Real Cédula, fechada en el Pardo el 26 de noviembre de 1573 y dirigida a los oidores de la Audiencia de México, se afirmaba que donde hubiere Corregidor o gobernador no entrase en el cabildo la justicia ordinaria27. Sin embargo, ocasionalmente, estos alcaldes ordinarios podían llegar a asumir bastante poder. Esto ocurría, por ejemplo, en caso de ausencia o de fallecimiento del gobernador o del Alcalde Mayor, pues, en tales circunstancias asumían frecuentemente el máximo poder dentro de su demarcación28.

El capítulo VIII reserva para el Alcalde Mayor o el teniente de gobernador una ubicación relevante dentro de la sala de juntas, es decir, la cabecera. Se trata de algo usual en los cabildos de la época, pues, no debemos olvidar que el alcalde mayor era en municipios como Santa Marta el representante real. Probablemente, y como en tantas otras cuestiones, esta medida estaba inspirada directamente en el modelo sevillano, donde presidía el cabildo el alcalde mayor, como delegado del corregidor29.

Como ya hemos comentado, el panorama judicial local se completaba con la existencia de dos alcaldes ordinarios. La forma de elección era curiosa, cada regidor nombraba dos alcaldes ordinarios y luego se sumaban los votos y se proponía a las personas más votadas. En 1531 ocurrió que hubo un empate a votos entre varios candidatos y se propuso al gobernador la elección final de entre la terna presentada30. Una vez nombrados, juraban el oficio ante el cabildo, prometiendo usarlo "bien, fiel y diligentemente". La labor de los alcaldes ordinarios de Santa Marta era velar por el cumplimiento de la legalidad, teniendo poder para juzgar delitos poco graves en primera instancia, imponiendo las multas correspondientes.

Por tanto, la justicia en Santa Marta estaba formada por un Alcalde Mayor y dos alcaldes ordinarios que parecían suficientes para una ciudad que en 1531 disponía de tan solo 300 vecinos31. No obstante, huelga decir que la justicia de Santa Marta debió estar muy limitadas en su poder tanto por los regidores como sobre todo por el propio gobernador.

En el capítulo IV se alude al escribano que debía formar parte indispensable del cabildo, pues, como se dice textualmente, sin él no se podían "ayuntar". En el capítulo VI se reitera la necesidad de que estuviese presente el escribano y que asimismo

las sesiones sólo se pudiesen realizar en el lugar señalado para tal efecto. No obstante, las actas capitulares de 1531 que hemos podido consultar no aclaran si el cabildo de Santa Marta disponía o no de sede capitular. Suponemos que sí, aunque con frecuencia las reuniones se celebraban en casa del gobernador o del tesorero y regidor Téllez de Guzmán. Generalmente en el acta no se especifica más que "estaban ayuntados en cabildo". El 5 de marzo de 1531, en cambio, se afirmaba que estaban "ayuntados en cabildo en la casa de Antonio Téllez de Guzmán, regidor". Quince días después, el escribano dejó constancia de lo siguiente: "Después de lo suso dicho en la dicha ciudad a veinte días del mes de marzo del dicho año, estando el señor gobernador y los señores justicia y regidores de esta ciudad estando juntos en cabildo en casa del señor gobernador los cuales y lo que acordaron es lo siguiente..."32.

Como es bien sabido, el nombramiento de escribanos era una atribución regia desde la Edad Media, siendo en la Edad Moderna una verdadera regalía, pues se consideraba al Rey como el "dueño absoluto de los empleos"33. El escribano del cabildo era siempre el más prestigioso de todos los de la localidad, pues, al igual que en Castilla, era "en suma el escribano de número más destacado y de mayor prestigio en las ciudades"34. En este sentido era normal la promoción de escribano público a escribano de cabildo, o incluso, la promoción desde una escribanía de una pequeña localidad a otra de una ciudad más importante. La escribanía del cabildo era sin duda la mejor retribuída, contando con una paga fija y un tanto por ciento de las distintas escrituras que en función a su cargo asentaba en sus libros. En las localidades de mediano o gran tamaño solía haber al menos un escribano público y otro del concejo, no obstante, en otros núcleos de poco vecindario, como es el caso de Santa Marta en estos años, lo normal es que hubiese tan sólo uno que hacía las veces de escribano "del número" y "del cabildo". Su función era, como es obvio, levantar acta de todas las reuniones del cabildo así como custodiar el archivo en un arca que para tal efecto debía conservarse en la sede de la institución (cap. V).

Los capítulos IX y X están dedicados a la figura del procurador que presentaba dos puntos en común con el cargo de mayordomo: uno, era elegido anualmente, y dos, percibía remuneración por el empleo. Estaba previsto que para dicha votación se juntasen todos los vecinos en la Iglesia Mayor al son "de campana tañida", eligiendo de esta forma dos candidatos. De estos dos aspirantes el cabildo -los regidores y la justicia- debían elegir a uno de ellos para desempeñar el cargo por una anualidad35. El capítulo X incide en la necesidad de que hubiese una buena comunicación entre los vecinos y el procurador de forma que haga llegar sus quejas tanto a las altas instancias -el Consejo de Indias o el mismísimo Rey- como a la Audiencia de Santo Domingo, a cuya demarcación pertenecía todavía Santa Marta, o al cabildo de la localidad. En el ambiente capitular oligárquico que se generó en América el procurador era el único medio que tenía el pueblo para hacer llegar a las autoridades regias su voz.

Otro de los cargos que aparece reflejado en las ordenanzas es el de mayordomo (cap. XII y XIII). En el capítulo XII se menciona claramente que sería un puesto elegido anualmente por el cabildo. Su misión era doble: una, cobrar todos los ingresos de la ciudad, tanto rentas y propios como multas, imposiciones, pechos y derramas. Y otra, la de vigilar, en compañía de un regidor comisionado para ello, que las viviendas se construyesen respetando la traza urbana de la ciudad. En las ordenanzas se reconoce que la ciudad había sido trazada ordenadamente y que la misma institución debía velar por el mantenimiento de este ordenamiento urbanístico. A juzgar tanto por las ordenanzas como por algunas actas capitulares que se trasladan en el expediente, había un gran interés de las autoridades locales por el mantenimiento del ordenamiento urbano. Así, el 21 de marzo de 1531 el cabildo de Santa Marta, presidido en esta ocasión por el gobernador y su teniente, decidió que se eligiesen dos personas para revisar la traza urbana "y que (a) cada calle se le dejen veinticuatro pies en ancho según los tenía de antes y ninguna persona no pueda edificar sin que primero pida licencia al cabildo"36. Se trata de un dato muy interesante ya que nos confirma el ancho que debían observar las calles, en torno a los 6,680 metros. Por desgracia nada más se especifica de la organización urbanística, la plaza y las calles existentes37.

En cualquier caso llama sobremanera la atención observar en una fecha tan temprana, cuando algunas ciudades coloniales presentaban todavía un verdadero desastre urbanístico38, el gran interés de las autoridades samarias por la cuestión urbanística.

Otra de las obligaciones del mayordomo era tomar las cuentas al mayordomo saliente. Por desgracia las ordenanzas no concretan mucho más ya que se limitan a mencionar entre otras actividades la vigilancia de los puentes y "otras cosas". Probablemente con esto último se referían a una tarea común en los mayordomos cual era el cuidado de la limpieza de los solares que frecuentemente se convertían en pestilentes e insalubres muladares. Aunque tampoco se especifica, es muy probablemente que, al igual que ocurría en las demás ciudades y villas coloniales, el mayordomo gestionase asimismo toda la tesorería del cabildo, encargándose también de la elaboración del inventario anual de los bienes muebles e inmuebles39. Al final de su anualidad debía entregar el informe final y rendir cuentas ante los regidores y la justicia del cabildo samario.

Por lo demás, nada refieren las ordenanzas de otros oficios propios de los cabildos castellanos tales como los fieles ejecutores, los jurados, el almotacén, el portero, etcétera, con total seguridad porque no existieron en estos primeros años de vida del cabildo samario.

En cuanto al número de reuniones semanales del cabildo se establecieron tres, a saber: el lunes, el miércoles y el viernes (cap. XIV). Un punto medio entre los cinco días a la semana que se reunía el cabildo de Santo Domingo, y el único día que se ayuntaba por aquellas mismas fechas el cabildo de La Buenaventura, una pequeña villa de la Española40.

El cabildo samario estuvo formado inicialmente, pues, por unas 13 o 14 personas: el gobernador García de Lerma o su teniente Francisco de Arbolancha -a veces ambos-, un Alcalde Mayor, dos alcaldes ordinarios, seis regidores, un escribano, un mayordomo y un procurador. Poco después aumentó su número a 17 ó 18 con la incorporación de varias regidurías.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

ORDENANZAS DEL CABILDO DE SANTA MARTA, REDACTADAS POR GARCÍA DE LERMA, 20 DE MARZO DE 153141.

 

Yo García de Lerma en nombre de Su Majestad y por virtud de los poderes que para ello tengo ordeno y mando que de aquí adelante se tenga la orden siguiente:

Primeramente que ningún regidor entre en cabildo y ayuntamiento con armas y que en la casa donde se ayuntaren haya una imagen a que hagan oración para que Dios Nuestro Señor les encamine en regir lo que tienen a cargo como sea más su servicio.

Item que se hayan de asentar (sic) y sienten los regidores más antiguos proveídos por Su Majestad primero y sucesivamente según las provisiones tienen y es cargo que estos tales regidores (que) sean oficiales de Su Majestad hayan de preceder por razón de los oficios a los otros, aunque sean más antiguos, reservándoles como les reservo su derecho a salvo para que lo puedan pedir y suplicar a Su Majestad para que Su Majestad provea lo que más sea su servicio.

Item esta misma orden mando que se guarde y tenga en el votar.

Item ordeno y mando que los tales regidores no se puedan ayuntar ni ayunten sino en presencia del escribano que tuvieren diputado para el dicho cabildo y ayuntamiento.

Item que haya de haber y haya un arca en que estén las provisiones y privilegios y mercedes que Su Majestad hubiere hecho o hiciere a los vecinos y pobladores de ella y todas las otras escrituras tocantes a la dicha ciudad (que) hicieren y ordenanzas que la dicha ciudad tiene.

Item ordeno y mando que fuera de la casa que tuvieren diputada para hacer el dicho cabildo y ayuntamiento y que sin el dicho escribano no se junten ni hagan cabildos particulares en cosas que toquen a la república sino en la forma y manera arriba dicha.

Item ordeno y mando que no pueda hacer el dicho cabildo y ayuntamiento sin llamar al teniente de gobernador o alcalde mayor que es o fuere y, en caso que no pueda ser habido, no puedan hacer el dicho cabildo sin que esté justicia presente, la ordinaria.

Item ordeno y mando que el tal teniente o alcalde mayor se siente en cabecera y, sucesivamente, el alguacil mayor que es o fuere por Su Majestad y así, en defecto de estos, las otras justicias tengan aquel mismo lugar y precedan a todos los otros regidores.

Item ordeno y mando que para elegir el procurador de la ciudad sean juntados todos los vecinos a campana tañida en la iglesia mayor o iglesia donde fueren parroquianos, los cuales vecinos tengan libertad de nombrar y elegir dos personas que a ellos les pareciere ser de mejor conciencia y más celosos de Su Majestad y del bien de la república, las cuales así nombradas y elegidas pasen ante la justicia y regidores de esta dicha ciudad para que allí elijan y nombren el que a ellos les pareciere, del cual reciban el juramento y solemnidad que en tal acto se requiere.

Item que el dicho procurador así elegido y nombrado por esta orden sea obligado, cuando alguna cosa ordinaria hubiere en la ciudad o en el pueblo donde el tal procurador fuere, así para suplicar a Su Majestad y a los señores de su Consejo o a los señores presidente y oidores que residen en la ciudad de Santo Domingo, que éste tal lo haya de comunicar y comunique con todos los vecinos de esta ciudad o con la mayor parte de ellos que pudieren ser habidos y eligiendo los más sabios y más antiguos y experimentados en las cosas del servicio de Su Majestad y celosos del bien público y no de otra manera ninguna.

Item ordeno y mando que cada mes que sea un regidor diputado según lo han de uso y de costumbre por su rueda el cual haya de poner y ponga las cosas de comer y otras cosas que se venden por menudo y así puestas haya de ver y vea los pesos y medidas con que se venden si son juntas conforme a las que su Majestad en estas partes ha mandado poner y que el dicho diputado haya de ver y vea si han caído e incurrido los tales mercaderes y regatones en alguna pena o penas establecidas por la ciudad y confirmadas y aprobadas por el gobernador que es o fuere las cuales penas él no pueda ejecutar sino la justicia que está por Su Majestad y no el diputado, el cual dicho diputado haya de llevar y lleve los derechos y otras cosas que acostumbran llevar, con tanto que no exceda ni pase de lo que el señor presidente y oidores, que residen en la ciudad de Santo Domingo, enviaron a mandar sobre esto se hiciese a petición va añadido o dice (lo) siguiente: los mercaderes y tratantes que a esta tierra vienen que no vayan ni pasen contra el tenor y forma de la dicha provisión en cosa ninguna ni en parte de ella.

Item ordeno y mando que la justicia y regidores de esta ciudad hayan de elegir y elijan un mayordomo de esta ciudad cada un año el cual haya de mirar y mire y cobrar y cobre las rentas y propios que la dicha ciudad tuviere y las penas que los jueces echaren para las obras públicas y todo lo demás perteneciente a la dicha ciudad según y como los dichos justicias y regidores le dieren por instrucción y le hicieren cargo al principio del año y al fin de él, por él hayan de tomar y tomen cuenta.

Item ordeno y mando que el dicho mayordomo, con un regidor que haya diputado para ello, hayan de ver y vean las calles y solares que se edifican o edificaren y tienen edificado si están en las calles o toman de los otros vecinos o pasan de la traza que la dicha ciudad tiene hecha o si les toman o secuestran otro alguno de sus ejidos y términos. Y hayan de ver y vean los puentes y otras cosas necesarias para los dichos vecinos y moradores y pobladores y hayan de llamar y llamen, si necesario fuere, al procurador de la ciudad para que juntamente con ellos los hayan de ver y vean y hagan relación de ello a los dichos justicia(s) y regidores para que lo vean y remedien conforme a justicia y para el bien y (sic) público común de esta dicha ciudad.

Item ordeno y mando que los dichos justicias y regidores sean obligados de se juntar tres días de cada semana en la casa que estuviere señalada y diputada para hacer el dicho cabildo y ayuntamiento que es: lunes y miércoles y viernes, aunque no haya cosa de proveer, para que así juntos puedan proveer y acordar o dejar cuando no hubiere que.

Las cuales dichas ordenanzas y cada una de ellas mando que se guarden y cumplan según que en ellas y en cada una de ellas se contiene so pena de medio marco de buen oro al que lo contrario hiciere, la mitad para la cámara y fisco y la otra mitad para las obras públicas de esta ciudad. Fecha en la ciudad de Santa Marta a veinte días del mes de marzo de mil y quinientos y treinta y un años. García de Lerma.

(AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16).

1    La historiografía sobre los cabildos en Hispanoamérica es amplísima, sin embargo, no queremos dejar de mencionar tres obras clásicas que nos parecen claves para el estudio de esta institución. AVELLÁ VIVES, Joaquín: Los cabildos coloniales. Madrid, 1934. BAYLE, Constantino: Los cabildos seculares en la América Española. Madrid, 1952 y OTS CAPDEQUÍ, José María: El régimen municipal hispano-americano del período colonial. Valencia, 1937.

2    Citado en SUÑÉ BLANCO, Beatriz: La documentación del cabildo secular de Guatemala (S. XVI). Estudio diplomático y valor etnográfico. Sevilla, 1984, p. 44.

3    Por poner un ejemplo concreto, en una Real Cédula dirigida a la Audiencia de Santo Domingo se les especificó que el fiel executor de la ciudad de Santo Domingo procediera en todo "como el fiel executor de Sevilla". Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo, Madrid, 30 de abril de 1547. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, ff. 335v-336.

4    También las regidurías del concejo de Sevilla estaban monopolizadas en estas fechas por las familias Guzmán y Ponce de León que gobernaban de acuerdo con sus propios intereses. Citado en SUÑÉ BLANCO: Ob. Cit., p. 37.

5    Sobre las ordenanzas municipales de los cabildos hispánicos se han llevado a cabo en los últimos años numerosos estudios. Traer aquí ni tan siquiera la bibliografía más importante sería imposible, por ello, tan sólo citaremos un estudio interpretativo clave de LADERO QUESADA; Miguel Ángel: "Las ordenanzas locales en la Corona de Castilla como fuente histórica y tema de investigación (siglos XIII al XVIII), Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval, 1. Alicante, 1982, pp. 221-243.

6    AZNAR VALLEJO, Eduardo: La integración de las islas Canarias en la Corona de Castilla (1478-1526). Aspectos administrativos, sociales y económicos. Madrid, Secretariado de publicaciones de la Universidad de la Laguna, 1983, p. 48.

7    Por citar un ejemplo indiano, los regidores de la villa de San Germán en la isla de San Juan declararon que "cada un año hace el dicho cabildo las ordenanzas que les parece para el buen regimiento de la dicha villa". Real Cédula a los oficiales de la isla de San Juan, Valladolid, 17 de mayo de 1527. AGI, Indiferente General 421, L. 12, ff. 92-92v.

8    DOMÍNGUEZ COMPAÑY, Francisco: La vida en las pequeñas ciudades Hispanoamericanas de la conquista. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1978, pp. 119-182.

9    Sobre la gobernación de Santa Marta en las primeras décadas de la Colonización puede verse: GÓNGORA, Mario: Los grupos de conquistadores en Tierra Firme (1509-1530). Santiago, Universidad de Chile, 1962. Los descubrimientos de Rodrigo de Bastidas aparecen ampliamente descritos por FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia general y natural de las Indias. Madrid, Atlas, 1992, T. II, págs. 322 y ss y por LAS CASAS, fray Bartolomé de: Historia de las Indias. México, Fondo de Cultura Económica, 1951, T. II, pág. 208 y ss.

10    MIRANDA VÁZQUEZ, Trinidad: La gobernación de Santa Marta (1570-1670). Sevilla, E.E.H.A., 1976, pág. 141.

11    La capitulación se encuentra en el AGI, Contratación 5787, fols. 31-33. Fue publicada por FRIEDE, Juan: Documentos inéditos para la Historia de Colombia, T. I. Bogotá, 1955. Citado en MARTÍN ACOSTA, Emelina: "García de Lerma en la inicial penetración del capitalismo mercantil en América", Congreso de Historia del Descubrimiento, T. II. Madrid, 1992, pág. 447. Este último trabajo constituye una muy buena biografía sobre García de Lerma.

12    Capitulación otorgada a los alemanes Enrique Ehinguer y Jerónimo Sailer, Madrid, 27 de marzo de 1528. VAS MINGO, Milagros del: Las capitulaciones de Indias en el siglo XVI. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1986, págs. 251-256,

13    Véase la obra de BORREGO PLA, María del Carmen: Cartagena de Indias en el siglo XVI. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1983, págs. 29-32.

14    No obstante, estas incursiones de los gobernadores de Santa Marta en Cartagena se prolongaron al menos hasta mediados del siglo XVI. GÓMEZ PÉREZ, María del Carmen: Pedro de Heredia y Cartagena de Indias. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1984, págs. 106-110.

15    BORREGO PLA: Ob. Cit., pág. 107-108.

16    GÓMEZ PÉREZ: Ob. Cit., Pág. 209. BORREGO PLA: Ob. Cit., págs. 32-33.

17    En las mismas ordenanzas se dice que presidiría el cabildo el teniente de gobernador o el alcalde mayor. Lerma se encargó de usar esta prerrogativa que él mismo se había atribuído y cuidó que siempre presidiera las reuniones su teniente de gobernador, o a veces incluso él personalmente.

18    Ver el apéndice documental.

19    IBÍDEM.

20    Expediente sobre el gobernador García de Lerma, 1531. AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16, s/f.

21    IBÍDEM.

22    Lohman Villena ha dicho en este sentido: "Si los regidores hubiesen sido efectivamente designados por el común, es claro que ostentarían la representación del sector popular, pero al no emanar su investidura de esa delegación de poderes, es también evidente que no eran personeros de la masa y, por tanto, desaparece toda vislumbre de participación del pueblo por este conducto en las tareas y funciones de interés colectivo". LOHMAN VILLENA, Guillermo: "Los regidores del cabildo de Lima desde 1535 hasta 1635", en Estudios sobre la ciudad Iberoamericana. Madrid, C.S.I.C., 1975, p. 164.

23    Recopilación de las Leyes de Indias. Madrid, 1680, Lib. IV, Tit. IX, Ley 2.

24    Los cabildos de otros núcleos cercanos en el espacio, como Panamá o Nata, también disponían por aquellas fechas de 6 regidores respectivamente. MENA GARCÍA: Ob. Cit., pág. 260.

25    Expediente sobre García de Lerma. AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16.

26    IBÍDEM.

27    ENCINAS, Diego de: Cedulario indiano, L. III. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1946, pág. 29.

28    Por ejemplo el 8 de diciembre de 1560 se dispuso que en la provincia de Venezuela, cuando falleciera el gobernador, asumieran interinamente el poder los alcaldes ordinarios "cada uno en su jurisdicción". ENCINAS, Ob. Cit., T. III, págs. 29-30.

29    El cabildo de Málaga, según sus ordenanzas de 1489, era presidido por el alcalde mayor, siguiendo las directrices del cabildo sevillano. RUIZ POVEDANO, José María: El primer gobierno municipal de Málaga (1489-1495). Granada, Universidad de Granada, 1991, pág. 86.

30    Los alcaldes designados en este año fueron un tal Juan de Cueto y Juan de Berrío. Expediente sobre García de Lerma. AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16. Pese al poder excepcional de García de Lerma lo cierto es que desde 1530 encontramos todo un rosario de Reales Cédulas, pidiendo que la elección de alcaldes fuese competencia exclusiva de los cabildos. Real Cédula a la Audiencia de México, Madrid, 9 de abril de 1530. Real Cédula a la Audiencia de Panamá, Madrid, 15 de abril de 1540. Real Cédula a la Audiencia de Santo Domingo, Lisboa, 16 de septiembre de 1582. ENCINAS: Ob. Cit., T. III, págs. 39-40.

31    Así lo afirman algunos testigos presentados en el mencionado expediente sobre el gobernador García de Lerma. AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16.

32    Expediente sobre el gobernador García de Lerma. AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16, s/f.

33    CORRAL GARCIA, Esteban: El escribano de concejo en la Corona de Castilla (Siglos XI al XVII). Burgos, Excmo. Ayuntamiento de Burgos, 1987, pág. 12.

34    IBIDEM, pág. 66.

35    En ocasiones los regidores violaron esta norma eligiendo por su cuenta al procurador, en medio de las protestas de los vecinos. En un interrogatorio contra los regidores del cabildo de Santa Marta, fechado en 1531, uno de los testigos declaró a la pregunta cuarta: "que sabe que los dichos alcaldes y regidores eligieron por procurador al dicho Juan Calcinas y que este testigo nunca vio llamar a ningún vecino de esta ciudad para lo elegir, antes al tiempo que lo eligieron este testigo estaba en la iglesia mayor de esta ciudad a donde estaban haciendo el dicho cabildo y a este testigo y a otras personas les dijeron que se saliesen fuera de la dicha iglesia y así lo hicieron y esto es lo que sabe de esta pregunta". A.G.S., Diversos de Castilla 45, N. 16.

36    Acta del cabildo de Santa Marta del 21 de marzo de 1531. AGS, Diversos de Castilla 45, N. 16.

37    Sabemos por un mapa de la segunda mitad del siglo XVI, conservado en el Archivo General de Indias, que la ciudad se disponía en torno a una plaza, situándose la iglesia mayor en la parte oeste y dos pequeñós nucleos de casas separados entre si. MIRANDA VÁZQUEZ: Ob. Cit., pág. 4.

38    Algunos casos de urbanismo espontáneo en los inicios de la colonización en el área antillana pueden verse en mi trabajo: "Santa Fe y el urbanismo en Indias en los primeros tiempos de la colonización", en Ciudad y vida urbana en la época colonial. Quito, Universidad Central del Ecuador, 1999, págs. 43-52. También en el caso de la ciudad de Panamá se afirma que sus orígenes urbanos fueron muy modestos. En 1529 la describía Fernández de Oviedo como una localidad "estrecha y larga, hasta cuyas casas por el mediodía llegaba la marea en su flujo... Por el norte, tenía la población la vecindad de unas ciénagas y pantanos que eran la causa de su insalubridad". Citado en MENA GARCÍA, María del Carmen: La ciudad en un cruce de caminos (Panamá y sus orígenes urbanos). Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1992, pág. 80.

39    Juicio de residencia a las justicias de la isla Española, 1544. AGI, Justicia 62.

40    Juicio de residencia a las justicias de Santo Domingo, 1544. Declaración del testigo Juan Ruiz a la pregunta Nº 3 de la pesquisa secreta. AGI, Justicia 62.

41    Para la transcripción del texto hemos optado por la actualización de las grafías. Tan solo hemos mantenido las grafías antiguas en aquellos casos en los que no hemos encontrado la voz actual.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

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                                                                                                                                                                                                                                          Esteban Mira Caballos

 

En el presente artículo vamos a tratar sobre los orígenes medievales de esta villa de la raya luso-española1. Hasta la fecha era muy poco lo que sabíamos sobre la fundación y evolución de esta villa a lo largo de la Baja Edad Media. En páginas trataremos de aclarar algunos aspectos relacionados con el origen y el devenir de esta villa, fundamentándonos en documentación localizada en el Archivo General de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional.

 

 

1.-DE CASTILLO A VILLA

No sabemos la fecha exacta en la que se fundó la entonces conocida como Villanueva de Bancarrota. Probablemente, no hubo un año de fundación sino que nació a lo largo de varias décadas, una vez reconquistados los territorios del poder musulmán, cuando un grupo de vecinos se fue asentando en torno a un modesto recinto fortificado conocido, al parecer, como castillo de Albarcarrota.

En nuestra opinión la razón de ser de esta villa no era otra que la de servir de baluarte defensivo en la raya fronteriza entre los reinos de Portugal y Castilla2. En el área portuguesa de Elvas, Alandroal y Juromenha Castilla dispuso de cuatro villas fortificadas, a saber: Badajoz, Barcarrota, Alconchel e Higuera de Vargas, así como de dos aldeas, Cheles y Valverde (Sánchez 1998: 57). La seguridad en la frontera dependía, pues, del mantenimiento de estos recintos defensivos y de su poblamiento. Por tanto, parece claro que primero debió realizarse la construcción del castillo y, posteriormente, el poblamiento de ese entorno. El fortín inicial debió constituir un polo de atracción en torno al cual se fundó este asentamiento.

Así, pues, a lo largo del siglo XIII debieron ir asentándose algunos colonos, con el apoyo y el fomento de las autoridades badajocenses, constituyendo en su origen un lugar o una aldea. Esta condición de aldea de Badajoz aparecía reflejada ya en un documento fechado en 1297 (Solano 1929: 173).

Y durante los primeros siglos de existencia alternó su condición de tierra de realengo con la de señorío y la de su pertenencia a la Orden Militar de Alcántara, tras sucesivas compras y ventas que finalizaron con su adquisición definitiva por los Portocarrero, en 1539.

Así, pues, sabemos que tras ser poblada inicialmente oir templarios se integró entre los territorios de realengo desde 1278. Sin embargo, tan solo durante 66 años fue territorio de realengo, pues, en 1344 Alfonso XI vendió la citada villa a Juan Alfonso de Alburquerque, sin embargo, Badajoz la volvió a recuperar tras el abono de la modesta suma de doscientos mil maravedís.

En 1369 de nuevo deja de ser territorio de realengo para convertirse en territorios señoriales, tras concederla Enrique II, en 1369, a Fernán Sánchez de Badajoz, familia que la retuvo hasta 1444. De hecho en 1445, el Rey la volvió a enajenar, vendiéndola a don Juan Pacheco, Marqués de Villena3.

Sin embargo, poco duró esta posesión pues en 1461 el Marqués de Villena la cambió junto a Salvatierra por Morón, Cote y el Arahal.

Desde 1461 hasta 1479, es decir, durante 18 años, el territorio pasó a manos de la Orden alcantarina que de nuevo lo perdió a favor de Hernán Gómez de Solís.

 

2.-EL EFÍMERO SEÑORÍO DE HERNÁN GÓMEZ DE SOLÍS (1479-1499)

No debió permanecer muchos años la villa en manos de la Orden alcantarina, pues, los Reyes Católicos por una Real Provisión, fechada en Cáceres, el 6 de abril de 1479 la concedió, junto a Salvatierra, a Hernán Gómez de Solís4. Sabemos que que este insigne personaje del partido isabelino estaba desposado con una noble castellana llamada Beatriz Manuel, con quien tuvo tres hijos, a saber: el heredero del mayorazgo, Pedro de Solís, Señor de Salvatierra, Gómez Hernández de Solís e Isabel de Solís5

Como es bien sabido, Hernán Gómez de Solís había luchado a favor de la reina Isabel en las Guerras de Portugal, con gran lealtad y jugándose su propia vida en distintas ocasiones. Precisamente el motivo de la concesión del señorío de las villas de Salvatierra y Barcarrota queda perfectamente especificado en la citada Real Provisión:

 

“…Acatado y considerado a los muchos y buenos aliados y señalados servicios que vos Hernán Gómez de Solís, mi vasallo y del nuestro Consejo, nos habéis hecho y hacéis de cada día especialmente porque con toda lealtad y fidelidad nos habéis servido y servís en la guerra que nos habemos tenido y tenemos con el nuestro adversario de Portugal6.

 

Concretamente, según se especifica en el documento, se le concedió a él y a sus herederos el señorío de las villas de Villanueva de Bancarrota y Salvatierra “con sus vasallos y castillos y fortalezas”7. Y junto a las villas se le concedía asimismo el título de Vizconde de Salvatierra.

Sin embargo, la concesión de las villas no era exactamente gratuita sino que entre la Corona y Hernán Gómez debían pagar a la Orden de Alcántara el equivalente de su valor en rentas. Por ello, aunque tomó posesión de las villas lo cierto es que al final hubo desavenencias al parecer por impago de las equivalencias del valor de las villas en rentas. En este sentido se decía en la documentación:

 

El Rey y la Reina, por cuanto por algunos buenos servicios que vos Hernán Gómez de Solís nos hicisteis al tiempo que tuvimos guerra con el Rey de Portugal vos hubimos prometido y asegurado que pintaríamos de haber y habríamos del maestre y capítulo de la Orden de Alcántara por título de trueque y permutación las villas de Villanueva de Barcarrota y Salvatierra que son de la dicha Orden dando por ellas a la dicha Orden justa equivalencia y que así, habidas las dichas villas de la dicha Orden por vos hacíamos merced de ellas de juro de heredad para siempre jamás después de lo cual por que no se pudo hacer lo susodicho así porque la Orden no vino en ello como porque vos no nos pudisteis dar la equivalencia de ambas las dichas villas…”.

 

Es obvio, a juzgar por la documentación que hemos podido manejar, que Hernán Gómez de Solís llegó a tomar posesión de las citadas villas. Incluso, sabemos que, en los pocos años que las poseyó gastó en reconstruir la fortaleza de Barcarrota más de 750.000 maravedís8. Sin embargo, debió haber desavenencias, primero “porque la Orden no vino en ello” –según se cita en la documentación-, y segundo, porque la Corona no abonó los 250.000 maravedís de renta anual en la que se estipuló “la equivalencia de ambas las dichas villas”. Concretamente 130.000 se debían situar en las alcabalas de la localidad de Trujillo y los otros 120.000 en las rentas de Cáceres. Y con la excusa de que la carta de concesión no llevaba el sello Real no la quisieron hacer efectiva los contadores del Reino.

Sea como fuere, lo cierto es que finalmente se decidió devolver a la Orden la villa de Villanueva de Barcarrota, reivindicada especialmente por la Orden, y conservar en poder de Gómez de Solís la de Salvatierra, eso sí, pagando una cantidad equivalente a su valor. Por ello, después de pedir licencia a la Orden de Alcántara, en el Capítulo reunido en Alcalá de Henares el 14 de enero de 14989 y obtener las correspondientes bulas papales10, se alcanzó un segundo acuerdo.

Tras hacer las pertinentes indagaciones se averiguó que la villa de Salvatierra tenía 382 vecinos, incluyendo 13 mujeres viudas, 21 vecinos hidalgos, y diez clérigos, cuyas rentas anuales se acercaban a los 3,5 millones de maravedís11.

A cambio de conservar la citada villa en señorío debía abonar a la Orden de Alcántara rentas por valor de 37.290 maravedís. De ellos 19.700 se situarían en la dehesa del Bercial y el Novillero, cerca de Badajoz, y los otros 17.590 maravedís situados en la villa de Villanueva de Barcarrota “en las rentas donde la dicha Orden los pidiere”12.

De esta forma finalizaba definitivamente el señorío de Hernán Gómez de Solís sobre la villa de Barcarrota. Ésta se devolvería a la jurisdicción de la Orden de Alcántara mientras que Hernán Gómez Solís, y posteriormente su heredero Pedro de Solís, conservarían la de Salvatierra.

 

3.-DE NUEVO TERRITORIO ALCANTARINO (1499-1539)

Y, después de estar algunos años en manos de don Hernán Gómez de Solís, la localidad permaneció en poder de la citada Orden de Caballería. Al parecer la Orden mostró un interés especial por recuperar para sus territorios la villa de Barcarrota. Y ello muy a pesar de que su volumen poblacional debía ser muy similar al de la vecina villa de Salvaleón.

Según el padrón de 1538, elaborado antes de su venta a los Portocarrero, la entonces Villanueva de Barcarrota contaba con 441 vecinos, 54 hidalgos y 387 pecheros, superando ampliamente los 1.200 habitantes13. Por su parte Salvaleón, a principios del siglo XVI se estimaba que Salvaleón tenía unos 382 vecinos, de los cuales 284 eran pecheros14.

Sin embargo, tampoco permaneció mucho tiempo Barcarrota en manos de la Orden de Alcántara, pues, unos cuarenta años después, concretamente el catorce de mayo de 1539 se procedió a su venta a don Juan Portocarrero, VII Señor de Villanueva del Fresno -y luego I Marqués de esta villa-, señor de Moguer, Comendador de Estepa y Segura de la Sierra y Alcalde Mayor de Sevilla (Barreto 1991: 37-47).

 

 

4.-EL SEÑORÍO DE LOS PORTOCARRERO

Efectivamente, en ese año de 1539 don Juan Portocarrero compró Villanueva de Barcarrota por una cuantía de 31.722.300 maravedís y medio, es decir, unos 84.552 ducados, que obtuvo entre otras cosas de la venta del cortijo de Alijar y de parte de la dehesa de Layna.

Pocos años después, en 1544, a través de su testamento agregó la villa de Villanueva de Barcarrota al mayorazgo familiar. Dado el interés del texto para la historia de Barcarrota lo reproducimos a continuación:

 

"Item, mando que mi mayorazgo antiguo de Moguer y de Villanueva del Fresno y Villanueva de Barcarrota con lo demás al dicho mayorazgo perteneciente lo haya y herede don Pedro Portocarrero, mi hijo primogénito, a quien pertenece el dicho mayorazgo para que lo tenga y goce por la forma y manera que en la institución de él se contiene; y mando y es mi voluntad que entre y esté metido e incorporado en el dicho mayorazgo la dicha villa de Villanueva de Barcarrota, con su jurisdicción alta y baja, mero mixto imperio, rentas, vasallos fortalezas y otras cosas que le pertenecen o pertenecer pueden en cualquier manera de hecho o de derecho según como yo lo hube de Su Majestad, pues que se compró con la ayuda que se hizo de los maravedís porque se vendió el dicho cortijo de Alijar y la dehesa de Layna que era de dicho mi mayorazgo y la ayuda que el dicho don Pedro hizo con los dichos dos cuentos de maravedís; y es justo que lo uno y lo otro esté todo junto porque esta casa vaya en crecimiento y aun también porque la villa de Barcarrota no se pueda buenamente dividir; y por tanto, usando de la facultad que tengo para ello de Su Majestad por vía de mejora de tercio y por otro que haya lugar de derecho, desde ahora meto e incorporo la dicha villa de Villanueva de Barcarrota en el dicho mi mayorazgo en que el dicho don Pedro mi hijo ha de suceder después de mis días...15.

 

Desde entonces el mayorazgo estuvo vinculado durante mucho tiempo a los Portocarrero, marqueses de Villanueva del Fresno. En el siglo XVIII, después de un largo pleito por la herencia del mayorazgo recayó finalmente en la Condesa de Montijo, quienes detentaron desde ese momento el título de señores de Barcarrota. Los Portocarrero, desde la compra de esta localidad tuvieron el título de señores de Barcarrota y Marqueses de Villanueva del Fresno. Sin embargo, habida cuenta de la mayor importancia poblacional de Barcarrota no pocos Portocarreros se intitularon -sin serlo- como Marqueses de Barcarrota. Es bien conocido el caso de don Alonso Portocarrero, V Marqués de Villanueva del Fresno y que, sin embargo, se intitulaba, firmaba y se le conocía como el Marqués de Barcarrota (Barreto 1991: 64). Pero no fue el único porque don Lope de Barradas Portocarrero, Marqués de Cortes de Graena y de Villanueva del Fresno, es denominado en ocasiones como el Marqués de Barcarrota16. Y los demás señores de Barcarrota se solían intitular oficialmente como Marqueses de Villanueva del Fresno y de Barcarrota, que es la expresión más repetida entre los distintos señores de Barcarrota. Y no en vano, Ortiz de Zúñiga en sus famosos "Anales de Sevilla" al referirse a la familia de los Portocarreros afirma muy significativamente lo siguiente:

 

"Los Marqueses de Valcarrota, señores de Moguer, son antiquísimos vecinos de esta ciudad, donde tuvieron alcaldía mayor (pasada por empeño a otro dominio): su casa bien suntuosa a la parroquia de San Bartolomé" (Ortiz de Zúñiga 1796: III, 299).

 

 

 

5.-LA EVOLUCIÓN TOPONÍMICA: DE VILLANUEVA DE BARCARROTA A BARCARROTA

Y finalmente, dentro de este epígrafe sobre el origen de Barcarrota, no podemos dejar de tratar una cuestión ciertamente controvertida como es el nombre de la localidad y su evolución a través del tiempo.

Como ya hemos dicho, todos los historiadores que han tratado la cuestión son unánimes al decir que la denominación original fue el de Villanueva de Albarcarrota. Y existe un documento al respecto sumamente clarificador, es decir, la Real Provisión, fechada el 17 de enero de 1369, por la que Enrique II concedía la villa a Fernán Sánchez de Badajoz:

 

"Nos el Rey, por hacer bien y merced a vos Fernando Sánchez de Badajoz, nuestro vasallo y nuestro alcalde mayor de la ciudad de Badajoz, por los muchos y buenos servicios que nos habéis hecho y hacéis de cada día damos a vos por donación por juro de heredad y para siempre jamás el lugar de Villanueva de Albarcarrota con su castillo y con todas las rentas y pechos y derechos del dicho lugar..." (Citado en Domínguez Bou 1987: 657).

Por su parte, Solano de Figueroa, aludiendo a un documento histórico, cita la villa con el nombre de Villanueva de Abarca Rota (Solano de Figueroa 1929: 175). Y parece lógico que el nombre proceda de abarca que es la etimología más probable de esa palabra. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua una "albarca" o "abarca" es un calzado de cuero crudo que cubre solo la planta de los pies y que se sujeta con cuerdas sobre el empeine y el tobillo. Y en este sentido, la tradición barcarroteña se ha adaptado desde tiempo inmemorial a esta acepción, afirmando que el origen se remonta a la aparición de la Virgen a un pastor que cosía una albarca, allá en el siglo XIV. Por tanto, una cosa puede estar clara el topónimo Barcarrota procede casi con seguridad de Albarcarrota, que a su vez deriva de albarca. La evolución desde Albarcarrota a Barcarrota debió ocurrir en menos de un siglo, pues en la crónica de Juan II de 1445 se citaba ya como Barcarrota, reiterándose en 1485 y desde entonces seguirá así hasta nuestros días.

Mucho más compleja es la cuestión del apelativo Villanueva. Obviamente, este sobrenombre de Villanueva no podía responder al capricho ni a la casualidad. Si había una Villanueva de Albarcarrota o de Barcarrota es que debió haber una Albarcarrota o Barcarrota. Por ejemplo, en el vecino pueblo de Villanueva del Fresno, el erudito local Carlos Barreto señala la existencia en Zamora de una pequeña localidad llamada "el Fresno". A partir de ahí cobra fuerza la posibilidad que los repobladores del norte llamaran a la localidad Villanueva del Fresno. En el caso de Barcarrota no hemos averiguado la existencia de ningún pueblo al norte de Extremadura que utilice el topónimo de Albarcarrota o Barcarrota. Sí existe en Cataluña, en la sierra de Montsant, una pequeñísima villa, perteneciente históricamente a Cornudella de Montsant, denominada Albarca.

En cualquier caso, creemos que, bien, existió al norte un topónimo así, o bien, la primitiva aldea de Albarcarrota fue destruida o abandonada en un lado del castillo volviéndose a fundar poco después, en otro solar cercano, con el nombre de Villanueva de Barcarrota. Son hipótesis que lanzamos y que, obviamente, esperamos que en el futuro puedan cotejarse o discutirse por los historiadores locales hasta lograr un resultado satisfactorio.

El momento en el que aparece el apelativo Villanueva está bien documentado en el caso de Barcarrota desde prácticamente su fundación como aldea o lugar de Badajoz. Mucho más difícil es saber cuándo pasó a llamarse Barcarrota a secas y por qué. Nosotros hemos realizado un rastreo entre la documentación notarial y podemos decir que no es cierto lo que se ha dicho de que tomó el nombre de Barcarrota tras ser reconstruida después de 1644 (Rodríguez Hermosell 1998: 17). El resultado de nuestras investigaciones ha sido otro bien distinto. Hasta mediados del siglo XVII se utilizaba comúnmente el nombre de Villanueva de Barcarrota. En la segunda mitad del siglo XVII y primeros años del siglo XVIII se produce una curiosa alternancia y convivencia de los topónimos Villanueva de Barcarrota y Barcarrota para generalizarse finalmente este último. Efectivamente en 1668, en una relación de servicios del sargento mayor Miguel Fernández de Rivero se cita como gobernador de la villa y Castillo de Barcarrota17. Posteriormente y hasta principios del siglo XVIII hay una alternancia en la utilización de ambos nombres. En los protocolos de 1675 y 1676 alternan al azar escrituras con uno y otro topónimo. En 1678 y hasta 1680 todas las escrituras utilizan el Barcarrota a secas. Sin embargo, a lo largo de las décadas de los ochenta y de los noventa de nuevo vuelven a combinarse ambos, incluso utilizándose al alimón en una misma escritura. Nuevamente, en el libro de protocolos de 1700 prácticamente todas las escrituras se datan en Villanueva de Barcarrota, sin embargo, en los años sucesivos se generalizará con carácter definitivo el topónimo de Barcarrota a secas. Y hasta tal punto fue así que en el Interrogatorio de la Real Audiencia de 1791 se veía ya el topónimo de Villanueva de Barcarrota como algo vetusto y propio de los libros antiguos. Concretamente decían:

 

"En los libros antiguos de las parroquias y en sinodales del obispado se llama esta villa Villanueva de Barcarrota, y ya suena solo con el nombre de Barcarrota".

 

En nuestra opinión, desde su fundación hasta mediados del siglo XVII, el topónimo habitual fue el de Villanueva de Barcarrota, durante la segunda mitad del siglo XVII y los primeros años del siglo XVIII alternaron, durante un período más o menos de cincuenta a sesenta años. Y finalmente, desde principios de la centuria decimoctava, se eliminó definitivamente el sobrenombre de Villanueva.

Sin embargo, ¿el cambio de nombre respondió a alguna disposición oficial? pensamos que no. Fue mucho más sencillo, y se debió a una cuestión meramente funcional. A los escribanos les debía resultar excesivamente pesado y largo escribir reiteradamente "en la villa de Villanueva de Barcarrota", y tendieron por simple racionalidad a abreviar el largo nombre. Por ello, creemos que el cambio de nombre no se debió a una decisión legal sino que más bien respondió a la tendencia innata y por otro lado racional de los escribanos y quizás también de los ciudadanos a abreviar. Y fue así de sencillo, los escribanos públicos terminaron por adoptar el nombre de Barcarrota, topónimo que además no ofrecía posibilidad de equivoco con el de otras localidades o lugares.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

-BARRETO HERNÁNDEZ, Carlos e Hilario LÓPEZ MONROY: Los señores de Villanueva del Fresno (1332-1703). Villanueva del Fresno, 1991.

 

-DOMÍNGUEZ BOU, Manuel: "Aportación de Barcarrota a la Conquista de América", Hernán Cortés y su Tiempo, T. II. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1987, (págs. 655-670)

 

-GÓMEZ GALISTEO, Genaro: "Barcarrota: una villa de Extremadura en el siglo XIX", Revista de Estudios Extremeños. Badajoz, 1988.

 

-MIRA CABALLOS, Esteban: "Nuevos aportes a la historia de la demografía extremeña: el censo de Barcarrota de 1538", Revista de Estudios Extremeños, T. L, N. III. Badajoz, 1994, págs. 579-598.

 

--------Barcarrota y América: flujo y reflujo en una tierra de frontera. Badajoz, Junta de Extremadura, 2003.

 

-ORTIZ DE ZÚÑIGA, Diego: Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, T. III. Madrid, Imprenta Real, 1796.

 

-PINO GARCÍA, José Luis del: Extremadura en las luchas políticas del siglo XV. Badajoz, Diputación Provincial, 1992.

 

-RODRÍGUEZ HERMOSELL, José Ignacio: Breve Historia de Barcarrota. Barcarrota, Colección Altozano, 1998.

 

-SOLANO DE FIGUEROA Y ALTAMIRANO, Juan: Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz, T. I. Badajoz, 1929.

 

-TORRES Y TAPIA, F.: Crónica de la Orden de Alcántara, T. II. Madrid, 1763.

 

 

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

 

APÉNDICE I:

 

Real Provisión por la que se hace merced a don Hernán Gómez de Solís de las villas de Villanueva de Barcarrota y Salvatierra

 

Este es traslado bien y fielmente sacado de una escritura original del Rey y de la Reina, nuestros señores escrito en papel y firmada de sus reales nombres y refrendada de Gaspar de Gricio su secretario y señalada con su firma original en las espaldas su tenor de la cual es este que se sigue: don Fernando y doña Isabel por la gracia de Dios Rey y Reina de Castilla, de León, de Aragón…, por cuanto pertenece a los reyes y príncipes honrar y sublimar a sus súbditos y naturales heredándolos en sus tierras y haciéndoles otras gracias y mercedes especiales como aquellos que lo bien muestran lo cual haciéndose así es cosa de muy bueno y loable ejemplo y conforme a toda razón y es justa y ordenada armonía de los reinos y tierras donde lo tal se hace y puesto se da esfuerzo a los que las tales mercedes reciben para con todo ánimo y voluntad continuar el servicio de los reyes y poner por ellos sus personas y haciendas y todo a riesgo y peligro y a otros en ejemplo para se disponer a los servir lo cual todo por acatado y considerado a los muchos y buenos aliados y señalados servicios que vos Hernán Gómez de Solís, mi vasallo y del nuestro Consejo nos habéis hecho y hacéis de cada día especialmente porque con toda lealtad y fidelidad nos habéis servido y servís en la guerra que nos habemos tenido y tenemos con el nuestro adversario de Portugal y en el dicho nuestro servicio habéis puesto muchas veces vuestra persona y todo a riesgo y peligro y en ello habéis hecho muy grandes gastos y habéis recibido otros daños y porque de vos y de los dichos vuestros servidores que de perpetua memoria por la presente vos hacemos merced, gracia y donación pura y propia y no revocable que es dicha entregamos para vos y para vuestros herederos y sucesores después de vos y para aquel o aquellos que de nos o de ellos hubiere causa de la villa de Villanueva de Barcarrota y de la villa de Salvatierra que son en el obispado de Badajoz y solían ser de la Orden de Alcántara para que de aquí adelante las dichas villas y cada una de ellas con sus vasallos y castillos y fortalezas sean vuestros para vos y para los vuestros herederos y sucesores después de ellos y para aquello o aquellos que de voz o de ellos hubieren causa con todas sus tierras y términos y contornos y con la justicia y jurisdicción alta y baja civil y criminal mixto imperio de ellas con sus prados de pastos y montes y ejidos y pastos arboledas y aguas… mandamos a los concejos, alcaldes, alguaciles, regidores, caballeros, escuderos , oficiales, y hombres buenos de las dichas villas de Villanueva y Salvatierra y a cada uno de ellos que luego como –por vuestra parte fuereis requeridos y sin otra lucha ni tardanza ni excusa alguna y sin sobre ello nos requerir ni consultar ni esperar otra nuestra carta, mandamiento ni segunda ni tercera juicio vos hayan y reciban por señor de las dichas villas y de cada una de ellas y de todo lo en ella anexo y perteneciente según dicho es y vos reciban y hagan aquella obediencia y reverencia que vasallos son obligados de hacer a su señor a vos y a vuestros herederos y sucesores después de vos y cumplan vuestras cartas y mandamientos como de su señor y vos rindan y hagan rendir con las rentas y pechos y derechos … y porque de nos y de los dichos vuestros servicios quede y permanezca perpetua memoria por la presente vos hacemos y criamos Vizconde de la dicha villa de Salvatierra y queremos y mandamos y es nuestra merced y voluntad que vos podáis llamar e intitular y llaméis e intituléis vos y los que vuestra casa y mayorazgo heredare don y Vizconde de la dicha villa y hayáis y gocéis y vos sean guardadas las ceremonias y prerrogativas, preeminencias, dignidades, exenciones e inmunidades y las otras osas y cada una de ellas de que debéis haber y gozar por razón del dicho título bien y cumplidamente según y por la forma y manera que han y gozan y deben haber y gozar los otros vizcondes de nuestros reinos… Y los unos ni los otros no hagáis ni hagan ende al por alguna manera so pena de la nuestra merced y de privación de los oficios y de confiscación de los bienes de lo que lo contrario hicieren para la nuestra cámara y demás mandamos al hombre que vos esta nuestra carta mostrare que vos emplace que parezcáis ante nos en la nuestra corte do quiera que seamos del día y vos emplazaré en quince días primeros siguientes so la dicha pena so la cual mandamos a cualquier escribano público que para esto fuere llamado que de ende al que la mostrare testimonio signado con su signo porque nos sepamos como se cumple nuestro mandado. Dada en la villa de Cáceres a seis días de abril año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil cuatrocientos y setenta nueve años, yo el Rey y yo la Reina, yo Gaspar de Gricio, Secretario del Rey y de la Reina nuestros señores, la hice escribir por su mandado”.

(AGS, Casas y Sitios Reales 10, fol. 369).

 

APÉNDICE II

 

Real Cédula notificando el trueque de la villa de Villanueva del Fresno con la Orden de Alcántara.

 

En los libros de las mercedes de juro de heredad de mi tiempo de los Católicos rey don Fernando y reina doña Isabel de gloriosa memoria que santa gloria haya que tienen los contadores mayores de la Reina y Rey nuestros señores está un traslado de un mandamiento de privilegio en el cual está por una cedula hecha extenso:

Nos el Rey y la Reina a vos nuestros contadores mayores bien sabéis como nos por un nuestro albalá fue dada de nuestros nombres hecho a nueve días del mes de abril del año pasado de mil y cuatrocientos y setenta y nueve años hubimos hecho merced al maestre y convento de la Orden de Alcántara de doscientos y cincuenta mil maravedís de juro de heredad por que ellos habían de trocar y permutar con nos los sus vecinos de Villanueva de Barcarrota y Salvatierra con sus jurisdicciones y rentas, pechos y derechos a la dicha Orden pertenecientes en ellas para que no nos hicimos merced de las dichas sus villas con su jurisdicción y rentas a Hernán Gómez de Solís en enmienda de los muchos servicios que nos ha hecho las cuales dichas doscientas y cincuenta mil maravedís les fuesen situados por nuestra carta de privilegio en las alcabalas a nos pertenecientes en la ciudad de Trujillo o en la villa de Cáceres y en cualquiera de ellas que el dicho maestre quisiese tener y nombrar para que gozase de ellos desde el día que el dicho maestre y Orden renunciase o traspasase en nos las dichas villas de Villanueva y Salvatierra según más largamente en el dicho albalá que sobre ello mandamos dar y dimos se contiene por virtud de la cual vosotros distéis al dicho maestre y Orden de Alcántara nuestra carta de privilegio de las dichas doscientas y cincuenta mil maravedís de juro situados señaladamente en ciertas rentas de las alcabalas de las dichas ciudad (sic) de Trujillo y villa de Cáceres en esta guisa en ciertas rentas de la dicha ciudad de Trujillo, ciento y treinta mil maravedís y los otros ciento y veinte mil maravedís de ciertas rentas de la villa de Cáceres, según se contiene en la dicha carta de privilegio que fue dada en la dicha razón la cual fue librada de vosotros y no sellada con nuestro sello después de lo cual porque la dicha contratación no hubo efecto por algunas cosas cumplideras a nuestro servicio hubimos de mandar contratar con el dicho maestre y convento sola la dicha permutación y porque no se pudo concertar en las dichas villas de Villanueva y Salvatierra fue asentado y concordado entre nos y don Juan de Arciniega, maestre que fue de la dicha Orden de Alcántara y los maestres y caballeros y freiles y convento de ella, que ellos hubiesen de trocar y permutar con nos solamente la dicha villa de Salvatierra que es de la dicha Orden con todos los vasallos, pechos y derechos y rentas y con la jurisdicción civil y criminal alta y baja mero mixto propio y con todas las otras cosas en ella pertenecientes y a la dicha Orden para que aquella fuese nuestra y de nuestros herederos y sucesores y de la persona o personas que de nos hubiesen título para siempre jamás por doscientas y cincuenta mil maravedís de juro de heredad en cada un año que nos les hubiésemos de dar situados señaladamente en las rentas de las alcabalas y tercias y otras rentas a nos pertenecientes en la dicha villa de Villanueva que es de la dicha Orden donde el dicho maestre los quisiese situar y nombrar para que las dichas doscientas y cincuenta mil maravedís de juro fuesen del dicho maestre y de la dicha su Orden y de los maestres que después viniesen y gozasen de ellos desde el día que hicieren y otorgasen la dicha permutación y trueque con nos como dicho es y que el dicho privilegio que así les hubiésemos dado en las dichas ciudad de Trujillo y villa de Cáceres y hubiesen de rasgar y rasgasen y testasen de los nuestros libros y les fuese dada nuestra carta de privilegio de las dichas doscientas y cincuenta mil maravedís de juro situados en las dichas alcabalas, tercias y otras rentas a nos pertenecientes en la dicha Villanueva de Barcarrota constando vos como el dicho maestre en su Orden hubiese hecho y celebrado y otorgado la dicha permutación y trueque de la dicha villa de Salvatierra como dicho es según más largamente en otra nuestra albalá que para ello mandamos dar firmada de nuestros nombres que es hecha en la villa de Madrid a quince días del mes de octubre del año pasado de mil y cuatrocientos y noventa y cuatro años lo cual el dicho maestre ni la dicha Orden no hicieron ni otorgaron y después nos, estando en la villa de Alcalá de Henares el año pasado de noventa y siete años celebrando capítulo general de la Orden de Alcántara de que somos administradores perpetuos por autoridad apostólica, juntamente con el Comendador Mayor y prior y sacristán y comendadores y caballeros de la dicha Orden que en el dicho capítulo se hallaron fue platicado y asentado sobre la dicha pronunciación de la dicha villa de Salvatierra que se hiciese con el dicho Hernán Gómez de Solís de concordia y consentimiento de la dicha Orden en equivalencia de la dicha villa de Salvatierra y vasallos y renta y juro y jurisdicción y edificios y todo lo otro que les pertenecía cierta renta de hierba y juro y que nos hiciésemos merced al dicho Hernán Gómez en enmienda de los muchos y buenos servicios que nos hizo y por entera gratificación y satisfacción de ellos y de cualquier cargo en que le seamos por cualquier causa y razón que sea o ser pueda en cualquier manera hasta el día de la data de este nuestro albalá de las dichas doscientas y cincuenta mil maravedís de juro en cada un año y para siempre jamás y con el parecer de todos y fue acordado que se debía hacer y que de ello venía utilidad y provecho a la dicha Orden y a los dichos Comendador Mayor, prior, sacristán y comendadores y caballeros y personas de la dicha Orden nos dieron poder para hacer el dicho trueque con el dicho Hernán Gómez de Solís el cual dicho trueque y cambio nos, como administradores perpetuos de la dicha Orden, y por virtud del dicho poder hicimos y celebramos con el dicho Hernán Gómez de Solís y el dicho Hernán Gómez de Solís dio en el dicho trueque a la dicha Orden la dicha renta de hierba en ciertas dehesas y otros maravedís de renta de juro de que la dicha Orden fue contenta y nuestra merced y voluntad es que se haya de dar al dicho Hernán Gómez de Solís las dichas doscientas y cincuenta mil maravedís de juro de heredad que así habíamos mandado situar al dicho maestre y su Orden y, porque según el tenor de la capitulación he dicho trueque y cambio ha de dar el dicho Hernán Gómez de Solís a la dicha Orden treinta y siete mil doscientos y noventa maravedís en esta guisa que fue tasada el alcabala de la dicha dehesa del Jaral que da el dicho Hernán Gómez de Solís a la dicha Orden en diecinueve mil y setecientos maravedís por cuanto el dicho Hernán Gómez la hubo de dar y para que sea de aquí adelante libre de alcabala los otros diecisiete mil y quinientos y noventa maravedís situados en las alcabalas de la dicha villa de Villanueva de Barcarrota en las rentas donde la dicha Orden los pidiere y nombrare y ha de ser dada nuestra carta de privilegio a la dicha Orden así de la franqueza del alcabala de la dicha dehesa como de los dichos diecisiete mil y quinientos y noventa maravedís situados en las alcabalas de la dicha villa de Villanueva de Barcarrota los cuales dichos treinta y siete mil y doscientos y noventa maravedís son en cuenta de los dichos doscientos y cincuenta mil maravedís de juro de que así hacemos la dicha merced al dicho Hernán Gómez de Solís, por ende quedan que ha de haber el dicho Hernán Gómez de Solís doscientas y doce mil y setecientos y diez maravedís de juro los cuales al dicho Hernán Gómez han de ser situados en la villa de Jerez de Badajoz y Salvatierra en esta guisa: en las alcabalas de la dicha villa de Jerez, cerca de Badajoz, doscientos mil maravedís en esta manera en las alcabalas de las carnicerías ciento y cincuenta mil maravedís y en las rentas de las alcabalas de las hierbas cincuenta mil maravedís que son las dichas doscientas mil maravedís y en las alcabalas de la dicha villa de Salvatierra doce mil y setecientos y diez maravedís que son los dichos doscientos y doce mil y setecientos y diez maravedís para que los haya situados en las rentas de las dichas villas de Jerez y Salvatierra hasta en las dichas cuantías porque vos mandamos que pongáis y asentéis así en los nuestros libros y nóminas de las mercedes de juro de heredad que vosotros tenéis y quitéis de ellos al dicho maestre de Alcántara y su Orden los dichos doscientos y cincuenta mil maravedís de juro de heredad que así tenía situados en las dichas alcabalas de Trujillo y Cáceres y rasguéis el privilegio de ellos y deis librados al dicho Hernán Gómez de Solís nuestra carta o cartas de privilegio de las dichos doscientos y doce mil y setecientos y diez maravedís para que los haya y tenga de nos por merced en cada un año de juro de heredad para siempre jamás para él y para sus herederos y sucesores y para aquel o aquellos que de el o de ellos hubieren causa con facultad de los poder vender, trocar y cambiar y enajenar o hacer de ellos y en ellos lo que quisieren como de cosa suya propia libre y quita y desembargada con tanto que no lo pueda hacer con persona de Orden ni de religión ni de fuera de nuestros reinos sin nuestra licencia y especial mandado y que los haya situados señaladamente en las dichas alcabalas a nos pertenecientes en las dichas villas de Jerez cerca de Badajoz, y Salvatierra en cada una de ellas la dicha cuantía en las rentas suso nombradas y declaradas y le deis y libréis nuestras cartas de privilegio para que le sean con ellos acudido desde primero día de enero del año venidero de mil y quinientos años y desde en adelante en cada un año para siempre jamás para que los arrendadores y fieles y contadores y otras cualesquieras personas que hubieren de coger, recaudar en renta o en fieldad (sic) o en otra cualquier manera las dichas rentas de las dichas alcabalas de las dichas villas de Jerez y Salvatierra conviene a saber de la dicha villa de Jerez con las dichas doscientas mil maravedís en la dicha renta del alcabala de la dicha carnicería de ella los dichos ciento y cincuenta mil maravedís y en la dicha renta de la alcabala de las hierbas de la dicha villa…Hecha en la ciudad de Granada a seis días del mes de septiembre año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil y cuatrocientos y noventa y nueve años, yo el Rey, yo la Reina, yo Gaspar de Gricio, secretario del Rey y de la Reina nuestros señores la hice escribir por su mandado acordado, licenciado Zapata”.

(AGS, Casas y Sitios Reales 10, fol. 364).

1Algunos historiadores, citando a Ortiz de Tovar, han señalado el origen romano de Barcarrota, lo cual es una teoría infundada y a todas luces errónea.

3 PINO GARCÍA, José Luis del: Extremadura en las luchas políticas del siglo XV. Badajoz, Diputación Provinial, 1991, págs. 116-117.

4 Véase el apéndice I.

5 Los herederos de Hernán Gómez de Solís dieron poder a Fernán Suárez para cobrar 20.000 maravedís que se les habían dado por la tenencia que tuvieron de la fortaleza de Barcarrota, 14 de agosto de 1509. Data del tesorero Ochoa de Landa de los citados maravedís a los herederos de Hernán Gómez de Solís, Valladolid, 26 de octubre de 1509. AGS, Casas y Sitios Reales 6, fol. 727.

6 Véase el apéndice.

7 Ibídem.

8 Todavía el 20 de diciembre de 1516 seguía doña Beatriz Manuel reclamando los maravedís que su marido gastó en la fortaleza de Barcarrota porque, según decía, “estaba muy perdida” por lo que hizo muchas “bóvedas, baluartes y “otras cosas necesarias a la dicha fortaleza”. AGS, Casas y Sitios Reales 6, fol. 372.

9 Estuvieron presentes en Alcalá de Henares todos los Comendadores de la Orden, entre ellos el Comendador de Lares, frey Nicolás de Ovando. Como es bien sabido Nicolás de Ovando se hizo cargo desde 1502 de la gobernación de las Indias. Suponíamos que en los años previos a su partida estuvo desempeñando sus funciones como Comendador de Lares pero, en cualquier caso, este documento viene a respaldar documentalmente estas suposiciones. El Capitulo de la Orden reunido en Alcalá de Henares autorizó por unanimidad la citada permutación: Villanueva de Barcarrota pasaría definitivamente a la Orden de Alcántara mientras que Salvatierra quedaría en manos de Hernán Gómez de Solís y sus herederos. AGS, Casas y Sitios Reales 6, fol.371.

10 En la bula y el breve papal se nombró a los canónigos de Badajoz, Juan García de Chávez y a Alonso García del Herencia para que entendieran en todo lo referente al valor de las villas y al truque que se iba a realizar. Ibídem.

11Como algunos vecinos no tributaban por su condición clerical o nobiliar se decidió a efectos de tasación bajar el número de vecinos hasta los 372, calculando una renta media por vecino de 9.000 maravedís anuales lo que hacía una renta total de 3.348.000 maravedís. A esa cantidad había que sumar otros 13.000 maravedís en concepto de otras rentas. También se decía que en la dicha villa había oficio del alguacilazgo. Ibídem.

12 Véase el apéndice II.

13 Un análisis de este censo y de la situación poblacional de Barcarrota en esta fecha puede verse en mi trabajo: “Nuevos aportes a la historia de la demografía extremeña: el censo de Barcarrota de 1538”, Revista de Estudios Extremeños, T. L, Nº 3. Badajoz, 1994, págs. 579-598.

14 Los datos aparecen citados en AGS, Casas y Sitios Reales 10, fol. 371.

15    Testamento de Juan de Portocarrero, Villanueva del Fresno, 2 de julio de 1551. Inserto en el pleito entre el Marqués de Cortes de Graena, Barcarrota y Villanueva del Fresno con el Conde de Montijo y Consortes, 1729. A.H.N., Consejos 35160, N. 3.

16    Actas capitulares del cabildo de Villanueva del Fresno, donde se insertan una carta referente al pleito que mantenía el Marqués de Barcarrota sobre su jurisdicción, Madrid, 30 de junio de 1722. A.M.V.F. actas capitulares leg. 1.

17    Relación de servicios de Miguel Fernández de Rivero, Madrid, 12 de julio de 1668. AGI, Indiferente General 122, N. 36.

EN TORNO A LOS PRIMEROS MESTIZOS

Publicado: 22/02/2010 11:12 por Temas de Historia y actualidad en sin tema

                                                                                                                                                                                                                         

 

Como es de sobra conocido el mestizaje es un fenómeno que tuvo su origen prácticamente desde la misma llegada de los europeos al Nuevo Mundo. En general estos joviales españoles que arriesgaban su vida en la peligrosa misión de cruzar el océano, fueron a las Indias no sólo con la intención de hacer fortuna sino también, como afirmó Pérez de Barradas, a "dar gusto a su cuerpo y propagar la estirpe"1. El mestizaje fue inevitable debido a la tardía incorporación de la mujer española a la empresa indiana. Existía un desequilibrio numérico en el sexo de los emigrantes que se igualó con la mujer indígena. Por eso, como bien se ha escrito, la mayor parte de los conquistadores, tanto los casados previamente en Castilla como los solteros, tuvieron hijos mestizos2.

Por otro lado es seguro que no hubo una repulsa racial por parte de los conquistadores hacia las mujeres indígenas3. En general, y como se puede observar en las crónicas y los documentos de la conquista, el aspecto del indio no desagradó a los españoles, algunos de los cuales quedaron prendados por la belleza de algunas mujeres indígenas.

Sin embargo aunque no hubo rechazo si existió una discriminación de carácter racial. Efectivamente el mestizaje en América no surgió sobre la base de la comprensión entre etnias sino "por la imposición de un dominio del hombre blanco"4. Esta idea se verifica claramente en el hecho de que jamás se dio el matrimonio entre indios y españolas. Esto se debió posiblemente no sólo al corto número de mujeres blanca que cruzaron el atlántico sino fundamentalmente a motivos políticos y sociales.

En breve tiempo este fenómeno del mestizaje cobró unas dimensiones excepcionales no sólo en las Antillas sino también en el resto de las Indias Españolas hasta el punto de que hoy se habla de Hispanoamérica como el continente mestizo5.

 

1.-LOS ORIGENES DEL MESTIZAJE EN LAS INDIAS

No cabe duda que las relaciones sociales entre los vencedores y los vencidos no fueron nada fáciles, pese a que durante años una parte de la historiografía ha hablado idílicamente de la "conquista erótica de las Indias"6. De hecho, los mismos sucesos de la destrucción del fuerte Navidad en 1492 estuvieron provocados al parecer por los abusos cometidos sobre las mujeres indígenas7.

Al parecer en 1493 nació el primer mestizo, un hijo del repostero real Pedro Gutiérrez que murió violentamente antes de cumplir el año de edad8. Sin embargo el primer mestizo que alcanzó la mayoría de edad fue un tal Miguelito, nacido en la Española en torno a 1496, fruto de las relaciones del aragonés Miguel Díaz de Aux con una cacica que ha pasado a la historia con el nombre de "Catalina"9.

En los años inmediatamente posteriores son bien conocidos los desmanes que cometieron los compañeros del insurrecto Roldán en la Española y concretamente en la región de Xaragua hasta el punto que, tras capitular con ellos el Almirante, éste les autorizó a ir a España "acompañados cada uno por un esclavo y las mancebas que tenían preñadas y paridas"10. E incluso en las instrucciones otorgadas a frey Nicolás de Ovando en 1501 el Rey fue sumamente contundente al decir:

 

Ítem porque somos informados que algunos cristianos de las dichas Islas, especialmente

de La Española, tienen tomadas a los dichos indios sus mujeres e hijas y otras cosas

contra su voluntad, luego como llegáredes, daréis orden como se les vuelva todo lo que

les tienen tomado contra su voluntad...11

 

En los años siguientes, y tras asentarse la colonización los abusos continuaron siendo frecuentes a juzgar por la documentación que hemos podido consultar. Por citar un ejemplo concreto, en 1516, el encomendero Diego Vázquez, debido a ciertos problemas que tuvo con el cacique García Durán entró en su bohío y "le dio muchos palos y después de apalearse le ató a un palo y le trajo a su mujer y en su presencia se acostó con ella"12.

La Corona llegó a tener noticias de estos abusos así como de los enormes perjuicios que ello provocaba a la conversión de los indios. De hecho en una de las clausulas de unas instrucciones otorgadas a Pedrarias Dávila se recomendó que evitara que los españoles tomasen a las mujeres indias "porque soy informado que una de las cosas que más ha alterado en la isla Española y que más ha enemistado con los cristianos ha sido tomarles sus mujeres..."13. Estas situaciones más o menos violentas se siguieron produciendo en la conquista del Continente14.

Estos amancebamientos fueron perseguidos desde un primer momento por las autoridades indianas. Precisamente, los casos cursados por las autoridades eclesiásticas antillanas por fornicación fueron muy frecuentes dada la generalización de las prácticas poligámicas en las nuevas tierras descubiertas. Así, en casi todos los juicios de residencia había una pregunta en la pesquisa secreta destinada a averiguar si los enjuiciados vivían amancebados y si habían castigado estos delitos suficientemente. Sin embargo, también es cierto que se hizo la "vista gorda" en muchos de estos casos dado que a veces eran los propios gobernadores y las altas autoridades indianas las que practicaban el amancebamiento. En este sentido, en el juicio de residencia tomado al gobernador de la isla de San Juan, Sancho Velázquez, el testigo Sancho de Arango respondió que no se castigaba a los que estaban amancebados porque el propio Sancho Velázquez vivía con tres indias "y se echaba con todas tres"15. Pese a todo a Sancho Velázquez se decidió dar un castigo ejemplar no sólo por vivir amancebado sino también por otras prácticas ilícitas. Efectivamente fue prendido por causa de inquisición, muriendo poco después en la cárcel pública16.

En cualquier caso, y pese a excepciones puntuales, la sociedad antillana en los primeros años fue sumamente tolerante con las prácticas sexuales. América se convirtió en una especie de paraíso de Mahoma, donde muchos conquistadores y colonizadores practicaron la barraganía y el concubinato. En este sentido existen muchísimos casos que ilustran esta afirmación, como el de un palermo llamado Álvaro, quien, según Bernal Díaz del Castillo, en tan sólo tres años

tuvo treinta hijos con indias nativas sin que nadie lo acusase de nada ilícito17.

De cualquier forma, lo que nos interesa destacar aquí es la importancia que tuvo el mestizaje en las Antillas desde la misma llegada de los europeos. Así ha quedado claro que en los primeros años de la colonización debieron ser importantes los matrimonios mixtos, los cuales fueron fomentados por el propio frey Nicolás de Ovando quien en 1503 recibió instrucciones en ese sentido. En 1514 vivían en la isla Española, según Serrano y Sanz, nada menos que 60 españoles casados con indias18, a los que habría que sumar otro número bastante superior de aquellos que, estando casados en Castilla, vivían simplemente amancebados. De hecho, y como muy bien afirmó José Durán, cuando la Corona compelió a los españoles a casarse muchos lo hicieron con mujeres castellanas, abandonando tanto a las indias como a los hijos habidos con ellas19.

Fue, como es bien sabido, el 27 de septiembre de 1514, cuando, por primera vez, se legalizó el matrimonio entre españoles e indios, ratificándose sucesivamente el 19 de octubre del mismo año, el 5 de febrero de 151520 y, por cuarta vez en menos de cinco meses, el 28 de febrero de 151521. Evidentemente la única explicación que encontramos a esta reiteración es la oposición con que fue recibida en la Española. No en vano, esta disposición real tuvo poca eficacia ya que unos españoles, decidieron en última instancia casarse con mujeres españolas, mientras que otros -la mayoría- continuaron amancebados.

Sin duda era la mujer indígena la que se llevaba la peor parte de este tipo de relación ilegal pues cuando los españoles morían o sencillamente se marchaban quedaban abandonadas y a veces con varios hijos naturales. Precisamente en un documento, fechado en 1526, se decía a este respecto lo siguiente:

 

Que muchos estancieros y recogedores y otros se casaban secretamente y escondidamente con mujeres naturales de la tierra sin tener con qué las poder mantener y las dejaban perdidas...22.

 

Evidentemente, los españoles tenían muchas razones para estar con las indias "escondidamente" ya que su matrimonio con ellas, salvo casos muy excepcionales, les reportaba poco prestigio social. Además desde 1516 debían pagar dos pesos de oro mensuales al encomendero por cada india que dejasen preñada23.

Desde mediados de la segunda década del siglo XVI el número de mestizos aumentó notablemente a la par que disminuía alarmantemente la población indígena. Concretamente en 1533 en una carta escrita por Francisco de Barrionuevo a Su Majestad le comentó el gran número de mestizos que había en la Española "que generalmente nacen en estancias y despoblados..."24. Ante este aumento de mestizos las autoridades no tardaron en comprender la amenaza que suponía para los intereses españoles. Urgía, pues un plan de aculturación de estos mestizos.

Los mestizos se fueron convirtiendo poco a poco en un elemento relativamente numeroso y muy peligroso. De ahí que comenzaran a llegar numerosos memoriales a la Península quejándose del daño que hacían estos mestizos, pues andaban liderando al resto de los indios en sus alzamientos. Concretamente, en 1533, escribió el capitán Francisco de Barrionuevo una carta a Su Majestad explicándole el problema de los mestizos y su posible solución:

Son naturalmente bulliciosos, mentirosos y amigos de toda maldad. Convendría llevarlos a España muy niños, y no dejar volver sino al que saliese bueno: de otra suerte puede temerse algún alzamiento alterados negros y naturales por ellos. En este camino del Bauruco he hallado dos de ellos alzados, uno con Enrique, otro con veinte indios en Punta del Tiburón25.

 

La carta de Barrionuevo es sumamente indicativa del peligro que representaban los mestizos para el poder español. Pero la cosa no quedó ahí, pues en enero de 1535 se volvió a escribir al Rey -esta vez refiriéndose a los indios de la pequeña isla Margarita- explicándole la situación de salvajismo en que se encontraban algunos hijos de cristianos26. Unos meses después la Corona determinó que todos los mestizos se quedasen con sus padres para que fuesen instruidos en la fe cristiana y en las costumbres de los españoles, evitándose de esta forma que se alzasen contra los hispanos27. Pese a que esta política no pudo lógicamente ponerse en práctica en toda su integridad revelaba desde luego la intención de la Corona de atraer hacia el lado hispano al peligroso y cada vez más numeroso contingente de mestizos.

 

2.-LA EDUCACION DE LOS MESTIZOS A AMBOS LADOS DEL OCÉANO

Como ya hemos dicho, las autoridades españolas no tardaron en tomar conciencia de la necesidad que había de instruir a los mestizos. Precisamente ya desde principios de la década de los veinte residía en Santo Domingo un preceptor de Gramática, llamado Gerónimo de Quintanilla, que estuvo al menos hasta 1529 enseñando exclusivamente a los hijos de los españoles28. En una probanza de méritos, presentada por éste último, Pedro de Villárdiga, un vecino de Santo Domingo, declaró que vio al dicho Quintanilla leer gramática en esta ciudad y este testigo tuvo puesto con él a un su hijo a aprender y educar con él ciertos días y después lo metió (a) fraile29.

En la década de los cuarenta se comenzó a hacer un estudio en unas casas donadas por la Corona donde "los hijos de los vecinos de esa isla y de las otras a ella comarcanas estudiasen y aprendiesen..."30. A principios de 1541 residía en las mencionadas casas un latinista llamado fray Antonio de Mendoza que tenía a su cargo a cerca de cincuenta estudiantes, todos ellos hijos de españoles31.

En cuanto a los mestizos también la Corona se mostró muy favorable a su traída a la Península con la intención evidente de apaciguar los ánimos de un grupo especialmente activo. El objetivo era sin duda ladinizarlos, es decir, formarlos en las costumbres hispanas. No en vano es bien sabido que entre los indios alzados en las Antillas Mayores en la tercera década del siglo XVI había muchos de estos mestizos que, incluso, por su mayor conocimiento, capitaneaban al resto de los indígenas32.

También las propias familias fomentaron su arribada a España pues querían un futuro mejor para estos hijos naturales. No cabe duda que el objetivo último era su integración en la sociedad española "adoctrinándolos en la fe católica y enseñándoles el comportamiento y la policía de los blancos"33. Por citar un ejemplo representativo en 1554 le fue asignado un tutor a una mestiza de unos dieciocho o diecinueve años que se encontraba en Sevilla "en la casa de las niñas de la doctrina cristiana"34.

Por tanto existían sobrados argumentos para que las autoridades españolas facilitasen la llegada a España de los mestizos. Concretamente la Corona tomó dos medidas: una, traer algunos mestizos para ser aculturados en España, y otra, facilitar las cosas a los españoles que a su regreso a la Península quisiesen llevarse consigo a sus hijos naturales.

En relación a la primera medida debemos decir que la política fue similar a la empleada con algunos hijos de caciques. En este sentido en 1547 se trajeron a Sevilla dos mestizos cubanos para ponerlos en un estudio o colegio con el fin de formarlos como españoles35.

Y por otro lado, con vistas a la educación la Corona facilitó su traslado a la Península, expidiendo numerosas licencias desde 1513. Concretamente en enero de este último año se otorgó una autorización a un tal Juan García Caballero para llevar a Castilla a dos hijos suyos habidos con una indígena. El fin era muy explícito, es decir doctrinarlos y enseñarlos "en las cosas de nuestra Santa fe Católica"36. Posteriormente, y muy concretamente entre 1515 y 1524, conocemos al menos quince licencias más de estas características, referidas todas ellas a mestizos nacidos en las Antillas Mayores y en Tierra Firme37. Concretamente se dispuso que todas aquellas indias "que tuviesen hijos de un español" pudiesen embarcar para la Península, con tan sólo un informe del gobernador de la provincia de donde fuese natural38. Desde entonces la libertad de los mestizos para pasar a la Península fue absoluta. Pese a todo la Real Cédula de 1524 sólo se refería a los mestizos menores de edad que viajasen con su madre. En el caso de ser mestizos adultos y arraigados a la tierra seguía siendo necesaria la pertinente licencia real. De hecho conocemos algunas licencias expedidas con posterioridad que demuestran esta circunstancia. Así, por ejemplo, en 1538 un mestizo de la Española, llamado Francisco Marmolejo que recibió una Real Cédula, autorizándole a vender sus propiedades para marcharse a Sevilla39.

Asimismo conocemos el periplo por Europa de un joven mestizo de situación social acomodada, llamado Diego de Ávila40. Pese a tener su vida en México resulta decidió conocer Europa arribando a Sevilla en torno a 154941. Desde Sevilla marchó a Roma como paje y secretario de un caballero llamado Antonio de Osorio. En 1556, una vez regresado a Sevilla enfermó gravemente, muriendo al año siguiente en el sevillano hospital del Amor de Dios de Sevilla. En agradecimiento a las atenciones recibidas en el mencionado hospital dejó a éste nada menos que la tercera parte de su fortuna42.

Sin embargo no todos los mestizos habían nacido en las Indias. Así, por ejemplo el tres de septiembre de 1559 se bautizaron en la parroquia de Santa María del Castillo de Badajoz dos mestizos, llamados Juan y Diego, hijos de Catalina Sánchez, prieta de Leonor de Chávez43.

Por lo demás, no tenemos certeza del número exacto de mestizos que llegó a haber en la Península aunque a juzgar por algunas informaciones con las que contamos debieron ser muy numerosos. Así, en un pleito llevado a cabo en la década de 1550, los testigos, al ser preguntados si habían visto mestizos, declararon unánimente que habían conocido a muchos "en Indias y en España"44.

Aunque se cumplió el objetivo de ladinizar a estos elementos revoltosos lo cierto es que los mismos españoles percibían la diferencia entre los indios y los mestizos, no sólo en el aspecto físico sino también en su comportamiento más altivo. En este sentido conocemos una declaración de un regidor de la ciudad de Antequera, llamado Francisco López Tenorio, quien nos dejó una de las descripciones más tempranas de estos mestizos en Castilla, al decir textualmente:

 

Que el dicho Juan indio es mestizo y que le parece y por tal lo tiene por su cabeza, cabello, color y habla y fisonomía porque este testigo ha visto muchos mestizos en las dichas Indias de Su Majestad y en estos Reinos de España y también le parece indio mestizo porque los indios son gente más simple que no los mestizos los cuales son todos desenvueltos y muestran más ser y valentía de ánimo que los indios y así el dicho Juan mestizo mostró en su manera ser hijo de español y en su desenvoltura y esto es lo que sabe45

 

En ocasiones estos mestizos optaron por desposarse con personas de su misma condición, pues en Badajoz vivían en el último cuarto del siglo XVI un matrimonio de mestizos. Se trataba de Bartolomé Morera y Mencía Vázquez que el 5 de agosto de 1588 bautizaron a un hijo suyo llamado Alonso46. Este dato confirma la existencia de familias mestizas plenamente integradas en la sociedad española, participando de sus costumbres, y cumpliendo los mandamientos de la iglesia Católica. Obviamente muchos de estos mestizos jamás volvieron a sus lugares de origen terminando sus días en Castilla y siendo asimilados por la cultura hispana.

 

3.-EL STATUS SOCIAL DEL MESTIZO

Parece ser que todos los mestizos gozaron de libertad. Como es bien sabido desde los primeros años se estableció la libertad para todos aquellos hijos de indias, independientemente de que el varón fuese español, indio o negro. Así, en el pleito por la libertad de un hijo de india y negro, un clérigo, llamado Rodrigo de Carvajal, declaró que éste sería mulato porque si fuera hijo de india aunque no pidiera su libertad la justicia la hubiera dado, como ha hecho a los demás mestizos hijos de indias e indios y de indias y negros47.

Sin embargo, es evidente que su status estuvo muy por debajo del español pese a que, como ha escrito Javier de la Tabla, la primera generación de mestizos gozó de una situación menos restrictiva que las siguientes generaciones48.

En cualquier caso como en su mayor parte eran hijos naturales, procedentes de amancebamientos, No en vano, en un documento, fechado en 1533, se reprimía la actitud del gobernador de la isla Margarita por consentir los amancebamientos de españoles casados en Castilla teniendo hijos en ellas, estando predestinados y arraigados en el pecado49.

Estos mestizos, cuya vida transcurría a medio caballo entre dos culturas diferentes, no alcanzaban a disfrutar los privilegios de los europeos. Con toda probabilidad el mismo color de su piel crearía un cierto estigma.

Sin embargo, debemos señalar dos situaciones bien distintas, a saber: por un lado, los mestizos que fueron criados por sus padres y posteriormente legitimizados, y, por el otro, los que no fueron reconocidos y fueron educados por la cultura materna.

Con respecto a los que se legitimizaban, debemos decir que fueron la inmensa mayoría de ellos. Estos conseguían en la vida unas mejores expectativas, heredando los apellidos y con algunas limitaciones la fortuna del padre50. No en vano el mestizo miguelico, que está considerado el primer mestizo nacido en el Nuevo Mundo fue reconocido por su padre en su testamento protocolizado en Sevilla el 2 de julio de 1504, dejándole 200.000 maravedís "para lo criar y para que aprenda letras..." y 400.000 maravedís más si alcanzase el orden clerical51. Casi dos décadas después nos consta asimismo la legimación que solicitó Francisco Tostado para un hijo suyo habido con una india a la que el Rey como en otras ocasiones accedió52.

Algunas mestizas llegaron a tener relaciones tormentosas con españoles. Este es el caso de una mestiza, criada del licenciado Fuenmayor quien, después que se marchó su mujer, doña Inés de Zúñiga, a Castilla la trataba muy bien y comía en su mesa y se le da el segundo plato y otras cosas...53. Sin embargo un testigo presentado al juicio de residencia de Fuenmayor puso de manifiesto la otra cara de la moneda al decir que una noche el propio Fuenmayor vio a la criada hablando por la ventana con un mozo y la arrastró por los cabellos y se los cortó54.

Así, pues, podemos decir que mientras los mestizos criados con los padres españoles fueron mejor tratados los que se educaron en la cultura materna fueron victimas de las mismas acusaciones que se vertían habitualmente contra los desdichados indios. Concretamente de una mestiza, llamada Leonor Velázquez se decía en 1531 lo siguiente:

 

Que es mestiza y tal que cree este testigo no sabía declarar ningún juramento que le sea tomado, diciendo la verdad y temiendo a Dios porque este testigo la tiene por muy inocente y tal que es mentirosa en sus dichos y hablas55.

 

En líneas generales, y salvando algunos casos excepcionales, los mestizos fueron marginados por la sociedad, muy a pesar de que descendían del grupo dominante. La mayoría de ellos se educaron con sus madres sin que llegaran a ser reconocidos legalmente por sus padres. La situación de muchos de estos mestizos fue bastante difícil a juzgar por las referencias documentales de que disponemos. Así en ocasiones, estos niños eran repudiados, muriendo muchos de ellos de pura necesidad56.

1    PEREZ DE BARRADAS, José: Los mestizos de América. Madrid, Colección Austral, 1976, p. 76.

2    TABLA DUCASSE, José de la: "Si quieres casar toma tu par. Matrimonio y legitimidad de los grupos encomenderos de Quito y Lima", Cuadernos de Historia Latinoamericana, Nº 3. Munster, 1996, p. 147.

3    Este aspecto fue desarrollado ampliamente en la obra de MÖRNER, Magnus: La mezcla de razas en la historia de América Latina, Buenos Aires, Paidós, 1969.

4    CASTILLA URBANO, Francisco: "El mal de la Historia: el Descubrimiento de Rafael Sánchez Ferlosio", Revista de Indias, Vol. LVI, Num. 206, Madrid, 1996, p. 246.

5    No obstante el término "mestizo" no aparece en la documentación española hasta la tercera década del siglo XVI. Más concretamente la primera vez que encontramos este vocablo, utilizado para designar a los descendiente de indios y españoles, es en un documento fechado en 1529, generalizándose su uso a partir de 1530. Memorial de ciertos vecinos de la isla Española sobre su poblamiento, h. 1529. MARTE, Roberto: Santo Domingo en los manuscritos de Juan Bautista Muñoz. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1981, p. 292.

6    Por ejemplo, el historiador Pérez de Barradas está dentro de esta línea, pese a reconocer la existencia de algunos casos donde se generó violencia. Concretamente citaremos un párrafo suyo donde se recoge esta idea: "Pero ni la violencia, ni el engaño, ni el abuso de autoridad eran precisos para la unión de los españoles con las indias, pues los padres les entregaban sus hijas y los hermanos sus hermanas. Las mujeres de La Española, según Fernández de Oviedo, eran continentes con los naturales, pero a los cristianos de grado se concedían y no les negaban sus personas...". PEREZ DE BARRADAS: Ob. Cit., p. 107.

7    KONETZKE, Richard: "El mestizaje y su importancia en el desarrollo de la población Hispanoamericana durante la época colonial", Revista de Indias, Nº 23, Madrid, 1946, p. 10-11. Pueden verse más datos sobre las relaciones entre españoles e indios en sus primeros contactos en la obra de Luis RAMOS GOMEZ: Cristóbal Colón y los indios taínos (de octubre de 1492 a diciembre de 1494). Valladolid, Serie Cuadernos Colombinos, 1993.

8    GIL, Juan: "Los primeros mestizos indios en España: una voz ausente", Entre dos mundos, fronteras culturales y agentes mediadores. Sevilla, E.E.H.A., 1997, p. 15.

9    FERNANDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia General y Natural de las Indias, T. I. Madrid, Ediciones Atlas, 1992, Lib. II, Cap. XIII, pp. 50-51.

10    PEREZ DE BARRADAS: Ob. Cit., p. 86.

11    Instrucciones dadas a frey Nicolás de Ovando, Granada, 16 de septiembre de 1501. CODOIN, Serie 1ª, T. 31, p. 13-25. KONETZKE, Richard: Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica (1493-1810). Madrid, C.S.I.C., 1953, pp. 4-6.

12    Juicio de residencia de los jueces de apelación de La Española, 1516. Declaración de Francisco de Monroy a la pregunta nº 65 de la pesquisa secreta. AGI, Justicia 42.

13    Citado en SERRANO: Orígenes de la colonización española en América. Madrid, Nailly-Bailliére, 1918, pp. 283 y 286. También en PEREZ DE BARRADAS: Ob. Cit., p. 106, y en UTRERA, fray Cipriano de: Polémica de Enriquillo. Santo Domingo, Editora del Caribe, 1973, p. 275.

14    Por ejemplo el cronista Bernal Díaz del castillo fue en este sentido muy explícito al afirmar que muchos españoles iban a "robar a los indios y a tomar a sus mujeres por la fuerza".Citado en PEREZ DE BARRADAS: Ob. Cit., p. 105.

15     Relación del licenciado de La Gama sobre el juicio de residencia de Sancho Velázquez, Puerto Rico, 12 de junio de 1520. AGI, Patronato 176, R. 4. También existe información sobre este caso en una Carta de Antonio Sedeño al Cardenal de Tortosa, Puerto Rico, 8 de marzo de 1521. AGI, Patronato 176, R. 13.

16    IBIDEM.

17    Citado en GIL: Ob. Cit., p. 15.

18    La lista completa puede verse en SERRANO Y SANZ: Ob. Cit., pp. 384-385. El dato también aparece recogido en RODRIGUEZ DEMORIZI, Emilio: Los dominicos y la encomienda de indios en la isla Española. Santo Domingo, Editora del Caribe, 1971, p. 16.

19    DURAN, José: La transformación social del conquistador. México, Editorial Porrúa y Obregón, 1953, p. 37.

20    PEREZ DE BARRADAS: Ob. Cit., pp. 90-91. ARRANZ MARQUEZ, Luis: Repartimientos y encomiendas en la isla Española. (El repartimiento de Alburquerque de 1514), Madrid, Fundación García Arévalo, 1991, pp. 284-285.

21    Real Cédula a Diego Colón, Valladolid, 28 de febrero de 1515. AGI, Contratación 5089, ff. 6-6v.

22    Real Cédula a Gonzalo de Guzmán, Granada, 22 de diciembre de 1526. AGI, Justicia 52, Pieza 1ª, ff. 183v-184.

23    Decreto de los jueces de apelación de la Española, Santo Domingo, 27 de agosto de 1516. Archivo Ducal de Alba, Carpeta 247, Leg. 1, doc. 4.

24    Carta de Francisco de Barrionuevo a Su Majestad, Santo Domingo, 26 de agosto de 1533. MARTE, Roberto: Santo Domingo en los manuscritos de Juan Bautista Muñoz. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1981, p. 367.

25    Carta de Francisco de Barrionuevo a Su Majestad, Santo Domingo 26 de agosto de 1533. AGI, Santo Domingo 77, R. 3, N. 69.

26    Relación sobre la isla Margarita, 4 de enero de 1535. AGI, Patronato 179, N. 3, R. 2.

27    Real Cédula a los alcaldes ordinarios, Madrid 17 de agosto de 1535. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, ff. 104-104v.

28    Probanza de méritos del presbítero Gerónimo de Quintanilla, Santo Domingo, 15 de julio de 1529. AGI, Santo Domingo 9, R. 4, N. 35.

29    IBIDEM.

30    En el documento no se hacía referencia alguna a los indios, pues, por entonces estaban ya en vías de extinción. Real Cédula a los oficiales de la isla Española, Talavera, 11 de enero de 1541. AGI, Santo Domingo 868, L. 2, ff. 12-13.

31    IBIDEM. Fernández de Oviedo definía el referido estudio de la siguiente manera: "Hanse fecho agora nuevamente unas escuelas para un colegio donde se lea gramática e lógica, e se leerá Filosofía e otras ciencias, que a do quiera será estimado por gentil edificio". FERNANDEZ DE OVIEDO: Ob Cit T I, L III, Cap XII, p 81. En otra ocasión Oviedo afirmó "que le parece a este testigo (Oviedo) que aquella (casa) bastará para leerse en ella gramática y lógica y vivir un bachiller que leyera en tanto que Hernando Gorjón hacía las escuelas y colegio en que se lean las ciencias. Juicio de residencia que tomó el licenciado Cerrato, Santo Domingo 1 de abril de 1544. AGI, Justicia 45, ff 143v-144.

32    Véase MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pp. 313 y ss.

33    GIL, Juan:"Los primeros mestizos indios en España: una voz ausente" en Entre dos Mundos. Sevilla, E.E.H.A., 1997, p. 22.

34    IBIDEM, p. 32.

35    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla, Madrid, 11 de marzo de 1547. AGI, Indiferente General 1964, L. 10, ff. 174v-175.

36    Real Cédula al gobernador Diego Colón, Valladolid, 17 de enero de 1513. AGI, Indiferente General 419, L 4, f 70v.

37    GIL-BERMEJO: "Indígenas americanos en Andalucía", Andalucía y América en el siglo XVI. Sevilla, E.E.H.A., 1983, p. 544.

38    Real Cédula de Carlos V, Burgos 21 de mayo de 1524. Recopilación de Leyes de Indias, T. II, Lib. VI, Tit.I, Ley VIII, f. 189. Fue ratificada en Valladolid el 30 de agosto de 1555.

39    Real Cédula a los oidores de la Audiencia de Santo Domingo, Valladolid, 27 de junio de 1538. AGI, Santo Domingo 868, L. 1, ff. 132v-133.

40    GIL: Ob. Cit., pp. 32-33.

41    IBIDEM.

42    Codicilo de Diego de Ávila, Sevilla, 9 de mayo de 1557. Tanto este codicilo como su testamento, fechado el 16 de diciembre de 1556 han sido transcritos en GIL, Juan: Ob. Cit., pp. 33-36.

43    Archivo parroquial de San Agustín de Badajoz, Libro de Bautismos Nº 1, fol. 70v. Curiosamente al final de la partida aparece un formulismo que no encontramos en el resto de las partidas y que decía así: "y porque es verdad lo firmó de su nombre el dicho cura", lo cual delata claramente que el bautizo de mestizos constituía algo lo suficientemente "raro" como para que requiriese semejante colofón de refrendo.

44    Pleito entre Hernando Carrillo Rótulo, vecino de Almagro, y el mestizo Juan. 1558. AGI, Justicia 1023, N. 1, R. 2.

45    Pleito entre el mestizo Juan y Hernando Carrillo Rotulo, 1558. AGI, Justicia 1023, N. 1, R. 2.

46    La partida decía así: En este dicho día, mes y años (5-VIII-1588) bauticé el dicho cura (a Alonso, hijo de Bartolomé Morera y de Mencía Vázquez, su mujer, mestizos, fueron padrinos Juan de Zafra y su madre Mari Sánchez "la Mira", vecina de esta ciudad. Archivo de la parroquia del Sagrario de Badajoz, Libros de Bautismos, Nº 6.

47    Pleito por la libertad de Gaspar, indio de Hernando de Villanueva, 1561. AGI, Justicia 1025, N. 1, R. 2. Otro de los testigos presentados en este pleito declaró igualmente que debía ser mulato "porque ningún mulato hijo de india es esclavo".

48    TABLA DUCASSE: Ob. Cit., p. 151.

49    Juicio de residencia tomado a Juan Suárez de Figueroa, teniente de gobernador de la isla margarita, 1533. AGI, Justicia 54, Pieza 1ª. El testigo Rodrigo de Niebla, respondió a la pregunta cuarta, que muchos vecinos de la isla tenían "indias de la tierra de quien se sirven y es público y notorio que tienen con ellas cópula carnal y algunos tienen hijos en ellas...". IBIDEM, f. 29v-30.

50    Como es de sobra conocido sobre los mestizos pesaron numerosas limitaciones aunque todas ellas establecidas a partir de mediados del siglo XVI. En 1549 se prohibió que los mestizos heredaran la encomienda, mientras que de la fortuna de su padre tan sólo podían heredar como máximo una quinta parte de los bienes.ARES QUEIJA, Berta: "El papel de mediadores y la construcción de un discurso sobre la identidad de los mestizos peruanos (siglo XVI)", En Entre dos mundos, fronteras culturales y agentes mediadores. Sevilla, E.E.H.A., 1997, pp. 39-40.

51    Dado el interés de la cláusula testamentaria la reproducimos a continuación: Ítem mando a mi hijo Miguelico, que está en la isla Española, porque es de de tierna edad, que es de edad de ocho años, que para lo criar y para que aprenda letras y sea clérigo, si a Dios plugiere, como yo lo tengo ofrecido a Nuestra Señora, que le den doscientos mil maravedís para que se críe y aprenda, y le ruego y mando so pena de desobediencia, que cuando fuere de edad, si Dios a ello le llegare, que reciba orden clerical, y mando se le den más después que fuere de orden sacra para con que viva, cuatrocientos mil maravedís; los cuales mando que si no fuere de edad y no tomare órdenes y no cantare misa, que no se les den... Citado en RUBIO, fray Vicente: "De los amores de Miguel Díaz con una cacica nació el primer mestizo de la isla Española", en El Caribe, 4 de abril de 1992, pp. 10-11. Este mestizo no optó finalmente por el sacerdocio sino por las armas, enrolándose en la empresa conquistadora de Hernán Cortés.

52    Real Provisión a los oficiales de la Casa de la Contratación, Pamplona, 28 de noviembre de 1523. AGI, Contratación 5090, L. 5, ff. 47v-48v.

53    Juicio de residencia tomado al licenciado Fuenmayor, 1543. AGI, Justicia 60, N. 2, f. 23.

54    IBIDEM.

55    Es interesante observar la aparición de la palabra "mestizo", que encontramos por primera vez en estos años, ya que con anterioridad tan sólo se designaban como hijos de india y español. Juicio de residencia tomado a Gonzalo de Guzmán, 1531. Testigo Francisco de Agüero. AGI, Justicia 52, Pieza 1ª, ff. 657.

56    Real Cédula al gobernador y juez de residencia de la isla de San Juan, Monzón, 5 de junio de 1528. AGI, Indiferente General 421, L. 13, ff. 136v-137.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

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                                                                                                                                                                                                                                        Esteban Mira Caballos

                                                                                                                                                                                                                                        Doctor en Historia

 

 

1.-INTRODUCCIÓN

Desde la Baja Edad Media la cofradía de la Misericordia jugó un papel muy destacado dentro de la vida religiosa y sobre todo asistencial de Carmona. Pese a ello, y al margen de algunas referencias esporádicas en artículos referidos al Hospital del mismo nombre, su historia sigue siendo hoy en día una gran desconocida.

Al parecer esta cofradía se fundó a finales del siglo XIV o principios del siglo XV, teniendo como cometido fundamental la asistencia a los presos y a los "pobres vergonzantes"1. Al menos desde principios del siglo XVI tenía su propio hospital siendo, pues, una más de tantas cofradías asociadas a pequeños hospicios que existían en nuestra localidad. Un golpe de suerte hizo que en el testamento de la Duquesa de Arcos, protocolizado el 5 de abril de 1511, ante Alonso de Baeza, escribano público de Carmona, se dotase a esta cofradía y hospital de un considerable legado2. Como es bien sabido, en el testamento se nombraba a la cofradía y al hospital de la Misericordia como heredero universal de sus bienes, con el objetivo expreso de que "se reciban y provean y curen y remedien trece pobres"3. En el mismo texto de la fusión que ahora comentamos se citaban las obligaciones que tenía contraídas dicha cofradía:

 

La fundación de dicha cofradía fue con obligación de que el prioste y hermanos de ella acudiesen a enterrar los cuerpos de los pobres de solemnidad que fallecieren en esta ciudad y su término y acompañar hasta el suplicio a los que por la justicia Real de Su Majestad mandasen ajusticiar y enterrar sus cuerpos y dar en cada un año por el día de Sábado Santo a los pobres de la collación de Santiago de esta ciudad una limosna de pan y carne...".

 

Desde muy pronto esta cofradía se fue poblando de miembros de la élite cabildante y de la alta jerarquía religiosa local. Y es que con frecuencia estas asociaciones caritativas solían estar integradas por las personas más pudientes de cada villa, pues, se suponía que la nobleza y la élite, tenían una obligación moral con los grupos sociales más desfavorecidos. Incluso, antes de la donación de doña Beatriz Pacheco, ya encontramos a destacados personajes carmonenses vinculados a este instituto. De hecho, en 1511, con motivo de la donación, había dos hermanos mayores, don Luis de Romera y don Fernando Montes de Oca, ambos pertenecientes a la élite hidalga de la localidad.

Pues, bien, hasta la fecha no se sabía nada de la cuestión de la fusión tratada en este artículo. Es más, ni tan siquiera se tenían noticias de la otra hermandad asistencial, intitulada de la Santa Caridad, y con sede en el arrabal. La historiografía afirmaba erróneamente que lo único que ocurrió en el siglo XVII fue un cambio de nombre, dejando de llamarse Cofradía de la Misericordia y pasando a ser Caridad y Misericordia4.

 

2.-LA FUNDACIÓN DE LA COFRADÍA DE LA CARIDAD

En principio no consta el año exacto de la fundación y de la aprobación de sus reglas de la Cofradía de la Caridad, intitulada oficialmente de "la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo". En cambio, sí constan en el expediente determinados indicios que nos pueden acercar mucho a esta fecha en cuestión. Concretamente encontramos dos datos bastante significativos: uno, sus reglas fueron aprobadas por el arzobispo Ambrosio Ignacio Espínola y Guzmán. Dos, cuando se refieren a esta hermandad se menciona como "nuevamente erigida y fundada en la ciudad de Carmona". Y tres, en 1670 se fusionó con la de la Misericordia.

Por tanto, teniendo en cuenta que el arzobispo Espínola accedió a su cargo en 1669, y que en 1670 se fusionó con la de la Misericordia es prácticamente seguro que las reglas de esta corporación debieron aprobarse a lo largo de 1669 o, como mucho, a principios del siguiente. En nuestra opinión, fundación y aprobación de reglas debieron ocurrir consecutivamente, muy probablemente en el mismo año de 1669.

Mucho más problemático es conocer los motivos exactos de esta erección que provocó litigios y enfrentamientos con la señera cofradía de la Misericordia. Y desde luego, por los síntomas que pasaremos a describir, tenemos fundadas sospechas de una rivalidad entre el área del arrabal, y particularmente de la parroquia de San Pedro, con la élite política, económica y religiosa de intramuros. Para empezar es necesario destacar que, la cofradía de la Misericordia, al menos en el siglo XVII, estuvo regida y controlada por los presbíteros de las parroquias intramuros y por la élite de la localidad. En cambio, llama mucho la atención que la de la Santa Caridad estuviese liderada e impulsada por los presbíteros de la iglesia de San Pedro, todos ellos destacados miembros de su junta, así como por algunos profesionales liberales, como los escribanos Francisco Blaso del Vado o Teodomiro de Cifontes y Sarmiento. Muchos de sus miembros fundacionales, como el propio Blaso del Vado, sabemos que residían en la collación del arrabal y eran parroquianos de la iglesia de San Pedro5.

Por otro lado, la cofradía nació "unida y agregada" a la cofradía del mismo nombre de la ciudad de Sevilla. Habida cuenta de los sucesos ocurridos años después, y que en líneas posteriores comentaremos, no sabemos si también hubo una pugna entre la hermandad sevillana de la Santa Caridad y la carmonense de la Misericordia. La corporación hispalense había nacido en 1564, es decir, mucho después que la de la Misericordia, con un fin asimismo asistencial pero, desde 1608, había experimentado un gran auge, gracias al impulso de don Miguel de Mañara6. La creación de una filial en Carmona debió ser para la hermandad de la Caridad sevillana, por utilizar un conocido refrán, algo así como "poner una pica en Flandes".

 

3.-LA FUSIÓN DE AMBAS CORPORACIONES

Como ya hemos dicho la fundación y aprobación de la hermandad de la Santa Caridad trajo consigo enfrentamientos, litigios y rivalidades con la de la Misericordia que provocó la propia intervención del arzobispo y la de su provisor. Con la intervención de dicho prelado y, por la buena voluntad de ambas partes, decidieron acabar con sus enfrentamientos y llegar a un acuerdo de fusión. Así, por un lado, la cofradía de la Misericordia dio poder para tal efecto a sus hermanos Alonso Antonio de Armijo y Tamariz y a Martín Barba de la Milla, por carta fechada el 29 de junio de 1670. Y, por el otro, la de la Caridad, el 1 de julio de 1670, nombró al mismísimo don Miguel de Mañara Vicentelo de Leca, caballero de la Orden de Calatraba y hermano mayor de la cofradía de la Caridad de Sevilla, y al carmonense Juan de Cifontes.

Y no tardaron en llegar a un acuerdo porque dos días después, es decir, el 3 de julio de 1670, se firmaba la fusión con las condiciones de la misma. Concretamente, se establecía lo siguiente:

"Que ambas desde hoy en adelante para siempre jamás estén juntas y sean un cuerpo y una misma hermandad y cofradía en el uso y ejercicio de sus oficios, ejercicios y santas obras de caridad y administración de bienes y demás obras pías que cada uno de por si tenía antes de esta agregación..."

 

 

Una vez ratificada la fusión lo primero que se hizo fue disolver las dos juntas, cesar al prioste de la Misericordia y al hermano mayor de la Caridad y nombrar un gobierno interino. Quedaba en manos del arzobispo el designar un hermano mayor que se hiciera cargo de la corporación hasta el día de Pascua en que se debían nombrar, en cabildo general, nueva junta de gobierno.

La sede de dicha cofradía estaría, como no podía ser de otra forma, en la capilla de la Misericordia ya que los hermanos de la Caridad no tenían casa propia. Sin embargo, dicho edificio debía estar en obras porque se decía que, si no estuviese acabado de hacer, residieran en "la parte que eligieren y fuere más conveniente a la dicha hermandad".

 

4.-EL INTENTO DE FUSIÓN CON LA CARIDAD DE SEVILLA

Años después se dio un curioso suceso que no fue otro que la pretensión de la cofradía carmonense de la Caridad y Misericordia de fusionarse con su homónima sevillana. Los hermanos de Carmona pretendían, en función del vínculo de confraternidad y unión que la cofradía de la Santa Caridad de Carmona poseía desde 1669, que "ambas casas quedasen en un cuerpo unidas". La pretensión no tenía muchos precedentes en esos momentos porque si bien eran frecuentes las fusiones de hermandades ubicadas en la misma parroquia, o a lo sumo en la misma villa o ciudad, las realizadas entre corporaciones radicadas en distintas ciudades no era en absoluto usual. Parecía una situación difícil o imposible de llevarse a cabo en esa época. Pero estaba claro que los carmonenses se movían probablemente por el interés de unirse a una casa muy prestigiosa socialmente y muy bien dotada económicamente. Mucho más improbable es que lo hicieran, con una mentalidad inusual en su época, por buscar una mayor eficiencia en el cometido de dos casas que desarrollaban tareas similares.

La oposición de los hermanos de Sevilla fue tajante y contundente: "no podían condescender a lo que proponía la venerable hermandad de la ciudad de Carmona". Según decían se había entendido mal el concepto de confraternidad que, desde 1673, había establecido la hermandad sevillana con otras corporaciones similares de la provincia. Al parecer esta confraternidad solo hacía referencia a la libertad de los hermanos de las distintas corporaciones firmantes de acudir a las funciones públicas de la otra. Concretamente especificaban que la confraternidad entre la hermandad de Sevilla y Carmona solo pretendía:

"Recibir a los hermanos de la referida hermandad a la confraternidad que piden de tal suerte quede hecha esta unión, que los hermanos de una casa puedan asistir recíprocamente en las funciones públicas y ejercicios de la otra, según lo acostumbramos con las demás casas unidas a ésta, como son Alanila, Utrera, Carmona, Las Cabezas, haciéndolos participar de todas las obras, ejercicios e indulgencias de ésta en la forma que podemos por derecho y que se siente en los libros, mediante quedar los hermanos de aquella por de ésta para ganar las gracias e indulgencias lo cual hacemos para siempre jamás. Y estas propias son las contenidas en el de mil seiscientos setenta respectivo a la venerable de la ciudad de Carmona como se ve de la referencia que hace"7.

 

 

Finalmente, alegaban que era injusto para las otras hermandades filiales, con las que también se habían establecido lazos de confraternidad, que en el caso de Carmona se entendiese de una forma diferente. Sin embargo, a nuestro juicio la situación no era la misma porque la de la Caridad de Carmona se fundó en 1670 en unas circunstancias muy especiales y, da la impresión por los documentos conservados, que plenamente ligada y dependiente de la sevillana.

Sea como fuere, lo cierto es que los hermanos de Sevilla no condescendieron ni consintieron tal propuesta de la cofradía carmonense, quedando el intento de fusión en papel mojado.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Aprobación de la fusión entre las hermandades de la Misericordia y de la Santa Caridad (1670).

 

"Licenciado don Gregorio Bastan y Arostegui, provisor y vicario general de esta ciudad de Sevilla y su arzobispado, por el ilustrísimo y reverendísimo señor don Ambrosio Ignacio Espínola y Guzmán, mi señor arzobispo de esta dicha ciudad y arzobispado de Sevilla, del Consejo de Su Majestad, por cuanto por parte de las cofradías y hermandades de la Santa Misericordia y de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo de la ciudad de Carmona se ha presentado ante mi cierta escritura de concordia por la cual parece que las dichas dos hermandades y cofradías pretenden quedar para desde hoy en adelante para siempre jamás reducidas, agregadas y consolidadas en una y los hermanos de ellas por de una misma hermandad, conferido el título de Misericordia y Caridad de Jesucristo, y obligados a guardar la regla y estatutos de la de la Santa Caridad, ejercicios y buenas obras como de la dicha escritura parece, cuyo tenor es como se sigue:

In Dei nomine amen, por el tenor del presente público instrumento sea notorio y manifiesto como en la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, a los dos días del mes de julio del año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mil seiscientos y setenta, indicción octava y del pontificado de nuestro muy Santo Padre Clemente por divina providencia Papa décimo, año primero, en presencia de mi el notario público apostólico y de los testigos infrascritos personalmente constituidos, de la una parte, los seglares don Martín Barba de la Milla, don Alonso Antonio de Armijo Tamariz, vecinos de la ciudad de Carmona, estantes al presente en esta ciudad, hermanos de la cofradía de la Santa Misericordia de la dicha ciudad de Carmona, en nombre y en voz del prioste y hermanos de esta dicha cofradía y en virtud del poder que les otorgaron, ante Alonso María, notario apostólico de la dicha ciudad, su fecha en ella en veintinueve de junio de dicho año, y de la otra parte, el licenciado don Francisco Rodríguez Bordas, presbítero beneficiado propio de la iglesia parroquial del señor san Pedro de la dicha ciudad, consiliario de la hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo que nuevamente se ha erigido y fundado en la dicha ciudad de Carmona y Juan de Cifontes Lobo, hermano de la dicha hermandad y residente en dicha ciudad, en nombre y en voz de los alcaldes y hermanos de la dicha hermandad de la Santa Caridad y en vista del poder que les dieron y otorgaron, ante Juan Caro Almagro, notario apostólico de la dicha ciudad, su fecha en ella en primero día de este mes de julio que todas las dichas partes me entregaron los dichos poderes para los insertar en esta dicha escritura y son del tenor siguiente:

In nomine Dei amen, en la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Carmona, en veinte y nueve días del mes de junio de mil seiscientos y setenta años, por ante mi el notario apostólico y testigos, el prioste y hermanos de la cofradía de la Santa Misericordia o Caridad de esta dicha ciudad, estando juntos y congregados como lo han de costumbre es a saber: don Juan de Romera Tamariz, prioste, don López del Álamo, presbítero comisario del Santo Oficio de la Inquisición y beneficiado propio de la parroquial del Señor San Bartolomé de esta ciudad, don Luis Barrasa, presbítero, don Luis de Romera Tamariz, presbítero beneficiado propio de la parroquial del señor San Felipe de esta ciudad, don Antonio Gil Barba de la Milla, clérigo de menores ordenes beneficiado propio de dicha iglesia del señor San Bartolomé, don Juan Tamariz de Bordas y Guzmán, don Alonso Antonio de Armijo Tamariz, don Gonzalo Tamariz Bordas y Guzmán, don Juan de Romera, don Martín de Barcia y Milla, todos hermanos de la dicha hermandad por si y en su nombre y de los demás hermanos que de ella son hasta el día de hoy y serán en adelante por quien prestaron bastante voz que estarán y pasarán por lo que aquí será contenido y en su virtud se hiciere y otorgare y a la dicha voz obligaron sus caudales y rentas de la dicha cofradía de un acuerdo y conformidad y que por cuanto la fundación de dicha cofradía fue con obligación de que el prioste y hermanos de ella acudiesen a enterrar los cuerpos de los pobres de solemnidad que fallecieren en esta ciudad y su término y acompañar hasta el suplicio a los que por la justicia Real de Su Majestad mandasen ajusticiar y enterrar sus cuerpos y dar en cada un año por el día de Sábado Santo a los pobres de la collación de Santiago de esta ciudad una limosna de pan y carne y por el Ilustrísimo señor don Ambrosio Ignacio Espínola y Guzmán, arzobispo de la ciudad de Sevilla, del Consejo Real de Su Majestad fue servido de mandar se fundase en esta ciudad dicha hermandad de Caridad por tener su ilustrísima noticia estaba fundada la dicha cofradía de la Misericordia y Caridad y porque por obviar algunos inconvenientes que se pueden recrecer los dichos priostes y hermanos de la santa Misericordia y Caridad están conformes con los hermanos de la santa Caridad nuevamente fundada en que se agregasen de la santa Misericordia para que estén incorporados juntas y consolidadas y se cumpla con las obligaciones de su fundación todo lo cual ha de ser con beneplácito de su señoría Ilustrísima y para que tenga efecto otorgaron que daban y dieron todo su poder cumplido el cual de derecho se requiere y es necesario a los señores don Alonso Antonio de Armijo Tamariz y don Martín Barba de la Milla, hermanos de la dicha cofradía de la Santa Misericordia, dieron poder especial para que ambos y no el uno sin el otro puedan parecer y parezcan ante su señoría ilustrísima y pidan y supliquen que se sirva de mandar se haga la dicha agregación de la dicha hermandad de la santa Caridad nuevamente fundada a la dicha cofradía de la Misericordia o Caridad con la obligaciones, cargos e institutos que constan en la fundación de dicha cofradía de la Santa Misericordia y con las demás que tiene o tuviere la dicha hermandad de la santa Caridad, nuevamente fundada, y las que su ilustrísima fuere servido de mandar añadir que fueren convenientes para su confección y aumento.

Para todo lo cual los dichos señores otorgantes, por si y en el dicho nombre, resignaron su voluntad en la de su señoría ilustrísima y que para ello mande se despachen las letras y demás despachos que para la dicha agregación se requieren... y los señores otorgantes, a quien yo el notario doy fe conozco, lo firmaron, siendo testigos Juan Sánchez Carreño, Manuel Rodríguez y Diego de Santiago, vecinos de Carmona. Don Juan de Romera Tamariz, don Luis de Romera Tamariz, don Martín Barba de la Milla, Luis Barrasa, don Gil Antonio Barba de la Milla, Don Pedro López Álamo, ante mi Alonso Macías, notario.

 

En el nombre del muy alto Dios todopoderoso que vive y reina por siempre y sin fin amen y de la bienaventurada siempre Virgen María Madre de Dios, señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original en el primer instante de su ser, sea notorio a cuantos vieren esta carta como en la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Carmona en primero día del mes de julio de mil seiscientos y setenta, estando en la iglesia parroquial del señor San Pedro de esta ciudad, juntos y congregados como lo han de uso y costumbre los alcaldes y hermanos de las hermandades de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo siendo llamados a son de campana tañida, conviene a saber: el licenciado Gregorio Alanís y Lara, cura de dicha iglesia, y Francisco Blasco del Vado, escribano público del número de esta ciudad y ambos alcaldes de la dicha hermandad, Bartolomé Canelo, mayordomo, el licenciado Juan Ruiz de Santaella, presbítero cura de dicha iglesia, secretario, Gaspar del Castillo, fiscal, el licenciado Fernando Romero, el licenciado Diego Nuño, el licenciado Juan Moreno, el licenciado Juan Martín, presbíteros consiliarios, el licenciado Bartolomé de Ávila, el licenciado Martín de Ávila, presbíteros, el reverendo padre fray Fernando Gómez, predicador y religioso del Orden de nuestro padre San Agustín, don Alonso de la Plata, consiliario, Antonio Murillo, escribano del cabildo y consiliario, Juan de Cifontes, Teodomiro de Cifontes y Sarmiento, escribano público y del número de esta dicha ciudad, Juan Caro de Almagro, Francisco de Aguilar, Francisco Serrano, Manuel Gómez, todos hermanos de la dicha santa hermandad por si y en nombre de los demás hermanos de la dicha santa hermandad, presentes y ausentes que hoy son y serán de aquí adelante de dicha santa hermandad por quien prestaron voz y caución de rato en forma de que estarán y pasarán por lo que aquí será contenido y no lo contradirán en manera alguna, antes lo ratificarán y aprobarán, y a manera de fianza obligaron los bienes de dicha hermandad habidos y por haber y todos unánimes y conformes en presencia de mi el presente notario y testigos de yuso escritos dijeron que por cuanto, habiéndose fundado dicha santa hermandad en esta ciudad, unida y agregada con la misma de la ciudad de Sevilla, por el prioste y hermanos de la santa Misericordia de esta ciudad se pretendió haber y hacer y cumplir algunas de las obligaciones de esta santa hermandad sobre que acudieron al ilustrísimo y reverendísimo señor don Ambrosio Ignacio de Espínola y Guzmán, arzobispo de la ciudad de Sevilla, del Consejo de Su Majestad y su provisor en su nombre, en orden a lo cual fueron ganados diferentes mandamientos por una y otra parte y ahora por parte de la hermandad de la santa Misericordia se ha entendido el que dicha hermandad y cofradía se agregue con ésta de la santa Caridad y que se guarden y cumplan su regla, capítulos e institutos de dicha santa hermandad, por estar confirmada y aprobada por el Ilustrísimo y reverendísimo señor arzobispo de esta dicha ciudad de Sevilla y para confirmación de dicha unión, deseando estar al mayor servicio de Dios nuestro señor y que permanezca con toda paz y quietud y en aquella vía y forma que mejor puedan y haya lugar de derecho de un acuerdo y conformidad otorgaron y conocieron que daban y dieron todo su poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere y es necesario a los señores don Miguel de Mañara Vicentelo de Leca, caballero del orden de Calatraba, hermano mayor de la santa Caridad de la ciudad de Sevilla y vecino de ella, y al licenciado don Francisco Rodríguez Bordas, presbítero beneficiado propio de la dicha iglesia del señor San Pedro de esta ciudad y consiliario de esta dicha santa Caridad de esta dicha ciudad, y a Juan de Cifontes y a cada uno insolidum y especialmente para que en nombre de la dicha santa Hermandad puedan conferir con el ilustrísimo y reverendísimo señor don Ambrosio de Espínola y Guzmán, arzobispo de la dicha ciudad de Sevilla y el reverendo provisor de su arzobispado en su nombre, y con la disposición que pareciere por parte de la Santa Misericordia de esta dicha ciudad y con las demás personas que convengan todos los capítulos, calidades y disposiciones necesarias en orden a la perfecta unión de dichas dos hermandades y que se consiga para el mayor servicio de Dios Nuestro señor... Y los otorgantes que yo el escribano doy fe que conozco lo firmaron, siendo testigos Miguel Sánchez, Jacinto del Real y Juan Castellanos, vecinos de esta dicha ciudad...

Y usando de los dichos poderes dijeron que las dichas dos hermandades sobre sus ejercicios han tenido algunas diferencias una con otra sobre que se han seguido algún litigio ante el señor provisor y vicario general de esta dicha ciudad y arzobispado de Sevilla en que se hicieron algunos autos y se despacharon mandamientos como de los autos consta a que se refieren y por quitarse del dicho litigio y juzgar ser más deservicio de Dios nuestro señor la paz unión y conformidad entre las dichas dos hermandades y que estén juntas y hechas un cuerpo para siempre jamás: están de acuerdo de la dicha unión y dieron los dichos poderes para que sobre esto se otorgue escritura en razón de la dicha agregación y unión.

Y los dichos señores otorgantes quieren hacerlo así y, poniéndolo en efecto por esta presente carta, en voz y en nombre de las dichas cofradías de la santa Misericordia y de la santa Caridad de nuestro señor Jesucristo y en virtud y fuerza de los dichos sus poderes hacen, juntan y agregan a la cofradía y hermandad de la Misericordia la dicha hermandad de la santa Caridad; y a la dicha hermandad de la Santa Caridad la cofradía y hermandad de la Misericordia para que ambas desde hoy en adelante para siempre jamás estén juntas y sean un cuerpo y una misma hermandad y cofradía en el uso y ejercicio de sus oficios, ejercicios y santas obras de caridad y administración de bienes y demás obras pías que cada uno de por si tenía antes de esta agregación para que corra con título de la hermandad de la Misericordia y Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo sin que se puedan dividir ni apartar una hermandad de otra ni los títulos de ella: y que los ejercicios y ocupaciones que cada una de por si tenía estén juntos, gobernados y ejecutados por unos ministros sin que se pueda ir ni venir contra ella por ninguna causa ni razón que sea y así se ha de gobernar por un cuerpo sólo y sola una hermandad y que el gobierno y administración de hacienda, oficios y elecciones han de ser conforme lo dispone la regla de la hermandad de la Santa Caridad que está aprobada por su ilustrísima el señor don Ambrosio Ignacio Espínola y Guzmán, Arzobispo de sevilla del Consejo de Su Majestad, sin exceder de ella en cosa alguna ni en el numero que la gobiernan que son veintiuno y con condición que han de cesar los oficios de hermano mayor de la Caridad y Prioste de la Misericordia, quedando a cargo de su ilustrísima el nombrar por esta vez hermano mayor de las dichas dos hermandades unidas para que asista y gobierne de aquí a las elecciones generales que son por el día de pascua de Navidad de este año y que unidos todos en cabildo general nombren todos los oficios del gobierno que como dicho es son veinte y ocho como la regla de la Santa Caridad lo dispone y que para hacer las dichas juntas, cabildos, elecciones y demás ejercicios de la dicha hermandad puedan hacerlos y los hagan con efecto en la capilla de la Misericordia por ser ambas hermandades una y con facultad de que en el ínterin que la dicha capilla no estuviese acabada o por otra cualquiera razón que sean los puedan hacer en la parte que eligieren y fuere más conveniente a la dicha hermandad... y lo aprobé en Sevilla, a 3 días del mes de julio de mil seiscientos y setenta años."

1    GONZÁLEZ JIMÉNEZ, Manuel: "Nuevos datos sobre el hospital de la Misericordia de Carmona", Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 1993 s/f. También en Hespérides, vol. I. Sevilla, 1993, pág. 69.

2    Dicho testamento y su codicilo se protocolizaron el 5 y el 6 de abril de 1511 respectivamente, ante el escribano Alonso de Baeza. Posteriormente, se hicieron los siguientes traslados: el 22 de octubre de 1591, ante Juan Gutiérrez de Mendoza; el 5 de junio de 1683, ante Manuel Rodríguez; y el último, el 15 de junio de 1774, ante José Gerónimo Gutiérrez, escribano público y del cabildo. Dicho testamento y sus traslados se conservan en el Archivo de la hermandad de la Misericordia. Un estudio del mismo puede verse en CARRIAZO RUBIO, Juan Luis: "Carmona en el testamento de Beatriz Pacheco, Duquesa de Arcos", I Congreso de Historia de Carmona. Sevilla, 1998, pág. 351-362.

3    IBÍDEM.

4    GONZÁLEZ JIMÉNEZ: Ob. Cit., s/f. En otras publicaciones posteriores se recoge esta misma idea, sin que además aporten datos adicionales. Véase por ejemplo LERÍA, Antonio: Cofradías de Carmona. Carmona, S&C Editores, 1998, pág. 32.

5    Además debemos decir que existen bastantes otros indicios de la rivalidad entre ambas parroquias que hasta la fecha no han sido estudiados y que, a nuestro juicio merecerían un estudio monográfico. Y una muestra bien conocida de esa rivalidad la tenemos en el hecho de que en el siglo XVIII la hermandad Sacramental de San Pedro labrara una fastuosa custodia argentífera, casi idéntica a la que poseía su homónima de Santa María, evidenciando una rivalidad, en esta ocasión entre hermandades fuertemente ligadas a sus respectivas parroquias.

6    CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: Anales de las cofradías sevillanas. Sevilla, Editorial Castillejo, 1991, pág. 575.

7    Carta del hermano mayor de la cofradía de la Caridad de Sevilla a su homónima de Carmona notificándole lo acordado en su cabildo, Sevilla, 16 de agosto de 1675. Archivo de la Hermandad de la Misericordia y Caridad de Carmona.

NOTICIAS CURIOSAS DE BARCARROTA

Publicado: 22/02/2010 11:15 por Temas de Historia y actualidad en sin tema

   

 

Repasando los protocolos notariales históricos de Barcarrota encontramos a algunos escribanos que, en páginas en blanco o al principio de los libros, reflejaban algunos comentarios sobre la situación de la localidad. Se trata de pequeños apuntes que pasan por ser pequeños retazos de la crónica diaria de la localidad.

El escribano Juan Calixto Romero en la primera página de su libro de escrituras de 1829 rotulaba sus comentarios con el desproporcionado título de "Sucesos Memorables de la villa de Barcarrota". Nosotros hemos preferido la denominación más modesta de "noticias curiosas de Barcarrota" porque, como podrán observar los lectores, poco tenían de memorables los hechos narrados. A continuación, sin más comentarios, mostramos esas pequeñas relaciones ordenadas por años:

 

1776:

"Este año hubo contagio de Sarampión, toses y enfermedades y murió mucha gente y particularmente muchachos" (Escribanía de Juan Andrés de la Plaza).

 

1780:

"Este año fue tan mísero que valió un pan catorce y dos reales en distintas partes; los vecinos de esta villa fueron por trigo a Castilla y de ello se mantuvieron" (Escribanía de Juan Andrés de la Plaza).

 

1781:

"Este año hubo contagio de viruelas, murieron muchos párvulos, y fue tan abundante de granos que la fanega de trigo, estando a noventa reales bajó a veintidós, la cebada de treinta y cinco a ocho y nueve y a proporción las demás semillas" (Escribanía de Juan Andrés de la Plaza)

 

 

1829:

"La primavera fue de las más lluviosas que han conocido los vivientes, pues, principió a llover en dos de marzo y no cesó hasta mediados de junio. Se ahogó en el arroyo del Álamo Manuel Sosa. La cosecha fue cortísima. El trigo antes de la recolección valió de doce a dieciocho reales en octubre y hasta el día fue subiendo hasta treinta y treinta y dos. La cebada valió en un principio de seis a ocho reales, después ha subido hasta quince. Los garbanzos en un principio de veinticuatro a treinta, después a cincuenta y hoy a ochenta reales. La montanera del valdío fue la más mala que los vientos en el día han conocido: en general el fruto de encina escasísimo y el de alcornoque regular. Las lluvias a fines de noviembre muy fuertes. En principio de diciembre mejoró el tiempo; y hoy hace ocho días que está helando tan fuertemente que los nacidos no han conocido mayores fríos en el pal. Aun se dice de algunas muertes ocasionadas por el frío.

La carne vale en el día en el pueblo a veintidós reales arroba, en Badajoz de veintiocho a treinta y uno, libre de entrada.

Murió la Reina que teníamos de Sajonia en doce de mayo y volvió (roto) en once de diciembre.

El quince de junio hubo una tormenta de piedra horrorosa a las doce del día, que principió desde Olivenza, atravesó por Badajoz, causando la ruina de aquel país en las sementeras y viñas, tocando un rabo de ella en el Almendral y Albuera: siguió por la Extremadura alta, causando bastantes estragos en Talavera de la Reina; y aun se dice que llegó en el mismo día a Irún.

El diez de agosto, día de San Lorenzo, se presentaron varias tormentas entre el este y sur de este pueblo que al anochecer se reunieron sobre Salvaleón y Sierra de Santa María, descargando un diluvio de agua entre volcanes de fuego y matando un rayo a un hijo de Isabel Flores, viuda de Juan Nepomuceno Ropón, en lo alto del puerto de Socola. La misma tormenta se extendió por los Barros y también en Almendralejo a un hijo de un Serrano que estaba allí casado. En este mismo protocolo está el poder que su padre dio para heredarlo. Los vecinos de Salvaleón aseguran que en una de las alamedas de aquel término resultaron muertos en el suelo al día siguiente tantos pájaros que no se veía la tierra de dicha alameda.

Don Juan Ventura Montaño a los ochenta y siete de edad, habiendo desempeñado estas escribanías desde el de 1784. (Escribanía de Juan Calixto Romero).

 

1830:

"El trono de San Luis que en 1793 vacó por la muerte del Rey Martín Luis dieciséis fue ocupado por la Asamblea Nacional hasta 1802; lo usurpó Bonaparte hasta 1815 en que los aliados restituyeron a un hermano de la víctima Luis dieciocho, príncipe de gloriosa memoria, a quien sucedió su hermano Carlos diez; cuando la nación francesa subía al más alto grado de esplendor por su riqueza y prosperidad interior (perdido) se vio en los fines de julio y principios de agosto ocupado por Luis Felipe José, hijo del famoso Duque de Orleáns, asesino de su primo, y el mismo guillotinado por la facción a quien sirvió y que justamente le dio este pago. Carlos diez huyó a Inglaterra con el Delfín su hijo, con la infeliz María Teresa, mujer de éste e hija del mártir, con la Duquesa de Berry, cuyo esposo sucumbió a un puñal y con Enrique su hijo llamado Diosdado, legítimo sucesor a la corona una revolución que dio por pretextos las ordenanzas del Monarca que suprimían la demasiada libertad en la prensa y arreglaban la elección de los diputados del común hizo este trastorno Luis Felipe se tituló lugarteniente de Enrique. La Cámara declaró vacante el trono y lo llamó a él, excluyendo la línea predilecta. A estas revoluciones sucedieron otras en la Bélgica, se trató de una separación del reino de los Paises Bajos. En Suiza intentaron algunos cantones separarse del acto federal. Otros gobiernos sufrieron más o menos conmociones y por último (perddo) separado libre de las conexiones con su soberano el mismo Emperador y después declarando vacante también el trono pretende eregirse independientes en todas partes se hacen armamentos. El éxito será como quiera el árbitro de los destinos y supremo regulador de todas las cosas.

Don José Villanueva fue robado la noche del tres de mayo, rompiendo las rejas y ventanas de su casa que dan hacia la viña, ignorándose los autores.

Don Antonio Martínez sacristán de Nuestra Señora también lo fue, rompiendo la cerradura de un baúl que tiene en el camarín de Nuestra Señora, se presume que uno y otro robo fueron de mucha consideración, aunque los robados lo disminuyen.

Joaquín Muñino, hijo de Francisco, que había muerto a uno en Montemolín y él lo fue por José Rodríguez Benito. Joaquín Muñino que mató a Pedro Rodríguez, hermano del asesino de su padre (perdido) en la noche del siete de marzo, hallando su cadáver en un plantonar de don Francisco Grajera, inmediato a la Torre. Atribuyose este delito a José Rodríguez Luengo, hijo del que mató a Francisco Muñino y sobrino del Pedro muerto por Joaquín. Con posterioridad han resultado indicios contra José Zamorano, José Aranda y Alonso de Ramos.

Este año ha sido de los más secos de cuantos han conocido los que viven y el más abundante de bellota de que se tiene memoria. La arroba de carne de cerdo se ha vendido hasta por catorce reales.

1 Este pequeño artículo fue publicado en una revista popular de Barcarrota, llamada El Jacho.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

                                                                                                          Esteban Mira Caballos

             La toponimia de nuestra querida Carmona es bastante amplia en la geografía española, primero, porque se trata de una ciudad histórica cuyos albores se vislumbran hace más de dos mil años, y segundo, porque además existe un apellido del mismo nombre ampliamente difundido por el solar peninsular.

                En la toponimia de la provincia de Badajoz, la encontramos al menos en dos ocasiones, a saber: una, en la comarca de la Serena, donde existe todavía hoy el sitio conocido como de las Carmonas, probablemente en alusión al apellido de sus propietarios que a su vez delataba su origen más o menos remoto en nuestra ciudad1.

               Y otra, en el norte de la provincia de Badajoz, rayana ya con la de Cáceres, donde encontramos una pequeñísima villa, llamada Carmonita. Tiene un reducido término de 38,9 kilómetros cuadrados y linda exactamente con Cáceres al norte, con la sierra de Montánchez al este y con el término de Mérida al oeste. Está ubicada a 382 metros sobre el nivel del mar, en medio un paisaje agreste de dehesa, monte bajo y matorral.

 

1.-HISTORIA DE CARMONITA

             De su origen es muy poco lo que sabemos ya que su pasado ha suscitado poco interés por parte de la historiografía. Tras algunas pesquisas en materiales bibliográficos y en manuscritos del Archivo Histórico Nacional, encontramos algunas referencias en los libros de visita de la Orden de Santiago. En una antigua visita de los comendadores de la Orden encontramos lo siguiente:

 

             “El lugar de Carmonita está muy cerca del de Cordobilla; tiene treinta vecinos. Fundose por moros de Carmona y ellos le pusieron el nombre de su patria y después le poblaron los cristianos, cuando a Cordobilla, en los años del Señor de 1327. Y su iglesia es aneja al curato de Cordobilla”2.

 

                Al parecer fue fundada, al igual que Cordobilla de Lácara, por musulmanes expulsados de Carmona en fecha indeterminada pero fijada usualmente por los historiadores entre el siglo IX y el X de nuestra era. Sabemos que el califa cordobés Abderraman III asedió Carmona en el año 917 y tras tomarla destruyó parte de sus instalaciones defensivas3. Nada tendría de particular que fuera tras estos acontecimientos, en el primer tercio del siglo X, cuando estos musulmanes fueron expulsados. En el cadalso, se asentaron a varios cientos de kilómetros de distancia, en una zona que debía estar prácticamente despoblada, como lo estuvo durante gran parte del medievo. Sea como fuere, lo cierto es que en recuerdo de su añorada patria chica le pusieron el nombre de Carmonita, la pequeña Carmona. Y ello muy a pesar de que el entorno natural elegido era absolutamente diferente al de su “Carmuna” natal y a las fértiles vegas del río Corbones.

Sabemos que, tras la reconquista, la zona quedó despoblada, por lo que se encargó a la Orden de Santiago su repoblación. En el siglo XIV debió haber un poblamiento discontinuo hasta que, a finales del siglo XV, se consolidó por fin un minúsculo núcleo más o menos estable. En la visita de la Orden de Santiago de 1494 se refería lo siguiente:

 

“De pocos días a esta parte se han juntado algunos vecinos de la comarca a hacer la aldehuela que se llama Carmonita, en que hay siete u ocho vecinos… Juntándose vecinos a poblar otra aldea que se llama cordobilla…”4.

 

Y este débil poblamiento no mejoró demasiado en las décadas siguientes porque en la visita del diecinueve de marzo de 1515 se decía que no había más de doce o quince vecinos en torno a una iglesia dedicada a Santa María Magdalena. Como podemos observar en el cuadro la evolución de la población fue muy escasa desde su fundación hasta finales de la Edad Moderna.

 

 

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN

Cuadro mI: evolución de la población en Carmonita5

 

 

AÑO

VECINOS

HABITANTES

1498

8

32

1501

21

84

1515

12 ó 15

48 ó 60

1594

26

104

1605

30

120

1751

56

224

 

La primitiva iglesia de Carmonita, que no tenía clérigo, estaba en las afueras del núcleo poblacional. Poseía ya entonces un altar mayor con la efigie de bulto de Santa María Magdalena y tres altares más pequeños: uno dedicado a Nuestra Señora, otro a San Juan, y finalmente, otro a los Santos Mártires6. El templo era tan pequeño y estaba tan apartado del lugar que, a mediados del quinientos, construyeron un nuevo edificio, también modestísimo, pero esta vez en el centro de la localidad. En este año el visitador de la Orden se refería a estas obras con las siguientes palabras:

 

“Y el dicho visitador se fue a la iglesia del dicho lugar que es la advocación de Señora Santa María Magdalena la cual es una iglesia nueva que se va haciendo porque mudaron la que tenían arriba y la bajaron al dicho lugar y en la dicha iglesia no hay sacramento ni óleo ni crisma y la iglesia es de una nave cubierta de madera de pino con cinta y saltino pintado y está al cabo de la dicha iglesia el arco postrero por cubrir…”7.

 

La descripción de la iglesia, de una sola nave y con cubierta de pino, nos da una idea de la modestia del nuevo oratorio. La fábrica solo disponía de varios pedazos de tierra8 y sus enseres litúrgicos eran modestísimos como podemos comprobar en el inventario que transcribimos y extractamos a continuación:

 

“Una cruz de hoja de lata con un crucifijo; un cáliz de plata con su patena; una casulla de raso falso con una cenefa bordada sobre raso azul con estola y manipulo; otra casulla de paño negro con estola y manipulo; dos albas con sus amitos; dos misales de la Orden; un cuaderno de cantoría; una lámpara de azófar y un incensario de latón9.

 

En 1798 Tomás López escribía de Carmonita que no tenía nada de interés, salvo una “dehesa con el nombre de Loriana y en ella un convento de padres descalzos franciscos”10. Pero debemos decir, que Carmonita tenía –y tiene- algo excepcional que Tomás López no supo valorar en su época: su privilegiado entorno natural. Los Carmoniteños –que ese es su gentilicio-conviven en armonía con su medio ambiente, siendo su entorno una auténtica reserva de especies vegetales endémicas y de aves y mamíferos que se encuentran en extinción, como el lince ibérico, el buitre leonado y el buitre negro.

 

2.-CARMONITA EN LA ACTUALIDAD

Carmonita es un lugar del partido judicial de Mérida, incluido en la Comarca pacense de Lácara. Cuenta con una población de 688 habitantes que se dedican, como antaño, a la ganadería y a la agricultura.

Sus fiestas más importantes son tres: la romería de San Isidro el quince de mayo, la fiesta de la Magdalena el veintidós del mismo mes y, finalmente, la fiesta del Santo Cristo del Perdón, que se celebra el quince de septiembre. En su gastronomía destaca la carne de cordero que la guisan de distintas formas, sobre todo asada y en caldereta, y distintos dulces artesanales11.

Desde las elecciones del 2003 hay mayoría de representantes del Partido popular, con cuatro concejales (el 57,78 por ciento de los votos), mientras que el Partido Socialista obtuvo tres concejales (42 por ciento de los votos). Curiosa paradoja en un pueblo de braceros, campesinos y pequeños propietarios, donde tanto movimiento social hubo hasta la Guerra Civil y donde tantas carencias se padecieron hasta tiempos sorprendentemente recientes.

No quisiera acabar este pequeño artículo sin invitar a todos los carmonenses de pro a conocer la pequeña Carmona. En el pueblo no hay lugar donde alojarse pero está de paso entre Mérida y Cáceres, dos ciudades con amplia oferta hotelera y turística. No esperemos encontrar en Carmonita una zona monumental –que no existe- pero sí un paraje natural de gran interés, escasamente poblado, de los que quedan pocos ya en la Unión Europea y en España.

                Y para finalizar, me gustaría reivindicar la posibilidad de un hermanamiento que podría ser enriquecedor para ambos pueblos. Si se llamara Sevillita, Utrerita o Ecijita seguro que ya lo tendría, pero se llama Carmonita. Sería bonito, y seguro que bien acogido, el envío de libros de Carmona, realizar alguna excursión oficial y conocer su bello entorno natural. Incluso, intercambiar unas pequeñas replicas de las patronas respectivas, la Virgen de Gracia y Santa María Magdalena. Aunque tan lejos estuviese de la mentalidad de los carmonenses fundadores: ¡Que bonito sería encontrar en la pequeñita iglesia de Santa María Magdalena de Carmonita una pequeña efigie de la Virgen de Gracia! Seguro que los carmoniteños que son gente sencilla, afable, acogedora y noble –en el sentido más amplio del término-, aceptarían de buen grado cualquier iniciativa de este tipo.

1 CASTAÑO FERNÁNDEZ, Antonio Mª: Los nombres de la Serena. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1998, pág. 314.

2 Citado en IGLESIAS AUNIÓN, Pablo: Historia de la comarca de Lácara. Badajoz, Adecom-Lácara, 2000, pág. 53.

3 TAHIRI, Ahmed: “El esplendor de la Carmona islámica. Épocas del califato y taifas”, Actas del I Congreso de Historia de Carmona. Sevilla, 1998, págs. 49-50.

4 IGLESIAS AUNION: Ob. Cit., pág. 53.

5 Fuentes: IGLESIAS AUNIÓN: Ob. Cit., págs. 103, 185 y 319.

6 Visita del 19 de marzo de 1515. A.H.N. Órdenes Militares 1109-C, fols. 581-583.

7 Visita del 14 de diciembre de 1550. A.H.N. Órdenes Militares L. 1112-C, fols. 564-566.

8 Sus posesiones eran las siguientes: “unas tierras junto a la Magdalena; otro pedazo de tierra borde con tierra de Juana García; otro pedazo linde con el de Arriba; otro pedazo de tierra al lomo de Juana García; otro pedazo linde con este otro y con el camino de Alcuéscar; otro pedazo de tierra linde con este otro”. Ibídem.

9 Ibídem.

10 LÓPEZ, Tomás: La provincia de Extremadura en el siglo XVIII. Mérida, Asamblea de Extremadura, 1998, Pág. 301 y ss.

11 Estos datos de la actualidad están obtenidos de las siguientes paginas Web: http:// www.dipbadajoz.es/municipios y http:www.adecomlacara.es

 

En estas líneas queremos dar a conocer un hallazgo documental en torno a esta exploración de Cuba mandada hacer por el gobernador frey Nicolás de Ovando. El documento localizado por nosotros es un apunte contable, recogido en el libro del tesorero de la isla Española, Alonso de Santa Clara, que pese a su breve- dad pone fin a una histórica disputa en torno a la fecha exacta en la que se realizó tal expedición.

Como es bien sabido Cuba fue descubierta ya por Cristóbal Colón en su primer viaje, sin embargo, su reconocimiento fue muy precario, pues, incluso el propio primer Almirante llegó a dudar de su insularidad. Su exploración estuvo durante bastantes años paralizada hasta que por fin frey Nicolás de Ovando decidió enviar con este cometido una pequeña armada al frente de Sebas- tián de Ocampo. Este último era, según el padre Las Casas, "un hidalgo gallego criado de la reina doña Isabel, de los que había venido con el primer Almirante, cuando vino a poblar esta isla el segundo viaje"2. El dominico que, como veremos posterior- mente, se mostró bastante impreciso en algunos de los apuntes proporcionados sobre esta expedición tales como el año de partida o su duración, sí que debía estar más seguro cuando afirmó que Ocampo había arribado a la isla Española en la segunda travesía colombina ya que también él viajó en esa flota3. Por lo demás y para concluir este breve repaso biográfico de Ocampo debemos mencionar el grave problema que tuvo con la justicia antes de partir de Castilla pues parece ser que se le conmutó la pena de muerte por el destierro de por vida a la isla Española4

Hasta ahí estamos de acuerdo con el resto de la historiografía existente, sin embargo, queremos demostrar a continuación el error en el que han incurrido tanto los cronistas de Indias como la totalidad de la historiografía contemporánea al fechar la partida, unos, en 1508 y otros, en 1509. Empezando por los cronistas citaremos a continuación las palabras de fray Bartolomé de las Casas:

 

"Acordó también por este tiempo, que era el año de 508, el comendador mayor, enviar a descubrir del todo a la isla de Cuba, porque hasta entonces no se sabía si era isla o tierra firme, ni hasta dónde su largura llegaba, (y también ver si era tierra enjuta, porque se decía que lo más era lleno de anegadizos, ignorando lo que el Almirante, cuando la descubrió el año de 94, había visto en ella..."5

 

Bastante más impreciso se mostró Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia General y Natural de las Indias pese a que de sus palabras se deduce que la expedición debió zarpar en algún momento de 1509, como bien podemos comprobar en el párrafo que reproducimos en las líneas siguientes:

 

"Poco tiempo antes que el comendador mayor de Alcántara, don frey Nicolás de Ovando, fuese removido de la gobernación de aquestas partes, envió con dos carabelas y gente a tentar si por vía de paz se podría poblar de cristianos la isla de Cuba, y para sentir lo que se debía proveer, si caso fuese que los indios se pusiesen en resistencia. Y a esto envió por capitán a un hidalgo llamado Sebastián de Ocampo..."6

 

 

Así, pues, queda bien claro que ni siquiera los cronistas de Indias coincidieron a la hora de fechar la expedición, pues, mientras Las Casas apunta con cierta rotundidad el año de 1508, Oviedo insinuó que no zarpó hasta el año siguiente. Acaso el único punto en común entre ambos fue situarla en cualquier caso durante los años finales del gobierno del comendador mayor de la orden de Alcántara frey Nicolás de Ovando.

Pues, bien, los cronistas e historiadores de los siglos posteriores siguieron en líneas generales las hipótesis de Las Casas y de Oviedo sin aportar ningún comentario nuevo al respecto7. Ni tan siquiera la historiografía contemporánea ha llegado a un acuerdo sobre este aspecto, manteniéndose la división entre los que de acuerdo con la versión de Las Casas defienden la fecha de 1508 y los que por contra afirman que debió ocurrir en 15098.

Sin embargo en la mayoría de los casos no se ha esgrimido más argumento que la cita a alguno de los cronistas. Realmente, ha sido Juan Manzano quien, en su ya citado trabajo sobre los Pinzones, dedicó una cierta atención a este viaje de exploración. Este investigador considera errónea la fecha de 1508 proporciona- da por el padre Las Casas, pues, no en vano el propio dominico manifestó en esta ocasión no estar muy seguro de sus afirmaciones9. Así, pues, Manzano se acerca más a la tesis de Fernández de Oviedo al afirmar que la expedición debió partir de la isla Española entre mayo y junio de 150910. Sin embargo, la prueba que utiliza para sustentar su hipótesis nos parece extremadamente débil ya que se basa en una respuesta del Rey a Ovando, fechada el 14 de agosto de 1509, en la que afirma que aún "no se había acabado de bojar toda la isla (se refiere a Cuba) por la falta que hay de carabelas..."11.

Evidentemente Manzano incurre en un error al creer, a partir de este documento que la expedición de Ocampo no se había aún realizado a mediados de 1509, cuando en realidad lo que parece indicarnos es que no tuvo el alcance esperado pues posiblemente Ocampo no llegó a circunnavegar toda la costa. En este sentido podemos traer a colación una afirmación de Fernández de Oviedo, citada también por Manzano, en la que decía que aunque fue a la isla de Cuba y tomó posesión de algunas tierras "hizo poco", es decir, apenas si aportó nuevas respuestas a la realidad de esa isla12.

A nosotros no nos cabe la menor duda de que Sebastián de Ocampo partió de la isla Española a mediados de 1506, seguramente de Puerto Plata pues así se deduce del descargo asentado en el libro de cuentas del tesorero Santa Clara y que por su interés transcribimos a continuación:

 

"Cárgansele más 19 pesos y 6 tomines de oro que ha de recibir Hernando de Pedrosa, vecino de Puerto Real, que los debía de 31 cargas y 34 partes de cazabi de Sus Altezas que Sebastián de Ocampo, que iba por capitán de ciertas carabelas que fueron a la isla de Cuba, dejó en la costa del cacique Guanagrax, porque estaba dañado y se dio a razón de 5 tomines la carga en el mes de enero de 1507 años"13.

 

El documento es concluyente ya que no se trata de una versión retrospectiva de un cronista sino de un apunte contable anotado en el mismo momento en que se hizo la transacción, quedando claro que si el cazabe en mal estado fue vendido a principios de 1507 Ocampo debió de zarpar unos meses antes, probablemente en verano del año anterior.

Por lo demás, debemos decir que este viaje no debió dar los resultados esperados de ahí que en la correspondencia de los años posteriores se afirme que aún no se había bojeado por completo la isla de Cuba. Debieron ser, pues, Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz Solís, en 1508, quienes por primera vez circunnavegaron la isla14.

 

1 Este artículo fue publicado originalmente en la Revista de Indias, Madrid, 1996, pp. 199-203.

2LAS CASAS, Bartolomé de las: Historia de las Indias, T. II, México, Fondo de Cultura Económica, 1951, Lib. II, Cap. XLI, p. 339.

3    COLON, Cristóbal: Los cuatro viajes. Testamento, (ed. de Consuelo Varela). Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 19-20.

4    ALVAREZ PEDROSO, Armando: Cristóbal Colón. Biografía del Descubridor. La Habana, 1944, pp. 437 y ss.

5    LAS CASAS(1), T. II, Lib. II, Cap. XLI, p. 339. En líneas generales Antonio de Herrera copió la versión del padre Las Casas al afirmar que tal expedición se llevó a cabo en 1508. HERRERA, Antonio: Historia general de los hechos de los castellanos, T. I. Madrid, Academia de la Historia, 1934, p. 29.

6    FERNANDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia general y natural de las Indias, T. II. Madrid, Editorial Atlas, 1992, Lib. XVII, Cap. III, p. 112.

7    Véase por ejemplo el historiador del siglo XVIII ARRATE, Martín Félix: Clave del Nuevo Mundo. México, Fondo de Cultura Económica, 1949, p. 9.

8    PEREZ CABRERA, José Manuel: "El bojeo de Cuba por Ocampo, ¿Cuándo tuvo lugar?", Revista Bimestre Cubana, vol. XXXIV, Nº 1. La Habana, junio-agosto de 1934. MARRERO, Leví: Cuba, economía y sociedad, T. I. Madrid, Editorial Playor, 1974, p. 101. GUERRA Y SANCHEZ, Ramiro, José María PEREZ CABRERA, Juan J. REMOS y Emeterio S. Santovenia: Historia de la Nación cubana. La Habana, Editorial Historia de la Nación Cubana, 1952, pp. 51-52. RUIZ DE LIRA, Rafael: Colón, el Caribe y las Antillas, T. III de la Historia de América Latina. Madrid, Editorial Hernando, 1978, p. 116. MORALES PADRON, Francisco: Historia General de América. Madrid, Espasa Calpe, 1975, p. 236. MANZANO MANZANO, Juan: Los pinzones y el descubrimiento de América, T. II. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1988, pp. 339 y ss.

9    MANZANO(6), p. 339.

10    IBIDEM, p. 342.

11    IBIDEM, pp. 339-341.

12    FERNÁNDEZ DE OVIEDO (5): T. II, Lib. XVII, Cap. III, p. 112.

13    Cuentas del tesorero Alonso de Santa Clara, desde el 15 de noviembre de 1505 hasta 1508. AGI, Justicia 990, N. 1, Pieza 2ª.

14    MANZANO (6), p. 344.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

Esteban Mira Caballos

 

La población es un campo de la investigación histórica que se viene desarrollando desde hace unas pocas décadas ya que cada vez más son consideradas como un pilar básico para el posterior estudio de otros aspectos relacionados con la vida económica, social o cultural1. Realmente poco se puede saber de la realidad de un pueblo o de una cultura concreta si no se tiene completa certeza de los habitantes que protagonizaron su historia.

El presente estudio constituye un pequeño aporte al conocimiento de la población en esta localidad de Cantillana que deberá ser completado con otros ensayos referentes a otros períodos históricos.

 

1.-FUENTES

Como es bien sabido, para el estudio de la demografía en el Antiguo Régimen carecemos de fuentes estadísticas motivo por el cual debemos basarnos en recuentos, tanto civiles como religiosos, realizados sin ningún rigor científico. La mayoría de estos censos están plagados de errores y de contradicciones ya que, en su mayor parte, se realizaron con intenciones fiscales y/o militares y no con la idea precisa de conocer realmente la población y su estructura socio-laboral de las distintas regiones y provincias de la Península. De hecho en la mayoría de ellos no se recogen más que los cabezas de familia que son los que tributaban al Estado, mientras que se omiten los vagabundos, los marginados, las minorías étnicas, los esclavos, y demás sectores de la población que no tributaban. A veces, incluso, se omiten los eclesiásticos, las mujeres y, en aquellos lugares donde no tributaban, los hidalgos.

En el Archivo Municipal de Cantillana se conservan recuentos vecinales desde 17712, sin embargo, estos, al igual que los realizados en otras localidades de la Península en esas fechas, están repletos de omisiones y de ocultaciones ya que el fraude se producía en un doble nivel, a saber: en primer lugar, por parte de los propios vecinos, los cuales callaban el número total de miembros de su familia para evitar las levas. Asimismo, solían ocultar la verdadera dimensión de sus casas para impedir que las tropas reales se alojaran en su vivienda y para tributar lo menos posible. Y en segundo lugar, los diputados de padrones encubrían la cifra total de vecinos para pagar menos al Estado, mientras que después ellos, conocedores de la cifra real, cobraban y se embolsaban una mayor cantidad de dinero.

Por todo ello, el presente análisis lo vamos a realizar a través de dos censos estudiados por nosotros para otras localidades andaluzas y que por lo tanto conocemos bien sus virtudes y sus defectos, a saber: uno civil, cuya confección fue ordenada en 1786, realizándose en los primeros meses de 17873, y, otro, de carácter religioso publicado, por primera vez, en 1791. En cuanto al primero podemos decir que fue planeado por el ministro ilustrado Floridablanca el cual consiguió que se enviaran, en 1786, reales provisiones a las principales localidades españolas con el fin de que elaborasen un recuento extraordinario4, en el que apareciesen registrados con gran detalle la población y su ocupación laboral. Sin duda, el fin del censo era muy acorde con los ideales ilustrados como bien puede verse en el texto que reproducimos a continuación:

 

Ya para calcular la fuerza interna del Estado, ya para conocer los aumentos que ha recibido con el fomento dado a la agricultura, artes y oficios ya a los diferentes ramos del comercio que se han abierto, ya para aumentarlos en cada pueblo o provincia conforme a la necesidad o disminución que tengan y repartirlos con igualdad entre todas las clases de sus vecinos y ya para que vean los extranjeros que no están el Reino tan desierto como creen ellos y sus escritores...5

 

 

Sin embargo, y muy a pesar del interés que puso el ministro para que se hiciese el recuento con exhaustividad y veracidad, lo cierto es que hace años que se vienen detectando por los investigadores multitud de errores, sobre todo por defecto, ya que los cabezas de familia intentaron esconder a miembros de su parentela, a sabiendas de que en realidad se hacía para fijar los impuestos. Pese a todo, el recuento, aunque no es fiable en sus números absolutos, muestra una gran riqueza en informaciones que nos permite hacer multitud de cálculos en torno a la población. Después del censo del Marqués de Ensenada es el más completo que se hizo en la segunda mitad del siglo XVIII ya que no sólo se divide a la población sexo, por edades y por estados, sino que además se recuentan los oficios que desempeñaban cada uno de los vecinos de cada localidad.

El otro censo fue elaborado por los distintos párrocos del Arzobispado de Sevilla y fue publicado en 17916. El proyecto partió del Arzobispo Cardenal Solís, el cual puso en marcha la idea, en 1769, aunque no se aceptó por la Real Cámara hasta 1787. Este recuento tiene un gran interés ya que todavía en estas fechas los censos eclesiásticos son mucho más fiables que los elaborados por el poder civil. En este sentido, debemos destacar el sentido de la parroquialidad existente en la época que hacía a todos los vecinos vivir en torno a su parroquia y participando activamente en sus cultos. Igualmente, debemos señalar la obligación que tenían los párrocos de remitir un informe periódico al palacio arzobispal, informando del número de vecinos que en cada momento había en su parroquia.

Creemos que este censo se muestra más veraz que el resto de los recuentos intentados en el siglo XVIII, aunque por desgracia en él solo se ofrece el número de vecinos y el de almas de comunión de cada localidad, divididos en primera instancia por vicarías y, en segunda instancia, por parroquias.

 

 

2.-LA DEMOGRAFÍA EN CANTILLANA A FINES DEL SIGLO XVIII

Para establecer la población total en esta localidad a fines del siglo XVIII contamos con varios informaciones que debemos analizar. En el censo de 1787 se establece un total de 2.981 habitantes en Cantillana7, sin embargo, contamos con el censo de 1791 para confirmar esta aseveración ya que al primer censo se le imputa estar falseado en sus números absolutos. Así, creemos que sin dejar de considerar las cifras ofrecidas por el censo de Floridablanca debemos tener en cuenta ante todo los totales poblacionales del libro de curatos del Arzobispado de 1791. Además, este censo eclesiástico tiene la ventaja de que aparecen reflejadas dos cifras diferentes: los vecinos, que suman 683, y las almas de comunión que totalizan 2.050 personas.

De manera que tenemos dos formas diferentes de llegar a la población total, bien, a través de las almas de comunión que suponen aproximadamente cuatro quintas partes de la población total, o bien, multiplicando los vecinos por el coeficiente cuatro o cinco. Precisamente, establecer un coeficiente determinado es uno de los grandes problemas de la demografía pre-estadística ya que un error en la elección nos podría suponer falsear el número de habitantes en una quinta parte por defecto o por exceso. Así, el número de almas de comunión nos impide multiplicar a los vecinos por cinco ya que en ese caso el censo sería contradictorio. Mucho más factible es utilizar el coeficiente cuatro, que es el que se suele utilizar para el medio rural donde la tasas de mortalidad infantil son superiores a las del medio urbano.

Además este coeficiente está justificado en el bajo número de hijos que aparecen registrados en el censo de 1787, es decir, tan sólo 1.037 menores de 16 años, mientras que existen 752 parejas menores de cuarenta años. El coeficiente de hijos por matrimonio en edad de fecundar es de 1`37 cifra que nos parece extremadamente baja y sólo justificable, nuevamente, en función de una alta mortalidad infantil.

Así, pues, aplicando el coeficiente cuatro tendríamos una población de 2.732 habitantes. Sin embargo, a esta cifra habría que incorporar otros grupos humanos que, con total seguridad, no estaban incluidos en el censo. En primer lugar, los eclesiásticos que, entre miembros de ordenes regulares y clero secular, sumaban en Cantillana 28 personas8. Igualmente habría que añadir los extranjeros, los mendigos, los transeúntes, los pícaros y los "pobres de solemnidad" -como se les denomina en la documentación de la época- los cuales podrían sumar aproximadamente medio centenar. Y finalmente, habría que agregar el número de esclavos negros que, sin que dispongamos de cifras concretas, podrían constituir una decena. Así tendríamos para Cantillana a fines del siglo XVIII una población de 2.820 habitantes, cifra muy próxima a la establecida en el censo de 17879.

De esta forma tenemos que Cantillana experimentó un sensible crecimiento desde los 450 vecinos que tenía en 165010, a los 683 que poseía en 1791. Es decir, en menos de un siglo y medio la población aumentó un 34,1%. El crecimiento aunque ligeramente inferior a la media española era mayor que el de algunas localidades del entorno como la propia Carmona, la cual, en el mismo período de tiempo, tan sólo creció en un 32`98%.

Igualmente, debemos destacar el hecho de que Cantillana en el Antiguo Régimen fue una localidad que no estaba ni entre las pequeñas ni entre las grandes sino que se mantenía como un núcleo de mediano tamaño, incluyéndose entre los veinte pueblos más importantes de la provincia11.

A continuación, haremos un breve análisis de la población según el sexo y la edad, a través de las cifras proporcionados en el censo de 1787 y que reproducimos en el cuadro que viene a continuación:

 

CUADRO I

LA POBLACIÓN EN CANTILLANA POR SEXO Y EDAD (1786)

 

EDAD

HOMBRES

MUJERES

TOTAL

Hasta 7 años

280

234

514

De 7 a 16 años

283

240

523

De 16 a 25 años

194

198

392

De 25 a 40 años

426

431

857

De 40 a 50 años

166

172

338

De 50 años en adelante

149

208

357

TOTALES

1.498

1.483

2.981

 

 

En cuanto a las edades observamos una fuerte base que nos está indicando una fuerte tasa de natalidad ya que los menores de 16 años suman nada menos que 1.037 personas. Igualmente, encontramos un gran número de personas menores de 40 años y por tanto en edad de fecundar. Todo ello nos está indicando que se trata de una población en crecimiento con una alta tasa de natalidad y una fuerte mortalidad, especialmente infantil. En este sentido, el comportamiento de Cantillana es el típico de las demás localidades de la península en esta época, donde había altas tasas de natalidad y mortalidad, jalonadas por crisis periódicas que determinaban un crecimiento muy leve de la población.

En relación al sexo, observamos un mayor número de hombres con respecto a las mujeres, situándose la sex ratio, es decir, la relación de hombres sobre el total de mujeres, en el 101`01%. Es decir por cada 100 mujeres había unos 101 hombres. Sin embargo, las cifras globales no deben inducir a engaño, pues, la sex ratio está determinada por un mayor nacimiento de hombres con respecto a las mujeres, los cuales son mayoritarios tan sólo hasta los 16 años. A partir de esta edad, las mujeres superan en número a los hombres hasta el punto de situarse la sex ratio, a partir de los 50 años en el 71`63%. Sin duda, esto se debía básicamente a dos hechos: primero, a una mayor tendencia a la emigración del varón, y segundo, a una mayor mortalidad masculina.

La emigración debió tener una escasa importancia en el siglo XVIII y afectó más a los varones que a las mujeres ya que siempre estaban más dispuestos a marcharse los varones jóvenes que las mujeres. Desconocemos las cifras exactas de emigración tanto provincial12, como nacional, sin embargo, si que tenemos referencias gracias a los libros de asientos de pasajeros, de los que decidieron probar fortuna en las Indias. Así, pese a que en el siglo XVI fueron numerosos los cantillaneros que se decidieron a cruzar el océano13, en el siglo XVII disminuyó en buena medida14, para restringirse a tan sólo dos personas en todo el siglo XVIII. Concretamente, en este último siglo viajaron, en 1720, Francisco Nieto de la Milla, el cual era mercader y su destino fue la Nueva España15, y, en 1779, Ramón Díaz del campo el cual fue en calidad de secretario del gobernador de Guayaquil16.

En definitiva queda claro que la emigración a las Indias jugó un escaso papel en la dinámica demográfica de Cantillana, al menos en lo que se refiere al siglo XVIII que ahora investigamos. Igualmente es notable la abrumadora mayoría de emigrantes varones con respecto a las mujeres pues en tres siglos tan sólo detectamos una sólo cantillanera que marchó con destino a América.

Más importancia, debió jugar en la evolución demográfica y en el desequilibrio de la sex ratio la mayor mortalidad del hombre en estas fechas ya que era quien desarrollaba los trabajos más duros y peligrosos, siendo además frecuentemente llamado para acudir a la guerra17. Estas cifras se relacionan perfectamente con el alto número de viudas, que a partir de los 50 años suman más del doble que los viudos.

En cuanto a la población por estados tenemos entre varones y mujeres las siguientes cifras absolutas y los siguientes porcentajes:

-1.558 solteros, es decir un 52`26 por ciento

-1.196 casados, " " 40`12 " "

-227 viudos, " " 7`61 " "

A su vez estas cifras se pueden desglosar para el caso de los varones, y son como siguen:

-833 solteros, es decir un 55`60 por ciento

-597 casados, " " 39`85 " "

-68 viudos " " 4’53 " "

 

Y las mujeres por su parte suponen los siguientes porcentajes:

-725 solteras, es decir un 48`88 por ciento

-599 casadas " " 40`39 " "

-159 viudas " " 10`72 " "

 

Las cifras señaladas ofrecen una gran cantidad de casados y de solteros que nos está señalando una población que estaba en crecimiento ya que hay muchos matrimonios en condiciones de tener descendencia y muchos solteros que pueden contraer matrimonio en cualquier momento. Por lo demás, notamos un mayor porcentaje de mujeres casadas y, sobre todo, una mayor cantidad de viudas, que suman más del doble que los viudos, lo que nos está señalando nuevamente una mayor mortalidad masculina en estos años.

 

3.-ESTUDIO SOCIO-LABORAL

Uno de los aspectos más interesantes que aparece en el censo de 1787 es que no solamente se refleja la población en números absolutos sino también los oficios que existían en cada localidad, lo cual nos permite saber la tasa de población activa y la ocupación de sus habitantes.

En primer lugar, señalaremos la tasa de población activa de Cantillana, es decir, la relación entre el número de personas activas y el efectivo total de la población. En esta localidad la población activa tan sólo estaba formada por 508 personas lo que supone el 17`04% con respecto a la población total y el 33`91% con respecto a los varones. Entre el grupo de los privilegiados tan sólo podemos contar tres hidalgos, los cuales con total seguridad vivía de las rentas de sus propiedades rústicas, controlando la vida social y política de la localidad a través de las regidurías del concejo18. Evidentemente, el número es extremadamente corto lo que no indica más que Cantillana era una localidad donde los propietarios de tierras eran foráneos y no residían en la propia villa.

A continuación haremos un breve análisis de los sectores de actividad, los cuales los vamos a dividir en tres: el primario, el secundario y el terciario. Empezando por el sector primario debemos decir que ocupaba nada menos que a 424 personas, es decir, ocupaba al 83`96% de la población activa de Cantillana. La cifra nos parece extremadamente elevada y denota que la localidad dependía absolutamente del campo19.

 

 

CUADRO Nº II

JORNALEROS Y LABRADORES (1787)

 

 

Nº ABSOLUTO

% RESPECTO AL SECTOR PRIMARIO

% RESPECTO A LA POBLACIÓN ACTIVA

Labradores

24

5,66

4,75

Jornaleros

400

94,33

79,20