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LOS ORÍGENES DE CRISTOBAL COLÓN

Publicado: 19/01/2010 11:56 por Temas de Historia y actualidad en sin tema

 

 

     Todavía en pleno siglo XXI la vida de Cristóbal Colón sigue siendo un enigma. Seguimos sin tener certeza sobre su origen familiar, sobre la cuestión del pre-descubrimiento, e incluso, sobre el lugar donde reposan sus restos. En las líneas que vienen a continuación, y dada la limitación propia de un artículo periodístico, nos centraremos exclusivamente en exponer el estado actual de las investigaciones en relación a su lugar de nacimiento y a su origen familiar.

     Para nosotros la causa fundamental por la que existe una gran incertidumbre en torno a la vida de Colón es que el propio don Cristóbal así lo quiso, pues, como ha escrito Salvador de Madariaga, "no cabe duda que éste administraba la verdad con notoria cautela", acaso para ocultar su baja cuna. Igualmente por motivos lógicos de rivalidad, solía guardar silencio sobre los derroteros seguidos y sus proyectos de descubrimiento, lo cual era además una táctica que habían venido utilizando los portugueses durante todo el siglo XV.

     Del lugar de nacimiento de Colón se han apuntado cerca de 50 patrias, desde el Colón Gallego hasta el Ibicenco, el catalán, o el portugués, pasando incluso por el Colón extremeño y más en concreto de Oliva que defendiera hace ya algunas décadas el famoso párroco de esta localidad. Sin embargo, hay que decir que hoy prácticamente ningún historiador, mínimamente serio, duda de su naturalidad genovesa. Y para ello contamos con dos pruebas básicas, a saber: primero, el testamento que dictó el 22 de febrero de 1498, en el cual se declaró genovés de nacimiento. Y segundo la documentación existente que demuestra que al menos su padre, Doménico Colombo, estaba afincado en Génova como cardador de lana. Evidentemente cualquiera que plantee otro origen tiene que comenzar por rebatir estas pruebas, sin duda contundentes en extremo.

     Así, pues, nadie puede negar hoy en día que el "primer Almirante de la Mar Océana" nació en Génova, bien en la propia ciudad, o bien, en algún pueblo del entorno, como Quinto, que de cualquier forma hoy se encuentra dentro del perímetro urbano genovés. Así, lo declararon tanto la mayoría de los que lo conocieron, y se pronunciaron al respecto, como el mismísimo Cristóbal Colón en su escritura de mayorazgo, fechada en 1497. Además, el propio Colón se carteaba frecuentemente con amigos genoveses como Nicolao Adriani o Pantaleón Italian.

     Sin embargo, lo que no está tan claro es que la familia Colón fuese originaria de Génova. En este sentido son muchos los cronistas contemporáneos de Cristóbal Colón -algunos de ellos amigos personales- que hicieron referencia al nacimiento genovés de éste pero a su ascendencia en la región italiana de Lombardía. Entre ellos los cronistas Andrés Bernáldez, el padre Las Casas, Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, e incluso, su propio hijo y biógrafo, don Hernando Colón. Sobre los escritos del hijo del Almirante se ha vertido siempre una gran polémica ya que se le acusa de intentar la mayor honra de su padre incluso a costa de ocultar la verdad histórica. Para empezar, podemos decir que Hernando Colón conocía perfectamente que Génova o su comarca era el lugar de nacimiento de su padre, pues, su testamento fechado el 12 de julio de 1539 no deja lugar a la duda. Sin embargo, en su "Historia del Almirante", escrita con anterioridad a su testamento, afirmó que por más que preguntó en Cugureo -poblado cercano a Génova- entre algunos Colombos viejos del lugar no encontró ascendencia de su familia. Nos parece evidente que Hernando no se estaba refiriendo al lugar de nacimiento de su padre sino a otra cuestión bien distinta cual era el origen de su familia que no encontró en Cugureo. Por tanto, lo que parece decir Hernando Colón es que aunque había nacido en Génova no era éste su origen familiar. Desgraciadamente la verdadera procedencia se la reserva, bien, con la intención de ocultar un pasado que no estaba a la altura de su nuevo rango, o bien, por desconocimiento.

     Lo dicho anteriormente puede ser corroborado con numerosa documentación que viene a apoyar la tesis lombarda que ahora defendemos. La primera de estas pruebas documentales es la probanza de nobleza de Diego Colón, hecha el 8 de marzo de 1535, en la que se presentaron testigos muy allegados a la familia como Rodrigo de Barreda, Diego Méndez y Pedro de Arana. Mientras que los dos primeros, al ser preguntados por su origen familiar, respondieron exclusivamente que era genovés, Pedro de Arana fue mucho más allá al declarar que "oyó decir que era genovés pero que no sabe donde es natural". La postura que sostuvo Arana era, pues, muy clara, había escuchado que había nacido en Génova, pero daba por sentado que no era originario del lugar, aunque ignoraba su procedencia exacta. Esta afirmación es tanto más valiosa cuanto que era cuñado del propio Cristóbal Colón.

     A continuación haremos referencia a un manuscrito, que sobre el descubrimiento de la isla Española, se conserva en el Archivo General de Indias, en el que se reitera que el primer Almirante había nacido en Cugureo (Génova) pero era originario de Piacenza en Lombardía.

Igualmente, en un códice conservado en la Real Academia de la Historia, en la colección Vargas Ponce, titulado "Genealogía de la Casa de Portugal", y escrito por Francisco de Medina y Muncibay, se menciona que Colón "era de los confines del Genovesado y Lombardía, en los estados de Milán...".

     Sin embargo, la pieza manuscrita más contundente en torno al origen lombardo que aquí planteamos lo constituye el largo pleito que, en 1578, se generó con motivo de la ruptura de la línea masculina de la familia Colón y la consecuente disputa por el Ducado de Veragua. Como es sabido a Luis Colón, nieto del Descubridor de América, le heredó su sobrino Diego, al no tener aquel hijos varones, siendo éste el último en la línea al fallecer sin hijo varón. El origen del pleito radicaba en una cláusula que aparecía en la escritura de mayorazgo que firmó el primer Almirante en la que se especificó que heredase siempre el varón más cercano "y no herede mujer salvo que faltare no se hallar hombre".

     Los contendientes por el Ducado de Veragua eran doña Francisca Colón de Toledo, doña Juana Colón de la Cueva, doña Luisa de Carvajal -como madre de Cristóbal Colón difunto-, doña María Colón -monja profesa en el monasterio de San Quirce- y Baltasar Colombo. Las mujeres mencionadas eran descendientes directas del último Duque de Veragua, Diego Colón, y más lejanamente del propio primer Almirante don Cristóbal. Baltasar Colombo, señor del castillo de Cúcaro en la región de Lombardía, reclamaba, en cambio, el Ducado alegando la primacía de los varones en la descendencia independientemente de que perteneciese a una línea secundaria.

     Baltasar Colombo en ningún momento negó que el Almirante Cristóbal Colón hubiese nacido en Génova. En realidad su intención se limitó a demostrar que sus ascendientes procedían de Cúcaro, en los límites del milanesado. Según Baltasar, Giovanni Colombo, abuelo del descubridor, fue el primero que se afincó en Génova debido a la pobreza en la que había caído su linaje. Según él los Colombo eran propietarios del castillo de Cúcaro, pero al no existir, en aquella provincia, mayorazgo, se había dividido la propiedad hasta límites irrisorios.

     Para demostrar esta circunstancia esgrimía que no existía el apellido Colombo ni Colón en Génova antes de la llegada de Doménico y que el nombre de Cristóbal Colón no pasó a los anales de la ciudad por no ser oriundo del lugar. Por supuesto, las otras partes participantes en el contencioso, negaron tales argumentos y reivindicaron su origen genovés en defensa de sus propios intereses. Sin embargo, las razones de Baltasar Colombo debieron resultar más firmes de lo que pudieron sospechar en un principio las descendientes directas, que vieron como un completo desconocido que alegaba viejas ascendencias les disputaba peligrosamente la herencia. Que Baltasar Colombo no era ningún lunático lo prueban tanto los largos años que duró el pleito como la sentencia que más adelante analizaremos. No olvidemos que las alegaciones de Baltasar tampoco eran del agrado de los jueces del Consejo de Indias que no deseaban que un desconocido señor italiano heredase los derechos del Ducado de Veragua. Además este señor de Cúcaro consiguió de alguna forma el apoyo del senado genovés que, en una carta al embajador en Madrid, Juan Bautista Doria, reconoció al Descubridor de las Indias como "no nativo de Génova".

     La sentencia fue fallada definitivamente el 22 de diciembre de 1608, recayendo el grueso de la herencia -130.000 ducados- sobre Francisca Colón mientras que Baltasar Colombo recibió una gratificación de 2.000 ducados a perpetuidad sobre el Ducado de Veragua. Este veredicto nos parece una prueba importante para la tesis que aquí defendemos ya que nunca el Consejo consideró los planteamientos de Baltasar Colombo como una falsa. Que Francisca Colón heredase el grueso del mayorazgo era lógico habida cuenta que su hijo Carlos Colón era descendiente directo del último Almirante.

     La propia familia Colón, heredera del Ducado de Veragua, aceptó en los años sucesivos la tesis de que el Descubridor de América había nacido en Génova pero que su ascendencia estaba en el castillo de Cúcaro. No en vano en un manuscrito de la Biblioteca Nacional, escrito por Alfonsus de Ajofrin y dedicado al Duque de Veragua, don Pedro Jacinto Colón, se afirmó sobre el Descubridor de América lo siguiente: "Cristóbal Colón (los italianos llaman esta casa Colombo), Genovés, rebisnieto de Ferrario Colombo, señor del castillo de Cúcaro...".

     A modo de conclusión queda claro que la familia Colón fue oriunda de la región italiana de Lombardía y que, debido a su empobrecimiento, se afincaron a orillas del Tirreno. Sin duda Colón tenía suficientes motivos para no abundar en sus raíces sobre todo porque la vida de su padre y la suya propia hasta el Descubrimiento fue lo suficientemente plebeya como para querer rehuir comentarios.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Resumen de un artículo publicado en la revista Iberoamericana)

Durante siglos, la historiografía, apoyándose en la afirmación del Inca Garcilaso, defendió la naturaleza barcarroteña de Hernando de Soto. Sin embargo, algunos testimonios aparecidos en el siglo XX sembraron la duda. En 1929 Antonio del Solar y José de Rújula, publicaron varios documentos originales, concretamente el testamento del Adelantado y su expediente para el ingreso en la Orden de Caballería de Santiago. Desde entonces la tesis jerezana cobró muchísima fuerza gracias al respaldo documental, siendo apoyada incondicionalmente por historiadores de reconocido prestigio, como el Conde de Canilleros. En el testamento del Adelantado, otorgado en La Habana el 10 de mayo de 1539, poco antes de su partida a la Florida, no se especificó su lugar de nacimiento, pero sí pedía ser enterrado junto a su madre en la iglesia de San Miguel de Jerez de los Caballeros –entonces Jerez de Badajoz-. Asimismo, en el expediente de ingreso de Hernando de Soto en la Orden de Santiago, uno de los entrevistados declaró que sabía que el conquistador era natural de Jerez. Finalmente, con la publicación en 1952 de la obra del Fidalgo de Elvas se ratificó aún más la tesis jerezana al afirmar que Hernando de Soto era hijo de un escudero de Jerez de Badajoz.

La tesis jerezana parecía tomar ventaja a la barcarroteña, cuando en el año 2003 publicamos un trabajo sobre Barcarrota y América, incorporando algunos aportes sobre su naturaleza barcarroteña, que al menos sirvieron para volver a sembrar la duda sobre su origen. Como es bien sabido, el Inca Garcilaso afirmó su cuna barcarroteña, citando un manuscrito de un tal Juan de Coles, titulado Breve relación de la conquista de la Florida y de las hazañas de Hernando de Soto y sus sesenta compañeros. El problema es que no sabíamos nada ni del manuscrito ni de su autor. Para el afianzamiento de esta hipótesis parecía fundamental, en primer lugar localizar el manuscrito en cuestión, y en segundo lugar, documentar con certeza a Juan de Coles. Lo primero resultó imposible, pues ya Garcilaso afirmó que dicho manuscrito se encontraba bastante carcomido. Sin embargo, sí que conseguimos documentar al enigmático Juan de Coles. Era natural de Zafra, acompañó a Hernando de Soto a la Florida, regresó con vida a España y se casó con una viuda de Barcarrota donde vivió el resto de sus días. Está muy claro que Juan de Coles, sabía muy bien de quién hablaba cuando se refería a Hernando de Soto.

Las demás pruebas eran más circunstanciales: primero, el enorme poder de convocatoria que el Adelantado tuvo en Barcarrota, cuando acudió para reclutar hombres para su malograda expedición a La Florida. Se enrolaron nada menos que 33 barcarroteños frente a tan sólo 5 jerezanos. Y segundo, la vinculación de los Méndez de Soto a Barcarrota. En esta última localidad vivía Juan Méndez de Soto, hermano del Adelantado, y heredero del mayorazgo familiar. Y no es el único Méndez de Soto documentado en Barcarrota, pues, en 1612 vivía en la localidad Cristóbal Méndez de Soto, abogado natural y vecino de dicha villa de Barcarrota. Pero, es más, en la misma expedición a la Florida iba Diego de Soto, natural de Barcarrota y sobrino del Adelantado, que perdió la vida en combate en octubre de 1540.

Casi podríamos hablar hasta la fecha de empate técnico entre la tesis jerezana y la barcarroteña. Ambas contaban con pruebas importantes que las vinculaban con el conquistador. Y ello, porque es obvio que Hernando de Soto estuvo vinculado familiar y afectivamente a ambas, pues tenía familia tanto en una como en otra.

La prueba que presentamos a continuación no es definitiva en el sentido que no se trata de una partida de bautismo. Ésta ni ha aparecido ni es probable que a estas alturas se pueda encontrar. Sin embargo, nos consta por un documento localizado por nosotros en el Archivo General de Indias que, en 1534, Hernando de Soto remitió a los reinos de España poco más de un millón de maravedís. El documento junto a un amplio estudio lo presentaremos próximamente en un Congreso de Historia. Pero quería adelantar ahora algunas reflexiones: ¿a dónde y a quiénes envió el dinero?, pues ni más ni menos que a Barcarrota, concretamente a sus hermanos Juan Méndez de Soto y Mencía de Soto, ambos vecinos y naturales de dicha localidad.

Llegados a este punto, ¿cómo queda la tesis del origen barcarroteño de Hernando de Soto?, pues, bien, el documento no puede ser definitivo pero sí que afianza enormemente la tesis barcarroteña. Hernando de Soto consignó una parte de su botín a sus hermanos, vecinos, naturales y residentes en Barcarrota. Todo parece indicar que los Méndez de Soto eran de Barcarrota y allí debían tener la mayor parte de sus bienes raíces, heredados por el primogénito, el ya citado Juan Méndez de Soto. Y ello a pesar de que una parte de la familia vivía en Jerez de los Caballeros y que, incluso, sus padres y probablemente el mismo Hernando de Soto, residieron durante algunos años tanto en Jerez como en Badajoz, de donde era originaria su madre.

 

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1.-INTRODUCCIÓN

          Durante demasiado tiempo se ha venido sosteniendo que la Conquista fue muy beneficiosa tanto para los europeos como para los indígenas. Para muchos, la América Precolombina era un mundo bárbaro, atrasado y desaprovechado. Ello justificaría el lado positivo delencuentro entre el mundo europeo y el americano. Los españoles se beneficiarían con nuevos vasallos y a cambio los indios recibirían los dones de una civilización superior y de la verdadera religión lo cual les permitiría salvar sus almas. ¿Qué más podían pedir?

          Se trata de planteamientos que se han mantenido casi hasta el siglo XXI pero que a mí me parecen inadmisibles hoy. Estoy totalmente convencido de que el día que el indio descubrió a Colón, fue un mal día para el indio. La desigualdad de los universos que entraron en contacto fue tal que se produjo un cataclismo de dimensiones bíblicas. En este sentido escribió Augusto Roa Bastos:



          Lo que hubo fueron luchas terribles en las que las culturas autóctonas acabaron devastadas y sus portadores sometidos o aniquilados, como ocurre siempre en las guerras de conquista, en los largos y desordenados imperios coloniales.



          La Conquista, como se entendió en el siglo XVI, fue tan provechosa para Europa como cruel, destructiva y asoladora para el mundo indígena. Sus instituciones fueron subyugadas, sus culturas y sus lenguas aniquiladas y a esa diversidad política y cultural se le puso un nombre uniforme: es decir, indio. Este término tiene una indudable carga peyorativa pues los españoles llamaron así a los descendientes de aquellos primitivos pobladores de América, al creer que habían llegado a las Indias. La realidad fue absolutamente simplificada, pues, el indio como se entendió entonces, no era más que una abstracción creada por lo vencedores. No existía una cultura indígena, pues indios eran desde los mansos taínos, hasta los astrónomos incas, pasando por los primitivos otomíes que vivían en cuevas, los salvajes jíbaros, los orfebres chibchas, los indómitos araucanos, los fieros guaraníes o hasta los refinados mexicas, por citar solo algunos.

          ¿Qué les pasaría por la cabeza a los desdichados indios cuando veían a los españoles tomar posesión de sus cacicazgos, sus reinos, sus estados y hasta de sus mares?, ¿qué debió pensar el cacique Chiape cuando, obligado por las armas, presenció el 25 de septiembre de 1513 la toma de posesión del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa? No tenemos muchos testimonios, pero no es difícil imaginar su perplejidad. Y es que para la historiografía tradicional el océano pacífico no existía antes de 1513, es decir, las antiquísimas culturas chinas y japonesas estaban a orillas de un océano que no era más que una entelequia marítima.



2.-¿QUIÉNES ERAN LOS MEXICAS?

          Pero Centrémonos ya en la figura de Hernán Cortés. Éste, como es bien sabido era natural de Medellín, hijo de Martín Cortés y Catalina Pizarro Altamirano. A él le toco conquistar el imperio mexica.

          Lo primero que había que preguntarse: ¿Quiénes eran los mexicas? Estos formaban una confederación (Texcoco, Tlatelolco y Tenochtitlán) una especie de imperio que tenía su propio emperador Moctezuma II y una gran capital: TENOCHTITLÁN. ¿Se parecían en algo a los indios tarascos, a los apaches, a los taínos o a los arahuacos? Pues francamente no. Se trataba de un auténtico Estado que tenía su emperador, sus gobernantes, sus funcionarios, sus militares, etcétera.

          La capital tenía entre 200.000 y 400.000 habitantes. Recordemos que en España la ciudad más grande era Sevilla que tenía entonces unos 60.000. Hernán Cortés en sus Cartas de Relación comparó la plaza mayor de Tenochtitlán con la de Salamanca. La Corte de Tenochtitlán no envidiaba en nada a las europeas. Entre los cortesanos de la capital mexica se consumían diariamente 2.000 tazas de chocolate, servidas en vajillas de oro. A Moctezuma le gustaba el helado de bombón que le preparaban hirviéndole el cacao y vertiéndolo sobre la nieve traída expresamente de las montañas. A la hora del almuerzo 400 pajes, hijos de señores, colocaban todo tipo de viandas en el comedor, instalando braseros debajo para que no se enfriasen. Moctezuma escogía el que más le gustaba o el que le recomendaba su mayordomo. Nadie entraba en el comedor que no lo hiciese descalzo, so pena de muerte. Cuando Moctezuma había terminado de comer el resto de las viandas se repartían entre los 3.000 comensales del cuerpo de guardia y de servicio que había en lo palacios reales. Como puede observarse la Corte de Moctezuma no debía envidiar en nada a la del mismísimo emperador Carlos V.

          Este fue el mundo que conquisto Hernán Cortes, en nombre de Dios y del Emperador. Fue la usurpación de todo un Estado, exactamente igual que si ahora España va y conquista Argelia, elimina sus instituciones y obliga a toda la población a hablar castellano y a profesar la religión católica.



3.-CORTÉS: EL HÉROE

          Hernán Cortés está considerado no un conquistador más sino el Conquistador. La mayor parte de las grandes semblanzas sobre Cortés –las de Salvador de Madariaga, Carlos Pereira, Hugh Thomas, Bartolomé Benassar, Juan Miralles, José Luis Martínez, etcétera- son apologéticas, es decir, lo tratan como a un héroe civilizador. Durante décadas, Cortés perteneció al olimpo de los grandes iconos intocables de nuestra historia patria. Uno de los grandes protegidos de la Leyenda apologética y legitimadora.

          El de Medellín no ha dejado indiferente a nadie. Ha sido uno de los personajes históricos más alabados y a la vez más criticados de la Historia. Para unos, encarna a un verdadero héroe civilizador, un auténtico profeta moderno, que consiguió expandir el cristianismo a grandes territorios indómitos. Un historiador sevillano, Giménez Fernández, sostuvo hace pocas décadas que el extremeño fue un “elegido por la providencia para cumplir altos fines”. Su actuación abrió las puertas del cielo a muchas almas paganas y acrecentó los límites del imperio español de forma inimaginable. Por ello, nada tiene de particular que se haya comparado con Alejandro Magno, con Aquiles, con Rómulo y hasta con Moisés.

          Para otros no fue más que un asesino, ansioso de fortuna, que no dudó en destruir todo un imperio para conseguir sus fines. ¿Héroe o villano? Esa ha sido siempre la cuestión.



4.-DESMONTAR LA LEYENDA

          Creo que ha llegado la hora de desmontar la leyenda cortesiana. Hagámoslo paso a paso.

A.- En cuanto a la quema de naves en Veracruz es uno de los símbolos de Cortes. El error partió de un cronista de la época que leyó quemando por quebrando. La fabulación de sus hagiógrafos hizo el resto, representando a Cortés con la tea en la mano, quemando sus buques para evitar el retroceso de sus hombres. Pero, sorprende que este falso mito se haya perpetuado porque el mismísimo Cortés advirtió en sus Cartas de Relación que no las quemó sino que tan sólo los desguazó.

          Ahora, bien, ¿por qué los hundió?, los motivos parecen claros, pretendía evitar que algunos incondicionales de Velázquez pudieran regresar a Cuba a informar de la rebelión. De hecho, poco antes de proceder a su destrucción supo de una conspiración en este sentido y ahorcó a los cabecillas. A continuación procedió al desguace de la armada para evitar más motines. Eso sí, salvó uno de ellos, y embarcó a sus procuradores con la idea de entregar al Emperador su Carta de Relación. Transcurría el mes de agosto de 1519. En definitiva, ni ardieron las naves ni se hizo valerosamente para cortar el retroceso. Y aunque lo hubiera hecho, no era nada nuevo, pues se trataba de una vieja táctica usada frecuentemente por Normandos, bizantinos y turcos.



B.-En relación a su excepcional capacidad estratégica debemos negarla totalmente, pues, ninguna de sus tácticas fue original. Realmente, ni inventó una forma nueva de hacer la guerra, ni fue un personaje de unas dotes militares excepcionales. Y además no podía tenerlas porque no tenía experiencia militar previa. Cuando llegó a La Española, a finales de 1506, la isla estaba totalmente pacificada por lo que no llegó a entrar en combate. En Cuba la resistencia de los pobres taínos fue escasísima y los hechos de armas mínimos.

          En definitiva, el extremeño no tuvo una formación militar ni más graduación que la de capitán. Pero, además fue un grado más cívico que militar pues se lo otorgaron sus compañeros de hueste en Veracruz. En cualquier caso nunca fue el capitán de un ejército sino el de una hueste. De hecho, cuando en 1541 tomó parte en la desastrosa campaña de Argel los demás militares de graduación se negaron a aceptarlo en el consejo de guerra. Estos dieron por fracasada la empresa, desoyendo la opinión del extremeño que seguía confiando en la victoria. Incluso se mofaron de él, porque al parecer, ante la insistencia de Cortés, uno de los capitanes comentó:

Este animal cree que tiene que vérselas con sus indiecitos porque allí bastaban diez hombres a caballo para aniquilar a veinticinco mil”.



C.-Se ha destacado su capacidad diplomática: efectivamente nadie le puede negar ni su habilidad diplomática, ni su capacidad para captar diferencias, pero tampoco en esta ocasión inventó nada nuevo. Esta actitud ha sido siempre una constante en el arte de la guerra, al menos desde la Antigüedad Clásica. Pero tenía referentes mucho más cercanos. Precisamente, en la conquista de Tenerife los castellanos se aprovecharon de las rivalidades que había entre dos viejos líderes guanches, para conquistar la isla. Ya en América, la alianza con una de las facciones enemigas fue una constante desde los tiempos de Cristóbal Colón. De hecho, el primer Almirante envió a su hermano Bartolomé, junto a 3.000 indios aliados entregados por Goacanagarí, contra Guarionex que se había alzado en el interior de la isla. Asimismo, mucho antes que Cortés, Vasco Núñez de Balboa utilizó al cacique Pocorosa para derrotar a su enemigo Tubanama, que terminó sometido. El uso de auxiliares indígenas fue absolutamente común a lo largo de todo el proceso conquistador.



D.- Se ha insistido en su habilidad para reforzar la idea de los indios del carácter divino de los españoles. Las creencias de los mexicanos también parecen haber jugado un papel importante en su perdición. Había un viejo mito que hablaba de que algún día llegaría el fin de la era mexica mediante un gran cataclismo. Tarde o temprano, la era mexica, la del quinto sol, tocaría a su fin. Su dios civilizador, Quetzalcoatl, retornaría desde oriente, por donde se marchó, para reformar sus costumbres. Curiosamente, el dios era descrito como un personaje de tez blanca y largas barbas. ¿Habrían llegado europeos a América algunos siglos antes? Probablemente sí, esas tradiciones indígenas de que sus dioses blancos habían llegado por el este, podría responder a la posibilidad de que algunos europeos hubiesen arribado a las costas americanas siglos antes del Descubrimiento oficial.

          Y es cierto, que el extremeño reforzó la idea de que efectivamente era Quetzalcoatl que retornaba a su reino. Pero tampoco era nueva esta táctica, pues existen decenas de precedentes en las Antillas Mayores, e incluso, en Tierra Firme, antes de la Conquista de México.



E.-También se ha destacado su habilidad para buscar lenguas o intérpretes desde su llegada a Cozumel. Pero esta actitud ni era nueva ni era especialmente ingeniosa entre otras cosas porque, como advirtió Fernández de Oviedo, figuraba en las mismas instrucciones que le entregó Diego Velázquez. De hecho, entre la tripulación quiso contar con los servicios de Melchor, un intérprete indio que había ido en las expediciones previas de Francisco Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Sin duda, la india más importante en la vida de Cortés fue doña Marina conocida como “la Malinche”. Una india que le fue regalada a Cortés en Tabasco junto con otras indias. Ésta sin embargo, tenía una utilidad muy importante, conocía el idioma maya y el mexica. Con lo cual podía traducir lo que decían los aztecas a lengua maya y Francisco de Aguilar traducía el maya al castellano. En cualquier caso su capacidad de aprendizaje fue tal que en breve se pudo prescindir totalmente de Jerónimo de Aguilar. Con ella mantuvo relaciones, antes incluso de enviudar de su primera esposa. El apoyo de doña Marina fue decisivo en la conquista de México por eso ha sido objetos de duras críticas por parte de una parte de la historiografía.



D.-Y finalmente, en cuanto a su carácter mesiánico, fue destacado por muchos cronistas que pensaron que era un elegido por Dios para dirigir la cruzada contra los paganos y ampliar los dominios de la cristiandad. Afirma Bernal Díaz que el extremeño le llegó a decir a Gerónimo de Aguilar que no había ido a las Indias a tan poca cosa como era conseguir oro “sino para servir a Dios y al Rey”. Pero, es más, el mismo Cortés sostuvo algo parecido cuando escribió que su verdadera intención fue siempre la de “ensalzar nuestra fe o ampliar la corona de mi César”. Fray Toribio de Motolinía creía que Cortés era un enviado de Dios para acabar con los vicios y sacrificios humanos que los aborígenes ofrecían a sus dioses. Por su parte, el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga O.F.M., en 1529 justificó la rebeldía de Cortés con respecto a Velázquez, diciendo que actuó bajo inspiración divina. Varias décadas después, el cronista fray Gerónimo de Mendieta volvió a hacerse eco de esta idea mesiánica. No dudó en compararlo con Moisés, pues, según él fue elegido por Dios para llevar la fe a los paganos.

          Más sorprendente aún es que hace pocos años se haya afirmado, siguiendo más o menos a Mendieta, que Cortés fue “un cruzado y un libertador del indio a través de la fe como instrumento redentor y salvador”. Pero, aunque lo jurara el propio Cortés, la realidad no era tan bonita, pues, de hecho se convirtió en una de las personas más ricas de su época y obtuvo grandes honras y honores. Más recientemente, se ha hablado de la caridad “heroica” de Hernán Cortés, básicamente porque fundó en su testamento el hospital de Nuestra Señora de la Concepción de México. Sin embargo, la actitud de Cortés no tenía nada de heroica ni de excepcional, pues la beneficencia de los más pudientes ha sido una constante a lo largo de la historia.

E.-No se le puede considerar, como se ha escrito, un bienhechor y un hombre piadoso. Su actitud compasiva con los indios distó mucho de parecerse a la de un fraile como Bartolomé de Las Casas o a la de una reina Católica como Isabel, entre otras cosas porque de ser así no hubiese conquistado su imperio. Pero no olvidemos que cuando debió actuar con crueldad lo hizo. En agosto de 1519 Cortés mandó cortar las manos a medio centenar de indias tlaxcaltecas que, con la excusa de llevarles comida, se habían introducido en el campamento para espiarlos. A continuación las soltó para que llevasen a su pueblo el mensaje y supieran, en palabras de Bernal Díaz, “quienes éramos”.

          La famosa matanza de Cholula fue ordenada directamente por él. En el trayecto hacia Tenochtitlán pasaron por Cholula, una ciudad sagrada, punto de peregrinación donde había decenas de templos, entre ellos uno muy destacado, ubicado sobre una pirámide y dedicado a Quetzalcoatl. Al parecer, según diversos cronistas fue doña Marina la que descubrió, a través de una anciana con la que entabló amistad, que se tramaba una traición para acabar con todos los españoles. Doña Marina, como leal servidora de Cortés, acudió presurosa a informarle. Éste reunió al pueblo en la plaza principal con la excusa de celebrar una ceremonia, y una vez concentrados, emprendió una despiadada matanza, sin respetar sexo ni edad. Sin embargo, tanto Cortés, como Bernal Díaz del Castillo defienden su actuación, diciendo que los cholutecas habían preparado previamente una conspiración. Lo cierto es que, con conspiración o sin ella, hubo premeditación, pues, el de Medellín no ignoraba el peligro al que se enfrentaba entrando en esa plaza. Los cholutecas despreciaron el corto número de los hispanos. Ahora bien, aun contando con una posible conspiración el ataque de los hombres de Cortés fue absolutamente desproporcionado, dejando sobre el suelo de la plaza a más de 6.000 nativos, todos ellos desarmados.

          La toma de Tenochtitlán fue crudelísima pese a que, según las crónicas, intentó evitar que los tlaxcaltecas se ensañaran con los mexicas. Pese a ello, se trató de un asalto a una de las ciudades más grandes de la época, cuya resistencia fue total. Algo sólo comparable a la toma de Berlín por las tropas soviéticas en la II Guerra Mundial. Mujeres, niños y lisiados colaboraron, acopiando y preparando piedras para las hondas que disparaban los indios. Un cerco que duró casi tres meses, bien defendida por Cuauhtémoc que prefirió morir a rendir la ciudad. El enfrentamiento fue tan desigual que, frente al medio centenar de españoles fallecidos, murieron del lado mexicano cerca de 100.000 personas, incluidos ancianos, mujeres y niños.

          Hernán Cortés tampoco se libró de actuaciones que rozaron el sadismo. Aunque el de Medellín en ocasiones mostraba actitudes compasivas con sus enemigos, en otras no lo era tanto. Tras escapar mal parado de la Noche Triste y alcanzar Tlaxcala hizo una razia contra la región de Tepeaca, acusándolos de colaborar con los mexicas. Pagó con estos el daño recibido en Tenochtitlán, arrasando aldeas enteras. Como los caciques huyeron no se le ocurrió mejor forma de localizarlos que subir a los indios que prendían a las azoteas. Tras interrogarles por el paradero de sus señores los despeñaba desde las mismas y entregaba sus cuerpos, ya sin vida, a los tlaxcaltecas para que diesen buena cuenta de ellos en sus festines rituales.

          Fue, asimismo, sumamente implacable con los paganos que no se querían convertir al cristianismo. Es bien sabido que cuando entró en Culiacán derribó el templo y porque un indio principal “no quiso ayudar en ello, lo mandó ahorcar y lo ahorcó con los diablos a cuestas”. También infringió durísimos escarmientos a los indios rebeldes. Por ejemplo, en 1523 los indios de Pánuco acometieron a los hombres de Francisco de Garay, matado a varias decenas de ellos. Hernán Cortés mandó a su capitán Sandoval a que castigase a los responsables. Mató a cientos de indios, despedazándolos después de tal forma que los demás indios “ya no se atrevían ni a levantar un dedo contra el poder de Cortés”. Pero no contento con ello, Gonzalo de Sandoval reclutó a 60 caciques de otras tantas aldeas y los remitió a Cortés. Éste los quemó a todos ellos en presencia de sus hijos, dejándolos marchar tras fijar un tributo anual.

          Pero, incluso, después de la Conquista, establecido ya como encomendero, tampoco dispensó a los indios un especial trato. Aunque promulgó ordenanzas defendiendo el buen tratamiento a los indios, él mismo fue acusado por los suyos de hacer lo contrario. De hecho, sus indios de Cuernavaca le interpusieron una reclamación, en 1533, contra los malos tratos y excesivos tributos, afirmando que no los trataba “como a vasallos sino como a esclavos”. Pero, es más, en el inventario de sus bienes que se hizo en Cuernavaca, el 26 de agosto de 1549, se contabilizaron 188 indios esclavos, una veintena de ellos naturales de Tlaxcala.



5.-CONCLUSIÓN

          Realmente Cortés ni era un caballero andante ni tampoco un santo. Era sencillamente un hombre de su época, con sus grandezas y sus miserias, con sus éxitos y sus fracasos. Una persona con las mismas virtudes y defectos que la mayor parte de sus contemporáneos. Ni fue un héroe ni tampoco un villano. Un conquistador con suerte, pero a fin de cuentas un conquistador con sus grandezas y sus miserias. Un hombre que sabía reír y también llorar. Contaba Herrera que tras conocer la magnitud del desastre de la Noche Triste no pudo contener las lágrimas. Fue compasivo y cruel, dependiendo de las circunstancias.

          Ahora, bien, nadie puede negar que Cortés fue un ardoroso combatiente. Un combatiente que aunó esfuerzo, maestría y seso, que eran las tres virtudes que las Siete Partidas señalaban como cualidades esenciales de todo buen capitán. Los pobres indios se resistieron, pero las diferencias eran abismales. Algo así como el enfrentamiento en nuestros días de un ejército convencional con otro con armas nucleares.

          Hicieron lo imposible para frenar a los españoles. A Cuauhtémoc, el sucesor de Moctezuma, se le ocurrió una brillante idea para salir victorioso. Decidió vestirse con un traje de plumas que su padre le regaló y que, según muchos, poseía cualidades mágicas. Al parecer, tenía el poderoso efecto de provocar la huida de cuantos enemigos lo veían. Obviamente, el milagro no se obró y todos se desmoralizaron cuando vieron que no funcionaba. Ni guerra nocturna, ni emboscadas, ni trajes mágicos. Los propios amerindios se fueron convenciendo de que era inútil resistirse a la evidencia; su mundo se desmoronaba bajo sus pies.

Quiero desmitificar al conquistador. No nos engañemos, si no hubiese existido Cristóbal Colón, otro, antes o después, hubiese descubierto América. Igualmente, si Hernán Cortés hubiese muerto prematuramente, como estuvo a punto de ocurrir en varias ocasiones, otro hubiese conquistado el imperio mexica. Y no faltaban candidatos, desde Pedro de Alvarado a Pánfilo de Narváez, pasando por Hernando de Soto.

          No era en absoluto un elegido por Dios. Sabía el extremeño tener mesura pero también era capaz de actuar con todo el rigor cuando las circunstancias así lo requerían. No tuvo reparos en practicar el tráfico esclavista. De hecho, en 1542, suscribió un contrató con el mercader genovés Leonardo Lomellino para que le enviase a Nueva España medio millar de esclavos desde Cabo Verde que vendería a 66 ducados cada uno. Es decir, estuvo implicado en el suculento negocio de la trata de esclavos.

          Por tanto, estamos de acuerdo con Octavio Paz cuando planteaba la necesidad de retornar al Cortés legendario al terreno de la historia: “El conquistador debe ser restituido al sitio a que pertenece con toda su grandeza y todos sus defectos, es decir, a la Historia”.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

  


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  I.-INTRODUCCIÓN

Desde los orígenes de la civilización la escuela ha sido un elemento básico de socialización, de formación y de cohesión del colectivo1.

Todas las civilizaciones han considerado prioritario instruir a sus jóvenes en sus profundas convicciones socio-políticas. Ningún régimen político ha renunciado al adoctrinamiento educativo, pues, han sido conscientes de su importancia para garantizar la paz social. Ya en la antigüedad clásica se entendió la escuela como el reflejo de la sociedad. De hecho, Aristóteles decía que el ciudadano ateniense debía ser formado íntegramente, es decir, “físicamente, intelectualmente, estéticamente y moralmente”. En la Edad Moderna la educación estuvo controlada por la Iglesia y el Estado pero era una escuela elitista, limitada a un puñado de privilegiados. El grueso de la población se instruía y educaba en el propio seno familiar. Ya en la Edad Contemporánea con la universalización progresiva de la enseñanza, la escuela cambió. La asumió plenamente el Estado y asumió asimismo el carácter instructor y educador que antaño tuvieron las familias (Mayntz, 1987: 16).

Clarísimo lo tenía el jesuita Ramón Ruiz, quien en 1911 definía la educación así:

 

Bajo el nombre de educación entendemos aquí, la formación consiente de las nuevas generaciones, conforme a la cultura y al ideal de cada pueblo y época. Esa formación puede tener por objeto las facultades intelectuales y los conocimientos con que se enriquecen; o bien, las virtudes o hábitos morales que constituyen el carácter. En el primer caso tenemos la educación intelectual; en el segundo, la educación moral, de la que forma parte principalísima la educación religiosa, como quiera que las más excelentes virtudes son las que se refieren a Dios, o a los demás hombres por respeto de Dios (1911: 1).

 

El padre Ramón Ruiz parecía tener clarísimo eso del adiestramiento escolar de la juventud, una práctica como ya digo secular a lo largo de toda la historia de la educación.

En España, aunque la Ley Moyano de 1857 estableció la educación universal hasta los 9 años, lo cierto es que nunca hubo una verdadera intención política de ponerlo en práctica. Fue la II República, a partir de 1931, cuando se intentó su aplicación, democratizando la escuela, duplicando el número de centros educativos y adjudicando por primera vez al Estado, la responsabilidad de la educación (Flores Tristán, 2005: 33-34).

Tras el Alzamiento de 1936 el franquismo supuso una ruptura en la línea democratizadora y modernizadora iniciada durante la II República. Como escribió Carlos Alberto Montaner, el general Francisco Franco fue el contrarreformista más evidente, obvio, exitoso y tenaz de toda la Historia de España (1990: 38). El mismísimo Cardenal Torquemada se hubiese sentido orgulloso de él.

Obviamente, a nivel educativo, lo primero que hizo el franquismo fue desmontar rápidamente la escuela republicana para crear un nuevo sistema adoctrinador que sirviera a su ideología. El franquismo asumió desde un primer momento asumió la idea falangista de la revolución social, para ello montó una verdadera contrarrevolución educativa. Su revolución social sólo se podía llevar a cabo a medio plazo, educando a los jóvenes en la ideología nacionalcatolicista. Lo primero que hizo el régimen fue depurar el cuerpo docente, desde los maestros de educación primaria hasta los catedráticos de Universidad. Todos los sospechosos de ser de izquierdas, republicano o simplemente liberal fueron depurados. Unos fueron fusilados y otros consiguieron escapar al exilio. Pero la cosa no quedó ahí; a la caza de brujas siguió el expurgo de las bibliotecas escolares, eliminando todas aquellas publicaciones que no fuesen acordes con los nuevos ideales Nacionalcatolicistas. Todo ello, se completó con una férrea censura sobre las publicaciones, los periódicos, el cine, la televisión, el teatro, etcétera (Flores Tristán, 2005: 71). La democratización y la universalización de la escuela, implantada por la II República eran ya agua pasada. La nueva educación se basaría en una visión conservadora y patriótica de la historia nacional. La Institución Libre de Enseñanza fue condenada e intelectuales como Bosch Gimpera y Altamira tuvieron que exiliarse. Y la dictadura duró tanto que en muchos casos se fueron para no regresar nunca. El mismo Franco aseguraba que desde tiempos de Felipe II todo había ido mal, especialmente en el siglo XIX con el liberalismo. Él recuperaría España para su destino universal (Fontana, 2001: 257-259).

Una vez desmontado el espíritu liberador y democrático de la escuela republicana, el nuevo régimen comenzó su proyecto de adiestramiento de los jóvenes en los nuevos valores dominantes, es decir, en la ideología falangista y nacionalcatolicista. En 1944 escribió el inspector Alejandro Manzanares que la escuela debía ser una prolongación del hogar, una continuación de la familia. Y poco después, refiriéndose a la asignatura de religión, destaca su importancia no solamente para mantener las seculares tradiciones católicas de España sino también llevar a nuestra querida Patria al cumplimiento providencial de sus destinos imperiales.

En 1968 Alfredo Gosálbez Celdrán escribió que la educación busca el desarrollo de las facultades morales, intelectuales y físicas del joven, que son necesarias para el cumplimiento de sus fines sociales y humanos (1968: 30). Según este mismo escritor de la F.E.N esta instrucción debía incluir las siguientes partes: instrucción elemental (cortesía, urbanidad y reglas sociales), instrucción intelectual y moral (inculcarle sentido espiritual y virtudes morales) e instrucción física. Páginas más adelante especificaba los aspectos concretos que debía abarcar este aprendizaje, a saber: iniciación a la convivencia, conocimientos elementales, desarrollo-físico-intelectual, fomento de sentimientos espirituales y la formación social del joven (Ibídem: 60). Dentro de esta formación social de los jóvenes destacaba la importancia de la educación ciudadana que lleva a cabo el Estado y que tendría dos partes:

-El orden social y las normas de tráfico.

-El respeto por los jardines, parques, monumentos, obras de arte, museos y bibliotecas.

 

II.-BASES IDEOLÓGICAS DE LA ESCUELA FRANQUISTA

Los pilares ideológicos de la escuela franquista fueron dos: la Iglesia y el ideario falangista que asumió y aplicó al menos hasta principios de los años sesenta.

Franco hizo suya la encíclica expedida por el Papa Pio XI en 1929, titulada Divini Illius Magistri. En ella se decía que la educación esencialmente consiste en la formación del hombre tal cual debe ser y como debe portarse en esta vida terrena para conseguir el fin sublime para el cual fue creado. Pio XI dejó bien claros cuales eran los principios básicos de la pedagogía católica: uno, los agentes de la educación eran la Iglesia, el Estado y la familia. Dos, el sujeto de la educación es el hombre entero, es decir, el espíritu unido al cuerpo en unidad de naturaleza. Y tres, el modelo a imitar sería Jesús.

También el Concilio Vaticano II hacía alusión a la necesidad de que la Educación oficial se implicase en la formación de los jóvenes para contribuir de esta forma al progreso social. Todos estos principios se aplicaban en la escuela franquista de ahí que se haya llamado al régimen nacionalcatolicista La religión era por supuesto obligatoria y evaluable. Tanto la educación como la legislación franquista se inspiraron en la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Lo cual se justificaba, según Marino Díaz, en que casi la totalidad de la población española era profundamente católica (1971: 49).

El otro piular básico del régimen franquista en sus primeros años fue, sin duda, el ideario falangista. José Antonio no quería que los llamaran fascistas, pues no se sentía identificado con el régimen de Mussolini. De hecho él decía que aquel quería crear un Estado totalitario, mientras que los falangistas lo que deseaban era una revolución nacional de armonía social con profundas reformas económicas (Aguinaga, 2003: 65). En un primer momento el régimen franquista entiende que el falangismo ha dejado una revolución pendiente, una revolución que habían frustrado sucesivamente la Dictadura de Primo de Rivera y desde 1931 la II República. Para José Antonio la revolución social tenía que tener como objetivos el levantamiento de dos pesadas losas que habían sepultado al sufrido pueblo español: el pesimismo histórico y la injusticia social. Y España debía ser una unidad de destino en lo Universal. Para lograrla había que empezar controlando las escuelas. No obstante, desde la década de los sesenta se verá que los objetivos de Franco y de José Antonio son muy diferentes. José Antonio quiere una revolución social que desmonte el capitalismo, mientras que Franco pretende crear una monarquía capitalista liberal. Para Franco los principios del Movimiento no son inmutables y vamos a ingresar en el mundo capitalista liberal (Aguinaga, 2003: 97-98). Franco primero dio un enorme poder a los falangistas para que intentaran su revolución. Pero luego se arrepintió y fue transformando los principios del Movimiento a su gusto.

 

III.-EL FRENTE DE JUVENTUDES

El alzamiento militar de 1936 se entendió como una verdadera revolución tradicionalista. Marino Díaz Guerra definió el objetivo del alzamiento de Franco con las siguientes palabras:

Hacer del pueblo el sujeto de esta revolución. Hasta entonces España estaba colonizada por una sola clase social: la burguesía. El pueblo, que había hecho su aparición en la Guerra de la Independencia y al proclamarse la II República, continuaba sin participar en el gobierno del país, necesitaba ser liberado del egoísmo de la derecha y de las locuras de la izquierda (1971: 29).

 

Pero, ¿a qué revolución se referían?, pues a la revolución falangista de la que habló José Antonio:

Entendemos por revolución una transformación radical y urgente de la sociedad española, inspirada en el concepto cristiano de la vida y realizada con el estilo directo, ardiente y combativo que acelere su proceso (Cit. en Mendoza Guinea, 1957: V, 87).

 

José Antonio no ocultó nunca sus intenciones. Ansiaba una revolución nacional de armonía social con profundas reformas económicas (Aguinaga, 2003: 65). Por tanto, está claro lo que era la revolución falangista, es decir, una transformación radical y urgente de la sociedad española. Pero, ¿cómo la pretendían llevar a cabo?, recurramos de nuevo al pensamiento de José Antonio:

La educación es clave de futuro, educar a los futuros profesionales a los futuros dirigentes a los futuros administradores pero todo eso controlado por el Movimiento. Los partidos políticos son una lacra, se han convertido en instrumentos de dominio de las clases dominantes y de intereses particulares. No defienden los intereses de toda la sociedad. La democracia si quiere sobrevivir en el mundo actual tiene que ser por otros cauces que superen el sistema de partidos (El ideal de José Antonio, 1975: 58).

 

Teniendo en cuenta que querían llevar a cabo una reforma de toda la base social española, los mismos falangistas cayeron en la cuenta que la educación estaba llamada a desempeñar un papel clave en la consecución de sus objetivos. Por ello, la Formación del Espíritu Nacional quedó en manos del partido único, es decir, de la falange o lo que es lo mismo, del Movimiento Nacional. Ésta a su vez gestionaba el Frente de Juventudes y la Sección Femenina que eran los instrumentos del partido para controlar la correcta educación de los españoles desde su tierna infancia. Competencia suya era confeccionar y revisar los textos de la F.E.N. Está claro que el objetivo último del Movimiento Nacional, a través del Frente de Juventudes, no era otro que difundir el pensamiento de José Antonio en toda la sociedad española, para así llevar la revolución al pueblo. Y los falangistas no ocultaban sus intenciones, pues públicamente decían que el movimiento es un instrumento clave en la nueva revolución, pues es el que debe convencer al pueblo de este nuevo sistema político. Cualquier inquietud política debía canalizarse necesariamente a través del Movimiento, que debía integrar a todos los miembros del estado español. La juventud, decía la Falange, es la clave del futuro por eso es fundamental captarla para la tarea que queda por hacer.

En un primer momento el régimen franquista entiende que el falangismo ha dejado una revolución pendiente, una revolución que habían frustrado sucesivamente la Dictadura de Primo de Rivera y desde 1931 la II República. Para José Antonio la revolución social tenía que tener como objetivos el levantamiento de dos pesadas losas que habían sepultado al sufrido pueblo español: el pesimismo histórico y la injusticia social. Y España debía ser una unidad de destino en lo Universal. Para lograrla había que empezar controlando las escuelas.

 

A.-EL FRENTE DE JUVENTUDES Y LA REVOLUCIÓN SOCIAL

Los objetivos de Franco y de José Antonio son muy diferentes. José Antonio quiere una revolución social que desmonte el capitalismo, mientras que Franco pretende crear una monarquía capitalista liberal. Para Franco los principios del Movimiento no son inmutables y vamos a ingresar en el mundo capitalista liberal. Franco primero les dio poder a los falangistas para que intentaran su revolución. Pero luego se arrepintió y fue transformando los principios del Movimiento a su gusto.

Para llevar a cabo toda esta revolución educativa se creo el Frente de Juventudes. Este organismo fue una de las obras predilectas del régimen porque Franco, siguiendo inicialmente las directrices falangistas, se preocupó especialmente por el adoctrinamiento de las juventudes. Para ello, el Frente reguló todo lo concerniente a la educación en valores que era la única garantía de conseguir la futura patria hermosa y unida que soñó José Antonio (Mendoza Guinea, 1957: I, 108). El Frente de Juventudes tenía asignado dos objetivos:

Uno, por delegación del Movimiento, preparar a sus afiliados, a las falanges juveniles de Franco, para ser militantes de la Falange española Tradicionalista y de la JONS. Y dos, por delegación del Estado, inculcar a toda la juventud española la alegría y el orgullo de la Patria, enseñándola a conocer, respetar, amar y servir a España (Mendoza Guinea, 1957:I, 128).

En definitiva, el objetivo último del Frente de Juventudes fue lograr que la juventud española sea incitada en las consignas políticas del Movimiento. Tenían asignadas la Educación Física, la asignatura de la Formación del E Nacional, y la iniciación al Hogar de las mujeres. Precisamente, para atender las necesidades especificas de las juventudes femeninas se creo, dentro del Frente de Juventudes, en 1940, la Sección Femenina. Su objetivo integrar a las mujeres en el proyecto común de la nueva revolución social. Pero ¿qué papel tendrían éstas? José Antonio lo dejó muy claro en sus escritos: debían convertirse en excelentes esposas y madres. Para ello, debían encargarse eficientemente de las tareas y, además, educar a sus hijos en el amor a Dios y a la Falange (Otero, 1999: 176). De esta forma se convertirían en el complemento idóneo del adoctrinamiento escolar y, por tanto, en puntal básico de la pretendida revolución social.

La Sección Femenina pretendía formar a sus afiliadas para el desempeño idóneo de esta función que el nuevo régimen Nacionalcatolicista le había asignado. Para ello, creo centros de convivencia, albergues, y organizó actividades deportivas, culturales y artísticas (Jiménez Villalba, 1969: 125). La Sección Femenina se convirtió en el único organismo de participación pública de la mujer.

 

B.-LOS ESCRITORES DE LA F.E.N.

El Frente de Juventudes reclutó a lo más granado de la intelectualidad franquista para su proyecto de la revolución social. Los manuales de la F.E.N. no fueron escritos por cualquiera sino por los más destacados hombres de letras de la época. Ello contribuyó a dar a los manuales de la F.E.N. unas dosis de erudición y un nivel intelectual que difícilmente se encontraba en otras materias. El Régimen de Franco puso, pues, toda la carne en el asador para llevar a cabo su proyecto de revolución social falangista desde la Escuela.

Había destacados políticos como Manuel Fraga Iribarne, Ministro franquista y posterior fundador de Alianza Popular –Hoy Partido Popular- y Torcuato Fernández Miranda. Había escritores destacadísimos como Jaime Capmany y Gonzalo Torrente Ballester. Economistas de prestigio como Enrique Fuentes Quintana y Juan Velarde Fuentes. Y decenas de Catedráticos de Universidad y de Enseñanzas Medias, así como inspectores. Entre ellos: Efrén Borrajo Dacruz, Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad Complutense o Rodrigo Fernández Carvajal, Catedrático de Derecho Político en la Universidad de Murcia.

Otros escritores eran mandos militares, como Antonio Castro Villacañas, profesor de la Academia Nacional de mandos e instructores “José Antonio”. Otros escritores eran personas de una proyección más discreta, simplemente vinculadas al Movimiento, entre los que podemos citar a: José Poveda Ariño, José María Mendoza Guinea, Gaspar Gómez La Serna, Alfredo Gosálbez Celdrán, José María Sánchez Silva, Francisco Vigil, Manuel Álvarez Lastra, Eleuterio de Orte Martínez, Antonio Ramis Bennasar, Bernardo Villalonga Bennasar, Juan Manuel Moreno, Marino Díaz Guerra o Nicolás Jiménez Villalba

En Extremadura, estaba Gonzalo Sánchez-Rodrigo, escritor, editor y periodista. En Plasencia tenía una editorial que editó algunos manuales de la F.E.N. –algunos escritos por él mismo- y otras obras relacionadas. Quiliano Blanco Hernando publicó en la editorial Sánchez. Rodrigo su famosa enciclopedia Faro, en la que se dedica un capítulo a la F.E.N.

 

IV.-UNA REINTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA

Por un lado, aunque no se llamase así, existía la transversalidad porque en asignaturas como historia, religión o filosofía se hablaba del carácter ibérico, de la grandeza de la patria indivisible y de Dios.

Por supuesto, la Historia de España era una asignatura clave dentro del organigrama educativo. El Frente de Juventudes auspició una revisión de la Historia de España, marcada por el catolicismo y por la grandeza de la patria. Por supuesto, lo primero que había que hacer era romper en seco con la interpretación marxista de la Historia que causaba furor en la Europa de la época. Y para ello adoptan la más rancia metodología historicista, auspiciada por el ideario falangista. La metodología historicista partía de varias premisas: la primera, destacaba al individuo frente a la colectividad. Los protagonistas de la Historia eran los grandes personajes o los grandes tiranos; eran ellos los que movían los hilos de la evolución. En oposición a la visión materialista de la Historia, sostenían que lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos. Según la historiografía oficial del Régimen, la infraestructura no la forman los aspectos económicos, como diría Karl Marx, sino los aspectos espirituales. El Frente de Juventudes y las Cátedras de Historia asumen esta idea:

Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos (Mendoza Guinea, 1957: V, 49).

Y dentro de lo espiritual lo religioso ha jugado un papel muy destacado. Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá. A esas preguntas no se puede contestar con evasivas: hay que contestar con la afirmación o con la negación. España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera, pero es además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación.

 

A.-UNA HISTORIA DE ESPAÑA SAGRADA

La Historia de España estaría marcada por grandes hitos y por grandes prohombres, Viriato, el Cid Campeador, Pelayo, Hernán Cortés, José Antonio Primo de Ribera, etc. Existía una historia de España sagrada e intocable. Pero, por otro lado, no bastaba con las transversalidad. Además se diseñó una asignatura específica, la Formación del Espíritu Nacional que pretendía ensalzar todos esos valores.

Por ejemplo, en 1966, Manuel Medina Barea, director de las Escuelas del Ave María proponía para los cursos de 3º y 4º una unidad titulada España en la que se debía tratar lo siguiente:

“Observación del mapa de España e interpretación de señalizaciones. Ídem de los símbolos y fotografía del Jefe del estado. Audición del Himno Nacional e himnos del Movimiento. Investigación de datos en el libro de consulta del alumno. Conversación y discusión sobre las observaciones realizadas y datos obtenidos”.

 

No menos claro, se mostraba el jesuita Gabino Márquez en su libro Deberes Patrióticos (Madrid, 1940) para alumnos de 1ª y 2ª Enseñanza que sintetizaba la historia patria con las siguientes palabras:

Es imposible leer la gloriosa historia de nuestra Patria y no sentirse conmovido y noblemente entusiasmado por España. No puede menos de encender nuestro espíritu patriótico el heroísmo sublime de Sagunto y Numancia, el entusiasmo bélico de Pelayo, la caballerosidad guerrera y el noble patriotismo del Cid, la valentía y el amor santo de San Fernando a la Religión y a la Patria, el valor guerrero de Carlos V, la prudencia de Felipe II, el heroísmo sublime de los conquistadores, Hernán Cortés, Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, etc, etc, y en nuestros tiempos la Guerra de la Independencia y esta guerra contra el Marxismo salido del infierno… Por eso desea el gobierno de la nueva España que a los niños se les enseñe la Historia de nuestra patria, pues nuestra hermosísima historia, nuestra tradición excelsa, proyectadas en el futuro, han de formar el espíritu de los niños españoles”.

 

Este mismo autor afirma más adelante que la patria española debe ser una, grande, libre, imperial y cristiana. Una, porque no es racional que se divida en “una colección de repúblicas de Andorra y a merced de cualquier Estado ambicioso”. Grande, “trabajando pero sin dejar la religión para que Dios nos ayude desde lo alto”. Libre “pero no liberal; eso de ningún modo, pues el liberalismo es un error condenado por la Iglesia que ha causado la ruina de la Patria”. Imperial porque “España tiene derecho a la expansión colonial con tal de no faltar a la justicia”. Y, finalmente, cristiana “o mejor dicho católica porque todos lo somos y en ello ciframos nuestra mayor gloria”. Textos como éste y otros muchos son muy claros sobre la intención educativa del “nuevo” gobierno surgido tras la victoria del bando Nacional en 1939.

La historia la manipulan en base a grandes mitos. El primero de ellos es Viriato al que se considera esencia de lo más profundo de los valores ibéricos. Le sigue Recadero de quien se decía lo siguiente:

Recadero es el gran monarca unificador de nuestra Historia: consiguió la unidad de las tierras y de los hombres bajo el signo de la cruz; consiguió la unidad espiritual de vencedores y vencidos, aproximando a las dos razas –dominante y dominada-, a la nobleza y al pueblo (Mendoza Guinea, 1957: I, 15).

 

Le siguen como no Pelayo y la gloriosa batalla de Covadonga (718), allí en los desfiladeros del monte Auseva, protegidos por la Virgen María, que se les había aparecido en la gruta de Covadonga, dio comienzo la gloriosa Reconquista (Ibídem: 16). La Reconquista de Toledo por Alfonso VI, que tuvo una gran importancia no solo militar sino también cultural por la fundación en ella de la Escuela de Traductores, que puso en contacto las culturas cristiana y árabe. La Batalla de las Navas de Tolosa (16-VII-1212) donde Alfonso VIII derrotó a los almohades abriendo el camino para la reconquista de Andalucía. La reconquista de Granada en 1492 y el Descubrimiento y la Conquista de América son los mitos siguientes a los que siguen la gloriosa batalla de Lepanto en 1571 por una alianza comandada por don Juan de Austria. El Papa San Pío V en reconocimiento por sus méritos le aplicó las palabras del Evangelio: “Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan”, ordenando que en la letanía del Santo Rosario se rezara, de entones en adelante, el Auxilium Christianorum” (Ibídem: 18). La paz de Westfalia (1648) y de los Pirineos (1659) supuso la derrota de los ideales que España había defendido en Europa (Mendoza Guinea, 1957: V, 5).

Ensalza a los carlistas por sus “hermosas virtudes de fidelidad a la tradición” y porque decidieron plantar cara a unas ideas liberales que traicionaban “la mejor Historia de España” (Ibídem: 7). El tradicionalismo es una doctrina política o, mejor aún, una posición cultural caracterizada por la fidelidad a la tradición cultural y política de España “. Los requetés carlistas y los falangistas fueron las principales fuerzas que se sumaron a la Guerra Civil heroicamente.

El alzamiento del 2 de mayo de 1808 contra las tropas invasoras de Napoleón. Combatieron en Madrid y en el parque de Monteleón dirigidos por Daoíz y Velarde. La batalla de Bailén (19-VII-1808) ganada por el general Castaño primera derrota en campo de batalla del ejército francés. Y finalmente, las de Vitoria y San Marcial, logradas los años de 1812 y 1813. “El pueblo español había sabido sufrir, luchar y vencer” (Mendoza Guinea, 1957: V, 19).

Dentro de esa Historia Sagrada ocupó un puesto de honor la Conquista de América. Durante el franquismo se interpretó como una etapa sagrada e intocable, uno de los signos de identidad de la patria hispana. Y por sorprendente que parezca, esta leyenda apologética y legitimadora ha prevalecido prácticamente hasta el siglo XXI. Ésta entendía la conquista como una gesta de guerreros, héroes y santos que ensancharon los dominios de la civilización y de la cristiandad. En 1944 Antonio Floriano destacaba la importancia de una ley que protegía a los indígenas y que recaía con toda su fuerza sobre aquellos que les daban malos tratos:

España siempre trató al indio como a un hijo menor; que ya la Reina Católica se negó a que fueran reducidos a la esclavitud; que cuando se conocían malos tratos, crueldades o rapacidades, estos se castigaban con rigor” (1944: 145)

 

Nada más falso, como veremos a lo largo de este libro. Ni se trató al indio como a un hijo menor ni por supuesto fueron condenados los españoles por sus actos de crueldad, por sus robos, por las matanzas de indios y por las violaciones de indias. En 1947 en un libro sobre Hernán Cortés, Manuel Trillo escribía, emulando a López de Gómara, destacando la Conquista como la mayor obra realizada en el mundo, después de la venida de Jesús al mundo:

Conviene recordar la calumniosa exageración en que, sobre todo a propósito de nuestra Obra en América, se ha incurrido por extranjeros malignos y hasta por españoles ofuscados, pintando a España como opresora madrastra de aquellos países… Precisamente nuestra Obra allá, nuestro divino obrón de redenciones, nuestro desdoblamiento abnegado y hasta la locura, es la página mayor, ¿qué digo de los anales de España?, de los anales del mundo, después del advenimiento del Redentor” (Trillo, 1947: 2).

 

A mediados de, siglo XX se expresaba Rufino Blanco-Fombona elogiaba hasta extremos insospechados a los conquistadores y descubridores españoles:

Los descubridores y conquistadores españoles de América –hoy podemos juzgarlos sin prevenciones y con exacta noción de su obra- fueron hombres maravillosos, muy de España y muy del siglo XVI” (1956: 175)

 

Pero, en fechas mucho más recientes, una buena pléyade de historiadores ha continuado defendiendo postulados parecidos. Para Francisco Morales Padrón, Catedrático emérito de la Universidad de Sevilla, la conquista fue “el último episodio de las cruzadas; la conversión de España en historia Universal” (1974: 15). El autor reconoce algunos desmanes cometidos por los españoles pero los justifica en base a tres aspectos: primero, que eran hombres de su época, donde el derecho a la vida no estaba entre sus prioridades. Segundo, que los alemanes lo hicieron peor aún en Venezuela. Y tercero, que los indios tampoco eran “las mansas ovejas de que habla Las Casas” (Ibídem, 78). En un artículo posterior el mismo autor sostiene que no sólo no hubo genocidio español sino que, incluso, salvamos a pueblos como los totonacas, los tlaxcaltecas o los huancas del genocidio que padecían a manos de los mexicas.

Por su parte, Melquíades Andrés, en el discurso inaugural del curso 1977-78 de la Escuela de Magisterio de Almendralejo, publicado en 1980 en la Revista de Estudios Extremeños, decía lo siguiente:

Los conquistadores y místicos se caracterizan por su dinamismo, audacia, valor, temeridad, amor a la verdad, sentido de progreso, eficacia de acción, integración en sí mismos, exaltación del deseo y del corazón, entereza ante contratiempos, sufrimientos y penalidades, sentido ascético de la vida junto con otros componentes…”.

 

Lo cierto es que durante el franquismo, se sostuvo que la conquista de América fue muy beneficiosa tanto para los europeos como para los indios. Para muchos la América Precolombina era un mundo “salvaje”, “subdesarrollado” y “desaprovechado”.

 

B.-UNA REINTERPRETACIÓN DEL ALZAMIENTO DE 1936

En todos los manuales de la F.E.N. se sitúa el golpe de Estado del general Franco como uno de los grandes hitos de la Historia de España. Gabino Márquez señaló concretamente seis hitos, a saber: la defensa de Covadonga en los orígenes de la Reconquista, la reconquista de Granada, el Descubrimiento de América, la Conquista de los imperios azteca e inca, la Guerra de la Independencia y, como no, la guerra de independencia contra los rojos (1940: 27).

Por supuesto, el último de los grandes hitos de nuestra Historia no podía ser otro que el Glorioso Alzamiento Nacional, protagonizado por el ejército, la falange y la Comunión Tradicionalista bajo el mando de Franco el 18 de julio de 1936 y terminado el 1 de abril de 1939. La derecha republicana y sobre todo los falangistas habían incitado al alzamiento al menos desde 1934. El propio José Antonio, consiguió enviar desde la Cárcel Modelo una carta clandestina, fechada el 4 de mayo de 1936 en la que incitaba a sus compañeros de partido y al ejército a levantarse contra el orden establecido:

Si permanecéis pasivos puede ser que cuando os deis cuenta España haya desaparecido (II, 989).

 

Guinea Mendoza escribe gozosamente que desde esa fecha, la Historia de España vuelve a transcurrir por cauces que nos han de llevar hacia el cumplimiento del destino histórico nacional (Mendoza Guinea, 1957: I, 20). Todos los libros de la F.E.N. insisten una y otra vez que el Alzamiento fue necesario para salvar a España de la destrucción a que la llevaba el gobierno del Frente Popular:

Con su triunfo España consiguió la Unidad de sus tierras y sus hombres, al desaparecer los separatismos y la lucha de clases, y la Religión Católica amparada y protegida por el Estado; ha vuelto el Crucifijo a las Escuelas; se permite el culto externo, y es obligatoria la enseñanza religiosa en todos los centros docentes (Ibídem: I, 110).

 

Pero Mendoza Guinea, en el manual de V de Bachillerato volvía al tema del Alzamiento. Curiosamente no fue un golpe de Estado, ni un pronunciamiento militar sino una sublevación del pueblo en armas contra un gobierno que traicionaba el ser de España y hacía imposible la convivencia entre los españoles… (V, 20). En esta misma línea Antonio Castro Villacañas afirmaba que el Alzamiento no lo protagonizó el ejército sino que fue la reacción del pueblo español en un esfuerzo sobrehumano por acabar con una República que lejos de solucionar los problemas los creaba (1955: 102). Por tanto, concluía que el Alzamiento no fue otra cosa que un glorioso movimiento de liberación llevado a cabo por el pueblo para salvarnos del comunismo y del separatismo. ¡Increíble!, ¿alguien se creería eso del alzamiento popular? Pero, por si acaso no había sido lo suficientemente convincente a Castro Villacañas, le pareció oportuno reforzar su argumento con una serie de horrores de lo que él denominaba la República roja:

 

-Las Checas mataron sólo en Madrid a más de ¡250.000 personas!

-Entregaron el oro del Banco de España a Rusia.

-Y permitieron la fragmentación de España.

 

Marino Díaz Guerra, colaborador del Frente de Juventudes, escribió ¡en 1971! que el Alzamiento supuso el fin de un largo período de inestabilidad en la Historia de España, iniciado en las Cortes de Cádiz. Por ello, desde el triunfo de lo que él llama Revolución se inició la etapa más seria de su historia contemporánea para resolver el llamado problema de España (Díaz Guerra, : 28-29).

Queda claro que durante varias décadas, uno de los objetivos de la F.E.N. fue reinterpretar el Alzamiento militar de 1936. Lo intentó presentar como un fenómeno inevitable que no partió de una cúpula militar golpista sino de una sublevación o revolución popular. Increíble, ¿alguien pudo creer en semejante patraña? Por increíble que parezca sí. Treinta y seis años insistiendo en lo mismo, a los jóvenes desde su infancia pueden hacer creíble lo más increíble.

Los héroes nacionales, además de los clásicos Viriato, don Pelayo o Hernán Cortés, eran el general Moscardó, el general Mola, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, y por supuesto, el más importante de todos, el libertador Francisco Franco.

Lógicamente el régimen implantó un listado de fechas conmemorativas que los españoles debían celebrar con júbilo. Mendoza Guinea explicaba que una conmemoración era el recuerdo de los acontecimientos históricos más recientes de nuestra Patria (1957: I. 14).

 

CUADRO I

CONMEMORACIONES NACIONALES

 

FECHA

ACONTECIMIENTO

29-X-1933

Fundación de la Falange por José Antonio Primo, en el teatro de la Comedia de Madrid.

18-VII-1936

El día del Alzamiento Militar.

19-IV-1937

Día de la unión de la Falange Española y de la JONS con la Comunión

1-IV-1939

Día de la Victoria, tras la emisión del último parte de guerra

10-III

día de la conmemoración de los mártires de la Tradición.

 

 

Pero también habría otros días específicos que debían conmemorar la juventud franquista.

CUADRO II

DÍAS CONMEMORATIVOS DE LA JUVENTUD

 

FECHA

ACONTECIMIENTO

1-X-1936

día del Caudillo Francisco Franco Bahamonde, fecha en la que fue nombrado Caudillo de España, Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales

12-X-1492

Día de la Hispanidad

29-X

Día de la Fe en la doctrina de Falange y en su capacidad para devolver a España la unidad, grandeza y libertad de la Patria.

 

20-XI

Día del Dolor, coincidiendo con la fecha de la muerte de José Antonio, fusilado en la cárcel de Alicante el 20-XI-1936.

8-XII

Día de la madre.

¿?

Día de los caídos de la juventud. Coincide con la fecha de la muerte de Matías Montero, que era un joven estudiante falangista.

1-IV-1939

Día de la Victoria

2-V-1808

Día de la Independencia

30-V

Día de la juventud, que coincide con el día de su patrono, San Fernando.

4-VIII

Día de Gibraltar, se conmemora para mantener viva la reivindicación de Gibraltar y su retorno a la patria española.

 

V.-LA REGULACIÓN LEGAL DE LA F.E.N.

Inicialmente, hasta principios de los años cincuenta la asignatura se llamó simple y llanamente “Falange”. Hasta esos momentos era frecuente que los alumnos cantaran todas las mañanas el “Cara al Sol” con el brazo derecho levantado al tiempo que se izaba la enseña nacional. A partir de los años cincuenta la asignatura evolucionó. Comenzó a llamarse “Formación del Espíritu Nacional”, y dejó de cantarse el Cara al Sol y de izarse la bandera.

Las enseñanzas de la F.E.N. fueron establecidas con carácter obligatorio en todos los centros de enseñanza primaria y secundaria, por un Decreto de 29 de marzo de 1944, desglosando los contenidos por curso2. Apenas medio año después se decidió su inclusión en algunos centros Superiores de carácter técnico y profesional (Decreto del 29-XI-944). Y nuevamente, ocho años después, concretamente el 31 de octubre de 1952 se decidió la universalización de su enseñanza prácticamente a todos los estudios Superiores y profesionales:

Se harán extensivas a las Escuelas especiales de Ingenieros Aeronáutico y de Industrias textiles y a los de Comercio, Aparejadores, Peritos Industriales, Peritos Agrícolas, Peritos Textiles, Capataces, Facultativos de Monas, Ayudantes de Montes, Centro Politécnico de La Laguna, Escuela Central de Idiomas, dependientes de la Dirección General de Enseñanza Profesional y Técnica y de las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos, Nacional de Artes Gráficas, Instituto de Enseñanzas Profesionales de la Mujer, dependientes de la Dirección General de Educación Laboral y demás centros de carácter técnico, profesional y laboral que serán determinados en su caso por Orden Ministerial (At. 1)3.

 

Está claro que el Movimiento no se conformó con su enseñanza en la Escuela sino que previó la inmersión en el proyecto falangista de todos los jóvenes en todos los niveles educativos, públicos o privados.

Por el BOE del 19 de enero de 1960 se ratificó el horario lectivo de la asignatura que sería de una hora semanal en los cinco años del bachillerato elemental y en los dos del bachillerato superior4. En esa misma orden quedaban regulados los contenidos. En el primer curso habría cuatro bloques de contenidos, por este orden: la familia, la escuela, la parroquia y el municipio. En cuarto curso se entraba a analizar la situación de España y los principios del Movimiento y de la falange. Los bloques eran en ese curso: La realidad de España en 1900, necesidad de un nuevo orden, el pensamiento de la Falange Española y la guerra civil, centrándose en la Falange y en el glorioso Alzamiento Nacional.

El 2 de febrero de 1967 se expidió un nuevo decreto por el que se le autorizaba a la Iglesia a crear centros educativos al tiempo que se le encomendaba la vigilancia e inspección de las cuestiones éticas y religiosas de la enseñanza pública:

Se reconoce a la Iglesia el derecho a la creación de Escuelas Primarias y de Escuelas Normales, con la facultad de expedir los títulos respectivos en la forma que se determina en esta ley. Se reconoce también a la Iglesia el derecho a la vigilancia e inspección de toda la enseñanza en los centros públicos y privados de este grado, en cuanto tenga relación con la fe y las costumbres5

 

         Asimismo, en ese mismo decreto se señalaba a la asignatura de la F.E.N. entre las materias formativas –Cap. IV, art. 37- al tiempo que se reiteraba la misión que tenía encomendada la misma:

Es misión de la Educación Primaria, mediante una disciplina rigurosa, conseguir un espíritu nacional fuerte y unido e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria, de acuerdo con las normas del Movimiento y sus organismos (Cap. II, Art. 6).

 

Prácticamente en todos los niveles educativos la carga docente sería de una hora semanal, salvo en algunos estudios laborales que se preveían dos horas semanales en los dos primeros cursos y una hora semanal en los tres restantes cursos.

También se reguló detalladamente el procedimiento para elegir a los profesores de la F.E.N. así como sus funciones concretas. En el Reglamento general de los centros de Enseñanza Media y Profesional del 3 de noviembre de 1953 se dedicaba un apartado a los profesores de F.E.N.:

Designado por el Ministerio de Educación Nacional, a propuesta de la Delegación Nacional del Frente de Juventudes, o en su caso, de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de la JONS. Habrá en cada centro un profesor de Formación del Espíritu Nacional (Art. 16).

 

En un nuevo decreto del 11 de agosto de 1953 se establecía que para los estudios superiores, los profesores podrían ser doctores o licenciado de la Facultades de Ciencias Políticas, Económicas o Comerciales, aunque en todo caso propuestos al Ministerio de Educación por la Delegación nacional de Educación del Movimiento6

 

A continuación, dada la extensión del texto legal, sintetizamos las competencias de estos profesores, reguladas en el art. 17 del citado Reglamento general de Centros, a saber:

 

A.-La enseñanza de los cuestionarios oficiales de la asignatura.

B.-Encuadrar a los alumnos de las organizaciones juveniles de Falange.

C.-Exaltar el espíritu Nacional, celebrando con el máximo esplendor las fiestas Nacionales y las demás conmemoraciones señaladas por el Ministerio de Educación.

D.-Infundir a los escolares el espíritu y la doctrina del Movimiento.

E.-Fomentar cuantos medios juzgue oportunos en orden a mejorar en los alumnos el sentimiento Nacional y el sentido de servicio a la unidad y grandeza de la Patria.

 

Pero en el mismo reglamento se establecía un dato muy curioso. La F.E.N. no sólo sería una asignatura ordinaria con una hora de carga docente sino que además habría una transversalidad. En el Cap. VI, art. 46 del citado reglamento se establecía que la labor de los profesores de la F.E.N. no se limitaría a su hora de clase sino que además exaltarían el patriotismo entre los alumnos a través de conferencias de exaltación patriótica y doctrinales, cantos nacionales, celebración de fiestas Nacionales y mediante el encuadramiento de los alumnos en el organigrama del Frente de Juventudes y de la Falange. ¡Esto sí que era adoctrinamiento!, ¡lo de la Educación para la Ciudadanía es un juego de niños al lado de la F.E.N.!

La formación en los principios del franquismo y del falangismo continuó prácticamente hasta 1978 en que la asignatura fue suprimida por Manuel Clavero Arévalo, ministro de Educación del gobierno centrista de Adolfo Suárez.

VI.-LOS CONTENIDOS

            ¿Y qué se enseñaba en la asignatura?, pues la visión que el régimen siempre tuvo de España, usando a cada paso frases del propio fundador de la Falange José Antonio Primo de Ribera. Una de las bases ideológicas era que España era “una unidad de destino universal”. En los libros se repite esta idea una y otra vez. El destino de España que no es otro que difundir sus valores y su catolicismo al resto del mundo. Y ese cometido divino sólo lo puede llevara efecto si toda España se mantenía unida. Unidad, patria y bandera eran los pilares básicos del régimen. La ideología de la F.E.N. tenía unos pilares muy claro que eran Patria, Dios y Familia. La familia se reconocía como el motor de la sociedad, un vínculo sagrado de amor.

 

A.-PATRIA Y UNIDAD

          Los falangistas entendían la patria hispana no como un territorio, ni un agregado de hombres y mujeres; España era ante todo una unidad de destino, una realidad histórica, un país llamado a cumplir misiones universales. Se enaltece el concepto sagrado de la Patria. Los falangistas entendían España como el bien supremo, por encima de los individuos y de las libertades individuales. El propio fundador de la falange lo había dicho con claridad:

Nosotros no queremos que triunfe un partido ni una clase sobre los demás; queremos que triunfe España, como una unidad con una empresa futura que realizar en la que se fundan todas las voluntades individuales (Capmany, 1969: 13).

 

El régimen franquista asumió en los primeros años prácticamente todo el ideario falangista. De ahí que el concepto de la Patria española lo tomasen íntegramente del pensamiento de José Antonio. Por tanto, en la España franquista lo más importante no serían las personas sino la Patria y, con ella, su símbolo, la bandera. Mendoza Guinea definía la Patria de forma pintoresca:

La Patria no es la tierra, ni la raza, ni el idioma: la Patria es una unidad de destino en lo universal... La Patria lo es todo y los intereses individuales de los españoles debían subordinarse al interés general de la Patria (1957: I, 11).

 

 

Algo más extenso, aunque no con menos erudición, se mostró José María Poveda Ariño al explicar el concepto en los siguientes términos:

Es una síntesis de vidas, de afanes, de ilusiones, donde unos hombres, desde hace muchos siglos, se vienen empeñando en un estilo común y unos fundamentales modos de acuerdo. España es la patria común de todos los españoles y representa la más alta unidad de convivencia. Con no poco esfuerzo Franco ha conseguido devolver a los españoles “la conciencia de su misión histórica. España es la nación más antigua de Europa sin la unidad, la reserva espiritual que España puede ofrecer al desquiciado mundo actual se perdería”. La unidad es la grandeza indispensable de la patria (1968: 165-168).

 

¿Y quiénes podían pertenecer a la grandísima Patria Hispana?, pues, según Sánchez Rodrigo, se pertenecía a ella por religión, cultura, raza, lengua, historia y aspiraciones (1965, 18). Después de Dios, el gran amor de los españoles debía ser la Patria y para ello utilizaban una frase de San Agustín:

Ama a tu prójimo, y más que a tu prójimo a tus padres, y más que a tus padres a tu Patria, y más que a tu Patria a Dios…(Ibídem: 40).

 

En cuanto al símbolo, la bandera, es descrita con las siguientes palabras:

El símbolo de la Patria es su bandera, la bandera roja y gualda que tiene España desde 1785 (salvo los años de la II República). Desde el 27 de febrero de 1937 el himno oficial de España fue declarado por Franco, es la antigua Marcha Granadera (Mendoza Guinea, 1957: I, 26).

 

El escudo integraba a Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada. El Águila es de San Juan el Tetramorfo y significa el dominio y catolicidad de la España Imperial (Márquez, 1940: 22).

Por supuesto, un tema importante que recalcan los manuales de la F.E.N. es la identificación de la Patria, es decir, del estado con la Nación. Nación y Patria se utilizan de manera sinónima. Se niegan todos los nacionalismos. España es un Estado uninacional, un ente indisoluble, en definitiva, una unidad de destino en los Universal, como dijera José Antonio (Díaz Guerra, 1971: 54). Para los falangistas, el separatismo ignora u olvida la realidad de España, es decir, desconoce que España es, sobre todo, una gran unidad de destino. Los separatistas se fijan en si hablan lengua propia, en si tienen características raciales propias, en si su comarca presenta clima propio o especial fisonomía topográfica. Pero una nación no es una lengua, ni una raza, ni un territorio. Es una unidad de destino en lo universal. Esa unidad de destino se llamó y se llama España. Bajo el signo de España cumplieron su destino los pueblos que la integran. Nada puede justificar que esa magnífica unidad, creadora de un mundo, se rompa.

Insisten los manuales en destacar y elogiar el centralismo, no escatimando alabanzas a la capital de la Patria. Gonzalo Torrente Ballester la describió, citando a Pedro Laín Entralgo con las siguientes palabras:

Madrid, actualidad y recuerdo de España. Madrid, también, compendio, espejo, símbolo de España. Lo sentiréis en lo más vivo de vuestra alma –con honda claridad, con casi tangible delicadeza- si os decidís a una mínima excursión urbana…(1966: 60).

 

Por todo ello, solo se permitiría el regionalismo, con un contenido exclusivamente administrativo, no político. En este sentido Antonio Floriano Cumbreño escribió que el regionalismo puede ser positivo siempre que no sufra corrupciones, ni incurra en exageraciones negativas de la unidad de la Patria (1944: 19). En ese mismo sentido Agustín Serrano de Haro escribió:

 

El regionalismo egoísta es odioso y estéril, el regionalismo benévolo y fraternal puede ser un gran elemento de progreso y quizá la única salvación de España (1964: 82).

 

En los manuales se aprecia un miedo atroz a los separatismos, quizás debido ala experiencia disgregadora de la II República. Gaspar Gómez La Serna en su libro Cartas a mi hijo, le dice en una de esas misivas:

 

No debes olvidar cuán alto fue el precio que España tuvo que ir pagando, año tras año, siglo tras siglo, por su unidad (1967: 71).

 

          Todos los manuales se encargan de recalcar esta idea de la unidad de España que debe primar por encima de todas las cosas. Objetivo fundamental sin el cual no existiría la Patria. Y van más allá, pues reiteradamente se incluye en todos los libros de la F.E.N. la reivindicación de Gibraltar como parte integrante de España. Franco ha manifestado en varias ocasiones, escribía Mendoza Guinea, que no podemos ser amigos de Inglaterra hasta que no devuelva Gibraltar el puñal que todo español lleva clavado en el corazón, como dijo Ruiz de Alda (1957: I, 64). Gómez La Serna en una de las Cartas a su hijo le escribe: Dios conceda a tu tiempo, hijo mío, la fortuna de su recuperación (1967: 156). También se añora Portugal que, en palabras de Agustín Serrano de Haro, era la nación más hermana de España (1964: 56). Mantiene la esperanza de una reunificación, pues de hecho la desunión fue tan nefasta en la Historia de España que retrasó la Reconquista durante siglos (Ibídem: 54).

 

B.-LA AUTORIDAD

El concepto del respeto a la autoridad era un aspecto peliagudo que todos los escritores de la F.E.N. se vieron obligados a tratar. Para justificar lo injustificable lo mismo echan mano de referencias a San Pablo como citan a Juan Benigno Bossuet y las tesis cesaristas del siglo XVII o a Osward Spengler. El placentino Sánchez-Rodrigo explicaba que la autoridad emanaba de Dios, pues era Él el que concedía el mando a los hombres. Ir contra la autoridad es, por tanto, atentar contra Dios (1965: 26). El jesuita Gabino Márquez alude utiliza citas bíblicas para afianzar su idea del origen divino del poder. Cita nada menos que a San Pedro, quien decía que sólo había una causa justificada de desobediencia civil, cuando el gobernante lo hacía contra la ley de Dios, porque primero hemos de respetar a Dios que a los hombres (Márquez, 1940: 17).Y a una epístola de San Pablo a los Romanos alude Eugenio de Bustos con el mismo objetivo de recalcar el carácter divino de la autoridad:

Todos habéis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas, de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios. (1965: 77)

 

Más sorprendente es que personas de la talla intelectual de Gonzalo Torrente Ballester hablara de la necesidad de una autoridad fuerte, pues sin ella, lo que queda es una colección de cabezas que no pueden valerse ante lo imprevisto (1966: 106-107). Por su parte Poveda Ariño defendía abiertamente que la legitimación de la autoridad no venía dada por unos simples votos sino por la consecución del bien común de los ciudadanos (1968: 22). Por ello, consideraba la autoridad de Franco legitimísima. El mismísimo Caudillo, Francisco Franco se consideró a sí mismo un elegido por Dios para guiar los destinos de la Patria. No en vano, al día siguiente del gran desfile de la Victoria, en la iglesia de las Salesas de Madrid, el Caudillo declaró:

Señor: acepta complacido el esfuerzo de este pueblo siempre tuyo, que conmigo y por tu nombre ha vencido con heroísmo al enemigo de la verdad de este siglo. Señor Dios, en cuya mano está todo derecho y todo poder, préstame tu asistencia para conducir este pueblo a la plena libertad de Imperio, para gloria tuya y de tu Iglesia. Señor, que todos los hombres conozcan que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Cit. en Serrano, 1964: 179).

Las obligaciones de todo ciudadano español serán las siguientes:

 

1.-Ser patriotas, leales al Jefe del Estado, y obedecer las leyes.

2.-Formarse para desempeñar un trabajo útil en la sociedad.

3.-Contribuir a los gastos de la comunidad nacional. Es decir pagar impuestos.

4.-Servir a la patria con las armas. (Díaz Guerra, : 63-64).

 

 

Dentro de la autoridad hay un elemento muy interesante. En el escalafón inferior de la cadena de mando se coloca al maestro. Se alaba su figura y se destaca su autoridad, pues, lo consideran eruditamente una de las más altas encarnaciones humanas de la autoridad (Poveda Ariño, 1968: 27). En cuanto a la actividad de la enseñanza se estima que es una de las más nobles actividades humanas. Por todo ello, el maestro merecía todo el respeto y admiración, por el papel tan crucial que juega en la sociedad (Ibídem: 28). Según escribió Jiménez Villalba, el respeto consistía en el reconocimiento de la superioridad que su saber, edad y experiencia y por su jerarquía dentro del colegio y de la clase. Este respeto a la superioridad de nuestros profesores se manifiesta a través del acatamiento, reconocimiento, generosidad y servicio (Jiménez Villalba, 1969 : 93).

La autoridad en las aulas se completaba con el ideal falangista de que el mejor servicio que los jóvenes podían prestar a la Patria era el de estudiar. Según los escritores de la F.E.N., se trataba de ofrecer a la Patria algo digno de ella. El estudio se concibe como un servicio. El servicio que la Patria le pide a los jóvenes es estudio y esfuerzo por aprender. Si aun así había problemas de disciplina, las formas de corregirlos estaban clarísimas. El jesuita Ramón Ruiz, en 1911, afirma que la pedagogía más adecuada dentro del aula siempre ha sido la mano dura. Y para demostrarlo cita el Libro de los Proverbios:

El que ama a su hijo, le azota asiduamente, para que se alegre cuando fuere mayor, y no ande mendigando por las puertas de los vecinos.

 

          Esta pedagogía del castigo físico se mantuvo en la escuela española hasta la etapa final de la época de Franco, es decir, hasta los años setenta.

 

C.-PARTIDOS POLÍTICOS, SINDICATOS Y TRABAJO

La F.E.N. parte de la crítica a los partidos políticos de acuerdo con los principios falangistas. Para estos, el Estado no pueda nunca ser de un partido, mientras que el régimen parlamentario es toda una falsa. En el Parlamento unos cuantos señores dicen representar a quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen nada de común con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni de los mismos municipios, ni del mismo gremio. Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres años en unas urnas, son la única relación entre el pueblo y los que dicen representarle. Obviamente los partidos políticos no tuvieron cabida en la España franquista. Llama la atención las palabras de Manuel Fraga Iribarne sobre los partidos políticos:

Estos partidos subrayan las diferencias de clase, como ocurre con los partidos socialistas, o bien se apoyan en diferencias regionales, como ocurre con los demócratas norteamericanos, cuya trinchera es el sólido sur… En países de temperamento fuerte, son un camino seguro hacia la violencia, cuando no la guerra civil (1969: 36).

 

            En esta cuestión no hacían más que seguir el ideario de José Antonio. Para el fundador de la Falange Española urgía construir una nueva sociedad sobre la libertad democrática y la justicia social pero superando la lacra de los partidos políticos (23). Sus palabras son bien elocuentes:

Entendemos por democratización la creciente participación del pueblo en las responsabilidades políticas conducentes a una situación de autogobierno, de representación y de conciencia civil. Solo puede llegar a la democracia España no por la lacra de los partidos sino por un sistema orgánico cuya base sea la familia y se extienda al municipio, los sindicatos y las Cortes generales (El ideal de José Antonio, : 24).

 

Se elogia el sindicato vertical español en el se reunían todos los que trabajaban en una misma rama de producción, sintiéndose como hermanados (Sánchez-Rodrigo, 1965: 17). Los escritores califican este modelo de sindicato vertical como el mejor porque defendía la paz social y no la confrontación entre obreros y patronos. La función de los sindicatos quedó perfectamente definida en el Fuero del Trabajo y en la Ley de Bases de la Organización Sindical. Se basa en el fin supremo de la justicia social, desmarcándose así tanto del capitalismo liberal como del materialismo marxista (155). Sus objetivos:

1.-La conciliación de los conflictos individuales de trabajo.

2.-Establecer la disciplina social de los productores sobre los principios de unidad y cooperación.

3.-Reglamentar el trabajo

4.-Ayudar a la solución del paro obrero (Poveda Ariño, : 156).

 

           A diferencia de lo que había ocurrido durante la Edad Moderna española, el régimen franquista santifica el trabajo. La pereza iba contra Dios, porque éste condenó al ser humano a trabajar: ganarás el pan con el sudor de tu frente (Sánchez- Rodrigo, 1965: 35). En el Fuero del Trabajo, expedido el 9 de marzo de 1938 se calificó el trabajo como uno de los más nobles atributos de jerarquía y honor. Por ello, el estado franquista valoraba el trabajo como la más noble de las virtudes cristianas y humanas. Todos los españoles tenían el derecho y la obligación de trabajar para contribuir a la grandeza de la Patria. Por todo ello, los perezosos no sólo ofenden al Estado sino también a Dios

 

D.-EL HOMBRE IBÉRICO

En la F.E.N., siguiendo las ideas de José Antonio se ensalza al hombre Ibérico, al español. Como si perteneciesen a una raza especial, diferente a las del resto de Europa. Ellos insisten en que no son racistas, pero se empeñan en destacar las virtudes propias, frente a los demás. En este sentido José María Mendoza Guinea escribió lo siguiente:

 

Desde la antigüedad son numerosos los testimonios que señalan cómo el español tiene el cuerpo predispuesto a la abstinencia y el trabajo, lo que hacen de él un ser resistente a la fatiga física y a la incitación de los placeres de la vida (1957: V, 74).

 

Eugenio de Bustos también insiste en la particular y sufrida raza ibérica, que on una religión y una lengua común, forman la Patria hispana. Obviamente, todos estos escritores de la F.E.N. aluden a una raza ibérica que no existe más que en su imaginación, exactamente igual que cuando Adolf Hitler hablaba de la raza aria.

Tradicionalmente la historiografía sostuvo la idea de que España nunca practicó el racismo. El falangismo y el franquismo negaron siempre cualquier atisbo de racismo en toda la historia de España. Y presentaban como pruebas irrefutables de ello el mestizaje en Hispanoamérica y el hecho de que en la España del siglo XX no hubiese habido brotes racistas contra los negros. Muy ingenioso el razonamiento, sobre todo teniendo en cuenta que, en esos momentos, el porcentaje de personas de color que vivían en España era prácticamente inapreciable. En cuanto al mestizaje fue más bien fruto de la escasez de mujeres en los primeros años. Pero los españoles preferían desposarse con una española y después amancebarse con las indígenas. La mayor parte de los mestizos nacieron fuera del matrimonio, aunque en no pocos casos el padre finalmente los legitimara. Asimismo, se ha destacado el heroico carácter español, predispuesto a la sobriedad, al trabajo y al sacrificio como ningún otro pueblo de Europa. Sin saberlo, la autoafirmación de uno mismo se hacía sobre la negación del otro. Actualmente, algunos estudios como los de Benzion Netanyahu o Christiane Stallaert, confirman sin lugar a dudas que el casticismo religioso implicaba también cierta forma de racismo.

 

E.-LA LIBERTAD

          También en lo referente a la libertad los escritores de la F.E.N. seguirán a pies juntillas el pensamiento de José Antonio quien había defendido la libertad, sin liberalismo, y la justicia social sin marxismo. El liberalismo era muy temido, pues, según el jesuita Gabino Márquez, el liberalismo era un error condenado por la Iglesia, y que además había provocado la ruina de la Patria (1940: 24).

Prácticamente todos los manuales de la F.E.N se hacen eco de este concepto supremo que es la libertad. Nadie en sus cabales podía negarla o minusvalorarla. Por ello, la defienden pero, modificando sustancialmente el sentido de la misma y poniéndole múltiples condicionantes físicos, sociales y morales. Citando a José Antonio, defienden que la libertad es un valor eterno e intangible, pero tiene dos límites inexcusables: Uno, el respeto a la libertad de los demás, y otro, la subordinación al bien común (Poveda Ariño, : 36-43). Lo primero, es evidente y totalmente actual, pues se recoge en cualquier manual actual de Educación para la Ciudadanía o de Ética. Y tienen razón los escritores de la F.E.N. cuando afirman que el hombre no es un animal enteramente libre, sino que se limita a cumplir sus instintos y a hacer lo que puede hacer. La segunda limitación, sí que es absolutamente discutible. Se trata de la vieja idea fascista de que el bien común y la patria están por encima del interés individual.

Otro escritor de la F.E.N., Marino Díaz Guerra va más directamente al grano. En su opinión las ideas pueden expresarse libremente, aunque sin atentar a los principios fundamentales del Estado, es decir, a los Principios del Movimiento (: 59). Cinismo absoluto, pues, propone a la par que ensalza la libertad como un bien supremo, después la coarta gravemente, pues ni existía esa libertad para atacar el poder de Franco, ni al régimen político vigente, ni a la iglesia católica. En tres palabras, libertad sin libertad.

             Gonzalo Torrente Ballester por su parte advertía del peligro de abusar de la libertad porque, en esos casos, el hombre se entrega a sus instintos, rebaja su condición humana y comete desafueros, crímenes y maldades (1966: 217). Y al abusar de la libertad, sigue Torrente Ballester, directamente renunciamos a ella. Mucho más importante que la libertad, para él era el valor y la dignidad ante la muerte, de lo que pone como ejemplo, el testamento político de José Antonio, dado en Alicante el 18 de noviembre de 1936. Condenado a muerte, la acepta sin jactancia pero sin protestar, acogiéndose a la misericordia divina. Estos son los valores que defiende la F.E.N. y el ideal falangista frente a esos valores sagrados de la democracia que son la libertad y el derecho a la vida.

Entre los derechos fundamentales que gozaban todos los ciudadanos era el del derecho a la propiedad privada, algo que se consideraba inalienable a cualquier nación. Y ello, se justifica por la función eminentemente social que la propiedad tenía. En ello, aluden a la doctrina de la Iglesia Católica, según la cual, los ricos son los administradores de los bienes de los pobres (Poveda Ariño, 1968: 100). El límite inferior del patrimonio individual será lo indispensable para vivir, el superior lo marca la transformación de su exceso en propiedad.

En cuanto a las obligaciones de todo ciudadano español, se citan por este orden las siguientes:

 

 

-Ser patriotas, leales al Jefe del Estado, y obedecer las leyes.

-Formarse para desempeñar un trabajo útil en la sociedad.

-Contribuir a los gastos de la comunidad nacional. Es decir pagar impuestos.

-Y servir a la patria con las armas (Díaz Guerra, : 63-64).

 

F.-LA FAMILIA

La familia es otro de los pilares básicos del régimen, el escalón inferior y fundamental de cualquier comunidad. Siguiendo la doctrina de la Iglesia Católica se defiende la familia como fuente de vida, maestra y educadora del hombre, directamente querida por la naturaleza y elevada por Jesucristo, mediante el sacramento del Matrimonio, al orden sobrenatural (Poveda Ariño, 1969: 144). El núcleo de la familia estaría formado por los padres –necesariamente un hombre y una mujer- y sus hijos una institución natural creada por Dios en la que conviven padres e hijos. El fin último del matrimonio es la procreación de los hijos, su mantenimiento y su educación. Por tanto, estos deben respetar a sus progenitores, quienes le dieron todo lo que tienen o son en la vida (Sánchez Rodrigo, 1965: 12).

El matrimonio es una institución creada por Dios y por tanto es sagrada e indisoluble. Este carácter indisoluble formaba parte del ideario de falange y posteriormente pasó a los Derechos y Deberes de los españoles. José Antonio escribió en este sentido:

En España no puede haber divorcios porque la religión católica no los admite y todo el mundo está casado por el rito católico. El divorcio es la salida vergonzosa de un fracaso. El falangista lo entiende o como maravilla gloriosa o como un fracaso sufrido en severo silencio (Primo de Rivera, :II, 723).

 

El matrimonio se entendía, pues, como la única forma de crear una conciencia responsable a los progenitores. Por ello, el Estado no podía admitir ni la poligamia, ni el divorcio, porque resta solidez a la familia, institución sagrada del Estado. Según Mendoza Guinea el divorcio es origen de toda clase de trastornos, tanto espirituales como materiales, que repercuten desfavorablemente en la educación y el porvenir de los hijos (1957: V, 98).

Cuanto nos suena esto a los postulados que una parte de la sociedad española todavía defiende. Pero, ¿Quién detenta el poder dentro de la familia?, el padre y en su defecto la madre (Mendoza Guinea, 1957: V, 145; Poveda Ariño, 1968: 145). Los fines primordiales de la familia, según Jaime Capmany, serían el amor entre los esposos, la conservación de la especie, la reproducción y la educación de los hijos (1969: 32).

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G.-EL ODIO AL COMUNISMO

           Otra de las constantes en la F.E.N. era el odio acendrado a la izquierda, tanto a socialistas como a comunistas, así como a los antisistema, especialmente los anarquistas. A los comunistas se le atribuyen los peores calificativos: rojos, canallas, inmorales, ateos, perezosos, etc. El jesuita Gabino Márquez Alabar a Franco por habernos librado de la canalla comunista y aboga por mantener una España libre de ellos (Márquez, 1949: 13). Todos ellos son los verdaderos enemigos del Estado porque procuran destruir lo existente para levantar sobre sus escombros el Estado Comunista (Ibídem: 18). Y lo peor de todo atacan a la Iglesia, a Dios y a la moralidad Católica.

 

H.-LA CONFESIONALIDAD

        Durante el franquismo, España se convirtió en un Estado confesional, y en ello insisten reiteradamente los escritores del Frente de Juventudes. El ideal cristiano se convirtió en uno de los pivotes del Régimen, pues partían de la premisa falangista de que España era un país que solo se movía por ideales (Floriano Cumbreño, 1944: 132). El catolicismo era uno de los signos de identidad de la patria hispana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional (Díaz Guerra, 1971: 54). Y ello desde que los visigodos en el Concilio de Toledo del año 589 se convirtieran al catolicismo, abandonando la herejía arriana (Serrano de Haro, 1964: 41).

Solo se permitiría un ideario religioso: el católico, sencillamente porque ha sido nuestra única religión desde Recadero y ha condicionado nuestra forma de ser, nuestros hábitos y nuestras costumbres.

 

I.-OTROS TEMAS TRATADOS POR LA F.E.N.

          No todos los temas tratados en estos manuales eran políticos. También se trataban asuntos económicos, sociales y culturales. Económicamente se defendía, siguiendo las directrices del Régimen el proteccionismo y la autarquía, como medio de no tener que depender de nadie. Se pretendía evitar así el boicot de los demás países de Europa al proyecto de Franco, primero de signo falangista y después plenamente autoritario. Nadie debía interponerse en el fin imperial y espiritual de la Patria hispana. Por ello, se animaba desde pequeños a los niños a consumir productos españoles frente a los extranjeros (Floriano Cumbreño, 1944: 132).

Curiosamente, también encontramos temas de educación vial, similares a los que actualmente podemos encontrar en muchos manuales de Educación para la Ciudadanía. En el libro del placentino Sánchez –Rodrigo (1965) se incluye todo un decálogo sobre la educación vial. No dejan de ser curiosos los diez mandamientos del buen peatón:

 

-Camina siempre por la acera.

-Cruza la calle por los pasos de peatones.

-Está atento a las indicaciones del guardia de circulación.

-Pasa sólo con la luz verde del semáforo.

-No atravieses la calle distraído, ni llames la atención del amigo que la está atravesando.

-Cruza por las esquinas o bocacalles si no hay guardia ni paso de peatones.

-Primero mirar, después cruzar.

-Cruza de frente y rápido, no en diagonal, ni corriendo.

-No cruces por delante del vehículo parado al borde de la acera; hazlo por detrás.

-En carretera marcha siempre por su borde izquierdo.

 

VI. EXTREMADURA EN LOS LIBROS DE LA F.E.N.

José María Mendoza Guinea en el manual de la F.E.N. del segundo curso de bachillerato hacía un recorrido por la geografía Española. En la unidad de Extremadura, se describe la región y su pobre situación socio-económica, destacando la importancia que tiene el plan Badajoz para el futuro de la región. Entre los extremeños famosos sólo cita a los conquistadores: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, Pedro de Valdivia, Francisco de Orellana- citado por error como Francisco Avellana- natural de Trujillo y explorador del Amazonas, y Pedro de Alvarado7. La economía era básicamente ganadera y agrícola, lamentándose de la falta de agua que perjudica seriamente la cosecha. La gente emigra en busca de trabajo. El extremeño es definido como sobrio, sufrido y trabajador. El Plan Badajoz se plantea como la panacea para solucionar los problemas de la región. Asimismo, se planeta la necesidad de implantar industrias de transformación de los productos agrarios para procurar su desarrollo.

Por desgracia la dictadura franquista tampoco redimió a Extremadura de su secular pobreza extrema. La postguerra fue especialmente dura en la región y el desarrollismo franquista lejos de llegar a la región lo que provocó fue la emigración de cientos de extremeños a otras regiones de España. El Plan Badajoz, con ser un avance, fue claramente insuficiente dada las carencias crónicas que padecía la región desde hacía siglos.

           Tras la guerra que desgarró España comenzó la reconstrucción en medio de la más absoluta penuria económica. Por ello, la postguerra fue en algunos aspectos más dramática y dura que la propia Guerra Civil. Se devolvieron las tierras a sus antiguos dueños y se abolieron todas las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores durante la República.

          La década de los 40 se conoció como los años del hambre, provocada por la estructura de la propiedad, las malas cosechas y el aislamiento internacional. La agricultura continuó siendo la base de la economía. Aunque se roturaron tierras, la productividad continuó siendo muy baja por la escasa mecanización.

          En el medio rural el nivel de vida fue aún más precario que en la ciudad, sin infraestructuras, sin apenas servicios municipales y sin una asistencia sanitaria adecuada. La beneficencia para paliar el hambre continuó de la mano de la iglesia y de los ayuntamientos.

Casi un millón de extremeños se vio obligado a abandonar su tierra natal a lo largo del siglo XX. Un fenómeno que se vio acentuado a partir de la década de los sesenta debido al fuerte crecimiento de la población y a la imposibilidad de encontrar trabajo en la región. Entre 1950 y 1977 salieron de Extremadura 645.000 habitantes, es decir, el 45% de su población a mediados de siglo. La mayor parte de ellos tenía entre 20 y 40 años. Este éxodo de miles de jóvenes contribuyó al desarrollo de otras regiones a la par que se perpetuó por más tiempo la pobreza y el subdesarrollo en nuestra Comunidad.

Muchos de ellos emigraron a otras regiones peninsulares, pues de hecho, todavía en 1987 729.532 extremeños vivían en distintas Comunidades Autónomas españolas, la mayoría en Madrid, Cataluña y el País Vasco por este orden. Sin embargo, otros muchos tuvieron que marchar a otros países europeos, sobre todo a Francia, Alemania, Suiza, Holanda y Bélgica. Esto provocó un estancamiento de la población que todavía en el 2006 era inferior a la que tenía la región en 1930.

          La iniciativa más importante que desarrolló el franquismo en Extremadura fue sin duda el Plan Badajoz, aprobado el 7 de abril de 1952. Lo llevaría a cabo el Instituto Nacional de Colonización y consistió básicamente en desarrollar la agricultura de regadío, utilizando el agua del Guadiana. A partir de ahí pretendía introducir industrias de transformación de esos productos primarios, es decir, semilleros, mataderos, fábricas de abonos, etc. Y todo ello para conseguir el fin último que era asentar a cientos de colonos que vivían en condiciones precarias. El coste final ascendió a poco más de 7.000 millones de pesetas -unos 42 millones de euros actuales-. Los resultados fueron muy modestos, sobre todo por la dificultad para comercializar los productos y por el exagerado proteccionismo estatal.

         Hubo también un Plan Cáceres pero contó con menos inversión y sus objetivos fueron mucho más modestos. También lo fueron sus resultados, pues, apenas supuso la construcción de algunos embalses y la puesta de algunas tierras en regadío.

          La política de Polos de Desarrollo llevada a cabo por el régimen franquista en los años sesenta dejó fuera a Extremadura. Pese a que en esa época las condiciones socio-económicas mejoraron –reducción del analfabetismo, leve mejora de los salarios, viviendas de protección oficial, etc.-, en general la región mantuvo unas infraestructuras tercermundistas hasta las últimas décadas del siglo XX.

 

VI.-LA LEY GENERAL DE EDUCACIÓN DE 1970 Y EL FIN DE LA F.E.N.

 

La decimonónica ley Moyano permitió que se mantuviesen unas tasas de analfabetismo superiores al 70 por ciento. Uno de los afanes de todos los regímenes españoles del siglo XX era extender la educación a toda la población, reduciendo las tasas de analfabetismo, mediante campañas de alfabetización y creando escuelas suficientes. Ya lo intentó la II República pero no tuvo tiempo de ponerlo en práctica. Nuevamente el régimen franquista se va a plantear este objetivo. Pretendieron conseguir la enseñanza gratuita de todos los niños españoles entre los 6 y los 14 años, incentivando a Formación Profesional y las Enseñanzas Medias. De hecho, en la Declaración IX de la Ley de Principios del Movimiento Nacional se decía:

 

            Todos los españoles tienen derecho a una educación general y profesional que nunca podrá dejar de recibir por falta de medios económicos (Jiménez Villalba, : 81).

 

Desgraciadamente, los propósitos franquistas se quedaron sólo en la intención. Poco se avanzó en la praxis. En 1953 la ley del ministro Ruiz Jiménez descongestionó el programa educativo para dar tiempo al disfrute del deporte y de la familia. Supuso un avance, aunque insuficiente, porque seguía sin escolarizar una parte importante de la juventud.

Tuvieron que pasar más de dos décadas, para que se vieran colmados estos objetivos. Ya desde finales de los sesenta estaban apareciendo voces contestatarias contra el sistema educativo franquista. Juan Moreno, Alfredo Poblador y Dionisio del Río en 1971 publicaron la 4ª edición de una obra en la que entraban a saco con el sistema educativo del Régimen. Le acusa de haber cortado los avances pedagógicos de la escuela republicana, recortando el presupuesto que ésta le asignó y depurando masivamente a los maestros (1971: 517). Además califican a la escuela franquista de ser un remedo o una caricatura de la escuela tradicional (Ibídem). Sorprende que con esos calificativos el libro fuese en 1971 por la cuarta edición. Pero es un signo evidente de que, desde los años sesenta, con el surgimiento de una considerable burguesía urbana de clase media, las cosas estaban empezando a cambiar.

La Ley General de Educación fue publicada en el BOE el 6 de agosto de 1970, firmada por el entonces ministro del ramo José Luis Villar Palasín. Supuso un verdadero hito en la historia de la educación española, aunque en realidad no hacía más que retomar los viejos principios de universalidad y de democracia de la enseñanza proclamados en la II República. De hecho, la ley de 1970 inició un proceso democratizador de la escuela. Se hizo obligatoria la enseñanza hasta los 14 años, y además se aplicó por lo que, por primera vez, en la historia de España, la educación tendía a ser universalista. Es decir, intentaba ser una escuela para todos. Asimismo, por primera vez se intentaba romper con la escuela monolítica y confesional con una educación pluralista y aconfesional. Se permitiría una enseñanza privada y concertada para aquellas personas que continuasen deseando una enseñanza confesional. Ahora bien, Franco seguía vivo y la mano del Movimiento seguía estando muy presente. En el título preliminar se especifican los fines de la educación, siendo el primero de ellos el siguiente:

 

La formación integral, el desarrollo armónico de la personalidad y la preparación para el ejercicio responsable de la libertad, inspirados en el concepto cristiano de la vida, y en la tradición y cultura patrias; la integración y promoción social y el fenómeno del espíritu de convivencia; todo ello de conformidad con lo establecido en las Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino.

 

            En 1990 fue otro de los grandes hitos con la aparición de la LOGSE, la Ley Orgánica General del Sistema Educativo. Esta ley organiza la educación en infantil, primaria y secundaria. Fue aprobada por las Cortes, cuando el PSOE contaba con mayoría absoluta. Trataba de responder a la nueva realidad de España, que ha dejado de ser una e indivisa y se ha convertido en la España de las autonomías. Se amplía la escolaridad obligatoria y gratuita hasta los 16 años. La enseñanza se concibe en función de las capacidades del alumnado y se potencia el igualitarismo académico.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

A.-MANUALES DE LA F.E.N. O AFINES

 

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---------- Faro, Enciclopedia escolar. Período de perfeccionamiento (para niños de 10 a 12 años). Plasencia, Editorial Sánchez Rodrigo, 1963 (3ª ed.)

 

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RUIZ AMADO, padre Ramón S.J.: Historia de la educación y la pedagogía. Barcelona, Gustavo Gili Editor, 1911.

 

APÉNDICE I

APÉNDICE III

            Síntesis de la vida de José Antonio Primo de Rivera.

 

José Antonio Primo de Rivera, nacido el 24 de Abril de 1903 en Madrid, era hijo de Don Miguel Primo de Rivera, heredando el título de marqués de Estella. Estudió en la Facultad de Derecho de Madrid. Su vida está influenciada por las vicisitudes del Gobierno de su padre Don Miguel Primo de Rivera, sobre todo por su dimisión y los acontecimientos que la acompañaron.
El 2 de Mayo de 1930 acepta el cargo de vicesecretario general de Unión Monárquica, con el propósito de reivindicar la memoria de su padre. Se presenta a las elecciones de 1931, pero es derrotado por su contrincante conservador Bartolomé Cossío.
En 1932 es detenido por colaborar con la sublevación de Sanjurjo. Posteriormente, y junto al aviador Ruiz de Alda, crea el Movimiento Sindicalista Español, que sería el embrión de Falange Española.
          El 29 de octubre de 1933 celebra el acto fundacional de Falange, en el teatro de la Comedia de Madrid. Es elegido candidato por Cádiz y el 13 de febrero de 1934 se unifica con el grupo de Ramiro de Ledesma bajo el nombre de Falange Española de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), desarrollando una brillante labor parlamentaria, interviniendo en los grandes debates y pronunciando entre otros un documentadísimo discurso en contra de la Ley Agraria que desde el poder intentan realizar las derechas. A lo largo de 1934 se suceden los enfrentamientos entre izquierdistas y falangistas, siendo acusado en el parlamento de posesión ilícita de armas. La primera referencia a la necesidad de un himno para la Falange data del 17 de noviembre de 1935, cuando a la finalización del mitin del Cine Madrid, al que acudieron unos 12.000 falangistas, Bravo le comentó a José Antonio la necesidad de un himno que se pudiera cantar al final de tales actos.
          Así, al poco tiempo, tras asistir al estreno de la película ‘La Bandera’, en casa de María Jesús Mora y en compañía de Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro y Dionisio Ridruejo, José Antonio los citó para el día siguiente en la cueva del Orkompon, con la ya famosa frase: ’si falta alguno, mandaré que se le administre ricino. Al día siguiente, 3 de diciembre, se reúne la escuadra de poetas compuesta por el propio José Antonio, José María Alfaro, Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Pedro Mourlane Michelarena, Jacinto Miquelarena, Rafael Sánchez Mazas y el Marqués de Bolarque, junto al maestro Juan Tellería, autor de la música y al que apodaban el músico.
          El propio José Antonio marcaría las pautas, diciendo: ’nuestro himno debe ser una canción alegre, exenta de odio, pero a la vez de guerra y amor. Haremos una estrofa a la novia, después una alusión a la guardia eterna en las estrellas, y luego otra a la victoria y la paz’. Dando ejemplo, el Jefe ya llevaba dos versos compuestos, los que dicen: ’traerán prendidas cinco rosas, las flechas de mi haz’. Tras horas de trabajo, todos brindaron con unas copas de Jerez por el nacimiento del Himno de Falange Española, conocido desde entonces como ’Cara al Sol’, que fue cantado oficialmente en el Mitin del Cine Europa de Madrid, el 2 de febrero de 1936.
En 1935 Ramiro Ledesma había abandonado falange. Convocadas elecciones generales para febrero de 1936, se dislumbra el desastre. Falange se presenta en solitario, sin conseguir representación parlamentaria. Las elecciones las gana el Frente Popular, aunque la fiabilidad de las elecciones estuviera en entredicho debido a las incontables ilegalidades que se produjeron. La mecha de la guerra civil estaba encendida.
          Falange Española de las JONS es declarada organización ilegal, y sus dirigentes son detenidos y encarcelados en la Prisión Modelo de Madrid, lo que no sería obstáculo para que José Antonio siguiera dirigiendo el movimiento desde la cárcel. El gobierno no para de presentar cargos contra él, y el 5 de junio de 1936 es trasladado a la cárcel de Alicante, donde escribiría su manifiesto político en el que reitera su aspiración de Gobierno Nacional desde una perspectiva democrática.
          Una vez conoce los planes de sublevación de los militares, y aunque sin llegar a aceptarlo, da libertad a sus seguidores para unirse a la rebelión. A pesar de los intentos de salvarle por parte del Bando Nacional, como sobornos a autoridades locales, canje de prisioneros, e incluso el movimiento de una columna de jóvenes falangistas alicantinos (que fueron neutralizados por la Guardia de Asalto y destruidos), José Antonio es juzgado.
          El 17 de Noviembre de 1936 José Antonio es juzgado por rebelión militar, asumiendo él mismo su propia defensa, la de su hermano Miguel y la esposa de éste, Margarita Larios.
Su actuación es cálida y brillante. Un diario izquierdista Alicantino escribía el día siguiente: "Gesto, voz y palabra se funden en una obra maestra de la oratoria forense, que el público escucha con recogimiento, atención y evidentes signos de interés."
A pesar de su elocuencia, los acusados son condenados a muerte, pero José Antonio caballerosamente apeló en favor de su hermano y mujer, por lo que la pena fue cambiada por reclusión.
          José Antonio era fusilado la mañana del 20 de Noviembre en el patio de la cárcel de Alicante, junto a otros cuatro jóvenes del pueblo alicantino de Novelda. Su última voluntad fue que limpiaran el patio de la cárcel para que su hermano Miguel no tuviera que pisar su sangre. Sus restos mortales yacen en la actualidad en el Valle de Los Caídos de Madrid.

 

APÉNDICE II

Ley de Principios del Movimiento Nacional, Madrid, 17 de mayo de 1958

 

“Yo Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España. Consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, en presencia de las Cortés del Reino, promulgo como Principios del Movimiento Nacional, entendido como comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada, lo siguiente:

 

I.-España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.

II.-La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera, y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspira su legislación.

III.-España, raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indisolublemente hermanada, aspira a la instauración de la justicia y de la paz entre las naciones.

IV.-La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional. Los ejércitos de España, garantía de su seguridad y expresión de las virtudes heroicas de nuestro pueblo, deberán poseer la fortaleza necesaria para el mejor servicio de la Patria.

V.-La comunidad nacional se funda en el hombre, como portador de valores eternos, y en la familia, como base de la vida social; pero los intereses individuales y colectivos han de estar subordinados siempre al bien común de la Nación, constituida por las generaciones pasadas, presentes y futuras. La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles.

VI.-Las entidades naturales de la vida social: familia, municipio y sindicato, son estructuras básicas de la comunidad nacional. Las instituciones y corporaciones de otro carácter que satisfagan exigencias sociales de interés general deberán ser amparadas para que puedan participar eficazmente en el perfeccionamiento de los fines de la comunidad nacional.

VII.-El pueblo español, unido en un orden de Derecho, informado por los postulados de autoridad, libertad y servicio, constituye el Estado nacional. Su forma política es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuantos determinan la Ley de Sucesión y demás leyes Fundamentales, la Monarquía tradicional, católica, social y representativa.

VIII.-El carácter representativo desorden político es principio básico de nuestras instituciones públicas. La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema representativo, será considerada ilegal. Todos los españoles tendrán acceso a los cargos y funciones públicas según su mérito y capacidad.

IX.-Todos los españoles tienen derecho: a una justicia independiente, que será gratuita para aquellos que carezcan de medios económicos; a una educación general y profesional, que nunca podrá dejar de recibirse por falta de medios materiales; a los beneficios de la asistencia y seguridad sociales, y a una equitativa distribución de la renta nacional y de las cargas fiscales. El ideal cristiano de la justicia social, reflejado en el fuero del Trabajo, inspirará la política y las leyes.

X.-Se reconoce al trabajo como origen de jerarquía, deber y honor de los españoles, y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado.

XI.-La Empresa, asociación de hombres y medios ordenados a la promoción, constituye una comunidad de intereses y una unidad de propósitos. Las relaciones entre los elementos de aquélla deben basarse en la justicia y en la recíproca lealtad, y los valores económicos estarán subordinados a los de orden humano y social.

XII.-El Estado procurará por todos los medios a su alcance perfeccionar la salud física y moral de los españoles y asegurarles las más dignas condiciones de trabajo; impulsar el progreso económico de la Nación con la mejora de la agricultura, la multiplicación de las obras de regadío y la reforma social del campo; orientar el más justo empleo y distribución del crédito público; salvaguardar y fomentar la prospección y explotación de las riquezas mineras;L intensificar el proceso de industrialización; patrocinar la investigación científica y favorecer las actividades marítimas, respondiendo a la extensión de nuestra población marinera y a la nuestras ejecutoria naval. En su virtud dispongo:

Artículo primero: los principios contenidos en la presente promulgación, síntesis de los que inspiran las Leyes Fundamentales refrendadas por la Nación en seis de julio de mil novecientos cuarenta y siete son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables.

Artículo segundo: todos los órganos y autoridades vendrán obligados a su más estricta observancia. El juramento que se exige para ser investido de cargos públicos habrá de referirse al texto de estos Principios Fundamentales.

Artículo tercero: serán nulas las leyes y disposiciones de cualquier clase que vulneren o menoscaben los Principios proclamados en la presente Ley Fundamental del Reino.

 

APÉNDICE II

El ideario falangista.

 

“Durante el Primer Consejo Nacional, celebrado en octubre de 1934, se vio la necesidad de concretar la doctrina en unas normas, encargándose de ello un grupo de camaradas bajo la dirección de José Antonio. Para formularla se utilizó la doctrina existente, apareciendo la Norma Programática en el mes de diciembre de 1934. Comprende 27 puntos, de los cuales se suprimió el último al darse el Decreto de Unificación, divididos en seis títulos, que estudiamos a continuación:

 

1.-NACIÓN, UNIDAD, IMPERIO. Comprende los cinco primeros puntos, que comienzan con una profunda afirmación de fe: “creemos en la suprema realidad de España. Fortalecerla, elevarla y engrandecerla es la apremiante tarea colectiva de todos los españoles”. Definen a España como Unidad de Destino en lo Universal, condenando los separatismos y exigiendo que los intereses de grupo y clases se pongan al servicio del destino nacional.

Afirman la voluntad imperial de España, para la que exigen un puesto preeminente en Europa, rechazando el aislamiento internacional y la mediatización extranjera.

Respecto a Hispanoamérica se pide la unificación “de cultura, intereses económicos y de poder”, alegando la condición de eje espiritual del mundo hispánico que tiene España, y que le da título de preeminencia en las empresas universales. Piden la fortaleza para nuestros ejércitos y afirman que España volverá a buscar su gloria y su riqueza por las rutas del mar.

 

2.-ESTADO, INDIVIDUO, LIBERTAD: COMPRENDE LOS PUNTOS, SEIS, SIETE Y OCHO. Definen al Estado como instrumento puesto al servicio de la integridad patria. Los españoles participarán en las tareas estatales a través de las unidades naturales de convivencia: familia, municipio y sindicato, debiendo desparecer los partidos políticos y el sufragio inorgánico.

La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles pero nadie podrá emplear su libertad para atacar la unidad de España, su fortaleza y su libertad.

Se permite la iniciativa privada que sea compatible con el interés general de todos los españoles, protegiendo el Estado las que resulten beneficiosas.

 

3.-ECONOMÍA, TRABAJO Y LUCHA DE CLASES: Comprende los puntos nueve al dieciséis.

 

a.-Economía: en lo económico se concibe a España como un gigantesco sindicato de productores, debiendo organizarse la sociedad mediante los Sindicatos Verticales.

Se repudia el capitalismo, que se desentiende de las necesidades populares, deshumaniza la propiedad y aglomera a los trabajadores en masas informes, propicias a la miseria y a la desesperación.

El sentido espiritual y nacional de la Falange hace rechazar el marxismo. La riqueza nacional se pondrá al servicio del pueblo, mejorando las condiciones de vida de los españoles.

Se reconoce a la propiedad privada como medio lícito que el hombre tiene a su alcance para el cumplimiento de sus fines individuales, familiares y sociales, por lo cual el Estado protegerá contra el abuso del capitalismo, los especuladores y prestamistas. Por último, se defiende la tendencia a la nacionalización de la banca y los grandes servicios públicos (transportes, agua, gas, electricidad, etc).

b.-Lucha de clases: el Estado impedirá las luchas entre las clases por intereses económicos, por considerar que cuantos elementos intervienen en la producción forman una totalidad orgánica. Pretende también incorporar las masas trabajadoras a la gran tarea del Estado nacional.-

c.-El Trabajo: el trabajo es un derecho y un deber de todos los españoles. Por ser un derecho, el estado y las instituciones deben sostener al que se encuentre en paro forzoso. Por ser un deber, no tributará ninguna atención a quienes aspiran a vivir como convidados a costa del esfuerzo de los demás.

d.-La tierra: comprende los puntos del 17 al 22. Comienza afirmando la necesidad de elevar a todo trance el nivel de vida del campo, mediante la realización de la reforma económica y social de la agricultura, señalando la manera de realizarlo en ambos aspectos.

En lo económico, estableciendo un precio mínimo a los productos del campo y el Crédito Agrícola Nacional; capacitando técnicamente al agricultor; racionalizando las unidades de cultivo; acelerando las obras públicas y mejorando las condiciones higiénicas y culturales de los pueblos.

En lo social, instituyendo la propiedad familiar mediante la nueva distribución de la tierra; repoblando los montes con la forzosa movilización temporal de la juventud; expropiando las tierras que se considere necesario y construyendo los patrimonios comunales de los pueblos.

 

5.-EDUCACIÓN NACIONAL, RELIGIÓN: Comprende los puntos 23. 24 y 25. Afirman que es misión esencial del Estado, mediante una disciplina rigurosa de la educación, conseguir un espíritu nacional fuerte y unido e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria. La cultura se organizará de tal manera que cuantos reúnan condiciones intelectuales tengan acceso a los estudios superiores, aunque carezcan de medios económicos.

El Movimiento incorpora el sentido católico –de gloriosa tradición y predominante en España- a la reconstrucción nacional. La iglesia y el Estado fijarán sus relaciones por medio de un Concordato.

 

6.-REVOLUCIÓN NACIONAL: para implantar el orden nuevo que se ha anunciado en los apartados anteriores Falange aspira a realizar la Revolución Nacional que se hará con un estilo directo, ardiente y combativo pues la vida es milicia y ha de vivirse con espíritu acendrado de servicio y de sacrificio.

(Reproducido de la obra MENDOZA GUINEA, José María: Formación del Espíritu Nacional, curso V. Madrid, Editorial Xalco, 1957, Págs. 50-52).

1 Véase en este sentido las clásicas obras de (Anderson, 1983) y de (Ferro, 1987).

2 BOE del 10 de abril de 1944.

3 BOE del 9 de diciembre de 1952.

4 BOE del 19 de enero de 1960 Nº 16, Págs. 720-730.

5 Decreto Nº 193/67. BOE del 2 de febrero de 1967.

6 BOE del 27 de septiembre de 1953.

7 MENDOZA GUINEA: Ob. Cit. (curso II), Págs. 129-137.


ESTEBAN MIRA CABALLOS

LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

Publicado: 19/01/2010 12:02 por Temas de Historia y actualidad en sin tema

 

Con la implantación de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía se ha generado un debate en numerosos medios de comunicación sobre la necesidad o no de que los alumnos sean instruidos en valores democráticos. Han sido muchos los que han comparado la asignatura con la antigua disciplina franquista de la Formación del Espíritu Nacional. Obviamente, las críticas han venido desde el desconocimiento, desde la desinformación y desde el olvido.

Todas las civilizaciones han considerado prioritario instruir a sus jóvenes en sus profundas convicciones socio-políticas. Ningún régimen político ha renunciado al adoctrinamiento educativo, pues, han sido conscientes de su importancia para garantizar la paz social. Ya en la antigüedad clásica se entendió la escuela como el reflejo de la sociedad. De hecho, Aristóteles decía que el ciudadano ateniense debía ser educado íntegramente, es decir, “físicamente, intelectualmente, estéticamente y moralmente”.

Y en este sentido, el régimen franquista no fue una excepción, adiestró a los jóvenes en la ideología falangista y nacionalcatolicista. En 1944 escribió el inspector Alejandro Manzanares que la escuela debía ser “una prolongación del hogar, una continuación de la familia”. Y poco después, refiriéndose a la asignatura de religión, destaca su importancia “no solamente para mantener las seculares tradiciones católicas de España sino también llevar a nuestra querida Patria al cumplimiento providencial de sus destinos imperiales”.

Sin embargo, desde que la ministra María Jesús San Segundo presentó su iniciativa de reforma de la LOCE por la que se incluía en el currículo de secundaria una asignatura específica de Educación para la Ciudadanía un amplio sector de la sociedad se ha alarmado enormemente, e incluso, cada vez se habla más de boicotear la asignatura con la resucitada objeción de conciencia. Obviamente, estas voces críticas parecen ignorar varios aspectos:

          Primero, que todos los regímenes de la historia han formado a sus jóvenes en los principios que justificaban su sistema socio-político. Tampoco la democracia española lo había ignorado. La Educación para la Ciudadanía ya existía, y eso es importante recalcarlo, aunque se denominase de otra forma, es decir: Ética. Una asignatura que se viene impartiendo en cuarto curso de la E.S.O. y que tiene una carga docente de dos horas lectivas semanales. Su contenido fundamental, y yo la imparto desde hace varios años, es la educación para la ciudadanía. Los jóvenes aprenden a valorar ante todo los Derechos Humanos como normas supremas, universales, inalienables e imprescriptibles de todas las personas sin excepción. Conocen de primera mano el valor de nuestra democracia como un logro irrenunciable de nuestra sociedad. Aprenden a respetar la igualdad de sexos, a rechazar por absurda toda forma de racismo, y a valorar el pacifismo como una alternativa vital. También se sumergen en los problemas medioambientales y en la necesidad de buscar soluciones colectivas e individuales. Por tanto, queda claro que la nueva asignatura de la Educación para la Ciudadanía no ha supuesto ninguna innovación. Sencillamente se ha tenido a bien ampliar en una hora semanal la carga docente que ya existía, en este caso en el tercer curso de la E.S.O.

          Y segundo, que es absolutamente respetable y necesario que una sociedad democrática como la nuestra adiestre a los jóvenes en valores democráticos. Por fortuna, la muerte del último dictador español abrió un proceso de democratización de la sociedad que se ha visto reflejado, como no podía ser de otra forma, en la escuela. Y en nuestros días, en una sociedad cada vez más multicultural, donde en las aulas cada vez encontramos a más alumnos inmigrantes con un bagaje cultural diferente al nuestro, es si cabe más necesario que nunca. España necesita a los inmigrantes y los debe integrar en igualdad de condiciones con los demás españoles, pero con una única condición: prevalecerán por encima de todo los valores irrenunciables de nuestra sociedad que no son otros que la libertad y la democracia. Y en este sentido se expresaba en el decreto que establece el currículo para la E.S.O. en Extremadura, publicado en el D.O.E. del 5 de mayo de 2007, cuando se insistía en la necesidad de esta asignatura específica para promover “el aprendizaje de los valores democráticos”.

          Por todo lo expuesto considero que, en estos momentos, la formación ética y moral en valores democráticos es más necesaria que nunca.

 

  ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

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    En pleno siglo XXI se ha reabierto el viejo debate sobre el lugar donde reposan sus restos mortales del I Almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón. En estos momentos un equipo de investigadores, dirigidos por el doctor José Antonio Lorente Acosta, director del laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, pretende resolver el enigma aplicando las técnicas del A.D.N.
    Y la cuestión puede parecer trivial pero no lo es tanto porque hay grandes intereses económicos y políticos tanto en España como en la República Dominicana, una nación, esta última, que lleva muy a gala, por un lado, haber sido el epicentro desde el que se descubrió y colonizó América, y por el otro, ser merecidamente el lugar donde reposan los despojos mortales del descubridor.
    Centrándonos en la controversia del lugar donde descansan sus restos debemos decir que ha habido una disputa histórica entre la tesis dominicana, que afirma que están en Santo Domingo, y la española que asegura, por contra, que reposan en Sevilla. Y en este sentido existen decenas -quizás cientos- de obras defendiendo una u otra tesis. Las más recientes, la de Anunciada Colón y Guadalupe Chocano, publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1992, que defiende la tesis españolista y la de Carlos Esteban Deive, editada por la Fundación García Arévalo, en 1993, que apoya rotundamente la tesis dominicana.
    El problema radica en el hecho de que Colón fue inhumado y exhumado en seis ocasiones diferentes. Su primera sepultura estuvo provisionalmente en la propia Valladolid, donde falleció, lugar desde el que se trasladó poco después al monasterio de las Cuevas de Sevilla. Su cuerpo debió permanecer allí hasta 1543 o 1544 en que se llevó, junto al de su hijo Diego, siguiendo los deseos de doña María de Toledo, nuera del descubridor, a la Catedral de Santo Domingo.
    Más de dos siglos después, y concretamente en 1795, después de la firma de la Paz de Basilea por la que se entregó a Francia la parte oriental de la Española, las autoridades decidieron trasladar sus restos a La Habana. Nuevamente, en 1898, tras perderse la guerra y ante el inminente abandono de Cuba, se decidió trasladar a la Catedral de Sevilla, donde se enterró en la cripta de los Arzobispos. Finalmente, en 1902, se inhumó definitivamente en el monumento funerario que para tal efecto labró el escultor Arturo Melida.
    El debate se inició a partir de 1877, cuando en unas obras de remodelación del presbiterio de la Catedral de Santo Domingo se localizó una urna con una serie de inscripciones, entre ellas las inciales "C.C.A.", que obviamente se quiso desglosar como "Cristóbal Colón, Almirante". Inmediatamente después, Monseñor Rocco Cocchia, publicó una enfervorizada pastoral comunicando el hallazgo al mundo. Desde ese momento, los historiadores dominicanos se centraron en destacar el error cometido por los españoles cuando precipitadamente, en 1795, se llevaron por equivocación los restos del II Almirante Diego Colón, en vez de los de su padre, don Cristóbal Colón. Y desde entonces, se han vertido ríos de tinta, unos diciendo que la equivocación se produjo en 1795, al tomar los restos del hijo por los del padre, y otros, afirmando que el error se cometió en 1877 al creer que habían encontrado los restos del Descubridor de las Indias cuando en realidad eran los de un nieto del mismo nombre.
     Mucho nos tememos que, pese a las técnicas de A.D.N. que se van a aplicar a los restos óseos y a lo que han dicho los promotores del proyecto, ni éste ni otros enigmas sobre la vida y la obra de Colón van a ser resueltos definitivamente. Para empezar no es todavía seguro que el gobierno dominicano vaya a autorizar la exhumación de los restos, conservados en el mausoleo del Faro al Descubridor. Y el asunto tiene su lógica interna, pues, si resulta que esos huesos son los suyos, no se hará más que confirmar lo que ya le otorga hoy en día la mayor parte de la comunidad científica internacional. En cambio, si se concluye que los restos del Almirante son los sevillanos las consecuencias serían grandes y muy negativas.
      Así, pues, los trabajos se van a centrar en los restos de la Catedral de Sevilla que se cotejarán con los de un hermano del Almirante -custodiados en la Cartuja- y con los del hijo menor del descubridor, Hernando Colón. Pero no olvidemos que los restos de la Catedral de Sevilla fueron exhumados hace un siglo y, según un acta notarial, solo había un "fragmento de hueso largo y canillas". En el caso de que se conserve lo suficientemente bien como para hacer satisfactoriamente la prueba de A.D.N. solo se podría demostrar, en el mejor de los casos, que ese pequeño fragmento óseo perteneció al Descubridor de América.
    Y por ello, pase lo que pase, los dominicanos seguirán reivindicando su vieja tesis. Y en previsión de ello, ya algunos conocidos historiadores están afirmando categóricamente que la mitad de los restos se quedaron en Santo Domingo, y la otra mitad, están en Sevilla. Obviamente, esta posibilidad nos parece carente de fundamento porque, o hubo equivocación en 1795 y se quedaron en Santo Domingo, o acertaron en dicha exhumación y están en Sevilla. Las órdenes sobre el traslado eran en este sentido bien claras.
    Y es que realmente da lo mismo porque estamos seguros que la ciencia no podrá con la literatura ni con los misterios de Colón. Su figura es hoy en día una mezcla entre realidad y ficción, donde anualmente la industria del libro saca a la luz decenas de nuevos trabajos, defendiendo las más insospechadas, y no pocas veces disparatadas, hipótesis. Y es que el Almirante hace tiempo que dejó de ser historia para convertirse en leyenda y, como apunta sabiamente un dicho popular, "las leyendas nunca mueren".

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

      La primera idea que queremos dejar bien clara es la inalienable soberanía española sobre las ciudades de Ceuta y Melilla. Ahondando en sus orígenes se podrían rastrear vinculaciones entre Ceuta y los territorios peninsulares casi desde principios de nuestra era. Y además jugando un papel destacado en las relaciones peninsulares. Recuérdense casos como la conjura de don Julián, gobernador de Ceuta, al ver a su hija deshonrada por Roderico, que permitió y facilitó el acceso de las tropas musulmanas a la Península allá por el año 711. Pero, incluso una vez bajo la dominación árabe, Ceuta siguió profundamente vinculada al gobierno de Córdoba, política y culturalmente. Destacado es el caso del ceutí El Isidri, ese sabio, ilustrado e infatigable viajero, formado en la capital califal de Córdoba, y que nos dejó textos deliciosos de sus viajes por Asia y África. A partir de 1415 Ceuta pasó a formar parte del naciente imperio portugués, uniéndose a la Corona española, con el resto de los territorios lusos, en 1580. Desde entonces ha permanecido unida a España de forma ininterrumpida.

      Por su parte, la historia de Melilla presenta ciertos paralelismos con su vecina Ceuta. Al igual que ésta, Melilla estuvo muy vinculada al Califato de Córdoba, especialmente en tiempos de Abderramán III. Mucho después, ya en tiempos de los Reyes Católicos, fue conquistada por los Duques de Medina-Sidonia, integrándose en la Corona española, como territorio de realengo, en 1556. Está claro, pues, que Ceuta y Melilla están vinculadas a la Península Ibérica desde tiempo inmemorial, y estrictamente a lo que hoy llamamos España, desde hace más de cuatro siglos. Por tanto, está bien claro que Ceuta y Melilla son españolas desde mucho antes de la creación del estado marroquí, cuando lo único que había en esos territorios eran, en palabras de Domínguez Ortiz, "tribus indómitas que no reconocían ninguna autoridad". Pero es necesario insistir en que no sólo no existía Marruecos sino ni tan siquiera muchos de los actuales estados europeos. En definitiva, y por poner un ejemplo significativo, si nadie duda que Estrasburgo sea una ciudad francesa con muchos más argumentos hay que afirmar la españolidad de Ceuta y Melilla. Con respecto a otros territorios españoles en el norte de África, como los islotes de Alhucemas o las islas Chafarinas, es también digno reconocer que la realidad no es la misma. Fueron ocupados por España con posterioridad, los primeros en 1673 y las segundas en la ya más tardía fecha de 1848.

      Sin embargo, dicho esto, debemos establecer otras reflexiones. Retomando la cuestión de las relaciones hispano-marroquíes diremos que éstas han pasado, en distintas fases históricas, por momentos muy difíciles y hasta dramáticos. Solo la primera guerra hispano-marroquí, ocurrida entre 1859 y 1860, costó la vida nada menos que a 10.000 españoles. Otros tantos,incluido el general en jefe de las tropas, Fernández Silvestre, murieron en el desastre de Annual, sobrevenido en verano de 1921. En esta ocasión, incluso, peligró la plaza de Melilla que estuvo a punto de caer en manos de las cabilas de Abd-el-Krim.

     El número total de españoles que se han dejado la vida en territorios norteafricanos en los dos últimos siglos suma varias decenas de miles, sin contar con las enormes pérdidas económicas, en una época en la que en la Península escaseaba el dinero y se soportaban graves penurias. De hecho una buena parte de la culpa del déficit crónico que presentaban las finanzas españolas desde principios de siglo se debía sin duda al alto coste de sus aventuras africanistas. Y todo eso tenía a su vez una repercusión directa en los altercados políticos y sociales que se sucedían en España, desde la Semana Trágica de Barcelona hasta la caída de don Antonio Maura y la proclamación de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Pero, es más, es bien sabido que buena parte del golpe de estado de julio de 1936 se larvó en Marruecos y fue encabezado por uno de los grandes generales africanistas de la época, Francisco Franco.

      Así, pues, conviene tener bien presente que, pese a la histórica superioridad económica y militar de España con respecto a Marruecos, los conflictos bélicos siempre han venido rodeados de situaciones trágicas para ambos países. Por ello, me parece fundamental insistir en la idea de que España y Marruecos deben esforzarse al máximo en mantener un diálogo fluido y sincero. La solución no puede ni debe venir en base a bravuconerías de unos u otros, ni a demostraciones de fuerza. Como bien ha escrito el profesor García Cárcel "el reto hay que situarlo en el ámbito diplomático y nunca confundir la dignidad nacional con la testiculina".

      En resumidas cuentas, creo que la única vía posible para resolver la tensa situación actual en las relaciones bilaterales hispano-marroquíes consiste en empeñarse a toda costa en dialogar. Un diálogo que debe estar basado en la sinceridad mutua y en la superación de viejas desconfianzas, pese a las actitudes nada claras que a veces muestra nuestro vecino norteafricano. Una tarea probablemente muy difícil pero no por ello imposible.

Esteban Mira Caballos