Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2010.

 

 

1.-INTRODUCCIÓN

          Como es bien sabido, en la sociedad estamental del Antiguo Régimen, las diferencias no las establecía tanto el dinero como el linaje. Era una época en la que el prestigio de un apellido, un título nobiliar o una patente de hidalguía resultaban determinantes a la hora de ubicar a cada persona en un lugar determinado dentro de la estructura social. Cada persona, en función de su status social tenía un sitio concreto en todas las manifestaciones públicas que, por supuesto, defendían a capa y espada. Por tanto, linaje y prestigio social marcaban la diferencia entre unas personas y otras.

Pues, bien, las manifestaciones públicas de fe constituían el lugar idóneo donde hacer valer esa prestancia. Por ello, los archivos eclesiásticos y civiles están repletos de pleitos con disputas interminables por la preferencia en los desfiles procesionales. Pleitos entre los propios eclesiásticos, entre autoridades civiles y religiosas, entre distintas cofradías, e incluso, entre hermanos de un mismo instituto. Se trata de una temática que ha sido bien estudiada para el caso de Sevilla1 pero que, en lo referente a nuestra ciudad aún espera la mano de algún investigador. En este artículo pretendemos dar a conocer algunos de estos pleitos como un punto de partida para futuras y más completas investigaciones.

Efectivamente, como era de esperar, Carmona no fue una excepción en el contexto español ni en el del reino de Sevilla. En nuestra ciudad se produjeron numerosos enfrentamientos por la primacía en los desfiles públicos, especialmente en la procesión del Corpus Christi. Y podríamos preguntarnos ¿y por qué el Corpus Christi? La respuesta es obvia; históricamente era una de las fiestas religiosas más destacadas del calendario litúrgico, acaso la más importante. Se trataba de acompañar la salida procesional de nada más y nada menos que el mismísimo Cuerpo de Cristo. ¡Qué mejor sitio que el desfile del Corpus para ostentar su prestancia social! Además, no debemos olvidar que la inquisición y sus familiares estaban siempre al acecho de cualquier persona que se apartase del dogma cristiano. No había mejor salvaguarda de la peligrosa inquisición que participar en estas manifestaciones públicas de fe.

          Como es de sobra conocido, tanto en Sevilla como en Carmona las cofradías desfilaban por riguroso orden de antigüedad –tomando como rasero la aprobación de sus reglas-. Aunque eso sí, en este caso, la preferencia era a la inversa, las más antiguas querían ir e iban detrás, más cerca del Santísimo Sacramento, mientras que las más recientes se veían obligadas a desfilar delante. Las autoridades eclesiásticas debieron elaborar unas detalladas normativas para regularizar la ubicación de cada cual y evitar así estos enfrentamientos que, además de no beneficiar a nadie, no contribuían al lucimiento de la fiesta. Pues bien, los pleitos que se dieron en Carmona fueron de muy diversa índole, a saber:

En primer lugar, entre distintas hermandades por su antigüedad, lo cual no era una cuestión baladí, pues ligada a ella iba la precedencia en los desfiles públicos. Ya en 1561 hubo un pleito entre la cofradía de la Misericordia y las corporaciones ubicadas en la Prioral de Santa María. Al parecer, debido a la gran sequía hubo una procesión de rogativa a la ermita de Nuestra Señora del Real, generándose una disputa por la precedencia en dicho acto. Tras formalizarse un pleito entre ambas partes, la sentencia fue rotunda: en adelante, la cofradía de la Misericordia precedería a las cofradías ubicadas en la Prioral2. Probablemente, detrás de dicho enfrentamiento estaba la competencia entre el alto clero de la villa, perteneciente a la Universidad y la cofradía de Santa Bárbara, ambas con sede en Santa María, y una buena parte de la élite nobiliar, adscrita al instituto de la Misericordia. El siglo XVII, etapa cumbre del barroco y de la sociedad estamental, los pleitos entre los institutos proliferaron por doquier. En el caso de Carmona hay un buen número de ellos bien conocidos: poco antes de mediar el siglo XVII, concretamente en 1645, se desencadenó un largo proceso entre la cofradía del Rosario, sita en el convento de Santa Ana, y la de la Pura y Limpia Concepción que tenía su sede en el convento de monjas concepcionistas3. Muy sonado fue el enfrentamiento entre las hermandades de Jesús Nazareno y la del Dulce Nombre de María, que acabó con el traslado de esta última al templo de El Salvador4. Como es bien sabido, tras desembarcar en la nueva Parroquia adquirieron un Ecce Homo y se fusionaron con la vieja hermandad de la Esperanza. De esta forma se vieron desfilando en lugar preferente con respecto a la cofradía del Nazareno para irritación de éstos quienes decidieron ponerlo en manos de los tribunales. Tras un largo litigio, el 9 de marzo de 1657 las autoridades fallaron que los hermanos del Dulce Nombre pudiesen desfilar delante, pero siempre bajo el estandarte de la Esperanza y nunca con bandera propia5. Los hermanos de Jesús Nazareno volvieron a perder un pleito dos años después, es decir, en 1659, en el que se falló que la hermandad de la Encarnación de San Felipe les precediese6. Pero, hubo un último pleito, fallado el 21 de octubre de 1800. En esta ocasión, los cofrades del Nazareno sí guardaban un as en la manga, obteniendo una sentencia ejemplarizante muy favorable. A sabiendas de que eran los únicos en Carmona que habían formalizado su aprobación ante el Consejo de Castilla, siguiendo un decreto de Carlos III, consiguieron que este organismo fallase a favor de su precedencia en todos los desfiles públicos7. También en el siglo XVII se enzarzaron en un litis por la precedencia la hermandad de Belén, sita en el templo de Santiago, y la de la Humildad y Paciencia, con sede en San Pedro. Al parecer, los hermanos de Belén procesionaron durante algunos años delante de los de la Humildad hasta que en 1682 las autoridades determinaron la precedencia de esta última corporación8.

En segundo lugar, entre hermandades con las autoridades eclesiásticas, como el de la hermandad del Dulce Nombre de María, enfrentados no solo con los hermanos Nazarenos sino también con los presbíteros de San Bartolomé, o el de la hermandad de San José que, por diferencias irresolubles con los dominicos de Santa Ana, terminaron trasladándose al templo parroquial de San Pedro.

Y en tercer y último lugar, entre miembros de una misma corporación, con frecuencia entre los hermanos y el mayordomo por gasto indebido o apropiación. Así, por ejemplo, en 1534, la cofradía de la Asunción mantenía un pleito con su mayordomo saliente, el jurado Diego López de la Cueva, por la venta de una casa propiedad del instituto a la fábrica de Santa María para construir el templo9. Igualmente, por poner un ejemplo mucho más tardío, en 1781 la cofradía de Ánimas de San Pedro consiguió que se condenara a Bartolomé Barrera al pago de 821 reales y 11 maravedís que dejó de cobrar de las rentas de una casa, propiedad de la citada corporación. El corregidor obligó a su fiador Bernardo de Roa al abono de la cuantía10. Asimismo, dentro de la misma hermandad de Jesús Nazareno se produjeron graves disputas a finales del siglo XVII que consiguieron dirimir antes de llegar a juicio. Pues, bien, de este último caso y de algunos otros problemas entre cofrades nos ocuparemos en las líneas que vienen a continuación.

 

 

2.-PLEITO ENTRE COFRADES Y PATRONOS DEL HOSPITAL DE LA MISERCORDIA


La Duquesa de Arcos, doña Beatriz Pacheco fundó, o al menos dotó al hospital de la Misericordia. En una de las cláusulas del testamento encargó como visitadores para que supervisaran los gastos a tres autoridades eclesiásticas, a saber: los priores de los conventos de San Sebastián y Santa Ana así como el vicario de la villa11. En definitiva, a dos miembros del clero regular, un franciscano y un dominico, y a un miembro del clero secular.

        El enfrentamiento estaba servido. Los cofrades de la Misericordia se caracterizaban, primero por gozar de una gran independencia al poseer edificio propio, y segundo, por ser la mayoría de ellos miembros de la oligarquía local. Por ello, no tardaron en surgir roces y fricciones con las autoridades religiosas que ostentaban, por cláusula testamentaria, la visita y el control del hospital.

Efectivamente, en los años posteriores no tardó en aparecer la disputa porque el capital del hospital era cuantioso y los intereses muchos. En 1517 se desarrollo un pleito entre los patronos y los cofrades12. El 3 de octubre de 1517 los tres patronos, Fray Antonio de Écija, guardián del monasterio de San Sebastián ,fray Vicente de Trujillo, prior del monasterio de Santa Ana y Francisco de la Barrera, clérigo vicario, dieron poder a Fernando de Salcedo, vecino de Carmona, y a Fernando de Talavera, procurador de causas en la Chancillería de Granada para que se personaran en esta última ciudad a apelar dicho proceso. Según decían, los cofrades eran personas principales de la villa, regidores y jurados y escribanos de cabildo por lo que era imposible obtener justicia ordinaria, acudiendo por tanto directamente al tribunal superior. Ellos alegaban que tenían los poderes por disposición de doña Beatriz Pacheco que además obtuvo bila apostólica:

 

Nosotros por bula apostólica ganada por la dicha duquesa somos patronos y visitadores y tenemos facultad de proveer de capellán en el dicho hospital y de los otros oficiales que son menester para el servicio de él, tenemos asimismo facultad por la dicha bula de hacer todos y cualesquier estatutos que nos pareciere que convienen al bien del dicho hospital y visitar el dicho hospital y oficiales de él, según que todo más largamente consta por esta bula apostólica de que hacemos presentación.

 

 

Sin embargo, dicha bula fue obedecida por todos los cofrades solo los primeros años pero que, sin embargo, últimamente los cofrades no nos dejan usar libremente de la dicha facultad que tenemos, contradicen e impiden que no visitemos dicho hospital y oficiales de él y que no tomemos en cuenta a los mayordomos. Pero iban más allá en sus acusaciones, pues incluso alegaban que habían desviado fondos destinados a los pobres hacia otros fines menos claros:

 

Ítem, decimos que los dichos cofrades tienen en su poder ciento veinte fanegas de pan de unas tierras que son del dicho hospital para el proveimiento de los pobres y otros maravedís de tributos que el dicho hospital tiene de renta y tememos que los dichos cofrades gastarñán mal el dicho tributo y maravedís y los pobres del dicho hospital recibirán mucho agravio y daño, pedimos y suplicamos a vuestra alteza mande dar su provisió para el corregidor de la dicha villa de carmona, mandándole que luego apremie a los dichos cofrades que depositen en una persona abonada rtodo el pan y maravedís que tienen o tuvieren en su poder para que aquellos se gasten en lo necesario y cponveniente a los estatutos del dicho hospital y a la disposición de la dicha duquesa y vuestra Alteza mande so grandes penas a los dichoss cofrades y aa cada uno de ellos que no reciban ni cobren más maravedís ni pan ni otra cosa alguna de la renta del dicho hospital y que dejen cobrar libremente al mayordomo que mis partes como patronos que son nombraren y eligieren conforme a la dicha bula y (roto) para lo cual su real oficio implora.

              Y finalmente pedían un traslado de los numerosos cabildos que habían celebrado ante el difunto escribano Francisco Vaca, y ante Luis de Hoyos, escribano, para conocer exactamente el alcance de sus acuerdos. No sabemos mucho más del pleito porque no lo pudimos consultar con detenimiento, pues dado su lamentable estado de conservación apenas me dejaron los facultativos de la Chancillería echarle un vistazo. Sin embargo, algunas conclusiones sí que se pueden extraer: primero, las rivalidades que existían entre la oligarquía local que orgullosa de su posición rivalizaba y retaba a las dignidades religiosas. Segundo, la importancia que adquirió esta institución en Carmona que durante muchos años fue la mayor institución caritativa de Carmona. Había en juego mucho dinero y también mucho prestigio social de ahí que unos y otros quisiesen mantener el control de dicha institución. Y tercero, todo parece indicar que los religiosos, dado que tenían la ley de su lado, ganaron finalmente el pleito, conservando la Iglesia su poder sobre el hospital.


 

3.-EL ABAD MAYOR Y EL VICARIO SE ENFRENTAN (1528-1531)

 

          Recordemos que los hechos ocurrieron en Carmona hace ya cerca de cinco siglos. Como ya hemos dicho, ahora nos puede parecer baladí pero entonces significaba mucho no solo para los litigantes sino también para sus respectivas familias.

          Al parecer, Hernán Gómez de Sotomayor, abad mayor de la universidad de beneficiados de Carmona13, había obtenido una sentencia del juez eclesiástico Juan Pérez, prior del monasterio de San Hipólito de Córdoba, por el que le daba la primacía sobre el vicario en todos los actos públicos. El vicario en cuestión, cuyo nombre no se especifica en el proceso, aceptó dicho fallo y estuvo algunos años, permitiendo la precedencia del abad.

Sin embargo, tras la muerte de dicho vicario le sucedió en el cargo Hernán Caro, perteneciente a una de las familias más linajudas de Carmona. Éste se negó a aceptar dicha sentencia y apeló a la justicia civil. Sin embargo, el juez eclesiástico en un primer momento no aceptó la apelación, lo descomulgó y lo condenó asimismo al pago de cien ducados. Insistió Hernán Caro, y apeló al Emperador para que se le concediese la apelación. Por una Real Provisión, dada en Granada el 30 de enero de 1529, se le concedió la citada apelación que debía verse en el archivo de la Chancillería de Granada14. La decisión fue notificada en Córdoba al juez eclesiástico, Juan Pérez, el 8 de febrero de 1529. Unos meses después, concretamente el 26 de junio de 1529 se notificó asimismo al abad de Carmona, Hernán Gómez de Sotomayor.

          Ambos contendientes otorgaron poderes para seguir el proceso en la ciudad de la Alhambra. El vicario Hernán Caro, designó a Antón Pérez, mientras que el abad Gómez de Sotomayor, nombró a Hernando de Sanabria. El proceso se demoró, pues, todavía el 26 de julio de 1529 los oidores de Granada solicitaban el sumario instruido por el juez eclesiástico para poder dictar la sentencia. El licenciado Ortiz llevó a Granada dicho proceso el 7 de enero de 1530, procediendo los oidores a emitir su fallo.

            Desconocemos el desenlace porque el documento consultado concluye con este último dato, faltando toda la instrucción realizada en la chancillería granadina así como la sentencia final. Sin embargo, que ganase uno u otro es prácticamente indiferente, pues lo realmente importante es verificar como en esta sociedad, se sucedían largos pleitos sencillamente por la ubicación en un acto público.

          Probablemente, detrás de este duro, largo y tedioso enfrentamiento entre estas dos autoridades eclesiástica, había en realidad un problema entre sus dos familias, es decir, los Caros y los Gómez de Sotomayor. Resulta cuanto menos curioso que los litigantes pertenecieran a dos de las familias con más solera de la Carmona Bajomedieval y Moderna. Los Caros pertenecían a la élite prácticamente desde la Reconquista. De hecho, El Curioso Carmonense afirma que Ruy Méndez Caro, padre de Rodrigo Caro, era alcaide del alcázar de Abajo, y que huyó de la villa cuando Enrique II la tomó. Luego, tras la muerte de éste, fueron perdonados y regresaron a la localidad15. Pero no menos linajudos eran los Gómez de Sotomayor. Se sabe de la existencia de un tal Gonzalo Gómez de Sotomayor que fue también alcaide de los alcázares de Carmona. Su hijo Gómez Méndez de Sotomayor, fue Veinticuatro de la ciudad de Sevilla y, al igual que su padre, alcaide de Carmona. Estaba claro, pues, que cuando se enfrentaron no lo debieron hacer sólo a título individual, sino encabezando a sus respectivos linajes familiares.

 

 

4.-EL PLEITO POR EL GUIÓN DE LA COFRADÍA DE JESÚS NAZARENO


          En el seno de la hermandad de Jesús Nazareno ocurrieron, en la última década del siglo XVII, serios problemas de convivencia entre los hermanos a costa de un dichoso guión. Resulta que en torno a 1680, Alonso Gutiérrez y otros aperadores miembros de la hermandad sufragaron un guión de tela morada con mango de plata de 14 cañones, rematada con una cruz del mismo metal. Desde entonces fue costumbre que Alonso Gutiérrez y los demás aperadores sacasen la insignia en las procesiones públicas y que, a su término, se la llevase a su casa, como depositario.

          Alonso Gutiérrez tuvo tres hijos: Gaspar, Andrés y Alonso. A su muerte, el guión pasó a poder de Gaspar Gutiérrez quien lo sacó en el Corpus Christi del 5 de junio de 1692. Al finalizar el desfile hubo disturbios entre unos hermanos que lo pretendían llevar a San Bartolomé y los aperadores que lo llevaron con fuerza y violencia a casa de Gaspar Gutiérrez. Poco después, para evitar nuevos disturbios, otorgaron una escritura con la hermandad en la que ratificaron que la insignia debía permanecer en casa de Gaspar Gutiérrez, aunque éste se obligaba a acudir con ella a todos los actos públicos de la hermandad.

          Sin embargo, la escritura de concordia no frenó las disputas. Una vez fallecido Gaspar y estando enfermo Andrés, la custodia de la insignia pasó a manos del menor de los hijos de Alonso Gutiérrez, del mismo nombre que éste. Los hermanos iniciaron un largo pleito que se prolongó durante varios años. Alonso Gutiérrez El Joven pactó con la hermandad que el guión quedase en un arca de dos llaves, una en su poder y, la otra, en manos del prioste, Manuel López.

          Pero este pacto debió hacerse sin el conocimiento o al menos sin el consentimiento de todos los hermanos y aperadores porque los problemas continuaron. El caso más grave ocurrió en mayo de 1698 en el traslado de la Virgen de Gracia a su monasterio. Al parecer, por falta de lluvia se le había dedicado una novena en la Prioral de Santa María. En el traslado al cenobio se armó un disturbio y pesadumbre irreparable en toda la procesión. Probablemente, esta fue la gota que colmó el vaso. La situación estaba adquiriendo ya una violencia verbal y física considerable con gran escándalo público. Así que los aperadores decidieron pactar finalmente con la hermandad, según dijeron expresamente para evitar que la situación pasara a mayores. Se comprometieron a que la custodia y propiedad del guión pasase definitivamente a la hermandad a cambio de que ésta abonase los 450 reales que se estimaba que había gastado la familia Gutiérrez en el largo proceso con la corporación. Se solucionaba por fin un contencioso enquistado durante más de una década.

 

 

5.-CONCLUSIONES

 

          Y a modo de conclusión debemos decir que estas disputas actualmente nos parecen simples anécdotas de la sociedad de la época. Sin embargo, en su momento jugaron un papel trascendental en el reforzamiento de la estructura jerarquizada de la sociedad estamental. En aquellos tiempos, una de las peores afrentas que se podían hacer era discutirle al hidalguillo de turno o a un cargo público esa ubicación. Los desfiles religiosos no sólo eran actos de fe sino también la más genuina forma de canalización social de la época.

          Por tanto, para ellos, insisto, no resultaba en absoluto intrascendente que un Caro prevaleciera sobre un Gómez de Sotomayor o al revés. O que a una persona se le privara de su derecho a portar una insignia de alguna de las muchas corporaciones que actuaban públicamente en nuestra ciudad. Una forma de pensar y de actuar que nos puede parecer absolutamente ridícula desde nuestra perspectiva actual pero que alcanza una perfecta explicación sincrónica.

Antes de acabar estas páginas quisiera insistir nuevamente que estas pocas páginas no constituyen un estudio acabado sino un punto de partida para futuras y más completas investigaciones.

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

APÉNDICE I


Real Provisión de Carlos V concediendo al vicario de Carmona, Hernán Pérez el derecho de apelación, Granada, 30 de enero de 1529.

 

          Don Carlos por la gracia de Dios rey de romanos… Salud y gracia sepáis que Antón Pérez, procurador en la nuestra audiencia, en nombre de Hernán Caro, clérigo presbítero, vicario de la villa de Carmona, nos hizo relación por su petición que en la nuestra corte y chancillería, ante el presidente y oidores de la nuestra audiencia que reside en la ciudad de Granada presentó diciendo que se querellaba de vos y contando el caso dijo que vos diciéndoos juez apostólico habíais discernido contra el dicho vicario su parte una carta monitoria mandándole que, en las procesiones y en la orden y lugar de ellas y en otras cosas, no se entremetiesen y dejase mandar, presidir y preceder a él, a un Hernán Gómez de Sotomayor que se dice abad de la dicha villa, diciendo haber habido sentencia y carta ejecutoria sobre ello contra otro vicario su predecesor, imponiendo sobre él penas y censuras, citándole a que se fuese a ver condenar en las penas en que había incurrido.

Y luego que había venido a noticia de su parte, había dicho de nulidad contra la dicha vuestra carta y contra la dicha ejecutoria y había apelado de todo para ante nuestro muy santo padre por la dicha sentencia haberse dado en ausencia de su predecesor y os había requerido lo revocaseis todo y que le otorgaseis la dicha apelación, no lo habíais querido hacer y lo habíais condenado en cien ducados… Nos suplicaban vos mandásemos que revocaseis y dieseis por ninguno todo lo por vos hecho y que alcéis las dichas censuras y entredicho, absolviendo a las personas que sobre ello están descomulgadas, mandando traer el proceso de dicho pleito a la dicha nuestra audiencia para que así se hiciese lo que fuese justicia. Dada en Granada, a treinta días del mes de enero, año del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo de mil y quinientos y veinte y nueve años.

(A.Ch.G. Cabina 3ª, leg. 1584, N. 14).

 

 

APÉNDICE II

 

          Concordia entre los hermanos de la cofradía de Jesús Nazareno de Carmona, Carmona, 11 de mayo de 1698.

 

           En la villa de Carmona, en once días del mes de mayo de mil seiscientos y noventa y ocho años, ante mí el presente escribano público y de los testigos de yuso escritos, estando en la iglesia parroquial del Señor San Bartolomé de esta ciudad parecieron, de la una parte, Alonso Gutiérrez, Juan Barrera, Juan Rodríguez, Diego Mejías, Bartolomé Ruiz, Alonso Cabello, Juan Guillén, Diego García y Alonso García, aperadores algunos de ellos, vecinos de esta dicha ciudad, y de la otra, Manuel López, vecino de esta ciudad, prioste y hermano mayor de la cofradía de Jesús Nazareno, sita en dicha iglesia y otorgaron la una parte a favor de la otra y la otra en la otra y dijeron que por cuanto Alonso Gutiérrez, padre del dicho Alonso Gutiérrez, y otros aperadores antiguos con gran fervor que tuvieron y como buenos hermanos de la dicha cofradía, de sus caudales y cuidados de muchas limosnas que para ello se les dieron hicieron para el mayor adorno y decencia de la dicha cofradía un guión de tela morada bordado de hilo de oro fino con su escudo y con una basa con 14 cañones de plata, una cruz grande y cuatro pequeñas de plata con sus huecos, el cual dicho guión siempre había sido y era de los aperadores, así de los presentes como de los antiguos y que siempre lo habían tenido en su casa y acudido con él a las funciones principales de la dicha cofradía y vuéltolo a ellos sin que nadie se lo impidiese hasta de pocos años a esta parte que por descuido o negligencia de algunos aperadores que lo dejaron en la iglesia en poder del prioste de la dicha cofradía hasta el día cinco del mes de junio del año pasado de mil seiscientos y noventa y dos que habiendo los otorgantes el día del Corpus acudido a la dicha iglesia y Gaspar Gutiérrez y Andrés Gutiérrez, asimismo hermano del dicho Alonso Gutiérrez, otorgante e hijos del dicho Alonso Gutiérrez, aperador, fundador del dicho guión, lo llevaron como era costumbre en dicha procesión del Corpus, habiéndose aprobado todos los dichos otorgantes y los dichos Gaspar Gutiérrez que ya es difunto y el dicho Andrés Gutiérrez que si cierto achaque que está padeciendo está privado de los sentidos y otros aperadores que asistieron dicho día del Corpus con fuerza y violencia se llevaron dicho guión a casa del dicho Gaspar Gutiérrez.

Y vista la resolución que tenían, el prioste y algunos hermanos de la dicha cofradía no pudieron con ellos que se dejasen dicho guión en la iglesia, antes enredados de palabras estuvieron a peligro de perderse, consiguieron con los dichos otorgantes y con los dichos Gaspar Gutiérrez y Andrés Gutiérrez el que otorgasen dicho día una escritura a favor de la dicha cofradía a su prioste y hermanos de cómo recibirán el dicho guión para tenerlo en sus casas como era costumbre. Y se obligaron por ella a asistir en las funciones principales a la dicha cofradía con dicho guión y sus hachas encendidas y lo demás que se refiere en dicha escritura la cual pasó y se otorgó por ante Agustín de Santiago, mi hermano, escribano público que fue del número de esta ciudad a que todos se refieren. Y sobre lo referido se siguió cierto pleito muy costoso entre la dicha cofradía, prioste y hermanos de ella con los dichos Gaspar Gutiérrez, sus hermanos y los otorgantes pretendiendo el que dicho guión había de estar en la dicha iglesia y no en casa del dicho Gaspar Gutiérrez y demás compañeros los cuales lo defendieron.

Y habiendo habido en dicho pleito muchos gastos y sinsabores de una y otra parte se dio sentencia a favor de los dichos aperadores en que se les mandó se mantuviesen en la posesión que estaban de tener dicho guión en su casa. Y después, habiendo muerto el dicho Gaspar Gutiérrez, se traspasó el dicho guión a las casas de la morada del dicho Alonso Gutiérrez, otorgante, su hermano, quien por servirle de alguna costa e incomodidad muchas veces lo ha ofrecido a la dicha cofradía, poniéndose en dicha iglesia un arca con dos llaves donde estuviere metido, teniendo la una el dicho Alonso Gutiérrez y la otra el prioste de la dicha cofradía, la cual mis hermanos han querido venir en ello de que se ocasiona de haber habido entre los otorgantes y otros aperadores y el prioste de la dicha cofradía y otros hermanos muchas ocasiones de perderse como se experimentó hoy día de la fecha, llevando en procesión a la Virgen Santa María de Gracia nuestra patrona y abogada en procesión general de la iglesia mayor de esta ciudad donde ha estado un novenario por falta de agua a su santísima casa que entre los otorgantes y otros hermanos de la dicha cofradía se armó un disturbio y pesadumbre irreparable en toda la procesión.

            Y ahora, todos los dichos otorgantes, considerando lo referido y que esto puede pasar a mayores y más graves inconvenientes y en especial el que dicho Alonso Gutiérrez no puede asistir a las funciones que dicha cofradía tiene por vía de transacción, paz y concordia están convenidos y concertados y por la presente se convienen y conciertan en esta manera en que el dicho Alonso Gutiérrez y demás otorgantes sus compañeros quieren dar y entregar a la dicha cofradía y al dicho Manuel López, su prioste, y a los demás hermanos el guión en la misma forma que al presente está para que la dicha cofradía, su prioste y hermanos le pongan cobro desde hoy día de la fecha y lo puedan dar y entregar en las funciones públicas a cualquier hermano de la dicha cofradía para que lo lleve en la misma forma que hasta ahora lo han llevado y sacado los otorgantes y sus antecesores sin ponerles en ello ningún embarazo ni impedimento, antes han de ceder, renunciar y traspasar en la dicha cofradía, su prioste y hermanos todo el derecho y acceso que al dicho guión tienen por dicha razón con tanto que la dicha cofradía de y entregue al dicho Alonso Gutiérrez cuatrocientos y cincuenta reales en que se consideran los gastos que el susodicho y sus hermanos tuvieron en el seguimiento del dicho pleito que queda referido.

Y visto esto por el dicho Manuel López, prioste de dicha cofradía, habiéndolo participado a algunos de los hermanos y de ellos todos vinieron en que aceptase el dicho convenio y se les diese satisfacción de la dicha cantidad, entregándole el dicho guión y dándose por rota y cancelada la dicha escritura y que otorgasen recibo y carta de pago de la dicha cantidad a favor de la dicha cofradía y que también el dicho prioste la diese de haber recibido el dicho guión… Y los dichos otorgantes a quien yo el escribano doy fe conozco lo firmaron los que supieron y por los que no un testigo, siendo testigos Alonso Caro, Francisco Martín y Manuel de la Barrera.

(A.P.C., Escribanía de Roque Jacinto de Santiago 1698).

1 Véase la obra de ROMERO MENSAQUE, Carlos José: Pleitos y conflictos en las hermandades sevillana. Una aproximación histórica. Sevilla, Marsay Ediciones, 2000.

2 El Curioso Carmonense. Carmona, S&C ediciones, 1997 (Ed. de A. Lería), pág. 107.

3 Este auto, conservado en el archivo del Arzobispado, no ha sido estudiado. Citado en SÁNCHEZ HERRERO, José (Ed.): CXIX Reglas de hermandades y cofradías andaluzas. Huelva, Universidad, 2002, Pág. 161.

4 Ya el 30 de mayo de 1651 el prioste de Jesús Nazareno dio poder a Lucas Martín procurador de causas, para que representase a la hermandad en los pleitos que ésta tuviese. Algún pleito se traían entre manos y, aunque no se especifica cual, es probable que ya se hubiesen inciado las disputas con los hermanos del Dulce Nombre de María. A.P.C., Juan de Santiago 1652, foliación perdida.

5 Pleito entre las hermandades de Jesús Nazareno y la del Dulce Nombre de María. Archivo General del Arzobispado de Sevilla (en adelante AGAS), Hermandades 121.

6 Pleito entre las hermandades de Jesús Nazareno y la Encarnación, 1659. AGAS, Hermandades 123.

7 El texto de la sentencia se encuentra reproducido íntegro en MIRA CABALLOS, Esteban: “Antigüedad y privilegios de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona (y II)”, Boletín de la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Nº 7. Carmona, 1995, págs. 12-13.

8 Pleito entre la cofradía de Belén y la Humildad, 23 de julio de 1683. AGAS, Hermandades 123.

9 Archivo de la Chancillería de Granada, cabina 511, Leg. 2214, N. 22.

10 Declaración de Bernardo de Roa pidiendo que, en caso de ser revocada la sentencia por autoridad superior, la hermandad le restituya el dinero, Carmona 5 de diciembre de 1781. A.P.C. Escribanía de Diego de Piedrabuena 1781.

11 Concretamente decía así: “…encargo las conciencias cuanto puedo al prior y guardián de los monasterios de San Sebastián y Santa Ana y al vicario que ahora es o son o fueren de la dicha villa que son los visitadores a quien yo encargo que vean cada año como se gasta la dicha renta”. Testamento y el codicilo de doña Beatriz Pacheco, Duquesa de Arcos, se protocolizaron el 5 y el 6 de abril de 1511 respectivamente, ante el escribano Alonso de Baeza. Archivo de la Cofradía de la Misericordia y Caridad.

 

12 El pleito se conserva en muy mal estado en el Archivo de la Chancillería de Granada (pleitos, Leg. 2893, Pieza 1ª). Hace años tomé algunas notas sobre el original, sin embargo, en una visita realizada en el año 2009 incomprensiblemente no me permitieron ni tan siquiera su consulta en sala por lo que no pudimos ampliar los interesantes datos que allí se ofrecen sobre la historia temprana de este señero hospital.

 

13 El abad de la Universidad de Beneficiados, era algo así como su hermano mayor, que en el caso de esta hermandad recibía dicho título. La Universidad de Beneficiados de Carmona era una hermandad gremial que defendía los intereses de los eclesiásticos que ejercían su ministerio en la localidad. Sus reglas y su organización eran muy similares a las que poseían la Universidad de Beneficiados de Sevilla. Recibieron numerosos privilegios como la exención de pagar pechos y moneda forera. A cambio, acostumbraban a rezar los domingos por la salud del rey. BALLESTEROS, Antonio: Sevilla en el siglo XIII. Sevilla, Ediciones Libanó, 2001, Pág. 99.

14 Dicho documento aparece reproducido en el apéndice I.

15 El Curioso Carmonense, Ob. Cit., pág. 93. Fernández López, llega a afirmar incluso, que su presencia en Carmona era tan antigua como la población misma. Obviamente, resulta exagerado, pero es muy sintomático del prestigio que adquirió esta familia carmonense. FERNÁNDEZ LÓPEZ, Manuel: Historia de la ciudad de Carmona, desde los tiempos más remotos hasta el reinado de Carlos I. Sevilla, 1886 (reed. de1996), págs. 370-371.

 

     Por Esteban Mira Caballos

 

 

1.-INTRODUCCIÓN

En otros artículos publicados en este mismo boletín hemos comentado la importancia que el siglo XVII tuvo en la historia de esta corporación. El revulsivo fue su fusión con la joven hermandad del Dulce Nombre de María. Un auténtico vendaval de aire fresco para la vieja corporación de la Esperanza que había languidecido con el paso de los años. Ellos trajeron consigo un Ecce Homo que habían adquirido en 1655 e iniciaron las estaciones de penitencia en la Semana Santa de 1658. Desde entonces y hasta nuestros días, con algunos altibajos, procesionaron casi de manera ininterrumpida. Esta reactivación del instituto trajo aparejado un aumento de la devoción hacia sus titulares. Prueba de ello son la fundación de capellanías, como la de Juan Rodríguez Borja en 1672, o la donación de diversos enseres para el aseo de sus imágenes.

Pues bien, en este artículo queremos dar a conocer un nuevo detalle que vuelve a incidir en esta gran devoción hacia los titulares de la hermandad más querida y devota de la antigua parroquia de El Salvador. Concretamente nos referiremos a la donación de una joya a la Virgen de la Esperanza, formalizada por doña Catalina Márquez, viuda de Francisco Martín Moro. Esta acaudalada señora dejó un sinfín de misas en diversas iglesias de Carmona, así como mandas a varias hermandades. Concretamente, donó tres arrobas de aceite anuales para la lámpara que estaba delante de San Antonio en la iglesia conventual de San Francisco. Sin embargo, la manda más importante de todas la canalizó hacia la efigie de la Virgen de la Esperanza de la que se declaró muy devota.

 

2.-LA DONACIÓN DE DOÑA CATALINA MÁRQUEZ

Efectivamente, en 1676 doña Catalina Márquez formalizó una generosa donación a favor de la hermandad de la Esperanza. Llama la atención que, siendo vecina de la calle de los Lagares, en la collación de San Bartolomé, y por tanto, parroquiana de este último templo, fuese devota y hermana de las cofradías de El Salvador. No es un caso excepcional, pero tampoco frecuente. Como es bien sabido, hasta el siglo pasado, la gente se movía infinitamente menos que ahora y lo normal era que cada parroquiano canalizase sus manifestaciones de fe a través de su parroquia, a la que estaba oficialmente adscrito. Santa María tenía su feligresía, así como San Pedro, San Bartolomé, Santiago, El Salvador, San Felipe o San Blas. Por tanto, no era demasiado normal que una feligresa de San Bartolomé no fuese hermana de las hermandades de este templo parroquial sino de las del vecino.

En su testamento, fechado en Carmona el 28 de junio de 1676, donó una gargantilla con cuadro hileras de perlas y cuentas de oro para el adorno personal de la Virgen de la Esperanza, de la que manifestó ser hermana de número1. Tan solo puso una condición: que nunca se pudiese enajenar, empeñar, vender, ni prestar. En este caso, automáticamente quedaría revocada la manda en favor de la cofradía del Santísimo Sacramento del mismo templo de El Salvador. Sin embargo, poco más de dos meses después, concretamente el 17 de septiembre de 1676, protocolizó su codicilo revocando esta cláusula, pero ampliando sustancialmente su donación inicial:

En primer lugar, revocaba la donación de la gargantilla y, a cambio, entregaba una sortija de oro con 17 piedras blancas, llamadas clavetes2. La hermandad entraría en posesión de la pieza, cuyo peso se fijó en cinco adarmes y medio, una vez que la donante falleciera y con la misma condición en que donó inicialmente la gargantilla, es decir, no se podría enajenar, ni tan siquiera prestar. Doña Catalina debió morir a las pocas semanas, pues el 17 de octubre de 1676, es decir, justo un mes después de la firma del codicilo, Pedro González, prioste de la corporación, otorgó acuse de recibo de la citada sortija3.

En segundo lugar, donó unas colgaduras de cinco tafetanes verdes y encarnados para las fiestas y solemnidades que celebrase el instituto. Inicialmente estableció que los poseedores de un vínculo que había fundado las custodiasen y la prestasen a la hermandad con ocasión de las festividades solemnes4. Sin embargo, para evitar el engorro de traer y llevar varias veces al año las citadas telas, los poseedores del vínculo decidieron finalmente dejarlas en poder de la hermandad. Por carta, firmada el 6 de marzo de 1677, Juan de Cota, el nuevo prioste de la corporación expidió carta de recibo de las citadas piezas textiles.

Y en tercer lugar, hizo donación de una púrpura de raso de Italia carmesí para el adorno del Ecce Homo. Un dato muy interesante porque demuestra a las claras la buena acogida de una advocación que llevaba procesionando menos de dos décadas. Que sepamos nosotros es la primera donación formalizada a favor del Ecce Homo que por 1676 debía ser una talla moderna o nueva, todavía sin la pátina que la antigüedad da a las obras de arte.

 

3.-CONCLUSIÓN

 Como puede observarse, mi objetivo ha sido extremadamente modesto: simplemente he querido compartir con los lectores del Boletín Ecce Homo este pequeño aporte a la historia de la hermandad. Ahora bien, pese a lo intrascendente del dato queremos insistir en tres ideas: primero, la gran actividad que la hermandad registró en la segunda mitad del siglo XVII, desde la incorporación a la misma de los hermanos del Dulce Nombre. La hermandad de la Esperanza, una de las más antiguas de Carmona, había caído en un letargo del que salió de manera abrupta a partir de mediados del XVII. A medida que avanzamos en las investigaciones, y encontramos nuevos datos, nos percatamos de la frenética actividad de la corporación tras su fusión.

Segundo, queremos llamar nuevamente la atención sobre la donación textil realizada al Ecce Homo. Ello nos demuestra la gran acogida y la devoción que desde los primeros años despertó esta efigie. Una admiración que hoy sentimos los carmonenses y que sorprende saber que ya fue así desde que el imaginero la cinceló y se expuso a la veneración pública.

Y tercero, por desgracia las piezas donadas no se han conservado hasta nuestros días. Los objetos textiles por circunstancias obvias, pues su uso continuado los deteriora irremisiblemente. De hecho, se han conservado muy pocos tapices y colgaduras antiguas en las catedrales e iglesias españolas, precisamente por ser objetos altamente perecederos. En cuanto, a la sortija es probable que desapareciera en alguna de las muchas guerras que se produjeron en la Edad Moderna y Contemporánea, bien fruto de algún saqueo o más probablemente, entregada voluntaria o forzosamente para el apresto de tropas o para hacer frente a alguna derrama perentoria.

 

APÉNDICE I

 

Extracto del testamento de Catalina Márquez, viuda de Francisco Martín Moro, Carmona, 28-VI-16765.

 

Sea para mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor y en su santísimo nombre y de la serenísima reina de los ángeles María Santísima Señora Nuestra concebida sin mancha de pecado original desde el primer instante de su ser natural amen, debajo de cuyo amparo y patrocinio, sea notorio cuantos esta carta de testamento vieren como yo doña Catalina Márquez, viuda de Francisco Martín Moro, vecina de esta muy noble y leal ciudad de Carmona en la calle de los Lagares, collación de San Bartolomé y natural de (roto) de Utrera (roto)…

Ítem, mando a la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María, sita en la iglesia parroquial de Nuestro Señor San Salvador de esta ciudad una gargantilla que yo tengo de cuatro hilos de aljófar y a trechos unas cuentas de oro que serán hasta cuarenta poco más o menos, la cual luego que yo fallezca se entregue al prioste de dicha cofradía, pesada, para que conste en todo tiempo su calidad y valor, la cual dicha gargantilla mando para que con ella sea adornada la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza que está en la capilla de dicha cofradía, con tal cargo y condición que la dicha cofradía, prioste y hermanos de ella no la puedan prestar, vender, ni enajenar, ni empeñar, aunque sea para muy urgente necesidad que para ello tenga la dicha cofradía. Y si lo contrario hicieren que la venta, empeño o enajenación que hicieron sea ninguna y, en tal caso, quiero y es mi voluntad que sucediere en la dicha gargantilla la cofradía del Santísimo Sacramento, sita en la dicha iglesia de Nuestro Señor San Salvador para que el prioste de dicha cofradía del Santísimo Sacramento con intervención de los señores beneficiados y vicebeneficiados de la dicha iglesia la puedan vender y el precio que de ella procediere lo empleen en la prenda de que más necesidad tuviere dicha cofradía del Santísimo Sacramento. Y para que esto tenga observancia, se haga notoria esta cláusula a los priostes de dichas cofradías porque así es mi voluntad…

Fecha y otorgada la carta en Carmona, en domingo veintiocho días del mes de junio de mil seiscientos y setenta y seis años. Y la dicha otorgante que yo el escribano público doy fe que conozco no firmó porque dijo no saber, a su ruego lo firmó un testigo, siendo testigos Juan de Jaén, Juan de Cota y Andrés de Aguilar, vecinos de Carmona. Manuel Rodríguez, escribano público.

(A.P.C. Escribanía de Manuel Rodríguez 1676, fols. 552r-571r).

 

 

APÉNDICE II

 

Codicilo de Catalina Márquez, Carmona, 17-IX-1676.

 

In Dei nomine amen. Sepan cuantos vieren esta carta de codicilo como yo doña Catalina Márquez, viuda de Francisco Martín Moro, vecina de esta ciudad de Carmona en la calle de los Lagares, collación del señor San Bartolomé, estando enferma y en mi buen juicio y entendimiento natural, cumplida y buena memoria, confesando como confieso el divino misterio de la Santísima Trinidad y todo lo demás que como cristiana católica debo creer, digo que por cuanto yo hice y otorgué mi testamento ante el presente escribano en veintiocho días de junio próximo pasado de este año de la fecha y porque en él tengo que añadir y quitar algunas cosas que convienen al descargo de mi conciencia por vía de codicilo y como más lugar haya, otorgo y conozco que mando y dispongo lo siguiente:

Lo primero, digo que por cuanto por una cláusula del dicho mi testamento yo mandé a la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María, sita en la parroquial de Nuestro señor San Salvador de esta ciudad, una gargantilla de aljófar y cuentas de oro para adorno de la imagen de dicha cofradía. Ahora revoco la dicha manda y quiero y es mi voluntad que no se le dé la dicha gargantilla y en su lugar mando a la dicha cofradía para el mismo efecto y con las mismas condiciones y gravámenes con que le mandé la dicha gargantilla, una sortija que yo tengo de oro con diecisiete piedras blancas, llamadas clavetes, que dicha sortija pesa seis adarmes, digo cinco adarmes y medio, la cual ase entregue luego que yo fallezca.

Ítem, digo que por cuanto yo tengo una colgadura de cinco paños de tafetanes verdes y encarnados, mando que la dicha colgadura la tenga siempre en su poder el poseedor o poseedores que por tiempo fueren del vínculo principal que yo dejo dispuesto en dicho mi testamento con tal cargo y condición que el tal poseedor o poseedores del dicho vínculo hayan de dar a la dicha cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María, la dicha colgadura por las festividades solmenes que hiciere la dicha cofradía en dicha iglesia de nuestro señor san Salvador donde está sita y luego que se haya hecho la fiesta vuelva la dicha cofradía a entregar la dicha colgadura al tal poseedor del vínculo al cual le prohíbo que la preste a otra alguna hermandad y persona particular para efecto alguno porque ésta solamente ha de servir en las festividades de la dicha cofradía. Y si el tal poseedor la prestare a otra persona particular o hermandad, en tal caso quiero y mando que la dicha colgadura pase a poder del prioste. Y si lo hiciere en tal caso mando la dicha colgadura a la cofradía del Santísimo Sacramento, sita en la dicha iglesia de nuestro señor San Salvador con el mismo cargo y gravamen.

Ítem, digo que por cuanto yo tengo en mi poder una púrpura de raso de Italia carmesí que por mi devoción he hecho a mi costa para adorno del Ecce Homo de la dicha cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María, mando que la dicha púrpura esté en poder del tal poseedor o poseedores que fueren del dicho vínculo principal el cual la dé a la cofradía para todas las festividades en que fuere necesario adornar al Santísimo Cristo y no para otro fin alguno, y hecha la festividad vuelva a poder del dicho poseedor del vínculo…

Ítem, lo que el dicho mi testamento es contrario a lo expuesto en este codicilo lo revoco, dejándolo como lo dejo en su fuerza y vigor cumplido y aparejado efecto para en lo demás en dicho mi testamento contenido que quiero se guarde y cumpla juntamente con lo por mí mandado en este codicilo y en testimonio de ello así lo otorgo ante el presente escribano y testigos.

Que es fecha la carta en Carmona, a diecisiete días del mes de septiembre de mil seiscientos y setenta y seis años y la otorgante que yo el escribano doy fe que conozco no firmó porque dijo no saber, a su ruego lo firmó un testigo, siendo testigos Pedro de Andrade, Manuel Caravallo y Juan Rodríguez, vecinos de esta ciudad de Carmona. Pedro de Andrade, ante mí Manuel Rodríguez, escribano público. Signé este traslado para los albaceas de la dicha Catalina Márquez en el sello tercero y lo de intermedio papel común y lo anoté en su registro de que doy fe, en Carmona en veinticuatro días de diciembre de mil seiscientos y setenta y seis años. Yo Manuel Rodríguez, escribano del número de Carmona, hice escribir mi signo. Manuel Rodríguez.

(A.P.C., Escribanía de Manuel Rodríguez 1676, fols. 572r-575r).

 

 

APÉNDICE III

 

Carta en la que el prioste de la cofradía de la Esperanza otorga el acuse de recibo de la sortija donada por Catalina Márquez, 17-X-1676.

 

En la ciudad de Carmona en diecisiete días del mes de octubre de mil seiscientos y setenta y seis años, ante mí el escribano y testigos, pareció Pedro González, vecino de esta ciudad y prioste de la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María, sita en la parroquia de Nuestro Señor San Salvador de esta ciudad al cual doy fue que conozco y que es tal prioste de dicha cofradía. Y otorgó que ha recibido de don Gonzalo Cansino Barrasa, regidor y jurado de esta ciudad, como albacea de Catalina Márquez, viuda de Francisco Martín Moro, vecina que fue de ella, una sortija de oro con diecisiete piedras blancas, llamadas clavetes, que pesa cinco adarmes y medio que la dicha Catalina Márquez, por cláusula de un codicilo que otorgó ante mí el escribano en diecisiete de septiembre próximo pasado de este año, mandó a la dicha cofradía para adorno de la imagen de Nuestra Señora con ciertas condiciones y gravámenes referidos en dicha cláusula de su testamento que se refiere en dicho codicilo, las cuales yo el escribano hice notorias al dicho otorgante para que le consten y se observen y guarden por dicha cofradía.

Y de la dicha sortija se da por entregado a su voluntad y confesó tenerla en su poder sobre que renunció las leyes del entrego… Siendo testigos el licenciado Guerrero (perdido) del Campo y Roque Núñez, vecinos de Carmona.

(A.P.C., Escribanía de Manuel Rodríguez, 1676, fols. 750r-750v).

 

 

APÉNDICE IV

 

El prioste de la hermandad de la Esperanza acusa recibo de las colgaduras y de la púrpura para el Ecce Homo, Carmona, 6-III-1677.

 

Sépase como yo Juan de Cota, vecino de esta ciudad de Carmona y prioste de la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María, sita en la iglesia parroquial de Nuestro Señor San Salvador de ella, como tal prioste digo que por cuanto doña Catalina Márquez, viuda de Francisco Martín Moro, vecina que fue de esta ciudad por una cláusula de su codicilo que otorgó, so cuya disposición murió, que pasó ante el presente escribano en diecisiete días del mes de septiembre del año pasado de mil y seiscientos y setenta y seis dijo que por cuanto tenía una colgadura de cinco paños de tafetán verdes y encarnados, mandó que la dicha colgadura la tuviesen siempre en su poder el poseedor o poseedores que por tiempo fuesen del vínculo principal que dejaba dispuesto en su testamento con tal cargo y condición que el tal poseedor y poseedores del dicho vínculo diesen a la dicha cofradía la dicha colgadura para las festividades solemnes que hiciese en dicha iglesia de Nuestro Señor San Salvador donde está sita. Y luego que se hiciese la fiesta, volviese la dicha cofradía a entregar la dicha colgadura al tal poseedor del vínculo al cual prohibió que la prestase a otra alguna hermandad y persona particular…

Y por otra cláusula del dicho codicilo dijo que tenía en su poder una púrpura de raso de Italia carmesí que por su devoción había hecho a su costa para adorno del Ecce Homo de la dicha cofradía de Nuestra Señora de la esperanza y Dulce Nombre de María, mandó que la dicha púrpura estuviese en poder del tal poseedor o poseedores que fuesen del dicho vínculo…

Y por evitar el embarazo de andar trayendo y llevando la dicha colgadura y púrpura para las funciones de dicha cofradía don Gonzalo Cansino Barrasa, jurado de esta ciudad y doña Isabel Gutiérrez, su mujer, primeros poseedores del dicho vínculo en cuyo poder estaba me la dieron y entregaron para que la tenga perpetuamente en la dicha iglesia de Nuestro Señor San Salvador en fiel custodia y guarda con los demás bienes de dicha cofradía para que dichas prendas sirvan en los casos para las mandó la dicha doña Catalina Márquez con los gravámenes por la susodicha puestos y para que los dichos don Gonzalo Cansino Barrasa y doña Isabel Gutiérrez, su mujer, y los demás poseedores que por tiempo fueren del dicho vínculo tengan entera seguridad, quiero otorgar a su favor recibo de las dichas prendas y poniéndolo en efecto como tal prioste de la dicha cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y Dulce Nombre de María otorgo y conozco que he recibido de lo dichos don Gonzalo Cansino Barrasa y doña Isabel Gutiérrez, su mujer, la dicha colgadura de cinco paños de tafetanes verdes y encarnados y púrpura de raso de Italia carmesí de que doy por entregado a mi voluntad…

Fecha la carta en Carmona, en seis días del mes de marzo de mil y seiscientos y setenta y siete, el otorgante que yo el escribano público doy fe conozco no firmó porque dijo no saber, a su ruego lo firmó un testigo, siendo testigos Domingo Rodríguez, Gaspar de la Barrera, carpintero, y Juan de Aguilar, vecinos de Carmona. Domingo Rodríguez, ante Manuel Rodríguez, escribano público.

(A.P.C., Escribanía de Manuel Rodríguez 1677, fols. 582r-583v).

1 Véase el apéndice I.

2 Véase el apéndice II.

3 Véase el apéndice III.

4 Véase el apéndice IV.

5 En el margen izquierdo especifica que la otorgante murió el 8 de octubre de 1676. Fue enterrada, con el hábito franciscano, en la capilla del convento de San Francisco de Carmona.

                                                                                                                                                                  
                                                                                                                                                               
           El objeto de este pequeño ensayo es dar a conocer algunos datos inéditos referentes a esta venerada imagen bajomedieval conservada en el templo de Santiago. Nuestra información procede de un pequeño expediente, fechado en 1763 y localizado en la sección de justicia del Archivo General del Arzobispado de Sevilla.
           De todos era sabido el gran interés que tenía esta antigua imagen de la que, sin embargo, apenas se tenían noticias históricas. En el Catálogo Arqueológico y Artístico se le dedicaba una breve pero sustanciosa mención:
           Un retablo del segundo tercio del XVIII, donde recibe culto una interesantísima imagen de Jesús Crucificado, con advocación de la Piedad, obra de madera de la segunda mitad del XV, no ajena a las esculturas del círculo de Mercadante de Bretaña.
           La imagen, de tamaño natural -mide 1,62-, se conserva actualmente en la nave de la iglesia, fuera del retablo que en torno a 1762 se le labró para cobijarla y que ahora sirve a la Virgen de Belén. Y esto era todo lo que sabíamos sobre tan venerada efigie, pues, los trabajos posteriores al Catálogo Arqueológico y Artístico no aportan ningún dato adicional al respecto.
           La información que ahora presentamos nosotros procede de un litigio generado en 1763 entre la fábrica de la iglesia de Santiago y los patronos de la capilla de los Pancorvo, por el Crucificado de la Piedad.
           Todo el proceso se generó por la decisión tomada por el presbítero de Santiago, don Juan Cansino, de sacar de la capilla de la familia Pancorvo3 el Crucificado de la Piedad y situarlo en la nave de la iglesia en un altar nuevo que para tal efecto se había habilitado. La causa de la decisión queda bien especificada: la capilla de los Pancorvo, donde la parroquia tenía depositada la imagen estaba indecente con polvo y porquería que salió del Señor y de los malos trapos con que estaba adornado. Por ello, y con el apoyo de la inmensa mayoría de la feligresía, el cura decidió sacar la venerada talla y rendirle culto en un altar nuevo que se habilitó en la nave de la iglesia.
           Obviamente el proceso se produjo porque los herederos del patronato de los Pancorvo alegaron que la imagen había estado desde tiempo inmemorial en su capilla y que, por tanto, la parroquia no tenía autoridad para arrebatársela. Y efectivamente hacía varias décadas que la imagen quedó ubicada en dicha capilla, pero, tras una extensa información realizada entre los más antiguos de la feligresía se pudo demostrar fehacientemente que pertenecía a la parroquia.
           Las declaraciones del presbítero Juan Cansino y de otros vecinos "antiguos" de la collación son muy sustanciosas y nos confirman el origen del Crucificado. Como veremos a continuación la imagen fue realizada en algún momento de la segunda mitad del siglo XV con destino a la viga del crucero, junto a otra talla de la Virgen y a San Juan. La declaración del cura propio de Santiago, don Juan Cansino, es tremendamente clarificadora:
           Que esta imagen es propia de la fábrica de dicha iglesia, pues, así consta del inventario hecho en el año de mil quinientos sesenta y tres de mandado del señor arzobispo que en aquel entonces era, y entre los bienes que se inventariaron fue uno de ellos el Santísimo Cristo grande de madera cubierto por detrás, y a los lados una imagen de María Santísima y otra de San Juan, grandes, las que existen aún en el soberado de dicha iglesia apolillada. Y se acuerda el declarante haber visto en la dicha capilla de Pancorvo donde estaba prestado dicha imagen, las dichas dos imágenes de Nuestro Señora y San Juan a los lados del Señor en la conformidad que estaba en el crucero que antiguamente había en dicha iglesia de donde se bajaron y ha oído el declarante a personas antiguas de toda clase y estado ser esta dicha imagen la misma que se bajó del crucero y ha referido.
               La fecha en la que fueron bajadas las imágenes de la viga del crucero no se especifica, aunque había personas antiguas en la collación que al parecer fueron testigos del desmantelamiento. Por ello, podemos pensar que la viga fue desmontada posiblemente en el primer tercio del siglo XVIII. La causa, también quedó clarificada: la situación "indecente" en que se encontraba. Una vez desmontada hubo una suscripción general entre los parroquianos para limpiar las tres imágenes y retocar, previo contrato de un dorador y pintor de imaginería, su policromía. Según se afirma, inicialmente el grupo escultórico de la viga fue colocado en el altar del Sagrario, sin embargo, "viendo que allí estorbaba", se cambio de sitio, colocándose en la capilla del patronato de Martín López de la Cueva. Tampoco sería éste su destino definitivo, pues, esta capilla, que cobijaba a los titulares de la cofradía de Belén, debía estar muy abigarrada de enseres e imágenes. Por ese motivo, con autorización del patrono de la capilla de los Pancorvo, se decidió finalmente su traslado a esta capilla. Según se especifica en el expediente el nuevo traslado desde la capilla de Martín López de la Cueva a la de los Pancorvo se hizo habiendo precedido para esto la licencia y permiso del patrono de dicha capilla por carta que se ha mantenido siempre cosida en uno de los libros de dicha iglesia...
           El final de la historia es bien sabido, la parroquia ganó el litigio y el crucificado pasó a colocarse en un retablo ubicado en la nave de la iglesia. Las otras dos imágenes, la Virgen y San Juan, estaban en tan mal estado de conservación que pocos años después se decidió retirarlas del culto y guardarlas en un pequeño almacén que al parecer había en el templo.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

                                                                                                                                                                                   

1.-INTRODUCCIÓN

     El tema que he elegido para colaborar un año más con Estela es el de un periódico carmonense del siglo XIX, llamado La Verdad. Un asunto muy apropiado para estas páginas porque se vuelve a insistir en la gran tradición cultural, periodística y literaria de Carmona, cuya antorcha tomaron ya en este siglo los redactores de Estela.

     Hace poco tiempo tuve la suerte de encontrarme con una colección de recortes del antiguo periódico carmonense La Verdad y me pareció interesante escribir un pequeño artículo sobre él. Los números que aparecían parcialmente eran los siguientes: XVII (1 V 1888), XIX (20 V 1888), XX (30 V 1888), XXI (10 VI 1888), XXIII (30 VI 1888), XXIV (10 VII 1888), XXV (20 VII 1888), XXVI (31 VII 1888), XXVIII (20 VIII 1888), XXIX (31 VIII 1888), XXX (10 IX 1888) y XXXI (20 IX 1888). Sobre estos pocos recortes elaboraremos los comentarios contenidos en estas breves líneas.

     La aparición de este periódico hay que verla en el marco de la Carmona del último cuarto del siglo XIX, donde se produjo una efervescencia cultural. Ésta estuvo promovida sobre todo por la Sociedad Arqueológica de Carmona fundada, como es de sobra conocido, en 1885, así como por la actividad científica derivada de las excavaciones en la Necrópolis. En 1881 llegó a Carmona Jorge Bonsor y en torno a él se aglutinó un notable grupo de arqueólogos, eruditos e intelectuales como los hermanos Fernández López, el presbítero don Sebastián Gómez Muñiz y José Vega Peláez, entre otros. Este círculo de intelectuales promovió enormemente el turismo en la ciudad, editó numerosos artículos y folletos de historia local y promovió conferencias de relevantes intelectuales de la época. Asimismo, las excavaciones en la necrópolis carmonense y los importantes hallazgos fueron difundidos a nivel nacional -e incluso internacional- apareciendo en diarios de gran tirada. En la década de los ochenta del siglo XIX numerosas personalidades se acercaron a Carmona para conocer los monumentos de la localidad y, sobre todo, la tan nombrada necrópolis romana. Quizás el punto culminante de toda esta trayectoria fue la edición, en 1885, de la "Historia de la Ciudad de Carmona" por Juan Fernández López.

     En estas circunstancias hemos de enmarcar la fundación del periódico La Verdad que, como ya hemos afirmado, nació muy vinculado al grupo de intelectuales de la Sociedad Arqueológica de Carmona. Prácticamente en todos los números que hemos consultado aparecían noticias referentes a la Sociedad Arqueológica, además de un sin fin de artículos de carácter literario y sobre todo histórico. Llama la atención asimismo que el domicilio social de la Sociedad Arqueológica estuviese situado en la calle San Felipe número 15 y el de la redacción de la Verdad en el número 17, es decir, en la casa contigua.

 

2.-LA FUNDACIÓN DEL PERIÓDICO

     El periódico La Verdad debió fundarse a principios del año 1887 ya que los ejemplares de 1888 figuraban como año II. Se editaba decenalmente, normalmente coincidiendo con días redondos, es decir, el día diez, el veinte y, finalmente, el treinta o el uno. En estos momentos desconocemos por cuantos años continuó editándose el rotativo.

     Su título, como ya hemos afirmado, era La Verdad, figurando como subtítulo "periódico decenal científico, literario y de intereses locales". Como puede observarse su nombre era bastante común, pues, incluso en nuestros días existen rotativos de importancia bajo esta intitulación, como, por ejemplo, el diario de Murcia.

     Como ya hemos afirmado la redacción y administración del rotativo estaba ubicada en la calle San Felipe Nº 17, en una casa que todavía hoy se conserva intacta. Disponía de imprenta propia, conocida precisamente como imprenta La Verdad, en la que no sólo se editaba el periódico sino también otros impresos ajenos al rotativo. Por citar un ejemplo concreto, en 1887 se tiró en sus instalaciones las Memorias de la Sociedad Arqueológica de Carmona.

     Por otro lado, su precio figuraba en el mismo periódico, siendo el coste de suscripción en Carmona de una peseta y media al trimestre. En cambio, para el resto de España y para Ultramar, debido a los gastos de envío, la tarifa aumentaba hasta las dos pesetas. Los anuncios, los comunicados y los edictos judiciales costaban veinticinco céntimos la línea.

 

3.-CONTENIDOS Y TENDENCIA IDEOLÓGICA

     El periódico, respondiendo a su intitulación de científico, daba cabida a un gran número de artículos de historia local así como a abundantes noticias referentes a la Sociedad Arqueológica y a los descubrimientos en la Necrópolis romana. También tenían cabida en sus páginas los sucesos y las anécdotas locales, la poesía, el ensayo, así como otras secciones de noticias nacionales e internacionales.

     En los números consultados se insertaron siempre artículos de historia local, como la serie referente a la actuación del Batallón de Cazadores de Carmona en la Guerra de la Independencia o un extenso y fundamentado artículo sobre San Teodomiro (Nº XXV). También encontramos anécdotas locales como el mal estado de la esfera del reloj de la plaza de San Fernando, o los proyectos fallidos de instalación de la luz eléctrica en la localidad (Nº XXXI).

     Entre los sucesos nacionales se cita el robo de plata en una cacharrería de Madrid en la que uno de los cacos fue atrapado por un perro amaestrado (Nº XXV).

     En la sección de noticias internacionales se alude al hundimiento, el 3 de junio de 1888, de un vapor de gran porte cargado con emigrantes. El relato describe el dramatismo del momento que en nada desmerece en relación a dramas recientes como el hundimiento del submarino ruso Kursk. Mientras se hundía, otro buque, el Drunmond Castle, se acercó a ayudar, pero todo resultó inútil, no siendo más que testigos directos del desastre que describieron así:

 

A ratos se oía una espantosa gritería, como saliendo de las entrañas del buque, donde sin duda habían sido encerrados los pobres emigrantes. En el momento de desaparecer, se oyó un solo grito lanzado por centenares de bocas, grito de angustia terrible. Después de esto se divisaron todavía por algún rato pequeñas luces aquí y allá, como si alguien hubiese podido salvarse y estuviera luchando con las olas; pero, a pesar de cuantas pesquisas hizo el vapor navegando en todas direcciones, a nadie divisó ni pudo salvar ser alguno viviente... (Nº XXV).

 

     Como ya hemos dicho, también la poesía tenía su página, casi permanente en este rotativo. En el número XXIX se incluye un poema de dieciocho estrofas de Benigno Pallol, titulado Amor Maternal que, según se especifica, obtuvo en 1887 el premio de la Reina Regente de San Juan de Vilassá (Barcelona).

     El periódico era de ideología liberal, pese a que su objetivo era más literario y científico que político. No obstante, se observa un solapado carácter crítico en la publicación. La relativa libertad de prensa existente en la España de la Restauración permitió efectivamente la subsistencia de diarios del partido en la oposición, e incluso, de algunos claramente republicanos.

     En los pocos números que hemos podido consultar de La Verdad detectamos numerosas críticas a la administración local y nacional. Por ejemplo, se censura al ayuntamiento que no hubiese llevado a la práctica los proyectos del alumbrado (Nº XXIV) y lo responsabiliza asimismo del mal estado del reloj de la Plaza de San Fernando (Nº XXXI). Las relaciones con los miembros del ayuntamiento no debían ser buenas. En el número XXIII la editorial recrimina al actitud de otro periódico local, El Zurdo –con seguridad, por ser de izquierdas- por escribir sin fundamento sobre la "actitud hostil" de los redactores de La Verdad contra el primer Alcalde.

     El artículo más crítico que hemos podido consultar es quizás uno insertado en el número XXIV y titulado Cifras terribles, en el que lamenta la marcha de la economía española, censurando la excesiva burocratización del país. A continuación citaremos un fragmento clave:

 

Para cada 56 contribuyentes hay un funcionario público que depende del Estado. Sin contar las clases pasivas ni la Guardia Civil, ni los cabos y sargentos del Ejército. Incluyendo en la cuenta los empleados municipales y provinciales, resulta que cada 24 contribuyentes tienen a su cargo un empleado. Lo cual no obsta, como dice un apreciable diario republicano, para que haya centro ministerial donde aguardan despacho más de 4.000 expedientes.

     Lo cierto es que nada de particular tienen estos comentarios, pues, en esos momentos se editaban en España numerosos diarios republicanos, entre ellos: el Baluarte de Sevilla (Sevilla Soler, 1996) o en Extremadura, la Coalición y la Región Extremeña (Guerra, 1980). Evidentemente, no tenemos elementos suficientes de juicio como para afirmar que La Verdad fuese antimonárquico, aunque califique de apreciable un periódico de ideología republicana. Si podemos afirmar, en cambio, que este periódico, donde colaboraban asiduamente intelectuales de la Sociedad Arqueológica de Carmona, era de una clara tendencia liberal.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

                                                                                                                                                                                    

En estas líneas vamos a glosar el contenido de un acta capitular del 17 de noviembre de 1777. El documento en cuestión se conserva en los repositorios del Archivo Municipal de Carmona y lo reproducimos transcrito en el apéndice documental. El citado manuscrito era conocido, pues, fue extractado junto al resto de los documentos capitulares que hacían referencia a la Virgen de Gracia en el libro que con éste título se editó en 1990. Sin embargo, nunca había sido publicado íntegro ni tampoco se habían analizado las interesantes ideas que en él se sugieren. Su contenido, con ser meramente anecdótico, contiene algunas pistas para acercarnos a la religiosidad y a la devoción popular de los carmonenses de antaño.

Don Juan de Briones Saavedra, miembro de la corporación municipal, puso en conocimiento del cabildo los hechos ocurridos: alguien, unilateralmente, había sustraído una efigie de la Virgen de Gracia que se veneraba en el muro externo del convento dominico de Santa Ana “desde tiempo inmemorial” y había colocado en su lugar otra de la advocación de la Virgen del Rosario. De forma unánime, los miembros del concejo hicieron suya esta denuncia y determinaron que se restituyese a su lugar la imagen de Nuestra Señora de Gracia y que, en caso de que no apareciese, se mandase hacer otra “con la decencia posible”.

Al margen de los hechos, el documento en cuestión encierra entre líneas algunas ideas que queremos comentar a continuación:

El escrito es muy correcto políticamente hasta el punto que ni tan siquiera señala o insinúa al posible o a los posibles autores. Pero hay un hecho clave: la imagen no solo fue sustraída sino que fue sustituida por otra de la Virgen del Rosario. Obviamente, parece claro que los autores debieron ser personas cercanas a la hermandad del Rosario, y acaso, hasta miembros de su junta de gobierno. No olvidemos que, aunque la hermandad no pasa en las últimas décadas por buenos momentos, sus orígenes son antiquísimos, pues se fundó en 1512, gozando durante siglos de un amplio respaldo entre la población y de una considerable solvencia económica. Sus bienes raíces y muebles fueron cuanto menos equiparables a los que poseía la Virgen de Gracia. De entre las advocaciones marianas no cabe duda de que éstas debieron ser las que más devoción generaban entre los carmonenses. Prueba de ello, es que cada vez que había una calamidad pública -epidemia o sequía fundamentalmente- solían sacar en procesión a la Virgen de Gracia y, en caso de que no surtiera efecto, a su más directa competidora, la Virgen del Rosario. Así, por ejemplo, a finales de agosto de 1648, cuando el pueblo se encontraba duramente azotado por una peste bubónica, decidieron sacar en procesión a la Señora de Gracia, desde su templo jerónimo a la Prioral de Santa María. Pero, como desgraciadamente el remedio no surtió efecto, en mayo del año siguiente, decidieron recurrir a la Virgen del Rosario. Está procesionó con toda solemnidad por las calles de Carmona, desfilando junto a ella el clero, las cofradías y miles de ciudadanos haciendo penitencia pública.

Por todo ello, nada tiene de particular que los hermanos del Rosario, vieran con malos ojos no a la Virgen de Gracia, por supuesto, sino la ubicación de esta réplica. La verdad es que poner esta reproducción justo allí debió ser algo así como poner una pica en Flandes.

Ir mucho más allá es arriesgado porque no disponemos, por el momento, de documentación. Pero sí es probable que hubiese algún tipo de rivalidad entre los hermanos de una y otra corporación. Una rivalidad acaso auspiciada por los propios frailes dominicos que debían mirar con recelo el hecho de que los jerónimos gozasen de las limosnas y los privilegios que suponía tener en su templo nada menos que a la que todos consideraban la patrona de la ciudad. De hecho, eran estos mismos religiosos dominicos los más interesados en la expansión de la devoción a la Virgen del Rosario que tantos ingresos, directos e indirectos, le proporcionaba.

 Pero hay otros aspectos sobre los que el documento arroja luz. Nuevamente, se pone de manifiesto la importancia de la devoción callejera en Carmona al menos hasta el siglo XIX. Tenemos no pocas referencias a otras imágenes existentes en diversos lugares públicos de Carmona, como el Jesús Nazareno limosnero, o la Inmaculada de azulejos que estaba en la Puerta de Sevilla y que hoy se conserva en la iglesia de Santa María, dentro del pórtico de la Puerta del Sol. Una piedad callejera que desgraciadamente casi ha desaparecido en nuestro pueblo pero que se conserva en otros muchos lugares y villas de España.

 Además, hay otra cuestión que no nos pasa desapercibida; Briones Saavedra señala la gravedad de los hechos, basándose en dos agravantes: uno, que la imagen estaba en ese lugar “desde tiempo inmemorial”, y dos, que toda la ciudad la tenía por su patrona. Y esta última palabra la repite nada menos que en tres ocasiones, no dejando muchas dudas de lo que realmente representaba esta advocación para Carmona. Por todo ello, quiero insistir en una idea que no por sabida deja de tener importancia. Fue el Papa Pío VII quien, a petición del pueblo de Carmona, expidió el 19 de febrero de 1805 el nombramiento de Nuestra Señora de Gracia como patrona de la ciudad. Sin embargo, ese fue solamente el nombramiento oficial porque, en la práctica, hacía siglos que los carmonenses la tenían como tal. Insisto, pues, que lo que muy acertadamente celebramos este año es el segundo centenario de su nombramiento institucional como patrona de Carmona. Pero que nadie olvide que al pueblo no le hacían falta papeles para sentir a la Virgen como tal y que, de hecho, hace ya cinco o seis siglos que la Señora de Gracia ejerce el patronazgo sobre nuestra querida ciudad.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Cabildo del concejo de Carmona, celebrado el 17 de noviembre de 1777.

 

"El señor don Juan de Briones Saavedra hizo presente en la ciudad que de tiempo inmemorial a esta parte ha conocido estar del lado de afuera de la puerta que nombran de Santa Ana, que da paso a la era que nombran de Marruecos, colocada en la pared del convento de Señora Santa Ana, orden de predicadores, la imagen de Nuestra Señora de Gracia, que la ciudad tiene por su patrona y se venera en el Real Monasterio de señor San Gerónimo, extramuros de esta ciudad. Y que habido advertido (sic) que en el sitio de dicha puerta de Santa Ana, donde estaba colocada dicha imagen, está hoy otra de Nuestra Señora del Rosario, habiendo retirado la de Gracia. Parece es querer procurar abolir una memoria tan antigua de dicha milagrosa imagen que la ciudad tiene por patrona y como tal debe permanecer en todos los sitios en donde desde aquellos principios fue colocada.

Y pareciéndole muy de su obligación como individuo de este ilustre cuerpo ponerlo en la alta comprensión de la ciudad para que, sirviéndose acordar lo que tengan por oportuno en el asunto, se consiga el fin con la cuenta de la estabilidad iglesia simulacro del mismo sitio por nuestra patrona, dando como daba cuentas al dicho don Juan por el celo con que se maneja y de que tiene larga experiencia la ciudad, acordó de conformidad que el cabildo -su procurador mayor-, practicando todas cuantas diligencias conduzcan a recoger la imagen de Nuestra Señora de Gracia que se hallaba en aquel sitio, la haga colocar en el mismo con aquella decencia posible. Y caso que no se encuentre persona que haya recogido dicha imagen, disponga otra, con la decencia posible, para que tenga efecto lo mandado por la ciudad".

(A.M.C. Actas capitulares, Libro 200).

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