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Temas de historia y actualidad

PROGRAMA DE LOS XLIV COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA

PROGRAMA DE LOS XLIV COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA

PROGRAMA DE ACTOS

LUNES, 21 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 

 

Inauguración de los XLIV Coloquios Históricos de Extremadura.

20,45 horas:

 

Recepción de autoridades y participantes en el Excmo. Ayuntamiento de Trujillo.

21,00 horas:

 

Acto inaugural. Salón de Plenos

 

Bienvenida: Doña María Rosario Alvarado, presidenta de la A.C. Coloquios Históricos de Extremadura.

Intervención de autoridades.

Palabras de saludo e inauguración de Don Alberto Casero Ávila, Alcalde del Excmo.

Ayuntamiento de Trujillo.

 

21,30 horas:

Lectura Inaugural:

“Hernán Cortés: Mitos y leyendas del conquistador de Nueva España”, por don Esteban Mira Caballos.

En esta ponencia trazamos un recorrido por los principales mitos que han rodeado la vida y los hechos del conquistador de Medellín. Entre los aspectos que analizamosdestacan sus orígenes familiares, su parentesco con Francisco Pizarro, su paso por la Universidad, el desguace de los barcos en Veracruz, el asesinato de su primera esposa y la derrota de la confederación mexica. Para una adecuada valoración de su figura es importante no extraerlo de su contexto histórico. Estaba inmerso en ese cristianismo intransigente que desde finales de la baja Edad Media había llevado al exilio a todas aquellas personas que no profesaban la religión cristiana. También formaba parte de una civilización occidental etnocéntrica que se consideraba mejor y, por tanto, con el derecho a ocupar y a civilizar a los pueblos inferiores. ¿Se le puede censurar por ello? Evidentemente no; no se le puede criminalizar por pensar y actuar de una forma que estaba generalizada en la España de su tiempo. Pertenecía a su época y, obviamente, actuó de acuerdo a lo que la sociedad de su tiempo le exigía.

 

A continuación se ofrecerá un Vino de Honor.

 

 

MARTES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 

17,30 horas:

José Luis BARRIO MOYA

Aportaciones a la biografía de la señora cacereña doña María Teresa

de Ahumada y Muñoz, camarista de la reina Bárbara de Braganza.

 

18,00 horas:

José Antonio RAMOS RUBIO y Francisco LÓPEZ MUÑOZ.

Los puentes de Trujillo

 

18,30 horas:

Teodoro MARTÍN MARTÍN.

Jardines señoriales en la Vera de Plasencia.

 

19,00 horas:

Enrique MELÉNDEZ GALÁN

Las Escuelas de Enseñanza Artística en Cáceres:

La Escuela Municipal de Artes y Oficios (1922-1932.)

 

19,30 horas:

Álvaro MELÉNDEZ TEODORO

La Raya extremeña en 1750. El Informe de Gaver (II).

 

20,00 horas:

Francisco Javier TIMÓN GARCÍA.

Don Manuel Talabán Mateos (1757-1813), el cronista accidental.

 

MIÉRCOLES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 

17,30 horas:

Jesús BARBERO MATEOS.

Usurpación del derecho a la subsistencia. Propiedad y miseria.

Una relación perversa en Torrecillas de la Tiesa

 

18,00 horas:

Pablo IGLESIAS AUNIÓN

Estructura y propiedad de la tierra en la primera mitad del siglo XIX.

Los efectos de la Desamortización Liberal en la Comarca Emeritense.

 

18,30 horas:

Juan REBOLLO BOTE y Alberto ESCALANTE VARONA

De Extremadura a Europa. El cardenal trujillano Juan de Carvajal (ca. 1400-1469): una mirada cultural y viajera.

 

19,00 horas:

Carlos María NEILA MUÑOZ

Brozas (Cáceres): 1930-1939. Diez años de historia en la vida de una localidad.

 

19,30 horas:

Jaime Martín GRADOS REGUERO

La Aljama morisca de Alcántara

 

JUEVES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 

17,30 horas:

Ángela LÓPEZ VACAS.

Cofradía de Nuestra señora de la Soledad en la Alta y Baja Extremadura. Estudio de sus ordenanzas en Fuente del Maestre (Badajoz) y su comparación con las ordenanzas de Trujillo (Cáceres).

 

18,00 horas:

Teodoro Agustín LÓPEZ LÓPEZ.

Aproximación documental a la historia del Archivo Diocesano de Mérida-Badajoz.

 

18,30 horas:

Manuel RUBIO ANDRADA y Francisco Javier RUBIO MUÑOZ.

Aproximación histórica a los inicios del caudillismo:

Hernán Cortés y Vasco Núñez de Balboa.

 

19,00 horas:

Domingo QUIJADA GONZÁLEZ

Dos Vírgenes singulares de Montehermoso: la de Valdefuentes y la Inmaculada.


19,30 horas:

Francisco RIVERO DOMÍNGUEZ.

Herminio Torres, autor de la primera película extremeña.

 

VIERNES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 

17,30 horas:

Francisco GONZÁLEZ LOZANO y María Guadalupe PÉREZ ORTIZ.

Influencia pedagógica del obispo Fernando Ramírez Vázquez (1865-1890) en el Seminario Conciliar de San Atón.

 

18,00 horas:

José PASTOR VILLEGAS, Jesús Francisco PASTOR VALLE,

Montaña Belén PASTOR VALLE.

Itinerario de Hernán Cortés en el descubrimiento y conquista de México, antecedente de la Primera Expedición Científica al Virreinato de Nueva España.

 

18,30 horas:

Ismael LÓPEZ MARTÍN.

José Cadalso y el proceso de reinterpretación neoclásica de Hernán Cortés como héroe nacional y personaje literario.

 

19,00 horas:

Martiria SÁNCHEZ LÓPEZ

El Arte Popular de la Vera.

 

19,30 horas:

Pilar BARRIOS MANZANO

Reescribiendo la historia a través de la música. Extremadura y México en tiempo de Hernán Cortés.

 

20,00 horas:

Fernando MORENO DOMÍNGUEZ, Francisco PÉREZ SOLÍS,

Alberto DURÁN SÁNCHEZ y Gregorio FRANCISCO GONZÁLEZ.

Grabados e inscripciones inéditos de la ciudad de Trujillo (Cáceres).

 

SABADO, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 

10,30 horas:

Ignacio ESCRIBANO BARTLETT

La influencia de la Segunda República y la Guerra Civil Española

en el alistamiento de los voluntarios extremeños de la División Azul.

 

11,00 horas:

Miguel Ángel GARCÍA RODRÍGUEZ.

La Cumbre: del calcolítico a la Guerra de Cuba. Su historia.

 

11,30 horas:

CAFÉ

 

12,00 horas:

Juan Pedro RECIO CUESTA

Las expediciones militares carlistas en Extremadura durante la Guerra Civil de 1833 a 1840.

 

12,30 horas:

Carlos ZAMORA LÓPEZ.

La Primera Guerra Carlista en el Campo Arañuelo: La masacre de Peraleda de la Mata.

 

18,00 horas:

ACTOS DE CLAUSURA

Entrega de premios:

Premio “Xavier de Salas” en su XXVIII Edición.

Premio, “Fundación Obra Pía de los Pizarro” en su XXI Edición.

Premio “Centro de Profesores y Recursos de Trujillo”, en su X Edición.

Premio Especial XLIV Coloquios Históricos de Extremadura.

 

DOMINGO, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2015

Viaje y visita guiada a MEDELLÍN.

Comida de hermandad.

LA AMÉRICA INDÍGENA: ¿ES POSIBLE AÚN LA REPARACIÓN?

LA AMÉRICA INDÍGENA:  ¿ES POSIBLE AÚN LA REPARACIÓN?

       A 500 años de una dolorosa relación, el mundo occidental tiene una deuda con los pueblos de nuestra América…: el reconocimiento y respeto a nuestra diversidad cultural, en lo jurídico, en lo educativo, en lo económico, en lo social y en lo político; en suma, a nuestra existencia” (Marcos Sandoval).

 

La vida y la muerte son omnipresentes en el universo, lo mismo que el principio y el fin. Sin embargo, las especies animales minimizan las lesiones y las muertes entre miembros de su propia especie por dos motivos: primero, por una cuestión de mera supervivencia de su especie. Y segundo, porque la agresividad entre dos individuos tienen grandes probabilidades de salir lesionados por lo que ambos tienen interés en eludir el combate, aceptando el mando de uno sobre los demás. Parece obvio que a los animales les sobran las razones evolutivas para minimizar los episodios agresivos entre miembros de su misma especie. No ocurre así con el ser humano que ha protagonizado a lo largo de la Historia un sinnúmero de genocidios en los que han perdido la vida cientos de millones de congéneres. De uno de esos genocidios, el de los indios americanos nos ocuparemos en este presente estudio.

Nadie duda ya que los grandes mártires de todo el proceso de expansión de la civilización occidental en América fueron los amerindios. El objetivo inicial no era su exterminio, pues se pretendía incorporar a aquellos indios útiles al trabajo productivo. Pero, la inadaptación al trabajo sistemático de una parte de los grupos indígenas, las epidemias y el desprecio con el que fueron tratados por parte del hombre blanco, provocaron la desaparición de su mundo en pocas décadas. A mediados del siglo XVI, poco más de cincuenta años de la primera arribada, su mundo había quedado traumatizado para siempre.

En toda expansión imperial hay un componente racista que se hizo más patente a partir del siglo XV cuando comenzó a sistematizarse la trata de africanos con destino a los mercados esclavistas europeos. En América latina, los colonizadores europeos implantaron una sociedad basada en el racismo. Los documentos no pueden ser más claros cuando decían: en una sociedad dominada por los blancos tienen más privilegios quienes tienen menos porción de sangre negra o india. Siglos después, el alemán Alexander von Humboldt, que recorrió América del Sur, escribió en este sentido lo siguiente:

 

En España, por decirlo así, es un título de nobleza no descender de judíos ni de moros. En América, la piel más o menos blanca decide la posición que ocupa el hombre en la sociedad”.

 

Los testimonios, pues, muestran a una sociedad en la que existía una intolerancia casticista pero también un componente racista, donde el fenotipo determinaba la ubicación de cada grupo dentro de la sociedad.

         Durante siglos, los pueblos amerindios sufrieron los atropellos de la Conquista y la colonización, todo ello justificado en pos de la expansión de la civilización. Y tras la Independencia de América latina, padecieron los mismos crímenes a manos de los criollos, esta vez justificando sus acciones en aras de la modernidad y de la reforma liberal. Regímenes liderados por criollos e incluso por mestizos como el de Justo Rufino Barrios en Guatemala, quien expandió la plantación de café expropiando no solo a la Iglesia sino también a las comunidades indígenas. Una ideología del orden y el progreso que encontraron su plasmación práctica en los regímenes populistas y autoritarios del siglo XX tampoco cambiaron esencialmente el sino de la nación india. En el siglo XX la principal preocupación de los gobiernos fue mantener el orden interno, frenar la deuda externa e intentar industrializar sus respectivos países. En la praxis ni modernizaron el país, ni frenaron la deuda, ni mitigaron los grandes contrastes sociales, ni muchísimo menos solucionaron el contencioso indígena. La mayor parte de los países se especializó en la exportación de minerales y fuentes de energía del subsuelo o de productos agrarios. Una especialización excesiva que ha creado una fuerte dependencia del exterior que les ha pasado y sigue pasando factura. Por tanto, una política desastrosa desde el punto de vista social y económico.

Pero lo más grave es que todavía en el siglo XXI siguen padeciendo vejaciones, menosprecio, usurpación de tierras y asesinatos. Por tanto el problema de los indios se inició en 1492 y ha continuado hasta nuestros días. ¿Llegará algún día su redención?, nada parece indicar que esto ocurra a juzgar por el pasado y por el presente. No obstante, debemos confiar que algún día sus reivindicaciones y el triunfo de los Derechos Humanos en todo el mundo den sus frutos.

         En las últimas décadas del siglo XX y en lo que llevamos del siglo XXI han visto la luz un sinnúmero de trabajo sobre la situación presente de los pueblos indígenas. Casi todos ellos realizados por antropólogos, etnólogos, indigenistas y juristas. Sin embargo, también los historiadores tienen mucho que decir en este proceso. No olvidemos que la Historia ha sido la disciplina secularmente utilizada por el poder para justificar y hasta legitimar la dominación. Una constante ha sido justificar el colonialismo, el imperialismo y la esclavitud en nombre de la civilización o del progreso. Es por tanto fundamental para la consolidación de los derechos indígenas el contar con historiadores que apoyen desde esta disciplina su causa. Con este trabajo pretendemos aportar nuestro granito de arena, como historiador.

El indio en Estados Unidos y Canadá ha tenido hasta la fecha un mayor protagonismo que en Iberoamérica, en primer lugar, por su presencia fílmica continua, y, en segundo lugar, por el eco que han tenido sus reivindicaciones internacionales. Famosas son las demandas por ejemplo de los indios Inuit del Canadá que lograron que las Naciones Unidas le otorgaran la categoría de ONG de ese mismo organismo.

Sin embargo no cabe duda que el problema indio es mucho más importante en Iberoamérica debido a su mayor número y a su menor integración dentro de la sociedad dominante. En Estados Unidos y Canadá se estima que la población india ronda los 2.600.000 indios, dos tercios de los cuales están integrados socialmente, mientras que el tercio restante vive en reservas. En Iberoamérica lógicamente el problema es de proporciones infinitamente mayores. Para empezar se calcula que existen en Iberoamérica entre 30 y 40 millones, aunque no existe un censo oficial lo que demuestra por otro lado el escaso interés de muchos países por la cuestión indígena. Además el problema se concentra especialmente en unos pocos países del área Mesoamericana y andina, especialmente: México, Guatemala, Perú, Bolivia y Ecuador.

         Así, por ejemplo, en México existen al menos cincuenta y seis grupos indígenas, con una población que supera el diez por ciento del total de México. Igualmente hemos de tener en cuenta que el índice de crecimiento de esta población es bastante superior al del resto de la población nacional. En algunos países andinos la población indígena es mucho más importante pues sus porcentajes oscilan entre el 30 y el 60 por ciento de la población total. El problema en la actualidad está cobrando una importancia especial por varios hechos:

En primer lugar por el acelerado crecimiento de la población indígena. Ya en 1940, tras un periodo de dos siglos ininterrumpidos de aumento de la población se alcanzó la cifra de indios que existía en 1492. Por ejemplo en México los indios han pasado de dos millones en 1890 a ocho millones en 1990, mientras que en Perú han experimentado el mismo aumento que en México aunque tan sólo en el periodo comprendido entre 1940 y 1990.

Y en segundo lugar hay que unir el hecho de la numerosa población mestiza que ,ante la miserable vida que llevan en las grandes ciudades, cada vez más se sienten identificados con la cultura indígena. No en vano según ha dicho Alfonso Caso, indio es todo aquel que se siente pertenecer a una comunidad indígena lo sea o no racialmente. Además, lógicamente indios puros no existen en América al menos si integramos dentro del concepto indio además de la raza la cultura y el idioma como defendió Manuel Gamio en su obra "Consideraciones sobre el problema indígena".

Tradicionalmente los estados han intentado -sin éxito- su integración para lograr de esta forma su cristalización como tales. No debemos olvidar que todo estado es pluriétnico, es decir, es una superestructura que se impone sobre varias étnias. No en vano, según ha afirmado Samir Amin, un estado es más un imperio que una nación, pues, representa un colonialismo interno que hace depender a las étnias del estado representativo por una etnia dominante. No en vano desde la Independencia de las Colonias muchos países han entendido el problema indígena como una cuestión de minorías nacionales. Por ello la política estatal ha estado orientada a su asimilación para lograr de esta forma la total homogeneización de la población y la integración nacional.

En la actualidad se da un auténtico conflicto entre las tesis indigenistas que pretenden la integración del indio en la sociedad blanca y el indianismo que empieza a identificarse, como ha afirmado Alcina Franch, con "un proyecto civilizatorio diferente del occidental". Además el problema indio justifica incluso bandas terroristas como Sendero Luminoso en el Perú que en realidad no es un movimiento indigenista ya que aunque lo sean racialmente muchos de sus miembros no aceptan una cultura india que consideran inferior.

 

PARA SABER MÁS

 

COQUERY-VIDROVITCH, Catherine: “El postulado de la superioridad blanca y de la inferioridad negra” en Marc Ferro (Dir.): El Libro negro del colonialismo. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005, pp. 771-837.

 

GÓMEZ ISA, Felipe: “El derecho de los pueblos indígenas a la reparación por injusticias históricas”, en Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Hacia un mundo intercultural y sostenible. Madrid, Catarata, 2009.

 

HINDE, Robert A.: Bases biológicas de la conducta humana. México, Siglo XXI, 1977.

 

MARTÍNEZ DÍAZ, Nelson: América Latina en el siglo XX. Barcelona, Editorial Orbis, 1986.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LA LACRA NACIONALISTA: EL CASO CATALÁN

LA LACRA NACIONALISTA:  EL CASO CATALÁN

        El nacionalismo ha sido una de las peores lacras que ha azotado el Mundo en la Edad Contemporánea. Responsable de la mayor parte de los enfrentamientos armados. ¿Qué si no provocó la guerra ruso-japonesa, las dos Guerras Mundiales o la de Vietnam por poner solo algunos ejemplos? También en la Guerra Civil española los nacionalismos –español y periféricos- tuvieron un peso en su desencadenamiento aunque también hubo cuestiones sociales y económicas.

        Bajo el ideario casi mítico de las nacionalidades, se esconden siempre oscuros intereses económicos y territoriales, tanto cuando se trata de un nacionalismo segregador como integrador. Y la importancia de los intereses económicos es tan determinante que no tiene nada de particular que haya sido siempre la alta burguesía la impulsora de nacionalismos como el italiano o el alemán cuando consiguieron la unificación. En ambos casos, la burguesía deseaba la unificación de sus respectivos países por el interés de un mercado más amplio para aumentar su negocio. Por eso está claro que el nacionalismo desde un primer momento se alió con el ideario liberal, y en mucha menor medida con el socialista, en la medida en que éste se proclama internacionalista. Por tanto, ya tenemos la primera idea clara: el nacionalismo siempre esconde oscuros intereses económicos, casi siempre de la élite comercial e industrial.

         Y para conseguir adhesiones consiguen implementar dos ideas falsas que la mayoría termina asumiendo: una, que las personas que viven en ese territorio poseen rasgos históricos, culturales y lingüísticos que les hermanan fraternalmente, superando cualquier diferencia clasista. Y dos, que hay un enemigo común externo del que hay que defenderse.

        En relación al nacionalismo catalán quiero empezar citando un párrafo que mi amigo y maestro Miquel Izard publicó hace ahora tres lustros, un catalán de pura cepa que nunca se ha dejado embaucar por el sentimiento nacionalista. El texto no tiene desperdicio:

 

        “Cualquier nacionalismo es esperpéntico, excluyente, irracional y racista. Hay abundante bibliografía desenmascarándolo, pero el catalán alcanza su cénit y tiene curiosas particularidades, ser muy tardío, ni pretender la clase social que lo alumbró, la burguesía a principios del 20, conquistar, como las demás, el estado sino neutralizar un arraigado proletariado internacionalista y libertario con un proyecto arrebatador, trabado y alternativo o la incapacidad de la izquierda, tras la muerte de Franco, de echar por la borda la telaraña de enredos, mentiras y trampas que habían urdido intelectuales que mudaron, cómo no, de chaqueta cuantas veces hizo falta”

 

        Muy clarividente, el nacionalismo catalán surgió como un intento de neutralizar el movimiento proletario, tan arraigado en Cataluña desde finales del siglo XIX. No previó Izard en el año 2001 que la voracidad del nacionalismo terminaría también por pedir su estado propio, como ha ocurrido a estas alturas del siglo XXI.

Cuando las tropas franquistas ocuparon Cataluña a principios del 1939 las élites burguesas no dudaron en cambiar la chaqueta nacionalista por la nueva España ultraconfesional, centralista y patriótica, mientras otros nacionalistas y separatistas de base eran represaliados.

        Y con la democracia llegó otra gran oportunidad, un nuevo cambio de chaqueta, de la élite burguesa con los Puyol, Mas y otros al frente que se volvieron a erigir en los herederos de la más rancia tradición catalanista. Estos nuevos salvadores de la patria catalana no se parecen en casi nada a aquellos nacionalistas soñadores como Companys, Cambó o Maciá. Estos son oportunistas que vienen sacando tajada política y económica a costa de engañar a la mayoría. La situación económica y social de Cataluña es delicada, pero los culpables no son sus élites nacionalistas y sus mordidas sino otra nacionalidad histórica, la española. “España nos roba” esa es la consigna para aglutinar seguidores al tiempo que les sirve de coartada para que nadie se fije en los que verdaderamente han saqueado y saquean Cataluña.

        Y lo peor de todo, es que esto no ha hecho más que empezar. La élite nacionalista ha creado un monstruo que va a afectar a todos los españoles y en particular a los catalanes. Tarde o temprano la patraña de que “España nos roba” se va a caer y va a dejar al descubierto a los verdaderos ladrones.

        Mi previsión es que va a comenzar un tedioso y aburrido tira y afloja entre las pretensiones independentistas de la élite catalana y los recursos interminables de inconstitucionalidad que planteará el estado español. Todo ello, va a crear un clima de ineficacia administrativa, al tiempo que se descuida la atención social, se acentúa la crisis económica, se destruye tejido industrial y aumenta la crispación social y política. Soy pesimista, pero al final, cuando estemos con la soga al cuello habrá que llegar a un acuerdo de mínimos entre el Estado español y la Generalitat, para encauzar la convivencia. Pero desgraciadamente antes nos tocará sufrir, seguramente durante varios años, quizás lustros.

 

PARA SABER MÁS:

 

CASANOVA, Julián: “Cataluña y España: soluciones políticas y buenos modales” Página personal en Facebook (2-9-2015).

 

IZARD, Miquel: “Himnos y baladas” Boletín Americanista año LI Nº 51. Barcelona, 2001, pp. 145-165.

 

RÉMOND, René: Introducción a la historia de nuestro tiempo. El siglo XIX, 1815-1914. Barcelona, Vicens Vives, 1983.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LOS CUADROS DE VALDÉS LEAL PARA EL CONVENTO DE SANTA CLARA DE CARMONA

LOS CUADROS DE VALDÉS LEAL PARA EL CONVENTO DE SANTA CLARA DE CARMONA

          Juan de Valdés Leal es sin duda uno de los pintores más afamados de la escuela sevillana del Siglo de Oro. Nacido en Sevilla en 1622, se trasladó pronto a la ciudad de Córdoba donde al parecer se formó como artista entre fines de la década de los treinta y principios de los cuarenta. Desconocemos quien fue exactamente su maestro aunque al menos sí que se notan en sus cuadros influjos de varios pintores cordobeses y sevillanos, como Antonio del Castillo, Juan de Uceda, Francisco Varela, Francisco de Herrera el Viejo y Francisco de Herrera el Joven.

           Pese a la enorme revalorización que ha experimentado a lo largo del siglo XX, especialmente a partir de la publicación de los trabajos de José Gestoso y Celestino López Martínez, todavía hoy es posible encontrar manuscritos inéditos sobre su vida y su obra.

           De todas las obras conocidas de su periodo de juventud, los lienzos pintados para el monasterio de Santa Clara de Carmona (Sevilla), realizados cuando contaba con tan solo 31 años, son su primera gran empresa pictórica donde hizo gala por primera vez de un gran empeño creativo.Se trata de una suma de lienzos en los que el pintor sevillano se muestra inmerso en un barroco impetuoso, evocador del espíritu rubeniano y berninesco (Pérez Calero, 1991).

           Desgraciadamente, los problemas económicos sufridos por las monjas franciscanas carmonenses a raíz de los procesos desamortizadores del siglo XIX provocaron que los lienzos fuesen vendidos en 1910 al erudito y arqueólogo Jorge Bonsor y retirados de su lugar original en los paramentos de la capilla carmonense. De manera que la dispersión ha provocado la pérdida de la coherencia iconográfica de la posición del conjunto. Se trataba de seis telas, cuatro conservadas actualmente en el Museo March de Palma de Mallorca y las dos restantes el de Bellas Artes de Sevilla. Concretamente los temas eran los siguientes: El obispo de Asís entregando la palma a Santa Clara, la Profesión de Santa Clara, el milagro de Santa Inés, la procesión de Santa Clara, la retirada de los Sarracenos y la muerte de Santa Clara.

           Pues bien, todo este conjunto de óleos se consideraba salidos del taller de Valdés Leal exclusivamente por comparación estilística y porque uno de ellos estaba firmado y fechado en 1653. Sin embargo, se desconocían múltiples aspectos relacionados con estas pinturas, como la fecha exacta del contrato, el tiempo que se empleó en su ejecución, el lugar donde fueron pintados, etc. La aparición de este documento en el Archivo de Protocolos de Carmona dio respuesta a la mayor parte de estas interrogantes. El contraro se firmó en Carmona el 1 de diciembre de 1652. El pintor declaró ser vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina y el plazo de entrega se fijó en dos meses a partir de la fecha de la carta. Un período extremadamente breve para un conjunto de varios lienzos de bran formato y de un gran acabado técnico y estético. El precio total se fijó en 3.300 reales, de los que 1.400 se abonaron en el mismo momento de la firma de la carta.

           En resumen, un valioso documento que aporta luz a una de las mejores obras de la etapa de juventud del gran pintor sevillano, uno de los más representativos de la pintura barroca española.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

          Obligación, el convento de Santa Clara contra Juan de Valdés, pintor, Carmona 1 de diciembre de 1652.

 

 

          "Sepan cuantos esta carta vieren como yo Juan de Valdés, maestro pintor, vecino de la ciudad de Sevilla, collación de Santa Marina de ella, otorgo y conozco en favor del convento y monjas de Santa Clara de la ciudad de Carmona que me obligo de hacer y pintar para la iglesia del dicho convento los dos arcos colaterales de la Historia de Santa Clara que ha de ser en lienzo, en la forma que está tratado y conferido con el dicho convento y monjas. Y lo ha de acabar dentro de dos meses que corren y se cuentan desde hoy dia de la fecha de esta escritura y por la cuarta parte de pago confieso haber recibido mil y cuatrocientos reales a cuenta de los tres mil y trecientos en que fueron concertados con el dicho convento que me han de dar como fuere haciendo la obra que han de irme dando dinero de forma que al fin del dicho tiempo me han de acabar de pagar la dicha cantidad y de la dicha cantidad otorgo carta de pago y me doy por entregado de ellos y de los dichos mil y cuatrocientos reales con lo que renuncio la ejecución de la innumerata, pecunia y leyes de la entrega, prueba del recibo como en ella se contiene y si así no hiciere y cumpliere lo contenido en la dicha escritura pueda buscar el dicho convento otro maestro del dicho oficio que le acabe y por lo que más le costare y recibido no ha de poder enviar y ejecutar a la dicha ciudad de Sevilla ni a otra parte donde estuviere y mis bienes y a la persona que a él le refiere me obligo de le dar y pagar quinientos reales de salario en cada un dia de todos los que se ocupará en la ida, estancia y vuelta las veces que fuere necesaria hasta la real paga todo lo que él pagare como lo principal con solo declaración y juramento de la parte del dicho convento o de quien su causa hubiere en que ha de quedar y queda diferido sin otra prueba de que en ello y para ellos y al cumplimiento obligo mi persona y bienes habidos y por habery doy poder cumplido bastante a las justicias y jueces de Su Majestad para la ejecución de ello y en él por oficiales de la ciudad de Carmona cuyo fuero y jurisdicción me someto con mi persona y bienes solo en razón declararme como declaro que ...

          Hecha la carta en Carmona en fecha un día del mes de diciembre del seiscientos y cincuenta y dos años y el dicho otorgante lo firmó y presentó por testigos de su conocimiento a Diego Muñoz y Agustín Franco vecinos de Sevilla estantes en esta ciudad los cuales debajo de juramento que hicieron en forma de derecho dijeron que conocen al dicho Juan de Valdés y que es el contenido que otorgó la escritura pública siendo testigos el licenciado Juan Moreno y el licenciado Francisco Romero y Francisco Nolda, vecinos de Carmona.

 

(A.P.C. Escribano Francisco Muñoz de Alanís, 1652, ff. 620-620v).

 

PARA SABER MÁS:

 

GESTOSO Y PÉREZ, José: Biografía del pintor sevillano Juan de Valdés Leal. Sevilla, 1916.

 

LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Valdés Leal. Sevilla, 1922.

 

VALDIVIESO, Enrique: Historia de la pintura sevillana. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1992.

 

VILLA NOGALES, Fernando y Esteban MIRA CABALLOS: “Un documento inédito sobre el pintor Valdés Leal”, Archivo Español de Arte Nº 295. Madrid, 2001, pp. 299-301.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

UN ESCLAVO DE RIBERA DEL FRESNO CONDENADO A TRABAJOS FORZADOS EN LAS MINAS DE ALMADÉN (1751)

UN ESCLAVO DE RIBERA DEL FRESNO CONDENADO A TRABAJOS FORZADOS EN LAS MINAS DE ALMADÉN (1751)

        En el día de ayer, me salió a la palestra este documento no único pero tampoco frecuente, sobre un esclavo de Ribera del Fresno (Badajoz) que fue donado por su dueño a servir en las minas de azogue de Almadén. Fue su propio dueño, Fernando de Brito Lobo y Sanabria el que lo denunció a las autoridades. Al parecer había mantenido una relación carnal con la sirvienta de la casa, contraviniendo el sexto mandamiento de la Ley de Dios: “No cometerás actos impuros”. Tras denunciarlo fue encerrado en la cárcel real de Ribera y poco después, donado por su dueño a servir durante tres años en las temidas minas de mercurio de Almadén. Se supone que ello le debía servir de escarmiento.

        Una medida extremadamente cruel e injusta por dos motivos: primero, porque el esclavo no hizo más que mantener una relación secreta con una sirvienta, algo que tenía prohibido, pero que no dejaba de ser natural en un chico de 25 años. Segundo, porque los propios dueños contravenían el sexto mandamiento cada vez que le daba la gana, teniendo incluso hijos con sus esclavas, ante la connivencia de todos. Y tercero, porque era casi una condena a muerte, pues la supervivencia media en Almadén se situaba entre los tres y los cuatro años. Así que no sabemos si el pobre esclavo Antonio José , mulato de 25 años sobrevivió a tal condena.

Sorprende la dureza del dueño, Fernando de Brito ya que éste liberó altruistamente a al menos tres esclavas, a saber: A María Ana el 20 de marzo de 1749, a Anselma Lucía el 18 de agosto de 1749 y a María candelaria el 4 de febrero de 1754. Pero, en realidad, este tipo de abusos era común en una sociedad que se basaba en la desigualdad por nacimiento entre los seres humanos.

 

 

Carta otorgada por Fernando de Brito Lobo y Sanabria, 26 de mayo de 1751.

 

 

        En la villa de Rivera, a veintiséis días del mes de mayo, año de mil setecientos cincuenta y uno, ante mí el escribano de su Majestad público y testigos pareció don Fernando de Brito Lobo y Sanabria, vecino de ella que doy fe Conozco y dijo tiene por suyo propio un moreno esclavo sujeto a perpetua servidumbre, llamado Antonio José, de edad de veinticinco años, el cual con poco temor de Dios y en menosprecio de el respeto y veneración que debiere tener a la casa de su señor, fue aprehendido con una criada de la misma casa, cometiendo culpas contra el sexto precepto de sus santos mandamientos. Y averiguado por los antecedentes, parece había tiempo permanecía en esta incontinencia por lo que mandó ponerlo preso en la cárcel real de esta villa donde se halla. Y para que le sirva de enmienda y a otros de ejemplo, desde luego en la mejor forma que puede y ha lugar de derecho, siendo cierto y sabedor del que en este caso le pertenece, otorga que el dicho su esclavo lo cede a Su Majestad para que le sirva en los trabajos de sus reales minas de Almadén del azogue, por tiempo y espacio de tres años, que han de empezar a correr y contarse desde el día que entre en ellas, para lo cual se le formará asiento. Y cumplidos que sean protesta se le entregue para que continúe su servidumbre, repasándose del dominio y señorío que sobre el dicho esclavo tiene y le pertenece, cediéndolo por el dicho (fol. 324r) tiempo en su servicio como queda dicho, haciendo y otorgando esta escritura, con todas las cláusulas y circunstancias y requisitos que de derecho sean necesarias para su mandato, validación y firmeza y para ello obliga todos sus bienes y rentas con poder que da a las justicias y jueces de su Majestad para que le apremien a su cumplimiento, como por sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada sobre que renuncia todas y cualesquier leyes, fueros y derechos de su favor y la general, en forma, en cuyo testimonio así lo otorgo y firmo, siendo testigos don Mateo López Barragán, presbítero, don Juan Lorenzo Pérez y Clemente de la Rocha, vecinos de esta dicha villa. Firma: don Fernando de Brito Lobo y Sanabria. Ante mí Pedro Hernández Azulado (fol. 324v).

(A,M.A. Ribera del Fresno, Pedro Hernández Azulado 1751, fols. 324r-324v)

 


ESTEBAN MIRA CABALLOS

DESMITIFICANDO AL CORSARIO: DERROTAS FRENTE AL IMPERIO

DESMITIFICANDO AL CORSARIO: DERROTAS FRENTE AL IMPERIO

        La filmoteca romántica ha ensalzado a los corsarios, asimilándolos a David en su lucha contra Goliat. Pero no nos engañemos que el pequeño derrote al gigante es un sueño que casi nunca ocurre en la realidad. Nunca se consideró fácil derrotar a una armada española, siempre ordenada y disciplinada, precisamente algo de lo que carecían los buques enemigos.

         A ello habría que añadir tres matices más: en primer lugar, que la mayor parte de estos bandidos –piratas, corsarios, bucaneros o filibusteros- murieron de manera violenta, en combate, ahogados, ajusticiados o, lo que es peor, a manos de sus propios correligionarios. Por ejemplo, Jean David Nau, conocido como El Olonés, perdió la vida a manos de los indios, cuando intentaba alcanzar el lago Nicaragua. Otros murieron en enfrentamientos con sus propios compatriotas, como Nicolás Van Horn, quien perdió la vida a manos del afamado pirata Laurent de Graff, Lorencillo, tras el asalto de Veracruz. Muy pocos, murieron plácidamente en su lecho y menos aún ricos. En segundo lugar, que estos no formaban ninguna legendaria nación corsaria sino que entre ellos había frecuentes conflictos y traiciones. No solo entre franceses, ingleses y holandeses, sino entre estos y piratas y bucaneros sin patria, e incluso entre compatriotas que no solían tener escrúpulos en asesinar a un correligionario si ello les permitía una mayor cuota de poder. Obviamente nunca fueron precisamente un modelo a imitar sino que fueron por lo general personas de la peor calaña, sin principios ni valores, dispuestos a conseguir sus objetivos a cualquier precio. El propio Alexander Oliver Exquemelin, el llamado médico de los piratas, que vivió entre ellos, se encargó de narrar con detalle sus crueldades y brutalidades. Y en tercer lugar, que se conocen bien los asaltos corsarios a ciudades y villas portuarias de la América Hispana pero no los fracasos pese a que fueron más numerosos y algunos de ellos no menos sonados. Son de sobra conocidos los asaltos de Francis Drake a Santo Domingo o a Cartagena de Indias pero apenas se habla de las derrotas que este mismo corsario y John Hawkins, sufrieron frente a las defensas hispanas. Por ejemplo, en 1568 desembarcaron en San Juan de Ulúa pero, al poco tiempo, se presentó la flota española que fondeó atónita junto a la armada corsaria. Pese a disponer la flota de un solo galeón de guerra, la capitana, se las arreglaron junto a las escasas tropas de tierra para atacar a los ingleses, hundiendo y tomando varios de sus buques, mientras que sólo dos de ellos, el Minion y el Judith consiguieron huir, abandonando buena parte del botín robado hasta ese momento. Dicen que desde entonces se escuchó decir a Francis Drake en más de una ocasión: España me debe mucho dinero… En 1575 el corsario inglés Oxenham estuvo hostigando la costa pacífica centroamericana, pero fue capturado por el capitán Pedro de Ortega, recuperado todo el botín robado y ejecutado. El 24 de enero de 1600, el corsario inglés Christopher Newport se presentó en el puerto de Santiago de la Vega de Jamaica, con nada menos que 16 buques. Mientras las campanas de las iglesias alertaban a los vecinos, el gobernador Melgarejo de Córdoba organizó la defensa. Pese a disponer de ¡una sola pieza de artillería! Se le ocurrió la idea de soltar en el momento oportuno una manada de toros bravos, al tiempo que disparaba la lombarda, desconcertando de tal manera a los corsarios que, espantados, decidieron reembarcarse. En 1623 una armada corsaria liderada por los holandeses L´Hermite y Pieter Schouten fracasó sucesivamente en sus intentos de tomar El Callao, Guayaquil, Pisco y Acapulco. Otra escuadra, comandada por Balduino Enrico, atacó San Juan de Puerto Rico, encontrándose con la valerosa resistencia del gobernador Juan de Haro, que se negó a capitular pese a que fue compelido por carta en dos ocasiones. El corsario incendió la ciudad, pero se vio obligado a reembarcarse sin haber conseguido su objetivo de rendir la fortaleza. Pero al holandés le esperaba un revés aún peor, pues desde allí se dirigió a La Habana, ciudad que no pudo tomar ante la titánica resistencia de los defensores de la plaza.

         Entre 1630 y 1654 fuerzas españolas derrotaron y expulsaron en cuatro ocasiones a los corsarios y bucaneros de la isla de la Tortuga, su verdadero santuario en el Caribe, algo así como el Portobelo corsario. Un año antes, una escuadra a las órdenes de Federico de Toledo ocupó e incendió la colonia franco- inglesa de Saint Kitts, en Guayana. Es decir, que España no sólo se defendía de las acometidas corsarias sino que también, cuando le parecía oportuno, asolaba los territorios de las potencias enemigas que no estaban ni muchísimo menos mejor defendidos que los puertos hispanoamericanos. Bien es cierto que los extranjeros no tardaban en regresar porque los hispanos no tenían potencial para ocuparlos permanentemente. Pero quede claro que si ingleses, franceses y holandeses mantuvieron sus santuarios fue por la imposibilidad de los hispanos de poblar territorios teóricamente poco productivos.

         En 1655, como es bien sabido, los ingleses obtuvieron uno de los mayores éxitos de su historia al tomar la isla de Jamaica. Pero hay un detalle que se suele obviar y que, a mi juicio, es muy significativo: el objetivo inicial era Santo Domingo, donde en inferioridad de condiciones, Bernardino Meneses de Bracamonte y Zapata, Conde de Peñalba, presentó una resistencia titánica y consiguió rechazarlos, aprovechándose de ciertas diferencias entre los asaltantes. La decisión de los ingleses de quedarse con Jamaica, cuyo acierto siempre se alabó, se tomó circunstancialmente tras desistir del asalto a la capital Primada. Asimismo, en julio de 1661 varios navíos franceses atacaron el puerto de Campeche, mientras los vecinos huían al monte. Pero al día siguiente, observando que las fuerzas enemigas no eran tan numerosas decidieron acometerlos, matando a 15 de ellos y apresando a cinco, mientras el resto debía huir precipitadamente. Finalmente, debemos añadir otras dos cuestiones: una, que los corsarios pudieron asaltar algunos puertos españoles y tomar algunas islas y territorios despoblados, pero jamás consiguieron arrebatar aquellos territorios donde los hispanos estaban bien arraigados. Y otra, que además de las derrotas corsarias y de los asaltos fallidos que suele omitir la historiografía, lo que jamás podremos cuantificar es el grado de disuasión que las defensas hispanas generaron entre sus adversarios.

         Sin embargo, a mi juicio, la España Imperial cometió dos gravísimos errores que pagó caros, a saber: primero, permitir el asentamiento permanente de enemigos en muy diversos territorios ribereños del mar Caribe. Bien es cierto que se trataba de áreas marginales y poco productivas, algunas de ellas calificadas por los propios hispanos de inútiles. Sin embargo, hubo un error de apreciación pues, al margen de su racionalidad económica, poseían un excepcional valor estratégico que la España Imperial no alcanzó a ver. La ocupación de estas pequeñas islas y de la no tan pequeña Jamaica permitió a los corsarios hostigar durante casi dos siglos a los convoyes de la carrera de Indias, convirtiendo la puerta de las Indias en un lugar tan indefenso como peligroso. La resistencia en el interior de Jamaica duró más de un lustro, en el que insistentemente pidieron ayuda externa para expulsar a los ingleses. Ésta nunca llegó, y las últimas canoas con los pocos supervivientes llegaron a Cuba en 1660. Una decisión nefasta de la que ya se lamentó el virrey Conde de Lemos en 1666 y en el siglo XVIII otros miembros del Consejo de Estado cuando ya era demasiado tarde. El Caribe debió haber sido un Mare Clausum por su importancia estratégica, al ser una ruta de tránsito obligado por todas las armadas, flotas y navíos de la Carrera de Indias. La ubicación permanente de colonias inglesas, francesas y holandesas en el Caribe se terminó convirtiendo en una auténtica pesadilla para el Imperio.

         Y segundo, claudicar ante el contrabando que fue donde realmente la España Imperial perdió la partida. A finales del siglo XVII cinco sextas partes de las manufacturas consumidas en España eran extranjeras mientras que en las colonias Hispanoamericanas la proporción se ampliaba a nueve décimas partes. Los contrabandistas eran no sólo ingleses, franceses y holandeses sino también canarios y portugueses. Estos últimos se aprovecharon de su incorporación a España para consolidar unas rutas de redistribución de manufacturas europeas desde Brasil hasta todos los confines de Sudamérica. Así mientras algunas potencias europeas se enriquecían directa o indirectamente a través del comercio indiano, sentando las bases de su ulterior desarrollo, España se desangraba, pagando ejércitos inútiles y comprando con metales preciosos esas manufacturas que nunca tuvo la voluntad ni la capacidad de producir. Estos fueron los dos imperdonables errores que a la postre darían al traste con la hegemonía Ibérica en el mundo.

 

PARA SABER MÁS:

 

Lucena Salmoral, Manuel: “Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América”. Madrid, MAPFRE, 1994.

 

Mira Caballos, Esteban: “Defensa terrestre de los reinos de Indias”, en Historia Militar de España, Vol. II. Madrid, Instituto de Historia Militar, 2012.

 

Mira Caballos, Esteban: “El sistema naval del Imperio español. Armadas, flotas y galeones”. Madrid, Punto de Vista Editores, 2015.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

RESISTENCIA Y CASTIGO DE LOS ESCLAVOS EN LA ESPAÑA MODERNA: ALGUNOS EJEMPLOS

RESISTENCIA Y CASTIGO DE LOS ESCLAVOS EN  LA ESPAÑA MODERNA: ALGUNOS EJEMPLOS

        Las relaciones entre los señores y los esclavos dependían de varias circunstancias, relacionadas siempre con el primer eslabón de la cadena que era el propietario: su carácter, su concepto de la caridad cristiana y sus propias circunstancias económicas. Con un poco de suerte, si el dueño poseía ciertos valores humanísticos o cristianos y holgura económica podía llegar la liberación. Si por el contrario, la situación financiera del mismo era precaria nunca iba a consentir perder un bien tan valioso como un esclavo, salvo que éste fuese anciano y el coste de su mantenimiento fuese superior al rendimiento de su trabajo.

        En aquellos casos en los que el esclavo se resistió o simplemente sus relaciones con su señor fueron malas, la situación para la parte más débil de la cadena podían ser dramáticas. Lo normal es que en estas condiciones lo destinara a realizar tareas sórdidas, arrendándolo o enviándolo temporalmente o de por vida a realizar alguna prestación Real. El trabajo en las minas reales de Almadén era tan duro que los dueños sólo enviaban a sus esclavos cuando creían oportuno darles un escarmiento. Rocío Periáñez detectó un caso en Cáceres en el primer tercio del siglo XVII: el de Pedro Roco Campofrío, vecino de Cáceres, que en su codicilo fechado el 11 de julio de 1632 afirmó haber tenido entre sus esclavos un niño berberisco de doce o trece años pero que por haber salido travieso y bellaco lo vendió en 30.000 maravedís a los Fúcares para que lo llevasen a Almadén (Periáñez, 2009: 392). Pero parece que la práctica se mantuvo en el tiempo no dejo de ser un recurso excepcional, usado como escarmiento por los dueños.

A juzgar por los testimonios que hemos localizado, parece que el envío a las minas Reales era tan duro y tenían tal fama que debió ser la amenaza habitual de los dueños a aquellos esclavos que no se comportaban como se esperaba de ellos. Debió constituir una forma de presión y de control del comportamiento de estas minorías aunque sólo en ocasiones puntuales y quizás extremas se llegaba a convertir en realidad. Así ocurrió en 1735 cuando Rodrigo Villalobos Moscos, vecino de Almendralejo envió a su esclavo Sebastián de 45 años, robusto y de color amembrillado por un año y medio a servir en Almadén. Los motivos que lo impulsaron a ellos no podían ser más explícitos: por haberle faltado a la obediencia y respeto que le debe tener como al tal su amo y señor y se ha ausentado de su casa, llevándose consigo a algunas mujeres de mal vivir y andaba de un pueblo a otro. Más claro aún fueron Juan Montaño y María Rengela de Guzmán, vecinos de Aceuchal, cuando fundamentaron la donación al Rey de su esclavo Juan Martínez, de color blanco, de unos 30 años, robusto de cuerpo y capaz de cualquier trabajo corporal en los siguientes términos:

 

        "El cual por justas causas que me mueven lo doy y cedo para que sirva a Su Majestad por todos los días de su vida en las Reales minas de Almadén o Espartería o en otro cualquier presidio, donde más utilidad con su trabajo pueda dar al Rey… sin que pueda el susodicho salir con su libertad de la parte donde se dé dicho destino porque mi ánimo es que perezca trabajando a beneficio de la Real hacienda, sin tener libre uso de su persona".

 

        Las palabras de sus dueños están henchidas de malas intenciones: lo envían a Almadén de por vida, para que muera allí trabajando, es decir, que la carta parece como mínimo una condena del esclavo a cadena perpetua.

        Podríamos preguntarnos, si el esclavo podía rebelarse ante la tiranía de su dueño. La única opción desesperada que le quedaba era la huida, pero apenas si recurrían a ella porque al estar marcados a hierro no tenían ninguna posibilidad de éxito. Y una vez capturado las consecuencias podían ser dramáticas para el esclavo, pues incluso podían ser enviados a galeras o a las minas de cinabrio de Almadén, de las que pocos escapaban con vida.

        Hemos documentado algunos casos sonados de huídas pero necesariamente fueron escasos y acabaron con la captura del fugado. El 19 de julio de 1710, Manuel Lorenzo, vecino de Ribera dio poder a Pedro de Torrejón para que fuese a la cárcel de los padres teatinos de Sevilla donde estaba retenido un esclavo suyo que se había fugado de su casa la víspera del día de San Pedro. El esclavo en cuestión se llamaba Joseph, de 20 años, y cuyos rasgos físicos eran los siguientes: de color tinto, de buen cuerpo, la cabeza larga (y) algo hoyoso de viruelas. Como puede observarse, el esclavo se había escapado el 28 de junio y el 19 de julio, ya sabía su dueño que estaba preso en Sevilla. Es decir que la libertad apenas le debió durar diez o quince días, aunque sorprende que pudiese llegar hasta la capital hispalense.

En 1778 encontramos otro caso de resistencia, pero muy diferente al anterior. En la localidad de La Parra vivía Francisco González y Rivera que disponía de un matrimonio de esclavos, llamados Domingo y Antonia. Tras su muerte, y dado que no tenía hijos, heredaron sus sobrinos correspondiéndole a Francisco Antonio Zalamea, vecino de Ribera del Fresno, un lote de bienes que incluía a los dos aherrojados. Pues bien, dicho matrimonio se negó a marchar a Ribera y permaneció viviendo en La Parra con sus recursos, escasos pero suficientes. Sin embargo, Francisco Antonio Zalamea, con la ley en la mano, otorgó poderes a Vicente González Máximo, vecino de La Parra para que procediese contra sus esclavos, deportándolos forzosamente y confiscándole sus bienes, con el objetivo de resarcir al demandante de sus pérdidas. No conocemos más del asunto, pero dado que al demandante le asistía el derecho y la justicia es posible que consiguiese sus objetivos y que los aherrojados fuesen expropiados y deportados de La Parra.

Como puede observarse, las posibilidades de estos pobres hombres de eludir la esclavitud o el trabajo forzado eran mínimas por no decir nulas. Ni había milagros, ni redención, ni cuentos de hadas. Habían nacido en el lugar y en el momento equivocado, y la mayoría solo se liberaba de la pesada carga de la servidumbre con la muerte. Hacen cierta la alabanza fúnebre: “Todos tratan de evitar conocerme, pero todos acaban recibiendo mi visita… Y cuando por fin me encuentran descansan…”. Muchos de estos aherrojados vieron la muerte con la esperanza de justicia y con el deseo de reencontrarse con sus seres queridos.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

¿QUÉ FUE DE LOS ESCLAVOS QUE VIVIERON EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD MODERNA?

¿QUÉ FUE DE LOS ESCLAVOS QUE VIVIERON  EN ESPAÑA DURANTE LA EDAD MODERNA?

Muchos de ellos fueron liberados al final de las vidas de sus dueños, pero en cualquier caso a partir de su abolición en el siglo XIX todos adquirieron su libertad. Sin embargo, una cosa era recuperar su libertad legal y otra escapar del servilismo laboral. No parece que su vida cambiase demasiado, siendo la principal diferencia que no podían ser vendidos, lo que no era poco y que podían disponer su alma y testar. Se suponía que cuando algún sujeto alcanzaba la condición de libre es que estaba totalmente deculturado y había asumido todos los patrones de comportamiento propios de los cristianos viejos.

Acostumbrados a la servidumbre paternalista, la libertad actuó de manera traumática. Muchos tuvieron que recurrir en los últimos años de su vida a la caridad de sus conciudadanos. El 25 de noviembre de 1733 se enterró en Santa Marta (Badajoz) la liberta Magdalena con cargo a la parroquia, y no se le señalaron misas porque era muy pobre. Éste era el triste sino de los libertos, es decir que vivieron y murieron siempre, con muy pocas excepciones, en la miseria. Bien es cierto, que su situación no debía ser peor que la de otros pobres de solemnidad, la mayoría de ellos blancos y cristianos de pura cepa, que con tanta frecuencia encontramos a lo largo de la Edad Moderna en toda Europa. Por ejemplo, en los mismos años en los que los esclavos y libertos se enterraban unos con misas sufragadas por sus dueños o señores y otros sin ellas, se hizo el siguiente asiento: el 8 de noviembre de 1684 se enterró Vicente, pobre, sin acompañamiento, no tuvo misas.

Hubo excepciones, como es el caso de María de la Trinidad, natural de Villanueva de la Serena pero avecindada en Almendralejo. Ésta, tras obtener su libertad y la de su hijo Gerónimo, llevó una vida más o menos holgada. Su negocio consistía en vender en su casa al por menor el vino que le proporcionaba Francisco Nieto Flores así como quesos de cabra que ella elaboraba y vendía. Con dicho trato consiguió comprar ocho fanegas de tierra y bastantes enseres para su casa. Además en su enfermedad estuvo asistida por Isabel Márquez y por el médico de la villa permitiéndose en su testamento disponer numerosas misas por su alma e inhumarse solemnemente en la parroquial de la Purísima. Le sobrevivieron tres hijos: Gerónimo, bautizado el 16 de octubre de 1720 y que, según su testamento era liberto, Antonia del Rosario y Marcelina Antonia, ambas esclavas y residentes la primera en Villanueva de la Serena y la segunda en Mérida. Alegando que los esclavos no podían tener bienes, deja como heredero universal de todos ellos a su hijo Gerónimo. A lo largo de toda la geografía española encontramos numerosos enterramientos de libertos en los que ellos mismos o su cónyuge dejaron algunas misas por su alma, frecuentemente una treintena.

Ahora bien, pese a todos estos inconvenientes, los esclavos siempre ansiaban su libertad. Además del orgullo de haber conseguido dicha condición para ellos y sus sucesores, su nuevo status les permitía al menos en teoría, mantener una vida pública. Dado que los esclavos no podían otorgar escrituras, muchos libertos, aunque tuviesen pocos recursos económicos, redactaban orgullosamente su testamento para disponer algún número de misas por su alma. De esta forma, además de mimetizar el comportamiento de los blancos, conseguían, según sus creencias, salvar su alma. Y en caso de no disponer de dinero, dado que seguían como criados junto a sus antiguos dueños, solían ser partícipes de la caridad de sus señores, quienes normalmente entregaban alguna limosna por que se rezasen algunos sufragios por sus almas. Sus antiguos dueños solían dejar mandas en su testamento tanto a favor de sus esclavos como de sus libertos. Además en caso de que el liberto no tuviese recursos, casi siempre era el antiguo dueño el que se hacía cargo de entregar alguna limosna para que se celebrasen un número determinado de sufragios por el alma del finado.

A partir del siglo XVIII proliferaron los libertos; sin embargo, que legalmente fuesen libres no significa que no estuviesen marginados socialmente. El estigma de la negritud, de la ilegitimidad y de la esclavitud pesó durante generaciones en los descendientes de aquellos antiguos esclavos. De hecho en una partida de defunción de la parroquia del Soterraño de Barcarrota (Badajoz), fechada el 26 de mayo de 1837 se inscribía el fallecimiento de Juan José Clímaco, septuagenario, hijo de Inés María, esclava que fue de Juan José Tovar. Es decir, décadas después, incluso, estando ya abolida la esclavitud, se señalaba el pasado servil de un liberto. Aunque se refiera a Barcarrota, el asunto debía ser similar en cualquier otro lugar de España.

Finalmente, estas alusiones terminan desapareciendo en la documentación, al tiempo que encontramos algunos enlaces formados por un liberto o liberta y otra persona libre. Todo ello nos está indicando una paulatina integración de estas familias antaño esclavas. Lo que debe quedar claro es que cuando estos esclavos fueron liberados no se marcharon a ningún sitio porque la mayoría había nacido en España o al menos había vivido aquí la mayor parte de su vida. Su tierra era ésta y aquí permanecieron fusionándose e integrándose, con más o menos dificultad, en la sociedad española.

 

APÉNDICE

 

 

Testamento de María de la Trinidad, liberta, Almendralejo, 1737.

 

          En el nombre de Dios todopoderoso amen… Sepan cuantos esta carta de testamento, última y postrimera voluntad vieren como yo María de la Trinidad, liberta, vecina de esta villa de Almendralejo y natural de la de Villanueva de la Serena, estando enferma del cuerpo y sana de la voluntad en mi libre juicio, memoria y entendimiento natural el que Dios nuestro señor fue servido de me dar, creyendo como firme y verdaderamente creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero y en todo aquello que tiene, creee y confiesa la santa madre Iglesia Católica de Roma debajo de cuya fe y creencia yo he vivido y protesto vivir y morir como buena y fiel cristiana y temiéndome de la muerte que es cosa natural a toda criatura humana y deseando poner mi ánima en verdadera carrera de salvación, elijo para ello por mi intercesora y abogada a la gloriosísima reina de los ángeles Virgen Santa maría para que interceda con su preciosísimo hijo y mi redentor perdone mis pecados y lleve mi alma al cielo y con esta sagrada invocación la de mi nombre y los de mi devoción hago y ordeno este mi testamento en la forma y manera siguiente:

          Primeramente, encomiendo mi ánima a Dios nuestro Señor que la crió y redimió con su preciosa sangre, muerte y pasión y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado. Y cuando su divina majestad sea servido darme y llevarme de esta presente vida mi cuerpo sea sepultado en la iglesia parroquial de esta villa en la sepultura que eligieren mis albaceas y acompañen mi entierro los curas y clero de esta comunidad, cruz alta y tres capas y por todo se pague la limosna que es costumbre. Y el día de mi entierro, siendo hora de celebrar y si no el siguiente se e digan tres misas cantadas con ministros por mi ánima y por ello se pague la limosna que es costumbre por mis albaceas.

          Mando se digan por mi ánima veintiséis misas rezadas de sacrificio por mi ánima y se pague la limosna acostumbrada.

          Mando se digan por penitencias mal cumplidas y especialmente a quienes fuere algún cargo otras cuatro misas rezadas y se pague por ellas la limosna que es costumbre.

          Mando a las mandas forzosas Casa Santa de San Francisco de Jerusalén, y redención de cautivos, la limosna acostumbrada con que la relevo y aparto del derecho y acción que tienen a mis bienes.

          Mando que dentro del año de mi fallecimiento o cuando pareciere a mis albaceas se me diga una misa cantada con ministros por mi ánima y por ello se pague lo que es costumbre en esta villa.

          Declaro está debiendo al señor don Francisco Nieto Flores, vecino de esta villa, ciento y cincuenta y dos reales de vellón, valor de diecinueve años de vino que me ha entregado para que le venda en mis casas a razón de ocho reales cada arroba y de dicha cantidad se deberá rebajar el dinero que yo a dicho señor di en una bota que no me acuerdo cuanto, quiero y es mi voluntad que en cuanto a esto se entre y separe por lo que dicho señor dijere y no me acuerdo deber otra cosa si con buena verdad pareciese se pague de mis bienes.

          Declaro me están debiendo lo siguiente: me debe Alonso Montes cuarenta reales de vellón; Alonso Moreno quince reales menos seis maravedís; el oficial del dicho Alonso Moreno doscientos reales y medio; Alonso López un real y veintidós maravedís; Sebastián Calas veintiocho reales; Alonso de Toro me debe ciento y dieciocho reales y un vale que me tiene hecho a cuya cuenta me ha dado quince reales y me resta deber ciento y tres, todas las cuales dichas deudas se cobren por mis albaceas y las demás que pareciere debérseme.

          Declaro tengo por mis hijos a Gerónimo de la Cruz, liberto, a Antonia del Rosario, esclava de don Pedro Godoy, vecino de la villa de Villanueva, y a Marcelina Antonia, esclava de Fernando de la Rocha, vecino de la ciudad de Mérida, declárolo así para que conste.

          Declaro que los bienes con que al presente me hallo y he adquirido durante mi libertad y que me había dado a ganar el dicho mi hijo son como siguen: ocho fanegas de garbanzos colmados; como dos arrobas de quesos de ovejas; una tarima de cama; dos colchones de sábanas; dos almohadas, la una con henchido, todo muy usado; un arca de pino con su cerradura; un manto de anascote viejo; una basquiña de bauta negra muy vieja; una saya de de bayetilla verde servida; doce camisas de mucho uso servidas; otra arca de pino con cerradura; cuatro mesitas grandes y pequeñas; cuatro tinajas pequeñitas de rollo; cuatro bancos tordos de corcha y dos de tabla; una caldera mediana; un calderito nuevo; un almirez; un peso de balanzas; con sus pesas; otro peso de garfios; tres candiles viejos; tres asadores; un gato de hierro; dos pares de atriles; dos escopetas; una espada; tres jergas servidas; un costal también servido; dos toallas con encajes servidas; unos manteles viejos; un cazo pequeño; y dos sartenes muy viejas, declárolo así para que en todo tiempo conste.

          Mando por vía de limosna se le dé luego que yo fallezca a Isabel Márquez, mujer de Juan Carrasco, vecina de esta villa, el manto de anascote, saya negra y dos camisas que llevo declarado entre mi testamento en atención a estarme asistiendo en mi enfermedad y le pido me encomiende a Dios.

          Asimismo mando por vía de limosna a Juan Benítez, mi sobrino, una saya de bayetilla verde usada que llevo declarado para que de ella haga un jubón y forre una casaca y le pido me encomiende a Dios.

          Quiero y es mi voluntad que de lo más pronto de mis bienes se pague por mis albaceas los medicamentos de botica que estuviere debiendo y asistencia que me ha hecho el médico de esta villa en la presente enfermedad que padezco.

          Y para cumplir y pagar este mi testamento nombro por mis albaceas al señor don Fernando Bolaños Golfín y al dicho Gerónimo de la Cruz, mi hijo, liberto vecino de esta villa y a cada uno de por sí, insolidum, a quienes doy poder cumplido para que de lo mejor y más bien parado de mis bienes cumplan y paguen este mi testamento, vendiendo los que bastaren en almoneda o fuera de ella como les pareciere y aunque sea pasado el año del albaceazgo para que les prorrogo el término necesario hasta su entero y debido cumplimiento.

          Y cumplido y pagado este mi testamento, mandas y legados en él contenidos en el remanente que quedare de todos mis bienes, derechos y acciones que en cualquier manera me toquen y pertenezcan respecto que las dichas mis hijas que llevo declaradas en este mi testamento están y se hallan sujetas a esclavitud y no pueden ni deben haber cosa suya propia por su esclavitud, nombro e instituyo por mi único y universal heredero de todos ellos al dicho Gerónimo de la Cruz, mi hijo, liberto, para que los haya, lleve, goce y herede con la bendición de Dios y la mía y vean que es mi ultima y determinada voluntad y le pido me encomiende a Dios.

          Y por este mi testamento revoco y anulo y doy por ninguno todos otros cualesquiera testamentos, mandas, codicilos o legados que antes de este haya hecho y otorgo por escrito o de palabra que quiero no valgan ni hagan fe en juicio ni fuera de él, salvo éste que al presente hago y otorgo que quiero que valga por mi testamento o escritura pública o como mejor por derecho lugar haya en cuyo testimonio así lo otorgo ante el presente escribano público y testigos en la villa de Almendralejo, en veinte días del mes de noviembre de mil setecientos y treinta y siete, siendo testigos Clemente Antonio Barroso, Alonso Martínez Moriano y Pedro Sánchez, todos vecinos de esta villa y esta otorgante a quien yo el presente escribano doy fe que conozco no firmó por no saber, a su ruego lo hizo uno de los dichos testigos y fueron asimismo llamados y rogados para el otorgamiento de este testamento de que doy fe.

(Archivo Municipal de Almendralejo, escribanía de Lucas Francisco Rodríguez de Vitoria 11737, fols. 29r-30v).

 

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