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REPENSANDO LA LEYENDA NEGRA

REPENSANDO LA LEYENDA NEGRA

En general, existe una vetusta, inútil y árida controversia entre los que han alegado y alegan la Leyenda Negra y los que lo hacen de la Leyenda Rosa. Las posturas se pueden sintetizar en pocas palabras: los primeros defienden el carácter colonizador de los anglosajones que arribaron a los nuevos territorios para construir hogares, mientras que los españoles no llevaban intención de poblar sino tan sólo de saquear para regresar prestos a sus lugares de origen. Los segundos, cuentan la historia a la inversa, los españoles fueron los grandes colonizadores, generando un corpus legal que protegió a los aborígenes, frente a los ingleses, que realizaron campañas de exterminio consecutivas, primero en las montañas de Escocia, luego en Irlanda y finalmente en sus colonias. Posturas extremas e irreconciliables que no constituyen más que una simplificación que desvirtúa la realidad histórica. Todo ello ha provocado un cierto cansancio tanto en la opinión pública como en la historiografía. Las últimas tendencias historiográficas, encabezadas por Fernández-Armesto, Serge Gruzinski y Jorge Cañizares-Esguerra, tienden a disminuir las diferencias entre la colonización puritana inglesa y la católica española. No existió esa contraposición que la historiografía ha defendido y ambos procesos colonizadores tuvieron muchos puntos en común.

Sobre la Leyenda Negra se han vertido ríos de tinta, desde el siglo XVI hasta el mismísimo siglo XXI. Ésta tuvo varias vertientes, fundamentalmente la Inquisición, la política de Felipe II en los Países Bajos y la conquista de América. Nos referiremos especialmente a la última aunque en realidad la base era la misma: se trataba de culpar a España por una forma de actuar especialmente bárbara, cuando en realidad se comportó exactamente igual que los demás países de Europa en aquella época. Como escribió Philip Powell, en la Conquista se cometieron atrocidades, sin embargo hay sobradas razones para pensar que los ingleses, holandeses, franceses, belgas, alemanes, italianos y rusos, en circunstancias similares en el siglo XVI, se hubiesen comportado tan mal o peor.

La vertiente americana de la Leyenda Negra se basó en la manipulación malintencionada de textos manuscritos e impresos, especialmente los del padre Las Casas. Se ha dicho, erróneamente que la Leyenda Negra nació en España. En este sentido, Powell, citando a un tal Bartrina, expone una estrofa que ridiculizaba la actitud crítica de los hispanos consigo mismos:

Oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar dónde vio la luz del sol: si os alaba Inglaterra, será inglés; si os habla mal de Prusia, es un francés; y si habla mal de España, es español.

 

Pura falsedad porque ya hemos dicho que la Leyenda Negra no nació en España, ni partió del padre Las Casas. Más bien, la iniciaron determinados panfletistas y escritores de muy diversos países europeos, sobre todo franceses, holandeses, ingleses, alemanes, italianos y flamencos. Ya en 1579 se editó en Amberes la Brevísima aunque, modificando malintencionadamente el título: Tiranía y crueldades de los españoles perpetrados en las Indias Occidentales… Aunque sutil, el cambio de intitulación es clave porque Las Casas no sólo culpó a los españoles de la destrucción de las Indias, sino a todos los participantes en la empresa, incluidos los alemanes, los portugueses o los italianos. El editor belga Teodoro de Bry, en 1597, imprimió una edición de la Brevísima con una selección de 16 xilografías sensacionalistas, donde se plasmaba la crueldad extrema de la Conquista. De Bry, un protestante que sentía un odio acendrado hacia la España Imperial, fue uno de los que más influyó en la consolidación de esta patraña. Para ello no dudó en pervertir los ideales del dominico, cuyo objetivo no podía ser más caritativo: la defensa de los indios. En cambio, el belga no actuó movido por ningún afán pío sino con la envidiosa idea de desprestigiar al Imperio de los Hamburgo y a su empresa colonizadora.

La principal perversión consistía en presentar la brutalidad como una particularidad típica del carácter hispano. En la edición alemana de la Brevísima, fechada en 1597, el traductor, tuvo a bien incluir una nota dirigida al lector en la que advirtió de la crueldad innata de los españoles. Una inhumanidad propiamente hispana que se debía –afirmaba el citado traductor- a la expulsión de los padres godos, a la contaminación sarracena y a la imitación del orgullo judío. Se despachó a gusto el germano, atribuyendo la crueldad a la influencia árabe y judía. Su opinión no podía ser más racista y agraviante no sólo para los españoles sino también para los islámicos y los hebreos. En cambio, las demás naciones europeas –cómo no- estaban habitadas por personas dotadas de altos valores humanos. Esta idea estuvo ampliamente difundida en la Europa Moderna.

Pero, la realidad es que se trata de opiniones tan gratuitas como infundadas. Y no es que la Conquista no hubiese estado presidida por la crueldad sino que desgraciadamente ésta ha sido un elemento omnipresente en el mundo, al menos desde los orígenes de la civilización. Ya en el siglo XVII escribió el obispo Juan de Palafox, en una línea bastante determinista, que la malicia era inherente a la naturaleza humana como se demostraba desde la primera culpa de Adán, aun dentro del Paraíso.

Como veremos, en América sí hubo un etnocidio sistemático y, más puntualmente, un genocidio moderno o arcaico. Digno es reconocerlo. Ahora bien, también hay que decir que los españoles actuaron exactamente igual que otros pueblos de occidente, antes y después. Además tampoco podemos olvidar que, en los patrones morales de la época, las matanzas, las torturas o las amputaciones eran algo común que en absoluto escandalizaban. Pero esto no puede ser un eximente a la hora de analizar el pasado. Está claro que la Conquista fue una guerra y, como todo enfrentamiento armado, conllevó un sin fin de excesos; ya lo dice el viejo refrán: en el amor y en la guerra todo vale. Sin embargo, dado que la Historia está desgraciadamente plagada de conflagraciones en las que se vivieron hechos similares, no parece lícito, ni justo escandalizarse por la actuación española. Moreno Fraginals, nada sospechoso de hispanofilia, ha escrito que La Leyenda Negra fue creada en los siglos XVI y XVII por ingleses y holandeses, manipulando información, precisamente ellos, los dos imperios de más bárbaras depredaciones que conociera la historia moderna. De hecho, a la par que España conquistaba cruelmente las Indias, los ingleses hacían exactamente lo mismo en Irlanda, y con estrategias muy similares. Y años después perpetraron un genocidio en toda regla con los indios norteamericanos, al igual que los holandeses en sus colonias del Extremo Oriente.

De alguna forma la Leyenda Negra fue la respuesta de muchas naciones europeas ante el liderazgo mundial que en esos momentos ostentaba el Imperio de los Austrias. Por ello, no le faltaba razón al cronista Antonio de Solís, cuando escribió que todo fue un montaje por la envidia que los extranjeros sentían de España que no pueden sufrir la gloria de nuestra nación. Ya en el siglo XVII, Francisco de Quevedo se posicionó en esta misma línea al titular uno de sus sonetos de la siguiente forma:

Advertencia a España de que así como se ha hecho señora de muchos, así será de tantos enemigos envidiada y perseguida, y necesita de continua prevención por esa causa.

 

El Imperio de los Habsburgo no solo fue combatido por la fuerza de las armas sino también con la propaganda, atribuyendo a sus vasallos todo tipo de perversiones. De esta forma, las potencias europeas consiguieron minar la reputación de los hispanos en toda Europa. Fue Michel Montaigne quien ya en el siglo XVI criticó con saña a la España Imperial, señalando la crueldad como un rasgo típico de la forma de proceder de los hispanos. España se defendió con escaso éxito, al menos fuera de sus fronteras. Como bien se ha escrito, en el siglo XVI los reinos hispánicos ganaron casi todas las batallas menos la de la propaganda. Y esta Leyenda Negra ha perdurado hasta la Edad contemporánea. De hecho, en 1898, Luís Vega-Rey publicó un libro, titulados muy significativamente, Puntos negros del Descubrimiento de América, en el que enumeró todas y cada una de las atrocidades cometidas en las primeras décadas de la ocupación española del Nuevo Mundo.

Pero, ¿tales argumentos han podido sobrevivir en los siglos XX y XXI? Aunque parezca increíble, en parte sí. Philip W. Powell investigó decenas de manuales alemanes, italianos, franceses y estadounidenses del siglo pasado y con sorpresa pudo verificar su vigencia. Incluso, apologistas de la Conquista, como el venezolano Rufino Blanco- Fombona, no tuvo empacho en describir la crueldad como un rasgo definitorio de los hispanos, prueba de lo cual –decía- era la insensible antropofagia que cometían al comer jamón crudo. Más sorprendente es que historiadores de la talla de Georg Friederici se manifestaran en esta misma línea, al decir que los españoles, desde tiempos del Cid, se caracterizaron por un marcado rasgo de crueldad. Bien es cierto, que Friederici era un alemán que se enorgullecía de haber luchado por su país en la II Guerra Mundial. Y dicho sea de paso que pueblos germanos como los godos, los suevos y sobre todo los vándalos no se caracterizaron precisamente por su humanidad. El mismo término guerra procede de la voz germánica werra, un grito de combate, que pasó al alemán como wehr y al inglés como war. Sea como fuere, su testimonio no tiene desperdicio por lo que lo extractamos en las líneas que vienen a continuación:

El escritor francés-canadiense Garneau habla de la fría crueldad como característica de los españoles. Si, entre los pueblos del occidente, esta cualidad no puede decirse que fuera, ni mucho menos, patrimonio exclusivo de los españoles, no cabe duda de que desde los días del Cid hasta los tiempos que aquí tratamos, toda la historia de los pueblos de la Península Ibérica, unidos para formar la nación española, se distingue por un marcado rasgo de crueldad.

 

Mucho más recientemente, Carlos Alberto Montaner que la intolerancia era un rasgo propio y definitorio del homo hispanicus que desgraciadamente habíamos transmitido a Hispanoamérica. Y aunque es cierto que una parte de nuestra historia ha estado marcada por la intransigencia, afirmar que es un rasgo intrínseco del hispano, es tan excesivo como falso. Pero lo más triste de todo es que, como escribió el bilbaíno Esteban Calle Iturrino, los propios españoles nos hemos terminado creyendo la Leyenda Negra.

No obstante, también hay que destacar, desde mediados del siglo XX, una cierta corriente de simpatía en algunos círculos intelectuales europeos hacia la Historia de España. Desde ese momento comenzaron a aparecer numerosos hispanistas en Europa que se apasionaron con nuestro pasado. Morel Fatio, maestro de Marcel Bataillón, escribió que a España se le debía amar por haber cerrado el paso a los árabes, por haber salvado a la cristiandad en Lepanto y por haber implantado la civilización europea en el Nuevo Mundo. Sus palabras resultan exageradas, pero lo cierto es que tras él vinieron un amplio grupo de historiadores europeos que se apasionaron con nuestra historia, creando cátedras de estudios Hispánicos en diversas universidades europeas.

Si los rescoldos de la Leyenda Negra han llegado a nuestros días, se ha debido a dos motivos: el primero, a una estrategia de algunos nacionalismos actuales de Iberoamérica que se autoafirman en oposición a lo español. Y el segundo, a una errada estrategia de la historiografía hispanista, consistente en contrarrestar la Leyenda Negra con la Rosa que, por supuesto, negaba todos los horrores. Basta echar un vistazo al libro de Julián Juderías para encontrar mil y un cantos a la labor civilizadora española en el mundo y a los valores excepcionales de sus gentes. Según este autor, fruto de genuinos cruces raciales, a finales del siglo XV se había completado la mezcla:

El pueblo español estaba hecho, y ninguno en Europa podía competir con él en valor, en cortesía, en ciencia, en política y en artes…

 

No menos apasionado se mostró M. Siurot cuando afirmó que España fue en el siglo XVI más generosa, humana y demócrata, que cualquier nación del siglo XX. Increíble, pero por negar se ha negado hasta el carácter despótico de la Inquisición. En 1954 Antonio Ramis Bennasar, instructor profesor del Frente de Juventudes, se lamentaba de las injustas críticas que había recibido este Santo Tribunal, pese a la beneficiosa influencia que se dejó sentir en España. Justo una década después, el historiador Manuel Serrano de Haro, también del Frente de Juventudes, escribió que, pese a las infundadas críticas, la Inquisición española encerraba verdaderas maravillas de delicadeza y que era asombrosa por el espíritu de caridad que la inspiraba. Hombre, es cierto que la Inquisición no empleó necesariamente métodos diferentes a la de otros tribunales civiles españoles y europeos, pero de ahí a atribuirle un espíritu caritativo o una forma de actuar delicada media un abismo. Quemar en la hoguera a herejes previamente torturados no parece precisamente sutil. A partir de ahí se han negado todo tipo de malos tratos sobre los aborígenes. En el caso que ahora nos ocupa, la Leyenda Rosa, al igual que la Negra, tuvo sus orígenes en el mismo momento de la Conquista. Tanto Cristóbal Colón como el oidor y Adelantado Lucas Vázquez de Ayllón justificaban las muertes de los indios por su propia debilidad física. Este último decía que eran gentes que de solo vivir en orden mueren aunque sea holgando. Por su parte, Rómulo Carbia negaba que la violencia hubiese sido una conducta normal en la Conquista. Postura tan insostenible como absurda porque, como ya hemos afirmado toda guerra implica necesariamente violencia, y en grandes dosis. De hecho, como afirmó Clausewitz, poner límites a esa violencia, aunque el otro bando tenga un potencial muy inferior, supone correr riesgos tan grandes como innecesarios. Lo que sí es cierto es que la Conquista no fue ni más ni menos cruel que la ocupación romana de las Galias, que la Reconquista, que la conquista del oeste norteamericano, que la II Guerra Mundial -55 millones de muertos- , o que la guerra de Vietnam. Sin duda, los genocidios del siglo XX, especialmente las dos Guerras Mundiales, han superado por goleada las salvajadas cometidas por los hispanos en el siglo XVI.

En las últimas décadas la posición de los que niegan los malos tratos y el genocidio se ha visto reforzada por los estudios sobre el impacto de las epidemias, que se han configurado como la principal causa de mortandad. Por citar un ejemplo concreto, en un minucioso estudio sobre los mayas del occidente guatemalteco en el siglo XVI, su autor concluye diciendo que las epidemias fueron la causa fundamental y casi única de la despoblación. Pues mire usted, que las epidemias fueran la principal causa de la despoblación parece bien fundamentada pero que fuera casi la única suena tan excesivo como increíble, entre otras cosas porque la multicausalidad está presente en casi todos los hechos históricos. Es obvio que ni todos o casi todos murieron por las enfermedades, ni tampoco que lo hicieron por la tiranía ejercida por los vencedores; ambas posiciones implican una simplificación que necesariamente falsea la realidad.

Ya hace casi medio siglo que Ángel Losada advirtió que la única vía para replicar la Leyenda Negra era asumir las verdades que contiene y contextualizarlas, para de esta forma demostrar que los españoles actuaron igual que otros pueblos europeos en la Edad Moderna. En mi opinión ésta es la clave. Durante demasiado tiempo la historiografía española se ha empeñado tozudamente en negar el genocidio en vez de negar la Leyenda Negra. En realidad, los españoles ni inventaron el genocidio, ni desgraciadamente fueron los últimos en perpetrarlo. La destrucción del más débil a manos del más fuerte ha sido una práctica recurrente desde la aparición de la civilización hasta pleno siglo XXI. Las consecuencias del posicionamiento de los que defendían la Leyenda Rosa, fue la creación de dos grupos de pensamiento absolutamente irreconciliables, ambos con sus testimonios más o menos sesgados, que ha evitado durante siglos el entendimiento.

Esta injusta Leyenda Negra, inventada por las potencias opositoras, solo desaparecerá cuando los españoles reconozcamos sin problemas los excesos que realmente se produjeron en el sometimiento del Nuevo Mundo. Mientras luchemos contra la leyenda con más leyenda, ésta prevalecerá sobre la historia. Ya es tiempo de cambiar el concepto y la celebración de la Hispanidad, rescatarla del carácter tradicionalista, sectario y conservador que la ha presidido. Como escribió Carlos Alberto Montaner, la mejor forma de celebrar la Hispanidad sería honrando el origen común de los pueblos hispánicos, y reconociendo libre y objetivamente un pasado y un presente conflictivos.

Nosotros en este ensayo queremos superar todas estas cuestiones; no se trata de acusar a los españoles de los males pasados y presentes de Hispanoamérica, ni tampoco de disimular o ablandar con falsos discursos lo que allí ocurrió. ¿Qué potencia colonial a lo largo de la Historia no ha practicado el genocidio? La historia de la humanidad es por desgracia la crónica de la imposición del más fuerte sobre el más débil. Y esta percepción no es nueva, ya en el siglo I a.c. el historiador griego Dionisio de Halicarnaso aseguro que esta dinámica constituía una ley de la naturaleza que nada ni nadie podría cambiar. Y es que la guerra ha sido una constante en la historia de la humanidad, pues prácticamente todas las sociedades han compartido esa alternancia entre la guerra y la paz. En este sentido ha llegado a escribir Robert Ardrey, con grandes dosis de pesimismo, que el hombre se diferenció del chimpancé cuando durante miles de años de evolución hizo del hecho de matar una profesión. Y es que paradójicamente, como escribió Michael Nicholson, la guerra es una actividad genuinamente humana, una de las ocupaciones favoritas de la humanidad. Efectivamente, a lo largo de la historia han existido multitud de personas que han sostenido que las guerras eran tan inevitables como necesarias. Por poner un ejemplo concreto, el escritor del Siglo de Oro Francisco de Quevedo, sostenía que la guerra era inexcusable para conseguir la paz y de paso frenar la soberbia de los turcos y extirpar la idolatría de los indios. Y aunque obviamente no estamos en absoluto de acuerdo con este determinismo lo cierto es que encontramos enfrentamientos bélicos desde la misma Prehistoria. De hecho, se han localizado pinturas rupestres del Mesolítico, con más de 15.000 años de antigüedad en las que se pueden observar pequeños grupos tribales en pleno combate arrojándose flechas. Pero sin salir del continente americano, los taínos, procedentes del continente y mucho más evolucionados, habían irrumpido siglos atrás en las Antillas Mayores, arrinconando a los macorises y siboneyes hasta convertirlos en residuales. Estos vivían de la caza y la recolección en un estadío casi paleolítico y quedaron al borde de su extinción. Cuando los españoles llegaron a las Antillas exterminaron a los taínos en medio siglo, pero a su vez estos estaban comenzando a ser desplazados en determinadas áreas por los belicosos caribes que estaban en proceso de expansión, afectando particularmente a la isla de Puerto Rico.

Como ha escrito Ricardo García Cárcel no se puede estar a favor ni en contra de la Leyenda Negra porque como su propio nombre indica no se trata más que de eso, es decir, de leyenda. Tanto la Leyenda Negra como la Rosa, creadas por antiespañolistas y españolistas respectivamente, parten de la manipulación documental y abocan a conclusiones parciales y tendenciosas que no son más, como decía Moreno Fraginals, que una sola gran mentira.

En definitiva, las diferencias evolutivas entre las civilizaciones indígenas y las europeas eran en cualquier caso abismales. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, es decir, la aniquilación del más débil a manos del más fuerte. Así ha sido la Historia con mayúsculas y por desgracia no parece que esta situación vaya a cambiar al menos a corto o medio plazo.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CARBIA, Rómulo: La Leyenda Negra. Madrid, 1944.

 

GARCÍA CÁRCEL, Ricardo: La Leyenda Negra. Madrid, Alianza Universidad, 1992.

 

HERNÁNDEZ CUEVAS, Juan Carlos: “La Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias y la Leyenda Negra americana”, Espéculo. Revista de Estudios Literarios, N. 34. Madrid, 2007.

 

JUDERÍAS, Julián: La Leyenda Negra. Estudios acerca del concepto de España en el extranjero. Madrid, Nacional, 1960.

 

MAQUEDA ABREU, Consuelo: “Extranjeros, Leyenda Negra e Inquisición”, Revista de la Inquisición N. 5. Madrid, 1996.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Conquista y destrucción de las Indias. Sevilla, Muñoz Moya, 2009.

 

MOLINA MARTÍNEZ, Miguel: La Leyenda Negra. Madrid, Editorial Nerea, 1991.

 

POWELL, Philip W.: La Leyenda Negra. Un invento contra España. Barcelona, Áltera, 2008.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

CRISTÓBAL COLÓN: UN ENIGMA QUE CONTINÚA EN EL SIGLO XXI

CRISTÓBAL COLÓN: UN ENIGMA QUE  CONTINÚA EN EL SIGLO XXI

Hace ya más de quinientos años, víspera de la Ascensión, murió en la entonces villa de Valladolid el Almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón. Aunque pueda parecer extraño en la actual sociedad de la información, y después de haberse dedicado a su figura cientos de monografías, todavía existen en torno a él infinidad de enigmas. Desde su lugar de nacimiento, hasta su formación, su lengua materna, la existencia de un posible protonauta o el lugar en el que reposan sus restos mortales.

Sin duda, cabría preguntarse: ¿a qué se ha debido esta incertidumbre en torno a su vida? La respuesta no admite dudas: todo el embrollo lo provocó el propio Cristóbal Colón. Él, apenas se refirió a sus orígenes familiares, administrando la verdad, como afirmó Salvador de Madariaga, con notoria cautela. Y en este mismo sentido, afirmaba Paolo Taviani que Colón desarrolló la costumbre de no contar nunca toda la historia a una sola persona, de descubrir siempre sólo una parte del argumento, contribuyendo notablemente al misterio y a la confusión en torno a su persona. Y es que el Almirante tan sólo habló en una ocasión de su nacimiento genovés, concretamente en la escritura de mayorazgo, fechada el 22 de febrero de 1498, en la que afirmó rotundamente haber venido al mundo en dicha ciudad de la Liguria italiana. Pero jamás se refirió a sus padres, ni por supuesto a su infancia en la ciudad del Tirreno. Posteriormente, los intereses creados en torno a la herencia del Ducado de Veragua, provocaron que, en el mismo siglo XVI, desaparecieran documentos claves, como, por ejemplo, el testamento de 1502 que fue buscado sin fortuna por sus herederos a mediados de la decimosexta centuria.

Su hijo y biógrafo, Hernando Colón, acentuó aún más la confusión, pues, no sólo ocultó información sino que mintió claramente cuando afirmó, en su Vida del Almirante, no tener claro de dónde era natural su padre. Y es obvio que faltó a la verdad, por dos motivos: en primer lugar, porque parece bastante improbable que, siendo su hijo, no conociera la patria de su progenitor. Y en segundo lugar, porque en su testamentó, otorgado en Sevilla, el 3 de julio de 1539, se mostró mucho más sincero al señalar Génova como la cuna de su padre. Es evidente, como afirmó Antonio Ballesteros Beretta, que no existiría el problema de su patria si Hernando Colón hubiese dicho la verdad que intencionadamente ocultó.

La motivación exacta la desconocemos pero parece obvio que, tanto uno como otro, pretendían ocultar algo relacionado con su pasado, probablemente su baja alcurnia, o incluso, un posible origen semita, como argumentó Madariaga.

La cuestión del predescubrimiento parece mucho más irresoluble. Si existió o no el tal Alonso Sánchez de Huelva, nunca lo sabremos con seguridad. Colón tuvo tiempo de ocultar la mayor parte de las evidencias. Y de hecho, las que disponemos son circunstanciales y nunca podrán ser concluyentes.

En cuanto al lugar donde reposan sus restos ha habido una disputa histórica entre la tesis dominicana y la española. El problema radica en el hecho de que Colón fue inhumado y exhumado en seis ocasiones. Su primera sepultura estuvo provisionalmente en la propia Valladolid, donde falleció, lugar desde el que se trasladó poco después al monasterio de las Cuevas de Sevilla. Su cuerpo debió permanecer allí hasta 1543 o 1544 en que se trasladó a la Catedral de Santo Domingo, siguiendo los deseos de doña María de Toledo, nuera del descubridor. Más de dos siglos después, y concretamente en 1795, después de la firma de la Paz de Basilea por la que se entregó a Francia la parte oriental de la Española, las autoridades decidieron trasladar sus restos a La Habana. Nuevamente, en 1898, ante el inminente abandono de Cuba, se decidió trasladar a la Catedral de Sevilla, donde se enterró en la cripta de los Arzobispos. Finalmente, en 1902, se inhumó definitivamente en el monumento funerario que para tal efecto labró el escultor Arturo Mélida.

El debate se inició a partir de 1877 cuando, en unas obras de remodelación del presbiterio de la Catedral de Santo Domingo, se localizó una urna con una serie de inscripciones, entre ellas las iniciales "C.C.A.", que obviamente se quiso desglosar como "Cristóbal Colón, Almirante". Inmediatamente después, Monseñor Rocco Cocchia, publicó una enfervorizada pastoral comunicando el hallazgo al mundo. Desde ese momento, los historiadores dominicanos se centraron en destacar el error cometido por los españoles cuando precipitadamente, en 1795, se llevaron por equivocación los restos del II Almirante Diego Colón, en vez de los de su padre, Cristóbal Colón.

En estos momentos se están practicando las más modernas técnicas genéticas a los supuestos restos del Almirante de la Catedral de Sevilla. Se trata de un equipo de investigadores, dirigidos por el doctor José Antonio Lorente Acosta, del laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada. ¿Será la ciencia capaz de resolver los enigmas colombinos? Probablemente no; los propios investigadores ya han adelantado que las conclusiones pudieran no ser definitivas. Para empezar el gobierno dominicano no ha permitido la exhumación de los restos, conservados en el mausoleo del Faro al Descubridor. Pero es que los de la Catedral de Sevilla son apenas unos fragmentos y en pésimo estado de conservación. Ya en la exhumación que se hizo hace un siglo se escribió, en acta notarial, que sólo había unos fragmentos de hueso y canillas. En un primer avance, Marcial Castro, del equipo de investigadores de Granada, acaba de publicar que los pocos restos de Sevilla sí parecen corresponder a los del descubridor de América. Pero rápidamente los dominicanos han salido al quite para decir que los demás restos óseos los tienen ellos. Este extremo es difícilmente creíble, pues, o hubo equivocación en 1795 y se quedaron en Santo Domingo, o acertaron en dicha exhumación y están en Sevilla. Pero la polémica está servida.

En definitiva, todo parece indicar que los enigmas colombinos sobrevivirán al siglo XXI. Si los resultados no van a ser concluyentes siempre habrá quien continúe la controversia. Y es que el Almirante hace tiempo que dejó de ser historia para convertirse en leyenda. Cinco siglos después el enigma continúa.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LA ESTRUCTURA SOCIAL Y ECONÓMICA DE TALAVERA LA REAL (BADAJOZ) A TRAVÉS DEL CENSO DE 1561

LA ESTRUCTURA SOCIAL Y ECONÓMICA DE TALAVERA LA REAL (BADAJOZ) A TRAVÉS DEL CENSO DE 1561

        Para el estudio de la demografía, la sociedad y la economía en el Antiguo Régimen tenemos un problema de fuentes. Existen muy pocos datos estadísticos, son recuentos parciales, tienen una escasa fiabilidad y su único objetivo es proporcionar información fiscal. El gran problema de los datos pre-estadísticos es que aportan menos de lo que necesitaríamos saber para realizar una verdadera crítica de las fuentes en relación con las circunstancias de su aparición, sus finalidades prácticas y los métodos utilizados (Kula, 1977: 341). Antes del Catastro de Ensenada de mediados del siglo XVIII apenas si disponemos de unos cuantos censos de población, como el de Tomás González de 1588 o los de 1665, 1691 y 1718. Incluso de los realizados en el siglo XVIII, es decir los de Ensenada, Aranda, Floridablanca y Godoy, salvo del primero, de los demás todo el mundo desconfía (Fernández de Pinedo, 1980: 17).

        En medio de este panorama, el padrón de vecinos de Talavera es una fuente valiosísima. El original se conserva en el Archivo General de Simancas y fue publicado en 1986 (Alba López, 1986: 103-105). Sin embargo, el autor lo incluyó en un apéndice documental sin añadir ni un solo comentario. En mi opinión se trata de una fuente extremadamente valiosa que merecería un amplio estudio. En estas líneas analizaremos algunos de los datos que ofrece aunque no es nuestro afán en estos momentos realizar un estudio exhaustivo del mismo.

        Por aquellas fechas, Talavera, que fue una aldea de Badajoz hasta 1640, estaba habitada por 647 vecinos, en torno a unas 2.500 personas. La situación era más o menos próspera hasta el advenimiento del fatídico siglo XVII, en el que todas las localidades de Extremadura perdieron una parte considerable de su población. Y ello debido a la Guerra de Portugal, a las hambrunas y a las epidemias. En un censo de 1646 (AGS, DC 23, 1-3) se mencionaba la cifra de 430 vecinos para Talavera, es decir, un descenso poblacional de aproximadamente la tercera parte.

Pues bien analicemos la estructura social y económica de Talavera en 1561. La distribución de actividades por sectores económicos era la siguiente:

 

 

Sector económico

Nº absoluto

%

Primario

308

80,41

Secundario

46

12,01

Terciario

29

7,57

TOTALES

383

100,00

 

        La primera conclusión salta a la vista, Talavera, como era de esperar, era una localidad eminentemente agrícola, empleando el sector primario a más del 90 por ciento de la población activa. Le seguía en importancia el secundario, donde encontramos un raquítico artesanado, seguido del sector servicios que era prácticamente insignificante.

        Dentro del sector primario dominan ampliamente los labradores (130) seguidos de los jornaleros (118), mientras que el resto de las actividades del sector eran bastante minoritarias: ganaderos y pastores 43, pescadores 7, hortelanos 6 y cazadores 4. La estructura laboral dentro del sector primario quedaría así:

 

 

Actividad

Nº absoluto

%

Agricultura

248

82,11

Ganadería

43

14,23

Pesca

7

2,31

Otras actividades

4

1,32

TOTALES

302

100,00

 

        Queda claro que la actividad económica dominante era la agricultura, seguida muy de lejos por la ganadería y por la pesca. Dentro del sector agrícola dominan los labradores; la mayoría de ellos disponen de una o dos yuntas de bueyes, lo que nos está indicando que se trata de pequeños agricultores. De un total de 130 labradores, tan solo catorce disponen de tres o cuatro pares de bueyes lo que nos estaría indicando que se trata de propietarios medianos que explotaban una cantidad de tierras más importante. Algunos de ellos criaban también ganado. Asimismo, aparecen 118 jornaleros, uno de ellos pobre, más once menores jornaleros; entendemos que todos ellos eran empleados en las faenas del campo, llevando una vida precaria. Hay que recordar aquí las palabras del ilustrado Pablo de Olavide cuando decía que los jornaleros sevillanos, medio año eran trabajadores y, el otro medio, mendigos.

        Le sigue en importancia la ganadería, y encontramos criadores de puercos, cabras, vacas, yeguas, bueyes y ovejas. Se mencionan pastores y un boyero del concejo, encargado sin duda del cuidado de la boyada concejil establecida, como en otras localidades de Extremadura y de España, en la dehesa del común.

        El sector secundario empleaba a 46 personas, aproximadamente un 12 por ciento de la población activa. Un sector dedicado a satisfacer las necesidades básicas de la población. A continuación mostramos un cuadro con los principales oficios del sector:

 

Oficio

Nº Absoluto

%

Zapatero

11

23,91

Sastre

10

21,73

Herrero

5

10,86

Albañil

3

6,52

Tejedor

3

6,52

Otros

14

30,43

TOTALES

46

100,00

 

        Solamente había cinco oficios de relevancia que, por este orden eran: zapatero, sastre, herrero, albañil y Tejedor. Todos los demás empleos (cardador, cestero, molinero, cerrajero, etc.) lo desempeñaban una o a lo sumo dos personas. El objetivo como ya hemos dicho era satisfacer las necesidades más elementales de los vecinos: ropa, calzado, vivienda y las herramientas más comunes del campo, como azadones o herraduras. El resto de las manufacturas llegaban al pueblo mediante comerciantes o debían ir los interesados a buscarlas a la cercana ciudad de Badajoz o a Zafra, a cuyas ferias acudían personas de toda la Baja Extremadura.

        El terciario era el sector más pequeño de los tres pues empleaba solo a 29 personas suponiendo poco más del 7 por ciento de la población activa. La distribución de actividades era la siguiente:

 

 

Sector

Nº absoluto

%

Comercio

9

31,03

Transporte

6

20,68

Sanidad

5

17,24

Administración

5

17,24

Educación

1

3,44

Otros

3

10,34

TOTALES

29

100,00

 

        Como puede observarse más de la mitad de las personas empleadas en el terciario se dedicaban al transporte o al comercio, incluyendo a recatones, arrieros, tratantes, mesoneros y tenderos. Le seguía el sector sanitario que empleaba a un médico, un herbolario y tres barberos; es posible que una viuda que se cita como comadre sea en realidad comadrona, ampliando el personal sanitario de Talavera hasta las seis personas. La administración la conformaban dos escribanos, dos recaudadores de diezmos y un pregonero, mientras que la educación se limitaba a un solo maestro de niños. Ese era todo el sector servicios de que disponía la villa. No aparecen citados los presbíteros y clérigos del pueblo que debían superar la veintena y que se encargaban de la asistencia espiritual de los vecinos.

        De los datos que ofrece el padrón también se pueden extraer algunas noticias relacionadas con la población y la sociedad. Aparece reflejado un pequeño número de nobles, básicamente algunos hidalgos trabajadores, otros simplemente pobres y un solo caballero, también con esta última condición. Sorprende encontrar a hidalgos desempeñando trabajos manuales, pues aparece un labrador y lo que es más sorprendente ¡un pescador!

        En el tejido productivo y como población activa aparecen nueve mujeres, empleadas por supuesto en oficios típicamente femeninos: cinco hortelanas –cuatro de ellas viudas-, dos tenderas, una hilandera y una criada de ganado (sic). Asimismo, aparecen menores de edad, concretamente once jornaleros y un vaquero. En esta época, la infancia y la juventud no eran un eximente y los niños, desde el mismo momento en que físicamente podían desarrollar un trabajo, debían colaborar desde muy pequeños con la precarísima economía de sus familias.

        Sorprende la gran cantidad de viudas que aparecen en el padrón, nada menos que 112 de las que justo la mitad eran pobres o muy pobres. Ello denota dos hechos bien conocidos en la Edad Moderna: uno, la mayor mortalidad masculina y, por tanto, la mayor esperanza de vida de las féminas. Y otro, que en una época con tan pocas coberturas sociales cualquier imprevisto por mínimo que fuese podía condenar a una persona a la miseria. Incluso familias bien acomodadas podían llegar a la indigencia por algún imprevisto o por un cúmulo infortunios. Cuando llegaban las carestías, las hambrunas y las epidemias, muy pocos se encontraban a salvo de la pobreza y la enfermedad. De hecho, en el padrón de Talavera encontramos además de viudas pobres, numerosos trabajadores que también lo eran: dos sastres, un pastor, un jornalero, un herrero y un arriero. Está claro que enviudar o simplemente enfermar podía llevar a una familia acomodada a engrosar la extensa bolsa de pobreza.

        Hasta aquí llega un primer análisis de esta interesante fuente que esperamos algún día analizar con mayor profundidad.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ALBA LÓPEZ, Juan Carlos: “Historia y estructuras desde 1517 a 1700”, Historia de la Baja Extremadura, T. II. Badajoz, Real Academia de Extremadura, 1986, pp. 103-105.

 

FERNÁNDEZ DE PINEDO, Emiliano y otros: Centralismo, Ilustración y Agonía del Antiguo Régimen (1715-1833). Madrid, Labor, 1980

 

KULA, Witold: Problemas y métodos de la historia económica. Barcelona, Península, 1977.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: “Nuevos aportes a la historia de la demografía extremeña: el censo de Barcarrota de 1548”, REE T. L, N. III. Badajoz, 1994, pp. 579-598.

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

El padrón de vecinos de Talavera de 1561

 

Sector Primario

 

Actividad

Número

Jornalero

117

Labrador de un par de bueyes

50

Labrador de dos pares de bueyes

59

Labrador de tres pares de bueyes

8

Labrador de cuatro pares de bueyes

2

Labrador de tres pares y criador de ganado

1

Labrador de dos pares de bueyes y ovejero

1

Labrador de tres pares y ovejero

3

Labrador y ovejero

3

Granjero

1

Pastor

20

Pastor pobre

1

Viuda hortelana

4

Criador de ganado

2

Boyero

3

Hidalgo labrador

3

Hortelano jornalero

1

Pobre jornalero

1

Hortelana

1

Criada de ganado

1

Mayoral de ganado

4

Mayoral y pastor

1

Vaquerizo

6

Yegüerizo

1

Cazador

4

Boyero de concejo

1

Criador de puercos

1

Criador de cabras

1

Hidalgo pescador

1

Pescador

6

 

 

Sector secundario

 

Actividad

Número

Zapatero pobre

2

Cardador

1

Pintor

1

Sastre pobre

2

Ollero

2

Sillero

1

Hilandera

1

Molinero

2

Cestero

1

Sastre

8

Herrero pobre

1

Albañil

3

Tundidor

1

Zapatero

9

Tejedor

3

Tapiador

1

Cerrajero

1

Herrero

4

Herrador

2

 

 

Sector terciario

 

Actividad

Número

Arriero pobre

1

Arriero

3

Arriero dos bestias

1

Carretero de cuatro bestias

1

Pregonero

1

Guarda

2

Recatón

1

Cogedor de diezmos

2

Maestro de niños

1

Herbolario

1

Médico

1

Aguadero

1

Barbero

3

Tratante

1

Tendero

1

Viuda Tendera

2

Escribano

2

Mesonero

2

Tenderas

2

 

 

OTRAS CATEGORÍAS

 

Situación

Número

Viudas

52

Beatas

1

Santeros

2

Viudas pobres

41

Hidalgo pobre

2

Caballero pobre

1

Pobre muy viejo

5

Pobres

20

Viuda y comadre

1

Escudero

1

Viudas muy pobres

15

Menores jornaleros

11

Menor vaquero

1

 

Fuente: ALBA LÓPEZ, Juan Carlos: “Historia y estructuras desde 1517 a 1700”, Historia de la Baja Extremadura, T. II. Badajoz, Real Academia de Extremadura, 1986, pp. 103-105. Cita a su vez una referencia topográfica inexacta de A.G.S. Expedientes de Hacienda.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

CÓMO PERDIÓ ESPAÑA EL TESORO DE LA RECÁMARA DE MOCTEZUMA

CÓMO PERDIÓ ESPAÑA EL TESORO   DE LA RECÁMARA DE MOCTEZUMA

Una buena parte del tesoro de Moctezuma II, abandonado por los hombres de Cortés en la Noche Triste, nunca apareció. Y ello, porque el joven Cuauhtémoc murió sin decir ni una sola palabra sobre su paradero. Pero el resto, quiso la providencia que tampoco lo disfrutaran los saqueadores. El resto se repartió entre las huestes, ascendiendo a 80 pesos los de a caballo y 50 los de a pie, una cifra inapreciable, pues un caballo en aquellos lares rondaba los 800 pesos.

El quinto del rey fue enviado al emperador con tan mala fortuna que fue tomado en el mar por el corsario Jean Fleury, conocido en España como Juan Florín. La flotilla de las Indias, que traía los tesoros que Hernán Cortés enviaba a Carlos V, tuvo que refugiarse en las islas Terceras de las Azores, pues, Alonso Dávila, el Capitán que venía al mando, recibió la orden de esperar allí la llegada de refuerzos antes de partir rumbo a Sanlúcar de Barrameda. La Armada Guardacostas de Andalucía, compuesta por tres navíos al mando de Domingo Alonso de Amilibia llegó a las Azores el 15 de mayo de 1522 con la intención de escoltarlos hasta Sevilla.

Sin embargo, en este lapso de tiempo, el Emperador tuvo noticias de que al menos cinco velas corsarias rondaban el cabo de San Vicente, y que la Armada de Amilibia, formada como ya hemos señalado por tres embarcaciones, no podría contener una posible agresión. Ante esta situación, Carlos V ordenó que se buscasen los medios necesarios para construir dos naos gruesas. Para ello, como no fue suficiente lo recaudado por la avería, autorizó a los responsables de la Armada para que tomasen prestados 4.000 pesos de oro, propiedad de la Corona que se encontraban en las arcas de la Casa de la Contratación. De esta forma fueron construidas, en muy poco tiempo, dos naos de 400 toneladas para completar las fuerzas de la Armada Guardacostas. Sin embargo, se tomó una decisión que se lamentaría durante muchos años, pues, en vez de paralizar la venida de la flota desde las Azores hasta que llegasen las dos naos gruesas, que debían ir a cargo de Pedro Manrique, se dispuso que la Armada se unificara a su llegada a Sanlúcar de Barrameda. La impaciencia del Emperador por obtener pronto el oro de las Indias hizo que el saco se rompiera, utilizando la expresión de un conocido refrán español.

Así, viniendo la flota y la Armada de Amilibia en demanda de las costas de Portugal, porque a los pilotos les hacía ser más seguros, a unas diez leguas del cabo San Vicente, les salieron al paso seis naos francesas con la simple intención de abordarlos. La desigualdad era manifiesta pues mientras los franceses contaban nada menos que con tres naos por encima de las 100 toneladas y con otros tres galeones, de entre 70 y 40 toneladas, los españoles tan sólo disponían de tres navíos. Además, de las tres embarcaciones, sólo la de Amilibia y la de Antón Sánchez presentaron combate, mientras que la carabela que estaba bajo el mando de Martín del Cantón se dio a la fuga. De la flota de Indias sólo se salvo una de las tres carabelas que transportaban el tesoro, al refugiarse en el Puerto de Santa María. Para colmo, gran parte de lo que llegó, fue secuestrado por las autoridades reales. El resto de caudal, es decir, 62.000 ducados de oro, 600 marcos de perlas y 2.000 arrobas de azúcar, fueron tomados y llevados a Francia que toda Francia estaba admirada de las riquezas que enviábamos a nuestro Emperador. En el enfrentamiento murieron muchos españoles, entre ellos Antonio de Quiñones y un hijo del capitán Amilibia, mientras que éste mismo era gravemente herido, quedando manco de ambos brazos y siendo trasladado, junto a Alonso Dávila, capitán de la flota, a la prisión de la Rochela en Francia. El maleficio no acabó ahí porque, poco después, Juan Florín fue apresado por los hispanos y ajusticiado.

El tesoro largamente ansiado por los españoles, no fue ni para Hernán Cortés, ni para los conquistadores, ni para el desafortunado corsario francés. Una pequeña parte fue repartida entre las huestes, pero no tardaron en vender las piezas o el oro fundido a mercaderes y comerciantes simplemente para poder sobrevivir. Una pequeña parte del quinto real, llegó a poder del Emperador Carlos V, y el grueso de ese mismo impuesto, robado por el corsario galo, acabó en las manos de Francisco I de Francia. El oro de la infamia pasó del tirano de Moctezuma a las manos manchadas de sangre de los conquistadores y de ahí a los comerciantes y mercaderes que no tardaron en inundar los mercados europeos de todo este metal precioso, engordando y espoleando al capitalismo. Ocurrió lo de siempre, es decir, que las huestes eran sólo los peones del sistema; ellos se jugaban la vida robando y matando, sufriendo para colmo el juicio de la historia, mientras que oportunistas, burócratas y financieros se quedaban la fortuna y además con la conciencia tranquila. Una constante en la historia que sigue ocurriendo en pleno siglo XXI.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

(La información procede de una refundición de noticias contenidas en dos obras de mi autoría: La Armada Guardacostas de Andalucía. Sevilla, Muñoz Moya, 1998 y Hernán Cortés: el fin de una leyenda. Badajoz, Fundación de los Pizarro, 2010).

EL ASESINATO DE LA FAMILIA REAL RUSA EN UN DÍA COMO HOY DEL 17 DE JULIO DE 1918

EL ASESINATO DE LA FAMILIA REAL RUSA EN  UN DÍA COMO HOY DEL 17 DE JULIO DE 1918

        Todavía en nuestros días fascina la Revolución Rusa por lo que supuso para la toda la Edad Contemporánea. Para algunos fue el mayor acontecimiento del siglo XX, el primer desafío al sistema capitalista, mientras que para otros es sinónimo de horror y de intransigencia. Vayamos por partes.

        Como es bien sabido, el zar había abdicado el 2 de marzo de 1917, siendo asesinado junto a su mujer y a sus hijos en Ekaterimburgo, el 17 de julio de 1918. Obviamente, fue un lamentable error por dos motivos: primero porque ante todo hay que partir de la base del respeto a la vida. Y segundo, porque tal medida hizo bueno a un déspota, al último de los monarcas absolutos de la Historia. En 1979 se localizaron sus restos, en 1998 fueron inhumados en la catedral de San Petersburgo y en el año 2000, finalmente, fue ¡canonizado!

        Bueno, está claro que el asesinado de la familia Romanov hace casi un siglo fue un hecho reprobable. Pero dicho esto, hay que tener en consideración otras muchas cuestiones. Nicolás de II era un tirano que se negó a aceptar cualquier cambio por insignificante que fuese si éste afectaba a su cuota de poder. Rusia crecía económicamente a una media del 2 por ciento anual, pero el dinero no llegaba al pueblo, donde millones de familias no tenían ni un trozo de pan que llevase a la boca. Cuando en enero de 1905, delante del palacio de Invierno, el pueblo reclamó reformas, al grito de ¡Viva el zar, muera el mal gobierno! No se le ocurrió otra cosa que ordenar abrir fuego. Oficialmente murieron 92 personas, pero es posible que fueran muchas más. El pueblo nunca se lo perdonó, y en 1917 vocearon una cosa bien distinta: ¡muera el zar!

        Encima, la guerra ruso-japonesa perdida por los primeros en 1905 y que costó la vida a decenas de miles de jóvenes rusos indignó aún más al pueblo. Las cosas lejos de mejorar empeoraron, por la crisis económica y por el estallido de la I Guerra Mundial. Los alemanes causaron auténtico estragos en las mal equipadas y peor adiestradas tropas rusas, sobre todo en las batallas de Tannemberg y Lagos Masurianos. Todo ello terminó provocando la revolución moderada de febrero de 1917 y la bolchevique de octubre de ese mismo año. Ésta trajo a su vez una larga, sangrienta y fratricida guerra civil que se prolongó hasta 1921, cuando se proclamó definitivamente la URSS. En el marco de esa guerra civil, en la que ambos bandos cometieron todo tipo de atrocidades, se produjo el asesinato de la familia Romanov.

        Lo que quiero decir con todo esto es que con ser trágico el final de la familia real rusa, no hay que olvidar que en la Rusia anterior y posterior a la revolución hubo millones de víctimas, provocadas directa o indirectamente por el régimen zarista. Nicolás II y su familia no debieron morir, pero tampoco los millones de hijos de campesinos condenados a combatir en los campos de batalla europeos y asiáticos. Mientras él disfrutaba de todos los lujos en sus numerosos palacios, los campesinos padecían hambre extrema al tiempo que sus hijos morían en los campos de batalla. Su canonización no deja de ser una ridiculez, que evidencia a las claras la posición de la Iglesia Ortodoxa, siempre junto al poder y a la tradición.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LOS DERECHOS DE LA MUJER EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA: UN REPASO HISTÓRICO

LOS DERECHOS DE LA MUJER EN LA ESPAÑA  CONTEMPORÁNEA: UN REPASO HISTÓRICO

En estas líneas analizaré el largo proceso del reconocimiento de los derechos de la mujer en nuestro país. He intentado plantear la cuestión a partir de datos históricos y no de un posicionamiento ideológico previo. Por ello, simplemente me limito a reflejar una serie de datos objetivos paras que juzgue el propio lector.

Durante siglos -yo diría que milenios-, la obligación de la mujer era servir y acatar la voluntad de su marido, incluso en la peor de las situaciones. Las propias constituciones sinodales de los obispados reprobaban la disolución de los matrimonios, salvo casos extremos que sólo podían autorizar las autoridades eclesiásticas. Se trataba de una sociedad patriarcal, en la que los varones ostentaban una clara superioridad en cuota de poder y en privilegios socio-económicos. En la mayor parte de los casos, los malos tratos se daban en la intimidad del hogar conyugal, lugar físico donde comenzaba la opresión de la mujer.

Evidentemente, teniendo en cuenta que el matrimonio era un vínculo sagrado, sancionado por Dios, a través de sus ministros en la tierra, los casos de disolución del matrimonio eran absolutamente excepcionales. Casi siempre se producían cuando había palizas o vejaciones físicas de por medio que traspasaban las fronteras de la intimidad familiar, bien por ocurrir en la calle, o bien, por evidenciarse las señales físicas de la agresión. Por tanto, podemos decir que la violencia doméstica se aceptaba sin problemas en el Antiguo Régimen, castigándose solo los casos más flagrantes y públicos. En una sociedad como aquélla, la justicia solo podía intervenir en casos muy claros de actuación irregular del cabeza de familia.

         En los 23 meses escasos que duró la I República, del 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874, se aprobaron las primeras leyes a favor de la igualdad, como el matrimonio civil. Y digo que tal medida fue a favor de la igualdad porque el hecho de que dejase de ser un vínculo sagrado implicaba tácitamente la aceptación de su disolución. De alguna forma se quebraba la idea tradicional de que la mujer debía de aguantar por mal que fuese tratada porque el matrimonio era un sacramento indisoluble. El matrimonio civil implicaba también un tímido intento de liberar a la fémina de la superioridad moral y legal del marido. Pero ¿qué actitud adoptó la Iglesia española ante esta medida? Una oposición radical que es importante subrayar, sobre todo para aclarar el papel que cada institución y grupo político ha jugado. Cuando se aprobó la Restauración Borbónica la ley del matrimonio civil no fue revocada; fue necesaria una campaña de los sectores más conservadores y de las autoridades eclesiásticas para conseguir su derogación. Así, por ejemplo, en una circular del obispado de Badajoz a sus párrocos que hace poco cayó en mis manos se compelía a estos no solo a negarles la comunión a los desposados por lo civil sino a impedirles, llegado el caso, su enterramiento cristiano. Transcribo el documento, fechado en Badajoz el 30 de agosto de 1878 y firmado por el Obispo:

A pesar de los esfuerzos de todas clases que venimos desplegando desde que para desdicha de nuestra Patria, se estableció en ella el llamado matrimonio civil, y aunque se les ha recriminado por los párrocos a salir de tan pecaminoso estado que compelan a los casados civiles a que lo hagan por la iglesia. Y si durante este plazo muriese alguno sin señal de arrepentimiento, no obstante las amonestaciones del párroco, éste se abstendrá de enterrarlo en Sagrado”.

 

El citado manuscrito tiene su gracia, pero es representativo de la mentalidad de la época y, por supuesto, de la posición de la Iglesia. En pocos años consiguieron acabar con ésta y otras mejoras sociales aprobadas durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). Habrá que esperar hasta 1931 para que se vuelva a permitir el matrimonio civil y otras mejoras sociales para la mujer.

         La proclamación de la II República y de su constitución de 1931 supuso un nuevo hito en los avances sociales de la mujer. Nunca se sancionaron tantas leyes a favor de sus derechos en tan poco tiempo. De un plumazo se aprobó el derecho al matrimonio civil, el derecho al voto, el acceso a cargos públicos, el derecho a una educación pública en igualdad con el hombre, el derecho al divorcio y a la custodia de los hijos. Es decir, la mayoría de las garantías democráticas de que hoy gozan las mujeres fueron aprobadas durante la II República. Muchas mujeres entregaron toda su energía en defensa de la igualdad como Clara Campoamor, Victoria de Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri o Federica Montseny.

         Para las fuerzas republicanas era clave la separación entre Iglesia y Estado porque aquella constituía un obstáculo insalvable para el progreso social. Como ha escrito Manuela López Marcos (2001: 76), para los republicanos la religión debía ser un asunto privado y era tolerable siempre y cuando se mantuviese “dentro de los muros de la sacristía”.

         El advenimiento del régimen franquista dio al traste con todas estas mejoras, reimplantando el modelo de la familia tradicional, donde el mando lo tenía el cabeza de familia y la mujer se dedicaba a la crianza de los hijos. Siguiendo la doctrina de la Iglesia Católica se defendía a la familia como “fuente de vida, maestra y educadora del hombre, directamente querida por la naturaleza y elevada por Jesucristo, mediante el sacramento del Matrimonio, al orden sobrenatural”. El matrimonio era exclusivamente la unión de un hombre y una mujer y su carácter volvía a ser sagrado e indisoluble. Y ello, decían porque era la única forma de crear una conciencia responsable a los progenitores capaces de cumplir con los fines del matrimonio. Por ello, el Estado no podía admitir ni la poligamia ni el divorcio, porque eso restaba solidez a la familia, institución sagrada del Estado. Y ¿Quién detentaba el poder dentro de la familia?, pues el padre “y en su defecto la madre”. Sus dos grandes fines procrear hijos y educarlos -en el ideario Nacionalcatolicista, claro-.

         A partir de la proclamación de la Constitución de 1978 se reconquistaron de nuevo valores y principios perdidos tras la caída de la II República. En el Título I, Art. 16 de la misma se garantizaba la existencia de un estado aconfesional, permitiendo la libertad ideológica y habilitando, aunque no se dice expresamente, la reaparición de los matrimonios civiles y por tanto del divorcio. Por cierto, que desde el año 2009, los matrimonios civiles superan en número a los religiosos.

         Sirvan estas pocas líneas para refrescar nuestra memoria y de paso saber dónde se han situado a lo largo de la historia unos y otros en relación a los derechos sociales.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LA ANEXIÓN DE SANTO DOMINGO (1861‑1865) VISTA POR UN CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL

LA ANEXIÓN DE SANTO DOMINGO (1861‑1865) VISTA POR UN CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL

1.-INTRODUCCIÓN

       

        Pese a que la independencia de los territorios hispanoamericanos en general y la independencia de la isla Española en particular han recibido un tratamiento bastanteintensivo por parte de los investigadores(1), aun es posible establecer puntos de vista interesantes y novedosos sobre estas cuestiones.

        De manera que en este trabajo vamos a destacar la visión de un contemporáneo que nos aparece en un tratado escrito en 1864 y que pese a existir varios ejemplares en distintos centros de investigación de España no ha sido analizado en profundidad por los estudiosos(2). En este folleto aparece representada la visión de los intelectuales españoles que veían con cierta euforia la nueva anexión de Santo Domingo recuperando antiguas colonias.

El tratado político sobre la anexión, que aquí presentamos está firmado por don Joaquín Muzquiz y Callejas, personaje del que no hemos localizado de momento datos biográficos, por lo que no debió ser ni un afamado político del momento ni un militar participante en el escenario antillano. En sus escritos parece traslucirse el sentir generalizado de una parte importante de la sociedad española del momento, que creía asistir a un momentáneo resurgir de la influencia internacional española.

        Sin duda, don Joaquín Muzquiz estaba en la línea de los regeneracionistas españoles decimonónicos, pendientes siempre del resurgir político y militar de su patria. Como bien ha advertido Sánchez Agesta el regeneracionismo español del Siglo XIX es, frente al del XVIII que buscaba soluciones económicas, un regeneracionismo político, orientado ante todo a volver al antiguo y añorado prestigio internacional(3). Así en el periodo denominado como Unión liberal(1856 1863), dentro del reinado  como todos sabemos de Isabel II, O`Donnell va a llevar a cabo una serie de expediciones al extranjero con el único fin de restablecer en alguna medida el antiguo poderío español. De manera que este periodo se encuentra dominado por campañas exteriores de los ejércitos españoles en África, México, Santo Domingo y hasta la misma Conchinchina (4). Un periodo en el parecía superado definitivamente el desasosiego político, que había dominado la política española en esa centuria (5), y en el que la expansión económica, aunque aparente, era palpable por el boom de los ferrocarriles etc. (6).

        Es en este conjunto de circunstancias donde hemos de encuadrar todo lo que supuso la anexión de Santo Domingo en 1861, concebida sin duda por O`Donnell como medio de distraer a la opinión publica española de los problemas internos(7).

 

2.  ANALISIS DE LA OBRA DE MUZQUIZ Y CALLEJAS

 

El artículo político de Joaquín Muzquiz apareció publicado el 28 de febrero de 1864, en un momento muy delicado de la contienda bélica en Santo Domingo. Sabemos que el 14 de diciembre de 1863 habían aparecido precisamente pasquines en Puerto Plata difundiéndose el rumor de que "el 27 del próximo febrero correrá, por las calles de la ciudad, la sangre de los españoles"(8). Efectivamente, la disidencia de la provincia del Cibao se había venido agudizando de manera que ya hacia principios de 1864 la situación de España en aquella isla era extremadamente crítica. La guerra que había comenzado el 16 de agosto de 1863 no terminaría hasta julio de 1865 fecha en la que los españoles se retiraron, definitivamente, de la isla antillana.

        En esas circunstancias aparece el escrito que en estos momentos es objeto de nuestra atención, en él aflora un orgullo patrio, que parece ser era compartido por un sector amplio de la sociedad española:

 

        No hubo periódico alguno que no aceptase esa reincorporación, que no la pidiese con insistencia; los absolutistas, con delirante entusiasmo; los demócratas, sin vacilación; los progresistas, con patriotismo; los moderados, con frenesí...(9)

 

        Que duda cabe, que la anexión de Santo Domingo se tomó en la Península con gran satisfacción a nivel nacional, por lo que ahora con la llegada de tan malas nuevas se ponía en juego la honra nacional española(10). Estaba a punto de quebrarse ese espíritu regeneracionista, de cara al exterior, que habían intentado implantar O`Donnell(11).

Joaquín Muzquiz, lanza una enérgica protesta emanada, sin duda, de lo más profundo de su sentir patrio, dirigida a los mandatarios tanto políticos como reales:

 

        "Ministerio español, cualquiera que seáis, si para tan alta misión no os sentís llamados retiraos... excelsa Isabel II de Castilla; no vaciléis..."(12).

 

        Ese es realmente el sentido y el fin de su panfleto, hacer llegar este sentir a todos los mandatarios del país. En el artículo pro anexionista de Muzquiz hemos distinguido varios apartados, que no siguen un orden secuencial en realidad, y que es una división artificial hecha por nosotros para un mejor y más ordenado análisis de estos escritos:

 

1.Introducción

2.Legitimación de la Anexión

3. Estrategia para sostener dicha anexión

4. Frutos que reportaría tal esfuerzo

5. Y finalmente, colofón: arenga política al gobierno.

 

        En el apartado introductorio aparecen las malas noticias que había traído un alto mando militar de la isla que se había repatriado a la Península en un navío que llegó a Cádiz. Sin embargo se le quita importancia al hecho calificándolo de "accidente" aparentemente fortuito. En un lugar del texto afirma que la culpa de que hubiesen fallecido hasta entonces 6000 miembros de las filas españolas se debía no a la perdida en combate sino al azote de la fiebre amarilla (13). Parece ser que estos ocurrió así realmente y que la mayoría de las bajas se debieron a los azotes epidémicos. Lo cual estaba motivado tanto por la llegada directamente de las tropas de España  que no de Cuba o Puerto Rico  con lo que éstas no habían tenido tiempo de aclimatarse, como por las precarias condiciones higiénicas en las que tenían que vivir las tropas españolas(14).

A continuación trataremos punto a punto los argumentos que don Joaquín Muzquiz esgrimió para defender la legitimidad de la anexión de Santo Domingo al decadente imperio español. Para ello nuevamente saca a relucir el espíritu patriótico tan propio de la época que le tocó vivir.

        La primera idea que presenta es taxativa ya que afirma la españolidad de aquellos territorios lo cual lo justifica en los largos años de pertenencia al Imperio Español: "la isla de Santo Domingo es territorio nuestro"(15), es decir, reivindica el territorio dominicano basándose en la idea de los largos siglos de dominación española, como primera isla que se colonizó en el continente americano. Aflora entre esas líneas el espíritu dolido por esa España perdida y decadente, en unas líneas que recuerdan bastante al gran poeta Francisco de Quevedo cuando nos hablaba de "los muros hundidos de la patria mía...":

 

        Cuando tropiezo a cada paso restos de venerados monasterios bárbaramente demolidos, me detengo absorto y consternado ante ruinas que recuerdan la pasada grandeza de la España. ¡Más de una lágrima humedece mis mejillas, una esperanza fugaz consuela mi corazón!(16).

 

        Está sin duda en la línea de los numerosos charlatanes patriotas o regeneradores que abundaron en España por esos tiempos. A no dudarlo, la anexión y perdida de SantoDomingo hay que analizarla como precedente inmediato a los desastrosos acontecimientos del 98. Ambos acontecimientos hist óricos presentan las mismas fases de patriotismo esperanzado primero y desilusión y abatimiento después.

En segundo lugar, funda su justificación en el estado de barbarie que había caído la isla tras su independencia de España. Se establece pues la contrapartida civilización española, barbarie de los isleños que se destruyen en guerras fraticidas(17). Cree que las ideas del misionero español, dejaron unas huellas profundas y admiradas aun por los antiguos colonos(18). La vuelta a la civilización de tierras bárbaras es otro de los argumentos que se utilizan para sustentar el mantenimiento de la anexión de Santo Domingo. Y finalmente, se apunta como principio legitimador, la petición, supuestamente calurosa, de todos los dominicanos para la vuelta de España:

        Ha vuelto a unirse por un acto espontáneo, unánime e independiente, más aun que la proclamación de su misma independencia, a la ilustre nación que le diera religión, lengua y costumbres...(19).

 

        Sin embargo, parece ser que este sentir del autor, que como ya hemos dicho antes era acaso el sentir de una parte del pueblo español, no era cierto en absoluto. La figura del general Pedro Santana, artífice del ofrecimiento que la nación dominicana hizo a España para incluirse de nuevo en su órbita, ha sido muy controvertida. Unos lo han acusado del traidor del pueblo en pro de sus intereses personales y los de su clase(20), mientras que otros han justificado su actitud en función a un sincero sentimiento hispanófilo(21). Sea como fuere, lo cierto es que en cualquier caso no fue el pueblo dominicano, sino uno de los dos partidos enfrentados: los azules o santanistas, que habían impuesto su criterio hispanófilo sin ningún tipo de consenso con los rojos o baecistas(22).

Entrando ya en el tercer punto es decir en el campo de las estrategias, hay que decir que éstas son estrictamente militares. La situación hacia 1863 4 era tan grave que a Muzquiz y Callejas ni siquiera se le ocurre plantear otro tipo de planes que se salgan del mantenimiento de la situación por la fuerza de las armas.

        Como primera medida, cree que la solución para ganar la guerra no está en el envío de nuevos contingentes, pues piensa que los que allí hay estacionados son más que suficientes(23). Además esta medida continuamente repetida por las autoridades españolas tiene el inconveniente que acostumbra a las tropas allí estacionadas a confiar más que en sus propias fuerzas en los refuerzos enviados por la Metrópoli(24). Para él el gran problema está en el mando militar, que está en manos de gente ineficaz y poco decidida, y en generales que no se diferencian en nada de simples soldados. De manera que reivindica un general "de prestigio" que de "actividad, energía y decisión", que eran para él elementos imprescindibles para la victoria final(25).

        Luego plantea un plan concreto de ataque, que acaso es lo más novedoso de todo lo que plantea en su panfleto. Así, establece como recurso extremo, pero necesario, "quemar las selvas todas y que arda aquella provincia entera"(26). De esta manera se evitaría que saliesen enemigos "efectivos o soñados" de la selva en un frente excesivamente extenso, privándose a los rebeldes de un refugio seguro en zonas fuera del alcance de los españoles(27). Tras la rápida quema de la selva, los españoles avanzarían desde la frontera haitiana hasta cercar a los rebeldes contra el mar, sin ninguna escapatoria posible. Sin embargo, no explica este tratadista como se llevaría a cabo la quema de la selva, pues tan sólo se limita a decir que no sería en ningún caso difícil.

Ni Joaquín Muzquiz ni la mayoría de los panfletistas de su tiempo se dieron cuenta de que en aquellos momentos era imposible volver a tomar la isla, porque al margen de la mala política económica llevada a cabo por España, el pueblo dominicano amaba por encima de todo su independencia por la que tanto había luchado en los pocos decenios de su existencia como nación. Como decía Jaime de Jesús Domínguez: no se puede comprender el fracaso de la anexión sin partir de la base del amor que sentían los dominicanos por su independencia(29).

En lo que concierne a las ventajas que se esperaban obtener de la anexión hay que citar en primer lugar, la recuperación del prestigio internacional perdido. Todos estos tratadistas se sienten grandes admiradores de de los tiempos pasados y orgullosos de españoles como Cortés o Pizarro.

        En segundo lugar, habla de beneficios estratégicos y económicos. Joaquin Muzquiz critica la torpeza de España, al no haberse quedado cuando concedió la independencia a los estados americanos con ciertos puntos estratégicos, y con ciertas factorías privilegiadas desde el punto de vista económico. Por ejemplo propugna la toma de la isla del Guano, en concepto de indemnización por el ultraje que recibió España(30). Entre estos puntos está la isla de Santo Domingo por su doble interés geoestratégico y económico: En lo que concierne a lo primero, esto era evidente por reencontrarse la antigua colonia entre dos posesiones españolas Cuba y Puerto Rico. Igualmente se reconoce la posición de Samaná como "llave del golfo de México, aunque no lo bañe"(31). Además la situación social de libertad del esclavo podría ser perjudicial para las colonias esclavistas españolas por lo que se plantea como positivo la vuelta a este sistema en Santo Domingo.

        Los beneficios económicos, sin embargo, se manejaban como lo más importante de esta anexión, destacándose la madera como producto principal de explotación. No obstante, Joaquín Muzquiz enfoca más los recursos madereros dominicanos hacia el sostenimiento de una gran armada española que hacia el posible lucro que la explotación, por ejemplo de la caoba reportaría (32). Así, igual que Fenicia debió su navegación a los montes del Líbano, igual España puede basar su armada en los bosques de Santo Domingo(33). España para resurgir de sus cenizas debe reconstruir su armada de guerra pues "muerta su armada en Trafalgar, España enmudeció en el Consejo de las Naciones grandes: su nombre vuelve a oírse apenas su pabellón con dignidad surca los mares..."(34).

El interés por la madera en estos tiempos se debía a la importante deforestación, y subsiguiente carestía de este producto, que sufría la Península Ibérica desde 1850. Se calcula que entre 1850 y 1900 se talaron en España cerca de 10 millones de hectáreas de bosques, constituyendo la más bárbara destrucción ecológica de toda la historia de España (35). No obstante, Joaquín Muzquiz no tuvo en cuenta, en ningún momento, el progresivo auge que estaba adquiriendo el metal en la construcción naval. Ya en 1836 se había aplicado la hélice al navío llamado Arquímedes y desde entonces estos fueron en aumento, por la ventaja que tenían con respecto a los ya viejos veleros de madera (36).

Al final, pese a la opinión favorable de un sector importante de la opinión pública española, lo cierto que la anexión fue un fracaso completo, pues España se entrometió en la historia de una Nación con problemas más graves de los que aparentemente se veían, y no supo aportar ninguna solución, concibiendo tal empresa exclusivamente desde el punto de vista militar y del interés personal por prestigio y madera. En medios del caos España se vio obligada a abandonar la isla el 3 de marzo de 1865 dejando en la isla más de veinte mil muertos y una indeseable antipatía hacia la que fuera antigua Metrópoli(37).

 

NOTAS

 

1. BONA, Fernando de: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Madrid, Imprenta de M. Galiano, 1861. FERRER DE COUTO, José: Reincorporación de Santo Domingo a España. Breves consideraciones sobre este acontecimiento. Madrid, 1861. MARTIN Y OÑATE: España y Santo Domingo. Observaciones de simple y racional criterio acerca de lo que interesa a la nación española la posesión de dicha isla. Y sobre los beneficios que han de recibir en consecuencia los mismos dominicanos, seguidos de una descripción histórica y geográfica de

tan vasta y rica antilla. Madrid, Imprenta de Severiano López, 1864. LA GANDARA Y NAVARRO, José: Anexión y guerra de Santo Domingo. Madrid, 1884. GONZALEZ TABLAS, Ramón: Historia de la dominación y últimas guerras de España en Santo Domingo. Madrid, Imprenta Fernández Caro, 1870,

2. El artículo en cuestión es MUZQUIZ Y CALLEJAS, Joaquín: Una idea sobre la cuestión de Santo Domingo. Madrid, Imprenta de Antonio Pérez Dubruel, febrero de 1864 (pp 1 29).

3. SANCHEZ AGESTA, Luis: "Sentido sociológico y político del siglo XIX". Revista de Estudios políticos Nº 75, Madrid, 1954 (pp. 23 43) pp 32 3.

4. CARR, Raymon: España (1808 1975). Barcelona, Ariel, 1985, p. 257

5. NAVARRO Y RODRIGO, Carlos: O`Donnell y su tiempo. Madrid, Imprenta de la Biblioteca Universal económica, 1869 Cap XXXI, p. 143

6.  CARR Ob Cit p 258. COMELLAS, José Luis: Historia de España Moderna y Contemporánea (1474 1975). Madrid, Ed Rialp, 1985, pp. 476 7.

7. DOMINGUEZ, Jaime de Jesús: La anexión de la Republica Dominicana a España,T I. Santo Domingo, Editora de UAST, 1979 p 77

8. IBIDEM p 306

9. NAVARRO Ob. Cit., Cap. XL p 192

10. CARR Ob. Cit., p 258

11. NAVARRO Ob. Cit. Cap. XL, p 191

12. MUZQUIZ Ob. Cit., p 29

13. IBIDEM p 7

14. DOMINGUEZ Ob. Cit., p 258

15. MUZQUIZ Ob. Cit., p 5

16. IBIDEM p 13

17. IBIDEM p 28

18. IBIDEM p 10 y ss

19. IBIDEM p 5. El parrafo parece inspirado en otro texto aparecido publicado en 1854 en que se afirmaba que todos los dominicanos se pronunciaban a favor de España pues es una nación "que tiene la misma lengua, religión, carácter y costumbres". TORRENTE, Mariano: Política Ultramarina que abrazan todos los puntos referentes a las relaciones de España con los Estados Unidos, con la Inglaterra y las Antillas, y señaladamente con las islas de Santo Domingo. Madrid, 1854 L III, Cap LII, p 325.

20. Véase por ejemplo TOLENTINO, Hugo: La traición de Pedro Santana. Santo Domingo, 1968 p 37. Pueden verse muchos más datos en torno a la controversia de Santana en ALFAU DURAN, Vetilio: Controversia Histórica. Polémica de Santana. Santo Domingo, Editora Montelco, 1968.

21. DOMINGUEZ Ob. Cit., p 65 y ss.

22. HOETINK, H: El pueblo dominicano 1850 1900. Apuntes para su sociología histórica. Santiago(R. Dominicana), Colección Estudia, 1971 p 192

23. MUZQUIZ Ob. Cit, p. 6. Sin embargo, la superioridad numérica española tampoco era tan clara, porque cualquier dominicano se convertía en soldado cuando las circunstancias lo requerían. Mariano Torrente decía en 1854 sobre el ejercito dominicano lo siguiente:"se compone de 6000 hombres, y en caso de guerra puede elevarse a 15 000, y aun a mayor número, pues cuando la patria se declara en peligro, todos los habitantes son soldados y

todos salen a defender sus hogares con indomable furor...".TORRENTE: Ob. Cit. L. III, Cap. XLIX, p. 292

24. IBIDEM p. 8.

25. IBIDEM p. 7.

26. IBIDEM p. 8.

27. IBIDEM.

28. IBIDEM p 18.

29. DOMINGUEZ Ob. Cit. p. 314

30. MUZQUIZ Ob. Cit., pp. 21 y ss.

31. IBIDEM p. 28. También otros como Navarro y Rodrigo destacan este punto estratégico. NAVARRO: Ob. Cit. Cap XL p 190 32.  A este respecto reconocía Mariano Torrente: " por sus puertos se exporta la caoba mejor y más estimada de Europa. Los que se dedican a la madera sacan mucho provecho porque allí los árboles crecen espontáneamente y sin cultivo de manera que no hay más trabajo que cortarlos, desbastarlos y conducirlos a las costas". TORRENTE: Ob. Cit. L. III, Cap. XLVIII, p. 279

33.  MUZQUIZ: Ob. Cit., pp. 18 19.

34.  IBIDEM, p. 19.

35. NADAL OLLER, Jorge y otros: Los Siglos XIX y XX. América Independiente. Historia de España y América Social y económica T V. Barcelona, Editorial Vicens Vives, 1985, pp. 198 199.

36. IBIDEM p. 209.

37. MORALES PADRON, Francisco: Historia de unas relaciones difíciles (EEUU  América Española). Sevilla, Universidad de Sevilla, 1987, p. 103.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

DE AFORAMIENTOS Y OTROS PRIVILEGIOS: LOS RIESGOS DE UNA DEMOCRACIA EN QUIEBRA

DE AFORAMIENTOS Y OTROS PRIVILEGIOS: LOS  RIESGOS DE UNA DEMOCRACIA EN QUIEBRA

        He leído muchas veces al filósofo Juan Pedro Viñuela hablar del proyecto inacabado de la Ilustración. Parcialmente se ha conseguido cierto margen de libertad y de igualdad, mientras que la fraternidad entre todos los seres humanos ni tan siquiera se ha intentado. En resumidas cuentas, hasta la fecha se ha frustrado el mayor proyecto político y social de la historia. Y como bien escribió hace casi medio siglo René Remond, director de la Fundación francesa de Ciencias Políticas, sin igualdad jurídica y social no puede haber democracia. Por tanto, fracaso parcial de los ideales ilustrados y fracaso parcial de la verdadera democracia.

        En estos momentos se está planteando de nuevo la cuestión del aforamiento de don Juan Carlos y doña Sofía. Los argumentos a favor de su concesión no pueden ser más endebles: uno, que si hay más de 18.000 personas en España que gozan de él, incluyendo a jueces, políticos y diplomáticos, dos personas que han ostentado la jefatura del estado por más de tres décadas lo deben tener también. Y otro, que el hecho de que solo puedan responder ante el Tribunal Supremo no es un privilegio sino una rémora ya que no tienen la posibilidad de la apelación. Sin comentarios; si hay más de 18.000 personas aforadas en nuestro país ya es hora que se la retiren por decreto ley, y de paso se les otorga su derecho legítimo a la apelación.

        Si hacemos un poco de historia, hasta el siglo XVIII hubo en España tribunales especiales para los miembros del estamento nobiliario. Todo el que tenía una patente de hidalguía, un título nobiliario o un hábito de alguna Orden Militar, tenía derecho a tribunales especiales. Unos tribunales que, por supuesto, dictaban sentencias mucho más benignas que los destinados a juzgar a los plebeyos. Si un noble mataba a un campesino le podía caer una buena reprimenda e incluso una multa, pero si el hecho era el inverso, el campesino tenía asegurada la ejecución por garrote vil.

Pero los privilegiados no solo tenían tribunales especiales sino que además se reservaban los mejores cargos de la administración, discriminando a las minorías étnicas y a los plebeyos, incluyendo a los burgueses. Las consecuencias de todo ello son bien sabidas: por un lado, dividieron y enfrentaron a la sociedad y, por el otro, apartaron del poder a un buen número de personas meritorias. Miles de familias sufrieron la sospecha, mientras los cristianos viejos copaban los altos puestos de la administración sin exhibir más mérito que su supuesta sangre limpia. Todo ello contribuyó al secular retraso de nuestro país en todos los campos, lo mismo político que social, económico, científico, etc.

Pero volviendo al tema del aforamiento, pretenden concedérselo al mismo que hace poco dijo que la justicia era igual para todos. Pues si la justicia es igual para todos, por qué unos tienen que tener unos tribunales especiales, supuestamente de más calidad, mientras que otros nos tenemos que conformar con los juzgados de primera instancia. Y si se le concede a don Juan Carlos, ¿por qué no también al pobre de Iñaki Urdangarin? ¿Por qué no también a la Infanta Cristina? ¿Por qué no a Messi que tiene un magnífico toque de balón? ¿por qué no a mí que soy buena gente y estoy dispuesto a renunciar a mi derecho a apelar? Aforamientos, sobres en B, planes de pensiones domiciliados en Luxemburgo o en las islas Caimán, privilegios políticos, perpetuación de las desigualdades… ¡A dónde vamos a llegar! ¡que no me hablen de democracia, que no me hablen de la solidaridad de pagar religiosamente mis impuestos, que no me hablen de que la justicia es igual para todos, que no me hablen de equidad en el acceso a los puestos públicos!

Pero la gente ya no está para bromas, la fiesta se ha acabado y se avecina un tiempo nuevo en la política española. Precisamente hoy el periodista John Müller ha escrito en Libertad Digital que si Podemos gana las elecciones España está acabada. Todos su argumentos se sustentan en planteamientos infundados como que estos copiarían el modelo fallido de la Revolución Bolivariana que ha dejado arrasada a Venezuela. Pues mire usted, Sr. Müller, los varios millones de personas en España que no tienen trabajo, ni ingresos y que están a punto de perder sus viviendas si no la han perdido ya, tienen poco o nada que perder. España no es la que está acabada sino la casta de privilegiados que llevan siglos detentando el poder: las grandes fortunas, los aforados, las multinacionales, esos sí pueden perder privilegios y en cierta medida comprendo sus miedos. Pero si realmente somos demócratas habrá que asumir la voz de la mayoría, de una mayoría que se siente engañada y que legítimamente quiere un cambio. Que sea la voluntad del pueblo. ¡Suerte!

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS