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DE ABOGADOS Y PICAPLEITOS: EL ALEGATO CONTRA JURISTAS EN LA COLONIZACIÓN DE AMÉRICA

DE ABOGADOS Y PICAPLEITOS: EL ALEGATO CONTRA  JURISTAS EN LA COLONIZACIÓN DE AMÉRICA

        Obviamente, el enorme poder concedido a las autoridades judiciales y, en especial, a las audiencias les crearon muchos enemigos entre las oligarquías locales. Sorprende la rapidez con que el viejo alegato medieval contra los juristas fue trasladado al Nuevo Mundo. Y todo ello debido, como decimos, a los intereses partidistas de unos pocos que querían ostentar el poder en América sin contrapesos ni cortapisas.

        Las protestas iban dirigidas especialmente contra los abogados o letrados titulados pero también contra los leguleyos, es decir, personas que trataban de leyes “no conociéndolas sino vulgar y escasamente. El primer documento que alude a este alegato partió del segundo Almirante, Diego Colón, quien a juzgar por una respuesta de Fernando el Católico, fechada en 1509, debió solicitar pocos meses antes que se impidiese su paso a la Española. Y con esa misma fecha ordenó a los oficiales de la Casa de la Contratación lo siguiente:

 

        “Asimismo, porque yo he sido informado que a causa de haber pasado a las dichas Indias algunos letrados abogados han sucedido en ellas muchos pleitos y diferencias yo vos mando que de aquí adelante no dejéis ni consintáis pasar a las dichas Indias ningún letrado abogado sin nuestra licencia y especial mandado, que si necesario es por esta presente carta lo vedamos y prohibimos”.

 

        Pero, ¿a qué se debía tanta virulencia del Almirante contra los letrados? Estaba muy claro, Diego Colón se sentía agraviado en sus prerrogativas. Y de hecho, no solo protestó contra los abogados sino también contra el nombramiento de los tres jueces de apelación en Santo Domingo. Según el hijo del Descubridor de América, considerando los privilegios otorgados por Isabel la Católica, lo más que podía existir en la Española era un consejo de jueces de carácter virreinal, presididos o controlados por él mismo. Y no le faltaba razón en sus quejas porque, según el padre Las Casas, el rey los nombró cuando supo de las desavenencias que había entre éste y los oficiales reales, especialmente con el tesorero Miguel de Pasamonte. Al final, como Fernando el Católico quería mantener a sus jueces pero en alguna medida desagraviar al hijo del Almirante, pidió a unos y a otro que se juntasen cuantas veces fuese necesario “para entender en las cosas útiles a nuestro servicio”.

        Pero los pleitos se seguían produciendo y Diego Colón continuó escribiendo al Rey quejándose de tal circunstancia. El Rey, concienciado por la problemática escribió al segundo Almirante, el 23 de febrero de 1512, expresándose en los siguientes términos:

 

        “Sobre las diferencias que comienza a haber sobre los pastos, vedlo y proveed de modo que se excusen pleitos, que es el mayor daño que puede haber en esas partes”.

 

        Hacia 1513 llegó una nueva misiva, en esta ocasión firmada por Vasco Núñez de Balboa, el famoso descubridor del Océano Pacífico, natural como es bien sabido de Jerez de los Caballeros. Y las críticas de Balboa no podían ser más elocuentes, como podemos observar en el texto que reproducimos a continuación:

 

        “Que ningún bachiller en leyes ni otro ninguno, si no fuera de medicina, pase a estas partes de la Tierra Firme so una gran pena que Vuestra Alteza para ello mande proveer, porque ningún bachiller acá pasa que no sea diablo; tienen vida de diablos e no solamente ellos son malos mas aún hacen y tienen forma por donde haya mil pleitos y maldades”.

 

Y estas palabras debieron dejar mella en el ánimo del viejo rey aragonés por lo que, en ese mismo año, pidió a los oficiales de la Casa de la Contratación que no consintiesen el embarque para las Indias de “ningún bachiller en leyes”. Y Fernando el Católico se debió convencer de tal forma del inconveniente de la proliferación de abogados en las Indias que, en 1513, volvió a insistir en la prohibición, en este caso referida a Tierra Firme. En relación a este episodio, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo escribió lo siguiente:

 

        “Para lo que adelante se siguió, digo que entre las ordenanzas y capítulos que el Rey Católico proveyó y mandó a Pedrarias, su gobernador, que tuviese especial cuidado, fueron estas cuatro cosas: la primera, que con mucha atención y vigilancia entendiese en la conversión y buen tratamiento de los indios; la segunda, que no pasasen letrados ni hubiese abogados ni procuradores en aquella tierra, porque se tenía experiencia de esta Isla y otras partes, que son perjudiciales a la tierra, y como maestros en litigios y contiendas, inventan más de las que suele haber sin ellos, sino que simpliciter (sic) y de plano, sin dar lugar a cavilaciones maliciosas, se determinasen los pleitos brevemente, haciendo justicia a las partes…”

 

        Las críticas que hace el Rey en estas instrucciones no tienen desperdicio, pues los juzga, más que como resolvedores de casos, como generadores de los mismos. Incluso, llega a señalarlos como responsables de la decadencia económica de las colonias españolas.

        Pocos meses después volvió a insistir en la restricción cuando decretó una suspensión de la emigración de letrados por cuatro años “y más cuanto fuese la voluntad de Su Alteza”. Con tal medida se pretendía evitar, nuevamente, “los pleitos y diferencias que por esta causa han sucedido y ha habido y ahora hay en la isla Española de que los vecinos y moradores de ella han recibido y reciben mucho daño”.

        Pero mucho más claro en este sentido se mostró, dos años después, el contador de la Española Gil González Dávila, cuando se personó en España. Efectivamente, en agosto de 1515 se encontraba en tierras castellanas con un gran número de documentos y con no pocas reivindicaciones hechas en su nombre y en el de los otros oficiales Reales. Y al glosar las causas de la decadencia económica de la colonia cita en tercer lugar la siguiente:

 

        “La tercera razón que ha ayudado a esta otra es los pleitos de entre los vecinos; que por venir los vecinos a los pueblos a entender en sus pleitos, hanse (sic) descuidado del buen tratamiento de sus indios y haciendas. Y como estas dos cosas sean la cosa del mundo que mas han menester la presencia de sus dueños, cesando por esta causa y por otras que venidos a los pueblos se ofrecían, su venida ha resultado daño a sus indios y haciendas”

 

        Algo habría de verdad, pues, es posible que dada la carencia de leyes en un mundo recién descubierto los pleitos se demorasen, en beneficio de los abogados y en claro perjuicio de los vecinos de la isla. Sin embargo, explica Moya Pons, que la actitud de los oficiales reales, partidarios de la expulsión de los letrados se fundamentaba sobre todo en razones personales. Y es que, en un mundo tan distante de la metrópolis, estos representaban una amenaza para las ilícitas actividades en las que se empleaban tanto algunos de estos funcionarios reales como las oligarquías locales.

        Nuevamente, en 1516 se reactivó el alegato en la isla de Cuba. Allí, los procuradores de la isla, incentivados por el propio teniente de gobernador Diego Velázquez, volvieron a pedir que se prohibiese su paso a las Indias, pues, “a causa de haber muchos abogados ha habido y hay en ella muchos pleitos y los vecinos viven muy adeudados”. De todas formas la petición no debió tener eco, pues, esta misma propuesta la reiteraron de nuevo en 1521, nuevamente sin encontrar la acogida esperada.

        Refiriéndose a Nueva España en 1528, escribió Antonio de Herrera, que muchos pobladores pidieron por escrito que no hubiese “letrados y procuradores” porque los tenían por los causantes de los largos litigios que allí se producían. No obstante, reconocía el cronista que por otro lado era positiva su presencia porque de otra forma, muchos vecinos dejarían perder sus causas por no saber pedir justicia.

        Finalmente, tenemos otro testimonio, fechado el 10 de marzo de 1529, cuando los licenciados Espinosa y Zuazo escribieron al Emperador en los siguientes términos:

 

        “Pronosticando esto en tiempos pasados muchos vecinos, se suplicó a Vuestra Majestad y a los Reyes Católicos no diesen lugar a que en estas partes hubiese pleitos, y queso acaeciese haberlos se determinasen y acabasen breve y sumariamente. Y Vuestra Majestad ha proveído y encargado a los gobernadores que no den lugar a que haya pleitos, sino que sin tela de juicio los despachen y determinen, y el Católico Rey cuando yo el licenciado Espinosa fui a Tierra Firme proveyó en ella y en otras de estas partes que no hubiese letrados ni procuradores por excusar pleitos, poniendo en ejemplo que de haberlos en esta isla Española había venido a mucha disminución la población de ella…”.

 

        Y hasta donde nosotros sabemos este es el último documento que abiertamente se pidió la prohibición del paso de letrados al Nuevo Mundo. Pese a lo novedoso de las misivas citadas lo cierto es que fueron absolutamente excepcionales y además casi no tuvieron plasmación práctica.

        El alegato contra jurista, de amplia tradición en la literatura medieval, se esgrimió en las Indias casi siempre con intereses partidistas. Diego Colón y sus aliados, fundamentalmente su teniente de gobernador en Cuba Diego Velázquez, lo esgrimieron para favorecer su poder frente a la Corona. Los funcionarios reales tampoco veían con buenos ojos las injerencias de los letrados porque en ocasiones conseguían que llegaran a la opinión pública aspectos que ellos preferían mantener en silencio. Para la oligarquía local, que solía hacer y disponer a su antojo, los abogados y la justicia en general representaban una incómoda presencia, pues a ellos recurrían los vecinos cuando sentían que sus derechos habían sido pisoteados.

        Ya hemos dicho que, en la práctica, no hemos encontrado casos concretos en los que se aplicara la prohibición a los abogados. Las quejas fueron muy puntuales y motivadas en su mayor parte por intereses partidistas. Por ello, la organización judicial indiana continuó a lo largo del quinientos y aquellos primeros jueces de apelación no solo no se marcharon sino que fueron el germen de la inmediata Audiencia de Santo Domingo. Asimismo, los abogados ejercieron su papel ininterrumpidamente a lo largo de décadas y prueba de ello son los numerosos casos que se instruyeron, defendieron y fallaron en las Indias a lo largo de toda la época colonial.

En el caso de la isla de Cuba, donde tan importante fue el alegato contra juristas, se habilitó, en 1524, a dos procuradores en ejercicio para que pudiesen permanecer en la isla con el objeto de finalizar los pleitos. Para dicho cargo se eligió a dos procuradores que en esos momentos había en la isla, Rodrigo Gutiérrez de Ayala y Francisco García. También en Cuba la realidad se impuso a las reivindicaciones un tanto turbias de sus autoridades. Y poco tiempo después, también en Cuba, se suprimieron todas las injustas restricciones contra los abogados.

 

PARA SABER MÁS

MIRA CABALLOS, Patrocinio: “El alegato contra juristas en los albores de la colonización española de América”, en Libro homenaje a Enrique Barrero González. Sevilla, Fundación Martín Robles, 2005, pp. 297-305.

 


ESTEBAN MIRA CABALLOS

XLIII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA (TRUJILLO, 22 AL 28 DE SEPTIEMBRE DE 2014)

XLIII COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA (TRUJILLO, 22 AL 28 DE SEPTIEMBRE DE 2014)

PROGRAMA DE ACTOS

 

LUNES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2014.

 

Inauguración de los XLIII Coloquios Históricos de Extremadura.

20,45 horas: Recepción de autoridades y participantes en el Excmo. Ayuntamiento de Trujillo.

 

21,00 horas: Acto inaugural. Salón de Plenos

Bienvenida: Doña María Rosario Alvarado, presidenta de la A.C. COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA.

Intervención de autoridades.

Palabras de saludo e inauguración de Don Alberto Casero Ávila, Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo.

 

21,30 Lectura Inaugural:

 

Vida y obra de Luisa de Carvajal: poetisa, misionera, activista y martir”.

Por don Manuel Mañas Núñez

 

A continuación se ofrecerá un Vino de Honor ofrecido por la A.C. Coloquios Históricos de Extremadura.

 

EXPOSICIÓN DE PONENCIAS

Salón de Actos de la Fundación Xavier de Salas (La Coria).

 

 

MARTES 23.

Modera: Teodoro Martín Martín

Hora

PONENTES

 

17,00

José Luis BARRIO MOYA El militar extremeño don Juan Manuel Álvarez de Faria (1737-1802). Teniente General de los Reales Ejércitos y ministro de la Guerra de Carlos IV.

 

17,30

José Antonio RAMOS RUBIO

Arte efímero en el cementerio de Trujillo (neoclasicismo, romanticismo, historicismo y eclecticismo).

 

18,00

Antonio Manuel BARRAGÁN-LANCHARRO

La persistencia de la legislación social-laboral de la República en la zona franquista de retaguardia: El caso de la provincia de Badajoz.

 

18,30

Rafael Luis CARBALLO LÓPEZ

La escuela de la Iglesia Evangélica Española en Ibahernando durante las primeras décadas del siglo XX

 

19,00

Teodoro MARTÍN MARTÍN.

Luisa de Carvajal y Lovaina.

 

19,30

Alberto ESCALANTE VARONA

En una graciosa isleta”: paisajes espirituales en la obra poética de Luisa de Carvajal y Mendoza”.

20,00

 

Ana María PRIETO GARCÍA

Creación y función de las Juntas de Sanidad en la Extremadura rural en los siglos XVIII y XIX.

20,30

 

Francisco RIVERO

Las Carmelitas de Brozas cumplen 100 años

 

MIÉRCOLES 24.

Modera: Manuel Rubio Andrada

Hora

PONENTES

 

17,00

Raquel TOVAR PULIDO

Estructura de la familia en la ciudad de Trujillo a finales del Antiguo Régimen (1824-1825).

17,30

 

Pablo IGLESIAS AUNIÓN

Estructura y propiedad de la tierra en la primera mitad del siglo XIX. Los efectos de la Desamortización Liberal en la Comarca Emeritense.

18,00

 

José PASTOR VILLEGAS, José David PASTOR VALLE, Jesús Francisco PASTOR VALLE

Fosforitas de Logrosán y de Aldea Moret y proyectos de ferrocarril a Portugal por Trujillo y Cáceres

 

18,30

Domingo QUIJADA GONZÁLEZ

La proyección del Retablo de la Catedral Nueva de Plasencia sobre otros templos regionales: los ejemplos de Navalmoral y Montehermoso.

 

19,00

Carlos María NEILA MUÑOZ

La epidemia de gripe de 1918 y 1919 en las ciudades de Cáceres y de Plasencia (Extremadura).

 

19,30

Manuel Antonio GARCÍA RAMOS y José Luis CIFUENTES PEREA

El impuesto de sangre de Trujillo durante la Guerra de Cuba (1895-1898).

 

20,00

Jaime Martín GRADOS REGUERO

La Judería de Alcántara.

 

 

JUEVES 25.

Modera: Jesús Barbero Mateos

Hora

PONENTES

 

17,00

Ángela LÓPEZ VACAS

La labor social de las cofradías durante el Antiguo Régimen en Fuente del Maestre.

 

17,30

Teodoro Agustín LÓPEZ LÓPEZ.

Guía del Archivo de la Catedral de Badajoz.

 

18,00

Jesús BARBERO MATEOS.

Piedra, espacio y tiempo en los llanos de la Tiesa. Elementos arqueológicos en Torrecillas de la Tiesa. Apuntes para un catálogo comarcal.

 

18,30

MANUEL RUBIO ANDRADA

Las pinturas rupestres de la cueva del Lentiscar: una tauromaquía en la prehistoria reciente de Extremadura.

 

19,00

Juan REBOLLO BOTE

La comunidad mudéjar de Trujillo: Algunas características de su aljama y morería.

 

19,30

Martiria SÁNCHEZ LÓPEZ

La Villa de Jaraíz en el siglo XVIII: Tercer centenario de la entronización de los Borbones con Felipe V y la pérdida de Gibraltar (1714-2014)

 

20,00

Manuel Jesús RUIZ MORENO.

Aproximación histórica a la Reconquista de Trujillo, 1233.

 

VIERNES 26.

Modera: Esteban Mira Caballos

Hora

PONENTES

 

17,00

Beatriz MAESTRO MATEOS

San Martín de Trevejo, historia de una villa olvidada(1930-1939)

 

17,30

Carlos MARÍN HERNÁNDEZ

Por si llega a ser algo, con el tiempo”. Anhelos, frustraciones y honores en la historia fundacional del Museo de Cáceres (1898-1917).

18,00

María del Carmen MARTÍN RUBIO

Francisco Pizarro: el hombre desconocido

 

18,30

Esteban MIRA CABALLOS.

Hernando Pizarro y la perpetuación de su linaje. Un testamento desconocido de 1557.

 

19,00

Adrián Elías NEGRO CORTÉS

Nuevas aportaciones sobre dos inscripciones visigodas aparecidas en la zona de Trujillo

 

19,30

Vicente PASTOR GONZÁLEZ

Aproximación visual al abrigo de Florencio (Retamosa, Cáceres). Aplicación del plugin DStretch a sus manifestaciones pictóricas rupestres.

 

20,00

Juan Pedro RECIO CUESTA

Proscritos y olvidados. Los extremeños al servicio de don Carlos en la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

 

20,30

Valentín SORIA

La Orden de los Paulinos de san Pablo en Extremadura.

 

SABADO 27.

Modera: Álvaro Meléndez Teodoro

Hora

PONENTES

 

9,30

José Antonio SÁNCHEZ DE LA CALLE, Leticia SÁNCHEZ LEONATO e Irene SÁNCHEZ LEONATO.

La Guerra Civil en Plasencia: represión, economía y población”.

 

10,00

Jacinto J. MARABEL MATOS.

El coronel Storm de Grave y el sitio de Mérida 1809.

 

10,30

Enrique MELÉNDEZ GALÁN Las Escuelas de Enseñanza artística en Cáceres: notas para un recorrido en el tiempo.

 

11,00

Marciano MARTÍN MANUEL

La educación en Hervás (Cáceres) durante la Dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República.

 

11,30

CAFÉ

 

12,00

Javier RUBIO MUÑOZ

Los estudiantes y la muerte. El caso de los extremeños en la Universidad de Salamanca de finales del siglo XVI.

 

12,30 Álvaro MELÉNDEZ TEODORO La Raya extremeña en 1750. El Informe de Gaver (I).

 

13,00

Ángel PAULE RUBIO

El paisaje cultural. Los Lagares.

 

18,00 horas: ACTOS DE CLAUSURA

 

Entrega de premios:

 

Premio “Xavier de Salas, para jóvenes investigadores” en su XXVII Edición.

Premio Especial XLIII Coloquios Históricos de Extremadura.

Premio “Obra Pía de los Pizarro” en su XX Edición.

Premio “Centro de Profesores y Recursos de Trujillo”, en su IX Edición.

 

DOMINGO, 28 DE SEPTIEMBRE.

 

Viaje y visita guiada al Convento de la Encarnación, MADRID, donde se encuentran los restos de Doña Luisa de Carvajal y Mendoza. El convento forma parte del Patrimonio Nacional.

 

Comida de hermandad

LA PRIMERA POETISA DEL NUEVO MUNDO: LEONOR DE OVANDO (1544-1611)

LA PRIMERA POETISA DEL NUEVO MUNDO: LEONOR DE OVANDO (1544-1611)

        

        En una sociedad machista, donde la mujer se educaba para servir a un hombre las que no lo encontraban tenían muchas papeletas de acabar en un convento, como le ocurrió a Leonor de Ovando. Una vez recluidas en un cenobio, su vida social se tornaba extremadamente limitada y también las posibilidades de desarrollar alguna capacidad o algún don literario, artístico o científico. En este ambiente hostil a cualquier forma de libertad creativa se desenvolvió Leonor de Ovando y pese a ello, hay pruebas suficientes para pensar que tuvo una excepcional capacidad poética.

        Era una criolla, nacida en Santo Domingo en el seno de una familia acomodada de orígenes extremeños. Tuvo al menos tres hermanos, según se desprende de su correspondencia con Eugenio de Salazar. Profesó en el monasterio dominico de Regina Angelorum de su ciudad natal. Debió ser de las primeras profesas, porque la licencia Real la obtuvieron en 1557, trasladándose allí las primeras religiosas en 1560.

No había terminado de construirse su capilla cuando, en 1586 el corsario inglés Francis Drake lo destruyó. Sus religiosas, entre ellas doña Leonor de Ovando, que ya contaba con 46 años, se vieron obligadas a abandonar su clausura y huir al interior de la isla. Cuando el corsario se marchó, tuvieron que vivir casi de la caridad de los vecinos durante varios años. Todavía, en 1599, estaban los muros del templo alzados a mitad de altura.

De su producción poética conocemos muy poco: apenas cinco sonetos y algunos versos sueltos, suficientes para verificar su extraordinaria capacidad literaria. Están relacionados con el amor a lo divino, como no podía ser de otra forma. Una muestra de su producción es el siguiente poema: Y sé que por mí sola padeciera/ y a mí sola me hubiera redimido/ si sola en este mundo me criara.

Según Mayoralgo y Lodo, en la Academia de la Historia se conserva la correspondencia poética que intercambió con Eugenio de Salazar. Sor Leonor de Ovando es considerada como la más antigua poetisa del Nuevo Mundo.

 

PARA SABER MÁS:

 

GONZÁLEZ OCHOA, José María: Quién es quién en la América del Descubrimiento, Madrid, Acento, 2003.

 

MAYORALGO Y LODO, José Miguel de: La Casa de Ovando (estudio histórico-genealógico), Cáceres, real Academia de Extremadura, 1991.

 

UGARTE, María: Iglesias, capillas y ermitas coloniales, Santo Domingo, Colección Banreservas, 1995.

 

------ Estampas coloniales, Vol. I, Santo Domingo, Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro, 1998.

 

UTRERA, fray Cipriano de: “Sor Leonor de Ovando”, Boletín del Archivo General de la Nación, Nº 67-68, Santo Domingo, 1950-1951.

 

V.V.A.A., Personajes de la Historia de España, Madrid, Espasa Calpe, 1999.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

EL MAL DE AMORES DE LEONOR DE PORTUGAL, DUQUESA DE GELVES (1583-1620)

EL MAL DE AMORES DE LEONOR DE PORTUGAL,  DUQUESA DE GELVES (1583-1620)

        Siempre había pensado que hasta la Edad Contemporánea, todos tenían bien asumido que el matrimonio era una institución pactada por la familia. Los esponsales por amor eran la excepción, mientras que la regla era que las familias pactasen el mismo, incluso entre personas que no se conocían. En una época donde la honorabilidad procedía de la familia era fundamental que fuese ésta la que se encargase de gestionar los enlaces de sus vástagos. Había mucho en juego como para dejarlo en manos del amor.

        Conocíamos casos de parejas de enamorados que, incluso, se suicidaron al ser separados. O el caso de Juana la Loca que, al parecer, gran parte de su demencia procedía de su amor por el promiscuo Felipe el Hermoso. Hace unos días, revisando papeles viejos en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, me salió al paso otro caso singular, concretamente el de la jovencísima doña Leonor de Portugal y Vicentelo, condesa de Gelves. Era hija de Jorge Alberto de Portugal y Fernández de Córdoba, III conde de Gelves, y de Bernardina Vicentelo de Leca. Su padre murió en 1589, cuando Leonor tenía sólo seis años y, dado que era hija única, se convirtió con esa edad en la IV Condesa. Su madre se desposó en segundas nupcias con Juan de Sandoval y ambos acordaron, a principios de 1597, que debían pactar el matrimonio de la joven condesa con su pariente Diego de Portugal. La joven, que entonces tenía 14 años, recibió muy mal la noticia, tanto que el rey ordenó que mientras alcanzaba la mayoría de edad la enviasen a la Corte y que hiciesen una información del suceso. La Real Ccédula y la información, insertas ante notario, el 31 de julio de 1597, no tienen desperdicio:

 

        “Cuando Leonor supo el pacto de su matrimonio le ha dado y da mal de corazón y se ha entendido de ella lo ha tomado y toma mal y muestra no tener voluntad, antes de ello se ha echado de ver haber sido ocasión de una grave enfermedad que le dio. Y en particular, habrá cuatro meses poco más o menos que la afligió mucho una fiebre que tuvo la cual le precedió de haberle traído a la memoria y hablado sobre el dicho casamiento, con ánimo y voluntad de que estuviese y fuese en ello, de lo cual recibió tanta pasión que desde aquel día se le causo el mal y se conoció bien que nacía del dicho casamiento. Y desde allí se tuvo mucho cuidado con la dicha condesa y de su salud estuvo tan mala y tan al cabo que los médicos que la curaron, temieron mucho por su vida y procurando el remedio de ello decían que la principal medicina era no darle pesadumbres porque el mal que tenía procedía del corazón, la cual enfermedad hoy en día tiene tan arraigada que por poca que sea la pesadumbre le da el dicho mal y se siente mucho de él y en especial tratándole del dicho casamiento el cual y la voluntad de la dicha condesa está en este estado aunque con la edad, durante el tiempo, podrá entender conocer cuán bien le está a la dicha condesa cumplir dicho casamiento…”

 

        Está claro que la muchacha estaba tan apesadumbrada que afectó a su salud, pese al empeño de la madre que pensaba que con los años lo asumiría. El documento que he manejado no aclara cómo acabó el asunto, pero dado que se trata de la IV Condesa de Gelves, su biografía aparece en todos sitios, incluso en la Wikipedia. La niña no se casó con Diego de Portugal sino con Fernando Ruiz de Castro, con quien tuvo a su hija Catalina de Castro y Portugal que sería la V Condesa. Una vez viuda, se desposó en segundas nupcias con Diego Pimentel y Toledo, falleciendo en torno a 1620 o 1621 con apenas 37 o 38 años edad. Por cierto, que este título condal, que alude a esta localidad sevillana, lo ostenta actualmente el duque de Alba.

        Queda claro que la afligida muchacha se salió con la suya. Será de los pocos casos que conocemos en los que la capacidad de influir de una menor de edad terminó por anular un acuerdo matrimonial acordado entre dos influyentes familias.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

EL SAQUEO DE CUZCO, CAPITAL DE LOS INCAS

EL SAQUEO DE CUZCO,  CAPITAL DE LOS INCAS

En la mañana del sábado 15 de noviembre de 1533, un año justo desde la entrada en Cajamarca, las huestes realizaron su entrada en Cuzco, que en quechua significa el ombligo del mundo. No hubo resistencia alguna porque el general quiteño Quizquiz se había encargado de matar o deportar a casi todos los varones capaces de empuñar un arma. Y los que quedaban debieron pensar que los españoles los liberarían definitivamente del yugo del quiteño, que había gobernador la ciudad con mano de hierro. La entrada de los hispanos no fue solemne como narran algunos cronistas, pues era una ciudad semivacía, sin enemigos pero también sin personas que jalease o aplaudiese su entrada. Por desgracia para los pocos que quedaban en la urbe, se equivocaron en sus expectativas, pues no tardaron en comprobar el ansia desmedido de oro que poseían los extranjeros y que los llegó incluso a saquear las casas sagradas y las tumbas de los Incas. Aquella noche, Pizarro aposentó a todos sus hombres en la plaza mayor, teniendo sus caballos apercibidos ante un posible ataque indígena que nunca se produjo.

Pese a estar asolada, impresionó a los españoles, especialmente su fortaleza y la plaza en donde confluían los cuatro caminos reales. Dice Antonio de Herrera que en todo el reino no se halló otro pueblo que pareciese ciudad sino éste, porque todos los demás son lugarazos, sin ornamento político. En la plaza principal se ubicaban varios palacios pétreos que habían sido vivienda de los distintos soberanos. Tradicionalmente, cada inca que accedía al trono se construía un nuevo palacio. Los más importantes eran el Hatun Cancha, el Hatun Rumiyoc y el de Puncamarca, viviendas de otros tantos incas que por su facilidad de defensa fueron ocupados por la élite pizarrista, constituyendo la base del control hispano sobre la ciudad.

Pero, pese a la admiración que causaba en las huestes la arquitectura incaica, era necesario recompensarle sus impagables esfuerzos. Los soldados pidieron autorización para saquear la ciudad sagrada y Pizarro se lo concedió o al menos no lo impidió. El saco fue absoluto, comparable al de Roma ocurrido cinco años antes, pero con una diferencia que aquel fue fruto de la insubordinación de los soldados y éste se hizo con el consentimiento tácito de la máxima autoridad. Según Pedro Pizarro emitió un bando para que nadie entrase a robar en las casas particulares de los indígenas, pero en cualquier caso el despojo se produjo sin que ninguna autoridad hiciera nada para impedirlo. Hubo una desbandada generalizada donde los hispanos competían por entrar los primeros en los templos y en las casas así como en los depósitos estatales para robar cualquier cosa de valor que hubiera. Se desvalijaron hasta las tumbas reales para despojar a las momias de sus joyas. No conformes con ello, se extorsionó hasta la muerte a muchos naturales para que confesaran la existencia de huacas. Y es que la tradición de enterrar a los reyes y a las personas poderosas con objetos suntuarios creo una predisposición a los españoles a hacerse huaqueros o saqueadores de tumbas cada vez que sospechaban la presencia de un cadáver bajo tierra.

Posteriormente se procedió a repartir el botín de Cuzco, en el que se incluyeron vajillas, esculturas, cántaros, vasos, anillos, cordones, figurillas macizas, y hasta una camiseta peluda que tenía un poco de oro. Una salvaje destrucción de la cultura artística y material incaica, aunque es cierto que algunas piezas se salvaron de su fundición. Asimismo, la gran cantidad de metal precioso que permanecía en la capital evidencia que no todo había fluido hasta Cajamarca. Y eso sin contar con aquello que fue ocultado en los meses anteriores a su ocupación. Se repartieron aproximadamente la mitad del oro que en Cajamarca pero cuatro veces más plata, siendo su valor total prácticamente similar. Si cada hombre recibió menos de la mitad de media que en Cajamarca se debió a otro motivo, que mientras en esta última se hicieron 217 partes en Cuzco fueron 480. El reparto se hizo tanto entre los hombres que entraron en Cuzco como entre los que habían quedado en Jauja. Además del reparto, entre el 14 de marzo y el 2 de julio de 1534 se fundieron en Cuzco y Jauja numerosas piezas, ante el teniente de escribano de minas, Pedro Sancho de la Hoz y el veedor Jerónimo de Aliaga. Algunas de ellas procedían de Cajamarca, como una fuente de oro esmaltado, cuyo quinto ascendió a 17.775 maravedís, que poseía el gobernador y que declaró haberla obtenido de la cámara de Atabalipa. En total se fundió algo más de 865.000 pesos de oro, de los que casi el 91 por ciento eran propiedad del gobernador y de su compañía.

Pero el botín no solo se componía de metal precioso, también de esclavos, objetos textiles y piedras preciosas. El 20 de junio de 1534 se compraron y registraron en Jauja 152 esmeralda, alcanzando un valor de más de un millón de maravedís. No obstante, como ocurrió en Cajamarca, muchos se hicieron extremadamente ricos, pero con la misma rapidez con la que habían conseguido su fortuna la perdieron. Se suele citar el caso de un soldado, llamado Leguinaza, que le tocó en el reparto un valiosísimo disco solar de oro que representaba al sol y que lo perdió una noche jugando a los naipes. Como en otras ocasiones, el dinero de la infamia pasó rápidamente de las manos cubiertas de sangre de los conquistadores a empresarios y capitalistas, auténticos ladrones de guante blanco que tanto abundan en nuestros días.

 

PARA SABER MÁS

BUSTO DUTHURBURU, José Antonio del: La Conquista del Perú. Lima, Librería Studium, 1984.

HEMMING, John: La conquista de los incas. México, Fondo de Cultura Económica, 2000.

MIRA CABALLOS, Esteban: Conquista y destrucción de las Indias (1492-1573). Sevilla, Muñoz Moya Editores, 2009.

-----Francisco Pizarro: traición, ambición y drama en los orígenes del Perú. (en prensa).

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

RELIGIÓN Y PODER: LA CRUZ Y LA MEDIA LUNA FRENTE A FRENTE EN EL GOLFO DE LEPANTO (1571)

RELIGIÓN Y PODER: LA CRUZ Y LA MEDIA LUNA FRENTE A FRENTE EN EL GOLFO DE LEPANTO (1571)

        En una carta dirigida por Juan Andrea Doria a don Juan de Austria le decía: “¿Preguntáis mi opinión, Señor?, yo os digo que el Emperador vuestro padre, con una escuadra como ésta no hubiese cesado de combatir hasta ser emperador de Constantinopla”.

         Como es bien sabido, al avance turco en el Mediterráneo solo se le oponía con contundencia la Casa de Austria. La cruz y la media luna frente a frente. Por lo demás, tan solo Venecia se sustraía a las acometidas turcas aunque más bien debido a su destreza diplomática que a su capacidad militar.

         Había sido en tiempos de Solimán el Magnífico cuando el imperio turco disfrutó del máximo esplendor en el mediterráneo, pues, sus naves surcaban el mediterráneo desde Argel hasta las costas del Próximo Oriente. En 1560 una armada de nada menos que cincuenta galeras italianas fue derrotada en Djerba (Trípoli) por una la armada turca. Parece ser que Felipe II se convenció desde este momento de la necesidad de construir una gran armada de galeras que pudieran resistir convenientemente a los turcos. Y las palabras del rey no quedaron en papel mojado, pues, hacia 1570, poco antes de la gran contienda de Lepanto, las galeras vinculadas a España en el mediterráneo superaban el centenar y medio.

         El sucesor de Solimán, Selim II, fue un ser repugnante y monstruoso física y moralmente. Se cuenta que fue su pasión por los vinos la que le impulsó a la conquista de Chipre, isla muy celebrada por sus caldos.El desencadenante de la contienda de Lepanto se inició cuando Selim II envió un ultimátum a los venecianos para que le entregasen Chipre. Los venecianos no cedieron pero los turcos, en 1570, arribaron a la isla nada menos que con cien mil hombres. Ante tal situación Venecia pidió el auxilio de las naciones cristianas al que solo respondieron España y el Pontífice San Pío V. Eso les pareció suficiente, la espada temporal y la espiritual juntas para salvar a Venecia y a toda la cristiandad.

         Dicho y hecho, los Estados Pontificios pertrecharon doce galeras, nombrando almirante a Marco Antonio Colonna, Duque de Palliano y condestable del reino de Nápoles. Por su parte, Felipe II ordenó en abril de 1570 a Juan Andrea Doria unirse de inmediato a la armada veneciana, mientras se establecían las bases de la Santa Liga entre España, el Papado y Venecia. España que puso la mayor parte del capital y el grueso de la armada consiguió poner al frente de la misma a don Juan de Austria. Como es bien sabido, éste era hijo del emperador Carlos V y de Bárbara de Blomberg. Nacido en Ratisbona se educó en España, ignorando en sus primeros años la regia estirpe de su progenitor. Endulzó los últimos días del Emperador y, siendo ya un adolescente, fue presentado en la Corte y reconocido como hermano de Felipe II que le profesó acendrado cariño, enturbiado a veces por la malevolencia de algunos pérfidos consejeros. Describen los coetáneos a don Juan de Austria como un hombre apuesto, de mediana estatura, escasa barba y grandes bigotes; el cabello rubio y abundante, peinado hacia atrás, buen jinete y experto en armas. Asimismo, se le consideraba un buen conversador y de simpatía irresistible. Su trato fascinaba y el encanto de su persona explica sus numerosos éxitos amorosos. Don Juan se había curtido en la guerra contra los moriscos de las Alpujarras, donde mostró su talento y habilidad. Él tenía un lema que dice mucho de su arrojo: “cuando no se avanza se retrocede”.

         En torno a Messina se concentró la escuadra de la liga, compuesta por doscientas siete velas, incluidas las doce del Papa y las ciento quince venecianas. Todo estaba previsto hasta el punto que uno de los navíos hacia las veces de hospital. Los soldados eran en su mayoría gente bisoña en las lides navales, mientras que los jefes eran marinos de reconocido prestigio como Álvaro de Bazán, Juan Andrea Doria y Agustín Barbarigo.

         Allí, fondeó la Armada de la liga en la Fosa de San Juan donde se celebró una misa muy especial, delante de buena parte de la tripulación. La emoción de la ceremonia se palpa en el texto del cronista Gonzalo de Illescas que transcribimos a continuación:

 

         “Al alzar la hostia y cáliz, fue tal la vocería de los soldados llamando en su ayuda a Dios sacramentado, y a su Madre Santísima; el ruido de la artillería, de las cajas de guerra, trompetas, clarines y chirimías; el horror del fuego y humo, del temblor de la tierra y estremecimiento de las aguas, que pareció bajaba a juzgar el mundo Su Majestad Divina con la resurrección de la carne, premio debido a la naturaleza del hombre”.

 

         Agitación, turbación, conmoción, vibración y miedo se mezclaban entre los soldados y marinos, pero también convencimiento en sus posibilidades de victoria. Ésta fue probablemente una de las claves del éxito. En una carta escrita por don Juan de Austria a su hermanastro Felipe II, el 16 de septiembre de 1571, a escasas semanas de la gran batalla, le decía lo siguiente:

 

         “La gana que en esta armada hay de pelear es mucha y la confianza en los de vencer no menos. Hágalo Dios como él más se sirva…”

 

         La escuadra aliada se dirigió a Corfú, una de las islas venecianas de la parte de Levante que había sido arrasada por los turcos. Los venecianos eran partidarios de un ataque rápido, antes de que los buques turcos que acababan de asolar nuevamente Chipre se reuniesen con los que Alí Pachá –o Pasha- tenía en el golfo de Lepanto. Poco antes de la contienda, el veintiocho de septiembre de 1571 Felipe II envió una carta a Sancho de Padilla, embajador en Génova, pidiendo la gran armada de Juan de Austria invernase en Sicilia y se esperase a una estación más benigna para atacar. De haber llegado a tiempo esta orden, se hubiese cambiado el rumbo de la historia, la batalla de Lepanto no hubiese ocurrido en 1571 y nunca sabremos dónde y cuándo se habría producido el enfrentamiento, ni tampoco con qué desenlace. Sea como fuere lo cierto es que la misiva llegó cuando la escuadra de don Juan de Austria había puesto rumbo a su encuentro con los turcos, en el golfo de Lepanto. El siete de octubre de 1571 divisaron las velas enemigas. Cuentan las crónicas que en ese momento un piloto susurró al oído de don Juan: “sacad las garras señor que dura ha de ser la jornada”. Asimismo se le preguntó si celebraría consejo a lo que respondió: “no es tiempo de razonar sino de combatir”.

         La escuadra turca estaba formada por doscientos setenta y siete buques entre galeras, galeotas y fustas divididas en cuatro escuadras. Toda la armada estaba a las órdenes del favorito del sultán, un joven arrojado pero con poca experiencia, llamado por los españoles Alí Pachá. La armada turca era superior en número de navíos pero no en pertrechos y cañonería que se veía muy superada por la Liga. Al ver Alí Pachá aparecer en el horizonte de aquella turbia mañana las velas de la escuadra de la Liga palideció pero no por ello dejó de presentar combate.

         La disposición táctica de la armada de la Santa Liga era la siguiente: el flanco izquierdo estaba mandado por el proveedor de Venecia Agustín Barbarigo, al mando de sesenta y cuatro galeras venecianas, mientras que el derecho lo ocupaba Juan Andrea Doria con otros tantos buques. En el centro estaba la capitana de don Juan de Austria, flanqueada por la capitana veneciana, al frente del comandante Sebastiano Venier, y la capitana del Papa, gobernada por el almirante Marco Antonio Colonna. Don Álvaro de Bazán se encargaba de cubrir la retaguardia con treinta galeras, mientras que la vanguardia, algo adelantada del resto de la armada, iría don Juan de Cardona con ocho galeras. Las veinte naves mancas de aprovisionamiento, al mando del capitán César de Ávalos, navegarían a cubierto entre las escuadras citadas.

         La escuadra turca se estructuraba de forma similar, yendo Alí Pachá, flanqueado por la izquierda por el gobernador de Argel y, por la derecha, por el Pachá de Alejandría y en la retaguardia Murad Dragut.

         Tras los primeros disparos de lombardas el primer enfrentamiento se produjo entre las galeras venecianas de Barbarigo y las musulmanas del Pachá de Alejandría. Los gritos ensordecedores de la chusma turca se oyen a distancia. Barbarigo cae mortalmente herido mientras su nave es presa de los turcos. La capitana de la armada de la Liga, al frente de don Juan de Austria se dirigió hacia la de Alí Pachá hasta llegar al abordaje. En los puentes de las dos embarcaciones se luchó como si de tierra firme se tratara. Flechas turcas, arcabuzazos, choque de espadas, cimitarras, astillas de las embarcaciones, humo, griterío, estrumpidos de los disparos; todo resuena en hórrida confusión.

         Don Juan, empuñando su espada, combatió como un soldado más, en un momento de gran peligro. Por fortuna, los navíos de Álvaro de Bazán y de Marco Antonio Colonna acudieron en su auxilio y se hicieron con el control de la capitana turca, matando a Alí Pachá. Poco después, un soldado el corta la cabeza al líder turco y la presenta a don Juan, quien apenado aparta su rostro. Resuena entonces el grito de ¡victoria! La batalla se había ganado un siete de octubre de 1571, permitiendo a España un mayor control del Mediterráneo. No obstante, el coste humano fue muy alto: quince mil muertos entre las filas otomanas y ocho mil entre las de la Santa Liga, además de varias decenas de miles de heridos entre los dos bandos. Las cifras nos dan una idea de la magnitud y de la crudeza de los combates vividos en el golfo de Lepanto.

         La batalla acabó a las cuatro de la tarde del siete de octubre y Felipe II no supo de la victoria hasta el veintinueve de octubre, es decir, hasta veintidós días después. Tras la alegre noticia se organizó en Madrid una multitudinaria y solemne procesión de acción de gracias en la que participó emocionado el rey Prudente. Probablemente la historiografía española ha sobre valorado los efectos de esta gran victoria porque Lepanto ha sido durante siglos un verdadero símbolo de la patria hispana y quizás también de la cristiandad.

         Desde hace mucho tiempo la batalla naval de Lepanto dejó de ser un simple hecho histórico para trascender el terreno de la leyenda. Probablemente Lepanto no significó el fin de la amenaza turca en el Mediterráneo, como la derrota de la Invencible no significó la pérdida de la hegemonía hispánica en el Atlántico. De hecho, tan solo tres años después de Lepanto, los turcos derrotaron a los españoles en La Goleta (Túnez), tras un duro ataque naval y terrestre. Nunca más recuperó España esta estratégica ciudadela.

       Pero Lepanto también es un símbolo más de la sinrazón humana, del afán de poder de unos y de otros por el dominio delo mundo. Ideas absurdas basadas en la ambición de las élites que terminó costando caro a los miles de jóvenes que perdieron sus vidas luchando por un sueño que en buena parte les era ajeno.

 

PARA SABER MÁS

 

CEREZO MARTÍNEZ, Ricardo (1971): Años cruciales en la historia del Mediterráneo (1570-1574). Madrid, Junta Ejecutiva del IV Centenario de la Batalla de Lepanto.

 

-------- (1988): Las Armadas de Felipe II. Madrid, Ed. San Martín.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Las Armadas Imperiales. La guerra en el mar en tiempos de Carlos V y de Felipe II. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

 

VARGAS-HIDALGO, Rafael (1998): la batalla de Lepanto: según cartas inéditas de Felipe II. Santiago, Ediciones Chile-América.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

EL ETERNO CONFLICTO ENTRE JUDÍOS Y PALESTINOS: LA “SOLUCIÓN FINAL”

EL ETERNO CONFLICTO ENTRE JUDÍOS  Y PALESTINOS: LA “SOLUCIÓN FINAL”

        Existe un convencimiento infundado de que la creación del Estado de Israel en 1948 estuvo motivada por las masacres de judíos cometidas por la Alemania Nazi. Pero nada más lejos de la realidad; la idea de su refundación en Palestina es sionista y arranca al menos del siglo XVII. Estos, haciendo una errónea interpretación de una parábola del Talmud, decían que la diáspora debía durar un milenio para luego reagruparlos en Palestina, reconstruyendo el templo de Salomón. Un proyecto que se intentó llevar a efecto en varias ocasiones desde el siglo XVIII y que finalmente culminó, con la resolución de la O.N.U. del 15 de mayo de 1948.

        Su creación estuvo desde el principio respaldada y auspiciada por los intereses conjuntos de Estados Unidos y Gran Bretaña, que consiguieron imponer su voluntad en el máximo órgano mundial. Ha sido el mayor error de este organismo, que resulta ineficaz por la dictadura de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: USA, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Estos países tienen derecho a veto y han convertido la O.N.U. en su cortijo personal. Pero volviendo al conflicto que ahora nos trae, la creación del estado de Israel fue un lamentable error que lleva sembrando el sufrimiento en la antigua Palestina en los últimos 66 años. ¿Alguien pudo pensar en su momento que la población palestina aceptaría la creación de un estado israelí que era diferente y hasta opuesto a su cultura, su lengua, su religión y sus costumbres? Pues no, estaba claro desde su propia génesis que no iba a someterse voluntariamente a este proyecto. Luego no es difícil deducir que desde un primer momento los sionistas contaban con el genocidio de estos. Y todo orquestado por las presiones de las élites judías que controlaban –y controlan- buena parte de las finanzas de los Estados Unidos.

Hubo unanimidad por parte de los países islámicos de rechazar tal decisión, provocando varias guerras entre árabes e israelitas, a saber: las de 1948-1949, 1956, 1967 y 1973, todas ellas con resultados sangrientos y saldadas a favor de los judíos, con el apoyo, como siempre, de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Con la entrada del siglo XXI, el conflicto lejos de solucionarse ha entrado en una espiral de violencia cada vez mayor. El presidente israelí Ariel Sharon, recientemente fallecido, era partidario de la fuerza frente a la diplomacia lo que se saldó, tan solo entre los años 2000 y 2006, con más de 4.000 palestinos muertos violentamente, casi la cuarta parte niños. El enfrentamiento es asimétrico, los israelitas poseen el ejército más potente de todo Oriente Próximo, con artillería autopropulsada así como aviones y helicópteros de última generación, proporcionados por los yanquis. Frente a ellos, los palestinos no disponen de ejército sino de meras milicias cuyo armamento ligero se lo proporciona Irán, el único país que oficialmente les proporciona armas. Cualquier provocación palestina por nimia que sea –el lanzamiento de un cohete o el asesinato de algún judío- es aprovechada por Israel como coartada para plantear un ataque a gran escala, incluyendo el uso de armas químicas –como el fósforo blanco- que mató a cientos de civiles en 2011.

Y llegados a este punto, ¿Cuál puede ser el objetivo? ¿qué sentido tienen estos ataques desproporcionados del ejército israelí? Pues, yo creo que hay una “Solución Final”, la misma que ellos sufrieron a manos de los Nazis y que ahora pretenden aplicar por otros medios frente a los palestinos. Quieren acabar con la posibilidad de la creación de un Estado Palestino por reducido que éste sea. Su particular “Solución Final” pasa por reducir al pueblo palestino a una minoría integrada, de mejor o de peor gana, en un gran estado sionista de Israel. Como en tantos otros casos en la Historia, las víctimas han pasado rápidamente a convertirse en verdugos, olvidando su propio pasado. Los judíos que padecieron el holocausto nazi, en vez de convertirse en un pueblo solidario con otros pueblos que sufren el genocidio, se han convertido ellos mismos en sus ejecutores.

La O.N.U. tiene que tomar cartas en el asunto urgentemente y reparar el enorme daño que una decisión surgida en su propio seno ha generado. La única solución posible pasa por la creación de dos estados independientes, el palestino, obviamente, bajo la protección de la O.N.U. para evitar la acometida sionista.

 

PARA SABER MÁS

 

BENZ, Wolfgang y GRAML, Hermann: El siglo XX. Problemas mundiales entre los dos bloques de poder. Madrid, Siglo XXI, 1982.

 

FONTANA, Josep: Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945. Barcelona, Pasado&Presente, 2011. (especialmente págs.. 915-930).

 

MEYSSAN, Thierry: “¿Quién es el enemigo?”, en http://www.VOLTAIRENET.ORG/ARTICLE184972.HTML

 

REMOND, René: El siglo XX. De 1914 a nuestros días. Barcelona, Vicens Vives, 1983.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LAS SORPRENDENTES ANDANZAS DE UN CONVERSO: EL PRÍNCIPE FELIPE DE ÁFRICA

LAS SORPRENDENTES ANDANZAS DE UN CONVERSO: EL PRÍNCIPE FELIPE DE ÁFRICA

        Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con la lectura de un libro que, por supuesto recomiendo a todos los amantes no solo de la historia sino de los libros en el sentido más extenso. Se trata de un volumen de pequeño formato y 245 páginas, firmado por Jaime Oliver Asin, titulado Vida de don Felipe de África, príncipe de Fez y Marruecos (Madrid, C.S.I.C., 1955).

        Nuestro protagonista, el príncipe Muley Xeque, posteriormente bautizado como don Felipe de África, nació en Marruecos en 1566. Era hijo del rey de Fez y Marruecos y último descendiente de la dinastía Sadí, la anterior a la actual que es la Alauita. Lope de Vega lo describió como una persona de talle extremado, fornido, de perfectas proporciones y de rostro modesto, cabello rizado, alegre de ojos y falto de barba.

Su padre, Muhammad fue destronado y huyó con su hijo, refugiándose en el Peñón de Vélez de la Gomera. Corría el año de 1577. Allí abrigó la esperanza de que el joven e impetuoso rey Sebastián de Portugal lo ayudase a recuperar el trono. Sin embargo, al año siguiente, en la batalla de Alcazarquivir, no solo fueron derrotados sino que le costó la vida a ambos monarcas, al luso y al Sadí. El protagonista de nuestra historia, que apenas tenía doce años, escapó con vida, ayudado por los portugueses que consiguieron trasladarlo a Lisboa.

        Diez años permaneció en Portugal el joven príncipe Sadí, entre diciembre de 1578 y enero de 1587. Luego, Felipe II decidió trasladarlo con toda una corte de 57 personas a España, viviendo en distintas localidades. La primera que lo albergó fue Carmona, hospedándose en el alcázar de arriba, por espacio de tres años. Y ¿a qué se dedicó en la villa sevillana? No sabemos gran cosa, pero hay determinados indicios para pensar que las relaciones con los vecinos no fueron buenas, pues algunos miembros de su séquito provocaron peleas, hasta el punto que por acuchillar a un alguacil, algunos fueron encarcelados. Según Jaime Oliver, al alcázar carmonense acudían moriscos del entorno a rendirle pleitesía, hasta el punto que Felipe II llegó a pensar en devolverlo de nuevo a Portugal.

Finalmente, fue encaminado a Andújar (Jaén) convirtiéndose al cristianismo, lo que provocó un gran escándalo entre los suyos que incluso trataron de envenenarlo. Descubierta la trama, salió de Andújar con destino al monasterio del Escorial, donde recibió las aguas del bautismo, con el rey Felipe II como padrino. Su nombre cristiano Felipe, en honor a su padrino y protector, el rey Prudente. Entre 1594 y 1608 vivió habitualmente en Madrid, concretamente en una casa ubicada en la calle de las Huertas, esquina con la del Príncipe, frecuentando la iglesia de Atocha, cercana a su morada. Recibió un hábito de Santiago, pues según los testigos tenía sangre real y ninguna ascendencia judía.

Según Jaime Oliver en 1609 abandonó definitivamente la Península Ibérica en 1609 para marchar a Italia. Pero debió ser en realidad en 1610 pues en enero de 1610 lo tengo documentado de nuevo en Carmona, en el alcázar de Pedro I. Por cierto, que se dedicó a comprar la libertad de algunos conversos. Obviamente, no es casualidad que saliese de España en ese año, coincidiendo con la gran expulsión de 1609-1610. Por cierto que en Italia coincidió con otros muchos moriscos de alcurnia que habían escapado a la Península Itálica, recibiendo la protección de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Es posible que el traslado a Italia lo hiciera desde el puerto de Sevilla o desde alguno de los puertos andaluces, pues en a mediados de 1610 está documentado en Milán. Ese mismo año se trasladó a una pequeña localidad cercana, Vigevano, en la misma provincia de Pavia, donde vivió por espacio de una década hasta su muerte el 4 de noviembre de 1621. Unos días antes dictó su testamento, reconociendo como heredera a su hija natural Josefa de África, monja profesa en el convento de San Pablo de Zamora. Dicho sea de paso, otra morisca que se había quedado sin problema, en este caso, asegurando su vida como religiosa en un cenobio.

Este príncipe de Marruecos, mantuvo unas excelentes relaciones no solo con Felipe II sino también con su hijo Felipe III. ¿Qué pasó por la cabeza de este monarca cuando al tiempo que mantenía una gran amistad con el más noble de los moriscos, expulsaba dramáticamente a otros 300.000? Las consecuencias de este dramático etnocidio, las sufrió España durante siglos, acentuando la confrontación social, la despoblación y la ruina económica de nuestro país.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS