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Historia de España

LA ARMADA INVENCIBLE: CRÓNICA DE LA MAYOR DERROTA NAVAL DEL IMPERIO HABSBURGO (1588)

LA ARMADA INVENCIBLE: CRÓNICA DE LA MAYOR  DERROTA NAVAL DEL IMPERIO HABSBURGO (1588)

          En las postrimerías del siglo XVI, Felipe II era considerado el hombre más poderoso de la tierra. Era dueño de la Península Ibérica, de los Países Bajos, de una parte de Italia y de toda América. Este hombre taciturno, hijo de Carlos V y de doña Isabel de Portugal, se había convertido en un gran defensor de la fe sin que por ello le hagan olvidar sus apetencias sobre los países que aún escapan a su poder. Pero a quien este hombre de cincuenta y nueve años consideraba como su peor enemiga no era otra que a la reina Isabel de Inglaterra. Y no le faltaban razones para ello: el apoyo de Inglaterra al prior de Crato frente a las aspiraciones de Felipe II al trono de Portugal, la ayuda decidida y sin escrúpulos a los rebeldes holandeses, su creciente potencial naval y la consolidación de la iglesia anglicana parecían motivos más que suficientes. Por ello, desde su palacio de El Escorial no cesaba de lanzar anatemas contra esta hereje.

           La intervención de naves rápidas mandadas por osados marinos ingleses hacían cada vez más inseguros los transportes entre las colonias españolas de América y los puertos ibéricos. Llegó a ser necesario escoltar cada convoy con navíos armados que, además, no siempre impedían los ataques ingleses.

           En 1585 la reina Isabel de Inglaterra fue todavía más lejos al enviar a su mejor marino, Francis Drake, al frente de veinticinco velas a incendiar y saquear por los territorios coloniales españoles. El éxito de esta empresa hirió de tal forma los ánimos de Felipe II que, encolerizado, decidió pasar a la acción y atacar directamente a Inglaterra. Y para ello pensó en el insigne marino don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, a quien confió la tarea de reunir una armada lo suficientemente fuerte como para asestar un duro y decisivo golpe a la marina inglesa. El viejo marino, que soñaba desde hacía años con una gesta de este calibre que sirviera de colofón a su intachable carrera al servicio de España, puso de inmediato manos a la obra.

           El objetivo de la armada sería atraer hacia el sur de Inglaterra a todas las fuerzas navales que mantenían el bloqueo de las costas holandesas. Para ello previeron una armada de varios centenares de barcos que debían transportar más de noventa mil hombres. Los navíos debían llevar provisiones suficientes como para abastecer a toda la tripulación durante ocho meses.

           Los capitanes serían nombrados por el propio Bazán, pues, así fue facultado por el propio Felipe II. Y la lista de capitanes, pilotos y marinos es un verdadero florilegio de la nobleza española, la mayoría además curtidos en innumerables batallas navales. Entre ellos Juan Martínez de Recalde, Miguel de Oquendo, Pedro de Valdés, Hugo de Moncada, Alonso de Leyva, Martín de Bretendona, todos grandes veteranos en el difícil arte de las contiendas navales.

           A las órdenes del Marqués de Santa Cruz semejante fuerza habría sido extremadamente peligrosa para Inglaterra. Pero el destino asestó un duro golpe a los planes y pretensiones de Felipe II. En los meses previos a su despacho, concretamente el nueve de febrero, murió don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, a la edad de sesenta y tres años. Pero eso no fue lo peor. La elección del séptimo Duque de Medina-Sidonia como sustituto del fallecido Bazán no pudo ser más desafortunada. Frente a marinos expertos y experimentados como Recalde u Oquendo se nombró a este aristócrata, carente de la preparación necesaria para ello. El Duque de Medina-sidonia vivía cómodamente en sus dominios de Sanlúcar cuando supo, por un correo de la Corte, la decisión Real. Él mismo, después de agradecer al Rey su elección para tan magna empresa, le confesó que carecía de la salud necesaria para tal empresa y que enfermaba y hasta “se mareaba” siempre que embarcaba en un navío. Por tanto, no se puede culpar a Medina-Sidonia porque su respuesta a Juan de Idiáquez, secretario Real, no pudo ser más sincera. Resulta incomprensible que pese a estas advertencias el Rey decidiera mantenerlo al frente de la Armada. Probablemente, lo avanzado de los preparativos impidió ver el desacierto con la frialdad necesaria.

           La Invencible partió de Lisboa en la primavera de 1588, rumbo a las costas de Flandes donde, debía embarcar a las tropas de Alejandro Farnesio que se utilizarían en la toma efectiva de Inglaterra. En su recorrido hasta Flandes se produjeron choques esporádicos en las costas de Plymouth y en Portland Hill, con bajas tanto en la Armada de Medina- Sidonia como en la del almirante Howard. La escuadra inglesa era inferior en número de buques pero muy superior en movilidad y en el calibre de su artillería. Pero el objetivo de la armada española era llegar al puerto de Calais y se logró con muy pocas bajas después de navegar durante días por aguas hostiles.

           Por diversos motivos no acudió a Calais Alejandro Farnesio con tropas, municiones y víveres, como se había previsto en los planes de campaña. Sin embargo, los ingleses, creyendo que el enlace se había hecho y que la Invencible estaba preparada para tomar Inglaterra precipitaron un ataque que se produjo en las Gravelinas entre el siete y el ocho de agosto. Así una escuadra inglesa de más de treinta navíos, y liderada por el celebre Francis Drake, atacó a la armada española, provocando la pérdida de cuatro navíos que averiados por los impactos aportaron a plazas enemigas y fueron tomados por holandeses e ingleses.

           Desde este momento empezó el calvario de la Invencible. La armada, muy mermada en su número, carente de víveres y de suficiente munición, decidió bordear las costas inglesas, escocesas e irlandesas en un viaje a ninguna parte. La Armada Invencible estaba preparada para escoltar a los Tercios de Flandes hasta las costas inglesas. El contratiempo de no enlazar con los Tercios flamencos dejó a la Invencible sin su principal objetivo, debiendo circunnavegar Inglaterra en medio de la más absoluta zozobra.

           Y aunque nunca fue derrotada por la escuadra inglesa, lo cierto es que lo que no hizo el enemigo se encargó de hacerlo la meteorología. Una serie de tormentas, ocurridas los días seis, diecinueve y veintidós de septiembre terminaron por desaparejar la armada. No pocos navíos se vieron obligados a arribar a puertos escoceses e irlandeses, corriendo los tripulantes una suerte muy dispar. Algunos fueron acogidos por familias escocesas y regresaron meses después a España pero la mayoría de ellos fueron robados y asesinados, mientras el resto de las naves sufrían hambrunas por falta de víveres, frío y epidemias.

           En total, de los ciento treinta buques regresaron sesenta y seis y de los treinta mil hombres embarcados tan solo diez mil. De poco sirve decir que la mayor parte de las pérdidas se produjeron por tormentas y accidentes no por combates. La improvisación con la que fue pertrechada, las indecisiones del Duque de Medina- Sidonia, la incompetencia de Alejandro Farnesio que incumplió gravemente las órdenes de abastecimiento de hombres y víveres en Calais, y los desastres atmosféricos convirtieron a la Invencible en uno de los mayores dramas de la historia naval española. La ambición de ambos imperiod

           Y lo peor es que la derrota no acabó ahí. Los ingleses aprovecharon la indefensión española para atacar los puertos de la Coruña, Lisboa y Vigo. Tal desastre obligó a Felipe II a preparar una nueva armada, tan contundente como la invencible, que si no acabó enfrentándose a la inglesa fue por la muerte del rey Prudente.

 

PARA SABER MÁS

Cerezo Martínez, Ricardo: Las Armadas de Felipe II. Madrid, Ed. San Martín, 1988.

 

Fernández Duro, Cesáreo: La Armada Invencible. Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1884.

 

Hutchinson, Robert: La Armada Invencible. Barcelona, Pasado y Presente, 2006.

 

Mira Caballos, Esteban: las Armadas Imperiales. La Guerra en el mar en tiempos de Carlos V y Felipe II. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

II CONGRESO INTERNACIONAL DESCENDIENTES DE ANDALUSÍES “MORISCOS” EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL OJÓS (Murcia, España), del 23 al 26 de Abril de 2015

II CONGRESO INTERNACIONAL DESCENDIENTES DE ANDALUSÍES  “MORISCOS” EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL   OJÓS (Murcia, España), del 23 al 26 de Abril de 2015

Memoria

      Los andalusíes “moriscos”, mudéjares moriscos, granadinos,  antiguos, o simplemente los moriscos como se les denomina en los  documentos oficiales y la literatura de la época, siguen dando lugar  a un número creciente de trabajos de investigación, dedicados a  poner luz en este largo e importante período de tiempo, cuyos  avatares marcaron, sin duda, la historia de los países del Sur de  Europa y el Magreb.  Los estudios de microhistoria de las villas y localidades con  presencia de comunidades moriscas han proliferado en los últimos  años y constituyen un paso mas para comprender las similitudes y  diferencias entre grupos regionales, clases sociales e individuos, subsumidos muchas veces bajo el genérico “moriscos”.
                                        
      Pero donde las investigaciones se complican, es precisamente en el   momento de la expulsión de 1609/1614. Es ante ese momento crítico  en el que la Monarquía de Felipe III forzó al exilio y la deportación  a una masa tan significativa de población, cuando aparecen la   multiplicidad de situaciones, casuísticas e incógnitas, que exigen  cuestionar, críticamente a veces, los datos proporcionados por los  propios agentes de la expulsión y los cronistas interesados de la  época.
      El destino de los expulsos, o el de aquellos que eludieron la  expulsión, los itinerarios y las formas y lugares de sus asentamientos  en los nuevos países de acogida, la continuidad identitaria de sus  descendientes en una y otra orilla del Mediterráneo, todo ello sigue   abriendo nuevas puertas a los investigadores en una tarea que sin  duda dará nuevas perspectivas en los próximos años.
      Atendiendo a estas tareas investigadoras, Ojós y el Valle de Ricote, pero no sólo ellos, son un excelente marco geográfico y humano  donde llevar a cabo este II Congreso.
                                                           
Enrique Pérez Cañamares
Fundación Al-Idrisi  

 PROGRAMA CIENTÍFICO PRELIMINAR DEL CONGRESO

 Viernes 24 de Abril 2015
 9:00 h. Entrega de documentación y acreditaciones.

 10:00 h. Presentación e inauguración del Congreso.

 11:00 h. CONFERENCIA INAUGURAL: “El valle de Ricote en las fuentes tradicionales árabes”.  Dr. Ahmed TAHIRI. Universidad de Tetuán / Fundación al-Idrisi Hispano Marroquí – Sevilla, España.

 12:00 h. COCTEL DE BIENVENIDA.

 16:00 h. VISITA GUIADA AL MUSEO Y YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE SIYÂSA: “La vida  cotidiana en una ciudad andalusí del siglo XIII: Siyâsa (visita guiada a su museo y excavaciones).”  Dirigida por Joaquín SALMERÓN JUAN, Director del Servicio de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Cieza y Director del Museo de Siyâsa (Cieza, Murcia).

1.Zona excavada del despoblado de Siyâsa con las obras de cubrición de la casa no 6. Cieza (Murcia). SS. XII y XIII.

2. Jarra con decoración simbólica de aves afrontadas y mano de Fátima. Primera mitad del siglo XIII. Cerámica
esgrafiada sobre manganeso. 30,5 cm. altura x 21 cm. diámetro máximo. Museo de Siyāsa (Cieza, Murcia).
                                                          &
Sábado 25 de Abril 2015

PRIMERA SESIÓN (09:00 - 14:00). “Resistencias, excepciones, ocultamientos y complicidades
ante la expulsión de 1609 / 1614”. Coordina Enrique PÉREZ CAÑAMARES, Fundación al-Idrisi Hispano  Marroquí – Sevilla, España.

9:00 h. Ponencia: “La permanencia morisca en el reino de Granada durante los siglos XVII y XVIII.
Realidades documentales y fantasías genealógicas”.
Enrique SORIA MESA. Universidad de Córdoba.

9:35 h. Ponencia: “La resistencia individual: Alonso Herrador, licenciado y presbítero”.
Trevor J. DADSON. Queen Mary University of London, Inglaterra.

10:10 h. Ponencia: “Moriscos en el Valle de Ricote en tiempos de Felipe III y Felipe IV”
Santiago OTERO MONDÉJAR. Universidad de Córdoba.

10:45 h. 1a Comunicación.

11:05 h. 2a Comunicación.

11:30 h. Pausa / Café.

12:00 - 13:30 h. MESA REDONDA: “Resistencias, excepciones, ocultamientos y complicidades ante la expulsión de 1609 / 1614”. Participantes de la Primera Sesión. Modera Enrique PÉREZ CAÑAMARES.

SEGUNDA SESIÓN (16:00 – 20:00). “Itinerarios, destinos y asentamientos de los expulsos en el Magreb y en los países del sur de Europa”. Coordina Bernard VINCENT. Director de Estudios, Escuela  Superior de las Ciencias Sociales – París, Francia.

16:00 h. Ponencia: “Los moriscos en el Mediterráneo del siglo XVII: movilidad, recursos y estrategias de asentamiento tras su expulsión de la Península Ibérica”.  LOMAS CORTÉS, Manuel. Universidad de Valencia.

16:35 h. Ponencia: “La instalación de los moriscos en el Magreb: entre el relato oficial y el relato morisco” . Houssem ENDINE CHACHHIA. Universidad de La Manouba, Túnez.

17:10 h. Ponencia: “Hombres y nombres de la diáspora morisca” . Luís BERNABÉ PONS. Universidad de Alicante.

17:45 h. Ponencia: “La présence des Morisques dans les régences ottomanes de Tunis et d’Alger, d’après les données des archives locales”.  Ahmed SAADAOURI. Universidad de La Manouba, Túnez.

18:20 h. Pausa / Café.
                                                   &
18:40 h. 3a Comunicación.

19:00 h. 4a Comunicación.

19:20 – 20:30 h. MESA REDONDA: “Itinerarios, destinos y asentamientos de los expulsos en el Magreb y en los países del sur de Europa”. Participantes de la Segunda Sesión. Modera Bernard
VINCENT.

22:00 h. CONCIERTO DE MÚSICA ANDALUSÍ EN OJÓS (MURCIA).
Domingo 26 de Abril 2015

TERCERA SESIÓN (09:00 – 14:00). “Asimilación e identidad morisca antes y después de la expulsión”. Coordina Francisco CHACÓN JIMÉNEZ. Universidad de Murcia.

9:00 h. Ponencia: “ Hogar morisco: familia, transmisión patrimonial y cauce de asimilación” Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO. Universidad de Castilla-La Mancha.

9:35 h. Ponencia: “Muley Xeque: conversión, integración y decepción del príncipe de los moriscos” Esteban MIRA CABALLOS. Universidad de Sevilla.

10:10 h. Ponencia: “El impacto socioeconómico y político de los moriscos en la sociedad argelina” Mohamed AOUINI. Universidad de La Manouba, Túnez.

10:45 h. 5a Comunicación.

11:05 h. 6a Comunicación.

11:30 h. Pausa / Café.

12:00 h. MESA REDONDA: “Asimilación e identidad morisca antes y después de la expulsión”. Participantes de la Tercera Sesión. Modera Francisco CHACÓN JIMÉNEZ.

13:30 h. CLAUSURA DEL CONGRESO. DISTRIBUCIÓN DE LAS ACTAS (en formato digital) Y

DIPLOMAS DE ASISTENCIA.
                                            *****

PARA MÁS INFORMACIÓN: Tlf.: +34 626299109 ; congresomoriscosojos@gmail.com  &  fundacionalidrisi55@gmail.com
                                                     
NORMAS DEL CONGRESO:

1.IDIOMAS oficiales del Congreso: español y árabe.

2.FECHA del Congreso: 24, 25 y 26 de Abril de 2015.

3. LUGAR DE CELEBRACIÓN: Centro Cultural “Tomás López de Poveda”. Avda. del Río Segura s/n.   30611 Ojós (Murcia).

EL MAL DE AMORES DE LEONOR DE PORTUGAL, DUQUESA DE GELVES (1583-1620)

EL MAL DE AMORES DE LEONOR DE PORTUGAL,  DUQUESA DE GELVES (1583-1620)

        Siempre había pensado que hasta la Edad Contemporánea, todos tenían bien asumido que el matrimonio era una institución pactada por la familia. Los esponsales por amor eran la excepción, mientras que la regla era que las familias pactasen el mismo, incluso entre personas que no se conocían. En una época donde la honorabilidad procedía de la familia era fundamental que fuese ésta la que se encargase de gestionar los enlaces de sus vástagos. Había mucho en juego como para dejarlo en manos del amor.

        Conocíamos casos de parejas de enamorados que, incluso, se suicidaron al ser separados. O el caso de Juana la Loca que, al parecer, gran parte de su demencia procedía de su amor por el promiscuo Felipe el Hermoso. Hace unos días, revisando papeles viejos en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, me salió al paso otro caso singular, concretamente el de la jovencísima doña Leonor de Portugal y Vicentelo, condesa de Gelves. Era hija de Jorge Alberto de Portugal y Fernández de Córdoba, III conde de Gelves, y de Bernardina Vicentelo de Leca. Su padre murió en 1589, cuando Leonor tenía sólo seis años y, dado que era hija única, se convirtió con esa edad en la IV Condesa. Su madre se desposó en segundas nupcias con Juan de Sandoval y ambos acordaron, a principios de 1597, que debían pactar el matrimonio de la joven condesa con su pariente Diego de Portugal. La joven, que entonces tenía 14 años, recibió muy mal la noticia, tanto que el rey ordenó que mientras alcanzaba la mayoría de edad la enviasen a la Corte y que hiciesen una información del suceso. La Real Ccédula y la información, insertas ante notario, el 31 de julio de 1597, no tienen desperdicio:

 

        “Cuando Leonor supo el pacto de su matrimonio le ha dado y da mal de corazón y se ha entendido de ella lo ha tomado y toma mal y muestra no tener voluntad, antes de ello se ha echado de ver haber sido ocasión de una grave enfermedad que le dio. Y en particular, habrá cuatro meses poco más o menos que la afligió mucho una fiebre que tuvo la cual le precedió de haberle traído a la memoria y hablado sobre el dicho casamiento, con ánimo y voluntad de que estuviese y fuese en ello, de lo cual recibió tanta pasión que desde aquel día se le causo el mal y se conoció bien que nacía del dicho casamiento. Y desde allí se tuvo mucho cuidado con la dicha condesa y de su salud estuvo tan mala y tan al cabo que los médicos que la curaron, temieron mucho por su vida y procurando el remedio de ello decían que la principal medicina era no darle pesadumbres porque el mal que tenía procedía del corazón, la cual enfermedad hoy en día tiene tan arraigada que por poca que sea la pesadumbre le da el dicho mal y se siente mucho de él y en especial tratándole del dicho casamiento el cual y la voluntad de la dicha condesa está en este estado aunque con la edad, durante el tiempo, podrá entender conocer cuán bien le está a la dicha condesa cumplir dicho casamiento…”

 

        Está claro que la muchacha estaba tan apesadumbrada que afectó a su salud, pese al empeño de la madre que pensaba que con los años lo asumiría. El documento que he manejado no aclara cómo acabó el asunto, pero dado que se trata de la IV Condesa de Gelves, su biografía aparece en todos sitios, incluso en la Wikipedia. La niña no se casó con Diego de Portugal sino con Fernando Ruiz de Castro, con quien tuvo a su hija Catalina de Castro y Portugal que sería la V Condesa. Una vez viuda, se desposó en segundas nupcias con Diego Pimentel y Toledo, falleciendo en torno a 1620 o 1621 con apenas 37 o 38 años edad. Por cierto, que este título condal, que alude a esta localidad sevillana, lo ostenta actualmente el duque de Alba.

        Queda claro que la afligida muchacha se salió con la suya. Será de los pocos casos que conocemos en los que la capacidad de influir de una menor de edad terminó por anular un acuerdo matrimonial acordado entre dos influyentes familias.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

RELIGIÓN Y PODER: LA CRUZ Y LA MEDIA LUNA FRENTE A FRENTE EN EL GOLFO DE LEPANTO (1571)

RELIGIÓN Y PODER: LA CRUZ Y LA MEDIA LUNA FRENTE A FRENTE EN EL GOLFO DE LEPANTO (1571)

        En una carta dirigida por Juan Andrea Doria a don Juan de Austria le decía: “¿Preguntáis mi opinión, Señor?, yo os digo que el Emperador vuestro padre, con una escuadra como ésta no hubiese cesado de combatir hasta ser emperador de Constantinopla”.

         Como es bien sabido, al avance turco en el Mediterráneo solo se le oponía con contundencia la Casa de Austria. La cruz y la media luna frente a frente. Por lo demás, tan solo Venecia se sustraía a las acometidas turcas aunque más bien debido a su destreza diplomática que a su capacidad militar.

         Había sido en tiempos de Solimán el Magnífico cuando el imperio turco disfrutó del máximo esplendor en el mediterráneo, pues, sus naves surcaban el mediterráneo desde Argel hasta las costas del Próximo Oriente. En 1560 una armada de nada menos que cincuenta galeras italianas fue derrotada en Djerba (Trípoli) por una la armada turca. Parece ser que Felipe II se convenció desde este momento de la necesidad de construir una gran armada de galeras que pudieran resistir convenientemente a los turcos. Y las palabras del rey no quedaron en papel mojado, pues, hacia 1570, poco antes de la gran contienda de Lepanto, las galeras vinculadas a España en el mediterráneo superaban el centenar y medio.

         El sucesor de Solimán, Selim II, fue un ser repugnante y monstruoso física y moralmente. Se cuenta que fue su pasión por los vinos la que le impulsó a la conquista de Chipre, isla muy celebrada por sus caldos.El desencadenante de la contienda de Lepanto se inició cuando Selim II envió un ultimátum a los venecianos para que le entregasen Chipre. Los venecianos no cedieron pero los turcos, en 1570, arribaron a la isla nada menos que con cien mil hombres. Ante tal situación Venecia pidió el auxilio de las naciones cristianas al que solo respondieron España y el Pontífice San Pío V. Eso les pareció suficiente, la espada temporal y la espiritual juntas para salvar a Venecia y a toda la cristiandad.

         Dicho y hecho, los Estados Pontificios pertrecharon doce galeras, nombrando almirante a Marco Antonio Colonna, Duque de Palliano y condestable del reino de Nápoles. Por su parte, Felipe II ordenó en abril de 1570 a Juan Andrea Doria unirse de inmediato a la armada veneciana, mientras se establecían las bases de la Santa Liga entre España, el Papado y Venecia. España que puso la mayor parte del capital y el grueso de la armada consiguió poner al frente de la misma a don Juan de Austria. Como es bien sabido, éste era hijo del emperador Carlos V y de Bárbara de Blomberg. Nacido en Ratisbona se educó en España, ignorando en sus primeros años la regia estirpe de su progenitor. Endulzó los últimos días del Emperador y, siendo ya un adolescente, fue presentado en la Corte y reconocido como hermano de Felipe II que le profesó acendrado cariño, enturbiado a veces por la malevolencia de algunos pérfidos consejeros. Describen los coetáneos a don Juan de Austria como un hombre apuesto, de mediana estatura, escasa barba y grandes bigotes; el cabello rubio y abundante, peinado hacia atrás, buen jinete y experto en armas. Asimismo, se le consideraba un buen conversador y de simpatía irresistible. Su trato fascinaba y el encanto de su persona explica sus numerosos éxitos amorosos. Don Juan se había curtido en la guerra contra los moriscos de las Alpujarras, donde mostró su talento y habilidad. Él tenía un lema que dice mucho de su arrojo: “cuando no se avanza se retrocede”.

         En torno a Messina se concentró la escuadra de la liga, compuesta por doscientas siete velas, incluidas las doce del Papa y las ciento quince venecianas. Todo estaba previsto hasta el punto que uno de los navíos hacia las veces de hospital. Los soldados eran en su mayoría gente bisoña en las lides navales, mientras que los jefes eran marinos de reconocido prestigio como Álvaro de Bazán, Juan Andrea Doria y Agustín Barbarigo.

         Allí, fondeó la Armada de la liga en la Fosa de San Juan donde se celebró una misa muy especial, delante de buena parte de la tripulación. La emoción de la ceremonia se palpa en el texto del cronista Gonzalo de Illescas que transcribimos a continuación:

 

         “Al alzar la hostia y cáliz, fue tal la vocería de los soldados llamando en su ayuda a Dios sacramentado, y a su Madre Santísima; el ruido de la artillería, de las cajas de guerra, trompetas, clarines y chirimías; el horror del fuego y humo, del temblor de la tierra y estremecimiento de las aguas, que pareció bajaba a juzgar el mundo Su Majestad Divina con la resurrección de la carne, premio debido a la naturaleza del hombre”.

 

         Agitación, turbación, conmoción, vibración y miedo se mezclaban entre los soldados y marinos, pero también convencimiento en sus posibilidades de victoria. Ésta fue probablemente una de las claves del éxito. En una carta escrita por don Juan de Austria a su hermanastro Felipe II, el 16 de septiembre de 1571, a escasas semanas de la gran batalla, le decía lo siguiente:

 

         “La gana que en esta armada hay de pelear es mucha y la confianza en los de vencer no menos. Hágalo Dios como él más se sirva…”

 

         La escuadra aliada se dirigió a Corfú, una de las islas venecianas de la parte de Levante que había sido arrasada por los turcos. Los venecianos eran partidarios de un ataque rápido, antes de que los buques turcos que acababan de asolar nuevamente Chipre se reuniesen con los que Alí Pachá –o Pasha- tenía en el golfo de Lepanto. Poco antes de la contienda, el veintiocho de septiembre de 1571 Felipe II envió una carta a Sancho de Padilla, embajador en Génova, pidiendo la gran armada de Juan de Austria invernase en Sicilia y se esperase a una estación más benigna para atacar. De haber llegado a tiempo esta orden, se hubiese cambiado el rumbo de la historia, la batalla de Lepanto no hubiese ocurrido en 1571 y nunca sabremos dónde y cuándo se habría producido el enfrentamiento, ni tampoco con qué desenlace. Sea como fuere lo cierto es que la misiva llegó cuando la escuadra de don Juan de Austria había puesto rumbo a su encuentro con los turcos, en el golfo de Lepanto. El siete de octubre de 1571 divisaron las velas enemigas. Cuentan las crónicas que en ese momento un piloto susurró al oído de don Juan: “sacad las garras señor que dura ha de ser la jornada”. Asimismo se le preguntó si celebraría consejo a lo que respondió: “no es tiempo de razonar sino de combatir”.

         La escuadra turca estaba formada por doscientos setenta y siete buques entre galeras, galeotas y fustas divididas en cuatro escuadras. Toda la armada estaba a las órdenes del favorito del sultán, un joven arrojado pero con poca experiencia, llamado por los españoles Alí Pachá. La armada turca era superior en número de navíos pero no en pertrechos y cañonería que se veía muy superada por la Liga. Al ver Alí Pachá aparecer en el horizonte de aquella turbia mañana las velas de la escuadra de la Liga palideció pero no por ello dejó de presentar combate.

         La disposición táctica de la armada de la Santa Liga era la siguiente: el flanco izquierdo estaba mandado por el proveedor de Venecia Agustín Barbarigo, al mando de sesenta y cuatro galeras venecianas, mientras que el derecho lo ocupaba Juan Andrea Doria con otros tantos buques. En el centro estaba la capitana de don Juan de Austria, flanqueada por la capitana veneciana, al frente del comandante Sebastiano Venier, y la capitana del Papa, gobernada por el almirante Marco Antonio Colonna. Don Álvaro de Bazán se encargaba de cubrir la retaguardia con treinta galeras, mientras que la vanguardia, algo adelantada del resto de la armada, iría don Juan de Cardona con ocho galeras. Las veinte naves mancas de aprovisionamiento, al mando del capitán César de Ávalos, navegarían a cubierto entre las escuadras citadas.

         La escuadra turca se estructuraba de forma similar, yendo Alí Pachá, flanqueado por la izquierda por el gobernador de Argel y, por la derecha, por el Pachá de Alejandría y en la retaguardia Murad Dragut.

         Tras los primeros disparos de lombardas el primer enfrentamiento se produjo entre las galeras venecianas de Barbarigo y las musulmanas del Pachá de Alejandría. Los gritos ensordecedores de la chusma turca se oyen a distancia. Barbarigo cae mortalmente herido mientras su nave es presa de los turcos. La capitana de la armada de la Liga, al frente de don Juan de Austria se dirigió hacia la de Alí Pachá hasta llegar al abordaje. En los puentes de las dos embarcaciones se luchó como si de tierra firme se tratara. Flechas turcas, arcabuzazos, choque de espadas, cimitarras, astillas de las embarcaciones, humo, griterío, estrumpidos de los disparos; todo resuena en hórrida confusión.

         Don Juan, empuñando su espada, combatió como un soldado más, en un momento de gran peligro. Por fortuna, los navíos de Álvaro de Bazán y de Marco Antonio Colonna acudieron en su auxilio y se hicieron con el control de la capitana turca, matando a Alí Pachá. Poco después, un soldado el corta la cabeza al líder turco y la presenta a don Juan, quien apenado aparta su rostro. Resuena entonces el grito de ¡victoria! La batalla se había ganado un siete de octubre de 1571, permitiendo a España un mayor control del Mediterráneo. No obstante, el coste humano fue muy alto: quince mil muertos entre las filas otomanas y ocho mil entre las de la Santa Liga, además de varias decenas de miles de heridos entre los dos bandos. Las cifras nos dan una idea de la magnitud y de la crudeza de los combates vividos en el golfo de Lepanto.

         La batalla acabó a las cuatro de la tarde del siete de octubre y Felipe II no supo de la victoria hasta el veintinueve de octubre, es decir, hasta veintidós días después. Tras la alegre noticia se organizó en Madrid una multitudinaria y solemne procesión de acción de gracias en la que participó emocionado el rey Prudente. Probablemente la historiografía española ha sobre valorado los efectos de esta gran victoria porque Lepanto ha sido durante siglos un verdadero símbolo de la patria hispana y quizás también de la cristiandad.

         Desde hace mucho tiempo la batalla naval de Lepanto dejó de ser un simple hecho histórico para trascender el terreno de la leyenda. Probablemente Lepanto no significó el fin de la amenaza turca en el Mediterráneo, como la derrota de la Invencible no significó la pérdida de la hegemonía hispánica en el Atlántico. De hecho, tan solo tres años después de Lepanto, los turcos derrotaron a los españoles en La Goleta (Túnez), tras un duro ataque naval y terrestre. Nunca más recuperó España esta estratégica ciudadela.

       Pero Lepanto también es un símbolo más de la sinrazón humana, del afán de poder de unos y de otros por el dominio delo mundo. Ideas absurdas basadas en la ambición de las élites que terminó costando caro a los miles de jóvenes que perdieron sus vidas luchando por un sueño que en buena parte les era ajeno.

 

PARA SABER MÁS

 

CEREZO MARTÍNEZ, Ricardo (1971): Años cruciales en la historia del Mediterráneo (1570-1574). Madrid, Junta Ejecutiva del IV Centenario de la Batalla de Lepanto.

 

-------- (1988): Las Armadas de Felipe II. Madrid, Ed. San Martín.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Las Armadas Imperiales. La guerra en el mar en tiempos de Carlos V y de Felipe II. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

 

VARGAS-HIDALGO, Rafael (1998): la batalla de Lepanto: según cartas inéditas de Felipe II. Santiago, Ediciones Chile-América.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LAS SORPRENDENTES ANDANZAS DE UN CONVERSO: EL PRÍNCIPE FELIPE DE ÁFRICA

LAS SORPRENDENTES ANDANZAS DE UN CONVERSO: EL PRÍNCIPE FELIPE DE ÁFRICA

        Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con la lectura de un libro que, por supuesto recomiendo a todos los amantes no solo de la historia sino de los libros en el sentido más extenso. Se trata de un volumen de pequeño formato y 245 páginas, firmado por Jaime Oliver Asin, titulado Vida de don Felipe de África, príncipe de Fez y Marruecos (Madrid, C.S.I.C., 1955).

        Nuestro protagonista, el príncipe Muley Xeque, posteriormente bautizado como don Felipe de África, nació en Marruecos en 1566. Era hijo del rey de Fez y Marruecos y último descendiente de la dinastía Sadí, la anterior a la actual que es la Alauita. Lope de Vega lo describió como una persona de talle extremado, fornido, de perfectas proporciones y de rostro modesto, cabello rizado, alegre de ojos y falto de barba.

Su padre, Muhammad fue destronado y huyó con su hijo, refugiándose en el Peñón de Vélez de la Gomera. Corría el año de 1577. Allí abrigó la esperanza de que el joven e impetuoso rey Sebastián de Portugal lo ayudase a recuperar el trono. Sin embargo, al año siguiente, en la batalla de Alcazarquivir, no solo fueron derrotados sino que le costó la vida a ambos monarcas, al luso y al Sadí. El protagonista de nuestra historia, que apenas tenía doce años, escapó con vida, ayudado por los portugueses que consiguieron trasladarlo a Lisboa.

        Diez años permaneció en Portugal el joven príncipe Sadí, entre diciembre de 1578 y enero de 1587. Luego, Felipe II decidió trasladarlo con toda una corte de 57 personas a España, viviendo en distintas localidades. La primera que lo albergó fue Carmona, hospedándose en el alcázar de arriba, por espacio de tres años. Y ¿a qué se dedicó en la villa sevillana? No sabemos gran cosa, pero hay determinados indicios para pensar que las relaciones con los vecinos no fueron buenas, pues algunos miembros de su séquito provocaron peleas, hasta el punto que por acuchillar a un alguacil, algunos fueron encarcelados. Según Jaime Oliver, al alcázar carmonense acudían moriscos del entorno a rendirle pleitesía, hasta el punto que Felipe II llegó a pensar en devolverlo de nuevo a Portugal.

Finalmente, fue encaminado a Andújar (Jaén) convirtiéndose al cristianismo, lo que provocó un gran escándalo entre los suyos que incluso trataron de envenenarlo. Descubierta la trama, salió de Andújar con destino al monasterio del Escorial, donde recibió las aguas del bautismo, con el rey Felipe II como padrino. Su nombre cristiano Felipe, en honor a su padrino y protector, el rey Prudente. Entre 1594 y 1608 vivió habitualmente en Madrid, concretamente en una casa ubicada en la calle de las Huertas, esquina con la del Príncipe, frecuentando la iglesia de Atocha, cercana a su morada. Recibió un hábito de Santiago, pues según los testigos tenía sangre real y ninguna ascendencia judía.

Según Jaime Oliver en 1609 abandonó definitivamente la Península Ibérica en 1609 para marchar a Italia. Pero debió ser en realidad en 1610 pues en enero de 1610 lo tengo documentado de nuevo en Carmona, en el alcázar de Pedro I. Por cierto, que se dedicó a comprar la libertad de algunos conversos. Obviamente, no es casualidad que saliese de España en ese año, coincidiendo con la gran expulsión de 1609-1610. Por cierto que en Italia coincidió con otros muchos moriscos de alcurnia que habían escapado a la Península Itálica, recibiendo la protección de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Es posible que el traslado a Italia lo hiciera desde el puerto de Sevilla o desde alguno de los puertos andaluces, pues en a mediados de 1610 está documentado en Milán. Ese mismo año se trasladó a una pequeña localidad cercana, Vigevano, en la misma provincia de Pavia, donde vivió por espacio de una década hasta su muerte el 4 de noviembre de 1621. Unos días antes dictó su testamento, reconociendo como heredera a su hija natural Josefa de África, monja profesa en el convento de San Pablo de Zamora. Dicho sea de paso, otra morisca que se había quedado sin problema, en este caso, asegurando su vida como religiosa en un cenobio.

Este príncipe de Marruecos, mantuvo unas excelentes relaciones no solo con Felipe II sino también con su hijo Felipe III. ¿Qué pasó por la cabeza de este monarca cuando al tiempo que mantenía una gran amistad con el más noble de los moriscos, expulsaba dramáticamente a otros 300.000? Las consecuencias de este dramático etnocidio, las sufrió España durante siglos, acentuando la confrontación social, la despoblación y la ruina económica de nuestro país.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LOS DERECHOS DE LA MUJER EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA: UN REPASO HISTÓRICO

LOS DERECHOS DE LA MUJER EN LA ESPAÑA  CONTEMPORÁNEA: UN REPASO HISTÓRICO

En estas líneas analizaré el largo proceso del reconocimiento de los derechos de la mujer en nuestro país. He intentado plantear la cuestión a partir de datos históricos y no de un posicionamiento ideológico previo. Por ello, simplemente me limito a reflejar una serie de datos objetivos paras que juzgue el propio lector.

Durante siglos -yo diría que milenios-, la obligación de la mujer era servir y acatar la voluntad de su marido, incluso en la peor de las situaciones. Las propias constituciones sinodales de los obispados reprobaban la disolución de los matrimonios, salvo casos extremos que sólo podían autorizar las autoridades eclesiásticas. Se trataba de una sociedad patriarcal, en la que los varones ostentaban una clara superioridad en cuota de poder y en privilegios socio-económicos. En la mayor parte de los casos, los malos tratos se daban en la intimidad del hogar conyugal, lugar físico donde comenzaba la opresión de la mujer.

Evidentemente, teniendo en cuenta que el matrimonio era un vínculo sagrado, sancionado por Dios, a través de sus ministros en la tierra, los casos de disolución del matrimonio eran absolutamente excepcionales. Casi siempre se producían cuando había palizas o vejaciones físicas de por medio que traspasaban las fronteras de la intimidad familiar, bien por ocurrir en la calle, o bien, por evidenciarse las señales físicas de la agresión. Por tanto, podemos decir que la violencia doméstica se aceptaba sin problemas en el Antiguo Régimen, castigándose solo los casos más flagrantes y públicos. En una sociedad como aquélla, la justicia solo podía intervenir en casos muy claros de actuación irregular del cabeza de familia.

         En los 23 meses escasos que duró la I República, del 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874, se aprobaron las primeras leyes a favor de la igualdad, como el matrimonio civil. Y digo que tal medida fue a favor de la igualdad porque el hecho de que dejase de ser un vínculo sagrado implicaba tácitamente la aceptación de su disolución. De alguna forma se quebraba la idea tradicional de que la mujer debía de aguantar por mal que fuese tratada porque el matrimonio era un sacramento indisoluble. El matrimonio civil implicaba también un tímido intento de liberar a la fémina de la superioridad moral y legal del marido. Pero ¿qué actitud adoptó la Iglesia española ante esta medida? Una oposición radical que es importante subrayar, sobre todo para aclarar el papel que cada institución y grupo político ha jugado. Cuando se aprobó la Restauración Borbónica la ley del matrimonio civil no fue revocada; fue necesaria una campaña de los sectores más conservadores y de las autoridades eclesiásticas para conseguir su derogación. Así, por ejemplo, en una circular del obispado de Badajoz a sus párrocos que hace poco cayó en mis manos se compelía a estos no solo a negarles la comunión a los desposados por lo civil sino a impedirles, llegado el caso, su enterramiento cristiano. Transcribo el documento, fechado en Badajoz el 30 de agosto de 1878 y firmado por el Obispo:

A pesar de los esfuerzos de todas clases que venimos desplegando desde que para desdicha de nuestra Patria, se estableció en ella el llamado matrimonio civil, y aunque se les ha recriminado por los párrocos a salir de tan pecaminoso estado que compelan a los casados civiles a que lo hagan por la iglesia. Y si durante este plazo muriese alguno sin señal de arrepentimiento, no obstante las amonestaciones del párroco, éste se abstendrá de enterrarlo en Sagrado”.

 

El citado manuscrito tiene su gracia, pero es representativo de la mentalidad de la época y, por supuesto, de la posición de la Iglesia. En pocos años consiguieron acabar con ésta y otras mejoras sociales aprobadas durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). Habrá que esperar hasta 1931 para que se vuelva a permitir el matrimonio civil y otras mejoras sociales para la mujer.

         La proclamación de la II República y de su constitución de 1931 supuso un nuevo hito en los avances sociales de la mujer. Nunca se sancionaron tantas leyes a favor de sus derechos en tan poco tiempo. De un plumazo se aprobó el derecho al matrimonio civil, el derecho al voto, el acceso a cargos públicos, el derecho a una educación pública en igualdad con el hombre, el derecho al divorcio y a la custodia de los hijos. Es decir, la mayoría de las garantías democráticas de que hoy gozan las mujeres fueron aprobadas durante la II República. Muchas mujeres entregaron toda su energía en defensa de la igualdad como Clara Campoamor, Victoria de Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri o Federica Montseny.

         Para las fuerzas republicanas era clave la separación entre Iglesia y Estado porque aquella constituía un obstáculo insalvable para el progreso social. Como ha escrito Manuela López Marcos (2001: 76), para los republicanos la religión debía ser un asunto privado y era tolerable siempre y cuando se mantuviese “dentro de los muros de la sacristía”.

         El advenimiento del régimen franquista dio al traste con todas estas mejoras, reimplantando el modelo de la familia tradicional, donde el mando lo tenía el cabeza de familia y la mujer se dedicaba a la crianza de los hijos. Siguiendo la doctrina de la Iglesia Católica se defendía a la familia como “fuente de vida, maestra y educadora del hombre, directamente querida por la naturaleza y elevada por Jesucristo, mediante el sacramento del Matrimonio, al orden sobrenatural”. El matrimonio era exclusivamente la unión de un hombre y una mujer y su carácter volvía a ser sagrado e indisoluble. Y ello, decían porque era la única forma de crear una conciencia responsable a los progenitores capaces de cumplir con los fines del matrimonio. Por ello, el Estado no podía admitir ni la poligamia ni el divorcio, porque eso restaba solidez a la familia, institución sagrada del Estado. Y ¿Quién detentaba el poder dentro de la familia?, pues el padre “y en su defecto la madre”. Sus dos grandes fines procrear hijos y educarlos -en el ideario Nacionalcatolicista, claro-.

         A partir de la proclamación de la Constitución de 1978 se reconquistaron de nuevo valores y principios perdidos tras la caída de la II República. En el Título I, Art. 16 de la misma se garantizaba la existencia de un estado aconfesional, permitiendo la libertad ideológica y habilitando, aunque no se dice expresamente, la reaparición de los matrimonios civiles y por tanto del divorcio. Por cierto, que desde el año 2009, los matrimonios civiles superan en número a los religiosos.

         Sirvan estas pocas líneas para refrescar nuestra memoria y de paso saber dónde se han situado a lo largo de la historia unos y otros en relación a los derechos sociales.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

DE AFORAMIENTOS Y OTROS PRIVILEGIOS: LOS RIESGOS DE UNA DEMOCRACIA EN QUIEBRA

DE AFORAMIENTOS Y OTROS PRIVILEGIOS: LOS  RIESGOS DE UNA DEMOCRACIA EN QUIEBRA

        He leído muchas veces al filósofo Juan Pedro Viñuela hablar del proyecto inacabado de la Ilustración. Parcialmente se ha conseguido cierto margen de libertad y de igualdad, mientras que la fraternidad entre todos los seres humanos ni tan siquiera se ha intentado. En resumidas cuentas, hasta la fecha se ha frustrado el mayor proyecto político y social de la historia. Y como bien escribió hace casi medio siglo René Remond, director de la Fundación francesa de Ciencias Políticas, sin igualdad jurídica y social no puede haber democracia. Por tanto, fracaso parcial de los ideales ilustrados y fracaso parcial de la verdadera democracia.

        En estos momentos se está planteando de nuevo la cuestión del aforamiento de don Juan Carlos y doña Sofía. Los argumentos a favor de su concesión no pueden ser más endebles: uno, que si hay más de 18.000 personas en España que gozan de él, incluyendo a jueces, políticos y diplomáticos, dos personas que han ostentado la jefatura del estado por más de tres décadas lo deben tener también. Y otro, que el hecho de que solo puedan responder ante el Tribunal Supremo no es un privilegio sino una rémora ya que no tienen la posibilidad de la apelación. Sin comentarios; si hay más de 18.000 personas aforadas en nuestro país ya es hora que se la retiren por decreto ley, y de paso se les otorga su derecho legítimo a la apelación.

        Si hacemos un poco de historia, hasta el siglo XVIII hubo en España tribunales especiales para los miembros del estamento nobiliario. Todo el que tenía una patente de hidalguía, un título nobiliario o un hábito de alguna Orden Militar, tenía derecho a tribunales especiales. Unos tribunales que, por supuesto, dictaban sentencias mucho más benignas que los destinados a juzgar a los plebeyos. Si un noble mataba a un campesino le podía caer una buena reprimenda e incluso una multa, pero si el hecho era el inverso, el campesino tenía asegurada la ejecución por garrote vil.

Pero los privilegiados no solo tenían tribunales especiales sino que además se reservaban los mejores cargos de la administración, discriminando a las minorías étnicas y a los plebeyos, incluyendo a los burgueses. Las consecuencias de todo ello son bien sabidas: por un lado, dividieron y enfrentaron a la sociedad y, por el otro, apartaron del poder a un buen número de personas meritorias. Miles de familias sufrieron la sospecha, mientras los cristianos viejos copaban los altos puestos de la administración sin exhibir más mérito que su supuesta sangre limpia. Todo ello contribuyó al secular retraso de nuestro país en todos los campos, lo mismo político que social, económico, científico, etc.

Pero volviendo al tema del aforamiento, pretenden concedérselo al mismo que hace poco dijo que la justicia era igual para todos. Pues si la justicia es igual para todos, por qué unos tienen que tener unos tribunales especiales, supuestamente de más calidad, mientras que otros nos tenemos que conformar con los juzgados de primera instancia. Y si se le concede a don Juan Carlos, ¿por qué no también al pobre de Iñaki Urdangarin? ¿Por qué no también a la Infanta Cristina? ¿Por qué no a Messi que tiene un magnífico toque de balón? ¿por qué no a mí que soy buena gente y estoy dispuesto a renunciar a mi derecho a apelar? Aforamientos, sobres en B, planes de pensiones domiciliados en Luxemburgo o en las islas Caimán, privilegios políticos, perpetuación de las desigualdades… ¡A dónde vamos a llegar! ¡que no me hablen de democracia, que no me hablen de la solidaridad de pagar religiosamente mis impuestos, que no me hablen de que la justicia es igual para todos, que no me hablen de equidad en el acceso a los puestos públicos!

Pero la gente ya no está para bromas, la fiesta se ha acabado y se avecina un tiempo nuevo en la política española. Precisamente hoy el periodista John Müller ha escrito en Libertad Digital que si Podemos gana las elecciones España está acabada. Todos su argumentos se sustentan en planteamientos infundados como que estos copiarían el modelo fallido de la Revolución Bolivariana que ha dejado arrasada a Venezuela. Pues mire usted, Sr. Müller, los varios millones de personas en España que no tienen trabajo, ni ingresos y que están a punto de perder sus viviendas si no la han perdido ya, tienen poco o nada que perder. España no es la que está acabada sino la casta de privilegiados que llevan siglos detentando el poder: las grandes fortunas, los aforados, las multinacionales, esos sí pueden perder privilegios y en cierta medida comprendo sus miedos. Pero si realmente somos demócratas habrá que asumir la voz de la mayoría, de una mayoría que se siente engañada y que legítimamente quiere un cambio. Que sea la voluntad del pueblo. ¡Suerte!

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

DECRECIMIENTO O COLAPSO CIVILIZATORIO

DECRECIMIENTO O COLAPSO  CIVILIZATORIO

        La lectura del reciente libro de Carlos Taibo, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, ¿Por qué el decrecimiento? (Barcelona, los libros del lince, 2014) junto con un repaso de otros textos que he leído en los últimos años me han llevado a estas reflexiones que he puesto por escrito.

        Hace tiempo que sabemos que el capitalismo lleva intrínseca su propia autodestrucción porque se basa en el consumo ilimitado cuando los recursos del planeta son limitados. Desde la I Revolución Industrial, el desarrollo se ha sustentado sobre el consumo de energías fósiles, primero el carbón y, después, el petróleo y el gas. Su consumo va a seguir aumentando en los próximos años por la industrialización de los países emergentes. Carlos Taibo asegura desconocer cuándo se producirá el colapso, aunque cita a otros autores, como el desaparecido Ramón Fernández Durán, que lo situaba a partir de la cuarta década del siglo XXI.

        El gran problema radica en que, pese a la certeza anterior, casi nadie está dispuesto a cambiar el crecimiento por el decrecimiento. Unos porque siguen confiando en el sistema capitalista y piensan que, como en otras ocasiones, se adaptará a los nuevos tiempos. En esa línea se mueve el capitalismo verde que, en realidad, busca mantener el consumismo pero bajo una apariencia ecológica: desarrollo sostenible –crecer pero de manera sostenida-, coches ecológicos -altamente contaminantes por los compuestos que usan-, líneas de alimentos ecológicos, etc. Se trata de cambiar la apariencia para que lo esencial del sistema siga funcionando. Otros, simplemente porque piensan que el capitalismo es insustituible, que no hay vida más allá de él. Esta posición es propia de los partidarios del neoliberalismo, desde Margaret Thatcher a George Bush. Y para colmo, tildan a los partidarios del decrecimiento o del ecosocialismo como idealistas o, peor aún, como catastrofistas. En general, en casi todos los programas de los partidos políticos y de los Estados se buscan recetas para reactivar el consumo y, por tanto, el crecimiento. Un consumismo que se apoya en una publicidad agresiva, el crédito fácil y una caducidad exagerada, a veces con obsolescencia programada incluida. Todo ello potencia artificialmente nuestras necesidades y nos incitan, incluso, a comprar cosas que no necesitamos y a veces hasta detestamos. Al consumismo de los países desarrollados se está sumando ahora el de los países emergentes que están creciendo desmesuradamente, al tiempo que generan empleos precarios, desigualdades gigantescas y agresiones medioambientales irreversibles.

El ranking mundial de los países se realiza en base al PIB, sin considerar el grado de bienestar de los ciudadanos. No extraña que aplicando otros parámetros, como el Índice de Desarrollo Humano u otros como el grado de felicidad, países como Bután, Cuba o Costa Rica aparezcan muy arriba mientras que algunos de los grandes como China o Reino Unidos aparezcan en los puestos 82 y 41 respectivamente. Por cierto que la esperanza de vida en Cuba es de las más altas del mundo lo que se debe, por un lado, a su sistema sanitario y, por el otro, a que su dieta es escasa –por la carestía- y se basa en frutas tropicales y verduras. Y es que, como defienden Taibo y Latouche, está claro que no siempre los países más ricos son los que albergan a una ciudadanía más feliz porque la competencia capitalista genera una minoría de ganadores y una mayoría de perdedores.

Lo cierto, como defienden tanto los decrecentistas como los ecosocialistas, es que si queremos evitar el colapso es necesario decrecer ya, disminuir drásticamente el consumo. Y ello es posible incluso aumentando nuestro bienestar. Se trataría, como ha escrito Jorge Riechmann, de sustituir la actitud consumista ante la vida y mirar a la creación como forma de realizarnos: el arte, la poesía, la filosofía… son materias que nos permiten realizarnos personalmente, sin dañar el medio ambiente.

En general comulgo con las ideas decrecentistas aunque discrepo de ellos en su oposición a otras corrientes similares, como el ecosocialismo o el posdesarrollo. Y digo que similares porque básicamente defienden lo mismo, es decir, el decrecimiento sostenible, aunque difieran en otros aspectos como la socialización de la riqueza. Carlos Taibo, se desmarca de los ecosocialistas por dos motivos: uno, porque se define como libertario decreciente, una palabra polisémica y compleja pero que en este caso debe entenderse como ácrata, más vinculado al anarquismo que al marxismo. Y segundo, porque a su juicio, la palabra socialismo ha sido objeto de muchas polémicas sobre todo a raíz de la burocratización del socialismo soviético y Chino. Pero vincular al socialismo con los regímenes totalitarios de izquierda del siglo XX es tan injusto como establecer la equivalencia entre capitalismo y nazismo. También afirma que Karl Marx no fue decrecentista, claro, ni tampoco ecologista, y lo mismo se puede decir de Lenin, Trotski o Mao Tse Tung; esos problemas no existían en su tiempo y aunque el filósofo alemán ha sido uno de los más brillantes pensadores de la historia no era adivino, ni brujo ni chamán.

Más justificadas son sus distancias y recelos con el concepto de posdesarrollo que defienden, un tanto asépticamente, otros estudiosos. Sin embargo, a mi juicio estas divisiones absurdas perjudican al pequeño grupo de personas, entre las cuales me incluyo, que apuestan por cambiar el mundo. Somos pocos y encima estamos divididos. En realidad, decrecentistas, posdesarrollistas y ecosocialistas comparten el mismo proyecto, pues el mero freno del consumismo superfluo provocaría una mayor solidaridad entre los seres humanos que a la postre, con socialismo o sin él, llevaría a una mayor solidaridad entre Norte y Sur y a una más equitativa distribución de la riqueza.

        De no ocurrir el decrecimiento se avecinan grandes males para la humanidad. Las energías fósiles se agotarán en pocas décadas y no parece que las alternativas estén en condiciones de sustituirlas en estos momentos. La energía se encarecerá progresivamente. Pero hay algo peor, los alimentos básicos escasearán y su precio se multiplicará. Se calcula que en el mundo hay unas 13.000 millones de hectáreas bioproductivas, es decir 1,8 hectáreas por persona. El aumento poblacional -10.000 millones de personas en el 2.060-, unido al cambio climático y a la desertización van a reducir drásticamente la producción provocando hambre y migraciones a gran escala. Las multinacionales lo saben y llevan algunos años comprando miles de hectareas de tierra fértil en África y en Asia. También, escaseará el agua potable de calidad.

Pero todavía no es tarde; podemos cambiar el mundo, quitándole la razón a los que piensan que no hay alternativa. El ser humano vivió ajeno al capitalismo durante dos millones de años, y puede volverlo a hacer sin necesidad de regresar a las cavernas, e incluso con más bienestar social que el actual. La labor de los docentes en este cambio es clave. Es necesario, como dice Taibo, ecoalfabetizar a los alumnos, enseñarles el valor de la sobriedad y del respeto a la madre naturaleza. Al mismo tiempo –añado yo- debemos enseñarles otra visión de la historia, alternativa a las revoluciones agrícolas e industriales que nos llevaron hasta aquí, desde el Neolítico a la era industrial. Etapas que se estudian como grandes hitos pero que en realidad son el vivo ejemplo de la capacidad destructiva del Homo Sapiens que le está llevando a acabar con su propio hábitat.

Carlos Taibo propone seis sencillas reglas para cambiar el mundo, a saber: una, recuperar una vida social que, a su juicio, nos ha sido robada, es decir, las relaciones sociales pausadas de nuestros antepasados. Dos, Desplegar fórmulas de ocio creativo, ajenas al consumismo. Tres, redistribución de la carga laboral, trabajo para todos aunque en menos cantidad y una renta básica que nos permitan satisfacer las necesidades no acumular. Es necesario recuperar el espacio público. Cuatro, reducir las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte. Quinto, restaurar la vida local, la autogestión y la democracia directa, poniendo freno a la globalización desbocada. Y sexto, recuperar voluntariamente y a nivel individual la sencillez y la sobriedad de antaño.

En pocas palabras, renta básica, austeridad, reducción del consumo, estímulo de la economía local frente a la global y reciclaje y reutilización. Ésta es la única receta que se nos ocurre para salvar el mundo. ¡Suerte!

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS