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Historia de Carmona

SUBSAHARIANOS, MAGREBÍES Y AMERINDIOS EN LA CARMONA MODERNA

SUBSAHARIANOS, MAGREBÍES Y AMERINDIOS EN LA CARMONA MODERNA

La temática responde a un encargo de la asociación Intercultural Puerta de Sevilla para que hablase de la integración de inmigrantes en el pasado de Carmona. Y de ello vamos a tratar, aunque evidentemente tenemos que matizar todo esto.

Recientemente se han publicado algunos títulos, en este sentido, en el sentido de la mayor tolerancia e integración en la España Moderna: Concretamente:

 

 

- “Tolerance and coexistence in Early Modern Spain” de mi amigo Trevor J. Dadson

 

-y “Cada uno en su ley. Salvación y tolerancia religiosa en el Atlántico ibérico” de Stuart B. Schwartz.

 

 

El primero defendía la integración de miles de moriscos en la España moderna con la connivencia de los cristianos viejos (los de toda la vida). Y el segundo, observó que algunos de los procesados por la Inquisición afirmaban que cada uno podía salvarse siguiendo su ley religiosa, es decir, su religión.

         Sin embargo, yo hice sendas reseñas, matizando a ambos: sobre el primero, dijo que muchos se quedaron, pero que poco más de 300.000 moriscos fueron enviados al cadalso, lo que evidencia la brutal intolerancia religiosa que se vivía en España. Ese decir, se marcharon 4/5 partes. Y en relación al segundo, me parecía excesivo hablar de tolerancia religiosa, cuando esos mismos que afirmaban que cada uno se salvaba en su ley, fueron condenados y quemados por el tribunal de la Inquisición. Esos que mi amigo Stuart Schwartz llama tolerantes, eran en realidad disidentes que hartos ya de todo se la jugaron a sabiendas, diciendo todas las barbaridades que pensaban antes de ser achicharrados.

Me hubiese gustado contar una historia feliz sobre nuestro pasado: la convivencia pacífica de religiones, la alianza de civilizaciones, la tolerancia y los valores éticos de todos nuestros antepasados carmonenses y españoles.

Sin embargo, como siempre digo, la felicidad son páginas en blanco dentro de la historia. Yo miro al pasado con la misma sensación que ese ángel de la Historia, cuando miraba horrorizado hacia atrás, contemplando la catástrofe y destrucción generada por el progreso.

En esta ponencia quiero empezar hablando de la sombras, que fueron muchas, y terminaremos hablando de las luces que también fueron importantes.

 

 

LAS SOMBRAS DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL

 

 

1.-LA DESIGUALDAD

 

La sociedad estamental de la Edad Moderna se fundamentaba en la desigualdad: los que tenían sangre noble frente a los que no, los cristianos viejos frente a los neófitos, los burgueses ricos frente a los pobres, los hombres sobre las mujeres, los adultos sobre los niños, etc.

Cualquier debilidad física –infancia, vejez, una enfermedad-, mental –síndrome de Down, etc.- o social, podía acarrear graves consecuencias para la persona en cuestión. Los pobres padecían no sólo los rigores de la carestía y el hambre sino también una gran discriminación social. Pobres, mendigos y vagabundos se metían habitualmente en el mismo saco, equiparándolos a personas mentirosas, borrachas e indignas. Y habría que recordar que la pobreza en el Antiguo Régimen era desmedida, se situaba entre el 10 y el 20% de la población y en épocas de guerras y de crisis alimentarias podía alcanzar el 25 y hasta el 50%.

 

 

2.-INTRANSIGENCIA RELIGIOSA

 

Desde tiempos de los Reyes Católicos se fue configurando en España un Estado casticista, donde sólo tenía cabida el homo christianus. Las minorías irreductibles serían expulsadas: los judíos en 1492 y los moriscos entre 1609-1614. En cuanto a las disidencias internas –erasmistas, iluminados y protestantes- serían controladas y cercenadas de raíz por la Inquisición.

        Lo cierto es que los conversos fueron perseguidos por la Inquisición y sus descendientes marginados de la administración, de los más prestigiosos colegios mayores, de las órdenes militares, e incluso, de determinadas congregaciones religiosas, como la jerónima. Fueron considerados, linajes deicidas, con una permanente deuda de sangre. Además implantaron en España una perniciosa tradición, que en algunos sectores sociales ha llegado hasta la Edad Contemporánea, de que sólo la sospecha es suficiente para excluir a alguien. Los estatutos de limpieza sirvieron a los cristianos viejos para limitar la capacidad de los neófitos de acceder a las instituciones castellanas. En ellos había un componente racista, aunque el término no equivalga exactamente al contenido actual. Es por ello por lo que unos hablan de protorracismo y otros, como el profesor Columbus Collado, de racismo cultural.

Los afectados trataron de ocultar su pasado, recurriendo a diversas estrategias: cambio de apellido, mudanza de localidad, falsificación de su propia genealogía, e incluso, comprando testigos que aseverasen su pasado cristiano. El caso es que salió de la Península el grueso de la comunidad judía, unos 100.000.

Se trató, de una verdadera “solución final”, pues, obviamente, expulsados los judíos se acababa definitivamente con el problema. Una decisión brutal, aunque menos que la decretada por los nazis en 1942 para su exterminio en los campos de concentración. Y esta última fecha no deja de ser curiosa porque se trata de los mismos números, anteponiendo el nueve al cuatro. Es posible que los Monarcas Católicos no previesen tal decisión que acarreó un quebranto económico notabilísimo, al tiempo que favorecieron el desarrollo de rivales tales como el imperio Otomano donde fueron bien recibidos.

Los siguientes en caer serían los moriscos, es decir aquellos musulmanes que optaron por quedarse en España, abrazando de mejor o peor grado la religión cristiana. Sin embargo, algunos de ellos -no todos, ni siquiera la mayoría- seguían practicando la religión islámica en la intimidad de sus hogares. Eran falsos conversos. Pero el problema no era tanto la existencia de estos recalcitrantes sino de una minoría cristiana intransigente. Se obligó a las conversiones forzosas, desoyendo la opinión de algunas personas mucho más sensatas.

         Las opiniones intransigentes se encargaron de acentuar el odio hacia el otro, levantando falsos bulos y atribuyéndoles la culpa de todos los males de España. Se les acusó a todos de ser inasimilables, lo cual no era en absoluto cierto. La mayoría estaban bien integrados socialmente y los que no, se debía en gran parte al empeño de algunos de señalarlos continuamente con el dedo. Lo cierto es que a partir de 1609 se decidió solucionar definitivamente el problema, extirpando de raíz a esta minoría en una dramática expulsión de casi 300.000 personas. De Carmona salieron por el puerto de Sevilla 4/5 partes de los moriscos.

 

 

3.-LA ESCLAVITUD

 

La esclavitud fue una institución comúnmente admitida desde la antigüedad pues, siguiendo la tradición aristotélica, había personas que nacían para mandar y otros para servir. Desde entonces y hasta el siglo XIX se admitió como normal, incluso por la Iglesia, pese a la existencia de algunas voces –muy pocas- disidentes en su seno, como las de fray Tomás de Mercado, fray Bartolomé de Las Casas y fray Bartolomé Frías de Albornoz. También es posible que hubiese otras personas pertenecientes a las clases subalternas que en silencio viesen con malos ojos esta perniciosa institución, como Don Quijote, a quien le parecía duro caso hacer esclavos a los que Dios por naturaleza hizo libres.

El caso de Carmona no es diferente al del resto de poblaciones de la Península Ibérica: la institución existió sin solución continuidad desde la Edad Media. Ya el sábado 22 de junio de 1496 se bautizó en la parroquial de Santiago a Francisco, hijo de una esclava del monasterio de Santa Clara. Ocho años después, exactamente el 26 de mayo de 1504, se cristianaban en la misma pila dos esclavas de la Duquesa de Arcos, con el nombre de María e Inés. Estos ejemplos son suficientes para verificar la esclavitud en esta localidad al menos desde finales de la Edad Media. De hecho, Carmona era un importante mercado secundario, muy ligado al de la capital hispalense, que a la sazón era uno de los mayores centros esclavistas de la Península.

         El 50% eran mulatos, la mayoría hijos de Esclava y blanco, y por tanto esclavos, aunque sus padres fuesen los mismos dueños.

El 40% eran negros que procedían de diversos lugares de África, los había Jelofes, Congos, Manicongos, Zapes, Biáfaras, Mandingas, Angolas, etc. Unos procedían de África, otros de América, y otros habían nacido ya en España, eran hijos o nietos de esclavos nacidos en España, por lo que ésta era su tierra.

         Y el 10% restantes eran blancos, y ahí había tanto bereberes de origen norteafricano, como moriscos y también, en la primera mitad del quinientos, un pequeño contingente de amerindios.

En cuanto a los compradores, no había un estamento determinado, pues cualquiera podía adquirir un esclavo si tenía dinero para ello. Si las personas del estado llano no compraban no era por oponerse a la institución sino porque no tenían patrimonio para ello. Había aristócratas, regidores, curas, monjas, agricultores, artesanos.

Su empleo era doble: primero, en las labores domésticas, y segundo, en el trabajo del dueño: agricultura, ganadería, gremios, etc. Se cotizaban a más precio las mujeres. Además, se vendían más esclavas que esclavos, bautizándose muchos de ellos a edad adulta una vez los adquiría el dueño. Todo parece indicar que había un mayor número de esclavas; de hecho en un padrón de 1665 se contabilizaron 210 esclavos de los que 130 fueron de sexo femenino, es decir, el 66,19%.

Que hubo un aprovechamiento sexual de las esclavas es algo que ya conocíamos y que fue duramente criticado por Montesquieu en su obra El Espíritu de las Leyes, de ahí que los precios de algunas jóvenes se disparasen. Lo cierto es que su uso sexual fue frecuente, siendo muchos de sus vástagos hijos naturales de los señores, aunque muy pocos lo reconocieran.

Mucho más controvertido es saber si se utilizaba su fecundidad para procrear nuevos esclavos. Se trata de un viejo debate de la historiografía, pues unos piensan que era rentable y otros que no, aludiendo a la alta mortalidad, al tiempo que la esclava debía estar sin trabajar y a la manutención del infante durante un largo período de inactividad. Sin embargo, rentable o no lo cierto es que en la Historia encontramos múltiples casos de irracionalidad económica; es más, la propia esclavitud era desde un punto de vista meramente económico irracional e inviable a largo plazo. En Carmona hay sobrados indicios para pensar que los dueños, al tiempo que impedían los matrimonios de sus esclavos, sí que favorecían su fecundidad. Muchos se convirtieron en grandes propietarios gracias a que tuvieron dos o tres esclavas que procrearon tres o más esclavos. Al final un propietario con tres esclavas en dos lustros se veía con una decena de esclavos.

En cuanto a las marcas a fuego hablaremos de los 63 esclavos berberiscos vendidos en Carmona entre 1617 y 1618. De ellos se especifica en 58 casos, de los que diez estaban sin herrar y 48 herrados. Todos los que carecen de marca de esclavitud tienen edades comprendidas entre los 5 y los 10 años. Entre los herrados los hay entre 5 y 30 años, siendo la media de edad de 14 años. Aunque hay niños de cinco años herrados, da la impresión que por lo general a los menores de diez años se les exoneraba temporalmente de la marca. Y ello, quizás por alguna luz caritativa o simplemente porque cuando se herraban tan pequeños, al crecer la marca se hacía imperceptible y había que volverlos a herrar de todas formas. La mayoría tenían dos hierros marcados a fuego aunque también los había con uno, y algunos con tres. Obviamente, todas las marcas se colocaban en lugares muy distintos aunque siempre en zonas visibles de la cabeza. Los hierros tenían distintas formas, aunque solo se especifican algunos: una flor, con la que estaba marcado Diego entre las cejas, dos rayas que tenía Yato en el lado derecho de la nariz y dos piquetes en la nariz y una estrella pequeña en el carrillo derecho que tenía Fátima, la esclava adquirida por doña Isabel de Vega.

         El tratamiento dependía del carácter del dueño y de la capacidad de obediencia y de resignación del eslavo. En 1622 Juan Martín donó a su esclavo Hamete, de 28 años, a servir como remero en las galeras reales por espacio de 6 años.

 

 

4.-EL ABANDONO DE NIÑOS

 

El grupo más vulnerable era el de los niños, pues padecían de manera muy especial las hambrunas, las carestías y el trabajo abusivo. Si ya de por sí el grupo infantil era el más sensible a las crisis alimentarias, el eslabón más desfavorecido de toda la cadena eran los expósitos y los huérfanos de padre y madre. Unos niños cuyas perspectivas vitales eran dramáticas, por verse alejados no sólo de una madre sino de la solidaridad de un clan familiar. Efectivamente, el hambre y las epidemias se cebaban con estos niños cuya tasa de mortalidad era elevadísima. Pero, en aquellos felices casos en los que sobrevivían la vida que les esperaba era aún más dura -si cabía- que la de los infantes de la clase subalterna.

Los hijos eran vistos como una carga económica, al menos durante la infancia ya que había que alimentarlos y no producían. De ahí que su abandono fuese el recurso menos costoso para muchas madres que no tenían la posibilidad de alimentar a sus vástagos, o que bien, querían evitar afrontar la carga antisocial que suponía un nacimiento ilegítimo.

Sin embargo, huelga decir que el abandono de los hijos era una actitud tolerada en aquella sociedad, incluso entre la clase noble. De hecho, mientras que las madres más pobres abandonaban a sus hijos, las ricas, los entregaban a nodrizas para su lactancia y cuando eran jóvenes a un preceptor o institutriz. Una práctica heredada posiblemente del mundo grecolatino, en el que la exposición pública de bebés para su adopción por parte de familias con pocos recursos era una práctica habitual y tolerada.

         En Carmona, igual que en otras zonas de España, nos encontramos con una importante cifra de hijos ilegítimos que en Carmona se movía entre el 7,5 y el 3,5%. Una parte de ellos eran esclavos, otros poseían madre –esclava, soltera o viuda- pero no padre y otros, eran expósitos, es decir, hijos de padres desconocidos. La documentación parroquial es muy elocuente en este sentido y suelen aparecer etiquetas muy típicas como: hijo de la iglesia, no se supo quien era su padre y madre, echado a la puerta de..., etc.

Estos últimos, es decir, los niños abandonados que no tenían padre ni madre, suponían aproximadamente el 1% de los bautizados y poco más del 40% de los ilegítimos.

Las posibilidades de supervivencia de estos infantes abandonados eran muy reducidas. Si ya era difícil la vida de cualquier niño de la época, con tasas disparatadas de mortalidad infantil, cuanto más la de estos desgraciados huérfanos. Algunas ciudades como Carmona o Sevilla disponían de casas cuna. En Sevilla había dos, una para niños y otra para niñas. En Carmona solo una, situada precisamente en la calle Cuna, en la collación de San Felipe. Eso hasta 1776 en que se funda el primer hospicio de niñas huérfanas, por doña Josefa Fernández de Córdoba, viuda del Marqués del Saltillo.

Pero salvo excepciones, estas casas cunas no eran ninguna garantía para el expósito. Sobre la de Sevilla que hay estudios, la mortalidad era calificada de catastrófica, hasta el punto de que estas casas cunas son denominadas por algunos historiadores como “morideros”. La mortalidad de estos niños expósitos superaba el 90 por ciento; no era fácil la supervivencia por dos motivos: primero, porque gran parte de la población pasaba hambrunas periódicas, y segundo, porque se necesitaba un ama de cría que no siempre se encontraba.

Fueron pocos los expósitos supervivientes, los mismos que padecieron una infancia robada. Lo mejor que les podía pasar a los supervivientes era acabar como criados de sus padrinos. Pero podía ser peor, otros muchos acaban engrosando el hampa, convirtiéndose en truhanes, mendigos o pedigüeños a los que cada cierto tiempo se reclutaban forzosamente como galeotes o remeros de las galeras reales o como mineros en las mortíferas minas de Almadén.

 

 

LAS LUCES

 

 

1.-INTEGRACIÓN DE MORISCOS

 

Jorge Maier estudió a los moriscos carmonenses, y llegó a la conclusión que una parte de ellos permaneció en la localidad tras su expulsión oficial en 1610; solo se expulsaron 125 moriscos de un total de 33 casas, cuando Carmona era una localidad donde había habido una amplia población morisca. Se quedaron un buen grupo de familias moriscas, particularmente las pertenecientes a la élite.

Uno de los casos más significativos es el del escribano Gregorio Alanís (1572-1653) por dos motivos: uno, porque todos sus contemporáneos sabían que descendía, por parte de padre y madre, de moriscos de rebelados en las Alpujarras. Y dos, porque ni podía incluirse en alguna de las excepciones decretadas por la Corona ni pidió ninguna licencia especial para garantizar su permanencia. Es decir, simplemente se quedó sin que nadie lo importunase en exceso para que saliese de Carmona como hicieron otras 125 familias. Por tanto, entre los moriscos carmonenses embarcados en Sevilla con destino al exilio magrebí no se encontró nuestro escribano, pese a tener sangre morisca por los cuatro costados. Bien es cierto que estos exilados eran, según el corregidor de la villa, jornaleros del campo con tan mísera posada que no pienso tendrán caudal para salir de sus casas los más de ellos. En cambio, Gregorio Alanís, como veremos a continuación, había conseguido situarse entre la élite local. Y este aspecto es importante ya que cada vez está más clara la vinculación entre extracción social y exilio. La élite eludió con mucha más facilidad el cadalso, pues como ha ocurrido desgraciadamente siempre, molesta más el pobre que el rico. Gregorio Alanís tuvo una vida longeva de nada menos que 81 años, estando al pie del cañón como escribano durante varias décadas, hasta muy poco antes de su óbito en 1653. Un morisco de pura cepa que al igual que otros muchos, quedó incrustado en la sociedad cristiano vieja carmonense del siglo XVII.

De esa permanencia fueron conscientes los propios contemporáneos, de ahí que cientos de hermandades y cofradías así como diversos gremios mantuvieran en sus estatutos, aprobados en los siglos XVII y XVIII, la prohibición de acceso a personas que tuviesen ascendencia negra, judía o morisca. Pero, ¿qué sentido tenía incluir semejante cláusula si en teoría habían sido expulsados prácticamente todos? Está bien claro, todo el mundo sabía que muchos conciudadanos eran descendientes de antiguos conversos.

 

 

2.-LA INTEGRACIÓN DE LOS ESCLAVOS

 

Ya dijimos que Carmona fue un gran mercado de esclavos, muy vinculado a Sevilla, donde se vendieron entre el siglo XV y principios del XIX numerosas personas. Había negros, había berberiscos del norte de África y también amerindios.

Por ser más singular, citaremos el caso de estos amerindios. El 26 de mayo de 1504 se bautizaron en la parroquia de Santiago de Carmona dos amerindias, llamadas María e Inés. La partida decía así:

 

 

En domingo 26 de mayo bautizó Alonso Sánchez, capellán de la Señora Duquesa a María e Inés, indias esclavas de su señoría. Fueron padrinos Pedro García y Pedro Martín de Revilla, clérigos, y Francisco y Fernando de Santa Clara, sus criados

 

La propietaria está claro que era doña Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos, lo cual no tenía nada de particular porque la alta nobleza y el clero eran los grandes propietarios de esclavos.

         Una india, llamada Beatriz, que con catorce años llegó a la Península en un navío negrero en el cual viajaban cuarenta indios para ser vendidos en la Península. Tras múltiples penalidades se estableció en Carmona como esclava primero de Hernán Pérez de Castroverde y luego del regidor de Carmona Juan Cansino. En esta localidad esta india baja de cuerpo, delgada y con aspecto de india procreó nada menos que a seis hijos y, transcurridos veintisiete años, cuando ya era una adulta, decidió plantar cara contra su propietario y reclamar su libertad. Cuando le preguntaron los motivos por los que había esperado tanto tiempo para pedir su libertad respondió porque no sabía que lo podía reclamar hasta que por cierto mal tratamiento de palos que le dio el dicho Juan Cansino, vino a reclamar. Finalmente, consiguió la liberación, quedándose probablemente en Carmona.

Sobre los libertos tanto la documentación notarial como la Sacramental ofrecen una variada información. Curiosamente, las cartas de ahorría suelen describir muy bien al esclavo liberado porque solo identificándolo bien se podría garantizar que se iban a respetar sus derechos.

Con cierta frecuencia, los dueños otorgaban la libertad a sus más fieles servidores, bien en la última etapa de su vida, o bien, una vez que fuesen finados. Para ello, se solía otorgar una carta notarial en la que se especificaba la descripción física del liberado para que de esta forma le sirviese de documento justificativo. Cuando la liberación se hacía en una escritura de última voluntad no se solía protocolizar una carta de libertad aparte, sino que la cláusula en cuestión servía de documento oficial. Uno u otro documento debía ser guardado por el ya liberto, como si de un tesoro se tratase; era la prueba que tenía de su condición de libre, siempre bajo sospecha sobre todo si era de color negro o mulato.

En muchas ocasiones el final de toda una vida de sacrificio y lealtades incondicionales se compensaba con la libertad. Probablemente, la esperanza de la libertad debió ser uno de los acicates para que estos esclavos mantuviesen la lealtad y la discreción, evitando la desesperación. Incluso, en ocasiones les dejaban algunos bienes, normalmente la cama, y las prendas de su uso diario.

Otros premiaban así largos años de servicio, buen comportamiento y obediencia. Está claro que la liberación altruista como la generosidad fueron limitadas. Muchos no sólo no liberaron a sus esclavos en sus escrituras de última voluntad sino que, bien, los dejaron en herencia a sus herederos, o bien, ordenaron su almoneda y venta como si de cosas se tratara.

Algunas liberaciones eran mucho más sórdidas. Por ejemplo, Rodrigo de Góngora el Viejo, en su testamento fechado en 1525, liberaba a su esclavo Francisco con la condición de que se hiciere fraile en el convento de Santa Ana y “si no quisiese siga como eslavo”. Pero podía ser peor, la esclava mulata Marina de Rueda fue liberada en 1616 porque estaba imposibilitada para servir por algunas razones y achaques, tras haber servido más de 44 años. Una situación que ya advertía Don Quijote de la Mancha cuando decía que muchos los liberaban en la vejez para no tener que mantenerlos, de manera que con título de libres los hacían esclavos del hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte.

Ahora bien, encontramos numerosos libertos que como tales se ganaron su vida trabajando, otorgaron testamento y dejaron descendientes libres. El caso más llamativo de todos es el de un tal Antón Romero, que en sub testamento fechado en 1588 se aprecia su amplio capital y en la buena situación económica que dejó a sus dos hijos: Cristóbal Santana Romero y Antón Romero.

¿Y qué fue de estos amerindios, subsaharianos y berberiscos? ¿Desaparecieron? ¿Hicieron las maletas y se fueron? No desaparecieron, no se fueron, simplemente se integraron. El negro es recesivo con respecto al blanco. Se produjo el mestizaje porque muchas esclavas procrearon con sus dueños aunque estos nunca lo reconocieran.

         Cuando desapareció la esclavitud, no se marcharon; muchos de ellos no conocían otra patria que España. Simplemente se integraron. El negro es recesivo con respecto al blanco. Se produjo el mestizaje porque muchas esclavas procrearon con sus dueños aunque estos nunca lo reconocieran. Aunque ellas mismas lo desconozcan, algunas familias carmonenses tienen antepasados de color en su genética, aunque sean sus descendientes actuales de color blanco. Omito el nombre de esa familia porque a lo peor no les gusta saberlo

Siempre sospechamos que el mestizaje racial en Andalucía fue amplio. Sin embargo, hoy los estudios del ADN mitocondrial nos permiten obtener resultados sorprendentes y cotejar los datos entre la ciencia exacta y la historia. En el único estudio que se ha realizado en Andalucía sobre 419 individuos de distintos pueblos y villas que demostraron al menos dos siglos de permanencia los resultados fueron los siguientes:

 

-94,2% de origen europeo

-2,1% negro subsaharianos

-1,6 berberisco del norte de África

-2% otros orígenes

(Fuente: Lopez Soto, M. y otros: Int. Congress Series 2006).

 

Los datos de mestizaje son inferiores a los que yo sospechaba, sin embargo demuestra que 6 de cada cien andaluces tienen genética extraeuropea dominante.

 

 

3.-MULTICULTURALIDAD

 

El arte mudéjar, tan abundante en Carmona es una buena muestra del aprecio por la cultura musulmana que existía. Los alarifes mudéjares o moriscos estuvieron construyendo en Carmona a su usanza hasta poco antes de expulsión en 1609. ¿Por qué seguían construyendo a la usanza moruna? Pues porque a la gente le gustaba el estilo. Ya lo hizo Pedro I cuando se construyó la fachada de su alcázar de Sevilla. Recuerda a la Alhambra pero hay una diferencia, no es arte islámico sino mudéjar, es decir cristiano, pero se le reconocía una superioridad estética.

         A nivel cultural, los negros impresionaban en la Edad Moderna por su cante y por su música. Tenemos constancia de la participación de negros y de miembros de otras minorías, como moriscos y gitanos, en los desfiles del Corpus Christi de muchas ciudades tanto de España como de América. Unos desfiles encontramos múltiples elementos paganos, como tarascas, cabezudos, gigantes y grupos de bailarines. Danzas de romeros, zarabanda o el guineo como hacían los Negritos que participaban en el Corpus sevillano, celebrando bailes y otras diversiones. Al parecer, estos al igual que los gitanos tenían la obligación de procesionar en dicho desfile, realizando danzas de sarao y danzas llamadas de negros, muy populares entre la población al menos hasta principios del siglo XVIII.

         Seguro que en la Chacona, la jarcha, el zéjel, el majurí y en otras formas de folklore Andaluz hay influencias moriscas, gitanas pero también subsahariana.

 

 

CONCLUSIÓN

         Y para finalizar me gustaría destacar tres cuestiones

 

1.-Hubo mezcla racial, pues decenas de subsaharianos, magrebíes y algunos amerindios se integraron socialmente en Carmona.

 

2.-Los más pobres tuvieron más dificultades para integrarse. Pasaba un poco como ahora, que los inmigrantes no tienen problemas si tienen dinero, pero no si son pobres. A muchos inmigrantes se les discrimina no por ser de otra raza sino por ser pobres. En la Edad Moderna, pasó algo parecido, conversos o moriscos ricos de la élite no tuvieron demasiadas dificultades para integrarse socialmente. Otros, los más pobres, no tuvieron tanta suerte.

 

3.-Hubo influencias culturales mutuas; nuestra cultura y nuestro folclore tiene deudas sobre todo con el mundo africano y, en menor medida, amerindio.

 

4.-Pero, pese a las influencias culturales mutuas y a la integración de una parte de estas minorías étnicas, era una sociedad injusta, que expatriaba a unos y dejaba morir a los niños expósitos. Por ello la única justicia social que existía era la propia muerte que terminaba por igualar finalmente a todos:

 

         Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar,/ que es el morir;/ allí van los señoríos/ derechos a se acabar/ y consumir;/ allí los caudales,/ allí los otros medianos/ y más chicos;/ y llegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ y los ricos.

 

Bien es cierto, que la clase pudiente se empeñaba en prolongar la desigualdad más allá de la muerte. Las pompas fúnebres y las misas a perpetuidad intentaban que los ricos tuviesen un mejor lugar en la otra vida frente a los pobres desheredados que no disponían de recursos para pagarse una mísera misa por la redención de su alma. Una idiosincrasia que obviamente iba contra la línea de flotación de la religión profesada por Jesucristo en la que como él mismo dijo los últimos serían los primeros. Pero está bien claro que nadie pensaba así en la Edad Moderna, ni los ricos ni, por supuesto, los resignados pobres.

 

ORIENTACIONES BIBLIOGRÁFICAS

La mayor parte de los datos son inéditos y proceden de documentación de archivo que he extractado en los últimos veinticinco años. Los datos bibliográficos proceden de dos obras de mi autoría:

 

-“Indios y mestizos en la España del siglo XVI”. Madrid, Iberoamericana, 2000.

 

-“Una venta masiva de esclavos berberiscos en Carmona, 1618-1619”, Archivo Hispalense, Sevilla, 2016 (en prensa).

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

COFRADÍAS DE MUJERES EN LA CARMONA MODERNA

COFRADÍAS DE MUJERES EN LA CARMONA MODERNA

1.-INTRODUCCIÓN

       

        No cabe duda que el fenómeno cofradiero era genuinamente masculino. De hecho, los miembros de estas corporaciones eran mayoritariamente hombres, pues, como escribió José Sánchez Herrero, en la cofradía barroca la mujer tiene cabida pero como una hermana de segunda1. Y obviamente no debemos sorprendernos por esto, pues, las cofradías eran una manifestación más de una sociedad en la que las féminas estaban injustamente relegadas2. No olvidemos que, en mayor o menor grado, casi todas las religiones monoteístas priman al sexo masculino, estando las mujeres bajo la autoridad del varón3.

         En la mayor parte de las cofradías de laicos había mujeres, en algunos casos hijas de..., o la mujer de..., delatando abiertamente su dependencia con respecto al hombre. De hecho, en algunos testamentos, sobre todo del siglo XVI encontramos casos de mujeres que solicitaban ser enterradas por una determinada hermandad como a mujer de hermano que soy. Desde los orígenes se vio privada de los órganos de decisión de las cofradías, e incluso, marginada a lugares concretos en los desfiles procesionales4. Desde el siglo XVII y, sobre todo, en la siguiente centuria las hermandades se abrieron a la incorporación de hermanas en las mismas condiciones de enterramiento que los hermanos de número. Pese a ello, en ningún momento formaron parte de los órganos de decisión y prueba de ello es que no las encontramos nunca en las listas de asistentes a los cabildos generales5.

 

2.-COFRADÍAS DE MUJERES

        

        Dicho esto, mencionaremos la existencia de algunas cofradías de mujeres. Éstas tenían su importancia pues constituían una de las pocas formas que tenía la mujer de participar en la vida pública. Por ello, jugaron un papel destacado a lo largo de la Edad Moderna. Nos referimos especialmente a las congregaciones de mujeres de la Orden Tercera que estaban formadas por personas de este sexo. En estas asociaciones religiosas era frecuente que las mujeres nombraran entre ellas a su mayordoma, hermana mayor o hermana superiora así como a los demás cargos del cabildo6. La mayoría de ellas se dedicaban a la oración o a lo sumo al rosario público. Pero, en general, eran mucho más interioristas que las de hombres, es decir, se dedicaban más a la oración, a la meditación y a los ejercicios espirituales. Sin embargo, hubo algunas que adoptaron el papel penitencial, sacando sus imágenes titulares en Semana Santa de la misma forma que lo hacían las demás cofradías7. Estas congregaciones proliferaron especialmente en el siglo XVIII, siendo la mayor parte de ellas rosarianas8. Ahora bien, todas ellas estaban supervisadas cuanto menos por el clero parroquial, es decir por hombres9.

        En Carmona tenemos constancia de la existencia de varias corporaciones femeninas, todas ellas fundadas en el siglo XVIII. Entre ellas, debemos destacar a las Esclavas de la Virgen de los Dolores que formaban, al menos en 1744, una hermandad aparte aneja a la hermandad de Jesús Nazareno, sitas ambas en la iglesia parroquial de San Bartolomé. Fruto de una segregación de las Esclavas, en 1786, un grupo de mujeres formalizaron la erección de una hermandad Servita en el vecino templo de El Salvador10. Ambos institutos se enzarzaron en un litis en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la segunda quiso intitularse de la misma forma que la primera. Estos dos casos son muy conocidos en Carmona, entre otras cosas porque perviven ambas corporaciones, las primeras integradas en la cofradía de Jesús Nazareno y, las segundas, como instituto independiente.

Sin embargo, tenemos noticias de al menos otras dos cofradías: una, en la iglesia de San Pedro, donde tenía su residencia canónica la congregación rosariana de Nuestra Señora de las Mercedes, formada exclusivamente por féminas. Ahora bien, como no podía ser de otra forma, estaban tuteladas por los presbíteros de San Pedro, quienes presidían los cabildos. Y por supuesto, las escrituras otorgadas ante escribano, las hacían siempre con testigos masculinos, en algunos casos los mismos religiosos de su templo parroquial. En cualquier caso esta vida corporativa les permitía una cierta participación pública propia aunque, cómo no, siempre bajo la tutela, supervisión y protección de hombres. Estuvo muy activa desde mediados del siglo XVIII y en el XIX. Conocemos los nombres de algunas de las hermanas que ostentaron el cargo de esclava mayor: Juana Cuadrado salió electa en enero de 1756 y fue reelegida sucesivamente en enero de 1757 y de 1758, mientras que en 1759 resultó electa doña Josefa de Talavera11. En 1780 lo fue doña Petronila Talavera, en 1781 Gertrudis Beltrán y en 1782 María Rodríguez de Molina12.

La otra cofradía femenina de que tenemos noticia en Carmona es, una rosariana fundada en 1739 en la iglesia de San Blas, bajo los auspicios de la Marquesa del Saltillo. De esta última disponemos de muy pocas referencias documentales por lo que no es posible de momento verificar el período en el que estuvo en activo13.

 

3.-OTRAS FORMAS DE PARTICIPACIÓN DE LA MUJER

       

        Las mujeres también tuvieron una participación destacada como camareras de vírgenes algo que fue muy común a lo largo de la Edad Moderna y, por supuesto, en la Contemporánea. No en vano, se consideraba que era una actividad típicamente femenina por lo que las imágenes más devotas solían contar con una camarera, oficio que en algunos casos se heredaba de madre a hija14.

Caso muy significativo es el de doña Beatriz de Barrientos y Villafuerte, mujer de Cristóbal Antonio Barba de Mendoza que, hasta 1685, estuvo más de treinta años ejerciendo de camarera de la Virgen de Gracia, custodiando en su casa las alhajas de la imagen15.

Por su parte doña Teresa Maraver Ponce de León y sus descendientes eran las camareras perpetuas de la Virgen de los Reyes de la iglesia Prioral de Santa María16. También la titular de la hermandad de Nuestra Señora del Escapulario, con sede en el templo conventual de Nuestra Señora del Carmen, tuvo una camarera propia encargada de su aseo. Tras la exclaustración de los frailes su última camarera, doña Manuela Iglesias, depositó las alhajas de la titular en la iglesia Mayor de la localidad.

 

 

4.-CONCLUSIÓN

 

En líneas generales el caso de la mujer carmonense no difirió en absoluto del que sufrió en el resto de España. Es decir, padeció la discriminación propia de la época, viviendo o sobreviviendo en todo caso a la sombra del varón. No obstante, en estas páginas se entrevén no pocos casos de mujeres que, por distintos motivos, destacaron en aquel mundo hostil. Pese a las ideas discriminatorias de la época, muchas féminas encontraron sus propios cauces de participación pública, sobre todo a través de las hermandades y de la Iglesia. Siempre estuvieron tuteladas y vigiladas de cerca por varones: hermanos, maridos, padres o, simplemente, su confesor o su párroco. Muchas de ellas hicieron donaciones, fundaron cofradías, establecieron memorias y obras pías o financiaron obras de arte. A través de ese pequeño espacio que la sociedad de la época les dejó asoman los nombres de un puñado de mujeres carmonenses que gozaron de una cierta capacidad de decisión y de libertad. Casi todas ellas, como no podía ser de otra forma, pertenecieron a la élite local, siendo su dinero y el prestigio de sus respectivos linajes los que les permitieron mantener ese grado de independencia.

 

APÉNDICE I

 

Cabildo de la cofradía rosariana de Nuestra Señora de las Mercedes, 4-XI-1781.

 

En el nombre de Dios amén. En la ciudad de Carmona en cuatro de noviembre año mil setecientos ochenta y uno, estando en la iglesia del señor san Pedro parroquial en esta misma ciudad, ante mi el escribano y testigos parecieron don José Canelo, presbítero vice-beneficiado y don Juan Mexía, cura teniente de la enunciada iglesia de san Pedro: doña Petronila Talavera, esclava mayor de la hermandad del Santísimo Rosario de Nuestra Señora de las Mercedes, sita en la dicha iglesia parroquial de San Pedro, doña Gertrudis Beltrán, doña Rosa Roa, doña Ramona de la Barrera, doña Antonia Vázquez, doña Rosalía Gutiérrez, doña Ana Vázquez, doña María Martínez, doña Severina Duarte, doña María de Gracia Vázquez, doña Ignacia de los Ríos, doña Antonia de Prados, doña Isabel de Prados y doña María de Prados, todas de esta vecindad y esclavas que igualmente expusieron son de dicho santísimo rosario y la insinuada doña Petronila Talavera dijo: que por ser muchas ocupaciones no podía continuar su encargo de esclava mayor por lo cual así ésta como las demás hermanas excepto dicha doña Gertrudis Beltrán, de un acuerdo y conformidad nombraron por tal esclava mayor del referido santísimo rosario de Nuestra Señora de las Mercedes a la misma doña Gertrudis Beltrán para que lo sea durante su voluntad o de la hermandad desde hoy en adelante y que prestando como prestaban en forma caución de rato grato por las demás esclavas que eran y fueren de la mencionada hermandad la rija y gobierne, perciba y cobre sus bienes, rentas, efectos y limosnas y disponga de ellas en los fines de su destino; administre y cuide sus fincas, de simples recibos, otorgue escrituras de arrendamiento, cartas de pago y las demás necesarias con todas las cláusulas, condiciones, obligaciones, renuncias, requisitos y demás circunstancias que conduzcan…

         La nominada doña Gertrudis Beltrán aceptó dicho empleo de esclava mayor en cuyo testimonio así lo dijeron y otorgaron, firmaron las que saben y con las que expresaron no saber y a su ruego un testigo, y también firmaron dichos vicebeneficiados y teniente de cura por haber presidido el mencionado cabildo. Fueron testigos don Miguel Roales, clérigo de menores, Juan Núñez y Alonso Caballero, vecinos de esta ciudad, doy fe de conocimiento de las otorgantes y de los mencionados don José Canelo y don Juan Mexías.

(APC. Escribanía de Agustín López Cebreros 1781, fols. 242r-242v)

 

 

 

APÉNDICE II

 

Cabildo de la Esclavitud, 29 de mayo de 1757.

 

        En la ciudad de Carmona en veintinueve días del mes de mayo de mil setecientos cincuenta y siete años, estando en la iglesia parroquial de señor san Bartolomé de ella donde yo el presente escribano fui llamado por la esclava mayor de Nuestra Señora de los Dolores, sita en dicha parroquial que lo es doña Antonia de León y la excusó dicha congregación con otras mujeres esclavas para celebrar el cabildo a fin de nombrar hermanas que le sucediera, consiliarias y secretaria a dicho fin parecieron ante mi presentes don Bartolomé Jiménez del Hierro, presbítero beneficiado propio de la parroquia de Santiago, comisario del santo oficio, se expresó por el susodicho que habiendo cumplido la enunciada doña Antonia de León el año en que había sido nombrada por tal esclava mayor y estándose preciso el hacer elección de otra para el sucesivo año determinaren la hermana que tuviese las circunstancias correspondientes para ello y del propio modo lo ejecutasen en las consiliarias y secretaria lo que entendido por la susodicha que las que son se expresaron por los nombres con que firman y otras muchas que concurrieron señal por no saber firmar una por una secretamente fui tomando los votos y dieron el suyo veinticinco hermanas, nombrando para esclava mayor y por tiempo de un año a doña María Cárdenas y a doña Antonia González y doña Juana Meléndez cada una hubo un voto para el propio empleo. Lo que habiéndose hecho notorio quedó electa por la esclava mayor la enunciada doña María Cárdenas a quien habiéndosele noticiado el nombramiento lo aceptaba y pasaron a hacer elección de consiliarias y nombraron por primera en conformidad a doña Teresa Cordero y por segunda a doña Leonor Pérez de Rivera y por secretaria a Josefa de Armijo a las que habiéndoseles noticiado lo aceptaron igualmente.

Y hecho lo referido todas dijeron por voz como tales aceptaban u en nombre de las demás que lo eran y dicen que otorgaban y consentían y daban y dieron a la referida doña María Cárdenas tan cumplido poder como necesita para que durante el enunciado año haga, perciba y cobre todos los maravedíes y limosnas pertenecientes a la dolorosa imagen distribuyéndolos en el culto y funciones de la Señora y si alguna cantidad fuese necesario dar recibo lo pudiese hacer e hiciese todo lo demás conveniente a favor de la esclavitud pues el poder que para ello necesitase y se le daban sin limitación alguna.

Y a la firmeza de lo cual en todo obrase obligaban los efectos de la referida esclavitud habidos y por haber bajo el poderío de justicias que de ello debiesen conocer y así lo otorgaron y firmaron y por las que no un testigo que lo fueron don Juan Franco, don Francisco Roales y Alonso Enrique, cura, presbítero y sacristán de dicha iglesia.

(APC Agustín López Cebreros 1757, fols. 368r-368v)

1    SÁNCHEZ HERRERO, José: "Las cofradías de Semana Santa de Sevilla durante la modernidad", en Las cofradías sevillanas en la Edad Moderna. Sevilla, Universidad, 1999, p. 95.

2    En el siglo XVIII se sostenía que la mujer debía ser "pacífica y obediente, solícita sexualmente y recogida en el hogar...Todavía más. La mujer prudente debe discurrir cómo dar gusto permanente a su marido, pensando en complacerlo y en dividir la dedicación de su tiempo personal entre él y Dios...". FERNÁNDEZ, Roberto: "La mujer cristiana en la España del setecientos. A propósito de la familia regulada de Antonio Arbiol", en El Conde de Aranda y su tiempo, T. I. Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2000, p. 41.

3 El propio Jesús de Nazaret, como judío que era y con un pensamiento acorde a su tiempo, relegó a la mujer a un papel de muy segundo orden. Como ha escrito Mario Saban, si hubiese querido darle un papel relevante hubiese incluido alguna fémina entre sus apóstoles. SABAN, Mario Javier: El judaísmo de Jesús. Buenos Aires, Editorial Saban, 2008, p. 537-538.

4    Esta practica está documentada en muchas cofradías. Conocemos el caso de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona en la que el cabildo de la ciudad informó de la necesidad de mantener una tradición discriminatoria. Así, propusieron que, si alguna mujer quisiera acudir a la procesión de penitencia, no podrá ir interpolada entre los nazarenos sino detrás de dicha procesión, sin insignia ni otra cosa que mire a otro objeto más que acompañar a la Virgen. Informe del cabildo de Carmona sobre las reglas de la Hermandad de Jesús Nazareno, Carmona, 20 de julio de 1786. MIRA CABALLOS, Esteban: "El informe del cabildo de Carmona sobre las reglas de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona", Boletín de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Carmona, 2001.

5 Encontramos decenas de testamentos en las que las otorgantes declararon ser hermanas de número de diversas cofradías. Sin embargo, en los numerosos cabildos generales que se protocolizaron no hemos encontrado la presencia de ninguna mujer. No puede ser casualidad; estaban apartadas de todos los órganos de decisión, incluso del cabildo general. En España se conocen algunos casos de integración igualitaria de la mujer en las hermandades pero se trata de excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. Por ejemplo, en los estatutos de la hermandad de la Veracruz de Rute se especificaba la igualdad entre los hermanos de ambos sexos, prohibiendo sin embargo a las mujeres disciplinarse en la procesión. Igualmente en la hermandad de la Veracruz de Villabuena del Puente se les otorga a los hombres y a las mujeres las mismas condiciones, incluso la posibilidad de participar en el desfile penitencial en idéntica situación. GARCÍA ÁLVAREZ, Pedro: "Mujeres disciplinantes en una cofradía zamorana de la Vera Cruz en el siglo XVI: Villabuena del Puente", Actas del III Congreso Nacional de hermandades y cofradías, T. I. Córdoba, Cajasur, 1997, p. 514.

6    Éste era el caso de la Congregación Servita de la Virgen María de los Siete Dolores de Zahinos. BOBADILLA GUZMÁN, Francisco Luis: Conozco mi pueblo. Zahinos. Zafra, 1992, p. 60.

7 Así ocurría en la congregación Servita de Nuestra Señora de los Dolores de Feria que sacaba el Viernes Santo a la Virgen de la Soledad en estación pública de penitencia.

8 Inicialmente las mujeres se integraron en los cortejos rosarianos con los hombres, según Carlos José Romero Mensaque habrá que esperar a la segunda década del siglo XVIII para que encontremos los primeros cortejos rosarianos exclusivos de féminas, especialmente desde las misiones de fray Pedro Vázquez Tinoco O. P. ROMERO MENSAQUE, Carlos José: “La cofradía del Rosario de Zufre. Una aproximación a la historia del fenómeno rosariano en la Sierra”, Actas de las XXII Jornadas del patrimonio de la Comarca de la Sierra. Higuera de la Sierra, Diputación Provincial 2009, pp. 183-199.

9 Así ocurría, por ejemplo, en la cofradía de mujeres de San Águeda de Barcelona, cuyas finanzas eran administradas por hombres nombrados para tal efecto. ARIAS DE SAAVEDRA, Inmaculada y Miguel Ángel LÓPEZ MUÑOZ: “Cofradías y ciudad en la España del siglo XVIII”, Studia Historica, Historia Moderna Nº 19. Salamanca, 1998, pág. 208. Reproducido en su libro: La represión de la religiosidad popular. Crítica y acción contra las cofradías en la España del siglo XVIII. Granada, Universidad, 2002, págs. 103-150.

10 El Curioso Carmonense (Edición de Antonio Lería) Carmona, S&C Ediciones, 1997, pp. 117 y 119.

11 Cabildo del 1 de enero de 1757. APC, Diego Piedrabuena 1757, foliación perdida; Cabildo del 7 de enero de 1759. APC, Diego de Piedrabuena 1759, fol. 11r-11v.

12Cabildo del 4 de noviembre de 1781. APC. Escribanía de Agustín López Cebreros 1781, fols, 242r-242v y Cabildo del 29 de diciembre de 1782. A.P.C. Agustín López Cebreros 1782, fols. 337r-338r. Entre las hermanas asistentes a estos dos últimos cabildos se mencionan lo siguientes nombres: doña Gertrudis Beltrán, doña Rosa Roa, doña Ramona de la Barrera, doña Antonia Vázquez, doña Rosalía Gutiérrez, doña Ana Vázquez, doña María Martínez, doña Severina Duarte, doña María de Gracia Vázquez, doña Ignacia de los Ríos, doña Antonia de Prados, doña Isabel de Prados y doña María de Prados, doña Josefa Velázquez, doña Petronila Talavera, doña Ana Talavera, doña Ramona Barrera, doña María Martín, doña Antonia Serrano, doña Bárbara Alcaide, doña Gabriela de Acevedo, doña María Rodríguez y Molina y doña Francisca Viso, doña Antonia Domínguez, doña Isabel de Cota, doña Ana García y doña María Garrido.

13 ROMERO MENSAQUE, Carlos José: “El fenómeno rosariano en la ciudad de Carmona. Apuntes para su estudio”, Boletín del Consejo de Hermandades y Cofradías de Carmona. Carmona, 2008, p. 49.

14 Se trata de ocupaciones comúnmente reservada a mujeres, como las tareas del hogar, el aseo de las imágenes, la asistencia en el parto o el amortajamiento de finados. Conocemos muchos casos de matronas que llegaron a gozar de gran prestigio. Según El Curioso Carmonense, el convento de Santa Clara fue fundado en 1463 por dos honestas matronas. El Curioso Carmonense…, Ob. Cit., p. 97. En relación a su labor en el amortajamiento de cadáveres también disponemos de sobrados testimonios. Por citar sólo uno, en septiembre de 1563, murió un transeúnte en el mesón los Leones de Carmona y las autoridades llamaron a unas mujeres para que amortajaran su cuerpo. A.P.C., Escribanía de Pedro de Hoyos 1563, fols. 1080r-1081v.

15 El 16 de abril de 1685 hizo entrega a los frailes Jerónimos de todas las alhajas de la Virgen, ante el escribano Juan de Santiago, alegando problemas graves de salud.

16 Expediente sobre un vestido nuevo para la Virgen de los Reyes que habían costeado los feligreses con la ayuda del concejo que puso los 1.800 reales que faltaban, Carmona, 13 de mayo de 1772. Archivo Municipal de Carmona, Leg. 1061.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LOS CUADROS DE VALDÉS LEAL PARA EL CONVENTO DE SANTA CLARA DE CARMONA

LOS CUADROS DE VALDÉS LEAL PARA EL CONVENTO DE SANTA CLARA DE CARMONA

          Juan de Valdés Leal es sin duda uno de los pintores más afamados de la escuela sevillana del Siglo de Oro. Nacido en Sevilla en 1622, se trasladó pronto a la ciudad de Córdoba donde al parecer se formó como artista entre fines de la década de los treinta y principios de los cuarenta. Desconocemos quien fue exactamente su maestro aunque al menos sí que se notan en sus cuadros influjos de varios pintores cordobeses y sevillanos, como Antonio del Castillo, Juan de Uceda, Francisco Varela, Francisco de Herrera el Viejo y Francisco de Herrera el Joven.

           Pese a la enorme revalorización que ha experimentado a lo largo del siglo XX, especialmente a partir de la publicación de los trabajos de José Gestoso y Celestino López Martínez, todavía hoy es posible encontrar manuscritos inéditos sobre su vida y su obra.

           De todas las obras conocidas de su periodo de juventud, los lienzos pintados para el monasterio de Santa Clara de Carmona (Sevilla), realizados cuando contaba con tan solo 31 años, son su primera gran empresa pictórica donde hizo gala por primera vez de un gran empeño creativo.Se trata de una suma de lienzos en los que el pintor sevillano se muestra inmerso en un barroco impetuoso, evocador del espíritu rubeniano y berninesco (Pérez Calero, 1991).

           Desgraciadamente, los problemas económicos sufridos por las monjas franciscanas carmonenses a raíz de los procesos desamortizadores del siglo XIX provocaron que los lienzos fuesen vendidos en 1910 al erudito y arqueólogo Jorge Bonsor y retirados de su lugar original en los paramentos de la capilla carmonense. De manera que la dispersión ha provocado la pérdida de la coherencia iconográfica de la posición del conjunto. Se trataba de seis telas, cuatro conservadas actualmente en el Museo March de Palma de Mallorca y las dos restantes el de Bellas Artes de Sevilla. Concretamente los temas eran los siguientes: El obispo de Asís entregando la palma a Santa Clara, la Profesión de Santa Clara, el milagro de Santa Inés, la procesión de Santa Clara, la retirada de los Sarracenos y la muerte de Santa Clara.

           Pues bien, todo este conjunto de óleos se consideraba salidos del taller de Valdés Leal exclusivamente por comparación estilística y porque uno de ellos estaba firmado y fechado en 1653. Sin embargo, se desconocían múltiples aspectos relacionados con estas pinturas, como la fecha exacta del contrato, el tiempo que se empleó en su ejecución, el lugar donde fueron pintados, etc. La aparición de este documento en el Archivo de Protocolos de Carmona dio respuesta a la mayor parte de estas interrogantes. El contraro se firmó en Carmona el 1 de diciembre de 1652. El pintor declaró ser vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina y el plazo de entrega se fijó en dos meses a partir de la fecha de la carta. Un período extremadamente breve para un conjunto de varios lienzos de bran formato y de un gran acabado técnico y estético. El precio total se fijó en 3.300 reales, de los que 1.400 se abonaron en el mismo momento de la firma de la carta.

           En resumen, un valioso documento que aporta luz a una de las mejores obras de la etapa de juventud del gran pintor sevillano, uno de los más representativos de la pintura barroca española.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

          Obligación, el convento de Santa Clara contra Juan de Valdés, pintor, Carmona 1 de diciembre de 1652.

 

 

          "Sepan cuantos esta carta vieren como yo Juan de Valdés, maestro pintor, vecino de la ciudad de Sevilla, collación de Santa Marina de ella, otorgo y conozco en favor del convento y monjas de Santa Clara de la ciudad de Carmona que me obligo de hacer y pintar para la iglesia del dicho convento los dos arcos colaterales de la Historia de Santa Clara que ha de ser en lienzo, en la forma que está tratado y conferido con el dicho convento y monjas. Y lo ha de acabar dentro de dos meses que corren y se cuentan desde hoy dia de la fecha de esta escritura y por la cuarta parte de pago confieso haber recibido mil y cuatrocientos reales a cuenta de los tres mil y trecientos en que fueron concertados con el dicho convento que me han de dar como fuere haciendo la obra que han de irme dando dinero de forma que al fin del dicho tiempo me han de acabar de pagar la dicha cantidad y de la dicha cantidad otorgo carta de pago y me doy por entregado de ellos y de los dichos mil y cuatrocientos reales con lo que renuncio la ejecución de la innumerata, pecunia y leyes de la entrega, prueba del recibo como en ella se contiene y si así no hiciere y cumpliere lo contenido en la dicha escritura pueda buscar el dicho convento otro maestro del dicho oficio que le acabe y por lo que más le costare y recibido no ha de poder enviar y ejecutar a la dicha ciudad de Sevilla ni a otra parte donde estuviere y mis bienes y a la persona que a él le refiere me obligo de le dar y pagar quinientos reales de salario en cada un dia de todos los que se ocupará en la ida, estancia y vuelta las veces que fuere necesaria hasta la real paga todo lo que él pagare como lo principal con solo declaración y juramento de la parte del dicho convento o de quien su causa hubiere en que ha de quedar y queda diferido sin otra prueba de que en ello y para ellos y al cumplimiento obligo mi persona y bienes habidos y por habery doy poder cumplido bastante a las justicias y jueces de Su Majestad para la ejecución de ello y en él por oficiales de la ciudad de Carmona cuyo fuero y jurisdicción me someto con mi persona y bienes solo en razón declararme como declaro que ...

          Hecha la carta en Carmona en fecha un día del mes de diciembre del seiscientos y cincuenta y dos años y el dicho otorgante lo firmó y presentó por testigos de su conocimiento a Diego Muñoz y Agustín Franco vecinos de Sevilla estantes en esta ciudad los cuales debajo de juramento que hicieron en forma de derecho dijeron que conocen al dicho Juan de Valdés y que es el contenido que otorgó la escritura pública siendo testigos el licenciado Juan Moreno y el licenciado Francisco Romero y Francisco Nolda, vecinos de Carmona.

 

(A.P.C. Escribano Francisco Muñoz de Alanís, 1652, ff. 620-620v).

 

PARA SABER MÁS:

 

GESTOSO Y PÉREZ, José: Biografía del pintor sevillano Juan de Valdés Leal. Sevilla, 1916.

 

LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Valdés Leal. Sevilla, 1922.

 

VALDIVIESO, Enrique: Historia de la pintura sevillana. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1992.

 

VILLA NOGALES, Fernando y Esteban MIRA CABALLOS: “Un documento inédito sobre el pintor Valdés Leal”, Archivo Español de Arte Nº 295. Madrid, 2001, pp. 299-301.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

EL EXILIO DE LA HERMANDAD DE LA ESPERANZA EN LA IGLESIA DE MADRE DE DIOS DE CARMONA (1778-1783)

                               
 (Publicado en la revista Ecce Homo de la hermandad de la Esperanza, Nº 20. Carmona, cuaresma de 2012).

       Durante este período la hermandad vivió uno de los momentos más duros de su historia: la supuesta ruina del templo matriz y el exilio forzado, en 1778, al cercano monasterio de Madre de Dios. Y ello a pesar de la gran acogida que disfrutaron por parte de las religiosas dominicas. Allí permanecieron por espacio de casi un lustro, manteniendo todas las actividades del instituto. De hecho, en un cabildo de la hermandad del 3 de mayo de 1782, declaraban estar presentes en la iglesia conventual por estar el templo parroquial de El Salvador casi demolido1. Por cierto que en este cadalso les acompañaron las restantes hermandades residentes en el abandonado templo parroquial, a saber: la Sacramental, la de Ánimas y la del Santísimo Rosario2.
       Casi cinco años permanecieron las cuatro corporaciones en el convento de Madre de Dios, en el que siguieron celebrando sus actos instituciones y mutualistas. En concreto la hermandad de la Esperanza continuó convocando periódicamente sus cabildos, sus misas solemnes y sus petitorios3. Bien es cierto que las salidas procesionales en Semana Santa estuvieron suspendidas por algún tiempo. La causa aducida era simplemente la necesidad que tenía la Virgen de la Esperanza de un manto nuevo que, al parecer, estrenó en la Semana Santa de 1783. Sin embargo, es posible que hubiese otras causas que en estos momentos se nos escapan, como: el problema de la salida desde otro templo, un menor apoyo social dentro de la perpleja feligresía de El Salvador, la existencia de preocupaciones más perentorias por la pérdida de su capilla propia y también por las actuaciones del Conde de Aranda para fiscalizar y controlar a las hermandades. Y es que su exilió coincidió con un período crítico para las cofradías que empieza con la desamortización de sus bienes y culmina con el saqueo de conventos, ermitas e iglesias durante la Guerra de la Independencia4.
        No es difícil imaginar la crispación que debió producir en los hermanos el abandono del templo que los había cobijado desde su fundación en el siglo XVI. Atrás dejaban una magnífica capilla propia que, desde 1681, disfrutaba de pinturas de colores finos, realizada por el pintor local Francisco Antonio de la Peña. Probablemente se trataba de una de las mejores capillas del templo, la cual abandonaron para nunca más regresar. Pese a la excelente acogida en Madre de Dios, su situación fue en todo momento provisional y además no gozaban ni mucho menos del espacio que ellos habían disfrutado en su templo matriz.  
        En este lustro en el que la cofradía estuvo fuera de su sede canónica, hubo un personaje que desempeñó un papel clave y que merece la pena recordar. Se trata de Manuel de Santiago, una persona que se entregó por entero a su querida hermandad, allá por la segunda mitad del siglo XVIII y que puede servir de estímulo y de inspiración a otros que lo siguen haciendo más de dos siglos después. Sabíamos que ya había desempeñado el cargo de prioste de su hermandad de toda la vida en 1756 (Lería, 1998: 105). Sin embargo, desde 1768 lo fue de forma ininterrumpida hasta 1783, es decir, por espacio de tres lustros. Pese a ser una persona de cierta edad y, al parecer, achacosa se entregó en cuerpo y alma a la corporación hasta el punto que, cuando rindió cuentas, resultó alcanzada la hermandad en 829 reales y 30 maravedís. Es decir, que no sólo no desfalcó, como hacían comúnmente otros muchos priostes, sino que gastó de su bolsillo cantidades importantes en beneficio de la misma. Y lo más importante de todo, el buen hombre no quiso dejar el cargo hasta ver a sus titulares de vuelta en su templo parroquial, recuperando totalmente la normalidad y, por supuesto, cumpliendo con su estación de penitencia.
         Su traslado definitivo al nuevo recinto parroquial, la antigua iglesia de los jesuitas, ocurrió, finalmente, el 20 de abril de 1783 en medio de un gran júbilo que duro esa noche y el día siguiente cuando se celebró fiesta solemne, con sermón y música. En la misma Real Cédula que autorizaba su traslado, constaba el cambio de advocación del templo jesuítico que dejaría de llamarse de San Teodomiro para asumir el de la parroquia trasladada de San Salvador, en honor al Salvador del Mundo. Justo trece días después del traslado, Manuel de Santiago renunció en cabildo a su cargo. Alegó para ello su avanzada edad y los achaques que padecía, por lo que los hermanos decidieron relevarlo y nombrar como nuevo hermano mayor a Salvador Trujillo El Menor.  El bueno de Manuel entendió que su misión había acabado; la hermandad tenía definitivamente asegurada su continuidad, empezaba una nueva etapa en su recién estrenada residencia canónica.
         Huelga decir que Manuel de Santiago se comportó todo lo mejor que supo o que pudo dentro de la sociedad que le tocó vivir. Fue leal a sus ideas y a las personas que confiaron en él, y además resultó ser absolutamente incorruptible. Por ello, debemos apreciarlo como lo que fue, es decir, como una persona de una moralidad intachable y de una perseverancia incombustible.  
    
APÉNDICE I

    Cabildo de la cofradía del santísimo Cristo de la Esperanza, 3-V-1782.
    
          En el nombre de Dios amen. En la ciudad de Carmona, en tres de mayo, año de mil setecientos ochenta y dos, estando en la iglesia del convento de Madre de Dios, religiosas de la orden de Predicadores, intramuros de este pueblo, en cuya iglesia se halla trasladada la parroquia de nuestro señor El Salvador por estar ésta casi demolida, ante el escribano y testigos parecieron Manuel de Santiago, hermano mayor de la cofradía de penitencia de Nuestra Señora de la Esperanza, sita en la misma parroquia, José Valdés, Manuel González, Javier Ruiz, Manuel de Ávila, Francisco Vázquez, José Prados, Pedro de Lora, Juan de Ojeda, Ignacio Becerra, Cristóbal Rodríguez, Alonso Barrera, Miguel González, Cristóbal Vázquez, José García, José Ruiz, Lázaro Martín, Nicolás Álvarez, Francisco Gil, José Acevedo, Manuel González Y Juan Nepomuceno Trujillo, todos de esta vecindad y hermanos que confesaron ser de dicha cofradía. Y dijeron haberse juntado en el modo que acostumbran para celebrar cabildo en cuyo estado el Manuel de Santiago expresó que había años era hermano mayor de dicha cofradía y que con el motivo de la ruina de la enunciada iglesia de la parroquia de nuestro señor El Salvador no salía la insinuada cofradía y que para que esto se verificase era preciso hacerle a la mencionada señora María Santísima de la Esperanza un manto nuevo. Y todos de un acuerdo y conformidad por sí y prestando como prestaron caución de rato grato por los demás individuos que eran y fueren de dicha cofradía a voz de ella dijeron que se haga el referido manto y que la citada cofradía salga en el año próximo venidero mil setecientos ochenta y tres. También expresaron, nombraban y nombraron para pedir las limosnas del santísimo Cristo en este año en el corriente mes al hermano mayor y a Lázaro Martín, en junio a Cristóbal Rodríguez y José García, en julio Pedro de Lora y Nicolás Álvarez en agosto Francisco Vázquez, en septiembre José Ruiz, en octubre Cristóbal Vázquez, en noviembre Lázaro Martín, en diciembre Juan de Ojeda, en enero del dicho año de ochenta y tres a Manuel González, en febrero José Ruiz, en marzo José Acevedo y en abril José Valdés. En cuyo testimonio así lo otorgaron; firmaron los que saben y por los que dijeron no saber y a su ruego firmará un testigo. Fueron testigos Vicente Rodríguez, Fernando Pérez y Francisco Díaz, vecinos de esta ciudad. Doy fe y del conocimiento de los otorgantes
(A.P.C. Escribanía de Diego Piedrabuena 1782, fols. 84r-84v).  


APÉNDICE II

    Cabildo de la hermandad de la Esperanza, 3-V-1783.

         En el nombre de Dios amen. Estando en la iglesia de nuestro señor El Salvador, parroquial de esta ciudad de Carmona, a tres de mayo año de mil setecientos ochenta y tres, ante mí el escribano y testigos parecieron don Miguel García, vice-beneficiado y don Pedro Navarro, cura teniente, Manuel de Santiago, hermano mayor, José Valdés, Salvador Trujillo El Menor, Juan Pérez, Javier Ruiz, José Ruiz, Pedro de Soto, Juan de Alba, Manuel de Ávila el Mayor, Manuel de Ávila el Menor, Francisco Gil, Alonso Barrera, Francisco de la Cruz, Manuel Álvarez, Ignacio Becerra, Adrián Bravo, Juan Nepomuceno Trujillo, José García, José Prados, Juan Rienda, José García, Bernardo Carrero, Manuel González, Pedro Caballero, Manuel López, Andrés Sánchez, Alonso Ruiz, Lázaro Martín  y José Trujillo, vecinos de esta dicha ciudad y hermanos que confesaron ser de la cofradía de penitencia de Nuestra Señora de la Esperanza, sita en la misma iglesia y dijeron haberse juntado en el modo que acostumbran para celebrar cabildo. En cuyo estado el citado Manuel de Santiago, hermano mayor, expuso que había quince años servía este encargo y no podía continuar por razón de su avanzada edad y achaques que padece. Presentó las cuentas de cargo y data de todos los efectos que había percibido y distribuido de todo el tiempo que últimamente había sido electo por tal hermano mayor, su fecha hoy y de ellas resultó alcanzar éste a la insinuada cofradía en ochocientos veintinueve reales, treinta maravedís de vellón. Y vistas y reconocidas por los otros hermanos las aprobaron en todo y por todo (y) consintieron el insinuado alcance y de un acuerdo y conformidad y prestando como prestaron caución de rato grato por los demás individuos que eran y fuesen de la mencionada cofradía a voz de ella eligieron y nombraron por su hermano mayor prioste para que lo sea desde hoy en adelante hasta otra elección al expresado Salvador Trujillo El Menor, a quien dieron poder cumplido el más amplio que en derecho se requiere y es necesario para que durante su encargo rija y gobierne la misma hermandad, perciba y cobre sus bienes, rentas y limosnas, administre los raíces o los de en arrendamiento por el tiempo, precio y con las calidades y circunstancias que tratare y ajustare…
        En cuyo testimonio así lo dijeron y otorgaron en Carmona, firmaron los que saben y por los que expresaron no saber, a su ruego, lo hará un testigo, siéndolo don Francisco de Paula Mesa Jinete, don Manuel de Rueda y don Francisco Jiménez, vecinos de esta ciudad, doy fe y de conocimiento de los otorgantes.  
(A.P.C. Escribanía de Diego de Piedrabuena, 1783, fols. 148r-149r)

ESTEBAN MIRA CABALLOS

DISCURSO PRONUNCIADO POR JORGE BONSOR, CON MOTIVO DE SU NOMBRAMIENTO COMO HIJO PREDILECTO DE CARMONA


                                                      
  Nota del transcriptor: me ha parecido interesante incluir en mi blog una transcripción del discurso que pronunció el pionero arqueólogo Jorge Bonsor Saint Martin, con motivo de su nombramiento como hijo adoptivo de Carmona. El citado discurso fue publicado en el periódico La Voz de Carmona el viernes 16 de septiembre de 1927, aunque nosotros hemos optado por transcribirlo del original. Es un discurso emotivo y pasional en el que se aprecia su gran amor por Carmona y por los carmonenses, a quienes llama cariñosamente paisanos. No en vano, sus excavaciones en Carmona le inmortalizarían como uno de los primeros grandes arqueólogos de la Edad Contemporánea. Su lectura es deliciosa porque nos introduce en la Carmona de antaño, a medio camino entre el atraso y la modernidad. Aguadores, serenos, farolas verdes y jaramagos en los tejados se entrecruzan junto a la defensa del patrimonio y su importancia como elemento de atracción turística.  
                                         

    SEÑOR ALCALDE, SEÑORITA, SEÑORES DEL AYUNTAMIENTO:    

     No sé como expresaros mi gratitud por el honor que me dispensáis, nombrándome hijo adoptivo de esta hermosa ciudad y entregándome este pergamino artísticamente iluminado por mi excelente amigo, el laureado pintor don Juan Rodríguez Jaldón, honra de Carmona y de España. Llama también la atención el magnífico marco de estilo renacimiento, obra del hábil tallista carmonés Joaquín Daza.
     Como supongo que mis paisanos, presentes, querrán saber cuándo y por qué vine yo a vivir a Carmona, contestaré dando primeramente la fecha para mi memorable de mi llegada que fue el jueves 24 de febrero de 1880, hace más de 46 años.
     Vine, como muchos vienen y vendrán a Carmona; a ver, a gozar del clima, a pintar y a excavar, gastando mis rentas en excavaciones que, gracias a Dios, resultaron provechosísimas y del mayor interés para la ciencia. Tuve mucha suerte en toda una serie de exploraciones arqueológicas: en los alcores, entre los ríos Corbones y Guadaira, en el valle del Guadalquivir y, sobre todo, en la exploración metódica de la necrópolis romana de Carmona. Ésta se empezó a descubrir en 1881. Por un convenio con mi compañero don Juan Fernández López que en paz descanse se decidió que a mi fallecimiento esta necrópolis y su museo pasarían a ser propiedad del Estado.
    Dediqué los primeros años de mi residencia en Carmona a la pintura. Pinté escenas populares por las calles y los patios; las casas blanqueadas, los viejos edificios bañados de sol, las torres y campanarios de las 14 iglesias de Carmona, constituían para mi la mayor atracción. Las calles todas empedradas, donde crecía la hierba, el jaramago floreciendo en los tejados, el típico aguador, los grandes faroles verdes del alumbrado público, el riego de la plaza con cubos por los municipales y serenos, el toro de cuerda, las candelas de San Juan, las tertulias familiares del verano en los patios... Siento recordar la descripción de todas estas costumbres que fueron el encanto de mis primeros años en Carmona.
    Los adelantos modernos nos trajeron en cambio, el adoquinado, el agua por tubería, la luz eléctrica, el automóvil, y el aeroplano, el cinema y la radio, que constituían el sueño del pasado y son el encanto de la generación actual.
    Carmona se ha modernizado y sigue, sin embargo de esto, muy pintoresca precisamente por su situación y la conservación de muchos de sus edificios antiguos.
    Entre estos monumentos citaré, en primer lugar, la Prioral de Santa María que se construyó al mismo tiempo que la Catedral de Sevilla, del mismo estilo y por uno de sus arquitectos, el maestro Antón Gallego.
    La existencia anterior en este sitio de un templo romano nos lo indica las grandes columnas de la lonja. De la mezquita árabe queda hoy el pintoresco patio de los naranjos, donde, sobre una columna que procedía de un primer templo cristiano, se ve grabado en el mármol la lista de los pocos santos de la época... Este es el calendario más antiguo de España. ¿Dónde, señores, se podrán ver reunidos en un mismo solar sagrado tantos recuerdos históricos?.
     Pasamos a la Puerta de Sevilla, hoy declarada Monumento Nacional, lo que quiere decir que la Nación se encarga de asegurar su conservación para los tiempos venideros. Si hubiera necesidad de restaurar algunas de sus partes, el Estado lo haría siguiendo el parecer de las Academias de la Historia y la de Bellas Artes, representadas en Sevilla por la Comisión Provincial de Monumentos, que preside el Gobernador. Creo que más no se puede hacer.
     En esta puerta, un importante lienzo de sillares almohadillados se remonta probablemente a la República Romana; los dos arcos interiores parecen del tiempo de Trajano. Por la fachada exterior ostenta esta puerta un valioso arco de herradura de los almohades que hizo la admiración de cierto embajador de Marruecos que iba a Madrid a reclamar del Rey la devolución de una biblioteca de la cual se habían apoderado unos corsarios españoles. Hombre de gran instrucción y fino observador, el moro se detuvo y mirando con el mayor interés este arco, declaró que no había visto otro igual en todos sus viajes por el Islam, en el Oriente y el norte de África. ¿Y quién no se detiene, señores, delante de este alarde arquitectónico? que trae a la memoria tantos recuerdos.
     Allí mismo, como el embajador moro, se detuvo mi padre por 1845, de paso para Sevilla y a él debo haber venido yo a Carmona para admirar esta monumental entrada a una gran ciudad. En pocas palabras, señores, a esta Puerta de Sevilla debo mi presencia hoy aquí.
     Conservad paisanos estos edificios antiguos, las mismas ruinas que quedan del recinto amurallado deben conservarse, también son el recuerdo de un pasado glorioso de prosperidad, poder y riqueza.
     Por los pueblos que nada tienen que ofrecer a la curiosidad del forastero pasa hoy a toda velocidad el auto del turista... sin pararse... parece que huye mientras que en las guías publicadas en todas las lenguas leen la breve información que en estos pueblos no hay nada que ver.
     Gracias a Dios que Carmona, debido al buen espíritu de conservación de sus autoridades y de los habitantes en general, no figura hoy en la lista de estos pueblos.
     Los edificios modernos que tengan, con rara excepción, no constituyen un(a) atracción para el extranjero: a la vista de estos, contestará siempre lo del cuento del portugués, declarando que "los tienen mejores en su tierra".
     Hay que convencerse, la cuestión del turismo es la que más debe interesarnos actualmente. Yo creo que toda persona que tiene la suerte de poseer notables obras de arte debe durante el año del gran Certamen abrir de par en par las puertas de su casa y satisfacer así la natural curiosidad del turista, quien para vernos y conocernos viene de muy lejos y merece, por esto solo, toda nuestra consideración.
     Los Grandes de España no son los últimos en creer que debe enseñarse la riqueza artística particular. Sabemos que los lores de Inglaterra tienen por costumbre dedicar un día de la semana a la visita de sus castillo históricos por el público, cobrando una pequeña cuota que dedican luego a obras de caridad.
     ¡Con que satisfacción entra el distinguido extranjero en la casa particular de un grande o de una persona rica de gusto, averiguando así como se vive en estos hermosos patios de Sevilla o de sus grandes pueblos...
     Mucho se ha hecho ya para esta ciudad. La excursión de Sevilla a Carmona por la carretera de los Alcores es la primera indicada en los itinerarios de las agencias internacionales a los turistas que vendrán a la gran Exposición Ibero-americana.
     Concluiré, señores, recordando haber pasado en Carmona los años más felices de mi vida... pintando, estudiando la historia y las costumbres, revisando los archivos y, sobre todo, el trabajo que considero de más utilidad, el de seguir excavando en todas partes con el mayor interés y entusiasmo...
     Pero no creo por eso haber merecido este homenaje que agradezco de todo corazón. Jorge Bonsor.
(Archivo de Andalucía, fondo Bonsor; publicado en La Voz de Carmona, el 16 de septiembre de 1927 y más recientemente en MAIER, Jorge: Jorge Bonsor (1855-1930). Madrid, Real Academia de la Historia, 1999, pp. 283-284).

Esteban Mira Caballos (Transcriptor)

COFRADÍAS Y ÉLITES EN LA CARMONA MODERNA

COFRADÍAS Y ÉLITES EN LA CARMONA MODERNA[1] 

 

 Esteban Mira Caballos

 

1.-INTRODUCCIÓN

 

            Hace algunos años publicamos un trabajo en que especificamos que en la Carmona de finales del siglo XVIII había  unas 33 cofradías, de un total de 19.024 que había en todo el reino de Castilla. Por ello, teniendo en cuenta que Carmona vivían por aquel entonces unas 15.703 personas, concluimos que había una cofradía por cada 475,84 habitantes[2]. De ahí dedujimos una amplia presencia de estos institutos, pues, servían no solo como núcleos de devoción sino también como mutuas de seguros.

            Sin embargo, tras una investigación que nos ha llevado varios años de trabajo queremos matizar esa afirmación y proponer nuevas reflexiones. El gran número de institutos existentes en la Carmona Moderna y, por supuesto, en todo el reino de Sevilla, puede hacernos creer que prácticamente toda la población estaba implicada en ellos. Pero no es cierto, como demostraremos en este trabajo se trataba de un fenómeno más o menos elitista que abarcaba a los sectores acomodados de la sociedad pero que, en general, no llegaba a la base social, es decir, a la masa de campesinos y jornaleros del Tercer Estado. Tampoco a los llamados pobres de solemnidad, que fundamentaban su supervivencia en la caridad cristiana de los pudientes, pero eso es algo que ya sabíamos.

 

2.-MUCHAS COFRADÍAS PERO POCOS HERMANOS

            Efectivamente en Carmona en el momento más álgido del fenómeno cofradiero debió acercarse a las cuarenta cofradías. Sin embargo, no podemos olvidar que el número de hermanos de la mayoría de ellas era muy reducido, siendo pocas las que superaban el centenar. Eso era algo frecuente en muchos lugares de España, pues, por ejemplo, en un estudio sobre las cofradías de Ávila en la Edad Moderna se afirma que la media de hermanos por cofradía era de medio centenar[3], cifra muy similar a la que encontramos en Badajoz y su partido[4]. La media de hermanos no debió ser mucho más alta en Carmona, aunque obviamente había muchas diferencias de unas hermandades a otras, e incluso, dentro de una misma hermandad había altibajos. En un cabildo del 17 de abril de 1757 se habían reunido 27 hermanos de la cofradía de La Esperanza[5], mientras que el año siguiente, entre el 25 y el 28 de marzo de 1758 seis hermandades carmonenses levantaron actas notariales de sus respectivos cabildos: La cofradía de la Expiración, la de Nuestra Señora de Belén, la de la Veracruz y la de Nuestra Señora de las Angustias, la Soledad, la Esperanza y la Humildad. Pues bien, a las tres primeras asistieron siete hermanos, a la cuarta ocho, a la quinta 18, a la sexta 44 y a la última 22[6]. Justo un año después se juntaron 24 hermanos de la Humildad y Paciencia en cabildo general y dijeron ser la mayor parte de los hermanos de dicha cofradía, por lo que no es probable que superasen la treintena[7]. Y poco más de una década después se reunieron, por un lado, los hermanos de la cofradía rosariana de la Santísima Trinidad sita en el mismo templo de El Salvador, y por el otro los cofrades del Niño de los Dolores del convento de San José y sólo acudieron 14 hermanos a cada una de ellas[8]. Varias décadas después, exactamente el 8 de diciembre de 1787 hicieron cabildo los hermanos de Ánimas de la iglesia de Santiago y sólo hicieron acto de presencia quince personas, cuatro de ellas, pertenecientes al clero parroquial[9]. La media de asistencia a los cabildos generales en la segunda mitad del siglo XVIII es de 16,6 hermanos. Con total seguridad, en ninguno de estos casos eran  todos los hermanos, pero no da la sensación que estuviesen sobradas de cofrades. Además, muchos de esos hermanos lo eran simultáneamente de tres, cuatro, cinco, seis y hasta de siete corporaciones.

            Eran los mismos presbíteros de cada parroquia los que las auspiciaban, pues suponía un prestigio para la parroquia que residiesen hermandades, máxime si éstas eran populosas. Como tendremos ocasión de demostrar en este artículo, aunque las cofradías proliferaron por doquier en las parroquias, conventos, ermitas y hospitales lo cierto es que nunca llegaron a ser un fenómeno de masas. El clero parroquial y las élites locales eran los impulsores del mundo cofradiero. De hecho, casi todas las cofradías estaban tuteladas por religiosos, en el caso de las ubicadas en parroquias por presbíteros, y en el caso de conventos por los priores o las abadesas.

 

CUADRO I

RELACIÓN DE PERSONAS QUE PERTENECÍAN

A CUATRO O MÁS COFRADÍAS[10]

 

FECHA

HERMANO

COFRADÍAS

12-II-1703

Sebastián de Páez

Orden Tercera de Nuestra Señora del Carmen, Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Veracruz, Virgen del Rosario, Santísimo Sacramento Ánimas Benditas y Santo Cristo de la Humildad, estas tres últimas del templo parroquial de San Pedro

7

14-III-1614

Álvaro Méndez

Santísimo y Ánimas de Santa María, la Veracruz de San Francisco, Ánimas, Santísimo y Jesús Nazareno de la iglesia de San Bartolomé

6

14-I-1679

Nicolás de Bordás

Santísimo, Ánimas y Humildad del templo de San Pedro, de la Veracruz, de Nuestra Señora del Rosario y de la Santa Misericordia y Caridad

6

4-IX-1723

Teresa de Adalid

Ánimas, Sacramental y Jesús Nazareno en el templo de San Bartolomé, la del Rosario del convento de Santo Domingo, la del Carmen y la de la Orden Tercera radicada en la iglesia conventual de San Francisco.

6

24-III-1722

María de Nava Montenegro

Santísimo Sacramento y Ánimas de Santa María, y a las de Jesús Nazareno, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Escapulario y la de la Soledad

6

31-VIII-1615

Axenxo (Í)ñíguez

Santísimo Sacramento, Ánimas Benditas y San Blas en la iglesia de este último santo, la de Nuestra Señora del Rosario y San Jacinto

5

19-V-1615

Diego de la Barrera del Águila

Santísimo, Benditas Ánimas y Jesús Nazareno de la iglesia de San Bartolomé, La Soledad del Carmen y la Santa Misericordia

5

8-I-616

Leonisa de Herrera

Soledad, Angustias de la madre de Dios, Veracruz, Nombre de Jesús y Humildad y Paciencia de Nuestro Señor Jesucristo

5

27-VII-1703

Manuela de Romera Espinosa

Hermandad de las Angustias, en cuya bóveda se enterró, a la hermandad del Santísimo y de Ánimas Benditas de San Pedro, a la del Escapulario, sita en el Carmen, y a la Orden Tercera ubicada en el templo franciscano de San Sebastián

5

2-VII-1597

Juana de Rojas

cofradías de San Bartolomé y Santísimo Sacramento y las Ánimas del Purgatorio y de San Andrés y Santa Lucía todas de la iglesia de San Bartolomé.

5

7-VII-1600

Luis de Hinestrosa Bordás

Santísimo y de Ánimas de la iglesia de Santa María, de la Misericordia, de la Concepción en Nuestra Señora de Gracia (sic) y de la de San Miguel

5

10-VI-1685

María de Espejo

Santísimo Sacramento, Benditas Ánimas y Humildad y Paciencia, las tres sitas en la iglesia de San Pedro, la Veracruz del templo de San Francisco y la del Escapulario del convento del Carmen

5

17-II-1703

Ana García

Santísimo Sacramento, Ánimas Benditas y Humildad y Paciencia de la iglesia de San Pedro al Rosario y escapulario de Nuestra Señora de la iglesia del Carmen y a la de la Santa Veracruz del templo de San Sebastián

5

30-XI-1722

José de Noia

Ánimas, Sacramental y Santísimo Cristo, las tres en San Felipe, del Niño Jesús de los Dolores que estaba en el convento de San José y del Dulce Nombre de María que estaba en El Salvador

5

8-XI-1614

Antonio de Romera Caro, regidor

Nuestra Señora Santa María y Santísimo Sacramento de la iglesia Prioral, y las de Ánimas de San Pedro y San Felipe

4

31-V-1722

Ana de Romera

Santísimo y Ánimas Benditas de San Pedro, de Nuestra Señora del escapulario, sita en el Carmen, y de la cofradía de la Santísima Trinidad, radicada acaso en el convento de las Agustinas Descalzas

4

8-IX-1600

Juan de Humanes

Santa María de la Asunción, San Miguel y las del Santísimo y Ánimas de El Salvador

4

13-XI-1603

Ana de Ojeda

Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora del Escapulario, San Roque y San Jacinto

4

11-IV-1702

María Muñoz

Sacramental, Animas y Humildad de la iglesia de San pedro y la de Jesús Nazareno en cuya bóveda se enterró.

4

3-V-1685

María Tomasina

Santísimo Sacramento, Ánimas Benditas y Virgen de los Reyes de Santa María, así como a la de Nuestra Señora de la Concepción

4

17-XI-1702

Juan Martín del Álamo

Santísimo Sacramento, Benditas Ánimas y Humildad de la iglesia de San Pedro, y a la del Rosario del convento de Santo Domingo

4

27-I-1600

Leonor Romero

Dulce Nombre de Jesús, Soledad de Nuestra Señora, la Misericordia y Benditas Ánimas de la iglesia de San Blas

4

 

Como podemos observar, casi todas las personas acomodadas estaban suscritas a más de un instituto[11]. Lo más normal era que si un parroquiano era mínimamente pudiente fuese hermano de dos o tres cofradías establecidas en su templo, casi siempre la Sacramental, la de Ánimas y alguna otra rosariana o de penitencia. También hubo hermanos vinculados a varias hermandades que además estaban radicadas en diferentes templos. Los que pertenecían a dos o tres hermandades fueron tantos que ha sido imposible incluirlos en el cuadro I. Y ello porque de esta forma se garantizaban unos sufragios adecuados por sus almas, un enterramiento acorde con su rango social y una prestancia pública que reforzaba su posición dentro de la estructura estamental.

            Sin embargo, había muchas personas pobres en la localidad que no estaban afiliados a ningún instituto. Y no lo estaban por varias circunstancias: primero, porque sus economías apenas les daban para sobrevivir físicamente. Y segundo, porque muchas hermandades habían perdido su perfil asistencial de antaño y sólo cubrían el entierro y los sufragios. Para un jornalero, que se limitaba a malvivir y a sobrevivir, no le compensaba cotizar en una hermandad simplemente por un entierro con casullas y cera.

 

3.-LAS ÉLITES COFRADIERAS

            Las hermandades y cofradías no sólo dejaron fuera a amplios sectores no privilegiados de la sociedad sino que la mayoría estaban auspiciadas, dirigidas y controladas por las élites eclesiásticas y civiles. Las hermandades vinculadas a las parroquias estaban controladas por el clero secular, como podemos comprobar en un pequeño muestreo que hemos realizado sobre los hermanos de las cofradías de la Humildad, Santísimo Sacramento y Ánimas Benditas de la iglesia parroquial de San Pedro de Carmona. La primera comparativa la haremos cruzando los hermanos de la cofradía de la Humildad y Paciencia con los del Santísimo Sacramento en el año de 1687:

 

CUADRO I

COMPARATIVA DE LAS HERMANDADES DE LA

HUMILDAD Y DEL SANTÍSIMO DE SAN PEDRO (1687)[12]

 

HERMANO

HUMILDAD

SANTÍSIMO

Simón Díaz

X (prioste)

X

Diego Guillen

X

X

Fernando Romero

X

X

Miguel de Montoya

X

X

Francisco de Fuentes

X

X

Antonio Núñez Parrilla

X

X

Miguel Muñoz

X

X (prioste)

Luis de la Barrera

X

X

Antonio Cansino

X

--

Juan del Trigo

X

--

Francisco Manuel

X

--

Francisco Canelo

X

--

Cristóbal Jiménez

X

X

Juan Cabezas

X

--

Alonso Núñez Parrilla[13]

X

--

Jerónimo Juan Cansino

--

X

Juan de Navarra

--

X

Juan Manuel Martínez

--

X

Alonso Jiménez

--

X

Bernabé Roales

--

X

Juan de Cabrera

--

X

Luis Ortiz Bonilla

--

X

Antonio Muñoz

--

X

Salvador de Úbeda Cansino

X

X

Francisco del Raso

X

X

Alonso Fajardo

--

X

Diego López

--

X

Francisco de Robledo[14]

X

X

Juan Navarro[15]

--

X

Antonio Felipe de la Barrera

--

X

Miguel Sánchez

--

X

Hernando Romero de Ojeda

--

X

 

            Los datos son significativos, de los 33 hermanos que aparecen en las escrituras, 11 de ellos pertenecen a ambas corporaciones, es decir, la tercera parte. Pero hay más datos de consideración: primero, sus respectivos hermanos mayores lo son de ambas corporaciones. Y segundo, todos los presbíteros de la iglesia de San Pedro, es decir, Luis Barrera, Juan Cansino, Francisco Romero y Juan de Navarra, están implicados en algunas o en todas las corporaciones. Por cierto, quede constancia que también había hermanas de número pero no acudían a los cabildos o al menos sus nombres nunca aparecen reflejados en las actas[16].   

Pero analicemos algunos documentos más; concretamente hemos estudiado varios cabildos celebrados entre 1696 y 1697 por las hermandades del Santísimo, Benditas Ánimas y Humildad y Paciencia, las tres ubicadas en el templo parroquial de San Pedro[17]. Los datos que presentamos a continuación ratifican esta idea que queremos demostrar de la pertenencia de los mismos hermanos a varias corporaciones diferentes.

 

CUADRO II

COMPARATIVA DE LAS HERMANDADES DE LA HUMILDAD, EL SANTÍSIMO Y ÁNIMAS DE LA IGLESIA DE SAN PEDRO (1696-1697)

 

HERMANO

HUMILDAD

SANTÍSIMO

ÁNIMAS

Luis de la Barrera (presbítero)

X

X

X

Juan de Úbeda Navarro (presbítero)[18]

X

X

X

Miguel Muñoz[19]

X

X (Prioste 1686-1687)

X

Francisco Antonio de la Barrera (Sacristán)

X

X

X

Francisco de Robledo[20]

X

X

X

Francisco Núñez

X

X

--

Juan del Trigo

X

--

X

Fabián de Luna (Presbítero)[21]

--

X

X

Antonio de Aguilera

X

--

X

Antonio Alcaide

X

X

--

Juan de la Barrera[22]

--

X (prioste saliente 1696)

X

Diego Guillén

--

X

X

Francisco del Raso

X (prioste saliente)

X

--

Salvador de Úbeda Cansino

X

X

--

Salvador Martín

X (prioste entrante)

--

--

Diego Alcaide

X

--

--

Pedro Nieto de Morales

--

X

--

Juan Cabezas

X

--

--

Francisco de Fuentes

X

--

--

Luis García

X

--

--

Francisco Duarte

X

--

--

Juan González

X

--

--

Juan de Cea

X

--

--

Jerónimo Cansino de la Barrera

--

X

--

Salvador Díaz

X

--

--

Francisco Jiménez

X

--

--

Juan Guillén[23]

X

--

--

Juan Navarro[24]

--

X

X

Antonio González

--

--

X

José de Luna

--

--

X

Miguel de Montoya

--

X

X

Felipe de Pedrosa (Presbítero)

--

X

--

Francisco de Pedrosa (Presbítero)

--

X

--

Pedro Ignacio Vidal

--

X

--

Cristóbal Roales (regidor)

--

X (prioste entrante)

--

Manuel Antonio Morillo (escribano)

--

X

--

Pedro Morillo (regidor)

--

X

--

Sebastián Roales

--

X

--

 

 

            Como puede observarse, de los 38 hermanos, cuatro de ellos pertenecían a las tres corporaciones, y otros nueve al menos a dos de ellas. Es decir, más de un tercio de los hermanos estaba implicado en más de una de las cofradías radicadas en su templo. El caso más llamativo era el de Miguel Muñoz, que no sólo pertenecía a las tres hermandades de la parroquial de San Pedro sino también a la del Rosario del templo conventual de Santa Ana. Por lo demás, los presbíteros solían militar en la mayor parte de las cofradías radicadas en su templo. La de Santa Bárbara, con sede en la Prioral de Santa María, era casi obligatoria porque era su mutua, pero solían estar afiliados también al menos a la Sacramental y a la de Ánimas Benditas del templo parroquial en el que tuviesen destino. Así, por ejemplo Juan de Torres aparecía como hermano en la de Santa Bárbara y el Santísimo Sacramento de la iglesia de Santa María[25]. La situación no cambió en los años sucesivos pues en el primer en el primer cuarto del siglo XVIII hemos verificado que casi todos los presbíteros del templo de San Pedro eran miembros de las hermandades de las Benditas Ánimas, Santísimo Sacramento y Humildad y Paciencia. Hay varios casos muy llamativos, como el de Juan Caro Mancera, beneficiado de la iglesia de San Pedro, que fue sucesivamente hermano mayor de la Sacramental, Benditas Ánimas y  Humildad y Paciencia. Asimismo, Juan de Sosa fue propuesto como prioste de la Sacramental en 1719, aunque finalmente no salió elegido, por lo que se presentó al mismo cargo en la de Ánimas, el cual desempeño al menos entre 1720 y en 1721[26].

            Por citar otro ejemplo, veamos a los hermanos que comparecieron en un cabildo de la Sacramental de San Pedro celebrado el 13 de junio de 1757:

 

CUADRO III

MIEMBROS DE LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO DE

SAN PEDRO EN UN CABILDO CELEBRADO EN 1757[27]

 

NOMBRE

CARGO

Juan Caro Mancera

Presbítero beneficiado

Felipe Nieto y Luna[28]

Presbítero vice-beneficiado

Manuel Antonio Razo

Presbítero y cura más antiguo de San Pedro

José García Juzgado

Presbítero cura

Juan Dana Montero

Presbítero, servidor de cura

Francisco de Aguilera y Salas[29]

Presbítero, prioste entrante.

Jerónimo Bravo de Navas

Presbítero, servidor de cura

Pedro Navarro[30]

Presbítero

Antonio de Bares

Presbítero, colector de la parroquia

Adrián María Murillo

 Clérigo de Menores

Diego González Flores

Presbítero, notario de la Inquisición

Lorenzo Alcaide

Clérigo de Menores

Manuel González

Clérigo de Menores

Francisco Domínguez del Raso

Jurado de la ciudad y prioste saliente

Pedro Domínguez de Castro

Familiar de la Inquisición

Otros hermanos: Pedro Francisco Raso, Pedro Marcial Gómez, José Navarro, Pedro Antonio Martínez, Francisco Benítez de la Milla, Pedro Salvador de la Cuesta, José Nieto Figueroa, Cayetano Navarro, Pedro Francisco Raso, José Sánchez, Antonio Jiménez, Juan Pacheco, Alonso de la Barrera, Pedro Lorenzana, José Ortiz, Manuel de Ávila, Francisco Gutiérrez, Antonio Martín, José Gil, Pedro Fernández, Manuel Sanz, Juan Barrera, Antonio Fuentes, Alonso Pérez, Melchor Guerrero, Antonio Reyes, Juan de Prados, Francisco Jiménez Plata, José Martín, Manuel de Prados, Antonio Carrero, Francisco de Castro, Juan Zapata, Blas Carrera, Pedro Criado, José Navarro, Luis García, Salvador de la Piedra, Juan de Aguilera, José Vázquez, José de Fuentes, Antonio Chamorro, José de Cea, Cristóbal del Barco, Domingo Rodríguez, Blas Álvarez, Francisco Camacho, Andrés de Algeciras, Joaquín Cansino, Antonio Algeciras, Juan Mateo de la Piedra, Lorenzo Fernández y Domingo de Retes. 

 

Nuevamente observamos la participación de todo el clero en la hermandad del Santísimo, copando no sólo el cargo de hermano mayor sino también los demás oficios del cabildo, como las alcaldías y las contadurías. Por otro lado, los hermanos asistentes al cabildo general fueron 68, de los que en torno al 22% pertenecían al clero parroquial. Obviamente, no eran todos los hermanos pues, incluidas las hermanas, superaban por poco el centenar de hermanos y ello pese a ser una de las corporaciones más señeras de la ciudad. ¿Podemos extrapolar la situación de las hermandades de la iglesia de San Pedro al resto de las parroquias de intramuros? Todo parece indicar que sí. Veamos ahora los hermanos presentados a un cabildo de la hermandad de Ánimas de la iglesia de Santiago

 

CUADRO IV

MIEMBROS DE LA HERMANDAD DE ÁNIMAS DE LA IGLESIA

 DE SANTIAGO EN DOS CABILDOS DE 1772 Y 1774[31]

 

NOMBRE

CARGO

Isidoro Díaz de Ojeda

Presbítero vice-beneficiado

Teodomiro  Montero

Presbítero vice-beneficiado

Pedro Cansino y Osorno

Presbítero vice-beneficiado

Ignacio de Araos y Cabrera

Presbítero hermano mayor saliente y entrante, en 1774 fue reelegido

Felipe Antonio Canelo y Malo

Presbítero

Bartolomé Rodríguez

Clérigo subdiácono

Juan Antonio Rueda Vilches, Francisco Díaz de Ojeda, Manuel Talavera,  Vicente Fernández, Joaquín García, Juan de Silva, Cristóbal Cebredo, Francisco Falcón, Juan Rodríguez, Manuel de Campos, Diego González, Bartolomé Cueva, Eusebio Álvarez, Francisco Barba, Salvador Rodríguez, Juan García, Antonio Montes, Juan y José López y Juan José de Barros

Sin cargos eclesiásticos

 

Mientras en 1772 sólo comparecieron 11 hermanos, más de la mitad de ellos religiosos del templo parroquial, en 1774 hubo una mayor concurrencia, la cuarta parte de ellos presbíteros beneficiados del citado templo. Nuevamente apreciamos el control que ejercían sobre la cofradía los religiosos, siendo el alma de la misma el presbítero Ignacio de Araos. Por cierto que ese último así como Isidoro Díaz de Ojeda también eran hermanos de la Columna, residente asimismo en dicho edificio[32]. De los restantes miembros, al menos uno de ellos era hermano de uno de los presbíteros.

Analicemos ahora una comparativa entre las cofradías del Santísimo y de Ánimas de la iglesia de San Blas. Como podemos comprobar, los datos vuelven a ser elocuentes.

 

CUADRO V

COMPARACIÓN DE LAS COFRADÍAS DEL SANTÍSIMO Y DE

ÁNIMAS DE LA IGLESIA DE SAN BLAS (1685-1686)[33]

 

NOMBRE

CARGO

ÁNIMAS

SANTÍSIMO

Francisco de la Barrera Montes de Oca

Presbítero

X (prioste difunto en 1684)

X (prioste difunto en 1684)

Lic. Agustín de Biedma y Osorio

Beneficiado

X

X

Lic. Lorenzo de Villarreal

Presbítero vice-beneficiado

X

X

Lic. Juan de Carmona Hidalgo

Presbítero vice-Beneficiado

X

X

Lic. Juan Antonio de Cabrera

Presbítero vice-Beneficiado

X

X

Lic. Gonzalo de Torres

Cura presbítero

X

X

Pedro Bernal

Sacristán mayor

X (prioste en 1686)

X

Francisco Pacheco

Clérigo de menores

X

X (prioste entrante)

Juan Antonio Thomé de Palma

¿?

X

X

Juan Rodríguez Castellanos

¿?

X

X

Teodomiro Ignacio Pacheco

¿?

X (prioste en 1685)

--

Francisco de Palma

¿?

X

 

Diego de Olivares

¿?

X

 

Andrés de Barrios

¿?

X

 

Alonso Cordero

¿?

X

 

Sebastián Barroso

¿?

X

 

 

            Está clara la vinculación que existía entre las hermandad de Ánimas y la Sacramental de la iglesia de San Blas, ambas participadas, dirigidas y controladas por el clero parroquial. No dejaba de ser algo compatible pues, mientras la de Ánimas se dedicaba más al enterramiento, la Sacramental se centraba en la adoración del Santísimo. Pero había algo más, el presbítero Francisco de la Barrera fue el prioste de ambas hasta su fallecimiento en 1684. Tras el óbito, los hermanos de dichas corporaciones acudieron juntos al notario, protocolizando el mismo día sendos cabildos. Eso sí, en esta ocasión decidieron nombrar dos priostes diferentes aunque, por supuesto, ambos estaban vinculados a las dos hermandades.

            También el clero de la iglesia de San Bartolomé controlaba no sólo la hermandad Sacramental y la de Ánimas sino también la de Jesús Nazareno. No obstante, dada la popularidad de esta última, encontramos entre sus hermanos a presbíteros de diversos templos de la ciudad. Concretamente en 1718 figuraban entre sus hermanos Juan de Torres, presbítero de la iglesia de San Bartolomé, Juan Antonio del Hierro, de la Prioral de Santa María y Tomás Jiménez del Hierro, de la de Santiago. Ellos aparecen en primer lugar en los cabildos, denotando el control que ejercían sobre dicho instituto[34].

Está bien claro que el clero parroquial auspiciaba, controlaba y dirigía las hermandades Sacramentales y las de Ánimas. Pero cabría preguntarse si también ejercían su influencia sobre las demás cofradías. El control era menor, pues la mayoría de ellas estaban dirigidas por la élite económica y política de la ciudad aunque, obviamente, vigiladas en todo momento por el clero. Los presbíteros supervisaban hasta donde podían las ubicadas en las parroquias mientras que las que residían en los conventos estaban más o menos fiscalizadas por el Abad o la Madre Superiora. Cuando se localizaba en algún hospital o ermita propia, ésta gozaba de una independencia mucho mayor aunque, en cualquier caso, seguía estando supeditada a las visitas del arzobispado.

Entre esas cofradías más independientes, por poseer hospital propio y porque sus miembros pertenecían a la nobleza local, figura la de la Misericordia y Caridad, fundada a principios del siglo XV[35]. Desde muy pronto se fue poblando de miembros de la élite cabildante. Y es que con frecuencia estas asociaciones caritativas solían estar integradas por las personas más pudientes de cada villa, pues, se suponía que tenían una obligación moral con los grupos sociales más desfavorecidos.  

 

4.-COFRADÍAS DE NOBLES

En Carmona encontramos algunas que estuvieron copadas y controladas por las grandes familias nobiliares de Carmona. No obstante, conviene insistir que legalmente nunca fueron corporaciones cerradas. Hay tres en las que se observa muy claramente esta vinculación: la ya citada cofradía y hospital de la Misericordia, la del Dulce Nombre de Jesús del convento de Santa Ana y la de Nuestra Señora de la Soledad del Carmen. En lo que respecta al Dulce Nombre de Jesús, se trata de una cofradía establecida desde el siglo XVI en el convento dominico de Santa Ana. Aunque tenían un altar junto a la capilla Mayor, en 1568 los frailes le dieron suelo para que construyeran su capilla y su bóveda de entierro[36].  En un cabildo de 1705 figuraban los siguientes hermanos:

 

CUADRO V

HERMANOS DE LA COFRADÍA DEL DULCE

NOMBRE DE JESÚS (1705)[37]

 

HERMANO

RANGO SOCIAL

CARGO EN LA HERMANDAD

Teodomiro de Briones Quintanilla

Alférez Mayor de la ciudad

Alcalde entrante

Bartolomé de Briones Quintanilla

Caballero de la Orden de Calatrava

Prioste saliente

Juan Eusebio de Briones Quintanilla

 

 

Francisco de Briones Quintanilla

 

 

Juan de Briones Quintanilla

Caballero de la Orden de Calatrava

 

Fernando de Briones Escobedo

 

Alcalde entrante

Andrés de Briones de los Ríos

 

 

Juan Tamariz Bordás y Guzmán

 

 

Antonio Merino de Arévalo

 

 

Juan Páez Cansino

Caballero de la Orden de Calatrava

 

Luis de Castañeda Ponce de León

 

 

Antonio de Cervantes Barba

Caballero de la Orden de Santiago

 

Antonio Gerónimo Barba de Rueda

 

Prioste entrante

Fernando Agustín Barba y Rueda

 

Alcalde entrante

Pedro de Rueda y Porres

Caballero de la Orden de Alcántara

Alcalde entrante

Álvaro de Nava

 

 

Antonio Bernal

 

 

 

Está bien claro que la hermandad estaba en poder de la familia Briones Quintanilla que, dicho sea de paso, también copaban la hermandad de la Soledad del convento del Carmen[38]. Como puede observarse, a ella estaba vinculada lo más granado de la nobleza local: Briones, Quintanilla, Barba, Tamariz, Rueda o Cansino. Por ejemplo, en 1714 el prioste saliente era Alonso de Romera Tamariz y Barba y el entrante Diego de Rueda y Porres[39]. Es decir, se trataba de una cofradía elitista, compuesta por personas pertenecientes a las familias más lustrosas de la ciudad. Una corporación casi nobiliar, pues, la mayoría de estas familias estaban vinculadas al instituto desde su fundación[40]. Años después se terminaría fusionando con la no menos linajuda cofradía del Rosario, ubicada en el mismo templo conventual.    

La de la Soledad también tenía entre sus hermanos a miembros de familias linajudas. En un cabildo de 1714 comparecieron Gonzalo de Tamariz Nestares, Marqués del Valle de la Reina, Pedro José de Rueda y Porres, caballero de la Orden de Alcántara, Teodomiro de Briones Quintanilla, alférez mayor y hermano también del Dulce Nombre de Jesús, Fernando Luis de Ruda y Porres, José de Briones y Monsalve, Juan Lasso de la Vega y Porres y Juan Álvarez de Nava Castellanos entre otros[41]. En sendos cabildos de abril de 1757 y de marzo de 1758 comparecieron 24 y 18 hermanos respectivamente entre los que aparecían los Briones, los Barba, los Quintanilla y los Rueda, los marqueses del Saltillo y del Valle de la Reina así como varios caballeros de órdenes militares[42].

 

5.-COFRADÍAS DE MUJERES

            No cabe duda que el fenómeno cofradiero era genuinamente masculino. De hecho, los miembros de estas corporaciones eran mayoritariamente hombres, pues, como escribió José Sánchez Herrero, en la cofradía barroca la mujer tiene cabida pero como una hermana de segunda[43]. Y obviamente no debemos sorprendernos por esto, pues, las cofradías eran una manifestación más de una sociedad en la que las mujeres estaban injustamente relegadas.

            En la mayor parte de las cofradías de laicos había mujeres, casi siempre hijas de..., o la mujer de..., delatando abiertamente su dependencia con respecto al hombre. De hecho, en muchos testamentos, sobre todo del siglo XVI encontramos casos de mujeres que solicitaban ser enterradas por una determinada hermandad como a mujer de hermano que soy[44]. Desde los orígenes se vio privada de los órganos de decisión de las cofradías, e incluso, marginada a lugares concretos en los desfiles procesionales[45]. Desde el siglo XVII y, sobre todo, en la siguiente centuria las hermandades se abrieron a la incorporación de hermanas en las mismas condiciones de enterramiento que los hermanos de número. Pese a ello, en ningún momento formaron parte de los órganos de decisión y prueba de ello es que no las encontramos nunca en las listas de asistentes a los cabildos generales[46].

            Dicho esto, mencionaremos la existencia de algunas cofradías de mujeres. Éstas tenían su importancia pues constituían una de las pocas formas que tenían las féminas de participar en la vida pública. Por ello, jugaron un papel destacado a lo largo de la Edad Moderna. Nos referimos especialmente a las congregaciones de mujeres de la Orden Tercera que estaban formadas exclusivamente por personas de este sexo. En estas asociaciones religiosas era frecuente que las mujeres nombraran a su mayordoma, hermana mayor o hermana superiora así como a los demás cargos del cabildo. La mayoría de estos institutos se dedicaban a la oración o a lo sumo al rosario público. Pero, en general, eran mucho más interioristas que las de hombres, es decir, se dedicaban más a la oración, a la meditación y a los ejercicios espirituales. Sin embargo, hubo algunas que adoptaron el papel penitencial, sacando sus imágenes titulares en Semana Santa de la misma forma que lo hacían las demás cofradías[47]. Estas congregaciones proliferaron desde el siglo XVIII, siendo la mayor parte de ellas rosarianas[48]. Ahora bien, todas ellas estaban supervisadas cuanto menos por el clero parroquial, es decir por hombres[49].

            En Carmona tenemos constancia de la existencia de varias corporaciones femeninas, todas ellas fundadas en el siglo XVIII. Entre ellas debemos destacar a las Esclavas de la Virgen de los Dolores que formaban, al menos en 1744, una hermandad aparte aneja a la hermandad de Jesús Nazareno, sitas ambas en la iglesia parroquial de San Bartolomé. Fruto de una segregación de las Esclavas, un grupo de mujeres formalizaron la erección de una hermandad Servita en el vecino templo de El Salvador en 1786[50]. Ambos institutos se enzarzaron en un litis cuando la segunda quiso intitularse de la misma forma que la primera. Estos dos casos son muy conocidos en Carmona, entre otras cosas porque perviven ambas corporaciones, las Esclavas integradas en la cofradía de Jesús Nazareno y, las Siervas como instituto independiente.

Sin embargo, hubo otras, a saber: en la iglesia de San Pedro tenía su residencia canónica la congregación rosariana de Nuestra Señora de las Mercedes, formada exclusivamente por féminas[51]. Ahora bien, como no podía ser de otra forma, estaban tuteladas por los presbíteros de San Pedro, quienes ostentaban la presidencia de los cabildos. Y por supuesto las escrituras otorgadas ante escribano las hacían siempre con testigos masculinos, en algunos casos los mismos religiosos de su templo parroquial. Pese a esta tutela, supervisión y protección clerical, la cofradía permitía a las mujeres una cierta participación pública propia. La citada congregación disfrutó de una gran actividad desde el último cuarto del siglo XVIII y en el XIX. Finalmente, disponemos de algunas referencias esporádicas a otra cofradía rosariana de mujeres, fundada en 1739 en la iglesia de San Blas, bajo los auspicios de la Marquesa del Saltillo[52].

            Las mujeres también tuvieron una participación destacada como camareras de vírgenes algo que fue muy común a lo largo de la Edad Moderna y Contemporánea. No en vano, se consideraba que era una actividad típicamente femenina por lo que las imágenes más devotas solían contar con una camarera, oficio que en algunos casos se heredaba de madres a hijas[53]. Caso muy significativo es el de doña Beatriz de Barrientos y Villafuerte, mujer de Cristóbal Antonio Barba de Mendoza que, hasta 1685, estuvo más de treinta años ejerciendo de camarera de la Virgen de Gracia, custodiando en su casa las alhajas de la imagen[54]. Por su parte doña Teresa Maraver Ponce de León y sus descendientes fueron las camareras perpetuas de la Virgen de los Reyes de la iglesia Prioral de Santa María[55]. También la titular de la hermandad de Nuestra Señora del Escapulario, con sede en el templo conventual de Nuestra Señora del Carmen, dispuso de una camarera propia encargada de su aseo. Tras la exclaustración de los frailes su última camarera, doña Manuela Iglesias, depositó las alhajas de la titular en la iglesia Mayor de la localidad[56].

En líneas generales el caso de la mujer carmonense no difirió en absoluto del que sufrió en el resto de España. Es decir, padeció la discriminación propia de la época, viviendo o  sobreviviendo en todo caso a la sombra del varón. No obstante, en estas páginas se entrevén no pocos casos de mujeres que, por distintos motivos, destacaron en aquel mundo hostil. Pese a las ideas discriminatorias de la época, muchas féminas encontraron sus propios cauces de participación pública, sobre todo a través de las hermandades y de la Iglesia. Siempre estuvieron tuteladas y vigiladas de cerca por varones: hermanos, maridos, padres o, simplemente, su confesor o su párroco. Muchas de ellas hicieron donaciones, fundaron cofradías, establecieron memorias y obras pías o financiaron obras de arte. A través de ese pequeño espacio que la sociedad de la época les dejó asoman los nombres de un puñado de mujeres carmonenses que gozaron de una cierta capacidad de decisión y de libertad. Casi todas ellas, como no podía ser de otra forma, pertenecieron a la élite local, siendo su dinero y el prestigio de sus respectivos linajes los que les permitió mantener ese grado de independencia.   

 

6.-CONCLUSIONES

            Los datos presentados en este artículos son elocuentes y demuestran nuestras hipótesis iniciales, quedando claras varias cuestiones: primera, que el fenómeno cofradiero en Carmona abarcaba a las familias de los estamentos privilegiados y a las acomodadas del Tercer Estado pero difícilmente a las familias jornaleras y menos aún a los  pobres de solemnidad. Dicho sea de paso que no hemos encontrado ninguna cofradía de negros en Carmona, como ocurría en Cádiz, El Puerto de Santa María, Sevilla, Málaga, Jerez de la Frontera, Badajoz, Jerez de los Caballeros, Denia y otras muchas ciudades y villas de la geografía española. Por tanto, no sólo no estaban implicadas todas las personas o todas las familias, sino que me atrevería a decir que ni tan siquiera la mayoría. Muy probablemente las pechas de ingreso y las cuotas anuales que debían pagar, además de las limosnas y las derramas extraordinarias, eran lo suficientemente gravosas como para disuadir a las familias de más baja extracción social.

            Segundo, era un reducidísimo grupo de hermanos los que llevaban el peso de cada una de las corporaciones. Los demás se limitaban a acudir a los cultos a que les obligaban los estatutos y a pagar sus correspondientes cuotas.           

            Tercero, estas corporaciones estaban impulsadas, auspiciadas y controladas en primera instancia por la autoridad arzobispal y, en última instancia, por el clero local, es decir, beneficiados, presbíteros, clérigos, sacristanes, priores, etc. Por poner un ejemplo concreto, a finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX el presbítero de San Bartolomé, Juan José Freire y Armijo, se mantuvo como hermano mayor de la cofradía de Jesús Nazareno por espacio de 21 años, mientras que otros años perteneció a su junta de gobierno siendo, sin duda, el alma de esta corporación durante décadas[57].

            Y cuarto, las cofradías en cuanto que instituciones de su época fueron manifestaciones genuinamente masculinas. Muy tardíamente encontramos algunas cofradías de mujeres, participadas por personas de linaje o al menos bien ubicadas social y económicamente. Además, como no podía ser de otra forma en aquella sociedad, estuvieron en todo momento controladas y supervisadas por hombres.     

            La conclusión final es que, pese al gran número de hermandades y cofradías, éstas nunca fueron un fenómeno de masas. En realidad, tampoco nos sorprende demasiado, pues no es tan diferente a lo que ocurre en la actualidad. De hecho, aunque en el siglo XX las hermandades experimentaron un enorme auge, lo cierto es que son unos pocos hermanos los que llevan el peso de cada una de ellas. Las procesiones de Semana Santa son multitudinarias, pero no el movimiento cofradiero que fue, es y probablemente será un fenómeno elitista en el mejor de los sentidos. Nuestro reconocimiento a esos hermanos implicados de verdad, que todavía hoy mantienen vivas esas genuinas instituciones. Un fenómeno que nos enriquece a todos, pues, estimula los sentidos de los no creyentes y la espiritualidad de los creyentes. 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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MIRA CABALLOS, Esteban "Juan José Freire: un personaje ilustre del siglo XIX hermano de Nuestro Padre", Boletín de la hermandad de Jesús Nazareno, 17 (2000), Carmona.

 

-------- "El informe del cabildo de Carmona sobre las reglas de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona", Boletín de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, 19 (2001), Carmona.

 

----------- Hermandades y cofradías en Badajoz y su Partido a finales de la Edad Moderna. Badajoz, Consejería de Cultura, 2002.

 

--------- “Hermandades en Carmona a finales de la Edad Moderna: una análisis global”, Boletín de las cofradías de Carmona (2006) Carmona.

 

ROMERO MENSAQUE, Carlos José: “El fenómeno rosariano en la ciudad de Carmona. Apuntes para su estudio”, Boletín del Consejo de Hermandades y Cofradías de Carmona (2008), Carmona.

 

---------“La cofradía del Rosario de Zufre. Una aproximación a la historia del fenómeno rosariano en la Sierra”, Actas de las XXII Jornadas del patrimonio de la Comarca de la Sierra. Higuera de la Sierra, Diputación Provincial 2009.

 

SABE ANDREU, Ana María: Las cofradías de Ávila en la Edad Moderna. Ávila, Diputación Provincial, 2000.

 

SÁNCHEZ HERRERO, José: "Las cofradías de Semana Santa de Sevilla durante la modernidad", en Las cofradías sevillanas en la Edad Moderna. Sevilla, Universidad, 1999.

 



[1] Artículo publicado en Isidorianum, revista del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, año XX, Nº 39. Sevilla, 2011, pp. 197-222.

[2] Esteban MIRA CABALLOS: “Hermandades en Carmona a finales de la Edad Moderna: una análisis global”, Boletín de las cofradías de Carmona (2006) Carmona, 27-32. Con posterioridad hemos verificado la existencia de cuatro o cinco hermandades más, por lo que la cifra en realidad estaría más cercana a una cofradía por cada 400 habitantes.

[3] Ana María SABE ANDREU: Las cofradías de Ávila en la Edad Moderna. Ávila, Diputación Provincial, 2000, 293.

[4] En Badajoz había muchas cofradías que se mantenían gracias a la devoción de un puñado de personas, a veces de uno o dos mayordomos. La media de hermanos por cofradías en Badajoz es de 43,54, mientras que en los pueblos de su partido es de 57,57, siendo la media global de 54,21. En la mayor parte de los casos, esa corta cifra de miembros no se debía a los números clausus que imponían las hermandades sino a falta de devotos. Esteban MIRA CABALLOS: Hermandades y cofradías en Badajoz y su Partido a finales de la Edad Moderna. Badajoz, Consejería de Cultura, 2002, 29-30.

[5] Cabildo de la Esperanza, Carmona 17-IV-1757. A.P.C. Diego Piedrabuena 1757, fols. 128r-129v.

[6] Cabildo del Santísimo Cristo de la Expiración, Carmona, 25-V-1658; cabildo de la cofradía de Belén, 26-III-1758; Cabildo del Cristo de la Veracruz, 27-III-1758 y Cabildo de Nuestra Señora de las Angustias, 28-III-1758. A.P.C. Manuel de la Rua Morillo 1758, foliación perdida. Cabildo de la hermandad de la Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, Carmona 19-III-1758, fols. 63r-64r. Cabildo de la Humildad y paciencia, Carmona 26-III-1758. A.P.C. Diego Piedrabuena 1758, fols. 67r-68r.

[7] Cabildo de la hermandad de la Humildad y Paciencia, Carmona 16-IV-1759. A.P.C. Diego Piedrabuena 1759, fols. 60r-61v.

[8] Cabildo de la hermandad del Santísimo Rosario de la Coronación de Nuestro Señor con el título de la Santísima Trinidad, Carmona 25-V-1769. A.P.C Manuel de la Rua Morillo 1769, fols. 101r-101v. Cabildo de la cofradía del Niño de los Dolores, Carmona 27-III-1769. APC Manuel de la Rúa Morillo 1769, fols. 70-70v.

[9] Los comparecientes fueron Ignacio de Araos, presbítero y hermano mayor saliente, Pedro cansino presbítero, Mateo del Pino presbítero y hermano mayor entrante, Francisco de Rueda Vilches clérigo de menores, Marcos Cansino, Antonio de Santaella, Manuel Díaz, Juan Gómez, Juan Rodríguez Peña, Manuel Talavera, Antonio Álvarez, Francisco Pérez, José Navarro, Francisco Sánchez y Juan Peña. Cabildo de las Benditas Ánimas de la iglesia de Santiago, Carmona 8-XII-1787. A.P.C. Manuel Rodríguez 1787, fols. 249r-251r.

[10] Las fechas las hemos tomado de sus testamentos. La mayor parte de los documentos proceden del archivo de protocolos, menos un par de ellos que los localizamos en el archivo de la Misericordia. Las referencias topográficas son las siguientes: A.P.C. Escribanías de Alonso Sánchez de la Cruz 1603, fols. 873r-875r; Nufro García de Liñán 1614, fols. 423r-425v; Alonso Escamilla 1614; Alonso Núñez 1615, fols. 143r-148v,y 1616, fols. 519r-522r. Antonio Benítez 1685, fols. 307r-308v;  José Ruiz Bravo 1702, fols. 154r-155v y 1703,  fols. 43r-46r, 53r-54v. 122r-123v y 142r-143v; Roque Jacinto de Santiago 1722, fols. 389r-393v; Manuel Rodríguez 1679, fols. 25r-26v; Alonso Sánchez de la Cruz 1600, foliación perdida; Nicolás de Ortega y Morillo 1722, fols. 96r-99r;  Nicolás de Ortega y Morillo 1722, fols. 212r-213v. Alonso Sánchez de la Cruz 1600, fols. 4335r-443r. Escribanía de José Ruiz Bravo 1702, fols 203r-204v; Diego García de la Cruz 1705, fols. 324r-352v; Nicolás de Ortega y Morillo 1723, fols. 222r-229v; Manuel Rodríguez 1679, fols. 679r y ss; Juan de Medina 1594, fols. 81v-85r; Alonso Sánchez de la Cruz 1600. fols. 295r-296v; Bartolomé Guerra 1793, fols. 134r-135v; Juan de Medina 1594, fols 86v-89r; José Ruiz Bravo 1705, fols. 135r-136v; Alonso Sánchez de la Cruz 1603, fols. 339r-344r. Manuel Rodríguez 1679, fols 620r  y ss; Juan Antonio Benítez 1685, fols. 299r-300v;  José Ruiz Bravo 1696, fols. 376r-377r; José Ruiz Bravo 1696, fols 421r-422r; José Ruiz Bravo 1692, fols. 88r-89v; Nicolás de Ortega y Morillo 1722, fols 129r-131v.

[11] Hubo casos de personas pudientes que sólo pertenecieron a una hermandad pero no fue lo común, probablemente porque ello significaba más prestigio social en vida y unas honras fúnebres más pomposas. Fue el caso de Gabriela Caro de Cea, viuda del jurado del cabildo Gonzalo Bejines de los Ríos, que manifestó ser hermana exclusivamente de la hermandad de Nuestra Señora del Rosario, con sede en Santa Ana. Sorprende que siendo parroquiana de El Salvador y enterrándose en la capilla de Nuestra Señora de Gracia de Santa María no fuese hermana de ninguna de las cofradías ubicadas en estos dos templos. Testamento de Gabriela Caro de Cea. Carmona 9 de mayo de 1782. A.P.C., Antonio Sánchez Núñez 1782, fols. 125r-132v.

 

[12] Fuentes: Cabildo de la cofradía del Santísimo de San Pedro, Carmona, 6 de enero de 1687. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1687. Cabildo de la cofradía de la Humildad y Paciencia, Carmona, 18 de mayo de 1687. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1687, fols. 185r-185v. Marcamos con una cruz los que eran hermanos de esa cofradía. 

[13] No era de la hermandad del Santísimo pero sí de la del Escapulario en el Carmen y de la de Nuestra Señora de Concepción, sita en el convento de dicho nombre.

[14] No aparecía reflejado en el cabildo de la Humildad, pero en su testamento, fechado en Carmona el 17 de mayo de 1702 declaró ser hermano del Santísimo Cristo de la Humildad, del Santísimo Sacramento y de Ánimas Benditas, las tres ubicadas en el templo de San Pedro. A.P.C. Escribanía de José Ruiz Bravo 1702, fols. 90r-91r.

[15] Fue prioste de la cofradía de la Limpia Concepción hasta el 27 de diciembre de 1689 en que se nombró a Manuel de Maqueda. Cabildo de la hermandad de la Concepción, Carmona 27 de marzo de 1689. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1689. Asimismo fue hermano de la cofradía de las Angustias de la iglesia de San Francisco.

[16] Nos consta por los testamentos en las que cientos de testamentarias declararon pertenecer a una o a varias hermandades.

[17] Concretamente hemos analizado comparativamente los siguientes cabildos: Cabildo de la hermandad de Ánimas del 22 de enero de 1696. Cabildos de la hermandad del Santísimo, del 20 de mayo de 1696, 8 de julio de 1696 y 6 de enero de 1697 y 20 de enero de 1697. Y cabildos de la Humildad del 10 de junio de 1696. Todos ellos localizados en el Archivo de Protocolos de Carmona, en la escribanía de José Felipe Ruiz Bravo 1696-1697.

[18] También era hermano de la cofradía de Santa Bárbara de Santa María. Cabildo de la hermandad de Santa Bárbara, 28 de abril de 1698. A.P.C. Escribanía de Roque Jacinto de Santiago 1698.

[19] Miguel Muñoz también era hermano de la hermandad de la Virgen de Rosario. Cabildo del 4-XI-1696. A.P.C. Escribanía de José Ruiz Bravo 1696, fols. 421r-422r).

[20] Véase la nota 18.

[21] También era hermano de la cofradía de Santa Bárbara. Ref. nota 5.

[22] Era hermano, asimismo de la hermandad del Santísimo de la iglesia mayor de Santa María. Cabildo de la hermandad del Santísimo de Santa María, Carmona 4 de julio de 1694. A.P.C. Escribanía de Diego García de la Cruz 1694, fols. 543r-543v.

[23] Juan Guillén, u otra persona de su mismo nombre, también era hermano de la hermandad de las Angustias de la iglesia de San Francisco. Cabildo de la hermandad del 30 de marzo de 1687. A.P.C. Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1687, fols. 139r-139v.

[24] En la hermandad de las Angustias figuraban dos hermanos con este mismo nombre de Juan Navarro. Es posible que uno de los dos sea el hermano de la Humildad. Ref. nota 5.

[25] Véase los cabildos de la hermandad de Santa Bárbara, 28 de abril de 1698. A.P.C., Escribanía de Roque Jacinto de Santiago 1698. Y cabildo de la hermandad del Santísimo de Santa María, Carmona 9 de junio de 1698. A.P.C., Escribanía de Juan Antonio Benítez 1698, fols. 184r-184v.

[26] Cabildo de la hermandad del Santísimo de San Pedro, Carmona 29 de junio de 1719. A.P.C. Francisco González Flores 1719, fols. 142r-142v. Cabildo de la hermandad de Ánimas, Carmona 2-II-1721. A.P.C. Francisco González Flores 1721, fols. 572r-572v. También era hermano de la cofradía de San Antonio sita en el convento de San Francisco. Véase, por ejemplo, Cabildo de la citada cofradía, Carmona, 25-VII-1721. A.P.C. Escribanía de Juan Navarro 1721.

[27] Cabildo de la cofradía del Santísimo de San Pedro, Carmona 13 de junio de 17567. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1757, fols. 497r-498v.Y Cabildo de 15 de agosto de 1757. A.P.C. Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1757, fols. 683r-690v. Están todos o casi todos los hermanos porque era una refundación y fueron convocados en cabildo general.

[28] Éste presbítero de San Pedro también era hermano de la cofradía del Buen Suceso, sita en el Angostillo. Cabildo de la cofradía del Buen Suceso, Carmona, 28 de agosto de 1757. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1757, fols. 704r-705v.

[29] En 1759 fue reelegido como prioste de la corporación. Cabildo de la hermandad de Santísimo de San Pedro, Carmona, 15 de agosto de 1759. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1759, fols. 666r-669v.

[30] En un cabildo de la hermandad de la Expiración del 19 de abril de 1772 también figuraba como hermano de dicha corporación. A.P.C., Manuel de la Rua Morillo, 1772, fols. 60r-61v.

[31] Cabildo de la hermandad de Ánimas de Santiago, Carmona 20-XII-1772. A.P.C. Escribanía de Manuel de la Rua Morillo 1772, fols. 252r-253v. Cabildo de la misma hermandad, Carmona 30-I-1774. A.P.C. Manuel de la Rua 1774, fols. 474r-475v).

[32] Cabildo de la hermandad del Santísimo Cristo de la Columna, Carmona 15 de abril de 1770. A.P.C. Manuel de la Rua Morillo 1770, fols. 344r-344v.

[33] Fuente: Cabildo de la hermandad de las Benditas Ánimas del Purgatorio de la iglesia de San Blas, Carmona 1 de julio de 1685. A.P.C. Escribanía de Juan Antonio Benítez 1685, fols. 314r-314v. Cabildo de la misma hermandad, Carmona, 26 de agosto de 1686. A.P.C. Escribanía de Juan Antonio Benítez 1686, fols. 943r-943v. Cabildo de la cofradía del Santísimo de San Blas, Carmona 1 de julio de 1685. A.P.C. Escribanía de Juan Antonio Benítez 1685, fols. 315r-315v.

[34] Cabildo de la cofradía de Jesús Nazareno, Carmona 18-IV-1718. A.P.C. Roque Jacinto de Santiago 1718, fols. 118r-118v.

[35] Un golpe de suerte hizo que en el testamento de la Duquesa de Arcos, protocolizado el 5 de abril de 1511, ante Alonso de Baeza, escribano público de Carmona, se dotase a esta cofradía y hospital de un considerable legado. Dicho testamento y su codicilo se protocolizaron el 5 y el 6 de abril de 1511 respectivamente, ante el escribano Alonso de Baeza. Posteriormente, se hicieron los siguientes traslados: el 22 de octubre de 1591, ante Juan Gutiérrez de Mendoza; el 5 de junio de 1683, ante Manuel Rodríguez; y el último, el 15 de junio de 1774, ante José Gerónimo Gutiérrez, escribano público y del cabildo. Dicho testamento y sus traslados se conservan en el Archivo de la hermandad de la Misericordia. Un estudio del mismo puede verse en Juan Luis CARRIAZO RUBIO: "Carmona en el testamento de Beatriz Pacheco, Duquesa de Arcos", I Congreso de Historia de Carmona. Sevilla, 1998, 351-362. Como es bien sabido, en el testamento se nombraba a la cofradía y al hospital de la Misericordia como heredero universal de sus bienes, con el objetivo expreso de que se reciban y provean y curen y remedien trece pobres.

 

 

[36] El prior y frailes del convento de santa se comprometen a cantar una misa solemne por los hermanos del Dulce Nombre todos los Viernes además de una misa solemne anual al día de la Circuncisión a  primeros de cada año. Asimismo, se comprometen a acompañar a la cofradía el viernes santo en la procesión de disciplina que hacen con la imagen de N Señora y que deben ir en dicha procesión al menos 12 frailes, todo por un precio total de 6.000 maravedís anuales pagados de una sola vez el día de Año Nuevo. Y finalmente, autorizan a la cofradía a romper la pared y hacer capilla donde tengan altar y bóveda de enterramiento junto a la capilla de Santo Domingo, sin cobrarles por ello limosna alguna. Carta de concierto entre los frailes y la citada cofradía, Carmona, 15 de mayo de 1568. A.P.C. Escribanía de Juan Rodríguez 1568, fols. 479r-483v. 

[37] Cabildo de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, Carmona 1 de enero de 1705. A.P.C., Escribanía de Diego García de la Cruz 1705, foliación perdida.

[38] El 25 de marzo de 1714 compartieron el cargo de prioste las cuatro personas que se ofrecieron para asumir el cargo, entre ellos Teodomiro de Briones Quintanilla. También formaban parte de la corporación José de Briones y Monsalve y Juan Hipólito de Briones. A.P.C. Diego García de la Cruz 1714, fols. 158r-159v.

[39] Cabildo del Dulce Nombre de Jesús, Carmona 1-I-1714. A.P.C. Diego García de la Cruz 1714, foliación perdida.

[40] De hecho, conocemos testamentos, como el de Jun Barba, otorgado el 30 de abril de 1571 en que donaba 4 reales de limosna a dicha cofradía. A.P.C. Gómez de Hoyos 1571, s/f.

[41] Cabildo de la Soledad, Carmona 25-III-1714. A.P.C. Diego García de la Cruz 1714, fols. 158r-159v.

[42] Al cabildo de la Soledad del 3-IV-1757 asistieron los siguientes hermanos: Juan Caro Mancera, Juan Caro de Briones, Juan de Quintanilla y Andrade, Diego Bonifaz Ponce de León, diputados priostes; Antonio de Quintanilla y Andrade, Teodomiro de Briones y Saavedra, presbítero, Juan Ventura Caro, Francisco Caro y Auñón, Diego Luis de Rueda y Barrientos, Fernando Caro Mancera; Ignacio Lasso de la Vega y Espinosa; Lorenzo de Briones y Saavedra; Francisco Caro y Curado, el comendador Francisco María de Rueda y Barrientos, caballero del hábito de san Juan; Antonio Barba y Guzmán; Antonio Fernández de Córdoba y de la Cerda, Bernardino Nieto y Auñón, Bartolomé Nieto y Auñón, José Caro y Briones, Juan José de la Milla Fernández de Córdoba, marqués del Saltillo; Pedro Bonifaz Ponce de León, José Felipe de Briones y Araos; Alonso de Romera Tamariz y Villalobos y el Marqués del valle de la Reina.  APC Diego Piedrabuena 1757, fols 110r. En el cabildo del 19 de marzo de 1758 se reunieron, ante fray Juan Andrés Díaz prior, los siguientes hermanos: Antonio Quintanilla y Andrade, Francisco Caro Curado, priostes de la hermandad, Fernando de Briones y Escobedo, caballero de Calatrava y Alonso de Romera Tamariz, sus compañeros priostes ausentes, Teodomiro de Briones y Saavedra, presbítero, Franco Benítez Caro, Pedro Mª de Rueda, Antonio José Barba y Guzmán, clérigo de menores, Juan Rodrigo de Quintanilla y Arce, Francisco Caro y Acuña, Juan Ignacio de Briones y Saavedra, José de Briones Araos, Fernando Caro Mancera, Francisco Bernal y Cervantes, presbítero, Antonio Fernández de Córdoba, José Caro, Francisco Antonio de Rueda y Vilches y Fernando Agustín Barba y Montalvo. Eligieron por priostes para 1759 a Juan de Briones y Saavedra, Juan de Romera Tamariz, Teodomiro de Briones Saavedra, presbítero y Juan de Briones Rospillosi. A.P.C. Diego Piedrabuena 1758, fols. 63r-64r.

    [43] José SÁNCHEZ HERRERO: "Las cofradías de Semana Santa de Sevilla durante la modernidad", en Las cofradías sevillanas en la Edad Moderna. Sevilla, Universidad, 1999,  95.

    [44]Testamento de Inés Enríquez, Alburquerque, 1 de junio de 1767. Archivo Histórico Provincial de Badajoz,  Leg. 4919.

    [45]Esta practica está documentada en muchas cofradías. Conocemos el caso de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona en la que el cabildo de la ciudad informó de la necesidad de mantener una tradición discriminatoria. Así, propusieron que, si alguna mujer quisiera acudir a la procesión de penitencia, no podrá ir interpolada entre los nazarenos sino detrás de dicha procesión, sin insignia ni otra cosa que mire a otro objeto más que acompañar a la Virgen. Informe del cabildo de Carmona sobre las reglas de la Hermandad de Jesús Nazareno, Carmona, 20 de julio de 1786. Esteban MIRA CABALLOS: "El informe del cabildo de Carmona sobre las reglas de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona", Boletín de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona (2001), Carmona.

[46] De hecho, encontramos decenas de testamentos en las que las otorgantes declararon ser hermanas de número de diversas cofradías. Sin embargo, en las decenas de cabildos generales que se protocolizaron no hemos encontrado la presencia de ninguna mujer. No puede ser casualidad; estaban apartadas de todos los órganos de decisión, incluso del cabildo general. En España se conocen algunos casos de integración igualitaria de la mujer en las hermandades pero se trata de excepciones que no hacen otra cosa que confirmar la regla. Por ejemplo, en los estatutos de la hermandad de la Veracruz de Rute se especificaba la igualdad entre los hermanos de ambos sexos, prohibiendo sin embargo a las mujeres disciplinarse en la procesión. Igualmente en la hermandad de la Veracruz de Villabuena del Puente se les otorga a los hombres y a las mujeres las mismas condiciones, incluso la posibilidad de participar en el desfile penitencial en idéntica situación. Pedro GARCÍA ÁLVAREZ: "Mujeres disciplinantes en una cofradía zamorana de la Vera Cruz en el siglo XVI: Villabuena del Puente", Actas del III Congreso Nacional de hermandades y cofradías, T. I. Córdoba, Cajasur, 1997, 514.

[47] Así ocurría en la congregación Servita de Nuestra Señora de los Dolores de Feria que sacaba el Viernes Santo a la Virgen de la Soledad en estación pública de penitencia.

[48] Inicialmente las mujeres se integraron en los cortejos rosarianos con los hombres, según Carlos José Romero Mensaque habrá que esperar a la segunda década del siglo XVIII para que encontremos los primeros cortejos rosarianos exclusivos de féminas, especialmente desde las misiones de fray Pedro Vázquez Tinoco O. P. Carlos José ROMERO MENSAQUE: “La cofradía del Rosario de Zufre. Una aproximación a la historia del fenómeno rosariano en la Sierra”, Actas de las XXII Jornadas del patrimonio de la Comarca de la Sierra. Higuera de la Sierra, Diputación Provincial 2009, 183-199.

[49] Así ocurría, por ejemplo, en la cofradía de mujeres de San Águeda de Barcelona, cuyas finanzas eran administradas por hombres nombrados para tal efecto. Inmaculada ARIAS DE SAAVEDRA y Miguel Ángel LÓPEZ MUÑOZ: “Cofradías y ciudad en la España del siglo XVIII”, Studia Historica, Historia Moderna Nº 19. Salamanca, 1998, 208. Reproducido en su libro:  La represión de la religiosidad popular. Crítica y acción contra las cofradías en la España del siglo XVIII. Granada, Universidad, 2002, 103-150.

 

[50] El Curioso Carmonense (Edición de Antonio Lería) Carmona, S&C Ediciones, 1997, 117 y 119.

[51] Conocemos varios cabildos para la elección de esclava mayor; en 1780 lo fue doña Petronila Talavera, en 1781 Gertrudis Beltrán y en 1782 María Rodríguez de Molina. Cabildo de la cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes, Carmona, 4 de noviembre de 1781. A.P.C. Escribanía de Agustín López Cebreros 1781, fols, 242r-242v.  Cabildo de la misma cofradía, 29 de diciembre de 1782. A.P.C. Agustín López Cebreros 1782, fols. 337r-338r. Entre las hermanas asistentes a estos cabildos se mencionan lo siguientes nombres: doña Gertrudis Beltrán, doña Rosa Roa, doña Ramona de la Barrera, doña Antonia Vázquez, doña Rosalía Gutiérrez, doña Ana Vázquez, doña María Martínez, doña Severina Duarte, doña María de Gracia Vázquez, doña Ignacia de los Ríos, doña Antonia de Prados, doña Isabel de Prados y doña María de Prados, doña Josefa Velázquez, doña Petronila Talavera, doña Ana Talavera, doña Ramona Barrera, doña María Martín, doña Antonia Serrano, doña Bárbara Alcaide, doña Gabriela de Acevedo, doña María Rodríguez y Molina y doña Francisca Viso, doña Antonia Domínguez, doña Isabel de Cota, doña Ana García y doña María Garrido.

[52] ROMERO MENSAQUE: El fenómeno rosariano en la ciudad de Carmona, 49.

[53] Se trata de ocupaciones comúnmente reservada a mujeres, como las tareas del hogar, el aseo de las imágenes, la asistencia en el parto o el amortajamiento de finados. Conocemos muchos casos de matronas que llegaron a gozar de gran prestigio. Según El Curioso Carmonense, el convento de Santa Clara fue fundado en 1463 por dos honestas matronas. El Curioso Carmonense…, Ob. Cit., 97. En relación a su labor en el amortajamiento de cadáveres también disponemos de sobrados testimonios. Por citar sólo uno, en septiembre de 1563, murió un transeúnte en el mesón los Leones de Carmona y las autoridades llamaron a unas mujeres para que amortajaran su cuerpo. A.P.C., Escribanía de Pedro de Hoyos 1563, fols. 1080r-1081v. 

[54] El 16 de abril de 1685 hizo entrega a los frailes Jerónimos de todas las alhajas de la Virgen, ante el escribano Juan de Santiago, alegando problemas graves de salud. MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna…, 27-29.

[55] Expediente sobre un vestido nuevo para la Virgen de los Reyes que habían costeado los feligreses con la ayuda del concejo que puso los 1.800 reales que faltaban, Carmona, 13 de mayo de 1772. Archivo Municipal de Carmona, Leg. 1061.

[56] Así consta en un inventario de la iglesia del Carmen, formalizado el 16 de enero de 1876. MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna…, 294.

[57]Y ello lo simultaneó con el cargo de presbítero, examinador sinodal del arzobispado y vicario ecónomo de Carmona. También desempeñó el cargo de administrador del hospital de San Pedro entre 1820 y 1826. Pese a sus múltiples oficios ello no impidió que además desempeñara una amplia labor en la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, corporación que presidió como hermano mayor durante nada menos que veintiún años.  Esteban MIRA CABALLOS: "Juan José Freire: un personaje ilustre del siglo XIX hermano de Nuestro Padre", Boletín de la hermandad de Jesús Nazareno, Nº 17. Carmona, 2000, 18.

SOBRE EL CARMONENSE JUAN DE VILLARROEL, FUNDADOR Y GOBERNADOR DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ

 

No tenemos constancia documental de su nacimiento. Publio Hurtado, lo hace natural de Alcántara, basándose en dos argumentos poco consistentes: uno, en la existencia del apellido Villarroel en esta localidad cacereña. Y dos, en su supuesta marcha al Nuevo Mundo, en 1502, en la flota de frey Nicolás de Ovando, en la que viajaron numerosos extremeños. Sin embargo, y a falta de fuentes documentales, las referencias que poseemos de los cronistas no apuntan a un origen extremeño sino andaluz. Mientras Pedro Cieza de León lo cita solamente como un “español llamado Villarroel”, Nicolás de Martínez Arzáns y Vela, se mostró bastante más preciso al decir que "era este capitán de los nobles de Andalucía, natural de la ciudad de Carmona, y uno de los pacificadores de la provincia de Charcas".

El carmonense se asentó a su llegada a La Española en la villa de Salvaleón de Higüey, donde formó parte de la élite, recibiendo, en el repartimiento general de 1505, una modesta encomienda de indios. Sin embargo, como tantos otros españoles, al no ver cumplidas sus expectativas económicas decidió marchar de la isla a la primera oportunidad. Por ello, en 1511 no dudó en enrolarse en la expedición que llevó el adelantado Diego Velázquez a la vecina isla de Cuba.

En esta otra isla antillana tampoco parece que destacara, por lo que volvió a salir de la misma, dirigiéndose en esta ocasión al área andina. Según algunos cronistas participó activamente en la conquista de la zona de Charcas, actualmente perteneciente a Bolivia. Una vez sometido el territorio se asentó en el mismo, recibiendo, en compensación por sus servicios una encomienda de indios. Sin embargo, la fortuna le llegó de casualidad. Un indio suyo descubrió las célebres minas del Potosí, fundando posteriormente la villa del mismo nombre. Según la tradición, Villarroel tenía un indio, llamado Gualpa, que cuidadaza de sus ganados en el cerro que los nativos llamaban de Potosí. Un día se le hizo tarde y decidió quedarse y pernoctar en el cerro. Como hacía frío, recogió pastó e hizo una hoguera para calentarse. Al día siguiente, pudo ver con sorpresa, una mancha blanca, que resultó ser plata fundida. Al principio no dijo nada a nadie y se benefició él de su hallazgo. Pero, como no podía ser de otra forma, el carmonense notó el cambio. Interrogado por su señor, terminó confesando. Corría el mes de abril de 1544. El descubrimiento del Cerro Rico de Potosí, yacimiento argentífero desconocido por los Incas, se convirtió en el mayor hallazgo minero de todo el Nuevo Mundo. El carmonense se aprovechó de la situación, enriqueciéndose rápidamente. En 1547 Juan de Villarroel obtuvo la confirmación del Título de descubridor del Cerro y fundador de la Villa Imperial de Potosí, así como un escudo de armas para ella. Se convirtió en el primer gobernador de ella. En breve tiempo fue tanta gente a sacar plata que, como decía Cieza de León, “parecía aquel sitio una gran ciudad”.

Pudo haber vivido dignamente, como gobernador y con las rentas que le reportaba su explotación minera pero, como tantos otros conquistadores, su inquietud por ganar más honra y riquezas le superó. Teniendo ya más de 50 años participó en las guerras civiles del Perú que enfrentaron a las tropas leales del virrey Pedro de La Gasca contra el insurrecto Gonzalo Pizarro. Aunque luchó en el bando vencedor, el del virrey, resultó gravemente herido, a principios de 1548, concretamente en la batalla de Xaquixahuana. Afortunadamente se recuperó, pero sorprendentemente decidió alistarse en otra nueva aventura. Ni más ni menos que en la arriesgada expedición que, en 1549, llevó el desventurado Pedro de Valdivia a Chile. La resistencia de los araucanos fue mucho mayor de lo esperado. En 1553, estando en el fuerte de Tucapel, fundado por el propio Valdivia, fueron atacados por los indios, liderados por Lautaro. Los hermanos Juan y Andrés de Villarroel perdieron la vida, junto al resto del contingente español que lo defendía. El luctuoso suceso ocurrió el día de Navidad de 1553.

Desconocemos si dejó descendencia. El 14 de mayo de 1588 un tal Cristóbal de Villarroel declinó el cargo de alcalde del crimen en la audiencia de Lima. Nada tendría de particular que tuviese algún parentesco con el carmonense, extremo que, sin embargo, no hemos podido verificar.

 

BIBL.: E. MIRA CABALLOS: “Juan de Villarroel, conquistador”, en Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 1989; E. MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna: religiosidad y arte, población y emigración a América. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 1999; E. MIRA CABALLOS: Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial español, 1502-1509. Santo Domingo, Patronato de la Ciudad Colonial, 2000; P. HURTADO: Los extremeños en América. Sevilla, Gráficas Mirte, 1992; F. MORALES PADRÓN: Historia general de América. Madrid, Espasa Calpe, 1975; T. TRAYER OBJEDA: Valdivia y sus compañeros. Santiago de Chile, 1950; P. CIEZA DE LEÓN: Crónica del Perú. Madrid, Sarpe, 1985; V. NAVARRO DEL CASTILLO: La epopeya de la raza extremeña en Indias. Granada, Gráficas Solinieve, 1978; E. SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias, Madrid, Marcial Pons, 2003.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

BREVE BIOGRAFÍA DEL CURA REPUBLICANO CARMONENSE JUAN JOSÉ FREIRE (1778-1851)

 

        Juan José Freire y Armijo nació en 1778 y murió en Carmona el 4 de febrero de 1851. Era hijo del capitán Francisco Freire, natural del pueblo de Santo Thomé, en Galicia, y de la carmonense doña Josefa de Armijo. Su hermano, el general Manuel Freire, destacó en la Guerra de la Independencia, sobre todo por su victoria sobre los franceses en la batalla de San Marcial.

        Juan José Freire, a diferencia de su hermano, decidió hacer carrera eclesiástica, desempeñando simultáneamente los cargos de presbítero y beneficiado de la iglesia de San Bartolomé de Carmona, así como los de examinador sinodal del arzobispado y vicario ecónomo. También fue administrador del hospital de San Pedro de Carmona, entre 1820 y 1826, así como hermano mayor -durante 21 años- de la cofradía de Jesús Nazareno de la misma localidad.

        Obviamente, Freire no destacó por su oficio de presbítero sino por su lucha en la Guerra de la Independencia y por sus ideas políticas. Efectivamente llevó una intensa actividad durante todo el período que duró el enfrentamiento con los franceses, participando en la Junta Revolucionaria de Carmona y en el reclutamiento del Batallón -después regimiento- de Cazadores de Carmona. También desarrolló una intensa actividad social a favor de los más desfavorecidos, cuidando a niños expósitos de la casa cuna, y gestionando eficaz y caritativamente el hospital de San Pedro.

        A partir de 1814, con la restauración de la Monarquía Absoluta, Freire desplegó todo un ideario liberal, verdaderamente inusual en un cura del siglo XIX. Él, que tanto luchó por la libertad, jamás aceptó el absolutismo restaurado por Fernando VII. Su ideario quedó de manifiesto en el discurso que pronunció en la iglesia Prioral de Santa María el 23 de julio de 1820 con motivo de la erección del nuevo Congreso Nacional, resultante tras el conocido pronunciamiento del Coronel Riego. No se conformó con defender las ideas liberales y republicanas, sino que además hizo una crítica feroz a la política llevada a cabo por la administración fernandina durante el Sexenio Absoluto. Elogió, haciéndose eco de las teorías de Montesquieu, la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Para él la prosperidad del Estado sólo se podía fundamentar sobre este triple reparto del poder. Clamó por la libertad del pueblo como un bien inalienable de todos los ciudadanos. Estaba convencido de que Dios ayudaría al pueblo español a conseguir esa libertad, al igual que guió hacia la misma al pueblo hebreo. Y finalmente, manifestó su simpatía por la República Romana frente a la tiranía de la fase imperial. Una defensa del régimen republicano que no debió sentar nada bien en amplios sectores sociales de la Carmona de 1820. Claro está que manifestar tan siquiera ligeras simpatías por el régimen republicano, aunque estuviesen referidos a la civilización romana, resultaban una auténtica afrenta para los ideales monárquicos de Fernando VII y de la mayor parte de los españoles de la época.

En definitiva, estamos ante un personaje excepcional en la difícil España decimonónica; un hombre que se enfrentó al conservadurismo y al absolutismo de la España fernandina.

 

BIBL.: J. J. FREIRE: Discurso pronunciado el día 23 de julio de 1820 en la iglesia Prioral de Santa María por D. Juan José Freire, presbítero, beneficiado propio de la parroquia de San Bartolomé, con motivo de la solemne acción de gracias que celebró el ilustre ayuntamiento constitucional de la ciudad de Carmona, por la instalación del Congreso Nacional, y juramento hecho por S.M. C. ante él. Sevilla, por D. Manuel de Aragón y compañía, 1820; E. MIRA CABALLOS, Esteban: "Juan José Freire: un personaje ilustre del siglo XIX hermano de Nuestro Padre", Boletín de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Nº 17. Carmona, 2000. E. MIRA CABALLOS: 1997: “Don Juan José Freyre: un presbítero liberal en la Carmona del siglo XIX", Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 2000; M. C GÓMEZ MARTÍN Y M. T. LÓPEZ DÍAZ: El hospital de San Pedro (1615-1875). La evolución de la sanidad en Carmona. Carmona, Excmo. Ayuntamiento, 1997.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS