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En un artículo que publiqué el 10 de noviembre de 2002 en el “El Listín Diario” de Santo Domingo manifesté mi escepticismo sobre la posibilidad de averiguar dónde se hallaban los restos del primer Almirante de la Mar Océana. Sin embargo, hoy, más de tres lustros después, creo que es momento de rectificar y de dar por zanjada la cuestión.

Es cierto que en este caso la ciencia no ha podido ayudar; de hecho, un equipo de científicos, encabezados por el doctor José Antonio Lorente Acosta, director del laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, estudió los restos de la supuesta tumba del Almirante de la Catedral de Sevilla. Y pese a que le aplicaron análisis del ADN nuclear para compararlos con los restos de su hijo Hernando Colón, que sabemos con seguridad que se encuentran en la seo hispalense, los resultados no fueron concluyentes. Y ello por el estado deplorable en el que se encontraban sus escasos restos. De hecho, ya en 1695 cuando se exhumaron esos mismos restos de la catedral de Santo Domingo, señalaron que apenas encontraron pequeños fragmentos de hueso entre varias planchas de plomo de una vieja caja de ese metal.

         Centrándonos en la controversia del lugar donde descansan sus restos debemos decir que ha habido una disputa histórica entre la tesis dominicana, que afirma que están en Santo Domingo, y la española que asegura, por contra, que reposan en Sevilla. Y en este sentido existen decenas -quizás cientos- de obras defendiendo una u otra tesis. Las más recientes, la de Anunciada Colón y Guadalupe Chocano, publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1992, que defiende la tesis españolista y la de Carlos Esteban Deive, editada por la Fundación García Arévalo, en 1993, que apoya rotundamente la tesis dominicana.

         El problema radica en el hecho de que Colón fue inhumado y exhumado en seis ocasiones diferentes. Su primera sepultura estuvo provisionalmente en la propia Valladolid, donde falleció, lugar desde el que se trasladó poco después al monasterio de las Cuevas de Sevilla. En 1537 el emperador Carlos V le concedió a Luis Colón, nieto del almirante, el patronazgo de la capilla mayor y el derecho de enterramiento de la familia. En torno a 1543 o 1544 fueron trasladados al presbiterio los restos del primer almirante Cristóbal Colón y de su hijo Diego, siguiendo los deseos de doña María de Toledo, nuera del descubridor. Eso sí a ninguno de los dos se le colocó una lápida conmemorativa que señalase el lugar exacto.

         Más de dos siglos después, y concretamente en 1795, después de la firma de la Paz de Basilea por la que se entregó a Francia la parte oriental de la Española, las autoridades decidieron trasladar sus restos a La Habana. Nuevamente, en 1898, tras perderse la guerra y ante el inminente abandono de Cuba, se decidió trasladar a la Catedral de Sevilla, donde se enterró en la cripta de los Arzobispos. Finalmente, en 1902, se inhumó definitivamente en el monumento funerario que para tal efecto labró el escultor Arturo Mélida.

         El debate se inició a partir de 1877 cuando, en unas obras de remodelación del presbiterio de la Catedral de Santo Domingo, se localizó una urna con una serie de inscripciones, entre ellas las iniciales "C.C.A.", que obviamente se quiso desglosar como "Cristóbal Colón, Almirante". Inmediatamente después, Monseñor Rocco Cocchia, publicó una enfervorizada pastoral comunicando el hallazgo al mundo. Desde ese momento, los historiadores dominicanos se centraron en destacar el error cometido por los españoles cuando precipitadamente, en 1795, se llevaron por equivocación los restos del II Almirante Diego Colón, en vez de los de su padre, don Cristóbal Colón. Y desde entonces, se han vertido ríos de tinta, unos diciendo que la equivocación se produjo en 1795, al tomar los restos del hijo por los del padre, y otros, afirmando que el error se cometió en 1877 al creer que habían encontrado los restos del Descubridor de las Indias cuando en realidad eran los de un nieto del mismo nombre.

         Sin embargo, en mi última visita a la Catedral de Santo Domingo, en octubre de 2017, el conservador de la catedral, don Esteban Prieto Vicioso, me enseñó amablemente la cripta de la familia Colón –cuya llave todavía poseen los duques de Veragua- y la ubicación exacta en la que se encontraban los restos del primer almirante Cristóbal Colón, de su hijo Diego Colón y de su nieto Luis Colón. En el lado del evangelio del presbiterio se colocó, junto al muro a Cristóbal y algo más a la derecha a su hijo Diego, mientras que en el lado del muro de la epístola se colocaron los restos de su nieto el conflictivo Luis Colón. En 1795, cuando se exhumaron los restos, está documentada a través de inventarios la existencia de un retablo en el lado del evangelio que impedía el acceso al enterramiento del primer almirante pero no al de su hijo Diego. Con las prisas del momento, exhumaron los restos que había en el lado del evangelio, pero no los que estaban junto al muro a los que no podían acceder sino los que estaban justo al lado. Por tanto los restos extraídos, y que se colocaron en un arca de plomo dorada con cerradura, fueron los de Diego Colón y no los del primer almirante a los que no pudieron acceder. Sin embargo, dieron por buenos los restos exhumados y, cumpliendo órdenes, se trasladaron a Cuba y después, en 1898, cuando se perdió la perla del Caribe, a la Catedral de Sevilla.

         Las evidencias son de tal calado que hay pocas dudas de que los restos conservados en la Catedral de Sevilla son los de Diego Colón. En cambio, los del descubridor de América son los que permanecieron en la Catedral de Santo Domingo y desde hace algo más de un cuarto de siglo se encuentran en el Faro a Colón de la capital dominicana. Obviamente, se trata de algo irrelevante, casi de otro siglo, donde se mezcla un patriotismo mal entendido. Pero en cualquier caso, creo que podemos decir con rotundidad que el enigma está resuelto.

 

 

PARA SABER MÁS:

 

COLÓN DE CARVAJAL, Anunciada y Guadalupe CHOCANO: “Cristóbal Colón”, 2 vols. Madrid, C.S.I.C., 1992.

 

 

DEIVE, Carlos Esteban: “Los restos de Colón”. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1983.

 

 

PEÑA Y CÁMARA, José de la: “Los dos restos de Cristóbal Colón”, Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, Vol. II, n. 2. Sevilla, 1974, pp. 79-95.

 

 

V.V.A.A.: “Basílica catedral de Santo Domingo”. Santo Domingo, Patronato de la Ciudad Colonial, 2011.

 

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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