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INFORME SOBRE EL CÓLERA-MORBO EN CARMONA EN 1855

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INFORME SOBRE EL COLERA-MORBO

EN CARMONA 1855

 

 

                                                                                                      Autor: Manuel de Aguilar Tablada

                                                                                                      Transcripción: Esteban Mira Caballos

 

SEÑOR ALCALDE PRESIDENTE DE ESTE ILUSTRE AYUNTAMIENTO:

 

Siempre he lamentado la falta de noticias que se advierten en los archivos públicos de aquellos hechos memorables que, favorables o adversos, dejan una profunda huella en la memoria de los pueblos.

Oirá de los menos tristemente célebres la invasión del cólera que sufrió esta ciudad el año del 1855 y si bien mi falta de conocimientos científicos no me ha permitido tratarla cual merecía me atrevo a presentarle una pequeña narración de la catástrofe y con solo el objeto de que si lo estima oportuno le de cabida entre los legajos de aquel tiempo como simple noticia de tamaña desgracia.

Sin pretensiones de ninguna clase me propongo describir sucintamente la horrorosa invasión del cólera morbo asiático que sufrió esta ciudad porque las grandes desgracias de los pueblos así como sus escasas alegrías deben consignarse en sus archivos para instrucción de los venideros. He aguardado tanto tiempo porque escribiendo bajo la impresión primera acaso me habría dejado llevar a la exageración si exageración podía caber al describir la terrible catástrofe. Si mis observaciones rectificadas cuando el tiempo transcurrido ha devuelto la calma al espíritu pueden ser útiles habré conseguido mi objeto y de todos modos la abstracción que hago de personas demostrarán que solo he tenido el deseo de estimular a los más entendidos o que estudian científicamente el terrible fenómeno.

 

TOPOGRAFÍA DE ESTA CIUDAD: Carmona se halla situada al borde de una cadena de rocas calizas que corren de nordeste al sudoeste formando varias sinuosidades y ángulos escarpados por la parte del sur, oriente y norte y pendiente con declive suave sin formar sallo alguno por la del poniente la parte baja de la ciudad está sobre un pico o ángulo saliente de este alcor que por el oeste concluirá probablemente en lo antiguo en una cañada medianamente profunda y que rellenada posteriormente es el principio del llamado arrabal. Este forma por la mitad de la población prolongándose también hacia el oeste; y compuesto de edificios más bajos que los de la ciudad y de calles más anchas, es más alegre y ventilada aunque sea aquella a un nivel mucho más alto.

Carmona pues por el este y sur parece asomada a un inmenso balcón que domina su ancha vega terminada por la Serranía de Ronda y de Morón, terreno todo de sembradío en que se ven poquísimos árboles y muy escasa agua pues toda la parte especialmente del sudeste tiene por base las arcillas y así es que se ven algunas presas de corta extensión para el abrevadero de ganados y que en su mayor parte se secan durante el verano.

Por el lado del norte y oeste de la ciudad apenas se ve al contrario tierra de sembradío y si un inmenso aljarafe de olivos con muy cortas y mezquinas huertas y monte bajo, concluyendo tales plantaciones en el Guadalquivir que serpentea a cuatro, tres o dos leguas de la población en el que desemboca, corriendo de este a norte y a distancia de una legua de la ciudad el río Corbones que en verano solo conserva algunas charcas de agua.

Consiguiente a esta topografía en general son los fenómenos atmosféricos e higiénicos de Carmona goza de un horizonte claro y despejado la mayor parte del año. Varias veces se experimentan camas y aun en los rigores del verano por las tardes y noches se sienten brisas agradables y pesca las aguas de que se surte el pueblo, proceden de las poblaciones del mismo peñasco volcánico sobre que está fundado y así es que siendo muy puras tienen sin embargo cierto principio de cal que afecta al sistema nervioso, pues, es de advertir que aunque todas las casas tienen pozos profundos la mayor parte de ellos producen una agua salobre que costa el jabón que no es potable y que se destina exclusivamente al aseo y limpieza.

Consecuencia de todo y de los trabajos de agricultura a que se dedican los habitantes son las enfermedades que se padecen y así es que en la Vega reinan labardillos, calenturas cerebrales. En el Aljarafe especialmente en los campos media calentura intermitentes. Y en las clases medias y elevadas no sujetas a los trabajos agrícolas, es mortífera sobretodo la tesus doctoral.

Consecuencia también de esta localidad de Carmona es la limpieza de sus calles , pues en la cúspide del cerro, por todas partes tiene fácil y rápido desagües y así es que y así es que aun después de las lluvias mal crecidas no se ven en las calles charcos ni fango; y además en muchas calles hay cloacas públicas a donde desaguan las casas particulares y que conducen por bajo de tierra toda bascosidad y aguas sucias. En las calles en donde no hay estas obras se recogen aquellas inmundicias en pozos negros pero regularmente hay dos en cada casa de suerte que cuando se llena uno se tapa y se descubre el otro que lo ha estado ya tres o cuatro años de forma que tenía ya convertida la inmundicia en estiércol o humus seco e inodoro que se saca como si fuera simple tierra; y así es que tal operación molestosa y fétida en otras poblaciones pasa desapercibida en Carmona.

Además la inclinación a la limpieza ya no es tan exagerada que no solo se barren sino que hasta se lavan las calles y las familias más pobres antes quedan sin comer que dejar de blanquear sus casas al menos una vez al año.

Por último la alimentación de la clase proletaria es sana, consistente, generalmente, en pan de trigo y en legumbres y semillas cocidas con aceite de oliva.

 

HISTORIA: Con tan favorables condiciones higiénicas Carmona ha gozado siempre del concepto de muy sana en tiempos de epÍdemias y así es que en las invasiones de fiebre amarilla que en este siglo se han padecido y que tantas víctimas causaron en Cádiz y su provincia y en Sevilla apenas se contaron en Carmona algunos casos.

Por eso cuando en 1853 invadió el cólera morbo asiático a Sevilla y a todos los pueblos comarcanos se refugiaron en Carmona multitud de de familias de dichos puntos y, aunque no observaron previa cuarentena ni ninguna otra precaución a su entrada no por eso se notó el más mínimo cambio en la salud pública pues algunos casos rarísimos que se notaron en el término y aun en la ciudad fueron de personas inmediatamente venidas de los puntos contagiados y que venían ya infestadas.

Pero a pesar de no haber transmitido la enfermedad a ninguno de los que estuvieron en contacto inmediato con los enfermos estos hechos aislados fueron suficientes a alarmar especialmente a los forasteros que olvidados de la franca y cordial hospitalidad que acababan de recibir alarmaron a parte de la población y solicitaron de la junta de sanidad y ayuntamiento casi tumultuariamente la adopción de todas las medidas que su terror les sugería para aislar completamente a Carmona del resto de la provincia.

Y vanas fueron cuantas reflexiones pudieron sugerir el buen sentido y la experiencia; aquel, demostrando la imposibilidad de tal aislamiento en un pueblo abierto que se surte de fuera en sus artículos de primera necesidad; y ésta haciendo ver que vanas serían las tapias de tierra y as rondas contra una enfermedad que había pasado los montes, salvado los ríos y volado por encima de los mares. En vano fue deducir de aquí que la verdadera perseveración consistía en redoblar el celo de las medidas higiénicas, en preparar hospitales y casas de refugio, y en una palabra en adoptar con ánimo sereno aquellos medios que la ciencia aconseja y preside la legislación actual.

Nada, repetimos, fue escuchado y el ayuntamiento y junta de sanidad de que era individuo el que ésta escribe, tuvieron que sucumbir en evitación de otros males y se adoptaron en su consecuencia las medidas más ridículamente exageradas que hubieran servido de diversión a los hombres sensatos si no hubiesen costado a la población algunos miles de duros que tanta falta le hicieron después en la hora del conflicto.

En el año de 1854 continuó la enfermedad cebándose en todos los pueblos inmediatos y, sin embargo, la salud de Carmona continuó sin novedad a pesar de que la comunicación del año anterior era ya casi nominal como naturalmente debía suceder, sin embargo, en el mes de octubre estalló una tormenta con extraordinario desprendimiento de electricidad, notándose a los pocos días varios casos marcados de cólera en personas que ningún contacto ni relación habían tenido con los pueblos contagiados. Fueron muy pocos en número y no se transmitieron ni propagaron a la generalidad produciendo así una pequeña alarma que pronto se disipó.

El año de 1855 vio casi de todo punto restablecida la salud en Sevilla y demás pueblos limítrofes que en los anteriores tan lastimados habían sido y en Carmona produjo alguno que otro caso aislado sin ninguna trascendencia de forma que la confianza se restableció casi todo punto y los más medrosos se conceptuaban seguros y libres del terrible azote.

Así las cosas, el 16 de septiembre se presentó otra tormenta con bastante desprendimiento eléctrico pero sin que llamase la atención por su poca intensidad más los médicos observadores y de numerosa clientela, entre ellos don José Herrera Acuña principiaron desde el día siguiente a observar en sus enfermos comunes ciertos fenómenos y anomalías inexplicables y ya en el sentido de una mejoría instantánea y casi completa, o bien en el de agravación o complicaciones inesperadas.

Se acostaron todos tranquilos la noche del 18 pero a poco parece que cayó sobre la infortunada ciudad una lluvia de fuego puesto que amaneció invadida simultáneamente por todos los puntos. El que esto escribe presintió la horrorosa catástrofe desde su cama, pues, apenas recogido oyó los desaforados golpes con que llamaban al don José Acuña que vive enfrente de su casa y volvieron a llamarlo y se repitieron los golpes y continuaron hasta el amanecer y apenas amanecido vinieron a avisar al que habla como hermano mayor que era de la caridad y huérfanas de que en cada una de esas casas había tres o cuatro invadidos y, cuando salió a la calle en fin se encontró con el cuadro más aterrador: unos corriendo a bandadas a as boticas que no podían dar abasto, otros 40 o 50 corriendo con los médicos y casi riñendo por llevárselos primero, otros cargando los útiles más precisos en carros, bestias o lo que encontraban y abandonando sus intereses huían desalentados con sus familias de la ciudad proscrita. Todos en fin con el sello de la muerte marcado en sus semblantes y tan profundamente afectados que ni una lágrima ni un lamento se permitían, silencio que continuó en los días siguientes y era, en verdad, aterrador, pues no dejaba oír más que el ruido sordo de los carros que constantemente atravesaban la ciudad en todas direcciones colmados de cadáveres para trasportarlos primero al cementerio público y después y a poco, lleno éste, a las horribles zanjas improvisadas.

Duró la terrible invasión en toda su intensidad tres o cuatro días y enseguida principió a declinar tan rápidamente que a los quince apenas se contaba una nueva invasión; y éstas desde el 6º o 7º día venían siendo tan benignas que apenas se desgraciaba ningún enfermo, al contrario de lo que sucedió en las invasiones de los cuatro primeros días, pues, de mil atacados se salvo si acaso uno y de aquí puede deducirse cual sería el horroroso espectáculo de un pueblo en que fallecieron en tan poco tiempo quizás más de dos mil personas. De suerte que aunque en otras poblaciones se hayan contado más víctimas proporcionalmente ha sido en un periodo de seis o siete meses dando tiempo a que las autoridades tomen toda clase de medidas y proporcionen toda clase de auxilios.

Horroroso por demás era en efecto el espectáculo que Carmona ofrecía en aquellas terribles horas, la mitad de la población había huido despavorida y la otra mitad o yacía en el lecho de la agonía, o auxiliaba en vano a los enfermos, o trasportaba al cementerio y a las zanjas los cadáveres de las víctimas, las calles solitarias apenas veían transitar más que a los horribles carros atestados de cadáveres o a los que llevaban los de sus parientes y amigos en burros por no tener lugar en aquellos, o bien a infelices moribundos que eran transportados en camillas a los hospitales improvisados para acabar de fallecer en ellos. Los curas sin descanso se ocupaban solo en administrar el santo óleo y alguno para continuar su trabajo tuvo que tomar una calesa.

¿Y qué diremos de la administración municipal en medio de tantos horrores? debemos decir que se bien se advirtieron faltas graves especialmente en el cementerio, merecen la más completa disculpa porque imposible fue en una sorpresa tan extraordinaria preverlo todo y ordenarlo debidamente. Deberán ser pues de grata memoria las autoridades de Carmona entonces y especialmente don Máximo Teruel, teniente de alcalde por enfermedad del que lo era primero, y que no descansó de noche ni de día; el secretario del ayuntamiento don Antonio Trigueros y las juntas parroquiales de beneficencia que, igualmente firmes en sus puestos, a todas horas prestaban auxilios al necesitado y así fue que ni falto el surtido ni tampoco la asistencia debida a los enfermos.

Por último concluimos este imperfecto bosquejo con la nota de las defunciones la cual si bien imperfectísima y disminuida acaso en una mitad pues en los días de mayor conflicto ni pudo llevarse exacta ni después ha podido enmendarse con las notas del cementerio porque como va indicando antes, éste una vez lleno se cerró y se abrieron zanjas en el campo a donde se echaban los cadáveres sin ocuparse de tomar apuntes. Si bien imperfectísima repito, da una idea de la catástrofe, no olvidándose de lo que antes también dijimos sobre que la grande invasión duró en su mayor intensidad cuatro o cinco días, pudiendo decirse sano el pueblo a los quince o veinte.

Barrio de Santa María, en el centro de la ciudad vieja y que corre de norte a Medio día.

Cuartel 1º: El Sol, Palomar, Puerta de Marchena, Peñuelas, Mirador, Costanilla, Pozo Nuevo, Imperial, 65.

Cuartel 2º: San Ildefonso, San Antón, de la Orden, Plazuela de Santa María, Ídem de las Descalzas, Peso de la Harina, Miraflores, Villalobos, Juan de Lugo, Judería, Dos Puertas, Beaterio, Carruaje (¿?), Pósito, Cárcel, Panaderas, Vendederas 69.

Barrio del Salvador en el centro de la ciudad:

Cuartel 3º: plaza de la Constitución, calle del Salvador, Santa Catalina, Palenque, Oficiales, Torno de Madre de Dios, Juan de la Cabra, Plazuela de Juan Caballero, Sancho Ibáñez, Torre del Oro 62.

Barrio de Santiago, moriente de la ciudad vieja.

Cuartel 4º: Puerta de Córdoba, Caridad, Gil de Palma, Calatrava, Barranquillo, Alférez, Estrella, Quiebra Jarrillo, San Marcos, Plazuela de Facundes, Leona, Lentiscos, Extramuros, Bliarrán?, Plazuela de Santiago, Ídem de Marchena, Ídem de San José, Paso de la Duquesa, San Antón, Torno de Santa Clara, 142.

Barrio de San Blas, al norte de la ciudad vieja.

Cuartel 5º: calle de Parras, Abejas, Plazuela del Higueral, Calle de la Cruz, Diego Navarro, Vírgenes, Judería, Plazuela del Saltillo, Estrella, Postigo, Torre del Oro 145.

Barrio de San Felipe, al mediodía.

Cuartel 6º:Calle Ancha, Miraflores, Teodomiro Bravo, Berrocal, Peñuelas, Mirador, San Felipe, Juan Tamariz, Arquillo, Bogas, de la Cuna, 131.

Barrio de San Bartolomé, al poniente y mediodía.

Cuartel 7º: Oficiales, San Bartolomé, Santa Catalina, Siete Revueltas, Flamencos, San Felipe, Baño Quebrado, Plazuela de Romera, Ahumada, Hancha (sic), Viga, Vieja, Horno Palomino 99.

Ciudad nueva, o sea, arrabal. Barrio de San Pedro dividido en seis cuarteles:

Cuartel 1º, al medio día: San Pedro, Plaza del Arrabal, la Fuente, Aguditas, Fuente de las Viñas 85.

Cuartel 2º, al medio día: Tranqueras, Real, Vidal Concepción 125.

Cuartel 3º en el centro: Carpinteros, Sastre, Montánchez, Cadenas, Juan Chico 89.

Cuartel 4º, poniente y norte: Horno de Aguirre, Antón Gutiérrez, Barrionuevo, Olivar, Bravos, Raso de Santa Ana, Barbacana Baja, Ídem Alta 144.

Cuartel 5º, poniente: Tinajería, Atahonas, Gallegas, Bajondillo, Chamorro, San Francisco, León de Ídem, Cruz de Ídem, Atarazanas 128.

Cuartel 6º poniente y medio día: Atarazanilla, del Medio, Sevilla, Mármoles 102.

Fallecidos en el Arrabal 673, Ídem en la ciudad 713, total general 1.386.

Quisiéramos completar la sucinta relación que acabamos de hacer de la horrorosa catástrofe, formando la comparación debida entre la mortalidad sufrida por uno y otro sexo y la de los párvulos pero para ello necesitaríamos la nota de estadística de la población en todos tres conceptos la cual por desgracia no existía aun en Carmona.

Sin embargo nos atrevemos a decir que la mortalidad fue mayor en los párvulos proporcionalmente que siguió enseguida la de las mujeres y que los que padecieron menos fueron los hombres, pues, aparece en esta proporción:

 

párvulos 24-97

mujeres 41-84 por cien

hombres 33-19

_____________

100,00

 

¿Y habrá por ventura una cuarta parte de párvulos en toda la población de Carmona que es a la proporción en que está su mortalidad? lo mismo decimos con respecto a las mujeres que además de aparecer en un guarismo superior al de los hombres, debe tenerse en cuenta también que de estos hay un gran número forasteros ocupados en la faena del campo lo que no sucede a las mujeres debiendo haber sido por lo mismo mayor la mortalidad de aquellos si hubiese guardado la debida proporción.

Supuestos estos datos permitámonos algunas observaciones.

Primera observación: la invasión del cólera en Carmona fue instantánea y simultanea en todo los barrios y en todas las localidades. Fue una especie de torrente, una especie de represa que parecía contenida por un obstáculo hasta que de repente vencido éste lo inundó todo con el mayor furor. Luego no es posible figurársela por medio de un contagio importado con las personas a efectos porque entonces se había conocido el primer punto invadido y se podría trazar la marcha progresiva y la irradiación sucesiva desde este foco a los demás puntos de la población.

Segunda: y esta idea se confirma al observar que entre las primeras víctimas se contaron muchas de las niñas párvulas de la casa de Huérfanas que observan casi una completa clausura; muchos de los ancianos de la casa de Caridad que tampoco salen de la casa y muchas monjas del convento de Agustinas Descalzas que observantes de una regla estrechísima no tienen comunicación alguna con el exterior.

Tercera: como antes va notado la mortandad de párvulos fue comparativamente mayor y la Casa de Huérfanas fue de las primeras invadidas no cesando las invasiones hasta que todas fueron trasladadas a una hacienda de campo; lo que demuestra que no es el miedo ni la aprensión la que determina el contagio pues los niños no sabían siquiera si existía el cólera morbo ni mucho menos el peligro a que los exponía.

Cuarta: tampoco el contacto inmediato con los enfermos aumentaba tal peligro, pues ninguno de los médicos que tanto trabajaron de noche y día sucumbió; ni tampoco los enfermeros y encargados de los hospitales, ni los sepultureros que estaban constantemente entre los montones de cadáveres. El que esto escribe tenía entonces una sobrina en la lactancia y su nodriza después de vestirla y de darle de mamar quiso ir a dar una vuelta a su casa, a las dos o tres horas viendo que no parecía se mandó llamar y ya se encontró muerta sin que la niña, que indudablemente mamó la leche de una mujer casi ya moribunda tuviese la menor novedad.

Quinta: tampoco parece influya mucho el método y elección de alimentos porque lo mismo fue atacado un pobre que el rico; y lo mismo se respetó la casa bien ventilada y llena de precauciones higiénicas que la reducida y mezquina habitación del infeliz. Hay más, invadida como va dicho la casa de Caridad al que esto escribe rodearon una tarde las ancianas que en ella se alimentan y cuidan, suplicándole con un amarguísimo llanto que les permitiera dejar la casa. En vano fueron las reflexiones que les hizo demostrándoles que así se esparcían más, privadas de albergue, de buenos alimentos y de esmerada asistencia y medicinas. Nada fue bastante a persuadirla y entonces el que habla comprendiendo que de todos modos morirían les permitió el que se marchasen, les señaló una pensión a cada una para que se mantuvieran y se despidió de ellas para siempre. Pues bien, pasada la invasión todas volvieron a presentarse en la casa sanas y salvas, confesando algunas que desde que habían salido no habían probado comida caliente y que muchas noches las habían pasado en los soportales de las iglesias, al sereno, por falta de albergue.

Sexta: si hemos dicho que la aprensión y el miedo no eran bastantes para determinar la invasión no por eso negaría el que una vez invadida la persona el miedo y la aprensión eran poderosísimos auxiliares de la enfermedad y seguramente que muchos inconvenientes al terror más bien que al cólera, causa a que deberá quizás atribuirse la mayor mortandad de las mujeres.

Séptima: muchos de los que huyeron fallecieron apenas llegaron al punto en que creían salvarse; pero los demás que les acompañaban y que los asistieron no por eso se contagiaron lo que prueba que aquellos iban ya heridos de muerte cuando salieron de Carmona.

Octava: como en aquella confusión se salieron tantos, abandonando sus negocios y sin calcular sus recursos, muchos tuvieron que volverse antes de tiempo antes de que cesasen las invasiones. Pero no por eso se aumentaron éstas, ni ellos sucumbieron más particularmente que los que nunca habían abandonado la ciudad.

Novena: el estado atmosférico en aquellos días no presentaba fenómeno alguno particular, ni se aglomeraron nubes extraordinarias, si se repitió la tormenta que antecedió a la invasión ni dejaron de reinar los vientos suaves que tan comunes son en Carmona.

De todo este conjunto de observaciones parece se deduce que la causa del cólera morbo asiático no debe buscarse en la descomposición de la atmósfera que a cada momento se renueva y que no permitiría la invasión terrible de un pueblo dejando intacto a otro inmediato.

Tampoco parece debe buscarse en el nuasma transportado por las personas o por las casas pues esto supone un contagio progresivo y sucesivo.

Últimamente parece que acaso se encontrará algún día la causa del mal en la descomposición de algunas de las fuerzas terrestres o de su desequilibrio en un punto dado. Así se ve que en este punto nada es respetado como si debajo existiese un horno de infección que exhalase por entre las capas de la tierra su humo mortífero el cual a poco combinado con las sustancias atmosféricas pierde su malignidad y queda inofensivo. Por eso en retirándose a corta distancia de tal foco ya casi se está de todo punto seguro si se huye antes de recibir su impresión fatal. Por eso una vez recibida ésta en vano es la huída. Por eso en fin, extinguido el foco de infección y las exhalaciones terrestres mortíferas declina la enfermedad con rapidez, las invasiones decrecen en número notablemente y sobre todo son mucho menos intensas y de una terminación feliz en su mayor parte.

Y en conservación de ésta y sobre todo por si algún día puede ser útil a la humanidad debe el que esto escribe concluir refiriendo un hecho a que no debe dar más importancia que la que en si tenga es el siguiente:

El primer o segundo día de invasión leyó en un periódico que en un pueblo cuyo nombre no se recuerda y que abunda en fábricas de cobre se advirtió que ninguno de los operarios de ella había sido atacado del cólera que diezmaba al resto de la ciudad por lo que muchos habían adoptado como preservativo el uso de una plancha de cobre sobre el epigastrio. El que habla considerando que tal cosa nunca podía dañar y recordando que no era más inexplicable que el aislamiento de la electricidad por medio del cristal o su disfunción por medio de una sustancia metálica se decidió a adoptarlo en el acto hizo que a falta de la mina de cobre se colgasen del cuello todos los individuos de su familia una moneda de dos cuartos envuelta en una bolla. Fue el resultado que ninguno de ellos se vio atacado a pesar de que ninguno de ellos dejó a Carmona ni por un momento, habiendo sido quizás la única familia que cuando se cantó el Te Deum pudo presentarse en el templo a dar gracias a Dios sin llevar luto.

Concluiremos, por último, indicando que en tan gran conflicto la caridad pública no fue invocada en vano y abasteció de todo lo necesario a las juntas parroquiales, distinguiéndose entre otros vecinos el Excelentísimo Señor don Miguel Lasso de la Vega que dio letra abierta a la junta de Santa María y don Tomás López García que haciendo lo mismo con la de San Pedro adoptó además doce niñas párvulas y huérfanas a quienes desde entonces mantiene y educa en una casa exclusivamente destinada a ellas y a cargo de la maestra y ayudantas oportunas.

Carmona y agosto trece de mil ochocientos cincuenta y ocho. Firma: Manuel de Aguilar Tablada.

(Archivo Municipal de Carmona, ACTAS CAPITULARES 258)

HERMANDADES EN CARMONA A FINALES DE LA EDAD MODERNA: UN ANÁLISIS FLOBAL

 

Por Esteban Mira Caballos

 

En estas pocas páginas haremos un análisis general sobre las hermandades y las cofradías carmonenses a finales del Antiguo Régimen. Para ello, la primera dificultad a la que nos enfrentamos es saber exactamente cuántas, del casi medio centenar de hermandades y cofradías fundadas en Carmona desde la Baja Edad Media, subsistían a finales de la centuria decimoctava. Y en este sentido diremos que se conoce desde hace ya algunos años una interesantísima lista de las cofradías existentes en Carmona con sus respectivos priostes, fechada en julio de 17981. Tenemos la certeza de que la relación no es completa, pues, faltan algunas que subsistían de forma más o menos precaria. Cofradías que pasaban por un paréntesis en su organización y que no tenían juntas de gobierno; otras que estaban en una situación que podríamos llamar de “alegalidad”, pues, no tenían sus reglas aprobadas o no las había rubricado en el Consejo de Castilla; y finalmente, otras cuyo escaso presupuesto solo les permitía subsistir bajo mínimos, celebrando una o dos funciones anuales ante su imagen titular.

No obstante, como para hacer cálculos exactos hay que objetivizar los datos disponibles, vamos a tomar como base para el análisis, la relación de hermandades y cofradías que nos ofrece el citado documento de 17982.

 

CUADRO I

HERMANDADES Y COFRADÍAS EN CARMONA EN 17983

 

CORPORACIÓN

PRIOSTE

Hermandad Sacramental de Santa María

José Ruiz Castillo

Hermandad Sacramental de San Salvador

Cristóbal Baena

Hermandad Sacramental de San Bartolomé

José Ignacio Domínguez

Hermandad Sacramental de San Felipe

José Ignacio Fernández

Hermandad Sacramental de Santiago

Fernando Pérez de Baena

Hermandad Sacramental de San Blas

José Fajardo

Hermandad Sacramental de San Pedro

Vicente Benítez

Hermandad de Ánimas de Santa María

Jerónimo Acuña

Hermandad de Ánimas de San Salvador

Juan José Mejías

Hermandad de Ánimas de San Bartolomé

Ramón Benítez

Hermandad de Ánimas de San Felipe

Pedro Ruiz

Hermandad de Ánimas de Santiago

Juan María Rodríguez

Hermandad de Ánimas de San Blas

Juan Caro Losilla

Hermandad de Ánimas de San Pedro

José Montero

Hermandad de Belén

Francisco Baptista

Hermandad del Rosario

Felipe García

Hermandad del Escapulario

Francisco García

Cofradía de la Esperanza

Sebastián de Vega

Cofradía de Jesús Nazareno

Juan Miguel Ojeda

Cofradía de la Columna

Cristóbal Navarro

Cofradía de la Expiración

Vicente Ruiz

Cofradía de la Humildad

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Cofradía de la Sentencia

Francisco Miguens

Cofradía de la Amargura

José Pérez

Cofradía de las Angustias

Juan Cervera

Cofradía de la Veracruz

Bartolomé González

Congregación de los Servitas

Miguel Fajardo

Esclavitud de Nuestra Señora de los Dolores

Manuela de Armijo

Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia

Pedro Cansino

 

Como se puede observar, figuraban 29 corporaciones, contando la de la Humildad y Paciencia que pasaba por difíciles momentos de continuidad. Pero, hemos decidido incluir cuatro corporaciones más porque tenemos totalmente acreditada su vigencia en ese año y en los subsiguientes:

 

-La hermandad de clérigos “in sacris” de Santa Bárbara, sita en la iglesia prioral de Santa María.

-La cofradía de la Soledad y el Santo Entierro que tenía su sede canónica en el convento del Carmen.

-La Hermandad rosariana de la Aurora, sita en el hospital de San Pedro.

-Y, finalmente, la de San José, ubicada desde 1659 en el templo parroquial de San Pedro.

Probablemente seguían activas otras, como la de Santa Lucía –muy dinámica al menos en el siglo XVII- o la de San Bartolomé de la iglesia de esta última advocación. También la del Buen Suceso del Angostillo –pese a sus problemas con los presbíteros de San Pedro- y, muy probablemente, la hermandad del Dulce Nombre del convento de Santo Domingo, entre algunas otras. También tenemos noticias de una hermandad del Niño Jesús de los Dolores, sita en el convento de San José y que estaba en activo a principios del siglo XVIII4. De todas estas cofradías, al no tener certeza absoluta de que siguieran realmente en activo a finales del siglo XVIII hemos decidido dejarlas fuera de la lista. No así las cuatro citadas anteriormente que dejan el número de cofradías existentes en Carmona a finales del Antiguo Régimen en treinta y tres. Probablemente la cifra no sea exacta, pero nos puede servir como punto de partida para hacer algunos cálculos.

En las páginas que vienen a continuación intentaremos plantear algunas valoraciones sobre el fenómeno cofradiero en Carmona a finales del Antiguo Régimen.

 

1.-NÚMERO DE COFRADÍAS POR HABITANTES

 

Tenemos dos datos fundamentales para conocer la ratio cofradías- habitantes. Por un lado, sabemos que a finales del siglo XVIII subsistían unas 33 cofradías, de un total de 19.024 que había en todo el reino de Castilla. Y por el otro, sabemos que Carmona por aquel entonces tenía unos 15.703 habitantes5. Poniendo en relación ambos datos, tenemos que en Carmona había una cofradía por cada 475,84 habitantes. Es decir, redondeando, en nuestra ciudad había más o menos una cofradía por cada 500 habitantes. Una ratio que puede considerarse media dentro del panorama cofradiero nacional. Había, en números relativos, menos cofradías que en el propio arzobispado hispalense, donde se calculaba unas 300 personas por cofradía, o en la provincia de Córdoba con 361 habitantes por cofradía. Sin embargo, sí que había más cofradías que en Écija, por ejemplo, donde se estimaba que había en el siglo XVIII unos 30.000 habitantes y 49 cofradías, lo que resultaba ser una cofradía por cada 612 habitantes.

En cualquier caso, el número de corporaciones existentes en Carmona era, al igual que en otras regiones de España, bastante elevado. Tengamos en cuenta que las cofradías eran un movimiento genuinamente masculino –pese a la existencia de algunos institutos rosarianos, vinculados más a la mujer-, pues, eran los cabezas de familia los que solían estar afiliados, aunque eso sí, beneficiándose de ello todos los miembros de la familia. Por ello, si el dato en vez de calcularlo en habitantes lo hacemos en vecinos o cabezas de familia las cifras resultantes son todavía más llamativas. Teniendo en cuenta que, en 1791, había en Carmona unos 3.4746 vecinos, nos sale una ratio de una cofradía por cada 105 vecinos. En definitiva, prácticamente estaban implicadas en las cofradías todas las familias carmonenses, pues, esto equivalía a tener un verdadero seguro de vida para el asegurado y su prole.

Como ya expuso hace décadas el profesor Rumeu de Armas, en unos tiempos donde no había seguros de desempleo, ni seguridad social, la única garantía de subsistencia en momentos adversos dependía exclusivamente de las acciones caritativas de la corporación a la que cada uno perteneciese7. Por eso, casi todas las cofradías tenían una doble vertiente: una, muy importante que era la devocional, y otra, no menos relevante que era la asistencial. Lo espiritual y lo terrenal de la mano; centros de devoción por un lado y verdaderas compañías de seguros por el otro. Había cofradías que pedían una mayor cuantía por ingreso y por pecho anual, proporcionando a sus hermanos un enterramiento más “digno”. Otras, incluso, tenían estipulado un número determinado de blandones alumbrando el cuerpo del finado, dependiendo de las cotizaciones que éste hubiese aportado.

No le faltaba razón a Jorge Manrique cuando dijo, siglos atrás, que la muerte era la gran igualadora de las personas. Pero hay que establecer un matiz, la muerte podía igualar pero las pompas fúnebres no; estas últimas constituían el último acto social del finado. En aquellos tiempos, los nobles, los hidalgos y los pudientes querían morir y ser enterrados con una dignidad acorde a su rango que marcara además las diferencias con los plebeyos. Así somos las personas, ¡orgullo, genio y figura hasta en el duro trance de la muerte!

 

2.-TIPOLOGÍA DE LAS COFRADÍAS

En Carmona encontramos una amplia gama de corporaciones religiosas, a saber: de ánimas, sacramentales, cristíferas, de santos, marianas y caritativas. Todas ellas eran abiertas socialmente, es decir, compuestas por personas de diversa condición socio-económica. No había, pues, cofradías de ricos y cofradías de pobres. La única limitación que imponían las cofradías era que el aspirante a hermano no fuese perseguido por la Santa Inquisición o descendiente de moriscos o judíos. No exigían un determinado nivel de renta para pertenecer a ella, más allá de poseer un “oficio digno”. Son mínimos comunes que repiten sin cesar casi todos los estatutos de las hermandades en la Edad Moderna. No obstante, es cierto que había algunas hermandades tradicionalmente vinculadas a la élite, como la de la Misericordia o la Sacramental de Santa María, pero no porque lo impusiesen sus ordenanzas.

Tampoco existían en nuestra localidad hermandades étnicas –de negros-, similares a la de los Negritos de Sevilla o a la de los Morenos de Santa María del Castillo de Badajoz. Y finalmente, no había las llamadas cofradías de naturales –como la de burgaleses de Sevilla o la de andaluces de Madrid-. Y ello, probablemente porque los forasteros de cada región, residentes en Carmona, debieron ser demasiado pocos como para constituirse en cofradía.

 

 

 

 

CUADRO II

TIPOLOGÍA DE LAS HERMANDADES CARMONENSES

 

TIPOLOGÍA

Nº ABSOLUTO

PORCENTAJE

Sacramentales y de Ánimas

14

42,42

Marianas

10

30,30

Cristíferas

6

18,18

De santos

2

6,06

Asistenciales

1

3,03

TOTALES

33

100,00

 

Entre las tipologías dominaban ampliamente las Sacramentales y las de Ánimas, hermandades post-tridentinas que tuvieron mucha aceptación a lo largo de la Edad Moderna. Ya comentamos en otro número de esta misma publicación que, aunque hoy arrastran a pocos fieles, antaño eran corporaciones bastante populosas y poderosas social y económicamente. En Carmona había sacramentales en cada una de las siete parroquias y, otras tantas, dedicadas a las Ánimas del purgatorio. Así, pues, 14 cofradías de 33 lo que nos da un porcentaje del 42,42 por ciento del total. Se trata de una proporción muy elevada, y bastante superior al 16,31 por ciento que suponían en el partido de Badajoz y al poco menos del 20 por ciento que representaban, por esas mismas fechas, en la provincia de Córdoba8.

Le seguían en importancia las marianas que sumaban 10 institutos lo que suponía casi la tercera parte de todas las cofradías, porcentaje muy similar al que encontramos en la archidiócesis Hispalenses y en otras demarcaciones territoriales españolas. De hecho, en la provincia de Córdoba había 227 corporaciones marianas lo que suponía el 33,77 por ciento del total. Asimismo, en el partido de Badajoz sumaban 83, es decir, el 28,81 por ciento, cifra sensiblemente inferior a la carmonense.

Las dedicadas a la figura de Cristo eran tan sólo seis, lo que suponía el 18,18 por ciento del total, número muy similar a la que encontramos en Córdoba -18,89 por ciento- y algo superior a la del partido de Badajoz -13,54 por ciento-.

Mucho más marginales eran las cofradías de santos –tan solo dos-. Llama la atención su escaso número, pese a que la mayoría de ellas solían tener una vieja raigambre bajomedieval. De hecho, en el resto de España seguían siendo frecuentes las dedicadas a San Roque, San Blas, San Antonio Abad o Santa Lucía. Y solo citaré dos datos al respecto: por las mismas fechas había en la provincia de Córdoba nada menos que 119 cofradías de santos -el 17,70 por ciento del total-, mientras que en el partido de Badajoz había 96 –el 33,33 por ciento-. Hubo en Carmona muchas cofradías de estas advocaciones en los siglos XV y XVI, como las de San Sebastián, San Roque, San Blas, San Andrés, Santa Lucía, San Bartolomé, etcétera. Pero casi todas ellas habían desaparecido o estaban al borde de su extinción a finales del Antiguo Régimen.

Finalmente, tan solo encontramos una cofradía puramente asistencial, la cofradía de la Santa Caridad y Misericordia. Ésta, como es bien sabido, era fruto de una fusión de dos hermandades –la de la Caridad y la de la Misericordia- ocurrida en el siglo XVII.

Sirvan estas pocas valoraciones para conocer algo más del pasado cofradiero de Carmona. De unas cofradías que viven un magnífico presente pero que también poseen un rico, complejo y apasionante pasado.

1 GARCÍA RODRÍGUEZ, Antonio y José GONZÁLEZ ISIDORO: Las imágenes titulares de la cofradía carmonense de la Humildad y Paciencia. Carmona, 1983, págs. 38-39.

2 En 1770 el Conde de Aranda ordenó a todos los corregidores y alcaldes mayores de España que remitieran un informe con las cofradías que había en sus distintas demarcaciones, especificando sus rentas, su tipo de aprobación y las fiestas que celebraba. Para muchas ciudades de España se conserva dicho expediente en el Archivo Histórico Nacional. Sin embargo, aunque lo buscamos con esmero, el informe del corregidor de Carmona no apareció. Desconocemos si lo llegó a remitir o si, como algunos otros corregidores, hizo caso omiso a la disposición.

3 Ibídem.

4 Concretamente Juan de Maqueda declaró en su testamento, fechado en Carmona el 7 de agosto de 1705 pertenecer a dicho instituto. A.P.C. Escribanía de José Ruiz Bravo 1705, fols. 108r-109r.

5 MIRA CABALLOS, Esteban: La población en Carmona a finales del siglo XVIII. Carmona, 1994, pág. 135.

6 Ibídem, pág. 43.

7 En este sentido puede verse la pionera obra de RUMEU DE ARMAS, Antonio: Historia de la previsión social en España: cofradías, gremios, hermandades, montepíos. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1944.

8 Al respecto pueden verse mis trabajos: Hermandades y cofradías en el partido de Badajoz. Badajoz, Junta de Extremadura, 2002 y “Hermandades y cofradías en la provincia de Córdoba a través del censo de 1773”, Ariadna Nº 17. Palma del Río, 2004, págs. 245-272.

INVERSIONES INDIANAS EN CARMONA EN LA EDAD MODERNA

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1.-INTRODUCCIÓN

A lo largo de la Edad Moderna se produjeron unas intensas relaciones humanas y económicas entre Carmona y América que apenas si han sido estudiadas hasta la fecha. Efectivamente, la implicación de Carmona en el proceso de Descubrimiento y Conquista de América resultó ser muy temprana, tanto en lo referente al aporte humano como al material. De hecho, ya en la segunda travesía colombina sabemos que viajaron al menos dos carmonenses, a saber: Cristóbal Sánchez y un tal Lope1, mientras que en el tercero figuraba el albañil Alfonso Rodríguez2.

No obstante, debemos decir que Carmona no fue nunca una localidad muy emigrante. Tradicionalmente se ha afirmado que existían dos factores que favorecían la emigración en cada localidad, a saber: uno, la forma de vida pastoril que implicaba un menor arraigo de la población a la tierra, y dos, la cercanía a Sevilla, puerto y puerta de Indias. Es cierto que el primero de ellos afectaba poco a Carmona que era una localidad eminentemente agrícola, pese a que la ganadería tenía entonces una mayor importancia de la que tiene en la actualidad3. Sin embargo, la cercanía a Sevilla, puerto y puerta de Indias, sí que pudo haber generado unas cotas migratorias mayores. Como ya hemos dicho no fue así y la lista de pasajeros oficialmente recogidos en los libros de la Casa de la Contratación se limitan a tan solo 2074. La cifra escasa si la comparamos con los 150.000 expedientes que se conservan en el Archivo General de Indias o de 300.000 o 400.000 que debieron cruzar el océano entre 1492 y 1824. A nuestro juicio, debió ser la riqueza de la vega de Carmona lo que impidió que la emigración se convirtiese en un fenómeno masivo. Aunque la propiedad estuviese en poder de las élites, en muchos casos foráneas, había un aprovechamiento subsidiario de las tierras del común y de las zonas montuosas5. Por ejemplo, cuando a partir de 1549 se escindió La Campana del término carmonense, las autoridades manifestaron los muchos perjuicios que se derivarían para la población carmonense, pues, estos se beneficiaban del pasto, de la montanera y de un extenso olivar que tenían "criado y costeado" en dicho término6.

Pero entrando ya en la materia de esta comunicación diremos que en lo concerniente a las relaciones económicas y concretamente a los capitales remitidos por estos emigrantes a su localidad natal lo desconocemos igualmente casi todo. En primer lugar, ignoramos el impacto que causó en nuestra localidad la demanda de cereal, aceite y vino por parte de las armadas de la Carrera de Indias7. Suponemos que esta situación, surgida a raíz del Descubrimiento de América, debió provocar roturaciones de tierras, expansión del olivar, concentraciones de la propiedad y una revolución de los precios. Todo parece indicar que estos fenómenos se extendieron a toda Castilla durante el siglo XVI, sin embargo, escasean los trabajos locales que verifiquen con exactitud sus consecuencias8. En el caso concreto de Carmona, huelga decir que seguimos sin disponer de un estudio concreto que analice la evolución de la propiedad de la tierra y de los cultivos en las décadas posteriores al Descubrimiento y prácticamente durante toda la Edad Moderna9.

Y en segundo lugar, no disponemos ni tan siquiera de una cifra aproximada de las inversiones indianas realizadas en nuestra localidad durante la época colonial. Ni sabemos la suma total de los capitales indianos arribados a Carmona ni, por supuesto, el monto global de todas las inversiones realizadas durante aquel período. Tampoco disponemos de una relación completa de la forma en que se invirtió el capital arribado del otro lado del océano. Probablemente, los dineros destinados a fundaciones se aseguraron mediante préstamos en régimen de censos al tres por ciento. Por tanto, quede bien claro que, en el estado actual de las investigaciones, es imposible establecer la cifra total de capitales indianos invertidos en Carmona ni, por supuesto, calcular su proporción en relación al monto global de todos los caudales invertidos. No obstante, parece claro que estas herencias y fundaciones procedentes de capitales indianos, si bien pudieron servir para mejorar la vida de algunas personas en concreto no modificaron en absoluto las precarias condiciones de vida de la mayor parte de los carmonenses.

En cualquier caso en este trabajo intentaremos arrojar alguna luz sobre una parte de ese flujo, es decir, el que Carmona recibió procedente del otro lado del océano. Estudiaremos, pues, los capitales indianos invertidos en nuestra localidad por los emigrantes carmonenses.

2.-LAS FUENTES

Nuevamente en este aspectoo debemos advertir la parcialidad de las fuentes consultadas ya que nos hemos basado casi exclusivamente en los expedientes de bienes de Difuntos, localizados en la sección de Contratación del Archivo General de Indias. Como es bien sabido, fue esta institución, rectora del comercio y de la navegación indiana, la que se encargó de gestionar el inventario, subasta y repatriación de los caudales legados por los españoles fallecidos al otro lado del océano. En los casos en los que había de por medio un testamento los trámites eran algo más rápidos; se pregonaba en la localidad en cuestión y, una vez localizado al heredero, se le expedía la correspondiente carta de pago por parte de los oficiales de la Casa de la Contratación. En cambio, si el finado no había formalizado su testamento, la situación era más complicada ya que se requería una extensa información del supuesto heredero en la que quedase perfectamente demostrado que era verdaderamente el legítimo heredero.

Ni que decir tiene que sería importante cotejar los datos presentados en este trabajo con los que ofrece la documentación local, a saber: primero, los documentos notariales del Archivo de Protocolos Histórico, pues frecuentemente se redactaban ante escribano público las fundaciones de capellanías, las donaciones, las cartas de poderes para el cobro de caudales, etcétera. Y segundo, la documentación eclesiástica -parroquial y diocesana-con el fin de verificar la fundación efectiva de las capellanías dispuestas en los testamentos, y sobre todo para comparar su monto con la totalidad de las fundadas.

Por todo lo dicho, queremos insistir que la presente comunicación no es más que una primera aproximación a la temática, sin ánimo desde luego de ser exhaustivos.

 

3.-VENTURA Y DESVENTURA DE LOS CARMONENSES EN INDIAS

Evidentemente la marcha de los carmonenses a América debió tener grandes consecuencias a ambos lados del océano. Por un lado, los nuevos territorios recibían un contingente de población joven y emprendedora, con ganas de prosperar y de conseguir la fortuna que se les negó en sus tierras de origen. Por el otro, para el territorio que los perdía significaba, a corto plazo, una válvula de escape para los excedentes poblacionales, pero a la larga suponía la perpetuación en el tiempo de las precarias condiciones de vida de su población.

Estos carmonenses que se decidieron a cruzar el océano y a instalarse a varios miles de kilómetros de su villa natal no olvidaron sus raíces. Muchos de ellos mostraron, antes de partir, su deseo de volver pronto a su tierra de origen cargados de riquezas, sin embargo, obviamente fueron muy pocos los que lo consiguieron. Entre ellos, Juana de Mesa Honesta la cual estuvo en América y logró su objetivo de volver a su tierra natal e inhumarse en la bóveda de entierro de la capilla de Nuestra Señora de las Angustias, sita en el monasterio de San Francisco de Carmona10.

Por lo demás, podemos decir que prácticamente todos los emigrantes indianos a la hora de redactar su última voluntad se acordaban de alguna forma de su lugar de origen, en unas ocasiones para reconocer alguna deuda, en otras para hacer alguna fundación, o sencillamente para dejar su fortuna a sus herederos. Asimismo, nos llama mucho la atención el gran peso que tenía el paisanaje. Efectivamente, carmonenses que residían en áreas cercanas unos de otros solían tener frecuentes contactos entre ellos, y se valoraba la naturaleza como un elemento vinculante. Así, por ejemplo, en la Ciudad de los Reyes -actual Lima- solían morar con frecuencia los mercaderes carmonenses Alonso Ruiz y Antón Gutiérrez Navarrete que mantenían una fuerte relación de amistad, basada exclusivamente en el paisanaje. Éste no solo figuró como testigo en el codicilo de Alonso Ruiz sino que, estando presto para retornar a Sevilla, aquel le pidió que velase por que le llegase a su hermana, María Caro, el caudal que le remitía. Al cabo del tiempo, y concretamente el 6 de junio de 1617, María Caro dio poder al mismo mercader, y a Cristóbal de San Miguel, para que cobrasen en su nombre el caudal remitido por su hermano11.

Otra cuestión que debemos destacar es la fuerte merma que experimentaba el capital desde la muerte del pariente en las distintas ciudades indianas hasta que era cobrado -varios años, a veces décadas, después- por sus herederos en la Península. Una vez fallecido, salvo que algún heredero quisiese marchar a América, los bienes del finado debían ser subastados, no alcanzando nunca su valor real. Una vez que el patrimonio se convertía en caudal líquido se debían abonar los costes del funeral así como las misas y limosnas a las instituciones locales que el finado hubiese dispuesto en su testamento. A partir de aquí había que pagar el transporte así como el obligatorio impuesto de la avería12. Pero no acababan aquí los gastos, pues, una vez que el capital llegaba a la Casa de la Contratación, se le aplicaban importantes tasas para pagar desde los arrieros que llevaban el dinero del buque a la Casa de la Contratación, a los tenedores de los bienes de difuntos y al abogado que defendió los bienes.

Cuando el heredero era menor de edad la fortuna sufría un menoscabo aún mayor ya que había que financiar al llamado curador de menores. Así ocurrió con María de Arce y Céspedes la cual, siendo menor, heredó de su padre la nada despreciable cifra de 13.799 pesos de oro de los que sólo llegó a cobrar, una vez alcanzada su mayoría de edad, y después de un largo pleito, 6.563 pesos de oro13.

En cualquier caso, estos capitales llegados a Carmona por sorpresa desde varios miles de kilómetros de distancia debieron crear gran desasosiego entre los vecinos. Realmente, no cuesta imaginar los corrillos inusitados y los murmullos, envidias y regocijos que se debían producir en Carmona cada vez que se anunciaba la llegada de caudales procedentes de las Indias. Precisamente, el 10 de mayo de 1637, se pregonó en Carmona la llegada del capital de Juan López Muñoz, fallecido en la ciudad de Panamá, en 1631:

 

"José de Pablos, pregonero de esta ciudad, en la plaza pública de ella, delante de gran copia de gente que le oía en altas y claras voces pregonó y declaró la dicha requisitoria de los señores presidente y jueces y oficiales de Su Majestad de la Casa de la Contratación de las Indias de la ciudad de Sevilla sobre los setenta y siete pesos que en caja de difuntos vinieron de la ciudad de Panamá por bienes de Juan Muñoz, difunto en la dicha ciudad, vecino de ésta. Y asimismo declaró y pregonó las cláusulas del testamento del susodicho insertas al pie de la dicha requisitoria, diciendo que cualquier persona que pudiese tener derecho a ellos pareciese que justificándolo los dichos señores se los mandarían entregar y no hubo persona que dijo tener derecho a ellos más que Juan Muñoz, vecino de esta ciudad..."14.

 

 

La suma no era gran cosa pero este dinero, llegado por sorpresa desde varios miles de kilómetros de distancia, debió ser la envidia de muchos convecinos de la localidad.

Pero había situaciones mucho más desagradables como la que le ocurrió al carmonense Alonso Robledo con su hijo, el capitán Francisco Robledo Espinosa. Aquél debía estar muy orgulloso de su vástago que ascendió, primero, a sargento de la Armada Real del Océano, y posteriormente, a capitán de la Armada de los galeones de Indias. El 29 de noviembre de 1624 protocolizó su testamento en Cádiz porque estaba presto para partir a una batalla naval y temía por su vida15. En él declaraba ser soltero y no tener herederos forzosos, dejando, pues, a su padre como heredero universal16. Sin embargo, en sendos juicios de residencia tomados a los oficiales de la armada de Tierra Firme de 1623 1624 se le impusieron al capitán Robledo sendas multas de 44.000 y 30.000 maravedís respectivamente. El notario del Rey, don Gerónimo de Vargas notificó al juez de Sevilla, Jerónimo Díez de Arbizu, que ejecutara la sentencia de un total de 74.000 maravedís contra los herederos del capitán Francisco Robledo Espinosa. Y efectivamente, el citado juez se personó en casa de Alonso de Robledo, sita en la calle Sevilla, en compañía del alguacil ejecutor de Carmona Pedro Sánchez. En Ausencia de Alonso Robledo se procedió al "inventario y secuestro" de los humildes bienes que se encontraron en su morada17.

 

 

4.-TIPOS DE INVERSIÓN DEL CAPITAL INDIANO

Como ya hemos dicho, los caudales que remitieron los emigrantes indianos fueron invertidos de muy distintas formas y tuvieron muy variados beneficiarios. En primer lugar, podía tratarse sencillamente de una herencia, es decir, el caudal que dejaban los indianos a sus herederos. Además, se utilizaban las fundaciones pías, que podían ser de dos tipos, a saber: la capellanía y la obra pía. La capellanía no era otra cosa que la dotación de un capital con cuya renta anual se pagaba una memoria de misas por su titular. La obra pía, en cambio, tenía por objeto la beneficencia, de muy diverso tipo, dotar a doncellas huérfanas para el matrimonio o para entrar en un cenobio como monja, redención de cautivos, escolarización de pobres, etcétera.

Y finalmente, encontramos las donaciones que se hacían normalmente a alguna imagen o a alguna cofradía por la que el finado sentía una especial devoción. Estas donaciones podían tener un carácter mobiliario, es decir, podía consistir en la donación de un objeto, o bien, inmobiliario, consistiendo, en este caso, en la dotación de una cierta cantidad para la edificación o restauración de algún templo o capilla.

De muchos de estos tipos de inversión tenemos buenos ejemplos en el caso concreto de Carmona, los cuales analizaremos con detalle en las páginas que vienen a continuación.

 

A.-LOS CAPITALES DE PARTICULARES

A continuación mostramos un cuadro con las cantidades legadas en los testamentos a distintos vecinos de la localidad. Conste que no se trata de la cantidad líquida percibida sino de la legada.

CUADRO I

CAPITALES INDIANOS HEREDADOS18

FECHA DEL LEGADO

FINADO

HEREDERO

SUMA

1563

Francisco de la Barrera

Pedro de la Barrera

487,24

1581

Andrés de la Romera

Juan de Vargas Toledano

454,60

1586

Lucas Ponce

Ana y Mari Ponce

12,7619

1589

Tomás de Morera

Pero Núñez

20,00

1589

Tomás de Morera

María de Morera

83,11

1589

Tomás de Morera

Ana de Trigueros

83,11

1590?

Tomas de Morera

Antonio de Sosa

166,22

1590?

Tomas de Morera

Felipa de la Cruz

166,22

1601

Pedro Romero Tamariz

Lucía Velázquez

83,11

1601

Pedro Romero Tamariz

Melchor de Castroverde

41,55

1601

Pedro Romero Tamariz

Mariana de Castroverde

41,55

1606

Elvira de Castellanos

María de Urbina

200,00

1606

Elvira de Castellanos

María de Castellanos

100,00

1606

Elvira de Castellanos

Isabel de Castellanos

100,00

1606

Elvira de Castellanos

Isabel de Castellanos20

25,00

1612

Antón de Valladares

Juana de Palma

60,45

1612

Antón de Valladares

María de Cadena

60,45

1612

Antón de Valladares

Gonzalo de Alanís

60,45

1613

Alonso Ruiz

María Caro

200,00

1613

Alonso Ruiz

Felipe Sánchez21

¿?

1619

Antonio de Ojeda

Juan de Ojeda

105,79

 

1621

Juan Rubio

Isabel Enríquez Rubia

1.000,00

1633

Juan López Muñoz

Juan Muñoz

110

1648

Francisco Navarro

María Navarro

1.696,30

1648

Francisco Navarro

Ana Navarro

1.696, 30

1648

Francisco Navarro

Juan Navarro

1.696,30

1650

Jerónimo de Tardoya

Tomasa de Tardoya

332,98

1726

Manuel de Arce

María de Arce y Céspedes

13.799,00

 

 

TOTAL

22.882,49

 

Ante todo debemos advertir que no todos los herederos, pese a ser naturales de Carmona, residían en el momento de percibir la herencia en nuestra localidad, y, por tanto, no siempre supusieron una inyección de dinero para la economía local.

Así, por ejemplo, Tomasa de Tardoya, que heredó de su padre, Jerónimo de Tardoya, en 1650, 332,98 pesos de oro, en el momento de recibir la herencia se había casado con un vecino de Morón de la Frontera y residía en dicha localidad. Caso curiosamente similar al de Isabel Enríquez Rubia que, en el momento de cobrar su sustanciosa legado, era viuda de un barbero de Morón, llamado Gregorio Martínez22. Sin embargo, también es cierto el caso inverso, pues, María de Arce no era natural de Carmona y se avecindó en nuestra localidad a raíz de su matrimonio con el carmonense Antonio Quintanilla y Andrada.

Por otro lado, ya hemos dicho que las cifras expuestas en el cuadro I responden a las cantidades legadas en principio por los finados, y por tanto, sufrieron rebajas en algunos casos de hasta el 52 por ciento, en concepto de pago de las gestiones de cobro y de los fletes de transporte23. Así, por ejemplo, Juan López Muñoz, dejó en su testamento, fechado en la ciudad de Panamá, el 28 de marzo de 1631, como heredero universal a sus padres, llegando a Sevilla 110 pesos de oro de los que sólo llegaron a cobrar 77 pesos, es decir, un 30 por ciento menos24. Caso parecido es el de Juan de Ojeda quien, como heredero de su tío Antonio de Ojeda, fallecido en Guatemala25, recibió en herencia 105,79 pesos -350 tostones y 3 reales- de los que tan sólo le entregaron los oficiales de la Casa de la Contratación 94,52 pesos, es decir, un 10,65 por ciento menos26. Además las demoras en el cobro podían ser en ocasiones interminables. Así, por ejemplo, Isabel Enríquez Rubio otorgó el 22 de marzo de 1628 carta de poder a favor de Gregorio Ramos para que cobrase los bienes de su padre en la Casa de la Contratación, pese a que el testamento de este último tenía fecha del 27 de febrero de 162127. Aunque el caso más extremo en este sentido fue el de Pedro de la Barrera a quien, en 1563, le llegó consignado una importante suma de 487,24 pesos, heredados de su hermano Antonio de la Barrera, muerto en Indias28. Sin embargo, tuvo la desgracia de que por aquellos momentos la Corona tenía una necesidad urgente de capital y la suma fue confiscada "para el servicio de Su Majestad". El 13 de noviembre de 1574 presentó un testimonio solicitando de una vez su abono "porque él es pobre y necesitado y tiene mujer e hijos y no tiene con qué se sustentar"29. Más de once años, pues, mediaron desde que el capital fue legado hasta que se hizo efectiva su cobranza a este lado del Atlántico.

La suma total de capital privado ascendió a 22.882,49 pesos de oro, es decir, más de diez millones de maravedís, cantidad elevada en cifras absolutas pero muy modesta teniendo en cuenta que se trata de todo el capital privado recibido en Carmona en los tres siglos que duró la colonización. La herencia media fue de 817 pesos aunque existen muchas diferencias entre unos legados y otros. Así, mientras que algunos recibieron sumas de apenas 12 o 20 pesos, otros cobraron herencias muy superiores a los 1.000 pesos de oro. Especialmente cuantiosa fue la fortuna acumulada por Manuel de Arce, que la disfrutó en Carmona su hija María. También notable fue el capital legado por Francisco Navarro, fallecido en Popayán, en 1648. El caudal total que dejó a su muerte ascendió a 11.841 pesos de los cuales, correspondieron 1.696 pesos y cuatro maravedís a cada uno de sus tres herederos carmonenses30.

Asimismo cuantioso fueron los bienes dejados a su muerte por Juan Rubio, un rico propietario de estancias, hatos ganaderos y fincas urbanas que vivió en la ciudad de Trujillo, virreinato del Perú. En su testamento, protocolizado en dicha ciudad, el 27 de febrero de 1621, designó a su hija legítima, Isabel Enríquez Rubia, fruto de su primer matrimonio con Juana Enríquez, por heredera universal, pese a reconocer que tenía dos hijos naturales, llamados Pedro y Luis Rubio31.

También sustancioso fue el capital amasado por Antón de Valladares, fallecido en la localidad de San Antonio de Suchitepeque, en 161332. En su testamento instituyó numerosas mandas pías, legando a sus herederos 1.000 tostones de a cuatro reales -poco más de 302 pesos de oro- de los que poco más de 181 pesos de oro fueron a parar a manos de varios parientes carmonenses33.

 

B.-LAS FUNDACIONES

Ya hemos comentado que las fundaciones podían ser de varios tipos, a saber: capellanías, obras pías y donaciones. Entrando en las capellanías hemos de decir que tan sólo hemos localizado tres fundaciones, a saber: una, en la iglesia de San Pedro, otra, en el monasterio de San Francisco, y finalmente, otra, en la iglesia de San Bartolomé.

En el templo de San Pedro, Elvira de Castellanos, una de las indianas de origen carmonense que mayor fortuna amasó en el Nuevo Mundo34, dispuso la construcción de una capilla, con su retablo, donde fundar su capellanía. La licencia eclesiástica se expidió el 21 de mayo de 1609, procediendo la parroquia a adjudicar la capilla un mes después, es decir, el 27 de junio de ese mismo año35.

Por otro lado, Luis de Valladares fallecido, al igual que su hermano Antón, en San Antonio de Suchitepeque, en la provincia guatemalteca de Zapotitlán, instituyó inicialmente su capellanía en la iglesia de San Pedro. Así en el testamento protocolizado el 17 de abril de 1611 se establecía lo siguiente:

 

"...Dispongo una capellanía de mil pesos de oro de principal en la iglesia parroquial del señor San Pedro en la dicha villa de Carmona y sea capellán de ella el pariente más cercano que tuviere por parte de mi padre o madre, faltando los de la parte del padre, sucedan los de mi madre y a falta de parientes el clérigo quien quisiere el patrón que fuere de la dicha capellanía y nombro y constituyo por tal patrón de la dicha capellanía a la dicha Isabel de Palma, mi madre, y después de sus días al dicho Antón de Valladares, mi hermano, y sucesivamente por su muerte a la dicha Juana de la Cruz, mi hermana, y si faltaren todos sin que haya muda del dicho patronazgo por falta de haberse (ilegible) lo sea el pariente más cercano que tuviere de parte de mi padre y a falta del sucesor de la parte de la dicha mi madre y el último que fuere puedan quitar y elegir patrón el que le pareciere, siendo persona de buena vida y fama sobre que les encargo... (ilegible)"36.

Sin embargo, Luis de Valladares cambió rápidamente de opinión, pues, en su codicilo, protocolizado tan solo unos meses después, y concretamente el 26 de enero de 1612, afirmaba lo siguiente:

 

"Yo dejo ordenado y mandado en el dicho mi testamento que se imponga una capellanía de un mil pesos de principal para que en la iglesia parroquial de San Pedro en la villa de Carmona se digan de misas por mi ánima y de mis padres, lo que rentaren los dichos un mil pesos, según que se contiene en la dicha cláusula, revocándola como la revoco, es mi voluntad que la dicha renta de mil pesos se imponga en la parte que fuere más cierta y segura en la dicha villa de Carmona y se instituya la dicha capellanía en el convento de señor san Francisco de la dicha villa de Carmona en la forma y manera que pueden y acostumbran los padres religiosos y prelados de ella porque así es mi voluntad y lo guarden y cumplan los patrones de ella que están nombrados en la dicha cláusula..."37

 

Nada tenía de particular este cambio de última hora, teniendo en cuenta la gran devoción que, tanto Luis como su hermano Antón de Valladares, sentían por la Orden Franciscana, en cuyos templos dispusieron la mayor parte de sus memorias.

Finalmente, Francisco Navarro, en su testamento otorgado en Popayán, el 23 de mayo de 1648, ordenó la erección de otra capellanía en el templo de San Bartolomé. Para su financiación destinó 139 pesos de oro y seis reales de principal, cantidad bastante modesta, al menos en relación a la notable fortuna que dejó a su muerte. En una de las cláusulas de la capellanía se preveía que se rezasen por su alma tres misas anuales, a saber: una, el día de San Francisco, otra, el día de los difuntos, y, finalmente, otra, el día de Nuestra Señora de la Concepción38. Por capellán designó a su nieto Francisco Navarro, "siendo ordenado -decía- y si no un hermano suyo u otro nieto39.

Además de la fundación de estas capellanías hubo otros carmonenses que dejaron misas en las iglesias de su localidad natal. Así, Tomás de Morera, estableció en su testamento, otorgado en La Habana, en 1589, que se le oficiasen diez misas rezadas en la iglesia mayor de Carmona y otras tantas en el monasterio de San Francisco de la misma localidad40. También Elvira de Castellanos, al margen de la capellanía fundada en San Pedro, dispuso que se celebrasen 1.000 misas por su alma en templos de Sevilla o Carmona, dejando la elección definitiva a sus albaceas. De ellas, sabemos que solamente 150 se oficiaron en Carmona, concretamente en la iglesia de San Bartolomé41.

En cuanto a las obras pías tenemos constancia de al menos dos: una, destinada a la redención de cautivos, para lo cual Ana de Escobar, difunta en San Juan de Ulúa, destinó 500 pesos de oro42. Y dos, la establecida por Francisco Navarro, en su testamento, fechado en 1648, por el que destinó cierta cantidad para dotar como monja a su nieta Francisca Navarro, "hija de María Navarro u otra nieta que quisiere ser monja"43.

Pasando a las donaciones debemos decir que nosotros hemos documentado un pequeño número de ellas pero, a juzgar por los indicios, sospechamos que debieron ser bastantes más. La mayor parte de ellas estuvieron destinadas a la Virgen de Gracia, advocación al parecer muy querida por estos emigrantes carmonenses.

La primera de estas donaciones data de 1586, fecha en la que Tomás de Morera, destinó en su testamento otorgado en La Habana

100 reales para hacerle una saya a la Virgen de Gracia que está en su "patria"44. El dato es ciertamente importante ya que nos confirma la devoción que los carmonenses sentían por la Virgen de Gracia ya en el siglo XVI45.

Posteriormente, en 1605, la rica indiana ya citada, Elvira de Castellanos, legó en Veracruz 25 pesos de oro de limosna a la Virgen de la Consolación y otros tantos a la Virgen de Gracia. Además, les dejó dos preciadas piezas textiles que tenía en su tienda, "un pedazo de damasco amarillo o blanco y otro colorado o verde" para la Virgen de la Consolación y "una pieza de raso blanco de china para una casulla y frontal" para la Virgen de Gracia46.

Poco más de un lustro después, y más concretamente en 1611, Antón de Valladares hizo otra donación a la Virgen de Gracia al dejar una manda en su testamento que decía así:

"Item, mando que se de la manera siguiente: una lámpara de plata que valga 200 tostones de a cuatro reales a Nuestra Señora de Gracia que está en la villa de Carmona en el convento de San Jerónimo y que mis albaceas lo paguen de mis bienes luego que llegaren a los dichos reinos de Castilla"47.

 

 

El cobro de los 200 tostones -unos 800 reales- por parte del monasterio de los Jerónimos se demoró varios años ya que los trámites fueron largos. Finalmente, en 1615, los cenobitas dieron poder a fray Diego de Oribe, sustituido en 1616 por fray Juan de los Santos que fue quien finalmente consiguió el cobro de los mencionados 800 reales en la Casa de la Contratación de Sevilla, ya en el año de 161748.

Pero conocemos otras donaciones que guardan una relación también con la emigración a las Indias. Precisamente, Gregorio Morera, familia tan íntimamente ligada a lo indiano, realizó en 1659 la donación de una cadena de filigrana china que aún hoy

posee la Virgen de Gracia. Una pieza que el donante pudo adquirir personalmente ya que, como comerciante, anduvo por los confines del Imperio español49.

Pero otras muchas donaciones debieron llegar directa o indirectamente a Carmona procedentes del mundo indiano, pese a que no lo hemos podido verificar documentalmente. Así, en 1680, Francisco Rivera y Aral donó un rostrillo de oro con 354 esmeraldas engarzadas que es una de las mejores piezas del tesoro de la Virgen de Gracia y que es de procedencia indiana50. También en la parroquia de San Bartolomé se custodia un conjunto de tres piezas de orfebrería -un cáliz, un copón y un ostensorio-, de procedencia Hispanoamericana. Presenta la marca de platería de la ciudad de Zacatecas en Nueva España, fueron labradas con posterioridad a 1770 y llegaron a Carmona antes de 1789, estando relacionadas con el estilo del escultor mexicano José María Rodallega51. Aunque no hemos conseguido documentar la escritura, es muy probablemente que estas piezas de orfebrería llegaran a nuestra localidad a través de alguna donación indiana.

 

5.-CONCLUSIONES

En esta comunicación nos hemos intentado aproximar

a una parte de ese flujo entre Carmona y América, es decir, el que aquella recibió procedente del otro lado del océano.

Podemos decir que esta comunicación no ha sido ni exhaustiva ni definitiva pues, como ya hemos afirmado, hemos trabajamos casi exclusivamente los expedientes de bienes de difuntos, conservados en el Archivo General de Indias. Para un conocimiento mucho más completo del tema será necesario llevar a cabo en el futuro un estudio sistemático de las fuentes locales, especialmente de los protocolos históricos de Carmona.

No obstante, esperamos que este trabajo sirva como punto de partida para futuras y mas completas investigaciones que nos permitan esclarecer en un futuro no muy lejano esta interesante parcela de la Historia de Carmona.

1    VARELA MARCOS, Jesús y otros: Segundo viaje de Colón. Valladolid, Seminarios Iberoamericanos de Descubrimientos, 1998, pág. 31.

2    MIRA CABALLOS, Esteban y Fernando de la VILLA NOGALES: Carmona en la Edad Moderna. Religiosidad y arte, población y emigración a América. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 2000, pág. 374.

3    Sobre la ganadería en Carmona existe un artículo monográfico aunque dedicado exclusivamente a la Baja Edad Media. En él se confirma el extraordinario desarrollo de la ganadería local, como apoyo a las labores agrícolas pero también como una forma de aprovechar los baldíos concejiles y las zonas montuosas. CARMONA RUIZ, Mª Antonia: "La ganadería en Carmona durante la Baja Edad Media", I Congreso de Historia de Carmona. Sevilla, 1998, pág. 283.

4    MIRA CABALLOS: Ob. Cit., pág. 341.

5    Arellano dedica alabanzas sin igual a su fértil vega de la que afirma, citando a al padre Mariana, que era "el lugar más fértil, rico y abundante del Andalucía". También hace alusión a una bonita frase de Abrahán Ortelio en la que refería a Carmona como "abundantísima granja y almacén de toda el Andalucía". En otro pasaje afirma, muy significativamente, que Carmona era el "jardín donde se recreaba el Rey de España y la vista el Arzobispo de Sevilla". ARELLANO, fray Juan Salvador Baptista de: Antigüedades y excelencias de la villa de Carmona y compendio de Historias. Sevilla, Simón Faxardo, 1628, fols. 67r y 86r.

6    Véase mi trabajo: La Campana: noticias históricas. Sevilla, Muñoz Moya, 1998, pág. 22.

7    Lutgardo García Fuentes, en su estudio sobre esta temática, afirma que la mayor parte del aceite embarcado para las Indias procedía del Aljarafe y de la Campiña sevillana "especialmente de Écija y Carmona". GARCÍA FUENTES, Lutgardo: "El viñedo y el olivar sevillanos y las exportaciones agrarias a Indias en el siglo XVI", I Jornadas de Andalucía y América, T. I. La Rábida, 1981, pág. 34. Por su parte, el profesor Enrique Otte afirma que la Sevilla de los Descubrimientos se abastecía de cereal procedente de la Campiña y, concretamente, de Carmona, Écija, Utrera y Jerez. Hernando Colón, hijo del primer Almirante, llegó a decir de Carmona que era "la mejor villa de Andalucía". OTTE, Enrique: Sevilla y sus mercaderes a finales de la Edad Media. Sevilla, Universidad, 1996, pág. 40.

8    La concentración parcelaria del siglo XVI ha sido estudiada para el caso de Castilleja de la Cuesta. Véase HERRERA GARCÍA, Antonio: "Traspasos y concentraciones de unas fincas en Castilleja de la Cuesta (1563-1635)", Archivo Hispalense Nº 179. Sevilla, 1975. En cuanto a la expansión del viñedo y el olivar puede verse el trabajo ya citado de GARCÍA FUENTES: Ob. Cit., págs. 19-37.

9    Se trata de uno de tantos aspectos importantes de la historia moderna de Carmona que permanece sin investigar. Es necesario analizar, en el archivo de protocolos, las cartas de compraventa de tierras y examinar la evolución de los precios, en relación al cultivo que albergaban.

10    En su testamento dispuso exactamente 400 misas por su alma, que se debían oficiar 100 en el monasterio del Carmen y 300 en la capilla de Nuestra Señora de las Angustias de San Francisco. Testamento de Juana de Mesa Honesta, Carmona, 23 de septiembre de 1661. AGI, Contratación 442B, N. 5. Se trata de un traslado, pues, su original se protocolizó ante el escribano público de Carmona Francisco Fernández Flores, en la fecha citada.

11    Poder dado por María Caro a Cristóbal de San Miguel, vecino de Carmona, y a Antonio Gutiérrez Navarrete, vecino de Sevilla, Carmona, 6 de junio de 1617, ante Gregorio Alanís. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 7.

12    Se trataba de un impuesto esporádico o eventual, de antiguos orígenes castellanos, que gravaba con un porcentaje las mercancías que iban o venían de las Indias a los puertos andaluces. La finalidad de esta contribución no era otra que reducir el riesgo del transporte marítimo contra "peligros no cubiertos" por los seguros marítimos ordinarios. DEL VAS MINGO, Marta Milagros y Concepción NAVARRO AZCUE: "El riesgo en el transporte marítimo del siglo XVI", Actas del Congreso de Historia de los Descubrimientos, T. III, Madrid, 1992, pág. 608.

13    Pleito sobre la herencia de María de Arce y Céspedes, Sevilla, 1702-1726. AGI, Escribanía 1109C.

14    Testamento y expediente de los bienes de Juan Muñoz, 1637. AGI, Contratación 393, N. 14.

15    En el mismo testamento establecía el capitán Robledo los motivos que le habían llevado a otorgar dicha escritura; decía así: que estando "entretenido en la Armada Real del Mar Océano, estante al presente en esta ciudad de Cádiz, natural de la villa de Carmona, hijo legítimo de Alonso Robledo, mi padre, que es y vive en la dicha villa y de María de Espinosa, mi madre, difunta, digo que por cuanto yo estoy para embarcarme en la presente jornada que se está aprestando para la restauración de la bahía de Todos los Santos, en la provincia de Brasil, y por los peligros ordinarios que en semejantes viajes suele haber y tan contingentes los riesgos de la vida porque, si Dios nuestro Señor fuere servido falte la mía, tener dispuestas las cosas del descargo de mi conciencia...". Testamento y autos contra Alonso Robledo, 1631. AGI, Contratación 957, N. 2, R. 9.

16    Más exactamente dispuso que heredase su padre con la intención de que reuniese, cobrase y gozase de todo su capital, pero con la condición de que luego lo repartiese de la siguiente forma, a saber: dos tercias partes para Sebastiana y María de Robledo, hermanas legítimas de padre y madre. Y la otra tercia parte otras dos hermanas "de solo padre", llamadas Jacinta y Francisca. IBÍDEM.

17    Los bienes inventariados y confiscados en la casa de Alonso Robledo fueron los siguientes, a saber: Un arca de castaño y dentro lo siguiente: dos pedazos de lienzo casero de a dos varas y media cada uno; dos piezas de pañuelos con ocho servilletas; otro pedazo de lienzo casero de tres varas; unos calzones de Ruán con puntas de pita nuevos; un paño de restro (¿?) con puntas de pita y labrado nuevo; tres varas de lienzo casero; una delantera de cama labrada con hilo azul y aspado; una camisa de mujer nueva labrada de pita; dos almohadas de hilo azul labradas nuevas; dos tablas de manteles caseros nuevos; tres varas de lienzo casero; otra tabla de manteles caseros; cinco sábanas de crea y lienzo casero sin estrenar; otro paño de rostro nuevo, labrado con puntas de pita; un camisón de hombre nuevo labrado y con puntas de pita; otra camisa de mujer de crea labrada con seda negra nueva; dos paños de rostro, uno con puntas y otro llano; dos varas de crea en un pedazo; una caída de cama de grana raída; cuatro cojines de tres piezas, dos colorados y dos azules nuevos sin estrenar; una carpeta nueva; otra sábana de estopa nueva; dos sillas nuevas y otras dos viejas; dos camas de cordeles y en cada una dos colchones; cinco paños catorcenos enteros apuntados pardos; otro paño pardo catorceno comenzado con veinte y dos varas; tres costales nuevos y de perga; cien reales en dineros de vellón. Todos los cuales dichos bienes el dicho alguacil ejecutor depositó en poder de Bartolomé de Orellana y Juan de Fuentes, vecinos de esta ciudad....". IBÍDEM.

18    El cuadro procede en su parte esencial de mi trabajo: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 355, aunque ha sido completado con otros documentos, consultados con posterioridad. Las cifras están expresadas en pesos de oro.

19    De esta cantidad se debían celebrar diversas misas por su alma en el Monasterio de Santo Domingo de Sanlúcar de Barrameda. La cantidad restante se le entregaría a sus hermanas Ana y Mari Ponce.

20    Se trataba de dos personas diferentes, madre e hija respectivamente.

21    En el testamento del mercader carmonense Alonso Ruiz, dado en la Ciudad de los Reyes el 11 de marzo de 1613, dejaba 200 pesos de oro de mejora a su hermana María Cara. El resto de su fortuna se dividiría en tres tercios entre sus tres hermanos: María Cara, Leonor Cara y Felipe Sánchez. Sin embargo, tan sólo 19 días después, revocó el testamento a través de un codicilo otorgado en la misma ciudad y ante el mismo escribano. En él, mantenía los 200 pesos para su hermana María, pero nombraba en exclusiva como heredero universal a su hermano Felipe Sánchez por las buenas obras que había recibido de él y porque tenía dos hijas "mujeres a quien poner en estado". En el expediente no consta el inventario de sus bienes ni el cobro del caudal en la Casa de la Contratación por parte de Felipe Sánchez. Testamento y expediente de los bienes de Alonso Ruiz, 1617. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 7.

22    Expediente de bienes de difunto y testamento de Juan Rubio, 1628. AGI, Contratación 377, N. 5.

23    Es el caso de María de Arce que siendo menor heredó de su padre 13.799 pesos de los que tan solo llegó a cobrar, después de un azaroso pleito, 6.563 pesos, es decir, un 47,56 por ciento del capital legado. MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 353.

24    El 15 de mayo de 1637, más de seis años después de la muerte de su hijo, se otorgaba carta de pago a favor de Juan Muñoz. Testamento y expediente de bienes de difunto de Juan López Muñoz, 1637. AGI, Contratación 393, N. 14.

25    Antonio de Ojeda había marchado a América en torno al año de 1600. Dejó por heredero a su hermana Marina de Romero, madre de Juan de Ojeda. Este último, por fallecimiento de su madre, se convirtió en el heredero universal de su tío. Estaba casado con Beatriz de Ledesma y era natural y vecino de Carmona.

26    El testimonio de, Antonio Ruiz Navarrete, oficial de la Casa de la Contratación, fechado el 20 de febrero de 1619 decía así: "Item trescientos y cincuenta tostones y tres reales que quitas todas las costas hasta los poner en la dicha ciudad y puerto de la Veracruz restaron en la dicha casa por bienes de Antonio de Ojeda, difunto que falleció en esta ciudad el año de seiscientos y quince y por su testamento declaró ser natural de la villa de Carmona en los reinos de España y dejó por herederos del remanente de sus bienes a Juan de Ojeda, su sobrino casado con Beatriz de Ledesma, vecinos de la dicha villa, y si fuesen fallecidos, a sus hijos y herederos como constase por el testimonio de la cláusula de herederos que con cabeza y pies del dicho testamento se enviará y al pie de él irá la cuenta de do procede esta partida". Proceso por los bienes de Antonio de Ojeda, 1619. AGI, Contratación 338, N. 1, R. 19.

27    Expediente y testamento de Juan Rubio, 1628. AGI, Contratación 377, N. 5.

28    Expediente por los bienes de Antonio de la Barrera, 1574. AGS, Consejo y Juntas de Hacienda 122, N. 16.

29    IBÍDEM.

30    Testamento de Francisco Navarro, Popayán, 7 de noviembre de 1650. AGI, Contratación 554, N. 2.

31    Expediente de bienes de difuntos y testamento de Juan Rubio, 1628. AGI, Contratación 377, N. 5.

32    En su testamento se declaraba natural "de la villa de Carmona en los reinos de Castilla, hijo legítimo de Luis Pérez de Valladares y de Isabel de Palma". Testamento de Antón de Valladares, San Antonio de Suchitepeque, 18 de octubre de 1612. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

33    El capital heredado de Antón de Valladares se repartió de la siguiente forma: Bartolomé Martínez de Canillo, vecino de San Antonio de Suchitepeque (Guatemala), 100 tostones; una criada suya, india, natural del mismo pueblo 100 tostones; María Núñez, Inés de Morales y María Mexía, vecinas de San Juan de Nagualapa (Guatemala), 50 tostones respectivamente; María Pinelo, vecina del pueblo de San Bartolomé (Guatemala), 50 tostones; Juana de Palma, María de Cadena y Gonzalo de Alanís, vecinos de Carmona, 200 tostones respectivamente. IBÍDEM.

34    En el inventario que se adjuntó al testamento aparecen todos los bienes de la finada que pasamos a resumir a continuación: en primer lugar, una casa de morada y una tienda en Veracruz, cuyo precio se estimó en unos 6.000 pesos de oro. Además, la ropa de la tienda así como los enseres personales se subastaron en 734 pesos y 2 tomines. En segundo lugar, tres esclavos, un hombre, llamado Antón de Angola, de unos 20 años, y dos mujeres, Felipa de Conolico, de 20 años, "con una cría a los pechos", e Isabel Biáfara, de siete años. Y en tercer lugar, declaró poseer unos 1.000 pesos de oro en efectivo más unos 1.800 o 1.900 pesos de oro más que le eran debidos por personas "de aquí y de islas cercanas". En total cerca de 10.000 pesos de oro, es decir, unos 4,5 millones de maravedís. AGI, Contratación 938B, N. 30.

35    La capilla, hoy desaparecida, se ubicaba según especificación de la época, entre la puerta principal y el altar de San Gregorio, "al modelo de dicho altar que está en el hueco de la dicha pared, haciendo en ella un arco de ladrillo...". Testamento de Elvira de Castellanos, Veracruz, 30 de abril de 1605. Las obras de arte fueron contratadas los días 11 y 12 de agosto. La capilla sería labrada por el albañil carmonense Alonso Pérez de Alarás, el retablo por el ensamblador, también de la localidad, Bernabé Rodríguez y, finalmente, la pintura del mismo por Juan Bautista de Amiens. Todos estos contratos se localizan en el Archivo de Protocolos de Carmona y están publicados en MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna..., págs. 140, 222-223 y 233-234.

36    Testamento de Luis de Valladares, San Antonio de Suchitepeque, 17 de abril de 1611. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

37    IBÍDEM.

38    Testamento de Francisco Navarro, Popayán, 23 de mayo de 1648. AGI, Contratación 554, N. 2.

39    IBIDEM.

40    Testamento de Tomás de Morera, La Habana, 25 de junio de 1589. AGI, Contratación 235, N. 1, R. 19.

41    Testamento de Elvira de Castellanos, Veracruz, 30 de abril de 1605. AGI, Contratación 938B, N. 30. Sobre las fundaciones y donaciones de Elvira de Castellanos véase MIRA CABALLOS: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 357-361.

42    La cuantía le fue entregada al monasterio de Nuestra Señora de las Mercedes de Sevilla. Testamento de Ana de Escobar, San Juan de Ulúa, 8 de agosto de 1581. AGI, Contratación 256A, N. 1, R. 5.

43    Testamento de Francisco Navarro, Popayán, 23 de mayo de 1648. AGI, Contratación 554, N. 2.

44    Testamento de Tomás de Morera, La Habana, 25 de junio de 1589. AGI, Contratación 235, N. 1, R. 19.

45    Como es bien sabido la mayor parte de las donaciones documentadas datan de los siglos XVII y XVIII, siendo además su tesoro y ajuar eminentemente barroco. Al margen del mundo indiano se conocían otras muchas donaciones a la Virgen de Gracia, la mayoría del siglo XVII. Por citar algunos ejemplos concretos: el 6 de junio de 1623 el regidor Juan Flores de Salazar se concertó con el bordador, de la collación de San Juan de Palma de Sevilla, para hacer un vestido a la Virgen de Gracia a su costa. Archivo de Protocolos de Carmona (A.P.C.), Escribanía de Alonso Sánchez de Escamilla, Carmona, 6 de junio de 1623. Y trece años después, es decir, en 1636, el carmonense Pedro Sánchez Escobedo donó a los Jerónimos una lámpara de plata para que estuviese encendida "de noche y de día delante del altar mayor e imagen de Nuestra Señora de Gracia de la dicha iglesia...". A.P.C. Escribanía de Gregorio Muñoz de Alanís, Carmona, 5 de marzo de 1636, ff. 337 y ss. Sin embargo, hemos de suponer la existencia de donaciones en períodos previos que probablemente no han llegado a nuestros días. De hecho, sabemos por un documento de 1685, que la camarera de la Virgen de Gracia tenía facultad para "vender, trocar y disponer" las alhajas. Véase mi obra: Carmona en la Edad Moderna..., pág. 28.

46    Testamento de Elvira de Castellanos, Veracruz, 30 de abril de 1605. AGI, Contratación 938B, N. 30. Transcrito en Carmona en la Edad Moderna..., págs. 386-391.

47    Testamento de Antón de Valladares, Guatemala, 11 de agosto de 1616. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

48    Expediente de los bienes de difunto de Antón de Valladares, 1616-1617. AGI, Contratación 328, N. 1, R. 6.

49    Concretamente sabemos que el 27 de abril de 1628 se embarcó rumbo a Tierra Firme como mercader.

50    SANZ SERRANO, María Jesús: "El tesoro de la Virgen de Gracia de Carmona", La Virgen de Gracia de Carmona. Carmona, 1991, pág. 111.

51    Sobre dichas piezas puede verse el trabajo de MEJÍAS ÁLVAREZ, María Jesús: "Un conjunto de plata Hispanoamericana en la iglesia de San Bartolomé de Carmona", Laboratorio de Arte, Nº 2. Sevilla, 1989, págs. 123-132.-También aparece recogido en otra obra de la misma autora: Orfebrería religiosa en Carmona, siglos XV-XIX. Carmona, 2001, Cat. Nº 158, 178 y 216.

CORSARIOS, PIRATAS Y BUCANEROS AL ACECHO DEL IMPERIO

CORSARIOS, PIRATAS Y BUCANEROS AL ACECHO DEL IMPERIO

                              

        El Imperio Hispánico configurado en época de los Austrias Mayores, se convirtió en el mayor dominio territorial de la Historia hasta esos momentos. Con razón, se llegó a afirmar que en los dominios de Felipe II el sol no nacía ni se ponía. Para defenderlo, en unos momentos en los que los medios de comunicación terrestres eran muy lentos, se estructuró un complejo entramado naval que permitió mantener unas comunicaciones más o menos fluidas.
Casi nadie discute ya que España fue, al menos hasta la paz de Westfalia de 1648, la primera potencia mundial.  Pese a ello, la historiografía y sobre todo la filmografía anglosajona se han empeñado en desvirtuar la realidad histórica. Comúnmente se nos presenta a los corsarios y a los almirantes ingleses –que con frecuencia eran los mismos- como personajes nobles, astutos y carismáticos, frente a los inoperantes comandantes españoles, a los que se representa con peluca y golilla. Además, igual que España ha sobre- valorado su victoria en Lepanto frente a los turcos, los ingleses han hecho lo propio con sus victorias ante la Invencible y en Trafalgar. Y en este sentido, se ha destacado la derrota de la Invencible como el inicio del dominio inglés de los mares. Pero, no olvidemos que ésta se produjo más por un cúmulo de despropósitos que por méritos de los ingleses. La repentina muerte del mejor marino de su época, don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, y peor aún, la fatal decisión de nombrar como su sustituto al Duque de Medina-Sidonia, cambió probablemente el sino de esta batalla. Pero, así como Lepanto no supuso el dominio español en el Mediterráneo, la derrota de la Invencible no significó el fin de la superioridad española en el Atlántico. Incluso, todavía a principios del siglo XIX, hasta el desastre de Trafalgar, nuestro poderío naval era muy respetado. Fue precisamente el prestigio de nuestras armadas y de nuestros marinos lo que incitó a los franceses a buscar a toda costa una alianza con España.
        Y nuevamente, en el caso de la derrota de Trafalgar debemos decir que se debió en gran parte a la decisión del alto mando francés que desatendió reiteradamente los consejos de los marinos españoles. Por su victoria, el Almirante Nelson, muerto en la contienda, es considerado en su país como un héroe nacional. Pero, pocos ingleses recuerdan que su héroe fue derrotado de forma humillante ocho años antes, exactamente el 25 de julio de 1797, cuando intentó asaltar la plaza de Santa Cruz de Tenerife.  Nada menos que 589 ingleses murieron en la contienda, frente a tan solo 23 españoles, resultando herida casi toda la oficialidad enemiga, incluido el propio Nelson que perdió un brazo. Al valiente Almirante inglés le salió caro su heroísmo frente a España, pues, mientras en Tenerife quedó malherido y mutilado, en Trafalgar perdió la vida.
    Aunque hace mucho tiempo que España no tiene por costumbre ensalzar a sus hombres de mar, nadie debe olvidar que los grandes marinos del siglo XVI o fueron españoles o estuvieron al servicio de España. Basta recordar nombres de talla universal como los de Álvaro de Bazán -padre e hijo, Señor y Marqués de Santa Cruz respectivamente-, Bernardino de Mendoza, Rodrigo de Portuondo, don Juan de Austria, -vencedor en Lepanto-, o los genoveses, los Almirantes Cristóbal Colón, Andrea Doria y su sobrino Juan Andrea Doria, estos últimos detentadores del principado de Melfi.

1.-EL CORSARIO: ENTRE TRAFICANTE Y BANDIDO

        Ante la imposibilidad de enfrentarse de manera directa al poderío naval español, franceses, holandeses e ingleses en el Atlántico, berberiscos y turcos en el Mediterráneo optaron por hacerlo a través del corsarismo. Como escribió Bernal Braudel, el corsarismo fue a lo largo de la historia la forma que tuvieron los pueblos más pobres de participar en el comercio de las naciones más ricas. Es por ello por lo que, después del Descubrimiento de América, los países que quedaron al margen del reparto colonial se lanzaron al pillaje en las rutas indianas. Si bien existió el corsarismo en el medievo fue en la Edad Moderna cuando se convirtió en una verdadera plaga. Ni que decir tiene que la mayor parte de los ataques navales sufridos por los puertos y por las flotas españolas no fueron llevados a cabo por escuadras nacionales sino por corsarios.
    Pero se tiene la errónea concepción de que los corsarios estaban permanentemente en pie de guerra, asaltando buques o tomando puertos. Y no es del todo cierto, éste utilizaba cualquier medio para enriquecerse, viviendo en el filo de la legalidad, en la ilegalidad o en la rebeldía, según le convenía. Unas veces, si las posibilidades de lucrarse eran óptimas, actuaba como un mero comerciante ilegal, vendiendo mercancías a bajo precio con el consentimiento de las autoridades españolas. Y otras, si las posibilidades de éxito eran grandes, pertrechaban sus buques y acudían al asalto de alguna flotilla mercante o de algún puerto mal defendido. Pero realmente no resulta fácil distinguir comercio ilícito –lo que Braudel llama piratería amigable- de bandidaje, pues eran actividades muy cercanas y hasta complementarias. Los hermanos Barbarroja, Hawkins, Dragut, Francis Drake y otros muchos afamados corsarios igual comerciaban pacíficamente que se convertían en crueles bandidos o que encabezaban el mando de sus respectivas armadas nacionales.
    Ante la nula presencia española en el Mar Caribe, a mediados del siglo XVI, los corsarios se hicieron con su control. Y utilizaron su dominio tanto para atacar buques españoles que hacían la ruta de las Indias como para comerciar ilegalmente con las principales islas, contando al parecer con la connivencia de la élite política y económica. Según recientes estudios de Genaro Rodríguez, este comercio era mucho más ventajoso para las élites locales ya que los corsarios pagaban más por las mercancías de la tierra y vendían su género a menor precio. Así, pues, también para la élite este tráfico suponía romper con el monopolio comercial impuesto por los grandes mercaderes sevillanos.
 El cuartel general lo ubicaron en la pequeña isla de la Tortuga, donde establecieron una colonia permanente. De esta forma un buen número de ellos pasaron a convertirse en bucaneros, algo así como un corsario en tierra. La citada isla pasó a ser un importante núcleo comercial, un área libre de impuestos; lo que en terminología actual llamaríamos un paraíso fiscal.
En cualquier caso, como ya hemos afirmado, el contrabando era una actividad que compaginaban con los ataques navales sobre aquellos puertos o flotas que sabían estaban más desprotegidos. Conocemos centenares de ataques navales, en todos los confines del Imperio, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico y en el Pacífico.



2.-ATAQUES EN EL MEDITERRÁNEO

        De entre las decenas de asaltos corsarios ocurridos en el denominado Mare Nostrum destacaremos especialmente el de 1540 contra Gibraltar, por una escuadra al mando del turco Alí Bajá. Lo que nos llama la atención de este episodio es la solidaridad que despertó desde muchos lugares de España, desde donde mandaron socorro para rechazar a los bandidos. Sobre dichos acontecimientos disponemos de una gráfica descripción que nos ofrece el cronista del Emperador Carlos V, Francisco López de Gómara, y que por su interés reproducimos a continuación:


        “Y no fue tanto el daño cuanto el temor, viendo los turcos dentro del lugar, ni cuanto fue el rebato que hubieron los pueblos comarcanos y toda el Andalucía y reino de Granada. Porque luego fue al socorro gente mucha de Jimena, Jerez, Ronda, Marbella y de otros pueblos; y don Preafán de Ribera, Marqués de Tarifa, no pudiendo ir por estar malo, envió sus hombres a pie y a caballo; Sevilla, Córdoba y el Duque de Sesa, don Gonzalo Hernández de Córdoba, el Conde de Feria, don Pedro Hernández de Córdoba y Figueroa, y otros señores y lugares que caminaban ya para Gibraltar lo dejaron sabiendo que los turcos eran embarcados. Don Luis Hurtado de Mendoza, Marqués de Mondéjar y virrey de Granada, iba como capitán general derecho a Gibraltar, con Gutiérrez López de Padilla, más como en el camino supo la ida de los corsarios se fue a Málaga, donde gastó algunos días proveyendo gente y armas y otras cosas…”


 
        Pero no tardaron en regresar, pues, en 1543, nada menos que cincuenta velas corsarias asolaron las costas valencianas y las islas Baleares; Palamós, Denia, Valencia, las islas de Ibiza y Formentera, fueron robadas, saqueadas e incendiadas durante semanas casi con total impunidad. Y el impacto de todo este clima de inseguridad fue tal que, en Valencia, donde habitaban más de sesenta mil vecinos moriscos, muchos habitantes “desampararon los pueblos y han pasado las mujeres y niños a los lugares de las fronteras dentro en Castilla”. Realmente, estos hechos no tenían nada de particular. López de Gómara insiste reiteradamente en su crónica de la “inteligencia” y comunicación que había entre moriscos y corsarios berberiscos. Y en este sentido, cita un ataque enemigo al río de Amposta en el que un morisco peninsular hizo de guía. Está bien claro que los moriscos fueron expulsados de España 1609 no solo por la intransigencia religiosa sino también el miedo, fundado o no, que tenía la población sobre el apoyo que estos podían prestar a los corsarios árabes, turcos y berberiscos.
        Es más, según Fernand Braudel, en la costa catalana, en torno al delta del Ebro, donde la población era escasa, llegaron a establecerse, en diversas etapas del quinientos, corsarios argelinos de forma más o menos permanente. Ello, nos puede dar una idea aproximada de la magnitud que adquirió el fenómeno corsario en el siglo XVI. Los ataques del Emperador a Túnez, hacia 1535 y a Argel, seis años después, no pudieron evitar una realidad y es que el peligro berberisco y turco en el Mediterráneo durante la primera mitad de la centuria no solo no disminuyó sino que se acrecentó. Lepanto, con ser una batalla gloriosamente ganada para España por don Juan de Austria y don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, no supuso más que una momentánea disminución del corso en el Mediterráneo. De hecho, tras tomar don Juan de Austria Túnez en 1573, al año siguiente en una ofensiva turca, se apoderaron de nuevo de la plaza y de La Goleta.


3.-ATAQUES EN EL ATLÁNTICO

        Pero si tradicional era el corsarismo en el Mediterráneo no menos lo era en el Atlántico. Desde el siglo XIII se habían venido produciendo ataques en el Mar del Norte, en el Canal de la Mancha y en el noroeste de la Península Ibérica. Ya en las Cortes de Toledo de 1436 se recomendó que la navegación a Flandes se hiciese en pequeñas flotas para evitar los daños que hacían los corsarios.
        Cristóbal Colón, cuando aún no se conocía la magnitud de sus descubrimientos, avistó corsarios rondando las islas Canarias en sus dos primeros viajes, mientras que en su tercera travesía, pocos días después de salir de Sanlúcar, debió modificar su ruta hasta las islas Madeiras para evitar un encuentro desigual con ellos. A continuación, se dirigió a la Gomera donde nuevamente volvió a toparse con enemigos galos a los que, por fin, logró reducir. Pero, fue en 1521 cuando se comenzó a tomar conciencia del problema, coincidiendo con el gran éxito de Juan Florín que robó a una flotilla española una buena parte de los tesoros de la cámara de Moctezuma que Cortés remitía a Carlos V. Tal desastre dio lugar, por un lado, a un profundo pesar entre los españoles y, por el otro, despertó las imaginaciones de muchos europeos ansiosos de fortuna. La noticia corrió por toda Europa, intensificando de esta forma el fenómeno corsario. Desde entonces el cabo de San Vicente se comenzó a conocer, entre la gente de mar, como "el cabo de las sorpresas" porque era precisamente en esa zona donde los franceses solían esperar a los navíos españoles.
        En las primeras décadas del siglo XVI estos corsarios permanecieron, por lo general, en torno al ya mencionado cabo de San Vicente, cruzando el océano en muy raras ocasiones. De hecho, los primeros ataques navales de cierta consideración librados en el Nuevo Mundo no se produjeron hasta finales de la década de los veinte, cuando un traidor español al servicio de Francia, Diego Ingenios, sitió la villa de Nueva Cádiz de Cubagua. Pero, no fue el único español que se alistó en las filas corsarias. Juan de Castellanos en sus “Elegías de Varones de Indias” nos relató las andanzas de un tal Diego Pérez, natural de Utrera, quien huyendo de la justicia se embarcó rumbo a las Indias. Allí, entró en contacto con el corsario francés Jacques de Sore, quien lo convenció para que saquease, junto a él, las costas caribeñas. Hacia 1555, con cinco naves, se hicieron a la mar, yendo el utrerano en calidad de práctico o guía. Recalaron primero en la isla Margarita, donde, haciéndose pasar por comerciantes españoles, esperaron a la noche para saquear la isla. Luego continuaron sus pillerías por el cabo de la Vela, Santa Marta y el río Hacha. Aquí, obtuvieron cuatro mil quinientos pesos de oro de recate, sin embargo, el utrerano cometió el error de escapar con parte del botín y adentrarse en el interior. El corsario francés, encolerizado por no haber obtenido todo lo deseado se llevó a una de las autoridades del lugar, Francisco Velázquez, y lo soltó en alta mar en un barco sin agua ni víveres. Cuentan los cronistas que la providencia se mostró más indulgente que el cruel corsario francés y lo devolvió con vida a la costa. Desde su llegada se empeñó en encontrar al malvado Diego Pérez, que finalmente fue capturado y colgado de un madero.
        Desde la década de los treinta la presencia de corsarios en aguas del Caribe se hizo frecuente. Y dadas las escasas defensas navales indianas estos saqueadores hicieron grandes daños. Y en este sentido, llama poderosamente la atención el hecho de que, en 1537, dos buques corsarios –una nao y una carabela- atacaran la villa de Nombre de Dios con total impunidad. La población huyó al interior, mientras que los corsarios se apoderaban de ochenta mil pesos de oro, pidiendo luego un rescate por dejar la localidad que, tras no ser atendido, provocó el incendio de la misma. Los corsarios tuvieron tiempo de liberar en la costa a varias decenas de españoles cautivos y de marcharse tranquilamente del lugar.  
        Uno de los asaltos más sorprendentes y devastadores sobre las colonias americanas fue el que encabezó sir Francis Drake sobre Santo Domingo en 1586. Éste partió del puerto inglés de Plymouth, el 15 de septiembre de 1585, recorriendo las costas occidentales peninsulares antes de poner rumbo al Mar Caribe. Efectivamente, en enero de 1586 varias decenas de velas enemigas asediaron Santo Domingo, mientras las autoridades y toda su población, huyeron al interior de la isla que “fue grandísima lástima ver las mujeres y niños, monjas y frailes y personas impedidas descarriadas por los dichos montes y los caminos”. El daño causado en la capital primada de América fue absolutamente devastador como se evidencia en un documento de la época, conservado en el Archivo de Indias y que extractamos a continuación:



        “Destruyeron imágenes, hicieron vituperios en los templos y no contentos de esto, abrían sepulturas de los muertos y en ellas echaban mil inmundicias y despojos de reses que mataban dentro de las iglesias, de que hicieron matadero, y se sirvieron para más infames ministerios. Saquearon todas las casas y poco se escapó de sus manos; quemaron todos los navíos que estaban en el puerto. Pidieron un millón de ducados; era imposible. Bajaron a cien mil ducados; tampoco. Comenzaron a quemar casas. Garci Fernández concertó el rescate en veinticinco mil ducados que se juntaron con gran dificultad entre todos los vecinos, arzobispo e iglesias, y con tanto, después de haber estado en la ciudad cinco semanas salieron de ella a los nueve de febrero, llevándose todo nuestro caudal, hasta las campanas de las iglesias, la artillería de la fortaleza y navíos y otras menudencias de todo género, y los cuartos, moneda que corre en esta ciudad, de ellos llevaron y mucha parte fundieron y desperdiciaron; llevaron asimismo forzados de la galera que se había desherrado para que nos ayudasen y después se levantaron contra nosotros y saquearon más que los ingleses; fuéronse con ellos voluntariamente muchos negros de particulares, que son el servicio de esta tierra”.


        El citado texto nos muestra claramente el odio y la crueldad con la que estos malhechores actuaban, pues, no conformes con robar, procuraban hacer el máximo daño posible. Santo Domingo, tardó años, quizás décadas, en recuperarse plenamente de este asalto corsario.
        Pero donde el corsarismo se cebó fue en las áreas marginales de las Indias que España no podía ni tenía voluntad de defender. Incluso, la fortificación de esos territorios tan escasamente poblados podía ser un inconveniente; si caía en manos enemigas, su reconquista podría ser muy costosa. Con este simple pero quizás práctico razonamiento se dejaron de proteger amplios territorios americanos, muchos de los cuales terminaron siendo controlados y poblados por franceses, ingleses y holandeses.
        Uno de los casos más dramático de abandono a su suerte por parte de las autoridades españolas es el de la ciudad de Trujillo en la costa de Honduras. Ante sus escasas defensas y su corta guarnición, fue saqueada tantas veces que verdaderamente sorprende que siga existiendo cinco siglos después. Desde finales del siglo XVI comenzaron una serie de asaltos que la mantuvieron durante décadas casi en la ruina. Los primeros ataques se produjeron en 1595 y en 1598, siendo protagonizados por corsarios galos. En esta última ocasión se consiguió rechazar a los bandidos, no tanto por la pequeña guarnición que la defendía como por “el valor de los vecinos”.
        Tras algunas décadas de tranquilidad, los ataques corsarios se reanudaron con más virulencia que nunca. En 1632 los atacantes fueron corsarios holandeses que intentaron tomar la ciudad y los barcos que había en el puerto pero que fueron rechazados. Pero volvieron al año siguiente, en esta ocasión con ocho naos gruesas. Ante tal superioridad, la ciudad fue abandonada a su suerte, siendo saqueada y quemada. 
        Pero los asaltos no acabaron ahí, en 1638, en 1639 y en 1640 fue sucesivamente asaltada, robada y quemada. Y es que la posibilidad de defensa de Trujillo era absolutamente ridícula, hasta el punto que en un alarde que se hizo por aquellas fechas se averiguó que solo había 39 hombres capaces de empuñar un arma.
        En 1641 volvieron a tomar la ciudad cuatro naos corsarias, que estuvieron allí 25 días, entrando “doce leguas la tierra adentro y cometiendo cuantos excesos de robos y torpezas pueden imaginarse”.
        Tras estos hechos, el presidente de la audiencia de Guatemala decidió reforzar la defensa de la costa hondureña y, en particular, de Trujillo, enviando a su fortaleza medio centenar de soldados con arcabuces y mosquetes. Todo fue en vano, porque el 16 de julio de 1643 se presentaron en su puerto 16 navíos ingleses con nada menos que 1.500 hombres. Cuatro días después la ciudad fue tomada, saqueando “lo poco que había en ella y en las estancias”. Pero, pese a estar la ciudad saqueada y arruinada, al año siguiente llegó el corsario mulato Dieguillo con dos barcos, engañó a los vecinos con banderas de paz, y volvieron a despojarla impunemente. Una incursión que repitió en años posteriores hasta que, por fin, en 1650 llegó una pequeña armada de tres bajeles, enviada por el gobernador de La Habana, e hizo huir al corsario. Pero, era demasiado tarde; la paciencia de los trujillanos se había agotado y la ciudad fue desamparada y abandonada. El propio presidente de la Audiencia en su informe decía: “ya por fin quedó la costa de Honduras limpia de piratas, en mi juicio porque no había qué robar en ella”. Años después se repobló la ciudad, siendo nuevamente asaltada por corsarios, en 1689.    La historia de Trujillo no deja de sorprendernos. ¿Cómo podía permitir la España Imperial que ingleses, franceses u holandeses campasen a sus anchas y acometiesen a sus súbditos? Era la otra cara de ese vasto imperio. Un imperio tan extenso que no había ejército ni armada capaz de defenderlo. Que fustigasen la pequeña ciudad de Trujillo en Honduras no dejaba de ser un hecho anecdótico, teniendo en cuenta que en la propia Península Ibérica se atrevían con Valencia, Denia, Gibraltar o Mallorca.


BIBLIOGRAFÍA


A.-Sobre las armadas españolas:

-FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón. Madrid, Museo Naval, 1972. (9 vols).

-HARING, Clarence H.: Comercio y navegación entre España y las Indias. México: Fondo de Cultura Económica, 1979.

-MIRA CABALLOS, Esteban: La Armada Guardacosta de Andalucía y la Defensa de la Carrera de Indias. 1521-1550. Sevilla. 1998.

--------Las Armadas Imperiales. La Guerra en el mar en tiempos de Carlos V y Felipe II. Madrid, La esfera de los libros, 2005.

-PÉREZ TURRADO, Gaspar: Armadas españolas de Indias. Madrid, Mapfre, 1992.

B.-Sobre el corsarismo:

-GOSSE, Philip: Los corsarios berberiscos. Los piratas del norte. Madrid, Austral, 1973.

------- Quién es quién en la piratería. Sevilla: Librería Renacimiento, 2003.

-HARING, C. H.: Los Bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII. Sevilla: Editorial Renacimiento, 2003.

-LUCENA SALMORAL, Manuel: Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. Madrid, Editorial Mapfre. 1992.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y MARRUECOS: CEUTA, MELILLA Y PEREJIL

 

      La primera idea que queremos dejar bien clara es la inalienable soberanía española sobre las ciudades de Ceuta y Melilla. Ahondando en sus orígenes se podrían rastrear vinculaciones entre Ceuta y los territorios peninsulares casi desde principios de nuestra era. Y además jugando un papel destacado en las relaciones peninsulares. Recuérdense casos como la conjura de don Julián, gobernador de Ceuta, al ver a su hija deshonrada por Roderico, que permitió y facilitó el acceso de las tropas musulmanas a la Península allá por el año 711. Pero, incluso una vez bajo la dominación árabe, Ceuta siguió profundamente vinculada al gobierno de Córdoba, política y culturalmente. Destacado es el caso del ceutí El Isidri, ese sabio, ilustrado e infatigable viajero, formado en la capital califal de Córdoba, y que nos dejó textos deliciosos de sus viajes por Asia y África. A partir de 1415 Ceuta pasó a formar parte del naciente imperio portugués, uniéndose a la Corona española, con el resto de los territorios lusos, en 1580. Desde entonces ha permanecido unida a España de forma ininterrumpida.

      Por su parte, la historia de Melilla presenta ciertos paralelismos con su vecina Ceuta. Al igual que ésta, Melilla estuvo muy vinculada al Califato de Córdoba, especialmente en tiempos de Abderramán III. Mucho después, ya en tiempos de los Reyes Católicos, fue conquistada por los Duques de Medina-Sidonia, integrándose en la Corona española, como territorio de realengo, en 1556. Está claro, pues, que Ceuta y Melilla están vinculadas a la Península Ibérica desde tiempo inmemorial, y estrictamente a lo que hoy llamamos España, desde hace más de cuatro siglos. Por tanto, está bien claro que Ceuta y Melilla son españolas desde mucho antes de la creación del estado marroquí, cuando lo único que había en esos territorios eran, en palabras de Domínguez Ortiz, "tribus indómitas que no reconocían ninguna autoridad". Pero es necesario insistir en que no sólo no existía Marruecos sino ni tan siquiera muchos de los actuales estados europeos. En definitiva, y por poner un ejemplo significativo, si nadie duda que Estrasburgo sea una ciudad francesa con muchos más argumentos hay que afirmar la españolidad de Ceuta y Melilla. Con respecto a otros territorios españoles en el norte de África, como los islotes de Alhucemas o las islas Chafarinas, es también digno reconocer que la realidad no es la misma. Fueron ocupados por España con posterioridad, los primeros en 1673 y las segundas en la ya más tardía fecha de 1848.

      Sin embargo, dicho esto, debemos establecer otras reflexiones. Retomando la cuestión de las relaciones hispano-marroquíes diremos que éstas han pasado, en distintas fases históricas, por momentos muy difíciles y hasta dramáticos. Solo la primera guerra hispano-marroquí, ocurrida entre 1859 y 1860, costó la vida nada menos que a 10.000 españoles. Otros tantos,incluido el general en jefe de las tropas, Fernández Silvestre, murieron en el desastre de Annual, sobrevenido en verano de 1921. En esta ocasión, incluso, peligró la plaza de Melilla que estuvo a punto de caer en manos de las cabilas de Abd-el-Krim.

     El número total de españoles que se han dejado la vida en territorios norteafricanos en los dos últimos siglos suma varias decenas de miles, sin contar con las enormes pérdidas económicas, en una época en la que en la Península escaseaba el dinero y se soportaban graves penurias. De hecho una buena parte de la culpa del déficit crónico que presentaban las finanzas españolas desde principios de siglo se debía sin duda al alto coste de sus aventuras africanistas. Y todo eso tenía a su vez una repercusión directa en los altercados políticos y sociales que se sucedían en España, desde la Semana Trágica de Barcelona hasta la caída de don Antonio Maura y la proclamación de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Pero, es más, es bien sabido que buena parte del golpe de estado de julio de 1936 se larvó en Marruecos y fue encabezado por uno de los grandes generales africanistas de la época, Francisco Franco.

      Así, pues, conviene tener bien presente que, pese a la histórica superioridad económica y militar de España con respecto a Marruecos, los conflictos bélicos siempre han venido rodeados de situaciones trágicas para ambos países. Por ello, me parece fundamental insistir en la idea de que España y Marruecos deben esforzarse al máximo en mantener un diálogo fluido y sincero. La solución no puede ni debe venir en base a bravuconerías de unos u otros, ni a demostraciones de fuerza. Como bien ha escrito el profesor García Cárcel "el reto hay que situarlo en el ámbito diplomático y nunca confundir la dignidad nacional con la testiculina".

      En resumidas cuentas, creo que la única vía posible para resolver la tensa situación actual en las relaciones bilaterales hispano-marroquíes consiste en empeñarse a toda costa en dialogar. Un diálogo que debe estar basado en la sinceridad mutua y en la superación de viejas desconfianzas, pese a las actitudes nada claras que a veces muestra nuestro vecino norteafricano. Una tarea probablemente muy difícil pero no por ello imposible.

Esteban Mira Caballos

LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

 

Con la implantación de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía se ha generado un debate en numerosos medios de comunicación sobre la necesidad o no de que los alumnos sean instruidos en valores democráticos. Han sido muchos los que han comparado la asignatura con la antigua disciplina franquista de la Formación del Espíritu Nacional. Obviamente, las críticas han venido desde el desconocimiento, desde la desinformación y desde el olvido.

Todas las civilizaciones han considerado prioritario instruir a sus jóvenes en sus profundas convicciones socio-políticas. Ningún régimen político ha renunciado al adoctrinamiento educativo, pues, han sido conscientes de su importancia para garantizar la paz social. Ya en la antigüedad clásica se entendió la escuela como el reflejo de la sociedad. De hecho, Aristóteles decía que el ciudadano ateniense debía ser educado íntegramente, es decir, “físicamente, intelectualmente, estéticamente y moralmente”.

Y en este sentido, el régimen franquista no fue una excepción, adiestró a los jóvenes en la ideología falangista y nacionalcatolicista. En 1944 escribió el inspector Alejandro Manzanares que la escuela debía ser “una prolongación del hogar, una continuación de la familia”. Y poco después, refiriéndose a la asignatura de religión, destaca su importancia “no solamente para mantener las seculares tradiciones católicas de España sino también llevar a nuestra querida Patria al cumplimiento providencial de sus destinos imperiales”.

Sin embargo, desde que la ministra María Jesús San Segundo presentó su iniciativa de reforma de la LOCE por la que se incluía en el currículo de secundaria una asignatura específica de Educación para la Ciudadanía un amplio sector de la sociedad se ha alarmado enormemente, e incluso, cada vez se habla más de boicotear la asignatura con la resucitada objeción de conciencia. Obviamente, estas voces críticas parecen ignorar varios aspectos:

          Primero, que todos los regímenes de la historia han formado a sus jóvenes en los principios que justificaban su sistema socio-político. Tampoco la democracia española lo había ignorado. La Educación para la Ciudadanía ya existía, y eso es importante recalcarlo, aunque se denominase de otra forma, es decir: Ética. Una asignatura que se viene impartiendo en cuarto curso de la E.S.O. y que tiene una carga docente de dos horas lectivas semanales. Su contenido fundamental, y yo la imparto desde hace varios años, es la educación para la ciudadanía. Los jóvenes aprenden a valorar ante todo los Derechos Humanos como normas supremas, universales, inalienables e imprescriptibles de todas las personas sin excepción. Conocen de primera mano el valor de nuestra democracia como un logro irrenunciable de nuestra sociedad. Aprenden a respetar la igualdad de sexos, a rechazar por absurda toda forma de racismo, y a valorar el pacifismo como una alternativa vital. También se sumergen en los problemas medioambientales y en la necesidad de buscar soluciones colectivas e individuales. Por tanto, queda claro que la nueva asignatura de la Educación para la Ciudadanía no ha supuesto ninguna innovación. Sencillamente se ha tenido a bien ampliar en una hora semanal la carga docente que ya existía, en este caso en el tercer curso de la E.S.O.

          Y segundo, que es absolutamente respetable y necesario que una sociedad democrática como la nuestra adiestre a los jóvenes en valores democráticos. Por fortuna, la muerte del último dictador español abrió un proceso de democratización de la sociedad que se ha visto reflejado, como no podía ser de otra forma, en la escuela. Y en nuestros días, en una sociedad cada vez más multicultural, donde en las aulas cada vez encontramos a más alumnos inmigrantes con un bagaje cultural diferente al nuestro, es si cabe más necesario que nunca. España necesita a los inmigrantes y los debe integrar en igualdad de condiciones con los demás españoles, pero con una única condición: prevalecerán por encima de todo los valores irrenunciables de nuestra sociedad que no son otros que la libertad y la democracia. Y en este sentido se expresaba en el decreto que establece el currículo para la E.S.O. en Extremadura, publicado en el D.O.E. del 5 de mayo de 2007, cuando se insistía en la necesidad de esta asignatura específica para promover “el aprendizaje de los valores democráticos”.

          Por todo lo expuesto considero que, en estos momentos, la formación ética y moral en valores democráticos es más necesaria que nunca.

 

  ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

LA FORMACIÓN DEL ESPÍRITU NACIONAL EN LA ESCUELA FRANQUISTA

LA FORMACIÓN DEL ESPÍRITU NACIONAL EN LA ESCUELA FRANQUISTA

 

  I.-INTRODUCCIÓN

Desde los orígenes de la civilización la escuela ha sido un elemento básico de socialización, de formación y de cohesión del colectivo1.

Todas las civilizaciones han considerado prioritario instruir a sus jóvenes en sus profundas convicciones socio-políticas. Ningún régimen político ha renunciado al adoctrinamiento educativo, pues, han sido conscientes de su importancia para garantizar la paz social. Ya en la antigüedad clásica se entendió la escuela como el reflejo de la sociedad. De hecho, Aristóteles decía que el ciudadano ateniense debía ser formado íntegramente, es decir, “físicamente, intelectualmente, estéticamente y moralmente”. En la Edad Moderna la educación estuvo controlada por la Iglesia y el Estado pero era una escuela elitista, limitada a un puñado de privilegiados. El grueso de la población se instruía y educaba en el propio seno familiar. Ya en la Edad Contemporánea con la universalización progresiva de la enseñanza, la escuela cambió. La asumió plenamente el Estado y asumió asimismo el carácter instructor y educador que antaño tuvieron las familias (Mayntz, 1987: 16).

Clarísimo lo tenía el jesuita Ramón Ruiz, quien en 1911 definía la educación así:

 

Bajo el nombre de educación entendemos aquí, la formación consiente de las nuevas generaciones, conforme a la cultura y al ideal de cada pueblo y época. Esa formación puede tener por objeto las facultades intelectuales y los conocimientos con que se enriquecen; o bien, las virtudes o hábitos morales que constituyen el carácter. En el primer caso tenemos la educación intelectual; en el segundo, la educación moral, de la que forma parte principalísima la educación religiosa, como quiera que las más excelentes virtudes son las que se refieren a Dios, o a los demás hombres por respeto de Dios (1911: 1).

 

El padre Ramón Ruiz parecía tener clarísimo eso del adiestramiento escolar de la juventud, una práctica como ya digo secular a lo largo de toda la historia de la educación.

En España, aunque la Ley Moyano de 1857 estableció la educación universal hasta los 9 años, lo cierto es que nunca hubo una verdadera intención política de ponerlo en práctica. Fue la II República, a partir de 1931, cuando se intentó su aplicación, democratizando la escuela, duplicando el número de centros educativos y adjudicando por primera vez al Estado, la responsabilidad de la educación (Flores Tristán, 2005: 33-34).

Tras el Alzamiento de 1936 el franquismo supuso una ruptura en la línea democratizadora y modernizadora iniciada durante la II República. Como escribió Carlos Alberto Montaner, el general Francisco Franco fue el contrarreformista más evidente, obvio, exitoso y tenaz de toda la Historia de España (1990: 38). El mismísimo Cardenal Torquemada se hubiese sentido orgulloso de él.

Obviamente, a nivel educativo, lo primero que hizo el franquismo fue desmontar rápidamente la escuela republicana para crear un nuevo sistema adoctrinador que sirviera a su ideología. El franquismo asumió desde un primer momento asumió la idea falangista de la revolución social, para ello montó una verdadera contrarrevolución educativa. Su revolución social sólo se podía llevar a cabo a medio plazo, educando a los jóvenes en la ideología nacionalcatolicista. Lo primero que hizo el régimen fue depurar el cuerpo docente, desde los maestros de educación primaria hasta los catedráticos de Universidad. Todos los sospechosos de ser de izquierdas, republicano o simplemente liberal fueron depurados. Unos fueron fusilados y otros consiguieron escapar al exilio. Pero la cosa no quedó ahí; a la caza de brujas siguió el expurgo de las bibliotecas escolares, eliminando todas aquellas publicaciones que no fuesen acordes con los nuevos ideales Nacionalcatolicistas. Todo ello, se completó con una férrea censura sobre las publicaciones, los periódicos, el cine, la televisión, el teatro, etcétera (Flores Tristán, 2005: 71). La democratización y la universalización de la escuela, implantada por la II República eran ya agua pasada. La nueva educación se basaría en una visión conservadora y patriótica de la historia nacional. La Institución Libre de Enseñanza fue condenada e intelectuales como Bosch Gimpera y Altamira tuvieron que exiliarse. Y la dictadura duró tanto que en muchos casos se fueron para no regresar nunca. El mismo Franco aseguraba que desde tiempos de Felipe II todo había ido mal, especialmente en el siglo XIX con el liberalismo. Él recuperaría España para su destino universal (Fontana, 2001: 257-259).

Una vez desmontado el espíritu liberador y democrático de la escuela republicana, el nuevo régimen comenzó su proyecto de adiestramiento de los jóvenes en los nuevos valores dominantes, es decir, en la ideología falangista y nacionalcatolicista. En 1944 escribió el inspector Alejandro Manzanares que la escuela debía ser una prolongación del hogar, una continuación de la familia. Y poco después, refiriéndose a la asignatura de religión, destaca su importancia no solamente para mantener las seculares tradiciones católicas de España sino también llevar a nuestra querida Patria al cumplimiento providencial de sus destinos imperiales.

En 1968 Alfredo Gosálbez Celdrán escribió que la educación busca el desarrollo de las facultades morales, intelectuales y físicas del joven, que son necesarias para el cumplimiento de sus fines sociales y humanos (1968: 30). Según este mismo escritor de la F.E.N esta instrucción debía incluir las siguientes partes: instrucción elemental (cortesía, urbanidad y reglas sociales), instrucción intelectual y moral (inculcarle sentido espiritual y virtudes morales) e instrucción física. Páginas más adelante especificaba los aspectos concretos que debía abarcar este aprendizaje, a saber: iniciación a la convivencia, conocimientos elementales, desarrollo-físico-intelectual, fomento de sentimientos espirituales y la formación social del joven (Ibídem: 60). Dentro de esta formación social de los jóvenes destacaba la importancia de la educación ciudadana que lleva a cabo el Estado y que tendría dos partes:

-El orden social y las normas de tráfico.

-El respeto por los jardines, parques, monumentos, obras de arte, museos y bibliotecas.

 

II.-BASES IDEOLÓGICAS DE LA ESCUELA FRANQUISTA

Los pilares ideológicos de la escuela franquista fueron dos: la Iglesia y el ideario falangista que asumió y aplicó al menos hasta principios de los años sesenta.

Franco hizo suya la encíclica expedida por el Papa Pio XI en 1929, titulada Divini Illius Magistri. En ella se decía que la educación esencialmente consiste en la formación del hombre tal cual debe ser y como debe portarse en esta vida terrena para conseguir el fin sublime para el cual fue creado. Pio XI dejó bien claros cuales eran los principios básicos de la pedagogía católica: uno, los agentes de la educación eran la Iglesia, el Estado y la familia. Dos, el sujeto de la educación es el hombre entero, es decir, el espíritu unido al cuerpo en unidad de naturaleza. Y tres, el modelo a imitar sería Jesús.

También el Concilio Vaticano II hacía alusión a la necesidad de que la Educación oficial se implicase en la formación de los jóvenes para contribuir de esta forma al progreso social. Todos estos principios se aplicaban en la escuela franquista de ahí que se haya llamado al régimen nacionalcatolicista La religión era por supuesto obligatoria y evaluable. Tanto la educación como la legislación franquista se inspiraron en la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Lo cual se justificaba, según Marino Díaz, en que casi la totalidad de la población española era profundamente católica (1971: 49).

El otro piular básico del régimen franquista en sus primeros años fue, sin duda, el ideario falangista. José Antonio no quería que los llamaran fascistas, pues no se sentía identificado con el régimen de Mussolini. De hecho él decía que aquel quería crear un Estado totalitario, mientras que los falangistas lo que deseaban era una revolución nacional de armonía social con profundas reformas económicas (Aguinaga, 2003: 65). En un primer momento el régimen franquista entiende que el falangismo ha dejado una revolución pendiente, una revolución que habían frustrado sucesivamente la Dictadura de Primo de Rivera y desde 1931 la II República. Para José Antonio la revolución social tenía que tener como objetivos el levantamiento de dos pesadas losas que habían sepultado al sufrido pueblo español: el pesimismo histórico y la injusticia social. Y España debía ser una unidad de destino en lo Universal. Para lograrla había que empezar controlando las escuelas. No obstante, desde la década de los sesenta se verá que los objetivos de Franco y de José Antonio son muy diferentes. José Antonio quiere una revolución social que desmonte el capitalismo, mientras que Franco pretende crear una monarquía capitalista liberal. Para Franco los principios del Movimiento no son inmutables y vamos a ingresar en el mundo capitalista liberal (Aguinaga, 2003: 97-98). Franco primero dio un enorme poder a los falangistas para que intentaran su revolución. Pero luego se arrepintió y fue transformando los principios del Movimiento a su gusto.

 

III.-EL FRENTE DE JUVENTUDES

El alzamiento militar de 1936 se entendió como una verdadera revolución tradicionalista. Marino Díaz Guerra definió el objetivo del alzamiento de Franco con las siguientes palabras:

Hacer del pueblo el sujeto de esta revolución. Hasta entonces España estaba colonizada por una sola clase social: la burguesía. El pueblo, que había hecho su aparición en la Guerra de la Independencia y al proclamarse la II República, continuaba sin participar en el gobierno del país, necesitaba ser liberado del egoísmo de la derecha y de las locuras de la izquierda (1971: 29).

 

Pero, ¿a qué revolución se referían?, pues a la revolución falangista de la que habló José Antonio:

Entendemos por revolución una transformación radical y urgente de la sociedad española, inspirada en el concepto cristiano de la vida y realizada con el estilo directo, ardiente y combativo que acelere su proceso (Cit. en Mendoza Guinea, 1957: V, 87).

 

José Antonio no ocultó nunca sus intenciones. Ansiaba una revolución nacional de armonía social con profundas reformas económicas (Aguinaga, 2003: 65). Por tanto, está claro lo que era la revolución falangista, es decir, una transformación radical y urgente de la sociedad española. Pero, ¿cómo la pretendían llevar a cabo?, recurramos de nuevo al pensamiento de José Antonio:

La educación es clave de futuro, educar a los futuros profesionales a los futuros dirigentes a los futuros administradores pero todo eso controlado por el Movimiento. Los partidos políticos son una lacra, se han convertido en instrumentos de dominio de las clases dominantes y de intereses particulares. No defienden los intereses de toda la sociedad. La democracia si quiere sobrevivir en el mundo actual tiene que ser por otros cauces que superen el sistema de partidos (El ideal de José Antonio, 1975: 58).

 

Teniendo en cuenta que querían llevar a cabo una reforma de toda la base social española, los mismos falangistas cayeron en la cuenta que la educación estaba llamada a desempeñar un papel clave en la consecución de sus objetivos. Por ello, la Formación del Espíritu Nacional quedó en manos del partido único, es decir, de la falange o lo que es lo mismo, del Movimiento Nacional. Ésta a su vez gestionaba el Frente de Juventudes y la Sección Femenina que eran los instrumentos del partido para controlar la correcta educación de los españoles desde su tierna infancia. Competencia suya era confeccionar y revisar los textos de la F.E.N. Está claro que el objetivo último del Movimiento Nacional, a través del Frente de Juventudes, no era otro que difundir el pensamiento de José Antonio en toda la sociedad española, para así llevar la revolución al pueblo. Y los falangistas no ocultaban sus intenciones, pues públicamente decían que el movimiento es un instrumento clave en la nueva revolución, pues es el que debe convencer al pueblo de este nuevo sistema político. Cualquier inquietud política debía canalizarse necesariamente a través del Movimiento, que debía integrar a todos los miembros del estado español. La juventud, decía la Falange, es la clave del futuro por eso es fundamental captarla para la tarea que queda por hacer.

En un primer momento el régimen franquista entiende que el falangismo ha dejado una revolución pendiente, una revolución que habían frustrado sucesivamente la Dictadura de Primo de Rivera y desde 1931 la II República. Para José Antonio la revolución social tenía que tener como objetivos el levantamiento de dos pesadas losas que habían sepultado al sufrido pueblo español: el pesimismo histórico y la injusticia social. Y España debía ser una unidad de destino en lo Universal. Para lograrla había que empezar controlando las escuelas.

 

A.-EL FRENTE DE JUVENTUDES Y LA REVOLUCIÓN SOCIAL

Los objetivos de Franco y de José Antonio son muy diferentes. José Antonio quiere una revolución social que desmonte el capitalismo, mientras que Franco pretende crear una monarquía capitalista liberal. Para Franco los principios del Movimiento no son inmutables y vamos a ingresar en el mundo capitalista liberal. Franco primero les dio poder a los falangistas para que intentaran su revolución. Pero luego se arrepintió y fue transformando los principios del Movimiento a su gusto.

Para llevar a cabo toda esta revolución educativa se creo el Frente de Juventudes. Este organismo fue una de las obras predilectas del régimen porque Franco, siguiendo inicialmente las directrices falangistas, se preocupó especialmente por el adoctrinamiento de las juventudes. Para ello, el Frente reguló todo lo concerniente a la educación en valores que era la única garantía de conseguir la futura patria hermosa y unida que soñó José Antonio (Mendoza Guinea, 1957: I, 108). El Frente de Juventudes tenía asignado dos objetivos:

Uno, por delegación del Movimiento, preparar a sus afiliados, a las falanges juveniles de Franco, para ser militantes de la Falange española Tradicionalista y de la JONS. Y dos, por delegación del Estado, inculcar a toda la juventud española la alegría y el orgullo de la Patria, enseñándola a conocer, respetar, amar y servir a España (Mendoza Guinea, 1957:I, 128).

En definitiva, el objetivo último del Frente de Juventudes fue lograr que la juventud española sea incitada en las consignas políticas del Movimiento. Tenían asignadas la Educación Física, la asignatura de la Formación del E Nacional, y la iniciación al Hogar de las mujeres. Precisamente, para atender las necesidades especificas de las juventudes femeninas se creo, dentro del Frente de Juventudes, en 1940, la Sección Femenina. Su objetivo integrar a las mujeres en el proyecto común de la nueva revolución social. Pero ¿qué papel tendrían éstas? José Antonio lo dejó muy claro en sus escritos: debían convertirse en excelentes esposas y madres. Para ello, debían encargarse eficientemente de las tareas y, además, educar a sus hijos en el amor a Dios y a la Falange (Otero, 1999: 176). De esta forma se convertirían en el complemento idóneo del adoctrinamiento escolar y, por tanto, en puntal básico de la pretendida revolución social.

La Sección Femenina pretendía formar a sus afiliadas para el desempeño idóneo de esta función que el nuevo régimen Nacionalcatolicista le había asignado. Para ello, creo centros de convivencia, albergues, y organizó actividades deportivas, culturales y artísticas (Jiménez Villalba, 1969: 125). La Sección Femenina se convirtió en el único organismo de participación pública de la mujer.

 

B.-LOS ESCRITORES DE LA F.E.N.

El Frente de Juventudes reclutó a lo más granado de la intelectualidad franquista para su proyecto de la revolución social. Los manuales de la F.E.N. no fueron escritos por cualquiera sino por los más destacados hombres de letras de la época. Ello contribuyó a dar a los manuales de la F.E.N. unas dosis de erudición y un nivel intelectual que difícilmente se encontraba en otras materias. El Régimen de Franco puso, pues, toda la carne en el asador para llevar a cabo su proyecto de revolución social falangista desde la Escuela.

Había destacados políticos como Manuel Fraga Iribarne, Ministro franquista y posterior fundador de Alianza Popular –Hoy Partido Popular- y Torcuato Fernández Miranda. Había escritores destacadísimos como Jaime Capmany y Gonzalo Torrente Ballester. Economistas de prestigio como Enrique Fuentes Quintana y Juan Velarde Fuentes. Y decenas de Catedráticos de Universidad y de Enseñanzas Medias, así como inspectores. Entre ellos: Efrén Borrajo Dacruz, Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad Complutense o Rodrigo Fernández Carvajal, Catedrático de Derecho Político en la Universidad de Murcia.

Otros escritores eran mandos militares, como Antonio Castro Villacañas, profesor de la Academia Nacional de mandos e instructores “José Antonio”. Otros escritores eran personas de una proyección más discreta, simplemente vinculadas al Movimiento, entre los que podemos citar a: José Poveda Ariño, José María Mendoza Guinea, Gaspar Gómez La Serna, Alfredo Gosálbez Celdrán, José María Sánchez Silva, Francisco Vigil, Manuel Álvarez Lastra, Eleuterio de Orte Martínez, Antonio Ramis Bennasar, Bernardo Villalonga Bennasar, Juan Manuel Moreno, Marino Díaz Guerra o Nicolás Jiménez Villalba

En Extremadura, estaba Gonzalo Sánchez-Rodrigo, escritor, editor y periodista. En Plasencia tenía una editorial que editó algunos manuales de la F.E.N. –algunos escritos por él mismo- y otras obras relacionadas. Quiliano Blanco Hernando publicó en la editorial Sánchez. Rodrigo su famosa enciclopedia Faro, en la que se dedica un capítulo a la F.E.N.

 

IV.-UNA REINTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA

Por un lado, aunque no se llamase así, existía la transversalidad porque en asignaturas como historia, religión o filosofía se hablaba del carácter ibérico, de la grandeza de la patria indivisible y de Dios.

Por supuesto, la Historia de España era una asignatura clave dentro del organigrama educativo. El Frente de Juventudes auspició una revisión de la Historia de España, marcada por el catolicismo y por la grandeza de la patria. Por supuesto, lo primero que había que hacer era romper en seco con la interpretación marxista de la Historia que causaba furor en la Europa de la época. Y para ello adoptan la más rancia metodología historicista, auspiciada por el ideario falangista. La metodología historicista partía de varias premisas: la primera, destacaba al individuo frente a la colectividad. Los protagonistas de la Historia eran los grandes personajes o los grandes tiranos; eran ellos los que movían los hilos de la evolución. En oposición a la visión materialista de la Historia, sostenían que lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos. Según la historiografía oficial del Régimen, la infraestructura no la forman los aspectos económicos, como diría Karl Marx, sino los aspectos espirituales. El Frente de Juventudes y las Cátedras de Historia asumen esta idea:

Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos (Mendoza Guinea, 1957: V, 49).

Y dentro de lo espiritual lo religioso ha jugado un papel muy destacado. Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá. A esas preguntas no se puede contestar con evasivas: hay que contestar con la afirmación o con la negación. España contestó siempre con la afirmación católica. La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera, pero es además, históricamente, la española. Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación.

 

A.-UNA HISTORIA DE ESPAÑA SAGRADA

La Historia de España estaría marcada por grandes hitos y por grandes prohombres, Viriato, el Cid Campeador, Pelayo, Hernán Cortés, José Antonio Primo de Ribera, etc. Existía una historia de España sagrada e intocable. Pero, por otro lado, no bastaba con las transversalidad. Además se diseñó una asignatura específica, la Formación del Espíritu Nacional que pretendía ensalzar todos esos valores.

Por ejemplo, en 1966, Manuel Medina Barea, director de las Escuelas del Ave María proponía para los cursos de 3º y 4º una unidad titulada España en la que se debía tratar lo siguiente:

“Observación del mapa de España e interpretación de señalizaciones. Ídem de los símbolos y fotografía del Jefe del estado. Audición del Himno Nacional e himnos del Movimiento. Investigación de datos en el libro de consulta del alumno. Conversación y discusión sobre las observaciones realizadas y datos obtenidos”.

 

No menos claro, se mostraba el jesuita Gabino Márquez en su libro Deberes Patrióticos (Madrid, 1940) para alumnos de 1ª y 2ª Enseñanza que sintetizaba la historia patria con las siguientes palabras:

Es imposible leer la gloriosa historia de nuestra Patria y no sentirse conmovido y noblemente entusiasmado por España. No puede menos de encender nuestro espíritu patriótico el heroísmo sublime de Sagunto y Numancia, el entusiasmo bélico de Pelayo, la caballerosidad guerrera y el noble patriotismo del Cid, la valentía y el amor santo de San Fernando a la Religión y a la Patria, el valor guerrero de Carlos V, la prudencia de Felipe II, el heroísmo sublime de los conquistadores, Hernán Cortés, Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, etc, etc, y en nuestros tiempos la Guerra de la Independencia y esta guerra contra el Marxismo salido del infierno… Por eso desea el gobierno de la nueva España que a los niños se les enseñe la Historia de nuestra patria, pues nuestra hermosísima historia, nuestra tradición excelsa, proyectadas en el futuro, han de formar el espíritu de los niños españoles”.

 

Este mismo autor afirma más adelante que la patria española debe ser una, grande, libre, imperial y cristiana. Una, porque no es racional que se divida en “una colección de repúblicas de Andorra y a merced de cualquier Estado ambicioso”. Grande, “trabajando pero sin dejar la religión para que Dios nos ayude desde lo alto”. Libre “pero no liberal; eso de ningún modo, pues el liberalismo es un error condenado por la Iglesia que ha causado la ruina de la Patria”. Imperial porque “España tiene derecho a la expansión colonial con tal de no faltar a la justicia”. Y, finalmente, cristiana “o mejor dicho católica porque todos lo somos y en ello ciframos nuestra mayor gloria”. Textos como éste y otros muchos son muy claros sobre la intención educativa del “nuevo” gobierno surgido tras la victoria del bando Nacional en 1939.

La historia la manipulan en base a grandes mitos. El primero de ellos es Viriato al que se considera esencia de lo más profundo de los valores ibéricos. Le sigue Recadero de quien se decía lo siguiente:

Recadero es el gran monarca unificador de nuestra Historia: consiguió la unidad de las tierras y de los hombres bajo el signo de la cruz; consiguió la unidad espiritual de vencedores y vencidos, aproximando a las dos razas –dominante y dominada-, a la nobleza y al pueblo (Mendoza Guinea, 1957: I, 15).

 

Le siguen como no Pelayo y la gloriosa batalla de Covadonga (718), allí en los desfiladeros del monte Auseva, protegidos por la Virgen María, que se les había aparecido en la gruta de Covadonga, dio comienzo la gloriosa Reconquista (Ibídem: 16). La Reconquista de Toledo por Alfonso VI, que tuvo una gran importancia no solo militar sino también cultural por la fundación en ella de la Escuela de Traductores, que puso en contacto las culturas cristiana y árabe. La Batalla de las Navas de Tolosa (16-VII-1212) donde Alfonso VIII derrotó a los almohades abriendo el camino para la reconquista de Andalucía. La reconquista de Granada en 1492 y el Descubrimiento y la Conquista de América son los mitos siguientes a los que siguen la gloriosa batalla de Lepanto en 1571 por una alianza comandada por don Juan de Austria. El Papa San Pío V en reconocimiento por sus méritos le aplicó las palabras del Evangelio: “Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan”, ordenando que en la letanía del Santo Rosario se rezara, de entones en adelante, el Auxilium Christianorum” (Ibídem: 18). La paz de Westfalia (1648) y de los Pirineos (1659) supuso la derrota de los ideales que España había defendido en Europa (Mendoza Guinea, 1957: V, 5).

Ensalza a los carlistas por sus “hermosas virtudes de fidelidad a la tradición” y porque decidieron plantar cara a unas ideas liberales que traicionaban “la mejor Historia de España” (Ibídem: 7). El tradicionalismo es una doctrina política o, mejor aún, una posición cultural caracterizada por la fidelidad a la tradición cultural y política de España “. Los requetés carlistas y los falangistas fueron las principales fuerzas que se sumaron a la Guerra Civil heroicamente.

El alzamiento del 2 de mayo de 1808 contra las tropas invasoras de Napoleón. Combatieron en Madrid y en el parque de Monteleón dirigidos por Daoíz y Velarde. La batalla de Bailén (19-VII-1808) ganada por el general Castaño primera derrota en campo de batalla del ejército francés. Y finalmente, las de Vitoria y San Marcial, logradas los años de 1812 y 1813. “El pueblo español había sabido sufrir, luchar y vencer” (Mendoza Guinea, 1957: V, 19).

Dentro de esa Historia Sagrada ocupó un puesto de honor la Conquista de América. Durante el franquismo se interpretó como una etapa sagrada e intocable, uno de los signos de identidad de la patria hispana. Y por sorprendente que parezca, esta leyenda apologética y legitimadora ha prevalecido prácticamente hasta el siglo XXI. Ésta entendía la conquista como una gesta de guerreros, héroes y santos que ensancharon los dominios de la civilización y de la cristiandad. En 1944 Antonio Floriano destacaba la importancia de una ley que protegía a los indígenas y que recaía con toda su fuerza sobre aquellos que les daban malos tratos:

España siempre trató al indio como a un hijo menor; que ya la Reina Católica se negó a que fueran reducidos a la esclavitud; que cuando se conocían malos tratos, crueldades o rapacidades, estos se castigaban con rigor” (1944: 145)

 

Nada más falso, como veremos a lo largo de este libro. Ni se trató al indio como a un hijo menor ni por supuesto fueron condenados los españoles por sus actos de crueldad, por sus robos, por las matanzas de indios y por las violaciones de indias. En 1947 en un libro sobre Hernán Cortés, Manuel Trillo escribía, emulando a López de Gómara, destacando la Conquista como la mayor obra realizada en el mundo, después de la venida de Jesús al mundo:

Conviene recordar la calumniosa exageración en que, sobre todo a propósito de nuestra Obra en América, se ha incurrido por extranjeros malignos y hasta por españoles ofuscados, pintando a España como opresora madrastra de aquellos países… Precisamente nuestra Obra allá, nuestro divino obrón de redenciones, nuestro desdoblamiento abnegado y hasta la locura, es la página mayor, ¿qué digo de los anales de España?, de los anales del mundo, después del advenimiento del Redentor” (Trillo, 1947: 2).

 

A mediados de, siglo XX se expresaba Rufino Blanco-Fombona elogiaba hasta extremos insospechados a los conquistadores y descubridores españoles:

Los descubridores y conquistadores españoles de América –hoy podemos juzgarlos sin prevenciones y con exacta noción de su obra- fueron hombres maravillosos, muy de España y muy del siglo XVI” (1956: 175)

 

Pero, en fechas mucho más recientes, una buena pléyade de historiadores ha continuado defendiendo postulados parecidos. Para Francisco Morales Padrón, Catedrático emérito de la Universidad de Sevilla, la conquista fue “el último episodio de las cruzadas; la conversión de España en historia Universal” (1974: 15). El autor reconoce algunos desmanes cometidos por los españoles pero los justifica en base a tres aspectos: primero, que eran hombres de su época, donde el derecho a la vida no estaba entre sus prioridades. Segundo, que los alemanes lo hicieron peor aún en Venezuela. Y tercero, que los indios tampoco eran “las mansas ovejas de que habla Las Casas” (Ibídem, 78). En un artículo posterior el mismo autor sostiene que no sólo no hubo genocidio español sino que, incluso, salvamos a pueblos como los totonacas, los tlaxcaltecas o los huancas del genocidio que padecían a manos de los mexicas.

Por su parte, Melquíades Andrés, en el discurso inaugural del curso 1977-78 de la Escuela de Magisterio de Almendralejo, publicado en 1980 en la Revista de Estudios Extremeños, decía lo siguiente:

Los conquistadores y místicos se caracterizan por su dinamismo, audacia, valor, temeridad, amor a la verdad, sentido de progreso, eficacia de acción, integración en sí mismos, exaltación del deseo y del corazón, entereza ante contratiempos, sufrimientos y penalidades, sentido ascético de la vida junto con otros componentes…”.

 

Lo cierto es que durante el franquismo, se sostuvo que la conquista de América fue muy beneficiosa tanto para los europeos como para los indios. Para muchos la América Precolombina era un mundo “salvaje”, “subdesarrollado” y “desaprovechado”.

 

B.-UNA REINTERPRETACIÓN DEL ALZAMIENTO DE 1936

En todos los manuales de la F.E.N. se sitúa el golpe de Estado del general Franco como uno de los grandes hitos de la Historia de España. Gabino Márquez señaló concretamente seis hitos, a saber: la defensa de Covadonga en los orígenes de la Reconquista, la reconquista de Granada, el Descubrimiento de América, la Conquista de los imperios azteca e inca, la Guerra de la Independencia y, como no, la guerra de independencia contra los rojos (1940: 27).

Por supuesto, el último de los grandes hitos de nuestra Historia no podía ser otro que el Glorioso Alzamiento Nacional, protagonizado por el ejército, la falange y la Comunión Tradicionalista bajo el mando de Franco el 18 de julio de 1936 y terminado el 1 de abril de 1939. La derecha republicana y sobre todo los falangistas habían incitado al alzamiento al menos desde 1934. El propio José Antonio, consiguió enviar desde la Cárcel Modelo una carta clandestina, fechada el 4 de mayo de 1936 en la que incitaba a sus compañeros de partido y al ejército a levantarse contra el orden establecido:

Si permanecéis pasivos puede ser que cuando os deis cuenta España haya desaparecido (II, 989).

 

Guinea Mendoza escribe gozosamente que desde esa fecha, la Historia de España vuelve a transcurrir por cauces que nos han de llevar hacia el cumplimiento del destino histórico nacional (Mendoza Guinea, 1957: I, 20). Todos los libros de la F.E.N. insisten una y otra vez que el Alzamiento fue necesario para salvar a España de la destrucción a que la llevaba el gobierno del Frente Popular:

Con su triunfo España consiguió la Unidad de sus tierras y sus hombres, al desaparecer los separatismos y la lucha de clases, y la Religión Católica amparada y protegida por el Estado; ha vuelto el Crucifijo a las Escuelas; se permite el culto externo, y es obligatoria la enseñanza religiosa en todos los centros docentes (Ibídem: I, 110).

 

Pero Mendoza Guinea, en el manual de V de Bachillerato volvía al tema del Alzamiento. Curiosamente no fue un golpe de Estado, ni un pronunciamiento militar sino una sublevación del pueblo en armas contra un gobierno que traicionaba el ser de España y hacía imposible la convivencia entre los españoles… (V, 20). En esta misma línea Antonio Castro Villacañas afirmaba que el Alzamiento no lo protagonizó el ejército sino que fue la reacción del pueblo español en un esfuerzo sobrehumano por acabar con una República que lejos de solucionar los problemas los creaba (1955: 102). Por tanto, concluía que el Alzamiento no fue otra cosa que un glorioso movimiento de liberación llevado a cabo por el pueblo para salvarnos del comunismo y del separatismo. ¡Increíble!, ¿alguien se creería eso del alzamiento popular? Pero, por si acaso no había sido lo suficientemente convincente a Castro Villacañas, le pareció oportuno reforzar su argumento con una serie de horrores de lo que él denominaba la República roja:

 

-Las Checas mataron sólo en Madrid a más de ¡250.000 personas!

-Entregaron el oro del Banco de España a Rusia.

-Y permitieron la fragmentación de España.

 

Marino Díaz Guerra, colaborador del Frente de Juventudes, escribió ¡en 1971! que el Alzamiento supuso el fin de un largo período de inestabilidad en la Historia de España, iniciado en las Cortes de Cádiz. Por ello, desde el triunfo de lo que él llama Revolución se inició la etapa más seria de su historia contemporánea para resolver el llamado problema de España (Díaz Guerra, : 28-29).

Queda claro que durante varias décadas, uno de los objetivos de la F.E.N. fue reinterpretar el Alzamiento militar de 1936. Lo intentó presentar como un fenómeno inevitable que no partió de una cúpula militar golpista sino de una sublevación o revolución popular. Increíble, ¿alguien pudo creer en semejante patraña? Por increíble que parezca sí. Treinta y seis años insistiendo en lo mismo, a los jóvenes desde su infancia pueden hacer creíble lo más increíble.

Los héroes nacionales, además de los clásicos Viriato, don Pelayo o Hernán Cortés, eran el general Moscardó, el general Mola, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, y por supuesto, el más importante de todos, el libertador Francisco Franco.

Lógicamente el régimen implantó un listado de fechas conmemorativas que los españoles debían celebrar con júbilo. Mendoza Guinea explicaba que una conmemoración era el recuerdo de los acontecimientos históricos más recientes de nuestra Patria (1957: I. 14).

 

CUADRO I

CONMEMORACIONES NACIONALES

 

FECHA

ACONTECIMIENTO

29-X-1933

Fundación de la Falange por José Antonio Primo, en el teatro de la Comedia de Madrid.

18-VII-1936

El día del Alzamiento Militar.

19-IV-1937

Día de la unión de la Falange Española y de la JONS con la Comunión

1-IV-1939

Día de la Victoria, tras la emisión del último parte de guerra

10-III

día de la conmemoración de los mártires de la Tradición.

 

 

Pero también habría otros días específicos que debían conmemorar la juventud franquista.

CUADRO II

DÍAS CONMEMORATIVOS DE LA JUVENTUD

 

FECHA

ACONTECIMIENTO

1-X-1936

día del Caudillo Francisco Franco Bahamonde, fecha en la que fue nombrado Caudillo de España, Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales

12-X-1492

Día de la Hispanidad

29-X

Día de la Fe en la doctrina de Falange y en su capacidad para devolver a España la unidad, grandeza y libertad de la Patria.

 

20-XI

Día del Dolor, coincidiendo con la fecha de la muerte de José Antonio, fusilado en la cárcel de Alicante el 20-XI-1936.

8-XII

Día de la madre.

¿?

Día de los caídos de la juventud. Coincide con la fecha de la muerte de Matías Montero, que era un joven estudiante falangista.

1-IV-1939

Día de la Victoria

2-V-1808

Día de la Independencia

30-V

Día de la juventud, que coincide con el día de su patrono, San Fernando.

4-VIII

Día de Gibraltar, se conmemora para mantener viva la reivindicación de Gibraltar y su retorno a la patria española.

 

V.-LA REGULACIÓN LEGAL DE LA F.E.N.

Inicialmente, hasta principios de los años cincuenta la asignatura se llamó simple y llanamente “Falange”. Hasta esos momentos era frecuente que los alumnos cantaran todas las mañanas el “Cara al Sol” con el brazo derecho levantado al tiempo que se izaba la enseña nacional. A partir de los años cincuenta la asignatura evolucionó. Comenzó a llamarse “Formación del Espíritu Nacional”, y dejó de cantarse el Cara al Sol y de izarse la bandera.

Las enseñanzas de la F.E.N. fueron establecidas con carácter obligatorio en todos los centros de enseñanza primaria y secundaria, por un Decreto de 29 de marzo de 1944, desglosando los contenidos por curso2. Apenas medio año después se decidió su inclusión en algunos centros Superiores de carácter técnico y profesional (Decreto del 29-XI-944). Y nuevamente, ocho años después, concretamente el 31 de octubre de 1952 se decidió la universalización de su enseñanza prácticamente a todos los estudios Superiores y profesionales:

Se harán extensivas a las Escuelas especiales de Ingenieros Aeronáutico y de Industrias textiles y a los de Comercio, Aparejadores, Peritos Industriales, Peritos Agrícolas, Peritos Textiles, Capataces, Facultativos de Monas, Ayudantes de Montes, Centro Politécnico de La Laguna, Escuela Central de Idiomas, dependientes de la Dirección General de Enseñanza Profesional y Técnica y de las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos, Nacional de Artes Gráficas, Instituto de Enseñanzas Profesionales de la Mujer, dependientes de la Dirección General de Educación Laboral y demás centros de carácter técnico, profesional y laboral que serán determinados en su caso por Orden Ministerial (At. 1)3.

 

Está claro que el Movimiento no se conformó con su enseñanza en la Escuela sino que previó la inmersión en el proyecto falangista de todos los jóvenes en todos los niveles educativos, públicos o privados.

Por el BOE del 19 de enero de 1960 se ratificó el horario lectivo de la asignatura que sería de una hora semanal en los cinco años del bachillerato elemental y en los dos del bachillerato superior4. En esa misma orden quedaban regulados los contenidos. En el primer curso habría cuatro bloques de contenidos, por este orden: la familia, la escuela, la parroquia y el municipio. En cuarto curso se entraba a analizar la situación de España y los principios del Movimiento y de la falange. Los bloques eran en ese curso: La realidad de España en 1900, necesidad de un nuevo orden, el pensamiento de la Falange Española y la guerra civil, centrándose en la Falange y en el glorioso Alzamiento Nacional.

El 2 de febrero de 1967 se expidió un nuevo decreto por el que se le autorizaba a la Iglesia a crear centros educativos al tiempo que se le encomendaba la vigilancia e inspección de las cuestiones éticas y religiosas de la enseñanza pública:

Se reconoce a la Iglesia el derecho a la creación de Escuelas Primarias y de Escuelas Normales, con la facultad de expedir los títulos respectivos en la forma que se determina en esta ley. Se reconoce también a la Iglesia el derecho a la vigilancia e inspección de toda la enseñanza en los centros públicos y privados de este grado, en cuanto tenga relación con la fe y las costumbres5

 

         Asimismo, en ese mismo decreto se señalaba a la asignatura de la F.E.N. entre las materias formativas –Cap. IV, art. 37- al tiempo que se reiteraba la misión que tenía encomendada la misma:

Es misión de la Educación Primaria, mediante una disciplina rigurosa, conseguir un espíritu nacional fuerte y unido e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria, de acuerdo con las normas del Movimiento y sus organismos (Cap. II, Art. 6).

 

Prácticamente en todos los niveles educativos la carga docente sería de una hora semanal, salvo en algunos estudios laborales que se preveían dos horas semanales en los dos primeros cursos y una hora semanal en los tres restantes cursos.

También se reguló detalladamente el procedimiento para elegir a los profesores de la F.E.N. así como sus funciones concretas. En el Reglamento general de los centros de Enseñanza Media y Profesional del 3 de noviembre de 1953 se dedicaba un apartado a los profesores de F.E.N.:

Designado por el Ministerio de Educación Nacional, a propuesta de la Delegación Nacional del Frente de Juventudes, o en su caso, de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de la JONS. Habrá en cada centro un profesor de Formación del Espíritu Nacional (Art. 16).

 

En un nuevo decreto del 11 de agosto de 1953 se establecía que para los estudios superiores, los profesores podrían ser doctores o licenciado de la Facultades de Ciencias Políticas, Económicas o Comerciales, aunque en todo caso propuestos al Ministerio de Educación por la Delegación nacional de Educación del Movimiento6

 

A continuación, dada la extensión del texto legal, sintetizamos las competencias de estos profesores, reguladas en el art. 17 del citado Reglamento general de Centros, a saber:

 

A.-La enseñanza de los cuestionarios oficiales de la asignatura.

B.-Encuadrar a los alumnos de las organizaciones juveniles de Falange.

C.-Exaltar el espíritu Nacional, celebrando con el máximo esplendor las fiestas Nacionales y las demás conmemoraciones señaladas por el Ministerio de Educación.

D.-Infundir a los escolares el espíritu y la doctrina del Movimiento.

E.-Fomentar cuantos medios juzgue oportunos en orden a mejorar en los alumnos el sentimiento Nacional y el sentido de servicio a la unidad y grandeza de la Patria.

 

Pero en el mismo reglamento se establecía un dato muy curioso. La F.E.N. no sólo sería una asignatura ordinaria con una hora de carga docente sino que además habría una transversalidad. En el Cap. VI, art. 46 del citado reglamento se establecía que la labor de los profesores de la F.E.N. no se limitaría a su hora de clase sino que además exaltarían el patriotismo entre los alumnos a través de conferencias de exaltación patriótica y doctrinales, cantos nacionales, celebración de fiestas Nacionales y mediante el encuadramiento de los alumnos en el organigrama del Frente de Juventudes y de la Falange. ¡Esto sí que era adoctrinamiento!, ¡lo de la Educación para la Ciudadanía es un juego de niños al lado de la F.E.N.!

La formación en los principios del franquismo y del falangismo continuó prácticamente hasta 1978 en que la asignatura fue suprimida por Manuel Clavero Arévalo, ministro de Educación del gobierno centrista de Adolfo Suárez.

VI.-LOS CONTENIDOS

            ¿Y qué se enseñaba en la asignatura?, pues la visión que el régimen siempre tuvo de España, usando a cada paso frases del propio fundador de la Falange José Antonio Primo de Ribera. Una de las bases ideológicas era que España era “una unidad de destino universal”. En los libros se repite esta idea una y otra vez. El destino de España que no es otro que difundir sus valores y su catolicismo al resto del mundo. Y ese cometido divino sólo lo puede llevara efecto si toda España se mantenía unida. Unidad, patria y bandera eran los pilares básicos del régimen. La ideología de la F.E.N. tenía unos pilares muy claro que eran Patria, Dios y Familia. La familia se reconocía como el motor de la sociedad, un vínculo sagrado de amor.

 

A.-PATRIA Y UNIDAD

          Los falangistas entendían la patria hispana no como un territorio, ni un agregado de hombres y mujeres; España era ante todo una unidad de destino, una realidad histórica, un país llamado a cumplir misiones universales. Se enaltece el concepto sagrado de la Patria. Los falangistas entendían España como el bien supremo, por encima de los individuos y de las libertades individuales. El propio fundador de la falange lo había dicho con claridad:

Nosotros no queremos que triunfe un partido ni una clase sobre los demás; queremos que triunfe España, como una unidad con una empresa futura que realizar en la que se fundan todas las voluntades individuales (Capmany, 1969: 13).

 

El régimen franquista asumió en los primeros años prácticamente todo el ideario falangista. De ahí que el concepto de la Patria española lo tomasen íntegramente del pensamiento de José Antonio. Por tanto, en la España franquista lo más importante no serían las personas sino la Patria y, con ella, su símbolo, la bandera. Mendoza Guinea definía la Patria de forma pintoresca:

La Patria no es la tierra, ni la raza, ni el idioma: la Patria es una unidad de destino en lo universal... La Patria lo es todo y los intereses individuales de los españoles debían subordinarse al interés general de la Patria (1957: I, 11).

 

 

Algo más extenso, aunque no con menos erudición, se mostró José María Poveda Ariño al explicar el concepto en los siguientes términos:

Es una síntesis de vidas, de afanes, de ilusiones, donde unos hombres, desde hace muchos siglos, se vienen empeñando en un estilo común y unos fundamentales modos de acuerdo. España es la patria común de todos los españoles y representa la más alta unidad de convivencia. Con no poco esfuerzo Franco ha conseguido devolver a los españoles “la conciencia de su misión histórica. España es la nación más antigua de Europa sin la unidad, la reserva espiritual que España puede ofrecer al desquiciado mundo actual se perdería”. La unidad es la grandeza indispensable de la patria (1968: 165-168).

 

¿Y quiénes podían pertenecer a la grandísima Patria Hispana?, pues, según Sánchez Rodrigo, se pertenecía a ella por religión, cultura, raza, lengua, historia y aspiraciones (1965, 18). Después de Dios, el gran amor de los españoles debía ser la Patria y para ello utilizaban una frase de San Agustín:

Ama a tu prójimo, y más que a tu prójimo a tus padres, y más que a tus padres a tu Patria, y más que a tu Patria a Dios…(Ibídem: 40).

 

En cuanto al símbolo, la bandera, es descrita con las siguientes palabras:

El símbolo de la Patria es su bandera, la bandera roja y gualda que tiene España desde 1785 (salvo los años de la II República). Desde el 27 de febrero de 1937 el himno oficial de España fue declarado por Franco, es la antigua Marcha Granadera (Mendoza Guinea, 1957: I, 26).

 

El escudo integraba a Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada. El Águila es de San Juan el Tetramorfo y significa el dominio y catolicidad de la España Imperial (Márquez, 1940: 22).

Por supuesto, un tema importante que recalcan los manuales de la F.E.N. es la identificación de la Patria, es decir, del estado con la Nación. Nación y Patria se utilizan de manera sinónima. Se niegan todos los nacionalismos. España es un Estado uninacional, un ente indisoluble, en definitiva, una unidad de destino en los Universal, como dijera José Antonio (Díaz Guerra, 1971: 54). Para los falangistas, el separatismo ignora u olvida la realidad de España, es decir, desconoce que España es, sobre todo, una gran unidad de destino. Los separatistas se fijan en si hablan lengua propia, en si tienen características raciales propias, en si su comarca presenta clima propio o especial fisonomía topográfica. Pero una nación no es una lengua, ni una raza, ni un territorio. Es una unidad de destino en lo universal. Esa unidad de destino se llamó y se llama España. Bajo el signo de España cumplieron su destino los pueblos que la integran. Nada puede justificar que esa magnífica unidad, creadora de un mundo, se rompa.

Insisten los manuales en destacar y elogiar el centralismo, no escatimando alabanzas a la capital de la Patria. Gonzalo Torrente Ballester la describió, citando a Pedro Laín Entralgo con las siguientes palabras:

Madrid, actualidad y recuerdo de España. Madrid, también, compendio, espejo, símbolo de España. Lo sentiréis en lo más vivo de vuestra alma –con honda claridad, con casi tangible delicadeza- si os decidís a una mínima excursión urbana…(1966: 60).

 

Por todo ello, solo se permitiría el regionalismo, con un contenido exclusivamente administrativo, no político. En este sentido Antonio Floriano Cumbreño escribió que el regionalismo puede ser positivo siempre que no sufra corrupciones, ni incurra en exageraciones negativas de la unidad de la Patria (1944: 19). En ese mismo sentido Agustín Serrano de Haro escribió:

 

El regionalismo egoísta es odioso y estéril, el regionalismo benévolo y fraternal puede ser un gran elemento de progreso y quizá la única salvación de España (1964: 82).

 

En los manuales se aprecia un miedo atroz a los separatismos, quizás debido ala experiencia disgregadora de la II República. Gaspar Gómez La Serna en su libro Cartas a mi hijo, le dice en una de esas misivas:

 

No debes olvidar cuán alto fue el precio que España tuvo que ir pagando, año tras año, siglo tras siglo, por su unidad (1967: 71).

 

          Todos los manuales se encargan de recalcar esta idea de la unidad de España que debe primar por encima de todas las cosas. Objetivo fundamental sin el cual no existiría la Patria. Y van más allá, pues reiteradamente se incluye en todos los libros de la F.E.N. la reivindicación de Gibraltar como parte integrante de España. Franco ha manifestado en varias ocasiones, escribía Mendoza Guinea, que no podemos ser amigos de Inglaterra hasta que no devuelva Gibraltar el puñal que todo español lleva clavado en el corazón, como dijo Ruiz de Alda (1957: I, 64). Gómez La Serna en una de las Cartas a su hijo le escribe: Dios conceda a tu tiempo, hijo mío, la fortuna de su recuperación (1967: 156). También se añora Portugal que, en palabras de Agustín Serrano de Haro, era la nación más hermana de España (1964: 56). Mantiene la esperanza de una reunificación, pues de hecho la desunión fue tan nefasta en la Historia de España que retrasó la Reconquista durante siglos (Ibídem: 54).

 

B.-LA AUTORIDAD

El concepto del respeto a la autoridad era un aspecto peliagudo que todos los escritores de la F.E.N. se vieron obligados a tratar. Para justificar lo injustificable lo mismo echan mano de referencias a San Pablo como citan a Juan Benigno Bossuet y las tesis cesaristas del siglo XVII o a Osward Spengler. El placentino Sánchez-Rodrigo explicaba que la autoridad emanaba de Dios, pues era Él el que concedía el mando a los hombres. Ir contra la autoridad es, por tanto, atentar contra Dios (1965: 26). El jesuita Gabino Márquez alude utiliza citas bíblicas para afianzar su idea del origen divino del poder. Cita nada menos que a San Pedro, quien decía que sólo había una causa justificada de desobediencia civil, cuando el gobernante lo hacía contra la ley de Dios, porque primero hemos de respetar a Dios que a los hombres (Márquez, 1940: 17).Y a una epístola de San Pablo a los Romanos alude Eugenio de Bustos con el mismo objetivo de recalcar el carácter divino de la autoridad:

Todos habéis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas, de suerte que quien resiste a la autoridad, resiste a la disposición de Dios. (1965: 77)

 

Más sorprendente es que personas de la talla intelectual de Gonzalo Torrente Ballester hablara de la necesidad de una autoridad fuerte, pues sin ella, lo que queda es una colección de cabezas que no pueden valerse ante lo imprevisto (1966: 106-107). Por su parte Poveda Ariño defendía abiertamente que la legitimación de la autoridad no venía dada por unos simples votos sino por la consecución del bien común de los ciudadanos (1968: 22). Por ello, consideraba la autoridad de Franco legitimísima. El mismísimo Caudillo, Francisco Franco se consideró a sí mismo un elegido por Dios para guiar los destinos de la Patria. No en vano, al día siguiente del gran desfile de la Victoria, en la iglesia de las Salesas de Madrid, el Caudillo declaró:

Señor: acepta complacido el esfuerzo de este pueblo siempre tuyo, que conmigo y por tu nombre ha vencido con heroísmo al enemigo de la verdad de este siglo. Señor Dios, en cuya mano está todo derecho y todo poder, préstame tu asistencia para conducir este pueblo a la plena libertad de Imperio, para gloria tuya y de tu Iglesia. Señor, que todos los hombres conozcan que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Cit. en Serrano, 1964: 179).

Las obligaciones de todo ciudadano español serán las siguientes:

 

1.-Ser patriotas, leales al Jefe del Estado, y obedecer las leyes.

2.-Formarse para desempeñar un trabajo útil en la sociedad.

3.-Contribuir a los gastos de la comunidad nacional. Es decir pagar impuestos.

4.-Servir a la patria con las armas. (Díaz Guerra, : 63-64).

 

 

Dentro de la autoridad hay un elemento muy interesante. En el escalafón inferior de la cadena de mando se coloca al maestro. Se alaba su figura y se destaca su autoridad, pues, lo consideran eruditamente una de las más altas encarnaciones humanas de la autoridad (Poveda Ariño, 1968: 27). En cuanto a la actividad de la enseñanza se estima que es una de las más nobles actividades humanas. Por todo ello, el maestro merecía todo el respeto y admiración, por el papel tan crucial que juega en la sociedad (Ibídem: 28). Según escribió Jiménez Villalba, el respeto consistía en el reconocimiento de la superioridad que su saber, edad y experiencia y por su jerarquía dentro del colegio y de la clase. Este respeto a la superioridad de nuestros profesores se manifiesta a través del acatamiento, reconocimiento, generosidad y servicio (Jiménez Villalba, 1969 : 93).

La autoridad en las aulas se completaba con el ideal falangista de que el mejor servicio que los jóvenes podían prestar a la Patria era el de estudiar. Según los escritores de la F.E.N., se trataba de ofrecer a la Patria algo digno de ella. El estudio se concibe como un servicio. El servicio que la Patria le pide a los jóvenes es estudio y esfuerzo por aprender. Si aun así había problemas de disciplina, las formas de corregirlos estaban clarísimas. El jesuita Ramón Ruiz, en 1911, afirma que la pedagogía más adecuada dentro del aula siempre ha sido la mano dura. Y para demostrarlo cita el Libro de los Proverbios:

El que ama a su hijo, le azota asiduamente, para que se alegre cuando fuere mayor, y no ande mendigando por las puertas de los vecinos.

 

          Esta pedagogía del castigo físico se mantuvo en la escuela española hasta la etapa final de la época de Franco, es decir, hasta los años setenta.

 

C.-PARTIDOS POLÍTICOS, SINDICATOS Y TRABAJO

La F.E.N. parte de la crítica a los partidos políticos de acuerdo con los principios falangistas. Para estos, el Estado no pueda nunca ser de un partido, mientras que el régimen parlamentario es toda una falsa. En el Parlamento unos cuantos señores dicen representar a quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen nada de común con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni de los mismos municipios, ni del mismo gremio. Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres años en unas urnas, son la única relación entre el pueblo y los que dicen representarle. Obviamente los partidos políticos no tuvieron cabida en la España franquista. Llama la atención las palabras de Manuel Fraga Iribarne sobre los partidos políticos:

Estos partidos subrayan las diferencias de clase, como ocurre con los partidos socialistas, o bien se apoyan en diferencias regionales, como ocurre con los demócratas norteamericanos, cuya trinchera es el sólido sur… En países de temperamento fuerte, son un camino seguro hacia la violencia, cuando no la guerra civil (1969: 36).

 

            En esta cuestión no hacían más que seguir el ideario de José Antonio. Para el fundador de la Falange Española urgía construir una nueva sociedad sobre la libertad democrática y la justicia social pero superando la lacra de los partidos políticos (23). Sus palabras son bien elocuentes:

Entendemos por democratización la creciente participación del pueblo en las responsabilidades políticas conducentes a una situación de autogobierno, de representación y de conciencia civil. Solo puede llegar a la democracia España no por la lacra de los partidos sino por un sistema orgánico cuya base sea la familia y se extienda al municipio, los sindicatos y las Cortes generales (El ideal de José Antonio, : 24).

 

Se elogia el sindicato vertical español en el se reunían todos los que trabajaban en una misma rama de producción, sintiéndose como hermanados (Sánchez-Rodrigo, 1965: 17). Los escritores califican este modelo de sindicato vertical como el mejor porque defendía la paz social y no la confrontación entre obreros y patronos. La función de los sindicatos quedó perfectamente definida en el Fuero del Trabajo y en la Ley de Bases de la Organización Sindical. Se basa en el fin supremo de la justicia social, desmarcándose así tanto del capitalismo liberal como del materialismo marxista (155). Sus objetivos:

1.-La conciliación de los conflictos individuales de trabajo.

2.-Establecer la disciplina social de los productores sobre los principios de unidad y cooperación.

3.-Reglamentar el trabajo

4.-Ayudar a la solución del paro obrero (Poveda Ariño, : 156).

 

           A diferencia de lo que había ocurrido durante la Edad Moderna española, el régimen franquista santifica el trabajo. La pereza iba contra Dios, porque éste condenó al ser humano a trabajar: ganarás el pan con el sudor de tu frente (Sánchez- Rodrigo, 1965: 35). En el Fuero del Trabajo, expedido el 9 de marzo de 1938 se calificó el trabajo como uno de los más nobles atributos de jerarquía y honor. Por ello, el estado franquista valoraba el trabajo como la más noble de las virtudes cristianas y humanas. Todos los españoles tenían el derecho y la obligación de trabajar para contribuir a la grandeza de la Patria. Por todo ello, los perezosos no sólo ofenden al Estado sino también a Dios

 

D.-EL HOMBRE IBÉRICO

En la F.E.N., siguiendo las ideas de José Antonio se ensalza al hombre Ibérico, al español. Como si perteneciesen a una raza especial, diferente a las del resto de Europa. Ellos insisten en que no son racistas, pero se empeñan en destacar las virtudes propias, frente a los demás. En este sentido José María Mendoza Guinea escribió lo siguiente:

 

Desde la antigüedad son numerosos los testimonios que señalan cómo el español tiene el cuerpo predispuesto a la abstinencia y el trabajo, lo que hacen de él un ser resistente a la fatiga física y a la incitación de los placeres de la vida (1957: V, 74).

 

Eugenio de Bustos también insiste en la particular y sufrida raza ibérica, que on una religión y una lengua común, forman la Patria hispana. Obviamente, todos estos escritores de la F.E.N. aluden a una raza ibérica que no existe más que en su imaginación, exactamente igual que cuando Adolf Hitler hablaba de la raza aria.

Tradicionalmente la historiografía sostuvo la idea de que España nunca practicó el racismo. El falangismo y el franquismo negaron siempre cualquier atisbo de racismo en toda la historia de España. Y presentaban como pruebas irrefutables de ello el mestizaje en Hispanoamérica y el hecho de que en la España del siglo XX no hubiese habido brotes racistas contra los negros. Muy ingenioso el razonamiento, sobre todo teniendo en cuenta que, en esos momentos, el porcentaje de personas de color que vivían en España era prácticamente inapreciable. En cuanto al mestizaje fue más bien fruto de la escasez de mujeres en los primeros años. Pero los españoles preferían desposarse con una española y después amancebarse con las indígenas. La mayor parte de los mestizos nacieron fuera del matrimonio, aunque en no pocos casos el padre finalmente los legitimara. Asimismo, se ha destacado el heroico carácter español, predispuesto a la sobriedad, al trabajo y al sacrificio como ningún otro pueblo de Europa. Sin saberlo, la autoafirmación de uno mismo se hacía sobre la negación del otro. Actualmente, algunos estudios como los de Benzion Netanyahu o Christiane Stallaert, confirman sin lugar a dudas que el casticismo religioso implicaba también cierta forma de racismo.

 

E.-LA LIBERTAD

          También en lo referente a la libertad los escritores de la F.E.N. seguirán a pies juntillas el pensamiento de José Antonio quien había defendido la libertad, sin liberalismo, y la justicia social sin marxismo. El liberalismo era muy temido, pues, según el jesuita Gabino Márquez, el liberalismo era un error condenado por la Iglesia, y que además había provocado la ruina de la Patria (1940: 24).

Prácticamente todos los manuales de la F.E.N se hacen eco de este concepto supremo que es la libertad. Nadie en sus cabales podía negarla o minusvalorarla. Por ello, la defienden pero, modificando sustancialmente el sentido de la misma y poniéndole múltiples condicionantes físicos, sociales y morales. Citando a José Antonio, defienden que la libertad es un valor eterno e intangible, pero tiene dos límites inexcusables: Uno, el respeto a la libertad de los demás, y otro, la subordinación al bien común (Poveda Ariño, : 36-43). Lo primero, es evidente y totalmente actual, pues se recoge en cualquier manual actual de Educación para la Ciudadanía o de Ética. Y tienen razón los escritores de la F.E.N. cuando afirman que el hombre no es un animal enteramente libre, sino que se limita a cumplir sus instintos y a hacer lo que puede hacer. La segunda limitación, sí que es absolutamente discutible. Se trata de la vieja idea fascista de que el bien común y la patria están por encima del interés individual.

Otro escritor de la F.E.N., Marino Díaz Guerra va más directamente al grano. En su opinión las ideas pueden expresarse libremente, aunque sin atentar a los principios fundamentales del Estado, es decir, a los Principios del Movimiento (: 59). Cinismo absoluto, pues, propone a la par que ensalza la libertad como un bien supremo, después la coarta gravemente, pues ni existía esa libertad para atacar el poder de Franco, ni al régimen político vigente, ni a la iglesia católica. En tres palabras, libertad sin libertad.

             Gonzalo Torrente Ballester por su parte advertía del peligro de abusar de la libertad porque, en esos casos, el hombre se entrega a sus instintos, rebaja su condición humana y comete desafueros, crímenes y maldades (1966: 217). Y al abusar de la libertad, sigue Torrente Ballester, directamente renunciamos a ella. Mucho más importante que la libertad, para él era el valor y la dignidad ante la muerte, de lo que pone como ejemplo, el testamento político de José Antonio, dado en Alicante el 18 de noviembre de 1936. Condenado a muerte, la acepta sin jactancia pero sin protestar, acogiéndose a la misericordia divina. Estos son los valores que defiende la F.E.N. y el ideal falangista frente a esos valores sagrados de la democracia que son la libertad y el derecho a la vida.

Entre los derechos fundamentales que gozaban todos los ciudadanos era el del derecho a la propiedad privada, algo que se consideraba inalienable a cualquier nación. Y ello, se justifica por la función eminentemente social que la propiedad tenía. En ello, aluden a la doctrina de la Iglesia Católica, según la cual, los ricos son los administradores de los bienes de los pobres (Poveda Ariño, 1968: 100). El límite inferior del patrimonio individual será lo indispensable para vivir, el superior lo marca la transformación de su exceso en propiedad.

En cuanto a las obligaciones de todo ciudadano español, se citan por este orden las siguientes:

 

 

-Ser patriotas, leales al Jefe del Estado, y obedecer las leyes.

-Formarse para desempeñar un trabajo útil en la sociedad.

-Contribuir a los gastos de la comunidad nacional. Es decir pagar impuestos.

-Y servir a la patria con las armas (Díaz Guerra, : 63-64).

 

F.-LA FAMILIA

La familia es otro de los pilares básicos del régimen, el escalón inferior y fundamental de cualquier comunidad. Siguiendo la doctrina de la Iglesia Católica se defiende la familia como fuente de vida, maestra y educadora del hombre, directamente querida por la naturaleza y elevada por Jesucristo, mediante el sacramento del Matrimonio, al orden sobrenatural (Poveda Ariño, 1969: 144). El núcleo de la familia estaría formado por los padres –necesariamente un hombre y una mujer- y sus hijos una institución natural creada por Dios en la que conviven padres e hijos. El fin último del matrimonio es la procreación de los hijos, su mantenimiento y su educación. Por tanto, estos deben respetar a sus progenitores, quienes le dieron todo lo que tienen o son en la vida (Sánchez Rodrigo, 1965: 12).

El matrimonio es una institución creada por Dios y por tanto es sagrada e indisoluble. Este carácter indisoluble formaba parte del ideario de falange y posteriormente pasó a los Derechos y Deberes de los españoles. José Antonio escribió en este sentido:

En España no puede haber divorcios porque la religión católica no los admite y todo el mundo está casado por el rito católico. El divorcio es la salida vergonzosa de un fracaso. El falangista lo entiende o como maravilla gloriosa o como un fracaso sufrido en severo silencio (Primo de Rivera, :II, 723).

 

El matrimonio se entendía, pues, como la única forma de crear una conciencia responsable a los progenitores. Por ello, el Estado no podía admitir ni la poligamia, ni el divorcio, porque resta solidez a la familia, institución sagrada del Estado. Según Mendoza Guinea el divorcio es origen de toda clase de trastornos, tanto espirituales como materiales, que repercuten desfavorablemente en la educación y el porvenir de los hijos (1957: V, 98).

Cuanto nos suena esto a los postulados que una parte de la sociedad española todavía defiende. Pero, ¿Quién detenta el poder dentro de la familia?, el padre y en su defecto la madre (Mendoza Guinea, 1957: V, 145; Poveda Ariño, 1968: 145). Los fines primordiales de la familia, según Jaime Capmany, serían el amor entre los esposos, la conservación de la especie, la reproducción y la educación de los hijos (1969: 32).

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G.-EL ODIO AL COMUNISMO

           Otra de las constantes en la F.E.N. era el odio acendrado a la izquierda, tanto a socialistas como a comunistas, así como a los antisistema, especialmente los anarquistas. A los comunistas se le atribuyen los peores calificativos: rojos, canallas, inmorales, ateos, perezosos, etc. El jesuita Gabino Márquez Alabar a Franco por habernos librado de la canalla comunista y aboga por mantener una España libre de ellos (Márquez, 1949: 13). Todos ellos son los verdaderos enemigos del Estado porque procuran destruir lo existente para levantar sobre sus escombros el Estado Comunista (Ibídem: 18). Y lo peor de todo atacan a la Iglesia, a Dios y a la moralidad Católica.

 

H.-LA CONFESIONALIDAD

        Durante el franquismo, España se convirtió en un Estado confesional, y en ello insisten reiteradamente los escritores del Frente de Juventudes. El ideal cristiano se convirtió en uno de los pivotes del Régimen, pues partían de la premisa falangista de que España era un país que solo se movía por ideales (Floriano Cumbreño, 1944: 132). El catolicismo era uno de los signos de identidad de la patria hispana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional (Díaz Guerra, 1971: 54). Y ello desde que los visigodos en el Concilio de Toledo del año 589 se convirtieran al catolicismo, abandonando la herejía arriana (Serrano de Haro, 1964: 41).

Solo se permitiría un ideario religioso: el católico, sencillamente porque ha sido nuestra única religión desde Recadero y ha condicionado nuestra forma de ser, nuestros hábitos y nuestras costumbres.

 

I.-OTROS TEMAS TRATADOS POR LA F.E.N.

          No todos los temas tratados en estos manuales eran políticos. También se trataban asuntos económicos, sociales y culturales. Económicamente se defendía, siguiendo las directrices del Régimen el proteccionismo y la autarquía, como medio de no tener que depender de nadie. Se pretendía evitar así el boicot de los demás países de Europa al proyecto de Franco, primero de signo falangista y después plenamente autoritario. Nadie debía interponerse en el fin imperial y espiritual de la Patria hispana. Por ello, se animaba desde pequeños a los niños a consumir productos españoles frente a los extranjeros (Floriano Cumbreño, 1944: 132).

Curiosamente, también encontramos temas de educación vial, similares a los que actualmente podemos encontrar en muchos manuales de Educación para la Ciudadanía. En el libro del placentino Sánchez –Rodrigo (1965) se incluye todo un decálogo sobre la educación vial. No dejan de ser curiosos los diez mandamientos del buen peatón:

 

-Camina siempre por la acera.

-Cruza la calle por los pasos de peatones.

-Está atento a las indicaciones del guardia de circulación.

-Pasa sólo con la luz verde del semáforo.

-No atravieses la calle distraído, ni llames la atención del amigo que la está atravesando.

-Cruza por las esquinas o bocacalles si no hay guardia ni paso de peatones.

-Primero mirar, después cruzar.

-Cruza de frente y rápido, no en diagonal, ni corriendo.

-No cruces por delante del vehículo parado al borde de la acera; hazlo por detrás.

-En carretera marcha siempre por su borde izquierdo.

 

VI. EXTREMADURA EN LOS LIBROS DE LA F.E.N.

José María Mendoza Guinea en el manual de la F.E.N. del segundo curso de bachillerato hacía un recorrido por la geografía Española. En la unidad de Extremadura, se describe la región y su pobre situación socio-económica, destacando la importancia que tiene el plan Badajoz para el futuro de la región. Entre los extremeños famosos sólo cita a los conquistadores: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, Pedro de Valdivia, Francisco de Orellana- citado por error como Francisco Avellana- natural de Trujillo y explorador del Amazonas, y Pedro de Alvarado7. La economía era básicamente ganadera y agrícola, lamentándose de la falta de agua que perjudica seriamente la cosecha. La gente emigra en busca de trabajo. El extremeño es definido como sobrio, sufrido y trabajador. El Plan Badajoz se plantea como la panacea para solucionar los problemas de la región. Asimismo, se planeta la necesidad de implantar industrias de transformación de los productos agrarios para procurar su desarrollo.

Por desgracia la dictadura franquista tampoco redimió a Extremadura de su secular pobreza extrema. La postguerra fue especialmente dura en la región y el desarrollismo franquista lejos de llegar a la región lo que provocó fue la emigración de cientos de extremeños a otras regiones de España. El Plan Badajoz, con ser un avance, fue claramente insuficiente dada las carencias crónicas que padecía la región desde hacía siglos.

           Tras la guerra que desgarró España comenzó la reconstrucción en medio de la más absoluta penuria económica. Por ello, la postguerra fue en algunos aspectos más dramática y dura que la propia Guerra Civil. Se devolvieron las tierras a sus antiguos dueños y se abolieron todas las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores durante la República.

          La década de los 40 se conoció como los años del hambre, provocada por la estructura de la propiedad, las malas cosechas y el aislamiento internacional. La agricultura continuó siendo la base de la economía. Aunque se roturaron tierras, la productividad continuó siendo muy baja por la escasa mecanización.

          En el medio rural el nivel de vida fue aún más precario que en la ciudad, sin infraestructuras, sin apenas servicios municipales y sin una asistencia sanitaria adecuada. La beneficencia para paliar el hambre continuó de la mano de la iglesia y de los ayuntamientos.

Casi un millón de extremeños se vio obligado a abandonar su tierra natal a lo largo del siglo XX. Un fenómeno que se vio acentuado a partir de la década de los sesenta debido al fuerte crecimiento de la población y a la imposibilidad de encontrar trabajo en la región. Entre 1950 y 1977 salieron de Extremadura 645.000 habitantes, es decir, el 45% de su población a mediados de siglo. La mayor parte de ellos tenía entre 20 y 40 años. Este éxodo de miles de jóvenes contribuyó al desarrollo de otras regiones a la par que se perpetuó por más tiempo la pobreza y el subdesarrollo en nuestra Comunidad.

Muchos de ellos emigraron a otras regiones peninsulares, pues de hecho, todavía en 1987 729.532 extremeños vivían en distintas Comunidades Autónomas españolas, la mayoría en Madrid, Cataluña y el País Vasco por este orden. Sin embargo, otros muchos tuvieron que marchar a otros países europeos, sobre todo a Francia, Alemania, Suiza, Holanda y Bélgica. Esto provocó un estancamiento de la población que todavía en el 2006 era inferior a la que tenía la región en 1930.

          La iniciativa más importante que desarrolló el franquismo en Extremadura fue sin duda el Plan Badajoz, aprobado el 7 de abril de 1952. Lo llevaría a cabo el Instituto Nacional de Colonización y consistió básicamente en desarrollar la agricultura de regadío, utilizando el agua del Guadiana. A partir de ahí pretendía introducir industrias de transformación de esos productos primarios, es decir, semilleros, mataderos, fábricas de abonos, etc. Y todo ello para conseguir el fin último que era asentar a cientos de colonos que vivían en condiciones precarias. El coste final ascendió a poco más de 7.000 millones de pesetas -unos 42 millones de euros actuales-. Los resultados fueron muy modestos, sobre todo por la dificultad para comercializar los productos y por el exagerado proteccionismo estatal.

         Hubo también un Plan Cáceres pero contó con menos inversión y sus objetivos fueron mucho más modestos. También lo fueron sus resultados, pues, apenas supuso la construcción de algunos embalses y la puesta de algunas tierras en regadío.

          La política de Polos de Desarrollo llevada a cabo por el régimen franquista en los años sesenta dejó fuera a Extremadura. Pese a que en esa época las condiciones socio-económicas mejoraron –reducción del analfabetismo, leve mejora de los salarios, viviendas de protección oficial, etc.-, en general la región mantuvo unas infraestructuras tercermundistas hasta las últimas décadas del siglo XX.

 

VI.-LA LEY GENERAL DE EDUCACIÓN DE 1970 Y EL FIN DE LA F.E.N.

 

La decimonónica ley Moyano permitió que se mantuviesen unas tasas de analfabetismo superiores al 70 por ciento. Uno de los afanes de todos los regímenes españoles del siglo XX era extender la educación a toda la población, reduciendo las tasas de analfabetismo, mediante campañas de alfabetización y creando escuelas suficientes. Ya lo intentó la II República pero no tuvo tiempo de ponerlo en práctica. Nuevamente el régimen franquista se va a plantear este objetivo. Pretendieron conseguir la enseñanza gratuita de todos los niños españoles entre los 6 y los 14 años, incentivando a Formación Profesional y las Enseñanzas Medias. De hecho, en la Declaración IX de la Ley de Principios del Movimiento Nacional se decía:

 

            Todos los españoles tienen derecho a una educación general y profesional que nunca podrá dejar de recibir por falta de medios económicos (Jiménez Villalba, : 81).

 

Desgraciadamente, los propósitos franquistas se quedaron sólo en la intención. Poco se avanzó en la praxis. En 1953 la ley del ministro Ruiz Jiménez descongestionó el programa educativo para dar tiempo al disfrute del deporte y de la familia. Supuso un avance, aunque insuficiente, porque seguía sin escolarizar una parte importante de la juventud.

Tuvieron que pasar más de dos décadas, para que se vieran colmados estos objetivos. Ya desde finales de los sesenta estaban apareciendo voces contestatarias contra el sistema educativo franquista. Juan Moreno, Alfredo Poblador y Dionisio del Río en 1971 publicaron la 4ª edición de una obra en la que entraban a saco con el sistema educativo del Régimen. Le acusa de haber cortado los avances pedagógicos de la escuela republicana, recortando el presupuesto que ésta le asignó y depurando masivamente a los maestros (1971: 517). Además califican a la escuela franquista de ser un remedo o una caricatura de la escuela tradicional (Ibídem). Sorprende que con esos calificativos el libro fuese en 1971 por la cuarta edición. Pero es un signo evidente de que, desde los años sesenta, con el surgimiento de una considerable burguesía urbana de clase media, las cosas estaban empezando a cambiar.

La Ley General de Educación fue publicada en el BOE el 6 de agosto de 1970, firmada por el entonces ministro del ramo José Luis Villar Palasín. Supuso un verdadero hito en la historia de la educación española, aunque en realidad no hacía más que retomar los viejos principios de universalidad y de democracia de la enseñanza proclamados en la II República. De hecho, la ley de 1970 inició un proceso democratizador de la escuela. Se hizo obligatoria la enseñanza hasta los 14 años, y además se aplicó por lo que, por primera vez, en la historia de España, la educación tendía a ser universalista. Es decir, intentaba ser una escuela para todos. Asimismo, por primera vez se intentaba romper con la escuela monolítica y confesional con una educación pluralista y aconfesional. Se permitiría una enseñanza privada y concertada para aquellas personas que continuasen deseando una enseñanza confesional. Ahora bien, Franco seguía vivo y la mano del Movimiento seguía estando muy presente. En el título preliminar se especifican los fines de la educación, siendo el primero de ellos el siguiente:

 

La formación integral, el desarrollo armónico de la personalidad y la preparación para el ejercicio responsable de la libertad, inspirados en el concepto cristiano de la vida, y en la tradición y cultura patrias; la integración y promoción social y el fenómeno del espíritu de convivencia; todo ello de conformidad con lo establecido en las Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino.

 

            En 1990 fue otro de los grandes hitos con la aparición de la LOGSE, la Ley Orgánica General del Sistema Educativo. Esta ley organiza la educación en infantil, primaria y secundaria. Fue aprobada por las Cortes, cuando el PSOE contaba con mayoría absoluta. Trataba de responder a la nueva realidad de España, que ha dejado de ser una e indivisa y se ha convertido en la España de las autonomías. Se amplía la escolaridad obligatoria y gratuita hasta los 16 años. La enseñanza se concibe en función de las capacidades del alumnado y se potencia el igualitarismo académico.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

A.-MANUALES DE LA F.E.N. O AFINES

 

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APÉNDICE I

APÉNDICE III

            Síntesis de la vida de José Antonio Primo de Rivera.

 

José Antonio Primo de Rivera, nacido el 24 de Abril de 1903 en Madrid, era hijo de Don Miguel Primo de Rivera, heredando el título de marqués de Estella. Estudió en la Facultad de Derecho de Madrid. Su vida está influenciada por las vicisitudes del Gobierno de su padre Don Miguel Primo de Rivera, sobre todo por su dimisión y los acontecimientos que la acompañaron.
El 2 de Mayo de 1930 acepta el cargo de vicesecretario general de Unión Monárquica, con el propósito de reivindicar la memoria de su padre. Se presenta a las elecciones de 1931, pero es derrotado por su contrincante conservador Bartolomé Cossío.
En 1932 es detenido por colaborar con la sublevación de Sanjurjo. Posteriormente, y junto al aviador Ruiz de Alda, crea el Movimiento Sindicalista Español, que sería el embrión de Falange Española.
          El 29 de octubre de 1933 celebra el acto fundacional de Falange, en el teatro de la Comedia de Madrid. Es elegido candidato por Cádiz y el 13 de febrero de 1934 se unifica con el grupo de Ramiro de Ledesma bajo el nombre de Falange Española de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), desarrollando una brillante labor parlamentaria, interviniendo en los grandes debates y pronunciando entre otros un documentadísimo discurso en contra de la Ley Agraria que desde el poder intentan realizar las derechas. A lo largo de 1934 se suceden los enfrentamientos entre izquierdistas y falangistas, siendo acusado en el parlamento de posesión ilícita de armas. La primera referencia a la necesidad de un himno para la Falange data del 17 de noviembre de 1935, cuando a la finalización del mitin del Cine Madrid, al que acudieron unos 12.000 falangistas, Bravo le comentó a José Antonio la necesidad de un himno que se pudiera cantar al final de tales actos.
          Así, al poco tiempo, tras asistir al estreno de la película ‘La Bandera’, en casa de María Jesús Mora y en compañía de Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro y Dionisio Ridruejo, José Antonio los citó para el día siguiente en la cueva del Orkompon, con la ya famosa frase: ’si falta alguno, mandaré que se le administre ricino. Al día siguiente, 3 de diciembre, se reúne la escuadra de poetas compuesta por el propio José Antonio, José María Alfaro, Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Pedro Mourlane Michelarena, Jacinto Miquelarena, Rafael Sánchez Mazas y el Marqués de Bolarque, junto al maestro Juan Tellería, autor de la música y al que apodaban el músico.
          El propio José Antonio marcaría las pautas, diciendo: ’nuestro himno debe ser una canción alegre, exenta de odio, pero a la vez de guerra y amor. Haremos una estrofa a la novia, después una alusión a la guardia eterna en las estrellas, y luego otra a la victoria y la paz’. Dando ejemplo, el Jefe ya llevaba dos versos compuestos, los que dicen: ’traerán prendidas cinco rosas, las flechas de mi haz’. Tras horas de trabajo, todos brindaron con unas copas de Jerez por el nacimiento del Himno de Falange Española, conocido desde entonces como ’Cara al Sol’, que fue cantado oficialmente en el Mitin del Cine Europa de Madrid, el 2 de febrero de 1936.
En 1935 Ramiro Ledesma había abandonado falange. Convocadas elecciones generales para febrero de 1936, se dislumbra el desastre. Falange se presenta en solitario, sin conseguir representación parlamentaria. Las elecciones las gana el Frente Popular, aunque la fiabilidad de las elecciones estuviera en entredicho debido a las incontables ilegalidades que se produjeron. La mecha de la guerra civil estaba encendida.
          Falange Española de las JONS es declarada organización ilegal, y sus dirigentes son detenidos y encarcelados en la Prisión Modelo de Madrid, lo que no sería obstáculo para que José Antonio siguiera dirigiendo el movimiento desde la cárcel. El gobierno no para de presentar cargos contra él, y el 5 de junio de 1936 es trasladado a la cárcel de Alicante, donde escribiría su manifiesto político en el que reitera su aspiración de Gobierno Nacional desde una perspectiva democrática.
          Una vez conoce los planes de sublevación de los militares, y aunque sin llegar a aceptarlo, da libertad a sus seguidores para unirse a la rebelión. A pesar de los intentos de salvarle por parte del Bando Nacional, como sobornos a autoridades locales, canje de prisioneros, e incluso el movimiento de una columna de jóvenes falangistas alicantinos (que fueron neutralizados por la Guardia de Asalto y destruidos), José Antonio es juzgado.
          El 17 de Noviembre de 1936 José Antonio es juzgado por rebelión militar, asumiendo él mismo su propia defensa, la de su hermano Miguel y la esposa de éste, Margarita Larios.
Su actuación es cálida y brillante. Un diario izquierdista Alicantino escribía el día siguiente: "Gesto, voz y palabra se funden en una obra maestra de la oratoria forense, que el público escucha con recogimiento, atención y evidentes signos de interés."
A pesar de su elocuencia, los acusados son condenados a muerte, pero José Antonio caballerosamente apeló en favor de su hermano y mujer, por lo que la pena fue cambiada por reclusión.
          José Antonio era fusilado la mañana del 20 de Noviembre en el patio de la cárcel de Alicante, junto a otros cuatro jóvenes del pueblo alicantino de Novelda. Su última voluntad fue que limpiaran el patio de la cárcel para que su hermano Miguel no tuviera que pisar su sangre. Sus restos mortales yacen en la actualidad en el Valle de Los Caídos de Madrid.

 

APÉNDICE II

Ley de Principios del Movimiento Nacional, Madrid, 17 de mayo de 1958

 

“Yo Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España. Consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, en presencia de las Cortés del Reino, promulgo como Principios del Movimiento Nacional, entendido como comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada, lo siguiente:

 

I.-España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.

II.-La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera, y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspira su legislación.

III.-España, raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indisolublemente hermanada, aspira a la instauración de la justicia y de la paz entre las naciones.

IV.-La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional. Los ejércitos de España, garantía de su seguridad y expresión de las virtudes heroicas de nuestro pueblo, deberán poseer la fortaleza necesaria para el mejor servicio de la Patria.

V.-La comunidad nacional se funda en el hombre, como portador de valores eternos, y en la familia, como base de la vida social; pero los intereses individuales y colectivos han de estar subordinados siempre al bien común de la Nación, constituida por las generaciones pasadas, presentes y futuras. La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles.

VI.-Las entidades naturales de la vida social: familia, municipio y sindicato, son estructuras básicas de la comunidad nacional. Las instituciones y corporaciones de otro carácter que satisfagan exigencias sociales de interés general deberán ser amparadas para que puedan participar eficazmente en el perfeccionamiento de los fines de la comunidad nacional.

VII.-El pueblo español, unido en un orden de Derecho, informado por los postulados de autoridad, libertad y servicio, constituye el Estado nacional. Su forma política es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuantos determinan la Ley de Sucesión y demás leyes Fundamentales, la Monarquía tradicional, católica, social y representativa.

VIII.-El carácter representativo desorden político es principio básico de nuestras instituciones públicas. La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema representativo, será considerada ilegal. Todos los españoles tendrán acceso a los cargos y funciones públicas según su mérito y capacidad.

IX.-Todos los españoles tienen derecho: a una justicia independiente, que será gratuita para aquellos que carezcan de medios económicos; a una educación general y profesional, que nunca podrá dejar de recibirse por falta de medios materiales; a los beneficios de la asistencia y seguridad sociales, y a una equitativa distribución de la renta nacional y de las cargas fiscales. El ideal cristiano de la justicia social, reflejado en el fuero del Trabajo, inspirará la política y las leyes.

X.-Se reconoce al trabajo como origen de jerarquía, deber y honor de los españoles, y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado.

XI.-La Empresa, asociación de hombres y medios ordenados a la promoción, constituye una comunidad de intereses y una unidad de propósitos. Las relaciones entre los elementos de aquélla deben basarse en la justicia y en la recíproca lealtad, y los valores económicos estarán subordinados a los de orden humano y social.

XII.-El Estado procurará por todos los medios a su alcance perfeccionar la salud física y moral de los españoles y asegurarles las más dignas condiciones de trabajo; impulsar el progreso económico de la Nación con la mejora de la agricultura, la multiplicación de las obras de regadío y la reforma social del campo; orientar el más justo empleo y distribución del crédito público; salvaguardar y fomentar la prospección y explotación de las riquezas mineras;L intensificar el proceso de industrialización; patrocinar la investigación científica y favorecer las actividades marítimas, respondiendo a la extensión de nuestra población marinera y a la nuestras ejecutoria naval. En su virtud dispongo:

Artículo primero: los principios contenidos en la presente promulgación, síntesis de los que inspiran las Leyes Fundamentales refrendadas por la Nación en seis de julio de mil novecientos cuarenta y siete son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables.

Artículo segundo: todos los órganos y autoridades vendrán obligados a su más estricta observancia. El juramento que se exige para ser investido de cargos públicos habrá de referirse al texto de estos Principios Fundamentales.

Artículo tercero: serán nulas las leyes y disposiciones de cualquier clase que vulneren o menoscaben los Principios proclamados en la presente Ley Fundamental del Reino.

 

APÉNDICE II

El ideario falangista.

 

“Durante el Primer Consejo Nacional, celebrado en octubre de 1934, se vio la necesidad de concretar la doctrina en unas normas, encargándose de ello un grupo de camaradas bajo la dirección de José Antonio. Para formularla se utilizó la doctrina existente, apareciendo la Norma Programática en el mes de diciembre de 1934. Comprende 27 puntos, de los cuales se suprimió el último al darse el Decreto de Unificación, divididos en seis títulos, que estudiamos a continuación:

 

1.-NACIÓN, UNIDAD, IMPERIO. Comprende los cinco primeros puntos, que comienzan con una profunda afirmación de fe: “creemos en la suprema realidad de España. Fortalecerla, elevarla y engrandecerla es la apremiante tarea colectiva de todos los españoles”. Definen a España como Unidad de Destino en lo Universal, condenando los separatismos y exigiendo que los intereses de grupo y clases se pongan al servicio del destino nacional.

Afirman la voluntad imperial de España, para la que exigen un puesto preeminente en Europa, rechazando el aislamiento internacional y la mediatización extranjera.

Respecto a Hispanoamérica se pide la unificación “de cultura, intereses económicos y de poder”, alegando la condición de eje espiritual del mundo hispánico que tiene España, y que le da título de preeminencia en las empresas universales. Piden la fortaleza para nuestros ejércitos y afirman que España volverá a buscar su gloria y su riqueza por las rutas del mar.

 

2.-ESTADO, INDIVIDUO, LIBERTAD: COMPRENDE LOS PUNTOS, SEIS, SIETE Y OCHO. Definen al Estado como instrumento puesto al servicio de la integridad patria. Los españoles participarán en las tareas estatales a través de las unidades naturales de convivencia: familia, municipio y sindicato, debiendo desparecer los partidos políticos y el sufragio inorgánico.

La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles pero nadie podrá emplear su libertad para atacar la unidad de España, su fortaleza y su libertad.

Se permite la iniciativa privada que sea compatible con el interés general de todos los españoles, protegiendo el Estado las que resulten beneficiosas.

 

3.-ECONOMÍA, TRABAJO Y LUCHA DE CLASES: Comprende los puntos nueve al dieciséis.

 

a.-Economía: en lo económico se concibe a España como un gigantesco sindicato de productores, debiendo organizarse la sociedad mediante los Sindicatos Verticales.

Se repudia el capitalismo, que se desentiende de las necesidades populares, deshumaniza la propiedad y aglomera a los trabajadores en masas informes, propicias a la miseria y a la desesperación.

El sentido espiritual y nacional de la Falange hace rechazar el marxismo. La riqueza nacional se pondrá al servicio del pueblo, mejorando las condiciones de vida de los españoles.

Se reconoce a la propiedad privada como medio lícito que el hombre tiene a su alcance para el cumplimiento de sus fines individuales, familiares y sociales, por lo cual el Estado protegerá contra el abuso del capitalismo, los especuladores y prestamistas. Por último, se defiende la tendencia a la nacionalización de la banca y los grandes servicios públicos (transportes, agua, gas, electricidad, etc).

b.-Lucha de clases: el Estado impedirá las luchas entre las clases por intereses económicos, por considerar que cuantos elementos intervienen en la producción forman una totalidad orgánica. Pretende también incorporar las masas trabajadoras a la gran tarea del Estado nacional.-

c.-El Trabajo: el trabajo es un derecho y un deber de todos los españoles. Por ser un derecho, el estado y las instituciones deben sostener al que se encuentre en paro forzoso. Por ser un deber, no tributará ninguna atención a quienes aspiran a vivir como convidados a costa del esfuerzo de los demás.

d.-La tierra: comprende los puntos del 17 al 22. Comienza afirmando la necesidad de elevar a todo trance el nivel de vida del campo, mediante la realización de la reforma económica y social de la agricultura, señalando la manera de realizarlo en ambos aspectos.

En lo económico, estableciendo un precio mínimo a los productos del campo y el Crédito Agrícola Nacional; capacitando técnicamente al agricultor; racionalizando las unidades de cultivo; acelerando las obras públicas y mejorando las condiciones higiénicas y culturales de los pueblos.

En lo social, instituyendo la propiedad familiar mediante la nueva distribución de la tierra; repoblando los montes con la forzosa movilización temporal de la juventud; expropiando las tierras que se considere necesario y construyendo los patrimonios comunales de los pueblos.

 

5.-EDUCACIÓN NACIONAL, RELIGIÓN: Comprende los puntos 23. 24 y 25. Afirman que es misión esencial del Estado, mediante una disciplina rigurosa de la educación, conseguir un espíritu nacional fuerte y unido e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria. La cultura se organizará de tal manera que cuantos reúnan condiciones intelectuales tengan acceso a los estudios superiores, aunque carezcan de medios económicos.

El Movimiento incorpora el sentido católico –de gloriosa tradición y predominante en España- a la reconstrucción nacional. La iglesia y el Estado fijarán sus relaciones por medio de un Concordato.

 

6.-REVOLUCIÓN NACIONAL: para implantar el orden nuevo que se ha anunciado en los apartados anteriores Falange aspira a realizar la Revolución Nacional que se hará con un estilo directo, ardiente y combativo pues la vida es milicia y ha de vivirse con espíritu acendrado de servicio y de sacrificio.

(Reproducido de la obra MENDOZA GUINEA, José María: Formación del Espíritu Nacional, curso V. Madrid, Editorial Xalco, 1957, Págs. 50-52).

1 Véase en este sentido las clásicas obras de (Anderson, 1983) y de (Ferro, 1987).

2 BOE del 10 de abril de 1944.

3 BOE del 9 de diciembre de 1952.

4 BOE del 19 de enero de 1960 Nº 16, Págs. 720-730.

5 Decreto Nº 193/67. BOE del 2 de febrero de 1967.

6 BOE del 27 de septiembre de 1953.

7 MENDOZA GUINEA: Ob. Cit. (curso II), Págs. 129-137.


ESTEBAN MIRA CABALLOS

HERNÁN CORTÉS: ¿HÉROE O VILLANO?

HERNÁN CORTÉS: ¿HÉROE O VILLANO?

1.-INTRODUCCIÓN

          Durante demasiado tiempo se ha venido sosteniendo que la Conquista fue muy beneficiosa tanto para los europeos como para los indígenas. Para muchos, la América Precolombina era un mundo bárbaro, atrasado y desaprovechado. Ello justificaría el lado positivo delencuentro entre el mundo europeo y el americano. Los españoles se beneficiarían con nuevos vasallos y a cambio los indios recibirían los dones de una civilización superior y de la verdadera religión lo cual les permitiría salvar sus almas. ¿Qué más podían pedir?

          Se trata de planteamientos que se han mantenido casi hasta el siglo XXI pero que a mí me parecen inadmisibles hoy. Estoy totalmente convencido de que el día que el indio descubrió a Colón, fue un mal día para el indio. La desigualdad de los universos que entraron en contacto fue tal que se produjo un cataclismo de dimensiones bíblicas. En este sentido escribió Augusto Roa Bastos:



          Lo que hubo fueron luchas terribles en las que las culturas autóctonas acabaron devastadas y sus portadores sometidos o aniquilados, como ocurre siempre en las guerras de conquista, en los largos y desordenados imperios coloniales.



          La Conquista, como se entendió en el siglo XVI, fue tan provechosa para Europa como cruel, destructiva y asoladora para el mundo indígena. Sus instituciones fueron subyugadas, sus culturas y sus lenguas aniquiladas y a esa diversidad política y cultural se le puso un nombre uniforme: es decir, indio. Este término tiene una indudable carga peyorativa pues los españoles llamaron así a los descendientes de aquellos primitivos pobladores de América, al creer que habían llegado a las Indias. La realidad fue absolutamente simplificada, pues, el indio como se entendió entonces, no era más que una abstracción creada por lo vencedores. No existía una cultura indígena, pues indios eran desde los mansos taínos, hasta los astrónomos incas, pasando por los primitivos otomíes que vivían en cuevas, los salvajes jíbaros, los orfebres chibchas, los indómitos araucanos, los fieros guaraníes o hasta los refinados mexicas, por citar solo algunos.

          ¿Qué les pasaría por la cabeza a los desdichados indios cuando veían a los españoles tomar posesión de sus cacicazgos, sus reinos, sus estados y hasta de sus mares?, ¿qué debió pensar el cacique Chiape cuando, obligado por las armas, presenció el 25 de septiembre de 1513 la toma de posesión del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa? No tenemos muchos testimonios, pero no es difícil imaginar su perplejidad. Y es que para la historiografía tradicional el océano pacífico no existía antes de 1513, es decir, las antiquísimas culturas chinas y japonesas estaban a orillas de un océano que no era más que una entelequia marítima.



2.-¿QUIÉNES ERAN LOS MEXICAS?

          Pero Centrémonos ya en la figura de Hernán Cortés. Éste, como es bien sabido era natural de Medellín, hijo de Martín Cortés y Catalina Pizarro Altamirano. A él le toco conquistar el imperio mexica.

          Lo primero que había que preguntarse: ¿Quiénes eran los mexicas? Estos formaban una confederación (Texcoco, Tlatelolco y Tenochtitlán) una especie de imperio que tenía su propio emperador Moctezuma II y una gran capital: TENOCHTITLÁN. ¿Se parecían en algo a los indios tarascos, a los apaches, a los taínos o a los arahuacos? Pues francamente no. Se trataba de un auténtico Estado que tenía su emperador, sus gobernantes, sus funcionarios, sus militares, etcétera.

          La capital tenía entre 200.000 y 400.000 habitantes. Recordemos que en España la ciudad más grande era Sevilla que tenía entonces unos 60.000. Hernán Cortés en sus Cartas de Relación comparó la plaza mayor de Tenochtitlán con la de Salamanca. La Corte de Tenochtitlán no envidiaba en nada a las europeas. Entre los cortesanos de la capital mexica se consumían diariamente 2.000 tazas de chocolate, servidas en vajillas de oro. A Moctezuma le gustaba el helado de bombón que le preparaban hirviéndole el cacao y vertiéndolo sobre la nieve traída expresamente de las montañas. A la hora del almuerzo 400 pajes, hijos de señores, colocaban todo tipo de viandas en el comedor, instalando braseros debajo para que no se enfriasen. Moctezuma escogía el que más le gustaba o el que le recomendaba su mayordomo. Nadie entraba en el comedor que no lo hiciese descalzo, so pena de muerte. Cuando Moctezuma había terminado de comer el resto de las viandas se repartían entre los 3.000 comensales del cuerpo de guardia y de servicio que había en lo palacios reales. Como puede observarse la Corte de Moctezuma no debía envidiar en nada a la del mismísimo emperador Carlos V.

          Este fue el mundo que conquisto Hernán Cortes, en nombre de Dios y del Emperador. Fue la usurpación de todo un Estado, exactamente igual que si ahora España va y conquista Argelia, elimina sus instituciones y obliga a toda la población a hablar castellano y a profesar la religión católica.



3.-CORTÉS: EL HÉROE

          Hernán Cortés está considerado no un conquistador más sino el Conquistador. La mayor parte de las grandes semblanzas sobre Cortés –las de Salvador de Madariaga, Carlos Pereira, Hugh Thomas, Bartolomé Benassar, Juan Miralles, José Luis Martínez, etcétera- son apologéticas, es decir, lo tratan como a un héroe civilizador. Durante décadas, Cortés perteneció al olimpo de los grandes iconos intocables de nuestra historia patria. Uno de los grandes protegidos de la Leyenda apologética y legitimadora.

          El de Medellín no ha dejado indiferente a nadie. Ha sido uno de los personajes históricos más alabados y a la vez más criticados de la Historia. Para unos, encarna a un verdadero héroe civilizador, un auténtico profeta moderno, que consiguió expandir el cristianismo a grandes territorios indómitos. Un historiador sevillano, Giménez Fernández, sostuvo hace pocas décadas que el extremeño fue un “elegido por la providencia para cumplir altos fines”. Su actuación abrió las puertas del cielo a muchas almas paganas y acrecentó los límites del imperio español de forma inimaginable. Por ello, nada tiene de particular que se haya comparado con Alejandro Magno, con Aquiles, con Rómulo y hasta con Moisés.

          Para otros no fue más que un asesino, ansioso de fortuna, que no dudó en destruir todo un imperio para conseguir sus fines. ¿Héroe o villano? Esa ha sido siempre la cuestión.



4.-DESMONTAR LA LEYENDA

          Creo que ha llegado la hora de desmontar la leyenda cortesiana. Hagámoslo paso a paso.

A.- En cuanto a la quema de naves en Veracruz es uno de los símbolos de Cortes. El error partió de un cronista de la época que leyó quemando por quebrando. La fabulación de sus hagiógrafos hizo el resto, representando a Cortés con la tea en la mano, quemando sus buques para evitar el retroceso de sus hombres. Pero, sorprende que este falso mito se haya perpetuado porque el mismísimo Cortés advirtió en sus Cartas de Relación que no las quemó sino que tan sólo los desguazó.

          Ahora, bien, ¿por qué los hundió?, los motivos parecen claros, pretendía evitar que algunos incondicionales de Velázquez pudieran regresar a Cuba a informar de la rebelión. De hecho, poco antes de proceder a su destrucción supo de una conspiración en este sentido y ahorcó a los cabecillas. A continuación procedió al desguace de la armada para evitar más motines. Eso sí, salvó uno de ellos, y embarcó a sus procuradores con la idea de entregar al Emperador su Carta de Relación. Transcurría el mes de agosto de 1519. En definitiva, ni ardieron las naves ni se hizo valerosamente para cortar el retroceso. Y aunque lo hubiera hecho, no era nada nuevo, pues se trataba de una vieja táctica usada frecuentemente por Normandos, bizantinos y turcos.



B.-En relación a su excepcional capacidad estratégica debemos negarla totalmente, pues, ninguna de sus tácticas fue original. Realmente, ni inventó una forma nueva de hacer la guerra, ni fue un personaje de unas dotes militares excepcionales. Y además no podía tenerlas porque no tenía experiencia militar previa. Cuando llegó a La Española, a finales de 1506, la isla estaba totalmente pacificada por lo que no llegó a entrar en combate. En Cuba la resistencia de los pobres taínos fue escasísima y los hechos de armas mínimos.

          En definitiva, el extremeño no tuvo una formación militar ni más graduación que la de capitán. Pero, además fue un grado más cívico que militar pues se lo otorgaron sus compañeros de hueste en Veracruz. En cualquier caso nunca fue el capitán de un ejército sino el de una hueste. De hecho, cuando en 1541 tomó parte en la desastrosa campaña de Argel los demás militares de graduación se negaron a aceptarlo en el consejo de guerra. Estos dieron por fracasada la empresa, desoyendo la opinión del extremeño que seguía confiando en la victoria. Incluso se mofaron de él, porque al parecer, ante la insistencia de Cortés, uno de los capitanes comentó:

Este animal cree que tiene que vérselas con sus indiecitos porque allí bastaban diez hombres a caballo para aniquilar a veinticinco mil”.



C.-Se ha destacado su capacidad diplomática: efectivamente nadie le puede negar ni su habilidad diplomática, ni su capacidad para captar diferencias, pero tampoco en esta ocasión inventó nada nuevo. Esta actitud ha sido siempre una constante en el arte de la guerra, al menos desde la Antigüedad Clásica. Pero tenía referentes mucho más cercanos. Precisamente, en la conquista de Tenerife los castellanos se aprovecharon de las rivalidades que había entre dos viejos líderes guanches, para conquistar la isla. Ya en América, la alianza con una de las facciones enemigas fue una constante desde los tiempos de Cristóbal Colón. De hecho, el primer Almirante envió a su hermano Bartolomé, junto a 3.000 indios aliados entregados por Goacanagarí, contra Guarionex que se había alzado en el interior de la isla. Asimismo, mucho antes que Cortés, Vasco Núñez de Balboa utilizó al cacique Pocorosa para derrotar a su enemigo Tubanama, que terminó sometido. El uso de auxiliares indígenas fue absolutamente común a lo largo de todo el proceso conquistador.



D.- Se ha insistido en su habilidad para reforzar la idea de los indios del carácter divino de los españoles. Las creencias de los mexicanos también parecen haber jugado un papel importante en su perdición. Había un viejo mito que hablaba de que algún día llegaría el fin de la era mexica mediante un gran cataclismo. Tarde o temprano, la era mexica, la del quinto sol, tocaría a su fin. Su dios civilizador, Quetzalcoatl, retornaría desde oriente, por donde se marchó, para reformar sus costumbres. Curiosamente, el dios era descrito como un personaje de tez blanca y largas barbas. ¿Habrían llegado europeos a América algunos siglos antes? Probablemente sí, esas tradiciones indígenas de que sus dioses blancos habían llegado por el este, podría responder a la posibilidad de que algunos europeos hubiesen arribado a las costas americanas siglos antes del Descubrimiento oficial.

          Y es cierto, que el extremeño reforzó la idea de que efectivamente era Quetzalcoatl que retornaba a su reino. Pero tampoco era nueva esta táctica, pues existen decenas de precedentes en las Antillas Mayores, e incluso, en Tierra Firme, antes de la Conquista de México.



E.-También se ha destacado su habilidad para buscar lenguas o intérpretes desde su llegada a Cozumel. Pero esta actitud ni era nueva ni era especialmente ingeniosa entre otras cosas porque, como advirtió Fernández de Oviedo, figuraba en las mismas instrucciones que le entregó Diego Velázquez. De hecho, entre la tripulación quiso contar con los servicios de Melchor, un intérprete indio que había ido en las expediciones previas de Francisco Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Sin duda, la india más importante en la vida de Cortés fue doña Marina conocida como “la Malinche”. Una india que le fue regalada a Cortés en Tabasco junto con otras indias. Ésta sin embargo, tenía una utilidad muy importante, conocía el idioma maya y el mexica. Con lo cual podía traducir lo que decían los aztecas a lengua maya y Francisco de Aguilar traducía el maya al castellano. En cualquier caso su capacidad de aprendizaje fue tal que en breve se pudo prescindir totalmente de Jerónimo de Aguilar. Con ella mantuvo relaciones, antes incluso de enviudar de su primera esposa. El apoyo de doña Marina fue decisivo en la conquista de México por eso ha sido objetos de duras críticas por parte de una parte de la historiografía.



D.-Y finalmente, en cuanto a su carácter mesiánico, fue destacado por muchos cronistas que pensaron que era un elegido por Dios para dirigir la cruzada contra los paganos y ampliar los dominios de la cristiandad. Afirma Bernal Díaz que el extremeño le llegó a decir a Gerónimo de Aguilar que no había ido a las Indias a tan poca cosa como era conseguir oro “sino para servir a Dios y al Rey”. Pero, es más, el mismo Cortés sostuvo algo parecido cuando escribió que su verdadera intención fue siempre la de “ensalzar nuestra fe o ampliar la corona de mi César”. Fray Toribio de Motolinía creía que Cortés era un enviado de Dios para acabar con los vicios y sacrificios humanos que los aborígenes ofrecían a sus dioses. Por su parte, el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga O.F.M., en 1529 justificó la rebeldía de Cortés con respecto a Velázquez, diciendo que actuó bajo inspiración divina. Varias décadas después, el cronista fray Gerónimo de Mendieta volvió a hacerse eco de esta idea mesiánica. No dudó en compararlo con Moisés, pues, según él fue elegido por Dios para llevar la fe a los paganos.

          Más sorprendente aún es que hace pocos años se haya afirmado, siguiendo más o menos a Mendieta, que Cortés fue “un cruzado y un libertador del indio a través de la fe como instrumento redentor y salvador”. Pero, aunque lo jurara el propio Cortés, la realidad no era tan bonita, pues, de hecho se convirtió en una de las personas más ricas de su época y obtuvo grandes honras y honores. Más recientemente, se ha hablado de la caridad “heroica” de Hernán Cortés, básicamente porque fundó en su testamento el hospital de Nuestra Señora de la Concepción de México. Sin embargo, la actitud de Cortés no tenía nada de heroica ni de excepcional, pues la beneficencia de los más pudientes ha sido una constante a lo largo de la historia.

E.-No se le puede considerar, como se ha escrito, un bienhechor y un hombre piadoso. Su actitud compasiva con los indios distó mucho de parecerse a la de un fraile como Bartolomé de Las Casas o a la de una reina Católica como Isabel, entre otras cosas porque de ser así no hubiese conquistado su imperio. Pero no olvidemos que cuando debió actuar con crueldad lo hizo. En agosto de 1519 Cortés mandó cortar las manos a medio centenar de indias tlaxcaltecas que, con la excusa de llevarles comida, se habían introducido en el campamento para espiarlos. A continuación las soltó para que llevasen a su pueblo el mensaje y supieran, en palabras de Bernal Díaz, “quienes éramos”.

          La famosa matanza de Cholula fue ordenada directamente por él. En el trayecto hacia Tenochtitlán pasaron por Cholula, una ciudad sagrada, punto de peregrinación donde había decenas de templos, entre ellos uno muy destacado, ubicado sobre una pirámide y dedicado a Quetzalcoatl. Al parecer, según diversos cronistas fue doña Marina la que descubrió, a través de una anciana con la que entabló amistad, que se tramaba una traición para acabar con todos los españoles. Doña Marina, como leal servidora de Cortés, acudió presurosa a informarle. Éste reunió al pueblo en la plaza principal con la excusa de celebrar una ceremonia, y una vez concentrados, emprendió una despiadada matanza, sin respetar sexo ni edad. Sin embargo, tanto Cortés, como Bernal Díaz del Castillo defienden su actuación, diciendo que los cholutecas habían preparado previamente una conspiración. Lo cierto es que, con conspiración o sin ella, hubo premeditación, pues, el de Medellín no ignoraba el peligro al que se enfrentaba entrando en esa plaza. Los cholutecas despreciaron el corto número de los hispanos. Ahora bien, aun contando con una posible conspiración el ataque de los hombres de Cortés fue absolutamente desproporcionado, dejando sobre el suelo de la plaza a más de 6.000 nativos, todos ellos desarmados.

          La toma de Tenochtitlán fue crudelísima pese a que, según las crónicas, intentó evitar que los tlaxcaltecas se ensañaran con los mexicas. Pese a ello, se trató de un asalto a una de las ciudades más grandes de la época, cuya resistencia fue total. Algo sólo comparable a la toma de Berlín por las tropas soviéticas en la II Guerra Mundial. Mujeres, niños y lisiados colaboraron, acopiando y preparando piedras para las hondas que disparaban los indios. Un cerco que duró casi tres meses, bien defendida por Cuauhtémoc que prefirió morir a rendir la ciudad. El enfrentamiento fue tan desigual que, frente al medio centenar de españoles fallecidos, murieron del lado mexicano cerca de 100.000 personas, incluidos ancianos, mujeres y niños.

          Hernán Cortés tampoco se libró de actuaciones que rozaron el sadismo. Aunque el de Medellín en ocasiones mostraba actitudes compasivas con sus enemigos, en otras no lo era tanto. Tras escapar mal parado de la Noche Triste y alcanzar Tlaxcala hizo una razia contra la región de Tepeaca, acusándolos de colaborar con los mexicas. Pagó con estos el daño recibido en Tenochtitlán, arrasando aldeas enteras. Como los caciques huyeron no se le ocurrió mejor forma de localizarlos que subir a los indios que prendían a las azoteas. Tras interrogarles por el paradero de sus señores los despeñaba desde las mismas y entregaba sus cuerpos, ya sin vida, a los tlaxcaltecas para que diesen buena cuenta de ellos en sus festines rituales.

          Fue, asimismo, sumamente implacable con los paganos que no se querían convertir al cristianismo. Es bien sabido que cuando entró en Culiacán derribó el templo y porque un indio principal “no quiso ayudar en ello, lo mandó ahorcar y lo ahorcó con los diablos a cuestas”. También infringió durísimos escarmientos a los indios rebeldes. Por ejemplo, en 1523 los indios de Pánuco acometieron a los hombres de Francisco de Garay, matado a varias decenas de ellos. Hernán Cortés mandó a su capitán Sandoval a que castigase a los responsables. Mató a cientos de indios, despedazándolos después de tal forma que los demás indios “ya no se atrevían ni a levantar un dedo contra el poder de Cortés”. Pero no contento con ello, Gonzalo de Sandoval reclutó a 60 caciques de otras tantas aldeas y los remitió a Cortés. Éste los quemó a todos ellos en presencia de sus hijos, dejándolos marchar tras fijar un tributo anual.

          Pero, incluso, después de la Conquista, establecido ya como encomendero, tampoco dispensó a los indios un especial trato. Aunque promulgó ordenanzas defendiendo el buen tratamiento a los indios, él mismo fue acusado por los suyos de hacer lo contrario. De hecho, sus indios de Cuernavaca le interpusieron una reclamación, en 1533, contra los malos tratos y excesivos tributos, afirmando que no los trataba “como a vasallos sino como a esclavos”. Pero, es más, en el inventario de sus bienes que se hizo en Cuernavaca, el 26 de agosto de 1549, se contabilizaron 188 indios esclavos, una veintena de ellos naturales de Tlaxcala.



5.-CONCLUSIÓN

          Realmente Cortés ni era un caballero andante ni tampoco un santo. Era sencillamente un hombre de su época, con sus grandezas y sus miserias, con sus éxitos y sus fracasos. Una persona con las mismas virtudes y defectos que la mayor parte de sus contemporáneos. Ni fue un héroe ni tampoco un villano. Un conquistador con suerte, pero a fin de cuentas un conquistador con sus grandezas y sus miserias. Un hombre que sabía reír y también llorar. Contaba Herrera que tras conocer la magnitud del desastre de la Noche Triste no pudo contener las lágrimas. Fue compasivo y cruel, dependiendo de las circunstancias.

          Ahora, bien, nadie puede negar que Cortés fue un ardoroso combatiente. Un combatiente que aunó esfuerzo, maestría y seso, que eran las tres virtudes que las Siete Partidas señalaban como cualidades esenciales de todo buen capitán. Los pobres indios se resistieron, pero las diferencias eran abismales. Algo así como el enfrentamiento en nuestros días de un ejército convencional con otro con armas nucleares.

          Hicieron lo imposible para frenar a los españoles. A Cuauhtémoc, el sucesor de Moctezuma, se le ocurrió una brillante idea para salir victorioso. Decidió vestirse con un traje de plumas que su padre le regaló y que, según muchos, poseía cualidades mágicas. Al parecer, tenía el poderoso efecto de provocar la huida de cuantos enemigos lo veían. Obviamente, el milagro no se obró y todos se desmoralizaron cuando vieron que no funcionaba. Ni guerra nocturna, ni emboscadas, ni trajes mágicos. Los propios amerindios se fueron convenciendo de que era inútil resistirse a la evidencia; su mundo se desmoronaba bajo sus pies.

Quiero desmitificar al conquistador. No nos engañemos, si no hubiese existido Cristóbal Colón, otro, antes o después, hubiese descubierto América. Igualmente, si Hernán Cortés hubiese muerto prematuramente, como estuvo a punto de ocurrir en varias ocasiones, otro hubiese conquistado el imperio mexica. Y no faltaban candidatos, desde Pedro de Alvarado a Pánfilo de Narváez, pasando por Hernando de Soto.

          No era en absoluto un elegido por Dios. Sabía el extremeño tener mesura pero también era capaz de actuar con todo el rigor cuando las circunstancias así lo requerían. No tuvo reparos en practicar el tráfico esclavista. De hecho, en 1542, suscribió un contrató con el mercader genovés Leonardo Lomellino para que le enviase a Nueva España medio millar de esclavos desde Cabo Verde que vendería a 66 ducados cada uno. Es decir, estuvo implicado en el suculento negocio de la trata de esclavos.

          Por tanto, estamos de acuerdo con Octavio Paz cuando planteaba la necesidad de retornar al Cortés legendario al terreno de la historia: “El conquistador debe ser restituido al sitio a que pertenece con toda su grandeza y todos sus defectos, es decir, a la Historia”.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS