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        Como es bien sabido Tartesio representa la más brillante y antigua civilización de Occidente, no menos importante que la cretense, la micénica o la etrusca. Encontramos referencias a ella en textos antiguos griegos y hasta en la propia Biblia lo que denota la gran pujanza comercial que llegó a alcanzar, como puente entre Europa y Oriente. Sin embargo, a partir del siglo VI a. C. terminó desapareciendo abruptamente, absorbida por pueblos invasores indoeuropeos. Ello provocó que sus antiguos reyes, como Argantonio, permaneciesen en la nebulosa de la leyenda hasta nuestros días. Tampoco ha aparecido la capital pese a los esfuerzos y a la pasión de grandes arqueólogos como Adolfo Schulten.

        Hace un año leí en un medio de comunicación que, según el arqueólogo y académico Martín Almagro Gorbea, la Medellín prerromana había sido fundada por pobladores procedentes de Carmona. Ahora ha caído en mis manos el texto científico publicado por el arqueólogo en el que se fundamentaba esta noticia.

        Martín Almagro ha dedicado buena parte de su vida a excavar en la villa de Medellín (Badajoz). Existió un pueblo prerromano que ocupaba unas quince hectáreas en la ladera del cerro donde actualmente se conserva parcialmente el castillo de los Portocarrero, y que fue fundado por tartesios procedentes de Carmona. El pueblo se llamó Conisturgis y fue fundado a principios del siglo VII a. C. Era la localidad más al norte del área tartesia y señoreaba el fértil valle del Guadiana, siendo su actividad fundamental la agricultura y la ganadería. Sería ya en el siglo II a. C. cuando tras el enfrentamiento entre los ejércitos romanos de Sertorio y Quinto Cecilio Metelo, habiendo vencido este último le puso al pueblo el nombre de Caecilia Metellinum que terminó por derivar en Medellín.

        ¿Y en qué se basa el citado arqueólogo para sostener que fueron carmonenses los fundadores? Pues bien, ha excavado durante varios lustros la necrópolis de Conisturgis y los paralelismos con los restos encontrados en Carmona son tan evidentes que le han llevado a defender dicha hipótesis.

        La idea plantea nuevas interrogantes: ¿dependía Conisturgis de la Carmo tartesia? No lo sabemos, pero el dato nos proporciona una idea de su pujanza y de un crecimiento demográfico que la obligó a buscar nuevos territorios donde asentar sus excedentes. Seguramente la civilización Tartesia nunca tuvo una capital, pese a que Schulten la buscó con empeño en el cerro del Trigo, allá en el Coto de Doñana. Quizás debió haber rastreado más al norte, en el corazón del valle del Guadalquivir. Carmona existía ya en la Edad del Bronce, existiendo una continuidad contrastada desde el tercer milenio a. C. hasta la época turdetana, incluyendo la etapa como ciudad tartesia. No sería la capital pero sí una de sus principales urbes, artífice de la ampliación de su área de influencia varios cientos de kilómetros al norte del valle del Guadalquivir.

 

 

PARA SABER MÁS:

 

ALMAGRO GORBEA, Martín (Ed.): La necrópolis de Medellín. Madrid, Bibliotheca Archaelogica Hispana, 2006-2008.

 

HABA QUIRÓS, Salvadora: Medellín romano. La colonia Metellinensis y su territorio. Badajoz, Diputación Provincial, 1998.

 

MALUQUER DE MOTES, Juan: Tartessos. La ciudad sin historia. Barcelona, Ediciones Destino, 1984.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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