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Sabíamos que los moriscos expatriados de Hornachos se encaminaron a Sevilla desde donde arribaron a Ceuta primero y de allí a Tetuán. El sultán de esta ciudad, incómodo por la presencia de este contingente tan cohesionado, decidió establecerlos en la frontera sur de Marruecos. Sin embargo, terminaron desertando, ubicándose por su propia cuenta en la pequeña villa de Salé la Nueva, en la orilla izquierda del río Bou Regreg, junto a Rabat. Se trataba de una pequeña aldea que fue revitalizada con la llegada de los hornachegos. Allí se unieron a otro contingente de moriscos andaluces y extremeños sobre todo, llamados allí andalusíes que formaron, desde 1627, la república independiente de Salé.

Este pequeño estado corsario vivió años de esplendor, coincidiendo con la ocupación de Larache (1610) y La Mamora (1614) por España, lo que convirtió a Rabat-Salé en el único puerto de relevancia en el norte de Marruecos. Se encontraba bien situado para aprovecharse del botín obtenido en la zona de la ruta de las Indias y de las islas Canarias. Tuvieron que hacer frente a dos enemigos: uno, al sultán de Marruecos que obviamente trataba de anexionar Salé a sus dominios. Y otro, a un tal Al-Ayyasi, conocido como el Morabito, que era un integrista del siglo XVII que dominaba el norte de Marruecos y que hacía la guerra santa contra los cristianos.

Yo conocía vagamente algún intento de estos moriscos de pactar con Felipe IV, a través del Duque de Medina Sidonia: ellos entregarían la ciudad a los Habsburgo a cambio de permitirles la vuelta a Hornachos en las mismas condiciones en las que vivían antes de la expulsión, recuperando por supuesto a sus hijos. Pues bien, en el libro “Cartas Marruecas. Documentos de Marruecos en Archivos Españoles” (Madrid, CSIC, 2002) se documentan nada menos que ¡siete intentos! de los moriscos de Salé, entre 1619 y 1663, de recibir ayuda de España a cambio de alguna concesión. Al final ninguno de ellos prosperó, pero en varias ocasiones estuvieron a punto de ser repatriados a cambio de la ocupación de la plaza por tropas españolas. En 1632 había preparativos en España para efectuar esa repatriación y en 1633 Sir Arthur Hopton, embajador inglés en España, informó a su país que había movimiento de tropas en Cádiz para cumplimentar un acuerdo secreto de retorno de los españoles de Salé. Pero hay más, en 1637 cundía el hambre en Salé por el bloqueo conjunto del Morabito con los ingleses, cuando el Duque de Medina Sidonia atendió la petición de los asediados, enviando un cargamento de bizcocho para remediar el desabastecimiento.

Con posterioridad hubo otras ayudas parciales de España, pues a la monarquía hispánica le interesaba mantener a Salé-Rabat en manos de los moriscos y no en las del sultán de Marruecos ni muchísimo menos en las de los turcos. Pero nótense varias cosas: Primero, los continuos intentos de los moriscos de Salé de abandonar el territorio y regresar a su querida patria. Segundo, la saña con la que el Morabito les hacía la guerra santa, delatando claramente el carácter cristiano o al menos no islámico de los moriscos. Y tercero, cómo las autoridades hispanas, pese a las actividades corsarias de Salé, interpretaban que se trataba de españoles, y que eran algo así como una pica en Flandes, en medio del territorio marroquí.

¿Qué hubiera pasado si en 1632 o 1633 hubiesen sido repatriados los moriscos de Hornachos? No lo sabemos y además los historiadores no tenemos herramientas para hacer historia contrafactual. Pero no me puedo resistir a una pequeña reflexión: si se hubiese producido algo hubiese cambiado en España; está claro que muchos moriscos se quedaron y que otros volvieron, pero todo eso fue una historia extraoficial. La repatriación oficial de los andalusíes de Salé, aunque fuese a cambio de la anexión de la plaza, hubiese sentado un precedente al retorno de otros exilados. Y de paso hubiese lavado la imagen de la España casticista, al tiempo que suponía un reconocimiento implícito de la grave injusticia cometida con este grupo de españoles.

Obviamente, la república morisca de Salé tuvo una vida efímera porque el sultán de Marruecos estaba claro que iba a aprovechar la primera oportunidad que se le presentara para anexionarla. No podía consentir una república independiente de moriscos en mitad de su territorio. Sin embargo, allí quedaron arraigados estos andalusíes y sus descendientes todavía viven en la zona de Rabat, combinando sus nombres árabes con apellidos como Zapata, Vargas, Chamorro, Mendoza, Guevara, Álvarez y Cuevas entre otros.

 

 

 

PARA SABER MÁS

 

 

BUZINEB, H.: “Plática en torno a la entrega de la alcazaba de Salé en el siglo XVII”, Al-Qantara, vol. XV, 1994, pp. 47-73

 

GARCÍA ARENAL, Mercedes, RODRÍGUEZ MEDIANO, Fernando y EL HOUR, Rachid: Cartas Marruecas. Documentos de Marruecos en Archivos Españoles (Siglos XVI-XVII). Madrid, CSIC, 2002.

 

GONZALBES BUSTO, Guillermo: “La República andaluza de Rabat en el siglo XVII”, Cuadernos de la Biblioteca Española de Tetuán, vols. 9 y 10. Tetuán, 1974, pp. 355-463.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Comentarios  Ir a formulario

gravatar.comAutor: Garci

Maravillos información. Enhorabuena

Fecha: 23/12/2014 11:45.


Autor: Suni

Interesante..lo desconocía..gracias

Fecha: 04/01/2015 19:56.


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