20141211225753-ber.jpg

Un buen grupo de moriscos, una vez en el Magreb se dedicaron al corso, pues tampoco tuvieron otras alternativas para ganarse la vida, aliándose con magrebíes opositores a la expansión hispana en el territorio e incluso con corsarios ingleses y holandeses. Bien es cierto, que muchos de ellos lo hicieron con el objetivo de una vez llegados a las costas españolas desertar y volver a su tierra natal. Algunos lo consiguieron, pues se sabe que varios años después de su expulsión muchos habían regresado a la Península Ibérica. Ya en enero de 1610  un barco inglés y otros tripulados por moriscos atacaron a varias embarcaciones españolas en las cercanías a la barra de Sanlúcar. Unos meses después, exactamente en septiembre de 1610, una treintena de barcos, entre grandes y pequeños se dedicaban al corso por las costas de España y Francia y entre sus efectivos se encontraban numerosos moriscos recién expulsados. El gobernador de Ibiza Baltasar de Borja en 1620 explicó la situación de estos moriscos corsarios que atacaban la isla:

        Por ocasión de la expulsión hay mucha morisma pláticos de estas costas y por dicha causa y no saber qué hacer en Berbería se aplican en andar en corso, así por la codicia de las muchas presas con que se van enriqueciendo, como por ser españoles que se aficionan a este ejercicio más presto que a otro de más trabajo que promete mayores daños con el discurso del tiempo.

 

Dice que se empleaban en el corso por tres causas: primero, porque eran buenos conocedores de las costas españolas, donde habían vivido ellos y sus ascendientes: Segundo, por la codicia del enjundioso botín. Y tercero porque como eran españoles preferían este trabajo más arriesgado pero menos duros que otros. Interesante, la percepción de esta autoridad insular que no duda en otorgarles lo que nadie dudaba, es decir, que aunque expatriados no dejaban de ser españoles.

Famosos fueron los corsarios procedentes de Hornachos (Badajoz). El sultán de Tánger, incómodo por la presencia de este contingente tan cohesionado, decidió establecerlos en la frontera sur de Marruecos. Sin embargo, terminaron desertando, ubicándose por su propia cuenta en la pequeña villa de Salé la Nueva, en la orilla izquierda del río Bou Regreg, muy cerca de Rabat. Se trataba de una pequeña aldea que fue revitalizada con la llegada de los hornachegos. Allí se unieron a otro contingente menor de andaluces y todos ellos formaron, desde 1627, la república independiente de Salé. Culminaba así la larga lucha de los hornachegos por su libertad.

Los hornachegos formaron allí un pequeño Estado corsario que vivió su esplendor en la primera mitad del siglo XVII. Una curiosa y efímera república, entre mora e hispana, tan diferente al reino de España como al de Marruecos. Para entenderlo basta con citar el nombre de su primer gobernador: Brahim Vargas, una curiosa combinación de un nombre moro con un apellido netamente castellano. Actuaban en la zona del estrecho de Gibraltar por su propia cuenta o aliados con los turcos, causando graves daños a la navegación hispana en el Mediterráneo.

         En 1631, a través del Duque de Medina Sidonia, propusieron a Felipe IV un pacto: ellos entregarían la ciudad a la Corona castellana a cambio de permitirles la vuelta a Hornachos en las mismas condiciones en las que vivían antes de la expulsión, recuperando, por supuesto a sus hijos. Obviamente, el plan no salió adelante y, despechados, no tardaron en ofrecerle algo parecido al rey de Inglaterra. Sin embargo, este proyecto fallido nos aclara mucho sobre el sentimiento y la añoranza del exilio español en Salé.

Después, esta república de Salé languideció hasta su integración en el reino alauita en el tercer tercio de ese mismo siglo. Sin embargo, todavía en el siglo XXI muchos descendientes de aquellos moriscos llegados en el siglo XVII combinan sus nombres árabes con apellidos como Zapata, Vargas, Chamorro, Mendoza, Guevara, Álvarez y Cuevas entre otros.

 

PARA SABER MÁS

 

DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio y Bernard VINCENT: Historia de los moriscos. Madrid, Alianza Universidad, 1997.

 

EPALZA, Mikel: Los moriscos antes y después de la expulsión. Madrid, 1992.

 

FERNÁNDEZ CHAVES, Manuel F. y PÉREZ GARCÍA, Rafael M.: En los márgenes de la ciudad de Dios. Moriscos en Sevilla. Valencia, Biblioteca de Estudios Moriscos, 2009.

 

ESPINO LÓPEZ, Antonio: “Los enemigos de la Monarquía en el Mediterráneo: el caso de la defensa de Ibiza en el siglo XVII, 1598-1621” IH Nº 26, 2006, p. 23.

 

 

LAPEYRE, Henry: Géographie de l`Espagne morisque. Paris, SEVPEN, 1959 (hay edición en castellano de 1986 y 2009).

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Comentarios  Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.