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Historia de América

CRISTÓBAL COLÓN: UN ENIGMA QUE CONTINÚA EN EL SIGLO XXI

CRISTÓBAL COLÓN: UN ENIGMA QUE  CONTINÚA EN EL SIGLO XXI

Hace ya más de quinientos años, víspera de la Ascensión, murió en la entonces villa de Valladolid el Almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón. Aunque pueda parecer extraño en la actual sociedad de la información, y después de haberse dedicado a su figura cientos de monografías, todavía existen en torno a él infinidad de enigmas. Desde su lugar de nacimiento, hasta su formación, su lengua materna, la existencia de un posible protonauta o el lugar en el que reposan sus restos mortales.

Sin duda, cabría preguntarse: ¿a qué se ha debido esta incertidumbre en torno a su vida? La respuesta no admite dudas: todo el embrollo lo provocó el propio Cristóbal Colón. Él, apenas se refirió a sus orígenes familiares, administrando la verdad, como afirmó Salvador de Madariaga, con notoria cautela. Y en este mismo sentido, afirmaba Paolo Taviani que Colón desarrolló la costumbre de no contar nunca toda la historia a una sola persona, de descubrir siempre sólo una parte del argumento, contribuyendo notablemente al misterio y a la confusión en torno a su persona. Y es que el Almirante tan sólo habló en una ocasión de su nacimiento genovés, concretamente en la escritura de mayorazgo, fechada el 22 de febrero de 1498, en la que afirmó rotundamente haber venido al mundo en dicha ciudad de la Liguria italiana. Pero jamás se refirió a sus padres, ni por supuesto a su infancia en la ciudad del Tirreno. Posteriormente, los intereses creados en torno a la herencia del Ducado de Veragua, provocaron que, en el mismo siglo XVI, desaparecieran documentos claves, como, por ejemplo, el testamento de 1502 que fue buscado sin fortuna por sus herederos a mediados de la decimosexta centuria.

Su hijo y biógrafo, Hernando Colón, acentuó aún más la confusión, pues, no sólo ocultó información sino que mintió claramente cuando afirmó, en su Vida del Almirante, no tener claro de dónde era natural su padre. Y es obvio que faltó a la verdad, por dos motivos: en primer lugar, porque parece bastante improbable que, siendo su hijo, no conociera la patria de su progenitor. Y en segundo lugar, porque en su testamentó, otorgado en Sevilla, el 3 de julio de 1539, se mostró mucho más sincero al señalar Génova como la cuna de su padre. Es evidente, como afirmó Antonio Ballesteros Beretta, que no existiría el problema de su patria si Hernando Colón hubiese dicho la verdad que intencionadamente ocultó.

La motivación exacta la desconocemos pero parece obvio que, tanto uno como otro, pretendían ocultar algo relacionado con su pasado, probablemente su baja alcurnia, o incluso, un posible origen semita, como argumentó Madariaga.

La cuestión del predescubrimiento parece mucho más irresoluble. Si existió o no el tal Alonso Sánchez de Huelva, nunca lo sabremos con seguridad. Colón tuvo tiempo de ocultar la mayor parte de las evidencias. Y de hecho, las que disponemos son circunstanciales y nunca podrán ser concluyentes.

En cuanto al lugar donde reposan sus restos ha habido una disputa histórica entre la tesis dominicana y la española. El problema radica en el hecho de que Colón fue inhumado y exhumado en seis ocasiones. Su primera sepultura estuvo provisionalmente en la propia Valladolid, donde falleció, lugar desde el que se trasladó poco después al monasterio de las Cuevas de Sevilla. Su cuerpo debió permanecer allí hasta 1543 o 1544 en que se trasladó a la Catedral de Santo Domingo, siguiendo los deseos de doña María de Toledo, nuera del descubridor. Más de dos siglos después, y concretamente en 1795, después de la firma de la Paz de Basilea por la que se entregó a Francia la parte oriental de la Española, las autoridades decidieron trasladar sus restos a La Habana. Nuevamente, en 1898, ante el inminente abandono de Cuba, se decidió trasladar a la Catedral de Sevilla, donde se enterró en la cripta de los Arzobispos. Finalmente, en 1902, se inhumó definitivamente en el monumento funerario que para tal efecto labró el escultor Arturo Mélida.

El debate se inició a partir de 1877 cuando, en unas obras de remodelación del presbiterio de la Catedral de Santo Domingo, se localizó una urna con una serie de inscripciones, entre ellas las iniciales "C.C.A.", que obviamente se quiso desglosar como "Cristóbal Colón, Almirante". Inmediatamente después, Monseñor Rocco Cocchia, publicó una enfervorizada pastoral comunicando el hallazgo al mundo. Desde ese momento, los historiadores dominicanos se centraron en destacar el error cometido por los españoles cuando precipitadamente, en 1795, se llevaron por equivocación los restos del II Almirante Diego Colón, en vez de los de su padre, Cristóbal Colón.

En estos momentos se están practicando las más modernas técnicas genéticas a los supuestos restos del Almirante de la Catedral de Sevilla. Se trata de un equipo de investigadores, dirigidos por el doctor José Antonio Lorente Acosta, del laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada. ¿Será la ciencia capaz de resolver los enigmas colombinos? Probablemente no; los propios investigadores ya han adelantado que las conclusiones pudieran no ser definitivas. Para empezar el gobierno dominicano no ha permitido la exhumación de los restos, conservados en el mausoleo del Faro al Descubridor. Pero es que los de la Catedral de Sevilla son apenas unos fragmentos y en pésimo estado de conservación. Ya en la exhumación que se hizo hace un siglo se escribió, en acta notarial, que sólo había unos fragmentos de hueso y canillas. En un primer avance, Marcial Castro, del equipo de investigadores de Granada, acaba de publicar que los pocos restos de Sevilla sí parecen corresponder a los del descubridor de América. Pero rápidamente los dominicanos han salido al quite para decir que los demás restos óseos los tienen ellos. Este extremo es difícilmente creíble, pues, o hubo equivocación en 1795 y se quedaron en Santo Domingo, o acertaron en dicha exhumación y están en Sevilla. Pero la polémica está servida.

En definitiva, todo parece indicar que los enigmas colombinos sobrevivirán al siglo XXI. Si los resultados no van a ser concluyentes siempre habrá quien continúe la controversia. Y es que el Almirante hace tiempo que dejó de ser historia para convertirse en leyenda. Cinco siglos después el enigma continúa.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

CÓMO PERDIÓ ESPAÑA EL TESORO DE LA RECÁMARA DE MOCTEZUMA

CÓMO PERDIÓ ESPAÑA EL TESORO   DE LA RECÁMARA DE MOCTEZUMA

Una buena parte del tesoro de Moctezuma II, abandonado por los hombres de Cortés en la Noche Triste, nunca apareció. Y ello, porque el joven Cuauhtémoc murió sin decir ni una sola palabra sobre su paradero. Pero el resto, quiso la providencia que tampoco lo disfrutaran los saqueadores. El resto se repartió entre las huestes, ascendiendo a 80 pesos los de a caballo y 50 los de a pie, una cifra inapreciable, pues un caballo en aquellos lares rondaba los 800 pesos.

El quinto del rey fue enviado al emperador con tan mala fortuna que fue tomado en el mar por el corsario Jean Fleury, conocido en España como Juan Florín. La flotilla de las Indias, que traía los tesoros que Hernán Cortés enviaba a Carlos V, tuvo que refugiarse en las islas Terceras de las Azores, pues, Alonso Dávila, el Capitán que venía al mando, recibió la orden de esperar allí la llegada de refuerzos antes de partir rumbo a Sanlúcar de Barrameda. La Armada Guardacostas de Andalucía, compuesta por tres navíos al mando de Domingo Alonso de Amilibia llegó a las Azores el 15 de mayo de 1522 con la intención de escoltarlos hasta Sevilla.

Sin embargo, en este lapso de tiempo, el Emperador tuvo noticias de que al menos cinco velas corsarias rondaban el cabo de San Vicente, y que la Armada de Amilibia, formada como ya hemos señalado por tres embarcaciones, no podría contener una posible agresión. Ante esta situación, Carlos V ordenó que se buscasen los medios necesarios para construir dos naos gruesas. Para ello, como no fue suficiente lo recaudado por la avería, autorizó a los responsables de la Armada para que tomasen prestados 4.000 pesos de oro, propiedad de la Corona que se encontraban en las arcas de la Casa de la Contratación. De esta forma fueron construidas, en muy poco tiempo, dos naos de 400 toneladas para completar las fuerzas de la Armada Guardacostas. Sin embargo, se tomó una decisión que se lamentaría durante muchos años, pues, en vez de paralizar la venida de la flota desde las Azores hasta que llegasen las dos naos gruesas, que debían ir a cargo de Pedro Manrique, se dispuso que la Armada se unificara a su llegada a Sanlúcar de Barrameda. La impaciencia del Emperador por obtener pronto el oro de las Indias hizo que el saco se rompiera, utilizando la expresión de un conocido refrán español.

Así, viniendo la flota y la Armada de Amilibia en demanda de las costas de Portugal, porque a los pilotos les hacía ser más seguros, a unas diez leguas del cabo San Vicente, les salieron al paso seis naos francesas con la simple intención de abordarlos. La desigualdad era manifiesta pues mientras los franceses contaban nada menos que con tres naos por encima de las 100 toneladas y con otros tres galeones, de entre 70 y 40 toneladas, los españoles tan sólo disponían de tres navíos. Además, de las tres embarcaciones, sólo la de Amilibia y la de Antón Sánchez presentaron combate, mientras que la carabela que estaba bajo el mando de Martín del Cantón se dio a la fuga. De la flota de Indias sólo se salvo una de las tres carabelas que transportaban el tesoro, al refugiarse en el Puerto de Santa María. Para colmo, gran parte de lo que llegó, fue secuestrado por las autoridades reales. El resto de caudal, es decir, 62.000 ducados de oro, 600 marcos de perlas y 2.000 arrobas de azúcar, fueron tomados y llevados a Francia que toda Francia estaba admirada de las riquezas que enviábamos a nuestro Emperador. En el enfrentamiento murieron muchos españoles, entre ellos Antonio de Quiñones y un hijo del capitán Amilibia, mientras que éste mismo era gravemente herido, quedando manco de ambos brazos y siendo trasladado, junto a Alonso Dávila, capitán de la flota, a la prisión de la Rochela en Francia. El maleficio no acabó ahí porque, poco después, Juan Florín fue apresado por los hispanos y ajusticiado.

El tesoro largamente ansiado por los españoles, no fue ni para Hernán Cortés, ni para los conquistadores, ni para el desafortunado corsario francés. Una pequeña parte fue repartida entre las huestes, pero no tardaron en vender las piezas o el oro fundido a mercaderes y comerciantes simplemente para poder sobrevivir. Una pequeña parte del quinto real, llegó a poder del Emperador Carlos V, y el grueso de ese mismo impuesto, robado por el corsario galo, acabó en las manos de Francisco I de Francia. El oro de la infamia pasó del tirano de Moctezuma a las manos manchadas de sangre de los conquistadores y de ahí a los comerciantes y mercaderes que no tardaron en inundar los mercados europeos de todo este metal precioso, engordando y espoleando al capitalismo. Ocurrió lo de siempre, es decir, que las huestes eran sólo los peones del sistema; ellos se jugaban la vida robando y matando, sufriendo para colmo el juicio de la historia, mientras que oportunistas, burócratas y financieros se quedaban la fortuna y además con la conciencia tranquila. Una constante en la historia que sigue ocurriendo en pleno siglo XXI.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

(La información procede de una refundición de noticias contenidas en dos obras de mi autoría: La Armada Guardacostas de Andalucía. Sevilla, Muñoz Moya, 1998 y Hernán Cortés: el fin de una leyenda. Badajoz, Fundación de los Pizarro, 2010).

LA ANEXIÓN DE SANTO DOMINGO (1861‑1865) VISTA POR UN CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL

LA ANEXIÓN DE SANTO DOMINGO (1861‑1865) VISTA POR UN CONTEMPORÁNEO ESPAÑOL

1.-INTRODUCCIÓN

       

        Pese a que la independencia de los territorios hispanoamericanos en general y la independencia de la isla Española en particular han recibido un tratamiento bastanteintensivo por parte de los investigadores(1), aun es posible establecer puntos de vista interesantes y novedosos sobre estas cuestiones.

        De manera que en este trabajo vamos a destacar la visión de un contemporáneo que nos aparece en un tratado escrito en 1864 y que pese a existir varios ejemplares en distintos centros de investigación de España no ha sido analizado en profundidad por los estudiosos(2). En este folleto aparece representada la visión de los intelectuales españoles que veían con cierta euforia la nueva anexión de Santo Domingo recuperando antiguas colonias.

El tratado político sobre la anexión, que aquí presentamos está firmado por don Joaquín Muzquiz y Callejas, personaje del que no hemos localizado de momento datos biográficos, por lo que no debió ser ni un afamado político del momento ni un militar participante en el escenario antillano. En sus escritos parece traslucirse el sentir generalizado de una parte importante de la sociedad española del momento, que creía asistir a un momentáneo resurgir de la influencia internacional española.

        Sin duda, don Joaquín Muzquiz estaba en la línea de los regeneracionistas españoles decimonónicos, pendientes siempre del resurgir político y militar de su patria. Como bien ha advertido Sánchez Agesta el regeneracionismo español del Siglo XIX es, frente al del XVIII que buscaba soluciones económicas, un regeneracionismo político, orientado ante todo a volver al antiguo y añorado prestigio internacional(3). Así en el periodo denominado como Unión liberal(1856 1863), dentro del reinado  como todos sabemos de Isabel II, O`Donnell va a llevar a cabo una serie de expediciones al extranjero con el único fin de restablecer en alguna medida el antiguo poderío español. De manera que este periodo se encuentra dominado por campañas exteriores de los ejércitos españoles en África, México, Santo Domingo y hasta la misma Conchinchina (4). Un periodo en el parecía superado definitivamente el desasosiego político, que había dominado la política española en esa centuria (5), y en el que la expansión económica, aunque aparente, era palpable por el boom de los ferrocarriles etc. (6).

        Es en este conjunto de circunstancias donde hemos de encuadrar todo lo que supuso la anexión de Santo Domingo en 1861, concebida sin duda por O`Donnell como medio de distraer a la opinión publica española de los problemas internos(7).

 

2.  ANALISIS DE LA OBRA DE MUZQUIZ Y CALLEJAS

 

El artículo político de Joaquín Muzquiz apareció publicado el 28 de febrero de 1864, en un momento muy delicado de la contienda bélica en Santo Domingo. Sabemos que el 14 de diciembre de 1863 habían aparecido precisamente pasquines en Puerto Plata difundiéndose el rumor de que "el 27 del próximo febrero correrá, por las calles de la ciudad, la sangre de los españoles"(8). Efectivamente, la disidencia de la provincia del Cibao se había venido agudizando de manera que ya hacia principios de 1864 la situación de España en aquella isla era extremadamente crítica. La guerra que había comenzado el 16 de agosto de 1863 no terminaría hasta julio de 1865 fecha en la que los españoles se retiraron, definitivamente, de la isla antillana.

        En esas circunstancias aparece el escrito que en estos momentos es objeto de nuestra atención, en él aflora un orgullo patrio, que parece ser era compartido por un sector amplio de la sociedad española:

 

        No hubo periódico alguno que no aceptase esa reincorporación, que no la pidiese con insistencia; los absolutistas, con delirante entusiasmo; los demócratas, sin vacilación; los progresistas, con patriotismo; los moderados, con frenesí...(9)

 

        Que duda cabe, que la anexión de Santo Domingo se tomó en la Península con gran satisfacción a nivel nacional, por lo que ahora con la llegada de tan malas nuevas se ponía en juego la honra nacional española(10). Estaba a punto de quebrarse ese espíritu regeneracionista, de cara al exterior, que habían intentado implantar O`Donnell(11).

Joaquín Muzquiz, lanza una enérgica protesta emanada, sin duda, de lo más profundo de su sentir patrio, dirigida a los mandatarios tanto políticos como reales:

 

        "Ministerio español, cualquiera que seáis, si para tan alta misión no os sentís llamados retiraos... excelsa Isabel II de Castilla; no vaciléis..."(12).

 

        Ese es realmente el sentido y el fin de su panfleto, hacer llegar este sentir a todos los mandatarios del país. En el artículo pro anexionista de Muzquiz hemos distinguido varios apartados, que no siguen un orden secuencial en realidad, y que es una división artificial hecha por nosotros para un mejor y más ordenado análisis de estos escritos:

 

1.Introducción

2.Legitimación de la Anexión

3. Estrategia para sostener dicha anexión

4. Frutos que reportaría tal esfuerzo

5. Y finalmente, colofón: arenga política al gobierno.

 

        En el apartado introductorio aparecen las malas noticias que había traído un alto mando militar de la isla que se había repatriado a la Península en un navío que llegó a Cádiz. Sin embargo se le quita importancia al hecho calificándolo de "accidente" aparentemente fortuito. En un lugar del texto afirma que la culpa de que hubiesen fallecido hasta entonces 6000 miembros de las filas españolas se debía no a la perdida en combate sino al azote de la fiebre amarilla (13). Parece ser que estos ocurrió así realmente y que la mayoría de las bajas se debieron a los azotes epidémicos. Lo cual estaba motivado tanto por la llegada directamente de las tropas de España  que no de Cuba o Puerto Rico  con lo que éstas no habían tenido tiempo de aclimatarse, como por las precarias condiciones higiénicas en las que tenían que vivir las tropas españolas(14).

A continuación trataremos punto a punto los argumentos que don Joaquín Muzquiz esgrimió para defender la legitimidad de la anexión de Santo Domingo al decadente imperio español. Para ello nuevamente saca a relucir el espíritu patriótico tan propio de la época que le tocó vivir.

        La primera idea que presenta es taxativa ya que afirma la españolidad de aquellos territorios lo cual lo justifica en los largos años de pertenencia al Imperio Español: "la isla de Santo Domingo es territorio nuestro"(15), es decir, reivindica el territorio dominicano basándose en la idea de los largos siglos de dominación española, como primera isla que se colonizó en el continente americano. Aflora entre esas líneas el espíritu dolido por esa España perdida y decadente, en unas líneas que recuerdan bastante al gran poeta Francisco de Quevedo cuando nos hablaba de "los muros hundidos de la patria mía...":

 

        Cuando tropiezo a cada paso restos de venerados monasterios bárbaramente demolidos, me detengo absorto y consternado ante ruinas que recuerdan la pasada grandeza de la España. ¡Más de una lágrima humedece mis mejillas, una esperanza fugaz consuela mi corazón!(16).

 

        Está sin duda en la línea de los numerosos charlatanes patriotas o regeneradores que abundaron en España por esos tiempos. A no dudarlo, la anexión y perdida de SantoDomingo hay que analizarla como precedente inmediato a los desastrosos acontecimientos del 98. Ambos acontecimientos hist óricos presentan las mismas fases de patriotismo esperanzado primero y desilusión y abatimiento después.

En segundo lugar, funda su justificación en el estado de barbarie que había caído la isla tras su independencia de España. Se establece pues la contrapartida civilización española, barbarie de los isleños que se destruyen en guerras fraticidas(17). Cree que las ideas del misionero español, dejaron unas huellas profundas y admiradas aun por los antiguos colonos(18). La vuelta a la civilización de tierras bárbaras es otro de los argumentos que se utilizan para sustentar el mantenimiento de la anexión de Santo Domingo. Y finalmente, se apunta como principio legitimador, la petición, supuestamente calurosa, de todos los dominicanos para la vuelta de España:

        Ha vuelto a unirse por un acto espontáneo, unánime e independiente, más aun que la proclamación de su misma independencia, a la ilustre nación que le diera religión, lengua y costumbres...(19).

 

        Sin embargo, parece ser que este sentir del autor, que como ya hemos dicho antes era acaso el sentir de una parte del pueblo español, no era cierto en absoluto. La figura del general Pedro Santana, artífice del ofrecimiento que la nación dominicana hizo a España para incluirse de nuevo en su órbita, ha sido muy controvertida. Unos lo han acusado del traidor del pueblo en pro de sus intereses personales y los de su clase(20), mientras que otros han justificado su actitud en función a un sincero sentimiento hispanófilo(21). Sea como fuere, lo cierto es que en cualquier caso no fue el pueblo dominicano, sino uno de los dos partidos enfrentados: los azules o santanistas, que habían impuesto su criterio hispanófilo sin ningún tipo de consenso con los rojos o baecistas(22).

Entrando ya en el tercer punto es decir en el campo de las estrategias, hay que decir que éstas son estrictamente militares. La situación hacia 1863 4 era tan grave que a Muzquiz y Callejas ni siquiera se le ocurre plantear otro tipo de planes que se salgan del mantenimiento de la situación por la fuerza de las armas.

        Como primera medida, cree que la solución para ganar la guerra no está en el envío de nuevos contingentes, pues piensa que los que allí hay estacionados son más que suficientes(23). Además esta medida continuamente repetida por las autoridades españolas tiene el inconveniente que acostumbra a las tropas allí estacionadas a confiar más que en sus propias fuerzas en los refuerzos enviados por la Metrópoli(24). Para él el gran problema está en el mando militar, que está en manos de gente ineficaz y poco decidida, y en generales que no se diferencian en nada de simples soldados. De manera que reivindica un general "de prestigio" que de "actividad, energía y decisión", que eran para él elementos imprescindibles para la victoria final(25).

        Luego plantea un plan concreto de ataque, que acaso es lo más novedoso de todo lo que plantea en su panfleto. Así, establece como recurso extremo, pero necesario, "quemar las selvas todas y que arda aquella provincia entera"(26). De esta manera se evitaría que saliesen enemigos "efectivos o soñados" de la selva en un frente excesivamente extenso, privándose a los rebeldes de un refugio seguro en zonas fuera del alcance de los españoles(27). Tras la rápida quema de la selva, los españoles avanzarían desde la frontera haitiana hasta cercar a los rebeldes contra el mar, sin ninguna escapatoria posible. Sin embargo, no explica este tratadista como se llevaría a cabo la quema de la selva, pues tan sólo se limita a decir que no sería en ningún caso difícil.

Ni Joaquín Muzquiz ni la mayoría de los panfletistas de su tiempo se dieron cuenta de que en aquellos momentos era imposible volver a tomar la isla, porque al margen de la mala política económica llevada a cabo por España, el pueblo dominicano amaba por encima de todo su independencia por la que tanto había luchado en los pocos decenios de su existencia como nación. Como decía Jaime de Jesús Domínguez: no se puede comprender el fracaso de la anexión sin partir de la base del amor que sentían los dominicanos por su independencia(29).

En lo que concierne a las ventajas que se esperaban obtener de la anexión hay que citar en primer lugar, la recuperación del prestigio internacional perdido. Todos estos tratadistas se sienten grandes admiradores de de los tiempos pasados y orgullosos de españoles como Cortés o Pizarro.

        En segundo lugar, habla de beneficios estratégicos y económicos. Joaquin Muzquiz critica la torpeza de España, al no haberse quedado cuando concedió la independencia a los estados americanos con ciertos puntos estratégicos, y con ciertas factorías privilegiadas desde el punto de vista económico. Por ejemplo propugna la toma de la isla del Guano, en concepto de indemnización por el ultraje que recibió España(30). Entre estos puntos está la isla de Santo Domingo por su doble interés geoestratégico y económico: En lo que concierne a lo primero, esto era evidente por reencontrarse la antigua colonia entre dos posesiones españolas Cuba y Puerto Rico. Igualmente se reconoce la posición de Samaná como "llave del golfo de México, aunque no lo bañe"(31). Además la situación social de libertad del esclavo podría ser perjudicial para las colonias esclavistas españolas por lo que se plantea como positivo la vuelta a este sistema en Santo Domingo.

        Los beneficios económicos, sin embargo, se manejaban como lo más importante de esta anexión, destacándose la madera como producto principal de explotación. No obstante, Joaquín Muzquiz enfoca más los recursos madereros dominicanos hacia el sostenimiento de una gran armada española que hacia el posible lucro que la explotación, por ejemplo de la caoba reportaría (32). Así, igual que Fenicia debió su navegación a los montes del Líbano, igual España puede basar su armada en los bosques de Santo Domingo(33). España para resurgir de sus cenizas debe reconstruir su armada de guerra pues "muerta su armada en Trafalgar, España enmudeció en el Consejo de las Naciones grandes: su nombre vuelve a oírse apenas su pabellón con dignidad surca los mares..."(34).

El interés por la madera en estos tiempos se debía a la importante deforestación, y subsiguiente carestía de este producto, que sufría la Península Ibérica desde 1850. Se calcula que entre 1850 y 1900 se talaron en España cerca de 10 millones de hectáreas de bosques, constituyendo la más bárbara destrucción ecológica de toda la historia de España (35). No obstante, Joaquín Muzquiz no tuvo en cuenta, en ningún momento, el progresivo auge que estaba adquiriendo el metal en la construcción naval. Ya en 1836 se había aplicado la hélice al navío llamado Arquímedes y desde entonces estos fueron en aumento, por la ventaja que tenían con respecto a los ya viejos veleros de madera (36).

Al final, pese a la opinión favorable de un sector importante de la opinión pública española, lo cierto que la anexión fue un fracaso completo, pues España se entrometió en la historia de una Nación con problemas más graves de los que aparentemente se veían, y no supo aportar ninguna solución, concibiendo tal empresa exclusivamente desde el punto de vista militar y del interés personal por prestigio y madera. En medios del caos España se vio obligada a abandonar la isla el 3 de marzo de 1865 dejando en la isla más de veinte mil muertos y una indeseable antipatía hacia la que fuera antigua Metrópoli(37).

 

NOTAS

 

1. BONA, Fernando de: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Madrid, Imprenta de M. Galiano, 1861. FERRER DE COUTO, José: Reincorporación de Santo Domingo a España. Breves consideraciones sobre este acontecimiento. Madrid, 1861. MARTIN Y OÑATE: España y Santo Domingo. Observaciones de simple y racional criterio acerca de lo que interesa a la nación española la posesión de dicha isla. Y sobre los beneficios que han de recibir en consecuencia los mismos dominicanos, seguidos de una descripción histórica y geográfica de

tan vasta y rica antilla. Madrid, Imprenta de Severiano López, 1864. LA GANDARA Y NAVARRO, José: Anexión y guerra de Santo Domingo. Madrid, 1884. GONZALEZ TABLAS, Ramón: Historia de la dominación y últimas guerras de España en Santo Domingo. Madrid, Imprenta Fernández Caro, 1870,

2. El artículo en cuestión es MUZQUIZ Y CALLEJAS, Joaquín: Una idea sobre la cuestión de Santo Domingo. Madrid, Imprenta de Antonio Pérez Dubruel, febrero de 1864 (pp 1 29).

3. SANCHEZ AGESTA, Luis: "Sentido sociológico y político del siglo XIX". Revista de Estudios políticos Nº 75, Madrid, 1954 (pp. 23 43) pp 32 3.

4. CARR, Raymon: España (1808 1975). Barcelona, Ariel, 1985, p. 257

5. NAVARRO Y RODRIGO, Carlos: O`Donnell y su tiempo. Madrid, Imprenta de la Biblioteca Universal económica, 1869 Cap XXXI, p. 143

6.  CARR Ob Cit p 258. COMELLAS, José Luis: Historia de España Moderna y Contemporánea (1474 1975). Madrid, Ed Rialp, 1985, pp. 476 7.

7. DOMINGUEZ, Jaime de Jesús: La anexión de la Republica Dominicana a España,T I. Santo Domingo, Editora de UAST, 1979 p 77

8. IBIDEM p 306

9. NAVARRO Ob. Cit., Cap. XL p 192

10. CARR Ob. Cit., p 258

11. NAVARRO Ob. Cit. Cap. XL, p 191

12. MUZQUIZ Ob. Cit., p 29

13. IBIDEM p 7

14. DOMINGUEZ Ob. Cit., p 258

15. MUZQUIZ Ob. Cit., p 5

16. IBIDEM p 13

17. IBIDEM p 28

18. IBIDEM p 10 y ss

19. IBIDEM p 5. El parrafo parece inspirado en otro texto aparecido publicado en 1854 en que se afirmaba que todos los dominicanos se pronunciaban a favor de España pues es una nación "que tiene la misma lengua, religión, carácter y costumbres". TORRENTE, Mariano: Política Ultramarina que abrazan todos los puntos referentes a las relaciones de España con los Estados Unidos, con la Inglaterra y las Antillas, y señaladamente con las islas de Santo Domingo. Madrid, 1854 L III, Cap LII, p 325.

20. Véase por ejemplo TOLENTINO, Hugo: La traición de Pedro Santana. Santo Domingo, 1968 p 37. Pueden verse muchos más datos en torno a la controversia de Santana en ALFAU DURAN, Vetilio: Controversia Histórica. Polémica de Santana. Santo Domingo, Editora Montelco, 1968.

21. DOMINGUEZ Ob. Cit., p 65 y ss.

22. HOETINK, H: El pueblo dominicano 1850 1900. Apuntes para su sociología histórica. Santiago(R. Dominicana), Colección Estudia, 1971 p 192

23. MUZQUIZ Ob. Cit, p. 6. Sin embargo, la superioridad numérica española tampoco era tan clara, porque cualquier dominicano se convertía en soldado cuando las circunstancias lo requerían. Mariano Torrente decía en 1854 sobre el ejercito dominicano lo siguiente:"se compone de 6000 hombres, y en caso de guerra puede elevarse a 15 000, y aun a mayor número, pues cuando la patria se declara en peligro, todos los habitantes son soldados y

todos salen a defender sus hogares con indomable furor...".TORRENTE: Ob. Cit. L. III, Cap. XLIX, p. 292

24. IBIDEM p. 8.

25. IBIDEM p. 7.

26. IBIDEM p. 8.

27. IBIDEM.

28. IBIDEM p 18.

29. DOMINGUEZ Ob. Cit. p. 314

30. MUZQUIZ Ob. Cit., pp. 21 y ss.

31. IBIDEM p. 28. También otros como Navarro y Rodrigo destacan este punto estratégico. NAVARRO: Ob. Cit. Cap XL p 190 32.  A este respecto reconocía Mariano Torrente: " por sus puertos se exporta la caoba mejor y más estimada de Europa. Los que se dedican a la madera sacan mucho provecho porque allí los árboles crecen espontáneamente y sin cultivo de manera que no hay más trabajo que cortarlos, desbastarlos y conducirlos a las costas". TORRENTE: Ob. Cit. L. III, Cap. XLVIII, p. 279

33.  MUZQUIZ: Ob. Cit., pp. 18 19.

34.  IBIDEM, p. 19.

35. NADAL OLLER, Jorge y otros: Los Siglos XIX y XX. América Independiente. Historia de España y América Social y económica T V. Barcelona, Editorial Vicens Vives, 1985, pp. 198 199.

36. IBIDEM p. 209.

37. MORALES PADRON, Francisco: Historia de unas relaciones difíciles (EEUU  América Española). Sevilla, Universidad de Sevilla, 1987, p. 103.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

CIVILIZAR, CONQUISTAR O GLOBALIZAR: DOS MIL AÑOS DE IMPERIALISMO

CIVILIZAR, CONQUISTAR O GLOBALIZAR: DOS MIL AÑOS DE IMPERIALISMO

Curiosamente la dialéctica del poder ha sido siempre la misma, variando solamente algunas palabras. Ya en la antigüedad se pensaba que era la civilización la que hacía posible la convivencia. Por ello, llevarla a los pueblos supuestamente bárbaros no sólo era positivo sino deseable. Había pueblos inferiores a los que evangelizar, enseñar y, en la actualidad, desarrollar. Una coartada perfecta que ha justificado todo tipo de guerras imperialistas desde el expansionismo romano a las guerras preventivas de nuestros días.

En la antigüedad el caso más singular fue el de los romanos que crearon toda una corriente ideológica tendente a justificar su expansión. Llama la atención que ya en el siglo I d. C. Cornelio Tácito, en su obra Historias, afirmara que todos los pueblos que habían sometido a otros lo habían hecho justamente, tratando de llevarles ¡la libertad! Quince siglos después, Ginés de Sepúlveda alabó la expansión romana en Hispania pues aunque generó algunos abusos, no fueron comparables a las ventajas, especialmente el gran regalo de la lengua latina. E igualmente justa fue la conquista, pues supuso el triunfo de la civilización sobre la barbarie. Para la mayoría de los europeos de la época, los amerindios constituían sociedades degeneradas y hasta demoníacas por lo que se imponía la necesidad caritativa de civilizarlos, o de cristianizarlos que a fin de cuentas era prácticamente lo mismo.

En el siglo XIX hubo verdaderos cantores de la expansión imperial que veían en ella el triunfo definitivo del progreso frente al lastre del pasado. Los franceses hablaban con orgullo de la carga del hombre blanco, a la par que Jules Ferry exponía ante la Cámara de los Diputados, un 28 de julio de 1885, las excelencias de la expansión colonial como vía de transmisión de la luz de la razón. Ingleses, holandeses y alemanes se expresaban en términos similares, contemplando el Imperialismo como la evidencia del triunfo de la civilización. Justo lo mismo que habían dicho los romanos en tiempos de Jesucristo y los hispanos en el siglo XVI.

Por supuesto, todas las potencias colonizadoras evitaban hablar de guerras de conquista, de masacres o de represalias. Ya en 1556 las autoridades españolas sustituyeron en todos sus documentos oficiales la palabra conquista por la de pacificación. Obviamente, seguía siendo una guerra, por lo que no se trataba más que de un eufemismo para calmar las conciencias y de paso evitar críticas. Curiosamente, en la conquista del centro y norte de Vietnam, llevada a cabo por Francia entre 1883 y 1896, se usó el mismo término de pacificación, pese a la hecatombe demográfica que provocó.

Lamentablemente, en el siglo XX esta línea de pensamiento que justificaba el predominio del hombre blanco se ha mantenido hasta el siglo XXI. La justificación del imperialismo británico ha sido especialmente duradera. En 1937, en el transcurso de una conferencia de la Commonwealth, se afirmó que el único porvenir que les quedaba a los indígenas australianos era su asimilación por la cultura occidental; más allá no había ningún futuro para ellos. En 1948, Lord Elton escribió con orgullo que el pueblo británico había sabido entender, mejor que nadie, su misión en el mundo, al comprender y asumir que el Imperio acarreaba más obligaciones que beneficios. Pero el sacrificio –decían- merecía la pena porque se trataba de expandir la culta civilización anglosajona a millones de salvajes.

Y actualmente vivimos un nuevo renacer de la expansión imperialista, otra vez con la coartada de la civilización: por un lado, las llamadas guerras de cuarta generación que incluiría los conflictos llamados preventivos que tan asiduamente práctica Estados Unidos, y las acciones contra el terrorismo internacional. Y por el otro, multinacionales que campan a sus anchas por el mundo, saqueando recursos naturales, matando de hambre a sus asalariados y vendiendo sus productos a escala planetaria. Ahora ya no hablan de civilizar sino de globalizar las mieses del bienestar. Lo mismo de siempre con otras palabras, y lo peor de todo en pleno siglo XXI y ante la pasmosa pasividad de todos.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Los datos están extraídos de mi libro: Imperialismo y poder: una historia desde la óptica de los vencidos. El Ejido, Círculo Rojo, 2013).

LA MEDIA VERDAD SOBRE LA SUPUESTA LOCALIZACIÓN DE LA NAO SANTA MARÍA

LA MEDIA VERDAD SOBRE LA SUPUESTA LOCALIZACIÓN DE LA NAO SANTA MARÍA

En los últimos meses la prensa de todo el mundo se ha hecho eco del supuesto descubrimiento del lugar exacto del hundimiento de la nao Santa María, el primer barco europeo que supuestamente surcó aguas americanas. El supuesto descubrimiento lo ha hecho el explorador norteamericano Barry Cliford y se ha creado un gran revuelo a partir de la publicación de la noticia en el diario The Independent.

Sin embargo, la noticia contada así, sin matizar, es otra mentira más de los actuales medios de comunicación de masas que viven de ofrecer grandes noticias sensacionalistas. Como de costumbre, la noticia ha sido simplificada hasta el punto de convertirla en una media verdad o en una clara falsedad. Y ello no me extraña en absoluto, pues en el mundo relativista actual de las informaciones cortas, de la telefonía móvil y de las redes sociales, la realidad se simplifica hasta extremos insospechados. Y ¿con qué objetivo? Pues simplemente con el de convertirla en una noticia atractiva y enigmática con la que llenar agencias de noticias, periódicos y revistas, ofreciendo a los lectores las mismas noticias sensacionalistas que ellos esperan recibir. Unos obtienen beneficios económicos mientras que la mayoría queda entretenida en una noticia tan vacía como neutra. Forma parte de esa cultura mosaico de que hablan los sociólogos, tan vacía de contenido como útil para los que manejan los hilos del poder. A continuación argumentaré los motivos que me llevan a hablar de media verdad o de falsedad:

Primero, hay que empezar diciendo que es más que dudoso que la nao Santa María fuese el primer navío europeo en surcar las aguas americanas, como han dicho numerosos rotativos. Aun dando por falsa la teoría del protonauta Alonso Sánchez de Huelva, el piloto onubense que estuvo en las Antillas y regresó a las islas Madeiras enfermo, los vikingos recorrieron varios siglos antes las costas de Groenlandia y Norteamérica, región esta última que ellos denominaron Vinlandia. ¡Llegaron a tener hasta una sede episcopal!

Segundo, el propio Cristóbal Colón anotó en su Diario de a bordo todos los pormenores del suceso. La Nochebuena del 24 de diciembre de 1492, estaba en la costa norte del actual Haití cuando zarpó del cabo de Santo Tomás en dirección a Punta Santa –actual Bahía de Cabo Haitiano-. Allí, un grumete, provisionalmente a cargo del timón, encalló la nao en un banco de arena. Obviamente, se conoce el sitio aproximado del suceso desde hace varios siglos.

Tercero, no fue un hundimiento sino que simplemente el buque encalló en la arena. No hubo ninguna víctima y el Almirante dispuso de todo el tiempo que quiso para desembarcar todo lo que llevaba a bordo. Pero es más, decidió desguazar la nave para construir con sus restos el fuerte Navidad. Según el sevillano fray Bartolomé de Las Casas que el suceso lo provocó la providencia para construir allí el primer asentamiento cristiano del Nuevo Mundo. Unos cuarenta españoles, al mando del capitán cordobés Diego de Arana, se quedaron allí tras el regreso del Almirante a Castilla. Como es bien sabido, todos ellos fueron asesinados por los taínos, hartos de sus pendencias y de sus abusos. El propio Almirante regresó en 1493 al sitio exacto, donde desgraciadamente comprobó lo sucedido.

Recapitulando, nos constaba desde tiempo casi inmemorial el lugar aproximado donde se perdió la nao Santa María. Asimismo, sabíamos que el barco fue completamente evacuado, con todos sus enseres y desguazado. Sacaron hasta el último clavo para construir el primer fuerte del Nuevo Mundo. Mucho dudamos que el cañón que dicen haber encontrado sea la prueba de que allí embarrancó la Santa María, porque es muy improbable que el Almirante no extrajese del barco algo tan valioso como una pieza de artillería. Pero incluso en el hipotético caso de que se confirmase el punto exacto del hundimiento, habría que aclarar dos puntos:

Primero, que todo lo más que se va a encontrar es algún que otro bolaño de hierro que usaban de lastre y unos pocos clavos oxidados. Y segundo, que el hallazgo es tan insignificante e intrascendente, que simplemente aportará el punto exacto donde encalló, en la misma zona en la que siempre supimos que había ocurrido el suceso.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA AMÉRICA INDÍGENA: DEL INDIANISMO A LA CIUDADANÍA ÉTNICA

LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA AMÉRICA INDÍGENA: DEL INDIANISMO A LA CIUDADANÍA ÉTNICA

Nadie duda ya que los grandes mártires de todo el proceso de expansión de la civilización occidental en América fueron los amerindios. El objetivo inicial no era su exterminio, pues se pretendía incorporar a aquellos indios útiles al trabajo productivo. Pero, la inadaptación al trabajo sistemático de una parte de los grupos indígenas, las epidemias y el desprecio con el que fueron tratados por el hombre blanco, provocaron la desaparición de su mundo en pocas décadas. A mediados del siglo XVI, poco más de 50 años de la primera arribada, su mundo había quedado traumatizado para siempre.

Personas aisladas, llamadas indigenistas, clamaron durante siglos por la injusta situación social de los naturales. Son embargo, en los años setenta el indigenismo comenzó a ser cuestionado abiertamente en distintos lugares del continente americano. Resultaba ya evidente a todas luces su fracaso para solucionar los problemas de las naciones indias. Su contribución ha sido a lo largo de casi cinco siglos de existencia muy positiva, defendiendo abiertamente a los indios, criticando el genocidio y procurando su mejora social. Sin embargo, pese a sus aportes, sus soluciones no han sido nunca aceptadas por los propios amerindios, pues si bien luchaba contra el genocidio, asumía el etnocidio y lo tomaba como propio.

 

1.-EL INDIANISMO


El indianismo ha pretendido ser la solución presentada por los propios colectivos indios. Desde la Declaración de Barbados del 2 de julio de 1977 surgió con gran fuerza el indianismo que se resistía a la integración y defendía, en cambio, el etnodesarrollo y la diversidad cultural. El indianismo se puede definir como un proyecto civilizatorio diferente del occidental o indigenista, y elaborada por los propios indios. Esta filosofía indianista se fundamenta en la visión cósmica de la vida y del mundo que para el indio significa equilibrio y armonía entre los distintos elementos de la naturaleza, de la cual él mismo es parte integrante. El indianismo es también, como escribió María-Chantal Barre, la búsqueda y la identificación con el pasado histórico, pues, pasado y presente forman un todo inseparable basado en la concepción colectivista del mundo. Esta ideología plantea una política indígena común, pese a lo difícil que resulta poner de acuerdo a personas que hablan unas 863 lenguas diferentes. Tan sólo en México los indios hablan nada menos que 204 lenguas según ha estudiado Gonzalo Aguirre Beltrán.

Además, sus deseos de volver al estado en que se encontraban en 1492 es una falacia ya que es imposible dar marcha atrás. Todas las culturas evolucionan y está ha tenido que evolucionar a marchas forzadas por el brutal impacto de la cultura occidental. En su empeño, lo único que consiguen es intentar parecerse a lo prehispánico produciéndose un sincretismo que, no obstante, les sirve para mantener su identidad frente a la cultura que ellos denominan blanca. A mi juicio, no es posible la involución histórica y no pueden pretender volver a la supuesta civilización ideal que poseían antes de la llegada de los españoles. No obstante, no cabe la menor duda de lo difícil que resulta decidir si es mejor dejarlos a su arbitrio en una política indianista que está dando buenos resultados en algunos lugares de América o si optar finalmente por la integración y la incorporación a la educación a la cultura y a los avances del mundo occidental.

En cualquier caso hay que reconocer que los logros de la etapa indianista a la evolución del problema de la indignidad han sido muchos. Han conseguido, por ejemplo, que numerosas constituciones americanas reconozcan el derecho a la diversidad cultural de los indios. Así, en la constitución mexicana de 1991 se reconoció, en su capítulo IV la composición pluricultural de la nación mexicana. Era un gran avance, aunque no ha sido suficiente como prueba la situación de los propios indígenas, catalizada en movimientos rebeldes como el zapatista de Chiapas.

 

2.-LA CIUDADANÍA ÉTNICA


Desde los años 80 ha aparecido una nueva ideología que reivindica la recuperación de sus tierras comunales y de sus hábitats tradicionales. Es cierto que los pueblos indígenas tienen derecho a su autodeterminación. No debemos olvidar que en la propia Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se estableció la necesidad de respetar las diferencias culturales de todos los pueblos.

           En realidad, esta ideología no es nueva sino que es un perfeccionamiento de la ideología indianista. Mantiene los principios fundamentales reivindicados por los indianistas pero haciéndoles viables. Parten de la base del establecimiento de pactos políticos con partidos clasistas, sobre todo de izquierdas, del respeto a los Derechos Humanos y de su unidad dentro de su nación política. En definitiva, la ciudadanía étnica intenta armonizar las relaciones entre indios y occidentales. A nivel político piden el retorno de los consejos tribales, que estarían sometidos, obviamente, a los funcionarios reales. A nivel cultural piden el bilingüismo y el respeto a sus leyes consuetudinarias solo con la limitación de que deben estar limitadas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Demetrio Cojtí, un líder indígena maya ha sintetizado las reivindicaciones indígenas en las siguientes: territoriales –propiedad colectiva y privada de la tierra-, políticas –autonomía-, jurídicas –derecho consuetudinario-, lingüísticas –bilingüísmo-, educativas , culturales, civiles, económicas –desarrollo propio- y sociales –promoción de la lucha contra el racismo y el colonialismo-.

Entre finales del siglo XX y principios del XXI se ha alcanzado un verdadero hito en la lucha por la defensa de los pueblos indígenas. La instauración de un Foro permanente sobre Cuestiones Indígenas y sobre todo la aprobación por la Asamblea General de la ONU, el 13 de septiembre de 2007, de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas han constituido un salto adelante sin precedentes. La aprobación de este último documento no fue fácil, pues, lograr un acuerdo costó varias décadas de trabajo y de debates. Y ello porque muchos la vieron como una amenaza a la integridad de sus respectivos Estados nacionales. Por ello, nada tiene de particular que el artículo más polémico fuese el 3º que establecía el derecho de los pueblos indígenas a su libre determinación. Finalmente, gracias al esfuerzo de todos se logró el acuerdo, por una mayoría aplastante, 144 Estados a favor frente a cuatro en contra, concretamente Estados Unidos –cómo no-, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

En realidad, no es más que la misma Declaración de los Derechos Humanos adaptada y concretada para los pueblos indígenas. Por ello hay muchos que piensan que es innecesaria, porque esos mismos derechos los deben garantizar en teoría la Declaración Universal. Sin embargo, su promulgación ha sido necesaria por la falta de implementación de la legislación vigente, nacional e internacional. Ni se han respetado la protección establecida en las Constituciones de los distintos países americanos ni tan siquiera la de los Derechos Humanos. Es más, la promulgación de esta carta específica para los indios denota las violaciones reiteradas que continuaron sufriendo en la praxis. Por ello, todo lo que sea asegurar más la protección de las comunidades indígenas siempre es bien recibida. En ella se establece su derecho a la libertad (art 2º), a la libre determinación (art. 3º), a mantener y conservar sus propias instituciones y tradiciones (art. 5º y 11º), a gozar de unas condiciones de vida adecuadas (art. 21º) y a la reparación por los despojos pasados (art. 28º).

Otra cuestión diferente es su implementación. Incluso, los países que la firmaron ahora se encuentran en la tesitura de su incumplimiento si sus intereses económicos o políticos están en juego. Así, por ejemplo, recientemente se ha denunciado la falta de sensibilidad del gobierno peruano con los pueblos awajún y wampis por la existencia de riquezas mineras en su territorio y las actuaciones de las poderosas compañías extractivas. Desgraciadamente, no es el único caso.

Como reflexión final, está bien claro que aunque se ha avanzado, seguimos lejos de dar una solución definitiva a la situación de los indígenas americanos, que cinco siglos después de la destrucción de su mundo siguen a la espera de la restitución de sus derechos y de su dignidad. ¿Llegará algún día su redención?, nada parece indicar que esto ocurra a juzgar por el pasado y por el presente. No obstante, debemos confiar que algún día sus reivindicaciones y el triunfo de los Derechos Humanos en todo el mundo den sus frutos.

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA


ALCINA FRANCH, José (comp.): Indianismo e indigenismo en América. Madrid, Alianza Universidad, 1990.

 

ALVARÉZ MOLINERO, Natalia, J. Daniel OLIVA MARTÍNEZ Y Nieves ZÚÑIGA GARCÍA-FALCES (Edts.): Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Hacia un mundo intercultural y sostenible. Madrid, Catarata, 2009

 

ANAYA, S. James: “Por qué no debería existir una declaración sobre derechos de los pueblos indígenas”, en Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Hacia un mundo intercultural y sostenible. Madrid, Catarata, 2009

 

BARRE, Marie-Chantal: Ideologías indigenistas y movimientos indios. México, Siglo XXI, 1983.

 

LÓPEZ GARCÍA, Julián: “Proyectos de desarrollo y cambios en el liderazgo indígena comunitario en Iberoamérica”, en América indígena ante el siglo XXI. Madrid, Siglo XXI, 2009

 

PEÑA, Guillermo de la: “Ciudadanía social, demandas étnicas, derechos humanos y paradojas neoliberales: un estudio de caso en el occidente de México”, en América indígena ante el siglo XXI. Madrid, Siglo XXI, 2009.


ESTEBAN MIRA CABALLOS

HERNANDILLO EL TUERTO Y GUAMA: DOS MODESTOS HÉROES TAÍNOS FRENTE AL IMPERIO

HERNANDILLO EL TUERTO  Y GUAMA: DOS  MODESTOS HÉROES TAÍNOS FRENTE AL IMPERIO

        En los años veinte del siglo XVI, cuando algunos taínos, supervivientes de la hecatombe del choque de civilizaciones, tomaron consciencia de la situación de esclavitud en la que se encontraban se alzaron contra el poder imperial. Pese a sus reducidas fuerzas mantuvieron, en La Española y en Cuba, la rebelión durante varios lustros, ante la impotencia de los hispanos.

La primera referencia que tenemos de Hernandillo El Tuerto aparece en el repartimiento de Alburquerque de 1514. En dicho documento se le cita con el nombre de Hernandico El Tuerto, y es un cacique adscrito a la villa de La Concepción de la Vega, con 16 indios a su cargo. Fue repartido a un modesto sastre, llamado Miguel de Salamanca, que había llegado a la isla en 1512. Su nombre indígena es desconocido para nosotros. Fue frecuente que los indios de paz o guatiaos tomasen los nombres de su amo o señor español. En caso de ser así, debió ser el nombre de pila de algún otro encomendero anterior al que sirvió. El apelativo de El Tuerto parece razonable pensar que hiciera referencia a un rasgo físico.

En la década de los veinte varios líderes indígenas de la Española se alzaron. Durante más de una década controlaron las zonas más inaccesibles de la isla. El líder más conocido fue el célebre Enriquillo, pero también había otros, como Hernandillo El Tuerto o el Ciguayo.

Hernandillo, encabezó un reducidísimo grupo de apenas medio centenar de indios, realizando ataques esporádicos en un triángulo comprendido entre el Cotuy, la Buenaventura y la Vega. Utilizó, pues unas tácticas guerrilleras, atacando por sorpresa en condiciones ventajosas. Un método de hacer la guerra que los indios rebeldes aprendieron de los propios españoles.Según fray Cipriano de Utrera, murió en un enfrentamiento con una cuadrilla hispano-indígena a finales de la tercera década del siglo XVI.

         Paralelamente en la vecina isla de Cuba, en torno a 1522, desafió el poder español el indio Guama. La insurrección se inició en el cacicazgo de Baracoa, gracias a la despoblación que había experimentado dicha provincia en la década de los veinte. Toda la isla sufrió la pérdida de población por el foco de atracción que supuso la Nueva España, pero muy especialmente esta provincia de la que se decía, en 1530, que no quedaban más que cuatro o cinco vecinos españoles.

Guama nunca llegó a tener ni el poder ni el carisma de Enriquillo, el cacique alzado en la vecina isla Española. Tan sólo consiguió reunir bajo su mando a 60 guerreros gracias a su fusión con el cacique Juan Pérez que perdió su función de líder para convertirse en su lugarteniente. Pero, sí hay que reconocerle el mérito de ser el primer cacique nativo de Cuba que comprendió a la perfección el sistema de hostigamiento constante contra los invasores. También, tuvo perfecta conciencia de que su única posibilidad se basaba en el elemento sorpresa, el cual utilizó durante años con no poco éxito.

En su momento más álgido, llegó a controlar las zonas más montañosas de casi todo el este cubano, es decir, de la provincia de Baracoa, Maisi, Çagua, Baraxagua y el Bayamo. Mantuvo en jaque a los españoles hasta 1532, es decir, más de diez años. Sin embargo, esta larga duración se debió más que al ingenio estratégico de Guama, al desinterés de los españoles por acabar con un alzamiento de indios que apenas si causaba daños. En este sentido, cuando el teniente de gobernador Gonzalo de Guzmán fue acusado de no perseguir a los naturales alzados respondió que no lo hizo porque el dicho indio no hizo daño alguno "antes era público que se estaba en su tierra, y, decía que no quería hacer mal a nadie, ni lo hacía”.

Fracasados todos los intentos de buscar una salida pacífica al conflicto se decidió finalmente acabar con la resistencia indígena por la fuerza de las armas. La victoria no fue fácil, pues fueron necesarios varios años para acabar con Guama y los suyos, muy a pesar de que los españoles se vieron muy favorecidos por la epidemia de viruela que se desató en 1530 y que diezmó a los indios del caudillo alzado.

Las primeras operaciones militares se iniciaron a mediados de 1530 y consistieron en la formación de dos cuadrillas compuestas por veinte indios y seis españoles cada una. Una saldría de Asunción y se abastecería de indios de paz de las provincias de Maisi y Baytiqueri, mientras que la otra, partiría de Guantanabo y se constituiría con indios de las provincias del Bayamo y Arabacuco. A pesar de la aparente buena organización, no sabemos los resultados de esta campaña, pues la documentación silencia cualquier referencia a la misma.

        En 1531, se formó otra cuadrilla, capitaneada por Diego Barba, y, compuesta por nueve o diez españoles, varios negros y treinta indios "escogidos para la guerra". En esta ocasión, la cuadrilla si atacó el rancho donde se refugiaba Guama, destrozándolo todo y tomando preso a la mayoría de los indios, si bien, el astuto caudillo indígena consiguió huir con unos diez hombres, cuatro mujeres y cuatro muchachos.

        En 1532, el capitán Gonzalo de Obregón se encargó de seguir y dar alcance a los aborígenes escapados con una cuadrilla formada por seis españoles, dos negros y doce indios, capturando a siete indios que estaban con el cacique indígena. En cambio, Guama, nuevamente, escapó de los españoles, pero como ya dijimos antes, no pudo controlar a los suyos, encontrando la muerte a manos de alguno de sus propios correligionarios. Finalmente, se organizaron tres cuadrillas, capitaneadas respectivamente por Gaspar Caro, Cristóbal de Lezcano y Bernabé de Valdivieso, siendo los indios definitivamente prendidos. Los cabecillas fueron ajusticiados, y el resto de los indios encomendados por naborías. Desde entonces se decía que la isla estaba tan pacífica que “un español sin temor puede andar por ella… ”.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ARRANZ MÁRQUEZ, Luis: Don Diego Colón, I, Madrid, C.S.I.C., 1982

 

------- Repartimientos y encomiendas en la Isla Española (El repartimiento de Alburquerque de 1514), Madrid, Fundación García Arévalo, 1991.

CASSÁ, Roberto: Los indios de las Antillas, Madrid, MAPFRE, 1992.

CASTELLANOS, J.: “Crónica de la rebeldía de los indios cubanos (1520-1550), en Revista de la Universidad de La Habana, N. 136-141, La Habana, 1959.

FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia general y natural de las Indias, Madrid, Atlas, 1992.

LAS CASAS, Bartolomé de: Historia de las Indias, México, Fondo de Cultura Económica, 1951.

MARRERO, Leví: Cuba: economía y sociedad, Madrid: Editorial Playor, 1974.

MIRA CABALLOS, Esteban: El indio antillano: repartimiento, encomienda y esclavitud. Sevilla, Muñoz Moya, 1997.

SORHEGUI, Arturo: Historia de Cuba I, De la organización tribal a la dominación española (1492-1553). La Habana, Universidad de La Habana, 1990.

THOMAS, Hugh: Quién es quién de los conquistadores, Barcelona, Salvat, 2001.

UTRERA, fray Cipriano de: Historia Militar de Santo Domingo (documentos y noticias), Ciudad Trujillo, autoedición, 1950.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

III JORNADAS DE LOS EXTREMEÑOS EN AMÉRICA: VASCO NÚÑEZ DE BALBOA Y LA MAR DEL SUR

III JORNADAS DE LOS EXTREMEÑOS EN AMÉRICA:  VASCO NÚÑEZ DE BALBOA Y LA MAR DEL SUR

Las III jornadas de los Extremeños en América, organizadas por la Fundación de los Pizarro, en Trujillo, el pasado viernes 8 de noviembre de 2013 no defraudó las expectativas. El elenco de ponentes fue excepcional, a saber: Dr. Carlos Martínez Shaw, Catedrático de la UNED de Madrid, Dra. Carmen Mena García, Catedrática de Historia de América de la Universidad de Sevilla, Dr. Salvador Bernabeu Albert, Investigador científico del CSIC, Dr. José María González Ochoa, de la Fundación SM, y el que suscribe estas palabras.

Las ponencias fueron de un nivel excepcional; en esta condensada y provechosa jornada, todos conocimos de voz de los mejores especialistas de la materia, la impresionante epopeya descubridora de los marinos españoles. Carmen Mena contó su visión del descubrimiento del Pacífico, elogiando la gesta aunque sin omitir la crítica.

El Dr. Martínez Shaw narró las expediciones descubridoras de los siglos XVI y XVII, con una sabiduría que impresionó a todos los presentes. Uno no puede más que sentir admiración por estos cientos de navegantes que dejaron sus vidas en el descubrimiento de los mares del mundo. Desde Vasco Núñez de Balboa a Malaspina –expedición de 1789-94- pasando por los Elcano, Urdaneta, Loaysa, Saavedra, López de Villalobos, Mendaña, Sarmiento de Gamboa y Bernaldo de Quirós, que internacionalizaron la economía. En las exploraciones del siglo XVI primó el afán por conseguir dinero y por conocer otros mundos que pudieran aportar riqueza. Las islas Salomón fueron bautizadas así por Álvaro de Mendaña cuando, en 1567, partió en su búsqueda de la Terra Australis Incognita. Esperaba encontrar al mítico rey Salomón que, en su país de Ofir, –citado en la Biblia- poseía ricas minas de oro.

En cambio en el siglo XVIII, como bien explico el Dr. Bernabeu Albert, había otras motivaciones científicas. Era el siglo de las Luces y algo había cambiado. Las expediciones estaban mejor dotadas técnicamente y mejor preparadas, muchas desde la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz, fundada en 1711. La expedición de Malaspina (1789-1794) en el Pacífico recopiló numerosos datos botánicos, cartográficos, astronómicos, naturalistas, etc. Una empresa ambiciosa verdaderamente pionera, antecedente de las actuales expediciones científicas.

España mundializó la economía, dando inicio de manera incipiente a la globalización y al capitalismo, dos ideas discutidas con detractores y defensores –Hay movimientos anticapitalistas y antiglobalización- pero que a fin de cuentas es lo que tenemos hoy. Y en el origen de nuestro mundo, está el descubrimiento y exploración del Pacífico a lo largo de varios siglos, y la puesta en funcionamiento de un comercio global que partía de Sevilla, llegaba a América y a Asia y retornaba a la ciudad del Guadalquivir. Arterias comerciales que auspiciaron el progreso, circulando por ellas, como se ha explicado hoy aquí, mercancías, personas e ideas.

La guinda, la puso el Dr. Juan Sánchez, quien sorprendió al comenzar con la historia reciente del Pacífico para a partir de ahí profundizar en el pasado. A su juicio, China, La India, Japón y los Dragones Asiáticos se estaban convirtiendo en el centro y Occidente en general en la periferia. A lo mejor, la clave está en volver a navegar por el Pacífico, en recuperar los vínculos con el Lejano oriente, esos mismos que abandonamos tras la derrota de 1898. ¿En qué nos puede ayudar el conocimiento de este pasado?, ¿cómo puede España aprovechar este legado? Yo creo que es una buena punta de lanza, una buena carta de presentación para seguir explorando -como hace el buque de investigación Hespérides- o para trazar puentes con Asia que es el futuro.

ESTEBAN MIRA CABALLOS