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        Hace justo ahora dos décadas, cuando trabajaba como becario en el Archivo Histórico Provincial de Badajoz me topé con este curioso documento. Un tiempo más tarde, exactamente en la Nochevieja de 1996 lo publiqué en el periódico Hoy de Extremadura. Incorporo a mi blog este curioso texto que escribí hace dos décadas:

        Entre unos viejos manuscritos pertenecientes a la familiar Grajera, recientemente incorporados a los fondos del Archivo Histórico Provincial de Badajoz, se encontraban dos cuartillas en las que curiosamente una persona copió unas décimas que los pajes del obispo de Plasencia entonaban por estas fechas navideñas cuando el capitán general se acercaba a él. Lógicamente estos versos apenas tienen valor literario, pues son composiciones un tanto ingenuas e incluso, en ocasiones, con rimas forzadas y malsonantes. En cambio sí que tienen un cierto interés histórico, no solo por su indudable carácter anecdótico sino porque suponen un testimonio más de las protocolarias y a veces difíciles relaciones sociales en la historia pasada de España. Precisamente por estos motivos hemos creído oportuno transcribirlas y comentarlas.

        El texto fue redactado en la primera mitad del siglo XIX, pues, aunque no eestá fechado, la letra y la pertenencia a un conjunto homogéneo de documentos de la primera mitad del siglo XIX le otorgan sin lugar a dudas esta cronología. Estas composiciones muestran a la perfección la complejidad de las relaciones sociales en la España decimonónica donde el sentido de la jerarquía estaba bien patente. No en vano en el siglo XIX todavía seguían siendo el obispo y el capitán general las figuras más relevantes de la ciudad y tenían todo un protocolo para relacionarse. Las décimas decían así:

 

        Viva del obispo amado/ y San Juan la dulce unión/ en tranquila posesión/ de provincia y obispado/ a cada cual en su estado/ tal obediencia prestemos/ que la de Isaac imitemos/ la provincia brillará/ la religión triunfará/ y felices viviremos/ Para bien del reino y grey/ defienda Dios con su mano/ a San Juan y Cipriano/ amantes fieles del Rey/ hagan se cumpla la ley/ defiendan la religión/ como el jefe Gedeón/ y por premio de su celo/ y con venirles del cielo/ gloria del rey Salomón/ viva el ilustre pastor/ de Plasencia y obispado/ con San Juan para lechador/ de fidelidad y horror/ con expresión de amor/ y con ecos de alegría/ digan todos a porfía/ viva el pastor plasenciano/ viva el general amado/ de matusalén la vida/ logren con felicidad/ el general y pastor/ que Belén tuvo y logró/ la noche de NAVIDAD/ Viven con aquella paz/ que se anunció a los pastores/ y la estrella con resplandores/ les guíe tan permanente/ como a los Reyes de Oriente/ al ofrecer a Dios dones.

 

        Como se afirma en el propio manuscrito, estos versos eran entonados tradicionalmente por los pajes del obispo en fechas navideñas tan pronto como se le aproximada el capitán general. Sin embargo, debía ser bastante embarazoso para ambas autoridades que cada vez que se encontraban tuviese el militar que esperar a que le recitasen las mismas décimas. Por ello, al final del documento se inserta una frase que nos parece muy curiosa y que dice así: mas las grandes ocupaciones de dicho Excmo. Sr. (se refiere al capitán general) lo impidieron. Es decir, debido a las prisas que siempre debía mostrar la citada autoridad, optó finalmente el mitrado por suprimir este cortés preámbulo.

        El recitado de estas poesías no debió ser más que una idea de algún obispo placentino, no sabemos si talentoso o ingenuo, que debió tener sin duda poca vigencia práctica. Es de suponer que la primera vez agradara al oficial, pero no estamos tan seguros de que oída cinco o seis veces mostrara la misma actitud. En cualquier caso se empleó lo suficiente como para que una persona anónima la perpetuase para la posteridad en el papel que ahora hemos desempolvado.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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