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          Todos los años se desata la misma polémica yo creo que por hacer coincidir el día de la Hispanidad con el 12 de octubre, fecha del Descubrimiento de América. Y es obvio que el 12 de octubre fue una fecha clave en la historia de España y del mundo. Sin embargo, cabe plantearse si es contraproducente ligar el día de la fiesta nacional a esa fecha, dados los sentimientos encontrados que genera. En otros países del mundo, el día de la fiesta nacional se ubica en alguna fecha que une a todos sus ciudadanos. Así, por ejemplo, los franceses el día de la toma de la Bastilla -14 de julio-, los alemanes el día de la reunificación de la R.F.A. y la R.D.A. –el 3 de octubre- o Italia el día de la creación de su República actual el 2 de junio de 1948.

            Lo cierto es que conmemorar el 12 de octubre de 1492 es problemático porque confluyen en un mismo acontecimiento personas con muy distintas sensibilidades y muy variados puntos de vista: del otro lado del océano, estaría toda la indianidad, los grandes perdedores de todo el proceso, entre los que habría grupos indigenistas e indianistas, así como todo un conglomerado de descendientes de los antiguos criollos con visiones muy diferentes entre sí en función a sus intereses. Y a este lado del charco, entre los propios españoles, estarían por un lado, los defensores de la historia tradicional apologistas de la conquista y los partidarios de una historia alternativa.

            Me parece erróneo y absurdo tildar todo lo ocurrido desde el 12 de octubre de 1492 de genocidio, sin más, sin matices, sin aclaración, y peor aún, como algunos reclaman, pidiendo perdón por lo ocurrido.

            Los que me conocen y leen saben que pocos historiadores como yo han escrito tanto sobre las atrocidades que perpetraron los conquistadores en  la conquista de América. Aquello fue la invasión brutal de un continente en la que la desigualdad de los universos que entraron en contacto fue tal que se produjo un cataclismo de dimensiones bíblicas. En este sentido escribió Augusto Roa Bastos:

 

 

          "Lo que hubo fueron luchas terribles en las que las culturas autóctonas acabaron devastadas y sus portadores sometidos o aniquilados, como ocurre siempre en las guerras de conquista, en los largos y desordenados imperios coloniales".


 

          La Conquista, como se entendió en el siglo XVI, fue tan provechosa para Europa como cruel, destructiva y asoladora para el mundo indígena. Sus instituciones fueron subyugadas, sus culturas y sus lenguas aniquiladas y a esa diversidad política y cultural se le puso un nombre uniforme: es decir, indio. Este término tiene una indudable carga peyorativa pues los españoles llamaron así a los descendientes de aquellos primitivos pobladores de América, al creer que habían llegado a las Indias. La realidad fue absolutamente simplificada, pues, el indio como se entendió entonces, no era más que una abstracción creada por los vencedores.  No existía una cultura indígena, pues indios eran desde los mansos taínos hasta los astrónomos incas, pasando por los primitivos otomíes que vivían en cuevas, los salvajes jíbaros, los orfebres chibchas, los indómitos araucanos, los fieros guaraníes o hasta los refinados mexicas, por citar solo algunos.

          Como cualquiera puede entender, la conquista no fue una cruzada cristiana ni una gesta, sino una guerra de conquista más de las muchas que se han perpetrado en los últimos dos mil años de historia. Hubo etnocidio sistemático y casos puntuales de un genocidio que yo llamo arcaico, en el que desaparecieron etnias enteras sin que nadie hiciera nada para evitarlo. Asimismo, se desarrolló una interesantísima legislación en defensa del indio que por lo general quedó en papel mojado, hubo casos puntuales de clérigos y de protectores de indios que se dejaron la vida en defensa de los más desfavorecidos. Pero nada pudo evitar el drama que las epidemias y la semiesclavitud provocaron en aquellos pueblos. El descenso poblacional fue brutal, de entre el setenta y el noventa y cinc o por ciento de la población dependiendo de la zona.

          Hay extensas zonas de América en las que la conquista todavía no ha sido totalmente asimilada pues sigue existiendo un sentimiento de nostalgia, quizás idealizado, hacia el mundo prehispánico. En algunos casos el problema no es psicológico, ni tan siquiera cultural, sino social. Los indios fueron postergados, discriminados y pauperizados tras la conquista hasta límites insospechados. Y lo peor es que cinco siglos después siguen excluidos en un alto grado y hasta discriminados racialmente. Para que los descendientes de los vencidos puedan asumir sin traumas esta realidad se hace necesario que previamente se les repare moral y socialmente, integrándolos políticamente, devolviéndoles las tierras que les fueron arrebatadas a sus comunidades y respetando su pasado indígena. Cuando Juan Pablo II visitó Perú en 1985 varios representantes de movimientos indígenas le entregaron una misiva que sobrecoge por su sensatez:

 

 

          "Nosotros indígenas de los Andes y de América, decidimos aprovechar la visita de Juan Pablo II para devolverle su Biblia, porque en cinco siglos ella no nos dio ni amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome de nuevo su Biblia y devuélvala a nuestros opresores, porque ellos necesitan sus preceptos morales más que nosotros…"

 

 

          Y en ello andamos, los descendientes de aquellos amerindios no necesitan biblias sino justicia, reconocimiento de unos derechos negados primero por los europeos y luego por los criollos. Una tarea que no pertenece al pasado sino al presente y de la que no son responsables los españoles actuales, ni los conquistadores del siglo XVI, sino las actuales autoridades políticas de los distintos países americanos.    

            Como conclusión, un par de ideas claras: una, no creo que los españoles debamos sentir vergüenza de nuestro pasado, éste fue como fue igual que el de otros imperios coloniales de los últimos dos mil años de historia. Y otra, quizás sí sería oportuno pensar tranquilamente si es oportuno trasladar el día de la Hispanidad a otra fecha que consiga más adhesiones, de las que tan necesitados estamos en nuestro maltrecho país. Quizás el 2 de mayo en conmemoración de aquel alzamiento en Madrid contra los franceses en 1808, o el 6 de diciembre, en relación a la aprobación de nuestra Constitución en 1978. Pero mucho me temó que el simple hecho de tratar de acordar un día consensuado por todos sería un grave contratiempo en nuestro país. En cualquier caso, sí que sería recomendable reformular el formato de la celebración del 12 de octubre para tratar de integrar mejor a todos los que se sienten vinculados de una u otra forma a la hispanidad.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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