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          En una reciente estancia en el Archivo General de Simancas me salió al paso este curioso documento. Una carta dirigida por los oficiales reales de La Coruña al Emperador, fechada el 22 de octubre de 1538. En ella le informan de una propuesta de dos personas de aquella ciudad que pretendían construir, a su costa, una fortaleza que estaba trazada en la ciudad de Santo Domingo, “en la boca del puerto”. Estimaban el coste total de su edificación en 3.500 ducados que ellos pagarían de su propia hacienda, a cambio de un juro sobre los salarios de las dos fortalezas, la primitiva ya construida cerca del río Ozama y ésta nueva. Asimismo, se atreven a recomendar a Su Majestad que aceptase este “negocio” “porque así la isla estará tan segura como Sevilla”. Y finalmente mencionan que en ese momento estaba en la corte el principal interesado, un tal Vasco Rodríguez de Gayoso, regidor de La Coruña, hijosdalgo, “que es una persona a quien toca este negocio”.

            El documento no deja de ser una simple curiosidad, pero aporta un par de datos novedosos. Primero, existía un proyecto de fortaleza, justo en la boca del puerto, es decir, debían estar confeccionados los planos. Sin embargo, su paradero se desconocen, al menos que yo sepa. Y segundo, parece obvio que el proyecto no fue aceptado porque la única fortaleza que ha tenido Santo Domingo hasta nuestros días es una muy modesta  que está junto al río Ozama, construida en los primeros años de la colonización e ideada para defenderse de los indios. Y es que en las primeras décadas del siglo XVI no se pensó que la acometida corsaria pudiese llegar al continente americano pues, como informaron los oidores de Santo Domingo al Emperador, en los primeros tiempos pareció imposible pasar corsarios a estos mares… Por ello, el entramado defensivo en el período comprendido entre 1492 y 1530 estuvo destinado exclusivamente a frenar los siempre ingenuos alzamientos indígenas. Se instaló una red de fortalezas muy primitiva que fue suficiente para frenar las posibles rebeliones internas. De ahí que algunas de ellas estén en el interior del territorio frente a los enormes complejos defensivos exteriores que se construirán desde finales del siglo XVI frente a la amenaza corsaria.

          Cuando se plantea este proyecto, las flotas aún no habían delimitado sus rutas, pues no fueron reguladas hasta algo más de dos décadas después, concretamente hasta 1561 y 1564. De haber dispuesto Santo Domingo de una fortaleza inexpugnable hubiese tenido más posibilidades de disputarle a La Habana, el honor de ser el puerto obligado de atraque para el regreso a Castilla de las Flotas de Indias. Es solo una posibilidad pues la historia contrafactual siempre es arriesga. No sabemos qué hubiera ocurrido si Santo Domingo hubiese tenido su puerto bien protegido por una fortaleza. Pero, en cualquier caso, lo que sí es seguro es que hubiese resistido mejor los ataques corsarios que padeció o simplemente hubiese servido de arma disuasoria para evitarlos.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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