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        El hundimiento de la URSS y la caída del Muro de Berlín, así como el crecimiento económico de los años noventa del pasado siglo, parecía indicar el triunfo definitivo del capitalismo. Sin embargo, desde finales del siglo XX y, sobre todo a raíz de la grave crisis desencadenada desde el año 2008, lo que sí se está viendo es el inicio del fin del capitalismo, el sistema que ha regido los destinos de buena parte del mundo desde hace varios siglos.

        Las perspectivas son verdaderamente negativas; en algunas décadas el sistema quedará colapsado. Habrá guerras por las pocas reservas de energías fósiles que vayan quedando en el planeta. El cambio climático originará desastres naturales, especialmente en las áreas subtropicales y ecuatoriales. En los países pobres aumentará la crisis alimentaria, mientras que en el Primer Mundo el estado del bienestar quedará desmontado en pocos años y la clase media se verá empobrecida.

         ¿Hay alternativa a estos presagios? En estos momentos parece difícil porque hay un grave problema que subyace a la crisis económica y que, probablemente, está en el origen de todos los males: la ambición patológica del ser humano, aderezada por la actual crisis de valores de buena parte de la población. Todavía la humanidad se encuentra a la espera de una revolución ética, de la misma magnitud que la tecnológica. Un vuelco en la conciencia que nos permita superar, después de varios milenios de historia, la miseria moral del ser humano.. Lo cierto es que, una vez desencadenada dicha revolución, sobre esa nueva ética colectiva, sería factible un cambio de rumbo, estableciendo un nuevo sistema sobre la base de cinco pilares:

        Primero, la instauración de democracias participativas, con listas abiertas, con partidos que funcionen de abajo arriba y no al revés. Asimismo, se deberían implantar leyes electorales que otorguen el mismo valor a todos y cada uno de los votos emitidos por los ciudadanos.

        Segundo, el cosmopolitismo que debería sustituir al nacionalismo y al patrioterismo. No en vano, el nacionalismo ha sido una de las peores lacras del mundo contemporáneo, siendo responsable de la casi todas las guerras internacionales y los genocidios. En cambio, el cosmopolitismo genera lo contrario, es decir, inclusión, pues parte de la base solidaria de que todos somos integrantes del cosmos. No es tan difícil concienciarnos de que antes que europeos, africanos, americanos o asiáticos, somos ciudadanos del mundo, pasajeros de un navío llamado Tierra.

        Tercero, la redistribución de la riqueza a nivel mundial que debería sustituir a la actual división desigual del comercio y al concepto de la acumulación capitalista. El control o la supresión de las multinacionales, así como de los organismos económicos internacionales que las amparan, sería un buen punto de partida. No es tolerable que casi mil millones de seres humanos estén pasando hambre en el mundo, mientras que una buena parte de la población del Primer Mundo sufre problemas de sobrealimentación.

        Cuarto, una disminución drástica del consumo superfluo, lo que provocará un decrecimiento sostenible. El futuro de la humanidad pasa necesariamente por el final de la era consumista, provocada por el propio sistema capitalista que alienta al consumo, con masivas campaña mediáticas y publicitarias.

        Y quinto, una concienciación ecológica real que nos permita respetar el planeta en el que vivimos. Desde el Neolítico se inició una depredación del medio que ha continuado hasta la Edad Contemporánea, cuando ésta ha alcanzado niveles verdaderamente inasumibles. Si queremos sobrevivir como especie, necesitamos recuperar la armonía con la madre naturaleza.

        Unos principios que más o menos se integran en la propuesta ecosocialista, un sistema aún no ensayado que se basaría, por un lado, en el decrecimiento sostenible y, por el otro, en la redistribución de la riqueza a escala planetaria.

        ¿Son utópicos estos planteamientos? Obviamente sí, entre otras cosas porque en estos momentos estamos lejos de esa necesaria revolución ética. En estos momentos el éxito de este proyecto, o de cualquier otro alternativo, es impensable porque debería ir precedido de una revolución ética. Tras la crisis económica subyace un déficit crónico de valores; ya no quedan ideologías, ni vocaciones profesionales, ni soñadores. El mundo está vacío, lleno de gente desilusionada que, en el mejor de los casos, sólo busca ganar lo suficiente para satisfacer su afán consumista. En estas circunstancias es difícil el cambio, pero, habrá que tener esperanza. Nadie dijo que sería fácil sino todo lo contrario. El camino será extremadamente duro pero, antes o después, nos veremos obligados a recorrerlo, con mayor o menor sufrimiento por parte de la humanidad.

        El ser humano ha sido capaz de lo mejor y de lo peor, moviéndose siempre entre la razón y la locura. En unas circunstancias puede convertirse en el ser más perverso de la Tierra, pero en otras puede obrar el milagro de la reconducción de su propia existencia. No nos queda otra cosa que lo de siempre: la esperanza. ¡Suerte!

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

(Versión resumida para ser trabajada por alumnos de la ESO)

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gravatar.comAutor: PECE

La caída del capitalismo ya se ha demostrado a lo que lleva en los países de economía socialista.
Podrá un empuje revolucionario inicial más o menos largo (para lo que sería necesario una crisis anterior) que provocara un cambio, pero tras este impulso inicial se alcanzaría un máximo tras el que vendría el inmovilismo y una caída posterior.
No creo en las democracias participativas. Sueño con ellas, es el ideal utópico, pero seamos serios, mi padre p.e. no sabe hacer la o con un canuto, apenas firmar, y que sus voto tenga el mismo valor que un licenciado universitario (y que conste que no creo que un nivel cultural amplio sea garantía de nada tampoco...). Se trata de buscar el sistema menos malo, y no sé cual es. Lo que tengo claro es que ni el ideal democrático una persona un voto, ni el otro extremo de una dictadura son la solución.
El cosmopolitismo ¿no es lo que pretendía el comunismo? ¿Supresión de las nacionalidades, de las religiones? (Aunque no seré yo quien se ponga a defender a las religiones)- ¿Fue la URSS un intento fallido de lo que planteas? ¿Un estado por oencima de nacionalidades y por encima de (en la teoría) intereses económicos particulares?

Fecha: 23/01/2016 02:49.


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