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Inicialmente, el corsarismo se centró en el triángulo comprendido entre el suroeste peninsular, las islas Canarias y las Azores. Los corsarios se dedicaban fundamentalmente a esperar la llegada de navíos de las Indias, con el objetivo de asaltarlos. Sin embargo, la Corona reaccionó creando desde 1521 la Armada Guardacostas de Andalucía que protegió más o menos eficazmente las rutas de partida desde los puertos de Andalucía Occidental y Canarias y las de regreso desde las Azores a Sevilla. Ello empujó a los corsarios a pasar al Caribe, donde casi con total impunidad podían obtener éxito en sus asaltos. Así fue como la presencia de corsarios en el Caribe fue aumentando paulatinamente desde los albores del siglo XVI.

Como ha afirmado Clarence H. Haring, son muy pocas las noticias que tenemos de sus acciones bélicas en los primeros treinta años de la colonización. Estos corsarios llegaban ya en estos años perfectamente informados de toda la geografía caribeña, tanto en lo referente a la fecha de salida de los navíos como en lo relativo a sus posibilidades defensivas. Cada vez más se decidían a cruzar el océano, confiados en arrebatarles las mercancías a unos navíos españoles demasiado sobrecargados y mal armados. En 1538 se produjo un ataque sobre la villa de La Yaguana, en la banda norte de La Española, mientras que al año siguiente era azotada la banda sur. Pese a estos ataques y a las peticiones de las autoridades locales, la Corona continuó sin apostar de una manera seria por la defensa de aquellos territorios. Con el paso del tiempo la situación empeoró irremediablemente por lo que en 1541 la audiencia de Santo Domingo alertó que ni aún en tiempos de paz dejarían de venir los corsarios a estas islas porque las presas son muy grandes y sin riesgo ni resistencia ninguna... Cuatro años después, es decir, en 1545, se ratificó nuevamente esta misma idea al informar el Almirante al Emperador que lo que animaba a los corsarios a navegar rumbo a las Indias era parecerles... que tienen lejos el castigo.

Esta arribada masiva de corsarios apenas encontró resistencia, debido a dos motivos: primero, a que era imposible defender todas las costas del imperio por lo que la Corona, con buen criterio, decidió priorizar la protección de las flotas y de las remesas de metales preciosos. Y segundo, porque el imperio carecía de potencial humano para colonizar todos los territorios americanos. El sistema de doble flota anual unido a la ubicación de armadas en puntos estratégicos resultó ser muy eficaz y blindó razonablemente bien las relaciones entre la metrópoli y sus colonias. De hecho, le permitió a España conservar su imperio durante más de tres siglos. Pero, como contrapartida, consintió que América se infestara de corsarios que tan pronto contrabandeaban como asaltaban o saqueaban las costas.

         Pero se tiene la errónea idea de que los corsarios estaban permanentemente en pie de guerra, asaltando buques o tomando puertos. Y no es del todo cierto; estos utilizaban cualquier medio para enriquecerse, viviendo en el filo de la legalidad, en la ilegalidad o en la rebeldía, según les convenía. Unas veces, si las posibilidades de lucro eran óptimas, actuaban como meros comerciantes ilegales, vendiendo mercancías a bajo precio, con el consentimiento de hacendados y autoridades. Y otras, si las condiciones les eran favorables, pertrechaban sus buques y acudían al asalto de alguna flotilla mercante o de algún puerto mal defendido. Pero realmente no resulta fácil distinguir comercio ilícito –lo que Braudel llama piratería amigable- de bandidaje, pues eran actividades muy cercanas y hasta complementarias.

Ante la escasa presencia española en el Mar Caribe, los corsarios se terminaron haciendo con su control. Pese a su importancia estratégica, se trataba de una vasta extensión de islas y costas, muy débilmente pobladas y con infinidad de recodos y refugios para los posibles enemigos. España no tenía posibilidad física, humana, ni tecnológica de mantenerlos. Los ingleses colonizaron las islas de la Tortuga, Trinidad, Tobago, Granada y Jamaica (1655); los franceses, Martinica, Guadalupe, Marigalante así como el noroeste de La Española; y finalmente, los holandeses Bonaire, Araba y Curazao, siendo reconocida su ocupación por España en diversos tratados firmados en la segunda mitad del siglo XVII. Otras potencias menores, como Dinamarca, ocuparon algunas islas de Barlovento, como Santo Tomás, San Juan y Santa Cruz, mientras que Suecia ocupó la de San Bartolomé.

         Acaso, la más generalizada forma de enriquecimiento de los corsarios fue el contrabando, realizado con la connivencia de encomenderos, hacendados y dueños de ingenios pues el desabastecimiento de mercancías, por un lado, y los reducidos precios que pagaban por los géneros locales por el otro, los empujó irremediablemente a dicha actividad ilícita. Un beneficio mutuo provocado por el propio monopolio comercial que se basaba en proporcionar lo mínimo al mayor precio posible. Por ello, la única forma de aceptar el monopolio sevillano sin sufrir un quebranto absoluto fue compaginarlo con el comercio ilegal. Por tanto, monopolio y contrabando fueron inherentes, es decir, formaron parte del mismo sistema. Los corsarios no tardaron en darse cuenta que se obtenían más beneficios comerciando con los isleños que atacándolos. Por ello, desde bastante antes de mediar el siglo XVI comenzaron a mercadear con los colonos, con la seguridad que les daba la inexistencia de una armada guardacostas mínimamente estable. Se daban, pues, todos los ingredientes para el desarrollo de un floreciente comercio ilegal, en el que, en ocasiones, estaban implicados, desde los altos cargos de la administración hasta los propios soldados de las guarniciones, los mismos que, en teoría, debían luchar contra ese contrabando.

Pero junto a este comercio ilegal, los corsarios también robaban y asolaban. Cada vez que se topaban con una posible víctima en el mar –casi siempre navíos solitarios- ésta era asaltada y su mercancía robada. Mucho más daño causaron los sonados ataques a diversos puertos indianos, por la magnitud de los robos y destrozos y por la sensación de impunidad. Los ataques corsarios a plazas del interior fueron muy escasos y la mayor parte de ellos acabaron fracasando. Y es que suponía correr demasiados riesgos, pues aunque su presencia en las costas solía ser una triste sorpresa para los vecinos, en el interior del territorio los sorprendidos eran los propios corsarios cada vez que sufrían una emboscada.

 

Cuadro I

Principales ataques corsarios

en los siglos XVI y XVII

 

AÑO

CORSARIO

NACIÓN

PUERTOS

HECHOS

1543-1544

Robert Ball

Francés

La Habana, Santa Marta y Cartagena

Tomó La Habana y consiguió un rescate a cambio de no incendiarla. Peor suerte corrieron Santa Marta y Cartagena, pues fueron, asaltadas, tomadas, saqueadas e incendiadas. Concretamente en Cartagena se estima que robaron por un valor de 3.832 pesos, más los enseres litúrgicos de las iglesias.

1553

François Leclerc, alias Pata de Palo

Francés

La Yaguana (en La Española) y Puerto Rico

Ambas localidades fueron asaltadas, saqueadas e incendiadas

1554-1555

Jacques de Sores

Francés

Santiago de Cuba, Santa Marta y La Habana

Santiago fue saqueada y obtuvieron además 80.000 pesos a cambio de liberar a los prisioneros. Luego saqueó Santa Marta y La Habana, donde realizó sendas matanzas.

1555

Corsario apodado el Capitán Mermi

Francés

Puerto Plata (La Española)

La asolaron, robaron e incendiaron, mientras sus vecinos, impotentes, huyeron al monte.

1559-1560

Martín Cote

Francés

Santa Marta y Cartagena

Arrasó, robó e incendió ambas ciudades.

1567

Jean de Bomtemps

Francés

Puerto Real y La Yaguana (La Española)

Asaltó y robó ambas ciudades, quedándose con 30.000 cueros vacunos.

1568

John Hawkins

Inglés

San Juan de Ulúa

La tomó al asalto, aunque poco después se vio desalojado por el virrey entrante, Martín Enríquez.

1572

Francis Drake

Inglés

Nombre de Dios

La ciudad fue asaltada y saqueada.

1586

Francis Drake

Inglés

Santo Domingo, Riohacha, Cartagena de Indias y San Agustín de la Florida

Tras robar e incendiar Santo Domingo, fracasó en su intento de tomar San Juan de Puerto Rico y La Habana. Pero prosiguió su viaje tomando y destruyendo Riohacha, Cartagena de Indias y San Agustín de la Florida. Solo en concepto de rescate por la liberación de Cartagena obtuvo 110.000 ducados.

1596

Francis Drake

Inglés

Nombre de Dios y Portobelo

Ambas ciudades fueron saqueadas e incendiadas, pero fracasó en su objetivo de tomar Panamá

1598

Lord George Clifford, conde de Cumberland

Ingles

San Juan de Puerto Rico

Pretendía convertir la plaza en una fortaleza británica, y aunque la tomaron y saquearon, finalmente la abandonaron.

1601

William Parker

Inglés

Portobelo

La ciudad fue asaltada y saqueada.

1624

Jacques l´Hermite y Hugues Schapenham

Holanda-ses

Guayaquil

Bloqueó infructuosamente el puerto de El Callao. Tras morir de una enfermedad l´Hermite, su segundo, Shapenham, saqueó Guayaquil.

1624

Piet Heyn

Holandés

Salvador, en la Bahía de Todos los Santos (Brasil)

La plaza fue recuperada al año siguiente por Fadrique de Toledo, pero los holandeses ocuparon Pernambuco.

1625

Boudewijn Hendriksz ( en castellano, Balduino Henrico

Holandés

San Juan de Puerto Rico

Saquearon, incendiaron y destruyeron la ciudad. Todavía en la actualidad se considera el mayor desastre padecido por esta urbe en toda su historia.

1630

Hendrick Corneliszoon Loncq

Holandés

Pernambuco

Permaneció en poder holandés durante casi un cuarto de siglo, pues no se recuperó hasta 1654.

1631

Cornelius Goll, Pata de Palo

Holandés

La Habana

Tras fracasar en su asalto en 1629 lo intentó con éxito en 1631, saqueándola e incendiándola, dada la negativa de los vecinos a pagar un rescate.

1643

William Jackson

Inglés

Margarita, La Guaira, Puerto Cabello, Maracaibo, Trujillo y Jamaica

Se trató de una armada de tres barcos, con los que corrió la costa de Caracas a Honduras, asolándola y luego ocupando temporalmente Jamaica.

1655

Almrante William Penn

Inglés

Jamaica

Con nada menos que 57 buques, ocupó el 17 de mayo de 1655 la capital jamaicana Santiago de la Vega, sin encontrar apenas resistencia, y afianzando peligrosamente la posición de corsarios y bucaneros.

1655-1656

Vice-Almirante Goodson

Inglés

Santa Marta y Riohacha

Se trataba de una armada inglesa que funcionaba exactamente igual que una escuadra corsaria. Partieron de Jamaica y saquearon y robaron ambos puertos, aunque el botín fue escaso.

1659

Christopher Myngs

Inglés

Cumaná, Puerto Cabello y Coro

Asaltaron y saquearon con total impunidad estos puertos.

1662

Christopher Myngs

Inglés

Santiago de Cuba, Campeche y Trujillo (Honduras)

Con una armada de nada menos que 11 buques, saquearon los puertos a los que arribaron. En Santiago quemaron tanto la catedral como el hospital.

1666

Henry Morgan

Inglés

Puerto Príncipe (Cuba)

Entre Henry Morgan y el corsario francés Jean David Nau, conocido como el Olonés asaltaron entre 1665 y 1666 más de 400 haciendas en la costa cubana.

1667

Henry Morgan

Inglés

Portobelo

Tras asaltar y saquear la ciudad, el botín ascendió a más de 250.000 pesos.

1669

Henry Morgan

Inglés

Maracaibo

Saqueó la ciudad y torturó cruelmente a muchos de sus habitantes. Un año antes ya había sido asaltada por el olonés Jean David Nau.

1671

Henry Morgan

Inglés

Maracaibo, Portobelo y Panamá

Con sólo tres naves y 600 hombres volvió a atacar Maracaibo y luego Portobelo y Panamá. Esta última ciudad fue tomada y saqueada ante la impotencia de las reducidas fuerzas hispanas. Casi un mes permaneció en la ciudad, partiendo con un botín cuantiosísimo y con varios centenares de prisioneros.

1678

Lewis Scott

Inglés

Campeche

Tomó la ciudad, robándola y devastándola. En un segundo ataque a la plaza fue apresado, pero huyó antes de ser ahorcado.

1680

Walting Sharp y otros

Ingleses

Portobelo

Con cuatro barcos y dos goletas tomaron Portobelo sin apenas resistencia, consiguiendo un botín considerable.

1683

Laurent de Graff, alias Lorencillo, Nicolás Van Horn y François Granmont

Holandés/

Holandés/

Francés

Veracruz

Invadieron y saquearon la ciudad, obteniendo el grueso de las ganancias, rescatando a los miembros de la élite que apresaron. Otros muchos prisioneros murieron asesinados o de hambre y de sed. El gobernador de Veracruz fue después condenado a muerte por no haber defendido adecuadamente la plaza.

1685

Laurent de Graff, alias Lorencillo y François Granmont

Holandés/

Francés

Campeche

Ocuparon la ciudad, saqueándola por un espacio de 56 días. Se llevaron hasta las campanas de las iglesias.

1687

John Edward Davis

Inglés

Guayaquil

Tomaron la ciudad, a la par que sus vecinos huían a la selva. Se apropiaron de 134.000 pesos además de 14 navíos que estaban construidos en sus astilleros.

1697

Jean- Bernard Desjean, barón de Pointis

Francés

Cartagena de Indias

Fue asaltada y tomada ante la pasividad de su gobernador. El botín ascendió a 10 millones de pesos, uno de los mayores conseguido jamás por un filibustero.

 

         Uno de los grandes objetivos de los holandeses en la primera mitad del siglo XVII, cuando Portugal estaba unida a España, fue asentarse en la América portuguesa, es decir en el Brasil. Es importante recalcar que la Corona hispana se opuso con todas sus fuerzas a esta ocupación, como parte integrante del imperio ibérico. La toma, en 1624, de la ciudad de Salvador, en la Bahía de Todos los Santos, por el holandés Piet Heyn fue inevitable por las imponentes fuerzas del corsario, 26 barcos con un total de 450 cañones y 3.300 hombres. Pese a que el Imperio sufría en esos momentos un acoso generalizado tanto en Europa como en las Indias, la reacción fue incontestable, tomando la ciudad de Breda, en Flandes, y aprestando una gran armada de 52 navíos, al mando de Fadrique de Toledo, con la que se recuperó el control de la plaza. Un esfuerzo excepcional dada la situación en que se encontraba la monarquía de los Habsburgo en ese momento.     Posteriormente, en 1630, los holandeses ocuparon la ciudad de Pernambuco –hoy Recife- y la costa nordeste desde Sao Luis de Maranhao a Sergipe del Rey, conservando la posesión hasta 1654. Sin embargo, huelga decir que ello no se debió tanto a la dejadez o incapacidad de los Habsburgo sino a la connivencia de los dueños de ingenios portugueses que veían como los holandeses les pagaban a mejor precio el azúcar que producían. Cuando el precio del dulce se depreció los propios lusos se encargaron de expulsarlos.

         A nivel global la piratería fue un producto más de su tiempo, generado por el entonces naciente capitalismo, por el desarrollo del comercio y de la navegación y por la aparición de nuevos estados que pugnaban por tener un puesto de relevancia en el panorama internacional. Fue un auténtico drama, sobre todo para los cientos de miles de personas que lo sufrieron pero también para los propios corsarios que fueron usados por las naciones europeas mientras les interesó, siendo después perseguidos, repudiados y sometidos. No fueron más que un instrumento de dominación en manos de los gobiernos europeos para tratar de acabar con el monopolio comercial hispánico. Sus logros se limitaron a algunos sonados asaltos y a la ocupación de territorios prácticamente abandonados por el imperio, fracasando en su objetivo último de acabar con el poderío español en las Indias.

 

PARA SABER MÁS:

 

LUCENA SALMORA, Manuel: Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América. Madrid, Mapfre, 1994.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: “Defensa terrestre de los reinos de Indias”, en Historia Militar de España, Hugo O’ Donnell Dir., T. III, Vol. I, Madrid, 2012, pp. 143-182.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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