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        Existe un convencimiento infundado de que la creación del Estado de Israel en 1948 estuvo motivada por las masacres de judíos cometidas por la Alemania Nazi. Pero nada más lejos de la realidad; la idea de su refundación en Palestina es sionista y arranca al menos del siglo XVII. Estos, haciendo una errónea interpretación de una parábola del Talmud, decían que la diáspora debía durar un milenio para luego reagruparlos en Palestina, reconstruyendo el templo de Salomón. Un proyecto que se intentó llevar a efecto en varias ocasiones desde el siglo XVIII y que finalmente culminó, con la resolución de la O.N.U. del 15 de mayo de 1948.

        Su creación estuvo desde el principio respaldada y auspiciada por los intereses conjuntos de Estados Unidos y Gran Bretaña, que consiguieron imponer su voluntad en el máximo órgano mundial. Ha sido el mayor error de este organismo, que resulta ineficaz por la dictadura de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: USA, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Estos países tienen derecho a veto y han convertido la O.N.U. en su cortijo personal. Pero volviendo al conflicto que ahora nos trae, la creación del estado de Israel fue un lamentable error que lleva sembrando el sufrimiento en la antigua Palestina en los últimos 66 años. ¿Alguien pudo pensar en su momento que la población palestina aceptaría la creación de un estado israelí que era diferente y hasta opuesto a su cultura, su lengua, su religión y sus costumbres? Pues no, estaba claro desde su propia génesis que no iba a someterse voluntariamente a este proyecto. Luego no es difícil deducir que desde un primer momento los sionistas contaban con el genocidio de estos. Y todo orquestado por las presiones de las élites judías que controlaban –y controlan- buena parte de las finanzas de los Estados Unidos.

Hubo unanimidad por parte de los países islámicos de rechazar tal decisión, provocando varias guerras entre árabes e israelitas, a saber: las de 1948-1949, 1956, 1967 y 1973, todas ellas con resultados sangrientos y saldadas a favor de los judíos, con el apoyo, como siempre, de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Con la entrada del siglo XXI, el conflicto lejos de solucionarse ha entrado en una espiral de violencia cada vez mayor. El presidente israelí Ariel Sharon, recientemente fallecido, era partidario de la fuerza frente a la diplomacia lo que se saldó, tan solo entre los años 2000 y 2006, con más de 4.000 palestinos muertos violentamente, casi la cuarta parte niños. El enfrentamiento es asimétrico, los israelitas poseen el ejército más potente de todo Oriente Próximo, con artillería autopropulsada así como aviones y helicópteros de última generación, proporcionados por los yanquis. Frente a ellos, los palestinos no disponen de ejército sino de meras milicias cuyo armamento ligero se lo proporciona Irán, el único país que oficialmente les proporciona armas. Cualquier provocación palestina por nimia que sea –el lanzamiento de un cohete o el asesinato de algún judío- es aprovechada por Israel como coartada para plantear un ataque a gran escala, incluyendo el uso de armas químicas –como el fósforo blanco- que mató a cientos de civiles en 2011.

Y llegados a este punto, ¿Cuál puede ser el objetivo? ¿qué sentido tienen estos ataques desproporcionados del ejército israelí? Pues, yo creo que hay una “Solución Final”, la misma que ellos sufrieron a manos de los Nazis y que ahora pretenden aplicar por otros medios frente a los palestinos. Quieren acabar con la posibilidad de la creación de un Estado Palestino por reducido que éste sea. Su particular “Solución Final” pasa por reducir al pueblo palestino a una minoría integrada, de mejor o de peor gana, en un gran estado sionista de Israel. Como en tantos otros casos en la Historia, las víctimas han pasado rápidamente a convertirse en verdugos, olvidando su propio pasado. Los judíos que padecieron el holocausto nazi, en vez de convertirse en un pueblo solidario con otros pueblos que sufren el genocidio, se han convertido ellos mismos en sus ejecutores.

La O.N.U. tiene que tomar cartas en el asunto urgentemente y reparar el enorme daño que una decisión surgida en su propio seno ha generado. La única solución posible pasa por la creación de dos estados independientes, el palestino, obviamente, bajo la protección de la O.N.U. para evitar la acometida sionista.

 

PARA SABER MÁS

 

BENZ, Wolfgang y GRAML, Hermann: El siglo XX. Problemas mundiales entre los dos bloques de poder. Madrid, Siglo XXI, 1982.

 

FONTANA, Josep: Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945. Barcelona, Pasado&Presente, 2011. (especialmente págs.. 915-930).

 

MEYSSAN, Thierry: “¿Quién es el enemigo?”, en http://www.VOLTAIRENET.ORG/ARTICLE184972.HTML

 

REMOND, René: El siglo XX. De 1914 a nuestros días. Barcelona, Vicens Vives, 1983.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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