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1.-INTRODUCCIÓN

          Durante demasiado tiempo se ha venido sosteniendo que la Conquista fue muy beneficiosa tanto para los europeos como para los indígenas. Para muchos, la América Precolombina era un mundo bárbaro, atrasado y desaprovechado. Ello justificaría el lado positivo delencuentro entre el mundo europeo y el americano. Los españoles se beneficiarían con nuevos vasallos y a cambio los indios recibirían los dones de una civilización superior y de la verdadera religión lo cual les permitiría salvar sus almas. ¿Qué más podían pedir?

          Se trata de planteamientos que se han mantenido casi hasta el siglo XXI pero que a mí me parecen inadmisibles hoy. Estoy totalmente convencido de que el día que el indio descubrió a Colón, fue un mal día para el indio. La desigualdad de los universos que entraron en contacto fue tal que se produjo un cataclismo de dimensiones bíblicas. En este sentido escribió Augusto Roa Bastos:



          Lo que hubo fueron luchas terribles en las que las culturas autóctonas acabaron devastadas y sus portadores sometidos o aniquilados, como ocurre siempre en las guerras de conquista, en los largos y desordenados imperios coloniales.



          La Conquista, como se entendió en el siglo XVI, fue tan provechosa para Europa como cruel, destructiva y asoladora para el mundo indígena. Sus instituciones fueron subyugadas, sus culturas y sus lenguas aniquiladas y a esa diversidad política y cultural se le puso un nombre uniforme: es decir, indio. Este término tiene una indudable carga peyorativa pues los españoles llamaron así a los descendientes de aquellos primitivos pobladores de América, al creer que habían llegado a las Indias. La realidad fue absolutamente simplificada, pues, el indio como se entendió entonces, no era más que una abstracción creada por lo vencedores. No existía una cultura indígena, pues indios eran desde los mansos taínos, hasta los astrónomos incas, pasando por los primitivos otomíes que vivían en cuevas, los salvajes jíbaros, los orfebres chibchas, los indómitos araucanos, los fieros guaraníes o hasta los refinados mexicas, por citar solo algunos.

          ¿Qué les pasaría por la cabeza a los desdichados indios cuando veían a los españoles tomar posesión de sus cacicazgos, sus reinos, sus estados y hasta de sus mares?, ¿qué debió pensar el cacique Chiape cuando, obligado por las armas, presenció el 25 de septiembre de 1513 la toma de posesión del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa? No tenemos muchos testimonios, pero no es difícil imaginar su perplejidad. Y es que para la historiografía tradicional el océano pacífico no existía antes de 1513, es decir, las antiquísimas culturas chinas y japonesas estaban a orillas de un océano que no era más que una entelequia marítima.



2.-¿QUIÉNES ERAN LOS MEXICAS?

          Pero Centrémonos ya en la figura de Hernán Cortés. Éste, como es bien sabido era natural de Medellín, hijo de Martín Cortés y Catalina Pizarro Altamirano. A él le toco conquistar el imperio mexica.

          Lo primero que había que preguntarse: ¿Quiénes eran los mexicas? Estos formaban una confederación (Texcoco, Tlatelolco y Tenochtitlán) una especie de imperio que tenía su propio emperador Moctezuma II y una gran capital: TENOCHTITLÁN. ¿Se parecían en algo a los indios tarascos, a los apaches, a los taínos o a los arahuacos? Pues francamente no. Se trataba de un auténtico Estado que tenía su emperador, sus gobernantes, sus funcionarios, sus militares, etcétera.

          La capital tenía entre 200.000 y 400.000 habitantes. Recordemos que en España la ciudad más grande era Sevilla que tenía entonces unos 60.000. Hernán Cortés en sus Cartas de Relación comparó la plaza mayor de Tenochtitlán con la de Salamanca. La Corte de Tenochtitlán no envidiaba en nada a las europeas. Entre los cortesanos de la capital mexica se consumían diariamente 2.000 tazas de chocolate, servidas en vajillas de oro. A Moctezuma le gustaba el helado de bombón que le preparaban hirviéndole el cacao y vertiéndolo sobre la nieve traída expresamente de las montañas. A la hora del almuerzo 400 pajes, hijos de señores, colocaban todo tipo de viandas en el comedor, instalando braseros debajo para que no se enfriasen. Moctezuma escogía el que más le gustaba o el que le recomendaba su mayordomo. Nadie entraba en el comedor que no lo hiciese descalzo, so pena de muerte. Cuando Moctezuma había terminado de comer el resto de las viandas se repartían entre los 3.000 comensales del cuerpo de guardia y de servicio que había en lo palacios reales. Como puede observarse la Corte de Moctezuma no debía envidiar en nada a la del mismísimo emperador Carlos V.

          Este fue el mundo que conquisto Hernán Cortes, en nombre de Dios y del Emperador. Fue la usurpación de todo un Estado, exactamente igual que si ahora España va y conquista Argelia, elimina sus instituciones y obliga a toda la población a hablar castellano y a profesar la religión católica.



3.-CORTÉS: EL HÉROE

          Hernán Cortés está considerado no un conquistador más sino el Conquistador. La mayor parte de las grandes semblanzas sobre Cortés –las de Salvador de Madariaga, Carlos Pereira, Hugh Thomas, Bartolomé Benassar, Juan Miralles, José Luis Martínez, etcétera- son apologéticas, es decir, lo tratan como a un héroe civilizador. Durante décadas, Cortés perteneció al olimpo de los grandes iconos intocables de nuestra historia patria. Uno de los grandes protegidos de la Leyenda apologética y legitimadora.

          El de Medellín no ha dejado indiferente a nadie. Ha sido uno de los personajes históricos más alabados y a la vez más criticados de la Historia. Para unos, encarna a un verdadero héroe civilizador, un auténtico profeta moderno, que consiguió expandir el cristianismo a grandes territorios indómitos. Un historiador sevillano, Giménez Fernández, sostuvo hace pocas décadas que el extremeño fue un “elegido por la providencia para cumplir altos fines”. Su actuación abrió las puertas del cielo a muchas almas paganas y acrecentó los límites del imperio español de forma inimaginable. Por ello, nada tiene de particular que se haya comparado con Alejandro Magno, con Aquiles, con Rómulo y hasta con Moisés.

          Para otros no fue más que un asesino, ansioso de fortuna, que no dudó en destruir todo un imperio para conseguir sus fines. ¿Héroe o villano? Esa ha sido siempre la cuestión.



4.-DESMONTAR LA LEYENDA

          Creo que ha llegado la hora de desmontar la leyenda cortesiana. Hagámoslo paso a paso.

A.- En cuanto a la quema de naves en Veracruz es uno de los símbolos de Cortes. El error partió de un cronista de la época que leyó quemando por quebrando. La fabulación de sus hagiógrafos hizo el resto, representando a Cortés con la tea en la mano, quemando sus buques para evitar el retroceso de sus hombres. Pero, sorprende que este falso mito se haya perpetuado porque el mismísimo Cortés advirtió en sus Cartas de Relación que no las quemó sino que tan sólo los desguazó.

          Ahora, bien, ¿por qué los hundió?, los motivos parecen claros, pretendía evitar que algunos incondicionales de Velázquez pudieran regresar a Cuba a informar de la rebelión. De hecho, poco antes de proceder a su destrucción supo de una conspiración en este sentido y ahorcó a los cabecillas. A continuación procedió al desguace de la armada para evitar más motines. Eso sí, salvó uno de ellos, y embarcó a sus procuradores con la idea de entregar al Emperador su Carta de Relación. Transcurría el mes de agosto de 1519. En definitiva, ni ardieron las naves ni se hizo valerosamente para cortar el retroceso. Y aunque lo hubiera hecho, no era nada nuevo, pues se trataba de una vieja táctica usada frecuentemente por Normandos, bizantinos y turcos.



B.-En relación a su excepcional capacidad estratégica debemos negarla totalmente, pues, ninguna de sus tácticas fue original. Realmente, ni inventó una forma nueva de hacer la guerra, ni fue un personaje de unas dotes militares excepcionales. Y además no podía tenerlas porque no tenía experiencia militar previa. Cuando llegó a La Española, a finales de 1506, la isla estaba totalmente pacificada por lo que no llegó a entrar en combate. En Cuba la resistencia de los pobres taínos fue escasísima y los hechos de armas mínimos.

          En definitiva, el extremeño no tuvo una formación militar ni más graduación que la de capitán. Pero, además fue un grado más cívico que militar pues se lo otorgaron sus compañeros de hueste en Veracruz. En cualquier caso nunca fue el capitán de un ejército sino el de una hueste. De hecho, cuando en 1541 tomó parte en la desastrosa campaña de Argel los demás militares de graduación se negaron a aceptarlo en el consejo de guerra. Estos dieron por fracasada la empresa, desoyendo la opinión del extremeño que seguía confiando en la victoria. Incluso se mofaron de él, porque al parecer, ante la insistencia de Cortés, uno de los capitanes comentó:

Este animal cree que tiene que vérselas con sus indiecitos porque allí bastaban diez hombres a caballo para aniquilar a veinticinco mil”.



C.-Se ha destacado su capacidad diplomática: efectivamente nadie le puede negar ni su habilidad diplomática, ni su capacidad para captar diferencias, pero tampoco en esta ocasión inventó nada nuevo. Esta actitud ha sido siempre una constante en el arte de la guerra, al menos desde la Antigüedad Clásica. Pero tenía referentes mucho más cercanos. Precisamente, en la conquista de Tenerife los castellanos se aprovecharon de las rivalidades que había entre dos viejos líderes guanches, para conquistar la isla. Ya en América, la alianza con una de las facciones enemigas fue una constante desde los tiempos de Cristóbal Colón. De hecho, el primer Almirante envió a su hermano Bartolomé, junto a 3.000 indios aliados entregados por Goacanagarí, contra Guarionex que se había alzado en el interior de la isla. Asimismo, mucho antes que Cortés, Vasco Núñez de Balboa utilizó al cacique Pocorosa para derrotar a su enemigo Tubanama, que terminó sometido. El uso de auxiliares indígenas fue absolutamente común a lo largo de todo el proceso conquistador.



D.- Se ha insistido en su habilidad para reforzar la idea de los indios del carácter divino de los españoles. Las creencias de los mexicanos también parecen haber jugado un papel importante en su perdición. Había un viejo mito que hablaba de que algún día llegaría el fin de la era mexica mediante un gran cataclismo. Tarde o temprano, la era mexica, la del quinto sol, tocaría a su fin. Su dios civilizador, Quetzalcoatl, retornaría desde oriente, por donde se marchó, para reformar sus costumbres. Curiosamente, el dios era descrito como un personaje de tez blanca y largas barbas. ¿Habrían llegado europeos a América algunos siglos antes? Probablemente sí, esas tradiciones indígenas de que sus dioses blancos habían llegado por el este, podría responder a la posibilidad de que algunos europeos hubiesen arribado a las costas americanas siglos antes del Descubrimiento oficial.

          Y es cierto, que el extremeño reforzó la idea de que efectivamente era Quetzalcoatl que retornaba a su reino. Pero tampoco era nueva esta táctica, pues existen decenas de precedentes en las Antillas Mayores, e incluso, en Tierra Firme, antes de la Conquista de México.



E.-También se ha destacado su habilidad para buscar lenguas o intérpretes desde su llegada a Cozumel. Pero esta actitud ni era nueva ni era especialmente ingeniosa entre otras cosas porque, como advirtió Fernández de Oviedo, figuraba en las mismas instrucciones que le entregó Diego Velázquez. De hecho, entre la tripulación quiso contar con los servicios de Melchor, un intérprete indio que había ido en las expediciones previas de Francisco Hernández de Córdoba y de Juan de Grijalva. Sin duda, la india más importante en la vida de Cortés fue doña Marina conocida como “la Malinche”. Una india que le fue regalada a Cortés en Tabasco junto con otras indias. Ésta sin embargo, tenía una utilidad muy importante, conocía el idioma maya y el mexica. Con lo cual podía traducir lo que decían los aztecas a lengua maya y Francisco de Aguilar traducía el maya al castellano. En cualquier caso su capacidad de aprendizaje fue tal que en breve se pudo prescindir totalmente de Jerónimo de Aguilar. Con ella mantuvo relaciones, antes incluso de enviudar de su primera esposa. El apoyo de doña Marina fue decisivo en la conquista de México por eso ha sido objetos de duras críticas por parte de una parte de la historiografía.



D.-Y finalmente, en cuanto a su carácter mesiánico, fue destacado por muchos cronistas que pensaron que era un elegido por Dios para dirigir la cruzada contra los paganos y ampliar los dominios de la cristiandad. Afirma Bernal Díaz que el extremeño le llegó a decir a Gerónimo de Aguilar que no había ido a las Indias a tan poca cosa como era conseguir oro “sino para servir a Dios y al Rey”. Pero, es más, el mismo Cortés sostuvo algo parecido cuando escribió que su verdadera intención fue siempre la de “ensalzar nuestra fe o ampliar la corona de mi César”. Fray Toribio de Motolinía creía que Cortés era un enviado de Dios para acabar con los vicios y sacrificios humanos que los aborígenes ofrecían a sus dioses. Por su parte, el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga O.F.M., en 1529 justificó la rebeldía de Cortés con respecto a Velázquez, diciendo que actuó bajo inspiración divina. Varias décadas después, el cronista fray Gerónimo de Mendieta volvió a hacerse eco de esta idea mesiánica. No dudó en compararlo con Moisés, pues, según él fue elegido por Dios para llevar la fe a los paganos.

          Más sorprendente aún es que hace pocos años se haya afirmado, siguiendo más o menos a Mendieta, que Cortés fue “un cruzado y un libertador del indio a través de la fe como instrumento redentor y salvador”. Pero, aunque lo jurara el propio Cortés, la realidad no era tan bonita, pues, de hecho se convirtió en una de las personas más ricas de su época y obtuvo grandes honras y honores. Más recientemente, se ha hablado de la caridad “heroica” de Hernán Cortés, básicamente porque fundó en su testamento el hospital de Nuestra Señora de la Concepción de México. Sin embargo, la actitud de Cortés no tenía nada de heroica ni de excepcional, pues la beneficencia de los más pudientes ha sido una constante a lo largo de la historia.

E.-No se le puede considerar, como se ha escrito, un bienhechor y un hombre piadoso. Su actitud compasiva con los indios distó mucho de parecerse a la de un fraile como Bartolomé de Las Casas o a la de una reina Católica como Isabel, entre otras cosas porque de ser así no hubiese conquistado su imperio. Pero no olvidemos que cuando debió actuar con crueldad lo hizo. En agosto de 1519 Cortés mandó cortar las manos a medio centenar de indias tlaxcaltecas que, con la excusa de llevarles comida, se habían introducido en el campamento para espiarlos. A continuación las soltó para que llevasen a su pueblo el mensaje y supieran, en palabras de Bernal Díaz, “quienes éramos”.

          La famosa matanza de Cholula fue ordenada directamente por él. En el trayecto hacia Tenochtitlán pasaron por Cholula, una ciudad sagrada, punto de peregrinación donde había decenas de templos, entre ellos uno muy destacado, ubicado sobre una pirámide y dedicado a Quetzalcoatl. Al parecer, según diversos cronistas fue doña Marina la que descubrió, a través de una anciana con la que entabló amistad, que se tramaba una traición para acabar con todos los españoles. Doña Marina, como leal servidora de Cortés, acudió presurosa a informarle. Éste reunió al pueblo en la plaza principal con la excusa de celebrar una ceremonia, y una vez concentrados, emprendió una despiadada matanza, sin respetar sexo ni edad. Sin embargo, tanto Cortés, como Bernal Díaz del Castillo defienden su actuación, diciendo que los cholutecas habían preparado previamente una conspiración. Lo cierto es que, con conspiración o sin ella, hubo premeditación, pues, el de Medellín no ignoraba el peligro al que se enfrentaba entrando en esa plaza. Los cholutecas despreciaron el corto número de los hispanos. Ahora bien, aun contando con una posible conspiración el ataque de los hombres de Cortés fue absolutamente desproporcionado, dejando sobre el suelo de la plaza a más de 6.000 nativos, todos ellos desarmados.

          La toma de Tenochtitlán fue crudelísima pese a que, según las crónicas, intentó evitar que los tlaxcaltecas se ensañaran con los mexicas. Pese a ello, se trató de un asalto a una de las ciudades más grandes de la época, cuya resistencia fue total. Algo sólo comparable a la toma de Berlín por las tropas soviéticas en la II Guerra Mundial. Mujeres, niños y lisiados colaboraron, acopiando y preparando piedras para las hondas que disparaban los indios. Un cerco que duró casi tres meses, bien defendida por Cuauhtémoc que prefirió morir a rendir la ciudad. El enfrentamiento fue tan desigual que, frente al medio centenar de españoles fallecidos, murieron del lado mexicano cerca de 100.000 personas, incluidos ancianos, mujeres y niños.

          Hernán Cortés tampoco se libró de actuaciones que rozaron el sadismo. Aunque el de Medellín en ocasiones mostraba actitudes compasivas con sus enemigos, en otras no lo era tanto. Tras escapar mal parado de la Noche Triste y alcanzar Tlaxcala hizo una razia contra la región de Tepeaca, acusándolos de colaborar con los mexicas. Pagó con estos el daño recibido en Tenochtitlán, arrasando aldeas enteras. Como los caciques huyeron no se le ocurrió mejor forma de localizarlos que subir a los indios que prendían a las azoteas. Tras interrogarles por el paradero de sus señores los despeñaba desde las mismas y entregaba sus cuerpos, ya sin vida, a los tlaxcaltecas para que diesen buena cuenta de ellos en sus festines rituales.

          Fue, asimismo, sumamente implacable con los paganos que no se querían convertir al cristianismo. Es bien sabido que cuando entró en Culiacán derribó el templo y porque un indio principal “no quiso ayudar en ello, lo mandó ahorcar y lo ahorcó con los diablos a cuestas”. También infringió durísimos escarmientos a los indios rebeldes. Por ejemplo, en 1523 los indios de Pánuco acometieron a los hombres de Francisco de Garay, matado a varias decenas de ellos. Hernán Cortés mandó a su capitán Sandoval a que castigase a los responsables. Mató a cientos de indios, despedazándolos después de tal forma que los demás indios “ya no se atrevían ni a levantar un dedo contra el poder de Cortés”. Pero no contento con ello, Gonzalo de Sandoval reclutó a 60 caciques de otras tantas aldeas y los remitió a Cortés. Éste los quemó a todos ellos en presencia de sus hijos, dejándolos marchar tras fijar un tributo anual.

          Pero, incluso, después de la Conquista, establecido ya como encomendero, tampoco dispensó a los indios un especial trato. Aunque promulgó ordenanzas defendiendo el buen tratamiento a los indios, él mismo fue acusado por los suyos de hacer lo contrario. De hecho, sus indios de Cuernavaca le interpusieron una reclamación, en 1533, contra los malos tratos y excesivos tributos, afirmando que no los trataba “como a vasallos sino como a esclavos”. Pero, es más, en el inventario de sus bienes que se hizo en Cuernavaca, el 26 de agosto de 1549, se contabilizaron 188 indios esclavos, una veintena de ellos naturales de Tlaxcala.



5.-CONCLUSIÓN

          Realmente Cortés ni era un caballero andante ni tampoco un santo. Era sencillamente un hombre de su época, con sus grandezas y sus miserias, con sus éxitos y sus fracasos. Una persona con las mismas virtudes y defectos que la mayor parte de sus contemporáneos. Ni fue un héroe ni tampoco un villano. Un conquistador con suerte, pero a fin de cuentas un conquistador con sus grandezas y sus miserias. Un hombre que sabía reír y también llorar. Contaba Herrera que tras conocer la magnitud del desastre de la Noche Triste no pudo contener las lágrimas. Fue compasivo y cruel, dependiendo de las circunstancias.

          Ahora, bien, nadie puede negar que Cortés fue un ardoroso combatiente. Un combatiente que aunó esfuerzo, maestría y seso, que eran las tres virtudes que las Siete Partidas señalaban como cualidades esenciales de todo buen capitán. Los pobres indios se resistieron, pero las diferencias eran abismales. Algo así como el enfrentamiento en nuestros días de un ejército convencional con otro con armas nucleares.

          Hicieron lo imposible para frenar a los españoles. A Cuauhtémoc, el sucesor de Moctezuma, se le ocurrió una brillante idea para salir victorioso. Decidió vestirse con un traje de plumas que su padre le regaló y que, según muchos, poseía cualidades mágicas. Al parecer, tenía el poderoso efecto de provocar la huida de cuantos enemigos lo veían. Obviamente, el milagro no se obró y todos se desmoralizaron cuando vieron que no funcionaba. Ni guerra nocturna, ni emboscadas, ni trajes mágicos. Los propios amerindios se fueron convenciendo de que era inútil resistirse a la evidencia; su mundo se desmoronaba bajo sus pies.

Quiero desmitificar al conquistador. No nos engañemos, si no hubiese existido Cristóbal Colón, otro, antes o después, hubiese descubierto América. Igualmente, si Hernán Cortés hubiese muerto prematuramente, como estuvo a punto de ocurrir en varias ocasiones, otro hubiese conquistado el imperio mexica. Y no faltaban candidatos, desde Pedro de Alvarado a Pánfilo de Narváez, pasando por Hernando de Soto.

          No era en absoluto un elegido por Dios. Sabía el extremeño tener mesura pero también era capaz de actuar con todo el rigor cuando las circunstancias así lo requerían. No tuvo reparos en practicar el tráfico esclavista. De hecho, en 1542, suscribió un contrató con el mercader genovés Leonardo Lomellino para que le enviase a Nueva España medio millar de esclavos desde Cabo Verde que vendería a 66 ducados cada uno. Es decir, estuvo implicado en el suculento negocio de la trata de esclavos.

          Por tanto, estamos de acuerdo con Octavio Paz cuando planteaba la necesidad de retornar al Cortés legendario al terreno de la historia: “El conquistador debe ser restituido al sitio a que pertenece con toda su grandeza y todos sus defectos, es decir, a la Historia”.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

  


Comentarios  Ir a formulario

gravatar.comAutor: Juan M. Gallardo

Excelente comentario sobre un hombre de sus tiempos. Me ha sido de gran utilidad la información vertida aquí. Felicitaciones.

Fecha: 22/04/2012 03:50.


Autor: Español

Triste articulo...

Fecha: 13/09/2012 21:01.


gravatar.comAutor: Fabián Hernández

Efectivamente, muy triste como la historia misma. La Historia es la crónica de un drama, que la historiografía oficial se ha encargado de tapar en base a mitos. Hernán Cortés ha sido uno de ellos, como destapa muy bien este artículo.

Fecha: 14/09/2012 10:50.


gravatar.comAutor: Kiko

Leyenda Negra en estado puro. A estas alturas de la vida, más que lamentable.

Fecha: 24/11/2012 03:42.


gravatar.comAutor: Esteban

Desgraciadamente, de leyenda negra nada de nada. Muertes, asesinatos y violaciones como en todas las guerras. De leyenda nada de nada, en todo caso historia negra. Saludos.

Fecha: 25/11/2012 14:32.


gravatar.comAutor: ivan

Dices que los pueblos indigenas fueron aniquilados jiutno con sus lenguas y culturas.. en M+éxioco tenemso hoy 15 millones de 9ndigenas y casi 60 lenguas. Asi que no los aniquilaron aqui estan. Tambien dices que vencio a los mexicanos... no era a los mexicanos, fue a los mexicas o aztecas, porque en lo que hoy es mexico como tu mismo dices estaban muchos otros pueblos algunos de ellos sometidos y otros francos enemigos de los mexicas... llamar mexicanos a los mexicas es reduccionista pues dejas fuera a decenas de culturas...

Fecha: 12/11/2014 18:52.


gravatar.comAutor: Esteban

Gracias Iván por dejar tu comentario en mi humilde blog. Sí hubo aniquilación, por fortuna se salvaron algunos y después de 500 años ha sido posible que la población indígena sea la misma que había cuando llegaron los españoles. Pero aniquilación sí que hubo eso no lo duda ya nadie. Evidentemente los mexicas formaban un imperio y también sometían a los pueblos de su entorno. Todo imperio tiene y ha tenido estructuras de poder coercitivas. Un saludo.

Fecha: 13/11/2014 00:33.


gravatar.comAutor: Jorge Ramos.

Gracias, primero que nada, Esteban. Desearía aportar que los tenochcas o mexicas imponían un régimen fiscal prácticamente intolerable a los pueblos y cacicazgos vecinos. Cortés, poderosamente influído por Malinalliexplotó esas condiciones de modo político y militar, pues los tlaxcaltecas tomaron represalias contra los tenochcas quienes los bloquearn económicamente y privaron de sal durante décadas. Por otra parte, el pensamiento de los mexicas era mágico-mítico en sus concepciones de guerra. Gracias.

Fecha: 20/11/2014 02:14.


gravatar.comAutor: Esteban

Gracias por tu comentario Jorge. Totalmente de acuerdo, la Confederación mexica formaba una estructura estatal y como tal sometía a su población a gravosos impuestos. En ese sentido no se diferenciaba en nada de otros imperios de otros lugares y de otros tiempos. Ahora bien, la explotación fue aún peor con los nuevos amos, los hispanos.

Fecha: 20/11/2014 10:29.


gravatar.comAutor: Key Guilbert

Muchas gracias por el articulo, es muy interesante y muestra al hombre, no al semidiós o mesías... Al ser humano. Parte de esa mistificación también proviene de México. (Muchos añoran sus títulos feudales, linaje y ciudadanía Española).

Fecha: 28/04/2016 12:17.


gravatar.comAutor: Jazmin Uchiha

por favor necesito saber que hacia Hernan Cortez y como trataba a los indios espero respuestas muchas Gracias
Esta muy bonita tu conclusion....
Ayudenme es para una tarea

Fecha: 17/06/2016 05:03.


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