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Temas de historia y actualidad

LA EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

 

Con la implantación de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía se ha generado un debate en numerosos medios de comunicación sobre la necesidad o no de que los alumnos sean instruidos en valores democráticos. Han sido muchos los que han comparado la asignatura con la antigua disciplina franquista de la Formación del Espíritu Nacional. Obviamente, las críticas han venido desde el desconocimiento, desde la desinformación y desde el olvido.

Todas las civilizaciones han considerado prioritario instruir a sus jóvenes en sus profundas convicciones socio-políticas. Ningún régimen político ha renunciado al adoctrinamiento educativo, pues, han sido conscientes de su importancia para garantizar la paz social. Ya en la antigüedad clásica se entendió la escuela como el reflejo de la sociedad. De hecho, Aristóteles decía que el ciudadano ateniense debía ser educado íntegramente, es decir, “físicamente, intelectualmente, estéticamente y moralmente”.

Y en este sentido, el régimen franquista no fue una excepción, adiestró a los jóvenes en la ideología falangista y nacionalcatolicista. En 1944 escribió el inspector Alejandro Manzanares que la escuela debía ser “una prolongación del hogar, una continuación de la familia”. Y poco después, refiriéndose a la asignatura de religión, destaca su importancia “no solamente para mantener las seculares tradiciones católicas de España sino también llevar a nuestra querida Patria al cumplimiento providencial de sus destinos imperiales”.

Sin embargo, desde que la ministra María Jesús San Segundo presentó su iniciativa de reforma de la LOCE por la que se incluía en el currículo de secundaria una asignatura específica de Educación para la Ciudadanía un amplio sector de la sociedad se ha alarmado enormemente, e incluso, cada vez se habla más de boicotear la asignatura con la resucitada objeción de conciencia. Obviamente, estas voces críticas parecen ignorar varios aspectos:

          Primero, que todos los regímenes de la historia han formado a sus jóvenes en los principios que justificaban su sistema socio-político. Tampoco la democracia española lo había ignorado. La Educación para la Ciudadanía ya existía, y eso es importante recalcarlo, aunque se denominase de otra forma, es decir: Ética. Una asignatura que se viene impartiendo en cuarto curso de la E.S.O. y que tiene una carga docente de dos horas lectivas semanales. Su contenido fundamental, y yo la imparto desde hace varios años, es la educación para la ciudadanía. Los jóvenes aprenden a valorar ante todo los Derechos Humanos como normas supremas, universales, inalienables e imprescriptibles de todas las personas sin excepción. Conocen de primera mano el valor de nuestra democracia como un logro irrenunciable de nuestra sociedad. Aprenden a respetar la igualdad de sexos, a rechazar por absurda toda forma de racismo, y a valorar el pacifismo como una alternativa vital. También se sumergen en los problemas medioambientales y en la necesidad de buscar soluciones colectivas e individuales. Por tanto, queda claro que la nueva asignatura de la Educación para la Ciudadanía no ha supuesto ninguna innovación. Sencillamente se ha tenido a bien ampliar en una hora semanal la carga docente que ya existía, en este caso en el tercer curso de la E.S.O.

          Y segundo, que es absolutamente respetable y necesario que una sociedad democrática como la nuestra adiestre a los jóvenes en valores democráticos. Por fortuna, la muerte del último dictador español abrió un proceso de democratización de la sociedad que se ha visto reflejado, como no podía ser de otra forma, en la escuela. Y en nuestros días, en una sociedad cada vez más multicultural, donde en las aulas cada vez encontramos a más alumnos inmigrantes con un bagaje cultural diferente al nuestro, es si cabe más necesario que nunca. España necesita a los inmigrantes y los debe integrar en igualdad de condiciones con los demás españoles, pero con una única condición: prevalecerán por encima de todo los valores irrenunciables de nuestra sociedad que no son otros que la libertad y la democracia. Y en este sentido se expresaba en el decreto que establece el currículo para la E.S.O. en Extremadura, publicado en el D.O.E. del 5 de mayo de 2007, cuando se insistía en la necesidad de esta asignatura específica para promover “el aprendizaje de los valores democráticos”.

          Por todo lo expuesto considero que, en estos momentos, la formación ética y moral en valores democráticos es más necesaria que nunca.

 

  ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

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