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        Es indudable que existe un cambio climático que desgraciadamente va a tener a corto o medio plazo consecuencias funestas. Yo lo vengo diciendo desde hace años, cuando muchos todavía lo negaban. Ya casi ningún científico duda del calentamiento global de la tierra, provocado por la actividad humana, que va a traer graves consecuencias económicas, sociales y medioambientales a corto o medio plazo.

          Sin embargo, una cosa es el cambio climático y otra las noticias que se escuchan a diario en estos días, algunas muy alarmistas, sobre la ola de calor y las muertes que pueden sobrevenir en los próximos días o semanas. He visto en la red que algún noticiario sensacionalista habla de varias decenas de miles de muertos en las próximas semanas en Europa.

          A ver, hemos dicho que hay cambio climático que supone que la tierra en menos de un siglo puede aumentar su temperatura media en uno o quizás dos grados centígrados. Ahora bien, los fenómenos de la naturaleza extremos han ocurrido desde tiempo inmemorial. Estas alarmantes olas de calor las sufríamos hace apenas unas cuantas décadas sin aires acondicionados y en la mayoría de los casos sin piscinas y todo el mundo lo veía con naturalidad.

          Pondré varios casos históricos, obtenidos a pie de archivo: uno de una ola de calor a mediados de junio de 1784 en la Baja Extremadura y otros de tormentas, rayos y granizos como pelotas de tenis ocurridos entre finales del siglo XVIII y el primer cuarto del XIX.  

            La ola de calor de 1784 fue significativa porque se produjo no en agosto sino a mediados de junio. En los libros de defunción de la parroquia de Solana de los Barros (Badajoz), el cura anotó la muerte de Nicolás Casero, un chaval natural de Encinasola, por un golpe de calor, el 18 de junio de 1784. Estaba en la villa de Solana, junto a “su amo” Pedro Delgado, también de Encinasola, trabajando en la siega del cereal. Sostiene el cura que el joven murió en el campo “sofocado por los calores” debido a las extremadas temperaturas que se estaban padeciendo en el pueblo. Al pobre muchacho lo enterraron de caridad en una fosa común de la iglesia de Santa María Magdalena.

            Pero veamos un par de casos extremos de casos de tormentas. El erudito José Martín de Palma describió una tormenta en Carmona, ocurrida el 2 de septiembre de 1790, en la que se llegaron a pesar granizos de hasta una libra, es decir de 0,454 kg.:

 

 

          “En el año de 1790, el día 2 de septiembre, comenzó a nublarse, sería(n) las 4 y media de la tarde y, a siete de dicha tarde, comenzó una tormenta de agua y aire. E inmediatamente siguió una granizada que hubo piedra de a libra y mi padre, que estaba en la aduana como fiel tesorero de ella, se pesó una piedra de seis onzas y media, hubo muchas más grande(s) y de varias figuras y parecía estar grabadas de diferentes cosas como esferas de relojes y otras como pechos de color oscuro. No han conocido los nacidos ni se ha oído decir otra igual”.

 

 

 

          Por su parte, el escribano de Barcarrota (Badajoz) Juan Calixto Romero anotaba en su libro de escrituras de 1829 una tormenta descomunal:

 

 

            “El quince de junio hubo una tormenta de piedra horrorosa a las doce del día, que principió desde Olivenza, atravesó por Badajoz, causando la ruina de aquel país en las sementeras y viñas, tocando un rabo de ella en el Almendral y (la) Albuera: siguió por la Extremadura alta, causando bastantes estragos en Talavera de la Reina; y aun se dice que llegó en el mismo día a Irún. El diez de agosto, día de San Lorenzo, se presentaron varias tormentas entre el este y sur de este pueblo que al anochecer se reunieron sobre Salvaleón y Sierra de Santa María, descargando un diluvio de agua entre volcanes de fuego y matando un rayo a un hijo de Isabel Flores, viuda de Juan Nepomuceno Ropón, en lo alto del puerto de Socola. La misma tormenta se extendió por los Barros y también en Almendralejo (mató) a un hijo de un Serrano que estaba allí casado. Los vecinos de Salvaleón aseguran que en una de las alamedas de aquel término resultaron muertos en el suelo al día siguiente tantos pájaros que no se veía la tierra de dicha alameda”.

 

 

 

           Son solo algunos ejemplos curiosos que espero gusten a los lectores de mi blog. No nos dejemos engañar por estas noticias apocalípticas de las olas de calor, tan comunes en nuestra tierra desde hace no siglos sino miles de años.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Comentarios  Ir a formulario



gravatar.comAutor: Ignacio Dana

👌👍☀

Fecha: 29/06/2019 10:32.


gravatar.comAutor: Francisco Román Cintado

Como siempre, querido profesor, muy amena tu aportación. Por cierto, no se si habría que poner en cuarentena el casi medio kilo de los granizos de nuestro pueblo, habida cuenta la afición a exagerar de la gente de nuestra querida Carmona. En fin, que aquello que nos dicen tan a menudo de que "ni los más viejos del lugar recuerdan nada igual" no deja de ser un mito, no? Un cordial saludo, Estebam.

Fecha: 29/06/2019 10:36.


gravatar.comAutor: Esteban

Estimado amigo y paisano: por supuesto, seguro que exageraron, era lo usual, pero una base de verdad también habría. Pero está claro son opiniones muy personales que nada tienen que ver con la ciencia. Pero son muy curiosas y sí resultan pruebas válidas para demostrar que esas "olas de calor" no son nuevas. Y los que tenemos ya cierta edad lo sabemos bien. Saludos.

Fecha: 29/06/2019 10:41.


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