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           Pese a la importancia de la obra del cronista Alonso de Góngora Marmolejo, autor de una memorable historia de la conquista del reino de Chile, hasta fechas muy recientes era muy poco lo que se sabía de sus orígenes y de su vida antes de su arribada a las Indias. De hecho, fue a raíz de un artículo que publiqué en 2011 cuando se conocieron muchos pormenores de su ascendencia y de su entorno familiar. Unos aportes que felizmente fueron incorporados, cuatro años después, en una reedición de su famosa crónica. En aquella ocasión quedó claro que el cronista era nieto del regidor carmonense Rodrigo de Góngora el Viejo y de Isabel Hernández Marmolejo, e hijo del también regidor Rodrigo de Góngora el Mozo y de Teresa Núñez Pancorvo. Asimismo, supimos que era el penúltimo de un total de diez hermanos y que había sido bautizado en la parroquia prioral de Santa María, el 30 de abril de 1523.

           Dado que se trataba de una estirpe linajuda, el rastro documental que ha dejado ha sido muy amplio pese a que, para el siglo XVI, la documentación del Archivo de Protocolos de Carmona se encuentra muy mermada. Desde la publicación de aquel artículo hasta la actualidad he seguido revisando documentos de aquella época por lo que me han salido al paso nuevos detalles inéditos sobre los Góngora Marmolejo y sobre su entorno familiar. Por tanto, el presente artículo tiene como modesto objetivo completar algunos aspectos publicados en 2011, acercándonos más aún a los orígenes de una de las estirpes fundadoras de Chile.

 

1.-LOS ABUELOS DEL CRONISTA

           En el citado trabajo de 2011 aportamos bastante información sobre los abuelos del cronista, Rodrigo de Góngora el Viejo e Isabel Hernández Marmolejo. Y ello gracias a la localización de un documento clave: el testamento del citado regidor otorgado en Carmona el 30 de junio de 1525, ante el escribano Gómez de Hoyos. Pues bien, hemos conseguido localizar dos escrituras más que nos permiten perfilar un poco mejor la vida de ambos: una, un testamento anterior de Rodrigo de Góngora el Viejo, escriturado el 13 de junio de 1521, que además tampoco era el primero pues, en ese mismo instrumento, se alude a otro anterior, protocolizado ante el escribano local Rodrigo de la Vega. Y otra, el testamento de su mujer Isabel Hernández Marmolejo, escriturado el lunes uno de agosto de 1519 y que aporta algunos detalles inéditos hasta la fecha.

El testamento del abuelo del cronista de 1521 nos reporta algunos detalles como, por ejemplo, que eran solo dos los albaceas, sus hijos Juan Jiménez de Góngora, alguacil mayor, y Rodrigo de Góngora, regidor, padre del cronista, mientras que en el de 1525 incorporó a un tercero, concretamente a su yerno Rodrigo de Quintanilla. Asimismo, sabemos que, además del desempeño de su oficio y de la explotación de sus tierras, estaba a cargo del situado de Melilla, el cual cobraba en nombre del conde de Ureña. Éste le dio más de un quebradero de cabeza lo que obligó a su hijo, Juan Jiménez de Góngora, a acudir a la Corte en dos ocasiones para comparecer en cierta pesquisa que se seguía contra él por ciertos dineros pendientes de pago, procedentes del mencionado situado. Y el 30 de marzo de 1514, en compensación por los gastos que su hijo realizó en dichas jornadas, le donó un olivar de seis aranzadas en el sitio del Palomar. Un año después, exactamente el 11 de marzo de 1515, se firmaba una carta de concordia entre Juan Jiménez de Góngora y Alonso de Écija Pacheco por la que se daban por contentos de las diferencias que habían tenido en el pago que el primero hizo al doctor Sancho de Matienzo del dinero que su padre debía al conde de Ureña por el situado.

           En cuanto a la escritura de última voluntad de Isabel Hernández Marmolejo, fechada el 1 de agosto de 1519, deja claro que estaba enferma de cuerpo y sana de su voluntad aunque sobrevivió varios meses a la citada dolencia porque figuró, junto a su marido, como otorgante en una escritura fechada el 8 de febrero de 1520. Además de las mandas acostumbradas, de la limosna a su confesor Andrés Blas y de otras tantas a las obras de las ermitas e iglesias de la villa, puso un especial empeño en que su marido igualase a todos sus hijos. No es frecuente encontrar a familias linajudas, como los Góngora Marmolejo, que no solo no formalizan un mayorazgo sino que incluso se empeñan en el reparto equitativo de su fortuna, sin distinción de edad ni sexo. La caridad de la otorgante queda evidenciada cuando dispone el ahorramiento de sus esclavos, al menos en lo que respecta a su parte, pidiendo a su esposo que los libere si le pareciere bien.

           Curiosamente, tanto en su testamento como en la escritura de 1520 debió firmar un testigo a su ruego, por no saber. Queda claro que aunque su marido era letrado, ya que ostentaba el cargo de regidor, su esposa ni siquiera sabía escribir, pese a pertenecer a una familia de linaje. Algo que no debe sorprendernos pues en aquella época incluso las familias más señeras optaban por invertir en la formación de uno o dos de sus hijos varones, relegando a las féminas a las labores domésticas.

Ambos dispusieron su inhumación en la bóveda que poseían en la iglesia parroquial de El Salvador, donde siguieron enterrándose miembros de la familia hasta la ruina del templo, pocos años después del terremoto de Lisboa de 1755. Por poner un ejemplo, Juan de Góngora Marmolejo, vecino de Carmona, en la collación de San Pedro, en su testamento, fechado el 17 de abril de 1635, dispuso su enterramiento en la iglesia de El Salvador, donde tiene su familia su bóveda y donde están enterrados sus padres y sus abuelos.

 

2.-LOS ALGUACILES MAYORES DE CARMONA

En Carmona, al menos desde finales de la Baja Edad Media, disfrutaron del cargo los Méndez de Sotomayor. De hecho, el 18 de julio de 1468, Gómez Méndez de Sotomayor, alguacil mayor y alcaide de Carmona, renunció temporalmente el alguacilazgo a favor de su hijo Luis Méndez de Sotomayor, por tener que ausentarse de la villa. Éste debió quedarse con el oficio pues, el 23 de noviembre de 1480, designó como su lugarteniente de alguacil mayor a Guillén de Joera. Sin embargo, en 1518 el título lo adquirió la familia Góngora, por renuncia de Luis Méndez de Sotomayor, que también ostentaba el cargo de veinticuatro de la ciudad de Sevilla. Desde entonces, y durante al menos cuatro generaciones, el oficio quedó vinculado a los Góngora.

Efectivamente, en 1518, Juan Jiménez de Góngora, tío carnal del cronista Alonso de Góngora, adquirió el oficio de alguacil mayor de Carmona. Se trataba de la máxima autoridad judicial de su demarcación, lo que confería a su poseedor un alto estatus social. El alguacil mayor, además de un hermano –Rodrigo de Góngora-, tenían dos hermanas, a saber: Mencía Marmolejo, que probablemente permaneció soltera, e Isabel Hernández Marmolejo que se desposó con el regidor Juan Tamariz, perpetuando la presencia de regidores apellidados Góngora Tamariz durante varias generaciones. Este último matrimonio procreó dos vástagos: Marina de la Barrera, que se desposó con Alonso Fernández de Vilches, y Juan de Góngora Tamariz. Este último heredó de su padre la regiduría, procreando a su vez tres hijos, el mayor de las cuales continuó con su oficio de regidor perpetuo de Carmona. A mediados del siglo XVII, vivían en la collación de Santiago, un matrimonio formado por don Diego Tamariz de Góngora y doña María Tamariz, que sin duda, descendían del regidor Juan Tamariz el Viejo.

Retornando a los alguaciles mayores, diremos que el título lo heredó el primogénito de Juan Jiménez de Góngora, llamado Rodrigo de Góngora el Mozo. Éste estaba desposado con Catalina de Cervantes, hija de Juan de la Barrera, una acaudalada carmonense que llevó de dote 600.000 maravedís y 110 reses vacunas. Rodrigo de Góngora, primo hermano del cronista, desempeñó el cargo de alguacil mayor al menos desde 1540 cuando aparece como testigo en una carta de compra-venta y ostenta dicho título hasta mayo de 1569. En 1545 dio poderes a Juan Romi, regidor, para que reclamase en su nombre todos los derechos anexos a su oficio. El matrimonio formado por Rodrigo de Góngora y Catalina de Cervantes llegó a poseer una gran fortuna, residiendo en la collación de San Salvador al menos desde 1547.

Al parecer, desde primeros de abril de 1569 se encontraba mal de salud y ya en su testamento del 22 de ese mismo mes y año declaró estar enfermo del cuerpo pero en su sano juicio y entendimiento. Asimismo, el 7 de mayo de 1569, el corregidor y justicia mayor de Carmona, el doctor Juan de Alanís, el teniente Cristóbal de Olmedo y el alcalde mayor Juan Guzmán de Sotomayor, se personaron en sus casas de morada, sitas como ya hemos afirmado, en la collación de San Salvador, y certificaron que seguía vivo. En su escritura de última voluntad dispuso su enterramiento, con el hábito de San Francisco, en la capilla conventual de San Francisco, en cuyo presbiterio él mismo había comprado una bóveda de entierro. Diez días después, es decir, el 2 de mayo de de ese mismo año, otorgó un codicilo, poco antes de su fallecimiento ocurrido ese mismo día. En esta escritura de ultimísima hora, poco antes de su propio óbito, estableció tres matices a su escritura testamentaria: uno, encargaba a su yerno Juan de Guzmán y Sotomayor, alcalde mayor de Carmona, desposado con su hija María de Cervantes, que velará por su esposa Catalina de Cervantes. Dos, ordena que en la capilla mayor del convento de San Francisco, en cuya bóveda de entierro sería inhumado, se celebrase una misa de la Encarnación de Nuestra Señora todos los sábados a perpetuidad, disponiendo un pago de doce ducados anuales sobre sus casas de morada. Y tres, estas mismas viviendas, en la collación de El Salvador, se las dejaba de mejora a su hijo Juan de Góngora, clérigo, con la condición de que asumiese puntualmente el pago de la citada carga anual.

Gracias a su testamento sabemos que tuvo ocho hijos legítimos, tres varones y cinco mujeres, a saber: Juan Jiménez de Góngora, el primogénito, quien heredó el alguacilazgo mayor de Carmona; Juan de Góngora, beneficiado de la iglesia parroquial de Santiago; Pedro Marmolejo de Góngora, desposado con Catalina Barba; María de Cervantes, casada con el alcalde mayor de Carmona; Juan de Guzmán y Sotomayor; Florinda de Góngora, desposada con Alonso Mexía de Sexas, quien provisionalmente ostento el alguacilazgo mayor de Carmona, durante la minoría de edad de su cuñado; Isabel Marmolejo de Góngora; y finalmente, Mencía y Beatriz Marmolejo.

En 1569 renunció su oficio de alguacil mayor en su yerno Alonso Mexía Sexas, esposo de su hija Florinda de Góngora, ante la minoría de edad de su hijo Juan Jiménez de Góngora Marmolejo. Este último, antes incluso de ser alguacil mayor, enviudó de su esposa María de Osorio pues, según consta en el testamento de Rodrigo de Góngora, el 18 de mayo de 1569 era ya finada. Se casó en segundas nupcias con doña Luisa de Santa Ana o de Santana con quien procreo un vástago, Juan de Góngora de la Barrera.

Juan Jiménez de Góngora tuvo una vida muy activa pues, además del alguacilazgo mayor, desempeñó el oficio de regidor perpetuo y de mayordomo de las rentas del pan y maravedís que la aldea de Guadajoz tributaba al duque de Arcos. De hecho, el 12 de septiembre de 1555, estando en la villa de Marchena, otorgó poderes a su esposa, Luisa de Santana, para que pudiese escriturar en su nombre. Y poco después, la citada señora, formalizaba un instrumento notarial por el que aceptaba un aplazamiento del pago de dicha renta concedido por el duque de Arcos, ante sus dificultades financieras. Finalmente, el abono de los 109.261 maravedís a que ascendía el adeudo se realizaría el día de Nuestra Señora de septiembre de 1556.

Sospechamos que éste murió prematuramente pues nunca llegó a ostentar el título de alguacil mayor cargo que, sin embargo, desempeñaba, al menos en 1585 y 1586, Juan Tamariz de Góngora, sobrino de Juan Jiménez de Góngora, hijo de Juan de Góngora Tamariz, regidor, y de doña Andrea de Guzmán. Sin embargo, parece ser que éste fue el último Góngora que lo usó pues en adelante aparece vinculado a otras familias.

 

3.-LOS PADRES Y HERMANOS DEL CRONISTA

La documentación me ha permitido perfilar algunos detalles sobre los progenitores del cronista Alonso de Góngora. El regidor Rodrigo de Góngora, padre de Alonso, vivió toda su infancia y juventud en la casa de sus padres ubicada en la collación de San Bartolomé. Relativamente cerca de allí, en la collación de San Salvador, pasó esos mismos años su futura esposa Teresa Núñez Pancorvo, hija del regidor Francisco Pancorvo y de Catalina Romi. Por tanto, había una doble proximidad que pudo favorecer el encuentro: sus respectivos padres eran regidores del concejo de Carmona y ambas familias vivían en un entorno muy próximo.

Una vez que se independizó económicamente debió adquirir una casa en la collación de Santa María, donde ya residía al menos en 1512. Sin embargo, en 1522 compró otra residencia de Francisco de Céspedes y de su esposa, situadas en la Collación de Santa María, linderas con las casas de la cilla de la fábrica de Santa María y con las calles Reales. Desconocemos si pasó a vivir a esta nueva vivienda o si la adquirió como un bien patrimonial más.

Mantenía una excelente relación con su hermano, el alguacil mayor Juan Jiménez de Góngora, en cuyo nombre, incluso, se permitía otorgar escrituras. De hecho, siendo aún muy joven, el 22 de septiembre de 1512, ante el escribano Juan de Toledo firmó una carta de aparcería en nombre de su hermano.

Con respecto a sus hijos, ya dijimos que el regidor Rodrigo de Góngora tuvo diez vástagos, incluyendo al futuro cronista Alonso de Góngora.

El primogénito Pedro Hernández Marmolejo de Góngora tuvo a su vez ocho hijos, siete mujeres y un hombre, a saber: Isabel de Góngora, Águeda de Góngora, Beatriz Marmolejo, Teresa de Góngora, Rodrigo de Góngora, Florinda de Góngora, Mencía Marmolejo y Catalina de Góngora. Pedro Hernández quiso, siguiendo la tradición familiar, que su único hijo varón, es decir, Rodrigo de Góngora, cursarse estudios en la Universidad de Salamanca, donde se encontraba en el año 1565. Por tanto, el cronista Alonso de Góngora tenía personas de su entorno que habían cursado estudios superiores en Salamanca: su hermano, el licenciado Francisco Pancorvo, y su sobrino Rodrigo de Góngora, quien heredaría después el título de regidor, continuando la saga de los Góngora en el concejo de Carmona.

El licenciado Francisco Pancorvo, hermano del cronista, había estudiado derecho en Salamanca y lo vemos ejerciendo de abogado en Carmona. El 3 de diciembre de 1560 otorgó una carta de poder en Carmona, junto a su hermano Pedro Hernández Marmolejo y a Hernán Jiménez Parrilla, en nombre de otros vecinos y labradores de Carmona, para que se procediese contra las autoridades de Carmona. Pocos meses después recibía un poder de su primo Juan Jiménez de Góngora y la esposa de éste, Luisa de Santana, para que en su nombre pudiese vender bienes del matrimonio. Por cierto, que la esposa del licenciado Francisco Pancorvo, doña Inés de Quintanilla, pese a pertenecer a una familia de linaje, declaraba en las escrituras notariales que no sabía firmar, evidenciando una vez más que la formación académica, incluso la más básica, estaba reservada a una selecta minoría de varones.

De otro de los hermanos, Juan Jiménez de Góngora, no sabemos gran cosa, más allá de su matrimonio con Inés de Hoyos que le debió reportar una enjundiosa dote. No parece que desempeñara oficios municipales, dedicándose a la explotación de algunos viñedos y tierras de cereal que heredó de sus ascendientes o que el mismo compró.

             También los Góngora Marmolejo, al igual que los Tamariz de Góngora y los Jiménez de Góngora, permanecieron en Carmona como uno de los linajes más señeros. Así, en torno a 1635 aparece muy activo en los protocolos notariales don Francisco de Góngora Marmolejo y, en el último cuarto del siglo XVIII, don Teodomiro de Góngora Marmolejo, a buen seguro, descendientes ambos de la familia del cronista.

 

APÉNDICE I

Testamento de Isabel Hernández Marmolejo, Carmona, 1 de agosto de 1519.

 

La otorgante Isabel Hernández Marmolejo, mujer de Rodrigo de Góngora, regidor, declara que es natural y vecina de Carmona en la collación de San Bartolomé. Manifiesta estar enferma de cuerpo pero sana de su voluntad. Dispone su inhumación en la iglesia y en la sepultura que decidiera su marido Rodrigo de Góngora. Asimismo, deja una misa de réquiem cantada a cuerpo presente con sus oficios y letanías y, durante un año, una misa razada cada domingo y tres misas cantadas al año mientas viviese su marido, coincidiendo con tres festividades: la de la Encarnación, la Inmaculada Concepción y la del Santo Sepulcro.

A su confesor de penitencia, Andrés Blas, le da un real de plata de limosna para que ruegue a Dios por su alma. A la Santa Cruzada, a la Santísima Trinidad y a Santa María de la Merced de Sevilla le da cinco dineros a cada una, un maravedí al hospital de San Lázaro de Sevilla y a las obras de las iglesias y ermitas de Carmona cinco dineros a cada una.

Declara que dieron a su hija Mencía Marmolejo 250.000 maravedís, a Juan Jiménez de Góngora, alguacil mayor, 200.000 maravedís, a Rodrigo de Góngora, regidor, 240.000 maravedís y a Fernando de Góngora 250.000. Dispone y manda que sean igualados todos los dichos mis hijos. Asimismo, declara que su marido había otorgado testamento ante Rodrigo de la Vega, escribano publico de Carmona. Y finalmente, declara tener esclavos y ordena que su marido los ahorre si le pareciere bien.

Otorgada la carta el lunes 1 de agosto de 1519. Declaró no saber firmar por lo que rogó a un testigo que lo hiciera por ella, siendo testigos Juan Bravo, Pedro Garrido, Fernando de Ledesma y Rodrigo de Toledo, escribano de su majestad.

(APC Juan de Toledo 1519, s/fol.).

 

 

APÉNDICE II

 

Testamento de Rodrigo de Góngora el Viejo, Carmona, 13 de junio de 1521.

 

Rodrigo de Góngora, vecino de Carmona, en la collación de San Bartolomé, sano del cuerpo y en su buen juicio y entendimiento, dispone su entierro en la iglesia del San Salvador, en una sepultura que posee donde están inhumado su padre Juan Jiménez de Góngora. Ordena una misa de réquiem cantada con su vigilia y manda a su confesor de penitencia, Cristóbal Mallen, clérigo, un real de limosna. Asimismo dispone un maravedí de limosna a las órdenes de la Santa Cruzada o de Santa Trinidad de Sevilla y a la obra de la iglesia de Santa María y a los enfermos de la casa de San Lázaro de Sevilla tres maravedís a cada una. Y a las obras de las demás iglesias y ermitas de Carmona un maravedí a cada una.

Y a Rodrigo de Quintanilla, regidor, su yerno, 10.000 maravedís porque al tiempo que él y su mujer, Isabel Hernández Marmolejo, difunta, acordaron casar a su hijo mayor Juan Jiménez de Góngora le entregaron 200.000 maravedís y cuando casaron a Mencía Marmolejo, su hija, con Rodrigo de Quintanilla, regidor, le dieron 250.000 maravedís en bienes y dineros. Y cuando desposaron a Rodrigo de Góngora, regidor, le dieron 160.000 maravedís y después otros bienes hasta completar 240.000. Y finalmente, a Hernando de Góngora le dieron 250.000 maravedís.

Y además de las cuantías declaradas, ahora le dan a Rodrigo de Góngora, su hijo, un pedazo de olivar que tiene en esta villa, en la pertenencia de la Fuente la Reina, de cuatro aranzadas y media de olivar, que lindan con olivares de Juan Mateos Castaños y con otros del convento de Santa Clara de Carmona. A cambio de dicha mejora y donación, su hijo se debe obligar a decirle seis misas cantadas anuales por su alma y la de su espora Isabel Hernández Marmolejo. Y además debe hacerse cargo de pagar el aceite de la lámpara que arde delante del altar de Nuestra Señora y San Miguel en la iglesia de San Salvador de día y de noche. Y que no se venda ni se troque el citado olivar y que lo herede el hijo mayor varón del mismo Rodrigo de Góngora con las mismas cargas y obligaciones. Asimismo, dispone que todos los domingos del año se le diga una misa rezada por su alma y el de su mujer y los paguen de sus bienes sus herederos.

Nombra por albaceas a sus hijos Juan Jiménez de Góngora, alguacil mayor, y a Rodrigo de Góngora, regidor. Y el remanente de sus bienes se los deja por igual a sus cuatro hijos. Otorgada la carta en Carmona el jueves 13 de junio de 1521, siendo testigos Pedro de Toledo y Juan de Santa Cruz, clérigos presbíteros, vecinos de Carmona.

(APC Juan de Toledo 1521 s/f)

 

APÉNDICE III

 

Testamento de Rodrigo de Góngora el Mozo, alguacil mayor de Carmona, 18 de abril de 1569.

 

Manifiesta estar enfermo de cuerpo pero sano de su voluntad, disponiendo su entierro, con el hábito de San Francisco, en la capilla mayor del convento de San Francisco de Carmona. Manifiesta ser hermano de las cofradías del Santísimo Sacramento y de las Benditas Ánimas del Purgatorio de la iglesia de El Salvador, dándoles de limosna para cera cuatro reales a la primera y dos a la segunda. Declara que su esposa Catalina de Cervantes aportó más de 600.000 maravedís de dote al matrimonio y luego, con posterioridad, su suegro, Juan de la Barrera, le dio 110 reses vacunas.

Casó a su hija María de Cervantes con Juan de Guzmán y Sotomayor, alcalde mayor de Carmona y dotándola con 2.000 ducados. Asimismo, desposaron a Juan de Góngora Marmolejo con doña María de Osorio, ya difunta, y le dieron otros 2.000 ducados para vestir a la dicha María de Osorio en sedas de oro y hechuras de ropa. Asimismo casaron a Florinda de Góngora con don Alonso Mexía de Sexas, llevando 4.000 ducados de dote. A su hijo Juan de Góngora, cura, le otorgan el cortijo de Uceda en mejora con la condición de que después de sus días pase al hijo varón mayor de Juan de Góngora de la Barrera. Menciona en su testamento a cada uno de los ocho hijos legítimos que tuvo, a saber: Juan de Góngora Marmolejo, María de Cervantes, Juan de Góngora, beneficiado de la parroquial de Santiago, Florinda de Góngora, Isabel Marmolejo de Góngora, Mencía Marmolejo y Beatriz Marmolejo. Otorgada la carta en Carmona en 18 de abril de 1569

(APC, Diego Romi 1569, fols. 356r-360r).

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

 

(Este texto es una versión resumida, sin notas y sin material gráfico de un artículo publicado en la Revista de Estudios Históricos, N. 60. Santiago de Chile, 2018, pp. 145-162).

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