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Las redes sociales, como el facebook o el whasapp han traído consigo muchas servidumbres pero también nos aportan infinidad de posibilidades que favorecen la comunicación y la interacción. Estas plataformas son herramientas de gran utilidad a la hora de compartir investigaciones, lecturas, creaciones poéticas o literarias. La distancia física entre las personas ya no implica impedimento alguno para comentar en común o debatir sobre tal libro o sobre tal idea.

Como ha dicho Josep Ballester, esto ha permitido recuperar a lectores que estaban alejados del mundo de la cultura, bien por estar fuera de los círculos literarios, o bien, por no disponer de tiempo ni dinero para adquirir y leer libros. La edición digital y las publicaciones en las redes sociales han facilitado el acceso a la lectura de decenas de miles de personas. La gente lee en cualquier sitio -aunque sea el whasapp-, lo mismo en la parada del autobús, que en el metro o en la hamaca de una playa.

Es evidente, pues, que la tecnología ha acercado la lectura a miles de usuarios que hasta hace pocos años eran ajenos a la misma. Las redes sociales no son la panacea, ni mucho menos, pero al menos contribuyen a la información –y a veces desinformación- de millones de personas.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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