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En el virreinato peruano se extorsionaba gravemente a los aborígenes con tributos y servicios. Es cierto que en ya en época prehispánica el Inca solicitaba tributos y también servicios, entre ellos la mita. Pero afectaba a pocas personas, el trabajo era moderado y, además, se les proporcionaba una adecuada alimentación. Había una reciprocidad procurada por una producción colectivista que fue destruida por los españoles sin reemplazarla adecuadamente. Como ya hemos afirmado, a partir de la Conquista se quebró ese sistema colectivista y la reciprocidad vigente en la época prehispánica. El rey de España ocupó el papel del Inca pero ya no aseguraba, como hacía éste, la redistribución en servicio de toda la comunidad. En 1549 se denunciaba que seguían utilizándose los encomendados peor que si fueran esclavos, y por un salario irrisorio por lo que se pedía que al menos se les proporcionase la manutención. Al año siguiente, el dominico fray Domingo de Santo Tomás escribió al Emperador planteando un panorama absolutamente desesperanzador. Concretamente incidió en dos problemas que por desgracia ni eran nuevos ni, por supuesto, exclusivos del Perú:

El primero, que los encomenderos trataban a sus indios peor que a los asnos en Castilla porque si éste se moría perdían ocho ducados pero si el fallecido era un indio no les costaba nada porque siempre encontraban a otro.

Y el segundo, los excesivos tributos que les reclamaban y que eran tasados según el capricho de cada encomendero. En 1538 se escribió al teniente de gobernador de la provincia de Quito y al protector de indios para que tasasen urgentemente los tributos, pues, los encomenderos cobraban lo que les parecía, abusando gravemente de los pobres indios. Y si los caciques no colaboraban los aperreaban o los mataban sin ningún miramiento:

 

 

Hasta ahora no ha habido más regla ni medida en los tributos que a esta pobre gente se le pide que la voluntad desordenada y codiciosa del encomendero, por manera que si les pedían mil, mil daban y si ciento, ciento, y sobre esto quemaban a los caciques y los echaban a los perros y otros muchos malos tratamientos, y les quitaban el señorío y mando y lo daban a quien les parecía que sería buen verdugo…"

 

 

La mita incaica era llevadera, en cambio, los españoles modificaron la institución, llevándola a unos niveles de explotación absolutamente irracionales. En 1575 el virrey Francisco de Toledo la reguló, movilizando nada menos que a 95.000 nativos de diecisiete provincias que trabajarían una semana y descansarían dos. Se estimaba que tenía que haber permanentemente en las minas 4.500 indios por lo que, para respetar las dos semanas de descanso, debían movilizarse permanentemente a 13.500 mitayos. Otra cuestión es que, debido a la alta mortalidad, al final los tiempos de descanso no se respetaron, convirtiéndose las minas en verdaderos cementerios. Tan claro lo tenían los pobres quechuas que el día antes de su partida celebraban en sus pueblos un lúgubre oficio de réquiem, en el que unos y otros se abrazaban llorando. Se ha calculado en un millón, el número de nativos fallecidos en las minas de Huancavelica, Potosí, Oruro y cerro de Pasco. Un holocausto sangriento para saciar la voracidad de plata del Imperio de los Habsburgo. Todavía, el 6 de diciembre de 1669 el virrey Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos, recordaba unas palabras pronunciadas décadas antes por fray Domingo de Santo Tomás, al decir:

 

 

Yo descargo mi conciencia con informar a Vuestra Majestad con esta claridad: no es plata la que se lleva a España, sino sudor y sangre de indios

 

 

Pero, la pregunta que nos hacemos, ¿mejoró con el tiempo su situación laboral? Desgraciadamente los documentos del último cuarto del siglo XVI no son mucho más alentadores al respecto. La explotación laboral de los nativos no mejoró sustancialmente ni a corto ni a medio plazo, por lo menos en muchas de las gobernaciones indianas. Tanto la encomienda como la mita no fueron más que sendas formas encubiertas de esclavitud. En teoría no tenía por qué haber sido así, pero prácticamente nadie se encargó en serio de obligar a los encomenderos a cumplir con sus obligaciones.

 

 

PARA SABER MÁS

 

MIRA CABALLOS, Esteban: “Conquista y destrucción de las Indias”. Sevilla, Muñoz Moya, 2009.

 

PUENTE BRUNKE, José de la: “Encomienda y encomenderos en el Perú“. Sevilla, Diputación Provincial, 1992.

 

RUIZ RIVERA, Julián Bautista: “Encomienda y mita en Nueva Granada en el siglo XVII”. Sevilla, E.E.H.A., 1975.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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