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        Cinco siglos después de la muerte del Almirante Cristóbal Colón, sigue abierta la controversia sobre sus huesos. El problema radica en el hecho de que Colón fue inhumado y exhumado en seis ocasiones diferentes. Independientemente de que los restos de Colón se quedasen en Santo Domingo, por un error en su traslado a Cuba, lo cierto es que la traída de los restos cubanos a España, en 1898, están cargados de un gran simbolismo.

         España perdió de manera humillante la guerra de los Cien Días contra el gigante Norteamericano. Los Tratados de paz de Paris (10 de diciembre de 1898) constituyeron prácticamente una rendición sin condiciones, en la que España cedió todas sus posesiones americanas y asiáticas a cambio de veinte millones de dólares y de permitirle la repatriación de los restos del Descubridor. Realmente vergonzoso, pero es que la posición de España no podía ser más débil: sus flotas del Atlántico y del Pacífico destruidas, las arcas públicas al borde del colapso y el pueblo hastiado. Por eso, la repatriación de los huesos del Almirante constituye todo un símbolo, pues cierra un ciclo iniciado en 1492, con el Descubrimiento del Nuevo Mundo para Castilla, y 1898, con la pérdida de los últimos territorios coloniales del imperio Hispánico.

         Varias ciudades españolas se ofrecieron a acoger los despojos del Descubridor: Huelva, que pretendía inhumarlo en el monasterio de la Rábida, tan vinculado al Almirante; Córdoba, por las vivencias del marino con la cordobesa Beatriz de Arana; San Fernando (Cádiz) por disponer del Panteón de Marinos Ilustres, y finalmente, Sevilla, por ser durante siglos la sede del monopolio comercial con las Indias. Según las investigadoras Anunciada Colón y Guadalupe Chocano fue finalmente el Duque de Veragua, Cristóbal Colón de la Cerda, quien optó por la última opción.

         Los restos se embarcaron en La Habana en el crucero Conde de Venadito, comandado por Esteban de Arriaga, que alcanzó la ciudad de Cádiz el 16 de enero de 1899. Allí, fue trasladado al torpedero Giralda, comandado por Rafael Rodríguez de Vera, quien se encaminó rumbó a Sevilla, a donde llegó en una fría mañana del 19 de enero de 1899.

         Según narraron los diarios de ese día, la acogida fue multitudinaria. El muelle de las Delicias había sido engalanado, y a la entrada del Giralda, todos los vapores hicieron sonar las sirenas en honor al Almirante de la Mar Océana. Al pie del puerto esperaba la comitiva, encabezada por el Duque de Veragua. En pomposa procesión fueron llevados los restos hasta la Catedral. Tras una solemnísima ceremonia, sus restos se instalaron en el mausoleo, que previamente había construido Arturo Mélida. Eso sí, la caja con sus restos fue instalada provisionalmente en el panteón de los Arzobispos porque el monumento funerario de Mélida no estuvo preparado a tiempo. El mausoleo se instaló varias semanas después en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua y el 17 de noviembre de 1902 se trasladó todo el monumento a la nave de la catedral, en el lado de la epístola, donde hoy puede ser contemplado. La caja poseía tres llaves que se entregaron a tres portadores distintos: el Duque de Veragua, el Arzobispo de Sevilla y al alcalde de la ciudad, que en esos momentos era Alfredo Heraso Pizarro.

         Con la llegada de los restos del Almirante a la Península el 16 de enero de 1899 se cerraba vergonzosamente la aventura imperial del mundo hispánico. Los huesos de Colón viajaron junto a varios centenares de repatriados, todo un símbolo del final de una era. El último viaje del Almirante, que supuso, en palabras de Julio Martínez, “el patético cerrojazo al Descubrimiento, el saldo a cero del imperio colonial”.

 

 

 

PARA SABER MÁS

 

 

COLÓN DE CARVAJAL, Anunciada y Guadalupe CHOCANO: “Cristóbal Colón. Incógnitas de su muerte, 1506-1902. Primeros Almirantes de las Indias”, T. I. Madrid, C.S.I.C., 1992.

 

 

DEIVE, Carlos Esteban: “Los restos de Colón. Defensa del hallazgo de 1877”. Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1993.

 

 

MARTÍNEZ VELASCO, Julio: “Paseo por la Sevilla del 98”, T. II. Sevilla, Biblioteca Hispalense, 2001.

 

 

MORALES PADRÓN, Francisco: “Historia de unas relaciones difíciles (EEUU-América Española)”. Sevilla, Universidad, 1987.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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