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          Dada la escasez de los alimentos europeos los conquistadores y colonos se vieron obligados a transformar aceleradamente su dieta para poder sobrevivir. En pocas décadas el maíz, la yuca y las batatas se convirtieron, junto a la carne, en la base de la alimentación hispana. Ahora bien, se trataba de vegetales que nunca habían visto antes y que en ocasiones tardaron un tiempo en consumir con tranquilidad.

          Contaba Cieza de León que en la conquista del Perú los hambrientos conquistadores encontraron una especie de palmitos, en un árbol que daba algo así como dátiles y decidieron saciar sus estómagos vacíos. Pues bien, dice que dado que comieron una gran cantidad de ellos, ingiriendo mucha agua muchos se hincharon y murieron.

          Salvo en situaciones extremadamente desesperadas como la que acabamos de relatar, aunque estuviesen hambrientos, se resistían a comer aquellos frutos que les parecían sospechosos, aunque hoy sabemos que hubiesen mitigado su voracidad. Por ejemplo, el tomate, a los españoles le parecía demasiado bulboso como para ser comestible. Incluso cuando observaron a los indios comerlos, siguieron pensando que ese color rojo intenso no podía provocar nada bueno en un organismo humano, pues debía ser portador de algún tipo de veneno. Esta creencia, fuertemente arraigada se mantuvo hasta avanzado el siglo XVII, de modo que apenas la usaban como planta ornamental, por los exóticos frutos rojos que producía.

          Peor aún fue el caso de la patata que los españoles encontraron en el incario. Y pese al hambre que pasaron no osaron comerla. Decían que su siniestro aspecto “deforme, rugoso y telúrico” evidenciaba que no podía causar ningún bien a la salud. Y aunque los su consumo estaba muy extendido, sostenían que a medio o largo plazo producía lepra. Y los que lo probaron, tampoco el sabor gustaba, pues reiteraban que sabía como “una castaña malencarada, portadora de la lepra”.

          Tampoco el chocolate que consumían los mexicas fue bien aceptado en los primeros años. Los españoles se asqueaban de un brebaje de color oscuro “como de heces”, con espuma por encima, que hacía falta mucha valentía para consumirlo. Sin embargo, pasadas algunas décadas, los cronistas dicen que a las mujeres aclimatadas a la tierra les encantaba y lo preparaban con especias y chili.

          El caso de las bebidas alcohólicas de los amerindios también es otro ejemplo del rechazo con las que fueron recibidas por los hispanos. En Nueva España, bebían distintos tipos de mezcal así como pulque, sin embargo, la bebida más extendida en todo el continente era la chicha. Esta se elaboraba a base de jugo de maíz fermentado. Con frecuencia, las mujeres mascaban el maíz para facilitar su fermento, mientras que en civilizaciones más refinadas, como la inca, lo molían y luego elaboraban un caldo, a juicio de los cronistas, “muy limpio y muy bueno”. La chicha desempeñaba la misma función social y ritual para los aborígenes que el vino para los europeos, de ahí que los cronistas no dudasen en denominarla como “el vino de la tierra”. Por tanto, no había vino, pero sí el equivalente indígena. Sin embargo, pese a producir unos efectos y unas cualidades nutritivas similares a la cerveza, la bebida no captó adeptos entre las huestes. Algunos cronistas, como Luis Joseph Peguero, justificaron su rechazo equiparándola con los malos vinos, pues “turba la cabeza como el vino más robusto”. En realidad, el rechazo venía más bien, de una cuestión social, pues el vino se vinculaba a los vencedores y la chicha a los vencidos.

          Es llamativo ver como estos conquistadores, la mayor parte de las veces hambrientos, pasaban por encima de alimentos que no se atrevían a consumir. De hecho, cuando el hambre apretaba, el avance se aceleraba, soñando más con abundantes manjares que con el ansiado oro. De haber consumido los tubérculos andinos, los conquistadores del Perú hubiesen mitigado en buena medida el hambre que pasaron y que los llevó en varias ocasiones al borde del colapso.

 

 

PARA SABER MÁS:

 

DÓMÍNGUEZ MOLINOS, Rafael: “Historias extremas de América”. Barcelona, Plaza& Janés Editores, 1986.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Vinos y élites en la América de la Conquista, “Iberoamericana” Nº 15. Berlín, 2015, págs. 7-23.

 

PIQUERAS CÉSPEDES, Ricardo: “Entre el hambre y el Dorado: mito y contacto alimentario en las huestes de conquista del siglo XVI”. Sevilla, 1997.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Comentarios  Ir a formulario

gravatar.comAutor: PECE

Siempre he tenido curiosidad por conocer como aplicaban los primeros sacerdotes en el nuevo mundo las especies para comulgar.
Supongo que las existencias que llevaran desde España deberían agotárseles pronto.
Y hasta que no pasaron algunos años no pudieron disponer de cosechas de trigo y vid para elaborar el pan y el vino para comulgar.
Habienda cuenta de que al menos actualmente y segun el Vaticano, ninguna especie que no esté producida con trigo o vid puede ser empleada para comuulgar, ¿hay algún trabajo o documentación que refleje como se celebraba en aquellos primeros años de la conquista?

Fecha: 30/09/2016 15:37.


gravatar.comAutor: Esteban

Ellos lo celebraban con vino, por eso guardaban siempre como oro en paño unas botijas de vino que se cotizaban a precio de oro. Pero lo primero era lo primero; el vino para el sacrificio de la misa. Jamás leí que algún sacerdote usara chicha u otro licor indígena para celebrar la eucaristía.

Fecha: 30/09/2016 16:23.


gravatar.comAutor: PECE

Yo más bien pensaba en los problemas que debían tener para conseguir pan elaborado con trigo para celebrar la eucaristía.
A pesar de que celebraran con vino, me cuesta mucho creerme que en los primeros años (no sólo de la conquista de América), entre expedición y expedición lograran tener las suficientes reservas de pan y/o vino para aguantar la llegada de un nuevo cargamento con el que seguir celebrando.
Quisá el Papa de turno dictara alguna norma permitiendo en aquellos casos extremos de escasez la celebración con otros alimentos autóctonos....
Es una simple suposición pero que tendría algunas implicaciones a considerar.

Fecha: 01/10/2016 20:39.


gravatar.comAutor: pece

Acabo de encontrar un texto que relata un suceso que confirma lo que dices sobre el valor que daban al trigo y vino para consagrar.
Está en la obra "La Florida del Inca. Historia del Adelantado Don Hernando de Soto": "...La cual pérdida no solamente fue en la falta de los caballos que les mataron y en los compañeros que perdieron sino en otras cosas que ellos estimaban en mas, respecto de aquello para que las tenían dedicadas: que fue una poca de harina de trigo, en cantidad de tres fanegas y cuatro arrobas de vino..." / "...quedaron imposibilitados de poder oir misa por no tener materia de pan y vino para la consagración de la Eucaristía, aunque entre los religiosos, sacerdotes y seculares hubo cuestiones en teología si podrían consagrar o no en el pan de maíz..." / "...es que el pan sea de trigo, y el vino de vid, y así lo hicieron estos católicos españoles..."
De todos modos yo (erre que erre) sigo pensando que sucesos como el descrito en esta obra debieron ser muy frecuentes en aquellos años de conquista, y, si bien en la mayoría de los casos desistieran de comulgar, quizá se diera algún episodio en el que se sustituyeran por alimentos indígenas.
La cuestión es si alguno de esos supuestos o probables episodios quedó documentado hasta nuestros días.

Fecha: 01/10/2016 21:00.


gravatar.comAutor: Esteban

Muy buen comentario. Yo nunca he visto en ningún documento que pudieran consagrar pan de maíz o chicha, aunque no podemos descartar que en alguna ocasión pudiera ocurrir, dada la escasez de pan y vino en muchas empresas conquistadoras.

Fecha: 04/10/2016 14:21.


gravatar.comAutor: PECE

Ya no comento más en esta entrada por pesao, lo prometo, sólo éste para decirte que, lo "de buen comentario" al final no tanto.
Me descargué tu artículo que citas para saber más, y aunque no transcribes el texto que pongo, si que citas la obra, creo recordar que en la nota 52 de tu artículo.
Así que ni siquiera soy original.
Me ha parecido muy didáctico, siempre me intrigó como fue el proceso de los primeros años de la colonización, dejando a parte las luchas, conquistas y demás temas bélicos que es lo primero que nos atrae a los que nos interesa la historia.
El tema de los suministros no es baladí teniendo en cuenta la distancia (en tiempo) desde España, me sorprende los pocos años que hicieron falta para crear una sociedad lo más similar posible a la originaria de España, los problemas cotidianos con el suministro, los precios elevados o minorados por exceso de producción (nunca lo habría imaginado), la necesidad continúa de mano de obra especializada...
Independientemente de lo abusivo o no que resultó ser la conquista, no hay lugar a dudas de que se trató de una obra de gigantescas proporciones, no tanto por los hechos de armas como por la logística de crear una sociedad europea de la nada.
Muchas gracias por compartir tus conocimientos.

Fecha: 04/10/2016 21:15.


gravatar.comAutor: Esteban

De pesado nada amigo, han sido interesantes tus comentarios y aportes. Un saludo.

Fecha: 06/10/2016 14:20.


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