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         Es cierto que los ingleses ganaron a España la batalla de la información. Fueron ellos los que llamaron a la armada española “Invencible” y fueron ellos los que difundieron el estereotipo de que David había derrotado a Goliat. Pero estudiosos contemporáneos han desmentido esta circunstancia. De hecho, se enfrentaron 150 naves españolas contra 180 o 190 navíos ingleses. Pero descartando los buques auxiliares, España combatía con 65 galeones frente a más de un centenar de naves gruesas de la armada inglesa. Por tanto, primera mentira: era falso lo de la aplastante superioridad de la Armada Invencible.

            La armada española nunca fue derrotada directamente en su enfrentamiento con la inglesa. Un cúmulo de circunstancias, la mayor maniobrabilidad de los buques ingleses y varios errores tácticos propios nos llevó a esa derrota. Varias tormentas, ocurridas los días seis, diecinueve y veintidós de septiembre terminaron por desaparejar la armada. No pocos navíos se vieron obligados a arribar a puertos escoceses e irlandeses, corriendo los tripulantes una suerte muy dispar. Algunos fueron acogidos por familias escocesas y regresaron meses después a España pero la mayoría de ellos fueron robados y asesinados, mientras el resto de las naves sufrían hambrunas por falta de víveres, frío y epidemias. En total, de los ciento treinta buques regresaron sesenta y seis y de los treinta mil hombres embarcados tan solo diez mil. De poco sirve decir que la mayor parte de las pérdidas se produjeron por tormentas y accidentes no por combates. La improvisación con la que fue pertrechada, las indecisiones del Duque de Medina- Sidonia, la incompetencia de Alejandro Farnesio que incumplió gravemente las órdenes de abastecimiento de hombres y víveres en Calais, y los desastres atmosféricos convirtieron a la Invencible en uno de los mayores dramas de la historia naval española.

            Y lo peor es que la derrota no acabó ahí. Los ingleses aprovecharon la indefensión española para atacar los puertos de la Coruña, Lisboa y Vigo. Tal desastre obligó a Felipe II a preparar una nueva armada, tan contundente como la invencible, que si no acabó enfrentándose a la inglesa fue por la muerte del rey Prudente. Ahora bien, huelga decir, que la derrota se debió a un cúmulo de desgracias y no exactamente a la superioridad naval inglesa. De hecho, igual que la batalla de Lepanto no fue decisiva en el Mediterráneo, tampoco lo fue la de la Invencible en 1588. Aunque es cierto que no lograron el dominio en el Canal de la Mancha, no lo es menos que siguió dominando las rutas americanas, manteniendo su hegemonía hasta el final de la Guerra de los Treinta Años.

            Ahora bien, la historiografía inglesa vuelve a tergiversar cuando interpreta que esta derrota supuso el inicio de la decadencia de España y el inicio de la hegemonía naval inglesa. Nada más lejos de la realidad.  Huelga decir, que igual que la batalla de Lepanto no fue decisiva en el Mediterráneo tampoco lo fue la de la Invencible en 1588. Aunque es cierto que los ingleses lograron el dominio en el Canal de la Mancha, no lo es menos que España siguió dominando las rutas americanas, manteniendo su hegemonía hasta el final de la Guerra de los Treinta Años.

         Felipe II, desde el desastre de la Invencible, promovió un programa de reconstrucción de la armada, repartiendo derramas entre todos los corregimientos de España. Una década después del desastre de la Invencible el potencial náutico de España era similar al que existía en antes de 1588. En 1602, ya reinando su hijo Felipe III, una armada inglesa, capitaneada por Sir Richard Levenson, decidió atacar en mar abierto a la flota de la plata. Sin embargo, ésta venía bajo la protección de treinta galeones, los mismos que dejó recién construidos Felipe II. No consiguió capturar ni uno solo de los navíos, pues fue rechazo por el fuego artillero de los galeones españoles. Su mayor mérito fue conseguir huir sin apenas bajas, pues los galeones españoles se limitaban a proteger la plata del rey y rehusaban atacar a aquellas armadas nacionales o corsarias que decidían huir.

 

PARA SABER MÁS

FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: La Armada Invencible. Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1884.

 

GARRETT MATTIMGLY: La Armada Invencible. Madrid, Turner, 2004.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: Las Armadas Imperiales. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

 

ORTEGA Y MEDINA, Juan A.: El conflicto anglo-español por el dominio oceánico (siglos XVI-XVII). Málaga, Editorial Algazara, 1992.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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