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          La historiografía cortesiana desconocía la fecha exacta en la que el conquistador metellinense se embarcó rumbo a España por segunda vez, para pasar en la Península sus últimos años de vida. Por poner un ejemplo, su principal biógrafo José Luis Martínez afirmó que se embarcó para España entre diciembre de 1539 y enero de 1540. Y yo mismo, en mi obra Hernán Cortés el fin de una Leyenda, afirmaba que, dado que estaba documentado por primera vez en Madrid en mayo de 1540, seguramente había retornado de Nueva España en los primeros meses de ese mismo año. Y en cuanto al itinerario que siguió, desde su llegada a algún puerto del sur hasta su presencia en Madrid en mayo de 1540, era totalmente desconocido. Personalmente me lo imaginaba arribando a Sevilla y haciendo la ruta pasando por su Medellín natal.

Pues bien, dado que la prolijidad de las fuentes primarias nunca deja de sorprendernos, en estos momentos estoy en condiciones de secuenciar detalladamente la ruta que siguió el metellinense y las fechas exactas. Repasando el extenso pleito por los pueblos de su señorío, en las provincias de los Matolcingos, Toluca, Motepeque y Tepemechalco, conservado en el Archivo de Simancas, y que duró la década comprendida entre 1532 y 1542, encontramos todas las respuestas. El interrogatorio que se le hace a Pedro de Ahumada, camarero del conquistador, que lo acompañó en aquel viaje es providencial. Recordaba todas y cada una de las fechas y lugares en la que estuvieron. Mientras otros testigos solo recordaban algunas, él las tenía todas memorizadas. Según Pedro de Ahumada, zarparon del puerto de Veracruz el 5 de enero de 1540. Dos meses y un día después llegaron a Sanlúcar de Barrameda, tras realizar una escala en La Habana. Según Gonzalo Fernández de Oviedo, el metellinense le remitió una carta desde la capital cubana, fechada el 5 de febrero de 1540. Llegaron a Sanlúcar de Barrameda el 6 de abril de 1540, permaneciendo en Sevilla desde el 7 de abril hasta finales de ese mismo mes, por espacio de veintitrés días.

A primeros de mayo de ese año partieron con destino a Madrid. Y ¿tomaron la ruta de Extremadura como sospecha casi toda la historiografía? Pues no, tomaron dirección nordeste y marcharon del tirón hasta llegar al pueblo cordobés de Adamuz, exactamente el 4 de mayo. Tras reponer fuerzas en el pueblo por espacio de varios días, prosiguieron la ruta hasta Toledo a donde llegaron el día de Pentecostés -cincuenta días después del Domingo de Resurrección- de ese año de 1540. Según el investigador Antonio Redondo Pintado, el día de Pentecostés de 1540 fue el 16 de mayo. Dado que el día 17 de mayo llegaron a Madrid, apenas debieron permanecer unas horas en Toledo. En la ciudad del Manzanares se hospedó, por orden del Consejo de Indias, en casa de don Juan de Castilla.

Cortés era en aquel entonces un nuevo rico y, por tanto, una parte de la alta nobleza lo miraba con desdén. Además estuvo en todo momento agobiado por los largos pleitos que mantenía con Nuño de Guzmán, con el difunto licenciado Juan Ortiz de Matienzo, con el licenciado Delgadillo y también con Gutierre de Sotomayor, a quien reclamaba una deuda de cuatro mil castellanos. El 14 de junio de 1540 tomó una curiosa decisión: donó a doña Juana de Matienzo, esposa de Alonso de Samano e hija del oidor Matienzo, todos los beneficios que se derivasen de la reclamación que hacía hacia su difunto padre. Probablemente, trataba de congraciarse con los Samano, que tenían bastante poder en la corte, dado que Juan de Samano, hermano del esposo de doña Juana de Matienzo, era el influyente secretario real.

El 9 de marzo de 1541 seguía en Madrid porque fue presentado como testigo en una información de méritos presentada por Francisco Tello, en nombre de varias decenas de conquistadores de Nueva España. Poco después, en ese mismo año, decidió acompañar al Emperador en su fracasada campaña de Argel, junto a sus hijos Luis y Martín –el mestizo habido con doña Marina-. El César, harto ya de los desmanes de los turcos y en especial de Barbarroja, decidió ir a buscarlo a su propia base, concentrando para la ocasión un buen número de efectivos. La precipitación del ataque, lanzado inadecuadamente en noviembre, y los temporales hicieron de la campaña un fracaso. Hernán Cortés viajó en la galera capitaneada por Enrique Enríquez que, como tantas otras, naufragó. Milagrosamente consiguieron salvar sus vidas, aunque no las cinco esmeraldas y otras joyas que el de Medellín llevaba consigo. Reunido el Consejo de Guerra y, contra el criterio de Cortés, decidieron desistir de su intención de tomar la capital corsaria, dejándolo para otra ocasión más ventajosa. Fue su última gran acción, el último y fallido intento de recuperar el favor Real para destituir a aquellos que habían menoscabado su autoridad en el virreinato novohispano.

Finalmente marchó a la ciudad de Valladolid, donde está documentada su presencia entre marzo de 1542 y noviembre de 1545.



ESTEBAN MIRA CABALLOS



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