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        En estos días el tema del patrimonio sumergido está de actualidad, tras el anuncio por parte del gobierno colombiano del hallazgo del galeón San José, hundido por corsarios ingleses en 1708. La prensa, siempre deseosa de encontrar titulares con los que vender noticias y periódicos, se ha encargado de cifrar el valor del tesoro sumergido: once millones de monedas de oro, que ya algunos atrevidos han valorado en cerca de diez mil millones de dólares.

        En estas páginas quiero hacer algunas puntualizaciones sobre las circunstancias del hundimiento, sobre el valor del cargamento y sobre los tesoros sumergidos en general. Empezando por lo primero, diremos que el hundimiento del galeón se produjo en plena Guerra de Sucesión, cuando España, aliada de Francia, estaba enfrentada fundamentalmente con los británicos. La situación del país era extremadamente delicada porque sufría los ataques de sus enemigos en los mismos puertos peninsulares, como Vigo o Gibraltar. En esos momentos las dos flotas de Indias, la de Nueva España y la de Galeones de Tierra Firme no se encontraban todo lo bien protegidas que hubiese sido menester, porque eran muchos los puertos y las rutas que había que defender. La de Nueva España zarpó de Veracruz y llegó sin contratiempos a La Habana, punto de reunión de las dos flotas antes de emprender el camino de regreso hasta Cádiz. En cambio, la de Tierra Firme permaneció entre abril y mayo fondeada en Portobelo, mientras se celebraba su famosa feria. La armada zarpó a primeros de junio de aquel puerto con destino al de Cartagena de Indias, donde debían verificar los registros de lo que llevaban a bordo y recoger el dinero del virreinato de Nueva Granada.

        En total la Armada de Galeones de Tierra Firme se componía de quince barcos mercantes y tres de guerra, a saber: el galeón San José, con 32 cañones por banda y 600 pasajeros, donde viajaba el capitán general de la Armada, don José Fernández de Santillán y Quesada, Conde de Casa-Alegre. El galeón San Joaquín, de un tonelaje similar al San José, con el mismo número de cañones y 500 pasajeros. Y finalmente el galeón El Gobierno, algo más pequeño, con 44 cañones y 400 pasajeros. Estando a la altura del islote de Barú, cerca ya de Cartagena, fueron interceptados por cinco navíos de guerra ingleses. Los buques españoles se prepararon para el combate, pese a estar en inferioridad numérica. El galeón San José fue el primero en ser bombardeado, siendo hundido en apenas dos horas. El Gobierno, en cambio, resistió la acometida durante algo más de ocho horas, y poco antes de su hundimiento fue rendido por su capitán, el conde de Vega-Florida. Y finalmente, el San Joaquín, que era la Almiranta de la armada, consiguió escapar durante la noche y alcanzar la seguridad del puerto de Cartagena.

        Narrados los hechos, quisiera destacar varios aspectos: primero, la valentía del capitán general de la armada, el Conde de Casa-Alegre, que cumpliendo con su obligación dejó su vida en defensa de los tesoros del rey de España. Igual de meritorio fue el comportamiento del resto de los oficiales de los tres galeones españoles. Consiguieron que la flota mercante llegase íntegra a Cartagena, salvándose incluso el galeón San Joaquín con parte de los caudales de Felipe V.

        Segundo, no se puede saber la cuantía exacta que transportaba el galeón San José por mucho que algunos sueñen con toneladas de oro. No se llegó a realizar el registro en Cartagena, y la parte que transportaba el san Joaquín se salvó, mientras que el galeón El Gobierno fue tomado por los ingleses. Fue muy sonado en su época el gran botín que tomaron los ingleses en el buque rendido, evidenciando que como era costumbre el metal precioso se había repartido entre los tres galeones para minimizar posibles pérdidas. Por tanto, lo que puede haber en el galeón San José, además de varios centenares de cadáveres, cerámica, cacao, añil y otros productos cargados en Portobelo, es una parte de ese tesoro. Tampoco sabemos si el capitán general, viendo perdido el navío, consiguió tirar por la borda las monedas de oro, o incluso reembarcarlas en una pequeña urca que les acompañaba y que consiguió alcanzar el puerto de Cartagena. Asimismo, desconocemos si el yacimiento donde se encuentra el galeón San José está intacto o si ha sido saqueado en algún momento, como en tantos otros casos.

        Y tercero, el caso del San José es muy diferente al de la fragata Las Mercedes, localizada y expoliada por la empresa Odyssey en aguas del golfo de Cádiz en 2007. Y es diferente porque en aquel caso el barco no solo era de titularidad española sino que se hallaba en nuestras aguas. Supongo que en el caso que ahora nos ocupa habrá un largo proceso en los tribunales para ver cuánto corresponde al descubridor –el estado colombiano a través de su armada- y cuánto al propietario de aquel pecio y de su contenido.

        Pero en cualquier caso, he escrito este artículo para señalar la ausencia en España de un macroproyecto para rescatar nuestro patrimonio sumergido. Un proyecto en el que deben colaborar el Estado, la Marina, la Universidad y la empresa privada. Además de la existencia de detestables empresas cazatesoros, muchos países europeos y americanos, como Estados Unidos, Colombia, República Dominicana o Ecuador, llevan años rescatando los pecios de sus aguas. Sonados han sido los rescates del Guadalupe y el Tolosa, en aguas dominicanas, del Nuestra Señora de Atocha o del galeón Jesús María, hundido en 1654 junto a las costas de Ecuador. España, por sus amplias costas y por su trayectoria histórica cuenta con los mejores yacimientos marinos del mundo. Tenemos localizados varios centenares de pecios en las costas españolas, sin contar los barcos hundidos en batallas como la de Trafalgar. En las costas mediterráneas, incluyendo las islas Baleares, se sabe de la existencia de barcos cartagineses y romanos. Sin embargo, el golfo de Cádiz pasa por ser el mayor yacimiento de pecios del mundo. Además de barcos desde tiempos de los fenicios, descansan en su lecho decenas de galeones de la Carrera de Indias. A la bahía de Cádiz se dirigían todos los barcos procedentes de las Indias, cargados de metal precioso y casi siempre perseguidos desde el cabo de San Vicente por corsarios franceses, ingleses y holandeses. Pese a la protección de los galeones de las flotas y a la ayuda de la Armada Guardacostas de Andalucía, muchos de ellos fueron hundidos en diversos puntos de la costa onubense y gaditana. Yo mismo he documentado alguno de ellos, aportando incluso datos aproximados de su localización.

Un estudioso, amigo mío, Claudio Bonifacio, que lleva toda la vida estudiando los registros de los barcos hundidos en el Archivo de Indias, ha cuantificado el metal precioso sumergido en el golfo de Cádiz en 12.000 toneladas de plata y 800 de oro. Y aunque la cifra es ya de por si golosa, al metal precioso habría que unir las joyas, porcelanas, cerámicas, tapices, piedras preciosas, así como el patrimonio inmaterial de la historia.

El valor del patrimonio histórico y cultural sumergido que alberga España daría para construir el mayor y mejor museo de arqueología subacuática del mundo. Un atractivo más para España y una fuente de riqueza que no podemos ignorar. El Estado Colombiano ya ha manifestado su intención de crear un museo subacuático en Cartagena de Indias, y está en su derecho. Nosotros tenemos el nuestro, precisamente también en Cartagena (Murcia); pero se hace necesario llevar a cabo un ambicioso plan para proteger y rescatar nuestro patrimonio subacuático y hacer el mejor y más completo museo del mundo en su especialidad.

 

 

PARA SABER MÁS:

 

FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: “Armada Española”. Madrid, Museo Naval, 1973.

 

MIRA CABALLOS, Esteban: “El sistema naval del Imperio español. Armadas, flotas y galeones en el siglo XVI”. Madrid, Punto de Vista Editores, 2014.

 

PÉREZ-MALLAÍNA, Pablo Emilio: “El hombre frente al mar. Naufragios en la Carrera de Indias durante los siglos XVI y XVII”. Sevilla, Universidad, 1997.

 

SERRANO MANGAS, Fernando: “Naufragios y rescates en el tráfico indiano durante el siglo XVII”. Madrid, Siruela, 1991.

 

VVAA: “Navegantes y Náufragos. Galeones en la ruta del mercurio”. Barcelona, Lunwerg Editores, 1996.

 

VVAA: “La aventura del Guadalupe. Su viaje a La Española y su hundimiento en la Bahía de Samaná”. Barcelona, Lunwerg, 1997.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

Comentarios  Ir a formulario

gravatar.comAutor: jose pablo

es indignante: en toda la democracia los gobiernos de PPSOE no han hecho naaada bien, absolutamente nada, especialmente en el ambito cientifico y cultural, es vergonzoso que aun la gente les apoye, cuano lo que hay es un descuido continuo de nuestro patrimonio, la cultura...los cientificos huyen para ser valorados en el extranjero.....una vergüenza...¿cuando tendremos un gobierno que se ocupe de la cultura, del patrimonio cultural, que valore y premie a los cientificos...?

Fecha: 17/01/2016 06:23.


gravatar.comAutor: David Vasco

Son conchudos los españoles, aun quieren continuar con el saqueo. No se les olvide que el San José, llenito como venía de oro y joyas, ya fue pago con la sangre de nuestros ancestros que sus ancestros masacraron. Oro de nuestra tierra se queda en nuestra tierra y la defenderemos a toda costa.

Fecha: 22/07/2017 01:08.


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