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        Muchas veces soñé con encontrarme con el conquistador Hernán Cortés y formularle muchas de las dudas que tenemos sobre su vida y sus hechos. ¿Cómo fue su infancia en Medellín?, ¿qué pensaba de los indios?, ¿a qué mujeres amó?, etc. Hace pocos meses, cuando tratábamos de hacer un documental sobre el metellinense que finalmente no llegó a buen puerto, me pidieron que escribiera un diálogo. Debía formular preguntas a Hernán Cortés y contestarlas yo mismo pero en primera persona, presuponiendo lo que Cortés respondería. Disfruté haciéndolo porque se trataba de poner sobre el papel lo que yo había soñado en más de una ocasión. Obviamente, tanto las preguntas como las respuestas son mías; pero hay una diferencia, las preguntas son las que yo haría si me encontrara con Hernán Cortés, mientras que en las respuestas he tratado de poner no mi opinión sino la que yo creo que ofrecería Hernán Cortés si las pudiera contestar. Dado que el documental finalmente no se va a producir, inserto en mi blog el contenido de aquel diálogo.

 

 

1.-¿De dónde procedía tu familia?

 

        Mi familia paterna procedía de tierras del antiguo reino de León, concretamente de la ciudad de Salamanca. Mi bisabuelo era un hidalgo llamado Nuño Cortés que fue el último que permaneció en tierras castellanas, siendo mi abuelo Martín Cortés el Viejo, el primero en establecerse en el condado de Medellín. ¡Cuántas historias me contó mi padre de las hazañas de mi abuelo en la vega de Granada, que a punto estuvieron de prender al rey nazarí.

Fue todo un personaje, luchó junto a los casi legendarios Pedro Niño y Álvaro de Luna. Por su valor, Juan II de Castilla lo armó caballero de espuela dorada.

 

 

2.-La mayor parte de las propiedades de la familia estaban en Don Benito. ¿Dónde se asentó la familia, en Medellín o en Don Benito?

 

        A mi abuelo le concedieron 12 yugadas de tierra, unas 360 hectáreas en el término de Don Benito, que pertenecía al condado de Medellín. Pero claro, como caballero que era fijó su residencia en la villa matriz. Todo caballero que se preciase no quería nacer en una de las aldeas del condado sino en la propia Medellín, donde se focalizaba el poder. Todos nacimos en Medellín y nosotros nos sentíamos metellinenses.

 

3.-Hernán, tú mismo declaraste edades distintas ¿Por qué?

 

        Pregunta estúpida; qué más da el año de nacimiento; no lo sé, quizás en 1482, quizás en 1484 o en 1485. Qué importancia tiene eso para una persona que conquistó otra España, una Nueva España, para el Emperador. El servicio a Dios y al Emperador es atemporal, cuando yo nací nadie inscribía a los nacidos y nadie llevaba un registro de los años vividos más allá de la estimación aproximada de cada cual. Mi gesta me inmortalizó.

 

4.-¿Cómo eran tus padres?

 

        Mis padres eran un matrimonio perfecto, bien avenido y cristiano. Mi padre era un trabajador con pocas propiedades porque era el menor de los hermanos. Mi madre era una mujer muy devota, dedicada a su familia. Mis padres fueron los mejores padres del mundo.

 

 

5.-¿Por qué fuiste hijo único?

 

        Verás, mi padre siempre quiso tener una gran prole, pero mi madre tuvo un parto traumático cuando yo nací y nunca más quedó preñada. Mi padre lo aceptó con resignación.

 

 

6.-¿Tuviste una infancia feliz?

 

        ¡Oh! sí, claro, era el único hijo, mis padres se preocuparon que no me faltase su cariño. Mi madre Catalina y mi tía Inés Gómez de Paz me criaron, hasta que ésta última, siendo yo un niño de diez años, se casó y marchó a vivir con su marido a Salamanca.

 

 

7.-¿Estudiaste en la Universidad de Salamanca?

 

        La verdad, se me daban bien los estudios, pero siempre tuve claro que lo mío no serían los libros sino las armas. Yo soñaba con emular las hazañas de mi abuelo.

        El marido de mi tía Inés era latinista y me enseñó mucho. Él también quería me graduase en la Universidad, pues tenía contactos que me podían dar trabajo una vez finalizados los estudios. Pero me fui sin haber comenzado mis estudios universitarios. Yo quería ser dueño de mi propio destino, me dedicaría a las armas.

 

8.-¿Qué sueño tuviste de pequeño?

 

        Soñé con emular a mi abuelo que desafió a los moros de Granada y a punto estuvo de tomar la ciudad de la Alhambra. Yo me parecía a mi abuelo, soñé que algún día yo conquistaría una gran ciudad y recibiría todos los honores. Había escuchado la existencia de enormes tierras allende los mares, donde había señores que vivían en casas con paredes y techos de oro. Yo, los sometería a la Corona de Castilla, y ganaría honores para mi reino y para los míos. Lo soñé y lo cumplí y ahí están los libros de historia que narran mis hazañas.

 

9.-Hernán, apenas sabemos nada de lo que hiciste entre 1501 en que saliste de Salamanca y 1504 en que te embarcaste para América. ¿Qué nos puede decir?

 

        No me gusta recordarlo. Me quise embarcar en 1502 junto al Comendador de Lares, rumbo a Santo Domingo. Oye, pero en Sevilla me dieron unas fiebres cuartanas que casi me mandan a la tumba. Regresé a Medellín, donde tardé meses en recuperarme. El viejo párroco de San Martín me dio la Extremaunción en tres ocasiones. Pero bueno, la providencia quiso que sobreviviera para que expandiera la frontera cristiana. Yo gané más cristianos de lo que Martín Lutero convirtió al protestantismo. Lo tenía claro, quería marchar al Nuevo Mundo. Nunca pensé en dirigirme a otro sitio.

 

10.-¿Cómo fue tu vida en la Española?

 

        ¡¡Uff!! Aquello no fue lo que yo esperaba, los alimentos europeos escaseaban y lo que había era productos de la tierra: cazabe, maíz y carne o tocino de cerdos cimarrones. Cuando llegué las encomiendas y la tierra estaba repartida y mi sustento peligraba. Un hidalgo de Cuéllar, Diego Velázquez, me cedió el uso de la escribanía de la villa de Azua, a cambio de un porcentaje de los beneficios. Con esa birria de salario y una encomienda de ¡cinco indios! en el Dayguao, sobreviví a duras penas. La dieta forzada me mantuvo en forma por muchos años.

 

11.-¿Por qué marchaste con Diego Velázquez a Cuba?

 

        Como te he contado, mi situación en la Española era lamentable, mis sueños se habían hecho añicos. Fue una de las épocas más aciagas de toda mi vida. Transité bastantes años sin pena ni gloria. Mi sueño se tornó pesadilla. Diego Velázquez me ofreció viajar con él en su expedición a una isla descubierta por el Almirante y acepté encantado pues, era la oportunidad que estaba esperando.

 

12.-¿Satisfizo Cuba tus expectativas?

 

¡Sí!, en Cuba mi suerte cambió. Fui alcalde ordinario de Baracoa y obtuve tierras y buenos repartimientos de indios. De un pobre hidalgo sin fortuna pasé a ser un rico hacendado. Tenía dinero, era popular y tenía grandes sueños que cumplir. A la primera oportunidad que se me presentase pasaría a primera fila para encabezar la hazaña con la que siempre soñé.

 

 

13.-¿Te casaste con Catalina Suárez Marcaida?

 

        Por supuesto, era la mujer más linda que había en la isla, y tenía que ser mía. La encandilé con mis encantos y fui feliz con ella hasta mi marcha a Nueva España en 1519.

 

14.-¿Por qué la asesinaste en 1522?

 

        ¡Maldita sea! ¡La pregunta ofende! Yo la quería, todavía se me saltan las lágrimas cuando pienso en ella. No quería que le pasase nada, pero no podía darme hijos y me afeaba mis relaciones con otras mujeres. Llegó a ser una persona tóxica para mí. No podía ser que una mujer acabase con mi sueño de ennoblecimiento de mi estirpe. Para qué conquistar un mundo sin tener un hijo a quien legarlos. Le advertí a mi querida Catalina que se apartase de mi camino, pero no quiso. La noche del suceso estaba furiosa, los celos la cegaron, no paraba de gritarme y la agarré por el cuello para que callase. Y calló, vaya si cayó, para siempre… Nunca me lo perdonaré. Nunca quise matarla, me excedí. A lo largo de mi vida me he tenido que enfrentar a muchas situaciones, he tenido que quitar del medio a muchas personas, pero lo de mi querida Catalina fue distinto. Llevó siglos atormentándome por su muerte, es de lo único que me arrepiento en mi vida. Ella me amaba, mereció otro destino.

 

15.-¿Traicionaste a Diego Velázquez?

 

        ¿Traición? En la guerra lo importante es la supervivencia, no existen fidelidades. Diego no era más que un viejo fanfarrón y gruñón, que quería acaparar todo el poder. Pero no podía evitar que yo conquistase un mundo para gloria y honra de Dios. Él había traicionado previamente a Diego Colón y por tanto, su gobierno era ilegítimo. En cambio, mi liderazgo era legítimo, pues en Veracruz mis hombres me aclamaron como capitán general.

 

 

16.-¿Por qué desguazaste los navíos en Veracruz?

 

          ¡Jajaja!, sé que ha pasado a la historia como uno de mis grandes hazañas, símbolo de mi arrojo y valentía. Nunca pensé en la posteridad, de eso se encargaron otros. Simplemente, hundí los barcos porque algunos leales a Velázquez pretendían embarcarse y regresar a Cuba a delatar mis intenciones rupturistas. Yo nunca hablé de acción heroica, lo hicieron otros por mí.

 

17.-¿Engañaste a Moctezuma?

 

        Por supuesto, y él trató de engañarme a mí. La política era y es un juego de engaños donde triunfa el más sagaz. Moctezuma era un zorro que por un lado aparentaba tratarme como a un dios y por el otro intentaba asesinarme. Solo sobreviviría el más listo, ambos lo sabíamos, y ese fui yo.

 

18.-¿Qué papel jugaron los tlaxcaltecas en tu conquista?

 

        Sé que ahora vosotros los historiadores me queréis quitar los méritos a mí, destacando que sin los tlaxcaltecas nunca hubiese caído Tenochtitlán. Pero no es cierto, yo la hubiese ocupado con ellos o sin ellos. Me dí cuenta que aquellos eran enemigos de los mexicas y los sumé a mi bando. Pero ellos solo hacían lo que yo les mandaba. El mérito de la victoria fue exclusivamente mío.

 

19.-¿La llegada de Pánfilo de Narváez trastocó tus planes?

 

        Desde el primer momento entendí que era la gran oportunidad que estaba esperando. Pánfilo traía consigo 1.400 hombres, el mayor ejército formado en las Indias desde su descubrimiento. Necesitaba a esos hombres para consumar la ocupación de la confederación mexica. Si me derrotaba todo acabaría para mí, pero si lo vencía y conseguía que sus hombres se sumaran a mi proyecto, habría dado un paso de gigante en la consumación del mismo.

        Y así ocurrió, la providencia lo quiso. Pánfilo se confió en exceso por su aplastante superioridad, poniendo en bandeja su propia derrota. Un inepto, pues yo con ese ejército hubiese acabado con Moctezuma en dos años antes.

 

20.-¿Pudo ser el final la Noche Triste?

 

        Pues sí y todo por culpa de Pedro de Alvarado; me equivoqué al dejarlo al mando cuando marché contra Pánfilo de Narváez. Pedro era un buen guerrero, de los mejores de mi hueste, pero no tenía ninguna habilidad social. No estaba capacitado para desactivar la rebelión indígena que se estaba urdiendo. Si yo llego a estar en la ciudad nunca se hubiese desencadenado.

        Cuando regresé, solo tuve tiempo de organizar la huida antes de ser masacrados por los rebeldes, dirigidos por Cuitláhuac, hermano de Moctezuma. Aprovechamos la noche pero eso no evitó que 800 de mis hombres y 5.000 indios amigos perdieran la vida. Lamentablemente fue la peor derrota sufrida por una hueste conquistadora en el Nuevo Mundo. Pero es igual, perdí esa batalla pero no la guerra que es lo realmente importante. Conseguimos llegar a Tlaxcala y allí nos repusimos para el combate final.

 

21.-¿Otumba fue la última gran ofensiva mexica?

 

Esta no fue una batalla más, todos sabíamos que era la última ofensiva lanzada por el ejército mexica para acabar con nosotros. Y estábamos asustados, muy asustados, por el tamaño de su ejército. Pero cometieron el error de colocar en el lugar más visible a su líder. Fuimos con arrojo y valentía a por él, y conseguimos que el ejército huyera despavorido. Ésta debe pasar a la historia como mi mayor hazaña militar. Yo solo, me las ingenié para derrotar al ejército de la confederación, aportando honra y gloria al Emperador.

 

22.-¿Fue necesario el cerco inhumano de Tenochtitlán?

 

        Siempre lo mismo, vosotros historiadores de pacotilla, sentados plácidamente en vuestros despachos y sintiéndoos los jueces del mundo. Cuauhtémoc había jurado con sus hombres resistir hasta la muerte. No querían capitular. Ellos fueron los responsables de su propia inmolación. ¿Qué otra cosa pude hacer? ¿debí levantar el cerco? Hubiera dado oxígeno a un imperio que estaba a punto de derrumbarse. Si murieron 100.000 personas fue por su propio sacrificio, yo no siento el menor remordimiento, no pude hacer otra cosa.

 

 

24.-¿Por qué asesinaste a Cuauhtémoc?

 

        Era un prepotente, no quería decir ni media palabra del lugar dónde escondió los tesoros de la recámara de Moctezuma que perdimos en nuestra huida cuando la Noche Triste. Ese ingrato me desafiaba continuamente con su orgullo y con su entereza. Quería morir y le di ese gusto. Además, así evitaba correr el grandísimo riesgo de dejar con vida al legítimo tlatoani de los mexicas, máxime siendo un héroe para ellos. En la guerra, los débiles de espíritu perecen y solo triunfa el más fuerte. Ese era yo.

 

25.-Después de la conquista, te dedicaste a explorar el Mar del Sur. ¿Cuál era tu objetivo?

 

El mismo que muchos otros marinos desde tiempos de Cristóbal Colón. Quería encontrar el dichoso estrecho que comunicase el mar del norte con el de Levante. El que lo hiciera tendría a su disposición la mayor ruta comercial del Nuevo Mundo. Eso era el mayor tesoro que todavía escondían aquellas tierras y lo quería para mí. Diego Velázquez y Francisco de Garay estaban buscándolo desde mucho antes, y yo gasté buena parte de mi fortuna en distintas expediciones. Por desgracia, fracasé, pero había que intentarlo y lo hice; yo no podía saber entonces que el maldito estrecho no existía.

 

26.-¿Para qué regresaste a España?

 

En 1540, me vi obligado a regresar de nuevo a España para continuar con la defensa de mis derechos. El virrey Antonio de Mendoza, un mediocre de capa y espada, sin haber hecho ningún merecimiento, había acaparado todo el poder político de un territorio que yo solo conquisté. Siempre igual, unos nos dejamos nuestro esfuerzo, nuestro sudor y nuestra sangre y después llegan las aves rapaces a lucrarse de lo ajeno. Necesitaba ver al Emperador, cuando me mirase a los ojos, comprendería que mis reivindicaciones eran de justicia y me devolvería el poder que legítimamente me correspondía.

 

27.-Se dice que quisiste morir en Nueva España. ¿Es esto cierto?

 

Por supuesto, cuando me vi enfermo me puse rumbo a Sevilla con la intención de embarcarme para mi querida Nueva España. Pero la maldita enfermedad avanzó más rápido de lo esperado tanto que una vez en Sevilla no me quedaron fuerzas para embarcar. Esa fue la mayor pena de toda mi vida, no haber fallecido en la tierra que me lo dio todo.

 

 

28.-Por cierto, ¿conociste al cronista que mas gloria te dio, Bernal Díaz del Castillo?

 

        Sí, Bernal, un mal guerrero y un hombre reservado y mediocre, un rencoroso que quiso que la historia le reconociese méritos militares que no hizo. Pero no le guardo rencor, porque a fin de cuentas contribuyó a difundir la gesta que yo solo con un puñado de hombres tuve el honor de dirigir triunfalmente. Una gesta por la que seré recordado de manera imperecedera.

 

29.-¿Cómo querrías que te recordase la historia?

 

         Como un guerrero en la frontera cristiana, que arriesgó su vida en defensa de su Emperador y de Dios. ¿Cómo iba a pensar yo que los hombres del siglo XXI me juzgarían por mi pacifismo, por mi humanidad o por mi grado de crueldad? Un guerrero solo podía pensar en sobrevivir y eso pasaba por matar al adversario. No entiendo la mentalidad de los hombres del siglo XXI. ¿Qué hubierais hecho vosotros en mi lugar? Pues lo mismo que yo, matar para sobrevivir, solo que yo salí triunfante donde otros fracasaron o perecieron.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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