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        Conocido en España como Ruy Falero (Lisboa 1455- Sevilla, 1523), tenía el rango de bachiller y pasaba por ser uno de los grandes cosmógrafos portugueses de finales del siglo XV. En Lisboa conoció a su compatriota, natural de Oporto, Fernando de Magallanes con quien no tardó en intimar. Ya por entonces Faleiro era un reputado cosmógrafo y un consumado tratadista, autor de varias obras de cartografía. Asimismo, confeccionaba material náutico como cartas de navegación, astrolabios, cuadrantes, etc. De hecho, en el inventario de bienes de la expedición de 1519 de Magallanes figuraba un astrolabio, seis cuadrantes y 13 cartas de marear, diseñadas y fabricadas por el marino lisboeta. Fernández de Oviedo lo calificó de “gran hombre en la cosmografía y astrología y otras ciencias y letras de humanidad”. Magallanes aprendió de él gran parte de sus conocimientos náuticos.

Ambos concibieron la idea de llegar a la isla de la Especiería no por África, como hacían usualmente los lusos, sino por América. La idea no era nueva; Américo Vespuccio e, incluso, Caboto habían planteado empresas parecidas. La novedad radicaba en la seguridad que tenían de encontrar un estrecho en las Indias Occidentales que les permitiese seguir su destino hacia el continente asiático.

        En la corte Portuguesa no gustó su proyecto por razones obvias. Los lusos ya tenían una ruta segura y, sobre todo, legal para llegar a dichos territorios. Nada tenía de particular que acudiesen a España a presentar su proyecto: primero, porque a Castilla sí que podría interesar realmente, máxime cuando, según sus cálculos, las islas de la Especiería caían en territorio otorgado por el Tratado de Tordesillas a la Corona de Castilla. Y segundo, porque Faleiro estaba muy disgustado con la corte portuguesa que le había denegado el oficio de Cosmógrafo del Reino.

        Una vez en tierras castellanas acudieron al obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, conscientes de que hasta ese momento había llevado las riendas de los asuntos ultramarinos. Sin embargo, como escribió Las Casas, se encontraron con que ya el prelado no tenía el poder de antaño y estaba “como galera desarmada”. Pero no cejaron en su empeño y consiguieron contactar con algunas personas influyentes. Entre ellas, Juan de Aranda que, desde el 30 de septiembre de 1516, desempeñaba el cargo de factor de la Casa de la Contratación. También, los acaudalados comerciantes burgaleses Rodrigo y Cristóbal de Haro se interesaron por el proyecto. Todos ellos quedaron convencidos de la viabilidad del ambicioso plan de los portugueses.

        En marzo de 1517 Juan de Aranda les concertó una cita en Valladolid con el canciller Jean le Sauvage. Al parecer, los portugueses se presentaron con un globo terráqueo sobre el que explicaron su proyecto. Estaban seguros de que encontrarían un estrecho en América que los conduciría directamente al Mar del Sur. Y lo estaban porque habían visto un mapa de Martín de Behaim, en manos del rey de Portugal, en el que aparecía. Asimismo, prolongaron la raya de Tordesillas hacia el sur indefinidamente, dejando al descubierto que las islas de la Especiería caían en zona de dominio española. No parece que sus explicaciones fuesen totalmente convincentes; pero tampoco lo fue Colón, veinticinco años antes, y descubrió un mundo.

Aun así, el proyecto todavía pasaría por una fase muy delicada. El 2 de marzo de 1518 el Obispo Fonseca les informó que se acababa de presentar en la corte un proyecto similar, encabezado por el piloto portugués Esteban Gómez. Es fácil imaginar la desolación de Ruy Faleiro que tanto había luchado por sacar a flote su plan. Finalmente, las gestiones de Aranda, que se basaron sobre todo en los amplios conocimientos cartográficos y geográficos del lisboeta, decantaron la balanza a su favor.

Por fin, en Valladolid, el 22 de marzo de 1518 se otorgó una capitulación por la que Fernando de Magallanes y Ruy Faleiro se comprometían a realizar su expedición a las islas de la Especiería. En dicho documento se les concedía la veintena parte de todo lo que se obtuviese y el título de adelantados y gobernadores para ellos y sus descendientes “de juro, para siempre jamás”. La expedición estaría compuesta por cinco navíos que serían aprestados, pertrechados y artillados de las arcas reales.

        Y aunque las autoridades castellanas se comprometieron a cumplir íntegramente la capitulación, lo cierto es que no fue así. Hubo muchas presiones, e incluso, intrigas del rey don Manuel de Portugal. Éste ordenó a su embajador Álvaro da Costa que se entrevistara con los dos lusos para que regresasen a su patria. Al no conseguirlo se enfureció, comenzando una campaña de desprestigio de los dos marinos. Según Herrera, de Ruy Faleiro afirmaban los portugueses “que tenía un demonio familiar y que de astrología no sabía nada”. Pero el disgusto del soberano luso fue tal que, según Las casas, mandó “matar a él -Fernando de Magallanes- y al bachiller Ruy Faleiro… y así andaban ambos a sombra de tejado”.

Por otro lado, el propio Carlos V, mal influido por sus consejeros, llegó a la conclusión que podría ser peligroso que dos portugueses encabezaran la expedición. En el fondo, las autoridades dudaban de la fidelidad de dos personas que, aunque al servicio de Castilla, no dejaban de ser portuguesas. Lo cierto es que Faleiro debía tener más de 60 años y tenía fama de persona desconfiada e irascible. No tardaron en decir de él que no gozaba de la salud adecuada para tan arriesgada expedición. Concretamente lo acusaron de demencia. Oviedo dijo que “perdió el seso y estuvo muy loco y falto de razón y de salud”. La explicación es menos convincente, pues, afirma que le ocurrió porque era “sutil y muy dado a sus estudios” o porque “Dios así lo permitió”. Según Herrera, también influyó en la decisión el hecho de que tuviese diferencias personales con Fernando de Magallanes. Sea como fuere, lo cierto es que, con la excusa de que debía organizar otra expedición posterior para cuando regresara Magallanes, se quedó en el dique seco. Así fue dispuesto por una Real Cédula, fechada el 26 de julio de 1519. En su lugar fue nombrado un español, Juan de Cartagena que sería quien finalmente acompañaría a Magallanes.

        En 1523, una vez regresada la nao Victoria, Ruy Faleiro recomendaba al Emperador que se enviase anualmente una armada a la especiería. Carlos V reconoció los servicios de Faleiro y lo recompensó generosamente. Más concretamente, le concedió el hábito de Santiago, igual que a Magallanes, y una pensión de 100.000 maravedís anuales a perpetuidad, sobre las rentas de la Casa de la Contratación de Sevilla.

Pero, poco pudo disfrutar de estas mercedes, pues, en breve plazo terminó ingresado en un hospital. Bartolomé de Argensola afirmó “El astrólogo Faleiro, perdido el juicio, quedó en la casa de locos en Sevilla”. No se tiene la certeza exacta de su fallecimiento, pero, varios testimonios coinciden en afirmar que murió perturbado y olvidado en ese mismo año de 1523.

 

 

PARA SABER MÁS

 

RAMOS, Demetrio: Audacia, negocios y política en los viajes españoles de descubrimiento, Valladolid, Seminario Americanista, 1989

C. FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo: Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón, I, Madrid, Museo Naval, 1972

------ Disquisiciones náuticas, T. V. Madrid, 1876;

FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, Martín: Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV, Madrid, Imprenta Nacional, 1837-1858.

FERNÁNDEZ VIAL, Ignacio Y FERNÁNDEZ MORENTE, Guadalupe: La primera vuelta al mundo. La nao Victoria. Sevilla, Muñoz Moya Editor, 2001.

THOMAS, Hugh: El Imperio español, de Colón a Magallanes, Barcelona, Planeta, 2003.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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