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Se ha hablado de la conquista erótica de las Indias, pues muchas indígenas prefirieron unirse voluntariamente al español. A menudo se nos presenta a las indias como mujeres enamoradas y aficionadas a los europeos, identificando lo español con lo viril frente a la imagen poco varonil de los nativos. Como es de sobra conocido el mestizaje es un fenómeno que tuvo su origen prácticamente desde la misma llegada de los europeos al Nuevo Mundo. Fue inevitable debido a la tardía incorporación de la mujer española a la empresa indiana. Existía un desequilibrio numérico en el sexo de los emigrantes que se igualó con la mujer indígena. Por eso, como bien se ha escrito, la mayor parte de los conquistadores, tanto los casados previamente en Castilla como los solteros, tuvieron hijos mestizos.

Es cierto que no hubo una repulsa racial hacia las mujeres indígenas. En general, y como se puede observar en las crónicas y los documentos de la conquista, el aspecto de las nativas no desagradó a los españoles, algunos de los cuales quedaron prendados por la belleza de algunas de ellas. Sin embargo aunque no hubo rechazo si existió una brutal discriminación de carácter racial. Efectivamente el mestizaje en América no surgió sobre la base de la comprensión entre etnias sino "por la imposición de un dominio del hombre blanco". Esta idea se verifica claramente en el hecho de que jamás se dio el matrimonio entre indios y españolas. Esto se debió posiblemente no sólo al corto número de mujeres blancas que cruzaron el Atlántico sino fundamentalmente a motivos políticos y sociales.

En breve tiempo este fenómeno del mestizaje cobró unas dimensiones excepcionales no sólo en las Antillas sino también en el resto de las Indias Españolas hasta el punto de que hoy se habla de Hispanoamérica como el continente mestizo.

 

LOS ORIGENES DEL MESTIZAJE EN LAS INDIAS

Las relaciones sociales entre vencedores y vencidos no fueron fáciles, pese a que durante años una parte de la historiografía ha hablado idílicamente de la "conquista erótica de las Indias". De hecho, los mismos sucesos de la destrucción del fuerte Navidad en 1492 estuvieron provocados al parecer por los abusos cometidos sobre las mujeres indígenas.

Al parecer en 1493 nació el primer mestizo, un hijo del repostero real Pedro Gutiérrez que murió violentamente antes de cumplir el año de edad. Sin embargo el primer mestizo que alcanzó la mayoría de edad fue un tal Miguelito, nacido en la Española en torno a 1496, fruto de las relaciones del aragonés Miguel Díaz de Aux con una cacica que ha pasado a la historia con el nombre de "Catalina". En los años inmediatamente posteriores son bien conocidos los desmanes que cometieron los compañeros del insurrecto Roldán en la Española y concretamente en la región de Xaragua hasta el punto que, tras capitular con ellos el Almirante, éste les autorizó a ir a España "acompañados cada uno por un esclavo y las mancebas que tenían preñadas y paridas".

En los años siguientes, y tras asentarse la colonización los abusos continuaron siendo frecuentes a juzgar por la documentación que hemos podido consultar. Por citar un ejemplo concreto, en 1516, el encomendero Diego Vázquez, debido a ciertos problemas que tuvo con el cacique García Durán entró en su bohío y "le dio muchos palos y después de apalearse le ató a un palo y le trajo a su mujer y en su presencia se acostó con ella". Las prácticas de Diego Vázquez no parecen muy acordes con lo que se supone que se esperaba de un cristiano, pero así eran muchos de estos creyentes del siglo XVI. A fin de cuentas, se trataba de paganos o a lo sumo de neófitos, recién convertidos.

La Corona llegó a tener noticias de estos abusos así como de los enormes perjuicios que ello provocaba a la conversión de los indios. De hecho, en una de las clausulas de unas instrucciones otorgadas a Pedrarias Dávila se recomendó que evitara que los españoles tomasen a las mujeres indias "porque soy informado que una de las cosas que más ha alterado en la isla Española y que más ha enemistado con los cristianos ha sido tomarles sus mujeres...". Estas situaciones más o menos violentas se siguieron produciendo en la conquista del Continente.

Estos amancebamientos fueron perseguidos desde un primer momento por las autoridades indianas. Precisamente, los casos cursados por las autoridades eclesiásticas antillanas por fornicación fueron muy frecuentes dada la generalización de las prácticas poligámicas en las nuevas tierras descubiertas. Así, en casi todos los juicios de residencia había una pregunta en la pesquisa secreta destinada a averiguar si los enjuiciados vivían amancebados y si habían castigado estos delitos suficientemente. Sin embargo, también es cierto que se hizo la "vista gorda" en muchos de estos casos dado que a veces eran los propios gobernadores y las altas autoridades indianas las que practicaban el amancebamiento. En este sentido, en el juicio de residencia tomado al gobernador de la isla de San Juan, Sancho Velázquez, el testigo Sancho de Arango respondió que no se castigaba a los que estaban amancebados porque el propio Sancho Velázquez vivía con tres indias "y se echaba con todas tres". Pese a todo a Sancho Velázquez se decidió dar un castigo ejemplar no sólo por vivir amancebado sino también por otras prácticas ilícitas. Efectivamente fue prendido por causa de inquisición, muriendo poco después en la cárcel pública.

En cualquier caso, y pese a excepciones puntuales, la sociedad antillana en los primeros años fue sumamente tolerante con las prácticas sexuales. América se convirtió en una especie de paraíso de Mahoma, donde muchos conquistadores y colonizadores practicaron la barraganía y el concubinato. En este sentido existen muchísimos casos que ilustran esta afirmación, como el de un palermo llamado Álvaro, quien, según Bernal Díaz del Castillo, en tan sólo tres años tuvo treinta hijos con indias nativas sin que nadie lo acusase de nada ilícito.

Lo que nos interesa destacar aquí es la importancia que tuvo el mestizaje desde la misma llegada de los europeos. Así ha quedado claro que en los primeros años de la colonización debieron ser importantes los matrimonios mixtos, los cuales fueron fomentados por el propio frey Nicolás de Ovando quien en 1503 recibió instrucciones en ese sentido. En 1514 vivían en la isla Española, según Serrano y Sanz, nada menos que 60 españoles casados con indias, a los que habría que sumar otro número bastante superior de aquellos que, estando casados en Castilla, vivían simplemente amancebados. De hecho, cuando la Corona compelió a los españoles a casarse muchos lo hicieron con mujeres castellanas, abandonando tanto a las indias como a los hijos habidos con ellas.

Fue, como es bien sabido, el 27 de septiembre de 1514, cuando, por primera vez, se legalizó el matrimonio entre españoles e indios, ratificándose sucesivamente el 19 de octubre del mismo año, el 5 de febrero de 1515 y, por cuarta vez en menos de cinco meses, el 28 de febrero de 1515. Evidentemente la única explicación que encontramos a esta reiteración es la oposición con que fue recibida en la Española. No en vano, esta disposición real tuvo poca eficacia ya que unos españoles, decidieron en última instancia casarse con mujeres españolas, mientras que otros -la mayoría- continuaron amancebados.

Sin duda era la mujer indígena la que se llevaba la peor parte de este tipo de relación ilegal pues cuando los españoles morían o sencillamente se marchaban quedaban abandonadas y a veces con varios hijos naturales. Precisamente en un documento, fechado en 1526, se decía a este respecto lo siguiente: “Que muchos estancieros y recogedores y otros se casaban secretamente y escondidamente con mujeres naturales de la tierra sin tener con qué las poder mantener y las dejaban perdidas...” Evidentemente, los españoles tenían muchas razones para estar con ellas "escondidamente" ya que su matrimonio con ellas, salvo casos muy excepcionales, les reportaba poco prestigio social. Además desde 1516 debían pagar dos pesos de oro mensuales al encomendero por cada india que dejasen preñada.

Desde mediados de la segunda década del siglo XVI el número de mestizos aumentó notablemente a la par que disminuía alarmantemente la población indígena. Concretamente en 1533 en una carta escrita por Francisco de Barrionuevo a Su Majestad le comentó el gran número de mestizos que había en la Española "que generalmente nacen en estancias y despoblados...". Ante este aumento de mestizos las autoridades no tardaron en comprender la amenaza que suponía para los intereses españoles. Urgía, pues un plan de aculturación de estos mestizos.

Los mestizos se fueron convirtiendo poco a poco en un elemento relativamente numeroso y muy peligroso. De ahí que comenzaran a llegar numerosos memoriales a la Península quejándose del daño que hacían estos mestizos, pues andaban liderando al resto de los indios en sus alzamientos. Concretamente, en 1533, escribió el capitán Francisco de Barrionuevo una carta a Su Majestad explicándole el problema de los mestizos y su posible solución:

        “Son naturalmente bulliciosos, mentirosos y amigos de toda maldad. Convendría llevarlos a España muy niños, y no dejar volver sino al que saliese bueno: de otra suerte puede temerse algún alzamiento alterados negros y naturales por ellos. En este camino del Bahoruco he hallado dos de ellos alzados, uno con Enrique, otro con veinte indios en Punta del Tiburón”.

 

La carta de Barrionuevo es sumamente indicativa del peligro que representaban los mestizos para el poder español. Pero la cosa no quedó ahí, pues en enero de 1535 se volvió a escribir al Rey -esta vez refiriéndose a los indios de la pequeña isla Margarita- explicándole la situación de salvajismo en que se encontraban algunos hijos de cristianos. Unos meses después la Corona determinó que todos los mestizos se quedasen con sus padres para que fuesen instruidos en la fe cristiana y en las costumbres de los españoles, evitándose de esta forma que se alzasen contra los hispanos. Pese a que esta política no pudo lógicamente ponerse en práctica en toda su integridad revelaba desde luego la intención de la Corona de atraer hacia el lado hispano al peligroso y cada vez más numeroso contingente de mestizos.

 

EL STATUS SOCIAL DEL MESTIZO

Parece ser que todos los mestizos gozaron de libertad. Como es bien sabido desde los primeros años se estableció la libertad para todos aquellos hijos de indias, independientemente de que el varón fuese español, indio o negro. Así, en el pleito por la libertad de un hijo de india y negro, un clérigo, llamado Rodrigo de Carvajal, declaró que éste sería mulato porque si fuera hijo de india aunque no pidiera su libertad la justicia la hubiera dado, como ha hecho a los demás mestizos hijos de indias e indios y de indias y negros. Sin embargo, es evidente que su status estuvo muy por debajo del español pese a que, la primera generación de mestizos gozó de una situación menos restrictiva que las siguientes generaciones.

En cualquier caso como en su mayor parte eran hijos naturales, procedentes de amancebamientos, No en vano, en un documento, fechado en 1533, se reprimía la actitud del gobernador de la isla Margarita por consentir los amancebamientos de españoles casados en Castilla teniendo hijos en ellas, estando predestinados y arraigados en el pecado. Estos mestizos, cuya vida transcurría a medio caballo entre dos culturas diferentes, no alcanzaban a disfrutar los privilegios de los europeos. Con toda probabilidad el mismo color de su piel crearía un cierto estigma. Sin embargo, debemos señalar dos situaciones bien distintas, a saber: por un lado, los mestizos que fueron criados por sus padres y posteriormente legitimizados, y, por el otro, los que no fueron reconocidos y fueron educados por la cultura materna. Con respecto a los que se legitimaban, que fueron la inmensa mayoría de ellos, conseguían unas mejores expectativas vitales, heredando los apellidos y con algunas limitaciones la fortuna del padre.

Algunas mestizas llegaron a tener relaciones tormentosas con españoles. Este es el caso de una mestiza, criada del licenciado Fuenmayor quien, después que se marchó su mujer, doña Inés de Zúñiga, a Castilla la trataba muy bien y comía en su mesa y se le da el segundo plato y otras cosas.... Sin embargo un testigo presentado al juicio de residencia de Fuenmayor puso de manifiesto la otra cara de la moneda al decir que una noche el propio Fuenmayor vio a la criada hablando por la ventana con un mozo y la arrastró por los cabellos y se los cortó.

Así, pues, podemos decir que mientras los mestizos criados con los padres españoles fueron mejor tratados los que se educaron en la cultura materna fueron victimas de las mismas acusaciones que se vertían habitualmente contra los desdichados indios.

En líneas generales, y salvando algunos casos excepcionales, los mestizos fueron marginados por la sociedad, muy a pesar de que descendían del grupo dominante. La mayoría de ellos se educaron con sus madres sin que llegaran a ser reconocidos legalmente por sus padres. La situación de muchos de estos mestizos fue bastante difícil a juzgar por las referencias documentales de que disponemos. Así en ocasiones, estos niños eran repudiados, muriendo muchos de ellos de pura necesidad.

 

 

PARA SABER MÁS

 

DURAN, José: La transformación social del conquistador. México, Editorial Porrúa y Obregón, 1953.

MIRA CABALLOS, Esteban: “La educación de indios y mestizos antillanos en la primera mitad del siglo XVI”, Revista Complutense de Historia de América Nº 24. Madrid, 1999, pp. 51-66.

MÖRNER, Magnus: La mezcla de razas en la historia de América Latina, Buenos Aires, Paidós, 1969.

PEREZ DE BARRADAS, José: Los mestizos de América. Madrid, Colección Austral, 1976.

 

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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