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INTRODUCCIÓN

         Ha sido nuestro objetivo realizar un análisis global de la emigración de zafrenses a América y sus consecuencias a ambos lados del océano. Como veremos en páginas posteriores, Zafra fue la localidad más emigrante de toda Extremadura, pues de aquí partieron más de un millar de personas. Obviamente, esta circunstancia no debemos verla ni como un mérito ni como un demérito sino simplemente como parte del pasado de esta localidad, tan vinculado a la Historia de América. La mayoría de los que hicieron las Américas no encontraban posibilidades de sobrevivir en su tierra natal por lo que de una forma u otra se vieron empujados a cruzar el océano. Este flujo migratorio proporcionó algunas alegrías, sobre todo en forma de pesos de oro o de plata, pero también lo contrario, pena y desesperanza porque muchos no volvieron a ver ni a saber de sus seres queridos. Una minoría consiguió sus metas de ascensión social pero, como veremos en este estudio, la mayoría tuvo un destino trágico o cuanto menos infeliz.

Durante décadas la historiografía local se empeñó en buscar a cuantos prohombres arriesgaron sus vidas para realizar proezas en el Nuevo Mundo. Esa particular visión de la Historia llevó a algunos eruditos, cegados por un malentendido amor a su terruño, a atribuir el nacimiento zafrense a cualquier personaje que mostrara el más mínimo indicio. Entre ellos, cabe mencionar al pesquisidor Francisco de Bobadilla, el mismo que encarceló a Cristóbal Colón, a quien Vivas Tabero, obviamente sin aportar prueba alguna, hace natural de Zafra. Probablemente le bastó saber que llevó por secretario al zafrense Gómez de Rivera para imaginar al afamado pesquisidor correteando en su infancia por las calles y plazas de su querida villa1. Y aunque todavía desconocemos su lugar exacto de nacimiento hay pruebas más que suficientes que indican que era tan aragonés como Fernando El Católico. También se hizo zafrense a Marcos Ramírez de Prado que falleció siendo arzobispo electo de México, cuando en realidad era madrileño. No obstante, su caso es especial porque a diferencia de Francisco de Bobadilla, sus padres eran naturales de Zafra, y su nacimiento en la capital de España se debió a motivos circunstanciales ya que en esos momentos su progenitor era consejero de Felipe II y residía en la capital.

Por motivos muy diferentes también se naturalizó zafrense al famoso botánico Vicente Cervantes Mendo, nacido a mediados del siglo XVIII. Como es bien sabido, éste participó en 1787 en una expedición científica en la que exploraron la vegetación en Norteamérica, desde California a Nicaragua, pasando por las islas antillanas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, recorriendo más de 20.000 kilómetros. Actualmente, gracias a las investigaciones de José Pastor Villegas, sabemos que el afamado biólogo, aunque tenía cierta vinculación familiar con Zafra, nació en Ledrada (Salamanca) el 17 de febrero de 17582.

Como podemos observar, tradicionalmente sólo se ha destacado el papel desempeñado por la élite. Nosotros queremos dar voz también a esos que Jean-Claude Schmitt ha llamado los marginales, es decir, a todos los que la Historia dejó en el camino3. Asimismo, ofrecemos una primera visión de los intercambios humanos y económicos entre Zafra y América en la Edad Moderna. Una base de datos inicial con el grueso de los emigrantes y el trasiego de capitales entre ambas orillas. Pretendemos con ello constituir un punto de partida para futuras y más completas investigaciones.

Queremos mostrar nuestro agradecimiento a José María Moreno, archivero del municipal de Zafra, quien no sólo me animó en mi empeño de escribir sobre la vertiente indiana de la villa, sino que puso a mi completa disposición toda la documentación que se custodiaba en las dependencias municipales.

 

FUENTES Y METODOLOGÍA

Para la elaboración del presente texto hemos acudido a muy diversos tipos de fuentes, tanto primarias como secundarias. Entre las primeras hemos manejado la documentación general y la local. En cuanto a la primera, nos han sido de especial utilidad los libros de registros de pasajeros de la Casa de la Contratación. Como es de sobra conocido esta institución desde principios del siglo XVI recibió el encargo de controlar las personas que pasaban a las Indias. Más concretamente, en 1509 se les ordenó que registrasen a todos los viajeros que se embarcaban para las Indias, asentando que es cada uno y de que oficio y manera ha vivido y enviando esta información al gobernador u oficiales de las distintas regiones indianas para que vigilasen que estas personas continuaban en sus lugares de destino ejerciendo el oficio que tradicionalmente habían practicado en la Península4. A veces disponemos del registro de embarque, en otras de la licencia o de la información previa y en pocos casos de las tres cosas. Bien es cierto, que cuando solo disponemos de la licencia no tenemos la certeza de que esa persona pasara realmente. Cualquier contratiempo, como una enfermedad o la de algún familiar cercano, podía truncar el viaje. Pese a todo, las licencias, junto con los registros de embarque constituyen una fuente de primer orden para el conocimiento del flujo.

Sin embargo, en estos registros aparece solamente una parte de la emigración, por tres motivos: primero, porque la Corona en distintos momentos, con la intención de fomentar el poblamiento de las nuevas tierras, relajó el control. Segundo, porque para algunos períodos no se han conservado las series completas de pasajeros. Y tercero, porque nunca fue difícil escapar al control de la Casa de la Contratación lo que provocó un porcentaje muy alto de personas que pasaban al margen de la legalidad. Como veremos, en el caso de Zafra la emigración ilícita se situó por encima del 40% del total. Pero en el inagotable filón del Archivo de Indias encontramos toda una variedad tipológica de manuscritos que nos han aportado datos de interés: cedularios, procesos inquisitoriales, cobranza de herencias, e incluso, cartas privadas donde aparecen zafrenses por aquí y por allá. Cada vez que leemos un expediente sobre un emigrante encontramos alusiones a otros paisanos que también residían en Indias sin que estuviesen legalmente registrados en los libros de la Casa de la Contratación.

Pero lo realmente novedoso de esta investigación ha sido la inclusión de más de dos centenares de documentos notariales que aludían a asuntos indianos y que se encuentran depositados en el Archivo Municipal de Zafra5. Y es que, aunque hace tiempo que se viene insistiendo en la importancia de la documentación local para el conocimiento de los flujos migratorios y económicos entre España y América, pocos han sido los estudios que las han manejado, precisamente por la dificultad que presenta localizar escrituras esporádicas entre cientos de ellas6. Se han publicado algunas colecciones de documentos notariales de temática indiana pero, en cambio, son muy pocos los que han realizado un ensayo integrando la documentación local con la general7.

En el caso de Zafra, como era de esperar, encontramos documentación local de muy distinto tipo: cartas de poder, testamentos, donaciones, cartas de censo, ajustes de pasajes, contratos de compañías y obligaciones. De todas ellos dominan ampliamente las cartas de poder que casi suponen la mitad de todas las escrituras notariales referidas a temas indianos. Estos poderes se otorgaban bien para cobrar algún dinero, o bien, para designar a un administrador mientras durase la ausencia del emigrante8. También abundan las alusiones a indianos en los testamentos, aunque también encontramos alguno que redactó su escritura de última voluntad antes de partir, solucionando los futuros problemas de herencia. Ahora bien, también las fuentes locales zafrenses cuentan con dos limitaciones: una, que para el siglo XVI y los primeros años del XVII se ha conservado apenas una cuarta o una quinta parte de la documentación. Y dos, que en la segunda mitad del XVII y durante el XVIII las alusiones al mundo indiano se tornan muy escasas, probablemente reflejando el descenso notable del flujo.

Una vez recopilada toda la información que nos ofrecían las fuentes primarias hemos acudido a la bibliografía para completar y contrastar los datos. Es notable la bibliografía sobre la emigración extremeña a América, así como algunas obras locales que, pese a ser más eruditas que científicas, tenían cierto interés9. Tras concluir la ardua tarea de la recolección y clasificación de toda la información, hemos procedido al análisis de los datos y a la redacción final. Tras las conclusiones particulares hemos tratado de ir a lo general, estableciendo puentes que nos permitan insertar la faceta indiana de Zafra en el contexto de la Baja Extremadura y de España10. Por lo demás, hemos partido siempre del planteamiento de interrogantes a la documentación porque, de acuerdo con Lucien Febvre, es la única forma de obtener respuestas11. Preguntas como ¿qué impacto tuvo la emigración en la localidad? ¿Qué consecuencias tuvo el flujo humano y económico? ¿Por qué Zafra constituyó el único mercado español en el que se permitió hasta mediados del siglo XVII la venta de esclavos indios? ¿Por qué la burguesía comercial no dio pasó en la Edad contemporánea a una burguesía industrial? Son algunas de las preguntas no resueltas hasta ahora a las que hemos intentado obtener respuesta a lo largo de este estudio12.

Pese a la amplia base documental y bibliográfica sobre la que se sustenta este trabajo debo advertir que la lista de emigrantes sigue sin ser definitiva. No olvidemos que hubo personas que no generaron ningún tipo de documentación, ni en su localidad natal, ni en Sevilla ni muchísimo menos en América. Muchos se pasaban meses y hasta años en Sevilla esperando la primera oportunidad para embarcarse en alguno de los navíos de la Carrera, esperando sobornar o pactar de alguna forma con el primer maestre que estuviese dispuesto a llevarlos. Y era relativamente fácil, pues bastaba con hacer pasar al ilegal por paje, grumete o marinero y luego desembarcarlo en el puerto pactado13. Pero podía ser más simple aún: bastaba con decir que iban a Canarias para eludir toda la burocracia y después proseguir su viaje hasta el continente americano14. Posiblemente jamás dispongamos de una lista más o menos completa de emigrantes. Sin embargo, las fuentes han sido lo suficientemente amplias como para entrever con cierta nitidez la dimensión de las relaciones entre Zafra y América.

Finalmente aclarar que para la cuestión de las monedas, pesos y medidas, nos hemos encontrado con una gran dificultad añadida, pues aparecen muy diferentes monedas con valores muy distintos: tostones, escudos, pesos de oro y de plata, marcos, onzas, ducados, reales, maravedís, libras, tomines, granos, etc. Nosotros hemos tratado de unificar todos esos valores a maravedís para hacerlo más comprensible y para poder hacer una cuantificación global15. En ocasiones hemos hecho una somera equiparación traducción a euros para que el lector pueda hacerse una idea tangible del volumen comercial.

 

LA AMÉRICA SOÑADA

Zafra se ubica en un cruce de caminos, en el corredor de la ruta de la plata, última puerta comercial de Extremadura con Andalucía. En esta villa confluyeron personas de muy remotos lugares y de muy variadas etnias: esclavos africanos –berberiscos y negros- y americanos, portugueses así como un sinfín de personas de muy diversos puntos de España, especialmente de Sevilla. La villa disfrutaba de una próspera tradición comercial, así como de dos ferias francas –una en San Juan y otra en San Miguel- que desde el siglo XV atraían a portugueses, sevillanos, extremeños y, cómo no, a indianos y peruleros16. El área de influencia de la villa superaba con creces los límites del condado de Feria, extendiéndose por buena parte de la Baja Extremadura y en menor medida por Portugal y Sevilla. Por un lado, llegaban a Zafra muchos comerciantes de España y América y, por el otro, partían de esta localidad otros que se movían en muy distintas partes de las Indias17. Algunos no llegaban a atravesar el océano pero mantenían relaciones comerciales con Sevilla, comercializando productos indianos o tomando en arrendamiento sus rentas18.

La presencia de lo americano en el imaginario colectivo comenzó poco después del Descubrimiento. La idea de las tierras halladas al otro lado del océano por un genovés llamado Cristóbal Colón debieron llegar a esta villa antes de finalizar el siglo XV. Ya en la segunda travesía colombina encontramos a bordo a Ferrand González y a Antón Sánchez, ambos naturales de Zafra, que se embarcaron el primero en calidad de escudero y el segundo de ballestero19. Rumores y comentarios sobre la existencia de un Nuevo Mundo allende los mares o de un medellinense llamado Hernán Cortés que había conquistado todo un imperio y localizado la cámara con sus tesoros, algo así como las cuevas de Alí Babá. Auténticos mitos áureos que auspiciaban los rumores y que debieron suponer un verdadero revulsivo en el ánimo de aquellas personas que veían pocas posibilidades no ya de triunfar sino ni tan siquiera de sobrevivir en su localidad natal.

El Nuevo Mundo se convirtió de la noche a la mañana en el nuevo horizonte onírico de los europeos. Un mundo soñado, en el que la imaginación no tenía límites, desde la leyenda de Jauja al Dorado, pasando por las ciudades míticas de los Césares, de Cibola y de Quivira. Todos los sueños, que las personas de su época podían tener se imaginaron en el Nuevo Mundo, lo que quedó reflejado en los mitos de Cibola, Quivira, los Césares, las Amazonas, etc. Estos sueños son los mismos que ha tenido el hombre al menos desde el origen de las civilizaciones: la riqueza, la libertad política, la fantasía sexual, el paraíso terrenal y celestial y la inmortalidad.

Sueñan con encontrar una tierra donde el oro se pesque con redes y donde se puedan tener grandes riquezas sin trabajar. La presencia de lo americano en el imaginario colectivo comenzó poco después del Descubrimiento. Rumores y comentarios sobre la existencia de un Nuevo Mundo allende los mares o de un medellinense llamado Hernán Cortés que había conquistado todo un imperio y localizado la cámara con sus tesoros, algo así como las cuevas de Alí Babá. Auténticos mitos áureos que auspiciaban los rumores y que debieron suponer un verdadero revulsivo en el ánimo de aquellas personas que veían pocas posibilidades no ya de triunfar sino ni tan siquiera de sobrevivir en su localidad natal. En una carta que Marcos Martín dirige desde Tunja a su esposa residente en Zafra, el 19 de marzo de 1580, le habla de la una naturaleza generosísima que permite a las personas vivir sin trabajar. Transmite una visión utópica de la realidad que sus lectores, a varios miles de kilómetros de distancia se encargan de multiplicar por diez y en convertir las Indias en la nueva tierra de promisión.

Deseada señora: yo escribo a vuestro padre y mi señora que tenga por bien de venirse a esta tierra, y si lo hiciese, no se arrepentirá, porque la fertilidad de esta tierra es tanta que jamás falta de comer, aunque el hombre no trabaje, y el que quiere trabajar presto gana para poder volver a España con honra… Por amor de Dios no lo dejéis de hacer, pues ya tengo yo de comer para todos. Y si de aquí me voy lo pierdo. Pues recia cosa será tornar a trabajar de nuevo y desasosegado. Pues aquí me gana otro de comer y yo me paseo, y así será siempre, especial cuando yo tenga más caudal y contengo…20

 

Y en la búsqueda de dicho objetivo estaban dispuestos, llegado el caso, a cometer cualquier tipo de atropello. Fray Bartolomé de Las Casas señaló como primera causa, los malos tratos y las matanzas de amerindios. Concretamente decía:

 

La causa porque han muerto y destruido tantas y tales y tan infinito número de ánimas los cristianos, ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días, y subir a estados muy altos y sin proporción de sus personas (conviene a saber) por la insaciable codicia y ambición que han tenido que ha sido mayor que en el mundo ser pudo…21

 

Pero no solo tenían sueños de enriquecimiento sino que también veían en el Nuevo Mundo la posibilidad de crear una sociedad primitiva, tolerante y más abierta, tan diferente a la que ellos sufrían diariamente22. El Nuevo mundo también significó la nueva tierra de libertad, lugar a donde marchaban los perseguidos por la santa Inquisición, mujeres que habían tenido hijos al margen del matrimonio, etc. Hay que situarse en la época para entender las ingentes distancias que había entre los territorios de la Monarquía Hispánica así como los deficientes medios de comunicación. La lejanía del poder Real, que provocaba que muchos desmanes quedasen sin castigo, pues, como escribió Tzvi Medin, la distancia se convirtió en la bruma de la corrupción23. No es de extrañar que alguno proclamara a los cuatro vientos sin temor alguno, una frase cuanto menos osada: Dios está en el cielo, el rey está lejos y yo mando aquí. Una actitud que debió ser bastante usual al menos en las regiones más apartadas de las capitales virreinales. De hecho, hace pocos años se encontró en las paredes de la antigua Real Audiencia de Santo Domingo un graffiti sobre un acaudalado comerciante del siglo XVII avecindado en dicha ciudad y que decía así: No hay más Ley ni más Rey que don Rodrigo Pimentel. Este distanciamiento de las autoridades Reales y eclesiásticas provocó un relajamiento moral que acentuó la brutalidad y la inhumanidad con la que muchos colonos se comportaron.

También hubo deseos de romper tabúes de carácter sexual. Los mitos lo delatan; el famoso mito de las amazonas que terminó dando nombre al río más caudaloso del mundo, la presencia de harenes, el mantenimiento de relaciones extramatrimoniales, etcétera. Se trata de actitudes bastante generalizadas en la América de la Conquista, entre otras cosas porque la mayoría de los conquistadores dejaron a sus esposas en Castilla24. El regidor Sancho de Arango acusó a Sancho Velázquez, en el juicio de residencia de éste, de vivir amancebado con tres indias y se echa con todas tres25. Otros testigos ratificaron los accesos carnales múltiples de la autoridad puertorriqueña. Hernán Cortés, por ejemplo, llegó a disponer en su residencia de Cuernavaca de más de 40 féminas, entre indias y españolas, manteniendo relaciones carnales con todas ellas. Y ello, sin importarle el parentesco, pues algunas eran hermanas y primas y parientas dentro del cuarto grado26.

         Muchos que se casaron impunemente con niñas de siete u ocho años, sin que tengan el más mínimo problema legal ni social. Así, el presidente de la audiencia de Santo Domingo, el licenciado Peralta, no tuvo dificultad alguna en desposarse en el tercer cuarto del siglo XVI con una niña de ocho años de edad27. Ahora bien, una cosa era América y otra España; Alonso Becerra, natural de Zafra, regresó del Perú en 1556 desposado con una niña india de unos ocho o nueve años. Una situación que en América no le había causado ningún problema, especialmente si como era el caso la niña desposada era india o negra. Pero una vez en Zafra le escándalo fue de órdago, produciéndose desavenencias de tal magnitud que desencadenaron la intervención de las autoridades eclesiásticas. Finalmente el matrimonio se disolvió y la pobre niña ingresó en el convento de la Cruz28.

Otros soñaron con la creación de una nueva cristiandad. El franciscano Gerónimo de Mendieta, al igual que el obispo de Honduras Cristóbal de Pedraza, estaban convencidos de la bondad innata del amerindio y siempre defendieron la posibilidad de una penetración pacífica, en la que fuese posible la fundación de una nueva cristiandad, libre de las herejías y de los excesos del viejo continente. Algunos cronistas, no solo laicos sino también religiosos estuvieron en esta línea, como Girolamo Benzoni que escribió con una claridad meridiana lo siguiente:

Si los españoles cuando empezaron a entrar en esos territorios se hubiesen presentado con benignidad, y con benignidad y mansedumbre hubieran continuado, es de suponer que aquellas gentes incultas y bárbaras hubieran aprendido a vivir racionalmente, hubieran cultivado alguna virtud en honor y utilidad del nombre de Cristo, y no se hubiera producido la muerte de tantos españoles ni la aniquilación de tal multitud de indios29.

 

         Muchos españoles marchan debido a la presión que ejerce la Inquisición, buscando una mayor libertad religiosa. Fernando del Pulgar, en su crónica de los Reyes Católicos, cita que en un auto inquisitorial a finales del siglo XV quemaron a más de 300 personas y muchos se fueron a Portugal, a tierra de moros y a otros lugares y señoríos, por se defender con favor de los señores30. En 1511 el rey fue informado que a La Española han pasado y pasan de estas partes muchos hijos y nietos de quemados, por lo que se insistía en que no usasen oficios públicos31.

Pero no sólo buscaban oro, fortuna y libertad, otros soñaron con encontrar viejos mitos, desde elixires mágicos que los curasen de las enfermedades o que incluso le proporcionasen la inmortalidad. Sin ir más lejos, Juan Ponce de León buscó con ahínco la fuente de la eterna juventud en tierras de Norteamérica. Cada vez que veía un lago, laguna, regato o charco se sumergía alucinado, esperando ver su piel más tersa.

         Este interés por mejorar de ese drama que eran en ese momento las epidemias y las enfermedades que flagelaban al hombre surgió un ansia por probar y buscar todo tipo de plantas supuestamente curativas. Ese ansia por encontrar plantas y sustancias que remediasen las enfermedades les llevó a atribuir erróneamente cualidades medicinales a plantas como el tabaco. Más llamativo aun fue el caso ocurrido en la isla de Cubagua en torno a 1532. Los vecinos encontraron un acceso o manantial de un liquido viscoso –aceite petróleo le llamaron- al que atribuyeron cualidades medicinales. El 10 de diciembre de 1532 se autorizó a los vecinos de la isla a que gozasen libremente de dicha fuente de aceite petróleo tan útil para la salud de los vecinos. En el citado documento se describía así:

         Somos informados que en esa isla de Cubagua se ha descubierto una fuente de un licor de aceite muy provechoso para las enfermedades de las gentes y me ha sido suplicado diese licencia a los vecinos y moradores de la dicha isla que todos gocen generalmente de ella…32

 

         Unos años después, la Corona volvió a acordarse de la citada fuente, pidiendo a los oficiales de la isla que remitiesen a España una muestra para analizarla33. No volvemos a tener noticias de la citada fuente de ese aceite curativo por lo que probablemente debió ser alguna quimera más de los vecinos que, a la primera de cambio atribuían cualidades curativas a la primera sustancia extraña que encontraban.

Lo cierto es que los zafrenses estuvieron presentes desde el principio en casi todas las empresas de conquista y colonización. No tardó en desarrollarse todo un trasiego continuo de comerciantes que iban o retornaban de las Indias, algunos de ellos consiguiendo sus metas de enriquecimiento y retornando ricos a su localidad natal34. Además, encontramos un sinfín de peruleros, tanto ocasionales como profesionales, como Rodrigo Alonso, Juan de Ávila, Rodrigo Cantos de Andrade, Francisco Hernández, Alonso de León, Pedro de Herrero, Alonso Rodríguez o Diego Díaz Gallardo que, con más o menos frecuencia iban y venían de las Indias, haciendo gestiones económicas a ambos lados del charco. Al menos en el caso de Zafra parece claro que la frontera indiana fue relativamente permeable aunque, por supuesto, mucho menos que la portuguesa. Ello debió suponer todo un revulsivo para muchos, unos por encontrarse en una difícil situación económica y otros soñando con emular a aquellos ricos peruleros. Para ellos el ejemplo siempre era el del triunfador que regresaba, nunca el de aquellos otros que marcharon y de los que nunca más se supo, seguramente porque sufrieron un trágico desenlace.

No sólo retornaron peruleros sino también numerosos nativos que fueron vendidos en el mercado local. A la Península Ibérica llegaron varios miles de esclavos desde finales del siglo XV a las primeras décadas del siglo XVI35. A partir de la promulgación de las Leyes Nuevas, en 1542, el indio fue declarado libre y las circunstancias cuanto menos legales cambiaron sustancialmente. Desde ese momento el tráfico se ralentizó, disminuyendo considerablemente. Pero es importante subrayar que, aunque descendió su volumen, el flujo continuó. Y ello por dos causas: una, porque, como ya hemos afirmado, los portugueses no prohibieron la esclavitud de los nativos del Brasil. Y otra, por el relajamiento -en algunos casos con prevaricación incluida- de algunas autoridades españolas que no observaron, como debían, la legalidad vigente. Por ello continuaron entrando de forma ininterrumpida indios, en su mayor parte a través del puerto de Lisboa. El ejemplo de Zafra es especialmente llamativo, pues se han localizado numerosas cartas de compraventa que se prolongan en el tiempo nada menos que hasta 1643. Se trata de un caso singular, pues en ningún otro mercado peninsular se dio tal circunstancia. No olvidemos que desde 1542 los nativos americanos eran vasallos de la Corona de Castilla y, por tanto, en teoría no se podía traficar con ellos. Pero en Zafra se hacía y con total impunidad, siendo la mayoría procedentes del Brasil, pues en las colonias lusas la legislación tenía las fisuras suficientes como para que se mantuviesen las razias esclavistas de los bandeirantes. No obstante, es probable que algunos de estos indios declarados brasileños procediesen realmente de las colonias españolas, circunstancia que obviamente ningún vendedor en sus cabales sostendría. ¿Por qué Zafra fue el único mercado español en el que se continuaron vendiendo casi hasta mediados del siglo XVII? La única explicación posible es que se situara a la sombra de Lisboa, en cuyo mercado se siguieron vendiendo indios supuestamente de guerra. No debe ser casualidad que en alguna de esas cartas se especifique la naturaleza brasileña del esclavo lo que posiblemente constituyó el eximente por el que se toleró su venta.

         No todos los que llegaron fueron esclavos. Como es bien sabido muchos indianos tuvieron hijos mestizos que con frecuencia enviaban a España para que fuesen educados por sus familias. Conocemos algún caso mucho más sangrante, el de Alonso Becerra que, en 1556, regresó del Perú desposado con una niña india de unos ocho o nueve años. Se trataba de una situación que en América sin ser frecuente se consentía, siempre y cuando la infortunada fuese india o negra, pero en España era otra cosa36. Una vez en Zafra se produjeron desavenencias que debieron provocar un gran malestar entre el vecindario lo que desencadenaron la intervención de las autoridades eclesiásticas que procedieron a la disolución del matrimonio y al ingreso de la pobre niña en el convento de la Cruz37.

         Lo que queda bien claro, es que los zafrenses no tuvieron que hacer demasiados esfuerzos para imaginar el Nuevo Mundo. Ante sus ojos veían pasar lo mismo a ricos peruleros que a mestizos o a indios.

 

FRACASADOS Y OLVIDADOS

Imaginamos a los emigrantes zafrenses, momentos antes de su partida, manifestando a sus deudos su fervoroso deseo de volver pronto a su tierra de origen cargados de riquezas. Ahora bien, la fortuna que varias decenas de ellos amasaron en el Nuevo Mundo y los capitales que remitieron a sus parientes no debe hacernos perder de vista la realidad. Hubo algunos triunfadores pero la mayoría en el mejor de los casos no consiguió sus sueños de ascensión social y en el peor tuvieron una muerte violenta, prematura o ambas cosas a la vez. En este trabajo no queremos olvidarnos de esos otros protagonistas anónimos de los que nadie se ha hecho eco, es decir, de aquellos cuyo sueño áureo los llevó a la tragedia.

Cuánta desazón e incertidumbre debió generar entre los progenitores el hecho de ver a sus jóvenes vástagos saltar el charco para asentarse a miles de kilómetros de la tierra que los vio nacer. En muchos testamentos se aprecia una cierta melancolía de algunos progenitores que nunca volvieron a tener noticias de sus hijos pero que murieron con la esperanza de que hubiesen conseguido una vida mejor. Por ejemplo, Juan Martín Moreno, arriero vecino de Los Santos, en su testamento otorgado en Zafra en 1612, mencionó a su hijo Juan Martín Moreno, habido con su primera esposa, del que desconocía su suerte aunque antes presume ser muerto por no haber tenido noticia suya ni tenido nueva a dónde está38. Pese a sus fundadas dudas lo nombró heredero universal, ordenando a su segunda mujer, Leonor Gordillo, que administrase los bienes de su hijo, sin vender ni trocar nada por si algún día regresaba. Y debió cumplir la palabra de su marido, pues ¡increíble!, 25 años después, Diego Pérez Barrero, vecino de Zafra, se declaraba administrador de los bienes del ausente Juan Martín Moreno39.

Aunque las flotas estaban obligadas a llevar fármacos para curar a los enfermos, era muy poco lo que se podía hacer por ellos de forma que enfermar equivalía a tener todos los boletos para que aquello desembocara en un óbito. Ocurrido el fatal desenlace no quedaba más remedio que tirar el cadáver por la borda. Previamente se cosía el cadáver con un serón o tela basta y se añadía el lastre para que se fuera al fondo y no lo devorasen los depredadores. Como lastre se solían utilizar piedras -si las había-, botijas de barro o bolaños de las lombardas. El clérigo que preceptivamente debía ir a bordo dirigía un acto fúnebre antes de lanzar el cuerpo al mar40. Fue el caso del pobre de Diego Pérez Machado que murió cuando se dirigía a Perú y que nunca consiguió su objetivo de pisar tierras americanas41. Otros muchos perdieron la vida justo en los años posteriores a su llegada a las Indias. Se trataba de momentos muy delicados, cuando las perspectivas de supervivencia eran escasas. Así, Juan Hidalgo, que viajó hasta Cartagena de Indias asalariado en una nao, propiedad de Gerónimo de Porras, en conserva de la Armada de Tierra Firme, debió perder la vida bien en el trayecto, o bien, al poco de arribar42. No mucha más suerte tuvo Pedro Barahona que con sólo 25 años viajó asalariado en la nao San Cristóbal de la armada del general Diego Flores de Valdés y que murió justo al regreso de la misma, por lo que su cuerpo fue sepultado en Coria del Río43. Igualmente trágico fue el destino de al menos dos de los quince zafrenses que se enrolaron en la expedición a La Florida capitaneada por Hernando de Soto, un tal fulano Jaramillo y Hernando de Figueroa que perdieron la vida prematuramente en un enfrentamiento con los indígenas. Sus sueños de ascensión social y los de su familia quedaron truncados en un instante.

         Pero quizás el caso más dramático que hemos documentado sea el de Miguel Vázquez, el único hijo de Jacinto Vázquez y de María Ramírez. En torno a 1654 era sólo un adolescente de 15 años y su padre apenas traía dinero a casa mientras que su madre estaba muy enferma. Los tres vivían en la extrema pobreza por lo que el joven tomó la decisión de marchar a América. Su progenitor le entregó lo poco que tenía para que el arriero local Juan Sánchez lo llevase hasta Sevilla. En concreto lo debía encaminar al convento de San Pablo de Sevilla, donde residía un fraile profeso que era tío del muchacho quien a su vez debía encargarse de embarcarlo para las Indias. Según el testimonio de Juan Sánchez, arriero que lo llevó a Sevilla, los motivos del muchacho para marcharse fueron así de claros:

         Dijo a dichos sus padres, viéndolos pobres, se quería ir a las Indias de su Majestad a ver si Dios le daba dicha de que los pudiese socorrer y con efecto el dicho Jacinto Vázquez, su padre se lo encargó a este testigo y pagó el porte por que lo llevase a la ciudad de Sevilla44.

 

         Desgraciadamente su destino sería trágico; a los pocos días de partir de Zafra, su madre murió, hecho del que debió tener noticias antes de embarcar. Pero lejos de desistir, la necesidad de socorrer a su apenado padre lo debió espolear. Dado que no tenía dinero para pagarse la licencia ni el pasaje se embarcó de la única manera que pudo, es decir, enrolándose como grumete en uno de los navíos de la Carrera. En 1660, viniendo desde Campeche en la nao de nombre tan sonoro como El Sol de la Esperanza de que era maestre el capitán Bernardo de la Cruz, estando cerca de Gibraltar, sufrieron un encuentro con corsarios, muriendo en dicho combate. Tenía 21 años, ahí quedaron truncadas definitivamente todas sus expectativas vitales. Su padre, pese al duro trance que debió suponer la pérdida de su único hijo, solicitó que se le abonase, como único heredero, el salario que se debía a su hijo de los días que sirvió como grumete. Al parecer, se demostró que se había concertado en ese viaje por un salario total de 100 pesos de a ocho reales. El 27 de julio de 1660 los oficiales de la Casa de la Contratación apremiaron al capitán Bernardo de la Cruz para que los abonase a Jacinto Vázquez45. Un dinero que finalmente cobró el progenitor del infortunado muchacho y que a corto plazo le debió servir para mitigar su extrema pobreza, aunque probablemente jamás curaría el amargor de su soledad.

Pero la peligrosidad del viaje y las guerras de la conquista no eran las únicas causas de estos óbitos, pues se produjeron un sinfín de enfrentamientos entre los propios hispanos. Francisco Rodríguez Adalid fue asesinado en la última década del siglo XVI por ciertas pendencias que tuvo con ciertos vecinos de la ciudad de México y su comarca. Sus hermanos se gastaron los cuartos en pagar a un paisano residente en México, Juan Rodríguez, para que interpusiera un pleito a sus supuestos asesinos46.

 

LA FUERZA DE LAS MOTIVACIONES

         Las causas que llevaron a estas personas a dejar sus hogares son una incógnita en cuanto que no sabemos los motivos interiores que les movieron a tomar tal decisión47. No era una decisión fácil, pues, pese a su enorme atractivo económico, tan sólo el viaje suponía exponerse a graves riesgos. Bastaba con que durante un par de semanas no soplase viento para que el viaje se alargase lo suficiente como para matar a los más débiles de hambre, de sed o de alguna de las frecuentes epidemias que se desataban a bordo.

        Por ello, no resulta difícil imaginar que debió ser la pobreza -más que aspectos ideológicos, religiosos o políticos- lo que los empujó a abandonar la certidumbre por la incertidumbre48. Una pobreza acentuada por dos circunstancias: una, por ser tierra de señorío, donde los propietarios se conformaban con seguir cobrando sus viejas rentas sin hacer ningún tipo de inversión, y dos, por una tecnología muy atrasada, profundamente arraigada en el medievo49. La situación de penuria los empujaba a jugársela, desde hidalgos segundones o desheredados, a huérfanos o a hijos ilegítimos. El perfil más habitual de estos emigrantes era el de varón, de entre 15 y 35 años, huérfano o miembro de una familia pobre o muy numerosa. Los ejemplos se cuenta por decenas; por ejemplo, Pedro Gómez de Ribera, presbítero, a finales del siglo XVI se vio empujado a hacer carrera eclesiástica en las Indias, dejando en Zafra a tres hermanos y a dos hermanas50. El caso de Diego Calderón no es menos significativo al respecto; tras quedar huérfano siendo muy joven, su hermano se comprometió a mantenerlo hasta su embarque en la primera flota que partiese de Sevilla. Ahora bien, sólo puso una condición, si finalmente no viajaba le debía devolver los 40 ducados que estimaba iba a gastar en su licencia, pasaje y equipaje51.

         Pero dejemos hablar a los documentos; el 24 de octubre de 1748 María Luisa Ramírez otorgó licencia a su marido, el platero Francisco Sánchez, vecino de Zafra y natural de Valencia del Ventoso, para pasar a la ciudad de México y sus argumentos no podían ser más explícitos:

         Para ver si con su industria y trabajo puede lograr algunas conveniencias para pasar con más decencia y poder socorrerla y a sus hijos respecto de hallarse con una suma pobreza e infelicidad, por cuyos motivos y el de ir a dicha ciudad con un pariente suyo que se halla en ella, quien será muy posible lo coloque en dependencia que pueda tener algunos intereses, los que le podrán servir de algún alivio para remediar sus muchas necesidades de la otorgante y de dichos sus hijos, en cuya virtud y considerando que todo lo referido es muy posible el que lo logre, siendo Dios servido, otorga que le da y concede la dicha licencia52.

 

         Los motivos de la licencia estaban muy claros: la extrema pobreza en la que vivían. Hay algunos matices de interés, al vincular pobreza con infelicidad. La mujer conocía perfectamente que estas ausencias a veces podrían acarrear daños mayores porque muchos de estos emigrantes, si no llevaban contactos, lo más fácil era que se terminasen de perder en las Indias y que jamás obtuvieran ni un solo maravedí que remitir a sus familias. Y ello confiando en que su marido no se amancebase con otra, procreara nuevos hijos y cortara toda relación con la Península53. Pero, a la pobre mujer le parecía factible el plan indiano porque disponían de un contacto –lo que hoy llamaríamos un enchufe-, es decir, un pariente que estaba afincado en México y a cuyas órdenes se debía poner su marido. Como ya hemos afirmado, la mayoría de los emigrantes viajaban teniendo algún contacto –pariente, amigo o simplemente paisano-, pues de lo contrario, los riesgos eran mucho mayores y las posibilidades de éxito escasas.

         Pero los emigrantes no sólo procedían de los estratos más bajos de la sociedad. Se dieron casos de familias acomodadas que ocasionalmente pasaron por algún bache económico y de alguna forma empujaron a alguno de sus vástagos a buscar fortuna lejos de su hogar. En una época donde la agricultura era la base de la economía, dos o tres años de sequía podían provocar la ruina de más de un pequeño o mediano propietario. Algo así debió ocurrir con el conocido cronista zafrense Pedrarias de Almesto que pasó a América en torno a 1552 cuando, al parecer, su familia sufría ciertas dificultades económicas54.

         Otros viajaron con la idea de ganar un dinero fácil con el que incrementar su ya importante patrimonio. Éste debe ser el motivo que impulso a marchar a Cartagena de Indias a Lorenzo González, cerero, que poseía una tienda en Zafra que abastecía a conventos, hermandades, iglesias y particulares de toda la comarca de Feria y hasta de localidades tan alejadas entonces como Almendralejo. En su libro de cuentas se aprecia que le debían varios miles de reales. Pese a ello, en 1573 se le ocurrió la descabellada idea de viajar sin licencia y, lo que es peor, de reembarcarse hacia Zafra en 1575 con oro y plata sin registrar. Una actitud que estuvo a punto de costarle la ruina55.

         Las cartas de los indianos debían suponer un gran aliciente para los cientos de desheredados de la localidad. Tenemos decenas de referencias a cartas que se recibieron en Zafra, aunque tan sólo se han conservado algunas de ellas. Aquéllos que habían triunfado en la aventura indiana remitían misivas a sus parientes y deudos para que se animasen a correr su misma suerte. En 1574 el curtidor Alonso Ortiz, vecino de la ciudad de México, escribió al menos seis epístolas a su mujer, Leonor González, vecina de Zafra, en la calle de la Cruz, pidiéndole encarecidamente que se embarcase con toda la familia en la próxima flota de Nueva España. A continuación extractamos una de ellas donde muestra con gran ternura su desconsuelo por encontrarse sólo en México:

Gran consuelo he recibido con sus cartas, no solamente en ver que haya sido mujer para poder llevar la carga a solas, como por ver que desde allá me da consuelo y me anima a mí acá, para poder llevar mi soledad, de verme sin ella, y porque ha sido una de las cosas que más pena me ha dado en esta vida, por tanto, señora mía, os pido mucho por merced y será para mi muy grande que lo que por otras mis cartas os encomiendo por ésta os lo vuelvo a rogar muy de veras, que por ninguna cosa ni contradicción que acá haya no sea parte para os defender que no vengáis, y que no me hagáis mentiroso, porque tengo dicho a todos mis vecinos que habéis de venir en esta flota donde os fuere el dinero, que son ciento y cincuenta pesos…56

 

Lo tenía todo preparado: primero, había enviado a su esposa un poder firmado en México el 9 de marzo de 1574 por el que le autorizaba a realizar las gestiones para su embarque en compañía de sus cinco hijos –o los que estuviesen vivos-, de sus yernos y de sus hermanos Melchor y Alonso Hernández57. Segundo, había enviado 150 pesos de oro al veinticuatro de Sevilla García de León para que se los diese a su esposa, con el fin de que financiase los fletes y los alimentos58. Y tercero, había hablado con un amigo suyo, Juan de Castro Ribera, que iba a España a solicitar la licencia de su esposa, natural de Moguer, para que de paso gestionase la de su familia. Su situación económica era buena pues ganaba entre 500 y 600 pesos netos anuales y disponía de diez indios y un esclavo de color que le hacían los trabajos más duros, dedicándose él a la gestión del negocio y a la venta del género. La esposa tardó todavía dos años en prepararlo todo. El 9 de junio de 1575 Leonor González dio poderes a su yerno Rodrigo Jiménez para que hiciese las gestiones pertinentes en la Casa de la Contratación para irme con mi casa, hija, yerno y familia a México, pues su marido la había mandado llamar59. Casi un año después todavía proseguían las gestiones, pues se concertó con un mercader de esclavos de Sevilla, Cristóbal Chacón, para que abonase 215 ducados al capitán del navío Santo Crucifijo de Burgos, en concepto del pasaje de su familia hasta el puerto de Veracruz60. Lo cierto es que saciadas las expectativas económicas, les quedaba la pena de la ausencia de su familia, en especial de sus respectivas mujeres e hijos. El 15 de marzo de 1595 Alonso Ramírez de Aguilera escribió a su esposa, desde la Ciudad de los Reyes, pidiéndole que acudiese a su encuentro. Sus palabras no pueden ser más elocuentes:

Tengo salud, y la he tenido después que estoy en esta tierra, y me bastan bien, que no deseo otra cosa en este mundo más que veros en esta tierra y a vuestro hijo, que es lo que siento… No es otro mi deseo sino veros en mi compañía, porque bendita la Divina Majestad, tengo muy bien lo que he menester, que de otra cosa no carezco, sino de vuestra vista y el deseo de mi hijo… 61

 

En ese mismo año el citado Alonso Ramírez envió 30.600 maravedís a su cuñado, el mercader García Hernández Mazariegos, para que se encargara de facilitar el pasaje de su mujer y su hijo al virreinato peruano62.

No había mejor estímulo a la emigración que la llegada de capitales indianos, como los que anualmente se recibían en Zafra. Pero había un incentivo aún mayor, el de algunos peruleros que regresaron ricos. No fueron muchos, pero influían bastante más en el ánimo de los desheredados que el de otros muchos que marcharon y de los que nunca más se supo. Muy llamativo es el caso del matrimonio formado por Hernando Martel Mosquera y María Martel de Silva que pertenecían a lo más granado de la élite limeña, en cuya jurisdicción disfrutaba ella de una encomienda vitalicia que le rentaba nada menos que 3.000 pesos de plata ensayada y libres de costas. En 1581 regresaron a Zafra con una licencia de cuatro años para solucionar ciertos negocios. La administración de su hacienda la dejó en manos de Juan Velázquez de Acevedo, un socio suyo, natural de Medellín y residente en Lima63. Sin embargo, al matrimonio Martel se le debieron complicar las cosas por lo que, en 1585, solicitaron una prórroga de su estancia en España, aunque en realidad jamás regresaron64. Ahora bien, viviendo en Zafra mantuvo cierta actividad económica con las Indias, pues Juan Acevedo no sólo le remitió las rentas de su hacienda sino también capitales de otros extremeños para que los invirtiera en rentas. Concretamente le envió 270.000 maravedís del difunto Juan Yuste, natural de Logrosán, que había fallecido en el Perú, para que lo invirtiese en rentas con las que fundar una capellanía por su alma. Hernando Martel lo entregó en renta al duque de Feria, con cuya realizó la fundación, nombrando por capellán de la misma a Francisco Hernández, clérigo de Logrosán65.

María Martel falleció el 11 de septiembre de 1589 y su viudo solicitó las rentas de su encomienda hasta el mismo día del óbito, además de las rentas del alquiler de una casa que poseía en la capital virreinal, donde vivía el Inquisidor del Perú66. El cobro se demoró varios años, pues por escritura formalizada el 3 de junio de 1598 fue alcanzado Juan Velázquez, entonces residente ya en Valdetorres, jurisdicción de Medellín, en 8.200 reales de los que consiguió cobrar la mitad. La otra mitad pertenecía a los herederos de la difunta María Martel, que falleció sin hijos y que no sabemos quien los cobró finalmente67.

No fueron los únicos que regresaron ricos; Antonio Núñez Sánchez, marchó a las Indias en 1594, estimando que estaría unos seis años ausente, aunque al final estuvo sólo tres, pues regresó con bastante numerario en la flota de 159768.

Con frecuencia los casados recibían una licencia temporal por lo que es obvio que, salvo sorpresas, la mayor parte de ellos regresó a su villa natal. Así el 25 de enero de 1567 Luis Martínez, casado en Zafra, recibió licencia para viajar al Perú por un período máximo de tres años. Asimismo Francisco Gutiérrez, platero, recibió una Real Cédula en 1571 autorizándole a viajar a Quito, con el objetivo explícito de recoger a su madre69. En el siglo XVIII, Manuel de Mendieta y Leiva, desempeñó el cargo de juez eclesiástico de la doctrina de Vichoquén, en Chile, sin embargo regresó a su tierra, pues a mediados de siglo lo encontramos como abad mitrado en la colegial.

        Bien es cierto que hubo otras motivaciones de signo ideológico. De hecho, algunos eclesiásticos hicieron las américas con afán de hacer carrera eclesiástica, pero los más movidos, equivocados o no, por un sincero convencimiento religioso, pensando en extender las bondades del cristianismo a los paganos. Por ejemplo, en 1570 pasó al Perú el bachiller Ruy López de Segura, clérigo autor de un famoso tratado de ajedrez. ¿sus motivos eran económicos? Obviamente no; este clérigo pudo haber llevado una vida más o menos cómoda en la Península pero, por convicciones religiosas decidió marchar a evangelizar al Nuevo Mundo. Lo mismo se puede decir de otros muchos religiosos, como el clérigo Francisco Hernández Príncipe, que marchó al Perú en 1592 con la intención de dedicarse a la conversión de los nativos.

         Aunque en casos mucho más puntuales, pudo haber algún otro tipo de motivaciones de orden sociopolítico. Algún liberto que emigró, probablemente para escapar del estigma de la esclavitud, o a algún sospechoso de tener orígenes moriscos o judíos.

 

PASAJE Y TRAVESÍA

         Algunos dejaban endeudada a su familia durante años para pagarse el billete y bajo la promesa de unas futuras compensaciones que en muchos casos nunca llegaron70. No era fácil embarcarse legalmente. El primer paso consistía en conseguir la licencia en cuyo caso había que otorgar poderes a personas que la solicitaran en la Corte o en Sevilla ante los oficiales de la Casa de la Contratación. Para ello, previamente había que realizar una información en la villa natal en la que se demostrase que eran cristianos viejos y no habían sido perseguidos por la Santa Inquisición71. Facilitaba el otorgamiento, demostrar que existían parientes al otro lado del océano dispuestos a ayudar al solicitante. Por supuesto, si estaba casado y pretendía ir sólo, debía obtener una autorización expresa de su esposa. Y finalmente había que pagarse el pasaje y el mantenimiento en el barco lo cual, aunque había billetes más económicos, no estaba al alcance de todos. A continuación mostramos lo que debieron abonar algunos de esos pasajeros por conseguir un sitio a bordo y la manutención:

 

Cuadro I

Coste del pasaje72

 

FECHA

PASAJERO/S

ASENTISTA/

DESTINO

CUANTÍA TOTAL

CUANTÍA POR PERSONA

23-IX-1551

Hernando de Calleja, su esposa María Sánchez Muñoz y dos personas más

Sebastián Flores, maestre de la nao Santa María la Bella/ Nombre de Dios

33.660

8.415

24-IX-1551

Cebrián de la Cruz, su esposa y sus ocho hijos

Sebastián Flores, maestre de la nao Santa María la Bella, Nombre de Dios

26.928

2.692,8

28-XI-1551

Alonso Malaver, once personas más y un lebrel

Alonso Martín Morejón, maestre de la nao Santa María del Camino

71.434

5.952,8

19-IX-1581

Hernán Mexía

García Jaramillo, a Popayán

24.310

24.310

20-VI-1595

Juan Durán y Ana de la Calleja

Francisco López Gutiérrez/ Nueva España

25.434

12.716

7-V-1597

Catalina Sánchez y Leonor de Luna, hermanas

Francisco Sánchez las hospedaría y alimentaría en su cámara

30.668

15.334

 

         Un par de aspectos nos interesan de este cuadro: primero, la cifra media por pasaje se situó, al menos en el siglo XVI, en torno a los 7.886 maravedís por persona. Y segundo, llama la atención las diferencias en las cuantías de unos pasajes a otros, y ello porque los precios solían variar, dependiendo del destino, del tipo de alojamiento y si incluían o no la alimentación73. En el cuadro se aprecia la diferencia de precio incluso de personas que viajaban en la misma nao. Nos referimos a los dos grupos de personas que se embarcaron en la nao Santa María la Bella y en la que unos pagaban 8.415 maravedís por persona y otros 2.692,8. Aunque obviamente no había habitaciones de primera ni tan siquiera de segunda, es posible que algunas familias sí que pudiesen disfrutar de algún pequeño camarote o a lo sumo de un sitio resguardado bajo la tolda. La cuantía se duplicaba o triplicaba cuando no sólo había que conseguir pasaje sino también una persona que una vez en las Indias lo llevase hasta alguna ciudad concreta. Por ello, el 19 de septiembre de 1581 García Jaramillo se comprometió a llevar consigo a Hernán Mexía El Mozo, hijo de Hernán Mexía El Viejo, hasta la gobernación de Popayán a cambio de la respetable cifra de 24.310 maravedís.

         Además de los 4.700 euros para el pasaje, el emigrante necesitaba mucho más numerario si quería tener unas mínimas garantías de éxito. Había que contar con el hecho de su manutención en Sevilla, en las largas demoras en las partidas de las flotas, así como en las primeras semanas en el continente americano que, por supuesto, eran las más difíciles. Con facilidad los gastos se podrían cuadriplicar, sumando cifras superiores a los 20.000 euros que en aquella época cada uno conseguía como podía: unos, vendiendo sus propiedades y en ocasiones hasta las dotales de su mujer, mientras que otros pedían préstamos a sus padres o hermanos a cambio de la renuncia a su futura herencia. Así, Juan Martín Moreno, arriero de Los Santos, declaró que prestó a un hijo suyo de su mismo nombre 17.000 maravedís para financiar los gastos de su viaje74. Francisco López, siendo huérfano, debió pedir 44.438 maravedís a su cuñada Beatriz Gutiérrez, mujer de Diego López, difunto, para costearse su viaje a las Indias y bajo promesa de devolución, formalizada ante escribano75. Con frecuencia, los progenitores prestaban sumas más elevadas a los vástagos que decidían hacer las Américas pero, a cambio, les obligaban a renunciar a su legítima. Así, en 1582, Juan Rodríguez Zambrano recibió de su padre 112.200 maravedís en mercancías, comprometiéndose ante notario a renunciar en sus hermanos la parte que en un futuro le correspondiese de herencia76. Curiosamente la misma cantidad en dineros y mercancías que recibió el presbítero Pedro Gómez de Ribera de su padre Alonso García Panduro El Viejo, justo antes de cruzar el charco77. Asimismo, Diego Pérez Machado marchó en torno a 1610 a las Indias, con dineros que le prestó su hermano Francisco Machado. Aunque desconocemos la cuantía exacta, a su regreso, en 1616, en compensación por dicho préstamo y por la administración de su hacienda le entregó 85.000 maravedís78. Por su parte, Diego López recibió de su progenitor 187.000 maravedís a cambio de su renuncia a su futura herencia en favor de sus hermanos. Justo la misma cuantía que recibieron de sus padres fray Antonio y fray Alonso López O.F.M., aunque eso sí a repartir entre los dos. Algo menos, 130.900 maravedís, recibió de su progenitor Manuel de Villegas antes de marchar, en 1604, a las Indias. Dos años antes, Diego Antonio Sánchez consiguió que su tío le prestara 74.800 maravedís y menos aún percibieron tanto Francisco Gallardo, quien antes de partir reclamó su legítima de 30.600 maravedís, como Hernando de Sanabria que tan sólo consiguió de su ascendiente 14.960 maravedís y un vestido de lino. Por citar un último caso, en 1622, Juan Gutiérrez de Mesa vendió un censo a su hermano por 51.000 maravedís, con cuyo dinero pretendía marchar a Nueva España con su esposa y su hijo.

         La cobranza de estos préstamos en el mejor de los casos se demoraba durante lustros y en el peor ni tan siquiera se conseguía recuperar. Llama la atención que el acaudalado perulero el capitán Gómez Hernández, que llegó a formar parte de la élite política y económica de Antioquía, declarase en su testamento que aún debía parte de los gastos que tuvo para financiar su viaje al Perú79.

         No pocos renunciaban a sus bienes en su villa natal, conscientes probablemente de que se trataba de un viaje sin retorno. Así, Pedro García Serrano, vecino de Los Santos, antes de partir donó a su esposa, Catalina Sánchez, dos suertes de tierra, una de 14 fanegas y la otra de 7, además de sus casas de morada que por cierto tenía una carga de un pequeño censo al quitar de 14.000 maravedís por el que se pagaba a razón de 1.000 maravedís anuales80. Lo más curioso es que estaba tan seguro de que nunca más regresaría que dispuso que, a la muerte de su esposa, una vez pagado el censo, se destinasen 1.000 maravedís anuales para rezar misas por su alma y las de sus padres.

         Como ya comentamos anteriormente, no había pasajes de primera, el camarote de popa estaba destinado al capitán o a algún cargo relevante de la administración. Lo más normal era conseguir cualquier hueco dentro del casco o incluso en la cubierta. Por ejemplo, el 20 de junio de 1595 Francisco López se comprometió a buscar pasaje en un barco a Juan Durán y a su mujer por un precio total de 68 ducados; en la cuantía se incluía el rancho diario y un sitio en el casco, conforme se daba a otros pasajeros81. Cualquier vicisitud, un naufragio, un robo, un asalto corsario, un deterioro del género, o la imposibilidad de conseguir compradores para el mismo, podía provocar que el infortunado emigrante lo perdiera todo y se viera sin nada a miles de kilómetros de su familia. En esa situación extrema lo único que le quedaba era localizar a un pariente o, al menos, a un paisano, pues el paisanaje generaba una gran solidaridad al otro lado del charco82.

         Ahora bien, ¿qué pasaba con aquéllos que querían embarcar pero no disponían de dinero? Tan sólo les quedaban dos opciones: si era un varón lo más fácil era enrolarse como grumete en algún navío. Si se trataba de una mujer, la única posibilidad que tenía era suscribir ante notario un compromiso para servir a algún señor por un período que variaba entre los 7 y los 13 años. Este fue el caso de María Martín, natural de los Santos, que siendo una huérfana de 13 años decidió viajar a Nueva España con Francisco Sánchez Lozano, vecino de Zafra y, a cambio de los 14.960 maravedís que estimaba le costaría la licencia y el pasaje, debía servirle por espacio de nada menos que diez años83. Igualmente, Isabel Díez se concertó en 1593 con Alonso Navarro para que la pasase a las Indias a cambio de servirle por 8 años, y por un salario de tan sólo 1.496 maravedís anuales.

 

LA EMIGRACIÓN EN CIFRAS ABSOLUTAS

A continuación ofrecemos una cuantificación de los emigrantes identificados hasta la fecha, un total de 1.064. Con el paso del tiempo su número se ha ido incrementando, desde los poco más de 400 que identificó Navarro del Castillo84, a los 799 que cuantificó Mariano Cuesta85 y los 981 que enumeraron Rocío Sánchez Rubio y Concepción Lemús para los siglos XVI y XVII86. Antes de aportar las cifras concretas queremos aclarar algunos de los criterios que hemos seguido en su cuantificación:

En primer lugar, hemos distinguido, dos categorías de emigrantes: los legales, es decir, aquellos cuyo nombre nos consta en la documentación oficial de la Casa de la Contratación, bien porque obtuvieron una licencia Real, o bien, porque sus nombres están asentados en los registros o en las listas de embarque de la citada institución. Y los que hemos llamado alegales, en el que incluimos a todos aquellos cuyos nombres no constan en las listas de pasajeros. Entre estos últimos hay de todo, unos pasaron ilegalmente, enrolándose como grumetes o sobornando a algún maestre, mientras que otros lo hicieron en algún momento donde el control migratorio se relajó o simplemente porque pasaron en alguno de los muchos años en los que no se han conservado los registros de la citada institución sevillana.

En segundo lugar, cuando en el registro se habla de algún matrimonio que pasó con sus hijos, sin especificar número hemos contabilizado en todos los casos un número total de cuatro, es decir, los dos cónyuges y dos hijos. La palabra hijos, bien pudiera implicar dos, tres, cuatro, cinco o más pero a efectos de cuantificación hemos optado por la cifra más baja.

En tercer lugar, en los casos en los que la madre era natural de Zafra pero vivía con su esposo en cualquier villa del entorno, hemos excluido del cómputo tanto al marido como a su descendencia, contabilizando sólo a ella. En el caso contrario de que el zafrense vivía en Zafra desposado con una mujer foránea y con sus hijos, hemos considerado tanto a él como a sus descendientes, aunque no a la mujer que sólo residía en Zafra desde la consumación de sus esponsales.

Y en cuarto lugar, hemos incluido en las cifras a aquellos pasajeros que, siendo naturales de otras localidades, en la mayor parte de los casos pueblos del entorno, acreditaron que en el momento de solicitar su licencia estaban avecindados o al menos residían en Zafra.

 

Cuadro II

Emigración de zafrenses a Las Indias87

 

SIGLO

LEGALES

ALEGALES

TOTAL

%

XVI

468

374

842

79,13

XVII

141

52

193

18,13

XVIII

19

10

29

2,72

TOTAL

628

436

1064

100,00

 

         Hay varios aspectos que debemos comentar, empezando por el alto número de emigrantes que hemos conseguido aislar, nada menos que 1064. Este incremento del volumen simplemente viene a reforzar la idea de que Zafra, por su actividad comercial y su ubicación geográfica, fue el núcleo más emigrante de Extremadura, muy por encima de la emigración registrada en Badajoz, Cáceres, Mérida o Medellín88. Pero es más, sólo en el siglo XVI emigraron más zafrenses que en cualquier otra localidad extremeña en toda la Edad Moderna. Dado que se estima el total de emigrantes extremeños a América en unos 20.44989, los zafrenses supusieron el 5,20% del total. El alto índice migratorio de Zafra puede explicarse a nivel global en su cercanía y fluida comunicación con Sevilla. Es bien sabido que las villas y ciudades más próximas a la llamada puerta y puerto de las Indias influyó de manera decisiva en el flujo migratorio con destino al continente americano. La máxima intensidad migratoria se produjo en el siglo XVI, reduciéndose notablemente en el siglo XVII para hacerse casi inexistente en la siguiente centuria.

         Muy llamativo es también el alto porcentaje de emigración que encontramos al margen de la documentación oficial de la Casa de la Contratación que supone exactamente el 40,97%. Se trata de un porcentaje muy superior al que habitualmente se presuponían que oscilaba entre el 15 y el 33%90.

         Por motivos obvios, la mayoría de los emigrantes eran blancos, pero no todos; al menos hay una liberta de color, natural de Zafra, que obtuvo su licencia para pasar a Tierra Firme el 8 de mayo de 153791. Algún negro más pasó, pues algunos peruleros compraron esclavos en Zafra en nombre de diversos indianos, aunque no sabemos si eran originarios de la entonces villa condal.

         A continuación ofrecemos una comparativa por siglos con los porcentajes de emigrantes que tenemos para Andalucía y para Extremadura en su conjunto:

 

Cuadro III

Tabla comparativa de la emigración absoluta por siglos

 

SIGLOS

ANDALUCÍA

EXTREMADURA

ZAFRA

Siglo XVI

19.108 (64,34%)

14.905 (72,88%)

842 (79,13%)

Siglo XVII

8.289 (27,91%)

4.346 (21,25%)

193 (18,13%)

Siglo XVIII

2.289 (7,70%)

1.198 (5,85%)

29 (2,72%)

Totales

29.695 (100,00%)

20.449 (100,00%)

(100,00%)

 

         El grueso de la emigración extremeña, casi tres cuartas partes pasó en el siglo XVI, circunstancia que en el caso de Zafra se acentúa algo más hasta situarse en casi cuatro quintas partes. Un flujo de nada menos que 842 personas que duplica con creces al número de emigrantes localizados en otras localidades tan destacadas como Plasencia o Llerena92. Una verdadera hemorragia demográfica que alcanzó sus máximas cotas en el tercer tercio de dicha centuria. En cambio, en el siglo XVII se ralentizó drásticamente reduciéndose la cifra al 18,13%, guarismo ligeramente inferior al extremeño, para hacerse casi inapreciable en el XVIII. Desconocemos las coyunturas económicas de Zafra como para conocer los motivos exactos por los que la emigración se redujo tan drásticamente en los siglos XVII y XVIII. La reducción del XVII está acorde con lo que ocurrió en el resto de Extremadura y Andalucía y ello pese al drama de la Guerra de Portugal que dejó totalmente exhausta a la mayor parte de Extremadura. En el siglo XVIII, es posible que puedan aparecer algunos emigrantes más ya que no hemos investigado el fondo local, en cualquier todo apunta a un descenso drástico acorde con lo ocurrido en toda la España meridional.

LA SEX RATIO

         A medida que avanzan las investigaciones se está poniendo de relieve la importancia de la mujer en la emigración a las Indias, hasta el punto que actualmente podemos negar esa vieja idea de que la emigración afectó casi exclusivamente a hombres solteros93. Poco a poco se está demostrando el gran número de mujeres que cruzaron el océano así como la importancia de la emigración en familia. Así, pese a que entre 1492 y 1519 las mujeres apenas supusieron el 5`6% de la emigración total94, lo cierto es que su porcentaje se elevó progresivamente a lo largo de las dos centurias siguientes en Extremadura ligeramente pero en otras zonas de España de forma más ostensible.

         En el caso concreto de Zafra, aunque en todo momento la emigración afectó más a los hombres, encontramos un porcentaje notable de féminas, según se desprende del cuadro que exponemos a continuación:

 

Cuadro IV

Sex ratio de los emigrantes zafrenses

 

SIGLOS

HOMBRES

MUJERES

% DE MUJERES

SIGLO XVI

598

242

28,80

SIGLO XVII

136

57

29,53

SIGLO XVIII

28

1

3,44

TOTALES

762

300

28,19

 

         Como se puede observar, más de la cuarta parte de la emigración zafrense fue de sexo femenino. El porcentaje es inferior al andaluz95 pero claramente superior al extremeño en general96 y al de algunas poblaciones de su entorno como Llerena, Medellín, Montijo o Almendralejo97. Y ello, probablemente porque, según Boyd-Bowman, la presencia de mujeres es tanto mayor cuanto más cercanía existía entre el núcleo de partida y Sevilla98. Zafra no sólo estaba cerca de la capital hispalense sino razonablemente bien comunicada99 y con unos lazos mercantiles muy intensos. Probablemente eso favoreció la emigración de féminas, con porcentajes ligeramente inferiores a los de Andalucía, pero sensiblemente superiores a los de Extremadura y muy superiores a los de la media española.

         Se aprecia muy bien lo que se ha dado en llamar el tirón familiar, pues decenas de familias zafrenses marcharon a las Indias al completo, incluyendo en ocasiones a hermanos, primos, criados y hasta allegados. En ocasiones el número de pasajeros de un mismo clan familiar supera las diez o doce personas. También observamos casos en los que varias familias deciden marchar juntas formando grupos de paisanos que, como mínimo, compartían el paisanaje100.

         Casi todas, como no podía ser de otra forma, viajaban a la sombra de algún hombre, bien al servicio de un señor, o bien, junto a su marido o esperando encontrarse con él. Otras son niñas que viajaban junto a sus familias sin gozar por tanto de capacidad de decisión. Con frecuencia viajaba primero el marido y, una vez instalado, mandaba llamar a su familia. Los ejemplos son muy numerosos por lo que seleccionaremos sólo algunos: en 1539 marchó a Nueva España Pedro de Villegas, luchando en la frontera norte del virreinato. Debió asentarse en la ciudad de México, pues en 1547 figuraba como regidor de su cabildo, momento en el que mandó venir desde España a su mujer y a sus dos hijas101. Algunas mujeres mostraron un valor excepcional, como Isabel Romana que se embarcó con destino a Nueva España en 1560 con sus nueve hijos, dos niños y siete niñas. En la licencia figura sola con sus hijos pero muy probablemente acudía al encuentro de su marido que presumiblemente debía estar ya instalado en el virreinato. Tres años después era Elvira de Carvajal quien con sus tres hijos y otros familiares se dirigía a Nicaragua, donde vivía su marido Cristóbal Calleja. En 1567 fue Isabel Martínez, la que se dirigió con sus dos hijos a Tierra Firme al encuentro con su marido Juan Báez. Un caso muy parecido fue el de la familia de Alonso Ortiz, curtidor, que pasó a México en 1572. Una vez instalado, él mismo remitió cartas a su familia y a García de León, veinticuatro de Sevilla, para que gestionase su embarque. En la flota de 1576 viajaron su esposa Leonor González y sus tres hijos. Salvo alguna sorpresa imprevisible, la travesía era todo lo segura que podía ser porque todo lo que se podía prever estaba bajo control. Igualmente, en 1582 se embarcó para Tunja Mari Alonso, junto a sus cuatro hijos, en dicha ciudad le esperaba su marido Marcos Martín, que residía allí desde hacía siete años, empleado como criado del arzobispo102. Pero no siempre era fácil conseguir que una mujer de un pueblo del interior se decidiese a embarcar en solitario junto a sus hijos. Por ello, en ocasiones el marido debía regresar del Nuevo Mundo para reembarcarse junto a su familia. Es el caso de Cristóbal Martín que estaba en Nueva Granada desde 1570 pero que regresó a Zafra para reembarcarse en 1579 junto a su mujer Constanza Ramos, sus hijos Beatriz, García y Pedro y una criada, llamada Inés Alonso, también natural de Zafra. Asimismo, Tomás de Rueda, residente en Guatemala, en 1615 envió 3.200 reales a su esposa Lucía Rodríguez para que gestionase su embarque. Por las circunstancias que fuera el marido decidió regresar a Zafra, reembarcándose con ella rumbo a Centroamérica en 1616 o en 1617.

         Bastante más llamativo es el caso de Catalina Sánchez La Torera que en una información realizada en julio de 1591 se describió a sí misma como viuda, de edad se sesenta años poco más o menos, de buen cuerpo y blanca y colorada de rostro de buena disposición103 Bueno, pues bien, la edad no fue obstáculo para que hiciera la travesía. Y aunque le acompañaba su hija Leonor de Toro, de 23 años, hay que reconocerle un arrojo especial muy acorde con su apodo.

 

LOS OFICIOS

         En cuanto a los oficios que manifestaron estos emigrantes antes de partir disponemos de pocas referencias. Muchos de los que aparecen sin uno concreto debemos entender que iban como pobladores, palabra muy genérica que se utiliza en algunas ocasiones, y, que en otras se daba por sobreentendida. Pese a esta circunstancia lo cierto es que casi todos tenían la certeza exacta del lugar a donde viajaban y qué trabajo desarrollarían, siendo, por tanto, muy pocos los que se aventuraban a ir al Nuevo Mundo sin tener nada concreto. Es más, cuando se solicitaba una licencia de embarque era muy recomendable incluir datos sobre los contactos que el solicitante tenía al otro lado del océano. Así, por ejemplo en la autorización dada a Cristóbal Rodríguez y a su familia se especifica expresamente que van a las Indias a estar con deudos suyos que les han enviado a llamar para les favorecer con su hacienda 104. A continuación exponemos el cuadro Nº V donde sintetizamos los oficios que tuvieron los zafrenses emigrados a las Indias:

 

 

 

Cuadro V

Oficios de los emigrantes zafrenses105

 

OFICIO

S. XVI

S. XVII

S. XVIII

TOTAL

%

Religioso secular o regular

35

37

8

80

38,46

Criado

55

18

6

79

37,98

Mercader, comerciante o perulero

13

2

3

18

8,65

Militar

5

0

0

5

2,40

Escribano, secretario o apoderado

4

0

0

4

1,92

Médico

4

0

0

4

1,92

Licenciado

4

0

0

4

1,92

Cantero

2

0

0

2

0,96

Platero

0

1

1

2

0,96

Otros106

9

0

1

10

4,80

TOTALES

131

58

18

208

100,00

 

         Tan sólo conocemos el oficio de 208 emigrantes de un total de 1.064, es decir del 19,54%. Sin embargo, habría que descontar un contingente notable de menores de edad, así como un buen número de amas de casa que viajaban en el seno familiar. Además muchos de los que pasan en un primer momento son conquistadores o miembros de las expediciones descubridoras y, posteriormente, son simples pobladores. Pero, es más, algunos de los que declaran un oficio concreto jamás lo ejercieron en el Nuevo Mundo. Y es que casi nadie estaba dispuesto a jugarse la vida en el océano para ejercer de zapatero, curtidor o labrador pues, en ese caso, hubiese sido más coherente haber permanecido en su villa natal.

         Como se puede observar, dominan abrumadoramente los oficios pertenecientes al sector terciario –un 94,72%-, siendo meramente testimoniales los relacionados con el secundario -3,36%- y sobre todo con el primario -1,92%-. Solamente encontramos tres oficios significativos, a saber: religioso, criado y mercader. Sumando los tres obtenemos un porcentaje del 85.09% del total. Los demás son absolutamente marginales, teniendo en cuenta que estamos hablando de tres siglos de colonización.

         Destaca la gran cantidad de religiosos que aparecen, siendo el oficio más numeroso. Entre ellos encontramos todo tipo de hombres de iglesia, 41 seculares y 39 regulares. Dentro de los primeros dominan los clérigos presbíteros de base así como los curas doctrineros, pero no faltan algunas dignidades eclesiásticas como deanes, canónigos o chantres de muy diversas seos indianas107. De entre los regulares los hay de casi todas las órdenes presentes en América, es decir, franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas y mercedarios, como podemos observar en la lista que ofrecemos a continuación:

 

Cuadro VI

Relación de frailes regulares indianos

procedentes de Zafra108

 

Año

Nombre

Orden

Lugar de destino

1548

Fray Gonzalo Cuadrado O.S.A.109

Agustino

México

1556

Fray Baltasar de Acosta O.S.A

Agustino

México

1561

Fray Diego de San Guillermo O.S.A.

Agustino

México

1571

Fray Pedro de San Pablo O.S.A.

Agustino

Puebla de los Ángeles

1571

Fray Diego Muñoz O.S.A.

Agustino

México- Manila

1572

Fray Pedro de Santa Catalina O.S.A.

Agustino

México

1574

Fray Diego López de Mesa S. J.

Jesuita

México

1577

Fray Pedro de Plasencia O.F.M.

Franciscano

Nuevo Reino de Granada

1579

Fray Francisco de Toro O.F.M.

Franciscano

Nuevo Reino de Granada

1586

Fray Antonio López O.F.M.

Franciscano

México

1587

Fray Gaspar de los Reyes O.F.M.

Franciscano

La Florida

1590

Fray Francisco Gutiérrez O.S.A.

Agustino

Filipinas

1590

Fray Pedro de Mesa O.P.

Dominico

Lima

1590

Fray Domingo de los Reyes O.P.

Dominico

Quito

1598

Fray Pedro Cuevas O.F.M.

Franciscano

Guatemala

1598

Fray Juan Lezcano O.F.M.

Franciscano

Guatemala

1601

Fray Antonio Escudero O. de M.

Mercedario

Cartagena de Indias

1603

Fray Pedro Ramírez O.S.A.

Agustino

Lima

1603

Fray Francisco Escudero O. de M.

Mercedario

Cartagena de Indias

S. t. del s. XVII

Fray Miguel Jaramillo S.J.

Jesuita

¿?

1658

Fray Diego de Adame O.F.M.

Franciscano

La Florida

1658

Fray Juan Nieto O.F.M.

Franciscano

La Florida

1660

Fray Alonso Blasco O.P.

Dominico

Filipinas

1664

Fray Pedro Blanco de Losada O.F.M.

Franciscano

Venezuela

1670

Fray Francisco Luján O.P.

Dominico

Filipinas

1684

Fray Pedro Blanco O.P.

Dominico

Venezuela

1684

Fray Pedro Zapata O.P.

Dominico

Venezuela

1685

Fray Alonso de Zafra O.F.M.

Franciscano

México-Filipinas

1695

Fray Carlos de la Concepción O.F.M.

Franciscano

Filipinas

1695

Fray Pedro del Espíritu Santo O.F.M.

Franciscano

Filipinas

1698

Fray Juan de Chávez O.F.M.

Franciscano

Nuevo Reino de Granada

1698

Fray Domingo Mateos O.F.M.

Franciscano

Nuevo Reino de Granada

1723

Fray Juan Nicolás Rada O.F.M.

Franciscano

Venezuela

1752

Fray Ildefonso Ortiz O.S.A.

Agustino

México-Filipinas

1757

Fray Mateo Solares S.J.

Jesuita

Filipinas

1765

Fray Manuel Solares O.S.A.

Agustino

Filipinas

1769

Fray José Gordillo O.P.

Dominico

Manila

1785

Fray Juan Gordillo O.F.M.

Franciscano

Queretaro (México)

1792

Fray Francisco Domínguez O.F.M.

Franciscano

México

         La segunda ocupación más frecuente es la de criado, que sigue muy de cerca a la de religioso ya que supone casi el 38% de todos los oficios conocidos. Se trata de una cifra media dentro del contexto extremeño, similar a la que encontramos en Almendralejo, superior a la de Llerena pero claramente inferior a la de Medellín y a la de Montijo110. Este alto porcentaje de criados es algo normal, teniendo en cuenta que la mayor parte de los emigrantes procedían de los estratos más bajos de la sociedad y, por tanto, desempeñaban los trabajos más serviles111. Cada alto cargo de la administración indiana llevaba consigo un cierto número de personas para su servicio personal. Así, en 1591, el licenciado Alonso Pérez llevó consigo al Perú a tres criados, todos ellos varones y vecinos de Zafra al igual que él112. Pero es importante destacar que dentro de esta denominación de criado se ocultaban status muy diversos pues, mientras algunos eran verdaderos secretarios o factores de altas dignidades gubernativas, otros, en cambio, eran simples asistentes del hogar. Curiosamente Francisco García Durán viajó al Perú como criado de Pero López, sin embargo, una vez allí, no tardó en desempeñar el oficio de escribano del cabildo de Quito113. Por ello, no es raro encontrar casos, como el de Francisco Hernández, que emigró como criado de Juan Díaz Martos, condición que no le impidió acumular una cierta fortuna, a juzgar por los dineros que remitió a su progenitor114. Un caso muy similar es el de Cristóbal de Lagos, que viajó al Nuevo Reino de Granada como criado pero que no tardó en amasar una gran fortuna que en parte remitió a su localidad natal. Tampoco debía ser un empleado del hogar Francisco González que viajó en 1560 al Perú como criado del virrey Conde de Nieva115.

         El tercer grupo más numeroso es el de los comerciantes y peruleros. Registramos un total de 18 porque sólo hemos contabilizado aquéllos de los que nos consta su paso a América al menos en una ocasión. No pocos de ellos realizaron el viaje de ida y de vuelta en varias ocasiones pero lo hemos contabilizado una sola vez. De otros muchos peruleros no tenemos constancia fehaciente aunque lo más probable es que hubiesen viajado una o más veces a las Indias. Y es que no olvidemos que había muchos comerciantes implicados en el negocio indiano que trabajaban desde la Península, a través de factores colocados en Sevilla y en ciudades y puertos estratégicos de las Indias. Algunos de estos que comerciaban desde Sevilla con las Indias también se hacían llamar peruleros.

         Los demás oficios son muy puntuales, registrándose un abogado, un cerero, un labrador, un zurrador, un zapatero, un curtidor, un sombrerero, un ayudante de fundición, un marino y un alcalde ordinario.

 

LOS DESTINOS

Debemos advertir que el destino que figura en los registros no era más que un punto de llegada, una vez allí, las personas se movían con bastante facilidad. A veces, incluso, el pasajero pedía licencia para viajar a un lugar concreto y luego, por cualquier circunstancia, se quedaba en otro116. Pero lo más frecuente fue la movilidad de forma que encontramos numerosos emigrantes que recorrieron a lo largo de su vida varios miles de kilómetros y ello, pese a la limitación de los medios de comunicación de la época. Lo cierto es que si habían atravesado el ancho, difícil y peligroso océano estaban más que preparados para moverse dentro del propio continente americano, bien por tierra o con más frecuencia haciendo navegación de cabotaje. Por ello, muchos pidieron licencia para marchar a un destino concreto y, pocos años después, los encontramos a cientos de kilómetros de ese lugar. Así, por ejemplo, en 1527 Fernando de Santana obtuvo licencia para marchar a la Península de Yucatán, sin embargo, varios años después se encontraba en Venezuela para pasar los años finales de su vida en la ciudad de Quito. Por su parte Jerónimo de Fonseca, en 1595 declaró tener su vecindad en Nombre de Dios y tan sólo cuatro años después manifestó residir en el Perú. Igualmente Mateo Rubio pasó en 1617 a Centroamérica pero al menos en 1630 residía en Mompós, jurisdicción de Cartagena de Indias. Por su parte, Francisco Hernández marchó el 15 de febrero de 1567 al Nuevo reino de Granada y, en 1577, regresó desde Veracruz a su localidad natal. Pero, es más, en 1583 vivía en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, desde donde envió a su padre, Hernán García de Perales, vecino de Zafra, una buena suma de dinero117. Y por poner un último ejemplo, el licenciado Diego de Monroy, clérigo, en 1583 envió a sus hermanas, naturales y vecinas de Zafra, jengibre desde Santo Domingo y doce años después se encontraba avecindado en la ciudad de Concepción de la isla Margarita desde donde remitió una cantidad indeterminada de perlas118.

        Los destinos fueron extremadamente diversos por lo que hemos optado por agruparlos en función a las cuatro demarcaciones virreinales de finales del siglo XVIII, además de Filipinas, en el continente asiático. En Nueva España incluimos todas las islas Antillanas y lo que hoy es Norteamérica y Centroamérica. En el de Nueva Granada entrarían los actuales estados de Colombia y Venezuela, así como las islas Margarita, Cubagua y Trinidad. En el virreinato peruano los actuales territorios de Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Y finalmente en el Río de la Plata los actuales estados de Paraguay, Uruguay y Argentina. Conste asimismo, que sólo hemos contabilizado el destino inicial, aunque después se movieran dentro del continente e incluso pasando a Asia a través del galeón de Manila. También hemos excluido a todos aquellos cuyo destino era genéricamente las Indias, muy a pesar de que hasta los dos primeros decenios del siglo XVI es obvio que se dirigían a las Antillas o a Tierra Firme, ambas en el virreinato novohispano.

Cuadro VII

Destinos de los emigrantes zafrenses

 

LUGARES

SIGLO

XVI

SIGLO

XVII

SIGLO

XVIII

TOTAL

ABSOLUTO

%

NUEVA ESPAÑA

406

70

9

485

49,59

PERÚ

254

77

3

334

34,15

NUEVA GRANADA

118

18

1

137

14,00

FILIPINAS

1

13

2

16

1,63

RÍO DE LA PLATA

4

1

1

6

0,61

TOTALES

783

179

16

978

100,00

 

 

         De los 1.064 emigrantes que tenemos identificados conocemos su destino exacto en el 91,9% de los casos. De ellos casi la mitad se dirigió al virreinato de Nueva España, mientras que poco más de un tercio lo hizo al virreinato peruano. El 14,00% lo hizo a Nueva Granada, siendo los demás destinos absolutamente marginales. Obviamente todos ellos se dirigen a las Colonias españolas de América o de Asia, con una sola excepción en la que el zafrense en cuestión aparece residiendo en las Indias de Portugal –Brasil- pero en 1627, es decir, cuando Portugal estaba unida a la Corona de Castilla. Por lo demás, no es de extrañar que casi la mitad se dirijan al virreinato novohispano ya que la mayor parte de los emigrantes zafrenses cruzaron el océano en el siglo XVI, cuando este destino tuvo su apogeo. En el siglo XVII, tras la puesta en explotación de las minas del Cerro Rico de Potosí, el virreinato del Perú desbancó en preferencias al de México, y de hecho, fue el destino mayoritario entre los emigrantes zafrenses del siglo XVII. Los demás destinos son mucho más marginales como también lo fueron esos territorios durante la época colonial. No fue casualidad que los virreinatos de Nueva Granada y del Río de la Plata se creasen en el siglo XVIII, cuando la emigración zafrense en particular y la española en general había declinado considerablemente.

         En algunos casos la concentración de paisanos en un lugar concreto se debía al efecto llamada que hacían estos mismos a sus parientes, mediante cartas, o incluso, al alistamiento en masa para alguna expedición, como las realizadas a La Florida, primero por Hernando de Soto y luego por Lucas Vázquez de Ayllón. En ambos casos, encontraron una buena acogida en esta localidad. Y es que la solidaridad no sólo se extendía a miembros de una misma familia sino a los paisanos, incluso a aquellos con los que no guardaban ningún parentesco.

 

GUERREROS Y SANTOS

En este apartado incluimos a conquistadores y a religiosos. A fin de cuentas, unos y otros fueron los peones que hicieron posible la conquista del continente americano, pues la espada y muy especialmente la cruz fueron las armas supremas de la conquista. De hecho, la cristianización de los nativos se entendió como el auténtico cimiento de la ocupación, pues los misioneros fueron los encargados de apuntalar el nuevo orden establecido tras la toma de cada territorio, evitando posibles alzamientos. Hubo no pocos conquistadores que terminaron sus días como curas y asimismo, clérigos y frailes que se comportaron como conquistadores. Es famoso el caso del conquense Alonso de Ojeda que, tras varios lustros guerreando y asesinando indios por aquí y por allá, acabó sus días meditando sobre sus grandes crueldades en el convento de San Francisco de Santo Domingo. Un caso muy similar es el del zafrense Gonzalo Cuadrado que llevó una vida absolutamente novelesca. A principios de los años treinta luchó en la conquista del incario a las órdenes del adelantado Hernando de Soto. Posteriormente acompañó a su jefe en la fracasada expedición a La Florida. Afortunadamente se contó entre los supervivientes pero debió pensar que debía dedicar el resto de sus días a agradecer a Dios que le hubiese dado la oportunidad de seguir viviendo. El 8 de julio de 1549 profesó en el convento de San Agustín de México119.

Entre los primeros conquistadores hemos de empezar citando a Ferrand González y a Antón Sánchez, el primero escudero de a pie y el segundo ballestero, que estuvieron presentes en la segunda travesía colombina. Bastantes más participaron en la conquista de Nueva España, a saber: los hermanos Martín y Sancho de Barahona, Cristóbal Martín de Zafra, Juan Pacheco, que luchó junto a Pedro de Alvarado, y Francisco de Mendoza que, desde 1528, estuvo a las órdenes de Hernán Cortés en la conquista de la región de Jalisco120. También en Nueva España anduvo Rodrigo Álvarez que se alistó en la expedición del salmantino Francisco Vázquez de Coronado en busca de las míticas Siete Ciudades de Cíbola. La expedición partió en abril de 1540 de San Miguel de Culiacán, regresando tres años después a México, exhaustos y obviamente sin haber encontrado más que míseras aldeas indígenas.

Destacadísima fue la participación de zafrenses en la fallida y desastrosa expedición del barcarroteño Hernando de Soto a La Florida. Como es bien sabido, el barcarroteño permaneció en el incario hasta su regreso a España en 1536. No estaba dispuesto a conformarse con las migajas que los Pizarro le daban y quería su propia gobernación. El Emperador en esta ocasión colmó plenamente sus aspiraciones, al concederle, en la capitulación firmada en Valladolid el 20 de abril de 1537, el título de adelantado, capitán general y gobernador de la Florida y de Cuba121. Pretendía asumir la gobernación de unas tierras que habían dejado vacantes los difuntos Pánfilo de Narváez, su suegro, y el antiguo juez de apelación de La Española, Lucas Vázquez de Ayllón. Por fin, como había soñado, el extremeño gobernaría sobre un territorio de unas 20 leguas en cuadra. El 6 de abril de 1538 zarpó de Sanlúcar de Barrameda rumbo a La Habana con cerca de un millar de hombres, exactamente 950. En este puerto cubano permaneció en calidad de gobernador casi un año, hasta su marcha definitiva a la Florida, el 18 de mayo de 1539. Entre sus hombres figuraban como mínimo 19 zafrenses, a saber: el capitán Luis de Moscoso, Cristóbal de Moscoso, Juan de Alvarado, Alonso de Oviedo, Gonzalo Cuadrado, Diego Sánchez, Hernando de Figueroa, Alonso Vázquez, Francisco de Tapia, Gonzalo Melgar, Bartolomé Hernández, Juan Sayago, Alonso de la Puente, Pablo Hernández, Martín de Peñalosa, Rodrigo Álvarez, Lope Alonso Vacamorena, Juan de Coles y un tal fulano Jaramillo122. Una parte de ellos tuvo un destino trágico.

El más destacado de ellos fue Luis de Moscoso, un verdadero trotamundos que se recorrió América de norte a sur. Sabemos que acompañó a su pariente Pedro de Alvarado en la conquista de Guatemala, pasando al año siguiente a El Salvador. Según consta en un acta de cabildo del 17 de junio de 1530, transcrita por varios cronistas, entre ellos Remesal, fue nombrado teniente de gobernador de San Salvador y enviado con una tropa de 150 hombres al sur de la gobernación para fundar y poblar una villa. Con ello pretendía Pedro de Alvarado solventar las competencias jurisdicciones con Pedrarias Dávila. Rodolfo Barón Castro, máximo estudioso de la historia de El Salvador, siguiendo a varios cronistas, considera al zafrense fundador de la villa de San Miguel, en la región de Popocatepec123. Luego lo encontramos junto al barcarroteño Hernando de Soto en el Perú con quien al parecer regresó a España. En abril de 1538 se reembarcó en la expedición a La Florida, buscando infructuosamente la fuente de la eterna juventud. Al parecer, fue el descubridor del Mississippi, haciéndose cargo de los expedicionarios a la muerte del barcarroteño124. Tras sobrevivir, se asentó en la ciudad de México para acompañar al virrey Antonio de Mendoza de nuevo al Perú, donde finalmente falleció en torno a 1561. Quizás no me equivoque si digo que fue el zafrenses que más kilómetros recorrió en la América del siglo XVI.

Con el malogrado Cristóbal de Olid, en la conquista de Honduras, figuró Alonso de Zafra quien, tras la muerte de su capitán, se avecindó temporalmente en Trujillo (Honduras). Unos años después tomó parte en la conquista de Nueva Galicia, al norte de México.

         No menos notable fue la presencia de paisanos en la conquista del incario, siendo el más destacado Francisco Maraver –o Malaver-. Había vivido algunos años en Nicaragua, llegando al Perú en la hueste de Sebastián de Belalcázar125. Posteriormente, participó, en calidad de caballero, junto a Francisco Pizarro en la celada de Cajamarca126, recibiendo en el reparto del botín de Atahualpa la estimable suma de 7.770 pesos de oro y 362 marcos de plata127. Volvió a España en 1535, registrando en Sevilla nada menos que 30.000 pesos de oro y 1.750 marcos de plata128. Al parecer, retornó al Perú, tomando parte en la guerra civil al principio del lado de Gonzalo Pizarro y luego en el bando realista, es decir, a las órdenes del virrey La Gasca. También Diego Gutiérrez de Mendoza estuvo junto al trujillano Francisco Pizarro, estando presente en 1539 cuando se fundó la ciudad de Arequipa. En el bando contrario, es decir en el almagrista, luchó Francisco Núñez quien, al parecer, se contó entre los que entraron en la cámara del gobernador Francisco Pizarro cuando éste fue asesinado. En la guerra civil subsiguiente entre los seguidores de Gonzalo Pizarro y los del virrey La Gasca tomaron parte también zafrenses en ambos bandos. En el primer grupo figuraban al menos cinco, a saber: los capitanes Gómez y Alonso de Alvarado, el capitán Cristóbal Mosquera -según Fernández de Oviedo hermano de los dos anteriores129-, Álvaro Guerrero y Alonso de Llerena. Mientras que en el bando contrario, es decir, en el realista, lucharon a las órdenes de Diego Centeno al menos dos zafrenses, Francisco Malaver y Diego Álvarez130. Tras ser vencidos los pizarristas se libraron de la pena capital, siendo condenados, como era frecuente en esos casos, al destierro del Perú.

        Debió ser cuanto menos chusco encontrarse en el campo de batalla viejos conocidos de la infancia, luchando entre ellos a varios miles de kilómetros de la tierra que los vio nacer.

         En el reino de Chile también hubo representación, entre ellos Juan de Cabrera, que en 1540 acompañó a Pedro de Valdivia, y Francisco Gómez Hidalgo. El primero se instaló en esa gobernación, desempeñando el cargo de regidor y alcalde ordinario de la ciudad de Concepción. Pero, compaginó sus cargos públicos con sus servicios de guerra en el sometimiento de los pueblos rebeldes. Pagó caro su arrojo, pues en 1555, cuando sólo contaba con 37 años, falleció violentamente en un encontronazo con los nativos. No tuvo mucha más suerte el segundo que perdió la vida igualmente en combate, concretamente en 1563 durante la escaramuza de Lincoya. Se necesitaba verdadero valor para adentrarse en la frontera chilena, donde se combinaba la dura resistencia de los araucanos con una naturaleza extraordinariamente agreste, con selvas tupidas, ciénagas, montañas y humedales131.

         Entre los religiosos destacaron un buen número de clérigos y frailes que estuvieron presentes en los más diversos rincones de América y de Filipinas. Es obligado empezar hablando de fray Marcos Ramírez de Prado que, aunque por circunstancias familiares nació en Madrid, pertenecía a una linajuda familia zafrense. No se puede considerar un hijo de Zafra pero al menos sí un personaje estrechamente vinculado a la localidad. Al parecer, su estirpe era oriunda de Segura de León132, pero estaba afincada en Zafra al menos desde principios del quinientos. Sus padres eran el licenciado Alonso Ramírez de Prado, bautizado en Zafra el 11 de febrero de 1549, y María Velázquez, siendo don Marcos Ramírez el cuarto de sus hijos. Dado que su padre era consejero de Felipe II, Marcos nació en la capital del reino el 24 de abril de 1592, bautizándose en la parroquia de San Ginés133. Su carrera eclesiástica comenzó en 1633 cuando fue nombrado obispo de la diócesis mexicana de Chiapas, cargo que ostentó hasta 1639. Buen comienzo empezar en una seo cuyo primer prelado fue el admirado defensor de los indios, fray Bartolomé de Las Casas. En ese año de 1639 promocionó al obispado de Michoacán, cuya catedral se encontraba en la ciudad de Valladolid. Fue aquí donde desempeñó la mayor parte de su obra, pues se mantuvo en el cargo, hasta 1666, es decir por espacio de 27 años. Emprendió una notable reforma de la diócesis de Michoacán que ha sido estudiada y ensalzada por la historiografía mexicana134. Se empeñó especialmente en velar por las buenas costumbres tanto del clero como de los feligreses, así como en sanear las finanzas de su diócesis135. Después de varios lustros de reivindicaciones consiguió que la Corona y los feligreses se implicaran en la financiación de la nueva catedral, pues la antigua estaba mal cimentada y amenazaba ruina. El 6 de agosto de 1660, tras una solemne procesión, el zafrense colocó la primera piedra de lo que varios años después será una de las más vistosas catedrales de Norteamérica136. El máximo especialista de su vida y obra resume su paso por la sede michoacana con las siguientes palabras:

 

         El año de 1666, fray Marcos Ramírez de Prado, fue promovido a la sede metropolitana. Con ello, culminaba una larga gestión frente a la iglesia de Michoacán, y dejaba tras de sí un cabildo fuerte y consolidado, una Iglesia reformada, ordenada y fortalecida, y una catedral en plena construcción. Dejaba tras de sí la simiente de lo que vendría a ser con el tiempo el Gran Michoacán y los cimientos de lo que sería su monumental iglesia catedral137.

 

         No obstante, también su biografía registra algunas sombras, o al menos decisiones en las que a nuestro juicio se equivocó. Nada más llegar a su diócesis conoció el dramático caso de Sor Feliciana de San Francisco, una monja del convento dominico de Santa catalina de Siena que su antecesor en la diócesis, fray Francisco de Rivera, había obligado a profesar contra su voluntad. Ella quería servir a Dios desde el matrimonio y la maternidad no desde una clausura. Las propias monjas del cenobio apoyaban a la pobre Feliciana y pedían la nulidad de los votos, pero el nuevo obispo nunca quiso actuar en contra de su antecesor, máxime cuando era ya fallecido. En vez de dictar un bando para que abandonase inmediatamente la clausura dilató el proceso hasta 1547, y posteriormente se las ingenió para que la infortunada monja aceptase que se declarasen nulos sus votos a cambio de que hiciese una nueva profesión, lo que ocurrió el 15 de abril de 1655. Para entonces, Feliciana tenía ya 40 años y se conformó, después de 23 años de lucha, con el triste consuelo de reconocérsele parcialmente la razón al declararse, como pedía, nulos sus votos iniciales. El investigador Jorge E. Traslosheros lo justifica en base a los problemas de conciencia a la hora de condenar la actitud de un prelado difunto y de paso perjudicar a la institución eclesiástica138. Obviamente, visto desde nuestros días pensamos que debió ser más valiente y no salvar a su antecesor ya fallecido a costa de condenar a la desdichada Feliciana que se pasó más de media vida entre sollozos y lamentos por lo que ella consideraba una vida conventual desgraciada. En cualquier caso, hay que decir que fray Marcos Ramírez se comportó como en aquella época se esperaba que se comportase un obispo ejemplar, un hombre de Iglesia, aunque a los ojos de una persona de nuestro tiempo puedan parecer muy censurables algunos de sus comportamientos. En 1667 fue nombrado arzobispo electo de México, cargo que apenas tuvo tiempo de disfrutar porque le sorprendió la muerte139.

         Por cierto que no fue el único religioso oriundo de Zafra que anduvo en la catedral de Michoacán pues, a mediados del siglo XVI, desempeñó el puesto de deán el licenciado Diego Rodríguez, quien envió 2.000 ducados a Zafra para fundar una capellanía140.

         Por su parte el licenciado Francisco de Porras Mejía, fue un presbítero zafrenses con grandes ambiciones políticas y económicas. Se trasladó a vivir a Sevilla donde recibió varios poderes para cobrar dineros en dicha ciudad141. Obtuvo el cargo de capellán la Casa de la Contratación desde donde pasó a ostentar, a finales del siglo XVI, el puesto de maestreescuela de la catedral de Santa Fe de Bogotá, siendo luego provisor y arcediano de esa misma seo en cuyo cargo falleció en 1604142.

El clérigo Diego López de Mesa, nació en Zafra en 1543, ingresando como jesuita el 20 de febrero de 1565. Llegó a México en 1572, desempeñando desde 1578 el rectorado del colegio del Espíritu Santo de Puebla de los Ángeles. Posteriormente ostentó el mismo cargo del colegio de Valladolid y del de Pátzcuaro. Murió en el colegio de la Compañía de Jesús de México en 1615.

El licenciado Gómez de Ribera, clérigo, hijo de Alonso García Panduro El Viejo y de Catalina Estévez, arribó al virreinato peruano a principios del último cuarto del siglo XVI. Ostentó diversos puestos de escasa relevancia, como el de presbítero del pequeño pueblo de Machaca, en la provincia de los Pacares, virreinato del Perú. Sin embargo, el 30 de marzo de 1628 figuraba como canónigo de la Catedral de San Juan143.

         El agustino fray Pedro Ramírez, natural de Zafra, pero también en esta ocasión de padres oriundos de Segura de León, pasó a méxico en 1603 como confesor del virrey marqués de Montesclaros. Aunque nunca desempeñó altos cargos, tuvo una gran capacidad de influencia por su cercanía al virrey. En 1607 cuando este último promocionó al virreinato peruano se trasladó con él, estando presente en 1609 cuando Francisco de Ávila, cura doctrinero de San Damián, se presentó ante el arzobispo Lobo Guerrero y ante el virrey con más de 600 ídolos144. Quedaron todos tan perplejos que decidieron poner en marcha una campaña de extirpación de idolatrías. Al parecer, en 1615 regresó a la Península, siendo elegido dos años después provincial de su orden en Andalucía, falleciendo el 9 de abril de 1627.

         Entre los frailes encontramos algunos con un currículum destacadísimo, como el dominico fray Juan de los Ángeles, quien se embarcó rumbo a las islas Filipinas en 1635. Había profesado en el convento dominico de Zafra nueve años antes y desempeñó los cargos de vicario en la isla de Formosa y, posteriormente, en Manila. Luego fue rector de la Universidad de Santo Tomás, definidor provincial y comisario del Santo Oficio, falleciendo en la isla asiática el 11 de marzo de 1686 cuando debía estar en torno a los 80 años de edad. También a Manila viajó el dominico fray Francisco Luján en 1670, cuando contaba con 22 años de edad. En la capital filipina fue lector de Teología en el colegio de Santo Tomás, pasando a China en 1676 junto a una delegación de dominicos. Poco tiempo después fue expulsado de tierras del Gran Khan junto a sus compañeros, regresando al ya citado convento filipino. Por circunstancias que desconocemos, en 1710, emprendió su regreso a España, pero no consiguió su objetivo pues pereció en el mar, cuando el buque en el que viajaba navegaba a la altura del golfo de Guinea.

 

ESCRITORES

         Otros destacaron dentro del campo de las letras, entre los que hemos de contar nada menos que a cuatro cronistas de Indias, de los que sólo tres de ellos llegaron a pisar tierras americanas. Empezaremos por Juan de Coles El Joven. Hijo de Juan de Coles El Viejo y de Luisa Rodríguez, nació en Zafra a principios del quinientos. Siendo aún joven se trasladó a vivir a la entonces llamada Villanueva de Barcarrota –hoy Barcarrota a secas-, donde se desposó con una viuda que tenía tres hijas de su anterior matrimonio, Beatriz, María y Catalina145. Gracias al Inca Garcilaso de la Vega sabemos que dejó escrito una Breve relación de la conquista de la Florida y de las hazañas de Hernando de Soto y sus sesenta compañeros. El manuscrito no se ha conservado, pues, ya el propio Garcilaso lo encontró bastante carcomido. En el citado documento de Juan de Coles fundamenta el Inca su opinión de que Hernando de Soto era natural de Barcarrota. Lo curioso es que el tiempo parece haberle dado la razón, pues pruebas recientes parecen confirmar el origen barcarroteño de Hernando de Soto146. Probablemente fue uno de los supervivientes de la desgraciada expedición del barcarroteño por tierras norteamericanas147.

         El segundo de los cronistas fue Pedrarias de Almesto, nacido en Zafra el 2 de agosto de 1536, hijo de Rodrigo de Gundián y de Inés Hernández de Orellana, viviendo su infancia y juventud en su localidad natal148. En torno a 1552 se debió embarcar rumbo al Perú, pues está documentada su presencia en tierras peruanas al menos desde principios del año siguiente. Fue testigo presencial de la ejecución del insurrecto Francisco Hernández Girón así como de la llegada, en junio de 1556, del tercer virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete149. El 26 de septiembre de 1560 partió en la famosa expedición de Omagua y el Dorado, capitaneada por Pedro de Urzúa y Lope de Aguirre. Pues, bien, el conocimiento de esta jornada, que ha sido llevada incluso al cine, se ha fundamentado básicamente en su crónica150. Pese a participar en ella, el zafrense se mostró crítico con algunas actitudes de sus compatriotas que, infringieron correctivos excesivos a los desdichados nativos:

 

         Estaban con tanto temor de los indios que, viniendo un día de paz ellos, pensando que era cautela y que los venían a matar, para aterrorizar a los demás, mataron dentro de un bohío –casa indígena- más de cuarenta de ellos a estocadas y puñaladas151.

         Su denuncia fue contundente, demostrando nuevamente como en la América de la Conquista se uso el terror de manera sistemática para someter a la población indígena. Como es bien sabido, la expedición acabó mal, como todas las que se dirigieron en busca del mítico dorado, siendo asesinado el capitán y sufriendo el zafrense la persecución de Lope de Aguirre. Tras vivir algún tiempo en Santa Fe de Bogotá, donde al parecer vivía en 1567, y viendo en peligro su vida, decidió refugiarse en la pequeña localidad de Villeta, muy cerca de Asunción del Paraguay. Sin embargo, el destino le tenía preparado un final trágico, pues, allí fue asesinado en 1572 por su yerno, Pedro Martín de Villeta152. La madre del cronista, que pidió la pena de muerte para los asesinos de su hijo, todavía reclamaba en 1579 unos 50 pesos de oro que le seguían debiendo de la herencia de su difunto vástago153.

         El tercero fue Hernando Machado, nacido en Zafra el 15 de septiembre de 1557 en el seno de una familia acomodada. Al parecer, se formó en latinidad junto al también zafrense Antonio Márquez, estudiando leyes en Salamanca, ciudad en la que coincidió con su paisano Pedro de Valencia154. En torno a 1592 se embarcó rumbo al Perú, con el cargo de relator de la audiencia de Quito155. Junto a él viajaron su mujer Ana Núñez, su hijo, varios criados y un hermano del jurista, llamado Juan Alonso Machado156. Desempeñó eficazmente su trabajo hasta que, el 31 de diciembre de 1607, fue designado fiscal de la audiencia de Chile, cargo que por diversas circunstancias no ocupó hasta 1610. En esa institución terminaría su carrera, pues, el 13 de marzo de 1620 fue nombrado oidor de la misma institución157. A juicio de algunos especialistas, Hernando Machado tenía cualidades, capacidad y prestigio para haber desempeñado cargos más elevados dentro de la administración indiana, como gobernador o incluso virrey, pero eso se decidía en España y había que tener contactos con la élite nobiliar de los que él carecía.

         Lo cierto es que nunca se olvidó totalmente de su tierra, pues en varias ocasiones remitió diversas cantidades a su hermano, el licenciado Francisco Machado, clérigo presbítero que vivió y murió en Zafra158. En 1621 –nueve años antes de su óbito- terminó su interesantísimo memorial sobre la guerra de Chile que todavía hoy resulta muy esclarecedor. El zafrense y su mujer fueron inhumados en la iglesia de San Francisco de la ciudad de Santiago de Chile. Sus hijos se integraron en la élite criolla, unos haciendo carrera eclesiástica y otros desposándose con distintos miembros de la élite159.

         Y finalmente, no podemos dejar de citar en este apartado al gran humanista zafrense Pedro de Valencia que, aunque nunca pisó el Nuevo Mundo, escribió extensamente sobre las Indias a partir de las relaciones que pudo leer. De especial interés es su Historia de la Guerra de Chile que la escribió por encargo a partir de 1613, utilizando muy variadas informaciones, entre ellas las que le proporcionó su buen amigo y paisano Hernando Machado160.

 

FUNCIONARIOS Y MIEMBROS DE LA ÉLITE

         Entre los funcionarios debemos empezar por el escribano Gómez de Rivera que, en 1500, viajó en la flota que llevó al pesquisidor aragonés Francisco de Bobadilla a La Española161. Según Vivas Tabero había nacido en 1456 y, tras servir unos años como escribano de cámara del obispo de Badajoz, pasó a América. Fue precisamente él quien leyó a Cristóbal Colón los poderes que portaba el aragonés y que precedieron a su juicio y posterior encarcelamiento162. Decidió no retornar en 1502 con el pesquisidor por lo que se libró de una muerte segura en el naufragio de la flota. Permaneció en La Española, donde ostentó un repartimiento de indios, lo cual compaginó con actividades más o menos ilícitas163. Estuvo implicado en las llamadas armadas de rescate a las islas lucayas en las que, sin motivo alguno, asaltaban a los indígenas, les robaban y los capturaban como esclavos164 En 1513 se embarcó como veedor en una de esas armadas en la que capturaron varias decenas de indios lucayos. En el transcurso de la jornada perdió la vida el capitán Juan de León por lo que el zafrense debió hacerse cargo del mando hasta su retorno a la capital dominicana. No tardó en montar otra de estas lucrativas expediciones, esta vez bajo su mando en la que nuevamente volvieron a capturar indios llamados guatiaos, es decir, de paz165. También mantuvo actividades comerciales más o menos legales, pues en 1514 nos consta que poseía una compañía comercial con Juan Bono de Quejo, armando barcos con los que rescataban perlas en el golfo de Cumaná166.

         Muchos otros simplemente se enriquecieron en el continente americano, llegando a forma parte de la élite de muchas de las villas y ciudades del Nuevo Mundo. A mediados del siglo XVI destacaron entre la élite de la provincia de Huanuco, en el Perú, varios hermanos, los capitanes Alonso y Gómez de Alvarado, así como Cristóbal y Luis de Moscoso de Alvarado, todos hijos del comendador Alonso Gutiérrez de Diosdado167 y, al parecer, primos de los Alvarado de Lobón o de Badajoz168. El que tuvo una actuación más destacada fue Gómez de Alvarado, aunque militó en el bando equivocado, es decir, en el Gonzalo Pizarro. Tras la derrota final en Jaquijaguana se salvó in extremis de la pena de muerte pero no vivió mucho más pues la muerte le sorprendió en 1556, siendo abintestato y sin tener herederos forzosos. Sus bienes fueron cuantiosos pero, una vez malvendidos y pagadas las mermas de su traslado, llegaron a la Casa de la Contratación, entre 1557 y 1558, unos 38.500 ducados. En ese momento empezó el enfrentamiento entre sus cinco herederas –cuatro hermanas y una sobrina, hija de otra hermana difunta- dos de ellas profesas en el convento de Santa Clara de Zafra169.

Sin embargo, el zafrense que mayor fortuna amasó en el continente americano, fue sin duda el capitán Fernando o Hernando Jaramillo de Andrada, que fue vecino y alguacil mayor del Santo Oficio de la villa de Potosí170. Éste debía ser el cerebro de la empresa, o al menos el más listo, de ahí que su fortuna personal se incrementara muy por encima que la de sus hermanos. En su testamento, fechado en la citada villa de Potosí, el 20 de febrero de 1605, dispuso infinidad de limosnas y obras pías, las más importantes en su tierra de acogida, donde sintiendo cargo de conciencia dejó 4.000 pesos para el hospital de indios de Potosí, aunque tampoco se olvidó de otros hospitales como los de la Ciudad de la Plata, La Paz, Arequipa, Chuchito, Cuzco, Huamanga, Lima, Ica, Concepción de Jauja, Hananguacas, La Nascao, Atunsora, Guadacheri y Arica a los que dejó 100 pesos a cada uno. Otros 1.000 pesos destinó para repartir a los pobres y menesterosos el día de su entierro, mientras que a sus indios de servicio les dejó cantidades que oscilaron entre los 100 y 200 pesos. Asimismo dispuso que se gastasen más de 6.000 pesos en sufragios por su alma en distintas villas y ciudades indianas. Tampoco se olvidó de su villa natal, siendo muy generoso con ella. Fundó dos capellanías en la colegial de la Candelaria, dotándola con un capital de 8.000 ducados de a once reales cada uno, de la que fueron sus primeros capellanes Francisco Jaramillo de Andrada, su primo hermano, y de la otra Alonso Jaramillo de Andrade, su sobrino. Asimismo destinó otros 8.000 ducados para dotar de rentas a una obra pía destinada a repartir anualmente una suma entre los más pobres de su localidad natal. Más de un menesteroso se pudo aprovechar de su generosidad. Como poseedor y patrono de la obra pía colocó a su sobrino Antonio Jaramillo de Andrada, con la única condición de que, si regresaba de las Indias Juan Jaramillo de Andrada, su hermano, éste asumiese el disfrute y posesión de la citada fundación. El 11 de marzo de 1609 el licenciado Pedro Benítez Marchena, clérigo contador de las rentas del duque de Feria, don Gómez Suárez de Figueroa y Córdoba, y Juan de Valerio Lázaro, en nombre del citado duque, tomaron a censo los 16.000 ducados de las capellanías y obra pías, comprometiéndose al pago anual de 800 ducados de a 11 reales, es decir, 299.200 maravedís. El 14 de diciembre de 1609 Francisco de Segura, mercader, e Isabel Sánchez, su mujer, vecinos de Zafra, tomaron a censo 12.600 reales de la obra pía que instituyó Fernando Jaramillo, comprometiéndose al pago de 630 reales anuales. Debió haber cierto pleito por las capellanías, pues el abad y el cabildo de la colegial dieron poder en 1615 para litigar a Juan Vázquez Romera. En 1616 era patrono Antonio Jaramillo de Andrada, mientras que medio siglo después, exactamente en 1666 era patrón de dicha capellanía el licenciado Juan Jaramillo de Andrada, presbítero, que disponía de un principal invertido de al menos 1.700 ducados, 1.300 de ellos sobre casas del duque de Alcalá en la ciudad de Sevilla. Los Jaramillo de Andrada gozaron en la segunda mitad del siglo XVII de enjundiosas rentas que les permitieron vivir entre la élite local zafrense. Antonio Jaramillo de Andrada disponía a mediados del siglo XVII de importantes rentas, entre ellas una de 300 ducados anuales que pagaba el concejo de Mérida171. Hubo decenas de personajes más que desempeñaron cargos en la administración local en muy diversas ciudades y villas indianas, como Juan Chacón de la Parra que a finales del quinientos era alcalde ordinario de Tunja.

         Y no podemos acabar este apartado sin al menos citar al marino Tomás Ugarte y Liaño, nacido en Zafra e1l 15 de abril de 1756, hijo de José Matías de Ugarte, oficial mayor de la contaduría de Zafra, y de Ana de Liaño172. Tras ingresar y estudiar en la Compañía de Guardias Marinas, con sede primero en Cádiz y luego en San Fernando, navegó en el tercer cuarto del siglo XVIII a lo largo y ancho del continente americano. Nunca más regreso a su villa natal de donde partió con cuatro años de edad. Si todo hubiese quedado ahí todos pensaríamos que su nacimiento en Zafra fue tan sólo una anécdota casual en su vida. Pero llama la atención que estando muy enfermo casi en las antípodas, nada menos que en Montevideo, tuviese un recuerdo hacia la villa que le vio nacer. Efectivamente, en su testamento, redactado el 5 de agosto de 1804, destinó 10.000 pesos a la fundación de un hospital en Zafra173. El 27 de septiembre de ese año falleció, a los 48 años de edad, siendo enterrado en la capital uruguaya.

 

LOS PERULEROS: EL NEGOCIO INDIANO

         El impacto del mundo indiano en Zafra fue extremadamente alto no sólo por los capitales que los emigrados remitieron a su localidad natal, sino por ser el núcleo comercial más importante de la Baja Extremadura desde el que se remitían y se recibían los capitales y las mercancías indianas. La villa ducal se convirtió en un importantísimo núcleo comercial, donde estuvieron radicadas desde el tercer tercio del siglo XVI varias compañías comerciales que trataban con las Indias. Unas se dedicaban a repatriar capitales no sólo de Zafra sino de muchísimas localidades de su entorno, mientras que otras se dedicaban al transporte y venta de mercancías en los puertos indianos, compatibilizándolo en ocasiones con la importación de género para su venta en la Península. Algunas de estas empresas duraron toda una vida, mientras que otras se limitaban a comprar género y, tras su venta, repartían beneficios, clausurando acto seguido la compañía. Pero también encontramos muchos emigrantes que, a título individual, se embarcaban con mercancías que una vez en Indias vendían. No se trataba de comerciantes profesionales sino de meros oportunistas que aprovechaban la ocasión del viaje para ganar un dinero aparentemente fácil174.

         La dinámica para repatriar capitales era siempre la misma: en América los dineros eran entregados a personas de confianza, donde el peso del paisanaje pesaba sobremanera. Estos a su vez tenían contactos en las flotas para hacerlos llegar a Sevilla a algún consignatario. Con frecuencia, entre el remitente y el perceptor, el dinero pasaba por cuatro o cinco manos. Así por ejemplo, en septiembre de 1591 Juan Gutiérrez, residente en el Perú, envió a Pedro de Santillana 150 pesos de a ocho reales. Pues bien, el dinero pasó por las siguientes manos: en Lima se lo entregó a Juan Gutiérrez Flores, quien lo consignó a nombre de Gonzalo de Carvajal. Este último lo debía entregar en Sevilla a Francisco Gutiérrez Flores quien, tras cumplimentar las correspondientes cartas de pago, los debía entregar al beneficiario final175. Asimismo, el 25 de enero de 1590, Ana González de Jaramillo se dio por entregada de dos pedazos de oro que le entregó en Zafra García Jaramillo de Jejás, remitido desde Sevilla por Fernando Jaramillo de Andrada, quien a su vez lo recibió consignado de Francisco Vázquez de Porras en el Nuevo Reino Granada que lo había recibido del hermano de la perceptora, Fernando Jaramillo176. Entre el remitente y el perceptor participaron tres personas, todas ellas bajo comisión.

         Para minimizar posibles percances los remitentes ingeniaban todo tipo de mecanismo. Con cierta frecuencia, para asegurarse de que al menos una parte del dinero llegaba a su destinatario, enviaban una parte a un consignatario y, la otra, a otro. Así, en 1584 Francisco Cabrera remitió a sus hermanas 300 reales de la herencia de Pedro López Segura, recibiendo 100 de ellos de manos de Diego Gutiérrez de Grimaldo y los otros 200 del bachiller Juan Gallego de Espinosa, clérigo presbítero, vecino de Llerena177. Asimismo, en 1589 Juan Santos Franco le envió a su hermano 192 pesos de los que 50 consignó a nombre de Francisco López de los Olivos y los 142 restantes al de Francisco Saucedo, ambos vecinos de Sevilla178. En otros casos, se ofrecían descripciones detalladas del apoderado, con el objetivo de disuadir una posible fuga de éste con el dinero. Si lo hacía, no sería difícil su identificación y posterior procesamiento. Por ejemplo, Isabel de Ayala, vecina de Zafra, dio poderes para cobrar los bienes de su hermano muerto en la Ciudad de los Reyes y describió a su apoderado Antonio Núñez, vecino de Mérida, como un hombre moreno de rostro y los ojos negros y grandes de edad de hasta veintitrés años poco más o menos179.

         Con frecuencia encontramos a familias enteras implicadas en estas compañías dedicadas a la repatriación de capitales. Nadie mejor que personas de la misma sangre para garantizar la honestidad. Se trataba de auténticos profesionales que se dedicaban a canalizar, enviar y repartir los dineros que los indianos pretendían hacer llegar a sus familiares. Una vez recibido en Sevilla, había dos posibilidades: que otro miembro de la empresa lo enviase con algún arriero a Zafra, o bien, que el beneficiario de Zafra apoderase a alguna persona para que fuese a la capital hispalense a recogerlo. En cualquier caso, cuando se trataba de alguna de las grandes empresas de repatriación de capitales lo más normal es que hiciesen el trabajo completo, es decir, que se encargasen de llevar el dinero desde los distintos puntos de la geografía Hispanoamericana hasta la misma villa de Zafra.

         Analizaremos algunas de las compañías más destacadas. La primera de ellas estaba formada por Diego Gutiérrez el Mozo, la esposa de éste María Gutiérrez, Diego Gutiérrez el Viejo, todos ellos de Zafra, y Cristóbal López Saucedo –o Salcedo- y sus dos hijos el licenciado García de Saucedo y Francisco de Saucedo, estos últimos originarios de Los Santos. Los dos más jóvenes, es decir Diego Gutiérrez El Mozo y el licenciado García de Saucedo vivían en Tierra Firme y México respectivamente y desde allí remitían los dineros de los emigrantes consignados a nombre de Francisco de Saucedo y éste a su vez los hacía llegar a Diego Gutiérrez El Viejo y a Cristóbal López Saucedo180. En 1590, Cristóbal López Saucedo se desplazó desde Sevilla a su localidad natal para entregar algunas partidas que diversos indianos enviaban a varios vecinos de la localidad181.

También se dedicaban a este negocio los hermanos Jaramillo de Andrada, todos ellos hijos de Juan Jaramillo de Andrada El Viejo. En 1579 pasaron al Nuevo Reino de Granada, Fernando Jaramillo de Andrada en compañía de sus hermanos Diego y García así como la esposa de éste María Álvarez Suárez. Pero Fernando Jaramillo regresó a Sevilla en torno a 1585 con nada menos que 99.470 pesos, una parte de ellos era de diferentes indianos y otra suyo y de su familia, destinados a comprar mercancías para llevarlas a vender a las Indias182. Al año siguiente ya estaba presto para partir, pues declaró haber invertido nada menos que 100.000 ducados en mercadurías, pidiendo licencia para acudir a la capital virreinal del Perú a venderlas183. Pero el negocio debió ser tan redondo que regresó, pues en enero de 1590 lo encontramos en Sevilla como un perulero más, dejando en las Indias a sus dos hermanos. También en esta ocasión traía bastante dinero, aunque desconocemos la cantidad exacta, una parte destinada a comprar nueva mercancía, y la otra para hacerlas llegar desde Sevilla a sus destinatarios184. No tardó en regresar, pero en esta ocasión ni se dirigió a Popayán ni a Lima sino al mayor emporio argentífero de su tiempo, la Villa Imperial de Potosí, donde se afincó desde 1592. Allí compaginó los negocios de su compañía con algunos cargos como el de alguacil mayor del Santo Oficio. No estuvo sólo, pues le acompañaban su hermano Alonso Jaramillo de Andrada -que poco después regresó a Zafra- y su hijo Juan Jaramillo de Andrada El Mozo185. Padre e hijo permanecieron en Potosí, aunque este último residiese en ocasiones en el puerto de El Callao, desde donde remitían los caudales, mientras que García y Diego lo hicieron en Antioquía, gobernación de Popayán. Otros dos hermanos permanecieron de manera más o menos estable en Sevilla, uno de ellos, Francisco Jaramillo de Andrada, presbítero, viviendo a caballo entre Zafra y Sevilla. Y finalmente, en Zafra residían Alonso Jaramillo de Andrada, clérigo presbítero, y Antonio, quienes se encargaban, por un lado, de hacer llegar los dineros a sus respectivos herederos y por el otro, de gestionar las inversiones de la familia186. No sólo repatriaban capitales de zafrenses sino también de vecinos de muy diversas poblaciones de la Baja Extremadura, como Los Santos, Fuente del Maestre o Valencia de Mombuey187.

Obviamente, los hermanos Jaramillo establecieron un impresionante entramado comercial que les reportó importantes beneficios. Siete hermanos y algunos sobrinos consagrados al negocio de la repatriación de capitales. La familia consiguió así una de las mayores fortunas de la Zafra de finales del siglo XVI y principios del XVII. El más rico de todos ellos fue Fernando Jaramillo de Andrada que todo parece indicar que era el más capaz e inteligente de la saga, quien mandó miles de ducados a Zafra, fundando dos capellanías con un capital principal de 8.000 ducados y una obra pía dotada con la misma cuantía para casar a pobres de la localidad188. Cifras verdaderamente astronómicas para la época; sólo estas dos fundaciones sumaron 16.000 ducados, lo que aproximadamente suponían más de 3,5 millones de euros actuales. Todavía en 1630 vivía en el puerto de El Callao, Juan Jaramillo de Andrada, hijo de Cristóbal Sánchez de Rivera y de Teresa Gutiérrez, difuntos, quien remitía dineros a su hermana María Herrezuelo de Andrade189.

         El mismo negocio exactamente tenían los hermanos Pedro y Juan Rodríguez Zambrano, ambos naturales de Zafra. El primero residía en Panamá y el segundo en Lima, desde donde gestionaban el cobro de herencias de zafrenses fallecidos en aquellos territorios190. Una vez captados los caudales los remitían consignados a su otro hermano, el presbítero Diego Rodríguez Zambrano, residente en Sevilla. Éste a su vez los entregaba a algún arriero para que lo custodiase hasta Zafra. También trabajaban juntos Pedro Mexía de Aguilar que residía permanentemente en la ciudad de Quito, captando capitales del virreinato peruano, mientras que Jerónimo de Paredes o Francisco Feo de Olivares viajaban en las flotas con el dinero para entregarlo en Sevilla.

         Asimismo los Gordillo mantenían todo un negocio comercial; en Lima vivían Alonso y Diego Martín Gordillo quienes realizaban las gestiones para repatriar los capitales. El segundo de ellos viajaba en algunas ocasiones en las flotas custodiando personalmente el dinero. A Sevilla acudían con frecuencia tanto este último como su hermano Francisco Martín Gordillo quien a su vez solía colaborar con Francisco Díaz Bermejo191, y en Zafra lo recibían sus progenitores, es decir Salvador Martín e Isabel Gordillo quienes se encargaban de entregarlos a sus respectivos dueños, otorgando las correspondientes cartas de pago192. Por ejemplo, en 1604 regresó de Sevilla Diego Martín Gordillo con los capitales que desde Lima le había enviado su hermano Alonso en la flota de ese año. Traía dineros para numerosas personas, quienes se debieron personar ante el escribano público Agustín de Paz Tinoco para otorgar la correspondiente carta de pago. Concretamente los capitales eran los siguientes:

 

Cuadro VIII

Capitales traídos a Zafra por

Diego Martín Gordillo en 1604193

 

Beneficiario

Vecindad

Remitente

Cantidad

(en maravedís)

Catalina Rodríguez,

Zafra

Doña Leonor de Toro

1.360

María Sánchez

Zafra

Doña Leonor de Toro

1.088

Isabel López, viuda de Juan Sánchez

Zafra

Doña Leonor de Toro

3.332

Blas Hernández, hortelano, marido de María García

Zafra

Doña Leonor de Toro

2.176

Álvaro Alonso Sedero en nombre de Beatriz de León

Zafra

Doña Leonor de Toro

1.360

Alonso Pérez Gordillo, marido de Isabel Sánchez

Zafra

Doña Leonor de Toro

1.360

Alonso Zambrano

Zafra

Doña Leonor de Toro

5.100

Elvira López Adame, viuda de Juan Zambrano

Fuente del

Maestre

Su suegro Miguel Sánchez Zambrano

1.700

Pedro Gómez

Zafra

Su hijo Francisco Gómez

3.400

TOTAL

 

 

20.876

 

            En total eran poco más de 20.000 maravedís, no es que fuera una gran cantidad pero seguramente en una época donde circulaba poco dinero sirvió para aliviar la precaria economía de algunas familias de la localidad.

        Otra de las familias implicadas en la repatriación de capitales eran los Vera, concretamente tres hermanos, a saber: Jerónimo, Juan Lorenzo y Diego Matías. Los dos primeros residían en la última década del siglo XVI en Sevilla y el tercero en México. Éste captaba los dineros de los indianos en la capital novohispana y los consignaba a sus hermanos residentes en Sevilla. Luego tan sólo había que contactar con ellos en Sevilla y cobrárselos. Para ello, había en Zafra personas que se dedicaban a acercarse a Sevilla para gestionar el cobro de esos dineros con tales consignatarios. En la flota de 1595 llegaron diversas partidas para distintos vecinos de Zafra y todas ellas fueron enviadas desde México por Diego Matías de Vera y enviadas a Sevilla a nombre de Jerónimo y Juan Lorenzo de Vera194.

         Por su parte, los hermanos Alonso, García y Juan Velázquez de Acevedo eran naturales de la villa de Medellín, hijos del doctor Alonso Velázquez y de Guiomar de Acevedo. El primero residía en Zafra, donde testó en su nombre y en el de su hermano en 1600195. En cambio, García y Juan Velázquez marcharon a las Indias, residiendo largos años en Lima. García murió en el virreinato peruano, mientras que Juan Velázquez regresó en 1597 a España, falleciendo en Valdetorres, jurisdicción de Medellín en 1598. Juan Velázquez, era socio y amigo del zafrenses Hernando Martel de Mosquera. El cometido del medellinense era el mismo que el de otros peruleros, es decir, captar capitales indianos, casi siempre en Lima pero en alguna ocasión también en Panamá, y traerlos personalmente o remitirlos a su hermano Alonso Velázquez. A veces se trataba tan sólo de invertirlos en rentas, descontando por supuesto el coste de los fletes, las averías, las licencias, los escribanos así como las comisiones de los peruleros y arrieros. En otros, el cometido era algo más complejo; así el 3 de marzo de 1596 Juan Velázquez recibió en Lima 1.400 ducados del religioso Pablo Núñez de Paredes, por mediación de Melchor Núñez de Prado. Con dicho capital debía, solicitar licencia del pontífice para que autorizase a Pablo Núñez a regresar a España, invirtiendo el sobrante en rentas, previendo un pronto retorno del interesado. La fortuna que amasaron Juan Velázquez de Acevedo y su mujer Isabel de Cabañas fue muy cuantiosa. Aunque ésta tenía un hijo de una relación anterior, fray Diego de la Serna, profeso en el convento de Nuestra Señora del Rosario de Lima, el matrimonio no tuvo hijos. Por ello en su testamento, redactado en Valdetorres, jurisdicción de Medellín en 1598, dejó por heredero a sus hermanos, Alonso, Beatriz, Isabel, Mayor, Elvira, Francisca y Leonor, las tres últimas monjas profesas. Asimismo, ordenó la fundación de un colegio de dominicos en Mérida, en la casa de San Andrés, bajo la advocación de San Juan Bautista y con unos estatutos muy similares al de San Gregorio de Valladolid.

         Y finalmente, citaremos el caso de los Gutiérrez Flores, pues Juan residía en Lima, y consignaba los caudales a su hermano Francisco, a través de peruleros que los custodiaban en las flotas.

Tampoco faltaban quienes trabajaban a título individual, muchos de ellos clérigos, como el licenciado García de Paz, Francisco de Mesa, Francisco Hernández Príncipe, Diego Gutiérrez Grimaldo, Alonso Malaver Herrezuelo, Francisco Díaz Bermejo, así como Juan Rodríguez Lanzarote, los hermanos Salvador y Bartolomé de Grimaldo y Francisco Vázquez de Porras. A todos ellos los encontramos en el tercer tercio del siglo XVI y principios del XVII relacionados con el comercio indiano; algunos como peruleros, otros enviando capitales y, finalmente, otros recibiéndolos en Zafra. Algunos, después de estar varios lustros haciendo el trayecto Zafra-Sevilla y viceversa, se decidían a cruzar el charco para conocer personalmente aquel mundo soñado. Fue el caso de Alonso Maraver que, tras estar desde 1570 recibiendo poderes para recoger caudales en Sevilla, a principios de los años noventa pasó al Perú como criado y, en 1592, se ordenó sacerdote. Algunos, como Francisco Vázquez de Porras, vecino de Popayán, o Bartolomé Sánchez Pavón, residente en la Ciudad Imperial de Potosí, no dudaban en embarcarse en la flota para custodiar personalmente los capitales. De hecho, el primero retornó a Zafra el 1597 y el segundo lo hizo en 1595196. Era una buena oportunidad para visitar viejos amigos, resolver asuntos familiares y conseguir apoyos comerciales para emprender algún nuevo proyecto. Por su parte, García de Paz, presbítero en la Candelaria, también tenía intereses comerciales, pues otorgó poderes en numerosas ocasiones para cobrar dineros en Sevilla197.

         Otros se encargaban de viajar en las flotas custodiando esos dineros hasta entregarlos en Sevilla. Algunos de esos peruleros eran naturales de Zafra, como Francisco de Aguilar Santana, que se declara vecino de Tunja y residente a veces en Sevilla y otras en Zafra, mientras que otros eran de villas y ciudades del entorno como Francisco Gallego, natural de Llerena, o Simón Vázquez, originario de Badajoz. Una vez en la capital Hispalense, el perulero tenía dos opciones: una, que subiese personalmente hasta Extremadura a entregar los dineros, aprovechando la ocasión para descansar unos días junto a sus familiares. Eso hizo al menos en una ocasión Francisco de Aguilar Santana que, tras regresar en la flota de 1583 con varias partidas de dinero, se personó en Zafra donde, tras protocolizar las entregas, permaneció hasta su reembarque en la flota de 1584198. Y otra, que entregase los caudales a un mercader o a un simple arriero para que lo transportase y custodiase hasta Zafra. Había decenas de arrieros que hacían la ruta entre Zafra y Sevilla, trayendo todo tipo de mercancías y capitales, incluidas barras de plata, joyas, perlas y capitales indianos. Algunos de ellos eran naturales de la primera localidad, como Juan Pérez, Diego Martín, Juan Yáñez o Luis Sánchez y otros de localidades del entorno como Juan de Morales, vecino de la Puebla de Sancho Pérez, Andrés Gómez, de Calzadilla de los Barros o Pedro García del Barco y Pedro Hernández, de la vecina villa de los Santos199. Zafrenses como Juan Rodríguez Lanzarote o Fernando Sánchez del Calvo, aparecen en reiteradas ocasiones obteniendo poderes para recoger en Sevilla lo mismo partidas de dinero líquido que barras de oro.

         La repatriación de capitales no era la única formas de hacer negocio con las Indias. El espíritu comercial imperante en la villa empujó a muchos de ellos a aprovecharse del tirón de las Américas para hacer negocios más o menos redondos. Con frecuencia, algunos aprovechaban la oportunidad de su marcha a las Indias o de su retorno de ellas para gestionar las licencias y el pasaje a otros vecinos a cambio de dinero. Fue el caso de García Jaramillo, que se concertó con Hernán Mexía para que llevase al hijo de este último, de su mismo nombre, a la gobernación de Popayán por un importe de 65 ducados200. En dicha cuantía estaba todo incluido, desde la gestión de la licencia, al pago del pasaje, la comida, el vestido y los gravámenes y comisiones. Pero, igual que se llevaban personas también aprovechaban el viaje para engordar sus equipajes con algo de género con el que poder obtener un dinero fácil a su llegada al otro lado del charco. Otros aprovechaban la presencia en Indias de un pariente para hacerles llegar paquetes de ropa para que las vendiesen y así obtener algún dinerillo extra. Fue el caso del boticario zafrense Francisco Durán que envió ropa blanca a su hijo Alonso Durán, residente en Puebla de los Ángeles, para que hiciese caja por aquellos lares. Efectivamente consiguió colocar el género, obteniendo en total 544 pesos de a ocho reales; el problema vino cuando el desconsiderado hijo decidió quedarse con el dinero y no remitirlo a su progenitor201. María Gutiérrez, viuda de Diego Gutiérrez de Grimaldo, envió ciertas mercancías a vender a las Indias con Diego de León y bajo la promesa de que le remitiera su parte de los beneficios. No lo hizo pero dejó dispuesto el pago de la deuda en su testamento que al parecer cobró su hija Mencía López de Grimaldo porque su madre era ya difunta202. Si todo salía según lo esperado se trataba de negocios redondos porque los mercados indianos, siempre estuvieron deficientemente abastecidos por las flotas indianas de ahí que las mercancías europeas siempre encontrasen personas dispuestas a pagar un buen precio203.

         Asimismo, numerosos peruleros de origen zafrense formalizaron compañías comerciales de muy diverso tipo. Así, Francisco Vázquez de Porras y Francisco Vázquez de Prada, naturales de Zafra pero residentes ambos en la gobernación de Popayán, formalizaron una compañía comercial por escritura que pasó ante el escribano de Sevilla Juan Bernal de Heredia el 19 de noviembre de 1578204. El primero invirtió 411 ducados mientras que el segundo puso 1070, sumando la inversión 1.481 ducados que invirtieron en comprar diez fardos de ruanes y anjeos y otras mercancías. Francisco Vázquez de Porras debía embarcarse con el género y venderlo al mejor precio en Indias, repartiéndose los beneficios, una vez devuelta la inversión y pagados los costes de fletes y averías, de la siguiente forma: dos tercios de los beneficios para el socio capitalista mayoritario y el tercio restante para el otro, como era frecuente en este tipo de asociaciones comerciales. Parece claro que, al menos en esta ocasión, Francisco Vázquez de Porras era el auténtico empresario, mientras que Francisco Sánchez de Prada no parecía más que el socio capitalista. Aprovechando el regreso de Francisco Vázquez de Porras a Zafra en 1597, cerraron cuentas que arrojaron beneficios superiores al 100% como podemos observar en las cifras que extractamos a continuación:

Cuadro IX

Compañía de comercio (1578-1597)205

INVERSOR

INVERSIÓN

BENEFICIO BRUTO

BENEFICIO NETO

Francisco Vázquez de Prada

401.250

741.449

340.199

Francisco Vázquez de Porras

154.125

370.724

216.599

TOTALES

555.375

1.112.173

556.798

 

         Esta compañía de los Vázquez, una societas típica de esta época206, tuvo una vigencia de 19 años, pues se formalizó en 1578 y no se cerraron las cuentas hasta 1597. Al final, por circunstancias que desconocemos el reparto no fue exactamente de 2/3 frente al tercio pero, dado que los beneficios fueron cuantiosos, ambos se dieron por satisfechos. En cualquier caso, no debe sorprendernos este alto porcentaje de ganancia, pues, cuando las cosas salían según lo esperados los márgenes de beneficios se movían entre el 80 y el 150%. Y ello para compensar los altísimos riesgos, pues cualquier pequeño imprevisto –naufragio, asalto corsario, retrasos- podía provocar una quiebra en cascada de mercaderes, cargadores y proveedores. No olvidemos que casi todas las personas involucradas en el tráfico indiano eran al mismo tiempo deudores y acreedores, pues el crédito fue casi consustancial al negocio indiano207. Los mercaderes compraban el género a plazos, abonando la totalidad del importe al regreso de la flota con los supuestas plusvalías de la venta. De ahí que las quiebras de compañías y de mercaderes individuales se convirtieran en endémicas en la segunda mitad del siglo XVI208.

         No fue ni mucho menos la única compañía comercial indiana que encontramos vinculada a Zafra. Sin ánimo de ser exhaustivos, Diego López, mercader de curtidurías, encabezó otra que se dedicaba a la importación y distribución de cueros y grana. Tenía delegados repartidos tanto en Nueva España como en Sevilla, donde se encontraba su hermano Alonso Rodríguez y Antonio Rodríguez Cabrera209. En 1582 se pagaron a Salvador y Bartolomé de Grimaldo, vecinos de Sevilla, 12.500 reales por 500 cueros que envió desde México Agustín Guerrero, a 25 reales la unidad210. En Santo Domingo, estaba afincado desde 1566 Hernando de Sanabria quien se dedicaba a mandar para su venta en Sevilla mercancías de la tierra, fundamentalmente cueros, azúcar, cañafístula y jengibre211. Y finalmente, en 1581 se formalizó en Lima una compañía, firmando Juan Rodríguez Riquelme, en nombre de su padre Diego Gutiérrez de Grimaldo, presbítero, vecino de Zafra, y Alonso Gutiérrez, también avecindado en la capital peruana212. En virtud de ese contrato el clérigo zafrense remitió en 1583 una cargazón de hierro desde Sevilla consignada, por orden del citado Alonso Gutiérrez, a Pedro Rodríguez Zambrano, vecino de Panamá213. Bien es cierto que, todavía en 1592 solicitaba su parte de los beneficios en función a los registros de mercancías que estaban en poder de su hijo, Juan Rodríguez Riquelme.

También en los años 80 del siglo XVI había establecida una compañía, probablemente de curtidos, entre Antonio Sarabia y Hernán Sánchez mercaderes de curtiduría, vecinos de Zafra, con Gómez de Silva, vecino de la ciudad de santo Domingo y pariente del primero. En enero de 1590 Antonio Sarabia obtuvo un préstamo de 2.000 reales para comprar género y remitirlo a vender a la ciudad Primada. mercancía214. Desconocemos todos los detalles sobre la contabilidad de esta empresa y los posibles beneficios.

         Pero, lo realmente importante es que desde Zafra se establecieron unas infraestructuras de comunicación directa con Sevilla y con las Indias. Me atrevería a decir que funcionó como la puerta de las Indias de la Baja Extremadura. Las compañías radicadas en la localidad no sólo importaban el dinero remitido por los indianos zafrenses sino también los de muchas personas de la comarca e, incluso, de lugares bastante apartados de Extremadura. Encontramos decenas de cartas protocolizadas en Zafra por vecinos de Los Santos de Maimona, La Parra, Feria, Fuente del Maestre, Llerena, Almendralejo y hasta Mérida y todo porque esos capitales se habían consignado a Zafra desde donde después se remitían a su perceptor final en la localidad correspondiente215. El 2 de junio de 1602, María Núñez de Olivares, vecina de Mérida, se personó en casa de Fernando Sánchez del Calvo, mercader de curtidurías, vecino de Zafra, y le otorgó poderes para que cobrase en Sevilla una barra de oro de 22 quilates y un gramo que el enviaba su hijo Alonso Pérez Ortiz, desde la ciudad de Zaragoza, en el Nuevo Reino de Granada216. Llama la atención que no otorgase poderes a algún vecino de Mérida, molestándose en desplazarse hasta Zafra para realizar el apoderamiento. Pero todo parece indicar que las relaciones entre América y la Baja Extremadura se hacía a través de la ruta Sevilla-Zafra, desde donde los capitales eran desviados a sus dueños legítimos. En 1604 Pedro Guillén Mexía consignó a Álvaro de la Peña, vecino de Zafra, 550 pesos de a ocho reales, con la intención de que se lo hiciese llegar a Lucrecia de Fonseca, viuda de Baltasar Álvarez de Vargas o a su hija Isabel de Vargas, ambas vecinas de la villa de Talavera, en la jurisdicción de Badajoz217. Nuevamente se trataba de capitales cuyo destino final no era Zafra pero que pasaban por allí, generando de una u otra forma riqueza a través del otorgamiento de escrituras, del pago de arrieros, comisiones, etc. Zafra funcionó en ese sentido como un centro de redistribución de capitales en la Baja Extremadura. En otros casos, estos vecinos de las poblaciones del entorno se presentan en Zafra a escriturar sin que apreciemos ninguna vinculación con Zafra, porque apoderan a personas de sus propios pueblos. Incluso algunos eran originarios de lugares bastantes más lejanos, como Gaspar Flores de León, vecino de la ciudad de Segovia, en la parroquia de Santa Olalla. Estando en Zafra se le ocurrió que, dado que se iba a América, quería dejar poderes a su esposa María de Olías y a su cuñado Vicente de Olías, vecinos también de Segovia, para que en su ausencia administraran sus bienes. Nuevamente queremos llamar la atención sobre el hecho de que el poder lo otorgase en Zafra y no en alguna escribanía de su ciudad natal o de la propia Sevilla218.

         Y para finalizar expondremos el caso de Nicolás Suárez Ortiz, vecino de Toledo, quien el 12 de marzo de 1609 otorgó poderes a Diego Martín, arriero de Zafra, para que llevase ciertas mercancías a Sevilla para entregar a Francisco de Moncada quien a su a su vez lo debía reembarcar en la flota de Nueva España219. La mercancía no era gran cosa: ocho piezas de jerguillas, un paño mezcla y un pedazo de picote de lana. Lo más probable es que lo hubiese adquirido en Zafra, de ahí que protocolizara en esta villa, lo cual nos estaría indicando un comercio a pequeña escala favorecido por el mundo indiano. Pero lo realmente interesante es que interpretó que su viaje acababa en Zafra y que desde ahí podía comprar o remitir el género sin necesidad de desplazarse hasta Sevilla. Y es que desde la villa ducal, antesala extremeña de las Indias, se podía gestionar fácilmente cualquier negocio relacionado con las colonias americanas.

         Esta presencia de indianos en la villa, de personas que iban o retornaban de las Indias, de otras que se personaban en la localidad a la espera de la llegada de los peruleros o de los arrieros con los capitales generó una gran actividad comercial. Ello influyó incluso en la venta de esclavos, pues encontramos numerosas cartas de compra-venta en las que estuvieron implicados peruleros, como podemos observar en el siguiente cuadro:

 

Cuadro X

Esclavos vendidos a peruleros

o indianos en Zafra220

 

FECHA

COMPRADOR

VENDEDOR

ESCLAVO

PRECIO

28-XI-1574

Álvaro Rodríguez Chacón, vecino de México

Luis Moreno, portugués

Luis, negro atezado de 20 años

32.538

10-X-1580

Francisco de Medina, vecino de Almagüey, gobernación de Popayán

Licenciado Alonso Ramírez, vecino de Zafra

Sebastián, negro atezado de 20 años

35.000

5-IX-1581

Hernando de Molina, vecino de Cuzco

Arias de Vargas, alcalde, vecino de Zafra

Francisco, negro atezado de 22 años

31.790

18-IX-1581

Hernando de Molina, vecino de Cuzco, en nombre del doctor Pedro Muñiz, arcediano de la iglesia de Cuzco

Andrés Sánchez Ruxaque, vecino de Fregenal

Catalina, negra atezada de 25 años

48.620

29-IX-1581

Hernando de Molina, vecino de Cuzco, en nombre de doña Teresa de Salazar

Hipólito de Escobar, vecino de Alburquerque

Esclava negra atezada de 16 años

18.700

29-IX-1581

Hernando de Molina, vecino de Cuzco

Alonso Hernández Pachón, zapatero, vecino de Zafra

María, negra de 20 años

54.230

29-IX-1581

Hernando de Molina, vecino de Cuzco

Bartolomé Martín, vecino del lugar de La Albuela

Victoria, negra atezada de 25 años

44.880

30-III-1582

Licenciado Toro, residente en la ciudad de Panamá

Licenciado Alonso Ramírez

Sebastián, negro atezado de 28 años

37.400

24-X-1597

Juan García Mayo, perulero, vecino de Calzadilla

Bartolomé Hernández, perulero, vecino de Zafra

Benito, mulato de 10 años

37.400

1-X-1614

Francisco Sáez, confitero y Domingo González, vecinos de Zafra

Licenciado Juan García Panduro, clérigo, en nombre de su hermano Pedro Gómez de Ribera, ausente en Indias

Lorenzo, negro atezado de 24 años

34.000

 

         No hemos pretendido ser exhaustivos, pero los casos citados nos permiten hacernos una idea de la liquidez que el dinero indiano aportó al mercado local. Además no sólo favorecieron el comercio sino que también sirvieron para capitalizar diversas empresas locales. Por ejemplo, en 1605, Juan Gutiérrez de Mesa pactó con su primo Alonso López Gutiérrez la creación de una compañía dedicada a la venta en Extremadura de paños y sedas, con una inversión inicial de 25.000 reales cada uno. Se trataba de una de tantas tiendas textiles que había en la villa a la que acudían vecinos de toda la Baja Extremadura221. Dado que el primero no tenía capital suficiente solicitó ayuda a sus hermanos Fernando López de Mesa y Alonso de Mesa Gutiérrez, clérigo, como administradores de la hacienda de Luis Gutiérrez de Mesa, estante en el Perú. Y efectivamente, le prestaron 8.680 reales que, por supuesto, se comprometió a devolver bajo ciertas condiciones222. Queda claro que el dinero indiano no sólo se invirtió en memorias, capellanías y objetos suntuarios sino que también sirvió, en unos casos, para aliviar la precaria situación de muchas familias, y en otras para impulsar la actividad económica.

         El auge comercial de Zafra tuvo su máximo apogeo en el último cuarto del siglo XVI, prolongándose la actividad durante el primer tercio de la siguiente centuria. Después la actividad comercial continuó pero con un volumen comercial mínimo. Todavía en la tardía fecha de 1753 encontramos a un comerciante zafrense matriculado en el consulado de Cádiz, un tal Antonio Gutiérrez Franco223. Pero es obvio que el flujo comercial entre Zafra y América era ya un mero espejismo.

 

INVERSIONES DE CAPITALES INDIANOS

         Como ya hemos visto, la marcha de estas personas tuvo importantes consecuencias a ambos lados del océano. Hubo un flujo y un reflujo de personas y de capitales. De Zafra salieron caudales que se invirtieron en Sevilla y en las Indias, la mayor parte de ellos destinados a pagar el pasaje y a garantizar la supervivencia del emigrante en los primeros meses de estancia al otro lado del charco. Tampoco faltaron indianos que reclamaron la herencia de algún pariente fallecido en Zafra, dineros que terminaron saliendo de la localidad. Así entre 1613 y 1616 Luis González Velázquez, residente en Lima, ordenó a dos de sus hermanos, que le administraban la hacienda que había heredado de sus padres, que vendiesen varios censos y propiedades por valor de 60.000 reales y se los pagasen a los apoderados de Diego Gallardo, natural de Los Santos y estante en Indias, y 4.000 reales más a Juan López Mexía, vecino de Mérida y padre de Francisco Hernández, residente en Lima224. Se trata de un flujo de capitales que parte de Zafra y se dirige a las colonias.

         Sin embargo, el reflujo tuvo bastante más repercusión, es decir el de aquellos caudales que llegaron a la villa procedentes de las Indias. Estos hombres que se decidían a cruzar el Atlántico no olvidaron sus raíces. Hemos leído algunos testamentos y en casi todos hay un recuerdo entrañable hacia su localidad natal, lo que se traducía lo mismo en mandas a sus familiares que en la institución de alguna fundación. A veces recordaban alguna vieja deuda que dejaron en el momento de su marcha, ordenando a sus herederos su abono.

         Llama la atención la gran cantidad de capitales, metales preciosos y joyas que arribaron. La mayoría tenían como destinatarios a zafrenses pero también a personas de muy distintas localidades de la Baja Extremadura. Y es que Zafra funcionaba como un auténtico centro de redistribución. Por ello, aunque los perceptores finales fuesen vecinos de Azuaga, Los Santos, La Puebla de Sancho Pérez, Feria, Burguillos del Cerro, La Fuente del Maestre o Almendralejo, estos debían personarse en Zafra y gestionar el cobro225. Los ejemplos se cuentan por decenas por lo que citaremos sólo algunos de ellos: Pedro Hernández de Bolaños, vecino de la Fuente, se presentó en Zafra el 10 de octubre de 1596 para dar poderes a Esteban Zambrano, paisano suyo, y a Juan Zambrano, vecino de Villanueva del Ariscal, con el cometido de que cobrasen en Sevilla un fabuloso botín de cinco barras de plata que le remitió Esteban Zambrano Sayago, natural de La Fuente y vecino en Puebla de los Ángeles226. Como puede observarse, ninguno de los implicados era natural de Zafra, ni siquiera los apoderados. Entonces ¿por qué formalizaron la escritura en esta villa? En 1604 dos mujeres, también vecinas de La Fuente, se personaron en las casas de morada de Martín Gordillo y le dieron un poder notarial para que cobrase en Sevilla 200 pesos que les enviaba Miguel Sánchez Zambrano, residente en Lima227. Asimismo, el 12 de abril de 1611, Hernando Rangel Ortiz, médico, natural de Almendralejo otorgó un poder en México a favor de Juan Lorenzo Barragán, vecino de Zafra, que le trajo en persona Gonzalo Durán, perulero, vecino también de la capital de Tierra de Barros228. Pretendía que el apoderado cobrase ciertos dineros que se le debían de la hacienda de García Martín, que había fallecido en la villa de Almendralejo. Resulta cuanto menos curioso que el cobro se encargase a un zafrense cuando bien podía haber realizado el trabajo el mismo perulero Gonzalo Durán o alguna persona designada por la hermana del otorgante que residía en la capital de Tierra de Barros.

         Lo cierto es que todos esos trámites implicaban un cierto movimiento económico para la villa, pues además del porcentaje que cobraban los intermediarios, se debían abonar los honorarios del escribano público, comer en alguno de los varios mesones de la localidad y, en muchos casos, pernoctar al menos una noche.

         En ocasiones no sólo se recibían barras de plata o monedas sino auténticos tesorillos que nos hubiera gustado ver físicamente229. Los capitales que llegaron por vía de herencias debieron sumar varias decenas de miles de ducados. Es difícil cuantificar la suma total pero al menos disponemos de múltiples documentos que aluden a la repatriación de capitales procedentes de difuntos, así como a los intereses que algunos mercaderes tenían en la Carrera de Indias. Los beneficiarios de todos estos capitales eran, bien personas físicas, o bien, instituciones, especialmente conventos y parroquias230. En la documentación notarial suele aparecer la cantidad líquida que recibían los herederos pero no siempre quedan reflejadas las mermas que había sufrido en concepto de embarque así como en el pago de impuestos y de comisiones. Sólo el flete se movía entre el 1 y el 4% del capital transportado, dependiendo del riesgo corsario que hubiese en cada momento y de la necesidad que hubiese de armar buques para la defensa. Tenemos datos de la merma global de algunos de estos capitales que en condiciones normales se movió entre el 7 y el 8%. Así, en 1595, Diego Venegas quien remitió 2.000 reales a su hermano Pedro Venegas, pero sólo percibió 1853,5 porque se restaron 145,5 de costas, siendo la merma de un razonable 7,27%. Asimismo Francisco Machado cobró en julio de 1595 un total de 3.588 reales que le envió su hermano Hernando, después de sufrir una merma de averías y otras costas del 7,85%. En ese mismo año se entregaron en Zafra 2.007 reales a Pedro Sánchez, vecino de Villafranca, que es lo que quedó sacadas las costas de los 280 pesos de a ocho reales cada uno que le envió su hijo desde Potosí. En este caso los costes rebajaron la suma a cobrar en un 10,40%. Isabel Hernández y su hermano Francisco Martín estimaron un porcentaje mayor, el 16,66%, pues enviaron a Zafra 60 pesos de a ocho reales con el objetivo de que, pagados los costes, cobrasen 50. Ahora bien, si el finado no dejaba testamento y debía intervenir la administración las mermas se elevaban considerablemente. Eso ocurrió con el capital dejado por Diego Pérez Machado que murió sin testamento en el mar. Sorprendentemente quedó 598 pesos a su madre y a su hermana, quienes finalmente sólo cobraron 154.254 maravedís, es decir, un 42,67% menos231. Y ello si todo iba bien, porque los riesgos eran muchos: desde el naufragio del buque, al robo de la mercancía por corsarios o a la avaricia de algún perulero que, una vez en la Península, se negaba a entregar el dinero. Precisamente para minimizar riesgos, en 1593, Isabel Hernández Calleja envió 800 reales a sus hijos, residentes en Zafra, a través de dos personas diferentes, a saber: la mitad a Pedro Cerezo Pardo, mercader vecino de Sevilla, y la otra mitad a los mercaderes Juan Bostinça y Jorge Valero232. De esta forma había muchas más posibilidades de que al menos el 50% del capital llegase a poder de sus legítimos herederos.

         A veces el cobro podía demorarse varios años, incluso décadas. Bastaba que hubiese un litigio entre partes para que el dinero quedase retenido en la Casa de la Contratación y que, al final, cobrasen una mínima parte los hijos o los nietos de los supuestos herederos. Así ocurrió con la herencia de Gabriel de Cabrera que redactó su testamento el 19 de marzo de 1552 y ¡38 años después! Las monjas de la Cruz seguían reclamando parte de la misma233. Pedro Sánchez Escudero murió en 1589, formalizando su testamento en ese año y fundando una capellanía en Zafra. Pues, bien, los patronos no cobraron el dinero para ponerla en funcionamiento hasta 1613, es decir, casi un cuarto de siglo después234. Resulta curioso el caso de los sobrinos de Juan García Torrado, naturales todos ellos de Feria, quienes el 22 de junio de 1609 se personaron en Zafra. Al parecer, su tío había fallecido en la ciudad de México hacía 16 años, antes más que menos –dicen-, pero hasta hacía tres años no supieron que en su testamento dejó 1.300 pesos de oro a su padre ya difunto Diego García Torrado. En un intento desesperado por cobrar la herencia se concertaron con el zafrense Juan Lorenzo Barragán, con la intención de que escribiese a su hermano Diego Díaz Gallardo, residente en Nueva España, para que en su nombre cobrase el dinero. A cambio, le ofrecían nada menos que la cuarta parte de todo lo que consiguiesen cobrar235. Es más que dudoso que se embolsasen algún dinero después de 16 años, sobre todo porque entonces las Indias estaban realmente lejos, y los medios jurídicos que tenían sus herederos peninsulares eran bastante limitados. Probablemente, los sobrinos de Juan García Torrado jamás cobraron su herencia o si lo hicieron fue casi dos décadas después y con un porcentaje de merma extremadamente alto.

         Por otro lado, las siempre esperadas noticias del Nuevo Mundo no siempre eran tan positivas. Cuando se anunciaba el óbito de algún familiar automáticamente se habilitaban los mecanismos para el cobro de la herencia. Tal fue el caso de María Gordillo Galeas y Catalina Galeas, hermanas, naturales de Los Santos y vecinas de Zafra, que no tuvieron empacho en reclamar la herencia que dejaron una tía lejana suya, Isabel Rodríguez Galeas, y tres sobrinos de ésta, todos ellos finados236. En esos casos, la desgracia era razonablemente asumible por eso de que las penas con pan son menos penas, máxime si los fallecidos eran parientes en segundo o en tercer grado. Sin embargo, a veces las noticias distaban mucho de ser tan lucrativas. Al menos en una ocasión, se dio por fallecido al indiano y los parientes más cercanos se apoderaron de sus propiedades en Zafra. El problema se presentó cuando el supuesto difunto reapareció, solicitando sus rentas, ante la incredulidad de los que ilegítimamente habían estado gozando de su hacienda237.

         Los capitales privados que llegaron a Zafra fueron considerables. Probablemente el zafrense que mayor fortuna consiguió hacer al otro lado del charco fue Gabriel de Cabrera que murió en la ciudad de Santiago de Guatemala, dictando un extenso testamento el 19 de marzo de 1552. El documento es conocido por un traslado realizado en Zafra ante Rodrigo de Paz veinte años después. Gracias a este manuscrito sabemos que amasó una enorme fortuna, que destinó en buena parte a la fundación de dos capellanías y una obra pía en su villa natal238.

         A continuación presentamos una relación de los capitales que llegaron a Zafra en los siglos XVI y XVII. Pero antes queremos aclarar varias cuestiones: primero, la fecha corresponde al año o a los años en los que tenemos noticias de ese dinero, bien la fecha de la carta de poder para cobrarlo o en ocasiones la propia carta de pago de haberlos recibido. Cuando aparecen dos años separados con un guión, se señala el arco cronológico en el que llegaron dos o más partidas. Segundo, en la columna dedicada al beneficiario señalamos, cuando se especifica, la vinculación concreta entre éste y el remitente. Asimismo, relacionamos no sólo aquellos perceptores que eran naturales de Zafra sino también los que, siendo originarios de otras villas residían o estaban avecindados en Zafra. Siempre que no se especifique lo contrario se supone que el perceptor era natural o al menos vecino de Zafra. Tercero, la mayor parte de los capitales son herencias o limosnas enviados por parientes de los beneficiarios, aunque también existen algunos casos que se deben al pago de alguna deuda o a la repatriación de alguna inversión. Cuarto, las cifras las hemos unificados a maravedís y son aproximativas, no exactas. Y ello, porque pese a que en algunos casos se habla de pesos de oro de minas o de pesos de buen oro, equivalente a 22,5 quilates, es decir a 450 maravedís, en otras ocasiones no se especifica. En esos casos hemos optado por darle una equivalencia de ocho tomines, es decir, por darle un valor de 450 maravedís, que era la equivalencia más común239. Además, en ocasiones encontramos barras de plata o piezas argentíferas sin quilatar, por lo que le hemos otorgado un valor estimado. Y quinto, sólo hemos relacionado aquellas cuantías concretas que sabemos llegaron a Zafra o, en cualquier caso a la Casa de la Contratación, es decir que casi en su totalidad se cobraron. Ni que decir tiene que hemos omitido las decenas, quizás centenares, de peticiones en abstracto en las que se reclamaba la herencia de algún indiano. Aunque muchas de ellas se terminaran cobrando no podemos hacer una estimación cuantitativa de las mismas.

 

Cuadro XI

Capitales privados llegados a Zafra240

 

FECHA

REMITENTE

RECEPTOR

CUANTÍA

19-III-1552

Gabriel de Cabrera

Su hermano Juan de Cabrera y sus sobrinas Leonor Venegas y Ana de Guevara, profesas en el convento de la Cruz

Más de 5.000.000 241

27-IV-1553

Juan Rodríguez Barragán

Sor Ana de San Gerónimo, profesa en el convento de Santa Marina de Zafra y su hermano Álvaro Barragán

200.000

13-VIII-1565

Alonso Pérez, residente en el Cuzco

Su padre Alonso Sánchez, para que lo invirtiera siguiendo las instrucciones del remitente

523.600

11-I-1567

Hernando de Chávez

Hernando de Chávez, su hijo

¿?

25-VIII-1568

María de Vargas

Para pagar el rescate de su hijo Juan de Vargas

125.000

1558-1574

Gómez de Alvarado

Leonor Venegas, Isabel de Alvarado, Beatriz de Figueroa, Inés de Alvarado y Teresa de Figueroa, sus sobrinas

14.399.000

10-I-1570

Gabriel de Heredia

Sor María de los Ángeles profesa en el convento de Santa Catalina

37.400242

24-II-1570

¿?

Monjas del convento de la Cruz

97.720

23-X-1570

Francisca Gutiérrez

Sus primas, hijas de Diego Gómez Pavía, difunto

13.600

12-IX-1571

Diego Suárez de Figueroa, residente en Quito

Luis Suárez de Figueroa, su hermano

93.218

23-VI-1572

Hernán López, difunto en la Plata

El bachiller Francisco López, su sobrino

¿?

1574-1582

Capitán Hernando de Santana y su mujer, difuntos en el Nuevo Reino de Granada

Francisca Rodríguez, su hija

¿?

14-X-1574

Gaspar Rodríguez, residente en México

Constanza López, viuda, su madre

7.480

6-VIII-1575

Juan Rodríguez Bautista, residente en Panamá

Alvar Sánchez El Viejo

1.700.000

29-VIII-1575

Diego Sánchez, vecino de Lima

Beatriz Lorenzo, su madre

Un tejo de oro

X-1575

Luis González, difunto en Lima

Lucía Velázquez, su difunta esposa, en nombre de sus hijos menores

54.400

1576

Francisco Méndez, vecino de Puebla de los Ángeles

Beatriz Álvarez, su hermana

54.400

1576-1578

Pedro Gutiérrez de Mesa, difunto en Indias

Sus hermanas Francisca de Mesa, María Álvarez de Mesa, Catalina Gómez y Catalina Gutiérrez de Mesa

1.122.000

18-IX-1576

María de Amaya, esposa de Antonio Bermúdez, residente en Cartagena de Indias

María Gallega, su madre

27.744

1577

Pedro Sánchez, residente en Panamá

Rodrigo Alonso, herrador, su padre

51.000

1577-1581

Diego Gutiérrez de Grimaldo, El Mozo

María Gutiérrez y sus hijos

552.636

17-IV-1577

Juan Rubio

Su padre, vecino de La Puebla de Sancho Pérez

54.400

2-VIII-1578

Diego Díaz Barragán, residente en México

Juan, Bartolomé y Elvira Barragán, sus hermanos

13.600

1-XI-1578

Licenciado Pedro López, clérigo, residente en el Perú

Leonor Sánchez y Beatriz Lorenzo

34.000

15-XII-1578

Rodrigo de Navas, difunto

Sus hijas Mayor Díaz, Isabel García y María Hernández

11.025

6-I-1579

Pedrarias de Almesto, difunto

Inés Hernández de Orellana, su madre

22.500

29-XII-1579

Alonso Pérez y su mujer, vecinos de Cuzco

Engracia Pérez y las hermanas de Alonso Pérez

168.300

21-I-1580

Pedro Sánchez

Gonzalo de Orozco, y el hijo de éste Francisco de Orozco

6.800

1-II-1580

Cristóbal Medrano, difunto

Juan Gutiérrez Flores, vecino de Alcántara, estante en Zafra

630.000

8-IV-1580

Juan Gallego de Espinosa, residente en Lima

Alonso Pérez

72.000

26-X-1580

Francisco Álvarez de Chávez, residente en Quito

Alonso López, mercader

92.250

22-I-1581

Hernando Moro, difunto en Panamá

Su viuda María de Leva, Catalina de Leva y María Ruiz

74.800

24-XI-11581

Gonzalo García Panduro, residente en Panamá

Su hermana María Muñoz

10.200

10-III-1582

Alonso de Ayala, difunto

Sus hermanos y otros herederos

136.000

1583

María Sánchez Muñoz, residente en Panamá

Ana Vázquez Calleja y sor Isabel de la Concepción, su cuñada

4.488

1583-1587

Álvaro Alonso Lucas, residente en México

Juan Lucas El Viejo

47.872

1583-1592

Pedro Mexía de Aguilar, residente en Quito

Beatriz de Aguilar y Leonor Gómez, hermanas

33.726

1583-1598

Licenciado Luis de Pernía, residente en Santa Fe

Pedro Vázquez, maestro de capilla

¿?243

16-IV-1583

Cristóbal Rodríguez, residente en México

Francisco Rodríguez

13.600

22-X-1583

García Rodríguez, residente en Santa Fe

Cristóbal Rodríguez, su padre

13.090

4-XI-1583

Francisco Hernández

Hernán García de Perales, su padre

56.848

20-XII-1583

Francisco Jaramillo, residente en Panamá

Benito González, herrador, su padre

30.600

23-XII-1583

Francisco Sánchez Gigante

Juana Dalvarte de Orellana, su viuda

18.700

1584-1586

Licenciado Pedro López de Segura, presbítero, difunto en Cartagena

Herederos, vecinos de Zafra

25.500

1584-1595

Isabel Hernández y Francisco Marín, su hijo, residentes en México

Alonso Calleja y María Hernández, hijos de la primera y hermanos del segundo

54.400

3-I-1584

Catalina Sánchez, residente en Cartagena de Indias

María y Francisco Sánchez

4.080244

27-I-1584

Isabel de Andrada, residente en Popayán

Herederos en Zafra a repartir por Alonso Sánchez Hidalgo

224.400

1585

Francisco Méndez

García López de San Juan

13.600

1585-1595

Juan Rodríguez de León, residente en México

Inés e Isabel de León, sus tías

54.400

23-III-1585

Juan Sánchez, mercader, residente en México

Juan Rodríguez Lanzarote

20.995

28-VI-1585

Juan Sánchez, mercader, residente en México

Alonso López Ramírez

20.440

23-VIII-1585

Alonso Sánchez, residente en Indias

Alonso Mesa, su suegro, por una deuda que aquél le debía

32.192

10-XI-1585

Fray Miguel de Carvajal OFM, residente en México

Hernando Rubio de Carvajal, su padre

27.200

18-XI-1585

Petronila Ponce de León, residente e Cuzco

Diego Gutiérrez de Grimaldo

83.504

22-XI-1585

Gonzalo Becerra, residente en Cuzco

Alonso de Toro y María Becerra, hermana de Gonzalo Becerra

¿?245

23-XI-1585

Diego Sánchez Lorenzo, residente en Cuzco

Beatriz Lorenzo, su madre, y Catalina Sánchez, su hermana

34.000

20-XII-1585

Alonso Martín Sayago, residente en Potosí

María de Aguilar, su mujer

103.598

6-I-1586

Fray Antonio López y su hermano Alonso López, residentes en México

Bachiller Hernán Rodríguez, médico, su padre

136.000

7-II-1586

Álvaro Alonso

Juan Lucas El Viejo, su padre

22.304

1586-1595

Juan Santos Franco, residente en Zacatecas

Pedro Franco

137.088

13-XII-1586

Juan Robles El Mozo, residente en Zacatecas

Leonor Rodríguez y Catalina Méndez, hermanas

47.498

15-XII-1586

¿?

Francisco Torres

108.800

11-II-1587

Gonzalo López

Sor María González, monja profesa de Zafra

15.000

29-IV-1587

Diego López de Mesa, clérigo, residente en Nueva España

Luis Velázquez y el hijo de éste, Luis González Velázquez

25.160

4-XI-1587

Fray Gaspar de los Reyes OFM, residente en La Florida

Ana González, su madre

2.590

1588-1602

Cristóbal de Lagos y Francisco Hernández de Perales, residentes en Santa Fe de Bogotá

Sus padres y herederos

1.077.120

22-III-1588

Licenciado Diego de Monroy, residente en la isla Margarita

María González de Monroy, su hermana

45.600

6-VI-1588

Alonso Pérez de Andrada, chantre de la catedral de Tlaxcala

Marina Sánchez, su sobrina

74.800

23-I-1589

Juan Gómez Hidalgo, residente en Potosí

Dote de María López Espinosa

38.488

1590-1595

Diego Díez Gallardo

Juan Lorenzo Barragán, su hermano

96.000

1590-1596

Juan, Diego y Jerónima Ramos de León, residentes en México

Inés e Isabel de León, sus tías

62.016

1590-1595

Francisco Vázquez de Porras

Alonso Sánchez Hidalgo, su padre, y otros

3.304.800

1590-1600

Fray Pedro de Mesa, O.P., residente en Lima

Catalina Sánchez, la Pava, su madre

102.200

1590-1605

Familia Jaramillo Andrade

Sus herederos

225.080

3-I-1590

Bartolomé Sánchez, residente en México

Diego y María Sánchez y Beatriz Álvarez, hermanos

16.320

11-I-1590

Juan González Agraz, residente en Lima

Juan González Agraz, su hijo

54.400

22-I-1590

Francisco Cerrudo, residente en Panamá

Leonor Delgada, su madre

37.400

26-II-1590

Juan Gómez Hidalgo

Francisco López de Espinosa, clérigo, y la dote de María López

7.888

10-VI-1590

Fray Dominfo de los Reyes =.P.

Francisco Martín, su padre

34.000

1-VII-1590

Catalina Rodríguez, difunta en Cañete (Chile)

Elvira Sánchez, su sobrina

37.400

20-IX-1590

Pedro de Ocampo

Sus sobrinas Teresa Rodríguez e Isabel González

¿?

3-I-1590

Bartolomé Sánchez, residente en México

Diego y María Sánchez, y Beatriz Álvarez, hermanos

16.320

1-IX-1591

Juan Gutiérrez, residente en Lima

Pedro de Santillán

40.800

8-X-1591

Isabel de Carvajal, Herrezuelo, vecina de Tunja

Catalina Escudera y María de Cuéllar, sus sobrinas

7.480

16-XII-1591

Fernando Mexía Tinoco, difunto en Potosí

Sus sobrinos Juan y Hernando Mexía Tinoco

272.000

26-V-1592

Diego Pérez Machado, fallecido en el mar

Mencía Núñez, su madre, y Mencía López, su esposa

154.254

1593-1595

Isabel Becerra, vecino de Lima

Antonio Jaramillo e Isabel Becerra, sus hijos

65.620

27-V-1593

Bartolomé Gutiérrez Moreno

Sor María de San Antonio, profesa en el convento de la Santa Cruz

57.800

12-VI-1595

Juan Sánchez, vecino de Nombre de Dios y Perú

Su suegro Cristóbal Luis Rodríguez

64.600

12-VI-1595

Juan Sánchez, vecino de Zacatecas

Francisco Franco, su padre, natural de Fregenal y residente en Zafra

13.600

13-VII-1595

Teresa Rodríguez de Acosta, residente en México

Isabel de la Cruz y María se Santo Domingo, profesas en la Cruz de Zafra

27.200

1595-1599

Jerónimo de Fonseca, residente en Nombre de Dios y Perú

Su suegro Cristóbal Luis Rodríguez

64.600

1595-1599

Alonso Martín Gordillo, residente en Lima

Isabel Gordilla, su madre, e Isabel Salguera, su hermana

21.318246

1595-1603

Hernando Machado, residente en Quito

Licenciado Francisco Machado, su hermano

157.080

1595-1606

Francisco García Durán, escribano, residente en Quito y en Lima

Luis Maldonado Durán e Isabel Núñez, sus padres

649.072

27-V-1595

Juan de Aguilar, residente en México

Alonso de Aguilar, su hermano

15.320

1596-1600

Alonso de Toro, residente en Quito

Alonso de Toro, su padre

45.900247

1596-1600

Pedro de Villegas, clérigo, vecino de Zafra

Su tía Leonor Rodríguez

257.400

6-XI-1596

Francisco Martín, residente en México

Miguel Sánchez, su cuñado

108.800

11-I-1597

Bartolomé Sánchez, residente en Quito

Francisco de Navas, su hijo, y su hermana Ana González

20.672

20-I-1597

Francisco Chamizo, vecino del Perú

María Chamizo, su madre

27.200

25-XI-1597

Licenciado Alonso Pérez, residente en el Perú

Elvira Herrera, su mujer

523.600

1595-1603

Hernando Machado, residente en Quito

Su hermano el licenciado Francisco Machado

141.372

1600

Pedro Rodríguez Gallego, residente en Popayán

Catalina Sánchez, su madre

Un tejo de oro (no especifica su valor)

26-I-1601

Fray Antonio Escudero, Catalina Martín y Bartolomé Escudero

Alonso Sánchez Escudero, y Mayor Sánchez, hermanos

90.000

14-II-1603

Fray Francisco Escudero

María de León y su hermana

 

29.912

12-IV-1603

Capitán Álvaro de Cuenda, residente en El Callao

Elvira Sánchez, su hermana

27.200

16-V-1603

Catalina Sánchez la Torera, residente en Lima

Leonor de Amaya

1.632

5-XII-1603

Cristóbal de León Tinoco, residente en Potosí

Gaspar Sánchez de Sosa, su cuñado

40.800

23-IX-1603

Juan Jaramillo de Andrada, residente en el Callao

María Herrezuelo de Andrada, su hermana

27.200

30-XII-1603

Pedro de Herrera, residente en México

María de Sosa

13.600

9-II-1604

Pedro Cerecedo, residente en Potosí

Inés de Ribera, su madre

81.600

1605-1613

Licenciado Fernando Ruiz, clérigo residente en Lima

Su primo García de Mazariegos

249.900

6-X-1605

¿?

Gonzalo Sánchez de sus hermanos

30.600

12-II-1611

Gonzalo Martín de Andrada

María y Catalina Sánchez de Andrada

48.416

12-XII-1613

Licenciado Gómez de Ribera, canónigo del Perú

Catalina Estévez, su madre, y su hermano el licenciado Gonzalo García Panduro

567.360

4-V-1615

Andrés Gómez Mogollón, difunto en Tierra Firme

Juan de Cuenda El Viejo, Juan de Cuenda El Mozo, Simón ¿?, vecinos de Zafra, Sebastián López, vecino de Santa Olalla, y Alonso Martín Rulfo, su mujer y Pedro Gómez, vecinos de La Higuera

408.000

30-XI-1615

Diego Ortiz

Elvira Hernández, natural de Almendralejo y vecina de Zafra

30.600

19-XII-1616

Juan Agraz, residente en Lima

Catalina e Isabel de León, sus ahijadas

54.400

27-XII-1618

Pedro de Lira

Pedro López de la Cueva

54.400

10-I-1619

Francisco de Torres Morán, vecino de Lima

Licenciado Diego Durán, chantre de la colegial y el licenciado Tomás Núñez Maldonado

27.200

13-I-1619

Juan de Segura

Ana Méndez

13.600

12-VIII-1627

Juan de Roche, residente en las Indias de Portugal

Isabel López, su mujer y otros herederos

40.000

18-IV-1628

Un hermano del beneficiario, difunto

Fray Gerónimo Pérez Robles, síndico del convento de San Francisco de Zafra

299.200

20-IX-1630

Bernardo Mexía, residente en la villa de Riobamba

Licenciado Fernando Díaz, presbítero, su hermano

29.920

8-XI-1630

Mateo Rubio, residente en Mompós

Juana Rubio, su madre

285.736

1660

Miguel Vázquez

Jacinto Vázquez

27.200

4-I-1663

Juan Aguilar Gordillo

Isabel Benítez

32.300

9-XI-1665

Diego Alfonso Mazariegos, residente en Arica

Sor María Guerrero de la Asunción, profesa en el convento de la Cruz

54.400

 

         En total, en el poco más de un siglo comprendido entre 1552 y 1665 llegaron a Zafra al menos 37.327.442 maravedís. La cantidad es considerable teniendo en cuenta que en aquellos tiempos se movía mucho menos dinero que en la actualidad. Aproximadamente se inyectaron por herencia –sin contar los negocios de los peruleros- unos 330.000 maravedís anuales a lo largo de esos 113 años. La mayor parte fueron pequeñas cantidades que aliviaron las dificultades económicas de decenas de zafrenses, pero tampoco faltaron grandes fortunas que hicieron ricos de la noche a la mañana a algunos afortunados. El caso más llamativo es el de las sobrinas de Gabriel de Cabrera, monjas profesas en el convento de la Cruz, que recibieron una parte de su herencia y la fortuna resultó de tal magnitud que las monjas decidieron comprar la casa de García de Toledo y construirse el holgado y amplio convento cuyo claustro todavía hoy podemos admirar248. Por ello, no es de extrañar que el poeta Cristóbal de Mesa señalase al citado Gabriel de Cabrera como el fundador de la citada casa religiosa249, aunque en teoría nunca lo fue.

         Ahora bien, no sólo llegó dinero con destino a particulares sino también cuantías destinadas a comprar rentas con las que dotar alguna memoria u obra pía. Tenemos datos de al menos una docena de capellanías fundadas por estos emigrantes en su villa natal. Obviamente hemos excluido del cuadro aquellas que, estando fundadas por personas vinculadas a Zafra, las instituyeron en otras localidades.

 

Cuadro XII

Capellanías instituidas en Zafra250

 

Fecha251

Fundador

Memoria

Principal

Capellán

Patrón

19-III-1552

Gabriel de Cabrera

Tres misas rezadas semanales

1/3 de su fortuna para las dos capellanías

 

Juan de Cabrera

19-III-1552

Gabriel de Cabrera

Tres misas rezadas semanales

1/3 de su fortuna para las dos capellanías

 

Juan de Cabrera

1577

Licenciado Pedro López de Segura

Tres misas semanales, una por su alma, otra por la de sus padres y otra por los indios

326.400

El bachiller Alonso López

--

30-V-1589

Pedro Sánchez Escudero, clérigo presbítero, fallecido en Cuzco

Cuatro misas semanales por su alma en la parroquia mayor de Zafra

575.824

--

El cura de la Candelaria, el hermano mayor de la Caridad y el pariente más cercano

15-III-1591

Diego Sánchez Pérez, clérigo

Misas por su alma en la parroquial

523.600

--

Diego González, clérigo

8-I-1595

Gonzalo Jaramillo

--

--

Antonio Domínguez, clérigo de corona, vecino de Calzadilla y estante en Zafra

 

24-VIII-1596

Cristóbal de Lagos

Misas por su alma en la parroquial

374.000

 

Francisco Hernández de Perales

1596

Licenciado Diego de Monroy

Una misa diaria por su alma

1.437.310

Licenciado Gutierre de Monroy, presbítero de Salvaleón

María y Catalina González de Monroy

Último cuarto del siglo XVI

Francisco Núñez Tinoco, chantre de la Catedral de Guadalajara

Misas por su alma

--

--

--

20-II-1605

Fernando Jaramillo de Andrada

Seis misas rezadas, dos por su alma, dos por la de sus padres, una por las almas del purgatorio y otra por la conversión de los indios del Perú su alma

1.496.000

Francisco Jaramillo de Andrada

Francisco Jaramillo de Andrada

1605

Fernando Jaramillo de Andrada

Las mismas seis misas

1.496.000

Alonso Jaramillo de Andrada

Alonso Jaramillo de Andrada

17-VIII-1662

Gregorio Galván Folleco

Se cita como un patronato

--

--

Lorenzo Fernández Galván

 

         Algunas de estas memorias estaban muy bien dotadas económicamente, sobre todo las dos fundadas por el potentado perulero Fernando Jaramillo de Andrada así como las del licenciado Diego de Monroy, la del clérigo Diego Sánchez Pérez y la de Cristóbal de Lagos. Este último, residía en la ciudad de Santa Fe –Nuevo Reino de Granada- y envió más de 3.000 ducados que su padre invirtió en censos, tributos, juros así como en comprar bienes raíces252. Después de la muerte de su progenitor continuó remitiendo caudales con los que se adquirieron propiedades y rentas con los que dotar su capellanía253 que dispuso de un principal de nada menos que de 1.000 ducados254. En 1615 era patrono de dicha memoria el sobrino del fundador, Francisco Hernández de Perales, mientras que el capellán era Alonso de Mesa Gutiérrez, presbítero de la Candelaria255. El administrador de sus bienes en Zafra era su sobrino Diego Pérez Cabrillas, a quien su tío designó en vida como heredero de su fortuna con la condición de que le diese a sus hermanos y sobrinos lo que le pareciese. Pues bien, la magnitud de sus rentas era tal que a este sobrino se le ocurrió dar de manera vitalicia a su tía Juana Ramírez, esposa de Francisco Lozano y hermana de Cristóbal de Lagos, cuatro censos por un valor total de más de 1.000 ducados de principal256.

         No sólo la parroquia sino también los conventos y algunas cofradías y ermitas recibieron ingresos por la celebración de sufragios por las almas de sus hijos emigrados. Garci Hernández, residente en Nata, aunque natural de Ribera del Fresno, debía tener alguna vinculación con Zafra cuando dispuso 200 misas por su alma y la de sus padres en un convento de frailes de Zafra257. Los conventos de San Benito, de la Cruz, de San Francisco y del Rosario, recibieron diversas partidas por la celebración de diversas memorias.

         Asimismo encontramos algunas obras pías que sirvieron para aliviar en alguna medida las carestías de algunos de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Hemos conseguido documentar al menos cuatro de ellas que mostramos en el cuadro siguiente

 

Cuadro XIII

Obras pías fundadas por indianos

 

FECHA

FUNDADOR

FUNDACIÓN

PRINCIPAL

RENTA

PATRONO

19-III-1552

Gabriel de Cabrera

Dotes para casar a doncellas pobres con preferencia por las de su linaje

1/3 de su fortuna

¿?

¿?

1589

Alonso Pérez de Andrada, chantre de la catedral de Tlaxcala

¿?

¿?

¿?

Gaspar Domínguez de Andrada y Bartolomé de Motril

1-III-1592

Cristóbal Rodríguez Calleja y su mujer

Dos dotes anuales para casar doncellas pobres de su linaje

374.024

26.716

Cofradía de Nuestra Señora de Belén y San Cristóbal

1605

Fernando Jaramillo de Andrada

Reparto de dinero entre los pobres de Zafra

2.992.000

¿?

Antonio Jaramillo de Andrada

 

         Hubo al menos dos obras pías destinadas a casar doncellas pobres y huérfanas, con preferencia para las parientes del fundador y, en su defecto, para cualquiera de las demás mujeres casaderas de la villa. Es cierto que en ocasiones, algunas de estas limosna recayeron en personas que no vivían ya en la villa, pero también se dio a la inversa, es decir, fundaciones realizadas en otras localidades del entorno que percibió alguna mujer residente en Zafra258. No hemos incluido en el cuadro la manda que dejó Simón López Calleja en su testamento, redactado en los años ochenta del siglo XVI en la ciudad de Santiago de Guatemala. En él legó sus bienes a su padre en caso de estar vivo, de lo contrario se invertiría en la liberación de su hermano Cristóbal Calleja que estaba en poder de los moros y, finalmente, si tampoco éste viviese, dejaba la mitad de los bienes a su mujer, y la otra mitad a los herederos de su hermana Catalina López259. Dado que los dos primeros eran finados se repartieron la herencia estos últimos.

         Y finalmente hemos de señalar algunas donaciones y limosnas que se hicieron a diversas instituciones de la localidad

 

Cuadro XIV

Limosnas y donaciones de indianos260

 

FECHA

DONANTE

OBJETO

BENEFICIARIO

VALOR

30-X-1571

Alonso Pérez, médico, vecino de Cuzco

Limosna

Convento de la Cruz de

3.740

5-XI-1577

Mari Sánchez, viuda de Hernán Sánchez Calleja, residente en Panamá

Una taza de plata

Convento de la Cruz

10.200

5-X-1578

Cristóbal Rodríguez Calleja, residente en México

Una lámpara de plata con sus cadenas y argollas

Ermita de Nuestra Señora de Belén

Además de la lámpara remitió 27.200 maravedís

16-X-1580

Un zafrense residente en Panamá

Limosna

Monjas del convento de la Cruz

40.800

1583

María Sánchez Muñoz, vecina de Panamá

Casulla bordada

Convento de la Cruz de Zafra

11.220

1-II-1586

Andrés de Orellana, vecino de Cartagena

Limosna

Cofradía de la Concepción y San Román, de la ermita de San Román261

1.800

6-VI-1595

Isabel Becerra, viuda, y su hija María Becerra, vecinas de Lima

Un frontal

Iglesia de la Candelaria de Fuente del Maestre262

27.200

1596-1657

Fernando Jaramillo

Limosna

Monjas del convento de Santa Clara

51.000

 

         Estos objetos y dineros son tan sólo una muestra de algunas de las donaciones que llegaron a la localidad en los siglos XVI y XVII. Parece que los enseres de plata, es decir, la lámpara y la taza, no se han conservado.

         A continuación, resumimos la cuantía total de los capitales que llegaron a Zafra en los siglos XVI y XVII, en todas sus variables:

 

Cuadro XV

Porcentaje de todos los tipos de inversión

 

Tipo de Inversión

Suma total

%

Capitales privados

37.327.442

79,25

Capellanías

6.229.134

13,22

Obras pías

3.366.024

7,14

Limosnas y donaciones

173.160

0,36

Total

47.095.760

100,00

 

         En total tenemos registrada la cobranza en Zafra de más de 47 millones de maravedís, una cantidad que de momento se sitúa ligeramente por encima del dinero que se recibió en la ciudad de Cáceres en el mismo período de tiempo263. Pero conviene insistir en la idea de que la cantidad real que llegó a Zafra fue muy superior y ello por los siguientes motivos: primero, porque habría que incrementar en un 10% el monto total pues, según estimaciones de Eufemio Lorenzo, ese es el porcentaje de dinero que entró en Sevilla sin registrar, al menos en la segunda mitad del siglo XVI264. Segundo, porque las cuantías se basan en buena medida en fuentes locales que, como es sabido, para esa cronología apenas se conserva la tercera o la cuarta parte de la documentación original. Tercero, porque no hemos cuantificado varios millones de maravedís que llegaron a Zafra con destino a herederos de los pueblos del entorno, e incluso, de villas bastante más alejadas265. Y ello pese a que, de forma directa o indirecta debieron servir para generar riqueza en la localidad. En Zafra, muchos forasteros cobraban sus herencias indianas y el comercio local constituían un buen lugar donde empezar a gastar esa fortuna. Cuarto, porque tampoco hemos podido cuantificar decenas de herencias que fueron reclamadas pero de las que no tenemos noticia exacta de lo que montaron ni tan siquiera de lo que se consiguió cobrar de ellas. Y quinto, porque lógicamente tampoco hemos podido calcular en maravedís numerosas joyas de oro o de plata, perlas, piedras preciosas y otros enseres suntuarios que también llegaron de ultramar y cuyo valor real no se especificaba. A veces se trataba de plata de buena ley mientras que, en otras, se trataba de guanines, es decir, de piezas de bajo quilataje y, en ocasiones, mezcladas con cobre.

         Dicho esto, mi impresión es que para aproximarnos a la cuantía real que llegó a Zafra en la Edad Moderna habría que multiplicar la cifra al menos por cinco, situándose la cuantía real por encima de los 200 millones de maravedís, entre 1552 y 1665. Lo que dicho en euros equivaldría aproximadamente a poco más de un millón de euros anuales durante 113 años.

         ¿Qué impacto tuvieron en Zafra estos caudales? Pues, habida cuenta que estamos hablando de una época donde se movía menos dinero, su influencia en la villa debió ser considerable; una parte de esos capitales se invirtió en obras públicas y privadas por lo que su impronta es todavía visible en obras como la enfermería de Santa Clara o el claustro del antiguo convento de la Cruz que, muy transformado, hoy alberga al actual ayuntamiento. Ricos y pobres se beneficiaron de este dinero; los primeros a través de las muchas compañías que participaron de una u otra forma en el negocio indiano. Los segundos gracias a las remesas que recibían de sus parientes emigrados y de algunas obras pías de las que fueron beneficiarios. Ahora bien, llegó muchísimo dinero; una parte de él se invirtió en casas solariegas, iglesias, conventos, obras de arte y en mitigar las necesidades de los más pobres. Pero seguimos sin explicarnos qué fue de esas grandes fortunas privadas que se formaron a partir de los negocios indianos. Se dieron todas las circunstancias favorables: llegada de capitales, desarrollo de compañías de comercio, creación de una notable burguesía comercial, estímulo del artesanado local, etc. Todos estos factores, es decir, el desarrollo de un artesanado urbano, la actividad mercantil y la acumulación de capitales se consideran elementos determinantes en el nacimiento y consolidación del capitalismo266. ¿Qué fue de todo ese dinero? ¿en qué se gastó? ¿qué fue de esa clase burguesa? En definitiva, como ocurrió en Inglaterra y en algunas zonas de España, ¿Por qué esa concentración comercial y ese tejido artesanal no dieron paso ya en los siglos XVIII y XIX a una ciudad industrial? Se trata de preguntas que no tienen una fácil respuesta; habría que hablar de un cúmulo de circunstancias adversas que dieron al traste en primera instancia con la burguesía comercial y a la postre impidieron su evolución hacia otra industrial. Todo parece indicar que estas familias de comerciantes se fueron acomodando, viviendo de sus rentas y de sus fincas y abandonando progresivamente su actividad empresarial. Probablemente, la mentalidad de la sociedad española casticista, en la que el trabajo envilecía y el honor lo otorgaba la limpieza de sangre, no colaboró en que las segundas y las terceras generaciones se mantuvieran dentro de la actividad comercial. Muchos hijos enriquecidos de comerciantes debieron dejar la actividad familiar para vivir de las rentas y de paso imitar los comportamientos de la más rancia nobleza que presumía precisamente de su ociosidad267. Lo cierto es que desde la segunda mitad del XVII y en especial a partir del siglo XVIII el sector entró en una profunda crisis y sin la existencia de una burguesía comercial el paso a otra industrial resultó imposible. Las continuas guerras, especialmente la de Portugal en el siglo XVII y la de la Independencia a principios del XVIII, debieron dejar una honda huella de calamidad y de pobreza en la tierra. Y finalmente, su pertenencia al ducado de Feria debió hacer el resto, suponiendo un importante freno al desarrollo. En cualquier caso se trata de respuestas muy breves a problemas complejos que hemos realizado casi a vuela pluma. Probablemente algunos estudiosos de la historia local puedan explicar con más precisión que yo las causas que dieron al traste con la burguesía comercial y artesanal de Zafra y que provocó que se truncasen las brillantes expectativas que existían en la segunda mitad del quinientos.

 

CONCLUSIÓN

         Es evidente que este trabajo no agota todas las posibilidades de estudio de esta temática. Nuestro objetivo sólo ha sido realizar una primera aproximación, creando un fichero lo más completo posible de personas y de capitales. Sin embargo, habrá que irlo completando a medida que vayan apareciendo nuevos datos en los archivos generales y en los locales. Han quedado muchos aspectos por perfilar en el período analizado, es decir, en la Edad Moderna. Además, hemos dejado para futuras investigaciones lo relativo a la vinculación con América en la Edad contemporánea, época en la que destacaron personajes del peso político de Francisco Javier Venegas de Saavedra (1754-1838) que, tras participar en la defensa de Cádiz como gobernador, fue nombrado virrey de Nueva España en 1810268. Por cierto, que combatió radicalmente todas las conspiraciones independentistas siendo el responsable, con la ayuda por supuesto de los criollos, de la derrota, apresamiento y posterior ejecución del famoso cura de Dolores, el insurgente Miguel Hidalgo269.

         En general, ha quedado demostrado que el sueño americano estuvo presente en la mente de los zafrenses desde principios del siglo XVI. Fueron muchos los que se animaron a participar en las diversas expediciones que se aprestaron para conquistar y colonizar el Nuevo Mundo. Documentada está su presencia en la segunda travesía colombina así como su participación en diversas expediciones conquistadoras. También formaron parte activa en la administración de los territorios indianos. Y es que la frontera indiana siempre se vio como la última y desesperada oportunidad para remediar sus precarias condiciones de vida. Las misivas que remitían los zafrenses estantes en las Indias así como la presencia en la villa de peruleros ricos, mestizos e indios se encargaron de mantener siempre presente aquella soñada tierra de promisión.

         La mayoría se la jugó en la travesía con la intención de salir de su pobreza, buscando dinero, fama y honra, tres de los valores del hombre del Renacimiento. Muy pocos lo lograron. Ahora bien, los que lo consiguieron, terminaron invirtiendo en su localidad natal una parte mayor o menor de sus capitales. Conseguido su objetivo de enriquecimiento, sólo les faltaba que sus parientes, amigos y paisanos le reconociesen la honra y la fama. Solo así conseguían cerrar triunfalmente el ciclo vital con el que habían soñado.

         El oro y sobre todo la plata americana llegaron a raudales y cambiaron el mundo, incentivando el naciente capitalismo. Bien es cierto que gran parte de ese dinero salió a Europa para pagar a los acreedores de la Corona y a los ejércitos, llegando incluso a lejanos territorios del Extremo Oriente, como la India, China o Japón270. Su impacto en Sevilla fue muy evidente pero, aunque a otra escala, también lo fue en Zafra. Los capitales llegados en los siglos XVI y XVII así como las rentas derivadas de las fundaciones y obras pías sirvieron, por un lado, para mitigar la pobreza de muchas familias, y por el otro, para aportar liquidez a la economía local. Todo ello redundó en una mayor actividad comercial, potenciando sus ferias y aumentando las rentas de familias, de capellanes y de conventos. Las huellas son todavía hoy visibles en la Zafra monumental.

         Probablemente, la falta de una verdadera conciencia burguesa terminó convirtiendo a las familias comerciantes en rentistas, dando al traste con el desarrollo del incipiente capitalismo comercial y artesanal en la villa.

 

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1 VIVAS TABERO, Manuel Pbro.: Glorias de Zafra o recuerdos de mi patria. Madrid, Estudio tipográfico sucesores de Rivadeneyra, 1901, P. 435.

2 PASTOR VILLEGAS, José: “Vicente Cervantes Mendo: lugar y fecha de nacimiento, bicentenario, no conmemorado y próximo 250 aniversario”, Anales de la Real Academia de Farmacia Nº 43. Madrid, 2007, pp. 747-762. y “Vicente Cervantes Mendo, científico hispanomexicano ilustrado insigne: hermanamiento de Ledrada y Zafra”, Cuadernos de Çafra Nº VIII. Zafra, 2010, pp. 37-58.

3 SCHMITT, Jean-Claude: “La historia de los marginales”, en La Nouvelle Histoire (Jacques Le Goff, dir.). Paris, Editions Complexe, 1988, p. 277.

4    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Valladolid, 14 de noviembre de 1509. AGI, Contratación 5089, fols. 32v-33v. CODOIN, Serie 1ª, T. XXXI, pp. 506-513. Y Serie 2ª, T. II, fols. 187-193.

5 En estas líneas queremos agradecer a nuestro amigo José María Moreno, archivero de Zafra, que pusiera a nuestra disposición una lista indizada de documentos realizada por él mismo en la se señalaban la ubicación exacta de todos los documentos indianos. Sin esa ayuda impagable jamás hubiésemos utilizado la documentación local, pues tan sólo su localización nos hubiese llevado varios años. Solo hemos investigado la documentación notarial hasta mediados del siglo XVII simplemente porque hasta ahí llegaba la indización de los documentos. La localización de los documentos indianos entre 1650 y 1799 la hemos dejado para otra ocasión dado el enorme trabajo que requiere en relación a la poca documentación que debe existir ya que en esas fechas el descenso del fenómeno indiano fue considerable.

6 RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A. y otros: “Las fuentes locales para el estudio de la Historia de América” Alcántara Nº 7. Cáceres, 1986. PELEGRÍ PEDROSA, Luis Vicente: “Protocolos notariales y plata americana”, en Metodología y nuevas líneas de investigación de la Historia de América. Burgos, Universidad, 2001.

7 Entre los regestos documentales figuran: BONO, José y Carmen UNGUETI-BONO: Los protocolos sevillanos de la época del Descubrimiento. Sevilla, Colegio Notarial de Sevilla, 1986. MARCOS ÁLVAREZ, Fernando: Extremadura y América en el siglo XVI. Documentos del Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Badajoz, Consejería de Cultura, 2002.- Extremadura y América en el siglo XVII. Documentos del Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Badajoz, Consejería de Cultura, 2001. ROJO VEGA, Anastasio: Datos sobre América en los protocolos de Valladolid, siglos XVI-XVIII. Valladolid, Excmo. Ayuntamiento, 2007. Entre los libros que han utilizado las fuentes locales para el análisis de las inversiones indianas, véase el estudio de PELEGRÍ PEDROSA, Luis Vicente: El botín del Nuevo Mundo. Capitales indianos en Extremadura. Brenes, Muñoz Moya Editores Extremeños, 2004.

8 Por ejemplo, Juan Hernández Diosdado otorgó su testamento en Zafra el 9 de mayo de 1576, poco antes de marchar a Nueva España para reunirse con su hijo. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1576, fols. 245r-246v. Por su parte Juan Gutiérrez de Mesa, su mujer y su hijo antes de partir a Nueva España en 1622 formalizaron dos escrituras: una, enajenar una propiedad con un censo a favor de Hernán López de Mesa, por la que obtuvieron 1.500 reales con los que financiar su viaje. Y dos, otorgar poderes a Francisco Machado de Chávez, vecino de Fregenal pero estante en Zafra, para que en su ausencia administrase sus bienes. Véase el apéndice I.

9 Entre la bibliografía de la emigración extremeña son fundamentales los trabajos ya clásicos de: NAVARRO DEL CASTILLO, Vicente: La epopeya de la raza extremeña en Indias, Granada, Gráficas Solinieve, 1978. SÁNCHEZ RUBIO, Rocío: La emigración extremeña al Nuevo Mundo. Exclusiones voluntarias y forzosas de un pueblo periférico en el siglo XVI. Madrid, Enclave 92, 1993 y LEMÚS LÓPEZ, Encarnación: Ausente en Indias. Una historia de la emigración extremeña a América. Madrid, Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993. Entre los trabajos locales debemos destacar la erudita y pionera obra de VIVAS TABERO: Ob. Cit.

10 Seguimos de cerca la metodología de CARDOSO, Ciro F. S.: Introducción al trabajo de la investigación histórica. Barcelona, Crítica, 1985, especialmente el capítulo V, titulado Etapas y procedimientos del método histórico, pp. 135-194.

11 Lucien Febvre afirmó hace más de medio siglo que plantear un problema era el comienzo y el final de toda historia. Sin problemas no hay historia. FEBVRE, Lucien: Combates por la Historia. Barcelona, Planeta Agostini, 1986, p. 42. Desde entonces esta historia-problema, es una herramienta metodológica usada prácticamente por todas las escuelas historiográficas.

12 No sólo es necesario hacer preguntas al documento sino sobre todo saber qué interrogantes son las adecuadas, en función a las problemáticas no resueltas y a las posibilidades del documento de dar respuesta. Véase a LE GOFF, Jacques: Pensar la Historia. Modernidad, presente, progreso. Barcelona, Paidós, 1991, pp. 106-107.

13 De hecho, Lorenzo González, cerero, en 1573 decidió embarcarse para las Indias y simplemente se fue a Sanlúcar y se enroló en un navío como marinero. Nunca hubiese sido juzgado por ello si no hubiese sido porque, en 1575 se presentó en Zafra con un tejo de oro sin registrar de más de 700 ducados. Tras la denuncia fue juzgado por una y otra cosa y condenado por sentencia dada en Sevilla el 2 de junio de 1579 al pago de 50.000 maravedís y las costas del juicio. AGI, Escribanía 1067B, N. 16.

14 De hecho, en 1546, la Corona informó a los oficiales de la Casa de la Contratación que vigilaran especialmente a los que iban a las Canarias pues so color de decir que van a Canarias se pasan a las Indias. Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Guadalajara, 8 de septiembre de 1546. AGI, Indiferente General 1964, L. 10, fols. 85v-86. Real Cédula a los jueces de apelación de las islas Canarias, Guadalajara, 8 de septiembre de 1546. AGI, Indiferente General 1964, L. 10, fols. 86v-87.

15 Para establecer las equivalencias hemos utilizado básicamente la obra de HAMILTON, Earl J.: El tesoro americano y la revolución de los precios en España, 1501-1650. Barcelona, Ariel, 1983, Cap. 3, pp. 60-86.

16 La cuestión de la tradición comercial de Zafra ha sido ampliamente tratado. Véase en particular el trabajo de BERNAL ESTÉVEZ, Ángel: “Zafra y el comercio: una tradición de raíces medievales”, en MORENO GÓNZÁLEZ, José María y Juan Carlos RUBIO MASA (Dir.): Ferias y mercados en España y América. Zafra, 1997, pp. 45-48.

17 Por ejemplo, el 7 de marzo de 1569 Francisco de Plaza, vecino de Zafra, vendió un esclavo a Diego Rodríguez de Orozco, vecino de la ciudad de México y estante en estos momentos en la de Segura de León. El esclavo en cuestión se llamaba Pedro, era mulato, tenía 18 o 19 años y se vendió por 90 ducados. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1569, fols. 449r-449v.

18 Por ejemplo, en 1568 sabemos que el zafrense Hernando Gutiérrez tuvo arrendada la renta del palo brasil vendido en Sevilla. Sus hijas, Leonor Felipe y Mencía López otorgaron poderes a Juan Fernández Riquelme para que cobrase de Pero Ruiz Torregrosa, almojarife mayor de Sevilla, 63.000 maravedís que debía a su difunto padre de las alcabalas de la primera cuenta del palo brasil. Poder dado en Zafra, 25 de octubre de 1583. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1583, fols. 1120r-1120v. En 1574 el mercader local Pablo Hernández de Avecilla compró 49 arrobas de brasil por 857 reales al mercader portugués Francisco Sánchez Estremoz. Carta de obligación, Zafra, 30 de junio de 1574. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1574, fols. 45r-45v.

19 Véase el apéndice II.

20 OTTE, Enrique: Cartas privadas de emigrantes a Indias. Sevilla, Junta de Andalucía, 1988, pp. 323-324.

21 LAS CASAS, fray Bartolomé de: Brevísima relación de la destruición de las Indias (edición de Trinidad Barrera. Madrid, Alianza Editorial, 2005, p.75.

22 Conocido es el caso del viejo molinero italiano Menocchio que utilizaba las palabras Nuevo Mundo para referirse a una nueva sociedad. En ésta las personas vivirían felices, pues no habría dinero, ni necesidad de trabajar, las necesidades vitales estarían cubiertas por la generosidad de la naturaleza y habría una completa libertad sexual. GINZBURG, Carlo: El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI. Barcelona, Península, 2001, pp. 155-158.

23 MEDIN, Tzvi: Mito, pragmatismo e imperialismo. La conciencia social en la conquista del imperio azteca. Madrid, Iberoamericana, 2009, p. 30.

24 Había muchos solteros, pero también muchos casados que viajaron al Nuevo Mundo en solitario, dejando a sus esposas en Castilla. De hecho, en 1535 el obispo de México presentó una relación de más de 450 casados de su diócesis que mantenían a sus mujeres en España. AGI, Patronato 180, R. 61.

25 MURGA, Monseñor Vicente: Historia documental de Puerto Rico, Vol. II. Santander, Aldo, 1957, p. 38.

26 Declaración de Juan de Burgos, México, 29 de enero de 1529. (Martínez, 1990: II, 53).

27 MORETA CASTILLO, Américo: La Real Audiencia de Santo Domingo (1511-1799). La justicia en Santo Domingo en la época colonial. Santo Domingo, Real Academia Dominicana, 2010, p. 192. Estupro puro y duro consentido por autoridades y vecinos. Probablemente el hecho de ser un alto cargo de la administración judicial favoreció su impunidad.

28 MÉNDEZ VENEGAS, Eladio: Fundaciones de indianos badajocenses. Badajoz, autoedición, 1987, p. 176.

29 BENZONI, Girolamo: Historia del Nuevo Mundo. Madrid, Alianza Editorial, 1989.

30 PULGAR, Fernando del: Crónica de los Reyes Católicos. Madrid, Espasa Calpe, 1942, T. I, p. 439.

31 Real a los oficiales de La Española, Burgos, 6 de octubre de 1511. AGI, Indiferente General 418, L. 3, fols. 178r-179r.

32 Real cédula a los oficiales de la isla de Cubagua, Madrid, 10 de diciembre de 1532. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, fols. 33v-34r.

33 Real Cédula a los oficiales de la isla de Cubagua, Valladolid, 3 de septiembre de 1536. AGI, Santo Domingo 1121, L. 3, fol. 122r.

34 Por ejemplo, Rodrigo Cantos de Andrade, entre 1540 y 1565 viajó al menos en tres ocasiones al Perú. Véase el apéndice I.

35 Los principales trabajos publicados por nosotros al respecto han sido los siguientes: MIRA CABALLOS, Esteban: "Indios en la Extremadura del siglo XVI: aproximación a su estudio", XXVI Coloquios de Historia de Extremadura. Trujillo, 2000. Indios y mestizos en la España del siglo XVI. Madrid, 2000.- Indios y mestizos en la España del siglo XVI. Madrid, Iberoamericana, 2000b.- “De esclavos a siervos: amerindios en España tras las Leyes Nuevas de 1542”, Revista de Historia de América Nº 140. México, 2009. Sobre el caso concreto de Zafra puede verse a SÁNCHEZ GÓMEZ-CORONADO, Manuel: “Algunos ejemplos en Zafra del tráfico de esclavos entre España y las Indias (2ª mitad del siglo XVI)”, IX Congreso Internacional de Historia de América. Mérida, 2002.

 

36 Por ejemplo, el presidente de la audiencia de Santo Domingo, el licenciado Peralta, no tuvo dificultad alguna en desposarse en el tercer cuarto del siglo XVI con una niña de ocho años de edad. MORETA CASTILLO, Américo: La Real Audiencia de Santo Domingo (1511-1799). La justicia en Santo Domingo en la época colonial. Santo Domingo, Real Academia Dominicana, 2010, p. 192. Estupro puro y duro consentido por autoridades y vecinos. Probablemente el hecho de ser un alto cargo de la administración judicial favoreció su impunidad.

37 MÉNDEZ VENEGAS, Eladio: Fundaciones de indianos badajocenses. Badajoz, autoedición, 1987, p. 176.

38 Testamento de Juan Martín, arriero vecino de Los Santos, Zafra, 3 de agosto de 1612. A.M.Z., Agustín de Paz 1612, fols. 291r-292v.

39 Véase el apéndice II.

40 Sobre la vida y la muerte a bordo véase mi trabajo: “La vida y la muerte a bordo de un navío del siglo XVI”, Revista de Historia Naval. Madrid, 2010, pp. 39-57.

41 En 1592 se realizaron los autos por los escasos bienes dejados por Diego Pérez Machado, natural de Zafra, fallecido abintestato en el mar. Su madre, Mencía Núñez, en nombre de su propio y de su nuera Mencía López dio poderes el 26 de mayo de 1592 para cobrar en Sevilla 154.254 maravedís que quedaron de su hijo, pagadas las costas. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 11592, fols. 768r-769r. Para más detalle véase el apéndice II.

42 Esta circunstancia no se especifica pero la madre, Beatriz González, dio poderes para cobrar el salario de su difunto hijo, Zafra, 10 de noviembre de 1594. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1594, fols. 250r-250v.

43 Ni siquiera tuvo tiempo de disfrutar del salario que ganó en su travesía, pues fue solicitado tras su óbito por su padre. Poder otorgado por Juan Barahona a Alonso Muñoz, vecino de Badajoz, Zafra, 21 de noviembre de 1590. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1590, fols. 902r-902v.

44 Información realizada por Jacinto Vázquez, Zafra, 1660. AGI, Contratación 970, N. 5, R. 14.

45 Ibídem.

46 A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1595.

47     Referido a la emigración española en general puede verse el trabajo de SÁNCHEZ ALBORNOZ, Nicolás: La población de América Latina. Desde los tiempos Precolombinos al año 2.000. Madrid, Alianza Universidad, 1977, mientras que sobre el caso concreto extremeño es interesante el de CARDIALLAGUET QUIRANT, Marcelino: "Estimación de los factores de la emigración extremeña a América en el siglo XVI", Revista de Estudios Extremeños, T. XXXIV, Nº 3. Badajoz, 1978, pp. 541-565.

48 No nos cabe la menor duda que aquella emigración, al igual que la que actualmente recibe España procedente de África, se debía a la pobreza que tenían en sus casas, como decían los cronistas de Indias. Sirva de muestra lo que se decía en el anteproyecto sobre la Ley de Emigración de 1901: "La emigración es un triste remedio para los males económicos, políticos, financieros y sociales que padecemos; el ciudadano que apela al durísimo y violento recurso de emigrar es porque no encuentra otro a su alcance". Citado en ANSÓN CALVO, María del Carmen: "La emigración asturiana en el siglo XVIII. Notas para su estudio", en La emigración española a Ultramar, 1492-1914. Madrid, Tabapress, 1991, p. 77.

49CARDALLIAGUET QUIRANT: Ob. Cit., p. 553.

50 Sus hermanos eran el bachiller Gonzalo Alonso y Juan García Panduro, este último presbítero, y las hermanas María Estévez y Francisca López. Aunque su padre, Alonso García Panduro El Viejo, era una persona acomodada, su amplia descendencia obligo a dos de ellos a hacer carrera eclesiástica y a otro más a tomar el camino de las Américas. Testamento de Alonso García Panduro, Zafra, 19 de septiembre de 1590. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1590, fols. 645r-647r.

51 Carta otorgada por Pedro Calderón, vecino de Zafra, 6 de julio de 1579. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1579, fols. 43r-43v.

52 Carta otorgada por María Luisa Ramírez, Zafra, 24-X-1748. A.M.Z. Escribanía de José Sánchez Mejías 1748, fols. 40r-40v.

53 Sobre el drama de estas mujeres que sufrieron no sólo la pobreza sino también la amargura de verse abandonadas por sus respectivos esposos puede verse el interesante trabajo de TESTÓN NÚÑEZ, Isabel y Rocío SÁNCHEZ RUBIO: “Mujeres abandonadas, mujeres olvidadas”, Cuadernos de Historia Moderna Nº 19. Madrid, 1997, pp. 91-119.

54 José María Moreno en su trabajo sobre el cronista detecto ciertos problemas económicos de su padre que se vio obligado, en 1555, a imponer varios censos sobre sus propiedades por un monto total de 40.000 maravedís. MORENO GONZÁLEZ, José María: “El cronista Pedrarias de Almesto y la Zafra de su tiempo”, IX Congreso Internacional de Historia de América, T. I. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2002, p. 74.

55 Paso casi dos años penando por cárceles como la de la Casa de la Contratación y la de la Chancillería de Granada aunque finalmente tan sólo fue condenado al pago de las costas y a 50.000 maravedís, por sentencia dictada por los oficiales de la Casa de la Contratación el 2 de junio de 1579. AGI, Escribanía de Cámara 1067, N. 16.

56 Carta de Alonso Ortiz a su mujer Leonor González, en Zafra, México 14 de octubre de 1574. OTTE, Enrique: Cartas privadas de emigrantes a Indias. Sevilla, Junta de Andalucía, 1988, pp. 82-83.

57 Este poder se inserta en otro que Leonor González dio a su padre Alonso Hernández y a su hermano Melchor Hernández para que realizasen las gestiones pertinentes para su embarque, Zafra, 10-V-1576. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1576, fols. 181r-182r.

58 El 31 de agosto de 1575 Rodrigo Jiménez, yerno de Leonor González y con poder de ésta recibió 200 reales de plata que valen 6.800 maravedís de un total de 70 pesos de oro de a ocho reales que le envió Alonso Ortiz, por mediación de Rodrigo Muñoz, racionero de la Catedral de México y del veinticuatro de Sevilla García de León. A.M.Z. Fernando de León 1575, fol. 268r.

59 Carta de poder otorgada por Leonor González, Zafra, 9 de junio de 1575. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1575, fols 457r-457v.

60 Carta de obligación de Baltasar Rodríguez y Hernando de Montilla, vecinos de Zafra con Cristóbal Chacón, mercader de esclavos, vecino de Sevilla en la plaza de San Francisco, Zafra 12 de abril de 1576. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1576, fols. 434r-434v.

61 Ibídem, p. 448.

62 García Hernández de Mazariegos, mercader vecino de zafra, se dio por pagado de los 30.600 maravedís que le envió Alonso Ramírez de Aguilera desde la Ciudad de los Reyes. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1595, fol. 34r.

63 Según Tomás García Muñoz, cronista de Medellín, los Martel eran un apellido con gran tradición en esta última villa, por lo que pensamos que tal vez el matrimonio Martel, tan amigo de los Velázquez de Acevedo, tuviesen un origen metellinense más cercano o más lejano.

64 Hernando Martel Mosquera y su esposa otorgan poder a Lorenzo Vaca de Silva, Zafra, 22 de agosto de 1585. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1585, fols. 567r-568r. El 6 de febrero de 1592 Hernando Martel Mosquera, vecino de Zafra, dio poderes para cobrar las rentas de la encomienda vitalicia que su difunta esposa poseía en el distrito de la Ciudad de los Reyes y que le correspondía hasta el día de su muerte el 11 de septiembre de 1589. Asimismo reclamó las rentas de su casa que debía ser lo suficientemente digna como para vivir en ella el Inquisidor general del Perú. A.M.Z. Rodrigo de Paz 1592, fols. 713r-714v.

65 En 1599 el duque redimió el censo, y las rentas fueron enviadas por Alonso Velázquez, residente en Zafra, a su hermano Juan Velázquez, vecino entonces en Valdetorres, Medellín, para que lo reinvirtiese para así seguir financiando la capellanía. Testamento de Alonso Velázquez de Acevedo, natural de Medellín y vecino de Zafra, 3 de marzo de 1600. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fols. 549r-590v.

66 Véase el apéndice documental.

67 Testamento de Alonso Velázquez de Acevedo, administrador de los bienes dejados por su hermano Juan Velázquez de Acevedo, en el que ordenó que se pagasen a los herederos de María Martel los 4.100 reales que les debía su difunto hermano, Zafra, 3 de marzo de 1600. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fols. 549r-590v.

68 Carta otorgada en Zafra, 25 de octubre de 1597. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1597, fols. 616r-616v.

69 Véase el apéndice I.

70 Fue el caso de Juan Rodríguez Barragán, vecino de Los Santos, que malvendió la dote de su esposa Olalla Gordillo, que era huérfana y menor y se fue a Indias. Amasó en Cuzco una fortuna de unos 30.000 ducados pero fue condenado a muerte por almagrista y sus bienes confiscados. Su hija, monja profesa en Santa Marina de Zafra consiguió, por sentencia dada en Madrid el 27 de abril de 1553, que le diesen de los bienes de su difunto padre 125.000 maravedís, alegando que debían ser suyos de la dote de su madre que su padre malvendió. Pleito entre el convento de Santa marina y el fiscal de Su Majestad, 1550-1561. AGI, Justicia 1081, N. 2, R. 6.

71 Por citar un ejemplo, Catalina Sánchez la Torera, después de haber conseguido su licencia otorgada en El Pardo el 18 de mayo de 1591, se personó en Zafra para realizar la pertinente información. En ella varios testigos certificaron que la Catalina Sánchez que figuraba en la licencia era la zafrense y que tanto ella como su hija y sus padres y sus cuatro abuelos han sido y son buenos católicos cristianos viejos limpios de toda raza y mácula de moros y judíos y nuevamente convertidos a nuestra fe y que ellos no ninguno de ellos no han sido ni fueron personas condenadas ni reconciliadas por el Santo Oficio de la Inquisición ni son de las personas prohibidas para pasar a las Indias. Pregunta 5ª de la información sobre Catalina Sánchez y su hija Leonor, Zafra, julio de 1591. AGI, Contratación 5240, N. 1, R. 56.

72 Fuentes: apéndices I y II. Las cifras están expresadas en maravedís.

73 DURÁN LÓPEZ, Gonzalo: “Pasajes a Indias a principios del siglo XVIII: precios y condiciones”, La emigración española a Ultramar, 1492-1914. Madrid, Tabapress, 1991, p. 205.

74 Testamento de Juan Martín Moreno, vecino de Los Santos, Zafra, 3 de agosto de 1612. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz Tinoco 1612, fols. 291r-292v.

75 Carta otorgada por Francisco López, Zafra, 22 de mayo de 1584. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1584, fols. 689r-690r.

76 Carta otorgada por Juan Rodríguez Zambrano, Zafra, 16 de febrero de 1582. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1582, fols. 190r-191r. Por abundar un poco más, el 9 de diciembre de 1597 García Pachón de Juanmarín, vecino de Los Santos, hijo de García Pachón y de Leonor Gordilla, difuntos, renunció en su hermano Pedro Hernández, su legítima por las buenas obras que le había hecho y en particular por ayudarlo con 100 ducados para pagarse su pasaje al Nuevo Mundo. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1597, fols. 562r-563r.

77 Testamento de Alonso García Panduro, Zafra, 19 de septiembre de 1590. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1590, fols. 645r-647r.

78 Carta otorgada por Diego Pérez Machado, Zafra, 29 de diciembre de 1616. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1616, fols. 401r-401v.

79Véase el apéndice IV.

80 Carta de donación, Zafra, 25 de enero de 1594. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1594, fols. 565r-566v.

81 Carta otorgada por Francisco López Gutiérrez, Zafra, 20 de junio de 1595. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1595, fols. 483r-483v.

82 Sobre la importancia de la amistad y el paisanaje puede verse el trabajo de SÁNCHEZ RUBIO, Rocío e Isabel TESTÓN NÚÑEZ: “A casa hecha y a mesa puesta. La función del parentesco, la amistad y el paisanaje en la emigración española al Nuevo Mundo. Siglo XVI” Rábida Nº 21. Huelva, 2002, pp. 17-34.

83 Concierto entre Francisco Sánchez Lozano, vecino de Zafra, y María Martín, vecina de Los Santos, Zafra, 24 de mayo de 1596. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1596, fols. 25r-26r.

84 NAVARRO DEL CASTILLO: Ob. Cit., pp. 469-483.

85 CUESTA, Mariano: Extremadura y América. Madrid, MAPFRE, 1992, p. 45.

86 SÁNCHEZ RUBIO: La emigración extremeña al Nuevo Mundo…, pp. 759-779. LEMÚS LÓPEZ: Ob. Cit., pp. 282-285.

87 Los datos están extraídos del apéndice I y II. En todos los casos incluimos en el siglo XVI los emigrantes de los ocho años finales del siglo XV, es decir, desde 1492 a 1499.

88 Sin ánimo de ser exahustivos, queremos señalar una comparativa con los emigrantes de otras localidades extremeñas en la Edad Moderna: Badajoz 680, Medellín 605, Plasencia 505, Llerena 435, Fregenal 405, Cáceres 371, Azuaga 360, Jerez de los Caballeros 300, Los Santos 269, Villanueva de la Serena 267, Almendralejo 256, Fuente de Cantos 238, Segura de León 219, Fuente del Maestre 205, Garrovillas 197, Alburquerque 196, Alcántara 178, Burguillos del Cerro 154, Villafranca de los Barros 160, Montijo 106, Talavera la Real 104. Los datos proceden en su mayor parte de la obra de CUESTA: Ob. Cit., pp. 42-49. Los datos de Villafranca, Montijo, Talavera la Real, Almendralejo y Medellín proceden de distintos estudios realizados por mí y publicados en distintas revistas locales.

8914.905 en el siglo XVI, 4.346 en el XVII y unos 1.198 en el XVIII. Los datos del siglo XVI proceden de SÁNCHEZ RUBIO: La emigración extremeña al Nuevo Mundo…, p. 138. Los del XVII de LEMÚS LÓPEZ: Ob. Cit., p. 52. Para el siglo XVIII, dado que no disponemos de un estudio global para Extremadura, hemos proyectado el porcentaje de descenso de la emigración andaluza en el siglo XVIII con respecto al XVII y lo hemos aplicado a Extremadura, resultando un total de 1.198 emigrantes. DÍAZ-TRECHUELO LÓPEZ-SPÍNOLA, Lourdes (Dir.): La emigración andaluza a América, siglos XVII y XVIII. Sevilla, Junta de Andalucía, 1990, p. 27.

90 Así, pues, para Juan Friede el porcentaje de tráfico ilícito constituyó entre el 15 y el 20 por ciento del total, mientras que Francisco de Solano lo cifraba entre el tercio y el cuarto del contingente total de emigrados. FRIEDE, Juan: "Algunas observaciones sobre la realidad de la emigración española a América en la primera mitad del siglo XVI", Revista de Indias, T. XII. Madrid, 1952, págs. 472-473. SOLANO, Francisco de: "Emigración andaluza a las Indias durante el siglo XVI", en América y la España del siglo XVI. Madrid, C.S.I.C., 1983, p.43.

 

91 Véase el apéndice I.

92 En Plasencia están registrados en el siglo XVI 416 emigrantes -269 se declararon vecinos y 147 naturales- y en Llerena 361. Para el caso de Plasencia véase a PEREIRA IGLESIAS: Ob. Cit., p. 264 y para Llerena a GARRAÍN VILLA, Luis J.: Llerena en el siglo XVI. La emigración a Indias. Badajoz, Enclave92, 1991, p. 29.

 

93    DIAZ-TRECHUELO SPINOLA, Lourdes: "Contribución granadina a la conquista y colonización de América", en El Reino de Granada y el Nuevo Mundo, T. I. Granada, Diputación Provincial, 1994, p. 71.

94    MARTINEZ, José Luis: Pasajeros de Indias. Madrid, Alianza Universidad, 1983, pp. 155 y ss.

95 Sin embargo supone una notable variación con respecto a Andalucía. De hecho, las mujeres andaluzas que emigraron en el XVII supusieron el 45,59% mientras que en el XVIII sólo el 17,92%. DÍAZ-TRECHUELO: Ob. Cit., pp. 29-30.

96 Se ha calculado que para el conjunto de Extremadura, en el siglo XVI, las mujeres supusieron el 22% del total, mientras que en el XVII supusieron el 27,9%. SÁNCHEZ RUBIO: Ob. Cit., p. 138; LEMÚS LÓPEZ: Ob. Cit., p. 52 y

97 En Llerena en el siglo XVI se situó en un 18,01%, mientras que en Montijo fue del 26,41% , en Medellín del 18,35 y en Almendralejo del 26,11%. GARRAÍN VILLA: Ob. Cit., p. 29. MIRA CABALLOS, Esteban: “Montijo y América en la Edad Moderna. Tres siglos de relaciones”, IV Encuentros de Historia en Montijo. Montijo, 2001, p. 224.- “Medellín y América hasta la Guerra de la Independencia: estado de la cuestión”, Jornadas de Historia de las Vegas Altas. La Batalla de Medellín. Medellín, 2010, p. 482. “Cuando el hambre apretaba: el sueño áureo de los almendralejenses en América”, I Jornadas de Historia de Tierra de Barros. Almendralejo, 2010.

98 SÁNCHEZ RUBIO: Ob. Cit., pp. 137-138.

99 No podemos perder de vista que, pese a que existía una fluida comunicación entre Zafra y Sevilla, las distancias eran mucho mayores que ahora, pues los caminos eran pésimos y dependían de los municipios. Los convoyes de carretas, repletas de mercancías y de pasajeros, debían ser tan lentas como fatigosas de ahí que el trabajo de arriero o de recuero fuera extremadamente sacrificado. Véase el trabajo de GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Antonia: “La inserción de las ferias de Zafra en el comercio peninsular”, Cuadernos de Çafra, Vol. III. Zafra, 2005, pp. 140-141.

100El camino era difícil y la mejor forma de afrontar las duras condiciones de la travesía era viajar en compañía de otras familias emparentadas entre sí o simplemente paisanas. HERNÁNDEZ BERMEJO, María Ángeles, Mercedes SANTILLANA PÉREZ e Isabel TESTÓN NÚÑEZ: "El contexto familiar de la emigración extremeña a Indias en el siglo XVI", en La emigración española a Ultramar, 1492-1914. Madrid, Tabapress, 1991, p. 250.

101 Véase el apéndice I.

102 Véase el apéndice II.

103 Véase el apéndice I.

104 Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Lisboa, 18 de noviembre de 1581. AGI, Contratación 5229, N. 3, R. 48.

105 Los datos están extraídos de los apéndices I y II. El dato de los criados y comerciantes del siglo XVIII procede de MACÍAS DOMÍNGUEZ, Isabelo: La llamada del Nuevo Mundo. La emigración española a América (1701-1750). Sevilla, Universidad, 1999, p. 124.

106 En el siglo XVI encontramos tan sólo a una persona con ese oficio, lo cual a efectos estadísticos resulta absolutamente marginal. Los oficios en cuestión son los siguientes: abogado, cerero, labrador, zurrador, zapatero, curtidor, sombrerero, ayudante de fundición, marino y alcalde ordinario.

107 Entre ellos Diego Rodríguez, deán de la catedral de Michoacán.

108 Los datos proceden de los apéndices I y II. La fecha que ofrecemos procede del dato más antiguo que poseemos de la presencia del fraile en tierras indianas.

109 El caso de fray Gonzalo Cuadro es diferente a los demás porque profesó en México tras varios lustros como conquistador. No lo hemos contabilizado en la relación de oficios de los emigrantes.

110 En el caso de Llerena en el siglo XVI supusieron aproximadamente el 25% de los emigrantes con oficio conocido, en Almendralejo la tercera parte, en Montijo el 45% y en Medellín el 51%. GARRAÍN VILLA: Ob. Cit., p. 30. MIRA CABALLOS: Cuando el hambre apretaba… Ob. Cit., ; Medellín y América…Ob. Cit., p. 483 y Montijo y América… Ob. Cit., p. 224.

111    En general para la emigración extremeña a Indias en el siglo XVI se consideraba que el 66,3 por ciento de los emigrantes en los que consta su profesión eran criados. PEREIRA IGLESIAS: Ob. Cit., pág. 268.

112 Véase el apéndice I.

113 Véase el apéndice II.

114 El 4 de noviembre de 1583 Hernán García de Perales dio poderes para cobrar en Sevilla 80 ducados, 200 pesos de oro y 72 reales de a 34 maravedís cada uno, que su hijo Francisco Hernández, residente en la ciudad de Santa Fe, le envió. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1583, fols. 25r-25v.

115 Apéndice I.

116 Fue el caso de Juan Pacheco y su mujer que, en 1535, obtuvo su licencia para viajar al Río de la Plata pero que cinco años después se encontraban en Santo Domingo. Todo parece indicar que se quedaron en el primer puerto al que arribaron. Véase el apéndice I.

117 Véase el apéndice documental.

118 Poder otorgado por Mari González de Monroy y Catalina Rodríguez de Monroy, Zafra, 26 de octubre de 1596. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1596, fols. 247r-247v.

119 Véase el apéndice I.

120 MIRA CABALLOS: Hernán Cortés, el fin de una leyenda. Badajoz, Palacio Barrantes Cervantes, 2010, pp. 351-384 y el apéndice documental.

121 Capitulación otorgada a Hernando de Soto, Valladolid, 20 de abril de 1537. Una buena transcripción en VAS MINGO, Milagros del: Las capitulaciones de Indias en el siglo XVI. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1986, Págs. 329-334.

122 Fue una de las localidades que más hombres aportó a la expedición del extremeño, solo por debajo de Badajoz –con 45 enrolados-, de donde era la familia materna del conquistador y de Barcarrota –con 33-, de donde era originario él mismo y su familia paterna. SÁNCHEZ RUBIO, Rocío: "Extremeños con Hernando de Soto en la expedición de la Florida", en Hernando de Soto y su tiempo. Villanueva de la Serena, 1993, pp. 39-51.

123 BARÓN CASTRO, Rodolfo: Reseña histórica de la villa de San Salvador. San Salvador, Ministerio de Educación, 1996, pp. 164-165.

124 GONZÁLEZ OCHOA, José María: Quién es quién en la América del Descubrimiento. Madrid, Acento Editorial, 2003, pp. 262-263.

125 LOCKHART, James: Los de Cajamarca. Un estudio social y biográfico de los primeros conquistadores del Perú. Lima, Editorial Milla Batres, 1987, T. II, pp. 126-127.

126 Garcilaso de la Vega lo cita como un caballero natural de Zafra. VEGA, Inca Garcilaso de la: Segunda parte de los Comentarios Reales. Madrid, Imprenta de los hijos de doña Catalina Piñuela, 1829, p. 443.

127 SANCHO DE LA HOZ, Pedro: “Relación de la Conquista del Perú”, publicada en Cronistas de Indias Riojanos (Ed. de José María González Ocho). Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2011, p. 111.

128 LOCKHART: Ob. Cit., T. II, pp. 126.127.

129 FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia general y natural de las Indias, T. V. Madrid, Atlas, 1992, p. 290.

130 El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, además de mencionar la cuna zafrense de Diego Álvarez le dedica un par de párrafos a su actuación: buscando Centeno reclutar hombres para servir al virrey La Gasca, envió a un criado suyo y a un clérigo e toparon a Diego Álvarez, natural de Zafra, que era uno de los que habían salido de la entrada de Diego de Rojas; e concertáronse todos tres de ir a dar en un pueblo, que servía el veedor de Su Majestad, en término de Lima, donde había ciertos caballos e armas; e sacaron cuatro o cinco caballos e comenzaron a caminar por donde Centeno estaba, y en el camino el dicho Diego Álvarez alzó la bandera e dijo: esta bandera alzo en nombre de Dios e del Rey e de su capitán Diego Centeno, e para entregársela como a su capitán general. E juntáronse allí siete u ocho con el dicho Diego Álvarez, e concertaron con aquel criado suyo que tomase dos caballos de aquéllos, e fuese a sacar al capitán Luis de Ribera, e a Centeno de donde estaban, e que el Diego Álvarez, e los demás los aguardarían entre el Cuzco e Arequipa. E así se hizo todo, e se juntaron donde estaban ya doce. E llegado Centeno, le entregó Diego Álvarez la bandera, como a su capitán general. FERNÁNDEZ DE OVIEDO: Ob. Cit., T. V, pp. 294-295.

131 El propio Pedro de Valdivia se quejó al Emperador que, desde la salida de Chile de Pedro de Almagro, nadie quería ir a esa tierra y que más bien huían de ella como de la pestilencia Cit. en MORALES PADRÓN, Francisco: Historia del Descubrimiento y Conquista de América. Madrid, Editorial Gredos, 1990, p. 591. Y no le faltaba razón, pues se estima que en 1565 vivían en la gobernación de Chile poco más de 1.500 españoles. Por todo ello, nada tiene de extraño, como acertadamente señaló Joaquín Moreno, que solamente los más atrevidos y arrojados pudiesen soportar este estilo de vida, lo que provocó que la mayor parte de los emigrantes a la región austral fuesen descendientes de hidalgos y guerreros. MORENO LÓPEZ, Joaquín: “Claves de la emigración española a Indias: la particularidad chilena”, En Jornadas con motivo del 60 aniversario del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas. Santiago Chile, s/a, pp. 1-6.

132 Así lo defiende Andrés Oyola, aunque sin aportar pruebas concluyentes. Véase OYOLA FABIÁN, Andrés: “A propósito de la familia zafrense de los Ramírez de Prado: origen y errores historiográficos”, Congreso Conmemorativo del VI Centenario del Señorío de Feria (1394-1994). Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1996, pp. 213-215.

133 Todos los datos sobre el nacimiento y origen de fray Marcos Ramírez de Prado, proceden del excelente estudio genealógico de ENTRAMBASAGUAS, Joaquín de: Una familia de ingenios: los Ramírez de Prado. Madrid, C.S.I.C., 1943, Cap. IV, pp. 138-168.

134 Sobre el particular puede verse los trabajos de TRASLOSHEROS HERNÁNDEZ, Jorge Eugenio: “La iglesia catedral y la reforma de la iglesia en el antiguo Michoacán (1640-1666)”, Nueva Antropología. Revista de Ciencias Sociales, Nº 45. México, 1944, pp. 45-82 y La reforma de la iglesia del antiguo Michoacán; la gestión episcopal de fray Marcos Ramírez de Prado, 1640-1666. Morelia, 1995.

135 En 1642 publicó unas Ordenanzas generales de visita que, al parecer, recogen sus principales proyectos sociales y eclesiásticos. TRASLOSHEROS: La iglesia catedral…, p. 69. También escribió una obra titulada: Voces del cielo para la conversión de las almas. HURTADO, Publio: Extremeños en América. Sevilla, Gráficas Mirte, 1992, p. 242.

136 Ibídem, p. 76.

137 Ibídem, p. 80.

138 Sobre el particular véase el apasionante artículo de TRASLOSHEROS, Jorge E.: “Los motivos de una monja: sor Feliciana de San Francisco. Valladolid de Michoacán, 1632-1655”, Historia Mexicana Vol. 47, Nº 4. México, 1998, pp. 735-763.

139 Sus sucesivos nombramientos pueden verse en SCHÄFER, Ernesto: El Consejo Real y Supremo de las Indias, T. II. Salamanca, Junta de Castilla y León, 2003, pp. 497, 505, 506).

140 Obligación del licenciado Diego Rodríguez, clérigo presbítero, vecino de Zafra, 23-I-1588. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1588, fols. El 10 de diciembre de 1600 la citada capellanía compró un censo de 3.000 maravedís anuales por 42.000 maravedís, situados sobre casas de morada de Diego Rodríguez Holgado y Catalina de toro, su mujer, en la calle del licenciado Barragán, linde con casas de Francisco Martín Gordillo y con casas de Pero Díaz. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 160’0, fols. 265r-265v.

141 Por ejemplo, el 20 de noviembre de 1580, Juana de Salas, vecina de la Parra y residente en Zafra le dio poder para pedir en la Casa de la Contratación los bienes de su hijo, Diego de Salas, fallecido en la ciudad de Santa Fe hacía cinco años. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1580. fols. 446r-446v.

142 HURTADO: Ob. Cit., p. 243.

143 Véase el apéndice II.

144 ARRIAGA, Pablo de: Extirpación de la idolatría en el Perú. Cuzco, Centro de Estudios Andinos Bartolomé de Las Casas, 1999 (1ª ed. de 1621), p. 14.

145 MIRA CABALLOS, Esteban: Barcarrota y América: flujo y reflujo en una tierra de frontera. Badajoz, Consejería de Cultura, 2003, p. 102.

146 Véase mi trabajo: “Nuevas pruebas sobre el origen barcarroteño de Hernando de Soto”, XXXVII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2009.

147 Más detalles sobre la vida de Juan de Coles pueden verse en la obra de BARAJA SALAS, Eduardo: Cronistas extremeños en Indias. Badajoz, Diputación Provincial, 1992.

148 La partida de bautismo y otros muchos datos sobre su vida y su obra pueden verse en MORENO GONZÁLEZ: Ob. Cit., T. I, pp. 67-77.

149 El cargo de virrey estaba vacante desde la muerte de Antonio de Mendoza el 21 de julio de 1552. Tras los disturbios de Hernández Girón se nombró al nuevo virrey que se mantuvo en el cargo hasta el 15 de diciembre de 1558 en que se nombró a su sucesor Diego López de Zúñiga, conde de Nieva. SCHÄFER, Ob. Cit., T. II, p. 383.

150 El título de la misma es: Relación de la jornada de Omegua y Dorado que el gobernador Pedro de Urzúa fue a descubrir y el alzamiento de D. Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre. Madrid, T. XX de Bibliófilos españoles, 1909. Ha sido reeditada en varias ocasiones. He manejado una edición más reciente, concretamente la editada en La aventura del Amazonas (ed. de Rafael Díaz). Madrid, Historia 16, 1986, pp. 99-223.

151 ARMESTO: Ob. Cit., p. 115.

152 MORENO GONZÁLEZ: Ob. Cit., p. 77.

153 Inés Hernández de Orellana da poderes para cobrar 50 pesos de oro de los bienes de su hijo, Zafra 6-I-1579. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1579, fols. 43r-43v.

154 PANIAGUA PÉREZ, Jesús y María Isabel VIFORCOS MARINAS: El humanismo jurídico en las Indias: Hernando Machado. Badajoz, Diputación Provincial, 1997, p. 25. PANIAGUA PÉREZ, Jesús: “Las visiones de las Indias de los humanistas zafrenses”, Cuadernos de Çafra Vol. II. Zafra, 2004, p. 24.

155 El nombramiento fechado el 7 de enero de 1592 se conserva en AGI, Contratación 5792, L. 2, fol. 168r y en AGI, Quito 211, L. 3, fol. 10r. Cit. en PANIAGUA PÉREZ: El humanismo jurídico en las Indias… Ob. Cit., p. 47 y en CROCHE DE ACUÑA, Francisco: Hijos ilustres de Zafra. Zafra, autoedición, 2006, pp. 105-106. El cargo de relator tenía como cometido leer, resumir y exponer los expedientes ante los jueces para facilitar el proceso.

156 Véase el apéndice II.

157 PANIAGUA: El humanismo jurídico en las Indias, Ob. Cit., p. 69.

158 Francisco Machado dio poder a Francisco de Mesa para cobrar en Sevilla 458 pesos de a ocho reales que le envió su hermano Hernando Machado, Zafra, 11 de marzo de 1600. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fol. 732v.

159 Mientras Francisco Machado y Chávez fue canónico y tesorero de la Catedral de Santiago de Chile Juan Machado, nacido en Quito, fue profesor en la universidad de San Marcos de Lima y luego ostentó una canonjía en la Catedral de esa misma ciudad. PANIAGUA: El humanismo jurídico en las Indias…Ob. Cit., pp. 89-95. PANIAGUA: Las visiones de las Indias de los humanistas zafrenses… Ob. Cit., p. 24.

160 PANIAGUA: Las visiones de las Indias de los humanistas zafrenses…, pp. 18-19.

161 Nicolás Díaz, escritor decimonónico lo mencionó entre los juristas más destacados de la historia de Extremadura, citándolo así: Gómez Ribero, juez togado, de Zafra. DÍAZ Y PÉREZ, Nicolás: Historia de Talavera la Real, villa de la provincia de Badajoz. Madrid, Imprenta de J. Antonio García, 1875, p. 155.

162 VIVAS TABERO: Ob. Cit., p. 435.

163 En el repartimiento de Alburquerque de 1514 recibió un pequeño contingente de 25 indios tributarios en el cacique Martín de la Coaba, en el término de la ciudad de Santo Domingo. ARRANZ MÁRQUEZ, Luis: Repartimientos y encomiendas en la isla Española (El repartimiento de Alburquerque de 1514). Santo Domingo, Fundación García Arévalo, 1991, p. 561.

164 El término armadas de rescate no es más que un eufemismo de la época para designar en realidad razias contra la población indígena en la que se les robaba y se les capturaba para venderlos en los mercados esclavistas. Las armadas de rescate no eran más que la reproducción mimética de las cabalgadas medievales que se habían llevado a cabo de forma sistemática en territorios de infieles, tanto los situados en territorio nazarí como los que se encontraban en la costa occidental africana.

165 MIRA CABALLOS, Esteban: El indio antillano: repartimiento, encomienda y esclavitud. Sevilla, Muñoz Moya editor, 1997, p. 279.

166 LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Las Indias de Castilla en sus primeros años. Cuentas de la Casa de la Contratación (1503-1521). Madrid, Dykinson, 2008, p. 362.

167 No parece que sea el mismo Gómez de Alvarado, hermano del famoso adelantado Pedro de Alvarado, y al que acompañó a Cuba, luego a Guatemala y finalmente a Perú. Estos y otros hermanos eran hijos de Gómez de Alvarado, comendador de Lobón y Teresa Suárez de Moscoso. Ver al respecto a THOMAS, Hugh: Quien es quién de los conquistadores. Barcelona, Salvat, 2001, pp. 38-43.

168 VIU, José de: Extremadura. Colección de sus inscripciones y monumentos seguido de reflexiones importantes sobre lo pasado, lo presente y el provenir de estas provincias, T. II. Madrid, Imprenta de don pedro Montero, 1852, p. 338.

169 Las monjas profesas, hermanas de Gómez de Alvarado, eran Inés de Monte Calvario y Teresa de la Columna. Los demás herederos alegaron que al profesar renunciaron a su herencia. Pero el convento que no estaba sobrado de rentas, reclamó que renunciaron a sus respectivas legítimas no a otras posibles herencias como era el caso. El 25 de julio de 1574 las monjas declaraban que habían cobrado 7.500 ducados por escrituras otorgadas ante Rodrigo de Paz Tinoco el 8 de abril de 1558 y el 10 de enero de 1560, pero que aún se le quedaban debiendo en torno a 500 ducados. A.M.Z. escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1574, fols. 4r-5r. Juan Carlos Rubio ve plausible que las monjas utilizaran el dinero de esta herencia en la construcción de la bonita enfermería del convento, fechada en el último tercio del siglo XVI. RUBIO MASA, Juan Carlos: “La enfermería nueva del convento de Santa Clara de Zafra. La herencia del capitán perulero Gómez de Alvarado”, IX Congreso Internacional de Historia de América, T. I. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2002, pp. 163-167.

170 Se conserva una copia de la citada escritura de última voluntad en el archivo parroquial de Zafra. Extractado por CORTÉS CORTÉS, Fernando: “La emigración extremeña a América”, Alminar Nº 16. Badajoz, 1980, pp. 20-21.

171 Lope Francisco de Moscoso y Hoces, regidor perpetuo de Badajoz y caballero de Santiago, con poder de su suegro Antonio Jaramillo de Andrada, vecino de Zafra, otorgó poderes en Almendralejo al licenciado Alonso de San Juan, regidor perpetuo de Mérida. Debía cobrar del concejo de Mérida 1.200 ducados de cuatro años que debía el concejo a Antonio Jaramillo del censo de 300 ducados que debían pagarle a éste anualmente. Carta otorgada por Lope Francisco de Moscoso, Almendralejo, 5 de marzo de 1654. Archivo Municipal de Almendralejo, escribanía de Alonso García de León 1654, fols. 24r-24v.

172 Los datos biográficos proceden del trabajo monográfico de MORENO GONZÁLEZ, José María: “Un ilustrado zafrense de oficio marino. Tomás Ugarte y Liaño”, Cuadernos de Çafra, N. IV. Zafra, 2006, pp. 229-242.

173 Ibídem, p. 239.

174 Rocío Sánchez Rubio detectó este tipo de negocio ocasional entre los emigrantes extremeños. Véase su trabajo “Los extremeños y el comercio con América (siglos XVI-XVIII)”, en Los antecedentes de la Cámara de Comercio de Cáceres. Cáceres, s/f, p. 36.

175 Carta otorgada por Pedro de Santillana y su fiador Tomás de Ávila, mercader, vecino de Zafra, 1 de septiembre de 1591. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1591, fols. 1002r-1003v.

176 A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1590, fol. 80r.

177 Véase el apéndice II.

178 Véase el apéndice II.

179 Carta otorgada por Isabel de Ayala con poder de su marido Alonso García Carpintero, Zafra, 30 de noviembre de 1578. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1578, fols. 174r-176v. Hay otros muchos casos similares; por poner un último ejemplo, Alonso Mexía, vecino de la puebla de Sancho Pérez, estante en Zafra, otorgó poder a Alonso Gallego, para que cobrase cierta herencia de sus hijas que llegó de las Indias a La Puebla de Sancho Pérez y la descripción del apoderado no pudo ser más detallada: Es hombre alto de cuerpo, barbirrubio, mellado de los dientes de la parte de arriba, con una señal de cruz cárdena en la mano izquierda y edad de cuarenta años poco más o menos. Carta de poder, Zafra, 23 de mayo de 1602. A.M.Z Rodrigo de Paz Tinoco 1602, fols 785r-785v.

180 Véanse, por ejemplo, los siguientes instrumentos notariales: poder que dio el licenciado Diego Rodríguez, clérigo, al licenciado García de Saucedo, residente en México, Zafra, 23 de octubre de 1580. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1580, fols. 216r-216v. Poder de Miguel Sánchez, vecino de Zafra, a Diego Martín, arriero, Zafra, 6 de noviembre de 1596. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1596, fol. 298r. Poder que Alonso de Aguilar otorgó el 27 de mayo de 1595. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1595, f. 461v. Y poder que Alonso Gómez de Trasmonte otorgó para cobrar dineros en Sevilla al citado Francisco de Saucedo, Zafra, 7 de mayo 1602. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1602, fols. 634r-634v. En 1576 estos miembros de la compañía compraron 300.000 maravedís de principal sobre censos de Ana Méndez, vecina de los Reyes, cuyas rentas serían obviamente para provecho de la empresa. Poder otorgado por María Gutiérrez, Zafra, 19-III-1576. A.M.Z. Escribanía de Fernando de León 1576, fols. 63r-66v. En 1581 el mercader Diego Gutiérrez seguía en las Indias, cuando remitió a su esposa tres barras de plata marcada, sin saber que ya había fallecido. Las barras de plata se vendieron en Sevilla por 12.974 reales que, dado el fallecimiento en Zafra de María Gutiérrez, reclamaron sus hijos Juan Gutiérrez de Grimaldo, Mencía López y Leonor Gutiérrez, Zafra 18-II-1581. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1581, fols. 741r-741v.

181 En 12 de febrero de 1590 formalizó ante Rodrigo de Paz Tinoco al menos dos cartas de pago, una de 848 reales que Juan Santos enviaba a su hermano Pedro Franco y otra de 1.000 reales que Diego Díez Gallardo envió a su hermano Juan Lorenzo Barragán. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1590, fols. 913r y 916r.

182 La cifra exacta del dinero repatriado la aporta GARCÍA FUENTES, Lutgardo: Los peruleros y el comercio de Sevilla con las Indias, 1580-1630. Sevilla, E.E.H.A., 1997, pp. 93-94.

183 SÁNCHEZ RUBIO: Los extremeños y el comercio con América… Ob. Cit., p. 48.

184 En Sevilla entregó varias partidas que traía consignadas para entregar a diversas personas de Zafra. Véase el apéndice II.

185 Allí los encontramos avecindados en fechas tan dispares como 1585 y 1600. En 1585 Juan Jaramillo de Andrada residía en Potosí, mientras que su hijo Fernando Jaramillo de Andrada viajó en la flota custodiando los capitales repatriados. Carta de pago otorgada por María de Aguilar, Zafra 20 de diciembre de 1585. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1585, fols. 142r-142v. El 23 de marzo de 1600 Antonio Jaramillo de Andrada, vecino de Zafra, dio poder a su tío Francisco Jaramillo de Andrada, clérigo presbítero, vecino de Sevilla, para que cobre en Sevilla todos los bienes que le mandase su padre Juan Jaramillo de Andrada desde la Villa Imperial de Potosí. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fol. 767v. Sin embargo, en una escritura, fechada el 23 de septiembre de 1603 María Herrezuelo afirmó que su hermano Juan Jaramillo de Andrada, residía en el puerto de El Callao.

186 Éste en su testamento mandó fundar una capellanía en el convento de la Encarnación de Zafra donde dispuso su enterramiento. Asimismo dispuso, que se costease un altar y retablo y que lo pagase su heredero Juan Jaramillo de Andrada, hijo de Antón Jaramillo y sobrino del otorgante. Juan de Jaramillo, en 1591 entregó un censo que había heredado de su tío de 1.458 maravedís además de otros 20.400 maravedís que se redimieron de un censo de la capellanía para costear dicho retablo. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1591, fols. 536r-536v.

187 Por ejemplo, el 14 de febrero de 1581 Juana de la Rosa, mujer de Juan González Agraz, y vecina de Valencia del Mombuey, dio poderes para cobrar en Sevilla 1.600 reales de plata, un anillo de oro y un juguete de oro que valían 51.000 se Fernando Jaramillo de Andrada a quien su marido se los había entregado para que los hiciese llegar al alcaide de Valencia de Mombuey, Juan Agraz.

188 El 11 de marzo de 1609 los representantes del Duque de Feria, don Gómez Suárez de Figueroa, con poder que éste le otorgó en Madrid el 23 de febrero de 1609 tomaron los 16.000 ducados de las fundaciones de Fernando Jaramillo, comprometiéndose al pago anual de 800 ducados de a 11 reales cada uno. Zafra, 11 de marzo de 1609. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1609, fols. 60r-68v.

189 Carta de poder otorgada por María Herrezuelo de Andrada, Zafra, 223 de septiembre de 1630. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Tapia 1630, fols. 1044r-1044v.

190 El 9 de enero de 1576 Francisca de Mesa y su hermana María Álvarez de Mesa, dieron poder a Juan Rodríguez Zambrano, vecino de la ciudad de Lima para cobrar 1.400 ducados de oro de su hermano Pedro Gutiérrez de Mesa, fallecido en Potosí. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1576, fols. 453r-454v. El 5 de diciembre de 1580 Catalina Gómez y su hija Catalina Gutiérrez le otorgaron poder para cobrar en Panamá los 1.600 ducados que Pedro Gutiérrez de Mesa, difunto, les dejó por manda testamentaria. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1580, fols. 248r-249v. Pueden verse éste y otros casos en el apéndice documental.

191 Véase por ejemplo la carta de pago otorgada por María Rodríguez, de los 42 reales menos 4 maravedís que le entregaron Diego Martín Gordillo y Francisco Díaz Bermejo, remitido por Alonso Martín Gordillo. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1603, fol. 41r.

192 En el apéndice documental hay mucha información sobre la familia Gordillo. Las cifras están expresadas en reales de a ocho maravedís cada uno, una de las monedas más frecuentes de la época de la que se conserva un ejemplar en el museo del convento de Santa Clara de Zafra. SEGOVIA SOPO, Rogelio: “La circulación de la plata moderna en Zafra durante la época de los Austrias”, Cuadernos de Çafra Nº V. Zafra, 2007, pp. 323-348.

193 Fuente: A.M.Z Escribanía de Agustín de Paz Tinoco 1604, fols. 403 y ss.

194 Poder otorgado por Juan Lorenzo Barragán, Zafra, 5 de octubre de 1595. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1595, fol. 544v. Poder otorgado por Miguel Sánchez de Jerez, Zafra, 5 de octubre de 1595. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1595, fol. 545r. Por cierto que este Juan Lorenzo de Vera parece que es el mismo que estaba casado con Beatriz de Medina y que aunque vecinos de Sevilla en la collación de San Román, debían ser originarios de Zafra. El 1 de octubre de 1596, una nieta, María de Vera, mujer de Juan Bautista de Salcedo, vecina de Zafra, dio poder a Gabriel Díaz, vecino de Sevilla y cargador de Indias, para que cobrase los bienes de su difunta abuela Beatriz de Medina, viuda de Lorenzo de Vera. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1596, fols. 102r-102v.

195 Testamento de Alonso Velázquez de Acevedo, Zafra, 3 de marzo de 1600. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fols. 549v-580v.

196 Carta de pago otorgada por Catalina Montaño y Francisco Sánchez Montaño, Zafra, 10 de abril de 1597. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1597, fols. 251r-251v. Carta otorgada por Mateos García, vecino de Villafranca, 24 de junio de 1595. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1595, fols. 500r-500v.

197 En 1596 falleció con un notable patrimonio que probablemente no procedía tanto de su cargo de párroco de la Candelaria como de su actividad comercial. En su testamento, fechado el 12 de junio de 1596, donó el llamado cáliz rico que todavía hoy se conserva en el tesoro de la iglesia parroquial. Es de plata sobredorada y Tejada Vizuete lo atribuye al platero local Pedro Hernández, fechándolo en torno a 1580. CROCHE DE ACUÑA, Francisco: Zafra, una lección de historia y arte. Zafra, autoedición, 1972, p. 85.- La colegiata de Zafra (1609-1851). Crónica de luces y sombras. Zafra, autoedición, 1984, pp. 32-33. TEJADA VIZUETE, Francisco: Platería y plateros bajoextremeños (siglos XVI-XIX). Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1998, p. 243.

198 El 3 de enero de 1584 se encontraba en Zafra, pues protocolizó un poder a favor de Juan Vázquez, su hermano, y Amador Pérez, vecino de Los Santos, para que cobrasen los bienes suyos que llegasen a Sevilla, procedentes de las Indias. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1584, fols. 267r-267v.

199 Lucía Velázquez declaro que había otorgado carta de pago de los 400 reales que trajo de Sevilla Juan de Morales, arriero vecino de la Puebla de Sancho Pérez que a su vez los había cobrado de Cristóbal López, Zafra, 28-IV-1587. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1587, fols. 566r-566v. Juan Lucas El Viejo dio poderes a fray Antonio del convento de Santo Tomás de Sevilla y a Andrés Gómez, arriero de Calzadilla de los Barros para que cobrasen 82 pesos de plata que su hijo Álvaro Alonso le había enviado a Sevilla, Zafra, 7-II-1586. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1586, fol. 17r. Alonso Gómez de Trasmonte, vecino de Los Santos dio poder al arriero Pedro García del Barco, también de los Santos, para que cobrase en Sevilla 450 reales de plata de a ocho reales cada uno que le envió su hermano fray Juan Gómez O.F.M., residente en México, Zafra, 7-V-1602. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1602, fols. 634r-634v.

200 Concierto entre Hernán Mexía, padre de Hernán Mexía, para llevar mantenido al hijo de éste a la gobernación de Popayán, a cambio de 65 ducados, 32 en el acto, y los otros 32 (sic) cuando la expedición parta de Sevilla, Zafra 19-IX-1581.

201 Francisco Durán y sus dos hijas dieron poder a Diego de Mendoza, natural de Mérida, a García López de San Juan y a Francisco López hidalgo, estantes en la villa de Tepeaca, para que consigan cobrar el dinero de Alonso Durán, pues no lo ha enviado como prometió. A.M.Z. Rodrigo de Paz tinoco, 1590, fols 401r-402r.

202 Poder otorgado por Mencía López de Grimaldo, Zafra, 2 de agosto de 1595. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1595, fols. 189r-189v.

203 Este desabastecimiento era una estrategia más del monopolio sevillano que se basaba en proporcionar lo mínimo al precio más alto. Como es sabido, a la larga terminó provocando un incremento del contrabando porque a los colonos les interesaba mucho más comprar el género mucho más barato a los corsarios que pagar los desorbitados precios que les pedían los mercaderes de las flotas de Indias. Por ello, se ha dicho con razón que monopolio y contrabando fueron inherentes, es decir, formaron parte del propio sistema colonial. STEIN, Stanley J. y Barbara H. STEIN: Plata, comercio y guerra. España y América en la formación de la Europa Moderna. Barcelona, Crítica, 2002, pp. 20-32.

204 El concierto se conserva en el Archivo de Protocolos de Sevilla, Oficio 21, leg. 14.284, fols. 907v-910v.

205 Los datos proceden de la escritura protocolizada por ambos socios en Zafra el 26 de abril de 1597. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1597, fols. 291r-292r. Las cifras están expresadas en maravedís.

206 Estas compañías del siglo XVI se formalizaban entre dos o más socios y tenían una duración limitada, con un objetivo muy concreto y la distribución de beneficios solía estar vinculado a la inversión realizadaza por cada uno de los asociados. GARCÍA DE VALDEAVELLANO, Luis: Curso de Historia de las Instituciones españolas. Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 291.Era el caso de la mayoría de estas compañías comerciales en la que se implicaron estos zafrenses.

207 Sobre el particular véase el trabajo de BERNAL, Antonio Miguel: La financiación de la Carrera de Indias (1492-1824). Sevilla, Universidad, 1992, p. 175.

208 LORENZO SANZ, Eufemio: Comercio de España con América en la época de Felipe II, T. I. Valladolid, Institución Cultural Simancas, 1986, p. 121.

209 El 27 de abril de 1581, Diego López dio poderes para que en su nombre se recibieran en Sevilla cuantas partidas de cueros, grana y otras mercadurías se remitiesen a esa ciudad, consignadas a su nombre. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1581, fols. 344r-344v.

210 Escritura de obligación entre Inés González, viuda de Alonso Caballero, y otros, vecinos de Zafra, 20 de mayo de 1582. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1582, fols. 56r-57r.

211 El 28 de abril de 1581 este zafrense, zapatero de profesión y vecino de Santo Domingo, dio poder a Jorge Rodríguez para que cobrase en Sevilla todas y cualesquier maravedís y pesos de oro y plata o reales, cueros, azúcares, cañafístolas, jengibre y otras cosas cualesquiera de cualquier calidad y género que sean que las tales persona o personas me deban o debieren y sean obligados a me dar y pagar… Véase el apéndice I. Los productos citados se producían todos ellos precisamente en La Española por lo que es seguro que se refería a los beneficios de su venta en Sevilla o a la devolución del género que no se había podido vender.

212 Hemos repasado detenidamente la carta en la que el presbítero menciona a dos de sus hijos. La claridad con la que reconoce estos hechos nos hace pensar que se ordenó después de enviudar.

213 Poder otorgado por Diego Gutiérrez Grimaldo, clérigo presbítero vecino de Zafra, a su yerno Antonio Núñez Sánchez, vecino de Zafra, y a su hijo Juan Rodríguez Riquelme, vecino de Lima, Zafra, 18 de enero de 1592. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1592, fols. 376r-376v.

214 Carta otorgada por Antonio Sarabia, Zafra, 25 de enero de 1590. A.M.Z. Rodrigo Paz Tinoco 1590, fols 78r.79v.

215 Por poner algún ejemplo, en enero de 1604 Juan Segoviano Gordillo, vecino de Los Santos, se dio por pagado de 1.800 ducados que le envió su hijo Juan Segoviano Gordillo, residente en la Ciudad de los Reyes, a través de Diego Martín Gordillo, vecino de Zafra. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz Tinoco 1604, fol. 403r. El 2 de enero del mismo año, Inés Alonso Zambrana y su nuera, vecinas de la Fuente del Maestre, se dieron por entregadas de 200 pesos de a ocho reales que les enviaba el marido de la primera, Miguel Sánchez Zambrano, a través del perulero zafrense Tomás Mañara. A.M.Z. Agustín de Paz Tinoco 1604, fol. 404r.

216 Poder que otorga María Núñez de Olivares a Fernando Sánchez del Calvo, vecino de Zafra para que cobrase en Sevilla la barra de oro que le enviaba su hijo y cuyo valor estimó en 440 ducados, otorgada en las casas de morada de Fernando Sánchez del Calvo, 2 de junio de 1602. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1602, fol. 806r.

217 Carta otorgada por Álvaro de la Peña, vecino de Zafra, 4 de marzo de 1604. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1604, fols. 610r-610v.

218 Poder otorgado por Gaspar Flores de León, Zafra, 9 de diciembre de 1622. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Tapia 1622, fols. 242r-243r.

219 Carta otorgada por Nicolás Suárez Ortiz, vecino de Toledo, Zafra, 12 de marzo de 1609. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz Tinoco 1609, fols. 298r-298v.

220 Fuente: Apéndices I y II. Las cifras están expresadas en maravedís.

221 Así, por ejemplo, el 14 de enero de 1619, Alonso Fernández Valero y Catalina Gómez, vecinos de Aceuchal, dieron poder a su hijo Francisco González Romero, clérigo de orden sacro, para que acudiese a Zafra y gastase hasta 40 ducados en paños y sedas en la tienda de cualquier mercader, y traerla de regreso a Aceuchal. Archivo Municipal de Almendralejo (A.M.A.), protocolos de Aceuchal, escribanía de Sebastián Benítez 1619, fols. 41r-41v. No era el único aceuchaleño que mantenía relaciones con Zafra, pues en ese mismo año Garcí Sánchez León, declaró en su testamento deber 100 reales al mercader zafrense Juan de Castañeda. Testamento otorgado en Aceuchal, 18 de marzo de 1619. A.M.A. Sebastián Benítez 1619, fols. 164r-167r.

222 Véase el apéndice I.

223 SÁNCHEZ RUBIO: Los extremeños y el comercio con América, Ob. Cit., p. 44.

224 Carta otorgada por Fernando López de Mesa, Zafra 20 de febrero de 1613. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1613, fols. 315r.316v. Carta de venta otorgada por Alonso de Mesa Gutiérrez, clérigo presbítero canónigo de la colegial, Zafra, 30 de diciembre de 1616. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1616, fols. 206r-207v. En 1613 los apoderados fueron Juan Rodríguez y Pedro Lozano, vecinos de Los Santos, y en 1616, Pedro García de Benavides, Hernán Sánchez, clérigo, su primo, y a Alonso Sánchez de Aguilar, igualmente vecinos de Los Santos. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1616, fols. 133r-136r. Más documentación sobre este mismo asunto en la misma escribanía año 1617, fols. 129r-132v.

225 Precisamente el 8 de diciembre de 1585 Isabel García de Aldana, viuda, vecina de Azuaga en su nombre y en el de su hermana Juana Sánchez, también vecina de dicha, con poder que tenía para ello se dio por pagada del licenciado Alonso Pérez, perulero, de 200 pesos de a ocho reales cada uno. Los enviaba Cristóbal Merchán, clérigo, su hermano, natural de Azuaga y residente en Perú. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1585, fols. 147r-147v.

226 Se trataba de un verdadero botín, las barras de plata tenían las siguientes características: la primera llevaba el número 168, de 2.380 maravedís de ley, pesaba 70 marcos y 6 onzas y valía 374 pesos y 4 tomines ensayados. La segunda, número 2, ley de 2.380, peso de 74 marcos y 4 onzas y valor de 495 pesos y 2 tomines ensayados. La tercera, número 200, ley 2.380, peso 76 marcos y 4 onzas, valor 495 pesos y 2 reales. La cuarta, número 43, ley 2.380, peso 89 marcos y 7 onzas y valor 470 pesos y 6 tomines. Y la quinta, número 178, ley 2.380, peso 89 marcos y 3 onzas y valor 472 pesos y 5 tomines. En total 2.308 pesos y 5 tomines. Carta de poder otorgada por Pedro Hernández de Bolaños, Zafra, 10 de octubre de 1596. A.M.Z. Rodrigo de Paz 1596, fols. 141r-142v.

227 Las otorgantes eran Inés Alonso Zambrano, mujer de Miguel Sánchez Zambrano, y su nuera Elvira López Adame, viuda de su hijo Miguel Sánchez. El marido de la primera y suegro de la segunda mandaba desde Lima 200 pesos, de los cuales 150 se debían dar a su esposa y 50 a su nuera. A.M.Z. Agustín de Paz Tinoco 1604, fols. 135r-135v.

228 Carta otorgada por Gonzalo Durán, perulero, vecino de Almendralejo, Zafra, 27 de enero de 1612. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1612, fols. 481r-482v.

229 Por ejemplo, el 22 de enero de 1597 el licenciado Francisco Machado y Marcos de la Torre, vecinos de Zafra, otorgaron poderes para cobrar en Sevilla un tejo de buen oro que valió más de 235 pesos, 80 tostones de a ocho reales, dos sortijas con cinco ojos de esmeraldas, un dedal pequeño de oro y una cajita con piedras de beçares (sic). A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1597, fol. 307r. El 17 de abril de 1600, Alonso de Toro y su yerno Juan Bautista Rodríguez otorgaron un poder a favor de Francisco de Mesa para que cobrase en Sevilla una joya de oro que es una lagartija con ocho piedras, además de 40 piedras preciosas y otra más engastada en plata que les enviaban desde Quito. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fol. 855r.

230 Por citar ejemplo el 27 de abril de 1574 Isabel Ruiz, natural y vecina de Zafra dio poderes para inventariar y repatriar los bienes de su hijo difunto, Garci Hernández, fallecido en Puebla de los Ángeles. Asimismo el 16 de octubre de 1580 las monjas de la Cruz extramuros de Zafra dieron poderes para cobrar en 1.200 reales que les enviaban de Panamá y que habían llegado a Sevilla en la última flota. Carta de poder de las monjas de la Cruz a Antonio Rodríguez de Cabrera y Alonso Calvo, vecinos de Sevilla, Zafra, 116-X-1580. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1580, fols. 552-552v.

231 Véase el apéndice II.

232 Carta otorgada por Pedro Alonso Calleja, Zafra, 4 de septiembre de 1593. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz 1593, fols. 324r-324v.

233 Traslado del testamento de Gabriel de Cabrera, Zafra, 22 de septiembre de 1572. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1572, fols. 1r-49v. En el apéndice II extractamos lo fundamental del mismo. Sin embargo, el documento merecería un estudio más detallado que dejamos para otra ocasión. Véase también la carta de poder de las monjas de la Cruz, Zafra, 24 de septiembre de 1590. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1590, fols. 160r-160v.

234 Carta de poder otorgada en Zafra, 2 de marzo de 1613. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1613, fols. 450r-451v.

235 Juan García Torrado, Francisco Sánchez Torrado, María garcía y Catalina Sánchez, vecinos de Feria dan poder a Juan Lorenzo Barragán, vecino de Zafra, 22 de junio de 1609. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz Tinoco 1609, fols. 364r-365v. La cobranza de deudas era una actividad que nadie deseaba realizar por lo que el porcentaje a recibir era elevado, aunque casi siempre inferior al 10%. LORENZO SANZ: Ob. Cit., T. I, p. 151.

236 Al parecer una prima de las otorgantes difunta Leonor Galeas, hija de Juan García Galeas y de María Alonso, naturales de Los Santos, se desposó en primeras nupcias con Alonso Muñoz y no tuvo hijos. Posteriormente contrajo segundas nupcias con Pedro Sánchez mesonero, con quien tuvo tres hijos. Los tres hijos menores heredaron por muerte de sus padres pero al ser menores su fortuna estuvo tutelada, Finalmente, una tía hermana de la madre Isabel Rodríguez Galeas, se llevó consigo a Indias a sus tres sobrinos. Por muerte de todos ellos, las otorgantes reclamaban la herencia dejada en Los Santos, como únicas parientas de los finados. Poder que María Gordillo Galeas y Catalina Galeas otorgaron a Juan Galeas y Gonzalo Rodríguez Galeas, hermanos, Zafra, 5 de noviembre de 1612. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz 1612, fols. 338r-339v.

237 Pondremos el ejemplo de Diego Gallardo, residente en Lima y natural de Los Santos, expidió un poder en la ciudad peruana el 12 de abril de 1612 a favor de Hernán López de Mesa y de Alonso Gutiérrez de Mesa, ambos naturales de Zafra, para cobrar de su primo Pedro García Cerero, vecino de Los Santos, las rentas de la hacienda de sus padres. Al parecer, por su ausencia y las de sus hermanos, Juan e Isabel Rodríguez, esta última esposa de Pedro Lozano, habían estado cobrando las rentas de sus padres los albaceas testamentarios entre ellos, su primo. La escritura está trasladada en el protocolo de Agustín de Paz 1612, fols 211r-214r.

238 Véase la nota 114.

239 Se ha llegado a decir que el peso de a ocho reales era en el siglo XVII una moneda mundial que circulaba desde América hasta China. STEIN: Ob. Cit., p. 38.

240 Fuentes: apéndices I y II. Las cifras están expresadas en maravedís. La equivalencia no siempre es exacta ya que encontramos plata de muy distintos quilates, la mayoría de 22,5 que equivalían a 450 maravedís el quilate, pero otras barras presentan muy diversos quilates que oscilan entre los 8 y los 23.

241 Desconocemos la cuantía exacta ni las fechas en las que se recibieron las partidas.

242 Hemos tomado en consideración 100 ducados, pese a que la cantidad remitida se decía textualmente que era más de cien ducados.

243 Algunos de los objetos y rentas que le llegaron son de difícil cuantificación, a saber: una barreta de oro de 8 quilates que pesó 85 pesos; dos pedazos de oro de veinte quilates que pesó 20 pesos; una sortija de oro con una esmeralda; un pedazo de oro de 38 castellanos y 3 tomines de 17,5 quilates; otro de 33 castellanos y 5 tomines de 20,5 quilates; otro de 4 castellanos y 6 tomines y 6 granos de 17 quilates; otro de 26 castellanos y 4 tomines de 114,5 quilates y una renta de 100 ducados anuales.

244 Además de ese dinero recibieron seis onzas de piedras preciosas así como tres botones con tres piedras gruesas y sus encajes de oro, que, obviamente, no hemos podido cuantificar en maravedís.

245 En el documento no se especifica la cantidad exacta sino que se le enviaron ciertas piezas de oro.

246 Además del dinero figuraban otros objetos muy difíciles de tasar como un cáliz con su patena, vinajeras, bacinica y jarro de plata que pesó 10 marcos y cuatro onzas, vinajeras que pesó 10 marcos. Véase el apéndice II:

247 Además de ese dinero envió una lagartija de oro con ocho piedras, 40 piedras preciosas y otra más engastada en plata.

248 Ibídem, p. 17. El exclaustrado convento de la Cruz, muy transformado, se conserva hoy como sede del ayuntamiento.

249 Cit. en CROCHE DE ACUÑA, Francisco: Los Mesa en la Zafra del siglo XVI. Una peculiar familia zafrense. Zafra, Caja Rural de Extremadura, 1996, p. 16.

250 Los datos proceden de los apéndices I y II. Excluimos del cuadro aquellos capitales que llegaron a Zafra a través de peruleros locales, con la intención de fundar capellanías fuera de la villa. Es el caso de Juan de Yuste que envió con el zafrense Hernando Marte de Mosquera 260.000 maravedís que prestó al duque de Feria para con sus réditos fundar una capellanía por su alma en la parroquia de Logrosán. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fols. 549v-580v.

251 Las fechas corresponden en unos casos a la fundación testamentaria y en otros a la referencia documental más antigua de que tenemos noticia.

252 Su padre, Hernando García de Perales, en su testamento, redactado el 24 de agosto de 1596 declaró que su hijo Cristóbal de Lagos le había enviado 2.880 ducados que había invertido, además de otras cuantías que por sus cartas dispuso que se entregasen a sus hermanos. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1596, fols. 696r-697v.

253 El 31 de 1602 Diego Pérez Casillas, presbítero de Zafra, dio poder a Juan Rodríguez Lanzarote, vecino de Zafra para cobrar en Sevilla seis barras de oro de distinto peso que resumidas sumaban 496 pesos y 7 tomines de oro de 22,5 quilates. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1602, fols. 794r-794v.

254 MÉNDEZ VENEGAS, Eladio: Fundaciones indianas badajocenses. Badajoz, autoedición, 1987, p. 83.

255 Carta otorgada por Alonso de Mesa Gutiérrez, presbítero de la colegial, Zafra, 20 de junio de 1615. A.M.Z. Escribanía de Agustín de Paz Tinoco 1615, fols. 579r-580v.

256 Carta otorgada por Diego Pérez Cabrillas, Zafra, 7 de agosto de 1602. A.M.Z. Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1602, fols. 980r-981r.

257 MÉNDEZ VENEGAS: Ob. Cit., p. 102.

258 Fue el caso de Felipa Rodríguez, desposada con el zapatero zafrense Gonzalo Sánchez, que fue una de las elegidas para cobrar una dote de la obra pía que Diego Hernández Hidalgo, natural de Higuera de Vargas fallecido en Arequipa. Éste había fundado una obra pía para casar doncellas pobres en su villa natal y los patronos Antonio de Vargas y María de Ávila, su mujer, vecinos de Mérida la eligieron a ella. Carta de Felipa Rodríguez dando poder a su marido Gonzalo Sánchez para cobrar la dote, Zafra, 15 de mayo de 1593. A.M.Z., Escribanía de Rodrigo de Paz Tinoco 1593, fols. 87r-87v. Curiosamente, el 8 de febrero de 1594 Francisco Sánchez Blanco, en nombre de su esposa María Estévez solicitaba el cobro de otra dote de esta misma obra pía por lo que parece evidente una cierta vinculación entre la villa de Zafra y Diego Hernández Hidalgo.

259 Véase el apéndice II.

260 Las cifras están expresadas en maravedís.

261 Al parecer, se trata de la actual iglesia del cementerio. Croche de acuña: La colegiata de Zafra…Ob. Cit., p. 56.

262 Hemos incluido esta pieza entre las donaciones porque aunque la donante María Becerra era probablemente natural de Fuente del Maestre, su hijo varón, el zapatero Antonio Jaramillo, tenía su vecindad en México. En cambio, su hermana Isabel Becerra, se declaró en 1493 vecina de Zafra, pero en 1595 vivía en Los Santos, desposada con Diego Salguero. Véase el apéndice II.

263 Luis Vicente Pelegrí, en un estudio mucho más exhaustivo que el nuestro calculó que llegaron a Cáceres y a Castuera entre 1541 y 1689 46.736.944 y 41.609.880 maravedís respectivamente. PELEGRÍ PEDROSA: El botín del Nuevo Mundo, Ob. Cit., p. 330.

264 Concretamente se refiriere a los años comprendidos entre 1557 y 1596. LORENZO SANZ: Ob. Cit., T. II, pp. 145-146.

265 Por ejemplo, no se contabilizan los 270.000 maravedís que en torno a 1590 recibió en Zafra Hernando Martel de Mosquera, de Juan de Yuste, natural de Logrosán, y fallecido en Perú, que entregó en renta al duque de Feria para financiar una capellanía en Logrosán. Y en este caso, la inversión se hizo en el mismo ducado de Feria. Posteriormente, concretamente en 1599 el duque redimió el censo y el caudal fue reinvertido. Testamento de Alonso Velázquez de Acevedo, Zafra, 3 de marzo de 1600. A.M.Z. Rodrigo de Paz Tinoco 1600, fols. 549r-590v.

266 Véase, por ejemplo, a MARX, Karl y Eric HOBSBAWM: Formaciones económicas precapitalistas. Barcelona, Crítica, 1979, p. 55 y ss. y a VILAR, Pierre: Iniciación al vocabulario del análisis histórico. Barcelona, Crítica, 1982, pp. 253 y ss.

267 Los estatutos de limpieza de sangre y la mentalidad casticista dividieron a la sociedad española, desplazaron de los órganos de poder a personas valiosas de sangre supuestamente manchada e impidieron el desarrollo de los valores burgueses. Sobre el particular véase a HERNÁNDEZ FRANCO, Juan: Sangre limpia, sangre española. El debate de los estatutos de limpieza (siglos XV-XVII). Madrid, Cátedra, 2011, p. 267.

268 En 1813 regresó a España, otorgándosele el título de Marqués de la Reunión de Nueva España. Más datos sobre su biografía pueden verse en CROCHE DE ACUÑA, Francisco: Aquellos hijos ilustres del pasado que le dieron fama a Zafra. Zafra, autoedición, 2006, pp. 73-79.

269 LYNCH, John: Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826. Barcelona, Ariel, 1985, pp. 344-348.

270 RUIZ MARTÍN, Felipe: Los destinos de la plata americana (siglos XVI y XVII). Madrid, Universidad Autónoma, 1990, p. 5.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Publicado en Cudernos de Çafra Nº 10, 2012-2013, pp. 57-155)

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