LA GUERRA EN SIRIA: CRÓNICA DE UNA DESTRUCCIÓN ANUNCIADA

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        Estados Unidos y sus aliados se están tomando su tiempo para convencer a la opinión pública de la licitud de la guerra en la que están a punto de involucrarse. Presionados por los intereses económicos de las grandes multinacionales y del capital, resulta vital para evitar el desgaste electoral, obtener el visto bueno de la mayor parte de sus ciudadanos y, por tanto, de sus electores. Y como una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, es solo cuestión de tiempo, ante la mala memoria de la ciudadanía. ¡Otra vez las armas químicas!, en el caso de Irak nunca se pudo verificar pero ahora sí que han conseguido una prueba evidente -y televisiva, que causa más impacto- de algo más de un centenar de personas fallecidas trágicamente por el gas letal. No se sabe a ciencia cierta quién lo tiró, pero todos acusan al gobierno aunque es cierto que eran los menos interesados porque sabían lo que podía ocurrir. En cambio, a Estados Unidos y a sus aliados les ha venido como anillo al dedo pues le ha proporcionado la coartada que necesitaban para hablar –esta vez sí- de una guerra justa, como se ha hecho desde la antigüedad. Y lo peor de todo es que parece que la mayoría se ha tragado -o se está tragando- el señuelo.

        Pero, vayamos más allá; supongamos que es totalmente cierto que fue el gobierno sirio quien hizo uso de las armas químicas. ¿Quién se las vendió? Pues nada más y nada menos que Gran Bretaña, entre 2004 y 2010. Igual que los Estados Unidos le habían vendido las armas químicas a Saddam Husein, aunque éstas estaban inutilizadas por el paso del tiempo. Es decir, Occidente monopoliza su producción, distribución y venta por todos los países del mundo, siempre y cuando el comprador tenga dinero para pagarlas. Pero si alguno de ellos hace uso de ellas, se le tilda de genocida, se bombardea su país y se le derroca. Cinismo en estado puro, juzgue el propio lector.

        También resulta chusco que se les permita matarse usando misiles dirigidos, obuses o ametralladoras siempre y cuando no crucen la supuesta línea roja de la guerra química. Y ello pese a que Estados Unidos las usó masivamente en Vietnam, matando no a varios cientos de personas como en Siria sino a decenas de miles, al igual que España y Francia utilizaron el gas mostaza contra los rifeños, antes del desembarco de Alhucemas de 1925, matando también a miles de insurgentes. A ver que lo entendamos: Occidente ha usado armas químicas en el pasado de forma masiva, y en el presente no las usa pero tiene el control de su fabricación y venta, atacando no obstante a todo aquel que se atreve a usarlas.

        Y llegados a este punto, yo me pregunto: ¿hay alternativas a la intervención militar? Obviamente sí. Sería mucho más civilizado y humanitario, aunque seguro que menos rentable económicamente, prohibir la fabricación y venta de armas químicas o, por qué no, de todo tipo de armas, y mediar entre el gobierno y los rebeldes para intentar una salida dialogada. No sería fácil el acuerdo de paz, pero lo único que debería hacer la comunidad internacional es encontrar los cauces para el fin de las hostilidades. Y en ese empeño debería insistir una y otra vez. Pero desgraciadamente ésta es solo mi opinión no la de los gobernantes, fuertemente presionados por la maquinaria bélica y el capital que ya se frotan las manos con el botín de guerra de un país con grandes recursos mineros y energéticos como Siria.

¡Estupendo!, respondemos a la guerra con más guerra, y a la muerte con más muerte, y encima esgrimiendo razones humanitarias. Imperialismo y justificación ética en estado puro, como en el siglo XIX cuando se argumentaba la expansión europea en la superioridad de la raza. Sin embargo, además de razones humanitarias también existen egoístas razones económicas para oponerse a la guerra. Ya ha habido casos flagrantes de fracasos que han costado muy caros al mundo entero, como los de Irak o Afganistán donde se ha creado el caldo de cultivo idóneo para la proliferación de las redes terroristas. Nos acercamos a una nueva guerra y probablemente a un nuevo desastre para Siria que pasará a engrosar la lista de países destrozados y saqueados, convirtiéndose así en un vivero inagotable de peones del terrorismo internacional. Y eso sin contar con la subida de precios, y especialmente del combustible, que se va a producir en todo el mundo. Pero eso es algo que afecta a las personas de a pie pero que importa poco a los que realmente mandan en el mundo, las multinacionales y los grandes capitales.

        Preparémonos para el último gran acto de barbarie que está a punto de producirse si nadie lo remedia, con la complacencia de una minoría y la pasividad de la mayoría. ¡Tenemos el mundo que nos merecemos!, ¡la ambición no tiene límites!, ¡la humanidad no tiene solución!

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

11/09/2013 08:49 Esteban Mira Caballos #. sin tema

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gravatar.comAutor: Fernando

Muy completo el post,y además comparto totalmente tu opinión. Occidente solo busca acaparar la riqueza de Siria, pero se va a dar de bruces.

Fecha: 12/09/2013 00:49.


gravatar.comAutor: Bruno

¿Y entonces? ¿que propones? ¿que se sigan matando sin que nadie haga nada? Tu pacifismo solo conduciría a más guerras, porque muchos se aprovecharían de ello.

Fecha: 13/09/2013 00:50.


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