Por Esteban Mira Caballos

 

En estas pocas páginas haremos un análisis general sobre las hermandades y las cofradías carmonenses a finales del Antiguo Régimen. Para ello, la primera dificultad a la que nos enfrentamos es saber exactamente cuántas, del casi medio centenar de hermandades y cofradías fundadas en Carmona desde la Baja Edad Media, subsistían a finales de la centuria decimoctava. Y en este sentido diremos que se conoce desde hace ya algunos años una interesantísima lista de las cofradías existentes en Carmona con sus respectivos priostes, fechada en julio de 17981. Tenemos la certeza de que la relación no es completa, pues, faltan algunas que subsistían de forma más o menos precaria. Cofradías que pasaban por un paréntesis en su organización y que no tenían juntas de gobierno; otras que estaban en una situación que podríamos llamar de “alegalidad”, pues, no tenían sus reglas aprobadas o no las había rubricado en el Consejo de Castilla; y finalmente, otras cuyo escaso presupuesto solo les permitía subsistir bajo mínimos, celebrando una o dos funciones anuales ante su imagen titular.

No obstante, como para hacer cálculos exactos hay que objetivizar los datos disponibles, vamos a tomar como base para el análisis, la relación de hermandades y cofradías que nos ofrece el citado documento de 17982.

 

CUADRO I

HERMANDADES Y COFRADÍAS EN CARMONA EN 17983

 

CORPORACIÓN

PRIOSTE

Hermandad Sacramental de Santa María

José Ruiz Castillo

Hermandad Sacramental de San Salvador

Cristóbal Baena

Hermandad Sacramental de San Bartolomé

José Ignacio Domínguez

Hermandad Sacramental de San Felipe

José Ignacio Fernández

Hermandad Sacramental de Santiago

Fernando Pérez de Baena

Hermandad Sacramental de San Blas

José Fajardo

Hermandad Sacramental de San Pedro

Vicente Benítez

Hermandad de Ánimas de Santa María

Jerónimo Acuña

Hermandad de Ánimas de San Salvador

Juan José Mejías

Hermandad de Ánimas de San Bartolomé

Ramón Benítez

Hermandad de Ánimas de San Felipe

Pedro Ruiz

Hermandad de Ánimas de Santiago

Juan María Rodríguez

Hermandad de Ánimas de San Blas

Juan Caro Losilla

Hermandad de Ánimas de San Pedro

José Montero

Hermandad de Belén

Francisco Baptista

Hermandad del Rosario

Felipe García

Hermandad del Escapulario

Francisco García

Cofradía de la Esperanza

Sebastián de Vega

Cofradía de Jesús Nazareno

Juan Miguel Ojeda

Cofradía de la Columna

Cristóbal Navarro

Cofradía de la Expiración

Vicente Ruiz

Cofradía de la Humildad

--

Cofradía de la Sentencia

Francisco Miguens

Cofradía de la Amargura

José Pérez

Cofradía de las Angustias

Juan Cervera

Cofradía de la Veracruz

Bartolomé González

Congregación de los Servitas

Miguel Fajardo

Esclavitud de Nuestra Señora de los Dolores

Manuela de Armijo

Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia

Pedro Cansino

 

Como se puede observar, figuraban 29 corporaciones, contando la de la Humildad y Paciencia que pasaba por difíciles momentos de continuidad. Pero, hemos decidido incluir cuatro corporaciones más porque tenemos totalmente acreditada su vigencia en ese año y en los subsiguientes:

 

-La hermandad de clérigos “in sacris” de Santa Bárbara, sita en la iglesia prioral de Santa María.

-La cofradía de la Soledad y el Santo Entierro que tenía su sede canónica en el convento del Carmen.

-La Hermandad rosariana de la Aurora, sita en el hospital de San Pedro.

-Y, finalmente, la de San José, ubicada desde 1659 en el templo parroquial de San Pedro.

Probablemente seguían activas otras, como la de Santa Lucía –muy dinámica al menos en el siglo XVII- o la de San Bartolomé de la iglesia de esta última advocación. También la del Buen Suceso del Angostillo –pese a sus problemas con los presbíteros de San Pedro- y, muy probablemente, la hermandad del Dulce Nombre del convento de Santo Domingo, entre algunas otras. También tenemos noticias de una hermandad del Niño Jesús de los Dolores, sita en el convento de San José y que estaba en activo a principios del siglo XVIII4. De todas estas cofradías, al no tener certeza absoluta de que siguieran realmente en activo a finales del siglo XVIII hemos decidido dejarlas fuera de la lista. No así las cuatro citadas anteriormente que dejan el número de cofradías existentes en Carmona a finales del Antiguo Régimen en treinta y tres. Probablemente la cifra no sea exacta, pero nos puede servir como punto de partida para hacer algunos cálculos.

En las páginas que vienen a continuación intentaremos plantear algunas valoraciones sobre el fenómeno cofradiero en Carmona a finales del Antiguo Régimen.

 

1.-NÚMERO DE COFRADÍAS POR HABITANTES

 

Tenemos dos datos fundamentales para conocer la ratio cofradías- habitantes. Por un lado, sabemos que a finales del siglo XVIII subsistían unas 33 cofradías, de un total de 19.024 que había en todo el reino de Castilla. Y por el otro, sabemos que Carmona por aquel entonces tenía unos 15.703 habitantes5. Poniendo en relación ambos datos, tenemos que en Carmona había una cofradía por cada 475,84 habitantes. Es decir, redondeando, en nuestra ciudad había más o menos una cofradía por cada 500 habitantes. Una ratio que puede considerarse media dentro del panorama cofradiero nacional. Había, en números relativos, menos cofradías que en el propio arzobispado hispalense, donde se calculaba unas 300 personas por cofradía, o en la provincia de Córdoba con 361 habitantes por cofradía. Sin embargo, sí que había más cofradías que en Écija, por ejemplo, donde se estimaba que había en el siglo XVIII unos 30.000 habitantes y 49 cofradías, lo que resultaba ser una cofradía por cada 612 habitantes.

En cualquier caso, el número de corporaciones existentes en Carmona era, al igual que en otras regiones de España, bastante elevado. Tengamos en cuenta que las cofradías eran un movimiento genuinamente masculino –pese a la existencia de algunos institutos rosarianos, vinculados más a la mujer-, pues, eran los cabezas de familia los que solían estar afiliados, aunque eso sí, beneficiándose de ello todos los miembros de la familia. Por ello, si el dato en vez de calcularlo en habitantes lo hacemos en vecinos o cabezas de familia las cifras resultantes son todavía más llamativas. Teniendo en cuenta que, en 1791, había en Carmona unos 3.4746 vecinos, nos sale una ratio de una cofradía por cada 105 vecinos. En definitiva, prácticamente estaban implicadas en las cofradías todas las familias carmonenses, pues, esto equivalía a tener un verdadero seguro de vida para el asegurado y su prole.

Como ya expuso hace décadas el profesor Rumeu de Armas, en unos tiempos donde no había seguros de desempleo, ni seguridad social, la única garantía de subsistencia en momentos adversos dependía exclusivamente de las acciones caritativas de la corporación a la que cada uno perteneciese7. Por eso, casi todas las cofradías tenían una doble vertiente: una, muy importante que era la devocional, y otra, no menos relevante que era la asistencial. Lo espiritual y lo terrenal de la mano; centros de devoción por un lado y verdaderas compañías de seguros por el otro. Había cofradías que pedían una mayor cuantía por ingreso y por pecho anual, proporcionando a sus hermanos un enterramiento más “digno”. Otras, incluso, tenían estipulado un número determinado de blandones alumbrando el cuerpo del finado, dependiendo de las cotizaciones que éste hubiese aportado.

No le faltaba razón a Jorge Manrique cuando dijo, siglos atrás, que la muerte era la gran igualadora de las personas. Pero hay que establecer un matiz, la muerte podía igualar pero las pompas fúnebres no; estas últimas constituían el último acto social del finado. En aquellos tiempos, los nobles, los hidalgos y los pudientes querían morir y ser enterrados con una dignidad acorde a su rango que marcara además las diferencias con los plebeyos. Así somos las personas, ¡orgullo, genio y figura hasta en el duro trance de la muerte!

 

2.-TIPOLOGÍA DE LAS COFRADÍAS

En Carmona encontramos una amplia gama de corporaciones religiosas, a saber: de ánimas, sacramentales, cristíferas, de santos, marianas y caritativas. Todas ellas eran abiertas socialmente, es decir, compuestas por personas de diversa condición socio-económica. No había, pues, cofradías de ricos y cofradías de pobres. La única limitación que imponían las cofradías era que el aspirante a hermano no fuese perseguido por la Santa Inquisición o descendiente de moriscos o judíos. No exigían un determinado nivel de renta para pertenecer a ella, más allá de poseer un “oficio digno”. Son mínimos comunes que repiten sin cesar casi todos los estatutos de las hermandades en la Edad Moderna. No obstante, es cierto que había algunas hermandades tradicionalmente vinculadas a la élite, como la de la Misericordia o la Sacramental de Santa María, pero no porque lo impusiesen sus ordenanzas.

Tampoco existían en nuestra localidad hermandades étnicas –de negros-, similares a la de los Negritos de Sevilla o a la de los Morenos de Santa María del Castillo de Badajoz. Y finalmente, no había las llamadas cofradías de naturales –como la de burgaleses de Sevilla o la de andaluces de Madrid-. Y ello, probablemente porque los forasteros de cada región, residentes en Carmona, debieron ser demasiado pocos como para constituirse en cofradía.

 

 

 

 

CUADRO II

TIPOLOGÍA DE LAS HERMANDADES CARMONENSES

 

TIPOLOGÍA

Nº ABSOLUTO

PORCENTAJE

Sacramentales y de Ánimas

14

42,42

Marianas

10

30,30

Cristíferas

6

18,18

De santos

2

6,06

Asistenciales

1

3,03

TOTALES

33

100,00

 

Entre las tipologías dominaban ampliamente las Sacramentales y las de Ánimas, hermandades post-tridentinas que tuvieron mucha aceptación a lo largo de la Edad Moderna. Ya comentamos en otro número de esta misma publicación que, aunque hoy arrastran a pocos fieles, antaño eran corporaciones bastante populosas y poderosas social y económicamente. En Carmona había sacramentales en cada una de las siete parroquias y, otras tantas, dedicadas a las Ánimas del purgatorio. Así, pues, 14 cofradías de 33 lo que nos da un porcentaje del 42,42 por ciento del total. Se trata de una proporción muy elevada, y bastante superior al 16,31 por ciento que suponían en el partido de Badajoz y al poco menos del 20 por ciento que representaban, por esas mismas fechas, en la provincia de Córdoba8.

Le seguían en importancia las marianas que sumaban 10 institutos lo que suponía casi la tercera parte de todas las cofradías, porcentaje muy similar al que encontramos en la archidiócesis Hispalenses y en otras demarcaciones territoriales españolas. De hecho, en la provincia de Córdoba había 227 corporaciones marianas lo que suponía el 33,77 por ciento del total. Asimismo, en el partido de Badajoz sumaban 83, es decir, el 28,81 por ciento, cifra sensiblemente inferior a la carmonense.

Las dedicadas a la figura de Cristo eran tan sólo seis, lo que suponía el 18,18 por ciento del total, número muy similar a la que encontramos en Córdoba -18,89 por ciento- y algo superior a la del partido de Badajoz -13,54 por ciento-.

Mucho más marginales eran las cofradías de santos –tan solo dos-. Llama la atención su escaso número, pese a que la mayoría de ellas solían tener una vieja raigambre bajomedieval. De hecho, en el resto de España seguían siendo frecuentes las dedicadas a San Roque, San Blas, San Antonio Abad o Santa Lucía. Y solo citaré dos datos al respecto: por las mismas fechas había en la provincia de Córdoba nada menos que 119 cofradías de santos -el 17,70 por ciento del total-, mientras que en el partido de Badajoz había 96 –el 33,33 por ciento-. Hubo en Carmona muchas cofradías de estas advocaciones en los siglos XV y XVI, como las de San Sebastián, San Roque, San Blas, San Andrés, Santa Lucía, San Bartolomé, etcétera. Pero casi todas ellas habían desaparecido o estaban al borde de su extinción a finales del Antiguo Régimen.

Finalmente, tan solo encontramos una cofradía puramente asistencial, la cofradía de la Santa Caridad y Misericordia. Ésta, como es bien sabido, era fruto de una fusión de dos hermandades –la de la Caridad y la de la Misericordia- ocurrida en el siglo XVII.

Sirvan estas pocas valoraciones para conocer algo más del pasado cofradiero de Carmona. De unas cofradías que viven un magnífico presente pero que también poseen un rico, complejo y apasionante pasado.

1 GARCÍA RODRÍGUEZ, Antonio y José GONZÁLEZ ISIDORO: Las imágenes titulares de la cofradía carmonense de la Humildad y Paciencia. Carmona, 1983, págs. 38-39.

2 En 1770 el Conde de Aranda ordenó a todos los corregidores y alcaldes mayores de España que remitieran un informe con las cofradías que había en sus distintas demarcaciones, especificando sus rentas, su tipo de aprobación y las fiestas que celebraba. Para muchas ciudades de España se conserva dicho expediente en el Archivo Histórico Nacional. Sin embargo, aunque lo buscamos con esmero, el informe del corregidor de Carmona no apareció. Desconocemos si lo llegó a remitir o si, como algunos otros corregidores, hizo caso omiso a la disposición.

3 Ibídem.

4 Concretamente Juan de Maqueda declaró en su testamento, fechado en Carmona el 7 de agosto de 1705 pertenecer a dicho instituto. A.P.C. Escribanía de José Ruiz Bravo 1705, fols. 108r-109r.

5 MIRA CABALLOS, Esteban: La población en Carmona a finales del siglo XVIII. Carmona, 1994, pág. 135.

6 Ibídem, pág. 43.

7 En este sentido puede verse la pionera obra de RUMEU DE ARMAS, Antonio: Historia de la previsión social en España: cofradías, gremios, hermandades, montepíos. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1944.

8 Al respecto pueden verse mis trabajos: Hermandades y cofradías en el partido de Badajoz. Badajoz, Junta de Extremadura, 2002 y “Hermandades y cofradías en la provincia de Córdoba a través del censo de 1773”, Ariadna Nº 17. Palma del Río, 2004, págs. 245-272.

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